por Ana Arzoumanian
Tanto en la actuación de John Malkovich como en la prosa de Roberto Bolaño —para el montaje escénico y teatral presentado hace unos días tanto en Santiago de Chile como en la ciudad de Buenos Aires— hay una sensación de lo sin consuelo, una conciencia de que algo no termina de encajar. Sin embargo, ese desacople, mientras que en el actor estadounidense es un tejido que se encarna, en el escritor chileno corresponde a una fuerza que se fuga de sí con el fin de buscar el cuerpo del otro de una forma canibalesca (en este caso, del poeta Raúl Zurita).