«MaXXXine» de Ti West: placeres amorales

por Aaron Rodríguez Serrano

Desde sus primeras películas, Ti West ha sabido trabajar la materia cinematográfica con una pericia asombrosa. En lugar de un auteaur de la vieja escuela, parecería que su sueño estaba más relacionado con el estudio del plano, con la cita visual o con los flujos más o menos subterráneos que arrastran motivos visuales —y, sobre todo, usos del tiempo de cada secuencia— de una escritura a otra. De hecho, me atrevería a sugerir que West se hace grande en el estudio de la escena, en su olfato para saber cómo disponer cada plano, la duración precisa que cada uno debe tener y el ritmo exacto que apunta al conjunto. Sus películas son archipiélagos de fragmentos perfectamente encajados e hilvanados que dominan el tiempo fílmico con un rigor pasmoso.

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