Poema de Robert Graves: «Los Bardos»

Sus mejillas están manchadas por pena, sus ágiles versos
Tropiezan, los borrachos que cenan les arrojan huesos
Si no se apresuran:
Hay algo temeroso en su canción que
Los fastidia, un dolor desconocido, como un campesino
Que vulgarmente viste la piel de una vaca
Irrumpe sin dar aviso, cacareando y tosiendo,
Agitando un palo de acebo aún sin pelar en su mano,
Entra en la sala cubierta de escudos, cortinas de seda
Y con brillo de joyas, donde doce reyes juegan sentados al ajedrez
Sobre piezas de pálido bronce y de oro,
Y, con hechizo grosero,
Tira abajo las vigas y deja afuera a las reinas—
Las de pecho salvaje de cisne, de rosadas y rojas mejillas,
hijas con cabello de cuervo, a las que admiran—
Para que puedan revolver de sus negras ollas y descansar en la paja.

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