por Michelle Carrere
Su padre nunca quiso que fuera pescador como él. Decía que tenía que estudiar, pero desde muy pequeño Patricio Maldonado sintió que su destino estaba trazado. Había crecido en una familia de pescadores nómadas que deambulaba de caleta en caleta por el sur de Chile, siguiendo los cardúmenes de peces, así que él solo imaginaba su futuro en el mar.
A Puerto Gala llegó con sus padres en 1991. En esa apartada zona de la región de Aysén, un sacerdote se había empeñado en construir un pueblo y una escuela para los hijos de las familias pescadoras que, hasta ese momento, solo se quedaban el tiempo que durara la faena pesquera.