por Marta Thieme
En el intrincado mundo del espectáculo chileno, Alfredo Alonso, exmúsico y actual rostro principal de Bizarro Producciones, ha logrado erigirse como una figura clave en la organización de eventos masivos y en la producción de espectáculos de renombre. Sin embargo, detrás de su aparente éxito se ocultan prácticas que parecen estar directamente relacionadas con el lavado de activos y la opacidad financiera. Su empresa, Bizarro Producciones, se ha convertido en un símbolo de la corrupción dentro del rubro, con un modelo de negocios que involucra comisiones millonarias tanto a la comisión organizadora como a los propios artistas, todo bajo un manto de misterio que rodea sus orígenes y flujos de dinero.