por Artidoro Sotomayor
Difícilmente puede leerse esta conversación entre Julio Cortázar y José Luis Jover sin escuchar, en la cadencia de las respuestas del escritor, el ritmo de esa prosa que convirtió al idioma en un territorio de exploración. Lo que aquí se revela no es tanto el oficio de un narrador consagrado, sino la conciencia viva de un hombre que, aun en el umbral de su madurez, continúa interrogando la materia del lenguaje como si cada palabra fuera una llave hacia otra dimensión de lo real. Esta entrevista —emitida por Radio Televisión Española en 1981, cuando Cortázar ya había publicado Un tal Lucas(1979) y Queremos tanto a Glenda (1980)— puede leerse como un testamento estético y moral de uno de los espíritus más inquietos del siglo XX.