Linda, que tenía diez años, era el único miembro de la familia que parecía disfrutar al levantarse.
Norman Muller podía oírla ahora a través de su propio coma drogado y malsano. Finalmente había logrado dormirse una hora antes, pero con un sueño más semejante al agotamiento que al verdadero sueño.
La pequeña estaba ahora al lado de su cama, sacudiéndole.