por Rubén Téllez
En determinado momento de El hombre que amaba los platos voladores, el protagonista va al teatro a ver la actuación de una amiga que cumple años ese mismo día. Finalizado el espectáculo, y ya en su camerino, le regala un juguete que le recuerda a un tiempo pasado, lejano y feliz. Entra entonces la asistente de la actriz con un ramo de flores amarillas que alguien le ha regalado; pero ella las rechaza alegando que el amarillo, en el teatro, trae mala suerte, y se niega incluso a tocarlas. Al momento, el juguete que le había dado el personaje interpretado por Leonardo Sbaraglia se cae al suelo y se rompe. Para ella, eso no supone sino la confirmación de que sus creencias no son puros mitos atávicos; para él, la caída y ruptura del objeto no significa nada.