por Renato Vivaldi-Tesser
Averroé Gallardo Sánchez, arquitecto mexicano de Aguascalientes, se servía el primer caffé de la mañana. Había aprendido que en Roma lo podía pedir corretto, es decir, con licor; ristretto, es decir, muy corto; normal o lungo, es decir, con un poco más de agua; macchiato con unas gotas de leche, frío, tibio o caliente; en taza o en vaso, al bicchiere; con crema o sin. Había un caffé para cada gusto prácticamente. Nunca dos caffé eran iguales.