—Cuadros —dijo Mr. Biggers—, usted quiere ver unos cuadros. En este momento tenemos aquí una exposición muy interesante de cosas modernas de contraste admirable: cosas inglesas y cosas francesas…
El comprador alzó una mano y sacudió la cabeza:
—No, no; nada de cosas modernas —dijo con agradable acento del Norte—. Quiero cuadros de verdad, cuadros antiguos. De Rembrandt, de Reynolds… Cosas así.