Fraude Electoral: La Democracia de los Dueños de Chile

por Marcel Claude

Cifras de un régimen electoral cautivo y la necesidad de un referente por la huelga general. En Chile no hay democracia, mas sí un mercado electoral monopolizado, financiado por el Estado y administrado para quienes ya están dentro. Gustavo Burgos, en su reciente texto en El Porteño sobre el camino que va De octubre de 2019 a la lucha actual por la huelga general, lo formula con gran precisión: El banquero y el obrero que ese banco despide tienen, cada uno, un solo voto. En la urna son iguales. Fuera de ella no lo son pues el banquero puede financiar campañas, comprar espacio en los medios y sentarse donde se toman las decisiones económicas y políticas; el obrero solo tiene su voto y su salario. La igualdad que reconoce la ley llega hasta la puerta de la propiedad privada y ahí se detiene. Este artículo quiere mostrar, con cifras concretas, cómo opera esa desigualdad en el sistema electoral chileno.

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De Octubre del 19 a la lucha actual por una Huelga General: la cuestión de la dirección y el agotamiento de la democracia burguesa

por Gustavo Burgos

La democracia burguesa chilena no atraviesa simplemente una crisis de legitimidad, como acostumbran afirmar los analistas del régimen cada vez que las encuestas registran una caída de confianza en el Parlamento, los partidos o las instituciones. Lo que se encuentra crecientemente cuestionado es algo bastante más profundo: la capacidad misma de los mecanismos de representación establecidos para procesar las contradicciones sociales producidas por un régimen económico fundado en la concentración de la propiedad, el endeudamiento, la precarización del trabajo y la subordinación de todas las necesidades sociales a la acumulación del capital. El agotamiento de las ilusiones democráticas no significa que millones hayan llegado espontáneamente a una conclusión socialista ni que hayan dejado de votar; significa que la experiencia cotidiana demuestra, cada vez con mayor brutalidad, que la alternancia electoral no altera las relaciones fundamentales de poder. Cambian los gobiernos, las coaliciones, los nombres de los ministros y los discursos presidenciales, pero permanecen la propiedad de la gran minería, los bancos, las AFP, las grandes cadenas comerciales, los puertos, los medios de comunicación y las plataformas que crecientemente organizan la esfera pública. La democracia burguesa puede ampliar o restringir derechos, reformar constituciones y reemplazar administradores, pero no puede democratizar realmente una sociedad mientras preserve como derecho fundamental el poder privado del capital sobre la vida social.

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La batalla por el sentido del 1 de octubre: estudiantes, trabajadores y la criminalización de la protesta

por Alejandro Valenzuela Torres

La movilización nacional de ayer jueves 1 de octubre dejó planteada una disputa política que excede largamente la discusión presupuestaria que la originó. Mientras decenas de organizaciones estudiantiles, sindicales y sociales convergieron bajo la consigna “Ni un peso menos para la educación”, y mientras en Santiago la Confech calculó en más de veinte mil los asistentes —Carabineros entregó una estimación bastante menor, de seis mil—, el Gobierno desplazó rápidamente una parte importante de su intervención pública hacia los incidentes ocurridos frente a la Casa Central de la Universidad Católica. Allí, provocadores de Solidaridad UC y del Movimiento Gremial instalaron una contramanifestación contra el paro, con banderas chilenas y un lienzo que proclamaba que no querían “un Chile paralizado”; posteriormente fueron enfrentados e interpelados por algunos manifestantes encapuchados. El episodio fue condenado también por la propia Confech. El Presidente José Antonio Kast, el subsecretario del Interior Máximo Pavez y el delegado presidencial Germán Codina pusieron especial énfasis en esos hechos, y este último anunció que el Gobierno estudiaría la presentación de una querella.

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