Crítica a «La prisión del lenguaje» de Jameson: ciudadanos de Babel

por Terry Eagleton

«¡Repensarlo todo de cabo a rabo en términos de lingüística!» escribe Fredric Jameson en The Prison-House of Language (1972), con un signo de exclamación que parece una especie de jadeo ante la enorme audacia del proyecto. Jameson habla del estructuralismo y el posestructuralismo, en cuyo umbral se detiene, de forma decepcionante, el nuevo libro de Ken Hirschkop. Pero suficientes giros lingüísticos previos se analizan en este estudio llamativamente rico como para compensar las inevitables ausencias (Freud y Heidegger, como el autor confiesa con ironía, se encuentran tam- bién entre las sendas no recorridas); y lo que estas diversas fascinaciones por la palabra parecen tener en común es una idea implícita en la declaración de Jameson, a saber, que no constituyen alejamientos del mundo para acer- carse al lenguaje, sino nuevas formas de modelar el mundo mismo. Como explica Hirschkop en una sucinta expresión de su tesis: «los giros lingüísti- cos son teoría social por otros medios».

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Roland Barthes: la burguesía como sociedad anónima

El mito consiente la historia en dos puntos: por su forma, sólo relativamente motivada; por su concepto, que por naturaleza es histórico. Se puede, en consecuencia, imaginar un estudio diacrónico de los mitos, ya sea que se les someta a una retrospección (y fundar entonces una mitología histórica), ya sea que se siga ciertos mitos de ayer hasta su forma de hoy (y hacer entonces historia prospectiva). Si me limito aquí a un esbozo sincrónico de los mitos contemporáneos, es por una razón objetiva: nuestra sociedad es el campo privilegiado de las significaciones míticas. Necesitamos ahora decir por qué.

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