por Alejandro Valenzuela Torres
La situación política chilena comienza a mostrar una paradoja que merece ser examinada más allá de la contabilidad parlamentaria de victorias y derrotas del gobierno. José Antonio Kast consiguió hacer aprobar aquello que constituía el núcleo económico de su programa inmediato: la denominada “megarreforma”, presentada bajo la retórica de la reconstrucción y la reactivación, pero cuyo contenido fundamental consiste en mejorar las condiciones de acumulación del gran capital mediante rebajas tributarias, garantías a la inversión y una disminución sustantiva de recursos fiscales provenientes de las grandes empresas. Consumada esa operación, sin embargo, el gobierno se ha encontrado ante un problema político mayor: la transferencia de recursos y garantías al capital financiero y a los grandes grupos económicos no constituye por sí misma un programa capaz de organizar políticamente a la sociedad y, sobre todo, no puede ocultar indefinidamente una realidad económica marcada por el debilitamiento de la actividad y una crisis del empleo que aproxima a Chile al millón de desocupados.