La metáfora del tren subterráneo

por Juan García Brun

En el siglo XIX los teatros nacionales, las «óperas», fueron una expresión material de la transformación social originada en la cultura por las revoluciones burguesas. Su efecto inmediato fue llevar a un público amplio —antes de la radio, los discos y la amplificación— esta cultura, que salió de las cámaras palaciegas y llegó a las galerías populares para transformarse de un modo definitivo. Tales construcciones contribuyeron a erigir el orgullo nacional y el espectáculo como escenificación de lo civilizado. La tragedia griega supuso el teatro como objeto físico tanto como las justas deportivas supusieron gimnasios, anfiteatros y coliseos.

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