De Octubre del 19 a la lucha actual por una Huelga General: la cuestión de la dirección y el agotamiento de la democracia burguesa

por Gustavo Burgos

La democracia burguesa chilena no atraviesa simplemente una crisis de legitimidad, como acostumbran afirmar los analistas del régimen cada vez que las encuestas registran una caída de confianza en el Parlamento, los partidos o las instituciones. Lo que se encuentra crecientemente cuestionado es algo bastante más profundo: la capacidad misma de los mecanismos de representación establecidos para procesar las contradicciones sociales producidas por un régimen económico fundado en la concentración de la propiedad, el endeudamiento, la precarización del trabajo y la subordinación de todas las necesidades sociales a la acumulación del capital. El agotamiento de las ilusiones democráticas no significa que millones hayan llegado espontáneamente a una conclusión socialista ni que hayan dejado de votar; significa que la experiencia cotidiana demuestra, cada vez con mayor brutalidad, que la alternancia electoral no altera las relaciones fundamentales de poder. Cambian los gobiernos, las coaliciones, los nombres de los ministros y los discursos presidenciales, pero permanecen la propiedad de la gran minería, los bancos, las AFP, las grandes cadenas comerciales, los puertos, los medios de comunicación y las plataformas que crecientemente organizan la esfera pública. La democracia burguesa puede ampliar o restringir derechos, reformar constituciones y reemplazar administradores, pero no puede democratizar realmente una sociedad mientras preserve como derecho fundamental el poder privado del capital sobre la vida social.

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Del Acuerdo por la Paz al Escudo de las Américas: la dimensión de clase del Estado securitario en el ciclo Piñera-Boric-Kast

por Fernando López Mackenzie

La incorporación de Chile al llamado Escudo de las Américas, promovido desde Washington como un marco de coordinación regional contra el crimen organizado transnacional, obliga a plantear una pregunta que excede largamente la política exterior del gobierno de José Antonio Kast: ¿estamos ante un salto cualitativo, ante el nacimiento de una nueva orientación estatal provocada por el triunfo de la derecha, o frente a la culminación de un proceso mucho más largo de reorganización securitaria del Estado chileno, iniciado con la crisis de 2019, desarrollado bajo Sebastián Piñera y Gabriel Boric y profundizado ahora por Kast? La pregunta sólo puede responderse correctamente si al inventario de leyes, policías, sistemas de inteligencia y acuerdos internacionales se agrega una dimensión decisiva: la de clase. Porque un Estado securitario no se define únicamente por disponer de más poder coercitivo; importa saber qué relaciones sociales protege, cuáles son los conflictos que transforma en amenazas a la seguridad y sobre qué sectores sociales se descarga prioritariamente ese poder.

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La medalla a Héctor Llaitul y la furia de El Mercurio: cuando el conflicto mapuche cruza las fronteras

La medalla entregada en Francia a Héctor Llaitul ha producido un efecto político mucho mayor que el de una ceremonia protocolar. El reconocimiento, recibido por su hijo Ernesto de manos del diputado franco-chileno Rodrigo Arenas, integrante de La France Insoumise, ha trasladado nuevamente al escenario internacional una cuestión que el Estado chileno insiste en procesar fundamentalmente mediante las categorías del orden público, la seguridad interior y el derecho penal. T13 informó este miércoles que el dirigente histórico de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) recibió la distinción mientras cumple en Chile una condena de 23 años de cárcel. El propio Arenas presentó el homenaje como un reconocimiento a la lucha del pueblo mapuche y ha caracterizado a Llaitul como un preso político.