por Marcel Claude
Cifras de un régimen electoral cautivo y la necesidad de un referente por la huelga general. En Chile no hay democracia, mas sí un mercado electoral monopolizado, financiado por el Estado y administrado para quienes ya están dentro. Gustavo Burgos, en su reciente texto en El Porteño sobre el camino que va De octubre de 2019 a la lucha actual por la huelga general, lo formula con gran precisión: El banquero y el obrero que ese banco despide tienen, cada uno, un solo voto. En la urna son iguales. Fuera de ella no lo son pues el banquero puede financiar campañas, comprar espacio en los medios y sentarse donde se toman las decisiones económicas y políticas; el obrero solo tiene su voto y su salario. La igualdad que reconoce la ley llega hasta la puerta de la propiedad privada y ahí se detiene. Este artículo quiere mostrar, con cifras concretas, cómo opera esa desigualdad en el sistema electoral chileno.