“Tu nombre no es tu nombre”: la brutalidad del robo de niños de la dictadura argentina

Una infancia «feliz» 

Era querida por sus padres, el teniente coronel de la rama de Inteligencia del Ejército de Argentina Ceferino Landa y la dueña de casa Mercedes Moreira. La protegían mucho, como pasa con todas las hijas únicas. Nada de salidas al parque porque nunca se sabe qué peligros acechan en las calles, los subversivos están por todos lados, incluso ponen hojas de Gillette en los resbalines para herir a las niñas, le decían. Siempre la llevaban y la iban a buscar al colegio, a las casas de las amigas, a las clases de inglés. Nunca se había subido a una micro, ni al metro. Tampoco conocía otro barrio de la ciudad de Buenos Aires que aquel donde vivía, Belgrano. Veraneaban en la playa, en el resort del ejército de Punta Mogotes, y le organizaban las fiestas de cumpleaños en el Club Militar. Jamás se quedó a alojar en casa de alguna compañera, y las películas que veía en la tele eran grabaciones en VHS que le seleccionaban sus propios padres.

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