Poema de Juan García Brun: «Primera voz»

Premunido de tu espada caminas en la profundidad del valle. Miles de mariposas nocturnas alzan el vuelo y tu voz, tu rostro, se han hecho irreconocibles. Donde otros se han perdido, has emplazado tu hogar iluminando con él tus oraciones. Estás solo finalmente. Pasas hambre y frío, las fieras te acechan, la insensible regularidad del paisaje te enferma. En el suelo, bajo unas enormes piedras de incierto equilibrio, pusiste mantas, pieles de animales, a modo de cama. Pasas largas temporadas postrado allí, soñando, recorriendo las magnitudes en esas sombras.

Sueñas con un liceo, un espléndido edificio público de paredes curvas iluminado por antorchas. En su puerta mayor el bronce registra tu nombre: el príncipe y sus lobos.

En estos momentos puedo oír tu respiración y un ciclo de interrogaciones referido a una búsqueda que murmuras con la mirada perdida en la dulzura del río. Llevas un alto peinado y una barba encanecida, las manos duras y un abrigo negro de otra cultura. Eres interrogado por profesores que dudan de tu verdadera disciplina. Invisibles autoridades disponen el pequeño lugar en el que construyes tu existencia. Haces marcas coloridas en los árboles, has desarrollado un lenguaje en la ambigüedad de la frontera. De todos los animales de la primavera, eres el principal.

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