Poema de Juan García Brun: «El juicio»

He visto cosas increíbles, cosas que la lluvia se lleva, cosas que el olvido arroja al espacio como llamaradas de un ejército perdido. He visto las piedras ordenadas, conformando bóvedas, puentes y caminos en un mundo bajo cuyo Sol fijo, transita Dios. Un mundo pequeño habitado por el creador, un espacio rígido decorado por vegetación reseca y lentas aves grises. Allí donde duerme —un túnel carente de propósito— sueña con un fuego que agita, con armas, mieles traslúcidas y racimos y sueños cargados de ansiedad, cuya estructura domina el deseo de un juicio final.

En la cumbre del único cerro destella la señal y sus párpados entreabiertos adivinan la sentencia.

Bravos, los hombres batallan y sus combates reiterados se pierden en la penumbra de los jardines y los siglos que circundan. El graznido de los cuervos enuncia el momento en que son finalmente apresados y llevados a la presencia. Todo lo que veo es increíble y formal, no hay abismos, trompetas, jinetes ni animales alados. No se abre la tierra. Voy yo solamente, minúsculo y precario —previsible y mortal bajo las estrellas— mientras los ojos del universo van cerrándose para ti, la brisa vuelve a levantarse, fuera de todo.

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