Poema de Aníbal Malaparte: «Aura»

Aura

I

¡Aura! ¡Aura!

Clamo tu nombre como comprador de chatarra

que recorre calle por calle pidiendo fierro viejo que vendan,

lo esnifo y lo grito cual sargento de escolta

que el lunes temprano guía la bandera en el patio de primaria

lo compacto y lo canto como ciego en la ruta

que por unas monedas berrea en los camiones

parada tras parada y letra tras letra

hasta reducirte a verso de poeta

de esos que solo saben cometer indiscreciones.

Nada queda de las apretujadas líneas de hormigas que fui,

soy saco de box y bandolero de tu olvido,

(como ultima veladora del cementerio).

¡Aura!

Placa y causa perdida en facultades vacías.

¡Aura!

Hambre insaciable de matar ante la obsidiana de tu mirada

y me trago mi coraje que ya no es coraje y es otra cosa,

¡como la cosa que es una cosa y llamamos cosa

porque no hay otra cosa para describir a la cosa!

¡Carbunco y ciproxina para todos!

Y cargo en mi mochila complejos y culpas,

hay espacio entre los libros y las copias,

Las arrastro siempre conmigo, pero fuera de mí,

para tenerlas a la mano,

y si no las necesito,

las mantengo ahí,

ocultas al sol, polvo y miradas ajenas,

y me aprisiono entre miedos convertidos en dios,

cobertizos e ideas tardías,

y la partida de ajedrez desde donde intuyo tus andares.

¡Aura!

Ya no soy el pequeño cabroncete dispuesto a saltar a la menor provocación

¡ahora soy mucho peor!

Tan solo una parte sin parte que lo exige todo,

y qué envidia a los gatos y sus tejados

cuando grita a las familias cuanto lo asfixian,

que recita poemas bretchianos

y que, por fin, tras veinte años,

dice que no lo lamenta y sigue medrando.

¡Aura!

Te grito mientras cruzas los pasillos,

¡mierda, que no me escuchaste!

Lo bueno es que todos me ignoraron,

pues les fue mejor cuando voltearon a verte,

y para no compartirte con la mirada,

compré un libro de Voltaire.

¡Aura!

Seguimos valiendo madre,

los maestros pusieron diapositivas,

pasaron a exponer sus alumnos,

nadie atendió la clase.

II

Pasos rápidos para engañar al frio,

imagen torva mientras penetro en tus alas de niebla,

¿por qué insistes en este insomnio

de ventanas rotas y manijas oxidadas

donde tu imagen es ronroneo de opio con vainilla

y tu cabello penumbra de selva y contrabando?

Si dibujaba con la tierra de las macetas,

escuchaba un blues,

me calzaba mis botas

y quemaba una iglesia,

aparecías desnuda danzando frente a mí,

con tus senos pequeños y tu nariz respingada

sin ceder a mi persistencia de lamer tus sabores,

ni disculpar mis ganas

de gritar que de las tripas del último cura

colgaríamos al último pastor.

Medias negras y sonrisa silvestre

cuando estudiaba las rutas de las patrullas

(un día estos hijos de putero,

perros del estado sabrán lo que es una emboscada)

tu recuerdo usurpo mi libreta

y en vez de anotar calles, placas y horas,

te describí en verso,

fascinado por el canto de tus signos,

te diría que me devolvieras el yo que habita en tus recuerdos,

para que no lo dejes dentro de lo permitido,

no me reduzcas a simple memoria sin cómplice

ni a historia sin conclusión,

y aquí desde este techo,

donde hay tan buen ángulo de tiro

ruego y exijo

tu tacto y tu aullido,

que los necesito

para no enredarme en el lenguaje metonímico.

¡Deja de ser música, ángel de los camellos pacientes!

Planta que no riegan mis erecciones matutinas

¡hace falta golpear a Poniatovska y degollar a Kundera!

Ir al cine contigo y no ver la película

¡no tengo más paciencia!

La espera es para los necios

para los débiles vivo-muertos que no conocen ni a Parker ni a Coltrane,

que se refugian en la paz ambigua y el compromiso cobarde,

y prefieren netflix con cobijas

a la inmensa belleza de ver policías arder.

Muchacha que hace ladrar a los perros salvajes de mi sótano,

que endurece mi entrepierna,

ven aquí,

nadie está observando, no me dejes a la espera,

soy impulso que rompe los espejos sin mirarse,

fluido que te está ansiando,

araña que se arrastra desde el cielo,

eres bebop que rompe la cuarta pared,

gata de medianoche y lunas crecientes,

habitante de los vientos,

delirio de los lirios de óleo,

¿dónde está el recuerdo que tienes de mí?

tengo que violentarlo, modificarlo

imitar sus movimientos y palabras para usurparlo,

no lo desvanezcas a recuerdo e instante

que veo posibles relatos

en nuestros cuerpos desnudos,

hambrientos de amor y estrujando gemidos

y sangre y saliva y mordidas y colmillos,

¡tomemos todas las opciones!,

hurtemos el sonido y el silencio,

dejemos tras nosotros

solo tronos vacíos de reyes depuestos,

alaridos de guerra y victoria,

envidia de cantautores de léxico limitado,

tengamos ante nosotros

todo lo solido desvaneciéndose en el aire,

¡el fin de la zafia conjura del sentido común!,

y dejemos que tu presencia aniquile

todos los futuros pasados

y todos los pasados sin futuro.

Cambiemos nuestros recuerdos

ninfa de pies sucios y cabellos danzantes,

que existan en las letras de Bowie,

en los titulares contra el terrorismo,

y en la trompeta de Frankie Newton.

III

Modificando un AR-15 para convertirlo a fuego automático

comprando pulque a un viejo de ojeras violáceas,

bajo la lluvia perpetua que limpia las banquetas,

escapando de las ratas de alcantarilla y de ciudad,

tirado en mi cama observado por mis posters de Ginsberg y del Che

leyendo a Píndaro y Polibio

me da por preguntar

¿por qué me desvelo chateando contigo?,

¿por qué nos quejábamos de los maestros,

te compartí mis cuentos sin terminar

y discutimos sobre lo real, lo simbólico y lo imaginario?,

¿por qué soñamos con atacar la realidad para volverla acorde a nuestra fantasía?,

¿por qué la última vez que te vi simplemente no te tome del cuello y te bese?,

no sabía que decirte,

al menos en persona, tras tanto hablar por la pantalla

y veía tus ojos habitados por pena y ternura a partes iguales,

y tranquilos, como barco de papel aventurándose en una pileta mohosa,

entresijo oscuro

                  ineludible

                         inmanente

                                 inminente

                                         inevitable.

¿Dónde te he de volver a encontrar?

¿en la bebida adulterada que me venden cuando hay tocadas en las azoteas

-que me embriaga más rápido, por eso la consumo- mientras busco con quien pelear?

¿en el libro encuadernado en una pequeña editorial de esas que no pagan impuestos?

¿en mis manuales descargados ilegalmente de internet?

¿mientras como unas quesadillas con chimichurri?

¿o mientras pego carteles por las calles y pinto sus muros con versos de Huerta y de Revueltas?

¿Dónde te he de descubrir auténtica?

dímelo mientras imito la gesta de los grandes

(tal vez haciéndolo me encuentre),

sí he de cruzar los Alpes con elefantes,

lanzarme con los dorados siguiendo a siete leguas hechas yegua,

arrojarme en medio de la nieve a tomar el palacio de invierno,

resguardad Madrid y Stalingrado al grito de ¡No pasarán!,

entrar a sangre y fuego a Dien Bien Phu,

recorrer Sierra Maestra con asma,

o defender Kobane de la yihad.

Dime como lo haces posible,

hermosa niña-mujer de mis alquimias,

       niña de violentas emociones,

                  mujer suave,

                       niña de colores,

                                mujer de nombre frágil,

                                         niña leninista,

                              mujer de mis nostalgias,

                    niña lacaniana,

      mujer de mis ternuras,

niña amoral.

¿Por qué vuelves en mis escritos?,

¿en mi teclado?

¿en mis libros de Jünger y en mis bombas de propano?,

¿por qué tus palabras

                           y tu rostro

                                       y tus cicatrices

me atrapan y me arrastran?

¿Por qué cuando pienso en los troyanos y su ciudad arder

digo que valió la pena porque lucharon por una mujer?

¿Por qué tu imagen aparece cuando quisiera no pensar

en todo lo que aún tengo que hacer?

¿Por qué me emborracho y te marco para gritarte

que vendrá la muerte y tendrá tus ojos?,

¿Por qué no le puedo dar la razón a Alfred de Musset?,

¿Cómo explicar a todos los barcos anclados de este mundo

que es más bello cualquier tren descarrilado a punto de explotar

que todos los puertos de todos los mares que vayan a encontrar?,

¿Cómo hacerle entender al aire contenido en las meninas

que todo corazón es una bomba de relojería?,

¿Cómo la explico al padre de mi madre la teoría de los mundos múltiples?,

¿Dónde registro los minutos de este insomnio que desprecia las nociones kantianas?,

Que en la oscuridad organiza el incendio,

que loco de sana intolerancia fundó el club de amigos materialistas de Hegel y Platón

y daba conferencias sobre cristales de tiempo y teorizaba sobre la guerrilla urbana.

Arrastro los pies por esta urbe llena de grises paredes y desoladas pasiones,

por calles de mugrosos converses y botas militares,

con cielos color concreto y condones usados bajo las bancas del parque,

con el manifiesto bajo el brazo y vendas en mi mano,

y en la farmacia ofrecen disilden y diazepam,

me compro una versión pirata de la batalla de Argel,

un negro ciego toca el saxofón y afirma

que no hay doxiciclina suficiente para apaciguar su amor,

y oigo una voz que declama en las cantinas,

(porque el desierto queda lejos y ahí no preparan micheladas),

y los vagabundos que susurran extraños secretos cantan tu nombre,

y los adolescentes que hacen el amor por vez primera cantan tu nombre,

y los psicoanalistas que encuentran una ética del deseo en las tesis de abril cantan tu 

[nombre,

y los estetas que organizan clubs de la pelea cuando se aburren exquisitamente cantan tu 

[nombre,

y los universitarios que dejan el salón de clases para crear focos guerrilleros cantan tu 

[nombre,

y los físicos que estudian la teoría de las cuerdas y apuñalan yoguis y gurús cantan tu

[nombre,

y los situacionistas que recitan poemas de Verlaine ante marchas militares cantan tu 

[nombre,

y los tercos leninistas que fundan círculos clandestinos para estudiar a Marcuse, Althusser 

[y Zizek cantan tu nombre,

y los dementes demiurgos dramaturgos que lloran en el escenario cantan tu nombre,

y los afiliados de una pandilla de asesinos dadaistas cantan tu nombre,

y cuando se fue a la guerra Mambrú cantó tu nombre,

y Netchaeiv, Mazdak, Licurgo, Tyler Durden, Lord Byron, Carl Sagan y Encías Sangrantes 

[cantan tu nombre,

y en las calles de Hamburgo, Bremen y Berlín los combatientes del Frente Rojo cantan tu 

[nombre

y los que no ocultan su fracaso cantan tu nombre,

y todas las botellas de vino robadas cantan tu nombre,

y las ruinas de Cártago y Numancia cantan tu nombre,

y en las tertulias todos los tristes cantan tu nombre,

y las mentes que enferman de paz cantan tu nombre,

y en las barricadas de París comuneros y estudiantes cantan tu nombre,

y al escapar del Dojo Tendo Ranma y Akane cantan tu nombre,

y las piedras y cuchillos de la intifada cantan tu nombre,

y los nihilistas que lanzan bombas al zar cantan tu nombre,

y el corazón y el revolver de Maiakovski cantan tu nombre,

y todas, todas, toditas… hasta la última de las notas de la internacional…

cantan tu nombre.

Y ahora

en la cocina de mi casa con una máscara de gas,

preparando napalm casero,

pienso en todo lo que tengo que decirte,

y si he de encontrarte nuevamente.

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