¿Por qué estamos en huelga de hambre en las cárceles de Israel?

por Marwan Barghouthi//

[Más de 1600 prisioneros palestinos comenzaron el pasado lunes 17 de abril una huelga de hambre indefinida para exigir que se respeten los derechos básicos de los presos y se ponga fin a “la aplicación de la detención administrativa, la tortura, los juicios injustos, los tratos degradantes e inhumanos, las negligencias médicas, la detención de menores y la privación de derechos básicos como las visitas familiares o el derecho a la educación”.

Actualmente, hay 6500 presos palestinos, entre los que se incluyen 57 mujeres, 300 menores de edad, 13 parlamentarios y 18 periodistas. Además, 800 necesitan atención médica y cerca de 500 permanecen encarcelados en aplicación de la llamada «detención administrativa», figura que permite arrestar a una persona sin que se presenten cargos contra ella durante un periodo de seis meses prorrogable por otros seis meses.

La protesta, cuyo inicio coincidió con el Día Nacional de Solidaridad con los Presos Palestinos que se celebra cada 17 de abril desde 1974, está liderada por el líder encarcelado de Al Fatah, Marwan Barghouthi. Por ahora, la respuesta israelí ha consistido en suspender las visitas de todos los presos, aislar a Barghouthi, que ha sido trasladado a otra prisión, y reprimir las manifestaciones de apoyo a los presos.

Reproducimos a continuación la carta de Marwan Barghouthi, escrita en la prisión Hadarim, en Israel, publicada en The New York Times el martes 18/04/2017 ndt].

Habiendo pasado los 15 últimos años en una prisión israelí, he sido a la vez testigo y víctima del sistema ilegal israelí de detenciones colectivas arbitrarias y de malos tratos a los presos palestinos. Tras haber agotado todas las demás opciones, he decidido que la única opción para resistir a esos malos tratos era ponerme en huelga de hambre.

Unos 1000 presos palestinos han decidido participar en esta huelga de hambre, que comienza hoy, la jornada que celebramos aquí como el Día de los Presos. Hacer huelga de hambre es la forma más pacífica de resistencia que existe. Hace sufrir únicamente a quienes participan en ella y a quienes les son queridos, con la esperanza de que su estómago vacío y su sacrificio ayudarán a que el mensaje encuentre un eco más allá de los límites de su sombría celda.

Decenios de experiencia han probado que el inhumano sistema israelí de ocupación colonial y militar tiene por objetivo romper el coraje de los presos y de la nación a la que pertenecen, infligiendo sufrimientos a su cuerpo, separándoles de su familia y de su sociedad, haciendo uso de medidas humillantes para obligarles a someterse. A pesar de tal trato, no nos someteremos.

Israel, la potencia ocupante, ha violado el derecho internacional de múltiples maneras desde hace cerca de 70 años, y ha gozado sin embargo de la impunidad por sus actos. Ha perpetrado graves violaciones de las Convenciones de Ginebra en contra de los palestinos; los presos, entre los que hay hombres, mujeres y niños no constituyen una excepción.

No tenía mas que 15 años cuando fui detenido por primera vez. Tenía a penas 18 cuando un interrogador israelí me forzó a separar las piernas, cuando estaba en pie y desnudo en la sala de interrogatorios, antes de golpearme en los genitales. Me desmayé del dolor y la caída me ha dejado en la frente una cicatriz para el resto de mi vida. El interrogador se burlo luego de mí, diciendo que no procrearé jamás porque gente como yo no dan vida más que a terroristas y asesinos.

Algunos años más tarde me encontré de nuevo en una prisión israelí, realizando una huelga de hambre, cuando nació mi primer hijo. En lugar de los caramelos que repartimos habitualmente para celebrar tales noticias, repartí sal a los demás presos. Cuando tuvo a penas 18 años, fue a su vez detenido y pasó cuatro años en las cárceles israelíes.

El mayor de mis cuatro hijos es ahora un hombre de 31 años. Sin embargo, sigo aquí, prosiguiendo este combate por la libertad al mismo tiempo que miles de presos, millones de palestinos y con el apoyo de muchísimas personas en todo el mundo. La arrogancia del ocupante, del opresor y de sus partidarios les hace sordos a esta sencilla verdad: nuestras cadenas serán rotas antes de que lo seamos nosotros, porque está en la naturaleza humana responder a la demanda de libertad cualquiera que sea su precio.

Israel ha construido casi todas sus prisiones en Israel más que en los territorios ocupados. Actuando así, ilegalmente y por la fuerza ha transferido civiles palestinos en cautividad y ha utilizado esta situación para restringir las visitas de las familias y para infligir sufrimientos a los prisioneros con largos viajes en condiciones dolorosas. Ha transformado derechos fundamentales que deben ser garantizados en aplicación del derecho internacional -incluso algunos obtenidos con gran esfuerzo por las huelgas de hambre precedentes- en privilegios que su servicio penitenciario decide concedernos o retirarnos.

Los prisioneros y los detenidos palestinos han sufrido torturas, tratos inhumanos y degradantes, negligencias médicas. Algunos han sido asesinados mientras estaban detenidos. Según el último balance del Club de Presos Palestinos, alrededor de 200 presos palestinos han muerto desde 1967 a causa de tales actos. Los presos palestinos y sus familias siguen siendo también un objetivo prioritario de la política israelí de imposición de castigos colectivos.

Mediante nuestra huelga de hambre, intentamos poner fin a tales malos tratos.

En el curso de los cinco decenios pasados, según la asociación Addameer de defensa de los derechos humanos, más de 800 000 palestinos han sido encarcelados o detenidos en Israel -es decir, el equivalente al 40% de la población masculina de los Territorios palestinos. Hoy, alrededor de 6 500 de ellos siguen encarcelados. Algunos de ellos tienen la lúgubre distinción de poseer los récords mundiales de más largos períodos de detención de presos políticos. Apenas hay familias en Palestina que no hayan soportado sufrimientos provocados por el encarcelamiento de uno o varios de sus miembros.

¿Cómo dar cuenta de este increíble estado de cosas?

Israel ha creado un doble régimen jurídico, una forma de apartheid judicial, que asegura una cuasi impunidad a los israelíes que cometen crímenes contra los palestinos, a la vez que criminaliza la presencia y la resistencia palestinas. Los tribunales de Israel son una parodia de justicia, y son claramente instrumentos de la ocupación colonial y militar. Según el Departamento de Estado, la tasa de condenas de los palestinos ante los tribunales militares es de casi el 90%.

Entre los centenares de miles de palestinos que Israel ha encarcelado hay niños, mujeres, parlamentarios, activistas, periodistas, defensores de los derechos humanos, universitarios, personalidades políticas, militantes, paseantes, miembros de la familia de los presos. Y todo esto con un solo objetivo: enterrar las aspiraciones legítimas de una nación entera.

En lugar de esto, sin embargo, las prisiones de Israel se han convertido en la cuna de un movimiento duradero por la autodeterminación palestina. Esta nueva huelga de hambre demostrará una vez más que el movimiento de los prisioneros es la brújula que guía nuestro combate, el combate por la Libertad y la Dignidad, nombre que hemos elegido para esta nueva etapa en nuestra larga marcha hacia la libertad.

Israel ha intentado marcarnos a fuego a todos nosotros como terroristas para legitimar sus violaciones del derecho, entre las cuales están las detenciones colectivas arbitrarias, las torturas, las medidas punitivas y las restricciones rigurosas. En la voluntad israelí de minar la lucha palestina por la libertad, un tribunal israelí me condenó a cinco penas de cárcel a perpetuidad y a 40 años de prisión en un proceso transformado en espectáculo político que fue denunciado por los observadores internacionales.

Israel no es la primera potencia ocupante o colonial que recurre a tales expedientes. Todo movimiento de liberación nacional en la historia puede recordar prácticas análogas. Por ello son tantas las personas que han luchado contra la opresión, el colonialismo y el apartheid que están a nuestro lado. La Campaña Internacional para la Liberación de Marwan Barghouthi y de todos los presos palestinos, que la figura emblemática de la lucha antiapartheid, Ahmed Kathrada, y mi esposa, Fadwa, lanzaron en 2013 desde la antigua celda de Nelson Mandela en la isla de Robben Island ha gozado del apoyo de ocho laureados del Premio Nobel de la Paz, de 120 gobiernos y de centenares de dirigentes, parlamentarios, artistas y universitarios del mundo entero.

Su solidaridad revela el fracaso moral y político de Israel. Los derechos no son conferidos por un opresor. La libertad y la dignidad son derechos universales inherentes a la humanidad, de los que deben disfrutar todas las naciones y a todos los seres humanos. Los palestinos no serán excepción. Solo el hecho de poner fin a la ocupación pondrá fina a esta injusticia y marcará el nacimiento de la paz.

Carta publicada en el New York Times el 18/04/2017, traducida de http://www.france-palestine.org/Pourquoi-nous-sommes-en-greve-de-la-faim-dans-les-prisons-d-Israel

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Los nuevos cuatro tercios de la política nacional

por Ibán de Rementería//

El triunvirato que rige al Comité Central Partido Socialista,-Elizalde, Santander y Velozo- ha logrado imponer su doctrina pragmática sobre el sector conservador encabezado por Escalona, para mediante las mismas maniobras clientelistas que los condujeron al poder hacer escoger en votación secreta como presidenciable del Partido Socialista a Alejandro Guillier. En ambos casos lo que se ha ofrecido a cambio del voto secreto es la conservación y el mejoramiento de los cargos públicos, directos e indirectos, que detentan la gran mayoría de los miembros del Comité Central.

El pragmatismo del triunvirato que conduce al PS ha logrado convertir a los recientemente constituidos tres tercios de la política nacional –Chile Vamos, Nueva Mayoría y Frente Amplio- en cuatro tercios, ya que al desechar a Ricardo Lagos Escobar por su bajo rendimiento y expectativa electoral ha generado un nuevo referente político, eso que con sorna se han llamado “los viudos de Lagos”, así que ahora tenemos a los siguientes cuatro tercios: la derecha tradicional con Piñera como candidato presidencial; el “progresismo moderado” con O.G. Garretón como ideólogo y con Lagos Escobar como referente histórico y gran gurú político programático, con Escalona, Montes y Quintero, como operadores y a la Presidenta de la DC Carolina Goic como candidata presidencial en la primera vuelta; la izquierda light que además del triunvirato socialista tienen como prohombres a Pepe Auth, al rápido de cambios políticos Juan Luis Castro, a los Melo guillieristas avant la lettre, etc., y bueno que cuenta con la gran mayoría de los funcionarios públicos que son militantes o al menos simpatizantes de los partidos de la Nueva Mayoría, incluidos algunos DC, todos los que tienen como presidenciable a Alejando Guillier, y; finalmente al Frente Amplio que representa a ese papagallo de múltiples colores que es la nueva, otra o izquierda alternativa, que lleva como candidata presidencial Beatriz Sánchez – Longueira señala a ésta como triunfante sobre Piñera en la segunda vuelta.

Para muchos la candidatura presidencial de Goic aparece como un tiro al aire más aún cuando se afirma que si la (ex) NM va con dos listas parlamentarias las pérdidas en diputados de la DC pasaría de 28 posibles a 16 solamente. Pero, frente a un eventual gobierno de Guillier con veleidades para continuar con la reformas frustradas por la NM, una bancada del progresismo moderado tendría mucho más poder de negociación amenazando con una oposición junto a la derecha para oponerse al “populismo revolucionario”, o simplemente pactando con ella, que plegándose incondicionalmente a la izquierda light. Este poder de minoría móvil sería tanto más fuerte si triunfase el Frente Amplio con Beatriz Sánchez, como amenaza Longueira. Además, en el caso de un triunfo de Piñera con predecible minoría parlamentaria, ellos, el progresismo moderado le ayudaría a constituir “una mayoría racional para bien gobernar”. En esto Cornejo y Duarte no han sido explícitos pero si más que insinuantes. Más aún, la candidata presidencial ha afirmado: “Aquí, la DC va a jugar su rol, va a representar un centro político que no vamos a dejar huérfano”.

 

Núcleo Valparaíso Socialista

Izquierda Socialista

 

 

 

Guillermo Lora: la revolución permanente (1984)

 

Extracto de Conferencia pronunciada en la Escuela de Altos Estudios Nacionales de las FFAA de Bolivia y que su autor realizó sobre el tema “Sindicalismo Político” que se le planteara en julio de 1984, La Paz, Bolivia. EP

Si la revolución social es considerada como el producto arbitrario de la propaganda extremista, de la agitación social arbitrariamente provocada, etc., será imposible comprender la actividad contradictoria de la clase obrera e inclusive la conducta de los sindicatos. La historia de la humanidad es la historia de la sucesión de los diferentes modos de producción (cómo se produce lo que el hombre precisa para satisfacer sus necesidades), que tiene lugar a través de saltos bruscos, de la misma manera, por ejemplo, que las transformaciones geológicas. La sociedad y el hombre hace tiempo que acertadamente vienen siendo considerados como parte del proceso de desarrollo de la naturaleza, lo que ha permitido desprenderse de perjudiciales prejuicios subjetivistas. El oscurantismo al juzgar a la sociedad no hace otra cosa que alejarla de su debida comprensión. El desplazamiento de una clase por otra en el poder, que eso es la revolución social, siempre se ha dado en la sociedad y seria absurdo que nos aterroricemos toda vez que se produce, lo que corresponde es estudiarlo con la debida atención, seguros de que nuestra sociedad también se encamina hacia esa finalidad. No es motivo de nuestra atención la revolución política o sea la lucha entre sectores de la misma clase social por controlar el poder.

La revolución es un fenómeno social sometido a las leyes generales de la sociedad (del capitalismo) y a las suyas propias. Está muy lejos de ser la arbitrariedad y el caos, como generalmente se supone. La revolución destruirá los aspectos caducos de la actual sociedad y permitirá un amplio desarrollo de los gérmenes de una nueva, que ya se dieron en el pasado inmediato; en esta medida destruye el orden social envejecido y establece uno nuevo; el caos no es más que aparente. Son los hombres los que hacen la revolución, pero no a su capricho, sino dentro de las condiciones creadas por el desarrollo social. Unos, los que pertenecen a la clase obrera o se identifican con sus finalidades estratégicas, con sus objetivos generales, encarnan a las fuerzas productivas, es decir, a las fuerzas progresistas de la historia y cuando adquieren conciencia de esto actúan como sus instrumentos conscientes. En estas filas se reclutan los teóricos, factores decisivos para la lucha revolucionaria, los caudillos y activistas de la transformación de la sociedad. Con todo, las masas y los hombres no pueden hacer otra cosa que contribuir a que las leyes de la historia se cumplan con ahorro de esfuerzos y de tiempo; en ningún caso podrán sustituir esas leyes con los esquemas sacados de sus cabezas o con sus creaciones perversas o angelicales. Los otros, los que pugnan por perpetuar la actual sociedad, porque en ésta se encuentran sus intereses materiales, batallan, conscientemente o no contra las leyes de la historia, son conservadores, reaccionarios. Pueden la clase dominante y su Estado idear y levantar los mayores obstáculos frente a la marcha revolucionaria de la mayoría nacional, pueden corromper a las direcciones de las masas y contribuir a la formación de burocracias potentes, pero todo esto acabará siendo arrasado por las leyes de la historia. Así se ha desarrollado y se desarrolla la sociedad.

Toda nueva sociedad se justifica cuando impulsa el desenvolvimiento de las fuerzas productivas, que son el conjunto de los instrumentos que permiten la producción, de los hombres que los manejan en determinadas condiciones de experiencia y

hábitos de trabajo (tecnología, división del trabajo, etc). El desarrollo de las fuerzas productivas, que se sintetizan en cierto nivel de productividad, importa un cierto grado de dominio del hombre sobre la naturaleza, objetivo de toda sociedad. Las fuerzas productivas imponen determinadas formas de propiedad sobre los medios de producción (tierra, máquinas, materias primas, etc.), que condicionan las relaciones de producción dentro de las cuales los hombres producen su vida social, su sustento diario, para decirlo de manera simple. Estas relaciones de producción constituyen el basamento material, económico, de la sociedad, su estructura sobre la que se levanta el amplio y rico mundo de la superestructura ideológica, que no es consecuencia mecánica e inmediata de aquella, sino que se mueve conforme a sus propias leyes y en determinado momento reacciona poderosamente sobre la estructura (la política en la actualidad, por ejemplo), buscando modificarla y contribuyendo a que esto sea así dentro del marco señalado por el desarrollo de las fuerzas productivas.

La estructura económica es una unidad dialéctica en la que los extremos polares están ocupados por las fuerzas productivas y por las relaciones de producción (forma de propiedad). Durante la etapa de equilibrio precario entre ambos, la forma de propiedad impulsa el vigoroso y rápido desarrollo de las fuerzas productivas, el aumento cuantitativo de éstas (evolución pacífica, progreso gradual), motivando transformaciones dentro del orden establecido, pero esto sólo hasta cierto nivel de su crecimiento, que es cuando chocan con esa fuerza conservadora que es la forma de propiedad vigente (relaciones de producción), ésta para sobrevivir se empeña en estrangular a las fuerzas productivas, que en su intento de crecer se despedazan chocando contra su mordaza y cuyos indicios inconfundibles son las crisis económicas cíclicas (la actual que soportamos), las guerras internacionales por el reparto del mundo y las mismas revoluciones sociales. Una sociedad es sustituida por otra únicamente si la estructura económica ha madurado para esto, si la clase dominante ha agotado todas sus posibilidades progresistas. El desarrollo de las fuerzas productivas tiene que considerarse como un desarrollo global y de ninguna manera parcial (un descomunal saltó en la producción e industrialización del hierro, mientras la agricultura permanece estancada o retrocede, por ejemplo). Las transformaciones tecnológicas, muchas de ellas relegadas a las cuatro paredes de un laboratorio, por sí mismas no son sinónimo de crecimiento de las fuerzas productivas; muchas de esas innovaciones e inventos quedan archivados, porque su generalización podría ocasionar serios perjuicios económicos a las grandes empresas al obligarles a cambiar su utilaje, y a veces son relegados al uso para fines belicistas, que importa una descomunal destrucción de las fuerzas productivas. Unicamente cuando las fuerzas productivas han dejado de crecer, cuando la forma de propiedad privada burguesa (relaciones de produccióni se ha tornado reaccionaria, fenómeno que ha tenido lugar en escala mundial desde el último tercio del siglo XIX hasta 1914 fecha del estallido de la primera guerra mundial (guerra imperialista), cuando se ha hecho evidente la posibilidad de la revolución social.

¿Esta ley puede aplicarse a la atrasada Bolivia? La respuesta, que es una de las claves de la política boliviana, obliga a una breve explicación. Bolivia no ha tenido tiempo ni posibilidades para impulsar el desarrollo interno del capitalismo, éste llegó desde afuera como fuerza invasora, obedeciendo los intereses económicos de las metrópolis y de ninguna manera las necesidades de desarrollo del país que pasó a la condición de semicolonia. Penetró al altiplano el imperialismo, el capitalismo en su etapa de decadencia, trayendo progreso y modernización a ciertos sectores de nuestra economia, a veces mediatizados en extremo, y al mismo tiempo ocasionando

estancamiento y hasta retroceso allí donde no le interesaba asentarse y explotar. Vimos al imperialismo conviviendo junto al latifundio improductivo y reducto del trabajo servil, no pocas veces prestándole apoyo directo. Esta política contradictoria se explica porque la fuerza invasora tuvo necesariamente que apoyarse en la feudal burguesía, que tenía metido un pie en el pongueaje y que simultáneamente servía al capital financiero.

De esta manera fuimos incorporados, virtualmente a la fuerza, a la economía mundial, que es algo más que una simple suma de economías nacionales, es una unidad superior y una de las grandes creaciones del capitalismo. Esta concepción (la interpretación unilateral de ella es el punto de arranque de una serie de desviaciones), permite comprender que estamos obligados a soportar las leyes generales del capitalismo, lo que no debe interpretarse como una imposición mecánica de esas leyes en toda su pureza, más bien, se reflejan en una particular realidad económico-social, actúan transformando y transformándose a través del país atrasado. En esto consisten las particularidades nacionales que tienen importancia decisiva en la fijación de la política revolucionaria. Nuestra tardía incorporación a la economía mundial, alrededor de los albores del siglo XX, y la invasión del capital financiero han determinado la economía capitalista de tipo combinado, que imprime una particular fisonomía a la ley del desarrollo desigual, la más general en la historia de la humanidad.

Nuestro país ya conoce el capitalismo, bajo la única forma en que puede darse, como economía combinada, que importa la coexistencia de diferentes modos de producción, de las primeras letras del desarrollo de la sociedad con las últimas adquisiciones de nuestra época: las tribus selváticas, el transporte en llamas junto al jet, etc. No hay tiempo, debido a la desintegración del imperialismo y a la presencia en el escenario del proletariado como clase, para que Bolivia recorra las vicisitudes de un desarrollo integral e independiente del capitalismo.

La ley de la economía combinada, que sería inconcebible al margen de la pertenencia a la economía mundial, no como ocasional vendedor de minerales sino como parte integrante de ella, tiene implicaciones que es preciso puntualizar para comprender la revolución en nuestro país.

Estamos obligados a considerar todos los fenómenos, particularmente los económicos, como dimensiones internacionales. Las fuerzas productivas, de manera particular, solamente pueden concebirse así, si no se quiere distorsionar la realidad.

Si Bolivia fuese un país aislado, si no se estremeciese ante las modificaciones del mercado mundial, si no dependiese del tipo de intereses que fijan los bancos norteamericanos o ingleses, si no dependiese su vida diaria de la cotización de minerales que a medio día se difunde desde Londres, se podría decir con toda propiedad que está muy lejos de una transformación revolucionaria dirigida por la clase obrera, que lo más que puede esperarme es una transformación democrático-burguesa, los militantes stalinistas añadirían del tipo de revolución encarnado en el gobierno burgués del doctor Hernán Siles Zuazo, claro que la afirmación puede prestarse a burlas o calificativos despectivos. Esta manera de plantear el problema es incorrecta y anti-científica, porque en nuestra época resulta inconcebible la existencia de país alguno totalmente aislado de los otros y de la economía mundial, convertida en el escenario insoslayable donde se mide la productividad de los diferentes países.

Entre las consecuencias de nuestra integración a la economía mundial se tienen la autoritaria imposición del capitalismo y la maduración desde afuera para la revolución proletaria, lo que no tiene que interpretarse como si esta transformación radical también tuviese que venir de la metrópoli, contrariamente, será hecha por los bolivianos y en la medida en que maduren para cumplir esa tarea. En la actualidad las fuerzas productivas en escala mundial están sobremaduras para la revolución proletaria, concebida como una revolución de alcance mundial y encaminada hacia el comunismo; su tardanza, que tiene que concebirse como consecuencia del lento desarrollo de la conciencia de clase de los explotados o de la traición de sus direcciones tradicionales, que supone el cambio de contenido de clase, se traduce en la aparición de formas de barbarie, con tegumento burgués como es el caso del fascismo, que importa la aniquilación de gran parte de las conquistas logradas por la civilización, o en la destrucción de la sociedad. Vivimos en la época de la revolución proletaria y no nos está permitido eludirla o idear caminos excepcionales para nuestro país. La historia boliviana es parte de la historia de la humanidad.

El carácter internacional de la revolución proletaria quiere decir que ningún país, por muchos que sean los privilegios con los que hubiese sido beneficiado por la naturaleza, puede con sus propias fuerzas, en el marco de una inconcebible y reaccionaria autarquía, construir una sociedad comunista, tal meta solamente podrá lograrse internacionalmente. Ha sido el propio capitalismo el que ha permitido que maduren para ello las condiciones materiales; en la época de la economía mundial, en la época de las transnacionales, las fronteras nacionales se han tornado reaccionarias. En este punto debemos puntualizar que la defensa, por tanto, la perrnanencia de las fronteras de los países sometidos a la opresión imperialista, constituyen pasos progresistas y obligados en la lucha por la liberación nacional. El comunismo no destruirá la economía mundial, por el contrario, se basará en ella y le dará un mayor impulso.

Esa unidad mundial que es la revolución socialista (el desarrollo de la sociedad no permite su parcelación en estancos independientes entre sí) está integrada por las revoluciones puramente socialistas que tendrán lugar en las metrópolis del capital financiero, que se distinguen por la proporción mayoritaria de la clase obrera y porque no tienen ante sí la solución de tareas democráticas o burguesas pendientes; por las revoluciones políticas (el desplazamiento del poder de la burocracia termidoriana por la clase obrera) en los países sometidos a la dictadura stalinista y por las revoluciones de liberación nacional en las regiones sometidas a la opresión imperialista. El hecho fundamental y distintivo de nuestra época radica en que todas esas revoluciones son políticamente dirigidas por el proletariado. Hay, pues, revoluciones proletarias y revoluciones proletarias, no todas están vaciadas en el mismo molde o cortadas en la misma medida, obedecen a leyes particulares según el grado de desarrollo de la región en que tienen lugar.

La revolución boliviana no puede menos que reflejar el capitalismo atrasado de economía combinada. El sector atrasado está encarnado en el modo de producción precapitalista, que si se toma como referencia los índices demográficos se puede decir que comprende a la mayoría nacional. No se trata de que el atraso está simplemente yuxtapuesto al progreso (modo de producción capitalista y que define la existencia material del país), sino de que entre ambos existe una permanente inter-relación; conforman un país con esa característica nacional y no dos sociedades independientes entre sí. Atraso y progreso se penetran mutuamente, se condicionan y se encuentran

en permanente transformación. El atraso se traduce en atraso cultural, por decir, que deja su impronta en todas las actividades, lo que determina la lentitud de nuestro desarrollo, que pesa negativamente en contra de la productividad y, de una manera general, que mediatiza las conquistas foráneas que alcanzan a trasmontar los Andes. Urge puntualizar en qué consiste este rezagamiento.

Sobre todas las cosas, está muy lejos de ser general, pues soporta la presión del modo de producción capitalista (minas, petróleo, industria, transportes, agroindustria) y, a su turno, actúa poderosa, aunque negativamente, sobre él. El cordón umbilical, por esto mismo de trascendencia vital, que une a Bolivia con el mercado mundial, es decir, el elemento que le permite llevar una vida moderna, es la producción capitalista, la exportación de materias primas, de minerales, de petróleo, etc. Esta producción no solamente define el presupuesto nacional, sino las balanzas comercial y de pagos, permite importar todo lo que exige la vida moderna. El modo de producción precapitalista pesa de manera considerable en la composición del producto interno bruto. En alguna forma esa preeminencia económica del capitalismo condiciona la preeminencia política del proletariado, aunque su gran politización es resultado de su propia historia, de una serie de factores que han contribuido a la formación de su conciencia.

Un país atrasado como Bolivia puede mostrar importantes adelantos tecnológicos y de concentración del capital en su área modernizada, como sucedió en el campo de la minería en cierto momento.

El atraso tampoco es definitivo, dado de una vez por todas, sino que, en determinadas condiciones, puede convertirse en palanca de progreso, permitir dar un salto en el desarrollo, trocarse en su contrario. Los teóricos de la clase dominante, que se complacen en subrayar que el capitalismo -únicamente el capitalismo, pues vituperan contra el feudalismo, el esclavismo, etc. corresponde a la naturaleza humana y que por eso debe considerarse eterno; pretenden justificar las limitaciones e incapacidad de la burguesía nativa con la especie de que nuestro país nunca podrá salir de una manera total de su rezagamiento, que siempre será tributario de la metrópoli imperialista, etc. Hay muchos ejemplos históricos que violentan la teoría del definitivo atraso boliviano y que viene siendo manejada desde el siglo XIX.

Allí donde el capitalismo se ha desarrollado internamente, recorriendo todos los recodos del camino, venciendo todas las dificultades y las etapas, ha ido acumulando utilaje obsoleto, herencia inevitable del pasado; esta carga concluye obstaculizando los movimientos de la economía en su integridad. Recuérdese el caso de países en los que se sigue utilizando maquinaria con muchos decenios de antigüedad. Un país atrasado, virgen en la actividad capitalista en ciertos renglones, puede, en condiciones favorables apoderarse de un salto de todo el avance logrado por la sociedad, sin necesidad de descubrir ni perfeccionar nada. Importará la última palabra de la tecnología en la fabricación de automóviles, sin necesidad de volver a vivir las primeras experiencias. En un solo acto se colocará en el nivel de los países más desarrollados. Esto es algo más que un dato anecdótico, quiere decir que tal paso puede permitir movernos a mayor velocidad que las metrópolis del capital financiero. Las condiciones que permitieron ese desarrollo a saltos y que las colonias o semicolonias alcanzasen o sobrepasasen a las metrópolis opresoras, fueron en el pasado las ventajas que proporcionaba el capitalismo en ascenso (Estados Unidos de Norte América, Alemania, Japón); en la actualidad, caracterizada por la desintegración

del imperialismo, las condiciones para ese salto no son otras que las creadas por la revolución social.

Un otro aspecto de este tema: la masa campesina, que aunque asuma actitudes revolucionarias y de subversión contra el estado de cosas imperante, representa el pasado histórico y el atraso, pero en los momentos de mayor tensión de la lucha revolucionaria se convierte en el factor decisivo que impulsa al proletariado (expresión social del progreso hacia el poder, es decir, permite crear las condiciones para la estructuración de una sociedad superior a la capitalista.

Bolivia se diferencia de las metrópolis por ser una nación oprimida que soporta la explotación y el dominio político por parte del imperialismo no solamente sobre uno de sus sectores sociales, la clase obrera, sino sobre toda la nación. El capital financiero exporta en gran medida la plusvalía que extrae de los trabajadores, actúa como el muro que impide que el país en su integridad ingrese de pleno a la civilización, esto porque mantiene intacto al precapitalismo, expropia política y económicamente a la burguesía criolla, le impide su desarrollo, lo que aparece con mayor evidencia cuando ésta le sirve obsecuentemente. Los problemas que plantea la revolución y la mecánica de clases son particulares y diferentes a los que se dan en los grandes centros del capitalismo imperialista.

Toda revolución es mayoritaria y la proletaria lo es al servicio, por primera vez, de la mayoría del país. En la Bolivia atrasada esa revolución no puede menos que ser protagonizada por la nación oprimida (en esta medida es mayoritaria) y no únicamente por la minoría obrera (consecuencia del atraso, de la persistencia de los modos de producción precapitalistas). Una revolución puramente proletaria es inconcebible, pues sería una actitud asumida contra el país, condenada a su inmediato aplastamiento. De esta realidad emergen las vigas maestras de la lucha revolucionaria.

La alianza obrero-campesina (las masas explotadas arrastradas políticamente por la clase obrera) juega el papel de pieza clave de esta estrategia. El choque de los campesinos con los obreros antes de la conquista del poder convertiría en imposible tal finalidad estratégica.

La táctica que cobra vigencia permanente hasta tanto se produzca la victoria de los explotados, aunque su realización precisa de condiciones políticas muy concretas, es la constitución del frente anti-imperialista, que importa la unidad de la nación oprimida (varias clases sociales) bajo la dirección proletaria, es decir, dentro de las finalidades estratégicas de la clase obrera. La burguesía también habla de unidad nacional y la consuma bajo su propia dirección y para servirse de ella como factor de respaldo político o de estabilidad gubernamental llegado el caso. La Unidad Democrática Popular es una variante de este frente político de varias clases sociales timoneado políticamente por la burguesía democratizante. El frente anti-imperialista permite que el proletariado efectivice su liderazgo nación oprimida por el imperialismo, se apoye en ella y dirija las luchas que libran las masas explotadas. Únicamente la movilización y radicalización de los sectores mayoritarios puede obligar a las direcciones de los partidos de izquierda a someterse a la dirección proletaria, abandonando su actual posición servil frente a la clase dominante.

La revolución proletaria boliviana estará muy lejos de ser puramente socialista por sus tareas. Antes de construir el socialismo y la sociedad sin clases sociales (sin

explotados ni explotadores) tiene que superar el secular atraso del país, lo que equivale al cumplimiento de las tareas democráticas o burguesas pendientes, labor imprescindible que será realizada junto al logro de objetivos socialistas, en los sectores donde sea posible. La revolución será pues combinada en sus tareas y también por sus componentes sociales reflejando así en la superestructura el carácter combinado de la economía.

Debe tomarse en cuenta que el proceso de transformación profunda estará acaudillado por la clase obrera y que ésta para libertarse realmente tendrá que llegar al comunismo y en su marcha libertar a toda la sociedad. El proletariado no tiene interés alguno en perpetuar las realizaciones democrático-burguesas, basamento material de la existencia y desarrollo del capitalismo que supone su inevitable explotación y opresión, sino acabar con este estado de cosas, razón por la cual las transformará en socialistas desde el poder. Como se ve, el secreto del proceso consiste en que los explotados se conviertan en clase gobernante, en fin, en la existencia de la dictadura del proletariado.

Nos encontramos frente a una sola etapa en la cual son realizadas a plenitud las tareas democráticas y su transformación en socialistas. El Partido Comunista de Bolivia, que dice no renegar del socialismo e inclusive de la dictadura proletaria, hace un planteamiento cualitativamente diferente: en la primera etapa, cuya duración no puede menos que prolongarse por algunos decenios, una centuria o más, debe cumplirse únicamente la revolución democrático-burguesa, porque –dice- las fuerzas productivas en escala nacional han madurado únicamente para ese tipo de revolución; luego de que el desarrollo pleno e independiente. del capitalismo transforme toda la economía y cree una clase obrera poderosa por su número y su educación en la escuela de la democracia formal, recién podrá plantearme con legitimidad la revolución puramente socialista. Entre ambas etapas históricas media un abismo de tiempo y no puede hablarse de una inter-acción entre ambas. La corriente maoísta planteó, en su apogeo, la misma tesis con una pequeña variante: para ella, cumplida la etapa de la revolución democrática debía darse, de manera ininterrumpida -de aquí su nombre-, la revolución socialista. El stalinismo en general sostiene que la etapa democrático-burguesa solo puede estar timoneada por un gobierno de corte burgués. La permanencia del Partido Comunista de Bolivia en el gobierno burgués de la Unidad Democrática Popular, lejos de constituir un error táctico o un desliz cualquiera, obedece a su concepción programática fundamental.

El desarrollo interno de la revolución bajo la dictadura del proletariado lleva la tendencia de no detenerse hasta tanto no se destruya toda forma de opresión de clase (explotación del hombre por el hombre). Cada etapa niega a la anterior y el proceso tiene lugar en medio de contradicciones y de conflictos sociales. El ritmo de su realización, así como el del cumplimiento de las tareas democráticas, no puede señalarse con anticipación, depende de la marcha de las economías mundial y nacional, de los progresos que haga la revolución proletaria internacional.

La revolución proletaria comenzará necesariamente dentro de las fronteras nacionales y no como un fenómeno simultáneo. El ritmo extremadamente desigual con el cual se desarrolla la conciencia de clase del proletariado de los diversos países obliga a que la revolución social tenga lugar también de manera desigual. No será un proceso despersonalizado; contrariamente, mostrará las huellas inconfundibles de las particularidades nacionales, profundamente entroncado en la historia, en la economía, en fin, en la cultura del país.

Pero, la revolución no puede encerrarse indefinidamente en el marco nacional; para resolver los problemas que genera y para llegar a la sociedad sin clases, necesariamente tendrá que proyectarse al plano internacional, de nacional se trocará en internacional. En el caso boliviano su proyección continental busca estructurar los Estados Unidos Socialistas de América Latina, la única forma en la que ahora puede efectivizarse el sueño y ambición de Simón Bolívar. Muchos de los problemas más punzantes del país, entre ellos el largo pleito diplomático de la mediterraneidad, podrán encontraran así su solución natural.

La clase obrera en el poder estatizará los medios de producción, concentrándolos en manos de la dictadura del proletariado (gobierno obrero-campesino), lo que le permitirá planificar la economía y dirigirla hacia la construcción del socialismo, en fin, del comunismo, la sociedad sin clases sociales, sin explotados ni explotadores.

Hemos expuesto someramente la teoría de la revolución permanente, que tanta importancia ha tenido en la formación de la clase obrera boliviana (nos referimos a su conciencia). Se trata de las leyes de la revolución social de los paises ses atrasados (coloniales y semicoloniales) de nuestra época imperialista, en la que la presencia de la clase obrera (vale decir de su partido político que es, sobre todo, programa), constituye el hecho de mayor relieve. Algunos de sus críticos sostienen que dicho planteamiento buscaría saltar por encima de la etapa democrática, para ingresar de lleno y de un salto en la revolución puramente socialista. Otros se empeñan en querer demostrar el absurdo de que buscaría aislar al proletariado de las otras clases sociales. Estos reparos carecen de fundamento. La revolución permanente fue enunciada ya por Carlos Marx a mediados de¡ siglo XIX y teniendo presente la revolución en la rezagada Alemania de entonces, buscando resolver, precisamente, el cumplimiento de las tareas democráticas. Los revolucionarios rusos hablaron de la transformación de la revolución burguesa en socialista, teniendo en cuenta su contenido social, sus tareas fundamentales. No se plantea el ignorar o saltar por encima de las tareas democráticas, sino la manera de cómo el proletariado tendrá que consumarlas en la época que vivimos, que es la época de decadencia del capitalismo, que plantea la necesidad histórica de la revolución y dictadura proletarias.

 

(Fotografía: trabajadores armados, abril de 1952, La Paz, Bolivia)

 

Turquía: ¿cómo «ganó» Erdoğan el referéndum?

por Hamid Alizadeh

Recep Tayyib Erdogan ganó oficialmente en el referéndum de Turquía con el SÍ. Pero ¿cuál fue el carácter de su victoria y qué significa?

De acuerdo con los resultados oficiales, un 51,3 por ciento de los 48 millones de electores votaron por aceptar la nueva constitución que da extensos poderes más o menos irrestrictos al presidente. La participación, oficialmente del 84 por ciento, fue muy alta y el estado de ánimo en todo el país estuvo extremadamente polarizado.

Lo que estaba en juego, no era meramente un cambio en el sistema de gobierno, sino una votación sobre el presidente Erdogan y el propio régimen del AKP. Ello revela una sociedad que está dividida en dos campos diametralmente opuestos. Tras reconocer el resultado, Erdogan salió inmediatamente de manera ofensiva diciendo: “Tenemos mucho por hacer, estamos en este camino, pero es el momento de cambiar de marcha e ir más rápido… Estamos llevando a cabo la reforma más importante en la historia de nuestra nación». Más tarde, por la noche llamó a la reintroducción de la pena de muerte. El estado de emergencia se extendió inmediatamente.

Pero mientras que el referéndum se organizó para dar la impresión de un régimen fuerte con un sólido respaldo –una votación democrática a favor de la dictadura como algunos la habían llamado– se reveló exactamente como lo contrario.

 ¿Un voto democrático?

No hubo nada de democrático en la votación. En el período previo tuvo lugar la movilización completa del Estado y de los medios de comunicación para asegurar el voto para el SÍ. Tanto los medios de comunicación privados como de propiedad estatal se centraron casi exclusivamente en la promoción de la campaña del SÍ, dando poco o ningún espacio a la campaña del NO. La campaña llegó a niveles tan ridículos, que produjo una especie de prohibición auto-impuesta para no mencionar a palabra ‘no’ en los medios de comunicación, lo que llevó a la retirada de la propaganda contra el tabaco ¡y que fuera retirada de la exhibición una película llamada “NO”!

El presidente Erdogan equiparó amenazadoramente el NO con «ponerse al lado de los golpistas». Todo el mundo puede entender lo que significa esta amenaza. Más de 120.000 personas han sido despedidas de sus puestos de trabajo y 40.000 detenidas después de ser acusadas de complicidad con el intento fallido golpe de Estado de julio de 2016. Miles de concejales, diputados, funcionarios y organizadores del partido de la izquierda, basado en la minoría Kurda, el HDP, que hacía campaña por el NO, han sido detenidos bajo cargos falsos.

Por no mencionar el asedio y la guerra abierta en toda la región del sudeste del país, lo que ha llevado a la destrucción total de docenas de pueblos y barrios, dejando miles de muertos y decenas de miles de personas sin hogar. En el período de la campaña del referéndum estas tácticas de intimidación y terror estuvieron completamente sincronizadas con la campaña del HDP, y con toques de queda impuestos en ciudades y pueblos donde éste había planeado eventos. En la última semana solo, se impusieron toques de queda en 14 aldeas de los distritos de Lice, Kocaköy y Hazro, de Diyarbakir. La atmósfera de intimidación y terror fue magnificada el día de la votación, ya que cientos de miles de policías y militares fueron apostados en las calles para “mantener la seguridad”.

Por último, en un acto sin precedentes, el Tribunal Supremo Electoral (YSK) suspendió el requisito de que los sobres y las papeletas estuvieran sellados antes del inicio del proceso de votación. Esto no sólo es ilegal, sino que es muy probable que fuera parte de un plan para manipular el voto. La última vez que se dio un paso tal, fue en 2004. En aquel entonces el número de papeletas no selladas fueron 145. Esta vez la cifra fue de aproximadamente de 2,25 millones (!).

Se ha difundido una multitud de videos que muestran la descarada manipulación del voto en todo el país. La Misión de Observación Internacional del Referéndum de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa (OSCE IROM) también informó que les fue negado o limitado el acceso a varios centros de votación. Al mismo tiempo, la agencia estatal de noticias Anadolu pareció estar informando de algunos resultados antes incluso de que la junta electoral oficial los hubiera contado. Especialmente en las zonas kurdas rurales, había muchos casos de resultados reportados que eran muy dudosos y poco probables.

En Bitlis por ejemplo, el SI ganó con el 59,35 por ciento de los votos, pero esto es una oscilación brusca respecto al 45,74 por ciento que el AKP/MHP (los dos partidos que defendían el SI) recibió en las elecciones parlamentarias de noviembre, e incluso mayor que el 52,06 por ciento que Erdogan recibió en las elecciones presidenciales de 2014, cuando estaba en la cúspide de su popularidad entre la población kurda. Teniendo en cuenta la violenta opresión de los kurdos que ha estado llevando a cabo desde entonces, los resultados de ayer parecen fantásticos. Del mismo modo, en las cercanías de Van, el SI recibió el 42,72 por ciento de la votación de ayer, mucho mayor que el 20 por ciento que los dos partidos antes mencionados recibieron en las elecciones generales de junio de 2015, y que el 30 por ciento que recibieron en noviembre de 2015. Las cifras parecen sospechosas por decirlo suavemente, y respaldan las muchas acusaciones de fraude electoral que se han expresado en estas áreas.

Los partidos de oposición, CHP y HDP, se han negado a aceptar el resultado y han pedido que las papeletas sin sellar no sean contadas.

La cuenta de Twitter en Inglés del HDP afirma que el partido está estimando una manipulación del 3-4 por ciento de los votos. Grupos de personas también salieron a las calles en todo el país para protestar por la votación.  Estas protestas continuaron hoy en una escala más grande cuando la conciencia de la magnitud de las irregularidades se hizo más evidente. No cabe duda de que, si hubiera habido unas elecciones mínimamente limpias, Erdogan habría perdido la votación muy probablemente.

 Apoyo en declive

A pesar de todo el fraude electoral, el terror, la intimidación y la votación, lo que es más sorprendente es el bajo nivel de votos a favor de la nueva constitución. El resultado final de la votación no estará listo hasta dentro de otros 10-11 días, pero la imagen que emerge de la votación revela una seria disminución en el apoyo al régimen.

En comparación con las elecciones parlamentarias de noviembre de 2015, cuando los votos combinados del AKP y el MHP se situó en el 57,1 por ciento, el voto por el SÍ de ayer se redujo en un 5,8 por ciento, o 4,2 millones de votos.

En las zonas kurdas, donde el Estado estuvo haciendo lo posible, y probablemente tuvo éxito hasta cierto punto, en mantener a los votantes en su casa, 9 de las 10 provincias donde fueron cesados los gobernadores kurdos y sustituidos con administradores designados desde el centro, todas votaron NO.

Lo más importante, casi todas las grandes ciudades han ido contra Erdogan. En Estambul, donde la carrera política de Erdogan despegó después de que él se convirtiera en alcalde, el NO ganó con el 51,41 por ciento a pesar del hecho de que los partidos del campo del SI recibieron el 57,34 por ciento de los votos en las elecciones anteriores. De hecho, el campo del SI recibió menos votos (48,65 por ciento) que los que recibió el AKP en las elecciones anteriores (48,75). En la zona obrera de Fatih, el campo del SI ganó con el 51,35, pero esto sigue siendo menor que el 52,2 por ciento que recibió el AKP en 2015, por no mencionar el 8,1 por ciento que recibió el MHP. En Umraniye, también una zona de clase obrera, la imagen es la misma: el SÍ consiguió el 55,2, frente al 55,5, conseguido por el AKP en 2015 y el 9,3 por ciento del MHP.

El mismo proceso se puede ver en Ankara, donde el AKP/MHP recibió el 63 por ciento de los votos en 2015, pero donde el NO ganó ayer con el 51,15 por ciento. En Esmirna también, el baluarte del opositor CHP, la alianza AKP/MHP experimentó una reducción clara, ya que su voto combinado fue del 42,38 por ciento en 2015 frente al 31,2 conseguido ayer por el SI.

El voto NO ganó en todas las áreas urbanas más importantes, Diyarbakir, Adana, Antalya, de la misma manera. En Antalya, el SÍ recibió 18,8 puntos porcentuales menos que el resultado del AKP/MHP en 2015 y el NO obtuvo una amplia victoria del 59,08 por ciento.

Mientras tanto, lo que empujó el voto por el SI, además de las cifras muy irregulares del sureste del país, fueron en gran medida las zonas rurales. No es por casualidad que el mayor porcentaje de votos por el SI proviniera de zonas no industriales tales como Bayburt, Rize, Aksaray, Gumushane y Erzurum. Sin embargo, incluso aquí la alianza por el SI perdió apoyo masivamente en comparación con las elecciones anteriores: Bayburt por 11,58 puntos, Rize en alrededor de 5,7 puntos, Aksaray por 14,22 puntos, Gumushane por 16,27 puntos y Erzurum por 15,23 puntos.

Lo más importante es que hubo una disminución en el apoyo en los baluartes principales del AKP en las nuevas ciudades industriales del “Tigre anatolio”. El AKP es el partido de la clase capitalista de Anatolia. Sin embargo, su éxito electoral ha estado ligado, en gran medida, a la clase trabajadora joven en estas áreas donde los ingresos medios, junto con el crecimiento local en general, han aumentado 4-5-6 veces, desde que el partido llegó al poder. Sin embargo, el estancamiento de la economía está destinado a aumentar la tensión de clase en estas áreas y a romper los restos de las relaciones paternalistas que han tenido un gran impacto en la vida económica y política. Este referéndum puede habernos permitido ver precisamente las primeras divisiones de clase en la patria local del AKP.

Por supuesto, Erdogan logró ganar en las regiones del Tigre anatolio, pero también vio por primera vez una disminución significativa en su apoyo. En Gazienatep, el corazón de yihadismo turco y una cabeza de puente en la intervención de Turquía en Siria, el SÍ recibió el 62,45 por ciento, 8,79 puntos menos que los dos partidos del SI en 2015. En los distritos urbanos de Gaziantep el SÍ recibió alrededor del 61 por ciento de los votos, mientras que fueron las áreas rurales quienes garantizaron el promedio general.

En Konya, el SI recibió 7,88 puntos menos que lo conseguido sólo por el AKP en 2015 (74,52 por ciento). Aquí el SI recibió 13,04 puntos menos que lo conseguido por los dos partidos del SI en 2015.

En Kayseri, el campo de SÍ retrocedió 16,17 puntos con respecto a 2015. En Denizli, un Tigre anatolio clave, que comenzó su crecimiento económico antes que los demás y por lo tanto tiene una clase obrera más madura, el NO ganó, arrebatándole alrededor de 15 puntos porcentuales al resultado de los partidos del Sí en 2015. Mientras la economía crecía y no había otra alternativa política real, la clase obrera de Anatolia se ubicó detrás del AKP. Pero a medida que los lazos con la vida rural se van alejando en la memoria de los trabajadores, el antagonismo de clase real entre los trabajadores y los patrones se vuelve más y más evidente. Es natural que esta diferenciación de clase también se refleje en el campo político. A medida que la crisis económica se profundiza en Turquía, este proceso se hará más fuerte y una violenta lucha de clases se producirá en Anatolia. Estas elecciones revelan las primeras fases de este proceso.

El proceso del declive en el apoyo a los partidos del SI es visible en todo el país. Es difícil ver de qué partido proviene este declive, pero es probable que provenga de ambos. Incluso si suponemos que el resultado sólo reflejara una disminución en el apoyo al MHP, todavía sería una señal de advertencia para Erdogan, que ha contado con el apoyo de la derecha nacionalista para estabilizar su gobierno durante los últimos dos años. En cualquier caso, si el MHP no hubiera apoyado el referéndum, hubiera sido necesario un fraude electoral mayor para garantizar la victoria de Erdogan.

La falta de una alternativa

Estaba claro que Erdogan no escatimaría medios para realizar su sueño de constituir un moderno sultanato. Además del fraude descarado, su principal táctica era, por un lado, confiar en el legado de una economía en auge durante su gobierno y la histeria nacionalista anti-kurda y el terror por el otro. Él prometía estabilidad frente a la amenaza de la inestabilidad. Está claro que esto tuvo un efecto sobre una cierta capa de la población, sobre todo en las zonas rurales del país. Sin embargo, este efecto fue insignificante.

La razón principal por la que Erdogan no fue derrotado, fue que no hubo una campaña de oposición creíble. El HDP estaba gravemente en desventaja por el estado de ánimo anti-kurdo extremo azotado por la guerra civil, así como por una enorme represión que paralizó efectivamente toda su organización. Al mismo tiempo, el partido no ha logrado salir de su aislamiento político y contrarrestar los ataques diarios en los medios de comunicación que lo retratan como una organización terrorista exclusivamente kurda.

La cuestión kurda está ahora atada completamente con el destino de Erdogan. Si no hubiera sido por la guerra civil contra los kurdos y las divisiones resultantes en la clase obrera en líneas nacionales, él no habría podido permanecer en el poder. Por desgracia, el principal partido de oposición, el CHP, está en manos de Erdogan, adoptando la misma retórica y apoyando una serie de leyes anti-kurdas. De hecho, en su voto protesta por el NO, no mencionó ni una palabra acerca de la guerra que se libra contra los kurdos, que representan una quinta parte de la población, ni la brutal represión contra el HDP, el cuarto partido en el Parlamento.

Más que nada, la actual dirección del CHP se ha destacado por su impotencia. Mientras que Erdogan movilizaba todo el poder del aparato estatal para el referéndum, los líderes del CHP trataban de mantener todo lo posible su condición de estadistas. El enfado con el líder del CHP, Kemal Kiliçdaroglu, ha ido en aumento entre los partidarios del CHP que ven sus acciones como una “oposición leal” para legitimar el régimen Erdogan y de ir en contra de las raíces kemalistas del CHP. Los líderes del CHP tienen mucho más miedo a desencadenar un movimiento de masas incontrolable en las calles que a las perspectivas de un neo-Sultanato de Erdogan. Incluso Erdogan no toma la oposición CHP en serio. Al llamamiento de Kılıçdaroğlu de declarar sin efecto la votación, él respondió fríamente: “No deberían intentarlo, será en vano. Ya es demasiado tarde».

¿Una dictadura?

Erdogan estaba levantando públicamente las esperanzas de conseguir el apoyo de hasta un 60 por ciento en el referéndum, sin embargo, ahora está claro que apenas raspó el 50 por ciento. Este no es un signo de un régimen fuerte y vibrante. Por el contrario, refleja un régimen debilitado que está arremetiendo para sobrevivir. Lo que la dirección del CHP y la gran burguesía kemalista tradicional temen más que nada no son los amplios poderes de Erogan, sino que al alejarse de la democracia burguesa formal, también está eliminando las «válvulas de escape» del capitalismo turco. Cuanto más bonapartista se vuelva su gobierno, menos ocasión habrá de garantizar una transición «ordenada» -no revolucionaria- una vez que su apoyo se haya vuelto demasiado bajo para mantener su régimen.

Erdogan, inicialmente llegó al poder en una ola de apoyo y de ambiente anti-establishment y contra el ejército en Turquía, así como contra todos los partidos del sistema. Su popularidad fue sostenida por el más largo auge económico de la historia turca. Desde 2013, sin embargo, cuando el crecimiento comenzó a apagarse, estallaron las protestas del Parque Gezi y después Turquía comenzó a intervenir en la guerra civil de Siria, él ha ido perdiendo apoyo gradualmente. Mientras que este referéndum parece ser una victoria para su régimen, sólo revela la continuación de este proceso.

Erdogan sólo ha evitado muchas crisis mediante la creación de otras nuevas. La guerra en Siria, la guerra contra los kurdos y los enormes burbujas en los mercados de crédito y de propiedad, son todos problemas que no van a desaparecer. Al mismo tiempo, mientras que se ha enfrentado al movimiento kurdo y a diferentes facciones del aparato del Estado y de la clase dominante, no se ha enfrentado a la clase obrera turca, una clase que ha crecido enormemente en los últimos 20 años y que no ha sufrido una derrota importante desde 1980. Con el fin de establecer una dictadura firme de Erdogan, primero tendría que aplastar a esta clase, pero cualquier intento de hacerlo podría terminar con su propia caída. Mientras tanto, con la falta de una alternativa política, el régimen continuará por el mismo camino, cada vez más débil con cada crisis.

 

La dominación del capital financiero: ¿quién gobierna el mundo?

por Nick Beams//

Un artículo publicado la semana pasada en la página web de noticias australiana The Conversation ha puesto en dominio público algunos hallazgos importantes sobre el alcance de la dominación global del capital financiero.

Basado en una investigación llevada a cabo en el 2009, el artículo de David Peetz y Georgina Murray, académicos de la Universidad Griffith en Queensland, Australia, sintetiza su análisis del control ejercido por el capital financiero sobre las 299 mayores corporaciones muy grandes del mundo (corporaciones muy grandes o CMGs).

A pesar de que la investigación ya tiene más de siete años, los autores señalan que, “desde entonces hemos descubierto que la tendencia es de creciente concentración en varios países en las últimas tres décadas”.

Su artículo comienza disipando el mito de que las grandes corporaciones públicas son propiedad de una gran cantidad de accionistas —una ilusión promovida continuamente en los medios de comunicación para potenciar el argumento de que los trabajadores tienen un “interés” en la bolsa de valores.

“Cuando una sola organización [el fondo de inversión estadounidense Black Rock] controla más del 6 por ciento de las acciones en las corporaciones muy grandes del mundo y 30 controlan más de la mitad de todas las acciones en estas corporaciones, eso representa una concentración muy alta».

“Nuestro estudio del 2009 descubrió que varias formas de capital financiero controlaban la gran mayoría (68,4 por ciento) de las acciones en las grandes corporaciones del mundo. Los individuos o familias poseían sólo una proporción mínima (3,3 por ciento), y las compañías industriales poseían relativamente poco”.

La investigación está basada en una base de datos compilada por Bureau van Dijk, que combina información de alrededor de 100 fuentes, cubriendo casi 63.000 compañías en todo el mundo.

En un trabajo de investigación publicado en el 2009, titulado “ Quién gobierna el mundo —propiedad y el capital financiero”, ambos autores informaron que unas 30 organizaciones, bancos e instituciones financieras poseían o controlaban entre ellas el 51,4 por ciento de las 299 CMGs en su base de datos.

Es decir, sólo el 1,5 por ciento de los accionistas controlaban más de la mitad de las acciones.

Este informe señalaba cuál es el mecanismo principal mediante el cual el capital financiero ejerce su control sobre las compañías en las que posee acciones.

Las instituciones financieras ejercen su poder “no a través de la voz”, es decir, teniendo directivos en las empresas, sino “a través del retiro” —la amenaza continua de retirar fondos de las acciones de las CMGs “si no llegan las ganancias adecuadas”. Mediante el uso de su poder en los mercados financieros y la presión que ejercen sobre los gerentes para mejorar “el valor para los accionistas”, el capital financiero es capaz de dictar los términos.

En efecto, le hace entender a la gerencia a través de los mercados financieros: “Si no haces todo lo posible para maximizar las ganancias —ya sea a través de una mayor productividad, una expansión a gran escala o la reducción de costos—, venderemos nuestra participación financiera o, de lo contrario, los desplazaremos como gerentes”.

Este modo operativo lleva a una conclusión importante que los autores logran sacar. Desde el punto de vista de la lógica esencial del sistema, la distinción entre capital industrial y capital financiero es engañosa.

“Esto es porque, al final, el capital industrial es el capital financiero. Si alguna vez hubo un tiempo en el que el mundo era dominado por grandes corporaciones poseídas por unas pocas familias e individuos cuyos valores personales, caprichos y preferencias definieron el comportamiento de las corporaciones, ese tiempo ha pasado. El mundo es dominado por corporaciones que siguen la lógica del capital financiero—la lógica del dinero—porque eso es lo que son. Su lógica no es la lógica de los individuos, sino la lógica de una clase”.

Los datos sobre el país de origen de las grandes corporaciones y de las instituciones financieras que las controlan permiten una lectura interesante y políticamente significativa.

El mayor número de las CMGs, 86 en total, o el 29 por ciento, es originario de Estados Unidos. Los siguientes cuatro países en la lista son: Japón con 48; Gran Bretaña con 23; Francia con 23; Alemania con 20. Luego vienen en orden Corea, China, Italia y Australia.

La concentración de propiedad en las mayores potencias capitalistas es aún más pronunciada cuando se trata de corporaciones financieras. De las 10 principales corporaciones financieras que dominan a las CMGs, 6 tienen su origen en EE.UU., 3 en Francia y 1 en Gran Bretaña. EE.UU. es el país de origen de 10 de las principales 21 entidades financieras. Fuera de este grupo, 18 tienen acciones en por lo menos 100 de las 299 corporaciones más grandes.

Dos instituciones financieras de EE.UU. se destacan—Black Rock y Capital Group. Ambas tienen el mayor número de acciones en una importante cantidad de compañías. En el caso de Black Rock, es el principal accionista de 42 o el 13 por ciento de sus participaciones. En el 55 por ciento su participación accionaria, Black Rock está entre los 5 accionistas principales, al igual que Capital Group con el 45 por ciento de sus participaciones.

El significado político de estos hallazgos es que refutan las afirmaciones hechas por virtualmente todos los grupos de pseudoizquierda de que Rusia y China son potencias imperialistas. No basan estas definiciones en ningún análisis económico, ya que ni las instituciones chinas ni las rusas figuran entre las principales entidades financieras que controlan las grandes corporaciones.

Como Lenin dejó claro en su obra El imperialismo, la época imperialista se caracteriza por la dominación global del capital financiero, controlado por un puñado de grandes potencias.

Este punto también fue subrayado por Trotsky cuando se opuso a varias tendencias que argumentaban que la Unión Soviética era “capitalista de Estado” y que la expansión territorial que la burocracia estalinista buscaba en relación con Europa del Este era “imperialista”. Un gran número de grupos de pseudoizquierda surgieron de esta corriente.

“En la literatura contemporánea, por lo menos la literatura marxista, el imperialismo se entiende como la política expansionista del capital financiero, que tiene un contenido económico muy bien definido”.

Decir otra cosa es sembrar la confusión, continuó Trotsky. Este es exactamente el objetivo de la pseudoizquierda. Dejando de lado cualquier análisis económico científico, ellos usan la palabra “imperialista” como un epíteto. Esto surge de sus motivaciones políticas, ya que se alinean detrás de sus “propias” potencias imperialistas, sobre todo EE.UU., en la cada vez más intensa campaña de guerra contra Rusia y China.

Además, la investigación de Peetz y Murray es una confirmación sorprendente del análisis entero de Lenin en El imperialismo .

Él insistió en que el imperialismo no era una política preferida que podía ser reemplazada por alguna otra orientación, sino que éste surgió de una fase definida del desarrollo capitalista, su fase superior y final, reemplazando al capitalismo de libre competencia del siglo XIX.

Lenin enfatizó que el capital financiero buscaba la dominación económica no sólo de los países coloniales y sus recursos, sino de todo el mundo, tanto de países avanzados como oprimidos. Su política fluía de su economía —dando fin a la democracia liberal y la libertad e imponiendo reacción “en toda la línea”.

Él estaba escribiendo al comienzo de la época imperialista, que anunció su llegada con la erupción de la Primera Guerra Mundial, el 4 de agosto de 1914.

Muchas cosas han cambiado desde el siglo pasado, pero lo sorprendente es que las tendencias básicas de desarrollo económico han seguido el curso esbozado por Lenin. Por ejemplo, él enumeró cinco países —EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón— como el núcleo del sistema imperialista. Como deja claro el análisis de Peetz y Murray de los datos sobre las CMGs y las instituciones financieras más prominentes, esas potencias permanecen en lo más alto de la lista.

Lenin identificó al conflicto entre las grandes potencias como la fuerza motriz objetiva de la guerra, en la medida en que cada una lucha por el dominio del mundo y entra en conflicto violento con las demás.

El desarrollo de corporaciones e instituciones financieras globales llevó a un punto crítico la contradicción fundamental del modo capitalista de producción: entre el desarrollo de la economía a nivel mundial y el modelo de Estado nación en el que está arraigado el sistema de lucro privado.

Como explicó León Trotsky, en el análisis final, la guerra fue una “revuelta de las fuerzas productivas contra la forma política de Estado y nación”. El imperialismo buscó resolver este problema de forma militar para decidir “cuál país debe transformarse de una gran potencia a ser la potencia mundial”.

En oposición al imperialismo, la clase trabajadora tenía que avanzar su propia resolución e impedir el paso de la civilización al barbarismo a través de la revolución socialista mundial —el derrocamiento del sistema de lucro privado capitalista y del Estado nación— con el fin de sentar las bases para establecer una organización socioeconómica superior a nivel global

Lenin hizo hincapié en el mismo tema en El imperialismo. La transformación del capitalismo competitivo del siglo XIX en imperialismo, o capitalismo monopólico, no sólo creó las condiciones para la guerra. También sentó las bases objetivas para una economía socialista mundial planificada. La dominación del capital financiero, el crecimiento de las corporaciones que organizan la producción a escala mundial, la interrelación de las participaciones de los bancos y las corporaciones implicaron una transformación en las relaciones sociales de la producción—la enorme socialización de la producción y la mano de obra.

Durante el boom económico de la posguerra, muchos observadores miopes—economistas burgueses y también algunos que afirmaban ser marxistas—sostuvieron que el análisis de Lenin y Trotsky se había vuelto obsoleto.

Ha sido reemplazado, dijeron, por desarrollos políticos y económicos. Las colonias de las potencias imperialistas habían logrado la independencia—no sin una lucha considerable—y estaban buscando un desarrollo económico nacional.

En el frente económico, el capital financiero, sobre el que el movimiento marxista puso un gran énfasis, había pasado a un segundo plano ya que actuó como siervo de las grandes corporaciones industriales que llegaron a dominar el panorama económico.

Pero dentro del marco del desarrollo económico e histórico más amplio, este fue un episodio corto. El auge económico de la posguerra duró sólo un cuarto de siglo, terminado a inicios de la década de 1970. La profundización de la crisis de la rentabilidad que puso fin al boom fue la fuerza motriz detrás de una vasta reestructuración del capitalismo mundial, basada en la globalización de la producción para aprovechar fuentes de mano de obra barata, alcanzando un grado de explotación más allá de lo logrado en la era del colonialismo directo y de la expansión del capital financiero.

El resultado es que la tendencia de desarrollo ha retornado, a un nivel superior, al camino trazado por Lenin. Y el avance cada vez más profundo hacia la guerra ha sido su resultado inevitable.

Al mismo tiempo, la integración de la producción ha sentado las bases objetivas para el desarrollo de una economía socialista mundial planificada. Esto se refleja no sólo en los hallazgos del estudio de Peetz y Murray, sino también en la investigación llevada a cabo en 2011.

Un artículo publicado en la revista internacional científica New Scientist e n septiembre de ese año, titulado “La red de control corporativo global”, detalló tanto la enorme socialización de la producción como la dominación del capital financiero.

Mostró que en el corazón de la red de 43.000 corporaciones transnacionales había una “súper-entidad” de 147 empresas unidas más estrechamente, que controla una gran porción de la riqueza de toda la red.

Según James Glattfelder, uno de los tres coautores del informe, “En efecto, menos del 1 por ciento de las compañías fue capaz de controlar el 40 por ciento de la riqueza total de la red”.

Las 20 principales compañías de este grupo estaban controladas por el capital financiero, como Barclays Bank, JPMorgan Chase y Goldman Sachs.

En la conclusión de su informe del 2009, escrito inmediatamente después de la crisis financiera global, Peetz y Murray apuntan que los Estados necesitan ejercer “cierto control sobre el capitalismo”, argumentando que “permitirle libertad sin restricciones es invitar nuevas crisis”.

Pero la posibilidad de algún tipo de reforma del capitalismo y de sus mandos en el capital financiero es una ilusión.

De hecho, el análisis de los dos autores es por sí mismo una refutación de su perspectiva política. Como señalan significativamente, la lógica del sistema es la lógica del dinero mismo.

La lógica del dinero, como la expresión material del capital, es decir, el valor que se expande sobre sí mismo, es derribar todas las barreras para su crecimiento.

El capital financiero no sólo domina y rige sobe las corporaciones. Como aclaró Lenin, también determina las políticas de Estados nominalmente independientes, incluso los más poderosos. Hoy, dicta todas las políticas gubernamentales, atacando servicios sociales vitales como la educación y la salud, exigiendo la reestructuración del mercado laboral de acuerdo a la necesidad de mayores ganancias.

Las experiencias de los últimos 30 años demuestran este hecho económico. A principios de la década de 1980, cuando el presidente francés, François Mitterrand, trató de poner algunos controles sobre los bancos, sus políticas fueron dinamitadas a través de las operaciones de los mercados financieros.

Otra experiencia importante ocurrió en 1992, cuando el capital financiero, en forma del fondo de inversión perteneciente a George Soros, forzó la devaluación de la libra esterlina al vender en corto la moneda británica y embolsarse alrededor de 2.000 millones de dólares en el proceso, a expensas del Banco de Inglaterra.

Cada gobierno vive ahora con miedo a una retirada masiva de su moneda y al veredicto de las agencias de calificación crediticia sobre sus políticas.

A fines de 1993, cuando el rendimiento de los bonos se elevó debido a la preocupación sobre el nivel de déficit del gobierno de EE.UU., el gobierno de Clinton implementó una serie de medidas para imponer recortes significativos en asistencia social a fin de satisfacer las exigencias del capital financiero. En su momento, James Carville, asesor político de Clinton, comentó: “Solía pensar que si existía la reencarnación, quería regresar como el presidente de EE.UU. o el Papa o como un gran bateador de béisbol. Pero ahora me gustaría regresar como el mercado de bonos. Puedes intimidar a todos”.

Hay dos cuestiones básicas a tener en cuenta aquí.

En primer lugar, el capital financiero no es una figura extraña de la economía capitalista, alguna serpiente diabólica que se las ha arreglado para deslizarse en el auténtico Jardín del Edén de la ganancia y la propiedad privada, sino que surge de los cimientos de este sistema.

Al inicio de su trabajo preparatorio para El Capital, Karl Marx se enfrentó a los conceptos adelantados por el socialista pequeñoburgués Pierre-Joseph Proudhon, quien sostenía que era posible frenar los estragos financieros conservando la propiedad privada y el mercado capitalista de dónde surgió.

Como Marx señaló, esto era como tratar de acabar con el Papa conservando la Iglesia Católica.

En segundo lugar, lo esencial para el análisis de Lenin, confirmado por la investigación de Peetz y Murray y otros, es que el aumento y la dominación del capital financiero, que traen consigo la privación social y el peligro siempre creciente de una guerra mundial, no es una política u opción preferida, sino el resultado de una fase o etapa definida en el desarrollo del sistema capitalista en sí.

Esto significa que la única perspectiva viable y realista para finalizar la marcha hacia la guerra, para asegurar la paz e igualdad genuinas —el tema de la celebración de este año del Día Internacional del Trabajador de parte del Comité Internacional de la Cuarta Internacional— es la lucha por el programa de la revolución socialista mundial de la clase trabajadora internacional, cuya situación objetiva la coloca en oposición al capital.

 (Fotografía: Isla Teja, Valdivia, Chile, 1938)

Jean-Luc Melenchón: la remontada

Por Manolo Monereo// 

 

 

A mí me asombra. De las personalidades que más me interesan en la izquierda europea tres son socialdemócratas que, por serlo, abandonaron los partidos socialistas oficiales, devinieron defensores a ultranza de los derechos sindicales y laborales y son críticos muy duros de la Unión Europea. Me refiero a J. P. Chevenement, a Oskar Lafontaine y, sobre todo, a J-L. Mélenchon. A Jean-Luc lo vi hace pocas semanas en Roma en un debate sobre la UE y su futuro; como siempre, claro y preciso. Si llegara a la Presidencia de Francia, su propuesta sería reformar los Tratados y poner fin a las políticas de austeridad. Si esto no fuese aceptado, iniciaría el proceso de salida del euro. Es más, en una conversación privada me dijo que él no aceptaría un acuerdo con Hamon y que arriesgaría. Él creía que el pacto con los socialistas significaría el fin de cualquier proyecto alternativo en Francia, dejando las manos libres a Marie Le Pen.

La biografía de Mélenchon es conocida. Nacido en Tánger –habla un excelente español con acento del Sur– desciende de españoles por ambos progenitores. Hizo una larga carrera en el Partido Socialista francés y fue ministro con Lionel Jospin. Abandonó el Partido Socialista y creó el Partido de la Izquierda. En las elecciones presidenciales de 2012 quedó en 4º lugar (11,1%) encabezando el Front de Gauche junto al Partido Comunista y otras fuerzas. En 2015 anunció que quería ser candidato a la Presidencia de Francia sin el Front de Gauche, fuera del marco de los partidos y apostando por una Francia insumisa. Ni más ni menos.

Seguramente el dato más característico de la personalidad política de Mélenchon es su conocimiento preciso de la crisis del sistema de partidos en Francia, combinado con una alta dosis de audacia que muchas veces deja a su equipo fuera de juego. Jean-Luc cree que poco o nada se puede hacer en el marco del sistema dominante y que es necesario innovar y arriesgar. Ha aprendido mucho de América Latina, de las izquierdas europeas, de Podemos y, sobre todo, de la compleja realidad de Syriza. Se podría decir, sin temor a equivocarse, que ha ido a estas elecciones en base a una enorme confianza en sí mismo, a un proyecto claramente alternativo y al convencimiento de que había una posibilidad ligada a él. Captó con inteligencia que el candidato Hamon no tendría demasiado recorrido, que una parte significativa del Partido Socialista terminaría apoyando a Macron y que solo él podría encabezar una alternativa democrática. Entendió que la línea divisoria izquierda/derecha (los socialistas siguen gobernando Francia) nada o poco dice y que el problema real era construir una alternativa nacional-popular al proyecto de Marie Le Pen. Para decirlo de otra forma, en momentos de excepción, hay que arriesgarse y tomar también medidas excepcionales; más allá de los partidos existentes y con una firme voluntad de gobierno y de poder.

El programa de Mélenchon es diáfano: poner fin a las políticas neoliberales desde un punto de vista republicano, ecosocialista y pacifista. El candidato de la Francia insumisa promueve, es la parte más polémica de su programa, un proceso constituyente en la perspectiva de la VI República; la defensa intransigente de los derechos de las personas, del Estado social y de la reindustrialización de Francia, apostando por un proteccionismo solidario a la altura de los desafíos de nuestra época. El ecosocialismo es tomado en serio convirtiéndose en el horizonte de un nuevo modelo de sociedad, Estado y de poder. Antes se ha dicho: la Francia insumisa no acepta las reglas neoliberales de la UE y apuesta por cambiarlas; si esto no fuese posible, iniciaría un proceso de salida de UE. Esto lo ha dejado claro una y otra vez. Su política internacional estará marcada por la paz, por la seguridad y un nuevo orden económico internacional más justo e igualitario. La prioridad es la defensa de la soberanía popular y de la independencia nacional con relaciones equilibradas con Alemania y la búsqueda de acuerdos equitativos con Rusia y con Eurasia.

La remontada de Mélenchon ha sido enorme, ha cambiado la agenda de la campaña electoral francesa y aparece, cada vez más, como alternativa democrática, no solo a Marie Le Pen sino al neoliberalismo que representan Macron y Fillon. Hay similitudes formales con las elecciones norteamericanas, en un sentido muy preciso: las élites eligen a un centrista neoliberal para derrotar al populismo de derechas. La diferencia es que Mélenchon es un Bernie Sanders que puede ganar, que quiere ganar. En todas partes lo mismo: solo se puede derrotar a las derechas extremas y a la extrema derecha desde una democracia económica, social y cultural comprometida con los derechos, defensora del Estado social, protectora de las mayorías y promotora de una res pública de hombres y mujeres libres e iguales. Jean-Luc se ha jugado todo, todo, a una carta. El pueblo francés se lo merece.

Portugal derrota la austeridad con aumento de salarios y pensiones

Por Orlando Lugo//

 

 

Semana informa que mientras “los griegos han estado inmersos…en una brutal terapia de austeridad económica que sigue sin reactivar la economía, los portugueses han logrado lo que a algunos equivale a la cuadratura del círculo: han rebajado el déficit fiscal al tiempo que han aumentado los salarios y las pensiones de los empleados y jubilados».

Esta recuperación empieza en noviembre de 2015 cuando llega “al poder en Portugal el primer ministro socialista Antonio Costa, poco después de que Grecia hubiese escapado por muy poco a un derrumbe financiero absoluto”. Portugal había aplicado “un fuerte paquete de austeridad entre 2011 y 2014”, que condujo a que en “2014 el crecimiento del PIB era negativo y el desempleo llegaba al 15%”.

Citando a The Economist Semana apunta que “en 2016 Portugal redujo el déficit fiscal a la mitad hasta alcanzar el 2,1% del Producto Interno Bruto (PIB), el mejor resultado desde la transición a la democracia en 1974.» «Los salarios han regresado al nivel que tenían antes de la crisis». O sea que “en menos de 24 meses tiene (Portugal) resultados tangibles a la vista”.

“El gobierno de Costa parece dar sustento a lo que muchos economistas heterodoxos venían advirtiendo sobre la respuesta a la crisis global: que, más que austeridad acérrima, lo que los países europeos necesitaban eran medidas que alentaran la demanda interna para impulsar el crecimiento.” “Es decir, si el gobierno gastaba más, reactivaría la economía, aumentaría la recaudación de impuestos y eventualmente reduciría el déficit fiscal existente”, comenta Semana.

Aunque The Economist señala que “la Comisión Europea sigue alertando de la fragilidad de los bancos portugueses,” “el Banco Central estima que para 2019 el desempleo habrá bajado al 7%, al tiempo que las exportaciones se incrementarán en un 6%.”

Estos resultados generan un “contraste entre la mejora de las condiciones sociales en Portugal con el deterioro de las mismas en otros países europeos”. Una consecuencia política inmediata es que “las encuestas colocan al gobernante socialismo con diez puntos porcentuales por delante de sus rivales.”

El Porteño ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Lukács: más allá de Stalin

por György Lukács//

Narro —de manera subjetiva y autobiográfica— la historia de mi relación con Stalin y su forma de gobierno. En las disputas partidarias inmediatamente posteriores a la muerte de Lenin, me encontré del lado de Stalin en algunas cuestiones esenciales, aunque todavía no me hubiera presentado con esta posición en forma pública y polémica. El problema principal consistía en el “socialismo en un solo país”. Concretamente, cedió la ola revolucionaria que se había desatado en 1917. Por eso, consideré en este punto que la argumentación de Stalin era más convincente que la de sus oponentes. Sumado a esto que ya antes me había encontrado en dura oposición con la conducción de la Komintern (1) por parte de Zinoviev (2) —conducción cuya índole se me hizo más clara a través de la política húngara de Béla Kun (3)—. Aún hoy estoy convencido de que algunos factores de la burocratización reaccionaria, que todavía debemos superar, han logrado aquí su primera gestación. Son totalmente distintos los motivos —diversos en cada caso— de mi desconfianza, igualmente fuerte, hacia Trotski y Bujarin. No dudé en absoluto de la integridad personal de ambos, a diferencia de lo que ocurría con Zinoviev; antes bien rechacé, en Trotski, las características que recordaban a Lassalle (4); en Bujarin, su posición teórica proclive al positivismo.

Las primeras discusiones puramente ideológicas no lograron debilitar dichas convicciones. En el debate filosófico de los años 1930- 31, me resultaban igualmente simpáticos tanto el alejamiento, por parte de Stalin, de la “Ortodoxia de Plejanov”, como su insistencia   con respecto a lo revolucionariamente nuevo, cuya evolución se encontraba profundamente enlazada con el mismo Marx. Asimismo, me encontré, a comienzos de los años treinta, del lado de Stalin en la crítica al RAPP (5), en la lucha contra el sectarismo estrecho y en la exigencia de una base más amplia, en lo ideológico y en lo organizativo, para la literatura socialista. Naturalmente, hoy sé que todo había sido, en su mayor medida, solo un pretexto para eliminar la antigua conducción del RAPP, que era afín a Trotski; puesto que, bajo Fadeiev, la conducción de la por entonces recién fundada Liga de Escritores ha continuado consecuentemente, en lo esencial, la vieja línea ideológica y organizativa. Sin embargo, en aquel tiempo creía, junto con otras personas ideológicamente afines, en un verdadero cambio ideológico, admitido, al menos, por Stalin. Mi lucha por una concepción marxista del realismo, también por el realismo socialista, que fue combatida en la revista Literaturni Kritik [Crítica literaria], se oponía categórica   y objetivamente a las teorías oficiales dominantes entonces en la Unión Soviética, aunque yo combatía, simultáneamente, a cualquier corriente que se considerara hostil al realismo dentro de la literatura burguesa. A pesar de todo, incluso después de que dicha oposición ideológica se extendiera a la filosofía —por eso mi libro, escrito en 1937-38, El joven Hegel, no pudo ser publicado en la Unión Soviética, y se editó diez años después en Suiza—, no surgió ninguna rebelión ideológica abierta contra el sistema staliniano, considerado como un todo.

Ni siquiera los grandes procesos pudieron alterar hondamente esa posición. El observador actual puede designar esto como “ceguera”. Olvida, al hacerlo, algunos importantes factores que para mí eran decisivos, al menos en aquel tiempo. Estos sucesos coincidieron con el VII Congreso de la Komintern (6), en el que Dimitrov (7) proclamó un frente de unidad amplio y democrático contra el fascismo. Ya entonces hubo acalorados debates —aunque no públicos— sobre si este cambio debía ser entendido como estratégico o sólo como táctico. Yo partía, entretanto, de la base de que se trataba de un cambio real. De hecho, se expresaba con mucho entusiasmo, en todo aquello, la perspectiva de un ajuste de cuentas radical contra el fascismo, en cuanto amenaza para toda nuestra cultura. Como muchos en ese tiempo, consideré una sagrada obligación evitar toda declaración que, ideológicamente, pudiera haber fomentado en Occidente una tolerancia con respecto a Hitler. He considerado entonces los grandes procesos bajo esta luz: como un ajuste de cuentas revolucionario con oposiciones activas realmente existentes contra el socialismo vigente. El hecho de que los instrumentos de este ajuste hayan sido sumamente problemáticos en diversos aspectos, no pudo quebrantar entonces mi postura básica. Para establecer un paralelo histórico, les di la razón, junto con muchos otros, a los jacobinos, debido al exterminio de los girondinos, de los dantonistas, entre otros, a pesar de que me resultaba históricamente evidente que los medios aplicados eran criticables. Recién cuando la acción de Stalin se expandió a amplias masas con el lema “el Trotskismo debe ser extirpado, junto con todas sus raíces”, se fortaleció la crítica interna, intelectual y moral. Sin embargo, esta quedó condenada al silencio frente a la esfera pública, a causa de la necesaria prioridad de la lucha contra Hitler.

Tampoco la Segunda Guerra Mundial produjo en mí una resistencia intelectual abierta, concentrada específicamente en los métodos de Stalin. Naturalmente, rechazaba el contenido universalmente hegemónico en la propaganda antihitleriana, según la cual el alemán, denominado “Fritz”, ya era fascista en el bosque de Teutoburgo (8). Consideramos, ante todo, al escritor Ilya Ehrenburg (9) como padre intelectual de estas consignas; mientras que Stalin había declarado: “Los Hitler vienen y se van. Sin embargo, el pueblo alemán permanece”. Yo mismo vi en el hitlerismo una fase trágica, en cuanto a sus condiciones y consecuencias, en el desarrollo histórico del pueblo alemán; de esta fase trágica dependía que se produjera la catarsis. Mi crítica a la línea general de la propaganda bélica soviética de aquellos tiempos, no se dirigía, en consecuencia, específicamente contra los métodos específicos de Stalin.

Incluso después de la derrota de Hitler, en las luchas intelectuales por cuestiones políticas e ideológicas en la Hungría liberada de Horthy, la situación se mantuvo igual. He expuesto en otro lugar, en forma detallada, cómo me he retirado de la política en sentido estricto, a fin de trabajar exclusivamente en el campo ideológico, después del fracaso de las denominadas Tesis de Blum, de 1929-1930, en las que había propuesto una “Dictadura democrática de los trabajadores   y los campesinos” como forma necesaria de transición al socialismo, al menos para Hungría. En la situación posterior a 1945, el régimen Rákosi (10) consideró que mis declaraciones ideológicas eran útiles, en la competencia entre el Partido Comunista por un lado y, por otro, el Partido Socialdemócrata y el sector burgués, para conquistar como simpatizantes a una parte relativamente importante de la intelectualidad burguesa. Por ello, mi actividad fue tácitamente tolerada. En aquel tiempo aún no resultaba evidente que el socialismo pudiera triunfar en Hungría, y cómo habría de hacerlo; interpreté la situación como una posibilidad ideológica de trabajar para un futuro socialismo en formas democráticas. El hecho de que mi suposición era equivocada, quedó demostrado de inmediato después de la unificación de los dos partidos de los trabajadores: ahora, a Rákosi le pareció que había llegado el momento de ajustar cuentas radicalmente con mis aportes ideológicos. El resultado fue el ataque de Rudas (11) y la inmediatamente posterior campaña oficial en mi contra de los años 1949-1950.

Los fundamentos objetivos de mi actividad se revelaron ilusorios en sentido táctico. Independientemente de ello, su contenido quedó, sin embargo, dirigido hacia una realización del socialismo y fue, en consecuencia, objetiva y directamente antistalinista. También mis tomas de posición expuestas más arriba surgieron objetivamente. Cuando tomé entonces posición a favor de una democracia inmediata y puse en evidencia las contradicciones y debilidades de los países capitalistas formalmente democráticos, se reveló allí, aunque, por cierto, no en forma explícita, una lucha en dos frentes contra el americanismo y el stalinismo. Por supuesto, en el centro de mis artículos publicados en aquel tiempo se encontraban problemas ideológicos, principalmente agrupados en torno a la literatura. Yo intentaba esclarecer, desde un enfoque marxista, el problema de la libertad de la literatura y de la posición de esta, en cuanto representante de la ideología, frente a la conducción del partido; determinar la posición del escritor comprometido con el partido, etc. Sólo quiero señalar aquí la sentencia, desacreditada en aquel tiempo, según la cual el poeta del partido no debe ser ni un dirigente ni un soldado; es más bien un partisano que se encuentra profundamente vinculado con las tareas histórico-mundiales del partido, pero que, en todas las cuestiones concretas, debe conservar una libertad práctica, hasta el “derecho a     la desesperación”. Y en una conferencia no publicada aquí, si bien se declara al marxismo “Himalaya de la visión del mundo”, al mismo tiempo se señala admonitoriamente a los escritores que la liebrecita que corre dando saltos por el Himalaya no debería creerse un animal de mayor tamaño que el elefante de la llanura. También esta observación fue desacreditada.

Los ataques de los años 1949-1950, y mi “autocrítica” sumamente diplomática, me permitieron retirarme de la actividad pública y dedicarme exclusivamente a trabajos teóricos. Esto hizo posible que concluyera mis escritos más extensos sobre estética. A partir de esto   me resultó también evidente cuán ilusorios habían sido muchos de mis intentos anteriores —por importantes que hayan sido— de realizar una correcta crítica opositora, en campos ideológicos, sin someter a una crítica sustancial sus fundamentos últimos, es decir: las concepciones y métodos stalinistas. La variante húngara de los grandes procesos, especialmente el proceso de Rajk, me ha aclarado definitivamente este complejo de cuestiones.

Al hablar aquí tan abiertamente sobre mis ilusiones de largos años no pretendo de ninguna manera haber perdido alguna cosa por no haber tomado el camino de Koestler y otros. Siempre he rechazado el tipo de críticas que, junto con los métodos stalinistas, rechazan también el socialismo. Aún hoy, a pesar de los cambios evolutivos, continúo siendo un comunista tan convencido como cuando, en el año 1918, me uní al partido. La claridad en el rechazo de los métodos stalinistas, que paulatinamente he elaborado y expresado explícitamente en mis escritos de las últimas décadas, no aspira nunca a un alejamiento del socialismo; “sólo” es válida para muchas de sus perspectivas oficiales, “únicamente” destaca la necesidad de reformar el socialismo. En esto no es lo decisivo saber cuánto tiempo será necesario hasta que se reconozca el camino correcto y los conocimientos así logrados se hagan realidad. El hecho de que yo haya llegado tan lentamente a este punto de vista tiene sus causas en lo siguiente: aun poseyendo una visión clara de toda la problemática, continúo siendo hoy un ideólogo de las reformas libremente radicales, no de la oposición “de principio” abstracta y, en mi opinión, a menudo reaccionaria. No es objetivamente decisivo, para la cuestión central, saber cuántos años o décadas llevará esta reforma teórico-práctica, qué obstáculos deberá superar todavía; aunque la respuesta a tales interrogantes pueda tener amplias consecuencias en la historia universal. En el destino de la humanidad, hasta ahora no se realizado ningún cambio de repente, en línea recta, sin tener que superar obstáculos. ¿Cómo habría de ser posible esto tratándose del cambio más radical?

Con estas acotaciones, retomo la línea autobiográfica de estas consideraciones. En el XX Congreso del Partido Comunista, en el año 1956, se hizo mundialmente conocida la crisis de los métodos stalinistas. Los artículos de esa época aquí publicados demuestran que, desde el primer momento me encolumné junto a los radicales entre los reformadores críticos; no obstante, aquí solo puede documentarse, naturalmente, una parte reducida de mi actividad en este sentido. La tarea ideológica principal sigue siendo dar nueva vida al método marxiano de acuerdo con sus verdaderas intenciones, para llegar, con su ayuda, a un tratamiento realmente crítico del período que va desde la muerte de Marx hasta hoy, y para fundamentar correctamente las perspectivas válidas de nuestra actual acción, tanto en forma teórica como práctica. Como observará con facilidad el lector atento de este pequeño libro, esto es, objetivamente, la continuación directa de tendencias en mi pensamiento que se remontan décadas atrás. Creo poder decir con tranquilidad que fui, objetivamente, un enemigo de los métodos stalinistas, incluso cuando yo mismo creía seguir a Stalin.

Mi actividad esencial después de 1956 se relaciona con las tareas recién caracterizadas. Las obras mayores, una Ontologie des gesellschaf- tlichen Seins [Ontología del ser social] recién concluida y la proyectada Ética, deberían realizar contribuciones para la fundamentación teórica de una praxis comunista en el presente… y para el futuro. Sin poder entrar aquí en detalles, debo informar en forma autobiográfica   que no por azar he anunciado y anuncio la necesidad de una reforma radical del socialismo actual en un país socialista. Hubiera tenido repetidas veces la posibilidad de cambiar de residencia, pero siempre rechacé tal cambio de lugar. Lo mismo vale para el Partido: no fue por voluntad mía que haya tenido que trabajar fuera de él durante diez años, después de 1956; hoy, otra vez como miembro del Partido, me encuentro como siempre ocupado en tales cuestiones teórico-prácticas. La aclaración y el desarrollo de las concepciones que se expresan en los breves escritos ocasionales publicados aquí, no sólo reflejan mi progreso personal en estas cuestiones, sino también aspectos del movimiento de reforma en el socialismo, considerado en su totalidad: reflejan el —por supuesto, sumamente lento—   progreso ideológico.

Notas

  1. Kommunistische Internationale [Internacional Comunista].
  2. Gregori S. Zinoviev (1883-1936); desde 1901, socialdemócrata; desde 1903, bolchevique. Trabajó en colaboración con Lenin. Entre 1917 y 1927, se desempeñó en el departamento de política; entre 1916-1926, presidente del comité ejecutivo de la Komintern. Después de la Revolución de Octubre, presidente del Soviet de Leningrado. Durante la enfermedad de Lenin y después de la muerte de éste, condujo el partido, conjuntamente con Kamenev y Stalin. En 1925, se opuso a Stalin, y conformó, junto con Trotski, la “Oposición Unida de Izquierda”. En 1927 fue expulsado del Partido. En 1935, se lo condenó a diez años de prisión. En 1936, fue juzgado y condenado a muerte en el primer proceso de Moscú.
  3. Béla Kun (1886-1939): fundador del Partido Comunista Húngaro después de la Primera Guerra Mundial, condujo la revolución húngara, fue comisario del pueblo para asuntos de extranjeros durante la República de los Consejos. Después de la caída del gobierno revolucionario se refugió, en agosto de 1919, en Austria y, después, en la Unión Soviética. Durante las grandes purgas, fue condenado y, desde entonces, desapareció.
  4. Ferdinand Lassalle (1825-1864): filósofo, publicista y político socialista, fundador de la Liga General Alemana de Trabajadores. Lukács ha criticado las perspectivas filosóficas, políticas y estéticas de Lassalle contrastándolas con las de Marx y Engels, que estuvieron personalmente vinculados con él. Cf. los estudios “Die neue Ausgabe von Lassalles Briefen” [La nueva edición de las cartas de Lassalle] y “Die Sickingen-Debatte” [El debate sobre el Sickingen].
  5. RAPP: siglas de la Sociedad Rusa de Escritores
  6. Julio-agosto de 1935.
  7. Georgi Mijailovitch Dimitrov (1882-1949): político comunista búlgaro. Acusado, en 1933, de participar en el incendio del parlamento alemán, respondió a la acusación, por lo cual debió ser liberado en 1934. Entre 1935 y 1943, fue secretario general de la Komintern; desde 1946 hasta su muerte, fue primer ministro de
  8. En el año 9, el querusco Arminio derrotó al ejército romano de 20.000 hombres que conducía Varo, e impidió que la “pax romana” se impusiera sobre
  9. Ilya Grigorievich Ehrenburg (1891-1967): escritor ruso, autor de La caída de París (1941) y La tempestad (1947), como también de Deshielo (1954), una conocida y polémica novela sobre el período
  10. Mátyás Rákosi (1892-1971), político comunista. En 1919, comisario suplente en la República de los Consejos. En 1925 fue apresado y condenado por actividad ilegal. En 1940 fue liberado de la cárcel en la URSS. En 1945 regresó a Hungría como líder de los comunistas. En 1945-1956, secretario general del Partido Comunista Húngaro, y primer ministro. Fue destituido en 1956. Vivió, hasta su muerte en 1971, en la URSS.
  11. László Rudas (1885-1950), político y publicista húngaro. Cofundador del Partido Comunista Húngaro y, durante la República de los Consejos, jefe de redacción de la Revista Roja. Emigró a la URSS, donde desempeñó funciones educativas en la escuela partidaria de la Komintern y, durante la Segunda Guerra Mundial, en la Escuela Internacional Antifascista. En 1944 regresó a Hungría; se convirtió en director del Instituto Superior del Partido, en el seno del Comité Central; luego, dirigió el Instituto Superior de Ciencias Económicas.

Isaac Deutscher, el emigrante rojo

por Bruce Robbins//

En mayo de 1965, dos años antes de su muerte repentina a causa de un ataque de corazón, Isaac Deutscher habló en un mitin multitudinario contra la guerra en Berkeley, California. En una grabación de su intervención se le oye decir que dejará de lado el tema de Vietnam –que los oradores anteriores habían tratado tan bien– y que en vez de ello hablará de la guerra fría, que proporcionaba a los responsables de la política exterior de EE UU la coartada política que necesitaban para meterse en ese berenjenal. En su discurso, el ritmo pausado de Deutscher y su ligero acento polaco hacían pensar en un comediante judío, pero en gran medida su tono era grave y su entonación incluso tal vez un poco más sonora de lo necesario. Quizá le preocupaba que el público no se percatara de la relevancia de aquel acontecimiento histórico universal que guardaba relación con tantas otras cuestiones: la Revolución Rusa.

Nacido en 1907 en una pequeña aldea polaca, que por entonces formaba parte del moribundo Imperio Austro-Húngaro, Deutscher contaba diez años de edad cuando los bolcheviques tomaron el poder en Rusia. Más tarde escribiría la crónica de esa historia con un lujo de detalles increíblemente apasionante, en su monumental biografía en tres tomos de León Trotsky, pero sus preparativos para este trabajo comenzaron con la sensación de que muchas de las cosas sólidas que le rodeaban estaban a punto, o casi, de volatilizarse. Su familia judía ortodoxa era practicante estricta, y de niño (diríase que prodigio) le enviaron a estudiar con un rabino jasídico. A la edad de 13 años, Deutscher fue ordenado rabino a su vez, pero como revela el cautivador apunte biográfico que su mujer y habitual colaboradora, Tamara Deutscher, incluye en The Non-Jewish Jew –una recopilación de los ensayos de Deutscher que acaba de reeditar Verso Books–, su padre, que era impresor, también le heredó su gran pasión, escasamente acorde con la religión, por los escritores alemanes modernos, incluido el poeta Heinrich Heine. Si escribes en polaco, le advirtió repetidamente su progenitor, nadie te entenderá más allá de Auschwitz. En aquel entonces, Auschwitz no era más que el nombre de una ciudad cercana.

En noviembre de 1918, la primera semana de la independencia de Polonia trajo a la región en que vivían los Deutscher no uno, sino tres pogromos. Sin embargo, ahora que Polonia y otras naciones nuevas emergían de las ruinas de imperios destrozados al final de la primera guerra mundial, el joven Deutscher se convirtió en algo así como un patriota polaco. A los 14 años repudió el judaísmo de su familia calificándolo de vestigio del feudalismo. A los 16 comenzó a publicar poesía en polaco, influida por el misticismo judío y el romanticismo polaco, y tradujo poemas en alemán, yidish, hebreo y latín al polaco. A los 20 años ingresó en el Partido Comunista Polaco.

En 1931, el partido envió a Deutscher a la Rusia soviética para informar de los resultados económicos del primer plan quinquenal. Se enteró de más cosas sobre la trayectoria de la revolución que lo que el partido veía con buenos ojos que supiera. Más o menos un año después fue expulsado por “desviaciones democráticas”, entre otras cosas por su negativa a tratar a la socialdemocracia occidental como un equivalente moral del nazismo. Obtuvo un empleo en un periódico judío en Polonia y, en abril de 1939 lo enviaron a Londres, donde se puso a aprender inglés. El traslado le salvó la vida, pues los nazis invadieron Polonia unos cinco meses después; Deutscher no volvió a ver a sus padres nunca más.

El exilio marcó el fin de la etapa europeo-oriental de la carrera de Deutscher, pero este no dejó que marcara su pensamiento. En su opinión, echaba sus raíces –y lo decía con orgullo– en la tradición de Spinoza, Heine, Marx, Luxemburgo, Trotsky y Freud, los “judíos no judíos” de los que habla en el ensayo que da el título a la recopilación recién editada. También tenía raíces en el internacionalismo de izquierda, una tradición que le proporcionó un hogar dondequiera que viviera. Los compromisos políticos de Deutscher y su experiencia en el PCP también le infundieron como activista la idea de que el sentido de la oportunidad era por lo menos igual de importante que los principios, una idea que relativizó sutilmente sus juicios y que determinó claramente todo lo que iba a escribir, ya fuera en la prensa como comentarista rusoparlante sobre el Kremlin, ya en su crítica política o las obras históricas que más tarde le harían famoso.

Aunque en Inglaterra fue bien recibido, Deutscher permaneció ajeno al mundo de la universidad inglesa. A diferencia de muchos de sus coetáneos de izquierda, escribió sus voluminosos libros, ricamente documentados, sobre Trotsky y Stalin sin la comodidad de un cargo académico. Las posibilidades de Deutscher de obtener un puesto en la universidad y un ingreso estable fueron desbaratadas nada menos que por Isaiah Berlin, según cuenta Michael Ignatieff en su biografía del filósofo e historiador de las ideas ruso-británico, cuya opinión razonada cuando le consultaron sobre la posible contratación de Deutscher fue: por encima de mi cadáver. Tal vez esto se debiera a divergencias políticas, o quizá fue el resultado de una reseña mordaz sobre Berlin que Deutscher había publicado algunos años antes. Una vez Deutscher quedó descartado, Berlin insistió en que su evaluación no había sido decisiva, pero esta afirmación no resistió un análisis minucioso. El nombre de Deutscher también figuraba en la lista de simpatizantes comunistas que George Orwell entregó en secreto al ministerio de Exteriores británico en 1949, el año en que se publicó la biografía de Stalin escrita por Deutscher.

En Components of the National Culture (1968), Perry Anderson sostuvo que algunos de los intelectuales más influyentes que huyeron a Gran Bretaña de la violencia política en el continente –personas como Berlin, Karl Popper, Bronislaw Malinowski, Melanie Klein y Ludwig Wittgenstein– tenían afinidades electivas con la tradición británica –muy alejada de la experiencia continental– de la continuidad no violenta y la estabilidad social relativa. Una vez establecidos en Gran Bretaña, dijo Anderson, reforzaron y extendieron esta tradición, haciendo que Gran Bretaña fuera todavía más conservadora.

En opinión de Anderson, Deutscher fue la excepción más destacada de esta “emigración blanca”. Tal vez debido a la idiosincrasia de su radicalismo –que no encajaba en la política comunista o socialdemócrata británica–, Deutscher fue ninguneado por el mundo académico de la isla. O quizá esto se debiera a su independencia intelectual, su olfato periodístico y su estilo polémico, que no era compatible con la cultura universitaria enclaustrada y a veces aburrida de Inglaterra. En cualquier caso, Anderson nunca dejó de prestarle atención, y de hecho quien busque pruebas de la influencia intelectual de Deutscher no tiene más que contemplar los brillantes logros de Anderson como historiador y analista político.

Al igual que Deutscher, Anderson demostró con los años ser un erudito políglota; del mismo modo que aquel, no reconoce a ninguna autoridad por encima o más allá de lo que Gregory Elliott llama, en su libro sobre Anderson, “el implacable laboratorio de la historia”. Ambos fueron arrastrados al “universalismo olímpico” de Marx y Engels, aunque quizá no del mismo modo.

Anderson contó una anécdota que sugiere una pequeña pero significativa diferencia entre ambos. En la década de 1960, Anderson manifestó su indignación por la falta de dinamismo político de Inglaterra. ¿Por qué, preguntó, Francia podía alardear de tantas revoluciones, mientras que la Inglaterra moderna no había conocido ninguna? En un prólogo al volumen en que se ha reeditado Components, recordó que Deutscher le comunicó que no podía aprobar sin más la negación por parte de Anderson de las posibilidades políticas sobre el terreno, por imperfectas que pudieran ser. Tomando prestada una expresión de la negativa de Rosa Luxemburgo a apoyar la independencia de Polonia antes de la primera guerra mundial, Deutscher dijo que la postura de Anderson adolecía de “nihilismo nacional”.

Al oponerse al nihilismo incluso en el terreno del nacionalismo, al que no era proclive, Deutscher transmitía cierta sabiduría práctica, una sabiduría destinada en particular a quienes trataran de mantener el compromiso político más allá del entusiasmo embriagador de la juventud. Juzgar la política cotidiana en función del elevado listón de la revolución es condenarse a la desesperación, o por lo menos a la apatía. También puede ser contraproducente aplicar con calzador un conjunto de criterios abstractos a una comunidad que, aun siendo receptiva a los objetivos de una política, se siente confusa o alienada por el lenguaje con el que se persiguen dichos objetivos. Como revolucionario inveterado, Deutscher estaba bien pertrechado para insistir en que existen otros caminos hacia la justicia social.

A diferencia de los críticos de la Rusia soviética más ensalzados en Occidente, Deutscher no fue un liberal. Era un firme defensor de la democracia y sus objeciones al régimen soviético coincidían en parte con las consabidas objeciones liberales, pero una de las cosas que apreciaba en Trotsky era la firme convicción de este de que, a pesar del atraso social y económico de Rusia, los revolucionarios rusos en 1917 no debían aspirar a un gobierno liberal que mantuviera intacta la propiedad privada. En vez de ello, como alegó Trotsky, creía que la revolución podía saltarse la etapa constitucional en su intento de satisfacer las demandas materiales y de los obreros y campesinos.

Por supuesto, nadie que reflexione sobre lo que finalmente ocurriría con la revolución bajo Stalin concluirá probablemente que esta cuestión se ha resuelto dando la razón a Trotsky. ¿Estaba Rusia demasiado atrasada para tumbar el capitalismo liberal? Y para concretar más, un sistema constitucional que protegiera los derechos de la burguesía ¿habría creado los obstáculos necesarios para impedir el terror que se produjo una vez Stalin consolidó su poder? El propio Trotsky cambiaría de opinión sobre estas cuestiones y Deutscher –cosa que le honra– no pretendió que poseyera un conocimiento mayor o privilegiado.

Las preguntas abiertas formuladas por Deutscher sobre el curso ulterior de la Revolución rusa –una revolución de la que nunca renegó– también ayudan a explicar su extraordinaria generosidad moral, cabría decir incluso la calidad tolstoyana de su obra histórica. La defensa estridente era algo de lo que al parecer Deutscher podía prescindir. Cada frase que escribió como historiador denotaba algo, aunque fuera muy vago, de un continuo debate consigo mismo.

Esto era así incluso cuando escribió sobre Stalin, y tal vez fuera esta una razón por la que muchos encontraron que su biografía de Stalin era tan desconcertante. Stalin había ordenado el asesinato de Trotsky, además de tantas otras personas, y en manos de Deutscher, Stalin es un monstruo, pero no sencillamente un monstruo, y Deutscher trató de comprender los motivos de Stalin. “No hace falta dar por hecho que actuó por pura crueldad o sed de poder”, escribió Deutscher en la biografía. “Tal vez halló el dudoso amparo en la convicción sincera de que lo que hacía servía a los intereses de la revolución y de que él era el único que interpretaba correctamente esos intereses.” Esto no supuso nunca una defensa de Stalin, sino más bien un argumento de que incluso sus actos más atroces no se situaban fuera de toda posibilidad de una explicación histórica. Colocarlos fuera de toda explicación histórica sería pretender que la revolución no encerraba sus propias contradicciones, que eran anteriores al periodo de dictadura monomaniaca de Stalin y (como Deutscher no dejó de señalar) también marcaron la carrera política de Trotsky.

Podría parecer que aceptar la existencia de estas contradicciones –contradicciones que Deutscher creía inherentes al alma misma del revolucionarismo de izquierda en general y de la Revolución rusa en particular– le llevaría a optar por el fatalismo. Sin embargo, de alguna manera no lo hizo. Deutscher fue capaz de sacar a la luz muy claramente esas contradicciones (y vivir una vida fuera del Partido Comunista) sin abandonar la esperanza en la propia revolución, tanto en Rusia como a escala planetaria, un objetivo que debía seguir sacando fuerza de los triunfos iniciales de 1917. Había que recordar a los pueblos de Occidente, pensaba Deutscher, que cuando los rusos combatieron a los nazis en la segunda guerra mundial, no solo lo hicieron animados por el mero patriotismo, sino que participaban en “una batalla por la existencia del movimiento obrero”. Había que recordar al público que le escuchaba en Berkeley en 1965 que la amenaza de agresión de la Unión Soviética, que supuestamente justificaba la misión de EE UU en Vietnam en plena guerra fría, era desde su punto de vista ridícula. No había equilibrio de poder entre EE UU y la URSS: uno era una superpotencia, mientras que la otra había surgido de la segunda guerra mundial “postrada y desangrada”.

Ahora el pueblo ruso trataba de sacudirse de encima esa pesadilla junto con el recuerdo de Stalin. Los progresistas de Occidente tenían la obligación de ayudarle. Esto suponía contemplar la guerra fría no solo desde el punto de vista occidental, sino también desde el del Este. La guerra de Vietnam exacerbaba la guerra fría, contribuyendo así a empeorar la vida en Rusia. Lo que Deutscher estaba tratando de ofrecer a la muchedumbre de manifestantes contrarios a la guerra en 1965 era una defensa centrada en Rusia frente a la guerra de Vietnam. Casi seguro que no era lo que el público estaba esperando oír, pero de alguna manera era al mismo tiempo inspirador políticamente y refrescante por su independencia con respecto a la simple dualidad moral en que parecía moverse el movimiento antiguerra.

En 1903, en el congreso de Bruselas en que bolcheviques y mencheviques pusieron de manifiesto por primera vez sus divergencias, Trotsky pronunció uno de los raros discursos en que se calificó a sí mismo de judío. Lo hizo con el fin de manifestarse con autoridad personal en contra del Bund judío, que reclamaba el derecho a la “autonomía cultural”, incluida la capacidad de elegir su propio órgano de gobierno y definir su propia política con respecto a la población judía. Por supuesto que los judíos debían tener el derecho a ser educados en yidish, explicó Trotsky, pero ¿cómo podía el socialismo –que pretendía superar las barreras que dividían a los países, las religiones y las nacionalidades– contribuir a erigir sus propias barreras frente a esta visión de emancipación universal?

Deutscher se había criado en el corazón mismo de la cultura yidish en la zona polaca del Imperio Austro-Húngaro y había desempeñado un papel activo y creativo en ella. En su opinión, el yidish era una lengua y una cultura que siempre había estado enraizada en el movimiento obrero. Al igual que Trotsky, solía considerarse primero un revolucionario y solo en segundo lugar un judío. Pero Deutscher también se consideraba un judío, y de una manera que propone una variación en torno a la cuestión formulada en el ensayo de Anderson: ¿Cuáles son los componentes de la identidad judía?

Como indica el título de su recopilación, le idea de Deutscher sobre la identidad judía está completamente desconectada de la religión judía. Siendo adulto proclamó su ateísmo sin apología al no hallar ninguna virtud en el jasidismo de su juventud y al calificar de kafkiana “la aspiración de moda entre los judíos occidentales de volver al siglo XVI”. No obstante, su laicismo no era únicamente negativo; también tenía un sentido positivo, activo, emancipatorio y sobre todo sociable. Para los judíos, suponía un gesto de confianza en los gentiles de su entorno, confianza en que ellos y los progresistas no judíos podían hacer causa común y compartir sus victorias.

Desde esta visión positiva, humanista, del laicismo, Deutscher afirmó que la identidad judía no podía implicar jamás el control judío sobre un territorio. “No tengo nada en común con los judíos, digamos, de Mea Shearim /1 ”, declaró, “ni con cualquier clase de nacionalistas israelíes”. La obsolescencia del Estado-nación había quedado demostrada en la matanza sin sentido de la primera guerra mundial. De ahí que a su juicio la creación de Israel encerraba una terrible ironía: los judíos estaban invirtiendo en un Estado-nación justo cuando este había entrado en lo que Deutscher creía (prematuramente) que era una fase de declive terminal.

Y ¿qué decir del Holocausto, que bien podría haber resquebrajado la confianza de Deutscher en la posibilidad de que los judíos hicieran causa común con el mundo de los gentiles? Aunque partió su vida más o menos en dos, el Holocausto no le llevó a desertar del bando de los laicos militantes y de los creyentes en la modernidad. Los nazis fueron después de todo la razón por la que la cultura judía de Europa Oriental en que se había criado había dejado de existir. Sin embargo, cuando Deutscher habla de esta cultura, menciona una conversación que mantuvo con el satírico yidish Moshe Nadir en la década de 1920. Nadir ya predecía entonces que el yidish dejaría de hablarse en el futuro, tal vez por el hecho de que los judíos, ahora felizmente asimilados, acabarían hablando polaco o ruso. Nadir contemplaba ese día con indiferencia, porque cuando el yidish se convirtiera en una lengua muerta como el latín, sus sátiras se leerían como a los clásicos, a la par que Horacio y Ovidio.

Al invocar esa antigua broma de Nadir, Deutscher parecía decir que la cultura yidish, que los nazis habían exterminado, habría sucumbido de todos modos bajo el peso de una historia que era al tiempo despiadada y progresista. Lo que había que lamentar, por tanto, no era la cultura, sino las vidas que habían desaparecido en las inmensas fauces de la segunda guerra mundial. En cuanto a la propia historia, que siempre había imaginado compartida entre judíos y no judíos, siguió confiando en que, a pesar de sus brutalidades, la humanidad saldría mejor parada. Una de las cualidades menos obvias que atribuye a la línea de los “judíos no judíos”, que iba de Spinoza a Freud, era el optimismo. Sí, consideraba que Freud también era un optimista.

Si Deutscher hubiera ido a Nueva York en vez de Londres, su izquierdismo antiestalinista, su brío literario y su viveza en el debate le habrían abierto sin duda las puertas de los círculos tertulianos de la intelectualidad neoyorquina. Trotsky tenía allí admiradores y Deutscher les hizo un par de visitas. No obstante, su permanencia en ese mundo tal vez hubiera exigido alguna negociación entre esa multitud rencorosa. Como muestran estos ensayos, Deutscher no se cortaba a la hora de manifestar su desprecio por los intelectuales judíos de Occidente, que en su opinión se habían vuelto conservadores durante la guerra fría, convertidos en campeones del llamado “estilo de vida” liberal de Gran Bretaña y EE UU, y también se habría sentido incómodo con quienes habían renunciado a los impulsos universalistas radicales de la cultura judía a favor de una visión más particularista.

Para Deutscher, las diferencias geográficas y de clase entre los judíos eran suficientemente profundas para que viera con escepticismo la idea de una “comunidad judía” existente o que podía surgir a medida que se desvaneciera la observancia religiosa. Durante su vida, la historia de la persecución todavía no había sustituido del todo al judaísmo en el núcleo de la identidad judía occidental, pero su propia concepción de la identidad judía estaba centrada en el Holocausto, tal vez inevitablemente. “Soy judío”, dice en un texto que comenta el Holocausto, “porque siento la tragedia judía como mi propia tragedia.” Fue el Holocausto el que llevó a Deutscher a inclinarse hacia el sionismo, aunque solo fuera ligeramente. “Si en vez de rebatir el sionismo en los años veinte y treinta”, escribió, “hubiera urgido a los judíos europeos a irse a Palestina, podría haber salvado algunas de las vidas que después fueron exterminadas en las cámaras de gas hitlerianas.” Pero incluso en esta tesitura tiene cuidado de dejar clara su aversión a toda forma de nacionalismo judío: “Sin embargo, ni siquiera ahora soy sionista.”

El libro contiene dos versiones de una famosa parábola de la fundación de Israel en la estela del Holocausto, una parábola que a veces es todo lo que la gente recuerda de Deutscher. En la primera versión, que data de 1954, un hombre salta de un barco en llamas a una balsa. Lo que quería señalar Deutscher es que todo Estado nacional no es más que una balsa, una solución temporal que no debería convertirse en un programa permanente (nacionalista), como parecía hacer Israel. En la segunda versión, de 1967, escrita en respuesta a la guerra de los seis días, el hombre salta de un edificio en llamas y sobrevive, pero aterriza sobre una persona que estaba en la acera (que representa, por supuesto, a los palestinos) y le rompe brazos y piernas. “Si ambos se comportaran racionalmente”, comenta Deutscher, “no acabarían siendo enemigos.” Pero no prevalece la racionalidad.

El hombre herido culpa al otro de su miseria y jura que le hará pagar por ello. El otro, temeroso de la venganza del lisiado, le insulta, lo patea y lo golpea cada vez que se encuentran. El hombre apaleado vuelve a jurar venganza y de nuevo recibe puñetazos y patadas.

Imagino que no muchos estarán del todo satisfechos con esta parábola. Sin embargo, ofrece una alternativa interesante a la idea de la colonización y no hizo que Deutscher dejara de criticar duramente a Israel, recordando a sus lectores que David Ben-Gurión calificó a los judíos no sionistas de “cosmopolitas desarraigados”, que era el eufemismo favorito de Stalin para referirse a los bolcheviques judíos que eliminó. Según el comentario de Deutscher sobre la guerra árabe-israelí de 1967, escrita dos meses antes de su muerte, en la “victoria” de Israel veía una profecía del desastre y en Moshe Dayan una especie de vicemariscal Nguyen Cao Ky, el entonces títere favorito de EE UU en Vietnam. Tampoco hizo que dejara de criticar la colusión de Israel con la política exterior de EE UU durante la guerra fría y su negativa a comportarse como un vecino con sus vecinos. El futuro de Israel depende, a juicio de Deutscher, de la capacidad de los israelíes “para encontrar un lenguaje común con los pueblos que les rodean”.

Deutscher no pregonaba fanáticamente la coherencia con los principios, sino que para él esta incoherencia se plasmaba de alguna manera en la política. Como historiador, creía que el sentido de la oportunidad siempre importaba, especialmente a la hora de formular la propia visión del mundo. Comprendió perfectamente el caos que describió tan bien después de 1917, cuando Trotsky adoptó las posiciones de Lenin (como la necesidad de la disciplina absoluta en el seno del partido) y Lenin adoptó las de Trotsky (como la necesidad de la Nueva Política Económica), y todo se movía con demasiada rapidez para que alguien se diera cuenta. La política, para Deutscher, implicaba en última instancia esta clase de flexibilidad de principios, una visión de la acción política que entendía que los compromisos de uno y sus condiciones se hallaban en mutua dependencia. Nada, ni siquiera la política, podía colocarse al margen del caos y la incertidumbre de la historia.

Como escribió Deutscher en el último ensayo de la recopilación, el Holocausto fue el único acontecimiento que trascendía toda explicación histórica. Al historizar su internacionalismo, cambió de opinión sobre su antisionismo programático, pero sin convertirse en sionista. Esto no alteró su profunda convicción de que, para los judíos, como para todo el mundo, la historia no reclama la pureza de una utopía etnocéntrica, ni cualquier clase de utopía en este sentido. En vez de ello, la historia reclama de nosotros la dura labor de cambio en el seno de las naciones en que vivimos y con los vecinos que nos ha tocado convivir. Esto también requiere prestar mucha atención al sentido de la oportunidad.

Bachelet profundiza el sistema de AFP

por Osvaldo Costa//  

Mientras la mayoría de la población repudia masivamente al sistema de AFP, tanto en las calles como en encuestas. Y mientras la casi totalidad de los actores políticos, afanados en la tarea de inscribir sus colectividades miran hacia otro lado, el gobierno entrega una nueva propuesta sobre el sistema de pensiones que no hace otra cosa que profundizar el sistema.

El martes los ministros de hacienda y trabajo entregaron un reporte con las conclusiones de la mesa entre el gobierno y los partidos políticos, el viernes la presidenta entregó la propuesta para reformar el sistema previsional. Lo primero que llama la atención es la rapidez de la actuación de la presidenta contrastando agudamente con su lentitud para tomar decisiones en otros ámbitos. ¿Parte de una ofensiva de las AFP ante la masividad de la oposición popular al negocio de las AFPs?

La propuesta consiste en definir el destino y administración del 5% adicional aportado por el empleador. La solución que se implementara gradualmente en 6 años es simple:  El 5% se divide en dos partes: un 3% va a las cuentas individuales –ósea va a engrosar las ganancias de las AFP- y el 2% restante va a un “seguro de ahorro colectivo” y será administrado por una entidad pública y autónoma. –Sin precisar cuál será esta entidad- Además contempla la eliminación del multifondo B y el aumento del tope imponible hasta 111 UF.

Como era de esperar la propuesta genero una división entre los diferentes actores políticos. Los partidos burgueses oficialistas se alinearon con el gobierno –Y era que no, si ellos generaron la propuesta- Mientras desde las AFP presentaron reparos a la propuesta señalando que ellos eran los más eficientes para administrar esos recursos. Chile Vamos también se manifestó contrario a la propuesta planteando que se trata de “un impuesto a la clase media” y señalando un “sesgo ideológico” en la medida.

Desde No + AFP, su vocero Luis Mesina plantea que el anuncio se hizo para “descomprimir la presión social”, señalando que se trata de una medida “insuficiente y demagógica”. Por otra parte, valoró que al menos una parte mínima de la cotización previsional sea administrada por un ente público, confirmando que es este tipo de organismo el más idóneo para gestionar los fondos previsionales.

El dirigente de No + AFP señala que la propuesta de Bachelet no afecta la situación actual de las AFP, sino tiende a consolidarla. Precisa que esto no significa un avance hacia un sistema verdaderamente mixto de pensiones: “Este es el único sistema mixto en el mundo en donde el 87% del ahorro va a estar destinado a cuentas de capitalización individual y un 13% solamente solidaridad, es absurdo, porque eso no va a mejorar las pensiones. Un 20% significa mejorar el promedio de las actuales pensiones en cerca de 40 mil pesos”.

El anuncio del gobierno no deja de acuerdo ni a los empresarios de las AFP, ni a sus sufridos cotizantes, y en realidad no resulta nada extraño, el gobierno ha dado sobradas pruebas de su carácter burgués, y el “principio colectivo” que introduce Bachelet en el sistema tiene la función de lograr hacer más tolerable por los cotizantes al sistema completo. Es una clásica maniobra gatopardista cambiar algo para que nada cambie.

Bachelet además siembra ilusiones en el ámbito de la gestión; proponer la participación de los usuarios en una comisión para incidir en decisiones de inversión o en la elección de directores de empresas donde inviertan las AFP, es parte de esta misma estrategia. Ya que estos usuarios no pueden, por ejemplo proponer que un porcentaje mayor de las cotizaciones pasen al fondo común o lisa y llanamente propongan terminar con las AFP.

Sintéticamente se propone una serie de medidas cosméticas para mantener indemne lo central del sistema de AFP, un sistema de ahorro forzoso para entregar capital fresco al sistema financiero, a través de empresas con un afán de lucro desmesurado.

Ante esto resulta claro que hay que desarrollar un nuevo sistema previsional cuyo centro sea el entregar pensiones cuyo mínimo sea el 80% del salario. Este objetivo tiene la decidida oposición del gran empresariado y de sus representantes políticos; la Nueva Mayoría y Chile Vamos. Para enfrentarlos con éxito se requiere que los trabajadores se organicen y se den un programa claro y explícito al respecto. Y este es un programa no solo antineoliberal, es un programa anticapitalista, es decir socialista que se construya a partir del término de las AFP y de la expropiación de la banca nacional, columna vertebral del régimen de explotación que oprime a la inmensa mayoría nacional.

La coordinadora No + AFP tiene un gran rol en la consecución de este objetivo. Generando un plan de lucha más allá de las marchas, donde se incluya el método del paro y la protesta, incorporando a los trabajadores organizados o no. Esto significa comenzar a generar cientos de miles organizaciones locales de NO + AFP que se den sus propios métodos de lucha coordinándose hacia un gran paro nacional que imponga el fin de las AFP

Declaración pública: Por qué ANDHA Chile no participa ni participará del Frente Amplio

 

Como Organización Social y constituidos como Partido de las y los pobres de Chile, todo haría suponer que debiéramos correr para estar dentro del nuevo conglomerado político denominado “Frente Amplio”. Con este comunicado deseamos dejar claras las razones de por qué NO.

Quién podría no enternecerse al encontrarse con unos lindos cachorros moviendo su cola. ¡Nadie! ¿Verdad? Aunque esos cachorros fueran de hienas o lobos feroces, no sentiríamos temor ni miedo alguno porque sólo son cachorros. La descomposición política actual es tan profunda que los lobos y hienas viejas envían sus hijos, como verdaderos perros ovejeros, para abrirse camino y volver a encauzar a las ovejas perdidas y acarrearlas hacia los mismos establos, tal como antes ya ocurrió. La experiencia histórica nos recuerda cómo estas tácticas y estrategias han servido sólo para evitar por cualquier vía que irrumpa una verdadera alternativa popular en Chile. Recordemos cuando el Partido Conservador entró en crisis: los jóvenes de la elite conservadora, estudiantes de la PUC, fundaron la DC. Cuando el Partido Liberal hizo lo propio, nació el PPD, desde la U de Chile.

Hoy esa elite, con la misma ambición de mantener y perpetuarse en el poder, inventa Revolución Democrática, adormeciendo y conteniendo distintas voluntades que se distraen con movidas de cola de cachorros. Hoy se llaman “Frente Amplio”, cuyo bautizo lo organizaron, en una nueva coyuntura electoral, jovencitos de la elite universitaria que, ayudados por sus mentores con obscuros propósitos, traicionaron al movimiento estudiantil. Los inflan como quien infla un globo con un bombín y quieren hacernos creer que son la salvación de la política chilena. Con ello los convierten en el tapón perfecto para que no irrumpa una verdadera alternativa popular del Pueblo Pobre. Siempre llegan a posicionarse delante de estos procesos pretendiendo representar lo que no pueden representar por una sencilla razón: somos de “clase distinta”. Somos la clase de las y los que luchan día a día por sobrevivir en este sistema capitalista que genera privilegios para los que se han ido acomodando, negando su propia clase para mantener su bienestar económico, olvidando principios, convicciones e incluso a sus propios muertos. ¡Total, les da lo mismo!

Es tanta su ambición que olvidan al trabajador precarizado, al estudiante pobre de las poblaciones, a las dueñas de casa, a mujeres que luchamos por la vivienda, a los enfermos abandonados en los hospitales públicos, a nuestros hermanos Mapuches pisoteados, asesinados, tildados de terroristas por defender territorios ancestrales, a los hombres, mujeres, ancianos y niños que soñamos con un país justo, y donde nosotros mismos seamos los protagonistas de los cambios.

El llamado a la unidad nuevamente se convierte en una bolsa de gatos blancos, negros y pardos. La misión es hacer converger a todos los grupos sociales y políticos que están por fuera del duopolio haciéndonos creer que son “alternativa” que recuperarán nuestro país con actos de buena fe. ¿Dónde se ha visto que la revolución es democrática? ¡¡¡Dígannos!!! ¿Dónde se ha visto que la burguesía se suicida cuando pierde sus privilegios? ¡Dónde! Podrán llegar con sus cantos de sirena, podrán convencer a otros tantos, podrán enviarnos a sus cachorros de hienas y lobos feroces, pero no podrán nunca derrotar la verdadera esencia popular que nace de corazones nobles que actúan sin pequeñeces ni mezquindades, de las y los que siempre estaremos presente porque somos millones en Chile y en el mundo, porque no traicionamos a nuestros muertos. Hoy cuando después de muchos años de trabajo en la base social recomponiendo, reconstruyendo y gestando un embrión de un nuevo proceso de unidad de clase para la defensa de nuestro país, somos nuevamente interrumpidos por cachorros de hienas y lobos feroces.

En este momento, en que nos encontramos en las mejores condiciones políticas para tomar postura de quiebre con la institucionalidad, muchos toman caminos cómodos que les permita mantenerse en sus ambientes de agua tibias… Hoy es cuando se muestra el verdadero rostro de maldad de quienes nos han gobernado.

NO A LOS CACHORROS DE LA ELITE
ANDHA CHILE, QUE EL PUEBLO MANDE
Roxana Miranda Meneses, dirigente nacional de Andha Chile

Paro nacional de la CONFUSAM de 48 horas el 25 y 26 de abril

Por Osvaldo Costa

El domingo 9 de abril la Confederación Nacional de la Salud Municipal convoco a un paro de 48 horas el 25 y 26 de abril.

Al asumir la actual ministra de salud Carmen Castillo firmo un protocolo con la CONFUSAM, el cual trataba diversas materias, algunas de las cuales han avanzado, el incentivo al retiro, aprobado el 2016 y la posibilidad de personal administrativo a pasar a la condición de Técnico de nivel superior. Sin embargo aún quedan temas relevantes que permanecen pendientes, entre ellos el problema de la salud rural donde los funcionarios a cargo deben permanecer atendiendo 24 horas diarias y los 7 días de la semana. También está el problema de seguridad de los funcionarios que atienden las unidades de urgencia municipal, que no tienen las condiciones de resguardo y seguridad, ni los beneficios que tiene el personal de urgencia hospitalario. Pero el problema central que motiva el paro es el tema del financiamiento municipal.

El ministerio de salud reconoció el año 2015 que el per cápita, el valor basal con el que se financia la atención primaria municipal, debía estar en $6.050, y hoy se funciona con un presupuesto en el que el valor del per cápita está apenas en $5.274 pesos.

La CONFUSAM ha intentado en múltiples ocasiones el conversar estos temas con el ministerio sin embargo no han tenido respuesta. No se ha podido realizar una entrevista con la Ministra de salud ni con la subsecretaria de salud, de modo que se ha forzado la manifestación de fuerza.

Según Esteban Maturana presidente de la CONFUSAM “nosotros llamamos a paro nacional a todo lo que es consultorios, CESFAM, postas y estaciones médicas rurales, CECOF (…) los servicios de atención de urgencia nosotros no los tocamos (…) porque por supuesto que tenemos clara la importancia de mantener funcionando los servicios de urgencia.

Además se realizaran turnos éticos en los consultorios “porque para nosotros es una condición ineludible, es una exigencia que nos hacemos nosotros mismos que nuestros paros no son contra la gente».

Posteriormente al anuncio la subsecretaria general de gobierno Paula Narváez «esperemos que siempre sea el diálogo lo que prime, la posibilidad de ponerse de acuerdo y en la mesa conversar cuáles son las situaciones y las demandas que están planteando los funcionarios de la salud». «Esperemos que esa conversación permita llegar a acuerdos para evitar un paro, que siempre lo que termina haciendo es perjudicando a los usuarios del sistema», puntualizó.

Lo que está claro es que la movilización de la atención primaria de salud es el único camino de los trabajadores para conseguir solucionar los problemas del sector, y es tarea de todos los trabajadores es solidarizar con sus luchas.

Registro Civil, Crónica de una movilización anunciada

Por Osvaldo Costa

A dos años, luego de que el 2015 los trabajadores del registro civil protagonizaran un paro de 39 dias, el gobierno aún no cumple con los acuerdos en materia de mejora de las condiciones laborales y de la gestión pública.

Los trabajadores llevan 6 meses denunciando algo que es una constante en las diferentes reparticiones públicas: el ingreso de operadores políticos con escasa o nula competencia, los cuales son colocados en cargos directivos, o son promocionados rápidamente pasando por encima de los funcionarios de carrera, y ganando sueldos millonarios. Esto se da en un contexto en que el gobierno plantea que no hay recursos y se debe ejecutar un ajuste fiscal.

Además hay denuncias de malos tratos constantes, y acoso hacia los trabajadores. Al respecto resulta significativo lo ocurrido con el director regional de Santiago Israel Chamorro (Demócrata Cristiano) el día miércoles 12, quien ordenó retirar lienzos y carteles de la ANERCICH (Asociación Nacional de Empleados del Registro Civil de Chile) donde se planteaban la oposición a la gestión de la dirección y los problemas de los usuarios. Los dias siguientes se produjeron paros de 15 minutos del servicio. Según la presidenta de la asociación se convocara en las próximas semanas a una jornada nacional de protesta.

Esta lucha es parte del proceso creciente de movilizaciones que se está desarrollando en la clase trabajadora chilena, a contrapelo del proceso electoral que tiñe la realidad nacional. Resulta relevante el que los candidatos y partidos en pugna se posicionen en el conflicto capital – trabajo, definan en cual campo se encuentran, mas allá de si se consideran de izquierda o “ciudadanos”.

Cine argentino, «Nieve negra»: secretos sepultados bajo capas pesadas

por Horacio Bernades//

Un “trámite” tras la muerte del patriarca familiar hace que la verdad aflore entre dos hermanos enfrentados.

“Es un trámite nada más”, le dice Marcos a su esposa Laura, compartiendo con ella las mieles del embarazo, literalmente en las nubes, en el avión que los trae de España al lejano sur del sur. El padre de Marcos acaba de morir y él viene a cumplir su último deseo: enterrar sus cenizas junto al cuerpo de Juan, el hijo menor, muerto de pequeño tras un confuso accidente familiar. Lo que Marcos suponía un trámite terminará siendo una completa inmersión en la historia de la familia y la memoria personal, que incluye aquello que todo este tiempo se resistió a ser recordado. Lo siniestro, en una palabra, tal como lo entendía Freud: como asociación entre lo que genera terror (lo clandestino, también, término de lo más pertinente aquí) y lo familiar. Primer estreno argentino importante del año, Nieve negra representa la ópera prima en solitario de Martín Hodara, quien tras formarse como asistente de dirección de Fabián Bielinsky en Nueve reinas y El aura había codirigido La señal (2007) junto a Ricardo Darín. El paisaje (bosques del sur aunque filmados en Andorra, nieve espesa, cabañas aisladas) recuerda al de El aura. El tono de denso drama familiar casi sin restos policiales, aunque con intriga, tal vez fuera hacia donde se dirigía Bielinsky, después del policial lúdico de Nueve reinas y el policial-con-héroe-enfermo de El aura.

“¡Soy tu hermano!”, se ve obligado a gritarle Marcos (Leonardo Sbaraglia) a Salvador (Ricardo Darín), en medio de la oscuridad, porque éste no lo reconoció y lo apunta con una escopeta. ¿O es porque sí lo reconoció? Después de treinta años, Marcos y Salvador vuelven a verse, por un conflicto con la venta del aserradero familiar: un grupo canadiense ofrece nueve millones de dólares, pero Salvador, que vive en la cabaña que siempre fue de la familia, no piensa irse. “Juan y yo no nos vamos de acá”, dice. Raro, porque fue él quien mató por accidente al hermano menor cuando eran chicos. Pero ya habrá ocasión de entenderlo. A todo esto, Sabrina, la única hermana mujer (Dolores Fonzi), está internada en un psiquiátrico. Y Laura, esposa de Marcos (la española Laia Costa), comienza a indagar en esa espesa historia familiar, convirtiéndose en los ojos y oídos del espectador.

La circularidad visual de Nieve negra, que empieza y termina con las mismas imágenes (un plano general del bosque tupido, luego unos perros lobos comiendo en la nieve) remite a la circularidad familiar, el modo en que los secretos quedan encerrados, cobrándose al final nuevas víctimas y usufructuadores del engaño. El guión de Nieve negra, escrito por Hodara junto a Leonel D’Agostino (trabajó en las series El elegido y Los siete locos), no descuida ningún detalle. Las apariencias engañan en Nieve negra. Y no por el mero, mecánico lugar común, sino porque la idea subyacente es que todos tienen algo que ocultar. El que parece civilizado podría resultar lo contrario y lo mismo respecto al que renegó de la civilización. El personaje más inocente tal vez sea, a la larga, el que termine de ponerle moño al paquete del engaño (posible reflejo a distancia de Nueve reinas, pero no sólo). El patriarca lamentado podría ser un tirano brutal. El buen hermano, un traidor. La madre, ausente: “ésta es la única foto en la que está”, le dice Marcos a su esposa, y le muestra una foto en la que no está.

Nieve negra es una película compacta, sin digresiones, pérdidas de tiempo o estiramientos. Todo concurre a la cuestión central, que se va develando en flashbacks técnicamente muy bien resueltos: en ocasiones se accede a ellos por corte directo, otras veces directamente en el mismo plano, a través de alguna panorámica que liga presente y pasado. En esta coproducción entre  la Argentina y España, las actuaciones son parejamente buenas, con Ricardo Darín en un papel infrecuente (aspecto salvaje, pelo largo y desprolijo, el rostro hinchado). La fotografía, a cargo del catalán Arnau Valls Colomer, es tan oscura como piden el título y el tono de la película. “Yo me ocupo”, dice el socio del padre, papel a cargo de Federico Luppi, y una vez más la verdad va a quedar sepultada bajo capas más pesadas que la nieve.

EE.UU. lanza el mayor arma no nuclear en Afganistán: un crimen contra la humanidad

por Bill Van Auken y David North//

El despliegue militar del mayor arma no nuclear en su arsenal en la frontera entre Afganistán y Pakistán es un crimen contra la humanidad. Aun cuando el gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación estaban realizando una campaña de propaganda mentirosa en la que denunciaban a Siria y Rusia por el uso de gas venenoso, el ejército estadounidense estaba colocando la bomba designada por el Pentágano como MOAB (Massive Ordnance Air Blast), o la “madre de todas las bombas”, para su uso en Afganistán.

Mientras que el Pentágono ha publicado pocos detalles sobre el impacto del bombardeo, uno puede estar seguro de que el número total de muertes resultantes de la MOAB es un masivo multiplicado del número de muertos en el presunto ataque de gas sirio, asumiendo -que esto no está seguro de que el ataque de gas haya tenido lugar.

Setenta y dos años después de la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, el imperialismo americano se ha probado una vez más que es la fuerza más cruel y criminal del planeta.

El uso de la MOAB tiene implicaciones que van más allá de Afganistán. Demuestra -y éste es, de hecho, el objetivo principal del ataque- que no hay restricciones sobre lo que el ejército estadounidense está dispuesto a hacer en la búsqueda de los intereses del imperialismo estadounidense.

En el contexto de las tensiones militares aumentando desde la península Coreana y Siria hasta Europa del este, la detonación de la bomba masiva sobre Afganistán representa una advertencia para Rusia, Irán, Corea del Norte y cualquier país que se atreva a desafiar los intereses de Washington de que no hay límite para el nivel de violencia que el imperialismo estadounidense desatará contra ellos.

El arma MOAB, conocido oficialmente como “GBU-43 / B”, detonó cerca de 20.000 libras de explosivos en el aire, encendiendo la atmósfera y creando una conmoción masiva que elimina todo dentro de un radio de 1.000 yardas. Sus ondas de choque son capaces de matar gente en un radio de hasta 1,7 millas.

El impacto de la explosión es el equivalente a un arma nuclear para las personas atrapadas en la zona objetiva.

Diseñado para su uso en la campaña “shock and awe” desencadenada con la invasión estadounidense de 2003 en Irak, nunca fue utilizada en combate durante 14 años. Aun cuando el Pentágono llevó a cabo una guerra y ocupación que cobró un millón de vidas iraquíes, el arma fue vista como demasiado destructiva para servir a los propósitos estratégicos de Estados Unidos.

La planificación para el uso de esta espantosa arma en Afganistán comenzó bajo la administración de Obama.

Según el mando del Pentágono, esta auténtica “arma de destrucción masiva” fue lanzada por primera vez en un remoto distrito de la provincia de Nangarhar, en el este de Afganistán, para borrar las presuntas cuevas y túneles utilizadas por elementos de la filial afgana del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS).

No hay una justificación táctica inmediata, mucho menos estratégica, para lanzar un arma tan masiva en una banda pequeña y poco armada de guerrillas islámicas – un grupo fundado con Pakistán que simplemente adoptó el logotipo de ISIS. En cambio, el ataque tiene todas las características de una calculada demostración del poderío militar estadounidense, el más espantoso que podría ser usado cerca de un ataque nuclear.

El bombardeo se produjo apenas una semana después de que Washington realizó un acto abierto de agresión militar contra Siria, disparando 59 misiles de crucero en una base aérea del gobierno y matando al menos a 15 sirios, la mayoría civiles.

Ese ataque se justificó en nombre de represalias por un presunto ataque con armas químicas atribuidas al gobierno sirio. Damasco negó el uso de tal arma y, a pesar de las interminables mentiras de los medios occidentales, toda evidencia objetiva apunta a una provocación protagonizada por la CIA y los combatientes vinculados a Al Qaeda que apoyan a los EEUU en Siria.

Incluso según el gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación producían propaganda de guerra sobre el ataque fabricado de “armas químicas” en Siria, Washington estaba preparado para lanzar su mayor arma no nuclear sobre Afganistán.

El Pentágono ha afirmado que “tomó todas las precauciones para evitar víctimas civiles con este ataque”. Tales promesas, hechas repetidamente según el ejército estadounidense ha matado a millones de personas en todo el Oriente Medio, carecen de valor. Según los informes iniciales, hay varias aldeas cercanas al área del objetivo y, con toda probabilidad, las muertes y lesiones de civiles serán enormes.

En este momento, nadie sabe cuál es el daño total de este ataque y, si se deja a los medios de comunicación de EE.UU., nadie se le dirá nunca. Los mismos editorialistas para los órganos de la Cámara de Representantes de la CIA, como el New York Times y las noticias televisadas donde hablan parlamentarios que han repetido denuncias del gobierno sobre el régimen de Asad de la provocación de armas químicas en Siria son completamente indiferentes a la pérdida de vidas provocadas por la bomba estadounidense lanzada en Afganistán.

Del mismo modo, los medios de comunicación ignoran en gran medida la continua matanza causada por las bombas y misiles estadounidenses sobre el pueblo de Irak y Siria. El miércoles, un ataque aéreo estadounidense en el oeste de Mosul mató a 13 civiles mientras dañando a otros 17, la mayoría de ellos seriamente. El mismo día, una agencia de la ONU describió la devastación provocada por el ataque estadounidense a la ciudad iraquí, donde cientos, si no miles de hombres, mujeres y niños han muerto: “Los hogares están siendo destruidos. Las escuelas y los centros de salud están dañados y la infraestructura pública crucial, incluida la electricidad y las estaciones de agua están en ruinas “, según el informe, con la destrucción convirtiendo a 300.000 personas en refugiados sin hogar.

Mientras tanto, en el norte de Siria, aviones de combate estadounidenses llevaron a cabo un ataque aéreo de “fuego amistoso” que mató a 18 combatientes kurdos, mientras que el gobierno sirio informó que una bomba estadounidense voló un depósito de armas de Al Qaeda, extendiendo agentes químicos que podrían haber matado a cientos de civiles. Ninguno de estos incidentes recibe una cobertura significativa; Y mucho menos anuncian el escándalo moral de aquellas lágrimas de cocodrilo que lloran sobre las víctimas del presunto ataque químico por el que se ha formulado al gobierno sirio.

¿Quiénes son esas personas para dar una conferencia sobre “derechos humanos” y mucho menos para posicionarse como opositores del “terrorismo”? Una vez más, el imperialismo estadounidense ha demostrado al mundo que no está sometido a ninguna restricción del derecho internacional y mucho menos a la moralidad. Sus acciones violentas y depredadoras en el escenario mundial son expresión directa del carácter criminal y parásito de la clase dominante capitalista estadounidense, personificada en la repugnante figura de Donald Trump.

Esta última atrocidad se produce quince años y medio después de que Estados Unidos invadió Afganistán, derrocando al gobierno talibán, instalando su propio régimen de títere y llevando a cabo una sangrienta guerra y ocupación desde entonces. Según cálculos conservadores, el número de muertos en el país desde 2001 es de unos 200.000, con cientos de miles de heridos y millones de refugiados. Desde el principio, el propósito de esta intervención fue subyugar al pueblo afgano a la dominación semi-colonial americana y al impulso del imperialismo estadounidense para afirmar su hegemonía sobre la región rica en energía de Asia Central.

El momento del bombardeo fue significativo. Se produjo en la víspera de las conversaciones convocadas para el 14 de Abril en Moscú sobre un acuerdo de paz en Afganistán. Rusia ha convocado la reunión con China y Pakistán, con la participación de otros nueve países, entre ellos India e Irán. El Talibán ha indicado que puede unirse a las conversaciones. Mientras estuvo invitado, Washington no confirmó si asistirá, y los comandantes militares estadounidenses han hecho repetidas acusaciones infundadas de apoyo ruso a los talibanes.

Ya sea que se produzca un enfrentamiento armado entre aviones de guerra estadounidenses y rusos en los cielos de Siria, en un ataque militar contra Corea del Norte o en una provocación en las fronteras occidentales de Rusia, el siguiente paso del arma lanzado contra Afganistán es el lanzamiento de misiles nucleares.

Trabajadores y jóvenes en los Estados Unidos e internacionalmente deben responder a estos eventos ominosos con la mayor seriedad y una determinación para detener el capitalismo estadounidense y global de envolver al planeta en una tercera guerra nuclear mundial.

Las protestas deben organizarse en todo Estados Unidos y en todo el mundo contra las últimas atrocidades cometidas en Afganistán, Siria e Irak como parte de la lucha por construir un movimiento contra la guerra en masa basado en la clase obrera y el programa del internacionalismo socialista. En el centro de esta lucha está la necesidad de construir el Partido de la Igualdad Socialista y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional -los únicos opositores políticos consistentes del imperialismo mundial- como la dirección revolucionaria de la clase obrera.

Francia: el meteórico ascenso de Mélenchon en las elecciones presidenciales, la burguesía entra en pánico  

 

 por Jorge Martín//

Las últimas tres semanas han visto una rápida progresión del candidato de La Francia Insumisa en las encuestas para las elecciones presidenciales: de estar en el quinto lugar con alrededor del 11%, a estar tercero con más del 18% en la actualidad. Este rápido aumento se ha visto acompañado de una disminución lenta pero constante de la intención de voto para los dos candidatos mejor situados, la ultraderechista Le Pen (de un máximo del 28% hasta el 24%) y el liberal thatcherista Macron (de un máximo del 26% al 23%).

Esto significa que Mélenchon tiene una oportunidad de entrar en la segunda ronda. Esto ha llevado el pánico a la clase dominante, en Francia y a nivel internacional. Los pesimistas que sólo veían un “giro a la derecha” y el “peligro del fascismo” se han equivocado.

La posibilidad de una segunda ronda enfrentando a Le Pen con Mélenchon ha sido descrita por The Economist como la “opción de pesadilla”. Las encuestas muestran que Mélenchon derrotaría a Le Pen con el 57 por ciento contra 43. Como reflejo de los temores de la clase dominante, el diferencial entre los bonos franceses y alemanes se ha disparado hasta 75 puntos básicos (desde alrededor de 30 a finales del año pasado). El Financial Times señala que esta “elección es ya la más impredecible en una generación” y añade que “los tres principales candidatos en las urnas provienen ahora desde fuera de los principales partidos políticos.”

Uno de los principales periódicos burgueses franceses, Le Figaro dedica el conjunto de su portada alarmista a atacar a Mélenchon. “El proyecto delirante del Chávez francés” grita un titular. “Maximiliano Illich Mélenchon”, dispara el editorial. “Castro, Chávez… Mélenchon, el apóstol de los dictadores revolucionarios”. Los artículos compararan a Mélenchon con Maximiliano Robespierre, Lenin, Trotsky y Fidel Castro.

El ascenso de Mélenchon en las encuestas se puede atribuir a varios factores. El primero y más importante es el hecho de que su programa y discursos aparecen como un rechazo tajante a todo el orden de cosas existente. Esta es la forma en que lo describe, en términos de pánico, el FT: “él ha prometido aumentar el gasto en más de € 250 mil millones al año, reducir la semana laboral legal de 35 a 32 horas y un impuesto del 100 por ciento a los que tengan ingresos 20 veces mayores al ingreso medio. En política exterior, quiere que Francia abandone la OTAN y renegociar totalmente la relación del país con la UE. Si la negociación fracasa, él dice que será “el pueblo francés” quien decida si permanece en el bloque“.

La totalidad de la campaña electoral francesa está dominada por un estado de ánimo profundamente arraigado en el rechazo al orden establecido. Fillon fue un candidato sorpresa de la derecha, venciendo a los favoritos Sarkozy y Juppé en las primarias. Él mismo ha caído en desgracia por un escándalo de corrupción que lo ha empujado hacia abajo en las encuestas. El ganador de las primarias del Partido Socialista, Hamon, también venció al favorito Valls adoptando, en palabras, un programa que sonaba muy izquierdista, parte del cual fue copiado de Mélenchon.

De hecho, hace sólo unas semanas, el conjunto de la opinión pública “progresista” (incluyendo Owen Jones), estaba ejerciendo presión sobre Mélenchon para que se retirara de la carrera a favor de Hamon a fin de “no dividir el voto de izquierda” y “permitir que un izquierdista pasara a la segunda ronda”. Mélenchon, correctamente, se mantuvo firme y consistente en permanecer como el más radical de los candidatos de izquierda. Primero superó Hamon, y ahora ha alcanzado a Fillon, e incluso consiguió una estrecha ventaja sobre éste en algunas encuestas de esta semana.

Esto revela otro hecho importante que debe ser registrado: el colapso del apoyo al candidato oficial del PS que ahora languidece en torno al 8-9%. El gobierno del Partido Socialista, que fue elegido en 2012 con un programa que estaba nominalmente en favor de puestos de trabajo en oposición a la austeridad, pasó a aplicar un programa de recortes, ataques sin precedentes a los derechos democráticos (utilizando el terrorismo como excusa) y un asalto total sobre los derechos de los trabajadores en la forma de la contrarreforma laboral de la ministra el-Khomri. Esto último provocó un gran movimiento de protesta, uno de los más importantes desde mayo de 1968, en el que millones de trabajadores y jóvenes salieron a las calles y se declararon en huelga durante meses, hace un año. Al mismo tiempo vimos una rebelión de la juventud en el movimiento Nuit Debout, con la ocupación de las plazas. El movimiento no alcanzó sus objetivos de detener la contra-reforma, pero como hemos explicado, en ese momento se preparó el terreno para que los trabajadores se desplazaran desde el frente industrial al terreno electoral en un intento de encontrar una salida.

Toda la experiencia de los gobiernos de Hollande, con las jefaturas de gobierno de Ayrault primero y Valls después, crearon una profunda grieta entre el PS y una gran parte de su base de votantes tradicionales. Sólo el 24% de los que votaron por Hollande en 2012 votarían ahora por Hamon, el 26% votaría a Mélenchon y el 43% al liberal Macron (ex ministro en el gobierno “socialista”).

Como las posibilidades de Mélenchon para pasar a la segunda ronda aumentan, es probable que incluso una parte mayor de los partidarios de Hamon cambiarán su lealtad (el 46% indica que no está seguro de su voto y aún podría cambiar).

Su ascenso ha coincidido con los dos debates televisados en los que millones pudieron ver las distintas propuestas en curso sin la filtración habitual de los medios capitalistas. La noche del segundo debate televisado, el 4 de abril, una encuesta instantánea de ELABE mostró que los espectadores pensaban que Mélenchon había sido el candidato más convincente (25%) y también “quien mejor entiende a la gente como yo” (26%).

Otro factor en el ascenso de Mélenchon ha sido la manera en que su campaña ha sido capaz de movilizar a un gran número de gente en grandes mítines, mucho más grandes que cualquier otro partido, e incluso más grandes que los que vimos en la campaña presidencial anterior en 2012. El 18 de marzo, aniversario de la Comuna de París, reunió a 130.000 en la Plaza de la Bastilla de París. El domingo, 9 de abril, hubo un acto masivo con 70.000 en Marsella, un bastión tradicional del Frente Nacional, pero que también fue uno de los centros más radicales de protesta de los trabajadores contra la ley el-Khomri.

Estos actos no sólo permiten el candidato evitar el boicot y las mentiras de los medios capitalistas sino también dar a los presentes y a los que observan en las redes sociales y más allá, un sentido de su propia fuerza, de los números que hay detrás de la candidatura, y tienen un impacto multiplicador. Por otra parte, la campaña no se basa en los recursos de ningún partido en particular (el apoyo de las estructuras del partido comunista es, en el mejor de los casos, modesto, y el propio Partido de Izquierda de Mélenchon es muy pequeño), sino más bien en la movilización de las bases de decenas de miles a través organizaciones locales y de barrio, pertenecientes a la campaña de “La Francia Insumisa”.

Es significativo que el sector de la población donde el apoyo a Mélenchon es más alto es entre los jóvenes. Él es el principal candidato entre aquellos de entre 18 y 24 años de edad, con un 29%. Él también tiene un fuerte apoyo tanto entre los trabajadores de mono azul (18%) como de cuello blanco (20%), en los que ocupa el segundo lugar detrás de Le Pen. Ella es todavía la primera entre los trabajadores de mono azul, pero ha ido perdiendo algo de terreno, desde el 45% hasta 39%.

Hay que señalar que, en nuestra opinión, el programa de Mélenchon tiene una serie de deficiencias, que ya hemos hablado en otro lugar. La cuestión clave es que su programa de reformas sociales y económicas progresistas en los campos de la salud, educación, derechos de los trabajadores, etc. tiene que ser financiado. La derecha ha hecho un gran escándalo de este tema: no hay dinero para pagar todo eso, dicen. Mélenchon ha respondido con la presentación de un programa agresivo de impuestos a los ricos, del que incluso ha sacado un juego en línea (fiscal Kombat) en el que el propio candidato sacude a los ricos y poderosos (incluyendo Sarkozy, Lagarde, etc.) para obtener los fondos necesarios.

Por supuesto, los marxistas estamos a favor del sistema de impuestos más progresivo posible y de luchar contra la evasión fiscal. El problema es que esto llevaría inmediatamente a una fuga de capitales hacia otros países con regímenes fiscales más bajos (como vimos cuando Hollande aplicó su impuesto del 75% sobre la riqueza en 2014, que más tarde fue obligado a abandonar). Como vemos ya en los movimientos de pánico de los mercados de bonos, una victoria de Mélenchon llevaría inmediatamente a un asalto de “los mercados”. Al igual que ocurrió con Grecia, un gobierno Mélenchon sería puesto bajo una inmensa presión por la clase capitalista y sus instituciones (en particular la Comisión Europea y el Banco Central) para que capitule en todos los frentes, incluso en su propio programa limitado. La lección de Grecia es que, dentro de los límites del capitalismo, no es posible romper con la austeridad de una manera seria. O bien se hace que los trabajadores paguen la crisis del capitalismo o se rompe con el capitalismo y se les hace pagar a los grandes capitalistas. Eso significa que no sólo se trata de aumentar los impuestos a los ricos, sino que sobre todo hay que poner los medios de producción, distribución e intercambio que poseen, bajo propiedad y control democrático común, de manera que los recursos del país se puedan utilizar para el beneficio de la mayoría y no de una camarilla por arriba no elegida y que no responde ante nadie.

Por supuesto, una victoria de Mélenchon en Francia no sería exactamente igual que en Grecia. Después de todo, Francia es uno de los países centrales de la UE, con la segunda mayor economía de la zona euro. Una victoria de un candidato de izquierda en Francia tendría un enorme impacto en toda Europa, especialmente en su vecina Italia, que ya está sumida en una profunda crisis económica y política. Aceleraría grandemente todas las fuerzas centrífugas de la UE.

Lo más importante a entender es que esta es una escuela necesaria por la que tienen que pasar los trabajadores y los jóvenes de Francia, ya que una genuina alternativa revolucionaria no está presente en número e influencia suficientes. Lo que ven los cientos de miles de personas que miran hacia Mélenchon, no es tal o cual defecto en su programa, sino más bien, de una manera más o menos definida, un programa que expresa su ira y su rechazo a la totalidad del sistema. El 23 de abril tienen la oportunidad de descargarle un golpe.

Deudas privadas ilegítimas y lucha de clases

por Eric Toussaint//

El endeudamiento privado fue utilizado por las clases dominantes, desde los comienzos de la historia hace 5000 años, para esclavizar, expoliar, dominar y desposeer a las clases populares —entre ellas, a las mujeres que son las principales víctimas—, a las clases trabajadoras: pequeños campesinos, artesanos, pescadores hasta los asalariados de ahora y los miembros de sus familias —el endeudamiento de los estudiantes para poder proseguir sus estudios— 1/. El proceso era (y continúa siendo) simple: el prestamista exigía al prestatario que ella o él pusiera como garantía lo que poseía. Por ejemplo, la tierra que tenía y cultivaba el campesino, o las herramientas de trabajo si se trataba de un artesano. El reembolso del préstamo se hacía en especie o en moneda. Para pagar el préstamo, como el tipo de interés era elevado, el prestatario estaba obligado a transferir al prestamista un gran parte de su trabajo y se empobrecía. Si no podía pagar la deuda, el prestamista desposeía al deudor del bien que había puesto como garantía. En algunas sociedades, eso podía llegar a la pérdida de la libertad del deudor y/o de miembros de su familia. Era la esclavitud por deudas. En Estados Unidos y en algunos países europeos la falta de pago de una deuda podía ser sancionada por la ley mediante mutilaciones físicas hasta comienzos del siglo xix. Incluso hasta ahora, el impago de deudas es punible con penas de cárcel, ya sea en Europa o en otras partes del mundo.

 Deudas privadas a través de los tiempos

Desde hace 5000 años, las deudas privadas tuvieron una función crucial en las relaciones sociales. La lucha entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados, tomó con mucha frecuencia la forma de un conflicto entre acreedores y deudores. Con una remarcable regularidad hubo insurrecciones populares que comenzaban de la misma manera: por la destrucción ritual de los documentos correspondientes a la deuda (tabletas, papiros, pergaminos, libros de contabilidad, registro de impuestos…)

La nueva crisis internacional, que comenzó en 2007, reveló el comportamiento fraudulento de los bancos. Como consecuencia de unas expulsiones masivas de viviendas que se sucedieron en Estados Unidos, en España y en otros lugares, cada vez más personas cuestionan las deudas en países en los que habitualmente la obligación de pagar un crédito era (hasta hace poco) incontestable. Ada Colau, elegida alcaldesa de Barcelona en 2015, reunió en torno a su persona, a partir de 2012, un importante sostén popular al participar activamente en una plataforma contra los desahucios realizados por los bancos en contra de familias incapaces de continuar el pago de sus deudas hipotecarias. Algunos años antes, hubiera sido inimaginable que una mujer o un hombre fuera elegido para un alto cargo después de haber organizado ocupaciones ilegales de bancos para defender a las familias que habían suspendido el pago de una deuda. En todo el planeta, los movimientos sociales cuestionan el pago de deudas privadas ilegítimas ya sean hipotecarias o de estudiantes, ya sean reclamadas por grandes bancos privados o por agencias de microcréditos.

Estas son, a grandes rasgos, algunas etapas históricas del sistema deuda privada en Oriente Próximo, en Europa y en otras partes del mundo conquistadas por las potencias europeas. Habría que completar con lo que pasaba en Asia, en África y en las Américas precoloniales, pero el cuadro aquí esbozado ya es bien elocuente.

En el tiempo de las malas cosechas, la imposibilidad de los campesinos para reembolsar las deudas contraídas con el Estado (impuestos en especie impagados) o con altos funcionarios y dignatarios del régimen acababa regularmente con la desposesión de las tierras de los campesinos y con su esclavitud. Incluso miembros de sus familias eran reducidos a esa esclavitud por deudas. Con el fin de responder al descontento popular, el poder establecido anulaba periódicamente las deudas privadas /2 y restauraba los derechos del campesinado. Las anulaciones daban lugar a grandes celebraciones en cuyo transcurso se destruían las tabletas de arcilla en las que se encontraban contabilizadas las deudas.

Hubo una treintena de anulaciones generales de deudas privadas entre -2400 y -1400 /3. Uno de los decretos de anulación determinaba que los acreedores oficiales y los cobradores de impuestos que hubieran expulsado a campesinos de sus tierras debían indemnizarlos. Si un acreedor había acaparado un bien mediante presión, lo debía restituir y/o reembolsarlo completamente, y si no lo hacía era condenado a muerte.

Después del -1400, ya no se encuentra ningún acta de anulación de deudas en Mesopotamia. Las desigualdades se habían reforzado y desarrollado con fuerza. Las tierras eran acaparadas por los grandes propietarios privados, y se arraigó la esclavitud por deudas. Durante los siglos siguientes, se tiene, no obstante, la prueba de violentas luchas sociales entre acreedores y deudores.

A partir del siglo viii a.c., encontramos en Egipto proclamaciones de anulaciones de deudas y de liberación de esclavos por deudas. Una de las motivaciones fundamentales de las anulaciones de deudas era que el faraón quería disponer de un campesinado capaz de producir los alimentos suficientes y, a su vez, disponible para participar en las campañas militares. Por esas dos razones, se tenía que evitar que los campesinos fueran expulsados de sus tierras por los acreedores.

En otra parte de la misma región, se constata que los emperadores asirios del primer milenio a.c. adoptaron la tradición de anulación de deudas. Pasó lo mismo en Jerusalén en el siglo v a.c.

Como prueba, en -483, Nehemías, ciertamente influido por la antigua tradición mesopotámica, proclamó la anulación de las deudas a los judíos endeudados con sus ricos compatriotas. Fue en esa época en la que se termina la Torah /4. La tradición de las anulaciones generalizadas de deudas forma parte de la religión judía y de los primeros textos del cristianismo vía el Deuteronomio que proclama la obligación de anular las deudas cada 7 años y el Levítico que lo exige en cada jubileo o sea cada 50 años /5.

Durante siglos, numerosos comentaristas de textos antiguos, comenzando por las autoridades religiosas de la parte de las clases dominantes, afirmaron que esas prescripciones solo tenían un valor moral o que constituían votos piadosos. Sin embargo, las investigaciones históricas de los dos últimos siglos demostraron que esas prescripciones correspondían a prácticas comprobadas /6.

Cuando las clases privilegiadas lograron imponer sus intereses de forma definitiva, las anulaciones desaparecieron, pero su tradición quedó inscrita en los textos fundadores del judaísmo y del cristianismo. Las luchas por la anulación de las deudas privadas jalonaron la historia de Oriente Próximo y del Mediterráneo hasta la mitad del primer milenio de la era cristiana.

En el «Padre Nuestro», la oración cristiana más conocida, en lugar de la traducción actual “…perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden…”, el texto griego original de Mateo (capítulo 6, versículo 12) dice “… perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores…”. Por otro lado en alemán y neerlandés la palabra Schuld expresa el pecado y la deuda. Aleluya, ese término utilizado en todas las religiones judías y cristianas que es un signo de alegría, proviene de la lengua hablada en Babilonia en el 2º milenio a.c., y significaba la liberación de los esclavos por endeudamiento /7.

Grecia: En Grecia, a partir del siglo I a.c., acontecieron luchas muy importantes contra la esclavitud por endeudamiento y para la anulación de las deudas privadas del pueblo. Aristóteles escribió en La Constitución de los atenienses: “Los hombres pobres con su esposa y sus hijos se convirtieron en los esclavos de los ricos”. Se desarrollaron luchas sociales y políticas que consiguieron disposiciones legales que prohibían la esclavitud por deudas. Se trataba principalmente de las reformas de Solón en Atenas. En Megara, una ciudad vecina de Atenas, una facción radical llegó al poder. Allí se prohibió los préstamos con interés y se hizo de manera retroactiva, obligando a los acreedores a restituir los intereses percibidos /8.

Al mismo tiempo, hubo ciudades griegas que se lanzaron a una política de expansión fundando colonias desde Crimea hasta Marsella, especialmente con los hijos de los pobres endeudados. En esas colonias, la esclavitud se desarrolló fuertemente y de una manera más brutal y opresiva que en las sociedades del Creciente fértil que las precedieron.

Roma: Las crisis de la deuda privada causaron numerosas luchas políticas y sociales. Según la ley romana primitiva, los acreedores podían ejecutar a los deudores insolventes. El fin del siglo IV a.c. estuvo marcado por una fuerte reacción social contra el endeudamiento. Si bien la esclavitud por deudas fue abolida para los ciudadanos romanos, la abolición del préstamo con intereses no fue aplicada durante largo tiempo. Las fuertes crisis de endeudamiento privado se produjeron en los siglos siguientes tanto en la península italiana como en el resto del imperio romano. El historiador Tácito escribía a propósito de una crisis de endeudamiento producida en el año 33 d.c., durante el reino de Tiberio: “El préstamo con interés era un mal inveterado en la ciudad de Roma, y una causa muy frecuente de sediciones y de discordias; también se lo contenía incluso en los tiempos antiguos…” /9.|

Feudalismo: Al comienzo del feudalismo, una gran parte de los productores libres fueron convertidos en siervos ya que los campesinos cargados de deudas eran incapaces de reembolsarlas. Ocurrió, especialmente, durante el reino de Carlomagno a fines del siglo VIII y comienzos del siglo IX /10.

Las religiones judías, musulmana y cristiana en relación a los préstamos con intereses

Desde sus orígenes, la religión musulmana prohibió el crédito con interés. El judaísmo lo prohibió en el seno de la comunidad judía, pero enmendó esa posición bajo la presión de los ricos y lo autorizó a partir del primer siglo d.c. /11 La religión cristiana lo prohibió hasta el siglo XV. Las autoridades protestantes y católicas terminaron por promoverlo.

 En Europa, el problema de las deudas privadas volvió bajo una forma exacerbada a fines de la Edad Media

El problema de las deudas privadas se exacerbó, a partir de los siglos XIII y XIV, con la monetarización de las relaciones. En efecto, el trabajo gratuito y los impuestos en especie fueron progresivamente reemplazados por sumas de dinero. Por consiguiente, los campesinos, los artesanos, etc. debían endeudarse para poder pagar sus impuestos. Al ser incapaces de reembolsar los préstamos, cada vez más campesinos, artesanos u obreros fueron víctimas de confiscaciones, desposeídos y/o encarcelados, y con frecuencia mutilados /12.

En 1339, en Siena (Italia), el gobierno municipal de la ciudad anunció al Concejo que era necesario abolir el encarcelamiento por deudas, puesto que si no se hiciere, se tendría que encarcelar a casi todos sus ciudadanos tanto era el grado de endeudamiento. Dieciséis años más tarde, en 1355, el pueblo de Siena se sublevó e incendió la sala del palacio municipal donde se guardaban los libros de contabilidad. Querían hacer desaparecer los rastros de las deudas que se les reclamaba y que, a sus ojos, eran odiosas /13.

Otro de los hechos que demostraban el rechazo a la explotación mediante la deuda se produjo en Florencia, a fines del siglo XIV, cuando las clases trabajadoras tomaron momentáneamente el poder. Liderados por los Ciompi—se llamaban así los obreros jornaleros de la industria textil— se reivindicaba, entre otras cosas: suprimir la amputación de una mano en el caso de un impago de deuda y declarar una moratoria sobre las deudas impagadas /14. Exigían también un puesto en el gobierno y que los ricos pagaran más impuestos. En la misma época, se desarrollaron acontecimientos similares en Flandres, Valonia, Francia, Inglaterra…

 El rechazo de las deudas estuvo en el núcleo de las insurrecciones masivas de campesinos en el mundo germánico en los siglos XV y XVI: Thomas Münzer

Desde 1470 hasta 1525, una multitud de sublevaciones campesinas desde Alsacia hasta Austria, pasando por la mayoría de las regiones de Alemania, Bohemia, Eslovenia, Hungría y Croacia, estaban ligadas en gran parte al rechazo de las deudas reclamadas a los campesinos y a los ciudadanos de las clases dominadas. Centenares de miles de campesinos tomaron las armas, destruyendo centenares de castillos y decenas de monasterios y conventos. La represión produjo más de 100.000 muertos entre el campesinado /15. Durante una de las rebeliones, en 1493, los campesinos sublevados exigieron el establecimiento de un año de jubileo en el que todas las deudas serían anuladas /16. Thomas Münzer, uno de los líderes de las sublevaciones campesinas, decapitado en 1525 a la edad de 28 años, reclamaba la aplicación integral de los Evangelios y especialmente la anulación de las deudas. A ello se oponía Martín Lutero que, después de haber comenzado en 1519-1520 con la denuncia de la usura y de la venta de indulgencias por parte de la iglesia católica, terminó defendiendo en 1524 los préstamos con intereses y a exigir que los campesinos y todos los endeudados reembolsaran sus deudas. Lutero propugnaba, en oposición a las rebeliones campesinas, “un gobierno temporal severo y duro que imponga a los malos (…) devolver sus deudas… nadie debe imaginarse que el mundo pueda gobernarse sin que se derrame sangre; el poder temporal solo puede ser rojo y sangriento, puesto que el mundo quiere y debe ser maligno; y la espada es la vara de Dios y su venganza contra el mundo” /17. En el conflicto que enfrentaba a los campesinos y otros componentes del pueblo (en particular la plebe urbana así como los sectores más pauperizados, vagabundos, mendigos…) a las clases dominantes locales, Martín Lutero había escogido su campo y proclamaba que las leyes del Antiguo Testamento como el año de jubileo ya no eran aplicables. Según Lutero, el Evangelio describía solamente un comportamiento ideal, ya que en la vida real, una deuda siempre ha de ser pagada.

En un texto anónimo que circuló por Alemania a partir de 1521, se podía leer este diálogo entre un paisano y un notable que describe muy bien la utilización del endeudamiento para desposeer al trabajador de su herramienta de trabajo o de su tierra:

Campesino: ¿Qué me trae aquí? Eh, bueno, querría saber en qué pasa usted el tiempo.

Notable: ¿Y cómo lo debería pasar? Estoy aquí, sentado contando mi dinero. ¿Acaso no lo ves?

Campesino: Dígame señor, ¿quién le ha dado tanto dinero que usted pasa su tiempo contándolo?

Notable: ¿Quieres saber quién me ha dado este dinero? Te lo voy a decir. Un campesino golpeó a mi puerta para pedirme prestado 10 o 20 florines. Me informo si posee un trozo de buena tierra. Y me dice: “Sí, señor, tengo un buen prado y un excelente campo que valen los dos una centena de florines”. Le respondo: « ¡Perfecto! Pon como garantía tu prado y tu campo, y si te comprometes a pagar un florín por año de interés, puedes tener tu préstamo de 20 florines». Contento de escuchar estas buenas noticias, el campesino replica: “le doy gustosamente mi palabra”. Pero yo agrego “Debo prevenirte que si ocurre que tú no satisfaces tu pago a tiempo, tomaré posesión de tu tierra y seré su propietario.» Eso no preocupa al campesino, y compromete conmigo sus pastos y su campo. Le presto el dinero y el campesino paga los intereses puntualmente durante un año o dos; pero luego aparece una mala cosecha y pronto se halla en un retraso del pago. Confisco su tierra, lo expulso, y su campo y su prado son míos. Y hago esto no solo con campesinos sino también con artesanos” /18.

He aquí, resumido con palabras muy simples, el proceso de desposesión al que los campesinos y artesanos de Alemania y de otros lugares intentaban oponerse.


La conquista de las Américas y la imposición de la servidumbre por deudas a través del peonaje

Durante la conquista de las Américas, la imposición de la dominación europea fue paralela a la servidumbre por deudas de las poblaciones nativas /19. El peonaje fue la forma utilizada (.). El diccionario Littré definía en el siglo XIX el peonaje de la siguiente manera: “Se dice en México, de una especie de esclavitud impuesta a los indígenas, y que resulta de la potestad que tiene los propietarios de retenerlos y obligarlos a trabajar gratuitamente hasta saldar las deudas que esos trabajadores habían contraído con la propiedad”. El peonaje era un privilegio por el que el terrateniente podía retener a los peones y obligarles a trabajar gratuitamente en sus haciendas hasta la completa cancelación de las deudas que hubiesen contraído. Estos empeños, pagaderos con el trabajo futuro, eran, además, transmisibles de padres a hijos, lo que de hecho los convertía en una forma de servidumbre. En México, no fue abolido hasta 1910, durante la revolución.

 

 

Notas:

1/ Se debe hacer una aclaración: el autor no denuncia el endeudamiento privado en todas las circunstancias. El artículo se concentra en el endeudamiento privado cuando se lo utiliza como medio de expolio y de desposesión

2/ En esta época, el Estado no tenía deudas. Asimismo, el Estado en el antiguo Egipto, Grecia y Roma tampoco pedía créditos, salvo casos excepcionales en el caso de Roma. En Europa, los Estados no comenzaron a endeudarse sistemáticamente hasta los siglos xiii y xiv, y no dejaron de hacerlo hasta ahora.

3/ Michael Hudson, “The Lost Tradition of Biblical Debt Cancellations”, 1993, p. 87; “The Archaeology of Money”, 2004. Véase también: David Graeber En deuda: una historia alternative de la economía, Editorial Ariel, Barcelona, 2014. Y Éric Toussaint, “La amplia tradición de anulación de deudas en Mesopotamia y Egipto del 3º al 1º milenio antes de J.C.”, http://www.cadtm.org/La-amplia-trad…

4/ La Torah (ley religiosa judía) es la compilación de textos que forman los cinco primeros libros de la Biblia: el Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio.

5/ Véase Isabelle Ponet; “La remisión de las deudas en la Tierra de Canaán durante el primer milenio antes de Cristo”, http://www.cadtm.org/La-remision-de…

En el Levítico, encontramos no solo la exigencia de la anulación de deudas sino también la liberación de esclavos por deudas y de todas sus familias, y la restitución de sus campos y casas. Pero, atención, eso era solo para la comunidad de Israel no para los otros pueblos.

6/ Michael Hudson, op. cit.

7/ Michael Hudson, ibid., p. 27.

8/ Véase David Graeber, op.cit.

9/ Tácito, Anales, 6.16.1, citado por Andreau, http://www.cadtm.org/Endeudamiento-…

10/ Véase Karl Marx, El Capital, libro 3, Notas sobre la usura precapitalista. Véase también Ernest Mandel Tratado de economía marxista, Ediciones Era, S.A. México D. F., 1969; Tomo I, capítulo IV; sección: El capital usurario. Descarga libre en pdf: https://teoriasociologicai.files.wo…

11/ El rabino Hillel había decretado que los judíos debían agregar una cláusula a los contratos realizados entre ellos mismos, según la cual renunciaban a la aplicación de la Torah y del Talmud que instituían una anulación periódica de las deudas. Por otro lado, la religión judía autorizaba los préstamos con interés a los no judíos.

12/ Silvia Federici, en su libro, Calibán y la bruja, p. 47, muestra cómo esta evolución afectó aún más gravemente a las mujeres del pueblo. Véase Silvia Federici, Calibán y la bruja, Traficantes de sueños, Madrid, 2014.

13/ Patrick Boucheron, Conjurer la peur, Seuil, París, 2013, pp. 213-215.

14/ Véase Silvia Federici, op. cit., pp. 68-73. Véase también, Patrick Boucheron, ibid, p.189

15/ Véase Friedrich Engels (1850), La guerra campesina en Alemania, Editorial Capitán Swing Libros S.L., Madrid, 2009. Véase también, David Graeber, op. cit. Capítulo 11, La edad de los grandes imperios capitalistas (1450-1971), pp. 423- 429

16/ Remitimos a la versión francesa: Friedrich Engels (1850), La guerre des paysans en Allemagne, Éd. Sociales, Paris, 1974

17/ Martín Lutero, 1524, Sobre el comercio y la usura, José J. Olañeta Editor, Mallorca, 2009.

18/ Citado por Silvia Federici en Calibán y la bruja, op. cit. p.115, nota 48, tomado de G. Strauss (ed.) Manifestations of Discontent on the Eve of the Reformation, Bloomington, Indiana University Press, 1971, pp. 110-111.

19/ El papa Nicolás V había autorizado en enero de 1455 la servidumbre perpetua de las poblaciones consideradas como enemigas de Cristo. Eso justifico, entre otras aberraciones, la esclavitud de los africanos en esa época (especialmente en las plantaciones creadas por los portugueses en Madeira) y después permitió a los conquistadores europeos hacer lo mismo en el Nuevo Mundo. He aquí un extracto de la bula Romanus Pontifex: “Nosotros, considerando la deliberación necesaria para cada una de esas materias indicadas, y visto que anteriormente, fue concedido a dicho rey Alfonso de Portugal por otras cartas, entre otras cosas, la facultad plena y completa con respecto a cualquier sarraceno, pagano y otros enemigos de Cristo, en cualquier lugar donde se encuentren, y los reinos, ducados, principados, señorías, posesiones, bienes muebles e inmuebles que ellos posean, de invadirlos, conquistarlos, combatirlos, vencerlos y someterlos; y de reducir a una servidumbre perpetua a los miembros de sus familias, de apoderarse para su propio provecho y para el de sus sucesores, apropiarse y utilizar para su propio uso y para l de sus sucesores, sus reinos, ducados, condados, principados, señorías, posesiones y otros bienes que les pertenecieran…” (el autor hizo el subrayado)

Por otro lado, como lo comenta David Graeber, los conquistadores, y entre ellos Hernán Cortés, se habían endeudado hasta el cuello para financiar sus operaciones. De pronto, explotaron y expoliaron con una brutalidad máxima a las poblaciones conquistadas con el fin de reembolsar sus deudas. Véase David Graeber, op. cit., pp. 416 – 422.

(Imagen: Dos recaudadores de impuestos de Quentin Massijs, 1449)

Andreu Nin: el proletariado español ante la revolución (1931)

por Andreu Nin//

I. LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LA CRISIS ESPAÑOLA

Existe una tendencia, muy difundida, a considerar el 14 de abril de 1931, fecha de la proclamación de la República, como el coronamiento de una revolución que ha llegado a su fase definitiva. En realidad, el 14 de abril no ha sido más que una etapa (ciertamente importantísima) del proceso revolucionario que ya desde el siglo pasado se está desarrollando en nuestro país y que, empleando una frase de Karl Liebknecht, puede ser considerado como “un largo malestar”. Las etapas más importantes de este proceso han sido las guerras civiles, los alzamientos revolucionarios del siglo XIX, la aparición del movimiento nacionalista en Cataluña, la “semana trágica” de 1909, la tentativa de huelga general revolucionaria de 1911, la constitución de las Juntas de defensa, la revolución frustrada de 1917. Seguir leyendo Andreu Nin: el proletariado español ante la revolución (1931)

Las aporías de la izquierda y el Frente Amplio

por Jamadier E. Uribe Muñoz//

           La conformación de bloques políticos siempre es un camino lento y tortuoso, lleno de contradicciones y luchas de liderazgos. Llevar a puerto un proyecto amplio e integrador es un desafío que de asumirse debe trabajarse con constancia y altura de miras, pero por sobre todo con principios claros. Pareciera ser que es precisamente esta última exigencia, la que más ha costado a las agrupaciones que han asumido el desafío del Frente Amplio.

El Frente Amplio, que nace como un intento de las diferentes fuerzas de izquierda (digo bien: de izquierda), que corrían por fuera de los partidos políticos que ellos mismos han denominado tradicionales, ha tropezado en más de una oportunidad, con las prácticas que critica y ha dado la espalda, en no pocas oportunidades, a los valores que pretenden encarnar.

El primer acto, es el de renegar – precisamente – de su posición de izquierda. Curiosa actitud, cuando sus organizaciones fundadoras son la Izquierda Autónoma, que el epíteto lo lleva en el nombre, al igual que Convergencia de Izquierda e Izquierda Libertaria, el Movimiento Autonomista que hace un mes se definió a sí mismo como marxista, Nueva Democracia que en sus filas tiene a Cristian Cuevas (ex PC) y al grueso de la fundación CREA, todos reconocidos y grandes académicos de izquierda. Ciertamente están asociados además RD (ex nueva mayoría, o algo así), y otros partidos menos conocidos, pero que en su conjunto han levantado las banderas que los movimientos sociales y ciudadanos han enarbolado, siempre desde la izquierda de la Concertación y la Nueva Mayoría. Así lo reconoció también su precandidato Alberto Mayol, en una entrevista a la Radio Universidad de Chile.

El Frente Amplio es de izquierda. Si reniega de ello es porque “la izquierda” muchas veces es un adjetivo difícil de manejar mediáticamente, pero negarlo no es la solución; hay que reivindicarlo, sobre todo si se critica la política a espaldas de la ciudadanía.

El segundo acto, es la nominación de Beatriz Sánchez como candidata presidencial. En enero pasado el Frente Amplio, en un acto aparentemente personal de Gabriel Boric, aunque secundado por el MA y RD, vetó al partido País y al Senador Navarro bajo el pretexto de que su precandidatura era improcedente cuando aún el conglomerado no había definido sus bases programáticas y su pasado en la Nueva Mayoría, eso a pesar de que RD no sólo ganó una diputación sin competencia, sino que además, en buena medida diseñó la reforma educacional a la que hoy (con razón) se opone. Boric y Jackson nominaron a Sánchez mediáticamente, sin contar con un programa, sin informar a las demás fuerzas del FA y sin preguntarle a sus propias bases, las que solo fueron consultadas una vez que el nombre de Beatriz ya había sido posicionado en los medios. Contradictorio sin duda, cuando se ha criticado tan fervientemente la política entre cuatro paredes.

El tercer acto, que en realidad corrió en paralelo con el segundo, es la elección de candidatos sin vinculación orgánica con el mundo social. Tanto Alberto, como Beatriz – destacadas personalidades en la academia y en las comunicaciones, que sin duda han hecho un aporte importante, cada uno desde su trinchera – son absolutamente ajenos a las orgánicas de los partidos y movimientos que los han proclamado. Su proclamación tiene como sustento una comunidad ideológica pero no una trayectoria política, o una militancia o pertenencia a los movimientos sociales; tal como lo fue la candidatura de Marcel Claude por Todos A La Moneda. Paradojal, cuando se ha criticado también la política de los rostros, previa a la política de las ideas.

El cuarto acto, es su infructuoso intento por hacer primarias virtuales, o en su defecto autoconvocadas. Acto controversial incluso en la interna, ya que sus dos candidatos, haciendo gala de innegable sensatez, se han opuesto considerando que las primarias legales son una conquista ciudadana y que son el único mecanismo capaz de asegurar y custodiar la voluntad popular. Inapropiado y de cierto modo discriminatorio, cuando solo el 70% de Chile tiene acceso a internet (claramente el restante 30% son los sectores más vulnerables) y en sus primarias autoconvocadas era imposible llegar de manera transparente a las más de 300 comunas que hay en el territorio nacional, y a las cuales aspiran representar.

El quinto acto, y el más polémico, también dentro de sus propias filas, es el despliegue mediático que tuvieron sus dos voceros parlamentarios (Boric y Jackson) para apoyar el intervencionismo norteamericano en Venezuela, lo que contrasta con la baja resonancia que tuvo el golpe parlamentario a Dilma Rousseff. Revolución Democrática y el Movimiento Autonomista renunciaron de manera explícita al internacionalismo y a la unidad latinoamericana contra el imperialismo, al claudicar ante el montaje mediático contra el Pueblo Bolivariano y sentenciar una ruptura democrática en la institucionalidad venezolana, ignorando las leyes internas de ese país y el derecho internacional. Quinto acto, que no solo fue egoísta, sino que demostró cierta incomprensión de las dinámicas geopolíticas ¿O es que el Frente Amplio quiere poner en jaque al capital transnacional sin pelearse con los Estados Unidos?

Episodios reales y recientes, que esperamos puedan ser reconsiderados. Pero que por lo pronto nos hablan de la poca madurez (y esto no tiene nada que ver con la juventud) política y de la equivocidad valórica que sufre la autodenominada y a la vez renegada izquierda en Chile, aún en etapa de recomposición y conformación de sus convicciones.

 

 

12 de abril de 2017

La Guerra en Siria

Por Dionisio Escobar

Luego de seis años de guerra, Siria está en ruinas. Es el conflicto más cruento del proceso conocido como la “primavera árabe”. De hecho si el conflicto no termina pronto, este podría ser el fin de Siria tal como la conocemos. En este artículo intentaremos precisar sintéticamente el proceso de la guerra en Siria.

 

Las protestas

En diciembre del 2010 un joven Tunecino se inmola luego de que la policía le incauta su puesto de vendedor ambulante. El hecho desata una ola de protestas por todo el país. Tras Tunez, las rebeliones se extienden por toda la región, Egipto, Libia, Jordania y Yemen. En marzo del 2011 las protestas estallan contra el presidente sirio, Bashar el Asad, cabeza del régimen del partido Baaz, en la ciudad de Deraa (sur). Se iniciaron tras el arresto y tortura de unos adolescentes que pintaron en la pared de su escuela: “Es tu turno, Doctor”, en referencia a Asad, que es oftalmólogo.

Las fuerzas de seguridad sirias mataron a manifestantes en las primeras protestas y éstas se extendieron por todo el país. En el verano del 2011, cientos de miles de sirios pedían en las calles la dimisión de Asad, reformas políticas y el fin de la brutalidad policial. Inicialmente se creyó, dentro y fuera de Siria que Asad duraría pocos meses, ya que la tónica en el proceso en la región fue la caída de los regímenes enemigos del imperialismo norteamericano.

 

La Guerra Civil

Se formaron grupos opositores armados y empezaron las deserciones de militares sirios que se unían a los rebeldes, aglutinados en el Ejercito Sirio Libre (ESL). El país se sumió en la guerra, los bombardeos de las fuerzas sirias se multiplicaron y en el 2012, los combates llegaron a Damasco, la capital, y a la segunda ciudad del país, Alepo.

Hasta el 2012, el final del régimen parecía cercano, pero entonces Asad consiguió ayuda de sus aliados. Primero de Irán y del movimiento chií libanés Hizbolá, que envió a su milicia a luchar con Asad y le aportó avances que lo salvaron y le dieron mucha motivación.

Irán movilizó a las milicias (chiís) de Paquistán, Afganistán, Irak y a la Guardia Revolucionaria iraní, que entrenó y apoyó a las fuerzas del régimen y lo salvó casi de hundirse en ese momento. Los rebeldes fueron creciendo y obteniendo armas. Una parte de los rebeldes constituidos por grupos islamistas, fueron financiados y organizados por Arabia Saudita y Catar.

 

Los Yihadistas Entran en Escena

Los yihadistas aumentaron y las fuerzas seculares del ESL perdieron terreno. Aparecieron grupos como el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, y el Estado Islámico (EI), que lanzó una fuerte ofensiva en Irak en junio del 2014, y luego en la zona de Siria cercana a la frontera iraquí. El EI proclamó un califato en el área que controla en Irak y Siria cuya capital de facto es la ciudad siria de Raqqa.

Integrado por miles de extranjeros, es decir mercenarios, el EI lucha contra todos los bandos: las fuerzas gubernamentales, los rebeldes no islamicos, el Frente al Nusra -con el que se ha aliado en algunas ocasiones- y las fuerzas kurdas, también opuestas a Asad y contra las que arremete Turquía. Es vox populi en la región que tanto EI como la mayoría de las fuerzas opositoras, con la excepción de los Kurdos, son aparatos militares que reciben apoyo del imperialismo Norteamericano.

 

Comienza la Intervención Imperialista

En septiembre del 2014, una coalición internacional liderada por EEUU, con Jordania, Baréin, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) empezó a bombardear al EI. Francia inició los ataques en septiembre del 2015 y el Reino Unido, en diciembre.

Rusia comenzó en septiembre atacando a “los terroristas del EI”. Pero además, ha bombardeado a grupos rebeldes y consiguió que el régimen de Asad, que estaba al borde del colapso, recuperara terreno en zonas clave como Alepo (norte). La intervención rusa es fundamental, cambiando el curso de la guerra a favor de Asad.

 

El escenario Actual

El mapa de quien controla cada zona de Siria actualmente está lleno de divisiones. El régimen de Asad -Ejército y milicias afines- tiene una gran parte del oeste del país, Damasco, Latakia, Tartús, casi toda la frontera con Líbano, Alepo, otra en el centro del país y en Deir Ezzor. Tras perder Alepo, en el norte, los rebeldes tienen una zona amplia de la provincia de Idlib, fronteriza con Turquía, un área cercana a Damasco y otra en Homs.

La franja norte, a lo largo de la frontera con Turquía y una parte de la iraquí, está en manos de las fuerzas kurdas, a excepción de unos tramos que controlan los rebeldes y el EI. Los yihadistas tienen una parte del este de Siria fronterizo con Irak, y zonas del norte, en Alepo, Al Raqa, As Shaddadah, áreas centrales y pequeñas partes en el sur.

La caída de Alepo en manos del régimen de Bashar Al Asad deja un orden de cosas difícil de revertir: aunque el final del conflicto no parece próximo, está claro que Asad ya no va a perder la guerra. Frente a unas victoriosas tropas del régimen, el bando rebelde, desmoralizado, se bate en retirada. La batalla por esta ciudad, que ha terminado cuando la guerra entra en su sexto año, consolida al presidente sirio y a sus dos grandes aliados, Rusia e Irán, como los grandes ganadores del conflicto. Y a los rebeldes, Turquía, Arabia Saudí y EEUU, como los perdedores.

 

El Ataque Químico y la Reacción del Imperialismo Norteamericano

Tras 6 años de guerra e intervención del imperialismo, la situación en Siria parecía estabilizarse dejando un saldo claro, triunfo para el dictador y sus aliados Rusia e Irán, y una derrota previsible para EEUU, Turquía, Arabia Saudita y … el Estado Islámico.

Así las cosas, el 4 de abril del 2017, una explosión de armas químicas en la localidad siria de Jan Sheijun, en la provincia de Idleb (noroeste de Siria) causó al menos 86 muertos. EEUU y otros países acusaron al régimen de Damasco del ataque, pero las autoridades sirias negaron haberlo perpetrado. Rusia alegó que se había bombardeado un almacén donde los rebeldes que controlan Jan Sheijun guardaban armas químicas.

La noche del 6 al 7 de abril, Washington bombardeó con 59 misiles Tomahawk la base militar siria de Al Shayrat, en la provincia de Homs, en represalia por el supuesto ataque químico de Jan Sheijun. Según el Pentágono, el bombardeo -el primero de EEUU contra el régimen de Asad- destruyó «el 20% de la aviación siria». Poco despues del ataque, Al-Nusra inicio una ofensiva sobre el ejercito Sirio, ¿Coincidencia o Coordinacion con el ataque?

El ataque estadounidense provocó la condena de los aliados de Damasco: Rusia, Irán y Hizbulá. Moscú, bajo una gran presión internacional que lo acusa indirectamente del bombardeo químico y le exige que se distancie de Asad, advirtió junto a Teherán de que responderá con fuerza a «cualquier agresión». Las grandes potencias podrían acabar sumidas en una confrontación abierta en el tablero de Siria.

 

Algunas Conclusiones

Para entender quién está detrás de lo sucedido, con la limitada información disponible hay que responder dos preguntas básicas ¿Cuál es la situación actual en Siria? Y ¿a quién le sirve esto?

En los últimos meses las organizaciones armadas opositoras a Al-Assad han ido perdiendo sistemáticamente cada vez más terreno. El área en donde se produjo la masacre estaba bajo el control del Al-Nusra (rama de Al Qaeda que Naciones Unidas y EEUU habían calificado como terrorista). La contra-ofensiva del ejército sirio había liberado el 85% de los territorios perdidos y avanzaba hacia las bases de Al-Nusra. Poco antes de que ocurrieran los hechos Damasco había informado a las Naciones Unidas que un convoy de doce camiones llegados de Turquía había encaminado sustancias tóxicas hacia Idlib, pero la ONU no lo ha investigado.

La pregunta de quién se beneficia en este caso tiene una clara respuesta: Un ataque con gas letal solo beneficia a los grupos opositores armados y sus aliados en Occidente, a la vez que perjudica al gobierno sirio. Entonces, ¿Cuál sería el motivo? El dictador Al-Assad no es tan estúpido, porque de serlo ya habría sido derrocado hace años.

Hay más elementos que permiten hipotetizar que el régimen de Al-Assad no disparo armas químicas. En el 2013 el gobierno sirio firmó su adhesión a la Convención para la Prohibición de Armas Químicas (OPAC) y tres años más tarde el país fue declarado territorio libre de armas químicas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

En 2003, las “armas de destrucción masiva” sirvieron como pretexto a George Bush para iniciar la guerra de Irak. Ahora todo el mundo reconoce que fue una mentira del imperialismo, pero para los iraquíes, es demasiado tarde.

En 2013, ya se acusó a Damasco de un ataque con armas químicas. Pero la investigación oficial de las Naciones Unidas (que estuvo muy infiltrada por EEUU) concluyó con la imposibilidad de designar el campo responsable. Por otra parte, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (EE.UU.) atribuyó el ataque a los rebeldes. Luego de este fracaso la administración Obama inicio el camino de intentar una intervención a través de la OTAN.

Con el cambio a la administración Trump, que durante la precampaña planteo sistemáticamente que había que abandonar la guerra en Siria, la agresión militar norteamericana pego un brusco salto. Trump decidió tomar la iniciativa sabiendo que generaría un amplio apoyo político en EEUU, luego de semanas de hallarse a la defensiva y de sufrir serios reveses políticos en sus intentos de restringir el ingreso de viajeros a EEUU y de anular el Obamacare, el seguro médico de 25 millones de estadounidenses. Luego del ataque norteamericano el gobierno de Trump planteo que “está en el interés nacional vital prevenir el uso y difusión de armas químicas” y que su objetivo fue “enviar un mensaje”.

Lo que sí es claro es que los ataques fueron una clara violación de la ley internacional y de la cláusula sobre poderes de guerra en la Constitución. Más allá de la retórica oficial sobre Siria, el ataque es una continuación de una estrategia consistente en prolongar la guerra siria lo más posible, con el propósito de debilitar a todos los bandos -incluyendo Rusia e Irán, en la región.

Putin por su parte ha jugado sus cartas, no respondió la agresión por el evidente riesgo de que el conflicto escalara a un conflicto entre potencias nucleares, e intenta ganar tiempo, mientras en el terreno mediático, pese a la intensa arremetida comunicacional del gobierno de Trump, va ganando terreno la idea de que el ataque con armamento químico a la localidad de Jan Seijun fue un clásico atentado con bandera falsa. Destinado a crear el ambiente para un ataque en profundidad hacia el régimen de Al-Assad a fin de derrocarlo.

Este objetivo resulta imposible mientras persista el apoyo ruso, esta es la otra arista del ataque, chantajear a Putin con la idea de que apoya a un gobierno que usa armas químicas. La verdad es que al gobierno ruso, como a otros gobiernos imperialistas, les tiene sin cuidado las características políticas y morales de un determinado gobierno para considerarlo aliado, las razones del apoyo de Putin a Al-Assad se basa en consideraciones geoestratégicas, en siria se encuentra la base militar rusa de Tartus, la que le abre las puertas al mediterráneo y de ahí al atlántico norte a su flota del mar negro, anclada en Sebastopol. Además tiene una poderosa base aérea en Latakia. Hay que considerar que actualmente frente a toda la frontera occidental de Rusia, esta estacionado el más grande de los despliegues militares de toda la historia de la OTAN. Así de caer el régimen de Al-Assad, Rusia quedaría bloqueada por tierra y por mar, situación que claramente el régimen Ruso no está dispuesto a tolerar.

En realidad hasta ahora el ataque no está dando los frutos esperados. En el frente interno, consolida el apoyo de los sectores más duros y guerreristas del partido republicano, y ha logrado el apoyo del ala derechista del partido demócrata –Hillary aplaudió el ataque norteamericano- sin embargo este apoyo es circunstancial, mientras que le resta el apoyo de su base electoral, que no quiere más guerras, sino que se solucionen los graves problemas domésticos del imperialismo norteamericano. En el ámbito internacional, aparte de sus corifeos habituales; Alemania, Francia, Inglaterra, Japón, Italia, Bélgica, Holanda, España y otros. Gran parte de la comunidad internacional comienza a mirar con desconfianza la política exterior de Trump. La estabilidad del régimen dictatorial de Al-Assad ha salido indemne del ataque, y la posición rusa en Siria se mantiene.

En síntesis los 59 misiles Tomahawk (a un costo de casi900 mil dólares por misil) le está significando al régimen de Trump una sangrienta y costosa victoria militar y, hasta ahora una derrota política de grandes proporciones.

¿Pasa algo en la CUT?

por Simón Salamanca//

El día martes 11 de abril a las 6.30 pm, el programa radial “El despertar de los trabajadores” organizó el conversatorio “Coyuntura Electoral de la CUT y La Lucha del Movimiento Sindical”. Participaron en él, como expositor, el Consejero Nacional de la Central Fabián Caballero, actual candidato a la presidencia, y Óscar Méndez, quien condujo la discusión en representación del medio radial.

Caballero, militante del MIR que presenta la lista “Trabajadores al Poder”, partió señalando como punto central de la discusión, lo que él llama una falsa crisis en la CUT. En primer lugar, a su juicio la CUT sólo sería una expresión concreta del estado del movimiento sindical y social en Chile, donde reina la despolitización y la baja conciencia que existe en las masas trabajadoras sobre sus condiciones de trabajo, la necesidad de sindicalizarse y las demandas democráticas. Esto es lo que el candidato lee a partir de las actuales cifras de sindicalización en el país y la alta abstención en las últimas elecciones.

En segundo término, lo sucedido en las pasadas elecciones (agosto, 2016) para él no es expresión de una crisis en la Central, sino que sería una manifestación del agotamiento del pacto formado por las fuerzas que nacieron con la Concertación (bloque PC-PS). De esta manera, la situación actual en la CUT no estaría ni cerca de ser peor que las vividas en Dictadura o las que significaron la formación de centrales sindicales paralelas.

En este sentido, Caballero marca distancia de los sectores de izquierda que actualmente acusan una seria crisis sindical, en la que la Central tendría una inmensa responsabilidad. Señala que las críticas desde la izquierda resultan exageradas, pues en ese análisis no habría una vinculación del problema sindical con la cuestión social general. Sectores como el Colegio de Profesores, la ANEF y la CONFUSAM, a su juicio, exigen hoy a la Central ciertos mínimos para su permanencia, sin reparar en la responsabilidad que les ha cabido a sus dirigentes en la actual coyuntura, quienes han permanecido en puestos clave durante todos estos años.

Para él, la CUT efectivamente ha administrado el movimiento sindical en complicidad con la burguesía, por lo que implicó la salida pactada con la Dictadura, pero la situación de la Central tendría solución si esta es capaz de constituirse en una organización que pueda promover mayor democracia en el mundo de los trabajadores y que tenga injerencia en la política nacional del país.

En este sentido, destacó que los principales ejes para la Central deberían ser bajar la confrontación existente en la interna, romper con la hegemonía política de la dirección histórica y evitar la dispersión orgánica, tareas que con la Lista D “Trabajadores al Poder” esperan concretar en el próximo período.

Portaaviones estadounidense desplegado en amenaza directa a Corea del Norte

por Peter Symonds//

Apenas días después de lanzar su crucero contra Siria, el gobierno de Trump ha autorizado provocativamente al portaaviones estadounidense Carl Vinson, junto con su grupo completo de destructores de misiles guiados y un crucero, a las aguas de la Península Coreana. La medida es una amenaza militar directa contra Corea del Norte, que estaba en la parte superior de la agenda en conversaciones el pasado fin de semana entre los presidentes de Estados Unidos y China.

Un funcionario estadounidense no identificado dijo al Financial Times que el despliegue estaba diseñado para ser un “espectáculo de fuerza”. El grupo de ataque de transportistas había participado en juegos de guerra conjunta entre EE.UU. y Corea del Sur, pero se dirigía hacia el sur para las llamadas portuarias en Australia antes de ser ordenado al norte de Singapur. El Navy Times señaló que “anunciar los movimientos de los transportistas por adelantado es raro, y generalmente se hace para enviar un mensaje claro”.

El portavoz del Comando del Pacífico de los Estados Unidos, Dave Benham, declaró que la decisión era “una medida prudente para mantener la preparación y presencia en el Pacífico Occidental”, y luego criticó duramente a Corea del Norte. “La principal amenaza en la región continúa siendo Corea del Norte”, dijo, “debido a su imprudente, irresponsable y desestabilizador programa de pruebas de misiles y la búsqueda de una capacidad de armas nucleares”.

The Navy Times se jactaba de que “el grupo de ataque trae consigo una tonelada de poder de fuego, incluyendo las capacidades de combate aéreo y el ataque de los Hornets, los radares de alerta temprana, las capacidades de guerra electrónica y más de 300 acompañantes del transportista”.

El envío del Carl Vinson es una escalada deliberada de las tensiones en la península coreana después de la conclusión de la administración de Trump de una revisión larga de la estrategia de los EEUU hacia Corea del Norte. NBC reveló el Viernes pasado que tres opciones militares estaban bajo consideración activa: el regreso de las armas nucleares estadounidenses a la Península Coreana, ataques de “decapitación” para matar el liderazgo norcoreano y operaciones encubiertas dentro de Corea del Norte para sabotear objetivos nucleares, militares e industriales.

Hablando en “Fox News” el Domingo, el general H. R. McMaster, asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, justificó el despliegue de Carl Vinson como «prudente», y añadió: «Este es un régimen deshonroso que ahora es un régimen nuclear capaz. El presidente nos ha pedido que estén preparados para darle una gama completa de opciones para eliminar esa amenaza al pueblo estadounidense y a nuestros aliados y socios en la región «.

Citando a funcionarios estadounidenses, el Navy Times informó que “el Pentágono y el Comando del Pacífico de Estados Unidos han estado agudizando los planes para ataques militares en el Norte como una opción si el gobierno quiere llevar a cabo esa acción”.

Todas estas “opciones” altamente provocativas amenazan con desencadenar una guerra devastadora en la Península Coreana que podría matar a millones de personas. The NavyTimes sugirió que “un conflicto regional total” traería “a los EE.UU. y a sus aliados cara a cara con no sólo Corea del Norte, sino quizás con China”, es decir, un conflicto entre las dos economías más grandes del mundo, ambas con armas nucleares.

Trump sin duda explotó la amenaza de una acción militar contra Corea del Norte para presionar al presidente chino Xi Jinping para que tome medidas más duras contra el régimen de Pyongyang. Hablando después de las conversaciones entre Trump y Xi el pasado fin de semana, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, dijo ayer a la cadena CBS “Face the Nation” que Xi “entiende claramente que la situación se ha intensificado y ha alcanzado cierto nivel de amenaza que la acción debe ser tomada.”

Tillerson descartó cualquier conversación con Corea del Norte en la actualidad, diciendo solamente que “podemos trabajar juntos con los chinos para cambiar las condiciones en las mentes del liderazgo de Corea del Norte”. Pero si Pekín no intimida a Pyongyang para que acepte las demandas de Washington, Tillerson no dejó ninguna duda de que Estados Unidos tomaría medidas agresivas contra Corea del Norte. Trump dijo sin rodeos al Financial Times la semana pasada: “Si China no va a resolver Corea del Norte, lo haremos nosotros”.

En una entrevista ayer con ABC “This Week”, Tillerson se preguntó si el desarrollo de un misil balístico intercontinental en Corea del Norte constituiría “una línea roja». Respondió ominosamente: “Si juzgamos que han perfeccionado ese tipo de sistema de armas, entonces se convierte en una etapa muy seria de su desarrollo ulterior”. Dibujando un vínculo con el ataque de la semana pasada contra Siria, Tillerson dijo: “El mensaje que cualquier nación puede tomar si viola las normas internacionales, si viola los acuerdos internacionales, si no cumple con los compromisos, si te conviertes en una amenaza para los demás, en algún momento, es probable que se realice una respuesta”.

El régimen norcoreano denunció los ataques de misiles estadounidenses contra Siria como “un acto de agresión no perdonable”, y añadió que “Estados Unidos ha estado escogiendo sólo a países sin armas nucleares”. Un portavoz declaró: “La realidad de hoy demuestra que debemos ponernos de pie Contra el poder con poder y demuestra un millón de veces que nuestra decisión de fortalecer nuestra disuasión nuclear ha sido la correcta”.

En realidad, el limitado arsenal nuclear de Pyongyang sólo ha provisto al imperialismo estadounidense de un pretexto para una acumulación masiva de sus fuerzas militares en Asia, que no se dirigen principalmente contra Corea del Norte sino China. Trump está continuando y expandiendo el “pivote de la administración Obama a Asia” en un intento por asegurar el dominio continuo de Estados Unidos de la región de Asia Pacífico.

Si bien Corea del Norte no es lo mismo que Siria, los EE.UU. no dudarán en utilizar la fuerza militar contra Pyongyang para promover sus ambiciones estratégicas. El secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis, ya ha advertido a Corea del Norte que cualquier intento de utilizar sus armas nucleares recibirá una “respuesta eficaz y abrumadora”. El grupo de ataque de Carl Vinson solo tiene la capacidad de transportar y suministrar suficientes armas nucleares para borrar las armas nucleares de Corea del Norte Industriales y militares.

Por otra parte, nadie debe concluir que los ataques en Siria evitarán un ataque estadounidense a Corea del Norte. Damasco y Pyongyang son sólo los objetivos indirectos de una estrategia mucho más amplia de subordinar a Rusia y China -y por lo tanto a la masa eurasiática- a la hegemonía del imperialismo estadounidense. Las amargas luchas dentro de los estrategas políticos, militares y de inteligencia estadounidense sobre las tácticas -ya sea para enfrentarse primero a Moscú o a Pekín- no descartan ataques tanto a Siria como a Corea del Norte, con consecuencias devastadoras para la humanidad.

El maldito: Wilhelm Reich y el psicoanálisis

por Juan García Brun//

Hijo intelectual y dilecto de Freud, luego disidente expulsado del círculo íntimo del maestro, Wilhelm Reich fue, para muchos, un psicoanalista maldito. Pionero de las terapias corporales, revolucionó la sexología con la teoría sobre la función del orgasmo. Desprestigiado y prohibido, murió en una cárcel de Estados Unidos a donde había llegado huyendo del nazismo para continuar sus investigaciones sobre la energía vital, que él llamaba orgón Seguir leyendo El maldito: Wilhelm Reich y el psicoanálisis

Debate sobre Cuba: mi respuesta a Beatriz Sánchez

 

Por Margarita Labarca Goddard//

Mire señora Sánchez –ya no la puedo llamar compañera- le voy a contestar lo que usted ha dicho sobre Fidel Castro, pero la respuesta tendrá que ser larga porque el tema lo es.
Pues usted, con mucho desparpajo, se permite hacer afirmaciones en las que descalifica al comandante Fidel Castro, sin tener idea de lo que está diciendo.

Parece evidente que usted se basa en la información de El Mercurio y otra prensa afín, ya que en Chile casi no hay prensa independiente. Pero eso no la exime de responsabilidad, porque uno puede informarse de muchas maneras, si quiere.

Me parece extraño que usted, que se las da de persona modesta e inexperta políticamente, se meta con Cuba y con Fidel con tanta falta de respeto.

Le diré que yo he vivido seis años asilada en Cuba con mi familia y conozco bastante bien la situación que prevalece allá, porque además me he preocupado de leer al respecto. Creo que usted no lo ha hecho y se permite insultar la memoria de uno de los hombres más ilustres de América.

Así no se va a ganar a los momios y en cambio va a perder a la poca gente de izquierda honesta que habría podido apoyarla. Lo que espero es que su postura sea a nivel individual y no la del Frente Amplio.

Bueno, voy a comenzar a contestarle.

1. Dice usted que Fidel Castro “resolvió” quedarse para siempre y se negó a las elecciones. El que resolvió que Fidel se quedara fue el pueblo de Cuba, que lo respetaba y amaba profundamente y con razón. Pero el hecho es que en Cuba se hacen elecciones periódicas, bastante más democráticas que en Chile y que en Estados Unidos.

Al respecto escribí un artículo en el número 867 de la revista Punto Final, de 23 de diciembre 2016, que le recomiendo leer. Lo encontrará en internet. No puedo reproducirlo aquí por lo largo que saldría esto, pero le voy a copiar algunos párrafos: “Trump quiere que Cuba avance en la democracia. Lo que más le interesa son las elecciones, y pone como ejemplo las de EE.UU., en que el que pierde, gana.

El señor Trump también quiere que en Cuba haya “prensa libre”. Por ejemplo, como en Chile, en que El Mercurio y Copesa reciben los avisos del gobierno, y la prensa de oposición nada”.
Bravo, doña Beatriz, veo que usted coincide en mucho con Trump.

También en ese artículo expliqué que en Cuba se ha establecido un sistema electoral cada vez más democrático. Primero se eligen las asambleas municipales del Poder Popular, en cuya elección votan todos los mayores de 16 años que vivan en un distrito, que es un territorio pequeño en que todos o casi todos prácticamente se conocen.

Los asistentes son gente sencilla, que se preocupa especialmente de los méritos laborales de los candidatos y de que éstos puedan plantear y defender los intereses del sector que los elige. He visto esas asambleas porque me invitaron.

No se hacen campañas electorales. En la propia asamblea, la persona que propone a un candidato tiene que dar sus razones. Si alguien no está de acuerdo o quiere oponerse, lo hace. Cada elector puede expresar su criterio en favor o en contra del compañero(a) propuesto(a).

El Partido Comunista Cubano no presenta candidatos. Los órganos representativos del poder del Estado son renovables; los elegidos tienen que rendir cuenta de su actuación y pueden ser revocados en cualquier momento de su mandato. Vota casi todo el mundo, hay muy poca abstención.

Los diputados y delegados no son profesionales, por tanto no cobran salario.
Deben seguir desempeñando su trabajo habitual, paralelamente con el cargo de delegado o diputado. La iniciativa legislativa la puede ejercer mucha gente, como las organizaciones sindicales, estudiantiles, de mujeres, organizaciones sociales en general, y los propios ciudadanos. En este último caso se requiere que ejerciten la iniciativa legislativa diez mil ciudadanos como mínimo.

Para la elección de los delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular o de los diputados a la Asamblea Nacional, existen las comisiones de candidaturas, que se encargan de organizar el proceso y de remitir a las asambleas municipales las propuestas de unas y otras e, igualmente, organizan la elección de la Asamblea Nacional.

Estas comisiones de candidaturas están integradas por lo más granado de las organizaciones sociales del pueblo cubano: representantes de la Central de Trabajadores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, y la Federación Estudiantil Universitaria.
Es como si en Chile, en lugar del Servel, las elecciones las organizaran y las supervisaran la CUT, la Anef, la Fech, la Federación de Estudiantes Secundarios, y otras.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, que es el máximo órgano de poder, elije, de entre sus diputados, el Consejo de Estado y el presidente del mismo. El presidente del Consejo de Estado es jefe de Estado y jefe de Gobierno. El jefe del Gobierno cubano primero tiene que haber sido elegido diputado por la población.

El sistema electoral cubano se parece un poco al de algunos países europeos, es una especie de sistema parlamentario. En teoría, el primer ministro inglés podría ser reelegido durante 40 años o más, si la salud y la suerte lo acompañan.

¿Y cómo elegían a Fidel Castro? A Fidel lo proponían en su respectivo municipio o distrito, y era elegido. ¿Por qué? Porque Fidel era respetado y amado por su pueblo, pero nada obligaba a elegirlo.

2. Afirma usted que Fidel controlaba todos los poderes del Estado pero no dice en qué basa tan peregrina afirmación. Yo creía que los periodistas honestos tenían la obligación de fundamentar sus dichos. Pues nada de eso ha hecho usted. Pero fíjese que como le he explicado, el principal poder del Estado cubano es la Asamblea Nacional del Poder Popular, compuesta por 612 diputados, a la que ya me he referido.

Desde luego, no voy a negar que Fidel Castro era un hombre de tal nivel intelectual, moral y cultural, que con su sola presencia lo dominaba todo.
Cualquier persona de ideología absolutamente contraria que lo haya frecuentado, quedaba completamente subyugada por su inteligencia y personalidad, además de su encanto personal. Pero usted, no sé con qué autoridad, se permite ofender su memoria.
3. Que Fidel nombraba a sus herederos, y finalmente dejó a su hermano Raúl.

A Raúl Castro lo ha nombrado Presidente del Consejo de Estado y Jefe de Gobierno, la Asamblea Nacional del Poder Popular, igual que en cualquier país de sistema parlamentario, ya que él también es diputado elegido por el pueblo. ¿A Raúl lo elegían diputado porque era hermano de Fidel? No señora, Fidel Castro tiene varios otros hermanos y varios hijos, ninguno de los cuales es diputado ni ocupa ningún cargo de importancia, que yo sepa.

A Raúl lo han elegido porque participó en el asalto al Cuartel Moncada, estuvo en la Sierra Maestra desde jovencito, fue preso de la dictadura de Batista y luchó valientemente por la revolución junto con Fidel.

Y posteriormente fue el que se encargó de organizar el ejército de Cuba, una institución que funciona como un reloj en la isla. Raúl Castro es muy respetado por todo el mundo, lo puede comprobar cualquiera que vaya para allá.

4. Que Fidel no dejaba salir a la gente de Cuba ni tampoco dejaba entrar a quien quisiera. Me voy por lo más fácil: el gobierno cubano, como todos los gobiernos del mundo, deja entrar a su país a quien le parece y no deja entrar a quien no le parece. No me voy a extender en esto porque es una absoluta tontería.

¿No deja salir a la gente? Pues fíjese señora Sánchez que esto es absolutamente falso. Me voy a tener que extender un poco, desgraciadamente. La cosa es así: antes de la revolución, los cubanos tenían una relación muy estrecha con Estados Unidos. La gente con dinero viajaba casi semanalmente a Miami, y todo lo compraba allá, incluso la mantequilla.

Admiraban a Norteamérica, los autos, los mejores sueldos y todos los productos del mundo desarrollado. Mucha gente quería irse a vivir y trabajar allá, como quieren los mexicanos y como querrían la mayoría de los habitantes del tercer mundo.
Todos los años se ven transitar por México cientos de miles de migrantes y campesinos mexicanos, que tratan de pasar ilegalmente la frontera hacia el sueño americano, ahora convertido en pesadilla.

A los cubanos se les exigían visas desde antes de la revolución. Pues ya después se fueron acabando las visas y también los vuelos y los medios de transporte normales, puesto que comenzó el bloqueo.

Así es como se fue mucha gente en condiciones muy precarias y peligrosas, no porque el gobierno cubano no la dejara salir, sino porque no había cómo viajar.

Secuestraban aviones y transportes marítimos. Por supuesto que los aviones y barcos secuestrados los yanquis no los devolvían.

El gobierno cubano tuvo que tomar algunas medidas restrictivas para evitar estos secuestros, que generalmente eran con rehenes.

Mucha gente se iba por mar en balsas o botes inapropiados y si lograba llegar, eran bien recibidos y les daban rápidamente la Green card.

Pero si los capturaban las autoridades migratorias gringas antes de llegar, no los recibían y los regresaban a Cuba. Esa fue la cruel realidad de la Ley de Ajuste Cubano, llamada “pies secos/pies mojados” que al parecer ahora se ha derogado.

El gobierno cubano hizo muchos esfuerzos para que se regularizara esta situación. El presidente Reagan prometió dar 20.000 visas al año, pero si dio mil quinientas fue mucho.

Por eso la gente se iba en condiciones peligrosas. Así se van también los mexicanos y centroamericanos, pero allá no los reciben. Tienen que atravesar el desierto de Arizona que es tan hostil, que muchos mueren en la travesía.

La culpa de todo esto no la tiene por lo tanto el gobierno cubano. Naturalmente, trata de evitar que se vaya un grupo de personas, incluyendo niños, en una balsa que no es apta para la navegación en alta mar.

Así se produjo el famoso caso del niño Elián González, que la madre y otras personas lo subieron a una balsa para llegar a EE.UU.
La balsa naufragó, la madre y otros se ahogaron y el niño fue rescatado por los guardacostas norteamericanos, que se lo entregaron a su familia en Miami.
Después de una ardua lucha judicial, el padre, un revolucionario que estaba en Cuba, consiguió que le devolvieran a su hijo, que ahora es un joven estupendo que estudia en la Universidad de La Habana.

Señora Sánchez, usted no sabe nada de Cuba. En la década de 1950 tenía tasas de analfabetismo que superaban el 70 %, sólo un 15% de la población disponía de agua corriente y sobre ella se abatían los parásitos y las enfermedades.

Además la mayoría de los campesinos no consumían proteínas y pocas veces disponían de verduras. En la Sierra Maestra, foco del movimiento revolucionario, las condiciones de vida del proletariado rural rayaban en la desesperación. Padecían la explotación, los robos y a menudo la brutalidad policial.

Y por otra parte le diré que Cuba es un país muy pobre en recursos naturales. No tiene petróleo ni caídas de agua ni ninguna fuente de energía suficiente.

Están ahora tratando de usar la energía solar, pero nadie les vende los elementos esenciales para fabricar los paneles solares y tienen que soldarlos a mano.

No tienen minerales valiosos como el cobre de Chile, ni otras riquezas parecidas. Su agricultura produce buenos frutos, pero trate usted de comprender que en un país tropical, la distribución de esos productos requeriría una gran flota de camiones refrigerados, que no pueden adquirir debido al bloqueo.
El precio del azúcar se ha desplomado debido a los edulcorantes artificiales y a que muchos otros países también comenzaron a producir y vender azúcar.

Y este pueblo, que después de la revolución y debido al bloqueo, dependía de su comercio con los países socialista, de la noche a la mañana se quedó sin proveedores y sin compradores, cuando la URSS y los países llamados socialistas del Este europeo se cayeron. Y sin embargo el pueblo siguió apoyando al gobierno revolucionario, aguantó y salió adelante.
Ya han superado en gran parte –solos- esa etapa tan dura llamada “periodo especial”, pero sin llegar a normalizarse.

La mayor riqueza de Cuba está en su pueblo, en sus científicos, en sus médicos que han logrado producir algunos de los medicamentos y tratamientos más importantes, como los del área neurológica, que es una de las mejores del mundo; una vacuna contra el cáncer de pulmón que no pueden comercializar en el extranjero porque el bloqueo se lo impide.
Y es obvia su preeminencia en las artes, particularmente en la música y en el ballet.

Mire algunos los resultados de la “dictadura” que según usted ha imperado en Cuba:

– Uno de los países con mayor índice de desarrollo humano (ONU)

-54% del presupuesto destinado a servicios sociales

-De los 200 millones de niños que duermen en las calles, ninguno es cubano.

-El mejor sistema educativo de América Latina

-Veinte estudiantes por docente

-El país que más aporta del PIB a la educación

-Único país de América sin desnutrición (UNICEF)

–Sistema de salud, un ejemplo para el mundo
-Tasa de mortalidad infantil más baja de América

.130.000 médicos graduados desde 1961

-Desarrollo de cuatro vacunes contra el cáncer

-Primer país en eliminar la transmisión del VIH de madre a hijo.

Y además, y quizás lo más importante de esa Cuba dirigida por el compañero Fidel Castro, es que es profundamente internacionalista, solidaria y generosa.

“Los rasgos más importantes de la Revolución Cubana son la dignidad y su “inagotable capacidad de solidarizar con el sufrimiento y las necesidades de “otros pueblos.

“Esa dignidad, fruto del coraje y patriotismo del pueblo y de sus dirigentes, se “ha demostrado en forma serena y resuelta en cada una de las muchas “circunstancias duras y riesgosas que le ha tocado enfrentar en su primer “medio siglo.

“Por otra parte, la solidaridad generosa e incondicional de Cuba con otros “pueblos es, quizás, el fruto más hermoso de una revolución que ha puesto el “acento en la transformación ética de la sociedad.
Es muy difícil encontrar a “otro pueblo que sea capaz, como el cubano, de renunciar a su propio pan “para aliviar el hambre y la necesidad de sus hermanos en lejanas tierras.

“Además, después del golpe de 1973, vino la enorme solidaridad con los “perseguidos por la dictadura chilena.

“No fuimos los únicos a los que Cuba brindó refugio en esa época tenebrosa “de América Latina. Estaban también las familias argentinas, uruguayas, “bolivianas, peruanas, nicaragüenses, salvadoreñas, haitianas, colombianas, “hondureñas, que huían del terror, la prisión y la muerte en sus países.
“Éramos miles de latinoamericanos refugiados en la isla mientras Cuba “enfrentaba los rigores del bloqueo norteamericano.

“Ser chileno era casi un privilegio que nos hacía sentir rodeados de amistad y “cariño, jamás solos o abandonados a nuestra suerte.”

“Cuba es uno de los países que más víctimas del terrorismo ha tenido (unos 3 mil 500 muertos) y que más ha sufrido de terrorismo en los últimos 60 años. Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza.

Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición”. Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto a la personalidad. “

Fidel Castro no sólo colocó a Cuba en el escenario mundial y les dio dignidad a todos los cubanos, sino que fue el artífice de la liberación de muchos países de África como Angola y Namibia; colaboró a la independencia de Etiopía y al término del apartheid en Sudáfrica.

“Bajo su dirección, su pequeño país (100 mil kilómetros cuadrados, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala global echando hasta un pulso con Estados Unidos, cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución Cubana. “

España: el PSOE, entre el inmovilismo y la alianza con Podemos

por Jaime Pastor//

La crisis del PSOE –de identidad, de proyecto y de liderazgo- sigue abierta. Como ya hemos analizado en otros artículos 1/, tiene rasgos comunes con la que afecta a la socialdemocracia europea, debida principalmente a los límites estructurales de las políticas social-liberales en el marco de la crisis sistémica y de la Unión Europea austeritaria y a la creciente pérdida de apoyos en su base social tradicional. A éstos se suman los que han ido debilitándole como pilar principal de un régimen en crisis, tanto en el plano social como en el nacional-territorial, convirtiéndole en un partido con una base social envejecida y concentrada principalmente en el sur, bajo el control de una nomenclatura que sigue aferrada a los intereses del régimen y el bloque de poder dominante. Un conjunto de factores a los que se añade otro que no se da con tanta fuerza en otros países: el ascenso de una coalición de fuerzas encabezada por Podemos que le sigue amenazando, pese a sus dificultades actuales, con superarle en votos y que ya gobierna con su apoyo en ayuntamientos emblemáticos de grandes ciudades.

Ahora, la convocatoria por el Comité Federal del PSOE de elecciones primarias para elegir Secretario/a General el 21 de mayo y del próximo Congreso los días 16 al 18 de junio marca la conversión en oficial de la mayor confrontación que vamos a ver en este partido desde el famoso Congreso de Suresnes de 1974. En realidad, esa batalla interna está abierta desde las elecciones de junio de 2016 y, sobre todo, desde el 1 de octubre pasado. Fue ése el funesto día en el que se produjo la defenestración programada como “operación de Estado” (en acertada definición de Pérez Tapias) contra Pedro Sánchez como Secretario General de este partido, con el fin de poder garantizar la investidura de Mariano Rajoy como presidente del gobierno mediante la abstención del grupo parlamentario socialista. Desde entonces, la hostilidad entre la nueva Gestora y un amplio sector de la militancia socialista no ha dejado de crecer.

Tres candidaturas, las de Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez, van a pugnar ahora por hacerse con el puesto número 1 del PSOE y su primera prueba de fuerzas va a estar en torno a quién consigue mayor número de avales, con la líder andaluza dispuesta ya a imponerse por goleada. Díaz cuenta para ello con el apoyo de la Gestora actual y de la mayoría de quienes han formado parte de la elite de este partido desde al menos 1982, mientras que Sánchez amenaza con el apoyo de la mayoría de la militancia y López con su esperanza en aparecer como el único capaz de recomponer la unidad interna y evitar el “choque de trenes”.

¿Habrá debate político?

Hasta ahora, sin embargo, poco debate de proyectos hemos podido ver, si bien el primero que intentó abrirlo fue Pedro Sánchez con un documento que, elaborado por un equipo en el que han participado desde ex “guerristas” hasta miembros de Izquierda Socialista, fue presentado en febrero con el lema “Por una nueva socialdemocracia”. En el mismo, y en los discursos que ha ido prodigando en mítines que han contado con una asistencia masiva, aparece una voluntad de conectar tímidamente con los nuevos vientos que corren en algunos partidos afines como el británico o el francés con la irrupción de Jeremy Corbyn y Benoit Hamon. Encontramos, por ejemplo, una crítica radical del rumbo que están tomando el capitalismo neoliberal y, con él, el conservadurismo del PP, junto con una apuesta por renovar un proyecto socialdemócrata que incluya principios como igualdad de género, sostenibilidad ecológica y democracia social. También es significativo, por ejemplo, que asuman explícitamente críticas como la del PIB como criterio de riqueza (apuntando, se supone, contra economistas como José Carlos Díez, coautor de la ponencia marco) y un mayor esfuerzo por reformular el concepto de trabajo, incluyendo el de cuidados.

En sus propuestas programáticas destacan algunas novedades como el reparto del trabajo asalariado, un salario mínimo de 1 000 euros, el debate sobre la Renta Básica Universal, o la reforma de la Constitución para blindar derechos y libertades, si bien se limitan a pedir la modificación del artículo 135 “para garantizar la estabilidad presupuestaria y la estabilidad social”. Sin embargo, poco nuevo respecto a la cuestión catalana: reivindicación de la Declaración de Granada de 2013 para avanzar hacia el “perfeccionamiento federal” del Estado autonómico, si bien en alguna entrevista Sánchez se ha atrevido a decir que reconocería a Catalunya como una “nación”. En el plano interno, destaca una defensa de los procesos “de abajo arriba” frente a los procedimientos de la Gestora (y del propio Sánchez en el pasado, cuando destituyó a Tomás Gómez como Secretario General del partido en la Comunidad de Madrid) e incluso una mención explícita a la necesidad de acabar con los aforamientos y las “puertas giratorias”.

¿Qué es lo que en realidad diferencia a este documento y a esta candidatura de las otras? En realidad, es la disposición a no considerar a Podemos como el principal adversario cuando expresa, por ejemplo, su rechazo a “entrar en colisiones frontales y sistémicas con otras formaciones de la izquierda ni mimetizarse con ellas”. La simple referencia implícita a una posible futura alianza con Podemos y las confluencias para llegar al gobierno del Estado echa chispas dentro del aparato del partido y convierte a Sánchez en el enemigo a abatir para quienes forman parte, como se dice en la introducción de este documento, de “una elite profesionalizada del partido”.

Posteriormente, hemos podido conocer el documento presentado por Patxi López (“Con Patxi ganamos tod@s”), prolijo en algunos puntos pero con una tesis muy clara, tal como la ha resumido él mismo: “Entre Hollande y Corbyn nos quedamos con Martin Schulz”, queriendo apuntarse a quien aparece como posible “caballo ganador”, si bien en un contexto muy distinto del español. López aspira así a “atraer a la centralidad política a la izquierda” y recuperar la deseada autonomía frente al PP y a Podemos. Una “tercera vía” que responde más bien a querer mantenerse en la ambigüedad respecto a la política de alianzas futura para poder así agrupar a un amplio espectro del partido que, sin embargo, parece cada vez más polarizado. Pese a ello, en el plano programático ha optado por colaborar en la ponencia marco recientemente aprobada por el Comité Federal este 1 de abril, con lo que difícilmente va a ganar credibilidad como alternativa a Díaz y a Sánchez, más allá de su vocación de ejercer de “casco azul”.

La ponencia marco oficial, pendiente todavía de las enmiendas que se puedan presentar en el Congreso, difícilmente puede ocultar su alineamiento con las tesis defendidas por la coalición de intereses agrupada en torno a Susana Díaz. Basta simplemente observar que comienza con una firme reivindicación del papel jugado a partir del 1 de octubre en “el desbloqueo institucional de nuestra democracia”, o sea, en permitir gobernar al PP de Rajoy. A partir de ahí y de la definición de la ultraderecha y “el populismo” como sus principales adversarios, se desliza una firme voluntad de rechazar “la deslegitimación populista de la Transición” 2/ y una reafirmación de “la democracia representativa como una forma óptima de democracia”, identificada ésta en realidad con el régimen actual, libre, eso sí, de lo que definen como “riesgos de corrupción”…

Será desde la firme defensa de ese régimen, con “ambición reformista” (sic), como el PSOE buscará recuperar a los votantes socialistas que votaron a otros partidos, siempre mediante la búsqueda del consenso y evitando la polarización de la sociedad. O sea, apostando por el deseado e imposible “centro” político. Respecto a la Unión Europea y a la globalización, si bien se reconoce que “el descontento social con la gestión de la crisis alimenta el populismo europeo”, se apunta una crítica moderada de una política económica considerada “errónea” y se incluyen propuestas repetidas muchas veces pero nunca llevadas a la práctica cuando han gobernado, como la Tasa Tobin o la eliminación de los paraísos fiscales. En cambio, su apología del libre comercio internacional les lleva a justificar su apoyo al CETA.

Empero, lo que más parece preocupar a la elite dirigente es la amenaza que supone la “democracia asamblearia” frente a la “representativa” (o sea, la de las “baronías” que ven su oligopolio amenazado por las bases): de ahí que pretendan acotar las consultas a la militancia en el futuro frente a la exigencia de obligatoriedad de consultar a la militancia los acuerdos de gobierno, como propone el documento de Sánchez.

¿”Gran Coalición” o confrontación con el PP y la austeridad neoliberal?

Con todo, más allá de las diferencias, en todos estos documentos es fácil comprobar rasgos comunes: una reivindicación acrítica del legado de la Transición y de los gobiernos socialistas (que lleva incluso a obviar no solo el papel pionero de Felipe González en los inicios de la onda larga neoliberal sino, más recientemente, el giro austeritario de Rodríguez Zapatero en mayo de 2010), junto con la de la tradición de la socialdemocracia europea (la de Bad Godesberg para adelante, claro); un cuestionamiento de algunas de las políticas de la Unión Europea, pero queriendo echar toda la responsabilidad de las mismas en la derecha conservadora y evitando cualquier mención a la crisis griega; un intento de puesta al día programática, haciendo los consiguientes guiños al ecologismo y al feminismo, sin por ello renunciar al fetichismo del “crecimiento económico”; y una defensa común, en fin, de la Declaración de Granada 3/ como respuesta al soberanismo catalán, así como un rechazo compartido a cualquier tentación de abrir un proceso constituyente.

En resumen, es en torno a la disyuntiva entre una u otra forma de “Gran Coalición” con el PP y Ciudadanos, por un lado, y la alianza con Podemos y las “confluencias” para hacer frente común contra el PP y la austeridad neoliberal, por otro, que va a girar el debate interno en los próximos meses. La nostalgia por la hegemonía en la izquierda convencional preside el discurso de una Susana Díaz empeñada en mantener la ilusión de extrapolar su liderazgo andaluz -ya debilitado y condicionado por el apoyo de Ciudadanos- a todo el Estado, mientras que Pedro Sánchez y su equipo dan por cerrada esa etapa y apuestan por mirar a su izquierda, conscientes además de que la dirección de Podemos también ha llegado a la conclusión de la difícil “pasokización” del PSOE.

Siendo conscientes de los límites en que se mueve esta confrontación –en realidad, los de la búsqueda de la mejor táctica para volver a ser “alternancia” del PP en el gobierno, asociados a su lucha por el poder y a su supervivencia respectiva como parte del régimen-, no por ello se puede ser indiferente a su desenlace. Porque, como bien demuestran el PP y la gran mayoría de los medios de comunicación, su apoyo innegable a Susana Díaz deja bien a las claras que lo que está en juego es la resolución en un sentido u otro de la crisis de gobernabilidad que afecta al régimen y, con ella, la posible agravación o no de la misma en los próximos tiempos 4/.

Por eso mismo deberíamos aprovechar este debate para, desde el respeto a la autonomía de este partido, abrir la oportunidad de, como se decía en el documento político de Podemos En Movimiento presentado en la Asamblea de Vistalegre II, “dialogar con toda esa gente que se referencia en el ‘socialismo’ por razones históricas o de identidad. Es fundamental que ese diálogo no se base en tratar de reproducir la socialdemocracia, sino en superarla en un horizonte de ruptura poscapitalista, dándole un cierto sentido de reconocimiento a aquéllos que se sienten socialistas de corazón, a sus esperanzas en un mundo más igualitario, permitiendo hacer balances críticos de manera conjunta”. Tarea, sin duda, inseparable del trabajo en común en los movimientos sociales y en los espacios públicos de lucha en los que podamos encontrarnos en los próximos meses.

Notas:

1/ Por ejemplo: “En la permanente crisis de la socialdemocracia”, Brais Fernández y Jaime Pastor, ctxt, 12/10/2016.

2/ Llama la atención, no obstante, que pese a esa reivindicación de la Transición, se mencione en esta Ponencia que a lo largo de la historia de este régimen ha habido “tres momentos dominados por la desafección” (p. 39), reconociendo que el primero fue el que se produjo a finales de los años 70 del pasado siglo, el “desencanto”, justamente frente a los frutos amargos de esa Transición “modélica”. ¿En qué quedamos?

3/ Para una crítica del contenido de esa Declaración me remito a mi artículo “Ni federalismo plurinacional ni derecho a decidir. A propósito del documento del PSOE”, viento sur, 09/07/2013. Disponible en www.vientosur.info/spip.php?article8144 .

4/ El calendario establecido permite, además, la hipótesis de que los resultados de las primarias puedan entrar en contradicción con el documento político que llegue a ser aprobado en el Congreso, con lo cual el conflicto de legitimidades estaría servido.

Rusia: Las manifestaciones y el mito de la “mayoría putiniana”

por  Ilya Boudraïtskis//
El pasado 26 de marzo tuvieron lugar manifestaciones en casi todas las grandes ciudades de Rusia, y, en numerosas ocasiones, fueron severamente reprimidas por la policía.

Estas acciones han sido las más importantes que la oposición haya realizado desde 2011-2012 (tras los fraudes que ensuciaron las elecciones legislativas). Sin embargo, el proceso actual difiere mucho de los acontecimientos de hace cinco años, tanto en el terreno de las reivindicaciones políticas como en el de la composición de la gente participante. Esta vez, lo central no son ya las libertades democráticas o las elecciones libres, sino la cólera ante la corrupción en el seno del gobierno y las escandalosas desigualdades sociales. Ha sido la película producida por el grupo del populista liberal Alexei Navalny lo que ha estado en el origen de las manifestaciones. El vídeo, que trata sobre la inmensa fortuna ganada de forma deshonesta por el Primer Ministro Dmitri Medvedev, ha recogido no menos de trece millones de visitas en Youtube en algunos días, sin que las autoridades lo juzguen digno de ningún comentario. Navalny ha llamado a cualquier persona que desee oír explicaciones a salir a la calle.

Aumento del descontento

En la mayor parte de las ciudades, las autoridades se han negado a autorizar las concentraciones advirtiendo que estaban dispuestas a dispersarlas por la fuerza. En consecuencia, las acciones han acabado en brutales palizas y detenciones (por ejemplo, el 26 de marzo solo en Moscú fueron detenidas más de 1000 personas). El propio Navalny deberá pasar las dos próximas semanas en prisión con algunos de sus asociados.

El gran número de participantes, jóvenes a menudo en edad escolar, es la primera particularidad de los acontecimientos. Este dato ha sido objeto de especulaciones en los medios progubernamentales sobre una supuesta “rebelión de los jóvenes” y a una “implicación criminal de los muy jóvenes en la política”. Sin embargo, sería erróneo describir los acontecimientos como manifestaciones de jóvenes: de hecho, todas las generaciones estaban representadas. El segundo nuevo factor es la politización de las regiones del interior del país, antes consideradas como caldo de cultivo de las orientaciones conservadoras y progubernamentales. Miles de personas se han organizado para tomar la calle en ciudades en las que ninguna manifestación había tenido lugar anteriormente. Si en el pasado Moscú y San Petersburgo contrastaban por su actividad política con el resto del país, hoy la situación ha cambiado.

Las razones de la cólera

Estas manifestaciones contra la corrupción tienen lugar con el trasfondo de una crisis económica que se agrava, de un descontento creciente frente al deterioro del nivel de vida y de los recortes en los presupuestos sociales. La política antisocial realizada por las autoridades estos dos últimos años va acompañada de una retórica “victimista”: todo el mundo debe apretarse el cinturón por patriotismo, mientras la Rusia dirigida por Putin lucha por su grandeza internacional contra la hegemonía de Occidente. Toda crítica hacia el poder es percibida como producto de un complot extranjero cuyo objetivo sería desarrollar un “guión Maidan ukraniano/primavera árabe” en Rusia…

Esta propaganda que mezcla patriotismo y teoría el complot va acompañada de una política drástica de austeridad. La mayoría de la población constituye su principal víctima mientras que el delgado círculo de multimillonarios cercanos a Putin continúa enriqueciéndose, principalmente a través de los suministros públicos y de la asistencia a los bancos. Hace poco, la grandes compañías que se encuentran bajo el efecto de las sanciones occidentales han sido en parte exoneradas de impuestos.

La introducción de tasas de autopistas para los chóferes de los camiones pesados ha provocado también descontento. El dinero, pagado con el dinero de los propios chóferes, es transferido indirectamente al presupuesto vía un operador privado (cuyo propietario resulta ser el amigo de infancia de Putin, Arkadi Rotenbert). El 27 de marzo, el sindicato de los camioneros lanzó una huelga nacional que se prolonga hasta hoy. En todo el país, miles de vehículos bloquean la autopistas sin que se difunda ninguna información sobre ello en los informativos de los principales medios, todos controlados por el gobierno.

El mito se desmorona…

La intensificación de la cólera social y política se hace sentir a un año de las elecciones presidenciales que tendrán lugar en marzo de 2018. Según el plan del Kremlin, estas elecciones debían convertirse en un plebiscito para Putin, el gran líder nacional al que no existe ninguna alternativa.

El resto de los candidatos, en particular el grupo pre-designado de payasos políticos que han acabado por cansar a todo el mundo desde hace mucho -del tipo Vladimir Jirinovski-, no suscita ninguna confianza. Sin embargo, hoy es evidente que no será sencillo que se lleve a cabo el guión preparado por el Kremlin. Éste deberá o bien permitir presentarse a candidatos realmente de oposición (en primer lugar Navalny), o bien implicarse en una vía aún más dura. En cualquier caso, lo que las manifestaciones del 26 de marzo han demostrado es que el “consenso patriótico” que reuniría a la mayoría de la sociedad rusa alrededor de Putin y de su régimen es un mito que no tardará mucho a formar parte del pasado.

Hebdo L’Anticapitaliste – 378 (06/04/2017)

https://npa2009.org/actualite/international/russie-les-manifestations-et-le-mythe-de-la-majorite-poutinienne

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Los espejos del Partido Socialista de Chile

por Ibán de Rementería

La resolución del Comité Central, el pasado el 1 de abril, de denegarle a las bases del Partido Socialista de Chile así como a sus seguidores y simpatizantes la posibilidad de escoger entre sus militantes al precandidato presidencial del Partido en la próximas elecciones primarias de la Nueva Mayoría, marca todo un hito en la historia de la decadencia ideológica y política de este caracterizado partido de la política nacional y regional, mal que mal es el partido de Salvador Allende, el partido de la Unidad Popular, el primer intento de construir el socialismo por la vía democrática y pacífica, por lo cual paradójicamente fue arrasado a sangre y fuego, el partido del frente de trabajadores, etc.

A decir verdad la decadencia del PS se inicia en su práctica con la recuperación de la democracia, en la conformación de la Concertación de los Partidos por la Democracia, su concepción se inició antes con el arrepentimiento de las ideas insurreccionales fantasiosas –no hubo propiamente autocrítica-, la característica fue la aceptación primero y luego la asunción como práctica política del neoliberalismo, como modelo de gobierno político, social y económico, consistente esencialmente en transferir a la reproducción ampliad del capital privado las funciones públicas esenciales de las obras públicas en la conectividad –carreteras, puentes, puertos, vías urbanas, etc.-, producción de energía, comunicaciones, explotación de los recursos naturales y el agua, transfiriendo al capital nacional y transnacional las gigantescas rentas que la explotación de esos recursos y servicios generan; además,  procediendo a entregar a la reproducción ampliada del capital la realización de los servicios públicos que garantizan el cumplimiento de los derechos sociales que son la base del pacto constituyente entre la ciudadanía y el estado nacional, tales como la salud, la educación, la seguridad social, la vivienda y el desarrollo urbano, la recreación, etc.

Cuando un sector del Partido Socialista, la Izquierda Socialista, se propone el desmonte del neoliberalismo en los ámbitos, económicos, sociales, culturales y políticos de la sociedad chilena, explicita entonces que el Partido Socialista fue incapaz de defender  los intereses de los trabajadores que dice representar así como el de las grandes mayorías nacionales. El gran argumento para sustraerse a la representación de los trabajadores fue el derrumbe del socialismo realmente (in)existente en la década de los 90 del siglo pasado, pese a que el eje de la diferenciación del Partido Socialista, desde su fundación, con la Tercera Internacional Comunista, había sido el carácter antidemocrático y autoritario de esos regímenes políticos, con absoluto desconocimiento de los derechos políticos de sus ciudadanos.

La mayor miopía ideológica y política de la conducción tradicional del PS desde el retorno de democracia es que ésta no se ha percatado que las tareas políticas pendientes son las conquistas  socialdemócratas para las y los trabajadores que ya habían sido alcanzadas durante el siglo pasado y que fueron arrasadas por la Dictadura Militar y consolidadas por la Concertación.

En lo inmediato el desmonte del neoliberalismo es  en el campo de salud poner término a las ISAPRES, donde la capacidad de ahorro de las y los chilenos no beneficie al capital, como empréstito forzoso barato, sino que aporten a un sistema nacional de salud de calidad y acceso universal; en el campo de la seguridad social es terminar con AFP donde estas también se benefician del empréstito forzoso y barato a que se obliga a las y los trabajadores, usando esa capacidad de ahorro en el aporte a un sistema nacional, solidario y digno de reparto de pensiones, que necesariamente debe ser complementado por los empleadores y el Estado ; en el campo de la educación es asegurar un sistema nacional de educación pública de cubrimiento universal y no la transferencia de esos recursos al capital privado para su reproducción ampliada, para hacer ganancias, obtener  utilidades, intereses  y rentas.

La otras medidas anti neoliberales concretas son atingentes a la recuperación de las rentas públicas por las explotación de los recursos naturales como los minerales, los recursos pesqueros y el agua, mediante el cobro de regalías o royalties –el antiguo quinto real-  es más el Estado debe invertir y emprender en empresas de explotación de esos recursos que agreguen a sus rentas las utilidades correspondientes, como acontece con CODELCO. En este caso la explotación del litio es promisoria y aún está en poder del yerno de Pinochet. Las obras públicas en la conectividad nacional es otra fuente de rentas en carreteras, autopistas, puentes,  túneles, puertos y aeropuertos –localizaciones geoestratégicas-, tanto es así que las grandes obras de las concesiones revertidas a los 30 años pasan íntegramente al Estado, ya que las rentas y utilidades obtenidas por el capital privado en ellas invertidos fueron tan extraordinarias que esas obras tienen un valor comparativamente poco significativo.  La explotación pública de los recursos hidráulicos –represas y sistemas de riego-  e hidroenergéticos –centrales de paso- sería otra importante fuente de rentas y utilidades para el presupuesto público.

La recuperación por el Estado de esas rentas y utilidades por la explotación de los recursos naturales y las localizaciones geoestratégicas bien puede financiar todas las necesidades nacionales de salud educción, seguridad social,  vivienda y desarrollo urbano; también para desarrollo social y medio ambiental, científico tecnológico, artístico cultural, etc. Como, por ejemplo, acontece con las rentas y utilidades petroleras en Noruega, o con la renta portuaria en Hamburgo. Como lo habría dicho Salvador Allende estos son los sueldos de Chile. La recuperación de las rentas y utilidades que le corresponden al Estado es la única manera de prevenir los discursos y evitar las prácticas populistas para dar cumplimiento a la satisfacción de los derechos sociales. Esas  medidas junto con mejorar el derecho de negociación de los trabajadores, así como haciendo pagar más impuestos a los que más tienen y menos a los que poco y nada tienen, son las tres maneras de redistribuir el ingreso, la riqueza nacional.

Finalmente,  todo lo anterior solo será posible si se cambia la Constitución Nacional de Pinochet y Guzmán, que en lo político asegura el poder de las minorías constituidas mediante los quórum calificados, si el asunto de la democracia es la distribución equitativa del poder entre los ciudadanos este sistema es la concentración del poder,  fundacional  y a perpetuidad. Constitución ésta que impide al Estado constituirse en empresas, que le asigna a este un papel subsidiario al sector privado en las prestaciones de los servicios de salud, educación, seguridad social, etc., que aseguran la garantía de los derechos sociales de las y los chilenos, que mediante el Tribunal Constitucional se inventa un supra poder del Estado por sobre los otros tres.

Sobre estos puntos programáticos, a no dudarlo, deben ser confrontadas las propuestas programáticas de la derecha expresada en el Chile Vamos y liderada por Piñera, también deben ser confrontadas las propuestas programáticas del actual Comité Central del Partido Socialista liderado por Elizalde, ¿cuáles serán sus propuestas para exigirle un “programa progresista” a la candidatura presidencial de Guillier, la más opcionada  de la NM? Por otra parte, las maneras específicas de dar cumplimiento a estas medidas anti neoliberales serán los criterios de diferenciación y aproximación con las propuestas que hagan sobre estos asuntos el Frente Amplio.

Los sectores conservadores –el partido del orden que llama a la Asamblea Constituyente  fumar opio-, y los sectores pragmáticos que solo les preocupa su reproducción clientelista y el “reparto de los negocios”, quienes se han constituido en una mayoría clientelar, espuria y temerosa de las bases militantes de Partido Socialista, pueden mirar el futuro al cual quieren conducir al Partido tanto en PASOK griego como en el Partido Social Demócrata Holandés.

El Movimiento Socialista Panhelénico, más conocido como PASOK, es  partido socialdemócrata de Grecia fundado en 1974 luego de la caída de la Dictadura Militar, gobernó el país durante los años ochenta y noventa, perdió el poder en 2004, en 2009 ganó de nuevo las elecciones por mayoría absoluta. Para las elecciones griegas del 2012 el partido sufrió un duro golpe quedando en el tercer lugar, en las elecciones de 2015 donde triunfó  el  partido Syriza representante de la otra izquierda, quedó con apenas un 4,7% de los votos.

El Partido del Trabajo (PvdA), formación socialdemócrata que ha gobernado en coalición con los liberales en Holanda los últimos cuatro años, ha sufrido una derrota histórica en las elecciones generales del pasado mes al pasar de 38 a 9 diputados, los socialdemócratas se quedó sin su suelo electoral, que estaba en los 22 escaños que consiguieron en las elecciones de 2002. Su derrota se ha convertido en el éxito de los Verdes (Groenlink )y de la política de movilización, con activismo en redes sociales y grupos de base; y un programa con amplias medidas sociales y no sólo medioambientales, esta ha sido la fórmula de éxito con lo cual que casi han triplicado su representación y se ha convertido en la primera fuerza de la izquierda, absorbiendo buena parte del voto joven socialdemócrata. El PASOK y el PvdA son los espejos en el cual debe mirarse la actual conducción del Partido Socialista de Chile.

LA LUCHA CONTINÚA Y OTRO PARTIDO SOCIALISTA SI ES POSIBLE

 

(Fotografía: Luis Weinstein,  junio del 79, Metro de Santiago)

Trump contra Siria: El mundo se tambalea al borde de la guerra

por Andre Damon//

El martes, varios funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones extraordinarias y provocativas contra Corea del Norte, poniendo en manifiesto que el peligro de una gran guerra en el Pacífico es cada vez mayor.
“El tiempo se ha agotado y todas las opciones están sobre la mesa”, le comentó un oficial de Washington a la prensa, refiriéndose al conflicto con el país asiático. Después de que el gobierno norcoreano probara otro misil balístico disparándolo al mar de Japón la noche del martes, el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, comunicó ominosa y superficialmente que, “EE.UU. ha dicho lo suficiente sobre Corea del Norte. No tenemos más comentarios”.
Las implicaciones de estas enigmáticas amenazas fueron dilucidadas por el exgeneral John “Jack” Keane, un importante asesor de la campaña de Hillary Clinton que rechazó en noviembre la oferta de Trump de convertirse en secretario de Defensa.
“Un ataque preventivo contra instalaciones de lanzamiento, instalaciones nucleares subterráneas, artillería y cohetes de respuesta y sitios de liderazgo del régimen podría ser la única opción que queda sobre la mesa”, le dijo Keane al diario London Times el martes. “Nos estamos acercando rápido y peligrosamente a una opción militar”.
El sábado pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró estar dispuesto a ir “unilateralmente” a la guerra contra Corea del Norte.
El mismo fin de semana, el exsecretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, quien apoya la escalada militar estadounidense contra China y Corea del Norte, describió lo que implicaría una operación militar contra Corea del Norte, “cuya intensidad de violencia no hemos visto desde la última Guerra de Corea”. En esa guerra murieron casi tres millones de personas.
A pesar de que la Casa Blanca está amenazando con iniciar un conflicto militar de gran escala en el Pacífico, la prensa estadounidense ha reclamado una nueva escalada en Siria en respuesta a un presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad.
EE.UU., Reino Unido y Francia introdujeron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando el ataque prevista para una votación el miércoles. Trump condenó las “acciones atroces del régimen de Bashar al Asad” en un comunicado donde responsabiliza la “debilidad” de su predecesor, Barack Obama.
Actualmente, están siendo desplegados cientos de soldados adicionales a Irak y Siria, a pesar de que no ha habido ninguna discusión pública o debate al respecto. Un portavoz del Pentágono le indicó al periódico Los Angeles Times que, “La coalición no anuncia ni confirma rutinariamente la información sobre la capacidad, los números, la ubicación ni el movimiento de las fuerzas dentro o fuera de Irak y Siria”.
Trump recalcó este punto en una entrevista con el diario londinense Financial Times este fin de semana: “Yo no soy el EE.UU. del pasado cuando te decíamos dónde íbamos a atacar en Oriente Medio… ¿Por qué hablan? No hay por qué hacerlo”.
El violento conflicto en Siria y el posible “ataque preventivo” contra Corea del Norte son, de hecho, combates indirectos entre EE.UU. y sus principales adversarios geopolíticos, China y Rusia. Sin embargo, Washington ya está adoptando una postura militar más directa y agresiva contra ellos.
El fin de semana, llegaron 1.350 tropas más de la OTAN a Orzysz, en el noreste de Polonia. Según Tillerson, estas tropas, junto con las miles de otras que la OTAN ha estacionado a lo largo de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, han sido enviadas para contrarrestar “la agitación violenta de Rusia y la agresión rusa”.
En los próximos días, se espera que Trump intensifique aun más las tensiones con Rusia cuando anuncie su respuesta a presuntas violaciones rusas del Tratado de Fuerzas Nucleares de Distancia Intermedia, mientras los medios de comunicación como el New York Times piden a gritos que ésta sea la ocasión para recrudecer la escalada militar contra este país.
El viernes pasado, Trump también firmó dos órdenes ejecutivas que avanzan la agenda de guerra comercial de su administración contra China y manifestó que su reunión esta semana con el mandatario chino, Xi Jinping, será “difícil”.
Asimismo, la Casa Blanca ha agravado las tensiones con su aliado de la OTAN, Alemania. El viernes pasado, les exigió a todos los miembros de la OTAN aumentar sus gastos militares, a lo que respondió el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, acusando a EE.UU. de querer comenzar una “guerra comercial” y pidiéndole a la Unión Europea quejarse formalmente ante la Organización Mundial del Comercio.
Mientras que EE.UU. se encuentra en el centro de los preparativos para otra gran guerra, la crisis del orden mundial dominado por el país norteamericano está atizando las disputas militares en todo el mundo.
Pocos días después de que Reino Unido iniciara oficialmente su salida de la UE en virtud del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, dicho país y España entraron en un conflicto sobre el territorio estratégico de Gibraltar. El exdirigente conservador, Michael Howard, sugirió fuertemente el domingo que Reino Unido estaría dispuesto a luchar una guerra por ese territorio. A su vez, el contraalmirante británico, Chris Parry, añadió: “España tiene que aprender de la historia que nunca ha valido la pena enfrentarse a nosotros y que todavía podemos chamuscarle la barba al rey de España”.
Mientras tanto, Japón se está rearmando rápidamente, poniendo en uso este mes su segundo portahelicópeteros. La semana pasada, el Partido Liberal Democrático (PLD) que gobierna Japón solicitó la adquisición de armas para “contraataques”, tales como portaaviones y misiles de largo alcance, a pesar de estar prohibidas por su Constitución.
India, según varios informes, ha estado modificando sigilosamente su programa nuclear. El New York Times reportó la semana pasada que el país “está considerando permitir ataques nucleares preventivos contra Pakistán en caso de una guerra”.
Como sucedió al inicio de la Primera Guerra Mundial hace un siglo, el mundo entero se ha transformado en un gran barril de pólvora. Cualquiera de estos e innumerables otros conflictos podría desencadenar una serie de acontecimientos que detone una guerra entre potencias nucleares, resultando en la muerte de cientos de miles, si no millones de personas en cuestión de horas.
El inmenso peligro de una nueva guerra mundial refleja el estado crítico en el que se encuentra el sistema del Estado-nación, desmoronándose bajo el peso de la profunda crisis del orden capitalista en su totalidad.
Las clases gobernantes capitalistas tienen una sola solución para esta irresoluble crisis: otra guerra mundial, con todos los horrores que implacaría. La clase obrera internacional debe oponerse a la guerra con su propio programa: la abolición del sistema del Estado-nación y del control privado de la producción, junto con la reorganización global de la economía en una federación socialista mundial.

La Crisis del Partido Socialista

Por Osvaldo Costa

 

La política es una actividad frecuentemente dura y brutal, dado que es el lugar de confrontación de los intereses de las clases sociales, sin embargo, por regla general, los conflictos son maquillados con valores morales y presentados a la luz de intereses superiores, a fin de hacer digerible por la población las consecuencias de los enfrentamientos, que por lo general, en una sociedad burguesa, son adversas a las clases populares. Sin embargo ocasionalmente los ejecutores de la política de la burguesía, dejan entrever con meridiana claridad sus objetivos y métodos, fue el caso de Zaldívar y su famosa cocina. Y es el caso actual de la directiva del PS que dejando a un lado cualquier veleidad diplomática, pateo el tablero de la democracia interna del PS y mostrando su veta autoritaria asumió por sí y ante si la decisión de quien ungirá al precandidato de la colectividad.

En el comité central presidido por Isabel Allende, realizado el sábado 1 de abril se decidió –pasando por sobre los acuerdos democráticos tomados en el último congreso partidario- no realizar primarias en el PS, sacando del camino a los dos postulantes José Miguel Insulsa y Fernando Atria.

 

Las razones de una maniobra

Hay un cerrado acuerdo entre las tres facciones dominantes del PS; terceristas, renovados y el grupo de las Grandes Alamedas, quienes tienen claro que de realizarse la consulta a las bases, se le cierran las posibilidades a sus candidatos Lagos y Guillier. Las cúpulas de esta “troika” tienen claro que ni Lagos ni Guillier cuentan con un apoyo mayoritario de las bases, de ahí que la solución del problema sea sacar de la ecuación a las bases, y tomar una acuerdo cupular en el próximo comité central (el 23 de abril), donde pragmáticamente se tomara una decisión. Los cálculos son claros, Lagos no tiene posibilidades, mientras que Guillier que carece de un aparato sólido, esto lo hace un candidato ideal para el aparato del PS, que puede copar el equipo de campaña de Guillier y luego, en caso de triunfar copar el gobierno y el aparato administrativo del estado. Luego… vendría el negocio.

La maniobra ejecutada muestra claramente que el PS es una orgánica cuya única estrategia es la captura y gestión del poder. En la consecución de este objetivo carece de importancia el desarrollo de algún tipo de conexión con la estructura social, para empezar con su propia militancia. Para la actual directiva del PS la militancia no tiene el rol de ser un sujeto activo en la construcción política democrática, sino el de ser meros comparsas que tienen la función de validar y asentir lo que decidan los jerarcas de la organización. Lo único relevante es la captura de espacios de poder para los miembros de la cúpula del partido. Esto es lo que explica en ultimo termino porque el PS no tiene ninguna relación con las necesidades y las ilusiones de las masas, porque su nula participación en las demandas de los trabajadores, estudiantes, jubilados o pobladores. Es lo que explica que el PS se haya transformado en un partido clientelizado, al servicio de los grandes grupos económicos y en permanente contradicción con su propia historia.

Aunque cueste creerlo aún existe al interior del PS un segmento de honestos militantes y simpatizantes del PS, lo que se ha dado en llamar el pueblo socialista. Que sostienen hasta el día de hoy la ilusión de que es posible revertir el curso hacia la derecha y construir una izquierda antineoliberal y socialista dentro del PS. Es la hipótesis que sostiene (¿) Fernando Atria, construir a lo Jeremy Corbin, desde dentro del PS una nueva forma de hacer política con la participación de los trabajadores y las masas. Esta hipótesis ha sido destruida con ferocidad por los jerarcas actuales del PS. No somos los ingleses de Latinoamérica, el comité central del 1 de abril ha clausurado la posibilidad de acceder a ejecutar algún programa –no digamos socialista- progresista dentro del PS.

Sin embargo no todo está perdido, hay otra vía para los que piensan que es absolutamente imprescindible el cambiar el sistema capitalista neoliberal, es una vía no exenta de problemas y contradicciones a resolver, esa vía es la de construir nuevas orgánicas donde haya objetivos claros donde las decisiones se tomen de manera democrática, donde el centro del actuar político sean las necesidades de los trabajadores y las masas.

¿Por qué socialismo?

Albert Einstein

Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.

 

¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana –como es bien sabido– ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y –si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos– son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?»

Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad».

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido — exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos — que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos — en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo — no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional– puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

Sobre el Frente Amplio, ¿Ni de Izquierda, ni de Derecha?

 

por Pepe Burgos//

No es la primera vez que emerge ese discurso en nuestro país, lo hizo la concertación en 1989 en su campaña presidencial de Patricio Aylwin, abandonó su discurso de izquierda, se llenó de nuevos bríos europeos cuando instalan la teoría de la “Renovación Socialista” de los años 80 de Tony Blair y Anthony Guidden. Años más tarde lo hizo La Surda cuando se estaba descomponiendo como propuesta política entre los años 2000 y 2005 y luego terminaron trabajando la campaña de Michelle Bachelet y entraron en masa a su primer gobierno del 2006 al 2010. Si vamos más atrás en la línea del tiempo fue el discurso que levantó Carlos Ibáñez del Campo en 1952 en la campaña presidencial de su segundo gobierno, su estrategia se basaba en no hacerse apoyar ni por la izquierda, ni la derecha clásica…

Levantó una campaña populista que tuviera la demanda de la izquierda del período y la inyección económica que precisaba el empresariado respaldado por la CORFO. De esa manera tenía comiendo de su mano al gallo rojo y al gallo negro. La idea de Carlos Ibáñez del campo era ubicarse en el centro. A los dos años de gobierno ya estaba gobernando para los grandes monopolios, pero por otra parte dejó contento al Partido Comunista al derogar la ley de defensa de la democracia también conocida como la “Ley maldita” que creara Gabriel Gonzales Videla para dejar fuera del parlamento a los Comunistas en 1947 (en plena guerra fría y por mandato del presidente de EE.UU. Harry Truman).

Volviendo al gobierno de Ibáñez del Campo se situó en una posición tercerista (al medio o al centro de las dos grandes posturas: Izquierda Vs Derecha) su objetivo fué ganarse las grandes masas electorales, sobre todo a los sectores más despolitizados, cosa que consiguió sacando un aplastante votación cercana a los 500 mil electores. Superó lejos a la derecha que sacó cerca de 350.mil votos. Allende sacó solo 50 mil votos. Quienes mantenemos viva la memoria histórica de las luchas de nuestro pueblo recordamos la masacre del 2 y 3 Abril de 1957. Ibáñez cerco en el centro de Santiago haciendo una encerrona a los estudiantes que protestaban, instalando nidos de ametralladoras punto 30 en plena Alameda y Mapocho, desato una de las grandes masacres “en período democrático”.

EL FRENTE AMPLIO Y LA ESTATEGIA TERCERISTA

Creo que el Frente Amplio en el actual contexto histórico quiere rescatar la estrategia que utilizó entre 1988 y el 2000 La Concertación que es la postura tercerista, ubicarse al centro del Vs Izquierda-derecha. El objetivo es llegar a los sectores despolitizados que en el actual período que es bastante más de lo que imaginamos, Con una derecha desprestigiada por sus relación con la dictadura y los millonarios negocios de Sebastián Piñera en su gobiernos de 2010 al 2014 y una Nueva Mayoría (ex Concertación democrática) agotada con 5 gobiernos a cuesta que ya no tiene nada que ofrecer. La descomposición de una izquierda institucionalizada como el Partido Socialista y el Partido Comunista coludidos con la corrupción institucional y desprestigiada por sus instrumentos que controlan la CUT para frenar las demandas de los trabajadores. El control que hacen de los instrumentos del Estado para frenan las demandas de las masas.

El Frente amplio no se posiciona, ni se identifican dentro de la izquierda clasista y revolucionaria (que sigue existiendo), sino que se posiciona bajo un contexto reformista (en el buen sentido, sin ser peyorativo) creen, piensan que la institucionalidad chilena permite las reformas. Que basta con las buenas intenciones y los deseos, pero abandonan un análisis de la realidad concreta, histórica. Su apuesta es copar el espacio que abandonó la Concertación o la Nueva Mayoría, la apuesta Tercerista, ubicarse al centro de la lucha de clases, ni a favor de los trabajadores ni a favor de los empresarios. Es resucitar el modelo agotado de los años 80 y 90 de la Renovación Socialista en Europa e importada a Chile y latino América.

Dentro de los grupos que participan de la construcción del Frente Amplio están los teóricos de la Surda, también están los liberales (ojo son de derecha). De ahí nace la idea que el F.A no debe teñirse de rojo, hay que dar cobertura a la derecha democrática. La derecha liberal que históricamente se ha confrontado con la derecha Conservadora. No olvidemos que durante el período del gobierno de Salvador Allende la derecha Liberal hizo una tregua con la derecha conservadora y, en alianza, impulsaron el Partido nacional que fue el opositor más férreo contra el gobierno de Salvador Allende. La derecha liberal estuvo en contra de Allende y durante la dictadura no sacaron la voz, muchos de ellos participaron del gobierno de Pinochet. Hoy una expresión de esta derecha liberal quiere ocupar un lugar en el Tercerismo que impulsa el Frente Amplio, pero con una exigencia que el F.A no esté controlado por la izquierda….

¿Uno se pregunta a qué obedece esas concesiones a la derecha liberal dentro del Frente Amplio?, si los liberales tienen una insignificante votación. La pregunta queda abierta

La Importancia de la Seguridad Social

Por Luis Mesina

 

 

Prefacio del libro Nuevo Sistema de pensiones para Chile. Propuesta de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP 

Cientos de miles de chilenos y chilenas han salido a las calles exigiendo el fin de las AFP. La transversalidad generacional, social y económica de quienes se manifiestan es diversa. Hay un punto que los une: este sistema nos condena a todos a una vejez indigna y ello exige luchar para cambiarlo.

Las AFP creadas en dictadura y perfeccionadas en estos años de “democracia” son la expresión más concreta de la extrema desigualdad que padecemos; derechos tan vitales como la salud y la previsión fueron expropiadas por José Piñera en 1981 y, después de 36 años, nos hemos levantado para decir NO+AFP.

La demanda por seguridad social implica la restitución de un derecho fundamental arrebatado por la fuerza. En la mayoría de los países, existen sistemas de reparto solidarios y a pesar de todas las ofensivas de los organismos multilaterales por disminuir beneficios a los trabajadores, éstos, siguen contando con sistemas que garantizan llegar al fin de la vida laboral en condiciones de respeto y dignidad. Eso no ocurre en Chile.

Actualmente más de 300 mil compatriotas reciben una pensión promedio de 119 mil pesos, cantidad que se convierte en un calvario cuando la persona requiere de salud. Otro derecho arrebatado en nuestro país

Por ello, la demanda que hacemos desde el mundo del trabajo para restituirles a todos los chilenos y chilenas este derecho fundamental, debe ser una tarea de todos, aquí nadie sobra. Acabando con las AFP -la estafa más grande de nuestra historia-, habremos terminado con la matriz económica actual que ha permitido la más alta concentración de la riqueza en pocas manos y, de paso, ha lanzado a muchas generaciones de compatriotas a la más absoluta pobreza.

La propuesta que presentamos en este libro ofrece la posibilidad de instalar en Chile un verdadero sistema previsional, que permitirá avanzar hacia la instalación definitiva de seguridad social para toda nuestra patria. ¿De quién depende? Solo de nosotros que somos la mayoría.

Luis Mesina

Intervención de parlamentarios revolucionarios en el Congreso Nacional de Chile

Publicamos estas intervenciones históricas de dos parlamentarios trotskystas en el Congreso chileno, las del Diputado Emilio Zapata y el Senador Manuel Hidalgo el año 1933. Las transcribimos rigurosamente, teniendo como base las propias actas del Congreso Nacional. En ellos se desarrolla la línea leninista de intervención de los revolucionarios en el parlamento burgués. Estos textos, sirven como referencia para contribuir a una crítica  a la intervención vergonzante de la izquierda chilena en el parlamento en nuestros días. Volver sobre estas intervenciones nos permite observar con nitidez la profundidad del abismo que separa la política revolucionaria de lo que es hoy en día la izquierda del régimen.

 

EP

El Punto de Vista del Partido Comunista
Discurso pronunciado en la sesión de la Cámara de Diputados el 24 de Enero de 1933 por el diputado trotskista Emilio Zapata Díaz.
El Sr. ZAPATA: En otras oportunidades, señor Presidente, no me ha sido posible expresar mis observaciones de acuerdo con la representación que tengo en esta Cámara y voy a aprovechar la oportunidad que se me presenta en estos momentos para manifestarlas Seguir leyendo Intervención de parlamentarios revolucionarios en el Congreso Nacional de Chile

Entrevista a Frank Gaudichaud: Entre el reflujo de los progresismos y experiencias alternativas

¿El regreso revanchista de los neoliberales a los gobiernos de algunos países de América Latina pone en entredicho las experiencias liberadoras de los últimos años ?

La realidad es más compleja, nos dice Franck Gaudichaud.

¿En qué se han convertido en realidad los « intentos de alternativas liberadoras locales o nacionales en marcha » que evocas en una entrevista en este mismo medio ? /1

Más que un « final de ciclo » en América Latina, tema de numerosos debates actuales, asistimos al regreso de una coyuntura sociopolítica. Y más exactamente al reflujo de fuerzas progresistas o nacionales-populares en varios países claves, especialmente en Venezuela donde la oposición ya domina el Parlamento y donde hay una enorme crisis económica y política. Y en Brasil, con el golpe parlamentario que permitió la destitución de Dilma Roussef, país donde existe un auténtico descontento de las clases populares y medias frente al balance del Partido de los Trabajadores (PT) y todavía más frente al corrupto Gobierno conservador actual. Otro símbolo de esos reflujos en curso es Argentina con la llegada del neoliberal Mauricio Macri, el hombre de la patronal y las multinacionales, tras el fracaso electoral de Cristina Kirchner en las elecciones presidenciales. Podríamos seguir así –pero en una medida mucho menor- con la derrota de Evo Morales en Bolivia en el último referéndum, aunque Morales todavía es popular, está muy arriba en los sondeos y aparentemente en condiciones de volver a presentarse a pesar de todo. Finalmente hay numerosas tensiones y conflictos abiertos entre los movimientos sociales-medioambientales, sindicalistas o indígenas y el Gobierno de Correa en Ecuador.

Esos reflujos políticos y electorales relativos, de lo que en dos palabras se podría denominar “progresismos gubernamentales”, y de las nuevas fuerzas políticas hegemónicas en una decena de países sudamericanos desde 2002-2005 vienen acompañados de un balance crítico de la cuestión del extractivismo y la utilización de los recursos naturales, de las formas de desarrollo y producción, de las nuevas dependencias y reprimatización de las economías, un debate impulsado por ciertos sectores de los movimientos sociales e indígenas, así como por las corriente de la izquierda anticapitalista (que permanece muy minoritaria). Balance que en el plano de los avances sociales y de reconstrucción de un Estado social en esos diferentes países es claramente positivo comparado con el período neoliberal anterior, como lo señalan regularmente el sociólogo brasileño Emir Sader y diferentes intelectuales próximos a los ejecutivos progresistas.

Sin embargo, no basta con ver el nivel estatal e institucional, también hay que mirar la efervescencia popular que continúa “por abajo”, y abajo a la izquierda, en términos de autoorganización, de creación de espacios autogestionados, de empresas recuperadas, de comunidades indígenas que recuperan su territorio y se oponen a las multinacionales (como los shuars en Ecuador), de medios comunitarios en los barrios populares urbanos o rurales como Radio Villa Francia o Canal Señal 3 en Santiago de Chile) /2. En esta ebullición está también la construcción zapatista que remonta en México, ya que el avance de la idea de la candidatura de una mujer indígena a las próximas elecciones presidenciales, apoyada por un consejo indígena, es una excelente noticia (después de años de retiro en sus tierras de Chiapas). También están los consejos comunales y las organizaciones cooperativas rurales existentes en el marco del proceso bolivariano, algunos todavía activos. La idea de la construcción comunal permanece a pesar de la profunda descomposición actual. Y a pesar de los ataques constantes a las empresas recuperadas en Argentina se puede hablar de conquista a largo plazo en decenas de ellas. En el Cauca, en Colombia o en Cuba se llevan a cabo experiencias innovadoras de agroecología, etc.

Así pues, a pesar de un reflujo real “por arriba” y la vuelta revanchista de las derechas, a pesar de la violencia neoliberal e imperialista, y también militar, paramilitar y el narcotráfico (en México, en Colombia, en Centroamérica), hay un conjunto de experiencias que restablece el debate estratégico sobre cómo transformar el mundo y distribuir el poder, sobre la necesidad de combinar la construcción por abajo sin abandonar la transformación radical del Estado. Pero los límites del movimiento progresista de la década muestran la dificultad que eso significa.

¿Hay una traducción política de los movimientos populares en los poderes instituidos, en las estructuras estatales de los diferentes países ?

Vuelve el debate (intenso desde finales de los años 90) sobre “cambiar el mundo sin tomar el poder” (de Estado) o, al contrario, tener como objetivo la conquista del Gobierno y del Estado a través de las urnas para forjar una contrahegemonía frente al neoliberalismo en conjunto con los movimientos sociales. Globalmente se trata de una falsa dicotomía. En todo caso los términos del debate –de momento- ya no son como en los años 70, “vía armada” contra “transición institucional”. Vemos que la mayoría de los nuevos movimientos políticos de izquierda, y antiguos como el PT, tomaron nota, a veces antes incluso de la caída del Muro, del peso de las instituciones y de los momentos electorales para intentar construir un espacio político propio. Pero eso no impide que el dilema siga ahí: ¿Si se consigue el Gobierno se consigue realmente el poder? El poder económico, militar, mediático, de clase, finalmente, está en gran parte en otro lado. El Estado “profundo” es mucho más amplio que solamente el Gobierno, e incluso que el Parlamento, las instituciones representativas. El poder real a menudo es difícil de conquistar y mucho más difícil de transformar. De ahí la importancia de insistir en la autoorganización, la capacidad de construir a nivel local, regional, nacional, de las formas de poder popular constituyente, que puede transformarse finalmente en poder popular constituido. Sin embargo el control de los Estados por parte de la izquierda ha permitido los avances sociales más importantes de la década en países como Ecuador, Bolivia o Venezuela. Y aunque la cuestión de la relación entre la institución y lo instituido, entre movimientos y partidos, permanece esencial, aprender las lecciones de los grandes procesos revolucionarios latinoamericanos del siglo XX en México, El Salvador, Cuba, Chile, Nicaragua, etc., es igual de importante. ¿La ruptura en un momento dado con las viejas formas estatales de organización en las fuerzas armadas ? Esa es toda la dificultad de la transformación social que está en curso, por ejemplo en Bolivia. Esto también ha sido objeto de las discusiones de izquierda durante la reciente campaña presidencial en Ecuador entre Alianza País y otros sectores que señalan un balance muy crítico de la gestión de tecnocrática de Correa con respecto a la frontera minera, la deforestación, la extracción masiva de los recursos en beneficio de las multinacionales. Ahí tenemos una verdadera cuestión directamente vinculada a los modos de producción, de acumulación y de explotación de la naturaleza que continúan.

¿Cómo han evolucionado las relaciones entre los países latinoamericanos y los esfuerzos de consolidación de asociación regional ?

Las integraciones regionales, en efecto, también son esenciales. No se puede hacer un balance de los diferentes gobiernos progresistas sin tener en cuenta sus márgenes de maniobra reales a nivel continental y frente a las potencias imperiales (empezando por Estados Unidos). Un “pequeño país”, un país empobrecido por el saqueo neocolonial, como Bolivia, difícilmente puede salir solo del intercambio injusto, de la dominación oligárquica interna y de las desigualdades. Para crear alternativas hacen falta socios, las asociaciones interestatales y también un internacionalismo activo entre movimientos populares. La experiencia cubana recuerda que el aislamiento (y el bloqueo) aceleran las involuciones internas.

El sueño de Bolívar que Hugo Chávez puso en medio del escenario, es decir, una perspectiva de integración bolivariana antiimperialista, es una apuesta de acuciante actualidad. Y el reflujo de los progresismos está también vinculado a su ausencia. Sin embargo la evolución regional ha conocido avances muy considerables. Por ejemplo el proyecto de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) era totalmente original cuando fue impulsado por Chávez, es decir, la posibilidad del “trueque” entre países, de complementariedad asimétrica : por ejemplo, recibir el petróleo de Venezuela en contra de algunos productos agrícolas cuando se es una pequeña isla como La Dominica o incluso Cuba (que aportó una gran riqueza a Venezuela: sus médicos). El proyecto es interesante, pero enseguida entró en crisis al mismo tiempo que la crisis del proceso bolivariano y además se enfrenta a otros obstáculos (entre ellos los intereses contradictorios de la potencia brasileña).

También hay que señalar avances políticos y diplomáticos muy notables, como la construcción a partir de 2009 de UNASUR, Unión de las Naciones del Sur. Por primera vez los 22 países sudamericanos se agrupan en una entidad diplomática, y también de gestión y de arreglo de los conflictos, sin la OEA (Organización de Estados Americanos) y por lo tanto sin Estados Unidos. Después, en 2010, llega la CELAC, la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, que plantea una América Latina sin los gigantes del Norte, un progreso que ha permitido la reintegración de Cuba en el concierto latinoamericano. Antes incluso del restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

¿Cuál es la naturaleza de las fuerzas de oposición en los gobiernos progresistas todavía vigentes o de las que derrocaron a Dilma en Brasil ?

El panorama es muy sombrío en ese terreno con el regreso de las derechas neoliberales y conservadoras y la emergencia de nuevas derechas que presentan un aspecto un poco diferente al de las viejas oligarquías. Es el caso, por ejemplo, de Macri en Argentina y su movimiento “Compromiso para el Cambio”, que ha usado y abusado del marketing político para darse un aspecto “moderno”. Pero esas derechas, nuevas o viejas, siguen siendo socialmente violentas, marcadas por el punto de vista de la clase social y defienden el proyecto de la burguesía globalizada, con una visión ultraconservadora y represiva de los movimientos sociales en el plano social.

En Brasil el impeachment contra Dilma Roussef es una victoria de los sectores más reaccionarios, el de las “4 B” (balas, biblias, bueyes y bancos), es decir, el sector del armamento y la seguridad, los evangelistas, los terratenientes y el sector financiero… También son los más corruptos, empezando por Temer, el presidente ilegítimo actual, ya que aunque incluso la dirección del PT también está muy impregnada de la cultura de la corrupción clientelista no llega al nivel de los que están actualmente a la cabeza del Estado brasileño. Recordemos que la situación actual es también el producto de alianzas contra natura entre el PT y esos sectores y que en la actualidad son los antiguos aliados del PT los que han cambiado de chaqueta y se han aliado con la derecha más reaccionaria.

En Venezuela, la mayoría de la Asamblea Nacional está en manos de la oposición, la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), coalición heterogénea, más que un núcleo duro abiertamente neoliberal, con dos tendencias : un sector “insurreccional” (los que apoyaron el golpe de Estado de abril de 2002 y las guarimbas /3 de 2014, es decir, la violencia en la calle, con Leopoldo López como líder, actualmente encarcelado y calificado de “preso político” por la oposición), y otro grupo de partidos que busca más la vía institucional, estimando que después de ganar el Parlamento, la exigencia de referéndum revocatorio en curso desde hace más de un año podría desembocar en la destitución de Maduro por las urnas. Lo que por otra parte es muy probable, visto el estado ruinoso del país, la amplitud de la crisis económica y la actitud de los reaccionarios autoritarios del Gobierno que han hecho de todo para impedir, hasta ahora, que se celebre el referéndum.

En general, nos encontramos frente a esas derechas duras, apoyadas por Washington, cuya remontada permite una realineación de los astros en el sentido de Estados Unidos y los dos grandes países aliados, a saber, México y Colombia. Y ahora también Argentina y Brasil, que presionan sobre los gobiernos “no alineados” como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

¿Se puede hablar de un regreso hacia el neoliberalismo ? ¿Y quedan todavía potenciales poderes populares para contrarrestarla ?

A finales de los años 90 hubo un período de grandes luchas populares contra la “larga noche neoliberal” y esos movimientos sociales excepcionales, en conjunto con la crisis de legitimidad de los partidos tradicionales, desembocaron en que una decena de países sudamericanos pasaran a la izquierda con una cierta diversidad –centro izquierda, izquierda nacional popular, social-liberal o antiimperialista- Se podrían añadir a esa lista Nicaragua, especialmente, y Honduras antes del golpe de Estado. En muchos casos los partidos tradicionales de los burgueses fueron marginados (ya fueran socialdemócratas, demócratas cristianos o conservadores) y se abrió una ventana de oportunidades a los movimientos sociales para reforzar a las fuerzas políticas que parecían más abiertas a los cambios, por ejemplo el PT en Brasil, e incluso para crear nuevas fuerzas, como Alianza País (Ecuador), el MAS boliviano (Movimiento al Socialismo) o el Movimiento V República en Venezuela alrededor de Hugo Chávez, etc.

Las victorias electorales en cadena de esas izquierdas gubernamentales permitieron en particular la creación de varios programas sociales condicionados (no universales) en Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia e incluso Uruguay. La pobreza retrocedió como nunca en el decenio 2000-2010 al mismo tiempo que avanzaban las conquistas de derechos sociales, los salarios, la educación, etc. Durante una década el elevadísimo precio de las materias primas permitió una redistribución de las rentas de los recursos naturales satisfaciendo a unos y otros, al capital y al trabajo, combinada en algunos casos con una perceptiva claramente neo-desarrollista (como en Bolivia o Ecuador). Con el barril a más de 100 dólares se podía, por ejemplo, redistribuir una parte de las rentas petroleras o del gas hacia programas sociales destinados a los más pobres sin desestabilizar, ni atacar los intereses de las clases dominantes. Así, el Estado rentista “mágico” venezolano funcionó a toda máquina, pero esta vez con redistribución real hacia abajo. De esta forma las desigualdades retrocedieron efectivamente, pero la estructura social de clases se mantuvo. Sin embargo las viejas oligarquías blancas (y racistas), las clases dominantes, vivieron muy mal el surgimiento y la victoria de actores hasta entonces marginales : indígenas, sindicalistas, mujeres o predicadores de la teología de la liberación que llegaban al centro de la política y, al mismo tiempo, incluían con ellos –aunque siempre de manera subordinada- a una parte de las clases subalternas cada vez más politizadas.

¿Estamos ahora frente a un regreso a la “larga noche neoliberal” ?

Un regreso tal cual a los años 90, no… Se hicieron cambios profundos que permanecen. Por ejemplo el espacio progresista nacional-popular está todavía en numerosos países, bien en el Gobierno o como principal fuerza de oposición. Permanece en el Gobierno en Venezuela; en Ecuador con una muy probable victoria de Lenín Moreno, el sucesor de Correa /4; en Bolivia, donde Evo Morales a pesar del fracaso del referéndum tiene un apoyo electoral suficiente para pensar en la reelección. En otros países ese espacio progresista es la principal fuerza de oposición : el peronismo y el kichnerismo en Argentina; el PT hoy está muy debilitado, marcado por los casos de corrupción (Petrobras, Odebrecht), criticado por una parte de la izquierda y de la juventud, de la clase obrera, de los movimientos sociales por su balance. Pero permanece como fuerza institucional de oposición frente a la derecha.

Lo que hay que ver en primer lugar es la capacidad de los movimientos populares, de la izquierda anticapitalista (como el FIT en Argentina) o ecosocialista, de sacar balances críticos del momento progresista nacional-popular, así como de construir frentes unitarios para oponerse a las derechas duras, violentas y neoliberales y a la agenda actualizada de Washington, en los próximos años. Algunos intelectuales críticos, como Massimo Modenesi (México), Raul Zibechi (Uruguay) o Maristella Svampa (Argentina), muestran que el progresismo ha desarmado en parte la autonomía y la capacidad de reacción de los movimientos sociales, que se hallan apresados en redes clientelistas, a veces incluso en las esferas de integración en el aparato de Estado (en Argentina, por ejemplo). Otro problema es el papel del caudillismo o del “hiperpresidencialismo” en estos distintos procesos, cuando si bien el “liderazgo carismático” o el “populismo de izquierda” pueden significar una repolitización de sectores subalternos también obstruye y dificulta la auto-organización y formas de poder popular. Estas gramáticas de “revolución pasiva” (en clave gramsciana) han limitado las capacidades de resistencia “desde abajo”, e incluso significado diferentes escenarios de criminalización de la protesta popular, feminista e indígena (como en Ecuador o Brasil). Alberto Acosta en Ecuador hablar incluso de “restauración conservadora” a propósito del Correismo y Pablo Dávalos de “democracias disciplinarias” en el momento de calificar las experiencias postneoliberales progresistas latinoamericanas…

No obstante, en la nueva coyuntura actual, se anuncian grandes luchas. Así, en Argentina, el movimiento sindical de clase se está organizando frente a la máquina de guerra que es el Gobierno de Macri, que ha despedido a más de 100 000 personas y ataca a los derechos laborales. En Venezuela un fracaso de Maduro marcará el regreso de una derecha clasista y revanchista que quiere desbaratar los logros y las conquistas del chavismo popular en términos de organización, así como de derechos sociales. En Perú reina una derecha neoliberal abierta con grandes niveles de represión en especial de las luchas indígenas en torno al proyecto minero Conga. Si miramos lo que pasa en México desde hace años, con un embrutecimiento permanente de la sociedad y de las luchas populares, el futuro puede aparecer efectivamente sombrío. Pero siempre con destellos de esperanza, como lo demuestran las actuales movilizaciones masivas desde hace algunas semanas contra las medidas del Gobierno Federal de peña Nieto.

Tenemos por lo tanto grandes retos en un escenario muy complejo. Si hay arranque y capacidad de resistencia entonces ahora la cuestión es la de las alternativas. ¿Se va a intentar recomponer con el PT o el kichnerismo ? ¿O quizá analizar los resultados y reconstruir una izquierda anticapitalista ecosocial, con todos los sectores sociales y políticos independientes que estén dispuestos ?

¿Qué mundo y qué geopolítica ahora, en la era Trump, para América Latina ?

Creo que este es el problema del momento. Ya hemos visto la relación violenta, racista y xenófoba de Trump con los chicanos y el conjunto de los latinoamericanos, con los trabajadores sin papeles en Estados Unidos y la amenaza y el inicio de deportaciones masivas. Hay que recordar que Obama también deportó a cientos de miles de personas sin papeles y tampoco intentó acabar con la política imperial y belicista de Estados Unidos, ¡muy al contrario ! Pero con Trump el peligro es todavía mayor. El anuncio de ampliar el muro con México es un símbolo fuerte de su política de odio. Trump anuncia su voluntad, incluido cuestionar el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, y podría amenazar el proceso de paz en Colombia.

Vemos en esto efectos contradictorios. Recordemos que si el movimiento zapatista surgió públicamente a principios de 1994 en México fue también para luchar contra el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (ALENA). Actualmente es Trump quien denuncia ese Acuerdo… Es una paradoja de la historia. El populismo reaccionario y proteccionista de Trump se opone también a determinados acuerdos multilaterales, incluso bilaterales, neoliberales. Así, el multimillonario republicano acaba de volver a cuestionar el gran Tratado Transpacífico (TPP) en el que países como Chile, Perú y México también están implicados. Michèle Bachelet anunció finalmente que Chile también se retira del Tratado puesto que Estados Unidos ya no participa. Por lo tanto no han sido los movimientos sociales los que han hecho fracasar ese Tratado, sino una fuerza reaccionaria hegemónica del Norte, Estados Unidos. Algunos analistas se alegran de esas consecuencias inesperadas de la elección de Trump. ¡Me parece que no hay que confundirse de aliados!, porque si Trump vuelve a cuestionar esos tratados es para defender todavía más los intereses egoístas de Estados Unidos, imponer otros acuerdos aún más duros y en ningún caso para abandonar la hegemonía de Washington en América Latina (sobre los recursos naturales, el agua dulce, las tierras raras, las tierras de cultivo, el petróleo venezolano, el cobre chileno, etc.), aunque de momento nada hace presagiar que la región forme parte de sus prioridades inmediatas. Pero si el balance geopolítico de Obama es bastante terrible, el que se anuncia puede serlo todavía más en términos de caos mundial.

Hay pues grandes luchas que llevar a cabo y también la necesidad de reorganizar la solidaridad internacionalista con América Latina y sus movimientos populares. Es lo que nosotros intentamos hacer aquí –modestamente- a través de la asociación Francia América Latina (http://www.franceameriquelatine.org/) y aprovecho la oportunidad para invitar a los y las lectore/as a apoyarnos y a unirse a nosotros/as.

http://www.cetri.be/America-Latina-entre-el-reflujo-de?lang=fr

Transcripción M. Kiintz y Nadia Prison.

– See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12435#sthash.qsi1npfM.dpuf

 

(Fotografía: Alex Webb, Mexicanos arrestados al tratar de pasar a EEUU, San Isidro, California, 1979)

El gobierno griego de Syriza y la Unión Europea ultiman una austeridad más brutal

por John Vassilopoulos//

Según informes, el gobierno griego de Grecia llegó a un acuerdo informal con la Comisión Europea (CE) sobre la imposición de nuevas medidas de austeridad. El acuerdo aún no ha sido confirmado oficialmente por la CE—el brazo ejecutivo de la Unión Europea (UE)—o Grecia.
El diario griego Kathemerini anunció el viernes que “El marco para un acuerdo podría presentarse en la próxima reunión del Eurogrupo, programada para el 7 de abril”, con el fin de “permitir a los funcionarios redactar todas las medidas que los miembros del Parlamento griego deben legislar en el siguiente Eurogrupo, programado para el 22 de mayo…”.
Varios medios de comunicación informaron esta semana que las medidas acordadas incluyen más recortes severos a las pensiones de 900.000 jubilados, por valor del 1 por ciento del PIB. Otra medida de austeridad es la reducción del umbral libre de impuestos a 5.900 euros de los 8.636 actuales. Esto se traducirá en muchos más trabajadores mal pagados, cobrando tan solo 500 euros al mes, siendo obligados a pagar impuestos. El salario mínimo en Grecia sigue siendo de apenas 683 euros al mes, ya que Syriza incumplió su promesa de restaurarlo a 751 euros, una cifra también insignificante.
Los aumentos de impuestos equivalen a un 1 por ciento adicional del PIB y, al igual que los ingresos por recortes de pensiones, se destinarán a pagar la deuda de Grecia de casi 300.000 millones de euros con instituciones financieras internacionales.
Syriza y la UE adoptarán la mayoría de las propuestas de reforma laboral del Fondo Monetario Internacional (FMI), con excepción de los despidos colectivos. Además, la privatización del sector energético de Grecia se intensificará con la venta del 40 por ciento de las centrales hidroeléctricas y de lignito de Public Power Corporation (PPC) y del puerto de Tesalónica.
Syriza y funcionarios de la UE mantienen conversaciones desde hace meses sobre cómo Grecia debe implementar el tercer memorando de austeridad del país, firmado en julio de 2015, en el que Grecia recibirá 86.000 millones de euros para pagar deudas. Las medidas de austeridad se estipulan como condición previa para desbloquear el siguiente tramo del rescate, así como cualquier debate futuro sobre el alivio de la deuda.
En las últimas semanas, el fantasma de la cesación de pagos de Grecia y un posterior Grexit (salida griega de la EU y la Eurozona) ha asomado la cabeza otra vez. Esto se debe a que el estado griego en bancarrota tiene que cumplir con un reembolso de la deuda de 7.000 millones de euros en bonos que vencerá en julio.
Se debería haber llegado a un acuerdo hacia fines del año pasado, pero el retraso se debe principalmente a diferencias entre la UE y el FMI sobre cómo van a desangrar a Grecia.
El FMI considera que el nivel actual de la deuda de Grecia es insostenible y está a favor de alguna forma de alivio de la deuda, a cambio de la imposición de futuras medidas aún más draconianas. El papel del FMI en el corriente programa de austeridad de Grecia todavía no se ha formalizado.
Sin embargo, dicho organismo está exigiendo implacablemente nuevos ataques a los derechos de los trabajadores. Un informe del FMI publicado en febrero se quejó de que las leyes sindicales de Grecia “no han sido reformadas desde la década de 1980” y afirmó que “esto podría explicar el gran número de huelgas en Grecia, que incluso antes de la crisis superaba con creces los niveles observados en otros lugares”.
El informe solicitaba que “el marco de acción industrial” de Grecia estuviera alineado “con la mejor práctica internacional, estableciendo requisitos de quórum apropiados para que los sindicatos convoquen una huelga y permitiendo el cierre preventivo de los empleadores”. A su vez, esto “ayudaría a fomentar la inversión, limitando los costos asociados a huelgas futuras que pueden resultar en la paralización de la producción”.
El FMI se quejó de lo que considera unas directrices muy restrictivas respecto a despidos colectivos de trabajadores, que “hacen muy costosas las operaciones de reducción de personal en Grecia, con muchas empresas obligadas a reubicarse, entrar en quiebra, o implementar costosos esquemas de salida voluntaria”.
La canciller alemana Angela Merkel y su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, consideran que la participación del FMI es políticamente crucial para que el programa de rescate de Grecia continúe. Según un informe en el diario económico y financiero alemán Handelsblatt, “Schäuble sólo quiere pagar la siguiente entrega si y cuando el FMI acepte volver a borde, como lo hizo durante el primer y segundo programa. De lo contrario, teme que una rebelión pueda estallar dentro de las filas de su grupo parlamentario demócrata-cristiano, que espera que el FMI participe en el rescate griego”.
Sin embargo, Handelsblatt cita la intransigencia de Berlín en el tema del alivio de la deuda, afirmando que “es probable que el ministro de finanzas responda a la petición [del FMI] con un rotundo ‘nein’ (no)”. La mayor preocupación es que el grupo más afectado por un alivio de la deuda sería la élite dominante alemana, ya que es dueña de la mayor parte de la deuda de Grecia.
Otro obstáculo que podría impedir la participación del FMI en la austeridad griega para el programa de préstamos es la política “America First” del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esto pone en tela de juicio todo el marco capitalista global de posguerra, del que el FMI, dominado por EE.UU., fue una parte integral. Trump designó recientemente a Adam Lerrick—un fuerte crítico del FMI—como subsecretario de finanzas internacionales en el Tesoro de EE.UU.
El temor al Grexit ya provocó una fuga de capitales de Grecia de 2.800 millones de euros este año. De acuerdo al Financial Times, esta fue “la peor fuga bimestral desde que se llevó al país al borde de una salida de la Eurozona hace casi dos años”.
La creciente crisis financiera obligó a los funcionarios de la UE a intensificar las conversaciones dirigidas a satisfacer algunas de las demandas del FMI. En declaraciones a la página web de noticias en línea griega Euro2day, un funcionario anónimo dijo el martes pasado, “El BCE [Banco Central Europeo] ha dado un giro repentino en sus conversaciones con Atenas y ahora está virando hacia las demandas del FMI, especialmente en reformas laborales”.
El hecho de que se pida otra vez a Syriza supervisar una nueva ronda de recortes salvajes es una muestra de cuánto ha viajado hacia la derecha este partido pseudo-izquierdista desde su llegada al poder, en enero de 2015, con un programa anti-austeridad.
Desde entonces, Syriza—con su socio minoritario en la coalición de gobierno, Griegos Independientes (ANEL), de extrema derecha—ha encabezado los dictados de la UE y el FMI. Esto culminó con la firma del tercer paquete de rescate de Grecia en el verano de 2015, tras la traición de Syriza al resultado del referéndum de julio de 2015, que rechazó abrumadoramente las políticas de austeridad aplicadas por los sucesivos gobiernos desde 2010.
Syriza es ahora despreciado ampliamente y tiene un apoyo de sólo el 15 por ciento en las encuestas, alrededor de 15 puntos detrás del conservador Nueva Democracia (ND).
La hostilidad de la clase trabajadora hacia Syriza se expresa en una ola de huelgas y protestas recientes. El 15 de marzo, enfermeras y médicos de hospital realizaron una huelga de 24 horas exigiendo una atención médica universal y gratuita, la contratación de más personal y el pago de los salarios que se han reducido. La huelga fue acompañada por una manifestación anti-austeridad protagonizada por trabajadores de hospital fuera del Ministerio de Finanzas, que fue atacada por la policía antidisturbios.
Otros grupos de protesta incluyen a trabajadores de gobiernos locales, trabajadores portuarios y empleados de la autoridad tributaria.
La semana anterior, una protesta de agricultores griegos que se oponían a los aumentos de impuestos y recortes de pensiones se tornó violenta luego de que funcionarios del Ministerio de Agricultura se negaron a reunirse con los delegados. Después de un altercado, la policía antidisturbios dispersó a las multitudes hacia las calles laterales usando gas lacrimógeno.
Tan minuciosa ha sido la aplicación de austeridad de parte de Syriza que una de las protestas involucró a una delegación de personas ciegas, reclamando contra los cortes en sus beneficios por discapacidad.
Un movimiento a nivel nacional para prevenir las ejecuciones hipotecarias ha surgido en oposición al incumplimiento de Syriza de una promesa electoral tendiente a evitar que los bancos embarguen y subasten los hogares de la clase trabajadora.
Syriza está trabajando para profundizar su colaboración con los sindicatos a efectos de suprimir la oposición creciente a su programa de austeridad. El gobierno aseguró que el restablecimiento de la negociación colectiva estaba en la agenda de las negociaciones con la UE y el FMI.
La justificación pro-capitalista para esto fue subrayada por la ministra de Trabajo de Syriza, Effie Achtioglou, en un artículo que escribió para el Huffington Post. Achtioglou dijo que la restauración de la negociación colectiva resultaría en “la reducción de los costos de transacción y la creación de igualdad de condiciones para las empresas en términos de salarios, permitiéndoles enfocarse en cuestiones de productividad, en combatir el trabajo no declarado, y fomentar el diálogo social y la paz social”.

(Fotografía: protesta en Plaza Syntagma, Atenas)

Franz Kafka: «Informe para una academia»

 

Excelentísimos señores académicos:

Me hacéis el honor de presentar a la Academia un informe sobre mi anterior vida de mono. Lamento no poder complaceros; hace ya cinco años que he abandonado la vida simiesca. Este corto tiempo cronológico es muy largo cuando se lo ha atravesado galopando -a veces junto a gente importante- entre aplausos, consejos y música de orquesta; pero en realidad solo, pues toda esta farsa quedaba -para guardar las apariencias- del otro lado de la barrera.

Si me hubiera aferrado obstinadamente a mis orígenes, a mis evocaciones de juventud, me hubiera sido imposible cumplir lo que he cumplido. La norma suprema que me impuse consistió justamente en negarme a mí mismo toda terquedad. Yo, mono libre, acepté ese yugo; pero de esta manera los recuerdos se fueron borrando cada vez más. Si bien, de haberlo permitido los hombres, yo hubiera podido retornar libremente, al principio, por la puerta total que el cielo forma sobre la tierra, ésta se fue angostando cada vez más, a medida que mi evolución se activaba como a fustazos: más recluido, y mejor me sentía en el mundo de los hombres: la tempestad, que viniendo de mi pasado soplaba tras de mí, ha ido amainando: hoy es tan solo una corriente de aire que refrigera mis talones. Y el lejano orificio a través del cual ésta me llega, y por el cual llegué yo un día, se ha reducido tanto que -de tener fuerza y voluntad suficientes para volver corriendo hasta él- tendría que despellejarme vivo si quisiera atravesarlo. Hablando con sinceridad -por más que me guste hablar de estas cosas en sentido metafórico-, hablando con sinceridad os digo: vuestra simiedad, estimados señores, en tanto que tuvierais algo similar en vuestro pasado, no podría estar más alejada de vosotros que lo que la mía está de mí. Sin embargo, le cosquillea los talones a todo aquel que pisa sobre la tierra, tanto al pequeño chimpancé como al gran Aquiles.

Pero a pesar de todo, y de manera muy limitada, podré quizá contestar vuestra pregunta, cosa que por lo demás hago de muy buen grado. Lo primero que aprendí fue a estrechar la mano en señal de convenio solemne. Estrechar la mano es símbolo de

franqueza. Hoy, al estar en el apogeo de mi carrera, tal vez pueda agregar, a ese primer apretón de manos, también la palabra franca. Ella no brindará a la Academia nada esencialmente nuevo, y quedaré muy por debajo de lo que se me demanda, pero que ni con la mejor voluntad puedo decir. De cualquier manera, con estas palabras expondré la línea directiva por la cual alguien que fue mono se incorporó al mundo de los humanos y se instaló firmemente en él. Conste además, que no podría contaros las insignificancias siguientes si no estuviese totalmente convencido de mí, y si posición no se hubiese afirmado de manera incuestionable todos los grandes music-halls del mundo civilizado.

Soy originario de la Costa de Oro. Para saber cómo fui atrapado dependo de informes ajenos. Una expedición de caza de la firma Hagenbeck -con cuyo jefe, por otra parte, he vaciado no pocas botellas de vino tinto- acechaba emboscada en la maleza que orilla el río, cuando en medio de una banda corrí una tarde hacia el abrevadero. Dispararon: fui el único que hirieron, alcanzado por dos tiros.

Uno en la mejilla. Fue leve pero dejó una gran cicatriz pelada y roja que me valió el repulsivo nombre, totalmente inexacto y que bien podía haber sido inventado por un mono, de Peter el Rojo, tal como si sólo por esa mancha roja en la mejilla me diferenciara yo de aquel simio amaestrado llamado Peter, que no hace mucho reventó y cuyo renombre era, por lo demás, meramente local. Esto al margen.

El segundo tiro me atinó más abajo de la cadera. Era grave y por su causa aún hoy rengueo un poco. No hace mucho leí en un artículo escrito por alguno de esos diez mil sabuesos que se desahogan contra mí desde los periódicos «que mi naturaleza simiesca no ha sido aplacada del todo», y como ejemplo de ello alega que cuando recibo visitas me deleito en bajarme los pantalones para mostrar la cicatriz dejada por la bala. A ese canalla deberían arrancarle a tiros, uno por uno, cada dedo de la mano con que escribe. Yo, yo puedo quitarme los pantalones ante quien me venga en ganas: nada se encontrará allí más que un pelaje acicalado y la cicatriz dejada por el – elijamos aquí para un fin preciso, un término preciso y que no se preste a equívocos- ultrajante disparo. Todo está a la luz del día; no hay nada que esconder. Tratándose de la verdad toda persona generosa arroja de sí los modales, por finos que éstos sean. En cambio, otro sería el cantar si el chupatintas en cuestión se quitase los pantalones al recibir visitas. Doy fe de su cordura admitiendo que no lo hace, ¡pero que entonces no me moleste más con sus mojigaterías!

Después de estos tiros desperté -y aquí comienzan a surgir lentamente mis propios recuerdos- en una jaula colocada en el entrepuente del barco de Hagenbeck. No era una jaula con rejas a los cuatro costados, eran mas bien tres rejas clavadas en un cajón. El cuarto costado formaba, pues, parte del cajón mismo. Ese conjunto era demasiado bajo para estar de pie en él y demasiado estrecho para estar sentado. Por eso me acurrucaba doblando las rodillas que me temblaban sin cesar. Como posiblemente no quería ver a nadie, por lo pronto prefería permanecer en la oscuridad: me volvía hacia el costado de las tablas y dejaba que los barrotes de hierro se me incrustaran en el lomo. Dicen que es conveniente enjaular así a los animales salvajes en los primeros tiempos de su cautiverio, y hoy, de acuerdo a mi experiencia, no puedo negar que, desde el punto de vista humano, efectivamente tienen razón.

Pero entonces no pensaba en todo esto. Por primera vez en mi vida me encontraba sin salida; por lo menos no la había directa. Ante mí estaba el cajón con sus tablas bien unidas. Había, sin embargo, una hendidura entre las tablas. Al descubrirla por primera vez la saludé con el aullido dichoso de la ignorancia. Pero esa rendija era tan estrecha que ni podía sacar por ella la cola y ni con toda la fuerza simiesca me era posible ensancharla.

Como después me informaron, debo haber sido excepcionalmente silencioso, y por ello dedujeron que, o moriría muy pronto o, de sobrevivir a la crisis de la primera etapa, sería luego muy apto para el amaestramiento. Sobreviví a esos tiempos. Mis primeras ocupaciones en la nueva vida fueron: sollozar sordamente; espulgarme hasta el dolor; lamer hasta el aburrimiento una nuez de coco; golpear la pared del cajón con el cráneo y enseñar los dientes cuando alguien se acercaba. Y en medio de todo ello una sola evidencia: no hay salida. Naturalmente hoy sólo puedo transmitir lo que entonces sentía como mono con palabras de hombre, y por eso mismo lo desvirtúo. Pero aunque ya no pueda retener la antigua verdad simiesca, no cabe duda de que ella está por lo menos en el sentido de mi descripción.

Hasta entonces había tenido tantas salidas, y ahora no me quedaba ninguna. Estaba atrapado. Si me hubieran clavado, no hubiera disminuido por ello mi libertad de acción. ¿Por qué? Aunque te rasques hasta la sangre el pellejo entre los dedos de los pies, no encontrarás explicación. Aunque te aprietes el lomo contra los barrotes de la jaula hasta casi partirse en dos, no conseguirás explicártelo. No tenía salida, pero tenía que conseguir una: sin ella no podía vivir. Siempre contra esa pared hubiera reventado indefectiblemente. Pero como en el circo Hagenbeck a los monos les corresponden las paredes de cajón, pues bien, dejé de ser mono. Esta fue una magnífica asociación de

ideas, clara y hermosa que debió, en cierto sentido, ocurrírseme en la barriga, ya que los monos piensan con la barriga.

Temo que no se entienda bien lo que para mi significa «salida». Empleo la palabra en su sentido más preciso y más común. Intencionadamente no digo libertad. No hablo de esa gran sensación de libertad hacia todos los ámbitos. Cuando mono posiblemente la viví y he conocido hombres que la añoran. En lo que a mí atañe, ni entonces ni ahora pedí libertad. Con la libertad -y esto lo digo al margen- uno se engaña demasiado entre los hombres, ya que si el sentimiento de libertad es uno de los más sublimes, así de sublimes son también los correspondientes engaños. En los teatros de variedades, antes de salir a escena, he visto a menudo ciertas parejas de artistas trabajando en los trapecios, muy alto, cerca del techo. Se lanzaban, se balanceaban, saltaban, volaban el uno a los brazos del otro, se llevaban el uno al otro suspendidos del pelo con los dientes. «También esto», pensé, «es libertad para el hombre: ¡el movimiento excelso!» iOh burla de la santa naturaleza! Ningún edificio quedaría en pie bajo las carcajadas que tamaño espectáculo provocaría entre la simiedad.

No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida: a derecha, a izquierda, adonde fuera. No aspiraba a más. Aunque la salida fuese tan sólo un engaño: como mi pretensión era pequeña el engaño no sería mayor. ¡Avanzar, avanzar! Con tal de no detenerme con los brazos en alto, apretado contra las tablas de un cajón.

Hoy lo veo claro: si no hubiera tenido una gran paz interior, nunca hubiera podido escapar. En realidad, todo lo que he llegado a ser lo debo, posiblemente, a esa gran paz que me invadió, allá, en los primeros días del barco. Pero, a la vez, debo esa paz a la tripulación.

Era buena gente a pesar de todo. Aún hoy recuerdo con placer el sonido de sus pasos pesados que entonces resonaban en mi somnolencia. Acostumbraban hacer las cosas con exagerada lentitud. Si alguno necesitaba frotarse los ojos levantaba la mano como si se tratara de un peso muerto. Sus bromas eran groseras pero afables. A sus risas se mezclaba siempre un carraspeo que, aunque sonaba peligroso, no significaba nada. Siempre tenían en la boca algo que escupir y les era indiferente dónde lo escupían. Con frecuencia se quejaban de que mis pulgas les saltaban encima, pero nunca llegaron a enojarse en serio conmigo: por eso sabían, pues, que las pulgas se multiplicaban en mi pelaje y que las pulgas son saltarinas. Con esto les era suficiente. A veces, cuando estaban de asueto, algunos de ellos se sentaban en semicírculo frente a mí, hablándose apenas, gruñéndose el uno al otro, fumando la pipa

recostados sobre los cajones, palmeándose la rodilla a mi menor movimiento y, alguno, de vez en cuando, tomaba una varita y con ella me hacía cosquillas allí donde me daba placer. Si me invitaran hoy a realizar un viaje en ese barco, rechazaría, por cierto, la invitación; pero también es cierto que los recuerdos que evocaría del entrepuente no serían todos desagradables.

La tranquilidad que obtuve de esa gente me preservó, ante todo, de cualquier intento de fuga. Con mi actual dentadura debo cuidarme hasta en la común tarea de cascar una nuez; pero en aquel entonces, poco a poco, hubiera podido roer de lado a lado el cerrojo de la puerta. No lo hice. ¿Qué hubiera conseguido con ello? Apenas hubiese asomado la cabeza me hubieran cazado de nuevo y encerrado en una jaula peor; o bien hubiera podido huir hacia los otros animales, hacia las boas gigantes, por ejemplo, que estaban justo frente a mí, para exhalar en su abrazo el último suspiro; o, de haber logrado deslizarme hasta el puente superior y saltado por sobre la borda, me hubiera mecido un momento sobre el océano y luego me habría ahogado. Todos éstos, actos suicidas. No razonaba tan humanamente entonces, pero bajo la influencia de mi medio ambiente actué como si hubiese razonado.

No razonaba pero sí observaba, con toda calma, a esos hombres que veía ir y venir. Siempre las mismas caras, los mismos gestos; a menudo me parecían ser un solo hombre. Pero ese hombre, o esos hombres, se movían en libertad. Un alto designio comenzó a alborear en mí. Nadie me prometía que, de llegar a ser lo que ellos eran, las rejas me serían levantadas. No se hacen tales promesas para esperanzas que parecen irrealizables; pero si llegan a realizarse, aparecen estas promesas después, justamente allí donde antes se las había buscado inútilmente. Ahora bien, nada había en esos hombres que de por sí me atrajera especialmente. Si fuera partidario de esa libertad a la cual me referí, hubiera preferido sin duda el océano a esa salida que veía reflejarse en la turbia mirada de aquellos hombres. Había venido observándolos, de todas maneras, ya mucho antes de haber pensado en estas cosas, y, desde luego, sólo estas observaciones acumuladas me encaminaron en aquella determinada dirección.

¡Era tan fácil imitar a la gente! A los pocos días ya pude escupir. Nos escupimos entonces mutuamente a la cara, con la diferencia de que yo me lamía luego hasta dejarla limpia y ellos no. Pronto fumé en pipa como un viejo, y cuando además metía el pulgar en el hornillo de la pipa, todo el entrepuente se revolcaba de risa. Pero durante mucho tiempo no noté diferencia alguna entre la pipa cargada y la vacía.

Pero nada me resultó tan difícil como la botella de caña. Me martirizaba el olor y, a pesar de mis buenas intenciones pasaron semanas antes de que lograra vencer esa repulsión. Lo insólito es que la gente tomó más en serio esas pujas internas que cualquier otra cosa que se relacionara conmigo. En mis recuerdos tampoco distingo a esa gente, pero había uno que venía siempre, solo o acompañado, de día, de noche, a las horas más diversas, y deteniéndose ante mí con la botella vacía me daba lecciones. No me comprendía: quería dilucidar el enigma de mi ser.

Descorchaba lentamente la botella, luego me miraba para saber si yo había entendido. Confieso que yo lo miraba siempre con una atención desmedida y precipitada. Ningún maestro de hombre encontrará en el mundo entero mejor aprendiz de hombre. Cuando había descorchado la botella se la llevaba a la boca; yo seguía con los ojos todo el movimiento.

Asentía satisfecho conmigo, y apoyaba la botella en sus labios. Yo, maravillado con mi paulatina comprensión, chillaba rascándome a lo largo, a lo ancho, donde fuera. Él, alborozado, empinaba la botella y bebía un sorbo. Yo, impaciente y desesperado por imitarle, me ensuciaba en la jaula, lo que de nuevo lo divertía mucho. Después apartaba de sí la botella con ademán ampuloso y volvía a acercarla a sus labios de igual manera; luego, echado hacia atrás en un gesto exageradamente didáctico, la vaciaba de un trago. Yo, agotado por el excesivo deseo, no podía seguirlo y permanecía colgado débilmente de la reja mientras él, dando con esto por terminada la lección teórica, se frotaba, con amplia sonrisa, la barriga.

Recién entonces comenzaba el ejercicio práctico. ¿No me había dejado ya el teórico demasiado fatigado? Sí, exhausto, pero esto era parte de mi destino. Sin embargo, tomaba lo mejor que podía la botella que me alcanzaban; la descorchaba temblando; el lograrlo me iba dando nuevas fuerzas; levantaba la botella de manera similar a la del modelo; la llevaba a mis labios y… la arrojaba con asco; con asco, aunque estaba vacía y sólo el olor la llenaba; con asco la arrojaba al suelo. Para dolor de mi instructor, para mayor dolor mío; ni a él ni a mí mismo lograba reconciliar con el hecho de que, después de arrojar la botella, no me olvidara de frotarme a la perfección la barriga, ostentando al mismo tiempo una amplia sonrisa.

Así transcurría la lección con demasiada frecuencia, y en honor de mi instructor quiero dejar constancia de que no se enojaba conmigo, pero sí que de vez en cuando me tocaba el pelaje con la pipa encendida hasta que comenzaba a arder lentamente, en cualquier lugar donde yo difícilmente alcanzaba; entonces lo apagaba él mismo con su

mano enorme y buena. No se enojaba conmigo, pues aceptaba que, desde el mismo bando, ambos luchábamos contra la condición simiesca, y que era a mí a quien le tocaba la peor parte.

Y a pesar de todo, qué triunfo luego, tanto para él como para mí, cuando cierta noche, ante una gran rueda de espectadores -quizás estaban de tertulia, sonaba un fonógrafo, un oficial circulaba entre los tripulantes-, cuando esa noche, sin que nadie se diera cuenta, tomé una botella de caña que alguien, en un descuido, había olvidado junto a mi jaula, y ante la creciente sorpresa de la reunión, la descorché con toda corrección, la acerqué a mis labios y, sin vacilar, sin muecas, como un bebedor empedernido, revoloteando los ojos con el gaznate palpitante, la vacié totalmente. Arrojé la botella, no ya como un desesperado, sino como un artista, pero me olvidé, eso sí, de frotarme la barriga. En cambio, como no podía hacer otra cosa, como algo me empujaba a ello, como los sentidos me hervían, por todo ello, en fin, empecé a gritar: «¡Hola!», con voz humana. Ese grito me hizo irrumpir de un salto en la comunidad de los hombres, y su eco: «¡Escuchen, habla!» lo sentí como un beso en mi sudoroso cuerpo.

Repito: no me cautivaba imitar a los humanos; los imitaba porque buscaba una salida; no por otro motivo. Con ese triunfo, sin embargo, poco había conseguido, pues inmediatamente la voz volvió a fallarme. Recién después de unos meses volví a recuperarla. La repugnancia hacia la botella de caña reapareció con más fuerza aún, pero, indudablemente, yo había encontrado de una vez por todas mi camino.

Cuando en Hamburgo me entregaron al primer adiestrador, pronto me di cuenta que ante mí se abrían dos posibilidades: el jardín zoológico o el music hall. No dudé. Me dije: pon todo tu empeño en ingresar al music hall: allí está la salida. El jardín zoológico no es más que una nueva jaula; quien allí entra no vuelve a salir.

Y aprendí, estimados señores. ¡Ah, sí, cuando hay que aprender se aprende; se aprende cuando se trata de encontrar una salida! ¡Se aprende de manera despiadada! Se controla uno a sí mismo con la fusta, flagelándose a la menor debilidad. La condición simiesca salió con violencia fuera de mí; se alejó de mí dando tumbos. Por ello mi primer adiestrador casi se transformó en un mono y tuvo que abandonar pronto las lecciones para ser internado en un sanatorio. Afortunadamente, salió de allí al poco tiempo.

Consumí, sin embargo, a muchos instructores. Sí, hasta a varios juntos. Cuando ya me sentí más seguro de mi capacidad, cuando el público percibió mis avances, cuando mi futuro comenzó a sonreírme, yo mismo elegí mis profesores. Los hice sentar en cinco habitaciones sucesivas y aprendí con todos a la vez, corriendo sin cesar de un cuarto a otro.

iQué progresos! ¡Qué irrupción, desde todos los ámbitos, de los rayos del saber en el cerebro que se aviva! ¿Por qué negarlo? Esto me hacía feliz. Pero tampoco puedo negar que no lo sobreestimaba, ya entonces, ¡y cuánto menos lo sobreestimo ahora! Con un esfuerzo que hasta hoy no se ha repetido sobre la tierra, alcancé la cultura media de un europeo. Esto en sí mismo probablemente no significaría nada, pero es algo, sin embargo, en tanto me ayudó a dejar la jaula y a procurarme esta salida especial; esta salida humana. Hay un excelente giro alemán: «escurrirse entre los matorrales». Esto fue lo que yo hice: «me escurrí entre los matorrales». No me quedaba otro camino, por supuesto: siempre que no había que elegir la libertad.

Si de un vistazo examino mi evolución y lo que fue su objetivo hasta ahora, ni me arrepiento de ella, ni me doy por satisfecho. Con las manos en los bolsillos del pantalón, con la botella de vino sobre la mesa, recostado o sentado a medias en la mecedora, miro por la ventana. Si llegan visitas, las recibo correctamente. Mi empresario está sentado en la antecámara: si toco el timbre, se presenta y escucha lo que tengo que decirle. Por las noches casi siempre hay función y obtengo éxitos ya apenas superables. Y si al salir de los banquetes, de las sociedades científicas o de las agradables reuniones entre amigos, llego a casa a altas horas de la noche, allí me espera una pequeña y semiamaestrada chimpancé, con quien, a la manera simiesca, lo paso muy bien. De día no quiero verla pues tiene en la mirada esa demencia del animal alterado por el adiestramiento; eso únicamente yo lo percibo, y no puedo soportarlo.

De todos modos, en síntesis, he logrado lo que me había propuesto lograr. Y no se diga que el esfuerzo no valía la pena. Sin embargo, no es la opinión de los hombres lo que me interesa; yo sólo quiero difundir conocimientos, sólo estoy informando. También a vosotros, excelentísimos señores académicos, sólo os he informado.

Marxismo y Filosofía

por Allan Woods//

 La actitud de los científicos y de muchas otras personas en estos días con respecto a la filosofía suele ser de indiferencia o incluso desprecio. En lo que se refiere a la filosofía moderna, esto es bien merecido. Durante los últimos veinticinco años, el reino de la filosofía se asemeja a un desierto árido con sólo un rastro ocasional de vida. El tesoro del pasado, con sus antiguas glorias y destellos de brillantez, parece totalmente extinguido. La búsqueda de cualquier fuente de iluminación en esta tierra baldía será en vano.

Sin embargo, si observamos más detenidamente, el desprecio por la filosofía está fuera de lugar. Porque si miramos seriamente el estado de la ciencia moderna, o más exactamente sus fundamentos y suposiciones teóricas, vemos que la ciencia en realidad nunca se ha liberado de la filosofía. Expulsada sin ceremonias por la puerta principal, la filosofía hace su reingreso, sin previo aviso, por la ventana de atrás.

Los científicos que afirman con orgullo ser completamente indiferentes a la filosofía, en la realidad hacen todo tipo de suposiciones que tienen un carácter filosófico. Y, de hecho, esta clase de filosofía inconsciente y acrítica no es superior a la antigua, sino inconmensurablemente inferior a ella. Además, es la fuente de muchos errores en la práctica.

Por desgracia, durante muchas décadas, el tipo de filosofía impartida en las universidades se ha basado en teorías falsas y engañosas como el positivismo lógico, que bajo una u otra forma ha sido la tendencia filosófica dominante, particularmente en los países anglosajones, durante la mayor parte del siglo XX.

El escaso contenido de esta escuela de pensamiento no impidió a sus adherentes asumir los aires y las gracias más arrogantes, reservándose para sí el título majestuoso de «filósofos de la ciencia». Sin embargo, esta relación positivista amorosa con la ciencia no encontró la misma correspondencia en las personas activas en este campo.

La obsesión de los positivistas con una «estructura de la ciencia» imaginaria, su preocupación y rodeos sobre el significado y la semántica se parecían notablemente a la atmósfera enrarecida de los debates enrevesados de los escolásticos medievales. Las pretensiones intransigentes de los sumos sacerdotes del positivismo lógico condujeron finalmente al rechazo y a la rebelión por parte de los propios científicos.

Un avance importante en la aplicación del método dialéctico a la historia de la ciencia fue la publicación en 1962 del notable libro de TS Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas. Éste demostró la inevitabilidad de las revoluciones científicas y mostró el mecanismo aproximado por el cual ocurren. «Todo lo que existe merece perecer», no sólo es válido para los organismos vivos, sino también para las teorías científicas, incluyendo aquéllas que actualmente consideramos de validez absoluta.

Los orígenes de la filosofía

Cualquiera que se tome la molestia de estudiar la historia de la filosofía encontrará una mina de oro de las ideas más profundas. La filosofía es una manera de pensar diferente del pensamiento cotidiano. Se trata de las grandes preguntas, que todos en un momento u otro hemos considerado: ¿cuál es el significado de la vida? ¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Cuál es la naturaleza del universo? Estas preguntas, muchas de las cuales han sido contestadas por la propia ciencia, han ocupado la mente de grandes pensadores durante más de 2.000 años.

El vínculo entre la ciencia y la filosofía, por lo tanto, se remonta a un largo camino. Como gran parte de nuestra cultura y civilización modernas, la filosofía y la ciencia comienzan con los griegos. Aunque es cierto que civilizaciones anteriores hicieron importantes descubrimientos en estos campos (El Valle del Indo, Babilonia y Egipto), el pensamiento humano en aquella etapa estaba impregnado de supersticiones religiosas.

Con los griegos, encontramos por primera vez un intento de explicar el universo sin recurrir a lo sobrenatural, sin la intervención de los dioses, un intento de explicar la naturaleza en términos de la naturaleza misma. Parece que fue Pitágoras el primero en utilizar la palabra «filosofía», en el siglo VI a.n.e.: «La vida –dijo- es como un festival”; [acerca de la gente que va a los Juegos Olímpicos] “Así como algunos acuden a ellos para competir, otros lo hacen para comerciar, pero el resto viene en calidad de espectadores, así en la vida, los hombres serviles van en busca de fama o ganancia, los filósofos en busca de la verdad». (Diógenes Laercio)

Desde que los primeros filósofos de las Islas Jónicas buscaron una explicación racional de la naturaleza sin la intervención de los dioses, la ciencia y la filosofía quedaron inextricablemente conectadas. Estos primeros filósofos griegos eran materialistas. Estudiaron las causas de los fenómenos naturales como el relámpago, el trueno, los terremotos, los cometas y las estrellas. Para todos estos fenómenos buscaban explicaciones racionales, libres de la intervención de los dioses y de otras agencias sobrenaturales.

En sus Disputas Tusculanas, Cicerón se refiere a los primeros filósofos griegos, quienes estudiaron «el número y el movimiento, y la fuente de donde surgen y evolucionan todas las cosas; estos primeros pensadores estudiaron con celo la magnitud, los intervalos y el curso de las estrellas, y todos los cuerpos celestes». Es decir, los filósofos presocráticos estudiaron la naturaleza. Fueron los valientes pioneros que prepararon el camino para todos los avances científicos posteriores.

Hicieron descubrimientos muy importantes. Sabían que la tierra era redonda y que la luz de la luna reflejaba la del sol. Sabían que los humanos descendían de peces y lo probaron examinando embriones humanos y fósiles. Sin embargo, la mayoría de estos descubrimientos fueron el resultado de brillantes conjeturas. Inevitablemente, en una determinada etapa se toparon con las limitaciones relacionadas con el nivel de la tecnología de que disponían.

En cierta etapa, la atención de los pensadores se alejó de los fenómenos naturales para orientarse hacia la sociedad, la moralidad y todas las cuestiones relativas a la vida humana. En el siglo V a.n.e., Aristóteles señaló: «El estudio de la naturaleza quedó abandonado y los filósofos volvieron su atención hacia la bondad práctica y la ciencia política». En las Disputas Tusculanas, Cicerón dice que «Sócrates hizo primero descender la filosofía de los cielos, la estableció en las ciudades e, incluso, la introdujo en los hogares, y la obligó a considerar la vida y la moral, el bien y el mal».

La escuela de filosofía sofista que surgió en esta época estaba estrechamente relacionada con el desarrollo de la democracia ateniense, en la cual las habilidades para la oratoria y el debate eran las condiciones necesarias para el éxito en las asambleas públicas. El sofismo recibió el impulso de Sócrates y Platón, que desarrollaron la dialéctica, aunque lo hicieron sobre la base del idealismo filosófico. El término «dialéctica» proviene del griego «dialektike», derivado de «dialegomai», para conversar o discutir. Originalmente, significaba el arte de la discusión, que puede verse en su forma más alta en los diálogos socráticos de Platón.

La filosofía griega entró en un período de decadencia junto con la propia democracia ateniense. La llama de la civilización pasó a los romanos que, sin embargo, no añadieron nada sustancial a las ideas que tomaron de Grecia. Grecia y Roma se basaban en el sistema económico de la esclavitud. Todos los grandes avances culturales y científicos de esas sociedades se basaron en última instancia en el trabajo de los esclavos.

Lo mismo ha ocurrido en todas las demás civilizaciones de los últimos 10.000 años. La esclavitud ha existido siempre de una forma u otra, y todavía existe hoy en la forma de la esclavitud asalariada. El arte, la cultura y la ciencia a lo largo de los siglos siempre se han basado en la explotación de las masas.

En última instancia, la sociedad esclavista alcanzó sus límites, igual que el capitalismo ha llegado a sus límites en la actualidad. Y cuando una sociedad entra en decadencia, los resultados se pueden ver en todos los niveles, incluyendo la cultura misma. En ausencia de una alternativa revolucionaria, la ruptura de la sociedad esclavista produjo un asombroso colapso de la cultura, cuyos efectos duraron 1.000 años.

En el período conocido como la Edad Oscura, los logros científicos y artísticos de la Antigüedad se perdieron en gran parte en Europa. La llama del aprendizaje se mantuvo encendida en Bizancio, Irlanda y, sobre todo, en la parte de España ocupada por los árabes. El resto de Europa permaneció hundido en el pantano de la barbarie durante siglos.

El último filósofo conocido de la Antigüedad fue una notable mujer llamada Hypatia, profesora de filosofía, ciencia y matemáticas en Alejandría, brutalmente asesinada por una turba cristiana, y cuyo cuerpo fue calcinado. Los cristianos cerraron templos paganos y academias, destruyendo o dispersando sus bibliotecas. En el año 391 un edicto del emperador Teodosio prohibió la visita de templos paganos e incluso la contemplación de sus ruinas. Los cristianos quemaron la famosa biblioteca de Alejandría y profanaron sus imágenes.

Sin embargo, durante este periodo en Europa, la llama de la civilización resplandeció de forma brillante en la España islámica donde la cultura de la Antigüedad fue venerada y preservada. Durante siglos, las obras de Aristóteles sólo fueron conocidas en Europa por traducciones árabes. Hasta el día de hoy, nos quedamos asombrados ante las maravillas de la arquitectura de la mezquita de Córdoba y de la Alhambra de Granada. En su belleza y gracia únicas, nunca han sido igualadas en ningún país del mundo.

Este fue el punto culminante de la cultura y de la civilización islámicas. Mientras que Europa languidecía en la oscuridad y la ignorancia, los árabes en España construyeron universidades famosas donde el aprendizaje floreció en este espíritu de tolerancia que permitió a judíos, cristianos y musulmanes debatir y discutir ideas. Esto demuestra lo que puede lograr el espíritu humano cuando está libre de los grilletes de la estrechez, la superstición y el fanatismo.

Empirismo

Del mundo antiguo, de donde se deriva toda nuestra ciencia, nos han llegado las minuciosas investigaciones de Aristóteles sobre la naturaleza. En Europa, el renacimiento de la civilización en el periodo del Renacimiento coincide con el desarrollo temprano del capitalismo y, con él, un nuevo interés por la ciencia.

Más tarde, el filósofo francés Descartes se convirtió en el fundador del método científico moderno, mientras que Francis Bacon, en Inglaterra, fue pionero en el método de la ciencia experimental y la inducción, que puso gran énfasis en la observación, la experimentación y la recopilación de datos.

Al filósofo alemán Leibnitz se le puede reconocer haber descubierto el cálculo integral y diferencial (aunque Newton pudo haberlo descubierto al mismo tiempo). Por lo tanto, no nos sorprende que cuando Newton publicó su gran obra en 1687 la llamara, Principios Matemáticos de la Filosofía Natural. Kant adelantó la hipótesis de que el sistema solar había evolucionado a partir de la rotación de una nebulosa de gas. Y cuando Dalton introdujo el concepto moderno del átomo en la química, su libro se publicó bajo el título, Nuevo Sistema de Filosofía Química (1808).

Los siglos XVI y XVII marcaron una ruptura decisiva con la sofocante dictadura intelectual de la Iglesia y sentaron las bases del método científico moderno, como lo explica Engels:

«La ciencia natural genuina data de la segunda mitad del siglo XV y, desde entonces, ha avanzado con una rapidez cada vez mayor: el análisis de la naturaleza en sus partes individuales, la división de los diferentes procesos y objetos naturales en clases definidas, el estudio de la anatomía interna de los cuerpos orgánicos en sus formas múltiples –estas fueron las condiciones fundamentales para los gigantescos avances en nuestro conocimiento de la naturaleza que se han hecho durante los últimos cuatrocientos años. Pero esto nos ha legado el hábito de observar objetos naturales y procesos aislados del contexto general, de observarlos no en su movimiento, sino en su estado de reposo, no como elementos esencialmente variables, sino como constantes, no en su vida, sino en su muerte. Bacon y Locke pasaron de la ciencia natural a la filosofía y engendraron el modo estrecho y metafísico del pensamiento peculiar de los últimos siglos». (Engels, Anti – Dühring)

En su día, el empirismo desempeñó un papel muy progresista (incluso revolucionario) en el desarrollo del pensamiento y de la ciencia humanos. Sin embargo, el empirismo es útil sólo dentro de ciertos límites. Muchas personas sólo se sienten seguras cuando pueden referirse a los hechos. Sin embargo, por supuesto, ¡los «hechos» no se seleccionan solos! Se requiere un método definido que nos ayude a mirar más allá de lo inmediatamente dado y poner al descubierto los procesos que se encuentran más allá de los «hechos».

Aquel maravilloso filósofo, Spinoza, uno de los padres del materialismo filosófico moderno, dijo una vez que la tarea de la filosofía no es «ni llorar ni reír, sino comprender». El mundo anglosajón en general ha demostrado ser notablemente impermeable a la filosofía. De tener alguna filosofía, los estadounidenses y sus primos ingleses han limitado el alcance de su pensamiento a los estrechos límites del empirismo y del pragmatismo. Las amplias generalizaciones de un carácter más teórico siempre se consideraron como motivo de sospecha.

Pero en palabras del gran filósofo alemán, Hegel, es el deseo de una comprensión racional, y no la acumulación de un montón de datos, lo que debe poseer la mente de quien desee adoptar el punto de vista científico.

La importancia de la dialéctica

Por lo tanto, la aportación de la filosofía a la ciencia ha sido considerable. Sin embargo, los notables avances de la ciencia en el siglo pasado parecen haber hecho a la filosofía redundante. En un mundo donde podemos penetrar en los misterios más profundos del cosmos y seguir los complejos movimientos de las partículas subatómicas, las viejas preguntas que absorbieron la atención de los filósofos se han resuelto. El papel de la filosofía se ha reducido en consecuencia. Sin embargo, hay dos áreas donde la filosofía conserva su importancia: la lógica formal y la dialéctica.

El método dialéctico fue desarrollado hasta su grado más alto por Hegel. Sin embargo, aparece aquí en una forma mística, idealista. Fue rescatado por la obra revolucionaria de Marx y Engels, que por primera vez mostró el núcleo racional en el pensamiento de Hegel. En su forma científica (materialista), el método dialéctico nos proporciona una herramienta indispensable para comprender el funcionamiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

La dialéctica marxista nos proporciona las herramientas analíticas necesarias que necesitamos para dar sentido a la masa de información que ahora poseemos sobre la naturaleza y la sociedad. La filosofía marxista –la única filosofía revolucionaria consistente– es de enorme importancia práctica para la lucha de clases. Pero estas ideas maravillosamente profundas tienen una aplicación mucho más amplia, especialmente en el campo de la ciencia.

Aquí, sin embargo, nos enfrentamos a una dificultad. El relato más sistemático de la dialéctica está contenido en los escritos de Hegel, en particular su obra, La ciencia de la lógica. Pero el lector pronto puede sentirse desalentado por la forma altamente inaccesible en que Hegel establece sus ideas  -«abstracto e ininteligible», lo llamó Engels.

Marx pretendía escribir una obra sobre el materialismo dialéctico para poner a disposición del lector general el núcleo racional del pensamiento de Hegel. Desafortunadamente, murió antes de que pudiera hacerlo. Después de la muerte de Marx, su infatigable compañero Frederick Engels escribió una serie de brillantes estudios sobre la filosofía dialéctica (Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Anti-Dühring y La dialéctica de la naturaleza).

El último trabajo debía ser la base de un trabajo más largo sobre la filosofía marxista, pero desafortunadamente, Engels no pudo completarlo por la inmensa obra de terminar los volúmenes segundo y tercero de El Capital, que Marx dejó inacabado por su muerte.

Esparcidos por las obras de Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Plejánov, se pueden encontrar una gran cantidad de material sobre este tema. Pero se tardaría mucho tiempo en extraer toda esta información. Todavía queda por hacer la tarea de armar una exposición más o menos sistemática de la filosofía marxista. Hasta donde yo sé, Razón y Revolución, escrito por Ted Grant y yo mismo hace más de 20 años, fue el primer intento de aplicar el método del materialismo dialéctico a los resultados de la ciencia moderna desde La dialéctica de la naturaleza.

En su libro Anti-Dühring, Engels señaló que en última instancia, la naturaleza funciona dialécticamente. Los avances de la ciencia en los últimos cien años han confirmado completamente esta afirmación. Los científicos estadounidenses se han colocado en la vanguardia de algunas de las áreas más importantes de la ciencia moderna. Pienso en particular en el trabajo de R.C. Lewontin en el campo de la genética, y sobre todo los escritos de Stephen J. Gould.

Los descubrimientos de Gould de la paleontología fueron la base de una nueva y muy dialéctica teoría de la evolución que él llamó del equilibrio puntuado. Esto modificó fundamentalmente la vieja visión de la evolución como un proceso lento, gradual e ininterrumpido, por un proceso evolutivo cortado por catástrofes y saltos repentinos. El mismo Gould fue influenciado por las ideas del marxismo, y rindió homenaje a la contribución de Frederick Engels, quien en su pequeña obra maestra, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, anticipó brillantemente los últimos descubrimientos en la investigación de los orígenes del ser humano.

Teoría del caos

La teoría del caos y sus derivados son claramente una forma de pensamiento dialéctico. En particular, la idea de la transformación de la cantidad en calidad es fundamental. Una de las leyes básicas de la dialéctica es la ley de la transformación de la cantidad en calidad. Citemos un ejemplo fácil de entender.

Cuando el agua se enfría, hay un salto de un estado de agregación a otro: a cero grados es un sólido (hielo). A 100 grados cambia a un estado gaseoso (vapor). Si aumentamos aún más la temperatura, a 550 grados, se convierte en plasma, un estado completamente nuevo de materia, donde se produce la disociación de átomos y moléculas. Cada uno de estos estados se conoce como transición de fase. El estudio de las transiciones de fase constituye una rama muy importante de la física moderna. Pueden observarse cambios similares en la historia de la sociedad. El equivalente de una transición de fase es una revolución.

La historia conoce tanto la evolución (desarrollo lento, gradual) como la revolución (un salto cualitativo, donde el proceso de evolución se acelera enormemente). La evolución prepara el camino para la revolución, que a su vez prepara el camino para un nuevo período de evolución en un nivel superior. Este proceso dialéctico fue descrito más bellamente por Hegel en el Prefacio a La Fenomenología del espíritu:

«La yema desaparece cuando la flor se rompe, y podríamos decir que la primera es refutada por ésta. De la misma manera cuando llega el fruto, se puede explicar que la flor es una forma falsa de la existencia de la planta, porque el fruto aparece como su verdadera naturaleza en lugar de la flor. Estas etapas no son meramente diferenciadas, se suplantan unas a otras como incompatibles entre sí. Pero la incesante actividad de su naturaleza inherente las convierte a la vez en momentos de una unidad orgánica, donde no sólo no se contradicen entre sí, sino donde una es tan necesaria como la otra; Y esta misma necesidad de todos las etapas constituye en si misma y por lo tanto la vida del todo».

A menudo vemos la aparente repetición de etapas de desarrollo que han sido superadas desde hace mucho tiempo. Vemos lo mismo en el estudio de los embriones, que al parecer pasan por las etapas de la evolución. Un embrión humano comienza como una sola célula, luego se divide y adquiere formas más complejas. En una etapa tiene branquias como un pez, más tarde tiene una cola como un mono. La similitud entre los embriones humanos y los de otros animales, incluidos los peces y los reptiles, es sorprendente, y ya fue observada por los antiguos griegos, que, como hemos visto, más de dos mil años antes de Darwin, dedujeron que el hombre había evolucionado de un pez.

El proceso de evolución ha continuado ininterrumpidamente desde las primeras formas de vida primitivas que emergieron, como ahora sabemos, en un período sorprendentemente temprano en la historia de la Tierra. Los primeros organismos primitivos probablemente emergieron en el lecho de los océanos primitivos, obteniendo energía no del sol, sino de respiraderos volcánicos, generadores de calor por debajo de la corteza terrestre. Los primeros protozoos se convirtieron en cordados, y evolucionaron en los primeros anfibios terrestres; después en los reptiles y, más tarde, aparecieron los mamíferos y humanos.

La diferencia genética entre humanos y chimpancés es menor al dos por ciento y compartimos un gran porcentaje de nuestros genes con moscas de la fruta e incluso con organismos más primitivos. El último contraataque desesperado de los creacionistas (que se esconde bajo el estandarte del «diseño inteligente») chocó de plano contra los notables resultados del Proyecto del Genoma Humano. Sin embargo, esa diferencia del dos por ciento que nos separa de los otros primates es un salto cualitativo que lleva a la humanidad a un nivel completamente diferente y superior.

¿Se puede comprender la sociedad humana?

El método dialéctico no se limita simplemente a la naturaleza. Incluso la observación más superficial demuestra que la sociedad humana ha pasado a través de una serie de etapas definidas y que ciertos procesos se repiten a intervalos regulares. Al igual que en la naturaleza vemos la transformación de la cantidad en calidad, también en la historia observamos que los largos periodos de cambio lento, casi imperceptibles son interrumpidos por períodos en los que el proceso se acelera para producir un salto cualitativo.

En la naturaleza, los largos periodos de cambio lento (estasis) pueden durar millones de años. Son interrumpidos por eventos catastróficos, que vienen siempre acompañados de la extinción de especies animales que antes eran dominantes, y el surgimiento de otras especies que antes eran insignificantes, pero que se adaptan mejor para beneficiarse de las nuevas circunstancias. En las sociedades humanas, las guerras y las revoluciones juegan un papel tan importante, que estamos acostumbrados a utilizarlos como hitos que separan una época histórica de otra.

Fueron Marx y Engels los que descubrieron que la verdadera fuerza locomotora de la historia es el desarrollo de las fuerzas productivas. Esto no quiere decir, como los enemigos del marxismo afirman con frecuencia, que Marx reduce todo a la economía. Hay muchos otros factores que entran en el desarrollo de la sociedad: la religión, la moral, la filosofía, la política, el patriotismo, las alianzas tribales etc. Todo esto entra en una compleja red de interrelaciones sociales que crean un mosaico rico y confuso de fenómenos y procesos.

A primera vista parece imposible dar sentido a esto. Pero lo mismo podría decirse de la naturaleza, sin embargo, la complejidad del universo no disuade a los científicos de tratar de separar los diferentes elementos, analizarlos y clasificarlos ¿Con qué derecho los hombres y las mujeres se imaginan que están por encima de la naturaleza, y que ellos solos en el universo entero no pueden ser explicados por la ciencia? La misma idea es absurda y una manifestación de ese ardiente deseo de los seres humanos de ser una especie de creación especial, completamente separada de los demás animales y con una relación especial con el resto del universo determinado por Dios. Pero la ciencia ha despojado sin piedad estas ilusiones egocéntricas.

Marx y Engels dieron por primera vez al comunismo un carácter científico. Explicaron que la verdadera emancipación de las masas depende del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas (industria, agricultura, ciencia y tecnología) que crearán las condiciones necesarias para una reducción general de la jornada laboral y el acceso a la cultura para todos, como la única manera de transformar la forma en que las personas piensan y se relacionas entre sí

Marx señaló que ninguna formación social desaparece antes de haber agotado todo el potencial para el desarrollo de las fuerzas productivas inherentes a sí misma. Cada formación socio-económica sucesiva abre la posibilidad de un mayor desarrollo de las fuerzas productivas y por lo tanto aumenta el poder de la humanidad sobre la naturaleza. De esta manera, la base material se prepara para lo que Engels describe como el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad.

El materialismo histórico

El contenido esencial del desarrollo social es el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero sobre la base de las fuerzas productivas surgen las relaciones de propiedad y una superestructura compleja de relaciones jurídicas, religiosas e ideológicas. Estas últimas constituyen las formas a través de las que se expresan las primeras. Contenido y forma pueden entrar en contradicción, pero en última instancia, el contenido siempre determinará la forma.

El contenido cambia más rápidamente que las formas, creando contradicciones que deben ser resueltas. La superestructura obsoleta impide el desarrollo de las fuerzas productivas. Por lo tanto, en la actualidad, el desarrollo de las fuerzas productivas, que ha alcanzado niveles inimaginables respecto a la historia humana anterior, están en conflicto abierto con la propiedad privada y el estado nacional. Las viejas estructuras están estrangulando el desarrollo de las fuerzas productivas. Deben ser demolidas con el fin de resolver la contradicción. Las formas obsoletas deber ser destruidas y reemplazadas por nuevas formas que estén en consonancia con las necesidades de las fuerzas productivas.

En términos generales, la sociedad humana se puede dividir en cuatro categorías (si excluimos el modo de producción asiático, que fue históricamente un callejón sin salida). El primero fue el sistema comunal primitivo que duró más de un millón de años. Este fue reemplazado, en Occidente, por la esclavitud, que duró unos 10.000 años. La caída del Imperio Romano, que representó la esclavitud en su forma más desarrollada, causó, en primer lugar un colapso de la civilización, y luego una lenta recuperación bajo el sistema feudal que duró poco más de mil años. Por último, el sistema capitalista, que lleva unos 200-300.

Cada uno de estos sistemas socio-económicos tenía sus propias leyes de movimiento que difería fundamentalmente de los demás. Por tanto, es inútil tratar de descubrir las leyes de la economía política «en general». Es necesario descubrir las leyes particulares que rigen cada sistema, y esto es lo que hizo Marx. La anarquía de la producción no puede satisfacer las demandas de la industria moderna, la tecnología y la ciencia. La única manera de resolver las contradicciones del capitalismo que son la causa del hambre, la pobreza, las guerras y el terrorismo, es a través de la transformación socialista de la sociedad.

Es importante tener en cuenta cómo el proceso de desarrollo humano ha sido sometido a una aceleración constante. El feudalismo se prolongó durante un tiempo más corto que la esclavitud, y el capitalismo existe desde hace sólo dos o tres siglos. Por otra parte, el ritmo de desarrollo de las fuerzas productivas bajo el capitalismo ha sido mucho más rápido que en cualquiera de las sociedades anteriores. Ha habido más invenciones en este periodo que en toda la historia anterior. Pero este desarrollo febril de la industria, la ciencia y la técnica ha entrado en conflicto con los estrechos límites de la propiedad privada y el estado nacional. El capitalismo en su período de decadencia senil ya no es capaz de desarrollar las fuerzas productivas como lo hizo en el pasado. Esta es la causa fundamental de la crisis actual, que está empezando a amenazar la existencia misma de la humanidad.

Socialismo o barbarie

“Ninguna sociedad o nación entera, ni siquiera todas las sociedades que existen simultáneamente en su conjunto, son propietarias de la Tierra. Sólo son sus poseedoras, sus usufructuarias, y, como boni patres familias, deben transmitirlo a las generaciones sucesivas en un estado mejorado». (Marx)

Marx dijo una vez que cuando el cultivo se desarrolla de forma espontánea y no se planifica conscientemente crea desiertos a su paso… El capitalismo del siglo XXI se encuentra en el proceso de convertir el planeta en un desierto. Interferencias anárquicas en los procesos naturales, la deforestación incontrolada, la caza y la pesca incontrolada, la contaminación del medio ambiente, el envenenamiento de los alimentos que comemos, del aire que respiramos y del agua que bebemos, altera el equilibrio de la naturaleza a gran escala y coloca una signo de interrogación sobre el futuro del planeta, y, posiblemente, de la vida en la tierra.

Mientras el sistema económico que gobierna el mundo esté subordinado a los intereses económicos de una minoría, la rapiña del planeta continuará. El dominio de la economía mundial exige una economía planificada, es decir, el socialismo mundial. El cambio climático, la destrucción del medio ambiente, etc., no pueden ser resueltos por ningún otro medio.

Una economía planificada socialista es la única manera real de proteger el medio ambiente natural y eliminar la contaminación de los océanos y de la atmósfera y así salvar al planeta de una catástrofe ecológica. El uso racional de la naturaleza, el descubrimiento y la aplicación de nuevas fuentes de energía limpia abrirá la posibilidad de un desarrollo sostenible, como el que hablan los ecologistas, pero que son impotentes para aplicarlo. Es enteramente posible alimentar a la población del mundo sobre la base de la tecnología existente en la actualidad. El problema no es que no poseamos los medios para resolver la hambruna, sino que las fuerzas productivas están condicionadas por los intereses económicos.

Una economía planificada socialista liberaría la ciencia y la tecnología de las cadenas de un sistema basado en las ganancias de una minoría. Aceleraría enormemente el progreso económico de la humanidad, a la vez que protegería los tesoros del mundo natural que están amenazados por la economía de mercado capitalista. En palabras de Marx «en el socialismo la humanidad puede regular su intercambio con la naturaleza, poniéndolo bajo control común, en lugar de ser dominado por las fuerzas ciegas de la naturaleza,  logrando esto con el menor gasto de energía y en las condiciones más favorables y dignas para la naturaleza humana».

Es evidente para cualquier persona que piensa que el sistema capitalista es un sistema monstruosamente opresivo e inhumano que engendra un profundo sufrimiento, enfermedades, opresión y muerte de millones de personas en el mundo. Sin duda, es el deber de toda persona humana apoyar la lucha contra un sistema de este tipo. Sin embargo, con el fin de luchar con eficacia, es necesario elaborar un programa serio, una política y unas perspectivas que puedan garantizar el éxito. Creemos que sólo el marxismo (el socialismo científico) ofrece tal perspectiva.

Los marxistas invitan a los hombres y mujeres a luchar de una forma decidida con el objetivo de transformar sus vidas y crear una sociedad verdaderamente humana que permita a la raza humana elevarse a su verdadera altura. Creemos que los humanos tienen una sola vida, y deben dedicarse a hacer esta vida hermosa y completa por sí misma. Estamos luchando por crear un paraíso en esta tierra, creado por la inteligencia humana porque no creemos en los paraísos ilusorios.

Karl Marx señaló hace mucho tiempo que la disyuntiva que se presenta a la raza humana era el socialismo o la barbarie. La verdad de esta predicción es muy clara para el pueblo de Pakistán. Después de décadas de independencia formal, un país hermoso y potencialmente rico ha sido reducido a un estado de miseria sin precedentes, opresión y sufrimiento. Elementos de barbarie ya existen y amenazan la existencia misma de Pakistán.

Sólo una revolución socialista puede salvar a Pakistán de caer en el pozo sin fondo de la barbarie. Sólo derrocando el gobierno de la élite criminal de los banqueros, terratenientes y capitalistas que oprimen y saquean al pueblo podemos lograr las condiciones para nuestra emancipación final. Nuestra tarea es organizarnos para poner fin a la dictadura del capital que mantiene a los trabajadores y campesinos en un estado de esclavitud.

Un Pakistán socialista introduciría una economía planificada, bajo el control y administración democrática de la clase obrera. El socialismo permitiría el libre desarrollo de los seres humanos, sin la limitación de las necesidades materiales. Sería capaz de movilizar los vastos recursos del país para satisfacer las necesidades de las personas.

Esto daría un gran impulso al movimiento revolucionario en la India, Bangladesh, Sri Lanka, Afganistán y Nepal. La clase obrera barrería todas las fronteras artificiales creadas por el imperialismo, preparando el camino para la creación de la Federación Socialista del Subcontinente.

Esto sería un gran paso adelante para la victoria del socialismo a escala mundial y la creación de una nueva página en la historia de la humanidad. Una federación socialista del subcontinente lograría desarrollar las fuerzas productivas a un nivel donde se suprimirían todos los males de la pobreza, el desempleo, la ignorancia y la miseria.

El socialismo elevará la civilización humana a un nivel no visto en ningún periodo en el pasado. Las glorias de Córdoba y Granada serán superadas y la poesía, el arte, la literatura, la filosofía y la ciencia alcanzarán nuevos niveles de grandeza. Es la tarea de los marxistas, luchar por este gran objetivo: la emancipación de la clase obrera.

El papel de la filosofía en la época moderna debe ser facilitar esta tarea, aclarar nuestras ideas y proporcionar una explicación racional de los fenómenos más importantes de nuestra época.

En palabras de Karl Marx: «Los filósofos sólo han interpretado el mundo de diversas maneras. De lo que se trata, sin embargo, es de cambiarlo».

Londres 17 de noviembre de 2016

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Defender a Venezuela de la agresión imperialista

 

 

por Juan García Brun//

“¡Golpe de estado en Venezuela! ¡Maduro concentra todo el poder!” A sólo unos días del 15º aniversario del golpe de estado contra el presidente electo Hugo Chávez (del 11 al 13 abril de 2002), los mismos que lo llevaron a cabo -la oligarquía venezolana, sus amos en Washington y sus perros falderos en Argentina, Perú, Brasil – ahora están gritando y aullando como hienas contra un supuesto “auto golpe de Estado” del presidente Maduro. A este coro se ha sumado Bachelet, demostrando que desde el vergonzoso apoyo al golpe en abril del 2002, nuestro país sigue alineado con Washington.

Quienes en la izquierda –como Boric y Jackson- califican de “inaceptable” la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de asumir las funciones legislativas de la Asamblea Nacional en Venezuela, no hacen otra cosa que ponerse al servicio de la política de Trump que, explícitamente, se ha propuesto “reventar” a la revolución en Venezuela. Lo inaceptable es alinearse con Julio Borges que abiertamente llama a las FFAA a hacer un Golpe. Lo verdaderamente inaceptable es someterse a los dictados del imperialismo y calificar esa obsecuencia como un valor democrático.

¿Cuáles son los hechos?

La causa inmediata de esta protesta hipócrita es el fallo del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) del 29 de marzo, que falló que en la medida en que la Asamblea Nacional está en desacato, el TSJ de ahora en adelante se hará cargo de sus poderes para ejercerlos o delegarlos en otro poder que él mismo determine. Inmediatamente, el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, declaró esto como un “golpe de Estado” y el secretario general de la Organización de los Estados Americanos Luis Almagro –ex canciller de Mujica y militante del Frente amplio uruguayo- lo describió como un “auto golpe de Estado” y pidió la convocatoria urgente del Consejo Permanente de la OEA con el fin de activar la Carta Democrática contra Venezuela. El gobierno peruano decidió retirar a su embajador de Venezuela. Bachelet, disciplinada con el imperialismo y por presiones de la Democracia Cristiana, llamó a informar al embajador chileno en Caracas

¿Cuáles son las raíces de este fallo? Desde la victoria de la oposición de derecha en las elecciones de la Asamblea Nacional en diciembre de 2015, ha habido un agudo conflicto entre los diferentes poderes del Estado. Ya a finales de diciembre de 2015, el TSJ falló que ante las irregularidades en las elecciones en el estado Amazonas, las mismas se declaraban nulas y ordenó que fueran repetidas. Existían pruebas que fueron presentadas de la compra de votos por parte de políticos de la oposición. Esto afectaba a cuatro diputados, dos de la oposición, uno del PSUV y otro elegido en la lista indígena (también partidario de la oposición), que quedaron descalificados. Sin embargo, estos tres diputados de la oposición eran clave, ya que le proporcionaban a la oposición una mayoría de dos tercios y por lo tanto poderes mucho más amplios. La Asamblea Nacional se negó a obedecer la orden del TSJ y juramentó a los tres diputados de la oposición de Amazonas en enero de 2016. Una vez más el TSJ declaró el acto nulo y sin efecto y en contravención de su fallo anterior. En agosto de 2016, el TSJ declaró que la Junta Directiva de la Asamblea Nacional y los diputados de la oposición estaban en desacato por haber violado dos de sus fallos.

En una nueva escalada del conflicto institucional, en octubre de 2016, la Asamblea Nacional votó para iniciar procedimientos a fin de efectuar un “juicio político” al presidente Maduro, y también procedimientos para declarar que Maduro había “abandonado su cargo”. Entre las razones dadas para estas acciones, fue la afirmación de que Maduro no es un ciudadano venezolano y por lo tanto no puede ser presidente. Finalmente, en enero de 2017, la Asamblea Nacional declaró que el presidente Maduro había “abandonado su cargo”. La Asamblea Nacional, además, pidió a la Organización de los Estados Americanos invocar la Carta Democrática contra Venezuela, en la práctica pidiendo a potencias extranjeras que violen la soberanía de Venezuela, algo que revela claramente el carácter apátrida de la oligarquía venezolana. El intento de utilizar la Carta Democrática fue derrotado en la OEA, a pesar de las amenazas directas de Washington contra una serie de países miembros.

Por último, el gobierno preguntó al TSJ si era necesario enviar su decisión de crear empresas mixtas en el sector petrolero a ratificación de la Asamblea Nacional. El TSJ respondió con su fallo del 29 de marzo, que, en la medida en que la Asamblea Nacional estaba en desacato y no había tomado ninguna acción para rectificar esa situación, el gobierno no tiene que enviar sus decisiones a la misma y que el TSJ se hace cargo de los poderes legislativos de la Asamblea Nacional para ejercerlos directamente o a través de cualquier otro órgano del poder que determine. Ese fallo había sido precedido por otro del día anterior en el que el TSJ dictaminó que, como la Asamblea Nacional estaba en desacato, sus miembros no podían gozar de inmunidad parlamentaria.

Si la oposición en la Asamblea Nacional quisiera en realidad usar sus poderes, sería fácil acatar el fallo del TSJ sobre los tres diputados de Amazonas y luego empezar a legislar. Sin embargo, la oposición no está realmente interesada en eso, sino que quiere crear un incidente lo más grande posible, para justificar la eliminación de Maduro de la presidencia.

Debemos oponernos a ésta campaña de los que sí llevaron a cabo un golpe de estado en Venezuela en el 2002, y que ahora quieren quitar a Maduro del poder y apelan a la intervención extranjera contra Venezuela. Si lograran alcanzar sus objetivos, sabemos claramente cuáles serían las consecuencias: todos los logros de la Revolución Bolivariana serían destruidos, las misiones sociales abolidas, las empresas y latifundios expropiados serían devueltos a sus antiguos dueños, se aboliría la Ley Orgánica del Trabajo permitiendo despidos masivos en las empresas estatales y privadas, se recortarían brutalmente o abolirían las pensiones de jubilación del estado, se recortaría el presupuesto de salud y educación y se establecería un régimen de asalto contra todos los derechos democráticos básicos. Si alguien lo duda, sólo tiene que ver las medidas iniciales adoptadas por los gobiernos de la derecha que han llegado al poder en Argentina y Brasil. En Venezuela sería diez veces peor.

Sin embargo, no se trata sólo de quién tiene razón o no desde un punto de vista legal o de procedimiento. Como todas las cuestiones fundamentales en la sociedad, este conflicto se va a resolver sobre la base de quién tiene el poder real, en términos de las fuerzas armadas o la movilización de masas en las calles que puedan romper el poder estatal. Por el momento, no parece que la oposición reaccionaria tenga ni lo uno ni lo otro. La oposición ha hecho llamamientos constantes al Ejército a salir “en defensa de la Constitución” (es decir: sacar a Maduro), pero hasta ahora han caído en oídos sordos. Sus intentos más recientes de sacar a la gente a las calles en septiembre y octubre el año 2016 fracasaron por completo por la falta de una estrategia clara y decisiva. Algunos de los líderes de la oposición convocaron a una marcha hacia el Palacio de Miraflores, pero cuando llegó el día se echaron atrás, provocando la ira y la desmoralización de sus propios seguidores.

Las concesiones a los capitalistas socavan la revolución

Más allá de las cuestiones legales e institucionales, tenemos que preguntarnos ¿qué está haciendo el gobierno de Maduro con su poder? ¿Cuál es su estrategia? Hace unos días, Nicolás Maduro hizo una serie de declaraciones en la Expo Venezuela Potencia 2017, que no dejan ninguna duda sobre el hecho de que su estrategia es la de hacer concesiones cada vez mayores a los capitalistas, nacionales e internacionales. Maduro rechazó lo que él calificó como una “campaña sucia que dice que tenemos un modelo comunista y rechazamos la empresa privada”. Por el contrario, dijo, “el 90% de la economía está en manos de empresas privadas” (en realidad lo que quería decir era que el 90% de todas las empresas está en manos privadas, a pesar de que representan un porcentaje menor de la economía.) Luego procedió a anunciar más concesiones a los capitalistas, nacionales y extranjeros, dándoles préstamos de los bancos estatales, tanto en bolívares como en dólares, y anunció una mayor liberalización del sistema de cambio de divisas con el fin de permitir a las empresas privadas un acceso más fácil a los dólares (que provienen de la renta petrolera en manos del estado).

Estas declaraciones y concesiones han provocado la ira generalizada y malestar entre las filas del movimiento bolivariano. Representan una continuación y una profundización de la política que el gobierno de Maduro ha estado siguiendo desde que fue elegido: responder a los ataques de la oposición en el ámbito político e institucional, al tiempo que se hacen cada vez más concesiones a los capitalistas en el campo económico.

Esa es una política que conduce directamente al desastre. La economía venezolana está en una crisis profunda, con una caída brutal del PIB, hiperinflación, escasez grave de alimentos básicos y medicinas y una parálisis de la producción. Esta crisis es el resultado, en última instancia, de la rebelión de las fuerzas productivas – que siguen operando bajo el marco de un mercado capitalista – contra los intentos del gobierno de regularlas, a través de los controles de precios y el control de cambios. Esto se ha agravado y multiplicado por el colapso en el precio del petróleo en el mercado mundial. Enfrentado a una limitación extrema de las reservas de divisas y de los ingresos petroleros, el gobierno ha recurrido a priorizar el pago de la deuda externa por encima de las importaciones, que han sido severamente recortadas, agravando aún más la escasez. Al mismo tiempo, con el fin de sufragar el presupuesto del estado, donde hay un déficit consolidado que asciende a 15-20% del PIB, se ha recurrido a una política de impresión desaforada de dinero que a su vez ha dado lugar a la hiperinflación. Lo que ha fracasado en Venezuela no es el socialismo, que nunca existió, sino más bien, el intento de regular la economía capitalista a través de la intervención del Estado y hacer que funcione en beneficio de la mayoría.

Sólo hay dos maneras de salir de esta crisis económica: una es levantar todas las regulaciones y controles y permitir que el mercado capitalista trabaje “normalmente”, lo que significaría que se haría pagar a los trabajadores el precio de la crisis. Esa es la dirección que el gobierno de Maduro ha estado tomando progresivamente. El otro es expropiar a los capitalistas y dirigir la economía sobre la base de un plan democrático de la producción que pueda satisfacer las necesidades de la población, haciendo al mismo tiempo un llamamiento internacionalista a los obreros y campesinos de la región a salir en defensa de la revolución y derrotar los intentos de sus propias clases dominantes de destrozarla. Eso significaría hacer que los capitalistas paguen el precio de la crisis.

La continuación de la política actual del gobierno no hará sino agravar la crisis desde el punto de vista del pueblo trabajador, y por tanto, erosionar aún más su apoyo entre las masas bolivarianas. El gobierno tiene la idea de que este año vamos a ver un aumento de los precios del petróleo a un nivel de alrededor de 70 a 80 dólares por barril y que esto le daría el margen necesario para invertir en programas sociales de nuevo, recuperando así el apoyo popular. En esa situación podría convocar a elecciones en mejores condiciones. Esto es una quimera. Los precios del petróleo subieron ligeramente después del acuerdo de la OPEP y Rusia para recortar la producción, pero ese proceso se ha cortado en la medida en que la subida de los precios del petróleo ha hecho que el fracking sea de nuevo rentable en los EE.UU., lo que aumenta la producción mundial y ha empujado los precios hacia abajo de nuevo.

¿Cómo combatir la ofensiva del imperialismo y la oligarquía?

Si hemos de ser sinceros, la política del gobierno representa una traición al legado del presidente Chávez. En sus últimas declaraciones antes de su muerte, en el Golpe de Timón y el Plan de la Patria Socialista, Hugo Chávez hizo hincapié en dos ideas fundamentales: a) que todavía estamos en una economía capitalista y hay que avanzar hacia el socialismo, y b) hay que destruir el estado burgués y sustituirlo por un “estado comunal” (es decir, uno basado en las Comunas Socialistas). Con todas sus limitaciones, éstas eran ideas correctas.

La actual dirección del movimiento bolivariano y el gobierno del presidente Maduro van en la dirección opuesta: en el campo económico han estado haciendo más y más concesiones a los capitalistas, mientras que en el campo político han sofocado todas las vías de participación popular, el control obrero, y el poder de las masas.

Independientemente de sus intenciones, hay que decirlo claramente: estas políticas conducirán directamente a la derrota de la revolución bolivariana y la toma del poder por la oposición burguesa. Eso sería una catástrofe. Con el fin de evitarlo debemos adoptar firmemente una política de lucha por el socialismo y contra el Estado burgués.

Ante la embestida del imperialismo y los capitalistas venezolanos, ¿cuál sería la forma más eficaz de combatirla? En primer lugar, Venezuela debería romper relaciones diplomáticas con Washington que es el que dirige y coordina esta campaña. En segundo lugar, debería expropiar las propiedades de las multinacionales de cualquier país implicado en esta grosera interferencia en la soberanía nacional de Venezuela. En tercer lugar, se deben expropiar las propiedades de la oligarquía venezolana que ha estado conspirando constantemente contra la voluntad del pueblo durante los últimos 15 años. En cuarto lugar, hay que crear comités antiimperialistas y anticapitalistas de obreros, soldados y campesinos en cada empresa, fábrica, cuartel y en el campo. Estos comités deben estar armados y ejercer el control obrero contra el sabotaje de la oligarquía. Por último, la Revolución Bolivariana debe hacer un llamamiento a los trabajadores y campesinos de América Latina y la clase obrera del mundo pidiendo su apoyo y que bloqueen los intentos de los gobiernos reaccionarios de intervenir en su contra.

Esta sería la única política que puede garantizar la defensa de la revolución, avanzar hacia la revolución proletaria, al socialismo.

 

(texto basado en declaración de la Corriente Marxista Internacional)

Un cuento de Roberto Bolaño: «El ojo Silva»

Para Rodrigo Pinto y María y Andrés Braithwaite

Lo que son las cosas, Mauricio Silva, llamado el Ojo, siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década del cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende. Seguir leyendo Un cuento de Roberto Bolaño: «El ojo Silva»

Trotsky: El proletariado y los campesinos

// Capítulo III de la Historia de la Revolución Rusa//

El proletariado ruso había de dar sus primeros pasos bajo las condiciones políticas de un Estado despótico. Las huelgas ilegales, las organizaciones subterráneas, las proclamas clandestinas, las manifestaciones en las calles, los choques con la policía y las tropas del ejército: tal fue su escuela, fruto del cruce de las condiciones del capitalismo que se desarrollaban rápidamente y el absolutismo que iba evacuando poco a poco sus posiciones. El apelotonamiento de los obreros en fábricas gigantescas, el carácter concentrado del yugo del Estado y, finalmente, el ardor combativo de un proletariado joven y lozano, hicieron que las huelgas políticas, tan raras en Occidente, se convirtiesen allí en un método fundamental de lucha. Las cifras relativas a las huelgas planteadas en Rusia desde primeros de siglo actual son el índice más elocuente que acusa la historia política de aquel país. Y aun siendo nuestro propósito no recargar el texto de este libro con cifras, no podemos renunciar a reproducir las que se refieren a las huelgas políticas desatadas en el período que va de 1903 a 1917. Nuestros datos, reducidos a su más simple expresión, se contraen a las empresas sometidas a la inspección de fábricas. Dejamos a un lado los ferrocarriles, la industria minera, el artesano y las pequeñas empresas en general, y, mucho más naturalmente, la agricultura, por diversas razones en que no hay para qué entrar. Con esto no pierden el menor relieve los cambios que acusa la curva de huelgas durante ese período.

Huelgas políticas

Años Número de huelguistas
1903 87.000 (1)
1904 25.000 (1)
1905 1.843.000
1906 651.000
1907 540.000
1908 93.000
1909 8.000
1910 4.000
1911 8.000
1912 550.000
1913 502.000
1914 (primera mitad) 1.059.000
1915 156.000
1916 310.000
1917 (enero-febrero) 575.000
Nos hallamos ante la curva, única en su género, de la temperatura política de un país que albergue en sus entrañas una gran revolución. En un país rezagado y con un proletariado reducido -el censo de obreros de las empresas sometidas a la inspección fabril pasa de millón y medio de obreros en 1905, y unos dos millones en 1917- nos encontramos con un movimiento huelguístico que alcanza proporciones desconocidas hasta entonces en ningún otro país del mundo. Frente a la debilidad de la democracia pequeñoburguesa y a la atomización y ceguera política del movimiento campesino, la huelga obrera revolucionaria es el ariete que la nación, en el momento de su despertar, descarga contra las murallas del absolutismo. Nos bastaría fijarnos en la cifra de 1.843.000 huelguistas políticos de 1905 -claro está que los obreros que tomaron parte en más de una huelga figuran en esta estadística por diferentes conceptos- para poner el dedo a ciegas en el año de la revolución, aunque no tuviéramos más dato que éste sobre el calendario político de Rusia.

En 1904, primer año de la guerra ruso-japonesa, la inspección de fábricas no señalaba más que 25.000 huelguistas en todo el país. En 1905, el número de obreros que toman parte en las huelgas políticas y económicas en conjunto asciende a 2.863.000, ciento quince veces más que en el año anterior. Este salto sorprendente induce por sí mismo a pensar que el proletariado, a quien la marcha de los acontecimientos obligó a improvisar una actividad revolucionaria tan inaudita, tenía que sacar a toda costa de su seno una organización que respondiera a las proporciones de la lucha y a la grandiosidad de los fines perseguidos: esta organización fueron los soviets, creados por la primera revolución y que no tardaron en convertirse en órganos de la huelga general y de la lucha por el poder, tardaron en convertirse en órganos de la huelga general y de la lucha por el poder.

Derrotado en el alzamiento de diciembre de 1905, el proletariado pasa dos años -años que, si bien viven todavía el impulso revolucionario como la estadística de huelgas revela, son ya, a pesar de todo, años de reflujo- haciendo esfuerzos heroicos por mantener una parte, al menos, de las posiciones conquistadas. Los cuatro años que siguen (1908-1911) se reflejan en el espejo de la estadística e huelgas como años de contrarrevolución triunfante. Coincidiendo con ésta, la crisis industrial viene a desgastar todavía más el proletariado, exangüe ya de suyo. La hondura de la caída es proporcional a la altura que había alcanzado el movimiento ascensional. Las convulsiones de la nación tienen su reflejo en estas cifras.

El período de prosperidad industrial que se inicia en el año 1910 pone otra vez en pie a los obreros e imprime nuevo impulso a sus energías. Las cifras de 1913-1914 repiten casi los datos de 1905-1907, sólo que en un orden inverso: ahora, el movimiento no tiende a remitir, sino que va en ascenso. Comienza la nueva ofensiva revolucionaria sobre bases históricas más altas: esta vez, el número de obreros es mayor, y mayor también su experiencia. Los seis primeros meses de 1914 pueden equipararse casi, por el número de huelguistas políticos, al año de apogeo de la primera revolución. Pero se desencadena la guerra y trunca bruscamente este proceso. Los primeros meses de la guerra se caracterizan por la inactividad política de la clase obrera. Pero el estancamiento empieza ya a ceder en la primavera de 1915, y se abre un nuevo ciclo de huelgas políticas que, en febrero de 1917, produce la explosión del alzamiento de los obreros y los soldados.

Estos flujos y reflujos bruscos de la lucha de masas hacen que el proletariado ruso parezca cambiar de filosofía en el transcurso de unos cuantos años. Fábricas que dos o tres años antes se lanzaban unánimemente a la huelga con motivo de cualquier acto de arbitrariedad policíaca pierden de pronto su empuje revolucionario y dejan sin respuesta los crímenes más monstruosos del poder. Las grandes derrotas producen un abatimiento prolongado. Los militantes revolucionarios pierden autoridad sobre las masas. En la conciencia de éstas vuelven a aflorar los viejos prejuicios y las supersticiones aún no esfumadas. Al mismo tiempo, la penetración de los elementos grises procedentes del campo en las filas obreras hacen que se destiña -por decirlo así- el carácter de clase de ésta. Los escépticos menean irónicamente la cabeza. Tal fue lo que aconteció en los años 1907 a 1911. Pero los procesos moleculares se encargan de curar en las masas las lesiones síquicas. Un nuevo giro de los acontecimientos o un impulso económico subterráneo abre un nuevo ciclo político. Los elementos revolucionarios vuelven a encontrar quien les preste oídos, y la lucha se enciende de nuevo y con mayores bríos.

Para comprender las dos tendencias principales en que se escinde la clase obrera rusa, conviene no olvidar que el menchevismo cobra su forma definida durante los años de reacción y reflujo, apoyado principalmente en el reducido sector de obreros que habían roto con la revolución, mientras que el bolchevismo, sañudamente perseguido durante el período de la reacción, resurge enseguida sobre la espuma de la nueva oleada revolucionaria en los años que preceden inmediatamente a la guerra. «Los elementos, las organizaciones y los hombres que rodean a Lenin son los más enérgicos, los más audaces y los más capacitados para la lucha sin desmayo, la resistencia y la organización permanentes»; así juzgaba el Departamento de policía la labor de los bolcheviques durante los años que preceden a la guerra.

En julio de 1914, cuando los diplomáticos clavaban los últimos clavos en la cruz destinada a la crucifixión de Europa, Petrogrado hervía como una caldera revolucionaria. El presidente de la República francesa, Poincaré, depositó su corona sobre la tumba de Alejandro III en el mismo momento en que resonaban en las calles los últimos ecos de la lucha y los primeros gritos de las manifestaciones patrióticas.

¿Cabe pensar que, al no haberse declarado la guerra, el movimiento ofensivo de las masas que venía creciendo desde 1912 a 1914 hubiera determinado directamente el derrocamiento del zarismo? No podemos contestar de un modo categórico a esta pregunta. No hay duda que el proceso conducía inexorablemente a la revolución. Pero ¿por qué etapas hubiera tenido ésta que pasar? ¿No le estaría reservada una nueva derrota? ¿Qué tiempo hubieran necesitado los obreros para poner en pie a los campesinos y adueñarse del ejército? No puede decirse. En estas cosas, no cabe más que la hipótesis. Lo cierto es que la guerra marcó en un principio un paso atrás, para luego, en la fase siguiente, acelerar el proceso y asegurarle una victoria aplastante.

El movimiento revolucionario se paralizó al primer redoble de los tambores guerreros. Los elementos obreros más activos fueron movilizados. Los militantes revolucionarios fueron trasladados de las fábricas al frente. Toda declaración de huelga era severamente castigada. La prensa obrera fue suprimida; los sindicatos estrangulados. En las fábricas entraron cientos de miles de mujeres, de jóvenes, de campesinos. Políticamente, la guerra, unida a la bancarrota de la Internacional, desorientó extraordinariamente a las masas y permitió a la dirección de las fábricas, que había levantado cabeza, hablar patrióticamente en nombre de la industria, arrastrando consigo a una parte considerable de los obreros y obligando a los más audaces y decididos a adoptar una actitud expectante. La idea revolucionaria había ido a refugiarse en grupos pequeños y silenciosos. En las fábricas, nadie se atrevía a llamarse bolchevique, sí no quería verse al punto detenido e incluso apaleado por los obreros más retrógrados.

En el momento de estallar la guerra, la fracción bolchevique de la Duma, foja por las personas que la componían, no estuvo a la altura de las circunstancias. Se juntó a los diputados mencheviques para formular una declaración en la que se comprometía a «defender los bienes culturales del pueblo contra todo atentado, viniera de donde viniese». La Duma subrayó con aplausos aquella capitulación. No hubo entre todas las organizaciones y grupos del partido que actuaban en Rusia ni uno solo que abrazase la posición claramente derrotista que Lenin mantenía desde el extranjero. Sin embargo, entre los bolcheviques, el número de patriotas era insignificante: muy al contrario de lo que hicieron los narodniki y mencheviques, los bolcheviques empezaron ya en el año 1914 a agitar entre las masas de palabra y por escrito contra la guerra. Los diputados de la Duma se rehicieron pronto de su desconcierto y reanudaron la labor revolucionaria, de la cual se hallaba perfectamente informado el gobierno, gracias a su red extensísima de confidentes. Baste con decir que, de los siete miembros que componían el Comité petersburgués del partido en vísperas de la guerra, tres estaban al servicio de la policía. El zarismo gustaba, como se ve, e jugar al escondite con la evolución. En noviembre fueron detenidos los diputados bolcheviques y empezó la represión contra el partido por todo el país. En febrero de 1915, la fracción parlamentaria compareció ante los tribunales. Los diputados mantuvieron una actitud prudente. Kámenev, el inspirador teórico de la fracción, se desentendió, al igual que Petrovski, actual presidente del Comité Central Ejecutivo de Ucrania, de la posición derrotista de Lenin. Y el Departamento de policía pudo comprobar con satisfacción que la rigurosa sentencia dictada contra los diputados bolcheviques no provocaba el menor movimiento de protesta entre los obreros.

Parecía como si la guerra hubiera cambiado a la clase trabajadora. Hasta cierto punto, así era: en Petrogrado, la composición de la masa obrera se renovó casi en un 40 por 100. La continuidad revolucionaria se vio bruscamente interrumpida. Todo lo anterior a la guerra, incluyendo la fracción bolchevique de la Duma, pasó de golpe a segundo término y cayó casi en el olvido. Pero, bajo esta capa aparente y precaria de tranquilidad, patriotismo y hasta en parte de monarquismo, en el seno de las masas se incubaba una nueva explosión.

En agosto de 1915, los ministros zaristas se comunican unos a otros que los obreros «acechan por todas partes,, venteando traiciones y sabotajes en favor de los alemanes, y se entregan celosamente a la busca y captura de los culpables de nuestros fracasos en el frente». En efecto, durante este período, la crítica de las masas que empieza a resurgir se apoya, en parte sinceramente y en parte adoptando ese tinte protector, en la «defensa de la patria». Pero esta idea no era más que el punto de partida. El descontento obrero va echando raíces cada vez más profunda, sella los labios de los capataces, de los obreros reaccionarios y de los adulones de los patronos, y permite volver a levantar cabeza a los bolcheviques.

Las masas pasan de la crítica a la acción. Su indignación se traduce principalmente en los desórdenes producidos por la escasez de subsistencias, desórdenes que, en algunos sitios, toman la forma de verdaderos motines. Las mujeres, los viejos y los jóvenes se sienten más libres y más audaces en el mercado o en la plaza pública que los obreros movilizados en las fábricas. En mayo, el movimiento deriva, en Moscú, hacia el saqueo de casas de alemanes. Y aunque sus autores obren bajo el amparo de la policía y procedan de los bajos fondos de la ciudad, la sola habilidad del saqueo en una urbe industrial como Moscú atestigua que los obreros no están aún lo bastante despiertos para poder infiltrar sus consignas y su disciplina en la parte de la población urbana sacada de sus casillas. Al correrse por todo el país estos desórdenes, destruyen el hipnotismo de la guerra y preparan el terreno a las huelgas. La afluencia de mano de obra inepta a las fábricas y el afán de obtener grandes beneficios de guerra se traducen en todas partes en un empeoramiento de las condiciones de trabajo y resucitan los más burdos métodos de explotación. La carestía de la vida va reduciendo automáticamente los salarios. Las huelgas económicas se tornan en un reflejo inevitable de las masas, tanto más tumultuoso cuanto más se le ha querido contener. Las huelgas van acompañadas de mítines, de votación de acuerdos políticos, de encuentros con la policía y, no pocas veces, de tiroteos y de víctimas.

La lucha se corre, en primer término, por la región textil central. El 5 de junio, la policía dispara sobre los obreros tejedores de Kostroma: cuatro muertos y nueve heridos. El 10 de agosto, las tropas hacen fuego sobre los obreros de Ivanovo-Vosnesenk (2): dieciséis muertos, treinta heridos. En el movimiento de los obreros textiles aparecen complicados soldados del batallón destacado en aquella plaza. Como respuesta a los asesinos de Ivanovo-Vosnesenk, estallan huelgas de protesta en distintos puntos del país. Paralelamente a este movimiento, se va extendiendo la lucha económica. Los obreros de la industria textil marchan, en muchos sitios, en primera fila.

Comparado con la primera mitad de 1914, este movimiento representa, así en lo que se refiere a la intensidad del ataque como en lo que afecta a la claridad de las consignas, un gran paso atrás. No tiene nada de particular: es una huelga en la que toman parte principal las masas grises; además, en el sector obrero dirigente reina el desconcierto más completo. Sin embargo, ya en las primeras huelgas que estallan durante la guerra se pulsa la proximidad de los grandes combates. El 16 de agosto declara el ministro de Justicia, Ivostov: «Si actualmente no estallan acciones armadas es, sencillamente, porque los obreros no disponen de organización.» Pero todavía se expresaba más claramente Goremikin: «El único problema con que tropiezan los caudillos obreros es la falta de organización, pues la detención de los cinco diputados de la Duma se la ha destruido». Y el ministro del Interior añadía: «No es posible amnistiar a los diputados de la Duma (los bolcheviques), pues son el centro de la organización del movimiento obrero en sus manifestaciones más peligrosas.» Por lo menos, aquellos señores sabían muy bien dónde estaban sus verdaderos enemigos: en esto, no se equivocaban.

Al tiempo que el gobierno, aun en los momentos de mayor desconocimiento, en que se mostraba propicio a hacer concesiones a los liberales, creía imprescindible dirigir los tiros a la cabeza de la revolución obrera, es decir, a los bolcheviques, la gran burguesía pugnaba por llegar a una inteligencia con los mencheviques. Alarmados por las proporciones que iban tomando en las huelgas, los industriales liberales hicieron una tentativa para imponer una disciplina patriótica a los obreros, metiendo a los representantes elegidos por éstos en los comités industriales de guerra. El ministro del Interior se lamentaba de lo difícil que era luchar contra la iniciativa de Guchkov: «Todo esto se lleva a cabo bajo la bandera del patriotismo y en nombre de los intereses de la defensa nacional.» Conviene tener en cuenta, sin embargo, que la policía se guardaba muy mucho de detener a los socialpatriotas, en quienes veía unos aliados indirectos en la lucha contra las huelgas y los «excesos» revolucionarios. Todo el convencimiento de la policía de que, mientras durase la guerra, no estallarían insurrecciones, se basaba en la confianza excesiva que había puesto en la fuerza del socialismo patriótico.

En las elecciones celebradas para proveer los puestos del Comité industrial de guerra fueron minoría los partidarios de la defensa, acaudillados por Govosdiev, un enérgico obrero metalúrgico, con el que volveremos a encontrarnos más adelante de ministro del Trabajo en el gobierno revolucionario de coalición. Sin embargo, contaba no sólo con el apoyo de la burguesía liberal, sino también con el de la burocracia, para derrotar a los boicotistas, dirigidos por los bolcheviques, e imponer al proletariado de Petrogrado una representación en los organismos del patriotismo industrial. La posición de los mencheviques aparece expuesta con toda claridad en el discurso pronunciado poco después por uno de sus representantes ante los industriales del comité: «Debéis exigir que el gobierno burocrático que está en el poder se retire, cediéndoos el sitio a vosotros como representantes legítimos del régimen actual.» La reciente amistad política entre estos elementos, que había de dar sus frutos más sazonados después de la revolución, iba estrechándose no ya por días, sino por horas.

La guerra causó terribles estragos en las organizaciones clandestinas. Después del encarcelamiento de su fracción en la Duma, los bolcheviques viéronse privados de toda organización central. Los comités locales llevaban una existencia episódica y no siempre se mantenían en contacto con los distritos. Sólo actuaban grupos dispersos, elementos sueltos. Sin embargo, el auge de la campaña huelguística les infundía fuerza y ánimos en las fábricas, y poco a poco fue estableciéndose el contacto entre ellos y se anudaron las necesarias relaciones. Resurgió la actuación clandestina. El Departamento de policía había de escribir más tarde: «Los leninistas, a los que sigue en Rusia la gran mayoría de las organizaciones socialdemócratas, han lanzado desde el principio de la guerra, en los centros más importantes (tales como Petrogrado, Moscú, Jarkov, Kiev, Tula, Kostroma, provincia de Vladimir y Samara) una cantidad considerable de proclamas revolucionarias exigiendo el término de la guerra, el derrocamiento del régimen y la instauración de la República. Los frutos más palpables de esta labor son la organización de huelgas y desórdenes obreros.»

El 9 de enero, aniversario tradicionalmente conmemorado de la manifestación obrera ante el palacio de Invierno, que el año anterior había pasado casi inadvertido, hace estallar, en el año 1916, una huelga de extensas proporciones. En estos años, el movimiento de huelgas se duplica. No hay huelga importante en que no se produzcan choques con la policía. Los obreros hacen gala de su simpatía por los soldados, y la Ocrana apunta más de una vez este hecho inquietante.

La industria de guerra se desarrolla desmesuradamente, devorando todos los recursos a su alcance y minando sus propios fundamentos. Las ramas de la producción de paz languidecían y caminaban hacia su muerte. A pesar de todos los planes elaborados, no se consiguió reglamentar la economía. La burocracia era incapaz ya para tomar el asunto por su cuenta: chocaba con la resistencia de los poderosos comités industriales de guerra: no accedía, sin embargo, a entregar un papel regulador a la burguesía. No tardaron en perderse las minas de carbón y las fábricas de Polonia. Durante el primer año de guerra, Rusia perdió cerca de la quinta parte de sus fuerzas industriales. Un 50 por 100 de la producción total y cera del 75 por 100 de la textil hubieron de destinarse a cubrir las necesidades del ejército y de la guerra. Los transportes, agobiados de trabajo, no daban abasto a la necesidad de combustible y materias primas de las fábricas. La guerra, después de devorar toda la renta nacional líquida, amenazaba con disipar también el capital básico del país.

Los industriales mostrábanse cada vez menos propicios a hacer concesiones a los obreros, y el gobierno seguía contestando a las huelgas, fuesen las que fuesen, con duras represiones. Todo esto empujaba el pensamiento de los obreros y lo hacía remontarse de lo concreto a lo general, de las mejoras económicas a las reivindicaciones políticas: «tenemos que lazarnos a la huelga todos de una vez». Así resurge la idea de la huelga general. La estadística de huelgas acusa de modo insuperable el proceso de radicalización de las masas. En el año 1915, toman parte en las huelgas políticas dos veces y media menos obreros que las puramente económicas. Basta apuntar una sola cifra para poner de relieve el papel desempeñado por Petrogrado en este movimiento: durante los años de la guerra, corresponden a la capital el 72 por 100 de los huelguistas políticos.

En el fuego de la lucha se volatilizan muchas viejas supersticiones. La Ocrana comunica «con harto dolor» que, si se procediera como la ley ordena contra «todos los delitos de injurias insolentes y abiertas a su majestad el zar, el número de procesos seguidos por el artículo 103 alcanzaría cifras inauditas». Sin embargo, la conciencia de las masas no avanza en la misma medida que su propio movimiento. El agobio terrible de la guerra y del desmoronamiento económico del país acelera hasta tal punto el proceso de la lucha, que hasta el momento mismo de la revolución, una gran parte de las masas obreras no ha conseguido emanciparse, por falta material de tiempo, de ciertas ideas y de ciertos prejuicios que les imbuyeran el campo o las familias pequeño burguesas de la ciudad de donde proceden. Este hecho imprime su huella a los primeros meses de la Revolución de Febrero.

A fines de 1916, los precios empiezan a subir vertiginosamente a saltos. A la inflación y a la desorganización de los transportes viene a unirse la gran escasez de mercancías. El consumo de la población se reduce durante este período a más de la mitad. La curva del movimiento obrero sigue ascendiendo bruscamente. Con el mes de octubre, la lucha entra en su fase decisiva. Todas las manifestaciones de descontento se mancomunan: Petrogrado toma carrerilla para lanzarse al salto de Febrero. En todas las fábricas se celebran mítines. Temas: La cuestión de las subsistencias, la carestía de la vida, la guerra, el gobierno. Circulan hojas bolcheviques. Se plantean huelgas políticas. Se improvisan manifestaciones a la salida de las fábricas y talleres. Aquí y allá obsérvanse casos de fraternización de los obreros de las fábricas con los soldados. Estalla una tumultuosa huelga de protesta contra el Consejo de guerra formado a los marinos revolucionarios de la escuadra del Báltico. El embajador francés llama la atención del primer ministro, Sturmer, sobre el hecho de que unos soldados dispararan contra la policía. Sturmer tranquiliza a Paleologue con estas palabras: «La represión será implacable.» En noviembre envían al frente a un grupo numeroso de obreros movilizados en las fábricas de Petrogrado. El año acaba bajo un cielo de tormenta.

Comparando la situación actual con la de 1905, el director del Departamento de policía, Vasiliev, llega a esta conclusión, harto poco tranquilizadora: «Las corrientes de oposición han tomado proporciones excepcionales que no habían alcanzado, ni mucho menos, en aquel turbulento período a que aludimos.» Vasiliev no confía en la lealtad de la guarnición. Ni la misma policía le parece incondicionalmente adicta. La Ocrana denuncia la reaparición de la consigna de huelga general y el peligro de que vuelva a resurgir el terror. Los soldados y oficiales que retornan del frente dicen, refiriéndose a la situación: «¿A qué esperáis? Lo que hay que hacer es acabar de un bayonetazo con esa canalla. Si de nosotros dependiera, no nos pararíamos a pensarlo», y por ahí, adelante.

Schliapnikov miembro del Comité central de los bolcheviques, antiguo obrero metalúrgico, había del estado de nerviosismo en que se encontraban los obreros por aquellos días: «Bastaba con un simple silbido, con un ruido cualquiera, para que los obreros lo interpretasen como señal de parar la fábrica.» Este detalle es interesante como síntoma político y como rasgo sicológico: antes de echarse a la calle, la revolución vibra ya en los nervios.

Las provincias recorren las mismas etapas, sólo que más lentamente. El acentuado carácter de masa del movimiento y su espíritu combativo hacen que el centro de gravedad se desplace de los obreros textiles a los metalúrgicos, de las huelgas económicas a las políticas, de las provincias a Petrogrado. Los dos primeros eses de 1917 arrojan un total de 575.000 huelguistas políticos, la mayor parte de los cuales corresponden a la capital. Pese a la nueva represión descargada por la policía en vísperas del 9 de enero, el aniversario del domingo sangriento, se lanzaron a la huelga en la capital. 150.000 trabajadores. La atmósfera está cargada, los metalúrgicos van en la cabeza, los obreros tienen cada vez más arraigada la sensación de que ya no hay modo de volverse atrás. En cada fábrica se forma un núcleo activo que tiene casi siempre por eje a los bolcheviques. Durante las dos primeras semanas de febrero, las huelgas y los mítines se suceden sin interrupción. La policía, al aparecer el día 8 en la fábrica de Putilov, es recibida con una lluvia de pedazos de hierro y escoria. El 14, día de apertura de las sesiones de la Duma, se ponen en huelga en Petersburgo cerca de noventa mil obreros. También en Moscú paran algunas fábricas. El 16, las autoridades deciden implantar en Petrogrado los bonos de pan. Esta innovación aumentó el nerviosismo de la gente. El 19 se agolpa delante de las tiendas de comestibles una gran muchedumbre, formada principalmente por mujeres, pidiendo a gritos pan. Al día siguiente fueron saqueadas las panaderías en distintos puntos de la ciudad. Eran ya los albores de la insurrección que había de desencadenarse algunos días después.

La intrepidez revolucionaria del proletariado ruso no tenía su raíz exclusivamente en su seno. Ya su misma situación de minoría dentro del país indica que no hubiera podido dar a su movimiento tales proporciones, ni mucho menos ponerse al frente del Estado, si no hubiese encontrado un poderoso punto de apoyo en lo hondo del pueblo. Este punto de apoyo se lo daba la cuestión agraria.

Cuando en 1861 se procedió con gran retraso a emancipar a medias a los campesinos, el nivel de la agricultura rusa era casi el mismo que dos siglos antes. La conservación del viejo fondo de tierras comunales escamoteado a los campesinos en beneficio de la nobleza al implantarse la reforma, agudizaba automáticamente con los métodos arcaicos de cultivo imperantes la crisis de la superpoblación en los centros rurales, que era a la par del cultivo alterno de tres hojas. Los campesinos se sintieron cogidos en una celada, tanto más cuanto que esto no ocurría precisamente en el siglo XVI, sino en el siglo XIX, es decir, bajo un régimen muy avanzado de economía pecuniaria que exigía del viejo arado de madera lo que sólo podía dar de sí el tractor. También aquí volvemos a tropezar con la coincidencia de varias ases distintas del proceso histórico, que dan como resultado una exacerbación extraordinaria de las contradicciones reinantes.

Los eruditos, agrónomos y economistas sostenían que había tierra bastante con tal que se cultive de un modo racional, lo cual equivalía a proponer al campesino que se colocara de un salto en una fase más alta de técnica y de cultivo, pero sin tocar demasiado al terrateniente, al uriadnik (3) ni al zar. Sin embargo, no hay ningún régimen económico, y mucho menos el agrario, que se encuentre entre los más inertes, que se retire de la escena histórica antes de haberse agotado todas sus posibilidades. Antes de verse obligado a pasar a un cultivo más intensivo, el campesino tenía que someter a una última experiencia, para ver lo que daba de sí, su sistema de cultivo alterno en tres hojas. Esta experiencia sólo podía hacerse, evidentemente, a expensas de las tierras de los grandes propietarios. El campesino que se asfixiaba en su pequeña parcela de tierra y que vivía azotado por el doble látigo del mercado y del fisco no tenía más remedio que buscar el modo de deshacerse para siempre del terrateniente.

El total de tierra laborable enclavada dentro de los confines de la Rusia europea se calculaba, en vísperas de la primera revolución, en 280 millones de deciatinas. Las tierrascomunales de los pueblos ascendían a unos 140 millones, los dominios de la Corona a cinco millones, aproximadamente; los de la Iglesia sumaban, sobre poco más o menos, dos millones y medio de deciatinas. De las tierras de propiedad privada, unos 70 millones de deciatinas se distribuían entre 30.000 grandes hacendados, a los que correspondían más de 500 deciatinas por cabeza, es decir, la misma cantidad aproximadamente con que tenían que vivir unos 10 millones de familias campesinas. Esta estadística agraria constituía, ya de por sí, todo un programa de guerra campesina.

La primera revolución no había conseguido acabar con los grandes terratenientes. La masa campesina no se había levantado en bloque ni el movimiento desatado en el campo había coincidido con el de la ciudad; el ejército campesino había vacilado hasta que, por último, suministró las fuerzas necesarias para sofocar el alzamiento de los obreros. Apenas el regimiento de Semionov hubo sofocado la insurrección de Moscú, la monarquía se olvidó de poner la menor cortapisa a las propiedades de los grandes terratenientes ni a sus propios derechos autocráticos.

Sin embargo, la revolución vencida dejó profundas huellas en el campo. El gobierno abolió los antiguos cánones que venían pesando sobre las tierras en concepto de redención y abrió las puertas de Siberia a la colonización. Los terratenientes, alarmados, no sólo hicieron concesiones de monta en lo referente a los arriendos, sino que empezaron a vender una buena parte de sus latifundios. De estos frutos de la revolución se aprovecharon los campesinos más acomodados, los que estaban en condiciones de arrendar y comprar las tierras de los señores.

Fue, sin embargo, la ley de 9 de noviembre de 1906 la reforma más importante implantada por la contrarrevolución triunfante la que abrió más ancho cauce a la formación de una nueva clase de hacendados capitalistas en el seno de la masa campesina. Esta ley, que concedía incluso a pequeñas minorías dentro de los pueblos el derecho a desglosar, contra la voluntad de la mayoría, parcelas pertenecientes a los terrenos de comunas, fue como un obús capitalista disparado contra el régimen comunal. El presidente del Consejo de ministros, Stolipin, definía el carácter de la nueva política campesina emprendida por el gobierno como un «anticipo a los fuertes». Dicho más claramente se trataba de impulsar a los campesinos acomodados a apoderarse de las tierras comunales rescatando mediante compra las parcelas «libres» para convertir a estos nuevos hacendados capitalistas en otras tantas columnas del orden. Pero este objetivo era más fácil de plantear que de conseguir. Aquí, en esta tentativa para suplantar el problema campesino por el problema del kulak (4) fue precisamente donde se estrelló la contrarrevolución.

El 1 de enero de 1916 había dos millones y medio de labradores que tenían adquiridas e inscritas como de su propiedad 17 millones de deciatinas. Otros dos millones pedían que se les adjudicasen 14 millones de deciatinas en el mismo concepto. En apariencia, la reforma había alcanzado un triunfo colosal. Lo malo era que estas propiedades carecían en su mayoría de toda viabilidad y no eran más que materiales para una selección natural. En tanto que los terratenientes más atrasados y los labradores modestos vendían aprisa; unos, sus latifundios, y otros, sus parcelas de tierra, entraba en escena como comprador una nueva burguesía rural. La agricultura pasaba, indudablemente, a una fase de progreso capitalista. En cinco años (1908-1912), la exportación de productos agrícolas subió de 1.000 millones a 1.500 millones de rublos. Esto quería decir que las grandes masas de campesinos se proletarizaban y que los labradores acomodados lanzaban al mercado cantidades de trigo cada vez mayores.

Para suplir el régimen comunal obligatorio desplazado organizóse la cooperación voluntaria que, en el transcurso de pocos años, logró adentrarse bastante en las masas campesinas, y que no tardó en convertirse en un tema de idealismo liberal y democrático. Pero el hecho era que la cooperación no favorecía verdaderamente más que a los campesinos ricos, que era a los que, a fin de cuentas, querían servir. Los intelectuales populistas, al concentrar en la cooperación campesina sus principales esfuerzos, lo que hacían era encarrilar su amor al pueblo por los sólidos raíles de la burguesía. De este modo, se contribuyó muy eficazmente a preparar el bloque el partido «anticapitalista» de los socialrevolucionarios con el partido de los kadetes, capitalista por excelencia.

El liberalismo, guardando una actitud de oposición aparente frente a la política agraria de la reacción, no dejaba de contemplar, esperanzadamente, la destrucción capitalista del régimen comunal. «En los pueblos -escribía el príncipe liberal Trubetskoi- surge una pequeña burguesía potente, tan ajena por su formación y por su espíritu a los ideales de la nobleza como a las quimeras socialistas.»

Pero esta magnífica medalla tenía también su reverso. Del régimen comunal no sólo salió una «potente pequeña burguesía», sin que salieron también sus antípodas. El número de campesinos que habían tenido que vender sus parcela insuficientes llegaba, al comienzo de la guerra, a un millón, y este millón representaba, por lo menos, cinco millones de almas proletarizadas. También formaban un material explosivo bastante considerable los millones de labriegos pauperizados condenados a llevar la vida de hambre que les proporcionaban sus parcelas. Es decir, que se habían trasplantado al campo las mismas contradicciones que tan pronto torcieron en Rusia el desarrollo de la sociedad burguesa en su conjunto. La nueva burguesía agraria destinada a apuntalar las propiedades de los terratenientes más antiguos y poderosos demostró la misma enemiga irreconciliable contra las masas campesinas, que eran la médula del régimen agrario que los viejos terratenientes sentían contra la masa del pueblo. Lejos de brindar un punto de apoyo al orden, la propia burguesía campesina se hallaba necesitada de un orden firme para poder mantener las posiciones conquistadas. En estas condiciones, no tenía nada de sorprendente que la cuestión agraria siguiese siendo el caballo de batalla de todas las Dumas. Todo el mundo tenía la sensación de que la pelota estaba todavía en el tejado. El diputado campesino Petrichenko declaraba en cierta ocasión desde la tribuna de la duma: «Por mucho que discutáis, no seréis capaces de crear otro planeta. Por tanto, no tendréis más remedio que darnos éste.» Y no se crea que este campesino era un bolchevique o un socialrevolucionario; nada de eso, era un diputado monárquico y derechista.

El movimiento agrario remite, igual que el movimiento obrero de huelgas, a fines de 1907, para resurgir parcialmente a partir de 1908 e intensificarse en el transcurso de los años siguientes. Cierto es que ahora la lucha se entabla primordialmente alentada con su cuenta y razón por los reaccionarios en el seno de los propios organismos comunales. Al hacerse el reparto de las tierras comunales fueron frecuentes los choques armados entre los campesinos. Mas no por ello amaina la campaña contra los terratenientes. Los campesinos pegan fuego a las residencias señoriales, a las cosechas, a los pajares, apoderándose de paso de las parcelas desglosadas contra la voluntad de los labriegos del concejo.

En este estado se encontraban las cosas cuando la guerra sorprendió a los campesinos. El gobierno reclutó en las aldeas cerca de 10 millones de hombres y unos dos millones de caballos. Con esto, las haciendas débiles se debilitaron más todavía. Aumentó el número de los labriegos que no sembraban. A los dos años de guerra empezó la crisis del labriego modesto. La hostilidad de los campesinos contra la guerra iba en aumento de mes en mes. En octubre de 1916, las autoridades de la gendarmería de Petrogrado comunicaban que la población del campo no creía ya en el triunfo: según los informes de los agentes de seguros, maestros, comerciantes, etc., «todo el mundo espera con gran impaciencia que esta maldita guerra se acabe de una vez»… Es más: «por todas partes se oye discutir de cuestiones políticas, se votan acuerdos dirigidos contra los terratenientes y los comerciantes, se crean células de diferentes organizaciones… No existe todavía un organismo central unificador; pero hay que suponer que los campesinos acabarán por unirse por medio de las cooperativas, que se extienden por minutos a lo largo de toda Rusia». En estos informes hay cierta exageración; en ciertos respectos, los buenos gendarmes se adelantan a los acontecimientos, pero es evidente que los puntos fundamentales están bien reflejados.

Las clases poseedoras no podían hacerse ilusiones creyendo que los pueblos del campo dejarían de ajustarles las cuentas; pero esperaban salir del paso como fuera, y ahuyentaban las ideas sombrías. Por los días de la guerra, el embajador francés Paleologue, que quería saberlo todo, conversó sobre el particular con el ex ministro de Agricultura Krivoschein; con el presidente de la Duma, Rodzianko, con el gran industrial Putilov y con otros personajes notables. Y he aquí lo que descubrió: para llevar a la práctica una reforma agraria radical se necesitaría un ejército permanente de 300.000 agrimensores que trabajasen incansablemente durante quince años por lo menos: pero como en este plazo de tiempo el número de haciendas crecería a 30 millones, todos los cálculos previos que pudieran hacerse resultarían fallidos. Es decir, que, a juicio de los terratenientes, los altos funcionarios y los banqueros, la reforma agraria venía a ser algo así como la cuadratura del círculo. Excusado es decir que estos escrúpulos matemáticos no rezaban con el campesino, para el cual lo primero y principal era acabar con los señores, y después ya se vería lo que había que hacer.

Si, a pesar de esto, los pueblos se mantuvieron relativamente pacíficos durante la guerra, ello fue debido a que sus fuerzas activas se encontraban en el frente. En las trincheras, los soldados no se olvidaban de la tierra en los momentos que les dejaba libres el pensamiento de la muerte, y sus ideas acerca del porvenir se impregnaban del olor de la pólvora. Pero, así y todo y por muy adiestrados que estuviesen en el manejo de las armas, los campesinos no hubieran hecho nunca por su exclusivo esfuerzo la revolución agrario-democrática, es decir, su propia revolución. Necesitaban una dirección. Por primera vez en la historia del mundo, el campesino iba a encontrar su director y guía en el obrero. En esto es en lo que la revolución rusa se distingue fundamentalmente de cuantas la precedieron.

En Inglaterra, la servidumbre de la gleba desaparición de hecho a fines del siglo XIV; es decir, dos siglos antes de que apareciera y cuatro y medio antes de que fuera abolida en Rusia. La expropiación de las tierras de los campesinos llega, en Inglaterra, a través de la Reforma y de dos revoluciones, hasta el siglo XIX. El desarrollo capitalista, que no se veía forzado desde fuera, dispuso, por tanto, de tiempo suficiente para acabar con la clase campesina independiente mucho antes de que el proletariado naciera a la vida política.

En Francia, la lucha contra el absolutismo de la Corona y la aristocracia y los principios de la Iglesia obligó a la burguesía, representada por sus diferentes capas, a hacer, a finales del siglo XVIII, una revolución agraria radical. La clase campesina independiente salida de esta revolución fue durante mucho tiempo el sostén del orden burgués, y en 1871 ayudó a la burguesía a aplastar a la Comuna de París.

En Alemania, la burguesía reveló su incapacidad para resolver de un modo revolucionario la cuestión agraria, y en 1848 traicionó a los campesinos para pasarse a los terratenientes, del mismo modo que, más de tres siglos antes, Lutero, al estallar la guerra campesina, los había vendido a los príncipes. Por su parte, el proletariado alemán, a mediados del siglo XIX, era demasiado débil para tomar en sus manos la dirección de las masas campesinas. Gracias a esto, el desarrollo capitalista dispuso en Alemania, si no de tanto tiempo como en Inglaterra, del plazo necesario para sostener a su régimen, a la agricultura tal y como había salido de la revolución burguesa parcial.

La reforma campesina realizada en Rusia, en 1861, fue obra de la monarquía burocrática y aristocrática, acuciada por las necesidades de la sociedad burguesa, pero ante la impotencia política más completa de la burguesía. La emancipación campesina tuvo un carácter tal, que la forzada transformación capitalista del país convirtió inexorablemente el problema agrario en problema que sólo podía resolver la revolución. Los burgueses rusos soñaban con un desarrollo agrario de tipo francés, danés o norteamericano, del tipo que se quisiera, con tal de que, naturalmente, no fuera ruso. Sin embargo, no se les ocurría asimilarse la historia francesa o la estructura social norteamericana. En la hora decisiva, los intelectuales demócratas, olvidando su pasado revolucionario, se pusieron al lado de la burguesía liberal y de los terratenientes, volviendo la espalda a la aldea revolucionaria. En estas condiciones, no podía ponerse al frente de la revolución campesina más que la clase obrera.

La ley del desarrollo combinado, propia de los países atrasados -aludiendo, naturalmente, a una peculiar combinación de los elementos retrógrados con los factores más modernos- se nos presenta aquí en su forma más caracterizada, dándonos la clave para resolver el enigma más importante de la revolución rusa. Si la cuestión agraria, herencia de barbarie de la vieja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesía, el proletariado ruso no habría podido subir al poder, en modo alguno, en el año 1917. Para que naciera el Estado soviético, fue necesario que coincidiesen, se coordinasen y compenetrasen recíprocamente dos factores de naturaleza histórica completamente distinta: la guerra campesina, movimiento característico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, el movimiento que señala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unión fue el año 1917.

1929-1932

https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1932/histrev/tomo1/cap_03.htm

Notas

1/ Los datos referentes a los años 1903 y 1904 abarcan todas las huelgas en general, aunque entre ellas predominen, indudablemente, las de carácter económico.

2/ El centro más importante de la producción textil al que, por esta razón, se ha llamado «Manchester ruso». [NDT.]

3/ Agente de la policía rural. [NDT.]

4/ Campesino rico. [NDT.]

 

Entrevistamos a Lucho Aguirre Smith, dirigente territorial de Laguna Verde

Dirigente territorial de Laguna Verde Valparaíso. Ex candidato a Concejal, ex preso político y revolucionario de toda la vida.

Padre de Paulina Aguirre, asesinada por la dictadura pinochetista el 29 de marzo de 1985.  El homicidio ocurrió poco antes de la medianoche del 29 de marzo de 1985, en el sector El Arrayán: la misma noche en que los hermanos Rafael y Eduardo Vergara Toledo fueron asesinados en Villa Francia.

Conversamos con él porque es necesario y porque nos acercamos a un aniversario más de esta fatídica jornada. Lo hacemos además porque resulta imprescindible rescatar la experiencia política de quien reivindica la necesidad de la lucha por el socialismo, la unidad de los explotados y la senda insurreccional.

 

EP

 

 

España: El cinismo del gobierno derechista del PP ante el desarme de la ETA

por David Rey//

La entrega incondicional por ETA de su arsenal de armas a un grupo de verificadores internacionales, anunciada para el 8 de abril, es un paso consecuente con su decisión manifestada hace más de 5 años de abandonar definitivamente la lucha armada. Con este acto, ETA y el conjunto de la izquierda abertzale insisten en reafirmar su voluntad de luchar por sus objetivos a través de medios puramente políticos.

Lo que llama la atención es que el gobierno del PP de Mariano Rajoy haya despreciado absolutamente los pasos dados por ETA desde hace 5 años, incluido este último, y se haya negado hasta la fecha a entablar ningún tipo de negociación o conversaciones con ella, o con representantes suyos, para encauzar un hecho tan relevante como es el fin definitivo de su actividad armada.

Esta situación contrasta vivamente con lo ocurrido en procesos similares en los últimos años en otras partes del mundo, donde los Estados se involucraron en negociaciones directas con los grupos armados (el IRA en Irlanda del Norte, las FARC en Colombia), para abordar el abandono de la lucha armada, la eliminación de su arsenal de armas, la reinserción en la vida civil de los activistas de dichos grupos y la situación de los presos. Esto es más llamativo aún cuando anteriores gobiernos del PP y del PSOE sí aceptaron sentarse y negociar con ETA años atrás, aun cuando esta organización ni siquiera había manifestado entonces su voluntad de renunciar definitiva e incondicionalmente a la actividad armada.

El gobierno español no sólo se ha negado a negociar con ETA su entrega de las armas, sino que la ha obstaculizado deliberadamente, en colaboración con el Estado francés. Así ocurrió, por ejemplo, con la detención en diciembre de 5 personas cerca de Bayona que estaban actuando como mediadores civiles para la entrega de armas que ahora se va a ejecutar.

El gobierno ni siquiera cumple la propia legalidad en el tema de los presos, negándose a su reagrupamiento en sus zonas de origen para facilitar el contacto con sus familiares, como está obligado, manteniendo a la gran mayoría de los presos de ETA en cárceles fuera de Euskadi y Navarra, obligando a sus familiares a desplazarse cientos y miles de kilómetros para poder visitarles, negando permisos y suspendiendo visitas con pretextos espurios. A lo largo de los años, 16 personas han fallecido en accidentes de tráfico cuando viajaban para visitar a sus familiares presos en las cárceles, según la organización Etxerat.

Los ardientes defensores de la retransmisión de la misa católica dominical en la TV pública, adalides de los supuestos valores cristianos de humanidad, reconciliación y perdón, no son solamente insensibles y vengativos ante la separación dolorosa de las familias respecto a sus familiares presos, demostrando con ello ser unos completos hipócritas en sus creencias religiosas, sino que incumplen flagrantemente la legalidad vigente, amparados por los tribunales españoles.

De esto se deduce que la derecha española (PP, Ciudadanos) no tiene el más mínimo interés en la resolución del llamado “conflicto vasco” y que espera seguir sacando réditos políticos de la actividad etarra del pasado con dos fines. El primero, mantener en un primer plano el tema del “terrorismo” para desviar la atención de la población de los verdaderos problemas sociales provocados por la crisis del capitalismo y por la propia acción reaccionaria del gobierno del PP. Y el segundo, mantener su base electoral de apoyo entre las capas más atrasadas políticamente de la población, explotando y exacerbando demagógicamente el tema de las víctimas de ETA.

En esta estrategia de mantener “vivo” el tema de ETA también colaboran sectores importantes del aparato del Estado, fundamentalmente de los cuerpos policiales y de los servicios secretos, el actual CNI. La actividad etarra siempre fue utilizada, no sólo para incrementar la represión general y endurecer el código penal tan caro a la derecha española, sino para justificar la impunidad policial, los privilegios especiales para los altos mandos policiales, y la existencia de fondos reservados que escapan a todo control y con los que se han lucrado en oscuros negocios durante décadas numerosos mandos de la policía y la guardia civil (casos Perote, Roldán, Paesa, Villarejo, por nombrar algunos de los más conocidos).

El régimen del 78 no es sólo un régimen reaccionario y caduco al que es preciso superar, sino que es el régimen del doble rasero y de la hipocresía. Quienes, en la derecha, se muestran duros y vengativos en el tema de las víctimas de ETA, son los mismos que nunca condenaron el alzamiento fascista de Franco de 1936 ni el asesinato de las cientos de miles de personas causado por la represión posterior a lo largo de 40 años. No sólo no han sido juzgados ni han purgado sus crímenes los representantes políticos de la dictadura ni de su aparato de estado, sino que notorios ministros de Franco –como Fraga, Fernando Suárez, o Antonio Carro, entre otros– con las manos manchadas de sangre por firmar penas de muerte en los gobiernos del dictador, fueron diputados del PP en la “democracia”. No por casualidad, ETA nació en plena dictadura franquista y se nutrió en su primera década y media de existencia de los crímenes sangrientos del franquismo y de la represión practicada contra el pueblo vasco en los primeros años de la Transición. Todos los medios de comunicación destacan la cifra de las 800 víctimas causadas por ETA, pero ocultan que hubo 188 asesinados durante la Transición (obreros, estudiantes, nacionalistas vascos de izquierdas) en lo que fue una práctica de terrorismo de Estado a manos de la policía, la Guardia Civil y los pistoleros fascistas, entre 1976 y 1982. Muy pocos de sus asesinos fueron juzgados y condenados, y la mayoría de ellos a penas irrisorias. Otro tanto pasó con el terrorismo de Estado practicado por los GAL, bajo los gobiernos de Felipe González, que cometieron 24 asesinatos; por no hablar de los centenares casos de tortura a los detenidos (incluyendo violaciones y abusos sexuales) del entorno de la izquierda abertzale.

Esta política represiva continúa hasta el día de hoy, con torturas, ilegalización de organizaciones políticas y de solidaridad de la izquierda abertzale, cierre de medios de comunicación, etc. y que obliga a muchos jóvenes y activistas abertzales a vivir en condiciones de clandestinidad.

No solamente en Euskadi y Navarra. En los últimos años, los amantes de la democracia y la convivencia en paz en el gobierno del PP se han destacado por cercenar los derechos democráticos duramente conquistados con la criminalización generalizada en todo el Estado de todos aquellos que deciden luchar contra las lacras de este sistema o de quienes, desde posiciones de izquierdas, hacen canciones, chistes y comentarios en las redes sociales. Y se amparan para ello en la Ley Mordaza y las leyes antiterroristas aprobadas en años anteriores. Mientras, destacados dirigentes del PP, periodistas reaccionarios y fascistas pueden permitirse en los medios y en las mismas redes sociales proferir los insultos, amenazas y calumnias más depravados contra dirigentes de izquierdas y las víctimas de la represión franquista sin persecución alguna por la policía.

Lo más sangrante es que el viejo aparato de estado franquista se mantuvo intacto hasta nuestros días. Nunca fue purgado de fascistas y reaccionarios. Al frente del mismo siguieron los mismos jefes policiales y del ejército, los mismos torturadores y miembros de los servicios secretos, los mismos jueces y fiscales franquistas. Lo lamentable de todo esto es que los dirigentes del PSOE y del PCE tras la caída de la dictadura nunca levantaron la voz para exigir esa depuración, convirtiéndose en cómplices de este hecho, de la misma manera que fueron cómplices de la derecha postfranquista en la política de impunidad hacia los crímenes del franquismo y de la Transición.

La entrega incondicional por parte de ETA de todo su arsenal es también la constatación final del fracaso de los métodos de la llamada “lucha armada”, practicada durante 50 años por esta organización, sin haber conseguido –como en el caso del IRA en Irlanda del Norte– ni uno solo de sus objetivos. Es más, los métodos de ETA se han demostrado contraproducentes ya que han sido utilizados por los sucesivos gobiernos y el aparato del Estado para fortalecer ese mismo aparato del Estado, endurecer la represión y restringir los derechos democráticos contra todos (endurecimiento del código penal, restricciones al derecho a manifestación y a la libertad de expresión, ilegalización arbitraria de partidos políticos, cierre de medios de comunicación, etc.). La actividad armada de ETA jugó durante décadas un papel pernicioso en mellar las extraordinarias luchas del pueblo vasco por sus derechos democrático-nacionales, favoreciendo la estrategia de la reacción de introducir todo tipo de prejuicios nacionales y moralistas para aislar la lucha del pueblo vasco de sus hermanos de clase en el resto del estado. De hecho, la desaparición de la actividad armada de ETA y el avance de la lucha de masas –como se ha demostrado en Catalunya– era la precondición básica para que la defensa de los derechos democrático-nacionales de Euskadi, Catalunya y Galicia –como el derecho de autodeterminación– pudiera encontrar un eco favorable creciente entre la clase obrera y la juventud del resto del Estado español, como está sucediendo, tras ser demonizada durante décadas.

Celebramos que ETA y el conjunto de la izquierda abertzale apuesten por la vía política para luchar por sus objetivos, como muy claramente ha defendido el dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi. Desde nuestro punto de vista, esa vía política debe estar basada en los métodos de la lucha y la agitación política de masas, las manifestaciones, las huelgas y, en un punto más elevado, a través de un movimiento revolucionario de masas. Sería un error encauzar la acción política a través de los métodos reformistas clásicos del cretinismo parlamentario, enclaustrando el programa político dentro de los límites del capitalismo, o mendigando un frente común con la burguesía vasca, siempre dispuesta a traicionar el movimiento ante la burguesía española para defender sus negocios e intereses de clase, como estamos viendo en relación al gobierno del PP, y como ha probado recientemente el apoyo del PNV al infame decreto del PP contra los estibadores, que incluye a los estibadores vascos.

La clase obrera y la juventud vasca han estado siempre a la vanguardia de las luchas y de la conciencia política en el Estado español, en los últimos 40 años. En el País Vasco fue donde la lucha contra la dictadura y durante la Transición llegó más lejos. Fueron Euskadi y Navarra los territorios del Estado español donde el voto favorable a la Constitución de 1978 tuvo el menor apoyo popular, y donde se produjo el mayor rechazo popular al ingreso en la OTAN en el referéndum de marzo de 1986. No es casualidad tampoco que en las elecciones legislativas del 20D y del 26J, Podemos y Unidos Podemos obtuvieran aquí su mayor porcentaje de votos de todo el Estado y resultaran, en el caso de Euskadi, las fuerzas más votadas.

La lucha por los derechos democrático-nacionales es inseparable de la lucha por el socialismo. Sólo la clase obrera está en condiciones de llevar hasta el final la lucha contra todo tipo de explotación y opresión, y en asegurar la plena satisfacción de los derechos democráticos más avanzados, comenzando por el derecho del pueblo vasco a decidir por sí mismo qué relación quiere mantener con los demás pueblos del Estado español, incluido el derecho a formar un estado independiente.

Para conseguir esto, juntos en la lucha somos más fuertes. De lo que se trata es de afianzar la unidad en la lucha de la clase obrera y de la juventud vasca con sus hermanos de clase del resto del Estado para derrotar a nuestro enemigo común, el capitalismo y sus sostenedoras –las burguesías española y vasca– para avanzar hacia el socialismo y resolver definitivamente la cuestión nacional vasca.

Editorial: De la gran marcha al paro nacional

Marchamos en la convicción de que si somos capaces de convocar al conjunto de los trabajadores, el sistema de robo organizado de las AFP está muerto. Si nos movilizamos hasta vencer, habremos garantizado no sólo el fin de la subvención de los trabajadores a la banca, sino que habremos asegurado la construcción de un verdadero sistema previsional de reparto, basado en la solidaridad y que garantice pensiones dignas, que cubran a todos los jubilados sus necesidades básicas.

Los medios de comunicación, el Gobierno y los partidos del régimen, se han cansado de difundir la especie de que el sistema de reparto está quebrado en todo el mundo y que lo único que se puede hacer es perfeccionar el Mercedes Benz de José Piñera.

Está claro que la burguesía no puede dar respuesta a los reclamos de los trabajadores y que será necesario luchar unidos para quebrar la mano a la patronal. El término de la huelga de los mineros de La Escondida, el pasado jueves 23 sin ningún resultado, habla a las claras de que no alcanza con movimientos parciales. Se hace necesario dar cuerpo a un movimiento de alcance nacional, con ocupación de lugares de trabajo y estudio -un verdadero Paro Nacional Indefinido- para quebrar el espinazo al capital monopólico financiero que se atrinchera en las AFP, para seguir lucrando con la miseria de los trabajadores.

Hoy día, en las calles demostraremos nuestra voluntad de lucha fortaleciendo nuestra propia organización. La Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP demuestra en los hechos que es la organización de los trabajadores de Chile y que ha pasado a ocupar el lugar que la corrupta burocracia de la CUT ha abandonado, como cabeza de los trabajadores. Es este el camino que debemos seguir, el de la movilización y organización unitaria.

Nada puede dividir a los trabajadores, porque son nuestros reclamos los que nos unen y es nuestra lucha la que exige en estos momentos la más amplia convocatoria para vencer. Es necesario estar alertas e impedir que la campaña electoral nos divida. No hacemos culto del apoliticismo, porque los trabajadores estamos obligados a dar una lucha política por el poder. De lo que se trata es que toda intervención electoral, que realmente pretenda servir los intereses de la mayoría explotada, debe ponerse al servicio de la movilización y no al revés, que las movilizaciones actúen como trampolín para los candidatos. La intervención electoral debe ayudar a los trabajadores a superar sus ilusiones en la democracia burguesa y afirmar su confianza en su propia fuerza como clase. La derrota de 1973, esa sangrienta lección, nos enseña día a día que toda política electoral debe ayudar al proceso revolucionario desnudando el carácter de clase –patronal- del régimen.

Debemos seguir adelante. La marcha del 26 de marzo, convocada como la más grande marcha de la historia, será el primer paso en el despliegue callejero de una lucha que va subiendo escalones y se yergue como una movilización en contra del capital. La crisis económica mundial empuja al Gobierno, a la banca y al gran empresariado a declarar la guerra a los trabajadores. La reforma laboral de Bachelet, más allá de algunos ajustes cosméticos, lo que se propuso fue debilitar más a los sindicatos e impedir el avance a formas superiores de negociación por rama de producción.

Nada podemos esperar de la justicia, parlamento e institucionalidad patronal. Sólo la movilización amplia, unitaria y de inflexible compromiso con los intereses de la mayoría explotada, abrirá el camino a la consecución de nuestros reclamos. En esa lucha estamos comprometidos como El Porteño. No alcanza con definirse “antineoliberales”, de lo que se trata es de acabar con el capitalismo, de lo que se trata es poner al centro del debate en la izquierda el problema del poder y el socialismo.

Si luchamos contra las AFP es porque estamos convencidos que los trabajadores podemos resolver el problema previsional, instaurando un sistema de reparto solidario, bajo control de los trabajadores. Este objetivo inmediato viabilizará otra tarea democrática elemental, la nacionalización de la banca, como una cuestión básica de soberanía económica y liberación nacional.

Derribar el muro neoliberal, que es la forma concreta y única del capitalismo semicolonial chileno, es una tarea que comienza hoy y que se abre espacio junto a los centenares de miles, los millones que saldremos a las calles este 26 de marzo. Desde aquí caminaremos al Paro Nacional.

EP

Miguel Hernández en la Guerra

La valentía, la hombría de bien y el ejemplo moral de Miguel Hernández durante la guerra, y luego en las infectas cárceles franquistas, adquieren con el paso de los años categoría de auténtica heroicidad

Recordemos que el acercamiento del poeta al comunismo se había producido en 1935, cuando tenía veinticinco años, bajo la influencia de Rafael Alberti, María Teresa León, el argentino Raúl González Tuñón, Pablo Neruda y la amante de éste, Delia del Carril. Supuso para su vida y para su obra un cambio de dirección decisivo.

El 23 de septiembre de 1936 Hernández se alista en el Quinto Regimiento. No quiere ser un intelectual de retaguardia, dar recitales y arengas en el frente y volver por la noche a casa. Quiere luchar, con el fusil y con la pluma, al lado de su pueblo. Será fiel al compromiso a lo largo de toda la guerra, primero defendiendo a Madrid, luego combatiendo en otros escenarios de la contienda. A aquel Hernández habría que considerarlo sobre todo agitador y animador. Así lo demuestran sus prosas de urgencia, dirigidas a sus compañeros en armas. En ellas su compromiso político quedaba explícito. En «Para ganar la guerra», por ejemplo, donde pide castigo para los que, «faltos de austeridad, pretenden establecer una nueva burguesía, viciar y deshonrar con preferencias y halagos la moral de sencillez y hombría que impone el comunismo». A veces firma con seudónimo, para no herir la sensibilidad de los suyos. Es el caso de «Compañeras de nuestros días», donde evoca los sufrimientos de su humilde madre campesina, víctima toda la vida «del régimen esclavizador de la criatura femenina».

En 1937 asiste en Valencia al II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Allí saluda con emoción a un Antonio Machado ya muy envejecido y conoce a Nicolás Guillén, que le evocó así unos meses después: «La voz cortante y recia; la piel tostada por el férreo sol levantino. Todo ello sepultado en unos pantalones de pana ya muy trabajada y unas espardeñas de flamante soga […] Este cantor de las trincheras, este hombre salido de la más profunda entraña popular, produce, en efecto, una impresión enérgica y simple».

Aquel septiembre estuvo invitado en Moscú. Cuando volvió a España sus amigos notaron que algo había cambiado. Y es que lo visto y oído en Rusia le había hecho reflexionar críticamente sobre la realidad del sistema soviético, al margen de idealismos y buenas intenciones. Parece que ya intuía que el estalinismo tenía un lado oscuro.

Por estas fechas está en la calle —y en las trincheras— Viento del pueblo. Poesía en la guerra, testimonio irrefutable de su compromiso político.

Cuando llegan los últimos meses de la guerra se está imprimiendo en Valencia un nuevo poemario, El hombre acecha, violenta condena de los vesánicos responsables de la ola de sangre que inunda España, en primer lugar Franco y Queipo de Llano. La edición fue destruida por los nacionales al tomar la ciudad, pero por suerte el original estaba a salvo.

Hernández está en Madrid cuando se produce el golpe de Casado. Algunos amigos le aconsejan que huya del país, para ponerse a resguardo tanto de los anticomunistas como, si triunfan, de los fascistas. Pero la única e ingenua preocupación del poeta es volver al lado de su mujer y su hijo, allí en Alicante. Y así lo hace.

El resto se puede contar en pocas palabras. La huida a Portugal, donde, detenido por la policía, es devuelto en la frontera, donde le muelen a palos. La conmuta de la pena de muerte por la de treinta años (Franco no quería otro Lorca). Los terribles tres años en distintas cárceles, sin una sola visita de su padre. La tuberculosis no tratada que se lo lleva el 28 de marzo de 1942.

Fue uno de los grandes de la lírica española contemporánea. Y un estoico de extraordinaria entereza que, para conseguir su liberación, se negó tercamente a entonar la palinodia. Estamos en vísperas del centenario de su nacimiento. Como poeta y como ser humano es hora ya de honrarle como se merece.

(de «Cuatro poetas en guerra»)

 

(Fotografía: Hernández en el frente de Extremadura)

40 años de la desaparición de Rodolfo Walsh

«El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades», afirmó Rodolfo Walsh en su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar del 24 de marzo de 1977. Un día después, un grupo de tareas de la Armada lo mataba a tiros en una esquina de Buenos Aires. «Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional», denunció Walsh en el texto. La carta ha sido leída como su testamento y a día de hoy, 40 años después, se mantiene como un testimonio inigualable de los horrores de la última dictadura argentina (1976-1983).

Tras dispararle, los militares trasladaron a Walsh al mayor de los centros de exterminio y tortura que revelaba en su misiva, la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA). Los asesinos de Walsh hicieron desaparecer su cuerpo, pero fracasaron en silenciar a una de las voces más incómodas y comprometidas contra la dictadura argentina. El escritor, periodista y militante montonero es homenajeado estos días en artículos, exposiciones y actos por toda Argentina y sus escritos suman cada vez más lectores, dentro y fuera del país.

Nacido en Choele-Choel e hijo de un mayordomo de origen irlandés, Rodolfo Walsh (1927-1977) dio sus primeros pasos en literatura dentro del género policial hasta que, a los 29 años, la investigación de los fusilamientos clandestinos ocurridos en un basural de la localidad bonaerense de José León Suárez en 1956 cambió su vida. La reconstrucción de estos crímenes atroces dio origen aOperación Masacre (1957), una de las obras cumbre de Walsh y con la que inauguró el Nuevo Periodismo nueve años antes que Truman Capote con A sangre fría.

«En ese momento era tan ingenuo y tan ajeno a la militancia política que pensó que lo podía sacar en Life y ganar un Pulitzer. Pensó que todos los medios se lo disputarían», recuerda el periodista y ex militante Miguel Bonasso, quien trabajó con Walsh en el diario Noticias. Al contrario de lo que imaginaba, una editorial tras otra rechazó su investigación sobre ese episodio de represión perpetrado durante la dictadura del general Pedro Eugenio Aramburu y salió primero por fascículos en los diarios Revolución Nacional y Mayoría.

«Ahí comenzó a operarse una transformación en su conciencia que lo llevará hasta a arriesgar su propia vida», afirma Bonasso. Operación Masacre le hizo saltar de la literatura al periodismo y el periodismo lo llevó a la militancia en la organización Montoneros, en la que fue oficial de inteligencia. «Walsh debe ser recordado de manera integral, como escritor, periodista y militante. Ejerció las tres cosas con un compromiso absoluto», agrega. Bonasso recuerda que en la carta a la Junta Walsh ya deja sentado que se trata de una dictadura cívico-militar. «En la política económica de ese Gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada», escribió Walsh.

Operación Masacre es también el corazón de la muestra que la Biblioteca Nacional inaugurará en homenaje a Walsh la próxima semana. En sus vitrinas se exhibirán las pruebas de galera de la tercer edición de ese libro que Walsh actualizó hasta cuatro veces. También se mostrarán otras de sus obras, como El caso Satanowsky (sobre el asesinato del abogado Marcos Satanowsky, ocurrido en 1957), Quién mató a Rosendo (sobre el homicidio del sindicalista Rosendo García, en 1966) y las recopilaciones de cuentos Un kilo de oro y Los oficios terrestres.

Otra muestra recién inaugurada en el Museo Sitio de la Memoria ESMA reconstruye a partir de testimonios judiciales de supervientes el último cuento de Walsh, Juan se iba por el río, y el traslado de Walsh a la ESMA. Su hija, la exdiputada y periodista Patricia Walsh, sigue buscando el cuento y, en especial, los restos de su padre.

‘Asaditos’ macabros

«Mi padre desconfiaba de los homenajes», asegura Patricia Walsh, a quien la dictadura arrebató también a su hermana, Victoria. A 40 años de la desaparición de Rodolfo Walsh, Patricia pide saber qué hicieron los militares con él después de asesinarlo. «¿Dónde está el cuerpo? ¿Alguien lo busca? La respuesta es no, aunque es probable que pueda estar en el Campo de Deportes Ernesto del Monte, que pertenecía a la ESMA», denuncia. «Si no era miércoles, el día de los vuelos de la muerte, los llevaban allí y hacían lo que llamaban ‘el asadito’, incineraban los cuerpos para deshacerse de ellos», continúa. La exlegisladora exige que la Justicia busque a su padre en ese lugar y que, paralelamente, ese siniestro pasado quede reflejado en carteles in situ.

Patricia Walsh critica también la lentitud con la que avanza el tercer juicio por los crímenes perpetrados en la ESMA, que está ya en su cuarto año. Considera que la dilatación temporal supone una «vuelta a la impunidad» en forma de «impunidad biológica», es decir, que los represores mueran sin condena o se les concede el arresto domiciliario debido a su avanzada edad. Igualmente, pelea para que la última casa en la que se ocultó su padre -y que fue destrozada y saqueada por los militares horas después de matarlo- sea expropiada a los familiares del policía que viven en ella y convertida en un sitio de memoria.

«La memoria no se silencia», advierte Patricia. La carta que Rodolfo Walsh escribió a la Junta Militar no fue publicada por ninguno de los medios que la recibieron por correo ese 25 de marzo. Pero 40 años después, pocos argentinos hay que no la conozcan.

Pensiones y desigualdad: sofismas, debate, propuesta

por Eduardo Titelman//

En el debate sobre el sistema de pensiones, el argumento clave que se utiliza contra un eventual sistema de reparto es el argumento demográfico, basado en las proyecciones que muestran un creciente envejecimiento de la población. Según las proyecciones del INE, en 2050 habrá ya sólo 2,5 personas menores de 60 años por cada persona sobre esa edad. De ello se desprende una alta proporción de jubilados en la población lo que, se arguye, requeriría descontar ingentes ingresos de cada actor productivo para sostener un eventual sistema de reparto, situación que sería demasiado gravosa y, por consiguiente, inviable e insostenible. Se apela entonces a perfeccionar el sistema de capitalización individual, actualmente vigente, donde —se argumenta— el ahorro financiero personal, durante la vida productiva, genera los ingresos de la persona en su jubilación, sin gravamen sobre sus contemporáneos productivamente activos. Seguir leyendo Pensiones y desigualdad: sofismas, debate, propuesta

Fragmento de la “Guía del autoestopista galáctico”

Para todos los que habitamos en este Valparaíso, que llego muy tarde al disparo de salida de la carrera neoliberal, no nos resultan desconocidos los arquetípicos artistas que recorren sus calles. Ya sea realizando sus malabares en las esquinas –terminando invariablemente con las clavas en el suelo. Las inefables batucadas que aturden con sus monótonos ritmos –poniendo su grano de arena a la contaminación acústica-, los artistas gráficos que a modo de protesta por la intrusiva publicidad –de modo acorde a su conocida creatividad- nos regalan con sus Tag (para los ignaros firma de los artistas) y por supuesto los reyes de la colina, los poetas, a quienes dedico este interesante fragmento del libro “guía del autoestopista galáctico”

Por Armand Bronca

7

La poesía vogona ocupa, por supuesto, el tercer lugar entre las peores del Universo. El segundo corresponde a los azgoths de Kria. Mientras su principal poeta, Grunthos el Flatulento, recitaba su poema «Oda a un bultito de masilla verde que me descubrí en el sobaco una mañana de verano», cuatro de sus oyentes murieron de hemorragia interna, y el presidente del Consejo Inhabilitador de las Artes de la Galdia Media se salvó, perdiendo una pierna en la huida. Se dice que Grunthos quedó «decepcionado» por la acogida que había tenido el poema, y estaba a punto de iniciar la lectura de su poema épico en doce tomos titulado «Mis gorjeos de baño favoritos», cuando su propio intestino grueso, en un desesperado esfuerzo por salvar la vida y la civilización, le saltó derecho al cuello y le estranguló.

La peor de todas las poesías pereció junto con su creadora, Paula Nancy Millstone Jennings, de Greenbridge, en Essex, Inglaterra, en la destrucción del planeta Tierra.

Prostetnic Vogon Jeltz esbozó una lentísima sonrisa. Lo hizo no tanto para causar impresión como para recordar la secuencia de movimientos musculares. Había lanzado un tremendo grito terapéutico a sus prisioneros, y ahora se encontraba muy relajado y dispuesto a cometer alguna pequeña crueldad.

Los prisioneros se sentaban en los sillones para la Apreciación de la Poesía: atados con correas. Los vogones no se hacían ilusiones respecto a la acogida general que recibían sus obras. Sus primeras incursiones en la composición formaban parte de una obstinada insistencia para que se les aceptara como una raza convenientemente culta y civilizada, pero ahora lo único que les hacía persistir era un puro retorcimiento mental.

El sudor corría fríamente por la frente de Ford Prefect, deslizándose por los electrodos fijados a sus sienes. Los electrodos estaban conectados a la batería de un equipo electrónico —intensificadores de imágenes, moduladores rítmicos, residualizadores aliterativos y demás basura—, proyectado para intensificar la experiencia del poema y garantizar que no se perdiera ni un solo matiz de la idea del poeta.

Arthur Dent temblaba en su asiento. No tenía ni idea de por qué estaba allí, pero sabía que no le gustaba nada de lo que había pasado hasta el momento, y no creía que las cosas fueran a cambiar.

El vogón empezó a leer un hediondo pasaje de su propia invención.

—¡Oh!, irrinquieta gruflebugle… —comenzó a relatar. Los espasmos empezaron a atormentar el cuerpo de Ford: era peor de lo que había imaginado.

—…tus micturadones son para mí / Como plurnas manchigraznas sobre una plívida abeja.

—¡Aaaaaaarggggghhhhhh! —exclamó Ford Prefect, torciendo la cabeza hacia atrás al sentirse golpeado por oleadas de dolor. A su lado veía débilmente a Arthur, que se bamboleaba reclinado en su asiento. Apretó los dientes.

—Groop, a ti te imploro —prosiguió el implacable vogón—, mi gándula bolarina.

Su voz se alzaba llegando a un tono horrible, estridente y apasionado.

—Y asperio me acolses con crujientes ligabujas, / O te rasgaré la verruguería con mi bérgano, ¡espera y verás!

—¡N­n­n­n­n­n­n­n­n­n­i­i­i­i­i­i­i­u­u­u­u­u­u­u­u­g­g­g­g­g­g­h­h­h­h­h! —gritó Ford Prefect, sufriendo un espasmo final cuando la ampliación electrónica del último verso le dio de lleno en las sienes. Perdió el sentido.

Arthur se arrellanó en el asiento.

—Y ahora, terráqueos… —zumbó el vogón, que ignoraba que Ford Prefect procedía en realidad de un planeta pequeño de las cercanías de Betelgeuse, aunque si lo hubiera sabido no le habría importado—, os presento una elección sencilla. O morir en el vacío del espacio, o… —hizo una pausa para producir un efecto melodramático— decirme qué os ha parecido mi poema.

Se recostó en un enorme sillón de cuero con forma de murciélago y los contempló. Volvió a sonreír como antes. Ford trataba de tomar aliento. Se pasó la lengua seca por los ásperos labios y lanzó un quejido.

—En realidad, a mí me ha gustado mucho —manifestó Arthur en tono vivaz. Ford se volvió hacia él con la boca abierta. Era un enfoque que no se le había ocurrido.

El vogón enarcó sorprendido una ceja que le oscureció eficazmente la nariz, y por lo tanto no era mala cosa.

— ¡Pero bueno…! —murmuró con perplejidad considerable.

—Pues sí —dijo Arthur—, creo que ciertas imágenes metafísicas tienen realmente una eficacia singular.

Ford siguió con la vista fija en él, ordenando sus ideas con lentitud ante aquel concepto totalmente nuevo. ¿Iban a salir de aquello por la cara?

—Sí, continúa… —le invitó el vogón.

—Pues…, y, hmm…, también hay interesantes ideas rítmicas —prosiguió Arthur—, que parecen el contrapunto de…, hmm… hmm…

Titubeó.

Ford acudió rápidamente en su ayuda, sugiriendo:

—…el contrapunto del surrealismo de la metáfora fundamental de… hmm…

Titubeó a su vez, pero Arthur ya estaba listo de nuevo:

—…la humanidad del…

—La vogonidad —le sopló Ford.

—¡Ah, sí! La vogonidad, perdón, del alma piadosa del poeta —Arthur sintió que estaba en la recta final—, que por medio de la estructura del verso procura sublimar esto, trascender aquello y reconciliarse con las dicotomías fundamentales de lo otro distaba alcanzando un crescendo triunfal, y uno se queda con una vívida y profunda intuición de… de… hmm…

Y de pronto le abandonaron las ideas. Ford se apresuró a dar el coup de grâce:

—¡De cualquiera que sea el tema de que trate el poema! —gritó; y con la comisura de la boca, añadió—: Bien jugado, Arthur, eso ha estado muy bien.

El vogón los estudió. Por un momento se emocionó su exacerbado espíritu racial, pero pensó que no: era un poquito demasiado tarde. Su voz adoptó el timbre de un gato que arañara nailon pulido.

—De manera que afirmáis que escribo poesía porque bajo mi apariencia de maldad, crueldad y dureza, en realidad deseo que me quieran —dijo. Hizo una pausa—. ¿Es así?

—Pues yo diría que sí —repuso Ford, lanzando una carcajada nerviosa—. ¿Acaso no tenemos todos en lo más profundo, ya sabe… hmm…?

El vogón se puso en pie.

—Pues no, estáis completamente equivocados —afirmó—. Escribo poesía únicamente para complacer a mi apariencia de maldad, crueldad y dureza. De todos modos, os voy a echar de la nave. ¡Guardia! ¡Lleva a los prisioneros a la antecámara de compresión número tres y échalos fuera!

—¡Cómo! —gritó Ford.

Un guardia vogón, joven y corpulento, se acercó a ellos y les desató las correas con sus enormes brazos gelatinosos.

—¡No puede echarnos al espacio —gritó Ford—, estamos escribiendo un libro!

—¡La resistencia es inútil! —gritó a su vez el guardia vogón. Era la primera frase que había aprendido cuando se alistó al Cuerpo de Guardia vogón.

El capitán observó la escena con despreocupado regocijo y luego les dio la espalda.

Arthur miró a su alrededor con ojos enloquecidos.

—¡No quiero morir todavía! —gritó—. ¡Aún me duele la cabeza, estaré de mal humor y no lo disfrutaré!

El guardia los sujetó firmemente por el cuello, hizo una reverencia a la espalda de su capitán, y los sacó del puente sin que dejaran de protestar. La puerta de acero se cerró y el capitán quedó solo de nuevo. Canturreó en voz baja y se puso a reflexionar, hojeando ligeramente su cuaderno de versos.

—Hmmm… —dijo—, el contrapunto del surrealismo de la metáfora fundamental… —lo consideró durante un momento y luego cerró el libro con una sonrisa siniestra.

—La muerte es algo demasiado bueno para ellos —sentenció.

El largo corredor forrado de acero recogía el eco del débil forcejeo de los dos humanoides, bien apretados bajo las elásticas axilas del vogón.

—Es magnífico —farfulló Ford—, realmente fantástico. ¡Suéltame, bestia!

El guardia vogón siguió arrastrándolos.

—No te preocupes —dijo Ford en tono nada esperanzador—. Ya se me ocurrirá algo.

—¡La resistencia es inútil! —chilló el guardia.

—No digas eso —tartamudeó Ford—. ¿Cómo se puede mantener una actitud mental positiva si dices cosas así?

—¡Por Dios! —Protestó Arthur—. Hablas de una actitud mental positiva, y ni siquiera han demolido hoy tu planeta. Al despertarme esta mañana, pensé que iba a pasar el día tranquilo y relajado, que leería un poco, cepillaría al perro… ¡Ahora son más de las cuatro de la tarde y están a punto de echarme de una nave espacial a seis años-luz de las humeantes ruinas de la Tierra!

El vogón apretó su presa y Arthur dejó escapar gorgoritos y balbuceos.

—¡De acuerdo —convino Ford—, pero deja de asustarte!

—¿Quién ha dicho nada de asustarse? —replicó Arthur—. Esto no es más que una conmoción cultural. Espera a que me acostumbre a la situación y comience a orientarme. ¡Entonces empezaré a asustarme!

—Te estás poniendo histérico, Arthur. ¡Cierra el pico!

Ford hizo un esfuerzo desesperado por pensar, pero le interrumpió el guardia, que gritó otra vez:

—¡La resistencia es inútil!

—¡Y tú también podrías callarte la boca! —le replicó Ford.

—¡La resistencia es inútil!

—¡Pero déjalo ya!

Ford torció la cabeza hasta que pudo mirar de frente al rostro de su captor. Se le ocurrió una idea.

—¿De veras te gustan estas cosas? —le preguntó de pronto.

El vogón se detuvo en seco y una expresión de enorme estupidez se deslizó poco a poco por su cara.

—¿Que si me gustan? —bramó—. ¿Qué quieres decir?

—Lo que quiero decir —le explicó Ford—, es que si te llena de satisfacción el ir pisando fuerte por ahí, dando gritos y echando a la gente de naves espaciales…

El vogón miró fijamente al bajo techo de acero y sus cejas casi se montaron una encima de otra. Se le aflojó la boca.

—Pues el horario es bueno…

—Tiene que serlo —convino Ford.

Arthur torció el cuello por completo para mirar a Ford.

—¿Qué intentas hacer, Ford? —le preguntó con un murmullo de perplejidad.

—Sólo trato de interesarme en el mundo que me rodea, ¿conforme? —le contestó y siguió diciéndole al vogón—: De modo que el horario es muy bueno…

El vogón bajó la vista hacia él mientras pensamientos perezosos giraban tumultuosamente en sus lóbregas profundidades.

—Sí —dijo—, pero ahora que lo mencionas, la mayor parte del tiempo resulta bastante asqueroso. Salvo… —volvió a pensar, lo que exigía mirar al techo—, salvo algunos gritos que me gustan mucho.

Se llenó de aire los pulmones y bramó:

—¡La resistencia es…!

—Sí, claro —le interrumpió Ford a toda prisa—; eso lo haces muy bien, te lo aseguro. Pero en su mayor parte es asqueroso —dijo con lentitud, dando tiempo a las palabras para que llegasen a su objetivo—. Entonces, ¿por qué lo haces? ¿A qué se debe? ¿A las chicas? ¿A la zurra? ¿Al machismo? ¿O simplemente crees que el acomodarse a ese estúpido hastío presenta un desafío interesante?

Arthur miró desconcertado de un lado para otro.

—Hmm… —dijo el guardia—, hmm… hmm…, no sé. Creo que en realidad… me limito a hacerlo. Mi tía me dijo que ser guardia de una nave espacial era una buena carrera para un joven vogón; ya sabes, el uniforme, la cartuchera de la pistola de rayos paralizantes, que se lleva muy baja, el estúpido hastío…

—Ahí tienes, Arthur —dijo Ford con aire del que llega a la conclusión de su argumento—, y creías que tú tenías problemas.

Arthur pensó que sí los tenía. Aparte del asunto desagradable que le había ocurrido a su planeta, el guardia vogón ya le había medio estrangulado, y no le gustaba mucho la idea de que lo arrojaran al espacio.

—Procura entender su problema —insistió Ford—. Ahí tienes a este pobre muchacho, cuyo trabajo de toda la vida consiste en andar pisando fuerte por ahí, echando a gente de naves espaciales.

—Y dando gritos —añadió el guardia.

—Y dando gritos, claro —repitió Ford, y dio unos golpecitos al brazo gelatinoso que le apretaba el cuello con simpática condescendencia—. ¡Y ni siquiera sabe por qué lo hace!

Arthur convino en que era muy triste. Lo expresó con un gestito débil, porque estaba muy asfixiado para poder hablar.

El guardia lanzó unos profundos gruñidos de estupefacción.

—Pues ahora que lo dices, supongo…

—¡Buen chico! —le animó Ford.

—De acuerdo —continuó con sus gruñidos—, ¿y qué remedio me queda?

—Pues —dijo Ford, animándose pero alargando las palabras— dejar de hacerlo, por supuesto. Diles que ya no volverás a hacerlo más.

Pensó que debería añadir algo más, pero de momento parecía que el guardia tenía la mente muy ocupada meditando sus palabras.

—H­h­u­u­u­u­u­u­m­m­m­m­m­m­m­m­m­m­m­m­m­m­m… —dijo el guardia— hum…, pues eso no me suena muy bien.

De pronto, Ford sintió que se le escapaba la oportunidad.

—Pero espera un momento —le apremió—, eso es sólo el principio, ¿comprendes?; la cosa no es tan sencilla como crees…

Pero en ese momento el guardia volvió a afianzar su presa y continuó con su primitiva intención de llevarlos a rastras a la esclusa neumática. Era evidente que estaba muy afectado.

—No; creo que si os da lo mismo —les dijo—, será mejor que os meta en esa antecámara de compresión y luego me vaya a dar otros cuantos gritos que tengo pendientes.

A Ford Prefect no le daba lo mismo en absoluto.

—¡Pero venga… oye! —dijo, menos animado y con menos lentitud.

—¡Aahhhhgggggggnnnnnn! —dijo Arthur con una inflexión nada clara.

—Pero espera —insistió Ford—, ¡todavía tengo que hablar de la música, del arte y de otras cosas! ¡Uuuuuffffff!

—¡La resistencia es inútil! —bramó el guardia, y luego añadió—: Mira, si sigo en esto, dentro de un tiempo puede que me asciendan a Jefe de Gritos, y no suele haber muchas plazas vacantes de agentes que no griten ni empujen a la gente, de manera que, según me parece, será mejor que siga haciendo lo que sé.

Ya habían llegado a la esclusa neumática: una escotilla ancha y circular de acero macizo, fuerte y pesada, abierta en el revestimiento interior de la nave. El guardia manipuló un mando y la escotilla se abrió con suavidad.

—Pero muchas gracias por vuestro interés —les dijo el guardia vogón—. Adiós.

Arrojó a Ford y a Arthur por la escotilla a la pequeña cabina interior.

Arthur cayó jadeando al suelo. Ford se volvió tambaleante y arremetió inútilmente con el hombro contra la escotilla que se cerraba de nuevo.

—¡Pero oye —le gritó al guardia—, hay todo un mundo del que tú no sabes nada! Escucha, ¿qué te parece esto?

Desesperado, recurrió a la única manifestación de cultura que le vino espontáneamente a la cabeza: el primer acorde de la Quinta de Beethoven.

—¡Da da da dum! ¿No despierta eso nada en ti?

—No —contestó el guardia—, nada en absoluto. Pero se lo diré a mi tía.

Si después de eso añadió algo más, no se oyó. La escotilla se cerró completamente y desaparecieron todos los ruidos salvo el leve y distante zumbido de los motores de la nave.

Se encontraban en una cámara cilíndrica, brillante y pulida de unos dos metros de ancho por tres de largo.

Ford miró a su alrededor, sofocado.

—Creí que era un tipo inteligente en potencia —dijo, desplomándose contra la pared curva.

Arthur seguía tumbado en el suelo combado, en el mismo sitio donde había caído. No levantó la vista. Sólo se quedó tumbado, jadeando.

—Ahora estamos atrapados, ¿verdad?

—Sí —admitió Ford—, estamos atrapados.

—¿Y no se te ha ocurrido nada? Creí que habías dicho que ibas a pensar algo. Tal vez lo hayas hecho y yo no me he dado cuenta.

—Claro que sí, se me ha ocurrido algo —jadeó Ford. Arthur lo miró, expectante.

—Pero desgraciadamente —prosiguió Ford—, tendríamos que estar al otro lado de esa esclusa neumática.

Dio una patada a la escotilla por donde acababan de entrar.

—Pero ¿de verdad era una buena idea?

—Claro que sí, muy buena.

—¿Y de qué se trataba?

—Pues todavía no había elaborado los detalles. Ahora ya no importa mucho, ¿verdad?

—Entonces…, hmm, ¿qué va a ocurrir ahora?

—Pues… hmmm, dentro de unos momentos se abrirá automáticamente esa escotilla de enfrente, y supongo que saldremos disparados al espacio profundo y nos asfixiaremos. Si nos llenamos de aire los pulmones, tal vez podamos durar treinta segundos… —dijo Ford.

Se puso las manos a la espalda, enarcó las cejas y empezó a canturrear un antiguo himno de batalla betelgeusiano. De pronto, a los ojos de Arthur, parecía tener un aspecto muy extraño.

—Así que ya está —dijo Arthur—, vamos a morir.

—Sí —admitió Ford—; a menos que, ¡no! ¡Espera un momento! —De pronto se abalanzó por la cámara hacia algo que estaba detrás de la línea de visión de Arthur—. ¿Qué es ese interruptor?

—¿Cuál? ¿Dónde? —gritó Arthur, dándose la vuelta.

—No, sólo estaba bromeando —confesó Ford—; al final, vamos a morir.

Volvió a desplomarse contra la pared y siguió con la melodía por donde la había interrumpido.

—¿Sabes una cosa? —le dijo Arthur—; en ocasiones como ésta, cuando estoy atrapado en una escotilla neumática vogona con un habitante de Betelgeuse y a punto de morir asfixiado en el espacio profundo, realmente desearía haber escuchado lo que me decía mi madre cuando era joven.

—¡Vaya! ¿Y qué te decía?

—No lo sé; no la escuchaba.

—Ya.

Ford siguió canturreando.

«Esto es horrible —pensaba Arthur para sí—, todo lo que queda soy yo y las palabras «Fundamentalmente inofensiva». Y dentro de unos segundos lo único que quedará será «Fundamentalmente inofensiva». Y ayer el planeta parecía ir tan bien…» Zumbó un motor.

Se oyó un leve silbido que se convirtió en un rugido ensordecedor al penetrar el aire por la escotilla exterior, que se abrió a un negro vacío salpicado de diminutos puntos luminosos, increíblemente brillantes. Ford y Arthur salieron disparados al espacio exterior como corchos de una pistola de juguete.

Aprender de la Gran Depresión

 por Michael Roberts//

Recientemente, el editor de economía del periódico británico The Guardian, Larry Elliott, hizo una comparación entre la Gran Depresión de los años 1930 y la actual. En efecto, Elliott defiende que la economía mundial atraviesa por una depresión similar a la de entonces. La depresión de los años 30 comenzó con un desplome del mercado de valores en 1929, seguido por un desplome global de la banca y después una caída enorme de la producción, el empleo y la inversión. En ese orden. El número de quiebras bancarias aumentó de un promedio anual de alrededor de 600 durante la década de 1920, a 1350 en la de 1930 y alcanzó su punto máximo en 1933, cuando quebraron 4000 bancos. Durante todo el período 1930-33, un tercio de todos los bancos estadounidenses quebraron. Pero lo primero que ocurrió fue el desplome del mercado bursátil. Seguir leyendo Aprender de la Gran Depresión

Beethoven: hombre, compositor y revolucionario

por Alan Woods//

 

Si algún compositor merece el nombre de revolucionario ése es Beethoven. Él llevó a cabo lo que probablemente fue la revolución más grande de la música moderna y cambió la manera en que la música se componía y apreciaba. La suya es música que no calma, sino que conmociona y perturba. Alan Woods describe cómo el mundo en el que nació Beethoven era un mundo agitado, un mundo en transición, un mundo de guerras, revolución y contrarrevolución: un mundo como nuestro propio mundo. Seguir leyendo Beethoven: hombre, compositor y revolucionario

Merkel y Trump sostienen conversaciones de crisis en Washington

                                                                                                                                                      por Johanes Stern//

Con las tensiones entre Alemania y Estados Unidos en su punto más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el primer encuentro entre el presidente Donald Trump y la canciller alemana Angela Merkel tuvo lugar el Viernes en Washington.

El ambiente era tenso y frío. En una sesión fotográfica conjunta en la Oficina Oval, Trump apenas reconoció a Merkel y rechazó el apretón de manos acostumbrado solicitado por los fotógrafos.
En una conferencia de prensa conjunta después de una reunión de la Casa Blanca entre Trump y Merkel, otros funcionarios y líderes empresariales de ambos países, los dos jefes de Estado expresaron su acuerdo sólo en las cuestiones de aumentár el gasto militar y la guerra. Merkel prometió a Trump que Alemania aumentaría el gasto en defensa un dos por ciento más que el mínimo de la OTAN. A cambio, Trump prometió su compromiso con la OTAN. Acordaron “trabajar juntos de la mano en Afganistán y colaborar en soluciones de Siria e Irak”.

El conflicto entre los dos países, que se situarón en lados opuestos en dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, surgió con mayor intensidad en el tema de la política comercial. Trump se quejó de que el comportamiento pasado de los aliados estadounidenses a menudo habían sido “injustos” e insistió en una “política de comercio justo”.

Lo que Trump quiere decir con esto esta claro. Amenazó a Alemania con la guerra comercial en una entrevista que dio poco antes de asumir el cargo, advirtiendo específicamente de obligaciónes a la importación de hasta un 35 por ciento contra la industria automovilística alemana. Afirmar que el comportamiento de Alemania hacia Estados Unidos era “muy injusta”, dijo que se aseguraría de que esto terminará.

En la semana pasada, el asesor económico de Trump, Peter Navarro, se refirió una vez más al superávit comercial alemán como un “asunto serio” y lo calificó de “uno de los problemas más difíciles” para la política comercial estadounidense. Estados Unidos está preparando actualmente un llamado “impuesto al ajuste fronterizo” que reduciría sustancialmente los impuestos sobre las exportaciones estadounidenses y colocaría una pesada carga sobre las importaciones alemanas y otras importaciones europeas.

Los crecientes conflictos transatlánticos también se reflejaron en la cumbre de los ministros de Finanzas del G20 en Baden Baden, Alemania. La noche anterior, el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, se reunió por primera vez con su nuevo homólogo estadounidense, Steven Mnuchin. El ex banquero de Wall Street insistió en que Estados Unidos no quería una guerra comercial, pero se negó a apoyar la inclusión en el comunicado de cierre del G20 de la aclarada declaración a favor del libre comercio y en contra del proteccionismo.

El proteccionismo de Trump es una catástrofe en particular para la economía alemana orientada a la exportación. En 2015, Alemania alcanzó un superávit récord de 260.000 millones de euros, lo que correspondía a más del ocho por ciento de toda su producción económica. El comercio con los Estados Unidos representó 54.000 millones de euros del superávit. En el año anterior, los EE.UU. proporcionaron el mayor mercado de exportación de productos alemanes, con un valor total de 107.000 millones de euros.

La delegación de Merkel incluyó a destacados representantes económicos alemanes, quienes fueron encargados de convencer a Trump de la importancia del libre comercio. Pero mientras el gobierno alemán lucha por desacelerar las tensiones con Estados Unidos, está preparando medidas de represalia no menos agresivas.

El vicepresidente de la facción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD), Carsten Schneider, amenazó con controlar los capitales. “En última instancia, Alemania está financiando una gran parte del déficit comercial de Estados Unidos con sus exportaciones de capital”, dijo Schneider. “Si Trump no cede, debemos estar listos para actuar”.

En una entrevista del Viernes por la mañana con la emisora alemana Deutschlandfunk, la ministra de Economía Alemana, Brigitte Zypries (SPD), dijo: “La otra posibilidad es simple. Vamos a presentar una demanda contra él ante la Organización Mundial del Comercio. Estó establece procedimientos. En la OMC, está claramente especificado en los acuerdos que se le permite no tomar más del 2,5 por ciento en impuestos sobre las importaciónes de automóviles”.
“Esta no sería la primera vez que el señor Trump fracasa en los tribunales”, añadió el político del SPD provocativamente.
El presidente de la Federación de Industria alemana (BDI), Dieter Kempf, preguntó a Merkel antes de su viaje para presentar a Trump “el punto de vista de una economía alemana, europea … con una autoconfianza apropiada”. Los puntos de vista de Trump sobre una politica economica simplemente “No valdrían”, insistió.
Con el fin de contrarrestar a Trump de la manera más eficaz, Berlín está llevando a cabo una estrategia de preparación para la guerra comercial entre los EE.UU. y toda la Unión Europea. El periódico Handelsblatt citó al ex economista jefe del Ministerio de Economía, Jeromin Zettelmeyer, diciendo que Alemania necesita “el respaldo del resto de Europa”. Él continuó diciendo: “Tendrán que hacer una guerra comercial si es posible”.

Según un informe de Der Spiegel, el objetivo del gobierno alemán es “aislar a los estadounidenses”. Para ello, la Comisaria del Comercio de la UE, Cecilia Malmstörm, ha sido encargada de negociar acuerdos comerciales “con otros países y regiones del mundo”. En la cumbre de la UE la semana anterior, los estados de la UE se hablarón contra “tendencias proteccionistas” en el comercio mundial y situaron a la economía europea en contrá de Estados Unidos, informó Der Spiegel .

La UE “seguirá colaborando activamente con los socios comerciales internacionales”, decía la resolución final de la cumbre UE. Para ello, “se lograrán progresos decisivos en todas las negociaciones seguidas con respecto a acuerdos de libre comercio ambicioso y bien equilibrados, incluso con el Mercosur [un bloque subregional que incluye a Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela] y México.” Las negociaciones con Japón están “cerca de una conclusión pronto” y “las relaciones comerciales con China deben fortalecerse sobre la base de un entendimiento común de beneficios mutuos y recíprocos”.
Berlín y Bruselas están ampliando sus relaciones económicas con precisamente aquellos países que están en la mira del gobierno de Estados Unidos. Trump está amenazando a México con la terminación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), y Washington está siguiendo un camino hacia la guerra contra China con mayor apertura. Los conflictos entre Alemania y Estados Unidos seguirán afilándose como consecuencia.

En una movida significante, Merkel habló por teléfono con el presidente chino Xi Jinping inmediatamente antes de viajar a Washington. Aprovechó esta oportunidad para expresar su oposición al proteccionismo. De acuerdo con el portavoz del gobierno de Merkel, Steffen Seibert, Merkel y Xi afirmaron que “promoverían el libre comercio y abrirían los mercados juntos”. Además, los dos líderes acordaron “continuar su confianza en la colaboración, especialmente en el marco de la presidencia alemana del G20”.

Mientras tanto, los medios de comunicación alemanes están exigiendo “una declaración aún más clara contra el nuevo proteccionismo estadounidense” e instando a que “la mayoría de otros países se movilicen contra Trump”. Esto será “necesario” en el futuro, dijo un comentario en el Reinische Post. Alemania y la UE deben “oponerse con confianza a Trump” con “sus propios fines opuestos, en lugar de dejarse intimidar por Washington”. Las condiciones para esto son favorables, dijo el diario.
Siguió diciendo se había puesto claro en Baden Baden que Alemania tenia”no sólo a los demás Estados de la UE, sino también a casi todo el resto del mundo, sobre todo China, Brasil y Japón, a su lado en materias de política comercial”.

Las razones fundamentales del comportamiento agresivo de Trump hacia Berlín, así como los esfuerzos de Alemania para construir una coalición contra los Estados Unidos, se encuentran en las insolubles contradicciones del propio sistema capitalista. El capitalismo es incapaz de superar la contradicción entre el carácter internacional de la producción y el Estado nacional. Como en la víspera de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los conflictos entre las potencias imperialistas sobre las materias primas, los mercados de exportación, las zonas de influencia y la mano de obra barata vuelven a conducir a la guerra comercial y al conflicto militar.

El primer ministro holandés Rutte gana contra el retador de extrema derecha

por Peter Schwarz 
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El Partido extrema derecha por la Libertad (PVV) de Geert Wilders no hizo el avance que se predijo en las elecciones holandesas de ayer. Con 13,1 por ciento de los votos, quedó en segundo lugar detrás de los liberales de derecha (VVD) del primer ministro Mark Rutte, que ganó las elecciones con el 21,3 por ciento de los votos.

 

Como sea, el resultado más pobre de lo esperado de Wilders, de ninguna manera significa un fin al cambio brusco hacia la derecha en la política europea. El VVD de Rutte y los demócrata-cristianos (CDA), que ocuparon el tercer lugar con el 12,4 por ciento, se han apoderado en gran medida de la retórica xenófoba y antiislámica de Wilders, que marcó el tono de toda la elección. Su única diferencia con Wilders es sobre la Unión Europea. Mientras que Wilders está pidiendo un referéndum para salir de la UE, la VVD de Rutte y la mayoría de los otros partidos burgueses lo están defendiendo firmemente.

Wilders seguirá desempeñando un papel político importante. Aunque no cumplió con las expectativas planteadas por las encuestas, mejoró su voto en un 3 por ciento desde las elecciones de 2012. “PVV-votantes, gracias! ¡Hemos ganado asientos! La primera victoria está¡ Y Rutte está lejos de librarse de mí!! «leyó su primera respuesta al resultado en Twitter.

 

A pesar de la victoria de Rutte, el voto de la coalición gobernante se derrumbó, reduciendo a la mitad el número de sus escaños en el parlamento de 79 a 42. Esto está lejos de los 76 escaños necesarios para formar una mayoría en el parlamento de 150 escaños.

 

Mientras que los liberales de Rutte perdieron ocho de sus 41 escaños anteriores, el mayor perdedor en las elecciones fue su socio de coalición, el Partido Laborista (PvdA). El trabajo fue castigado por su apoyo a la austeridad y sus ataques masivos contra el bienestar social. Su voto se derrumbó de 25 por ciento a menos de 6 por ciento. Con sólo nueve escaños, ahora está en el séptimo lugar, detrás de los Verdes y del ex Partido Socialista Maoísta.

 

El voto del Partido Socialista, que apoyó el impulso anti-inmigrante de los principales partidos burgueses, bajó ligeramente de 9,6 a 9,1 por ciento. En cambio, el voto de la Izquierda Verde se cuadruplicó de 2,3 a 9 por ciento. Entre los votantes menores de 34 años, recibió más de un tercio de los votos, y en Amsterdam fue el partido más fuerte, con casi una quinta parte de los votos.

 

Toda la campaña electoral estuvo muy polarizada. Esto llevó a una participación grande de 82 por ciento, la más alta durante 31 años y 6 por ciento más que en la última elección.

 

La Izquierda Verde, así como otros partidos más pequeños y los liberales de izquierda (D66), que aumentaron su voto del 8 al 12,1 por ciento, se beneficiaron claramente de la oposición a la campaña fascista de Wilders, particularmente entre los jóvenes. Pero ambos, los Verdes y D66, buscan encauzar la oposición a Wilders tras un firme apoyo a la UE y están muy preparados para respaldar un gobierno derechista dirigido por Rutte. Basándose en secciones de la clase media, desempeñan un papel similar al de los Estados Unidos que es tratar de desviar la oposición contra Trump hacía un callejón sin salida del Partido Democrático pro-Wall Street y a favor de la guerra.

 

Los gobiernos de toda Europa dieron la bienvenida al resultado de las elecciones holandesas con alivio. El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, dijo que era un “éxito para Europa”. Dijo que ahora era optimista acerca de las próximas elecciones en Francia. El jefe de la oficina de la canciller Angela Merkel, Peter Altmaier, escribió en Twitter: “¡Holanda, oh Holanda, eres un campeón! … Felicidades por este gran resultado”.

 

Paolo Gentiloni, primer ministro italiano, dijo que “la derecha anti-UE ha perdido las elecciones”, e instó a los partidarios a trabajar para “revitalizar la Unión”.

El presidente francés François Hollande pontificó: “Los valores de la apertura, el respeto por los demás y la fe en el futuro de Europa son la única respuesta verdadera a los impulsos nacionalistas y al aislamiento que están sacudiendo al mundo”.

Sin embargo, Wilders es un síntoma, no la causa, del giro a la derecha en la política europea. Este giro es la respuesta de los partidos burgueses a una profunda crisis de la sociedad capitalista en Holanda y en todo el continente.

Ni la UE ni ninguno de los gobiernos europeos se oponen a la xenofobia y la línea antiislámica de Wilders. El maltrato y el rechazo de los refugiados se ha convertido en la política oficial de la UE.

 

A principios de mes, Rutte publicó una carta abierta a los inmigrantes, diciéndoles: “Si no os gusta aquí, os podéis ir.” Y hace tres días organizó una provocación calculada contra el gobierno turco, prohibiendo sus ministros de entrar en los Países Bajos en un intento de provocar la histeria nacionalista y ganar el respaldo de una sección de apoyo potencial a Wilders.

 

La única preocupación de Merkel, Hollande, Gentiloni et al. es la defensa de la UE como base para la escalada del militarismo, incluyendo las intervenciones de estilo colonial y la acción hostil contra Rusia, y para el desarrollo de medidas represivas del estado policial internamente, así como ataques de austeridad aún más radicales contra la clase obrera.

 

La idea de que, después que Wilders fue impulsado por Brexit y ha dado paso a la elección de Donald Trump, su derrota electoral socavará las perspectivas de Marine le Pen del Frente Nacional en las elecciones presidenciales francesas no demuestra un examen profundo.

 

El partido de Le Pen tiene raíces organizativas e históricas mucho más fuertes que el PVV, que es en gran medida una banda de un solo hombre. La FN ha podido capitalizar mejor las traiciones del gobierno Partido Socialista francés, la crisis de François Fillon y la derecha gaullista, y la agenda económica neoliberal del candidato que ahora favorece a ganar, el independiente Emmanuel Macron, para combinar la hostilidad a la UE con la reivindicación de representar los intereses de los “trabajadores” contra el establecimiento.

 

Para los Países Bajos, la elección abre lo que es probable que sea un período de inestabilidad política masiva y fuertes luchas políticas y de clases. El pequeño país de 17 millones de habitantes está dividido por profundas divisiones sociales y culturales. Como una antigua potencia colonial, tiene una inmensa comunidad de inmigrantes que han sido golpeados con fuerza por el crecimiento de la desigualdad social. Las ciudades liberales como Ámsterdam están en contraste con el religioso “cinturón bíblico”, una de las zonas más conservadoras de Europa.

 

En el período de pos-guerra, estas contradicciones fueron superadas por una elaborada cultura de consenso político, que encontró su máxima expresión en la colaboración desde los años ochenta de la derecha neoliberal, el Partido Laborista y los sindicatos en el desmantelamiento de las ganancias sociales anteriores de la clase obrera. Esto ha conducido a una marcada polarización social y al virtual colapso de la “izquierda” burguesa.

 

La situación política en los Países Bajos es una reminiscencia de las condiciones que existían en la Alemania de Weimar entre 1919 y 1933, donde un parlamento paralizado por intensos conflictos presidió las condiciones que dieron lugar a la llegada de Hitler al poder.

 

Con apenas más de una quinta parte de los escaños en un parlamento de 14 o 15 partidos, y el país profundamente dividido, Rutte necesita al menos tres, si no cuatro, socios de la coalición para formar un gobierno viable. Se espera que tomará semanas, si no meses, de un intenso comercio de mercados y acuerdos tras puertas cerradas para establecer una nueva coalición.

 

Todo depende ahora de una intervención independiente de la clase obrera. Esto exige el establecimiento de una sección holandesa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional, opuesta tanto al nacionalismo como a la Unión Europea y capaz de trabajar con co-pensadores en Europa e internacionalmente para unir a los trabajadores de todos los países sobre la base de un programa socialista Para el derrocamiento del capitalismo.

 

(Fotografía: Wilders se reitra derrotado flanqueado por su guardia pretoriana)

De una situación política líquida a una realidad política fluida

por Ibán de Rementería

La situación política actual se ha mostrado notablemente líquida, inasible, al decir del científico político polaco británico Z. Bauman, en el sentido de un mundo de identidades ideológico políticas perdidas en la indiferenciación, pero aquí como en otras partes comienza a aflorar una realidad política fluida donde claramente se van constituyendo los tres tercios en el campo de la política. Una derecha que quiere para los empresarios la conservación todos los privilegios obtenidos en la Dictadura Militar pero en democracia, aún a cambio de denunciar a “cómplices pasivos” de los atentados  a los derechos humanos, un “neo liberalismo democrático”; un centro que vive en la añoranza de la Concertación que perfeccionó la democracias a cambio de privatizar más empresas o funciones públicas y sobre todo los recursos naturales, que se la juega por un “neo liberalismo compasivo”; una izquierda en construcción por el Frente Amplio que hace de su diferenciación con la Nueva Mayoría el punto de partida para la elaboración de su propuesta política; además, hay otra izquierda que se localiza en el Partido Socialista, para su recuperación ideológica y política: la Izquierda Socialista, por lo cual se puede hablar de cuatro tercios.

En otras partes la fluidez política también comienza a manifestarse, por ejemplo, en Holanda la extrema derecha no logró el triunfo anunciado, la derecha democrática apenas logro una primera mayoría, la social democracia se derrumbó estrepitosamente, mientras que la izquierda, representada por los Verdes de Izquierda cuadruplicaron su votación, pasando de 4 a 16 parlamentarios,  además hubo una masiva participación del 80% motivada por voluntad popular de impedir el triunfo de la xenofobia y el racismo. Esto ha sido antecedido por la aparición de Podemos en España o Siryza en Grecia, estos son casos del paso de la política líquida a la política fluida….”por la voluntad popular”.

Bien ha definido Fernando Atria el carácter diferenciador y fluido de la próxima elección presidencial y parlamentaria así: “La elección responderá una pregunta sobre el gobierno de la Nueva Mayoría: si debe ser entendido como el inicio imperfecto y corregible de una transformación que sigue siendo importante y que debe mantenerse y continuarse, o como un paréntesis que debe cerrarse lo antes posible para volver a lo que la clase política y los empresarios, pero no la ciudadanía, recuerdan como la paz y la concordia de los 20 años de la Concertación” (La Tercera,3 noviembre 2016, p.11).

En breve, la disyuntiva política nacional está entre perfeccionar el proyecto anti neoliberal que intentó el Gobierno de la Presidenta Bachelet o en intentar y profundizar el proyecto neoliberal de la Concertación, esto último lo puede hacer tanto la Alianza por Chile, como lo hizo durante el Gobierno de Piñera o la Nueva Mayoría “Renovada” (NMR) que bien pueden conducir Lagos, Goic o Guillier.

La actual liquidez política nacional es el resultado de la subordinación de la política al dinero, al capital, la cual ha quedado escandalosamente, delictiva y judicialmente comprobada en los últimos dos años, lo que es coherente y complementario con la privatización de las empresas, los recursos  y las funciones públicas – prestación de derechos sociales, etc.- iniciado durante la Dictadura Militar y perfeccionada por los gobiernos de la Concertación: en suma, la política ha estado a punto de desaparecer porque fue comprada y sus funcionarios parlamentarios o de la administración convertidos en unos paniaguados. Obviamente una política que se discierne por el mejor postor es algo que no interesa a las y los ciudadanos, que carecen de recursos para hacer sus “posturas”, y que comprende muy bien porque todos los candidatos se “suben por la izquierda –se vuelven populistas- y ya en el poder se bajan por la derecha”. Es decir, el dinero licua la política. Como se recuerda la corrupción política era principalmente un patrimonio de la derecha política, pero ahora como los demuestran los gobiernos de izquierda de América Latina, acusados de populistas, también han terminado siendo paniaguados del capital.

La liquidez política nacional se expresa como la cierta imposibilidad, en este momento, para el 87% de los parlamentarios en ejercicio de ser candidatos en las próximas elecciones generales, debido a la incapacidad de sus partidos de asegurar la inscripción de un mínimo de 18.500 partidarios y los mínimos necesarios en sus respectivas circunscripciones locales. Además, el mínimo de un 40% de mujeres candidatas a los cargos parlamentarios acorta aún más las posibilidades de reelección de los parlamentarios incumbentes varones.

El paso de la liquidez a la fluidez política, tanto a nivel internacional como aquí en Chile,  tiene como criterio diferenciador a las posiciones ideológicas, económicas y políticas que los competidores políticos asuman frente al neo liberalismo.  Para lo cual es prudente establecer los rasgos distintivos de este modelo de producción y acumulación capitalista, así como modo de dominación política sobre la sociedad, de subordinación de los sujetos sociales, los usuarios, los consumidores, los clientes, etc. y de sometimiento a los sujetos políticos, las y los ciudadanos.

Como lo había previsto Marx en el desarrollo del capitalismo este llega a un punto en el cual el capital ya no puede hacer su reproducción ampliada en las actividades comerciales, productivas y financieras tradicionales, y debe hacerse cargo de otras actividades económicas y sociales; en lo económico concreto, en los negocios mismos,  el neoliberalismo consiste en entregar a la iniciativa privada la producción y distribución, la provisión, de diversos bienes públicos que históricamente han sido provistos por el Estado, tales como la provisión de salud, educación y seguridad social –antes de la Revolución Francesa estos eran (mal) provistos por la Iglesia-, eso que hoy llamamos los derechos sociales; también las obras públicas, la seguridad ciudadana, incluso la defensa nacional, la investigación científica, la cultura y las artes, etc. Todas estas prestaciones públicas que son parte de la legitimidad del Estado, del pacto entre este y la ciudadanía, son transferidos al sector privado, para asegurar la reproducción ampliada del capital. Además, el estado cede al sector privado la renta que percibe en representación de toda la nación por la explotación y uso de los recursos naturales, ya que esas concesiones “pagarán impuestos y generarán empleo”, aquellos con muchas  elusiones y evasiones, estos precarios.

En lo social el neoliberalismo construye un modelo populista individual, el capitalismo popular, icónicamente expresado en “todos seremos emprendedores”, ligado a la sobrevivencia de cada cual por su cuenta en un mundo donde las relaciones y los derechos laborales son reducidos al mínimo, toda relación laboral debe ser reducida a un contrato entre partes individuales: el contrato de trabajo es sustituido por el subcontrato y el contrato entre empresas. Los derechos colectivos son sustituidos por los derechos y los contratos individuales. Los bienes y servicios que tu produzcas debes de realizarlos en el mercado, tu fuerza de trabajo como mercancía ya no vale nada, hay mucha. El Estado y la alianza pública privada promueve y provee la capacitación y el financiamiento necesario al emprendimiento individual. La doctrina aquí es que el mercado provee, siempre y cuando sepas como y tengas la voluntad de hacerlo.

Para el neoliberalismo lo político no existe o no debe existir, en lo político el neoliberalismo no recurre a la monarquía por razones históricas, pero siempre ha recurrido al autoritarismo, el totalitarismo y a la tiranía o dictadura, pero por las inestabilidades de “gobernanza” que generan esos regímenes políticos, prefiere las democracias de los acuerdos, bipartidistas, binominales, con agentes altamente profesionalizados hasta llegar a constituir tecnocracias muy eficientes que transitan entre el sector público y privado de manera recurrente, ya que como dijo alguna vez Dean Rusk el Secretario de Estado de los EEUU: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para USA”. Además, los modelos económicos aplicables políticamente son diseñados,  aprobados y supervisados a nivel multilateral en el BM, FMI, BID, etc. En los últimos estertores del socialismo realmente (in)existente en la URSS la política fue considerada como un asunto técnico de administración del estado, el cual se derrumbó sin muchos estropicios de gobernanza, gracias a lo cual un ex agente de la KGB (Seguridad del Estado) reina hoy allí.

La monarquía es la máxima expresión de la concentración del poder político –El Príncipe de Maquiavelo- de allí en adelante el desarrollo político de occidente, luego devenido universal gracias al imperialismo, ha sido el proceso de redistribución del poder entre los diversos sujetos políticos: entre los nobles –la Carta Magna en la Inglaterra del siglo XIII-, entre los nacidos en el territorio –los Comunes de la Revolución Inglesa del siglo XVII-, entre los ciudadanos varones propietarios o contribuyentes –la Revolución Francesa del siglo XVIII-, entre los jóvenes, entre las mujeres, entre los extranjeros residentes, etc., gracias a las luchas del presente.

Pero los procesos de distribución del poder, de igualdad, reposan en última instancia y, por eso, tienen por propósito la equidad en la redistribución de la riqueza: sin equidad no hay igualdad; la reciprocidad entre lo entregado en la producción social es esperado como retribución por las y los ciudadanos. Como es sabido los procesos redistributivos son posibles por dos vías, ambas complementarias, la vía impositiva,  “los que tienen más paguen más y los que tienen menos paguen menos”, y mediante el mejoramiento del poder negociador de los trabajadores frente a los empleadores, el capital, para mejor redistribuir la riqueza en el proceso mismo de la producción, la negociación colectiva por ramas y el derecho de huelga –que es el derecho a suspender las actividades si no hay acuerdo en el reparto de la riqueza producida- son los instrumentos estratégicos para acordar una real redistribución del ingreso entre los trabajadores y los tenedores del capital.

El neoliberalismo amenazado señalará a cualquier propuesta anti neoliberal, a cualquier propuesta  redistributiva del ingreso, a cualquier propuesta  igualitaria en la satisfacción de los derechos sociales, como populista, ya que el único mundo posible es el neoliberal, esa es la post modernidad, la política de los acuerdos, el apoyo a los emprendedores, el papel subsidiario del estados en las prestaciones para dar cumplimiento a los derechos sociales, las AFPs en la seguridad social, las ISAPREs en la salud, etc., etc., etc. Si no se cumple con esas condiciones como castigo sobrevendrá la crisis, la caída en el ahorro y la inversión, el desempleo y la pobreza.

En general, el capitalismo ha sufrido muchas y variadas crisis de crecimiento, de reproducción ampliada de capital, que ha resuelto mediante la conquista imperial o grandes guerras mundiales para definir la hegemonía  -ver Piketty-, pero en la actualidad la crisis del capitalismo además de sus crisis de reproducción ampliada, de su crisis de inversión, tiene un conjunto de crisis globales, a decir verdad “la globalización” se expresa como un conjunto de crisis, al menos: 1)  una crisis medio ambiental o ecológica debido a que se toma de la naturaleza recursos a una velocidad mayor de la que esta tiene para reproducirse, la depredación, y se arroja a ella un conjunto de desechos mayores a los que ella puede procesar, la contaminación; 2) una crisis de inequidad donde el 1% de la población se queda con el 50% de la riqueza mundial, lo que restringe la amplitud y profundidad de los mercados, lo que no asegura la realización de los bienes y servicios que se producen: la crisis de los mercados; 3) todo  lo cual termina por crear una crisis política global, de gran inestabilidad y bajos niveles de representación para negociar, que se expresa como “populismo global”, “crisis global de migraciones”, “crimen organizado global” y “terrorismo global”.

El proceso de desmonte del neoliberalismo es ante todo un proceso político de redistribución igualitaria del poder, de la constitución de una democracia donde ninguna minoría tenga derecho a veto, donde el estado asuma plenamente sus funciones públicas de defensa de los interese de las grandes mayorías nacionales. El proceso de desmonte del neoliberalismo es en lo fiscal  recuperación de todos los recursos naturales nacionales para hacer de sus rentas un recurso público en beneficio de toda la nación; también, la imposición de las obligaciones tributarias en proporción a los ingresos percibidos, tanto por las personas naturales como por las jurídicas.  El proceso de desmonte del neoliberalismo en lo económico es la promoción y financiamiento de un modelo de desarrollo nacional que deje de ser extractivista y rentista, para desarrollar una industria nacional que agregue valor local a nuestros recursos naturales con el trabajo de las y los chilenos, así entonces participar de manera igualitaria en el mercado internacional. Estos deben ser los contenidos programáticos de un debate nacional que le devuelva a la política la fluidez que requiere y que las y los ciudadanos están demandando.

 

(Imagen: Retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud, para su nieto, el rey Felipe V de España, aunque finalmente el lienzo se quedó en Francia).

Declaración Sindicato nº1 Minera Escondida al cumplir 36 días de huelga

Reproducimos la declaración pública de los trabajadores de Minera Escondida, los que llevan más de un mes de huelga, enfrentando la intransigencia de la patronal, que amenaza con el lock out o cierre patronal.

 

Declaramos a la opinión pública nacional e internacional:

1.- Nuestro Sindicato ha mantenido 36 días una lucha en contra la transnacional minera más grande del mundo, la que ha tenido por principal causa defender los beneficios y condiciones logrados durante 26 años de esfuerzo sindical, evitar la profundización de la explotación y también impedir la discriminación de los jóvenes de este país que a futuro llegarán a trabajar a esta empresa.

2.- Se nos ha acusado de intransigentes por resistir de manera firme y decidida una inédita ofensiva patronal que busca maximizar las utilidades para inversionistas extranjeros a costa de las condiciones de los trabajadores chilenos.

3.- Esta lucha es un símbolo para todos los trabajadores de Chile, ya que si se doblega al Sindicato más fuerte del país, no habrá esperanzas para el resto de los trabajadores de que a través de la organización sindical con sus pares, se puede obtener el mejoramiento de las condiciones laborales.

4.- Minera Escondida ante la férrea defensa de nuestras conquistas históricas, ha iniciado una campaña de amedrentamiento hacia los trabajadores y sus familias. En esa lógica se inscriben las declaraciones de Marcelo Castillo, quien actúa por ahora como presidente interino de la Compañía, por las que amenaza que la empresa podría declarar un lock-out o cierre temporal, cuando nuestra legislación sólo contempla esta posibilidad dentro de los primeros 30 días de huelga.

Así también se están produciendo llamados a los trabajadores advirtiéndoles de despidos masivos si se mantiene la huelga.

Ayer de forma agresiva ejecutivos trataron de despejar el piquete de huelguistas en Coloso. Los trabajadores no cayeron en la provocación y se han mantenido pacíficos en todo momento.

La unidad férrea de los trabajadores se mantiene. Estamos y nos mantendremos firmes, unidos y dignos. Hoy el trabajador minero es un hombre educado y consciente de sus derechos que no caerá en la campaña de terror de la empresa.

5.- La empresa ha realizado invitaciones a dialogar, pero sistemáticamente no ha dado respuestas mínimas a las tres condiciones básicas planteadas por el Sindicato, pero responsabilizándonos, con el despliegue y apoyo comunicacional de medios de comunicación que solo logra el dinero.

6.- El Directorio del Sindicato ha decidido dar una vez más la oportunidad que la Compañía rectifique su posición sobre los tres puntos basales que nos impiden llegar a un acuerdo. Para ello el Sindicato en horas de la tarde del día de hoy, ha cursado una invitación a la empresa para que se firme a la brevedad un acta de acuerdo, en donde se establezca que las partes se avocarán exclusivamente a discutir los tres puntos basales. Si tal acta se suscribe, podremos de inmediato iniciar la discusión de las tres materias en cuestión.

Por nuestra parte hemos comprometido en esta invitación, que el resultado de las
conversaciones sobre los tres puntos será llevado a las asambleas de socios para que ellos definan la suficiencia de la misma. Creemos que la respuesta de la empresa determinará el curso de la negociación colectiva, sin descartar ninguna de las opciones que contempla nuestro procedimiento legal.

Estimamos como fundamental que haya un compromiso formal por parte de la empresa a centrar estas conversaciones en los tres puntos, con la seriedad debida, ya que esos son los temas sobre los cuales se puede construir cualquier acuerdo.

Todos los otros puntos, incluido el Bono de Término, son materias en que el Sindicato ha tenido y tendrá la voluntad de encontrar un punto de encuentro, pero sólo si somos capaces de resolver los tres puntos que nos impiden avanzar a un acuerdo.

7.- Esperamos que la compañía, quien ha declarado sus supuestas intenciones de dialogar y resolver lo antes posible esta huelga, acepte la invitación en los términos planteados.

En Antofagasta, Chile, a 16 de marzo de 2017.

Directorio del Sindicato N° 1 de Trabajadores de Minera Escondida.

Atria en Valparaíso

Entrevistamos  al precandidato presidencial del Partido Socialista, Fernando Atria. En la misma Atria nos cuenta su visión sobre la situación de la Nueva Mayoría, sun indeclinable candidatura y la homogeneidad de sus posiciones con las del Frente Amplio, referente que -indica- terminará ocupando un espacio común con el resto de la izquierda, PS y PC.

Interesante y esclarecedora nota, para el debate de la izquierda.

 

EP

 

Cuento de Ray Bradbury: «El enano»

AIMEE OBSERVÓ EL CIELO, serenamente.

La noche era una de esas noches de verano calurosas e inmóviles. El muelle de cemento estaba desierto; las lámparas eléctricas en hilera, rojas, verdes, amarillas, ardían como insectos en el aire sobre las maderas desnudas. Los encargados de los distintos kioscos de la feria estaban de pie, como muñecos de cera derretida, los ojos ciegamente fijos, sin hablar, todo a lo largo de la calle. Dos clientes habían pasado una hora antes. Esas dos criaturas solitarias estaban ahora en la rueda de la muerte, aullando cuando la rueda bajaba como una sonda en la noche encendida, dando vueltas y vueltas en el vacío.

Aimee cruzó lentamente la playa con unas gastadas anillas de madera pegadas a las manos húmedas. Se detuvo detrás de la casilla de billetes del Laberinto de Espejos. Se vio a sí misma grotescamente desfigurada en tres espejos ondulados fuera del Laberinto. Más allá, en el pasillo, se desvanecían mil fatigadas réplicas de sí misma: imágenes de calor entre tanta clara frescura.

Entró en la casilla y se quedó mirando largo rato el delgado pescuezo de Ralph Baughart. El hombre apretaba un cigarro apagado entre los dientes largos, amarillos e irregulares y extendía unos naipes gastados sobre el estante de la casilla.

Cuando la rueda de la muerte gimió y cayó otra vez en su terrible derrumbe, Aimee pensó que había llegado el momento de hablar.

—¿Qué clase de gente sube a la rueda?

Ralph Baughart mordisqueó el cigarro treinta segundos.

—Gente que quiere morir. Esa rueda es el aparato de muerte más accesible.— Baughart se quedó escuchando los débiles sonidos del rifle en la galería de tiro.— Todo este condenado negocio de la feria es una locura. Por ejemplo, ese enano, ¿lo viste? Todas las noches deja aquí su moneda y entra corriendo en el Laberinto de los Espejos y no para hasta el cuarto de Louies el Retorcido. Hubieras visto allí su cabecita de muñón. ¡Dios mío!

—Oh sí —dijo Aimee recordando—. Me pregunto siempre cómo se sentirá un enano. Me da lástima cada vez que lo veo.

—Podría arrugarlo como un acordeón.

—¡Por favor!

—Dios. —Ralph le palmeó un muslo a Aimee con la mano libre.— Cómo te preocupas por gentes que no conoces. —Meneó la cabeza y rió entre dientes.— El enano y su secreto. Sólo que él no sabe que yo sé, ¿entiendes? ¡Ah, muchacha!

Aimee sacudió nerviosamente los aros de madera que tenía en las manos húmedas.

—Hace calor esta noche.
—No cambies de tema. Vendrá, con lluvia o con sol.

Aimee se apoyó sobre el otro pie.

Ralph la tomó por el codo.

—¡Eh! ¿Estás loca? Quieres ver al enano, ¿no es cierto? ¡Quieta! —Ralph se volvió.— ¡Ahí viene!

La mano del enano, velluda y oscura, apareció como una mano independiente, y alcanzó la ventanilla con la moneda de plata.

—¡Una! —dijo la persona invisible, de aguda voz de niño.

Involuntariamente, Aimee se inclinó hacia adelante.

El enano la miró abriendo los ojos, y pareció como si fuese sólo un hombre feo, de pelo oscuro, ojos oscuros, que había sido metido en una prensa de uva, y estrujado y amasado, apretujado y plegado, agonía sobre agonía, hasta quedar reducido a una masa estropeada y descolorida, una cara abotagada e informe, una cara que despertará con los ojos muy abiertos a las dos, las tres y las cuatro de la mañana, derrumbada sobre la cama, mientras sólo el cuerpo duerme.

Ralph rompió en dos un billete amarillo.

—¡Una!

El enano, como asustado por una tormenta próxima, se subió las negras solapas de la chaqueta, cubriéndose el cuello, y se alejó rápidamente, balanceándose. Un momento después, diez mil enanos extraviados y errantes se retorcían en las superficies de los espejos, como frenéticas cucarachas oscuras, y al fin desaparecían.

—¡Deprisa!

Ralph empujó a Aimee a lo largo de un oscuro pasillo detrás de los espejos, palmeándole la espalda, retrocediendo por el túnel hasta un delgado tabique con un orificio.

—Es una maravilla —rió Ralph entre dientes—. Vamos…, mira. Aimee titubeó, luego acercó la cara al tabique.
—¿Lo ves? —susurró Ralph.

Aimee sintió cómo le golpeaba el corazón. Pasó un minuto. Allí estaba el enano, en medio del cuartillo azul. Tenía los ojos cerrados. Aún no estaba preparado para abrirlos. Ahora, ahora abrió los ojos y miró el espejo alto, y sonrió. Parpadeó, brincó, se puso de perfil, hizo una reverencia y bailó torpemente.

Y el espejo repitió todos los movimientos con un cuerpo alto y delgado, con una enorme mueca y una vasta repetición del baile, que terminó en un gigantesco saludo.

—Todas las noches lo mismo —susurró Ralph en el oído de Aimee—, ¿no es una maravilla?

Aimee volvió la cabeza y miró fijamente a Ralph, un largo rato, y no dijo nada. Luego, como si no pudiera dominarse, movió la cabeza lentamente, muy lentamente, para mirar otra vez por el orificio. Retuvo el aliento. Sintió que se le humedecían los ojos.

Ralph le dio un codazo, susurrando.

—Eh, ¿qué hace el tipejo ahora?

Una hora más tarde bebían café en la casilla de los billetes, sin mirarse, cuando el enano salió de los espejos. Se sacó el sombrero y se acercó a la casilla, pero cuando vio a Aimee se alejó rápidamente.

—Quería algo —dijo Aimee.

—Sí. —Ralph aplastó ociosamente el cigarrillo.— Y sé qué quería. Pero no se atrevió a preguntar. Una noche me dijo con esa vocecita chillona: «Apuesto a que esos espejos son caros». Bueno, me hice el tonto. Dije que sí, que eran caros. El enano me miró como esperando, y yo no abrí la boca y él se fue a su casa, pero a la noche siguiente dijo: «Apuesto a que esos espejos cuestan cincuenta, cien dólares». Apuesto a que sí, dije. Y tendí las cartas para un solitario.

—Ralph —dijo Aimee.
Ralph abrió los ojos.
—¿Por qué me miras de ese modo?
—Ralph, ¿por qué no le vendes uno de tus espejos extra?
—Oye, Aimee, ¿te digo yo cómo tienes que manejar tu galería de anillas? —¿Cuánto cuestan esos espejos?
—Puedo conseguirlos de segunda mano a treinta y cinco dólares.
—¿Por qué no le dices entonces dónde puede comprarse uno?

—Aimee, no eres inteligente. —Ralph puso una mano en la rodilla de Aimee. La muchacha apartó la rodilla.— Aunque le diga dónde puede ir, ¿crees que se comprará uno? Nunca. ¿Y por qué? Porque es orgulloso. Si supiera que yo lo veo delante del espejo, en el cuarto de Louies, no vendría nunca más. Finge que entra en el Laberinto para divertirse, como los otros. Pretende que no le importa ese cuarto especial. Espera siempre a que los negocios marchen más en la feria, en las últimas horas de la noche, y así tiene el cuarto para él solo. Sabe Dios con qué se entretiene los días que viene mucha gente. No, señor, no se atreverá a comprarse ningún espejo, en ninguna parte. No tiene amigos, y aunque los tuviera no les pediría que le compraran una cosa como ésa. Orgullo, por Dios, orgullo. Si me lo preguntó a mí es sólo porque no conoce prácticamente a ningún otro. Además, míralo: no tiene bastante para comprarse un espejo. Podría ahorrar, pero hoy no hay mucho sitio para un enano. No hay exceso de demanda, fuera de los circos.

—Me siento mal, me siento triste. —Aimee se quedó mirando la plataforma vacía.— ¿Dónde vive?

—En una trampa para moscas, cerca de los muelles. Los Brazos del Ganges. ¿Por qué?

—Estoy sencillamente enamorada de él, ya que lo preguntas. Ralph mostró los dientes que apretaban el cigarro.
—Tú y tus graciosísimos chistes.

Una noche cálida, una mañana calurosa y un mediodía ardiente. El mar era una lámina de lentejuelas y vidrio fundido.

Aimee llegó caminando por los callejones cerrados de la feria, a orillas del mar tibio, buscando la sombra, llevando bajo el brazo media docena de revistas blanqueadas por el sol. Abrió una puerta descascarada y llamó en la cálida oscuridad.

—¿Ralph? —Fue por el pasillo negro detrás de los espejos, taconeando sobre el piso de madera.—¿Ralph?

Alguien se movió perezosamente en el catre de lona.

—¿Aimee?

Ralph se sentó y enroscó una lámpara débil sobre la mesa de tocador.

Miró a Aimee, entornando los ojos.

—¡Eh! Pareces el gato que se comió al canario.

—Ralph, vine a hablarte del hombrecito.

—Del enano, querida Aimee, del enano. Un hombrecito nace así, pequeño. Un enano es cuestión de glándulas.

—¡Ralph! He descubierto algo maravilloso de ese , hombre.

—Dios santo —dijo Ralph mirándose las manos, abriéndolas como testigos de su propia incredulidad—. ¡Esta mujer! Quién diablos da dos centavos por un horrible…

—¡Ralph! —Aimee mostró las revistas. Le brillaban los ojos.— ¡Es un escritor! ¡Piénsalo!

—Hace demasiado calor para pensar.

Ralph se tendió en el catre y se quedó mirando a Aimee, sonriendo débilmente.

—Pasaba casualmente por Los Brazos del Ganges y lo vi al señor Greeley, el gerente. Me contó que en el cuarto del señor Big1 la máquina suena toda la noche.

Ralph estalló en carcajadas.

—¿Se llama así?

—Escribe cuentos policiales, y eso le alcanza para vivir. Encontré uno de sus cuentos en el kiosco de revistas de segunda mano, ¿y sabes una cosa, Ralph?

—Estoy cansado, Aimee.

—Este hombrecito tiene un alma del tamaño del mundo. ¡No le falta nada en la cabeza!

—¿Por qué no escribe entonces para revistas importantes, eh?

—Quizá porque tiene miedo. Quizá porque no sabe que puede. Ocurre a menudo. La gente no cree en sí misma. Pero apuesto a que si lo intentase podría venderle cuentos a cualquiera.

—¿Cómo no es rico?

1 Grande

—Quizá porque las ideas le vienen despacio, pues anda siempre deprimido. ¿Quién no lo estaría, siendo tan pequeño? Apuesto a que le cuesta dejar de pensar en que es pequeño y vive en una habitación barata.

—¡Diablos! —gruñó Ralph—. Hablas como la abuela de Florence Nightingale.

Aimee abrió la revista.

—Te leeré parte del cuento. Hay tiros y gente dura, pero está contado por un enano. Pienso que los editores no sospecharon que el autor no inventaba. Oh, por favor, no te quedes así, Ralph. Escucha.

Aimee empezó a leer en voz alta.

Soy un enano y soy un asesino. Ambos términos son inseparables. Soy un asesino porque soy un enano.

El hombre a quien yo asesiné acostumbraba detenerme en la calle cuando yo tenía veintiún años, me alzaba en brazos, me besaba la frente, me cantaba una canción de cuna, me llevaba a la carnicería, me ponía en la balanza y gritaba: «¡Mira, pesa menos que tu pulgar, carnicero!».

Ve usted cómo nuestras vidas se encaminaban al crimen. ¡Este idiota, este perseguidor de mi carne y de mi alma!

En cuanto a mi infancia: mis padres eran pequeños, pero no enanos de veras, de ningún modo. Vivíamos en la casa de mi padre, una casa de muñecas, algo asombroso que se parecía a una tarta de bodas coruscante: cuartitos, sillitas, cuadros en miniatura, camafeos, bolitas de ámbar con insectos dentro, todo minúsculo, ¡diminuto!

El mundo de los gigantes estaba lejos; era un rumor desagradable más allá de la pared del jardín. ¡Pobre papá! ¡Pobre mamá! Sólo querían lo mejor para mí. Me guardaban para ellos como un florero de porcelana pequeño y valioso, en ese mundo de hormigas, los cuartos de colmena, la biblioteca microscópica, el país de las puertas de escarabajo y ventanas de polilla. Sólo ahora entiendo la desmesurada psicosis de mis padres. Pensaban quizá que vivirían siempre, conservándome como una mariposa en una caja de vidrio. Pero primero murió mi padre, y luego un incendio devoró la casita, el nido de avispas, y todos los espejos de sellos postales y los armarios de dedal. Mamá también desapareció. Y yo, solo, mirando las brasas que se apagaban, me encontré arrojado a un mundo de monstruos y titanes, preso en el terreno resbaladizo de la verdad, arrastrado, empujado y aplastado al pie de la montaña.

Tardé un año en acostumbrarme. El trabajo en una feria parecía inconcebible. No encontraba sitio para mí en el mundo. Y luego, hace un mes, el Perseguidor entró en mi vida, me calzó un bonete en la cabeza inocente, y les gritó a los amigos: ¡Quiero presentarles a la mujercita!

Aimee dejó de leer. Miró a un lado y a otro. Le temblaba la mano, y le alcanzó a Ralph la revista.

—Termina tú. El resto es una historia policial. Está muy bien. Pero ¿no te das cuenta? Ese hombrecito…

Ralph tiró la revista a un lado y encendió perezosamente un cigarrillo.

—Prefiero las novelas del Oeste.

—Ralph, tienes que leerlo. Necesita que alguien le diga qué bueno es, y lo anime a escribir más.

Ralph miró a la muchacha, ladeando la cabeza.

—¿Y a que no sabes quién se lo dirá? Bueno, bueno. Ahora somos la mano derecha del Salvador.

—¡Cállate!

—Piensa un poco, maldición. Si lo elogias creerá que le tienes lástima. Te gritará y te echará del cuarto.

Aimee se sentó y pensó un momento, tratando de ver todas las caras del problema.

—No sé. Quizá tengas razón; oh, pero no es sólo lástima, de veras, Ralph. Aunque quizás a él le parezca eso. Habrá que tener mucho cuidado.

Ralph tomó a la muchacha por el hombro y la sacudió pellizcándola suavemente.

—Diablos, diablos. Déjalo. No te pido más. No sacarás nada en limpio, sólo dificultades. ¡Dios, Aimee, nunca te vi tan terca! Mira, pasemos el día juntos, tú y yo. Almorzamos, compramos gasolina y nos vamos por la costa lo más lejos posible; nadamos, cenamos, vemos algún buen espectáculo en un pueblo cualquiera… Al diablo con la feria. ¿Qué te parece? Todo un día sin preocupaciones. Tengo ahorrados un par de dólares…

—Claro, no puedo olvidar que él es diferente —dijo Aimee mirando la oscuridad—. Es algo que nosotros no seremos nunca, tú y yo, y toda la gente de la costa. Qué gracioso. La vida lo condenó a ser espectáculo de feria, y sin embargo ahí está, pisando tierra firme. Y la vida nos preparó a nosotros para que no tuviésemos que trabajar en las ferias, pero aquí estamos, sin embargo, en un muelle asomado al mar. A veces parece que nos encontramos a un millón de kilómetros de la costa. ¿Cómo se explica, Ralph, que nosotros tengamos los cuerpos y él el cerebro, y que se le ocurran cosas que nunca sospechamos?

—¡No oíste nada de lo que dije! —exclamó Ralph.

Aimee tenía los ojos entornados y retorcía las manos sobre el regazo. Alzó la cabeza hacia Ralph que se había puesto de pie, y hablaba como desde muy lejos:

—No me gusta esa expresión astuta que tienes.

Aimee abrió el bolso lentamente, sacó un rollo de billetes y se puso a contar.

—Treinta y cinco, cuarenta. Bien. Llamaré por teléfono a Billie Fine y le pediré que le mande uno de esos espejos altos al señor Bigelow, a Los Brazos del Ganges. Sí, lo haré.

—¿Qué dices?

—Piensa qué maravilloso será para él, Ralph, tenerlo en su propio cuarto, y mirarse cuantas veces quiera. ¿Puedo usar tu teléfono?

—Adelante, vuélvete loca.

Ralph se volvió rápidamente y se alejó por el túnel. Una puerta se cerró de golpe.

Aimee esperó; luego, al cabo de un rato, alargó la mano hacia el teléfono y empezó a llamar, con una lentitud dolorosa. Hacía una pausa entre un número y otro, conteniendo el aliento, cerrando los ojos, pensando cómo se sentiría uno siendo pequeño en el mundo, y que luego alguien le enviara a uno un espejo especial. Un espejo para el cuarto donde uno podía ocultarse con la propia imagen luminosa aumentada, y escribir cuentos y cuentos, sin salir al mundo sino cuando era indispensable. Cómo sería estar, sólo entonces, con toda la maravillosa ilusión en el cuarto. ¿Se sentiría uno feliz o triste? ¿Ayudaría eso a escribir, o sería un nuevo impedimento? Sacudió la cabeza hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás. De este modo por lo menos no habría ningún testigo espiando. Noche tras noche, quizá levantándose secretamente a las tres de la fría madrugada, uno podía guiñarse un ojo y bailar y sonreír y saludarse, alto, tan alto, tan hermoso y alto en el espejo brillante.

Una voz en el teléfono dijo: —Billie Fine.
—¡Oh, Billie! —gritó Aimee.

La noche cayó sobre el muelle. El océano yacía oscuro y ruidoso bajo las tablas. Ralph, frío y de cera en el ataúd de cristal —los ojos fijos y la boca dura—, echaba las cartas. Una pirámide de colillas crecía junto al codo del hombre. Cuando Aimee llegó a la luz caliente de las lámparas rojas y azules, sonriendo, saludando con la mano, Ralph siguió poniendo las cartas en la mesa, muy lentamente.

—¡Hola, Ralph! —dijo Aimee.

—¿Cómo anda ese asunto amoroso? —le preguntó Ralph sorbiendo un vaso sucio de agua helada—. ¿Cómo está Charles Boyer? ¿O es Cary Grant?

—Acabo de comprarme un sombrero nuevo —dijo la joven, sonriendo—. Dios, ¡qué bien me siento! ¿Sabes por qué? ¡Billie Fine le enviará un espejo mañana! ¿No te imaginas ya la carita del hombrecito?

—No tengo mucha imaginación.

—Oh, Dios mío, hablas como si fuera a casarme con él.

—¿Por qué no? Puedes llevarlo a todas partes en una maleta. La gente pregunta: ¿Dónde está tu marido? Y tú abres la valija y gritas: ¡Aquí está!, como si fuera una corneta de plata. Lo sacas del recipiente cuando te dé la gana, tocas una melodía, lo guardas de nuevo y le pones un cajón de arena en el porche de atrás.

—Me sentía tan bien… —dijo Aimee.

—El mundo es benévolo —dijo Ralph apretando la boca, sin mirarla—. Be— né—vo—lo. Supongo que todo esto empezó cuando yo lo espiaba por ese agujero, matándome de risa. ¿Por eso mandaste el espejo? La gente como tú me ronda siempre con músicas devotas, quitándome toda alegría.

—Recuérdame que no te visite nunca más, pidiéndote que me invites a una copa. Prefiero andar sola que mal acompañada.

Ralph emitió un largo suspiro.

—Aimee, Aimee. ¿No entiendes que no puedes ayudarlo? Está chiflado. Y esa ocurrencia disparatada que has tenido es como decirle: Adelante, sigue siendo un chiflado, yo te ayudaré.

—Es bueno equivocarse una vez en la vida, si crees que le haces bien a alguien —dijo Aimee.

—Dios me libre de los que hacen bien, Aimee.

—¡Basta, basta! —gritó Aimee, y en seguida calló.

Ralph guardó silencio unos minutos, y al fin se incorporó apartando el vaso donde había marcas de dedos.

—¿Me atiendes la casilla un rato?

—Claro, ¿por qué?

Aimee vio diez imágenes blancas y frías de Ralph que se alejaban por los pasillos vítreos, entre espejos, imágenes de bocas duras y dedos que se movían nerviosamente.

Se quedó sentada en la casilla un minuto, escuchando el tictac de un reloj, y luego, de pronto, se estremeció. Volvió los naipes cara arriba, uno a uno, esperando. Un martillo golpeaba una y otra vez, lejos, en el interior del Laberinto; un silencio, otra espera, y luego diez mil imágenes que se plegaban y desplegaban y desaparecían.

Ralph paseándose, mirando diez mil imágenes en la casilla. Aimee oyó la risa débil de Ralph que subía por la rampa.

—Bueno, ¿qué te ha puesto de tan buen humor? —preguntó, inquieta.

—Aimee —dijo Ralph descuidadamente—, no nos peleemos. ¿Dijiste que Billie Fine le mandará ese espejo al señor Big?

—No estarás planeando una broma.

—¿Yo? —Ralph sacó a Aimee de la casilla y tomó las cartas, canturreando, con los ojos brillantes.— No yo, oh no, no yo.

No la miró y se puso a barajar los naipes, rápidamente.

Aimee se quedó detrás de Ralph, y sintió un temblor en el párpado derecho. Cruzó y descruzó los brazos. Pasó un minuto. No se oían otros sonidos que el del océano debajo del muelle, la respiración de Ralph, el susurro de las cartas. Había calor en el cielo, y nubes espesas. Lejos, sobre el mar, asomaban los relámpagos.

—Ralph —dijo Aimee al fin.
—Calma, Aimee —dijo Ralph.
—¿Y el paseo que querías hacer por la costa?

—Mañana —dijo Ralph—. Quizás el mes próximo. Quizás el año próximo. El viejo Ralph Baughart tiene mucha paciencia. No estoy preocupado, Aimee, mira. — Extendió una mano.— Estoy tranquilo.

Aimee esperó a que el estruendo de un trueno se apagara sobre el mar.

—No quiero que te enojes, eso es todo. No quiero que pase nada malo, prométemelo.

El viento, ya caliente, ya frío, sopló a lo largo del muelle, trayendo un olor de lluvia. Se oyó el tictac del reloj. Aimee empezó a transpirar pesadamente, mirando cómo los naipes se movían y movían. A la distancia se oía el ruido de los proyectiles que daban en los blancos y los disparos de las pistolas en la galería.

Y entonces apareció.

Moviéndose como un pato, a lo largo del solitario concurso, bajo las lámparas de insectos, la cara retorcida y oscura, caminando trabajosamente. Avanzó así largo rato, observado por Aimee. La muchacha quería decirle: Es tu última noche, la última vez que sufrirás viniendo aquí, la última vez que Ralph te espiará. Tenía ganas de gritar y reírse y decírselo a Ralph en la cara. Pero calló.

—¡Hola, hola! —gritó Ralph—. ¡Hoy invita la casa! ¡Esta noche, gratis! ¡Función especial para los viejos clientes!

El enano alzó la cabeza, sorprendido, volviendo a un lado y a otro los ojos negros, confuso. Los labios se le movieron formando la palabra gracias, y se fue llevándose una mano al cuello, tironeándose de las solapitas, alzándolas para cubrirse la garganta convulsa y apretando secretamente la moneda con la otra mano. Mirando hacia atrás, asintió con un leve movimiento de cabeza, y en seguida una docena de caras reducidas y torturadas ardieron con un color oscuro y raro a la luz de las lámparas, y erraron por los corredores de vidrio.

—Ralph —Aimee lo tomó por el brazo—. ¿Qué pasa? Ralph mostró los dientes.
—Estoy siendo benévolo, Aimee. Benévolo.
—Ralph —dijo Aimee.

—Calla —dijo Ralph—. Escucha.
Esperaron dentro de la casilla en el silencio largo y cálido. Luego, lejos, apagado, un grito.
—¡Ralph! —dijo Aimee.
—¡Escucha! ¡Escucha! —dijo Ralph.

Hubo otro grito, y otro y luego otro, y una sacudida y un golpe y una rotura, y una huida por el laberinto. Allí, allí, chocando y rebotando, de espejo en espejo, chillando histéricamente y sollozando, con lágrimas en la cara, boquiabierto y jadeante, apareció el señor Bigelow. Salió de pronto al aire ardiente de la noche, mirando alrededor desordenadamente, lloriqueó y corrió muelle abajo.

—Ralph, ¿qué ocurrió?

Ralph se sentó riéndose y palmoteándose los muslos. Aimee lo abofeteó. —¿Qué hiciste?
Ralph reía, ahora entre dientes.
—Vamos. Te mostraré.

Y Aimee entró en el laberinto, y corrió entre los espejos calientes y blancos, mirándose la pintura de los labios, como un ruego rojo que se repetía mil veces en ardientes cavernas de plata, donde mujeres histéricas y raras, muy parecidas a ella misma, seguían a un hombre sonriente y rápido.

—¡Vamos! —gritaba el hombre.
Y los dos llegaron a un cuartito que olía a polvo. —¡Ralph! —dijo Aimee.

Los dos se detuvieron en el umbral del cuartito donde había estado el enano todas las noches, un año entero. Los dos se detuvieron donde el enano se había detenido todas las noches, antes de abrir los ojos y ver enfrente aquella imagen maravillosa.

Aimee entró lentamente, arrastrando los pies, en el cuartito sombrío.

Habían cambiado el espejo.

En el espejo nuevo la gente normal era pequeña, pequeña, pequeña; incluso la gente alta parecía pequeña y oscura y se encogía cada vez más cuando uno avanzaba, y Aimee se quedó allí pensando y pensando que si la gente grande parecía allí pequeña, Dios, qué le había hecho el espejo a un enano oscuro, a un enano sorprendido y solitario.

Se volvió trastabillando. Ralph la miró.
—Ralph —dijo la muchacha—. Dios, ¿por qué lo hiciste? —¡Aimee, vuelve!

Aimee escapó entre los espejos, llorando. Las lágrimas le nublaban los ojos y le costó encontrar la puerta, pero al fin salió. Miró parpadeando el muelle desierto, echó a correr en una dirección y luego en otra, y al fin se detuvo. Ralph apareció detrás, hablando, pero era como una voz que venía del otro lado de un muro, tarde, de noche, remota y extranjera.

—No me hables —dijo Aimee.

Alguien llegó corriendo por el muelle. Era el señor Kelly, de la galería de tiro.

—Eh, ¿no vieron a un hombrecito? ¡Acaba de robarme una pistola, cargada, y escapó antes que yo le pusiera la mano encima! ¿No me ayudan a buscarlo?

Y Kelly se fue de prisa, volviendo la cabeza, mirando entre las tiendas de lona, y desapareció bajo las lámparas brillantes, azules, rojas y amarillas.

Aimee se balanceó hacia adelante y hacia atrás y dio un paso.

—Aimee, ¿adonde vas?

Aimee miró a Ralph como si acabaran de doblar una esquina, dos extraños que pasan y chocan.

—Me parece —dijo— que voy a ayudar a buscar.

—No podrás hacer nada.

—Trataré, de todos modos. Oh, Dios, Ralph, todo esto es por mi culpa. ¡No debí telefonearle a Billie Fine! No debí encargarle el espejo, y enojarte tanto como para que hicieras lo que hiciste. No debí ir a la habitación del señor Big, ni comprar esa cosa loca. Voy a encontrarlo, aunque sea lo último que yo pueda hacer en la vida.

Volviéndose lentamente, con las mejillas húmedas, vio los espejos ondulados que se alzaban frente al Laberinto. La imagen de Ralph se reflejaba en un espejo, y Aimee no podía apartar los ojos. Miraba con una desaprensiva y temblorosa fascinación, boquiabierta.

—Aimee, ¿qué ocurre? ¿Qué estás…?
Ralph torció el cuerpo mirando hacia donde miraba Aimee. Se sobresaltó. Frunció el ceño ante el espejo enceguecedor.

Un hombrecito feo, horrible, de medio metro de alto, de cara pálida y aplastada bajo un viejo sombrero de paja, le devolvió la mirada frunciendo el ceño. Ralph se quedó allí inmóvil, mirándose fijamente, furioso, las manos caídas a los costados.

Aimee caminó lentamente, y luego apresuró el paso, y luego echó a correr. Corrió por el muelle desierto. El viento caliente sopló, echándole encima gotas de lluvia cálida, continuamente, mientras ella corría.

Situación previsional de la mujer en Chile

Mujeres y pensiones, una realidad sólo corregible con la solidaridad de género e intergeneracional.-

  1. Las cifras de la previsión privada sobre la mujer trabajadora.

Las pensiones para las mujeres en el actual sistema privado resultan particularmente dañinas. Estos resultados ya se avizoraban deficitarios hacia el año 2002 por la DIPRES, de modo que no fue difícil proyectar las pensiones en base a un aporte estatal progresivo. Mesa Lago (et. al), mostraban lo que llamaban ‘tasa de sustitución en el sistema privado’, del 35 por ciento para las mujeres que se retiran a los 65 años, y del 46 por ciento para los hombres en igual edad. Agregaban que el 35 por ciento de las mujeres que tenían 40-45 años en el año 2004 percibiría una pensión inferior a la pensión asistencial, mientras que un 10 por ciento adicional recibiría una pensión mayor que la asistencial pero por debajo de la pensión mínima; por tanto, el 45 por ciento cobraría una pensión menor que la mínima[1].

Los cálculos desde la DIPRES si bien acertados, sin embargo fueron insuficientes.

La realidad es que un 66% de los trabajadores en Chile, con una gran mayoría de mujeres trabajadoras en ese universo, reciben pensiones bajo las 6 UF, vale decir, bajo la mitad de la PMAS, e incluso bajo las ya muy bajas tasas de reemplazo que se avizoraban para el sistema privado por los autores citados.

Entenderemos por Tasa de Reemplazo, el porcentaje del salario promedio de los últimos diez años de trabajo, que reemplaza la pensión.

La Comisión Presidencial de 2015, ratifica que tras los esfuerzos fiscales de carácter solidario, se encuadra una modalidad de pensiones totalmente deficitaria, diríase innecesaria, el Retiro Programado, lo que indudablemente cuestiona toda la columna vertebral del sistema privado, donde se radican las pensiones pobres especialmente de mujeres[2].

Esta verdad aplica incluso en los ingresos medios y altos, en salarios medio, pero especialmente en la población de bajos ingresos, donde el sistema golpea pagando bajos beneficios, incurriendo en los mismos altos costos de comisiones, que igualmente influyen en las bajas tasas de reemplazo en Chile.

No obstante, debemos decir que la TR de reemplazo en Chile es menor, cuanto mayor son los ingresos, y en los ingresos bajos y medios, golpea en silencio entregando la población al Pilar Solidario, donde se asigna un subsidio calculado de tal modo, que las pensiones decrecientes del Retiro Programado, al tocarla línea de la pobreza, sean mantenidas en ese límite por el subsidio estatal.

Para explicar estos antecedentes, partiremos por revisar la población trabajadora cotizante según tramos de ingresos definidos por la metodología de la OECD en el siguiente cuadro.

CUADRO Nº 1: NUMERO DE COTIZANTES POR NIVEL DE INGRESOS OECD

 0,511,52TOPE
HOMBRE861.1671.114.579418.582654.655242.713
MUJER571.342900.996320.328177.86299.887

SIENDO 1 NIVEL INGRESOS PROMEDIO BASE SP DE $ 735.000

ELABORACION PROPIA CONFORME DATOS DE SP y OECD [3]

Este resultado estadístico aplicado, lo expresaremos en base porcentual, para verificar el alcance de la metodología de la OECD, en término de totales de trabajadores cotizantes por tramo de ingresos.

GRAFICO N°1: DISTRIBUCION PORCENTUAL DE COTIZANTES POR NIVEL DE INGRESOS Y GENERO.

HOMBRESMUJERES

ELABORACION PROPIA CONFORME CUADRO ANTERIOR

Donde observamos que al aplicar la metodología OECD al promedio de ingreso salarial de la base estadística de la SP, confirmamos que el 60% de los trabajadores hombres en Chile se ubican bajo el promedio (1) de 735 mil pesos de ingreso; mientras en el caso de las mujeres, el 71% de las trabajadoras se encuentran bajo el nivel (1) promedio de ingresos de $ 622 mil pesos de la base estadística.

Esta base salarial, determina una TR, vale decir, un porcentaje de sustitución de ingresos salariales, por pensión, igualmente ya estudiada por la OECD para Chile, que expresamos a continuación.

CUADRO N° 18: TASA DE REEMPLAZO AFP EN PESOS, EUROS Y UF SEGÚN TRAMOS DE INGRESOS OECD 2015.

Relación            NIVEL INGRESO OECD  
Ingresos con  HOMBRES (*)  
T de R0,50,7511,523
$ (miles)3675517351.1021.4702205
EUROS4897349801.4691.9602940
UF14,120,928,239,956,484
%TR OECD39,433,932,832,932,932,9
PENSION UF5,579,213,118,527,6
Pensión Euros192245322458647966
$ miles144183241343485724
   MUJERES(**)  
$ (miles)31146562293312441.866
EUROS4146208291.2441.6582.488
UF11,917,723,635,547,371
%TR OECD36,731,128,828,828,828,8
PENSION UF4,35,56,810,213,620,4
Euros150192238357476714
$ miles112144178267357535

INGRESO IMPONIBLE PROMEDIO:

HOMBRES (*)http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/.si.php?id=inf_estadistica/aficot/trimestral/2016/03/33B.html

MUJERES (**)http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/.si.php?id=inf_estadistica/aficot/trimestral/2016/03/34B.html

Elaboración propia a partir de cuadro anterior en relación a ingreso medio calculado conforme estos links asociados.

Donde observamos no sólo las pensiones pobres para mujeres, que en un 70% están bajo las 6,8 UF, o 178 mil pesos, sino también el deterioro de las pensiones en los rangos más altos de ingresos, siendo quienes tienen mayor daño previsional. El modelo, obtiene una alta ganancia de estos saldos. El retorno en estos tramos en torno a un tercio del salario del trabajador.

En los rangos medios y medios bajos, el sistema señala estar protegido por el subsidio estatal solidario decretado en la pomposa reforma del año 2008. Sin embargo, este subsidio ya resultó ser ineficaz, lo que obligó a citar a la comisión presidencial de expertos de 2015, y pese al aumento de cobertura solidaria desde la reforma de 2008, la población empobrecida por las bajas pensiones, se ubica en todos los tramos de ingresos.

No obstante, estas cifras de la OECD, son factores promedio, que nos sirven solo para explicitar una base de análisis, puesto que al llevar los datos promedio, a las cifras reales de comportamiento del sistema privado, nos encontraremos con sorpresas.

Veremos a continuación, cómo se expresan estos montos en ingresos efectivos por pensiones, en el “modelo” chileno.

Los siguientes son los rendimientos reales y estructurales del régimen de RP y RV según la base estadística de montos de pensiones de la SP (se excluyen, en ambos casos, los montos pagados por pensiones por invalidez, orfandad y viudez). Primeramente revisamos las pensiones pagadas por las AFP, de Retiro Programado (RP).

CUADRO N° 2: RETIROS PROGRAMADOS AFP A JULIO 2015 [4]

 RP VEJEZRP VEJEZ ANTICIPADA 
TRAMOS DE PENSIONESHOMBREMUJERHOMBREMUJERTOTAL
+0.0-3.026.35844.75668616971.969
+3.0-4.027.11775.1751.422468104.182
+4.0-6.050.84355.1115.5122.022113.488
+6.0-8.04.2143.0381.5975019.350
+8.0-12.02.7943.7361.7965058.831
+12.0-42.06.6035.5597.45081820.430
+42.02.0871691.450463.752
TOTAL120.016187.54419.9134.529332.002

Donde podemos observar que la distribución de hasta 4 UF de pensiones, la mujer tiene la mayor distribución, que completa un 64% de pensiones. Agregado el segmento siguiente, de 4 a 6 UF, obtenemos un 93.3% de la mujer jubilada por AFP en Chile, tiene una jubilación menor a 6 UF (€ 210; $ 156.000).

En los hombres a su vez, el 89,2% equivalente a 104.318 trabajadores, de un total de 120.016, se pensionan con menos de UF 6 al mes.

En consecuencia, más de un 90% de pensiones pagas por las AFP son menores a 6 UF.

Si consideramos que la Pensión de Referencia PAFE, está en el rango sobre 12 UF, € 420, que superan el equivalente a la PMAS (UF 11,8), en consecuencia toda la población pensionada en Chile bajo esta modalidad, califica para Aportes Solidarios.

Por ello se requiere la reforma urgente de salida a esta crisis de las pensiones pobres, que, como ya sabemos, el gobierno demora, desde que en el actual sistema privado, no existe solución a este problema, que requiere por ello la urgente reforma de reparto que propone nuestro movimiento.

Pero sigamos revisando las pensiones privadas. El sistema, presenta un caballito de batalla como viable para su mantención, en las Rentas Vitalicias. Revisamos a continuación cual es la realidad en esta modalidad de pensión.

CUADRO N° 3: RENTA VITALICIA, MONTOS PENSION EN UF[5]

TRAMOS DE PENSIONES EN UFPENSIÓN DE VEJEZ EDADPENSIÓN DE VEJEZ ANTICIPADA
HOMBREMUJERTOTALHOMBREMUJERTOTAL
+0.0-3.041921663578562847
+3.0-4.05.2523.0768.32811.1771.93113.108
+4.0-6.020.94211.95532.89759.91510.12470.039
+6.0-8.010.1988.38218.58026.4874.50930.996
+8.0-12.09.39511.65921.05424.8244.42529.249
SUBTOTAL45.78735.07280.859122.40320.989143.392
%  71,40%  75,30%
+12.0-42.014.60214.28828.89039.0765.31444.390
+42.01.9512542.2051.596591.655
TOTAL62.75949.830112.589163.86026.424190.284

Donde podemos observar que en esta modalidad de pensión, también la mayor parte de las pensiones se encuentra bajo la PMAS, en un 71,4% por vejez edad, y en 75,3% en vejez anticipada.

Las pensiones por RV están castigando también las pensiones de los ingresos y saldos más altos en Chile, especialmente en la modalidad por vejez anticipada, que por financiar un período de tiempo mayor al de vejez edad, alcanzan los mayores SALDOS, constituyendo como hemos anticipado, el más suculento de los mercados de pensiones. Esta lógica hace altamente regresiva la pensión anticipada de RV, que va en contra de todas las recomendaciones de jubilar con mayor edad por la longevidad creciente en la Humanidad.

Todo lo contrario de lo propuesto por esta lógica de longevidad, el sistema privado chileno incentiva la jubilación anticipada, castigando fuertemente la calidad de la pensión de ese trabajador que, de seguir contribuyendo podría generar una pensión mejor.

La captación anticipada de saldos, antes de la edad legal de jubilación, demuestra que la intención de la ‘industria’, no va para nada en línea con la noción de envejecimiento de la población y la necesidad concomitante de elevar la edad de jubilación. Antes bien, según venimos relacionando, desde 10 años antes de la edad legal de jubilación se comienzan los estudios actuariales de jubilaciones anticipadas, que ignoran por completo todo el tinglado de estudios que las mismas entidades sugieren para el grueso de la población trabajadora, por cierto, ajena a este selecto grupo de las pensiones anticipadas.

  1. Los cálculos del subsidio estatal, Origen y actualidad.

Dos son los elementos que determinan una dependencia histórica del sistema privado respecto del primer pilar, estatal, o solidario como se le ha denominado en Chile.

Primero, el consabido costo de transición, que consiste en el costo fiscal de financiación de las pensiones, respecto de las contribuciones efectuadas por el trabajador durante su permanencia en las Cajas precedentes. Y segundo, el complemento de pensiones pagado por el Estado para alcanzar el monto de una pensión mínima de sobrevivencia, como línea de base de la pensión de un trabajador sin la densidad de cotizaciones suficiente para gestionar una pensión autofinanciada, y aún en este caso, cuando conforme a la ficha de protección social, su puntaje lo ubique dentro del 60% de quintiles de más pobreza en el país.

Iremos descomponiendo ambos elementos de soporte solidario o estatal, el costo fiscal de transición y el aporte solidario, especificando esta dependencia sistémica del modelo privado, y sus implicancias como tal modelo.

Al privatizar las pensiones, el Estado suprimió todas las corporaciones sin fines de lucro, denominadas Cajas de Previsión en Chile, creando al efecto un órgano público denominado Instituto de Normalización previsional, que fusiona todas las cajas, administrando en lo sucesivo, el erario de las mismas, con cargo al presupuesto fiscal.

Lo primero que resulta paradójico, es que teniendo estas cajas su propio patrimonio, no es este patrimonio fusionado el que se administra en lo sucesivo por el Estado para pagar las futuras pensiones de los trabajadores, sino que su costo se carga a impuestos generales, por lo que es un costo fiscal.

Este costo genera un déficit fiscal, que los agoreros del sistema, sin tapujos, se animan siempre a explicar. Schmidt Hebbel precisa “Este déficit tiene dos componentes: el déficit operacional, causado por la desviación de las contribuciones de los imponentes activos que cambian su afiliación al sistema de capitalización y el déficit de reconocimiento, causado por la transferencia de recursos estatales a los pensionados bajo el nuevo sistema de capitalización en reconocimiento de sus aportes históricos al sistema de reparto”[6].

Arenas de Mesa incorpora dos elementos adicionales a este cálculo, que preocupaban en la proyección fiscal al regreso de la democracia “La transición previsional –desde un esquema de reparto a otro de capitalización individual– dejó al Estado encargado tanto de la supervisión y fiscalización del sistema de pensiones de AFP como de un rol en la administración y pago de los beneficios del antiguo sistema público civil de pensiones; la administración, cálculo y pago de los Bonos de Reconocimiento; la administración y pago de las pensiones del esquema público previsional de las Fuerzas Armadas y de Carabineros; la administración y pago de la GEPM del sistema de AFP; y la administración del sistema público asistencial, que provee de pensiones no contributivas a los indigentes y personas carentes de previsión”[7].

La GEPM (Garantía Estatal de Pensiones Mínimas) proviene de una ley que se dirige exclusivamente a las pensiones de obreros en Chile, la ley 15.386, que estableció un Fondo de Revalorización de Pensiones para financiar un régimen de pensiones mínimas, el cual fue aprovechado por el sistema privado, en pro de que las pensiones privadas bajo el mínimo estatal, se hacen beneficiarias de los sistemas públicos[8]. Señala el artículo 26 de la norma: » Artículo 1°-Créase el Fondo de Revalorización de Pensiones, que tendrá por objeto financiar un régimen de pensiones mínimas, compensar el deterioro sufrido por las pensiones de regímenes previsionales a causa de la desvalorización monetaria y mantener sus montos revalorizados de acuerdo con las disposiciones establecidas en esta ley[9]. [10].

Establecía la norma de reparto, un beneficio sólo a los obreros del SSS, cuyas cotizaciones no alcanzaban a cubrir la pensión de referencia exigida por ese régimen previsional, de manera que para no perder todas sus cotizaciones, se aprovechaban en lo que sirviera para financiar una pensión, cubriendo el SALDO hasta la PMGE, el Estado.

Esta norma propia, por su naturaleza de un sistema de reparto, se aplica directamente desde 1982 al sistema privado, según expresa la Circular N° 132, conjunta de la SAFP y la SVS, que en sus aspectos principales señala: “Ref.: Procedimientos para el pago de cuotas de garantía estatal por Tesorería General de la República. 1.- De acuerdo al D.L. 3.500 de 1980. y al D.S. N° 50 de 1981, ambos del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, el Estado pagará la garantía estatal a la Administradora de Fondos de Pensiones o a la Compañía de Seguros que corresponda, en caso que las pensiones de invalidez, vejez y sobrevivencia determinadas de acuerdo a los cuerpos legales señalados, resultaren inferiores a la pensión mínima a que se refieren los incisos primero y segundo del Art.26 de la Ley 15.386”[11].

Estando esta norma adaptada desde temprano al sistema privado, hacia 1998 se reactualiza con permanentes ajustes desde la esfera administrativa del sistema, adaptándola a cubrir las pensiones mínimas que paga, mientras se opta desde la presidencia por liberalizar de modo definitivo la gestión de los fondos privados, como medio de paliar los déficits planteados al déficit operacional del Estado. Mientras, los déficits de dependencia con el Estado aumentan así su densidad, mientras tratan de mejorar su rendimiento vía inversión creciente de fondos en mecanismos aún más liberales.

La reforma solidaria del año 2008, abordó este futuro deterioro de pensiones pobres, concentrándose en los quintiles equivalentes al 60% más pobre de la población, como política de contención de extrema pobreza.

No avanzó sin embargo en precisar el porqué de la mala calidad de las pensiones en Chile, en notoria disonancia con una gran propaganda de grades rentabilidades de fondos en los mercados de dinero. Sin embargo, puso de relieve el deterioro de la calidad de vida de los pensionados, y de las pensiones propiamente tal en Chile.

Por un lado entonces, se sostiene el aparato privado subsidiando las pensiones más pobres con una pensión al límite de la línea de pobreza, indicador que no puede superar el país. Por otro, sin embargo, se destinan cifras que superan en diez veces la inversión estatal en corregir el modelo. Hay por ende espacio suficiente para sostener mejores pensiones sin recurrir a gravar al Estado y a los impuestos de la nación.

El uso de las pensiones garantizadas del régimen de obreros de la caja de seguro social precedente, Ley 15.836, para delinear las pensiones mínimas del régimen privado, actualmente, demuestra que no existe un sistema privado propiamente tal, sino que desde el inicio estableció una dependencia sistémica del régimen de reparto, la que sigue usufructuando con más fuerza cada vez, aprovechando la estructura del modelo de reparto presente.

Así, las pensiones privadas desde el tercer gobierno democrático de transición, quedan definitivamente asociadas a esta lógica de reparto, sin atender a los graves problemas estructurales que este sistema desarrollaba hacia estas fechas, subsidiando con las pensiones mínimas, por un lado, y perjudicando gravemente las pensiones de trabajadores de salarios medios altos y altos. Ello desde que asume, además, pagar las pensiones en un mercado laboral afectos a enormes presiones de flexibilidad laboral y por ende lagunas.

Los siguientes son los montos a la fecha pagados en Chile como pensiones estatales, garantizadas, asistenciales y solidarias, conforme a esta Ley 15.836, derivada del sistema de reparto, que regula el sistema solidario.

CUADRO Nº 26: PENSIONES ESTATALES: ASISTENCIALES, GARANTIZADAS, SOLIDARIAS Y DE REPARTO, JULIO 2015 [12].

PENSIONES MINIMAS del Art. 26 Ley Nº 15.386Menores de 70 años70 años y más, pero menores de 7575 años de edad y más
Vejez, invalidez, años de servicios y otras jubilaciones$ 128.493.85$ 140.498,14$ 149.906,78
Viudez, sin hijos$ 83.384.14$ 104.042,59$ 104.042,59
Viudez con hijos$ 69.748.75$   89.843,36$   89.843,36
Orfandad y otros sobrevivientes$ 19.274.08$   19.274,08$   19.274,08
Madre de los hijos de filiación no matrimonial, sin hijos$ 50.030.47$   69.335,65$   69.335,65
Madre de los hijos de filiación no matrimonial, con hijos$ 41.849.28$   60.816,24$ 60.816,24
PENSIONES ASISTENCIALES del Art. 27 Ley Nº 15.386Menores de 70 años70 años y más, pero menores de 7575 años de edad y más
Vejez e invalidez$   72.106,68$ 140.498,14$ 149.906,78
Viudez sin hijos$   41.692,09$   41.692,09$   41.692,09
Viudez con hijos$   34.874,39$   34.874,39$   34.874,39
Orfandad$     9.637,04$     9.637,04$     9.637,04
PENSIONES ESPECIALES Art. 39 Ley Nº 10.662
Vejez e invalidez$   40.988,81$   99.595.41 
Viudez$   28.354,14$   42.965.10 
Orfandad$     6.148,35$     6.148,35 
PENSIONES BÁSICAS SOLIDARIAS
(A partir del 1º de Julio de 2015)
Monto básico$     89.764
APORTE PREVISIONAL SOLIDARIO
(A partir del 1º de Julio de 2015)
Pensión máxima con Aporte Solidario$    291.778*
SUBSIDIO DISCAPACIDAD MENTAL
Monto básico a partir del 1º de Enero de 2016$      64.272.82
CAJAS DE PREVISION – IPS
Monto Desahucio ex Caja de Empleados Particulares a partir del 1° de Enero de 2016$    3.279.974
LIMITE MAXIMO INICIAL DE PENSIONES DE CAJAS DE PREVISION – IPS$    1.199.669
  • Asciende a $ 304.062 a septiembre de 2016[13]

La encuesta CASEN, instrumento cada vez mejor construido para caracterizar la pobreza, con metodología modificada el 2015, califica la ponderación sobre la línea de la pobreza como sigue: “El valor de la línea de pobreza obtenida al aplicar la metodología presentada alcanza $368.389 en abril de 2012, para el hogar promedio del grupo de referencia (de 4,43 personas). Por persona equivalente, la línea de pobreza era de $129,964 en abril 2012. En cuanto a la línea de pobreza extrema, su valor equivale a dos tercios de la línea de pobreza, lo que es cercano al gasto que realizan los hogares del grupo de referencia en alimentación, vivienda y vestuario. Se estima en $86.643 en abril 2012, para el hogar del grupo de referencia (de un tamaño promedio de 4,43 personas). La utilización de escalas de equivalencia implica, en vez de tener una única línea de pobreza y de pobreza extrema, expresada en valores per cápita, distintas líneas de pobreza y de pobreza extrema, cuyos valores dependen del tamaño del hogar”[14].

Pues es este valor de línea de la pobreza el que se encarga de suplir el Estado hoy para las pensiones pobres del sistema privado, mientras este sistema se jacta de tener invertidos alrededor de US$ 170 mil millones, pagando sin embargo pensiones miserables, estando radicados estos enormes fondos en empresas que lucran con ellos, hablamos de bancos, inmobiliarias, las mismas afp y cias de seguros, y los grupos financieros del retail y la bolsa, que financian y refinancian sus proyectos de super explotación con estos fondos, mientras mantienen en la línea de la pobreza al 96% de la mujer trabajadora.

Sólo nuestro proyecto de reforma solidaria y de reparto, aplicado en toda la OECD menos México y Chile, es capaz de revertir esta maniobra de capitalismo extremo en Chile, y garantizar a su vez, un programa de desarrollo que termine con la desigualdad y explotación extrema en Chile.

[1] Ver MESA LAGO (2006) Protección social en Chile: Reformas para mejorar la equidad. Revista Internacional del Trabajo, vol. 127 (2008), núm. 4. P.23. En http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/proteccion_social_en_chile.pdf

[2] COMISION PRESIDENCIAL DE PENSIONES 2015: RESULTADO DEL SISTEMA DE PENSIONES. COBERTURA Y EFICIENCIA. ANTECEDENTES DEL INFORME FINAL: CAP. 4. En: http://www.comision-pensiones.cl/Documentos/Capitulo?nombre=fgAvAEMAbwBuAHQAZQBuAHQALwBJAG0AYQBnAGUAbgBlAHMALwBDAGEAcABpAHQAdQBsAG8AcwAvAEMAQQBQAF8ANAAuAHAAZABmAA%3D%3D

[3] http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/.sc.php?_cid=14:HOMBRES OPCION Número de cotizantes hombres por ingreso imponible y AFP. MUJERES OPCION Número de cotizantes mujeres por ingreso imponible y AFP.

[4] http://www.safp.cl/safpstats/stats/.si.php?id=inf_estadistica/afipen/mensual/t096.html

[5] http://www.safp.cl/safpstats/stats/.sc.php?_cid=45 OPCION Número y monto promedio en U.F. de las pensiones pagadas por Rentas Vitalicias en el Sistema Previsional (anuales)

[6] SCHMIDT HEBBEL Klaus; BENNETT Hermann (2001) Déficit Previsional del sector público y garantía de pension minima. En http://si2.bcentral.cl/public/pdf/revista-economia/2001/dic2001/Notas_01diciembre2001.pdf P.3

[7] ARENAS DE MESA, Alberto (2005), “Historia de la Reforma Previsional chilena. Una experiencia exitosa de política pública en democracia”, OIT, en http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—sro-santiago/documents/publication/wcms_178562.pdfCit. P.48

[8] Ley 15.386, Fondo de Revalorización de Pensiones http://bcn.cl/1mhzi

[9] http://www.leychile.cl/Navegar?idNorma=28172.

[10]“Fondo de reserva de pensiones. A continuación, el proyecto dispone la creación de un Fondo de Reserva de Pensiones destinado a complementar el financiamiento de las obligaciones fiscales derivados de compromisos con el sistema de pensiones, del decreto ley N° 3.500, de 1980, de la garantía estatal de pensiones mínimas de vejez, invalidez y sobrevivencia, regulada en dicha normativa y de las pensiones asistenciales a que se refiere el decreto ley N° 869, de 1975. El objetivo que se persigue al crear este Fondo, es aminorar el impacto generacional que demandará el otorgamiento futuro de la garantía estatal a pensiones del nuevo sistema y las pensiones asistenciales. El aporte anual deberá efectuarse hasta el año en que los recursos acumulados en el Fondo alcancen una cantidad equivalente en pesos a 900.000.000 de Unidades de Fomento. Asimismo, el Fondo podrá incrementarse producto de la rentabilidad que se obtenga por la inversión de los recursos del Fondo, así como por los demás aportes que establezca la ley” http://www.bcn.cl/histley/lfs/hdl-20128/HL20128.pdf, P. 4.

[11] http://www.spensiones.cl/files/normativa/circulares/CAFP132.pdf.

[12] http://www.ips.gob.cl/pensiones-y-tramites-96642/121-montos-de-pensiones-minimas-y-basicas-solidarias

[13] http://www.spensiones.cl/portal/orientacion/580/w3-article-5786.html

[14] Nueva Metodología de Medición de la Pobreza por Ingresos y Multidimensional Serie Documentos Metodológicos Nº28 Versión revisada: 26 de Enero de 2015. En: http://observatorio.ministeriodesarrollosocial.gob.cl/documentos/Nueva_Metodologia_de_Medicion_de_Pobreza.pdf P.17

(Fotografía, Mario de Biasi, Milán, 1954)

Bolchevismo y Stalinismo, de León Trotsky

 

La crisis que atraviesa el régimen capitalista en Chile y el mundo ha desatado una, a veces soterrada campaña y en otros momentos abierta campaña en contra del comunismo al que identifican  arbitrariamente  con los fenecidos regímenes burocráticos y totalitarios de la antigua Unión Soviética y del Este de Europa. Nosotros defendemos el comunismo y el socialismo como única alternativa a la barbarie cotidiana que nos ofrece el sistema capitalista. Y lo defendemos no en su negación estalinista, sino en su afirmación bolchevique, revolucionaria. Comprender las causas concretas que condujeron a la degeneración de la Revolución Rusa y de la URSS es fundamental para armar políticamente a la nueva generación de militantes marxistas y comunistas. Sin duda, este texto que ofrecemos de León Trotsky – máximo dirigente de la Revolución Rusa junto con Lenin, y principal oponente a su degeneración burocrática – es uno de los mejores análisis escritos sobre este tema, por lo que recomendamos su lectura y estudio. EP

 

por León Trotsky

Épocas reaccionarias como la actual, no sólo debilitan y desintegran a la clase obrera aislándola de su vanguardia, sino que también rebajan el nivel ideológico general del movimiento, rechazando hacia atrás el pensamiento político, hasta etapas ya superadas desde hace mucho tiempo. En estas condiciones la tarea de la vanguardia consiste, ante todo, en no dejarse sugestionar por el reflujo general: es necesario avanzar contra la corriente. Si las desfavorables relaciones de fuerzas no permiten conservar las antiguas posiciones políticas, por lo menos hay que conservar las posiciones ideológicas, pues la experiencia tan cara del pasado se ha concentrado en ellas. Ante los ojos de los mentecatos, tal política aparece como «sectaria». En realidad no hace más que preparar un salto gigantesco hacia adelante impulsada por la oleada ascendente del nuevo periodo histórico.

 

REACCIÓN CONTRA EL MARXISMO Y EL COMUNISMO

Las grandes derrotas políticas, provocan inevitablemente una revisión de valores, que en general se lleva a cabo en dos direcciones. Por una parte el pensamiento de la verdadera vanguardia, enriquecido por la experiencia de las derrotas, defiende con uñas y dientes la continuidad del pensamiento revolucionario y se esfuerza en educar nuevos cuadros para los futuros combates de masas. Por otra, el pensamiento de los rutinarios, de los centristas y de los diletantes, atemorizado por las derrotas, tiende a derrocar la autoridad de la tradición revolucionaria y vuelve al pasado con el pretexto de buscar una «nueva verdad».

 

Se podrían aportar infinidad de ejemplos de reacción ideológica que muy a menudo adopta la forma de postración. En el fondo, toda la literatura de la II y III Internacional y la de sus satélites del Bureau de Londres (1), constituyen ejemplos de este género. Ni un renglón de análisis marxista. Ni una tentativa seria para aclarar las causas de las derrotas. Ni una palabra nueva sobre el porvenir. Solamente clichés, rutina, mentiras y ante todo, preocupaciones para salvar su posición burocrática. Bastan diez líneas de cualquier Hilferding o de Otto Bauer (2), para sentir ya el olor de podredumbre. De los teóricos del «Comintern»(3) es mejor no hablar. El célebre Dimitrov(4) es tan ignorante y trivial como el más simple almacenero. El pensamiento de estas personas es muy perezoso para renegar del marxismo: lo prostituyen. Pero actualmente no son estos señores los que nos interesan. Veamos los «innovadores».

 

El ex comunista austriaco, Willi Schlamm, ha consagrado un opúsculo a los procesos de Moscú (5) con el expresivo titulo de «Dictadura de la mentira». Schlamm es un periodista talentoso, cuyo principal interés está dirigido hacia los asuntos de actualidad. Hizo una excelente critica de las falsificaciones de Moscú y puso al desnudo la mecánica psicológica de las «confesiones voluntarias». Pero como no se da por satisfecho con esto, quiere crear una nueva teoría del socialismo que asegure el porvenir contra las derrotas y las falsificaciones. Como Schlamm no es un teórico y según sus declaraciones está  muy poco familiarizado con la historia del desarrollo del socialismo, creyendo hacer un descubrimiento, presenta un socialismo anterior a Marx, que además de ser una variedad atrasada del socialismo alemán, es dulzón e insulso. Schlamm renuncia a la dialéctica y a la lucha de clases, sin hablar de la dictadura del proletariado. Para él, la tarea de la transformación de la sociedad se reduce a la realización de algunas verdades «eternas» de la moral, con las que se prepara para impregnar a la humanidad desde ahora, bajo el régimen capitalista. La revista de Kerenski(6) «Novaia Rossia» (antigua revista provincial rusa que se publica en París) no solamente adopta con alegría, sino que también con nobleza, la tentativa de Willi Schlamm de salvar el marxismo por medio de una inoculación de linfa moral. Según la justa conclusión de la redacción, Schlamm alcanza los principios del verdadero socialismo ruso, que ya había opuesto con anterioridad a la ruda lucha de clases, los principios sagrados de la fe, la esperanza y el amor.

 

Por cierto, que la doctrina original de los «socialistas-revolucionarios» rusos representa en sus premisas teóricas un retorno al socialismo de la Alemania anterior a Marzo de 1848. Sin embargo, sería demasiado injusto exigir de Kerenski, un conocimiento más profundo de la historia de las ideas del socialismo, que de Schlamm. Mucho más Importante es el hecho de que Kerenski, que ahora se solidariza con Schlamm, fue, como jefe de gobierno, el iniciador de las persecuciones contra los bolcheviques, tratándolos como agentes del Estado Mayor Alemán; es decir, que organizó las mismas falsificaciones para luchar, contra las cuales Schlamm moviliza ahora verdades metafísicas sacadas de los mitos.

 

El mecanismo psicológico de la reacción intelectual de Schlamm y de sus semejantes, es muy simple. Durante algún tiempo estas personas han participado en un movimiento político que juraba por la lucha de clases e invocaba, de palabra, la dialéctica materialista. Tanto en Alemania como en Austria, este movimiento terminó en una catástrofe. Schlamm saca la siguiente conclusión sumaria «¡Ved adónde conducen la lucha de clases y la dialéctica!». Y como el número de descubrimientos está  limitado por la experiencia histórica… y por la riqueza de los conocimientos personales, nuestro reformador en su búsqueda de una nueva fe, ha encontrado verdades antiguas, desechadas hace tiempo, que opone denodadamente no solamente al bolchevismo, sino también al marxismo.

 

A simple vista, la variedad de reacción ideológica presentada por Schlamm, es tan primitiva (de Marx… a Kerenski) que no vale la pena detenerse en ella. Sin embargo, es extremadamente instructiva: precisamente gracias a su carácter primitivo representa el denominador común de todas las otras formas de reacción, y ante todo el renunciamiento total al bolchevismo.

 

«VUELTA AL MARXISMO»

El marxismo ha encontrado su expresión histórica más grandiosa en el bolchevismo. Bajo la bandera del bolchevismo el proletariado obtuvo su primera victoria y fundó el primer estado obrero.

 

Ninguna fuerza será capaz de borrar estos hechos históricos. Pero, como la revolución de Octubre ha conducido al estado actual, es decir al triunfo de la burocracia, con sus sistemas de opresión, de falsificación y de expoliación -a la dictadura de la mentira- según la justa expresión de Schlamm, numerosos espíritus formalistas y superficiales, se inclinan ante la sumaria conclusión de que es imposible luchar contra el Stalinismo, sin renunciar al bolchevismo. Como ya sabemos, Schlamm va aún más lejos: el Stalinismo, que es la degeneración del bolchevismo, es también un producto del marxismo; en consecuencia, es imposible luchar contra el Stalinismo sin apartarse de las bases del marxismo. Gentes menos consecuentes, pero más numerosas dicen por lo contrario: «hay que volver del bolchevismo al marxismo». Pero… ¿Por qué camino? ¿A qué marxismo? Antes de que el marxismo «fuese a la bancarrota» en forma de bolchevismo, ya se había hundido bajo la forma de social-democracia. La consigna «volver de nuevo al marxismo» significa dar un salto sobre la II y la III Internacional hacia… ¡la I Internacional! Pero también esta fue derrotada. Resumiendo: se trata de volver en definitiva… a las obras completas de Marx y Engels. Para dar este salto heroico, no hay necesidad de salir del gabinete de trabajo, ni siquiera de quitarse las pantuflas. Pero, ¿cómo pasar de golpe de nuestros clásicos (Marx murió en 1883 y Engels en 1895) a las tareas de la nueva época, dejando de lado la lucha teórica y política de muchas decenas de años, lucha que comprende también el bolchevismo y a la Revolución de Octubre? Ninguno de los que se proponen renunciar al bolchevismo como tendencia históricamente en «bancarrota», ha indicado nuevos caminos.

 

Para ellos todo se reduce al simple consejo de estudiar EL CAPITAL. Contra esto no tenemos nada que objetar. Pero también los bolcheviques han estudiado EL CAPITAL, y no del todo mal. Sin embargo, eso no impidió la degeneración del Estado Soviético y la «mise en scéne» de los procesos de Moscú. ¿Qué hacer entonces? ¿Es verdad, por lo tanto, que el Stalinismo representa el producto legítimo del bolchevismo, como lo cree toda la reacción, como lo afirma el mismo Stalin, como lo piensan los mencheviques, los anarquistas y algunos doctrinarios de izquierda, que se consideran marxistas? «Siempre lo habíamos predicho -dicen- habiendo comenzado con la prohibición de los distintos partidos socialistas, con el aplastamiento de los anarquistas, estableciéndose la dictadura de los bolcheviques en los soviets, la Revolución de Octubre no podía dejar de conducir a la dictadura de la burocracia. El Stalinismo a la vez es la continuación y la negación del leninismo»

 

¿ES EL BOLCHEVISMO RESPONSABLE DEL STALINISMO?

El error de este razonamiento comienza con la identificación tácita del bolchevismo, de la Revolución de Octubre, y de la Unión Soviética. El proceso histórico, que consiste en la lucha de fuerzas hostiles es reemplazado por la evolución abstracta del bolchevismo. Sin embargo el bolchevismo es solamente una corriente política. Aunque estrechamente ligado a la clase obrera, no se identifica con ella. En la U. R. S. S. además de la clase obrera existen más de cien millones de campesinos de diversas nacionalidades; una herencia de opresión, de miseria y de ignorancia. El Estado creado por los bolcheviques refleja, no solamente el pensamiento y la voluntad de los bolcheviques, sino también el nivel cultural del país, la composición social de la población, la influencia del pasado bárbaro y del imperialismo mundial no menos bárbaro. Representar el proceso de la degeneración del estado soviético como la evolución del bolchevismo puro, es ignorar la realidad social, pues considera uno solo de sus elementos aislándolo de una manera puramente lógica. Basta con llamar este error elemental por su verdadero nombre, para que no quede nada de él.

El mismo bolchevismo jamás se ha identificado con la Revolución de Octubre ni con el Estado Soviético que de ella surgió. El bolchevismo se consideraba como uno de los factores históricos, su factor «consciente», factor muy importante pero no decisivo. Nunca hemos pecado de subjetivismo histórico.

 

Veíamos el factor decisivo, – sobre la base dada por las fuerzas productivas -, en la lucha de clases, no sólo en escala nacional sino también internacional.

Cuando los bolcheviques hacían concesiones a las tendencias pequeño-burguesas de los campesinos; cuando establecían reglas estrictas para el ingreso al Partido; cuando depuraban este partido de elementos que le eran extraños; cuando prohibían a los otros partidos; cuando introducían la N. E. P.,(7) cuando cedían las empresas en forma de concesiones; o cuando firmaban acuerdos diplomáticos con los gobiernos imperialistas, extraían de este hecho fundamental conclusiones que, desde el comienzo, les eran teóricamente claras: la conquista del poder, por muy importante que sea, no convierte al partido en el dueño todopoderoso del proceso histórico.

Ciertamente, después de haberse apoderado del aparato del Estado, el partido tiene la posibilidad de influenciar con una fuerza sin precedentes, en el desarrollo de la sociedad, pero en cambio es sometido a una acción múltiple por parte de todos los otros elementos de esta sociedad. Puede ser arrojado del poder por los golpes directos de las fuerzas hostiles. Con el ritmo más lento de la evolución, puede degenerar interiormente, aunque se mantenga en el poder. Es precisamente esta dialéctica del proceso histórico, la que no comprenden los razonadores sectarios que tratan de encontrar un argumento definitivo contra el bolchevismo, en la putrefacción de la burocracia Stalinista. En el fondo esos señores dicen: «un Partido revolucionario es malo cuando no lleva en sí mismo garantías contra su degeneración».

 

Enfocado con un criterio semejante, el bolchevismo está  evidentemente condenado: no posee ningún talismán. Pero ese mismo criterio es falso. El pensamiento científico exige un análisis concreto: ¿Como y por qué el partido se ha descompuesto?, hasta ahora nadie ha hecho este análisis fuera de los bolcheviques. No por eso han tenido necesidad de romper con el bolchevismo. Por el contrario, es en el arsenal del bolchevismo donde han encontrado todo lo necesario para explicar su destino. La conclusión a la cual llegamos es la siguiente: evidentemente el Stalinismo ha «surgido» del bolchevismo; pero no surgió de una manera lógica, sino dialéctica; no como su afirmación revolucionaria, sino como su negación termidoriana. Que no es una misma cosa.

 

EL PRONOSTICO FUNDAMENTAL DEL BOLCHEVISMO

Sin embargo, los bolcheviques no han tenido necesidad de esperar los procesos de Moscú, para explicar a posteriori las causas de la descomposición del partido dirigente de la U. R. S. S. Hace mucho tiempo que habían previsto la posibilidad teórica de una variante semejante en su evolución, y de antemano se habían expresado sobre ella. Recordemos el pronóstico que habían hecho los bolcheviques no solamente en vísperas de la Revolución de Octubre, sino también un buen número de años antes. La agrupación fundamental de las fuerzas, a escala nacional e internacional, abre por primera vez para el proletariado de un país tan atrasado como Rusia, la posibilidad de llegar a la conquista del poder. Pero ese mismo agrupamiento de fuerzas permite asegurar de antemano, que sin la victoria más o menos rápida del proletariado de los países adelantados, el Estado obrero no podría  mantenerse en Rusia. El régimen soviético abandonado a sus propias fuerzas, caerá  o degenerará. Más exactamente: primero degenerará y luego caerá  rápidamente. He tenido oportunidad de escribir sobre esto, más de una vez, desde 1905. En mi «Historia de la Revolución Rusa» (apéndice al ultimo tomo, «Socialismo en un solo país» ) hay una reseña de lo que han dicho a este respecto los jefes del bolchevismo desde 1917 hasta 1923. Todo se reduce a una sola cosa: sin revolución en Occidente el bolchevismo será  liquidado por la contra-revolución interna; por la intervención extranjera, o por su combinación. En particular, Lenin ha indicado más de una vez, que la burocratización del régimen soviético no es una cuestión técnica o de organización, sino que es el comienzo de una posible degeneración social del Estado Obrero. En el XI Congreso del partido, en Marzo de 1922, Lenin habla del «apoyo» que estaban decididos a ofrecer a la Rusia Soviética durante la época de la N. E. P., algunos políticos burgueses y en particular el profesor liberal Oustrialov. «Estoy por el sostenimiento del gobierno soviético en Rusia -dijo- aunque sea un cadete, un burgués que ha sostenido la intervención… porque ha entrado en el camino del poder burgués ordinario». Lenin prefiere la voz cínica del enemigo a los «dulces arrullos comunistas», y ha advertido al partido de ese peligro con estas palabras de ruda sobriedad: «Cosas como las que dice Oustrialov son posibles, hay que confesarlo. La historia conoce transformaciones de toda índole; apoyarse en la convicción, la devoción y otras excelentes cualidades morales, es una cosa nada seria en política. Excelentes cualidades morales existen en un número ínfimo de personas, pero son las grandes masas las que deciden los desenlaces históricos, masas que tratan con poca benevolencia a ese escaso número de personas, si éstas le son poco gratas». En una palabra, el partido no es el único factor de la evolución y, en una gran escala histórica, no es un factor decisivo.

 

«Sucede que una nación conquista a otra – continúa Lenin en el mismo Congreso, el ultimo en que participó -, esto es muy simple y comprensible a cualquiera. ¿Pero qué sucede con la civilización de esos países? Esto ya no es tan simple. Si la nación que ha hecho la conquista tiene una civilización superior a la nación vencida, aquélla le impone su civilización; pero si sucede lo contrario, la nación vencida le impone la suya a la nación conquistadora. ¿No ha pasado algo semejante en la capital de la República Socialista Federativa de Rusia, y no sucedió que 4.700 comunistas (casi toda una división de la mejor entre las mejores) se han visto sometidos a una civilización extranjera?». Esto fue dicho al comienzo de 1922, y no por primera vez. La historia no la hacen algunos hombres, -aunque sean «los mejores entre los mejores», y más aún, esos «mejores» pueden degenerar en el sentido de una civilización «extranjera», es decir, burguesa. No solamente el Estado Soviético puede alejarse del camino socialista, sino que también el partido bolchevique puede, en condiciones históricas desfavorables, perder su bolchevismo.

 

Es con la clara comprensión de este peligro, que nació la oposición de izquierda, definitivamente formada en 1923. Registrando diariamente los síntomas de degeneración, se esforzó por oponer al termidor amenazante la voluntad consciente de la vanguardia proletaria. Sin embargo, ese factor subjetivo resultó insuficiente. Las «masas gigantescas» que, según Lenin, deciden los desenlaces de la lucha, estaban cansadas por las privaciones propias del país y por una espera demasiado prolongada de la revolución mundial. Las masas perdieron la energía. La burocracia adquirió ventajas. Dominó a la vanguardia proletaria, pisoteó el marxismo, prostituyó al partido bolchevique. El Stalinismo resultó victorioso. Bajo la forma de oposición de izquierda, el bolchevismo rompió con la burocracia soviética y con su Comintern. Tal es la verdadera marcha de la evolución.

 

Ciertamente, en un sentido formal, el Stalinismo surgió del bolchevismo. Aún hoy, la burocracia de Moscú continúa llamándose partido bolchevique. Si utiliza la antigua etiqueta del bolchevismo lo hace simplemente para engañar mejor a las masas. Tanto más lastimosos son los teóricos que toman la cáscara por el carozo, la apariencia por la realidad. Identificando el Stalinismo con el bolchevismo prestan el mejor favor a los termidorianos y, por lo mismo, representan un papel manifiestamente reaccionario.

Con la eliminación de todos los otros partidos de la arena política, los intereses – y las tendencias contradictorias de las diversas capas de la población deben, en mayor o menor grado, encontrar su expresión dentro del partido dirigente, A medida que el centro de gravedad político, se desplazaba de la vanguardia proletaria, hacia la burocracia, el partido se modificaba, tanto en su composición social como en su ideología. Gracias a la marcha impetuosa de la evolución en el curso de los últimos quince años, ha sufrido una degeneración más radical que la social-democracia durante medio siglo. La depuración actual traza entre el Stalinismo y el bolchevismo no una simple raya sangrienta, sino todo un río de sangre.

 

La exterminación de toda la vieja generación bolchevique, de una gran parte de la generación ¡intermedia que había participado en la guerra civil, y también de una parte de la juventud que había tomado más en serio las tradiciones bolcheviques, de muestra la incompatibilidad no solamente política si no también directamente física, entre el bolchevismo y el Stalinismo. ¿Como es posible que no se vea esto?

 

STALINISMO Y «SOCIALISMO DE ESTADO»

Los anarquistas, por su parte, tratan de ver en el Stalinismo, además del producto orgánico del bolchevismo y del marxismo, el del «socialismo de estado» en general. Ellos consienten en reemplazar la patriarcal «federación de comunas libres» de Bakunin, por una federación más moderna de Soviets libres. Pero, ante todo, se oponen al estado centralizado. En efecto, una rama del marxismo «de estado», la social-democracia, una vez llegada al poder se ha convertido en una agencia declarada del capital. Otra, ha engendrado una nueva casta de privilegiados. Y claro, el origen del mal está  en el Estado. Considerando esto con amplio criterio histórico, se puede encontrar una pizca de verdad en este razonamiento. El Estado, en tanto que aparato de opresión, es incontestablemente, una fuente de infección política y moral. Como la experiencia lo demuestra, esto es aplicable también al Estado Obrero. En consecuencia, se puede decir que el Stalinismo es el producto de una etapa histórica, en que la sociedad no ha podido arrancarse aún el chaleco de fuerza del Estado. Pero esta situación no nos da ningún elemento que permita apreciar el bolchevismo o el marxismo, sino que sólo caracteriza el nivel general de la civilización humana, y, ante todo, la relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Después de ponernos de acuerdo con los anarquistas en que el Estado, aun el Estado Obrero, está engendrado por la lucha de clases y de que la verdadera historia de la humanidad comenzará con la abolición del estado; queda planteado ante nosotros el siguiente problema: ¿Cuáles son los caminos y los métodos capaces de conducirnos «al fin de los fines» a la abolición del Estado? La experiencia reciente testimonia de que en todo caso no son los métodos del anarquismo. Los jefes de la C. N. T.(8) española, la única organización anarquista importante en el mundo, en la hora critica se han transformado en ministros de la burguesía. Ellos explican su abierta traición a la teoría del anarquismo, por la presión de las «circunstancias excepcionales» ¿Pero no es éste el mismo argumento que emplearon a su tiempo los jefes de la social-democracia alemana? Por cierto que la guerra civil no es una circunstancia pacífica y ordinaria, sino más bien una «circunstancia excepcional». Pero, es precisamente para esas «circunstancias excepcionales» que se prepara toda organización revolucionaria seria.

 

La experiencia española ha demostrado, una vez más, que se puede «negar» el estado en los folletos editados en «circunstancias normales» y con permiso del estado burgués: pero también ha demostrado, que las condiciones de la revolución no dejan ningún lugar para la negación del estado y que además exigen su conquista. No tenemos la intención de acusar a los anarquistas españoles de no haber liquidado el Estado de un plumazo. Un partido revolucionario aún habiéndose apoderado del poder (lo que los jefes anarquistas no han sabido hacer a pesar del heroísmo de los obreros anarquistas), no es todavía el dueño todopoderoso de la sociedad. Si acusamos tan  ásperamente a la teoría anarquista, lo hacemos porque habiéndose considerado conveniente para un periodo pacifico, se ha tenido que renunciar a ella apresuradamente, desde que aparecieron las «circunstancias excepcionales»… de la revolución. Antiguamente se encontraban generales – y se encuentran sin duda todavía – que pensaban que lo que más echaba a perder un ejército era la guerra. Los revolucionarios que se lamentan de que la revolución da al traste con su doctrina no valen mucho más que aquéllos. Los marxistas y los anarquistas están plenamente de acuerdo, en cuanto al objetivo final, es decir, con la liquidación del estado. El marxismo permanece «estadual» únicamente en la medida en que la liquidación del estado no puede esperarse por el simple hecho de contentarse con ignorar su existencia. La experiencia del Stalinismo no modifica en nada la enseñanza del marxismo, sino que la confirma, por el método inverso. Una doctrina revolucionaria que enseña al proletariado a orientarse correctamente en una situación determinada y a utilizarla activamente, no encierra en sí, -hay que entenderlo bien-, la garantía automática de la victoria. Pero, por el contrario, la victoria no es posible sino gracias a esa doctrina. Además, es imposible representarse esta victoria en forma de un acto único. Es necesario considerar el asunto teniendo en perspectiva una extensa época. El primer estado obrero, descansando sobre una base económica poco desarrollada – rodeado de un anillo imperialista – se ha transformado en gendarmería del Stalinismo. Pero el verdadero bolchevismo ha declarado una guerra sin tregua a esa gendarmería. Para mantenerse, el Stalinismo está obligado a llevar ahora abiertamente una «guerra civil» contra el bolchevismo calificado de «trotskismo», no solamente en la U. R. S. S., sino también en España. El viejo partido bolchevique está  muerto, pero el bolchevismo por todas partes levanta la cabeza.

 

Buscar el origen del Stalinismo en el bolchevismo o en el marxismo, es exactamente la misma cosa, en un sentido más general, que querer buscar el origen de la contrarrevolución en la revolución. Sobre este esquema se ha modelado siempre el pensamiento de los liberal-conservadores y tras ellos el de los reformistas. A causa de la estructura de la sociedad basada en clases, las revoluciones siempre han engendrado las contra-revoluciones. ¿Esto no nos demuestra -pregunta el razonador- que el método revolucionario encierra algún vicio interno? Sin embargo, hasta ahora, ni los reformistas ni los liberales, han inventado métodos «más económicos». Pero, si no es fácil interpretar todo un proceso histórico viviente, no es por el contrario, nada difícil interpretar de una manera racionalista, la sucesión de sus etapas, haciendo proceder lógicamente el Stalinismo del «socialismo de estado-«; el fascismo del marxismo: la reacción de la revolución. En una palabra: la antítesis de la tesis. En este dominio como en tantos otros, el pensamiento anarquista queda prisionero del racionalismo liberal. El verdadero pensamiento revolucionario, es imposible sin la dialéctica.

 

Los argumentos de los racionalistas toman a veces, por lo menos exteriormente, un carácter más concreto. Para ellos el Stalinismo no procede del bolchevismo en sí, sino de sus pecados políticos. Los bolcheviques, dicen los espartaquistas alemanes, Gorter, Panneckoek,(9) etc., han reemplazado la dictadura del partido por la de la burocracia. Los bolcheviques han aniquilado todos los partidos salvo el suyo; Stalin ha estrangulado al partido bolchevique en interés de la camarilla bonapartista. Los bolcheviques llegaron a un acuerdo con la burguesía; Stalin se convirtió en su aliado y sostén. Los bolcheviques han reconocido la necesidad de participar en los viejos sindicatos y en el parlamento burgués; Stalin ha hecho amistad con la burocracia sindical y con la democracia burguesa. De esta manera se puede seguir razonando todo el tiempo que se quiera. A pesar del efecto que estos razonamientos puedan producir exteriormente, son absolutamente vacíos. El proletariado sólo puede llegar al poder por intermedio de su vanguardia. La misma necesidad de un poder estadual deriva del insuficiente nivel cultural de- las masas y de su heterogeneidad. La tendencia de las masas hacia su liberación cristaliza en la vanguardia revolucionaria organizada en partido. Sin la confianza de la clase en su vanguardia, y sin el apoyo de ésta por aquélla, ni siquiera puede plantearse la conquista del poder. Es en este sentido que la revolución proletaria y la dictadura constituyen el objetivo de toda la clase, pero solamente bajo la dirección de su vanguardia. Los Soviets son la forma organizada de la alianza de la vanguardia con la clase. El contenido revolucionario de esta alianza no puede estar dado más que por el partido. Esto está demostrado por la experiencia positiva de la Revolución de Octubre y por la experiencia negativa de otros países (Alemania, Austria y últimamente España).

 

Nadie ha demostrado prácticamente, ni siquiera ha tratado de explicar en forma precisa sobre el papel, de cómo el proletariado puede apoderarse del poder sin la dirección política de un partido, que sabe lo que quiere. Si este partido somete a los soviets a su acción política, este hecho cambia tan poco el sistema soviético, como cambiaría una mayoría conservadora el sistema parlamentario británico. En cuanto a la supresión de los demás partidos soviéticos, no deriva de ninguna «teoría» bolchevique, sino que fue una medida de defensa de la dictadura en un país atrasado, agotado y rodeado de enemigos. Los mismos bolcheviques comprendieron desde un comienzo, que esta medida, completada con la supresión de las fracciones en el interior del mismo partido dirigente, encerraba un grave peligro. Sin embargo, la fuente del peligro no estaba en la doctrina o en la táctica, sino en la debilidad material de la dictadura, en las dificultades de la situación interior y exterior.

 

Si la revolución hubiera triunfado también en Alemania habría desaparecido la necesidad de prohibir a los otros partidos soviéticos. Es absolutamente indiscutible, que la dominación de un solo partido sirvió jurídicamente de punto de partida del régimen totalitario Stalinista. Pero la causa de tal evolución no está  en el bolchevismo, ni tampoco en la prohibición de los otros partidos, como medida militar temporal, sino en la serie de derrotas que sufrió el proletariado de Europa y Asia.

Sucedió lo mismo en la lucha contra el anarquismo. En la época heroica de la revolución, los bolcheviques marcharon juntos con los anarquistas verdaderamente revolucionarios. Muchos de ellos fueron absorbidos por el partido. Más de una vez el autor de estas líneas examinó con Lenin la posibilidad de dejar a los anarquistas algunos territorios para que allí aplicaran, con el consentimiento de la población, sus experiencias de supresión inmediata del Estado.

 

Pero las condiciones de la guerra civil, del bloqueo y del hambre. no permitieron la aplicación de semejantes planes. ¿Y la insurrección de Kronstadt?(10). Hay que comprender que el gobierno revolucionario no podía «regalarles» a los marinos revolucionarios una fortaleza que dominaba la capital, por el solo hecho de que a la rebelión reaccionaria de los soldados campesinos se les unieran algunos anarquistas dudosos. El análisis histórico concreto de los acontecimientos, no deja ningún lugar para las leyendas que la ignorancia y el sentimentalismo crearon alrededor de Kronstad, Majno (11) y otros episodios de la revolución.

 

Es indudable también que la burocracia surgida de la revolución ha monopolizado en sus manos el sistema de coerción. Cada etapa de la evolución, aun cuando ellas sean tan catastróficas, como la revolución y la contra-revolución, se origina en la etapa precedente, tiene en ella sus raíces y conserva algunos de sus rasgos. Los liberales, incluso la pareja Webb (12), siempre afirmaron que la dictadura bolchevique representa solamente una nueva edición del zarismo. Por eso cierran los ojos ante detalles tales como la abolición de la monarquía y la nobleza, la entrega de la tierra a los campesinos, la expropiación del capital, la introducción de la economía planificada, la educación atea, etc… También el pensamiento liberal-anarquista cierra los ojos ante el hecho de que la revolución bolchevique, con todas las medidas de represión, significaba la subversión de las relaciones sociales en interés de las masas, mientras que el golpe de estado termidoriano de Stalin, lleva en si el reagrupamiento de la sociedad soviética en beneficio de una minoría privilegiada. Está  claro que en la identificación del Stalinismo con el bolchevismo no hay ni rastros de criterio socialista.

 

PROBLEMAS TEÓRICOS

Uno de los principales rasgos del bolchevismo es su posición inflexible y aún puntillosa, frente a los problemas doctrinarios. Los 27 tomos de Lenin permanecerán siempre como ejemplo de una actitud escrupulosisima hacia la teoría. El bolchevismo jamás habría cumplido su misión histórica si careciese de esta cualidad fundamental. El Stalinismo grosero, ignorante y absolutamente empírico, presenta bajo este mismo aspecto el reverso del bolchevismo.

 

Hace más de 10 años que la oposición lo declaraba en su plataforma: «Después de la muerte de Lenin, se creó toda una serie de nuevas «teorías» con el solo objeto de justificar «teóricamente» la desviación del grupo Stalinista del camino de la revolución proletaria internacional». El socialista americano Liston Oak, que ha participado de cerca en la revolución española, ha escrito últimamente: «De hecho los revisionistas más extremos de Marx y de Lenin, son ahora los stalinistas. El mismo Bernstein (13) no osó hacer ni la mitad del camino que hizo Stalin en la revisión de Marx». Es absolutamente cierto. Es necesario agregar solamente que en Bernstein había realmente necesidades teóricas: trataba concienzudamente de establecer una armonía entre la práctica reformista de la social-democracia y su programa. La burocracia Stalinista además de no tener nada de común con el marxismo, es también extraña a toda doctrina, programa o sistema. Su «ideología» está impregnada de un subjetivismo absolutamente policial; su práctica, de un empirismo de la más pura violencia. En el fondo los intereses de la casta de los usurpadores, es hostil a la teoría: no puede dar cuenta a sí misma ni a nadie de su papel social. Stalin revisa a Marx y a Lenin, no con la pluma de los teóricos, sino con las botas de la G. P. U.

 

PROBLEMAS MORALES

Los fanfarrones insignificantes, a quienes el bolchevismo les ha arrancado sus caretas, tienen la costumbre de lamentarse de la «amoralidad del bolchevismo». En el ambiente pequeño-burgués de intelectuales, demócratas, «socialistas», literatos, parlamentarios y otras gentes de la misma laya, existen valores convencionales o un lenguaje convencional para cubrir la ausencia de verdaderos valores. Esta amplia y abigarrada sociedad donde reina una complicidad reciproca – «¡vive y deja vivir a los demás!» – no soporta en su piel sensible, el contacto de la lanceta marxista. Los teóricos que oscilan entre los dos campos, los escritores y los moralistas, pensaban y piensan que los bolcheviques exageran con mala intención los desacuerdos, son incapaces de una colaboración «leal» y que por sus intrigas rompieron la unidad del movimiento obrero. El centrista sensible y susceptible cree, ante todo, que los bolcheviques «calumnian», porque éstos llevan su pensamiento hasta las ultimas consecuencias, lo que ellos son incapaces de hacer. Sin embargo, sólo con esa preciosa cualidad de ser intolerante para todo lo que es híbrido y evasivo, se puede educar a un partido revolucionario para que las «circunstancias excepcionales» no lo sorprendan de improviso.

 

La moral de todo partido deriva en el fondo, de los intereses históricos que representa. La moral del bolchevismo, que contiene la devoción, el desinterés, el valor, el desprecio por todo lo falso y vano ¡las mejores cualidades de la naturaleza humana!- deriva de su intransigencia revolucionaria puesta al servicio de los oprimidos. En este sentido, también la burocracia Stalinista imita las palabras y los gestos del bolchevismo. Mas, cuando la «intransigencia», y la «inflexibilidad» se cumple por intermedio de un aparato policial que está  al servicio de una minoría privilegiada, esas cualidades se transforman en una fuente de desmoralización y de gangsterismo. Inspiran solamente desprecio los que identifican el heroísmo revolucionario de los bolcheviques con el cinismo burocrático de los termidorianos.

 

Aun hoy, a pesar de los dramáticos acontecimientos del último periodo, el mediocre filisteo continúa creyendo que la lucha entre bolchevismo (trotskismo) y el Stalinismo, es un conflicto de ambiciones personales, o en el mejor de los casos, una lucha entre dos «tendencias» del bolchevismo. La expresión más cruda de este punto de vista es la de Norman Thomas, líder del partido socialista americano. «No hay razón para creer – escribe en el Socialist Review de Septiembre de 1937, página 6 – que si Trotsky hubiese estado en lugar de Stalin habrían terminando las intrigas, el complot y el terror de Rusia». Y este hombre se cree… marxista.

 

Con el mismo fundamento se podría decir: «No hay razón para creer que si en lugar de Pío XI se encontrara en el trono de Roma, Norman 1º, la Iglesia Católica se transformaría en un reducto socialista». Thomas no comprende que se trata no de un match entre Stalin y Trotsky, sino de un antagonismo entre la burocracia y el proletariado. Por cierto que en la U. R. S. S. la capa dirigente está obligada a adaptarse a la herencia revolucionaria que aún no está completamente liquidada, preparando al mismo tiempo un cambio en el régimen social, por medio de una guerra civil declarada («depuración» sangrienta, exterminación en masa de los descontentos). Pero en España la camarilla Stalinista se presenta desde hoy abiertamente como el refugio del orden burgués contra el socialismo. La lucha contra la burocracia bonapartista se transforma, ante nuestros ojos, en lucha de clases: dos mundos, dos programas, dos morales. Si Thomas piensa -que la victoria del proletariado socialista sobre la casta abyecta de los opresores no regenerara  política y moralmente el régimen soviético, demuestra con ello que a pesar de todas sus reservas, sus tergiversaciones y sus piadosos suspiros se encuentra mucho más cerca de la burocracia Stalinista que de los obreros revolucionarios. Al igual que aquéllos que denuncian la «inmoralidad» de los bolcheviques, Thomas es simplemente un advenedizo de la moral revolucionaria.

 

LAS TRADICIONES DEL BOLCHEVISMO Y LA IV INTERNACIONAL

Para los «izquierdistas» que ignorando el bolchevismo tratan de «volver» al marxismo, todo se reduce simplemente a algunos remedios aislados: boicotear los antiguos sindicatos, boicotear el parlamento, crear «verdaderos» soviets. Todo eso podía parecer extraordinariamente profundo en la fiebre de los primeros días que siguieron a la guerra. Pero hoy, a la luz de la experiencia sufrida, estas «enfermedades infantiles» han perdido todo interés aun en su carácter de curiosidades. Los holandeses Gorter y Panneckoek, los «espartaquistas» alemanes y los bordighistas italianos(14), han manifestado su independencia con respecto al bolchevismo, oponiendo a sus rasgos uno de los suyos artificialmente agrandados. De esas tendencias de «izquierda» no queda nada, práctica ni teóricamente: prueba directa, pero importante, de que para nuestra época, el bolchevismo es la única forma del marxismo.

 

El partido bolchevique ha demostrado, en la acción, la combinación de suprema audacia revolucionaria y de realismo político. Por primera vez ha establecido entre la vanguardia y la clase la única relación capaz de asegurar la victoria. La experiencia ha demostrado que la unión del proletariado con las masas oprimidas de la pequeña burguesía de las ciudades y de los campos, es posible únicamente con la derrota política de los partidos tradicionales de la pequeña burguesía. El partido bolchevique ha enseñado al mundo entero cómo se realiza la insurrección armada y la toma del poder. Los que oponen una abstracción de soviets, a la dictadura del partido, deberían comprender que únicamente gracias a la dirección de los bolcheviques, los soviets se elevaron del pantano reformista al papel de órganos del Estado proletario. En la guerra civil, el partido bolchevique ha realizado una justa combinación del arte militar con la política marxista. Aunque la burocracia Stalinista consiguiera arruinar las bases económicas de la nueva sociedad, la experiencia de la economía planificada, realizada bajo la dirección del partido bolchevique, quedará  para siempre en la historia como una escuela superior para toda la humanidad. Únicamente no ven todo esto los sectarios, que ofendidos por los golpes recibidos, han vuelto la espalda al proceso histórico.

 

Pero esto no es todo. El partido bolchevique ha podido hacer un trabajo «práctico» tan grandioso, únicamente porque todos sus pasos estaban iluminados por la luz de la teoría. El bolchevismo no la ha creado: Ha sido dada por el marxismo. Pero el marxismo es la teoría del movimiento y no del reposo -y solamente acciones realizadas en una escala histórica grandiosa, podían enriquecer la teoría. Por el análisis de la época imperialista como época de guerras y de revolución; de la democracia burguesa en el periodo de decadencia del capitalismo; de la relación entre la huelga general y la insurrección; del papel del partido, de los soviets y de los sindicatos en la época de la revolución proletaria; de la teoría del estado soviético; de la economía de transición; del fascismo y del bonapartismo a la época de descomposición capitalista; en fin, por su análisis de la degeneración del mismo partido bolchevique y del estado soviético, el bolchevismo ha aportado al marxismo una contribución preciosa. Que se nos nombre otra tendencia que haya agregado algo esencial a las conclusiones y a las generalizaciones del bolchevismo. Vandervelde, De Brouckere, Hilferding, Otto Bauer, León Blum, Ziromsky, etc. sin hablar del mayor Attleey y de Norman Thomas(15) viven teórica y políticamente de las reliquias del pasado. La degeneración del Comintern se expresa en la forma más brutal en el hecho de que ha caído teóricamente al nivel de la II Internacional. Los grupos intermediarios de toda ¡índole (Independent Labour Party de Inglaterra, el P. 0. U. M.(16) y sus semejantes) vuelven a adaptar semanalmente, para sus necesidades del momento las migajas de Marx y de Lenin. Los obreros no aprenderán nada entre esta gente.

 

Solamente los constructores de la IV Internacional(17), al adoptar las tradiciones de Lenin y de Marx, han tomado una actitud seria con respecto a la teoría. Que los filisteos se burlen porque veinte años después de la Revolución de Octubre, los revolucionarios se han visto reducidos a las tareas de una modesta preparación de propaganda.

En este aspecto como en otros, el gran capital es mucho más perspicaz que los filisteos pequeño burgueses que se consideran «socialistas» o «comunistas». No es por nada que la cuestión de la IV Internacional no desaparece de las columnas de la prensa mundial. La imperiosa necesidad histórica de una dirección revolucionaria, asegura a la IV Internacional ritmos excepcionalmente rápidos en su desarrollo. El hecho de que no se ha formado fuera del gran camino de la historia, sino que ha surgido orgánicamente del bolchevismo, es la garantía más importante de sus éxitos futuros.

 

LEON TROSTKY

Agosto de 1937

 

N 0 T A S

(1) El Bureau de Londres reunía a pequeñas organizaciones socialistas que oscilaban entre el reformismo y el marxismo revolucionario. La más importante era el Independent Labour Party.

(2) Políticos socialdemócratas al es.

(3) Denominación de la 3.a Internacional.

(4) Dirigente staliniano búlgaro que fue presidente de la 3ª. Internacional y procesado por Hltler a raíz de­ Incendio del Reischtag.

(5) Procesos judiciales seguidos por Stalin contra los oposicionistas y que significaron la liquidación de toda la vieja guardia bolchevique y su fusilamiento.

(6) Político ruso social revolucionario, que ocupara la presidencia del gobierno después de la revolución de Febrero de 1917.

(7) Nueva Política Económica. Cambio en la orientación económica de los Soviets, después de la Guerra Civil y propiciada por Lenin.

(8) Confederación Nacional de Trabajadores. o central sindical español de orientación anarquista.

(9) Críticos revisionistas del Leninismo.

(10) Fortaleza en Petrogrado, donde se insurreccionaron los marineros durante la guerra civil en Rusia,

(11) Guerrillero campesino que luchó contra los soviets, de orientación anarquista.

(12) Socialistas ingleses, pertenecientes a la Asociación Fabiana.

(13) Teórico socialdemócrata alemán, figura ‘Principal del revisionismo.

(14) Corriente Izquierdista del comunismo italiano.

(15) Dirigentes socialdemócratas de la 2.a Internacional.

(16) Partido Obrero de Unificación Marxista, organización centrista cuya fuerza principal estaba en Barcelona. Reprimida violentamente por el Stalinismo durante la guerra civil española.

(17) Cuarta Internacional, Partido Mundial de la Revolución socialista, fundada por Trotsky en 1938, que defiende las Ideas de la Revolución Proletaria.

El Frente Amplio y la inviabilidad de la democracia burguesa en Chile

por Gustavo Burgos  // 

El legendario óleo de Manuel Antonio Caro, La abdicación de O`Higgins, fija una imagen de trascendente significación: el líder militar de la gesta libertadora es derrotado por la fronda aristocrática y aquello que obtuvo en el campo de batalla, lo pierde ante la obsecuencia política de la oligarquía frente al imperialismo. Seguir leyendo El Frente Amplio y la inviabilidad de la democracia burguesa en Chile

La izquierda ante el colapso de la civilización industrial

Discutiendo la posibilidad de un colapso cercano de la civilización industrial, tema no sólo escasamente tratado por la izquierda tradicional, sino que además virtualmente ignorado en el campo de las luchas de los trabajadores, Manuel Casal nos introduce en una serie de debates de vital importancia de cara a la situación en la cual se encontraría actualmente el sistema capitalista.

Aunque rechazando la necesidad de la construcción de partidos revolucionarios para la toma del poder y la conquista de un Estado obrero, así como también diluyendo la necesidad de la expropiación de la burguesía internacional, pasos esenciales para prepararnos ante un posible escenario de colapso en el futuro próximo, las reflexiones de este escritor constituyen una sugerente invitación a un necesario (y ciertamente apremiante) debate al interior de las organizaciones de izquierda.

¿Qué es el cénit del petróleo y por qué se relacionaría a un posible colapso civilizatorio? ¿Cuál es el papel del cambio climático en este último? ¿En qué consiste el decrecimiento? ¿Cómo podemos prepararnos ante un escenario de colapso? Estas son algunas de las preguntas ante las cuales Casal Lodeiro nos entrega sus puntos de vista y nos advierte: debemos actuar ahora… antes de que sea demasiado tarde. M.F.]

¿Cuál es el nombre de tu reciente libro, que temáticas trata?

El título completo es “La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente” y aborda la cuestión, crítica en este momento histórico, de hasta qué punto las izquierdas están reaccionando como deberían, o no, ante la situación de colapso civilizatorio en la que nos estamos adentrando. Es un trabajo que intenta dar un paso más allá de las obras de divulgación que explican por qué se está produciendo dicho colapso, y que intenta promover el debate urgente para pasar ya a la acción desde la política y desde los movimientos sociales.

¿Que significa para ti el término de colapso?

Esta es una cuestión terminológica importante que dejo clara desde las primeras páginas del libro, para que no quepa duda y sepamos de qué hablamos exactamente. Siguiendo al antropólogo Joseph Tainter, una autoridad mundial en la cuestión de los colapsos civilizatorios en la Historia, defino el colapso simplemente como una reducción brusca en el nivel de complejidad de una sociedad. Es decir, si nuestra sociedad, que es la más compleja de la historia humana, pierde su complejidad en un periodo breve —en términos históricos— de tiempo, entonces estamos en un proceso que denominamos “colapso”. Es decir, no tiene por qué ser un sinónimo de “apocalipsis”, sino una mera simplificación rápida de la sociedad a todos los niveles. Ni siquiera tiene que significar necesariamente una enorme tragedia a nivel social. De hecho, algunos queremos ver en él una oportunidad única en la historia, para realizar una revolución hacia una sociedad más justa y libre.

¿Por qué nuestra sociedad se dirige hacia el colapso?

Existen toda una serie de factores causantes de este colapso, que se realimentan entre sí y hacen difícil percibir el colapso, sobre todo porque este no es, como nos ha pintado Hollywood, un momento puntual, sino un proceso por etapas y que, para mayor dificultad de percepción, no se da simultáneamente en todos los lugares ni en todas las capas sociales. Entre todos esos factores considero que el declive energético causado por la llegada del petróleo a su nivel de extracción máxima (lo que llamamos el cénit del petróleo) y posterior declive, es uno de los que primero ha disparado el comienzo del proceso del colapso. No en vano nuestra sociedad depende en un grado increíble de esta fuente de energía tan especial (en sectores como el trasporte la dependencia es próxima al 100%). De hecho, la llamada “crisis económica” de 2007-2008 se considera que vino causada por el pico de precios del barril que se dio en esa época a consecuencia del cénit del petróleo convencional, lo que de acuerdo a la propia Agencia Internacional de la Energía se produjo en 2006. Esto no quita que haya otros factores adicionales gravísimos que están empujando hacia el colapso, a ritmos diferentes, como el caos climático, que en realidad no es sino la otra cara de la moneda del mismo problema histórico: la quema desaforada de los combustibles fósiles en busca del crecimiento permanente de la economía industrial y capitalista.

¿Es posible evitar el colapso, o bien es inevitable? ¿En que te basas para afirmarlo?

El colapso no lo podremos evitar en la medida en que no podremos paliar el descenso de energía disponible a partir del cénit de los combustibles fósiles. Es decir: si tenemos cada vez menos energía, no podremos mantener la complejidad social, pues su nivel es función directa de la disponibilidad (del flujo) de energía. Pensar que las energías renovables van a ser escaladas a tiempo y en la medida suficiente para cubrir la falta de petróleo es un autoengaño muy peligroso. Este tipo de energías hoy día apenas representan una fracción ínfima del consumo de energía global y presentan limitaciones enormes no sólo técnicas, sino que además de materiales, de inversión, etc., las cuales hacen muy dudoso que se puedan ampliar al ritmo necesario como para suplir al petróleo y las otras energías fósiles. Y el uranio también es un material finito, sometido a su propio cénit, aparte de lo delirante que pueda ser la apuesta por la energía nuclear por otros motivos. Hay científicos que han analizado muy bien todos estos límites, como Antonio Turiel, los cuales nos dan un baño de realismo muy necesario en este ámbito como para comprender que, si bien es obvio que las sociedades futuras van a ser “100% renovables” (porque ya no habrá otras), sería inviable pensar que puedan llegar a serlo con los niveles de consumo energético actuales. Tendremos que reducir nuestro consumo en torno a un 80-90% en los países más consumidores (los más industrializados) para poder sostenernos con la energía renovable, que será la única que nos quede en unas pocas décadas. Y eso es un colapso en toda regla, tal y como lo he definido anteriormente. Ahora bien, lo que está en juego es si hacemos esa reducción de consumo y complejidad de forma ordenada, de forma caótica, o bien dirigida por unas élites que sólo mirarán su propia supervivencia a costa de lo que sea. Aquí es donde cabe hablar de políticas y de qué piensa hacer la izquierda con el colapso, cómo lo piensa “gestionar”.

¿Cómo se relaciona el problema del agotamiento de los recursos fósiles y el cambio climático?

Como te decía antes, son problemas inseparables. Si hemos lanzado a la atmósfera tal cantidad de carbono es porque lo estamos quemando para alimentar la maquinaria mundial del crecimiento industrial, dirigido por la lógica capitalista de la acumulación de plusvalías y por el perverso mecanismo de creación de dinero en forma de deuda que nos obliga a crecer para poder devolver los préstamos más los intereses. Llegados al punto del agotamiento (o “declive”) de recursos como el petróleo, esto tiene un componente aún más grave, que es que se tenderá a quemar —para sustituirlo en algunos usos— más carbón (que emite aún más carbono a la atmósfera por unidad de energía) y más petróleos no convencionales (o pseudo-petróleos), con el resultado de acelerar el caos climático. A mí y a otros investigadores y divulgadores no nos gusta llamarlo “cambio” porque da la impresión de que simplemente pasaremos de un nivel estable a otro, también estable, sólo que más cálido. Pero no es así: estamos desestabilizando el sistema climático de tal manera que sólo podemos llamarlo “caos”, esto al punto de que aquel tardará miles de años en alcanzar de nuevo un estado más o menos estable. Algo también interesante es que abordar el problema climático permite abordar al mismo tiempo la necesidad de aprender a vivir sin petróleo. Es decir, debido al cambio climático tenemos que abandonar el petróleo y realizar profundas y rápidas trasformaciones sociales, y esto debido a su propio agotamiento también. En realidad, deberíamos parar las emisiones totalmente y ahora mismo, y eso obligaría a reformular radicalmente nuestras sociedades para vivir de manera menos compleja y menos consumidora, muchísimo menos consumidora. Así que ambas caras de la moneda nos empujan al mismo tipo de políticas, aunque quizás con ciertos matices y ritmos diferentes según dónde pongamos el énfasis, si en las consecuencias del caos climático, o en las derivadas del agotamiento energético.

¿Pueden superarse los problemas que mencionas en el marco de una sociedad capitalista?

Claramente no, en mi opinión. Y este es uno de los principales puntos de debate en los ámbitos de investigación y políticos ahora mismo. Considero que el capitalismo sólo sabe crecer, lo lleva inscrito en su ADN. Necesita crecer para generar las plusvalías y para acumular de este modo más y más capital. Y así ha sido históricamente, incluso antes de su etapa industrial. Por tanto, si el crecimiento económico es función del consumo de energía (y esto está sobradamente demostrado ya que existe una enorme correlación entre dichos ámbitos, siendo aquello de la “desmaterialización” de la economía nada más que una trampa contable), entonces en un contexto de contracción de disponibilidad energética sólo cabe decrecer y, por tanto, el capitalismo descarrila. Pero ¡ojo!, porque no podemos concluir que la desaparición del capitalismo (o su “mutación”, como la llamo en mi libro) traiga consigo automáticamente un sistema socialista, porque no es así. De hecho, lo que puede suceder al capitalismo puede ser aún peor. Y creo que estamos comenzando a ver algunas pistas de cómo esa trasformación ya está sucediendo, desembocando quizás en un sistema neo-feudal o de tipo nazi que mantendrá un control férreo de los recursos para la “salvación” de una minoría, de unos países a costa de la destrucción de otros, de unas clases sociales a costa de la dominación (ya no “explotación”) de otras. Esto es algo que la izquierda en general creo que no está comprendiendo, y me parece un fallo de análisis gravísimo. Las llamadas “democracias” actuales no se pueden sostener cuando falla la energía, el crecimiento y el pacto social que dicho crecimiento ha permitido entre la clase capitalista y el resto de la sociedad, y sólo cabe o derivar hacia auténticas democracias (socialistas o anarquistas, o ambas cosas) o hacia auténticas dictaduras. Ya estamos viendo que la clase media está desapareciendo, siendo esto un síntoma de un tipo de polarización social que nos retrotrae a las primeras épocas del capitalismo. Temo que, aunque el pasado es imposible que regrese de la misma forma, vamos a ver emerger muchas brutalidades que creíamos que nunca volverían.

¿Es posible detener el colapso, por ejemplo mediante el desarrollo de algún tipo de respuesta social autónoma?

Detenerlo no lo veo factible. Ahora sólo cabe, como dice Luis González Reyes, aprender a “navegar en aguas bravas”, evitando chocar contra las rocas, pero sin pretender determinar ni el rumbo de la balsa ni su velocidad. Cabe, como decía Dennis Meadows al cumplirse los cuarenta años del informe de “Los límites del crecimiento” publicado por el Club de Roma, abandonar el imposible objetivo de la “sostenibilidad” y cambiarlo urgentemente por la construcción de “resiliencia”, es decir, de la capacidad de resistir el gran golpe que se nos viene encima. Aquí sí que cabe la posibilidad de crear resiliencia y prepararnos a nivel social, de manera autónoma o bien coordinada con las administraciones públicas que vayan tomando conciencia de la gravedad del problema, esto para intentar minimizar el sufrimiento social. Porque si algo nos traerá claramente el colapso de la industrialización será la vuelta a un modo de vida más local, tanto en lo social como en lo económico, en la cultura, etc. Es decir, la mundialización sólo ha sido posible gracias a un petróleo abundante y barato y eso se está acabando. En la medida en que tendremos, por necesidad, que volver más a buscar la satisfacción de nuestras necesidades en nuestro entorno inmediato (en nuestro barrio, en nuestro pueblo, etc.) tendremos la oportunidad de ser más determinantes con nuestra acción local. Esto no quiere decir que haya que abandonar, claro está, la acción a nivel nacional o internacional, porque sólo desde esos niveles se puede luchar de manera efectiva contra ciertos aspectos muy graves de este colapso (conflictos bélicos por los últimos recursos, caos climático, etc.), y es por ello que hablo en el libro de las “estrategias duales”, es decir, de actuar al mismo tiempo desde la base social, y desde las instituciones estatales.

¿Crees que la Revolución Social, tal como se entendió en el siglo XX, puede ser una herramienta ya sea para frenar el colapso, o bien para prepararnos para resistir el derrumbe?

No sé si tal como se entendió entonces, porque las cosas han cambiado mucho, y ahora estamos en un contexto social y demográfico, y de recursos muy diferente. Pero sí que se pueden y deben rescatar sus elementos fundamentales, adaptados a los tiempos que nos ha tocado vivir, y convertirlos en motor de esa resistencia, de esa “resiliencia” social de la que hablaba. La izquierda debe perder el miedo a rescatar un discurso revolucionario y anti-sistema, porque ya vemos que la extrema derecha no se está moderando precisamente y está ganándole un terreno que históricamente le correspondería cubrir a la izquierda. Y, desde el otro lado, también movimientos sociales muy meritorios como las Transition Towns deberían perder el miedo a posicionarse políticamente, y ahí creo que por ejemplo apuestas más decididas que unen construcción local de resiliencia con revolución social, como la llamada Revolución Integral promovida inicialmente desde algunos colectivos catalanes, o la Vía de la Simplicidad del australiano Ted Trainer, o incluso el conocido movimiento por el Decrecimiento, son mucho más acertadas. No lo dudemos: en la medida en que seamos capaces de articular modos de vivir sin capitalismo y sin Estado (como proponen estos movimientos), estaremos siendo más “resilientes” y estaremos más preparados para resistir el colapso y para ayudar a otros a resistir. Hay que construir botes salvavidas para huir de este Titanic que se hunde ya sin remedio, por utilizar una recurrida metáfora.

¿Es necesaria una política anti-capitalista que se plantee la expropiación de la burguesía y la toma del poder de los trabajadores, esto como un paso necesario para enfrentar un escenario de colapso?

Hay muchos aspectos en tu pregunta, algunos de los cuales creo que deben ser pensados de manera reposada y con perspectiva crítica. Aunque claramente necesitamos reconocernos como anticapitalistas, ya que el capitalismo es el que nos ha llevado hasta aquí e intentar salvarlo o reformarlo sería la peor idea que podríamos tener en estos momentos. Quizás otro concepto sería el de “pos-capitalistas”, pues este término da por entendido que el capitalismo tiene fecha de caducidad y queremos ser proactivos construyendo lo que vendrá después. No tengo claro, sin embargo, que eso implique necesariamente la expropiación de la burguesía y la abolición de la propiedad privada. Está claro que se deben priorizar las necesidades sociales por encima del lucro, y que eso implica poner a la democracia por encima del mercado. Y que todo el mundo deberá tener cubiertas sus necesidades, en mi opinión por medio de una reforma agraria que permita el usufructo de un pedazo de tierra suficiente para todos. Por tanto, los medios de producción sí que deben estar en manos de las personas, así como la determinación de qué recursos se destinan a qué fines (democracia económica, primacía de la política). Por otro lado, la figura de la “Dictadura del proletariado” no me parece interesante. En primer lugar, porque reniego de cualquier forma de “dictadura” y, por otro, porque el proletariado (tal como se entiende desde la Revolución Industrial) no me parece el actor clave en esta revolución de la que hablamos. Esto lo explico en la primera parte del libro en donde intento desmontar algunos lugares comunes de la izquierda, y el papel de la clase obrera es uno de ellos. Fíjate que, si pensamos que la civilización industrial va a desaparecer, la clase trabajadora, o más bien el propio trabajo tal y como lo entendemos modernamente, siendo hijo de la industrialización, lo más lógico es que desaparezca con ella. ¿Cuál es el sujeto revolucionario, entonces? Yo hablaría del pueblo, en general, o de las clases desposeídas, o de los excluidos del sistema, lo cual abarca desde los campesinos sin tierra hasta los urbanitas sin empleo, pasando por millones de personas migrantes, etc. Somos “los que les sobramos”, según aquello que ya anticipaba el “Informe Lugano”, de Susan George.

¿Piensas que la Izquierda está discutiendo estos problemas, o bien integrándolos en sus respectivos programas?

Esta es la cuestión clave en estos momentos. Aunque en mi libro menciono algunos “pasos en la buena dirección”, creo que en general, salvo contadas excepciones, el debate no se está produciendo. Con todo, percibo que el momento histórico comienza a abrir por fin la posibilidad de que se discutan estas cuestiones, y cosas tan simples como esta entrevista o una presentación de un libro en el lugar adecuado, en un momento adecuado, puede permitir que las personas con conciencia del colapso y corazón de izquierda se activen en sus organizaciones y pongan la cuestión sobre la mesa. Esto está ya sucediendo en España con los partidarios del Decrecimiento y el Ecologismo Social. Mi modesta contribución puede servirles de herramienta para abrir las grietas en el discurso y prácticas anquilosadas en sus partidos, sindicatos, etc., esta para que se comience e perder el miedo a abordar la cuestión en sus verdaderos términos. Ya vemos que la extrema derecha está empezando a canalizar la frustración histórica producida por el amargo despertar de la sociedad de su sueño del progreso perpetuo, y algunas voces desde la izquierda están comenzando a gritar indignadas: “¡Deben ser nuestros valores los que canalicen esa frustración con objetivos de emancipación!”. Veremos si el debate logra cuajar a tiempo para evitar las peores consecuencias de la deriva actual hacia un colapso caótico o dirigido por el poder capitalista.

 

¿En el caso de las Izquierdas que se reivindican como marxistas y anti-capitalistas radicales: por ejemplo las organizaciones de cuño leninista, trotskysta o anarquista, piensas que este problema está siendo discutido con la importancia que merece?

No, creo que no. Quizás en estas izquierdas es donde más cueste, al menos en las marxistas. Y no porque no haya elementos en el propio Marx y en pensadores posteriores que permitan articular esto que llamamos “ecosocialismo”, y que sería el fundamento teórico desde el cual pensar, desde el marxismo, la respuesta ante la presente emergencia histórica, sino quizás porque existen además toda una serie de barreras no sólo ideológicas, sino que también culturales o incluso mentales, tal como apunto en “La izquierda ante el colapso…”, que son tremendamente difíciles de superar. Quizás en este sentido le costaría menos a la izquierda libertaria asumir el cambio necesario, aunque en su caso no logran superar la barrera de su anti-estatalismo, que sería —en mi opinión— necesario dejar aparcado como sucedió en España durante la Guerra Civil, esto para permitir poner en marcha, con su importantísima participación, el tipo de “estrategias duales” que mencioné anteriormente. Por eso reclamo en el libro la reconciliación de las ramas marxista y bakunista, es decir, que la excepcionalidad del momento histórico actual ponga fin al divorcio producido en la I Internacional. No podemos permitirnos la división cuando nos enfrentamos a una tragedia potencial de dimensiones planetarias.

En el caso de Chile ninguna organización de izquierda está discutiendo estos problemas: esto ya sea en el ámbito del llamado reformismo, o bien en el caso de las organizaciones anti-capitalistas: por ejemplo los grupos anarquistas que toman como referente a la ex presidente de la FECH Melissa Sepúlveda, o bien el PTR a nivel estudiantil. Una muestra de esto es que una perspectiva de colapso ni siquiera ha sido integrada en sus reflexiones ¿Que piensas de esto?

No conozco el caso chileno, pero creo que es un problema a nivel internacional. En general la socialdemocracia, o sea, la izquierda reformista, debe comprender que esa vía está agotada, debiendo además abandonar las ideas keynesianas como inviables en un contexto de fin del crecimiento económico. Por otro lado, las izquierdas más radicales o revolucionarias, deberían repensar tanto los plazos como los objetivos de su revolución, o incluso sus actores principales, esto a la luz de la situación de colapso que —no lo perdamos de vista— ya ha comenzado. Espero que mi libro pueda aportarles alguna perspectiva de interés y, sobre todo, que acudiendo a las referencias de autores que aporto (pues no pretendo ser más que un divulgador de las ideas de quienes saben más que yo y han pensado estos problemas antes), se pueda nutrir también en Chile y en toda América el debate necesario. Cada país tiene su ritmo dentro de este colapso, y también sus organizaciones tienen sus ritmos y sus bagajes históricos desde los cuales partir. Precisamente creo que desde Europa debemos mirar para el resto del mundo en la búsqueda de referentes de otras maneras de concebir la izquierda, y también a nuestro propio pasado, recuperando así mucho de la tradición histórica de las izquierdas. Así que espero que pronto en Chile tengamos referentes de un debate avanzado que nos realimenten nuestros propios debates en Europa y en otros lugares. Creo que es importante que los divulgadores sociales y científicos con una perspectiva más clara de la situación tengáis reuniones con estas organizaciones para compartir materiales para la reflexión, y un diálogo constructivo para promover su trasformación en esas “izquierdas post-industriales” que reclamamos. Mi libro plantea incluso un abanico de estrategias diferentes que podrían seguir, una serie de maneras diferentes de adaptarse.

¿Como puede la izquierda revolucionaria comenzar a discutir estos problemas, y prepararse para enfrentarlos?

Como te apuntaba en la respuesta anterior, los primeros pasos pueden darse en reuniones internas con finalidad pedagógica y de conocimiento mutuo. Por ejemplo en España están funcionando bastante bien estrategias puestas en marcha por colectivos sociales conscientes del problema, que están realizando ciclos formativos con activistas de base y, desde ahí, teniendo ya un diagnóstico compartido de la situación, promueven posteriormente candidaturas municipalistas para empezar a construir resiliencia en el nivel local, donde es más fácil. Dentro de lo que llamamos “estrategias duales”, esto se está combinando con otras organizaciones que tienen acceso a las cúpulas de los partidos para promover que se den pasos más allá de la mera firma de manifiestos anti-neokeynesianos como fue el Manifiesto “Última Llamada” en 2014, y que de una vez incorporen medidas por un decrecimiento controlado y a la altura de la emergencia histórica, aquello tanto en sus programas como en sus discursos. Y no es tan difícil, en realidad: una reciente investigación realizada en la Universidad Autónoma de Barcelona apuntaba a que más de un tercio de la población española está dispuesta a renunciar al crecimiento económico si eso es necesario para lograr ser sostenibles. Creo que esto desmiente muchos de los temores que nos expresan los partidos de izquierda con representación parlamentaria que cuando les explicamos la situación, la comienzan a comprender, pero se bloquean diciéndonos: “¡No podemos decirle esto a la gente!” Bien, pues la extrema derecha está diciendo cosas aún más chocantes, que además son falseadas, y está triunfando. ¿A qué espera la izquierda? Tienen ahí la verdad mostrada por la ciencia, tienen a una población más dispuesta de lo que creen a un discurso radical (y sobre todo, que sea sincero)… ¿Qué más quieren?

¿Donde es posible conseguir tu libro?

El libro está ya disponible en numerosas librerías del Estado español, en algunas de diversos países americanos, y también se puede adquirir por Internet desde cualquier lugar del mundo. Algunos fragmentos de la versión original (en gallego) también se pueden leer libremente en Internet. Toda la información sobre el libro la hemos reunido en el web http://esquerda.colapso.info. Espero que sea útil para todo el mundo que se acerque a la obra y que sirva como herramienta para poner en marcha este debate tan urgente y necesario.

 

Notas:

1/ Véspera de Nada, 2013 (Facilitado por Manuel Casal).

2/ Ídem.

3/ Is Global Collapse Imminent? An Updated Comparison of The Limits to Growth with Historical Data? (2014).

4/ NASA

5/ La izquierda ante el colapso de la civilización industrial. Apuntes para un debate urgente (Facilitado por Manual Casal).

6/ Ídem.

7/ Ídem.

– See more at: http://vientosur.info/spip.php?article12334#sthash.5OcyLZvF.dpuf

Cuento de José Leandro Urbina: «Visión»

 

“Quiere que le diga sinceramente, Villalobos”, recuerdo que me detuvo el flaco Carmona cuando los otros abandonaban la sala. “A mí mejor que no me llame más a reuniones”. Tenía ese tic en la cara que le afloraba cada vez que se ponía nervioso. “Yo entiendo que hay cosas que discutir, pero uno trabaja todo el día y cuesta mamarse tanto informe”, recuerdo también el gesto tímido de su cabezota detenida bajo la lámpara, buscando con exasperación las palabras. “Mire, hagamos un trato. Conmigo cuenta siempre… Cuando empiece la mocha, usted me llama… y no más reuniones, jefe. Ve que me quedo dormido”. No recuerdo qué le dije, tal vez algo sobre el desafío intelectual del proceso, pero un mes más tarde, el once de septiembre, mientras se escuchaban los `primeros bandos militares, el flaco Carmona subió por la avenida Independencia camino del centro. Llevaba bajo el brazo una escopeta vieja envuelta en un saco harinero. Lo vi pasar fugaz, borroso como una foto movida, tras los vidrios de mi ventana. Desde entonces que no tengo noticias suyas.

 

(Fotografía de marcelo Montecino, Santiago, 1972)

Lucha de clases en la pantalla chica

 

por Luciano Monteagudo

A comienzos de 1972, Rainer Werner Fassbinder tenía apenas 26 años y en sólo tres había filmado quince largometrajes, que finalmente empezaban a ser reconocidos por la crítica y los principales festivales internacionales, a pesar del rechazo inicial que había provocado –aquí mismo en la Berlinale– su opera prima El amor es más frío que la muerte (1969). Pero Fassbinder era plenamente consciente de que su cine -formalmente tan austero como sus presupuestos– era apreciado sólo por una élite: la misma burguesía a la que él no dejaba de cuestionar. Por eso, cuando la cadena de televisión Westdeutscher Rundfunk (WDR) le ofreció escribir y dirigir una miniserie para su catálogo de producciones familiares, tan populares en la TV alemana de la época, Fassbinder no dudó en aceptar la propuesta. El resultado fue Acht Stunden sind kein Tag (Ocho horas no hacen un día), una experiencia crucial y a todas luces insólita que en estos días, en una flamante versión restaurada, se ha convertido en el gran acontecimiento cinéfilo del Festival de Berlín.

 

A diferencia de la famosa Berlin Alexanderplatz (1980), que Fassbinder también rodó para la televisión, Ocho horas no hacen un día era un trabajo olvidado, nada menos cinco capítulos de una hora y media cada uno que casi no habían vuelto a verse desde su primera emisión, 45 años atrás. Pero la Rainer Werner Fassbinder Foundation que dirige Juliane Lorenz, en cooperación con el Museo de Arte Moderno (MoMA), de Nueva York, exhumaron el material original, rodado en 16mm, restauraron meticulosamente imagen y sonido y lo que ahora vuelve a la luz puede considerarse como la primera -y quizás la única– telenovela marxista de la TV occidental.

A priori, el guión escrito por el propio Fassbinder no se aparta de los lineamientos generales que imponía la WDR para sus “Familienseries”, concebidas para su horario central. Esto es, una comedia con una simpática familia en su centro, que en cada emisión debía enfrentar diferentes situaciones, enredos humorísticos y conflictos. Pero lo primero que hace el Fassbinder dramaturgo es acentuar el sentido de pertenencia de esa familia a la más pura y dura clase trabajadora. El protagonista es Jochen (Gottfried John), un muchacho pintón y entusiasta que trabaja en una fábrica metalmecánica. Comparte un modesto departamento con sus padres y con su abuela (la hiperactiva Luise Ullrich), hasta que se muda con su novia Marion (Hanna Schygulla), empleada administrativa de un periódico local de la ciudad de Köln, donde fue rodada la miniserie.

El primer capítulo está casi totalmente dedicado a este romance y a los comentarios y reacciones que provoca en el resto de la familia de Jochen. Pero poco a poco, capítulo a capítulo, Fassbinder va introduciendo cada vez más el universo social y laboral en el plano familiar. Los compañeros de trabajo de Jochen son también sus amigos y con ellos no sólo comparte unas cervezas a la salida de la fábrica sino también todos los problemas y conflictos que conlleva la jornada laboral, desde las presiones del capataz por cumplir con los plazos de entrega hasta las estrategias de lucha para conseguir un aumento salarial. Que en el quinto y último capítulo de la serie, Jochen, Marion y sus amigos dediquen buena parte de su tiempo a comprender y discutir la teoría de la plusvalía (aunque nunca la nombren como tal) da una idea de por qué la WDR canceló súbitamente el proyecto y nunca se filmaron los tres capítulos restantes que estaban previstos.

 

Es notable, sin embargo, el esfuerzo de Fassbinder por contrabandear sus contenidos en un territorio enemigo como era el de la televisión. Si Jean-Luc Godard –que había sido una de sus primeras y mayores influencias– estaba dedicado por entonces a romper con el lenguaje cinematográfico y las convenciones narrativas de la burguesía, Fassbinder por el contrario las abraza con todas sus fuerzas, para ganarse el favor de su audiencia. Quiere y necesita llegar a su público, por lo que utiliza todas las herramientas de la gramática televisiva, desde una música con violines para resaltar una escena romántica hasta los súbitos zoom a los ojos de sus personajes, cuando enfrentan una situación crítica. Aquí es más claro que nunca el influjo del cine del alemán Douglas Sirk, que en Hollywood se apropió de las claves del melodrama para subvertir la ideología del género, una práctica que evidentemente Fassbinder quería probar en su incursión televisiva y luego extendería a toda su obra cinematográfica.

Pero en Ocho horas no hacen un día hay también, a la vez, en una operación tan compleja como transparente, un procedimiento inequívocamente brechtiano: a fuerza de exacerbar esos recursos formales -particularmente los elaboradísimos encuadres– se produce el famoso “efecto de extrañamiento” que permite distanciarse de los hechos dramáticos y por lo tanto tomar conciencia de las situaciones de los personajes. En su afán didáctico por exponer círculos concéntricos de opresión, Fassbinder no sólo vuelve al tema de los Gastarbeiter, los trabajadores inmigrantes, al que había dedicado todo un film (Katzelmacher, 1969) y al que aquí regresa con la subtrama de un obrero italiano que es víctima del desprecio de alguno de sus compañeros. También advierte la discriminación a la que están sometidas las mujeres y las personas mayores, a quienes la serie no sólo invita a rebelarse sino que también les indica el mejor camino para hacerlo.

En el caso de las mujeres, la excepción es el personaje de Marion, de una independencia y una libertad que provienen sin duda de la personalidad magnética de su actriz, Hanna Schygulla, en el esplendor de su talento y su belleza. Fue Schygulla –junto a Irm Hermann, otra sobreviviente de la troupe Fassbinder de aquella época– quien subió al escenario de la legendaria sala Volksbühne am Rosa-Luxemburg-Platz para presentar esta gema que parecía perdida en el túnel del tiempo y que ahora en la Berlinale ha vuelto a brillar en todo su esplendor.

Francia: ¿cómo vencer a la derecha y al Frente Nacional?

por Juan García Brun

Al igual que en Chile, quienes previeron primero el inevitable duelo entre Lagos-Piñera, luego Guillier-Piñera, los «expertos», en Francia los medios de comunicación repitieron inoficiosamente el «inevitable» duelo entre Sarkozy y Hollande (o Valls y Juppé, etc.), y luego sobre la victoria «casi segura» de François Fillon.

Lo que todos estos «expertos» no pueden o no quieren ver es la lógica subyacente a la volatilidad extrema que caracteriza no sólo la campaña, sino la política francesa en general. Lenin dijo: «la política es economía concentrada.» Precisamente, la crisis política en la que el país se hunde es la consecuencia de la profunda crisis del capitalismo y del incalculable sufrimiento que inflige a la masa de la población. Los recortes presupuestarios, el aumento del desempleo, la pobreza generalizada y la explosión de la desigualdad están rompiendo el equilibrio político en el que descansaba el poder de la clase dominante en las últimas décadas.

Es un fenómeno internacional. Los ritmos y las formas difieren según el país, por supuesto, pero las mismas causas producen los mismos efectos.El equilibrio político se ha roto –en diversos grados– en los Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Grecia, Italia, Rumania y en otros lugares. Incluso Austria, ese parangón de la estabilidad política, evitó por poco la elección de un presidente de la extrema derecha en diciembre. Ningún país es inmune a este fenómeno. Ninguno se salvará.

Fillon y Macron

La clase dominante francesa necesita un gobierno capaz de infligir al país una austeridad sin precedentes. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. Durante las primarias de la principal fuerza de la derecha, los Republicanos, el candidato vencedor Francois Fillon fanfarroneaba diciendo que había que cortar y barrer sin vacilar las movilizaciones sindicales. ¡Paradojas del destino! Unas semanas y varias revelaciones más tarde (como la de que contrató a su mujer con dinero público para hacer trabajos ficticios), lo redujeron a hacer una campaña semi-clandestina en medio de un concierto permanente de cacerolas y de burlas. Está ampliamente desacreditado incluso antes de ser elegido – lo que, por tanto, no es muy probable. En su desesperación, la cúpula de los Republicanos están maniobrando para forzar la salida de Fillon de la carrera presidencial, pese a haber ganado las primarias del partido, para sustituirlo por el candidato perdedor en las mismas, Alain Juppé.

En el orden de preferencia de la burguesía, el siguiente es Macron, un arribista procedente del ala más derechista del Partido Socialista (PS), que abandonó el partido hace algunos años y que ahora se postula para las elecciones presidenciales como independiente. Ofrece recortes un poco menos draconianos que los prometidos por Fillon, pero los que ha desvelado colman de satisfacción a los capitalistas. Éstos también saben que la dosis de políticas de austeridad puede ser modificada durante su mandato –y que Macron no pondría obstáculos para ello, ya que está dedicado en cuerpo y alma a los intereses del gran capital.

«La naturaleza no tolera el vacío»: el ascenso de Macron es una ilustración de esto. Se aprovecha de la grave crisis del Partido Socialista y de los Republicanos. Sin embargo, es difícil decir hasta dónde puede llegar. Él llena el vacío con su propio vacío. Numerosos medios de comunicación lo apoyan, pero la reputación de éstos es tan mala en la población, que es un arma de doble filo. Por si fuera poco, el hombre que pretende «renovar profundamente la política» recibe y acepta constantemente la adhesión de viejas glorias reaccionarias de los Republicanos, del PS, de los derechistas del Modem, y de otros.

La lucha contra el Frente Nacional

Todo esto no interfiere en absoluto en el mundo de Marine Le Pen, cuya demagogia «anti-sistema» resuena en millones de personas explotadas y oprimidas que quieren poner todo patas arriba. La mayoría de ellas no son racistas; están amargadas con los políticos de derecha y de «izquierda» que se sucedieron en el poder durante décadas sin cambiar nada, sino a peor.

La analogía entre Le Pen y Donald Trump es obvia. Las causas fundamentales de su ascenso son las mismas.Dicho esto, el éxito del FN no es inevitable. Este partido ultra-reaccionario puede ser combatido con eficacia. ¿Cómo?Defendiendo una alternativa de izquierda y radical al sistema. Un número significativo de votantes tentados por el voto al FN podría agruparse alrededor de un programa de izquierda, a condición de que proponga una ruptura clara con el orden establecido. De manera general, millones de votantes radicalizados –pero indecisos y confundidos– pueden ser ganados para un programa de este tipo.

Es poco probable que la campaña de Benoit Hamon –el candidato socialista– pueda jugar este papel. Además de que su programa es muy confuso y moderado, su partido sale destrozado de cinco años de gobierno de Hollande, de los que dos tuvo a Hamon como ministro. Por otra parte, su programa ya está obsoleto: una mayoría de diputados «socialistas» en el parlamento están en contra suya. Hamon finge no haberse dado cuenta.

El elemento clave de la ecuación es Jean-Luc Mélenchon. Su candidatura puede unir a millones de trabajadores y jóvenes indecisos, a condición de convencerles de que su movimiento político, “La Francia insumisa”, está decidido a terminar de una vez por todas con las políticas de austeridad. La lucha contra los recortes presupuestarios, el desempleo y la pobreza debe ser el eje central de las intervenciones públicas de Mélenchon y de los demás dirigentes de La Francia insumisa. Recordemos que en los Estados Unidos fue sobre estas líneas –y sobre el llamamiento a una «revolución política contra la clase multimillonaria»– que Bernie Sanders levantó el entusiasmo de decenas de millones de estadounidenses el año pasado. Todas las encuestas le daban ampliamente vencedor frente a Donald Trump. Hay aquí una lección importante para Mélenchon y La Francia insumisa.

Reforma y revolución

Révolution llama a sus lectores y seguidores a votar por Jean-Luc Mélenchon el 23 de abril, y a participar en la campaña de La Francia insumisa. Este movimiento constituye la única alternativa de izquierda de masas a un PS desacreditado. Cualquier éxito de La Francia insumisa será un paso en la dirección correcta.

Al mismo tiempo, hemos puesto de relieve periódicamente las limitaciones del programa de Mélenchon. Digámoslo en términos simples: las numerosas medidas progresistas de este programa no se pueden ejecutar en el marco del capitalismo en crisis. La clase dominante no lo permitiría.Se opondría con todas sus fuerzas, como ya en 2015 se opuso al programa progresista de Alexis Tsipras en Grecia. Y para privar a la burguesía de los medios para luchar contra un verdadero gobierno de izquierda hay que expropiarla, nacionalizar los grandes medios de producción y poner el socialismo a la orden del día.

A veces se nos dice: «¡Pero Francia no es Grecia!». Por supuesto, Francia es más potente que Grecia y no está bajo la transfusión financiera de la troika.El chantaje y las presiones, por lo tanto, no tomarán exactamente las mismas formas. Pero de todos modos las habrá: no hay ninguna duda sobre esto. Esto es lo que demuestra toda la historia de la lucha de clases y de los diferentes gobiernos de izquierda, para empezar el de 1981 a 1983, en Francia.

Esto es aún más cierto cuando la crisis del capitalismo ha socavado la base material del reformismo. La clase dominante no está dispuesta a conceder más reformas; exige nuevas contrarreformas –y va a luchar con uñas y dientes para conseguirlas. La lucha por reformas progresistas serias no tendrá éxito más que a condición de transformarlas en una lucha revolucionaria contra el sistema capitalista mismo, en una lucha por la revolución proletaria.

Un cuento de Marilyn Manson: «Todo en familia»

Él esperaba que la grabadora aún funcionara. Era una de esas portátiles usadas a menudo en escuelas y  bibliotecas. Teddy ni siquiera se dio cuenta de la ironía de su acción –Angie era de hecho quien se la había comprado. Limpió el cabello y la sangre del borde y soltó un suspiro de frustración. “Mamá seguramente me dejará sin ver televisión,” pensó, mirando el desastre que había hecho. Seguir leyendo Un cuento de Marilyn Manson: «Todo en familia»

Este 8 de marzo: huelga internacional de mujeres

 

por Cinzia Arruzza

Organizaciones feministas, populares y socialistas alrededor de todo el mundo han llamado a la Huelga Internacional de Mujeres el 8 de marzo en defensa de los derechos reproductivos y contra la violencia hacia las mujeres, entendida como violencia económica, institucional e interpersonal.

La huelga tendrá lugar en al menos 40 países; será la primera coordinada internacionalmente a esa escala desde hace años: en términos de su tamaño y por la diversidad de organizaciones y países involucrados, será comparable a la manifestación internacional contra el ataque imperialista en Irak en 2003 y a las protestas internacionales coordinadas bajo la bandera del Foro Social Mundial y el movimiento por la justicia global a principios de los 2000.

Mientras que el movimiento Occupy, los Indignados, el Blacks Lives Matter logró tener un eco mundial y desencadenar manifestaciones, ocupaciones, y protestas en un número importante de países, hubo sin embargo, poca coordinación consciente internacional de coordinación entre varias organizaciones y grupos participantes. Por otro lado, las revoluciones árabes fueron también un extraordinario e histórico evento, pero las organizaciones sociales y políticas de otros países no construyeron una poderosa movilización coordinada internacionalmente en su apoyo.

Si esto sucede, la Huelga Internacional de Mujeres marcará un salto cualitativo y cuantitativo en un largo proceso de reconstrucción de una movilización social a nivel internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo, a la cual varios movimientos de años recientes han dado forma, del Occupy a Gezi Park (en Turquía) de los Indignados al Standing Rock y el Blakc Lives Matter. Eso será señal también de una posibilidad concreta para un nuevo movimiento feminista, poderoso, anticapitalista e internacionalista.

¿Porqué lo llamamos “una huelga”?

Muchas discusiones sobre la huelga, particularmente en los Estados Unidos, se ha centrado en si es correcto llamar al 8 de marzo una “huelga”, en lugar de una manifestación. Esta crítica no tiene sentido. Las huelgas de mujeres siempre han sido más abarcadoras en sus objetivos y propósitos que las tradicionales huelgas sobre los salarios y las condiciones de trabajo.

En 1975, 90 % de las mujeres de Islandia estallaron una huelga en el lugar de trabajo y rechazaron hacer por un día el trabajo socialmente reproductivo no pagado para hacer visible el trabajo de la mujeres y su contribución a la sociedad en Islandia. Ellas exigían iguales salarios al de los hombres y el fin de la discriminación sexual en el trabajo.

En el otoño de 2016, las activistas polacas adoptaron la estrategia y el mensaje de la huelga de mujeres de Islandia y organizaron un huelga de mujeres masiva para detener un requerimiento en el parlamento que habría prohibido el aborto. Las activistas argentinas hicieron lo mismo en octubre para protestar contra la violencia machista hacia las mujeres.

Estos hechos – los cuales estimulan la idea para una amplia huelga en el Día de la Mujer – demuestran cómo una huelga de mujeres es diferente de una huelga general. Una huelga de mujeres surge de la reflexión política y teórica sobre las formas concretas del trabajo de las mujeres en las sociedades capitalistas. En el capitalismo el trabajo de las mujeres en el mercado de trabajo formal es sólo una parte del trabajo que ellas hacen; las mujeres son también las principales proveedores de mano de obra reproductiva: trabajo no pagado que es igual de importante para reproducir la sociedad y las relaciones sociales del capitalismo. Una huelga de mujeres es diseñada para hacer visible este trabajo no pagado y para enfatizar que la reproducción social es también un lugar de lucha.

Además, debido a la división sexual del trabajo en el mercado del trabajo formal, un basto número de mujeres mantienen trabajos precarios, donde no tienen derechos laborales, son desempleadas o trabajadoras indocumentadas.

Las mujeres trabajadoras en el mercado de trabajo formal e informal y en la esfera no pagada de la reproducción social, son todas ellas siempre trabajadoras. Esta consideración debe ser central para algunas discusiones acerca de la reconstrucción de un movimiento de la clase trabajadora no sólo en los Estados Unidos, sino también a nivel global.

Hacer énfasis en la unidad entre los lugares de trabajo y el hogar es clave, y un principio organizador central para la huelga del 8 de marzo. Una política que toma el trabajo de las mujeres seriamente debe incluir no sólo la huelga en los lugares de trabajo sino también una huelga del trabajo reproductivo no remunerado, huelga de tiempo parcial, llamado para reducir el tiempo de trabajo y otras formas de protesta que reconoce la naturaleza de género de las relaciones sociales.

La “huelga” se ha convertido en el término paraguas bajo el cual se incluyen estas diversas formas de acción porque es el término que mejor enfatiza la centralidad del trabajo de las mujeres y su autoidentificación como trabajadores, cualquiera que sea su forma de trabajo.

Reclamar el derecho a la huelga

Estados Unidos tiene quizá las peores leyes del trabajo entre las democracias liberales. Las huelgas generales y políticas están prohibidas, las huelgas están ligadas a exigencias económicas estrictamente dirigidas a los patrones, y los contratos a menudo tienen cláusulas explícitas contra la huelga, cuya violación puede hacer que el trabajador pierda su empleo y/o que el sindicato que organiza la huelga reciba fuertes multas. Además, varios estados, como Nueva York, tienen leyes que prohíben explícitamente a los empleados públicos hacer huelga.

La discusión acerca de cómo revertir esta situación y empoderar a las y los trabajadores ha sido el principal tema estratégico de la izquierda en EU en las últimas décadas. Aún ahora uno de los peligros en esta discusión es reducir la lucha de clases a la sola lucha económica, y confundir las relaciones sociales capitalistas con la economía formal, esto es una visión estrecha.

Una transformación de las relaciones de trabajo en los Estados Unidos requiere no simplemente una activación de la clase trabajadora sobre las bases de demandas económicas en el lugar de trabajo, sino su politización y radicalización – la capacidad de llevar a cabo una lucha política dirigida a la totalidad de las relaciones de poder, a las instituciones y a las formas de explotación.

Esto no puede ser alcanzado mejorando y expandiendo la organización de base en los lugares de trabajo solamente; uno de los problemas central que la organización laboral radicalizada enfrenta es su aislamiento político y social así como su invisibilización.

Establecer las bases para la revitalización del poder de la clase obrera requerirá operar a diferentes niveles – creando grandes coaliciones sociales actuando dentro y fuera de los lugares de trabajo y construyendo lazos de solidaridad y confianza entre trabajadores y activistas antirracistas, feministas, estudiantes, y anti-imperialistas. Esto también significa aprovechar la imaginación social a través de la creatividad, la intervención intelectual y teórica y la experimentación con nuevas prácticas y lenguajes.

En lugar de los estrechos enfoques sobre la lucha en el centro de trabajo, necesitamos conectar movimientos basados en el género, la raza, la etnicidad y la sexualidad junto con los sindicatos y el activismo ambiental. Sólo creando esta totalidad colectiva seremos capaces de dirigir la complejidad de temas y demandas planteadas por estas diversas formas de movilización.

Este es el camino que la huelga internacional de mujeres persigue, con su amplia plataforma y apertura.

Marzo 8 no será una huelga general. Pero será un importante paso hacia la relegitimación del derecho a la huelga contra la degradaciones del capitalismo sentidas en todas las esferas de la vida por toda la gente.

(Fotografía: Mujeres republicanas en el frente de Madrid, 1938)

Los herederos de Gramsci

por Perry Anderson

Ningún pensador italiano goza de mayor fama hoy que Gramsci. Tanto las citas académicas como las referencias en Internet lo sitúan por encima de Maquiavelo. La bibliografía de artículos y libros sobre él llega a unos 20.000 títulos.

En medio de esta avalancha, ¿es posible alguna brújula? Sus Quaderni del carcere [Cuadernos de la cárcel] se pusieron a disposición de los lectores italianos, políticamente expurgados, a finales de la década de 1940. La primera traducción extensa a una lengua no italiana llegó a principios de la de 1970, con la selección editada por Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith (Londres, 1971), que les dio un público global, siendo pro- bablemente la versión más consultada en todo el mundo. Cuatro décadas después existe ya una extensa literatura secundaria sobre la historia de su recepción a escala mundial, que abarca una vasta gama de usos1. La magnitud de esta apropiación, en una época tan diferente de la que conoció y enjuició Gramsci, debe mucho a dos características de su legado que lo diferencian del de cualquier otro revolucionario de su tiempo.

La primera es su multidimensionalidad. La variedad de temas tratados en los Quaderni del carcere –la historia de los principales países europeos; la estructura de sus clases dominantes; el carácter de su dominio sobre los gobernados; la función y pluralidad de sus intelectuales; la experiencia de los trabajadores y la perspectiva de los campesinos; las relaciones entre el Estado y la sociedad civil; las últimas formas de producción y consumo; cuestiones de filosofía y educación; las interconexiones entre la cultura tradicional o vanguardista y la cultura popular o folclórica; la construcción de las naciones y la supervivencia de las religiones; y con no menos importancia, las formas y medios para superar el capitalismo y sostener el socialismo– no tenía ni tiene igual en la literatura teórica de la izquierda. Su ámbito era no sólo temático sino espacial, puesto que en Italia se combinaba una industria capitalista avanzada en el norte con una sociedad precapitalista arcaica en el sur, y los Quaderni provenían de una experiencia directa de ambas, siendo por eso capaces mucho des- pués de interesar a lectores del Primer y del Tercer Mundo por igual. Había mucho donde elegir.

La segunda atracción magnética de esos textos reside en su fragmenta- ción. Las notas de Gramsci en la cárcel eran lacónicas y exploratorias, como preparación para obras que nunca pudo componer en libertad. Eso las hizo, como señalaría David Forgacs2, sugerentes más que concluyen- tes, invitando después de su muerte a una reconstrucción imaginativa, en un tipo de totalización u otro. Menos vinculantes que una teoría ter- minada, eran más atractivas para los intérpretes de todo tipo, como una partitura que invita a la improvisación. En su propio país los efectos no fueron felices, ya que todo el proceso quedó bajo el control del partido que él había liderado junto a otros, pero que había cambiado mientras estaba preso al someterse sus dirigentes en el exilio al mandato de Stalin. El resultado fue la instrumentalización continua de su pensamiento para fines oficiales, como defensa e ilustración de la línea política del pci, sin importar cuántas posiciones contradictorias implicara esto, desde la época de la Kominform hasta la del Eurocomunismo y su autoliquidación final. Dentro de esa camisa de fuerza táctica, naturalmente, no era posible un escrutinio crítico de las tensiones y vacilaciones, así como de los fulgores, de los Quaderni del carcere 3. Al principio, para despejar cualquier sospecha de Moscú, Gramsci tuvo que ser identificado en bloque con Lenin. Después de los congresos vigésimo y vigésimo segundo del pcus, se le presentó como complementario a Lenin, y después de 1968 como reemplazo del mismo. Finalmente, cuando se acercaba el final, fue desechado al considerarlo demasiado contaminado por Lenin, en un partido que afirmaba que se había desarrollado más allá de ambos, poco antes de exhalar su último suspiro.

Dado que el pci jamás ocupó todo el espacio de la izquierda italiana, en la que existían otras corrientes significativas y no pocas de ellas en profundo desacuerdo con él, el legado de Gramsci nunca pudo ser completamente monopolizado por el partido. Durante las décadas de 1960 y 1970, junto con el rechazo generalizado de ese legado como ideología de una forma- ción política comprometida, surgió una lectura alternativa centrada en el papel clave de los consejos de fábrica presente en sus primeros textos para L’Ordine Nuovo, que contraponían la idea de la autonomía de los trabajado- res recogida en éstos a la exaltación del partido como «Príncipe moderno» presente en los Quaderni. Aunque a menudo su expresión fue bastante enérgica, se trataba de un mecanismo de defensa incapaz de desalojar la secuencia ondulante de las recensiones basadas en los escritos de prisión. El resultado neto, cuando tanto el pci como esas espinas clavadas en su costado se desvanecieron finalmente, fue una esterilización del legado de Gramsci en su tierra natal.

Su empleo creativo, libre de restricciones institucionales, emigró al extranjero. Hay inevitablemente algo arbitrario en la ilustración del resultado de este periplo, pero entre los posibles candidatos es innega- ble la relevancia de cuatro apropiaciones del pensamiento de Gramsci, probablemente las cuatro principales si se consideran comparativa- mente, efectuadas a partir de la década de 1980. ¿Forman un patrón? Sorprendentemente sí, en ciertos aspectos. Todas fueron obra de pen- sadores alejados de su patria. Todas surgieron en el mundo de habla inglesa –el Reino Unido, Estados Unidos, Australia– en menos de diez años, entre mediados de la década de 1980 y mediados de la siguiente. Todas eran construcciones realmente individuales, pero cada una de ellas era también fruto de un proyecto común. Todas estaban centradas en el concepto gramsciano de hegemonía. A continuación presentaré algunas instantáneas de las mismas 4.

1

Gran Bretaña fue el primer caso en el que la importación de Gramsci produjo lo que su domesticación en Italia no había permitido: un análisis original sustantivo de la topografía social y política del país, estable- ciendo nuevos marcadores para una comprensión de lo que podría llegar a ser. En Reino Unido, la recepción de Gramsci se remonta a principios de la década de 1960, cuando todavía era escasamente conocido fuera de Italia5. Una década después, el punto de partida para la mayor influencia de sus textos vino de la mano de un ensayo de Raymond Williams en el que respaldaba y desarrollaba la concepción gramsciana de hegemo- nía como un «sistema central de prácticas, significados y valores que saturan la conciencia de una sociedad a un nivel mucho más profundo que las nociones comunes de la ideología». Haciendo hincapié en que tal hegemonía siempre involucraba un complejo conjunto de estructuras que debían ser continuamente «renovadas, recreadas y defendidas», ajustándose activamente e incorporando donde fuera posible prácticas y significados alternativos, Williams distinguía dos tipos de culturas opo- sitoras, atribuibles cada una de ellas a una clase y capaces de escapar a tal incorporación: residual y emergente, es decir, arraigada en un pasado o en lo que podría ser un futuro. Había también otras prácticas y valores menos asignables, que acostumbraban a eludir la captura hegemónica, ya que, por definición, insistía Williams, la hegemonía era selectiva: «Ningún modo de producción y, por lo tanto, ninguna sociedad u orden dominante ni, en consecuencia, ninguna cultura dominante agota, en realidad, la práctica, la energía y la intención humanas»6.

Estos axiomas podrían tomarse como inspiración para los logros de Stuart Hall, que llegó de Jamaica para estudiar literatura inglesa en Oxford a principios de la década de 1950. Fundador de Universities and Left Review en 1957 y director de la misma en 1960, en 1964 se había incorporado al Centre for Contemporary Cultural Studies de Birmingham fundado y dirigido por Richard Hoggart, con quien cola- boró durante un decenio. A mediados de la década de 1970 comenzó a analizar los enormes cambios que se estaban produciendo en la política británica para predecir sus resultados con una precisión sor- prendente en lo que sigue siendo el ejemplo más clarividente de un diagnóstico gramsciano aplicado a una determinada sociedad7. Al cabo de un año de la formación en 1974 del gobierno laborista de Harold Wilson editó, junto a Tony Jefferson, una colección de artículos titu- lada Resistance through Rituals en los que se analizaban las subculturas de la juventud –principal, pero no exclusivamente– obrera, como un área de resiliencia latente dentro de una cultura dominante, cuya hege- monía nunca fue establemente homeostática o totalmente absorbente, dando lugar en el mejor de los casos a un equilibrio móvil, que debía ser continuamente reformulado para controlar las prácticas que dis- crepaban de él8. Tres años más tarde, otro trabajo colectivo, Policing the Crisis, se centró en los sucesivos pánicos morales –los espectros amenazantes de la revuelta juvenil, la inmigración negra y la militancia sindical– en un momento de aguda crisis económica y turbulencia social, que desencadenó una reacción de corte pequeñoburgués. La demanda creciente de disciplina social se reflejaba ya en el cambio de Heath a Thatcher en la oposición conservadora. El Partido Laborista, después de haber intentado en un principio limitarse meramente a «gestionar el disenso», ahora se reconocía en ese talante proclive a una mayor represión, de acuerdo con un movimiento pendular, que ahora oscilaba hacia una situación en la que «la coerción se convierte en la forma natural y rutinaria de asegurar el consentimiento». Esto no significaba que en Gran Bretaña se asistiera a una violenta repre- sión desencadenada desde arriba al estilo chileno, sino más bien que, aun permaneciendo intactas todas las formas de un Estado posliberal, una actitud gubernamental más dura podía confiar en «una poderosa corriente de legitimidad popular»9. Lo que se vislumbraba en realidad era una poderosa corriente de populismo autoritario.

Un mes antes de que Thatcher llegara al poder en 1979, Hall advirtió que la socialdemocracia se había mostrado incapaz de dominar lo que se había convertido en la crisis orgánica del acuerdo de posguerra, al cual el thatcherismo ofrecía ahora una potente respuesta. Entretejiendo las líneas contradictorias del neoliberalismo monetarista y del conservadu- rismo tory organicista, trataba de construir un nuevo sentido común, de acuerdo con el concepto del mismo utilizado por Gramsci. Identificando la libertad con el mercado y el orden con la tradición moral, vinculaba las oportunidades del uno con los valores de la otra en un solo paquete listo para el consumo popular. Se trataba de un proyecto hegemónico, cuyos atractivos efectos ya se pudieron constatar en el debate público sobre los fracasos del sistema educativo promovido por el primer ministro labo- rista Callaghan en 197610.

Una vez que Thatcher formó su primer gobierno, Hall desarrolló estas ideas durante la década siguiente, previendo correctamente su segunda y tercera victoria electoral. La izquierda había sufrido una profunda derrota en Gran Bretaña, como en Italia durante la década de 1920: el arsenal de conceptos gramscianos estaba directamente relacionado con la experiencia local. Si bien es cierto que Thatcher nunca contó con una mayoría numérica del electorado y que su poder siempre fue cuestionado por una parte importante de la población, no lo es menos que había conseguido agrupar a toda una serie de agentes sociales, desde banqueros y profesionales hasta trabajadores cualificados, pasando por pequeños empresarios, que representaba un bloque histórico en ese sentido. Intuitivamente, el thatcherismo había comprendido que los intereses sociales son a menudo contradictorios, que las ideologías no tienen por qué ser coherentes y que las identidades rara vez son esta- bles, y había trabajado en estos tres terrenos para formar nuevos sujetos populares que encarnaran su hegemonía. Esa hegemonía, tal como había expuesto Gramsci, tenía necesariamente un núcleo económico: la desregulación financiera y la privatización de los servicios públicos para la City, impuestos más bajos para la clase media, aumento de los salarios para los trabajadores cualificados y la venta de viviendas municipales para las masas en general. Englobaba todo esto, sin embargo, la versión thatcheriana de la «revolución pasiva» gramsciana: la promesa ideoló- gica de una modernidad retrasada, en un país que no había conocido la segunda ola de transformación capitalista, que, sin embargo, había revigorizado Alemania o Japón en la posguerra. La clave de su éxito radicaba en la paradoja de una «modernización regresiva»11.

Era un análisis convincente del régimen de Thatcher, se mire como se mire. Le faltaba, ciertamente, el marco internacional en un momento en el que Reagan consolidaba su mandato –de base más amplia– en Estados Unidos y las recetas neoliberales se extendían por todo el mundo capi- talista avanzado. Pero ninguna lectura política de una coyuntura es exhaustiva y la de Hall tenía al menos un propósito: proponer la mejor forma de resistir y vencer al régimen conservador en Gran Bretaña. Para ello había que combatirlo en su propio terreno, argumentaba Hall, con la visión de otro tipo de modernidad, ofreciendo una emancipación del pasado más generosa y radical, que habría que pelear en todos los terre- nos de la sociedad civil, así como en el del Estado, sin permitirse el lujo de caer en posturas de indiferencia o desdén hacia áreas y temas tradicionalmente considerados escasamente políticos: el género, la raza, la familia, la sexualidad, la educación, el consumo, el ocio, la naturaleza, así como el trabajo, los salarios, los impuestos, la salud o las comunicaciones. Había que respetar el pequeño rincón del mercado, donde un capitalismo artesanal ofrecía un ámbito de variedad y elección, y la izquierda no debía dejarse «apartar del paisaje de las inclinaciones popu- lares». Pero su objetivo debía estar a la altura de las ambiciones de su adversario: no reformar, sino transformar la sociedad.

En Italia el partido de masas que heredó las ideas de Gramsci las esteri- lizó, produciendo poco análisis original de la sociedad que lo rodeaba y ninguna estrategia coherente para cambiarla. En Gran Bretaña sucedió lo contrario: se produjo un análisis original y se propusieron elementos de una estrategia coherente con él, pero no había ningún vehículo para ponerlo en práctica. Las intervenciones de Hall fueron publicadas en la revista de un pequeño Partido Comunista de Gran Bretaña, que siguió al pci en el eurocomunismo y la autoextinción. Eso dejaba únicamente al Partido Laborista, donde la influencia de Hall era mucho menor. Criticando su estatismo estrecho de miras y su hostilidad instintiva a la participación democrática, por no hablar de las movilizaciones, aprobó, sin embargo, más o menos explícitamente, en nombre de una relativa modernización, la decisión de la dirección del partido de purgarlo de una izquierda considerada aún más atrasada; y aunque no sin recelos, otorgó inicialmente a Blair varios epítetos laudatorios12 antes de concluir que el Nuevo Laborismo –podría decirse también «moderno»– era una decepción, que extendía más que desplazaba los parámetros generales del thatcherismo. El conocimiento mucho más profundo de la naturaleza del partido, que se podía encontrar en la primera recepción de Gramsci en el Reino Unido, obra de Tom Nairn, le habría evitado aquella decepción13.

Fue también Nairn quien vio el otro lado de la coyuntura que desencadenó el proyecto de Hall, que permaneció totalmente ausente del mismo. Para Gramsci, que escribía desde Italia, un componente crucial de toda hegemonía madura era la creación de una voluntad y de una cultura «nacional-popular». En la propuesta de Hall, el momento popu- lar borra, casi completamente, el nacional. Las tensiones que Thatcher estaba introduciendo en la unidad de Ukania, que habían comenzado ya a crisparse cuando Nairn publicó The Break-Up of Britain (1977) en los mismos años en que Hall elaboraba sus consideraciones sobre la fractura del acuerdo político de posguerra, apenas eran apreciadas. Tal vez había una razón para ello. Gran Bretaña, como explicaba Nairn, no era y nunca había sido una nación: era un reino compuesto por distintas unidades nacido en los albores de la era moderna, que había sobrevivido más allá de su época como un gran imperio. Pero lo que el thatcherismo proclamaba como una identidad todavía imperial – encarnada en los portaaviones británicos en los mares del Atlántico Sur– estaba empezando a convertirse en una solución multicultural no óptima para los inmigrantes del imperio, menos impasibles que los ingleses, aunque inevitablemente subordinados a las valencias históricas de Gran Bretaña. No es de extrañar que un jamaicano consciente del destino no sólo de su propia isla, sino del Caribe en su conjunto, se apartara de ese nudo inextricable alrededor de la garganta de lo nacional, tal como lo concebía Gramsci14.

Así, pues, la propia reafirmación de la posición de la nación en el mundo, como el ejemplo británico para todos los pueblos al poner por encima de todo la libertad, que era la más orgullosa proclamación de Thatcher, acabaría siendo su ruina cuando la integración europea que había ayudado a acelerar se cerró a su alrededor como una trampa: un gobernante italiano más sutil la sometió de un modo que no tenía cabida en el relato de Hall sobre su dominio del poder. ¿Arrojaba ese resultado una luz retrospectiva sobre ciertas grietas en su construcción de la hegemonía bajo el thatcherismo? En cierta medida es innegable. La doble torsión a la que se veía sometida Ukania entre Bruselas y Edimburgo, tan evidente hoy, ya era visible entonces. Correlativamente, aunque había subrayado una tendencia a la coerción en la década de 1970, los textos de Hall de la siguiente minimizaban su papel en cuanto a asegurar el dominio de Thatcher sobre el país, cuando en realidad las dos victorias decisivas que le dieron su supremacía, después de un comienzo incierto, fueron ambas ejercicios de violencia: el aplastamiento de la huelga de los mineros y la guerra colonial por las Malvinas. Ni una ni otra reci- bieron la atención debida. Cuando el Nuevo Laborismo llegó al poder hubo un punto ciego similar. «The Great Moving Nowhere Show», con el que ironizaba sobre el régimen de Blair, andaba un tanto descami- nado: pronto se iba a poner en movimiento, con las armas en mano, hacia Pristina, Helmand y Basora. A la inversa, en cuanto al consenso alcanzado por Thatcher, el acento caía demasiado insistentemente en la captura ideológica a expensas de los incentivos materiales, mientras los propios motivos ideológicos aparecían –nunca explícitamente, pero con precaución insuficiente– demasiado fácilmente desconectables de cualquier anclaje social, como si pudieran flotar libremente en cualquier dirección política bajo la varita de un mago suficientemente hábil. Hall nunca habría dado este paso en realidad, pero dejó la puerta entreabierta para que se diera.

2

Una empresa paralela había dejado huellas en su enfoque. A finales de los años sesenta, dos décadas después de su llegada de Jamaica, desem- barcó en Gran Bretaña un inmigrante argentino de una edad parecida a la suya, Ernesto Laclau, que había estudiado historia en Buenos Aires y había sido militante del pequeño Partido Nacional de la Izquierda Independiente fundado por Jorge Abelardo Ramos, prácticamente el único pensador socialista de su generación en defender el apoyo a Perón desde el principio de su gobierno en 194615. Tras instalarse en Oxford, su primera publicación en inglés fue un análisis marxista clásico de la constelación social que había producido en Argentina la dictadura de Onganía y el gran levantamiento político del Cordobazo contra ella en mayo de 196916. Después de pasar de la historia a la teoría política para conseguir una cátedra en Essex, produjo una colección de cuatro ensa- yos, Politics and Ideology in Marxist Theory, realizando un uso original, aunque siempre crítico, de los conceptos althusserianos, que tuvo un gran impacto en el pensamiento de Hall sobre el thatcherismo17.

En ese momento Laclau ya había empezado a trabajar con otra inmi- grante, Chantal Mouffe, una belga formada en filosofía, que había estado enseñando en Colombia. Juntos publicaron en 1985 Hegemony and Socialist Strategy, llevando al posestructuralismo a lidiar osadamente con la tradición marxista, en sintonía política con lo que había sido el eurocomunismo, pero ahora con una perspectiva teórica declarada- mente posmarxista. Repasando la historia de la Segunda y la Tercera Internacional, concluyeron que ambas habían permanecido atrapadas en la ilusión de que las ideologías correspondían a las clases y el desa- rrollo histórico llevaba, por pura necesidad económica, al triunfo del socialismo. Lo que ninguna de las dos había podido resolver era la exis- tencia, no sólo de divisiones dentro de la clase obrera como portadora de esta supuesta necesidad en forma de sujeto revolucionario de la historia, sino también de clases no capitalistas que no formaban parte de la clase obrera. Los problemas que éstas planteaban sólo habían encontrado respuestas incoherentes por parte de Plejánov y Labriola, Bernstein y Kautsky, Luxemburg y Trotski. Un primer paso, aunque todavía muy corto, más allá de esos fracasos, vino con la noción leninista de la hegemonía del proletariado, que implicaba una determinada articulación de los objetivos proletarios con las demandas del campesinado; pero fue Gramsci quien dio el verdadero avance al profundizar la concepción de Lenin en dos sentidos, transformando, por un lado, la idea de hegemo- nía, que pasaba de ser una forma de liderazgo meramente político para serlo también moral e intelectual, y entendiendo que el sujeto de una hegemonía no podía ser una clase socioeconómicamente preconstituida, sino que tenía que ser una voluntad colectiva políticamente construida, una fuerza capaz de sintetizar demandas heteróclitas, que no tenían nin- guna conexión necesaria entre sí y que podían tomar direcciones muy diferentes, en una unidad nacional-popular.

Esto, señalaban Laclau y Mouffe, suponía un avance significativo, pero Gramsci había mantenido la idea de que el proletariado era estructuralmente la «clase fundamental» y al pensar que una «guerra de posiciones» consen- suada podía combinarse en Occidente con una «guerra de movimientos» coercitiva, no había llegado a romper claramente con el bolchevismo El camino que debía seguirse ahora era desechar todos los residuos del esen- cialismo de clase así como cualquier idea de una guerra de movimientos. En lugar de intereses que dan lugar a ideologías, hay que pensar en dis- cursos que crean posiciones de sujeto, siendo el objetivo a día de hoy no el socialismo, sino la «democracia radical», de la que el socialismo –dado que el capitalismo genera relaciones de subordinación antidemocráticas– seguiría siendo una dimensión particular, y no a la inversa18. En el posterior trabajo de Laclau On Populist Reason (La razón populista, 2005), la referencia al socialismo se desvanece en su totalidad y el populismo se hace cargo de la hegemonía como el significante más agudo y poderoso de la unificación intrínsecamente contingente de las demandas democráticas –que aisladas podrían igualmente entretejerse en un discurso antidemocrático– en una voluntad colectiva. Ligado a un líder por un conjunto común de símbolos y lazos afectivos, un pueblo insurgente puede entonces hacer frente a los poderes dominantes en su sociedad, atravesando la línea divisoria del anta- gonismo dicotómico entre los dos.

Este esquema formal, propuesto originalmente en tiempos de Thatcher y Reagan, anticipaba lo que iba a suceder en Europa treinta años después, cuando la desindustrialización había reducido y dividido a la clase obrera, dejando un paisaje social mucho más fragmentado y una multiplicación de movimientos, de derecha y de izquierda, que impugnaban el orden establecido en nombre del pueblo, convirtiéndose así el «populismo» en la pesadilla de las elites en toda la ue19. Si Hall había previsto el surgimiento del thatcherismo, no menos impresionante fue que Laclau y Mouffe supieran prever la reacción contra el neoliberalismo, consiguiendo además algo de lo que Hall no fue capaz, en concreto la adopción de su visión por parte de una fuerza política que cuenta con un apoyo de masas. En España, los líderes de Podemos –que también habían pasado algún tiempo en América Latina– basaron expresamente su estrategia en sus prescripcio- nes para construir un populismo hegemónico20. Se mire como se mire, no era un pequeño logro para un sistema teórico cuyos tecnicismos lo hacían a menudo difícil. Pero la eficacia política es una cosa y la contundencia intelectual otra. Las aporías en este caso eran evidentes.

El giro lingüístico de la teoría, en consonancia con la moda imperante a finales del siglo xx, propuso un idealismo discursivo, que separaba los significados de cualquier conexión estable con sus referentes. Aquí el resultado fue separar tan completamente las ideas y demandas de los amarres socioeconómicos que en principio podrían ser adoptados por cualquier agencia para cualquier construcción política. De forma inherente, la gama de articulaciones no conoce límites. Todo es contingencia: la expropiación de los expropiadores podría convertirse en consigna de los banqueros, la secularización de las tierras de la iglesia en un objetivo del Vaticano, la destrucción de los gremios en ideal de los artesanos, los despidos masivos en reivindicación de la clase obrera, los cercamientos en objetivo de los campesinos. La propuesta se derrotaba a sí misma. No sólo se podía articular cualquier cosa en cualquier dirección, sino que todo se convertía en articulación. Primero, la hegemonía y, luego, el populismo se presentaron como un tipo de política entre otros. Luego, en un movimiento inflacionario característico, se convirtieron en la defi- nición de toda la política como tal, haciéndose así superfluos21.

Si extravagancias de este tipo podían ser ignoradas como brindis a la moda, otras características de la construcción eran más significativas. La hegemonía, como en la tradición del pci, se presentaba como una estrategia sin topografía. Aunque lo nacional-popular se consideraba un objetivo clave, no iba acompañado por ninguna descripción de un paisaje nacional. El contraste con el análisis de Laclau del peronismo en Argentina antes de pasar al posmarxismo, ejemplar en su penetración y detalle, era sorprendente22. Sin duda la expatriación explicaba en parte el cambio, que a su vez permitió que una estrategia desarraigada se trasplantara tan bien; pero también había una lógica conceptual en funcionamiento. Una vez que la hegemonía se hacía automáticamente populista, no había ninguna necesidad de precisión en cuanto a caracterizar el tablero social. «El lenguaje de un discurso populista, ya sea de derechas o de izquierdas, siempre va a ser impreciso y fluctuante», remarcaba Laclau, pero esta «vaguedad e imprecisión» no era un fallo cognitivo, ya que la propia realidad social era heterogénea y volátil23. No era necesario, por tanto, ¿o ni siquiera posible?, el tipo de análisis de grano fino que Marx realizó de Francia, Lenin de Rusia, Mao de China o Gramsci de Italia. El interlocutor de Mouffe en España, alabando el eslogan de Occupy del «99 frente al 1 por 100», explica que un discurso hegemónico «no es estadístico, sino performativo»24. Para tal interpretación, los detalles pueden ser un impedimento y la imprecisión una virtud, a condición de que sea eficaz.

La delineación del adversario era necesariamente, para la estrategia popu- lista, lo más vaga posible, ya que especificarlo con demasiada precisión o realismo corría el riesgo de lanzar una red demasiado fina de inter- pelaciones hegemónicas, exponiendo los porcentajes retóricos como la ficción que realmente son. Errejón se niega prudentemente a especificar la casta contra la que Podemos llama a la gente a alzarse en su propio país25. Los motivos políticos de tal reticencia son inteligibles; su contra- partida teórica, en cambio, es vacua. Mientras que Gramsci inició sus reflexiones sobre la hegemonía con un análisis del bloque dominante en el Risorgimento, en la construcción de Laclau y Mouffe éste ha desa- parecido prácticamente en las más etéreas abstracciones, convirtiéndose simplemente en «las instituciones» o «el sistema institucional» que nunca se especifica más, como si dar cara a las fuerzas dispuestas contra los de abajo sólo pudiera debilitar su moral. Así, lógicamente, a pesar de las cláusulas formales en sentido contrario, la hegemonía se convirtió en la práctica en una cuestión que sólo concernía a los gobernados, como en la sentencia: «No hay hegemonía sin construir la identidad popu- lar a partir de una pluralidad de demandas democráticas»26. Gramsci se habría asombrado. Lo que se oponía a esa unificación hegemónica era la «diferenciación institucional», un divide y vencerás borroso y anónimo27. Las formas históricamente normales de hegemonía, que siempre han sido las de las clases dominantes, eran arrumbadas fuera de escena.

De ello se desprende la inexistencia de un balance de las experiencias políticas que La razón populista ofrecía como ilustración de su caso, lo que implicaría considerar no sólo la construcción de nuevas posiciones de sujeto desde abajo, sino también las condiciones objetivas para tal «ruptura populista», admitida como necesaria para su aparición, y los resultados objetivos de su trayectoria, ya sea en Estados Unidos a fina- les del siglo xix, en Argentina en el siglo xx o en cualquier otro lugar. Sintomáticamente, todo lo que se podía decir del destino del Populismo estadounidense en la década de 1890 eran cuatro palabras concisas: «prevalecían las diferenciaciones institucionales»28. Según esa versión, Togliatti, Tito y Mao eran admirables nacional-populistas, aunque obstaculizados por el internacionalismo retrógrado de la Komintern; Por qué uno de ellos debía fracasar y los otros dos no, quedaba fuera de lo explicable. Allí donde las interpelaciones lo son todo, las definiciones son ingrávidas. Podemos puede rechazar la socialdemocracia un día para declararse al día siguiente representante de la nueva socialdemocracia29. Quizá sean únicamente los problemas que conlleva el estirón de la infancia a la adolescencia, muy alejados en cualquier caso de los del prisionero de Turi di Bari.

3

La herencia de Gramsci fue muy diferente en Asia. En 1947 un joven militante bengalí del Partido Comunista de la India, Ranajit Guha, llegó a París para trabajar como cuadro en la Federación Mundial de Juventudes Democráticas, creada por la Unión Soviética cuando se ini- ció la Guerra Fría en Europa. Tenía entonces veinticinco años; después de pasar los seis años siguientes viajando como emisario de la antigua Komintern por Oriente Próximo, África del Norte, Europa Oriental y Europa Occidental, la urss y China, regresó a Bengala, trabajando allí primero en talleres y muelles y luego enseñando e investigando historia en las facultades locales. En 1956 abandonó el partido tras la invasión soviética de Hungría y tres años después se trasladó a Inglaterra, dando clases durante dos décadas en Manchester y Sussex. En 1970-1971, mientras disfrutaba de un año sabático en India fue testigo de la sal- vaje represión de la insurgencia campesina naxalita en Bengala, en la que trabajaron juntas las dos alas, la prorusa y prochina, en las que se había dividido el comunismo indio desde 196430. Tras decidir trabajar desde aquel momento sobre la resistencia campesina, convocó al final de la década en Sussex a un grupo de historiadores indios mucho más jóvenes que él para planear una nueva revista, Subaltern Studies, cuyo título anunciaba su inspiración. «En nuestro deseo de aprender de Gramsci –escribiría más tarde Guha– estábamos completamente solos y no debíamos nada a los partidos comunistas existentes», de los que el proyecto se mantuvo a distancia: «para nosotros, ambos representaban una extensión liberal de izquierdas de la elite del poder india»31.

En un famoso manifiesto inaugural, que atacaba la historiografía nacionalista convencional del movimiento independentista por limitarse a la política de la elite, Guha pidió que se estudiaran las luchas de las clases subalternas –obreros, campesinos, pobres urbanos no industriales y sec- tores inferiores de la pequeña burguesía– como un dominio autónomo, en el que vastas franjas de la vida y la conciencia popular escapaban a las narraciones oficiales de una burguesía india cuya incapacidad para integrarlas bajo su liderazgo significó el «fracaso histórico de la nación para materializar todo su potencial»32. Durante los treinta años siguien- tes Subaltern Studies dejó una marca indeleble en la historiografía del sur de Asia en la realización de ese programa, con estudios originales de las formas populares de resistencia en una «historia desde abajo» más parecida a la obra de Edward Thompson que a la de la Birmingham School. Con el tiempo, después de que Guha dejara de dirigirla a fina- les de la década de 1980, se produjo una mutación no muy diferente a la que se puede constatar en la obra de Hall o Laclau, virando bajo el impacto del posestructuralismo hacia las construcciones discursivas del poder y la cultura en lugar de los determinantes materiales de la conciencia o la acción, aunque –una diferencia significativa– la reacción contra las pretensiones oficiales de modernidad y progreso posteriores a la independencia, rechazadas como patrimonio ideológico del Raj, acabó convirtiéndose en una adhesión sentimental a las comunidades campe- sinas y una deriva hacia el neonativismo33.

El propio Guha, perteneciente a una generación anterior templada en un movimiento comunista internacional todavía indiviso, cambió poco. En 1980 se trasladó a la Australian National University en Canberra. Su estudio Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India – fruto de una década anterior de trabajo–, publicado a principios de 1983, pocos meses después de la aparición del primer número de Subaltern Studies, exhibía dones cuya combinación es rara en cualquier historiador: poderosa capacidad teórica formalizadora, investigación empírica meticulosa y registro comparativo seguro, por no hablar de su memora- ble mordacidad literaria.

El objetivo de Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India era demostrar la «soberanía, consistencia y lógica» de las concepciones y acciones de los campesinos rebeldes contra los terratenientes, pres- tamistas y funcionarios bajo el Raj, tratadas no como una sucesión de levantamientos sino como un repertorio de formas, comenzando por la «negación» y prosiguiendo con la ambigüedad, modalidad, solidari- dad, transmisión y territorialidad. Guha aplicó en ellas su formidable dominio de recursos intelectuales muy diversos, desde Propp, Vygotsky, Lotman o Barthes por un lado, pasando por Lévi-Strauss o Gluckman, Dumont o Bourdieu, a Hilton, Hill o Lefebvre por otro, por no hablar de Mao como excipiente genérico34. Su objetivo y logro era rehabilitar a los campesinos indios como sujetos de su propia historia y protagonistas de su propia rebelión; pero a diferencia de muchos que le siguieron, fue inflexible en la descripción de los límites a una y otra en la época colonial, negándose a atribuir un «falso secularismo» a las solidaridades rebeldes, poniendo de manifiesto las múltiples formas en que un sentido de clase podía ser manipulado para convertirlo en un sentimiento de raza, señalando el hecho de que el campesinado podía «producir no sólo rebeldes, sino colaboradores, chivatos, traidores», así como la frecuencia con que los insurgentes armados salían de «asentamientos de casta única», lo cual significaba inevitablemente una minoría de aldeas35. Las visiones de color rosa de otra generación le eran ajenas.

Por eso era lógico que a Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India le siguiera una sucinta obra maestra titulada Dominance without Hegemony, tal vez el trabajo más llamativo jamás inspirado por Gramsci. Su tema eran las estructuras de poder tanto bajo el Raj como en la lucha por librarse de él. Para describirlas Guha desarrolló un modelo analítico de tal claridad y fuerza que podía decir, sin énfasis pero con razón, que esperaba poder resolver con él ambigüedades pre- sentes en los propios escritos de Gramsci. En la India colonial había, por supuesto, una desconcertante diversidad de relaciones desiguales; pero todas implicaban una relación entre Dominación [D] y Subordinación [S], estando constituidas a su vez cada una de ellas por otro par de ele- mentos que interactuaban entre sí: Dominación por Coerción [C] y Persuasión [P], y Subordinación por Colaboración [C*] y Resistencia [R], como en:

Figura 1: Configuración general del poder

Poder (D/S)

D

S

C

P C*

R

En cualquier sociedad y en cualquier momento dado, la relación D/S varía según lo que –por analogía con el capital– Guha denominaba la «composición orgánica» del poder, que depende de los pesos relativos de C y P en D, y de C* y R en S, que siempre son, sostenía, contingentes. La hegemonía es una condición de dominio en la que P excede a C, esto es, la persuasión sobrepasa la coerción. «Definida en estos términos – proseguía Guha–, la hegemonía opera como un concepto dinámico y mantiene siempre hasta la estructura más persuasiva de Dominación necesariamente abierta a la Resistencia». Pero al mismo tiempo, «puesto que la hegemonía, tal como la entendemos, es una condición particular de D y esta última está constituida por C y P, no puede haber un sis- tema hegemónico bajo el cual P supere a C hasta el punto de anularla totalmente. Si eso sucediera no habría dominación y, por lo tanto, no habría hegemonía». Esta concepción «evita la yuxtaposición gramsciana del dominio y la hegemonía como antinomias», lo cual «por desgracia había proporcionado con demasiada frecuencia un pretexto teórico para un absurdo liberal –el absurdo de un Estado no coercitivo– a pesar de la contundencia de la propia obra de Gramsci afirmando lo contrario»36.

Equipado con esta matriz, Guha procedió a establecer las cualidades dis- tintivas de los cuatro constituyentes de D y S bajo el dominio británico. Por definición, en un Estado colonial C prevalecía sobre P: el Raj se jactaba de «uno de los mayores ejércitos permanentes del mundo, un sistema penal complejo y una fuerza policial altamente desarrollada», regulado todo ello por una burocracia armada con poderes de emergencia. Una vez que el poder británico hubo establecido un «imperio regulado», el aspecto de la conquista dio paso al del «orden», que autorizaba no sólo la represión rutinaria, sino las intervenciones en salud pública, los tra- bajos forzados, el reclutamiento militar, etcétera. Sin embargo, el orden no operaba de manera aislada, sino que interactuaba con un aspecto indígena complementario: el danda o «castigo», que denotaba todas las formas tradicionales de poder basadas en la fuerza y el temor como manifestaciones de la voluntad divina en los asuntos del Estado. En el factor constituyente P de D, por otro lado, donde se buscaban relaciones no antagonistas con la población sometida, la gramática del Raj era el progreso, la mejora de la educación de corte occidental, el patrocinio de las producciones literarias o artísticas indias, los proyectos de patri- monio orientalista, la cooptación administrativa, el paternalismo rural, las infraestructuras modernas, etcétera. Esto tenía a su vez un comple- mento nativo en las doctrinas hindúes del dharma, entendido como el deber moral de realizar las funciones asignadas a cada ser humano en una jerarquía de castas, ideal perfectamente adaptado a las modernas doctrinas de conciliación de clase de Tagore o de Gandhi.

En cuanto a S, sus constituyentes también tenían sus versiones coloniales y colonizadas. La Colaboración era inducida tanto por las doctrinas bri- tánicas de la «obediencia» (relevantes en Gandhi antes de la matanza de Amritsar en 1919), heredadas de Hume y transmitidas a través del bentha- mismo temprano, como por las ideologías indias del bajti –«lealtad»– que se remontaban al Bhagavad-Gita. La Resistencia, por otra parte, podía ser codificada en términos británicos como «disenso correcto», apelando a las nociones liberales de derechos naturales procedentes de Locke y expresadas (sobre todo) en marchas efectuadas dentro de la ley, en manifestaciones, en peticiones, etcétera o, en términos locales, como «protesta dhármica», es decir, en forma de acciones de masas como levantamientos, deserciones, sentadas, hartales, en los que no entraba ninguna idea de derechos, sino que se basaban en la cólera por el fracaso de los gobernantes en el cumplimiento de sus deberes morales de protección y socorro a los gobernados.

El poder del Raj, basado en un predominio masivo de C sobre P, era Dominación sin Hegemonía. ¿Cómo iban las cosas en el movimiento nacionalista organizado contra él? Puesto que el Partido del Congreso no disponía de ningún poder estatal, al que aspiraba pero del que no gozaba aún, y la representación electoral quedaba limitada a un sufragio estrecho, su reivindicación del consenso popular descansaba sobre la movilización popular. Esto, no obstante, era falso en más de un aspecto. Cierto es que el movimiento nacional suscitaba un genuino entusiasmo de masas; pero como sus dirigentes burgueses eran incapaces de integrar en el movi- miento los intereses de clase de los trabajadores o de los campesinos, la coerción predominaba inevitablemente de un modo u otro de principio a fin. La destrucción de bienes, la intimidación violenta y la aplicación de sanciones de casta marcaron las primeras campañas del Swadesh. Luego, durante el período de la No-Cooperación, llegó la mojigata «fuerza del alma» del sistema disciplinario de Gandhi, diseñada para suprimir cualquier expresión indisciplinada o igualitaria del sentimiento popular, criticada como «dominio de las turbas». Las élites que dirigían el movi- miento independentista abogaban por la hegemonía, pero al reprimir en lo posible cualquier indicio de inmediatez elemental en la lucha, no podían sino recurrir a métodos coercitivos y en una revancha de lo repri- mido, al final eran incapaces de contener las fuerzas del comunalismo que negaban continuamente, pero eran incapaces de trascender37. Tampoco en R podía prevalecer P sobre C. Tanto entre los gobernantes del subcon- tinente como entre los aspirantes a serlo había un déficit hegemónico.

Sigue siendo válida la fuerza y la justicia de esta acusación contra el movimiento nacional que culminó en la Partición. Pero al proyectar el argumento sobre el gobierno del Partido del Congreso de una India encogida después de la independencia, Guha extendió excesivamente su aplicación38. Vio con total claridad y denunció con razón la apropiación indiscriminada del aparato británico de coerción por el Partido del Congreso una vez que ocupó el poder del Estado, así como el recurso despiadado al mismo estilo de violencia militar y policial para vencer la resistencia a su gobierno allí donde esta brotaba. Pero pasó por alto las nuevas formas de persuasión a disposición del partido suministradas por el Estado posimperial y la sociedad civil, ya que ahora el sufragio era universal, y las elecciones regulares, sostenidas en las reglas británicas útilmente heredadas del Raj, podían convertir la mitad o menos de los votos del país en una abrumadora mayoría de escaños en un parlamento que incorporaba una soberanía popular antes inexistente, lo que constituye el más importante mecanismo de consenso en la estructura de cualquier legitimidad capitalista. También la religión podía desempeñar un papel menos divisivo, una vez que la base sociológica del partido como formación hindú llegó a coincidir mucho más estrechamente con los contornos de la nación y las estructuras de castas sostenían el apoyo electoral por encima de fronteras lingüísticas o étnicas. En esas condiciones, el Partido del Congreso convirtió su herencia en una auténtica hegemonía. Tal vez esa conclusión, y su epílogo en el hinduismo actual, le resultaba demasiado desagradable.

En la década de 1970, mientras preparaba Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial, Guha intervino en la escena política india con una serie de denuncias de torturas y represión realizadas bajo el gobierno del Partido del Congreso39. En la de 1980, cuando comenzaron a publicarse los Subaltern Studies, cayó políticamente en el silencio. ¿Había una cone- xión entre una cosa y la otra? Tal vez el aplastamiento del naxalismo en Bengala le arrebató cualquier esperanza de que, durante lo que le quedaba de vida, las masas indias pudieran sacudirse las estructuras de lo que aparentaba ser su emancipación. Sin mencionarla, pudo llegar a la convicciónde que ninguna estrategia, tal como la hubiera concebido Gramsci, era posible en semejante desierto. Aun así, nada en tal conclusión desvirtúa la elegancia intelectual y el rigor político de Dominance without Hegemony.

4

En la obra de Giovanni Arrighi, nacido en 1937 pocos meses después de la muerte de Gramsci, confluyeron por primera vez en una síntesis sostenida dos corrientes de pensamiento sobre la hegemonía, que hasta entonces habían permanecido disociadas, como relación de poder entre clases y entre Estados. La suya fue una trayectoria inusual, de un puesto de dirección en Unilever pasó a la labor solidaria en Rodesia, la organización de luchas obreras en Italia y la investigación sobre la migración campesina en Calabria, todo lo cual le dio una experiencia única: corporación multinacional, liberación antiimperialista, revuelta obrera, tierra y trabajo. De ella nació, casi al mismo tiempo que Hall trabajaba sobre el thatcherismo, Laclau sobre el populismo y Guha sobre la insurgencia campesina, The Geometry of Imperialism (1977), que pretendía integrar los paradigmas alternativos de Hobson y Lenin en un conjunto coherente de proposiciones que cubriera la transición del imperio británico al alemán y al estadounidense y las correspondientes transformaciones del capital. Respondiendo a sus críticos en 1982 en un posfacio posterior, Arrighi reflexionaba que habría sido mejor designar como ciclos de hegemonía las fases sucesivas del imperialismo de las que se había ocupado, una teo- ría de la que su texto podía ser leído como un bosquejo40. Aquel mismo año su contribución al volumen colectivo Dynamics of Global Crisis, que se basaba en ideas desarrolladas cuando era uno de los dirigentes del Gruppo Gramsci, una de las corrientes revolucionarias de las grandes moviliza- ciones obreras y estudiantiles surgidas a caballo de las décadas de 1960 y 1970 en Italia, dejaba claro que ya había empezado a conectar en un único marco los planos interestatales e intraestatales de la hegemonía41.

Para entonces Arrighi se había trasladado a Estados Unidos y trabajaba con Immanuel Wallerstein en un intercambio productivo de influencias respectivas: Braudel pasaba del segundo al primero, Gramsci del primero al segundo. En El largo siglo xx (1994), concebido en Cosenza muchos años antes, cuando soñaba con conciliar a Smith y Marx, a Weber y Schumpeter, fundía la teoría y la historia con una claridad peculiar de estilo y economía de forma. Para Arrighi, como para Gramsci, la hege- monía combinaba fuerza y consentimiento. Pero a diferencia de sus contemporáneos, él no situó su núcleo en la ideología, sino en la econo- mía. A escala internacional, la condición para la hegemonía era un modelo superior de organización, producción y consumo, capaz de inducir no sólo la conformidad con los ideales y valores de la potencia hegemónica, sino su imitación generalizada como modelo para otros Estados. Esa hegemo- nía generaba a su vez beneficios para los grupos dominantes de todos los países, estableciendo reglas predecibles para el sistema internacional y vigilando las amenazas comunes. En ese sentido, la hegemonía debía contrastarse con la mera «dominación explotadora», en la que un Estado poderoso obtiene la obediencia o el tributo de los demás mediante el ejer- cicio de la violencia, sin concederles beneficios compensatorios. Dentro de un país o entre varios, la hegemonía era «el poder adicional que un grupo dominante tiene en virtud de su capacidad para situar en un plano “universal” todas las cuestiones en torno a las que puede haber conflicto». A escala internacional, ello significaba el liderazgo de todo Estado que pudiera «proclamar creíblemente ser la fuerza motriz de una expansión general de los poderes colectivos de los grupos dominantes frente a sus súbditos» o «que la expansión de su poder en relación con algunos o incluso todos los demás Estados es de interés general para los súbditos de todos ellos»42. Típicamente, tales proclamaciones se realizaron no sólo mediante la gestión del sistema preexistente de Estados, sino mediante una transformación del mismo, lo cual generaba una nueva combinación de capitalismo y territorialismo, esto es, la dinámica independiente pero interrelacionada de la acumulación de capital en el ámbito de la empresa y la expansión territorial en lo que atañe al Estado.

Era, abril-junio de 1976, pp. 6-27; http://www.cuadernospoliticos.unam.mx/cuader- nos/ contenido/cp.8/cp8.3GiovanniArrighi.pdf. Sobre los recuerdos de Arrighi de aquella época, véase «The Winding Paths of Capital», nlr 56, marzo-abril de 2009, pp. 65-68; «Las sinuosas sendas del capital. Entrevista de David Harvey», nlr 56, mayo-junio de 2009, pp. 55-86, y más específicamente pp. 60-64.

Tal es el marco analítico para la sucesión de hegemonías histórico-mundiales rastreadas en El largo siglo xx. Después de las protohegemonías de las ciudades-Estado de Venecia y Génova en la Italia del Renacimiento, la narración de Arrighi se desplaza a las tres grandes hegemonías, tal como él las veía, de la era moderna: primero la de la República holandesa en el siglo xvii, luego la británica en el xix y, finalmente, la estadounidense en el siglo xx43. La fuerza motriz de esa serie son los ciclos sistémicos de acumulación de capital, concebidos bajo el signo de la fórmula de Marx D-M-D’. La expansión capitalista, cuyas empresas más avanzadas se con- centran en la potencia hegemónica, es inicialmente material: inversión en la producción de bienes y conquista de mercados. Pero con el tiempo la competencia reduce los beneficios, ya que ningún bloque de capital puede controlar el espacio en el que los bloques rivales desarrollan técni- cas o productos, que obligan a bajar los precios finales. En ese momento, la acumulación en la potencia hegemónica –y en general en el resto de unidades del sistema– pasa a convertirse en expansión financiera, ya que Estados rivales compiten por el capital en busca de inversión en su empeño de engrandecimiento territorial. Con la intensificación de la rivalidad y el estallido de conflictos militares la hegemonía se des- compone, dando lugar a un período de caos sistémico, del que surge en última instancia una nueva potencia hegemónica, reiniciando un ciclo de expansión material sobre una nueva base, capaz de servir a los intere- ses de todos los demás Estados y a algunos o todos los intereses de sus súbditos. En esta secuencia cada hegemonía ha sido más completa que la anterior, disfrutando de una base más amplia y más poderosa que la anterior: la República holandesa todavía estaba a medio camino entre una ciudad-Estado y un Estado-nación, Gran Bretaña era un Estado- nación, y Estados Unidos es un Estado continental.

¿Dónde nos hallamos ahora en ese decurso histórico? Desde muy pronto, Arrighi sostuvo que la expansión material del capitalismo bajo la hegemonía estadounidense de posguerra había perdido fuelle a fina- les de la década de 1960, y que desde la crisis de la década siguiente ello había dado paso a un ciclo de expansión financiera, explotado por Estados Unidos para conservar su poder mundial más allá de su tiempo. Arrighi predijo, también desde muy pronto, que esa expansión finan- ciera no podría mantenerse indefinidamente y que con su implosión final vendría una crisis terminal de la hegemonía estadounidense. ¿Qué cabía esperar? Escribiendo en 1994, Arrighi observó que un aspecto sin precedentes del crepúsculo previsible de la hegemonía estadounidense, muy distinto al de la hegemonía holandesa o británica, era que se había producido una bifurcación entre el poder militar y el poder financiero, ya que Estados Unidos aún conservaba un abrumador predominio global de la fuerza armada, mientras caía al estatus de nación deudora a medida que la caja de caudales mundial se trasladaba al este de Asia. Nada pare- cido había ocurrido antes. ¿Significaba esto que al desmoronarse la actual potencia hegemónica se iniciaría otro período de caos sistémico?

No necesariamente. En su obra posterior, Arrighi se aferró a la idea de que el mundo podría escapar finalmente de la lógica del capital y de los ciclos de hegemonía con sus secuelas destructivas. Braudel nos había enseñado que el capitalismo no debía equipararse a la producción para el mercado, sino que era una superestructura financiera erigida por encima de éste, que requería el poder estatal para sus operaciones. ¿Podría entonces una sociedad de mercado, como había previsto Smith –nada amigo de la codicia mercantil o de la agresión colonial–, ofrecer una alternativa igualitaria al capital tal como lo había descrito Marx? En los tiempos premodernos, ¿prefiguraban la viabilidad de tal camino los patrones peculiares del desarrollo de Asia Oriental antes de la llegada del imperialismo occidental? ¿Podría el crecimiento espectacular de la República Popular China en el nuevo siglo, con una economía que pronto sería mayor que la de Estados Unidos, tener sus raíces en una recuperación de la dinámica de esa época anterior?44. Al final sólo eran posibles respuestas tentativas, pero las esperanzas de Arrighi iban en esa dirección: «el surgimiento de una sociedad de mercado mundial centrada en el Este de Asia basada en el respeto mutuo de las culturas y civilizaciones del mundo» y «un modelo de desarrollo social ecológicamente sostenible»45.

Esas esperanzas tenían una lógica derivada de una ausencia en la ejecu- ción de su proyecto original. El movimiento obrero –central en la síntesis que había planeado a mediados de la década de 1970, antes de trasladarse a Estados Unidos– estaba notoriamente ausente en El largo siglo xx. Habría sido demasiado difícil, comentó Arrighi, acomodarlo en una estructura dominada por la dinámica de la financiarización, de la que conocía poco en aquella época46. Pero en su continuación, Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo xxi, seguía ausente. Tras esa laguna había una decepción. Había visto a la clase obrera de Occidente en el apogeo de su rebeldía de posguerra en la turbulenta Italia de la década de 1960 y principios de la de 1970, y mientras trabajaba en El largo siglo xx no había perdido su profundo compromiso con el destino mundial del movimiento obrero. Cuatro años antes de que apareciera el libro publicó una detenida reconstrucción de su historia desde el Manifiesto comunista. Para Marx el futuro de la clase obrera como sepul- turera del capitalismo estaba en su combinación del poder colectivo que le confería la industria moderna con la miseria social que le infligía la lógica pauperizante de la producción capitalista en búsqueda de ganancias: una positividad que la hacía capaz de derrocar el poder del capital y una negatividad que la impulsaba a hacerlo.

Pero lo que Marx había unido lo separó la historia. Allí donde la industria avanzada maximizaba el poder social objetivo del trabajo, en Escandinavia y en el mundo anglosajón y después de la guerra en Europa Occidental y Japón, los trabajadores eligieron el camino reformista de Bernstein. Donde los niveles de desarrollo económico eran bajos, en Rusia y en otros países del Este, la miseria material creó las condiciones subjeti- vas para la vía de Lenin hacia la revolución. Sin embargo, desde finales de la década de 1970 ambos destinos habían entrado en crisis, ya que la deslocalización hacia el Sur debilitó a la clase obrera occidental y la industrialización había fortalecido a la clase obrera del Este, empezando a reorganizar a los elementos constituyentes de la fuerza de trabajo, que habían permanecido polarizados durante tanto tiempo. Solidarnosc en Polonia y las oleadas de huelgas en Corea o Brasil fueron signos de una nivelación global de las condiciones, que propiciaban la posibilidad de que algo como la visión de Marx se hiciera realidad47.

Posteriormente, tras otra década de neoliberalismo –habiendo desapa- recido Solidarnosc y con la sindicalización en caída libre en Occidente–, ¿era todavía probable? Caos y orden en el sistema mundo moderno, escrito en colaboración con Beverly Silver, era más cauteloso, pero no desalentador. Cierto es que reinaba ahora un «régimen internacional hostil al trabajo», ¿pero no podría estar también en marcha un contramovimiento de resis- tencia a la mercantilización como los mencionados por Polanyi? Después de todo, los socialdemócratas gobernaban en trece de los quince Estados de la Unión Europea. «La pérdida de poder de los movimientos sociales –en particular del movimiento obrero– que ha acompañado la expansión financiera global de las décadas de 1980 y 1990 es en gran medida un fenómeno coyuntural», concluían Arrighi y Silver, pronosticando la posi- bilidad de una nueva oleada de conflictos sociales48. Hay un eco de esta expectativa en Adam Smith en Pekín, que habla de pasada de los disturbios rurales y urbanos en China, aunque de un modo relativamente velado y marginal con respecto al argumento del libro.

El origen de esta inflexión en el pensamiento de Arrighi estaba en parte en sus años de militancia en Italia. El grupo que había dirigido a prin- cipios de la década de 1970 formaba parte de la amplia corriente del operaismo –cuyo teórico más influyente fue Mario Tronti–, que contem- plaba con admiración los logros del movimiento obrero en la fortaleza del fordismo bajo la perspicaz presidencia de Roosevelt. Arrighi, que había heredado de esa tradición italiana una sobrevaloración del New Deal, atribuyó a la hegemonía estadounidense, en su apogeo entonces, la capacidad de proyectar al mundo un modelo de bienestar global en la línea del New Deal, como si Washington hubiese respondido efectivamente al «interés general de los súbditos de todos los Estados». Olvidando su propia advertencia de que «la pretensión del grupo dominante de representar un interés universal es siempre más o menos fraudulenta»49, un cálculo erróneo de lo que habían obtenido el Congress of Industrial Organizations (cio) y los United Mine Workers preparó el camino para el posterior giro de su mirada apartándola del movimiento obrero. Al mismo tiempo, en su repertorio de experiencias políticas siempre hubo otra fuerza de rebelión y fuente de cambio político, que había presen- ciado en África y hacia la que nunca perdió una gran sensibilidad. La desigualdad global entre los Estados era después de todo mucho mayor que entre las clases en los países avanzados de Occidente. El Tercer Mundo no se subordinaría tan fácilmente. Las predicciones de Marx no habían llegado a materializarse en Detroit, pero las intuiciones de Smith podían estar cobrando forma en Pekín.

Sus años de militancia en Italia tuvieron otro efecto en su obra posterior. A diferencia de la corriente general del operaismo, su grupo era expre- samente gramsciano; pero en su teorización de la «autonomía obrera» no se concentró en los cuadernos de la cárcel, sino en sus textos sobre los consejos de fábrica escritos para L’ordine nuovo antes de su encar- celamiento. Al reaccionar contra la instrumentalización por el pci de los escritos de la cárcel tuvo poco tiempo para el tratamiento contenido en ellos de los temas «nacional-populares», objeto de descarado des- dén por parte de otros sectores del operaismo, lo cual dejó su huella en Arrighi. Al trasladar las ideas de Gramsci desde el plano nacional de clases al sistema internacional de Estados, Arrighi transformó el legado de Gramsci de una manera más radical y creativa que nadie; pero si bien la arquitectura resultante incluía ambos niveles, no cabía duda sobre cuál predominaba. El sistema iba primero; los Estados que lo compo- nían, bastante por detrás. «Nuestro interés en los procesos a escala de unidad –observaban Arrighi y Silver en Caos y orden en el sistema mundo moderno– se limita al papel que desempeñan como fuente de cambio sistémico en las transiciones hegemónicas»50. Las naciones fueron siem- pre, por lo tanto, el eslabón débil de su construcción gramsciana; las estructuras de poder hegemónico dentro de ellas rara vez cobran mucha importancia, lo cual podía rozar la despreocupación, beneficiándose los dirigentes estadounidenses y chinos –paladines del New Deal o de la Era de la Reforma– de un pincel demasiado grueso para representar a los gobernados entre sus garras.

La acertada transposición de la concepción gramsciana de la hegemonía desde el plano intraestatal al interestatal, tuvo además un coste conexo. Arrighi conocía la obra de Guha, al que citaba regularmente como fuente de su descripción del declive del poder estadounidense en el mundo, que también se había convertido en «dominio sin hegemonía»51. Pero hay una diferencia entre los dos planos. Las relaciones entre las clases dentro de un país están contenidas en un marco legal y cultural común que no existe entre los Estados. La composición orgánica de la hegemonía, en términos de Guha, es pues siempre distinta en la política internacional, con una proporción mucho mayor de coerción y menor de persuasión que en la política interna. Las guerras siguen siendo un medio clásico de las relaciones entre los Estados –siete de ellas actualmente en curso bajo el liderazgo de un Premio Nobel de la Paz–, y hoy día las sanciones constituyen su complemento, apenas menos coercitivo. Históricamente, el recurso a la fuerza militar, que para Arrighi demostraba que la hege- monía estadounidense era cosa del pasado, era un ejercicio tradicional de ella; mientras que su correlato como bloqueo económico nunca ha tenido tanto éxito. Pero que su previsión pudiera ser apresurada no sig- nifica que su pronóstico fuera equivocado, aunque siempre han faltado, en una opinión tan generalmente sostenida, ciertas salvaguardias contra la posibilidad de que el deseo se convirtiera en padre del pensamiento.

5

Como concepto, la hegemonía ha tenido una historia larga y compleja, de la que esas secuelas del pensamiento gramsciano constituyen sólo una hebra, por más que en la actualidad se trate sin duda de la más significativa. Todas eran producto de compromisos políticos y teóri- cos entrelazados. Detrás de cada uno de los herederos mencionados, la experiencia formativa fue la participación activa en los levantamientos radicales de la izquierda tras la Segunda Guerra Mundial –la Nueva Izquierda en Gran Bretaña, el psin en la Argentina, el pci en la India, el operaismo en Italia– en un momento en que el capitalismo se veía amenazado en muchas regiones del mundo, durante los años que van desde la revolución yugoslava hasta la vietnamita, desde la cubana hasta la portuguesa. Las sostenidas iniciativas intelectuales que siguieron se produjeron durante la larga crisis política que, después de un breve intervalo, sucedió a la recesión económica de principios de la década de 1970, y que con un solo intermedio regional, ha durado desde entonces. Siendo productos de la dislocación geográfica y la derrota política, mos- traban cuánto se podía hacer todavía, pese a las condiciones adversas para la acción, en el terreno del pensamiento.

No estaban, por supuesto, solos en esto. Lo que definía a estos auto- res era la inspiración común del mayor pensador marxista del período de entreguerras. Su problemática imaginativa y ramificada de la hege- monía era central en todos ellos; lo que cada uno tomó de él difería: su comprensión de las complejidades ideológicas del dominio de clase, para el jamaicano; sus preocupaciones sobre el control estratégico, para el argentino; su sentido íntimo de la vida de lo grupos subalternos, para el bengalí; su preocupación por las formas más avanzadas de produc- ción, para el italiano. En ningún caso fueron apropiaciones in vitro. Como en las anteriores hornadas del marxismo occidental, siempre hubo importantes préstamos de pensadores ajenos a cualquier canon marxista: Bajtín en Hall, Lacan en Laclau, Lévi-Strauss en Guha, Braudel en Arrighi, entre muchos otros. No obtuvieron resultados impecables; retrospectivamente –e incluso en su momento–, se podían constatar limitaciones de diversos tipos, algunas más pronunciadas que otras, en las construcciones de cada uno de ellos. Pero eso es cierto para todos los que escriben sobre política: nadie está exento de errores, más o menos graves según el caso, en cualquier momento o lugar. En definitiva, lo más llamativo es la creatividad con que las ideas de Gramsci fueron puestas en práctica, de una manera que él mismo no podía prever o ser malinterpretado. En la era de la televisión y los tabloides, de la psefología y la propaganda sesgada, por no hablar del punk, la hegemonía se había metamorfoseado desde el Duce; el populismo ya no era un acercamiento a las aldeas rusas; los campesinos habían demostrado mayor capacidad de autonomía de lo que él pudo imaginar; una jerarquía de Estados no sólo podía supervisar, sino reconstruir una jerarquía de clases. Sus sucesores tomaron en sus manos esos y otros cambios no previstos. Cada uno hizo suya tan sólo una parte de la herencia de Gramsci y produjo a partir de ella una obra que no era ese «marxismo de visión panorámica» por el que abogaba David Forgacs veinticinco años antes, sino una obra parcial como perspectiva y como marxismo. Juntos, sin embargo, sus escritos ofrecen, objetivamente hablando, el ejemplo de algo así como un «intelectual colectivo» para los que puedan venir después.

1 Quintin Hoare y Geoffrey Nowell Smith (eds.), Selection from Prison Notebooks of Antonio Gramsci, Londres, 1971; http://courses.justice.eku.edu/ pls330louis/docs/gramsci-prison-notebooks-vol1.pdf. Véanse, entre otras, las colecciones de Antonio Santucci (ed.), Gramsci in Europa e in America, Bari, 1995, y Annamaria Baldussi y Patrizia Manduchi (eds.), Gramsci in Asia e in Africa, Cagliari, 2010.

2 David Forgacs, «Gramsci and Marxism in Britain», nlr i/176, julio y agosto de 1989, p. 71.
3 Para un repaso de esas tensiones y vacilaciones, véase «The Antinomies of Antonio Gramsci», nlr i/100, noviembre de 1976-enero de 1977 [ed. cast.: Las antinomias de Antonio Gramsci, Barcelona, 1978].

4 Extraídas de un álbum mayor de los avatares del concepto de hegemonía desde la Antigüedad, que aparecerá en breve.

5 Para más detalles, véase D. Forgacs, «Gramsci and Marxism in Britain», cit., pp. 74-77.
6 R. Williams, «Base and Superstructure in Marxist Cultural Theory», nlr i/82, noviembre-diciembre de 1973, pp. 8-13; argumentos ampliados en el subsiguiente estudio de Williams sobre la hegemonía en Marxism and Literature, Oxford 1977, pp. 108-127 [ed. cast.: Marxismo y literatura, Buenos Aires, 2009].

7 Para confirmar el dominio de Hall sobre el método gramsciano basta releer, de un período posterior, «Gramsci’s Relevance for the Study of Race and Ethnicity», Journal of Communication Inquiry, junio de 1986. Althusser y Poulantzas influyeron también en su pensamiento; en cuanto al último, véase S. Hall, «Nicos Poulantzas: State, Power, Socialism», nlr i/119, ene- ro-febrero de 1980.

8 Stuart Hall y Tony Jefferson (eds.), Resistance through Rituals: Youth Sub- Cultures in Post-War Britain, Londres, 1975, pp. 38-42 y ss. [ed. cast.: Rituales de resistencia, Madrid, 2014]
9 Stuart Hall, Chas Critcher, Tony Jefferson, John Clarke y Brian Roberts, Policing the Crisis, Londres, 1978, pp. 307-316.

10 S. Hall, «The Great Moving Right Show», en The Hard Road to Renewal: Thatcherism and the Crisis of the Left, Londres, 1988.

11 S. Hall, «Gramsci and Us», ibid., pp. 162, 164, 167.

12 Desde «una notable demostración de valor político», a una «genuina humani- dad»: véanse S. Hall, «Parties on the Verge of a Nervous Breakdown», Soundings, núm. 1, otoño de 1995, pp. 23, 26; y «The Great Moving Nowhere Show», Marxism Today, noviembre-diciembre de 1998, p. 14, donde afirma que pese a las muchas críticas merecidas, el Nuevo Laborismo aún tenía «un derecho sustancial a nuestro apoyo».

13 Tom Nairn, «The Nature of the Labour Party», nlr i/27, septiem- bre-octubre de 1964 y nlr i/28, noviembre-diciembre de 1964; «Labour Imperialism», nlr i/32, julio-agosto de 1965; véanse también «The English Working Class», nlr i/24, marzo-abril de 1964, y «Hugh Gaitskell», nlr i/25, mayo-junio de 1964.

14 «No soy y nunca seré “inglés”», diría en su relato más personal sobre su origen familiar en Jamaica, de donde procedía, y la experiencia de la sociedad imperial a la que llegó: David Morley y Kuan-Hsing Chen (eds.), Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies, Londres, 1996, p. 490; véase también «Negotiating Caribbean Identities», nlr i/209, enero-febrero de 1995. Su contribución al volumen del History Workshop editado por Raphael Samuel en 1981, Patriotism: People’s History and Socialist Theory –«Notes on Deconstructing the “Popular”»– citaba a Gramsci sobre lo nacional-popular, pero se limitaba a la segunda mitad del binomio. Samuel, en cambio, editó tres volúmenes dedicados al primero: Patriotism: The Making and Unmaking of British National Identity (1989), en los que explicó autocríticamente que el History Workshop había «desempeñado una pequeña parte en el recrudecimiento del nacionalismo cultural», intentando «expulsar palabras extranjeras de nuestras páginas». Pero ahora apostaba por lo «británico» frente a lo «inglés» como algo más hospitalario para los recién llegados y forasteros, aunque mantenía firmemente a raya como elitistas –anticipando las objeciones posteriores de James Scott– «las nociones gramscianas de la hegemonía». La relación entre Hall y Samuel, las dos figuras centrales de la primera Nueva Izquierda, daría lugar a un estudio fascinante. El mejor texto que Hall escribió jamás fue el panegírico de su difunto amigo en nlr i/221, enero-febrero de 1997.

15 Véanse las propias observaciones de Laclau en su texto New Reflections on the Revolution of Our Time, Londres y Nueva York, 1990, pp. 197-201 [ed. cast.: Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Buenos Aires, 2000].

16 E. Laclau, «Argentina–Imperialist Strategy and the May Crisis», nlr i/62, julio-agosto de 1970.
17 E. Laclau, Politics and Ideology in Marxist Theory: Capitalism-Fascism- Populism, Londres y Nueva York, 1977 [ed. cast.: Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo, Madrid, 2015]. Hall era más reservado sobre la obra posterior de Laclau; véase «On Postmodernism and Articulation: An Interview with Stuart Hall», en D. Morley y K. Chen (eds.), Stuart Hall: Critical Dialogues in Cultural Studies, cit., pp. 146-147.

18 E. Laclau y Ch. Mouffe, Hegemony and Socialist Strategy, Londres y Nueva York, 1985, p. 178 [ed. cast.: Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radi- calización de la democracia, Madrid, 2015, p. 222].
19 Sobre ello, véase la mordaz reconstrucción histórica de Marco D’Eramo que alienta tras las diatribas actuales: «El populismo y la nueva oligarquía», nlr 82, septiem- bre-octubre de 2013, pp. 7-40; y para una animada y reciente reivindicación del término por Chantal Mouffe, «El momento populista», El País, 10 de junio de 2016. En lo que sigue no se hace justicia a Mouffe, cuyos textos –en particular su compro- miso con Schmitt, con la voluntad de convertir en antagónicas las contradicciones agónicas en un sistema político democrático– constituyen un cuerpo de trabajo dis- tinto al realizado en colaboración con Laclau.

20 Véase el diálogo entre Íñigo Errejón y Chantal Mouffe, Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia, Madrid, 2015, passim; ambos autores explican que su auténtico despertar político se produjo en América Latina: en Colombia en el caso de Mouffe, en Bolivia en el de Errejón, pp. 72-73. En Argentina, Laclau acabó teniendo cierto reconocimiento como profeta en su tierra gracias a Cristina Fernández de Kirchner, a la que apoyó vigorosamente. Véase el indignado retrato conservador

21 «Ernesto Laclau, el ideólogo de la Argentina dividida» en Noticias de la Semana, 13 de abril de 2014, y el vívido y afectuoso homenaje de Robin Blackburn «Ernesto Laclau 1935-2014», 14 de abril de 2014, VersoBooks.com.
21 Así, (i) al principio, «la hegemonía es un tipo de relación política, una forma, si así se prefiere, de política»; luego, se convierte en «el campo de lo político» como tal, un juego que tiene «un nombre: hegemonía»: Hegemony and Socialist Strategy, cit., pp. 139, 193 [en cast.: pp. 183, 239]. (ii) Al principio, «el populismo es, sencillamente, una forma de construir lo político»; luego, «la razón populista equivale a la razón política tout court»; de hecho, ¿no es el populismo «la condición misma de la acción política?», On Populist Reason, Londres y Nueva York, 2004, pp. 19, 225.

22 E. Laclau, Politics and Ideology in Marxist Theory, cit., pp. 176-191 [ed. cast.: pp. 206-224], donde «la presencia masiva de la clase obrera en el peronismo le daba una excepcional capacidad para pervivir como movimiento», y el discurso político tenía una «doble articulación», con las ideas del pueblo y con posiciones estructurales en las relaciones de producción: pp. 190, 194 [en cast., pp. 223, 227-228].

 

23 E. Laclau, On Populist Reason, cit., p. 118 [ed. cast.: p. 51].
24 I. Errjeón y Ch. Mouffe, Construir pueblo, cit., p. 105; para el uso del mismo contraste y concepción de «performativo», pp. 118, 121.
25 Mouffe expresa cierto escepticismo frente al uso desenfadado de este tér- mino, cuyo equivalente anglófono sería del gusto de Obama por hablar de folks, incluso al referirse alegremente la ejecutoria de los servicios de segu- ridad de su país: «folks have been tortured». Defendiendo su uso de la casta, Errejón señala que «su poder movilizador radica en su indefinición»: I. Errejón y Ch. Mouffe, Construir pueblo, cit., pp. 121-122.

26 E. Laclau, On Populist Reason, cit., p. 95 [ed. cast.: p. 124].
27 O más raramente, la «totalización institucional», negando cualquier ámbito exterior a la comunidad, ibid., pp. 80-81 [ed. cast.: p. 107].
28 E. Laclau, On Populist Reason, cit., p. 208 [ed. cast.: pp. 249, 258].
29 Pablo Iglesias, rueda de prensa en el Hotel Ritz de Madrid, 5 de junio de 2016. Tres semanas después, los votantes mostraron su incredulidad al respecto. Paradójicamente, Errejón había rechazado la caracterización de Podemos por Mouffe como populista, alegando que el término era tóxico en los medios de comunicación; quizás por esa razón el partido prefirió en el último minuto cubrirse con el tranquilizador tricornio de González y su progenie, aunque con escaso provecho.

30 Sobre esa trayectoria, véase la introducción de Partha Chatterjee al volu- men editado por él mismo Ranajit Guha: The Small Voice of History. Collected Essays, Ranikhet, 2009.
31 R. Guha, «Gramsci in India: Homage to a Teacher», Journal of Modern Italian Studies, vol. 16, núm. 2, 2011, p. 289.

32 R. Guha, «On Some Aspects of the Historiography of Colonial India», Subaltern Studies I, Delhi, 1982, pp. 1-8.
33 Para una crítica de esa involución por parte de uno de los primeros edi- tores de la revista, véase Sumit Sarkar, «The Decline of the Subaltern in Subaltern Studies», en Vinayak Chaturvedi, Mapping Subaltern Studies and the Postcolonial, Londres y Nueva York, 2000.

34 No se trata de una mera exhibición de nombres, como tantas veces hemos visto en posteriores textos, sino que son realmente pertinentes para el pro- pósito de Guha. En un prólogo de elegante generosidad –su propia obra es esencialmente antitética–, James Scott podría escribir en la reedición de Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India veinte años des- pués: «Un libro de gran originalidad y ambición podría ser considerado como un astillero. Una marca segura de su influencia sería cuántos barcos fueron lanzados desde su muelle. Atendiendo únicamente a ese criterio, Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India de Ranajit Guha ha tenido un enorme impacto. De su atarazana han partido miles de barcos enarbolando su gallardete. Dado que en este caso el constructor tenía más una filosofía sobre la construcción de embarcaciones que un diseño rígido, no es sorpren- dente que el astillero pudiera lanzar embarcaciones de diseños muy variados, navegando hacia puertos desconocidos y transportando cargas nuevas y exóti- cas. Imagino que el constructor naval ni siquiera reconocería algunos de esos buques como inspirados por él y de hecho probablemente desearía rechazar cualquier asociación con bastantes de ellos. Ése, sin embargo, es el destino innegable de un maestro-constructor: sus ideas se incorporan simplemente a las rutinas de la construcción naval, a menudo sin su conocimiento. Aunque a menudo pueda sentirse tergiversado y pirateado, seguramente es un destino mejor que ser ignorado», Elementary Aspects of Peasant Insurgency in Colonial India, Durham (nc), 1999, p. xi.

35 Ibid., pp. 173, 177, 198, 314.

36 «En resumen, la hegemonía, deducida así del dominio, nos ofrece la doble ventaja de evitar un deslizamiento hacia una conceptualización liberal-utó- pica del Estado y de representar el poder como una relación histórica concreta formada necesaria e irreduciblemente por la fuerza y el consentimiento», R. Guha, Dominance without Hegemony: History and Power in Colonial India, Cambridge (ma), 1997, pp. 20-23.

37 R. Guha, Dominance without Hegemony, cit., pp. 131-132.

38 Hay una nota de indecisión atípica en las formulaciones de Guha al res- pecto, que traiciona quizá un rastro insólito de nostalgia del movimiento nacional. En Dominance without Hegemony había dicho que «la coerción se propuso competir con la persuasión en el proyecto nacional», sin especifi- car más que negativamente el resultado de esa competición, p. 151. Treinta años después hablaría de un «liderazgo fortalecido por el consentimiento del pueblo en el movimiento por la independencia», que, sin embargo, «no con- siguió convertir ese consentimiento en una hegemonía liderando el nuevo Estado soberano»: «Gramsci in India», p. 294.

39 Véanse los cinco textos publicados entre 1971 y 1979, comenzando con «On Torture and Culture», en la Parte V de P. Chatterjee (ed.), Ranajit Guha: The Small Voice of History, cit.

40 Giovanni Arrighi, The Geometry of Imperialism [1978], Londres, Verso, 1983, pp. 172-173 [ed. cast.: La geometría del imperialismo, México df, 1978].
41 Véase «A Crisis of Hegemony», en Samir Amin, Giovanni Arrighi, Andre Gunder Frank e Immanuel Wallerstein, Dynamics of Global Crisis, Nueva York, 1982, pp. 108 y ss. En 1972 había predicho la incipiente crisis económica en un artículo publicado en Italia con el título «Una nuova crisi generale», en Rassegna Comunista, 2, 3, 4 y 7, Milán, traducido años después al inglés en esta revista: «Towards a Theory of Capitalist Crisis», nlr i/111, septiembre-octubre de 1978; y al castellano como «Una nueva crisis general capitalista», en Cuadernos políticos, núm. 8, México df, Editorial

42 G. Arrighi, The Long Twentieth Century: Money, Power and the Origins of Our Times, Londres y Nueva York, 1994, pp. 28, 30 [ed. cast.: El largo siglo xx. Dinero y poder en los orígenes de nuestra época, Madrid, 1999, pp. 44, 45].

43 La adición a la serie de la hegemonía holandesa, ausente en La geometría del imperialismo, testimonia la fructífera interacción entre Arrighi y Wallerstein. La palabra «hegemonía» no aparece en el primer volumen de The Modern World-System (1974). En el segundo (1980) se define como la superioridad simultánea de un poder central sobre todos los demás en la producción, el comercio y las finanzas, a lo que se añadía en el caso holnadés el poder marí- timo, el avance científico y tecnológico, la posibilidad de movilidad social y la existencia de salarios más altos que en otros lugares, lo que permitía un equilibrio de intereses entre los propietarios y los productores que respalda- ban al Estado; véase, The Modern World System, ii, Nueva York, 1976, pp. 38-39, 61-71, 113. En el cuarto volumen (2011), dedicado a la memoria de Arrighi, la hegemonía ya no requiere exposición; se da por sentada, observa Wallerstein en la p. xii.

44 G. Arrighi, Adam Smith in Beijing, Londres y Nueva York, 2007, pp. 24-39, 57-63, 314-336; ed cast.: Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo xxi, Madrid, 2007, pp. 32-47, 65-70, 328-350.

45 G. Arrighi, Postfacio para la edición de 2010 de The Long Twentieth Century, cit., p. 385.
46 G. Arrighi, «The Winding Paths of Capital», cit., pp. 73-74; ed. cast.: pp. 55-86, y más específicamente pp. 66-67. Le tocó a su compañera Beverly Silver abordar el otro lado de la historia en su Forces of Labor, Nueva York, 2003 [ed. cast.: Fuerzas de trabajo. Los movimientos obreros y la globalización desde 1870, Madrid, 2005].

47 G. Arrighi, «Marxist Century, American Century: The Making and Remaking of the World Labour Movement», nlr i/179, enero-febrero de 1990; ed. cast.: «Siglo xx: siglo marxista, siglo americano: la formación y la transformación del movimiento obrero mundial», nlr 0, diciembre de 1999, pp. 7-46; http://newleftreview.es/article/download_pdf?language=es&id=1. 48 G. Arrighi, B. Silver et al., Chaos and Governance in the Modern World System, Minneapolis 1999, pp. 12-13, 282 [ed. cast.: Caos y orden en el sistema mundo moderno, Madrid, 2001, pp. 20, 285].

49 G. Arrighi, «The Three Hegemonies of Historical Capitalism», Review (Fernand Braudel Center), verano de 1990, p. 367.
50 G. Arrighi, B. Silver et al., Chaos and Governance in the Modern World System, cit., pp. 35-36 [ed. cast.: p. 42].

51 bid., pp. 27, 243-245 [ed. cast.: pp. 34, 248-250]; G. Arrighi, Adam Smith in Beijing, cit., pp. 150-151, 178 [ed. cast.: pp. 160, 187 y ss., en particular p. 190].

(Fotografía: De izquierda a derecha los cuerpos de Bombacci, Mussolini, Clara Petacci, Pavolini y Starace exhibidos en la Plaza de Loreto en 1945. La muerte de Benito Mussolini, jefe del Partido Fascista de Italia, Primer Ministro italiano y presidente de la República Social Italiana se produjo el 28 de abril de 1945)

 

 

 

 

 

 

 

Cynthia Burgos y el PS de Valparaíso

Entrevistamos a Cynthia Burgos Sánchez, candidata a la Dirección Comunal del PS en Valparaíso, Bióloga Marina de profesión, con 25 años de servicio público, se ha desempeñado en el Servicio Nacional de Pesca en diferentes regiones del país. Dirigente nacional y regional de su gremio por más de una década, y secretaria general de la ANEF provincial entre el 2014 y el 2016.


Actualmente es coordinadora del emblemático núcleo Valparaíso Socialista, que congrega a antiguos militantes socialistas con el objetivo de hacer y discutir política.

EP:  Qué relación tiene la IS con el Frente Amplio?

 CB: Yo diría que en términos muy generales, tenemos muchas similitudes, vamos en una dirección comparable, que a ratos podríamos no tener mayores diferencias. Sin embargo no somos lo mismo. El Frente Amplio es un conjunto de partidos políticos recién creados por personajes jóvenes, tanto en edad, como en trayectoria, más otros varios movimientos sociales que abarcan desde grupos ecológicos, estudiantiles, políticos, por nombrar los más evidentes. Mientras el Frente Amplio aun discute internamente su accionar, nosotros, la Izquierda Socialista, somos socialistas. Tenemos claro nuestro pasado que nos enorgullece, tenemos claro el actual escenario país, su origen y desarrollo, y hacia donde puede ir si no retomamos con energía y convicción los valores que nos rigen.

Quiero decir con esto que no nos confundimos, tenemos una base histórica, un legado político e ideológico que respetamos y queremos conservar, por lo que no es posible compararnos con el Frente Amplio; el tema es, que la última dictadura implantó un sistema de desarrollo económico y social que absorbió a varios personajes nuestros, muchos de nuestros compañeros, con el discurso de los “acuerdos” y en “la medida de lo posible”, que se comprendería para los primero 3- 4 años post dictadura; pero llevamos 26 años en donde el PS se fue distanciando de su lugar característico, que es la izquierda. Han sido 26 años de “transición” donde en realidad solo se ha fortalecido el sistema neoliberal heredado del dictador. Entonces ahora, con la indignación como base, que se origina al observar y sufrir la injusticia, desigualdad y segregación social que provoca este sistema económico, el comprobar cómo se ha deteriorado la sociedad en sus valores, en sus principios, nosotros, la Izquierda Socialista constituimos una corriente de opinión al interior del PS, que busca recuperar la esencia del Socialismo, retomar su rol de gestor de políticas que aseguren un bienestar social a toda la población y no solo al 1% de esta; no somos un lote más que persigue beneficiarse, llámese adquirir poder o dinero mediante cargos, no, nosotros tenemos como objetivo muy definido que es derrocar el sistema capitalista, por el daño que causa a las sociedades. En eso confluimos con el Frente Amplio, queremos otra constitución, otro sistema de previsión social, que la educación y salud sea un derecho garantizado para todos y todas, un código del trabajo que valore al trabajador y trabajadora y le reconozca su trascendencia en el desarrollo de un país. El fin es el mismo, más el origen, la forma, y los actores son otros. A mi juicio, El Frente Amplio es una opción que está en proceso de maduración, no es una alternativa consolidada, con todo lo que eso significa: incerteza en muchos aspectos.

EP:  Crees que es sustentable la Nueva Mayoría con un candidato distinto de Atria? Por qué?

 CB: Para responder a este tema, primero debemos por conversar sobre quién es Atria, que representa para la Izquierda Socialista, y desde ahí hablar de la NM.

Nuestro candidato Fernando Atria, es un abogado constitucionalista, ha trabajado y ha publicado numerosos artículos y libros respecto de la importancia y mecanismos para instaurar una constitución representativa de la ciudadanía. En su programa político tiene ejes muy claros, muy definidos que apuntan, obviamente a cambiar la constitución, no solo porque se hizo en dictadura, sino porque la actual carta magna fue concebida para mantener y fortalecer el sistema económico que tanto nos afecta; en ese escenario, con todos los cerrojos que ideó el dictador y su discípulo Jaime Guzmán, ha sido imposible avanzar en igualdad de derechos, avanzar en el reconocimiento y valoración del medio ambiente, el reconocimiento de los pueblos originarios, el código de aguas, etc., etc., etc., Plantea el programa de Atria un fortalecimiento y desarrollo de las Reformas impulsadas por el actual Gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, es decir continuar perfeccionando la Reforma educacional que hoy permite a casi 200.000 personas estudiar gratis, lo mismo con respecto a la Reforma Tributaria, y la Reforma laboral. Por lo tanto, nuestro candidato es el fiel reflejo de lo que persigue la Izquierda Socialista.

Ahora, si la NM es sustentable con un candidato distinto, creo que el conglomerado va a perder estabilidad con cualquier candidato o candidata que quiera cambiar el sistema económico, político y social; porque en la NM lamentablemente confluyen varios partidos que proyectan persistir en el neoliberalismo, por eso no es casualidad que la ciudadanía diga que todos los partidos son lo mismo, cosa que no creo, pero explica el por qué la desafección de la población con política y los partidos políticos representados en sus parlamentarios, porque nadie se la juega por ofrecer un real cambio que disminuya la desigualdad.

Sin embargo, por otra parte, no veo nada malo en que la NM se perfeccione, y si es necesario cambiar de nombre, da lo mismo, pero que reúna solo aquellos partidos que realmente tengan como objetivo común terminar con el sistema económico y social que cada día perjudica a más personas.

EP:  Cómo caracterizan el actual momento del movimiento obrero, la CUT y especialmente la convocatoria de NO+AFP?

 CB: Este es un tema altamente sensible en lo personal, porque he sido dirigente gremial durante varios años, lo que me ha permitido observar desde adentro como se ha ido deteriorando el movimiento obrero, la CUT como tus señalas. Es muy lamentable, que hoy se haya perdido fuerza, en circunstancias que los trabajadores deberíamos ejercer un real protagonismos en la dirección de un país, pero eso no ocurre, y es por lo mismo que ya conversamos en los temas anteriores; el sistema ha absorbido a las personas, de verdad es lamentable y doloroso reconocerlo, pero hoy en día los dirigentes no son como nuestros emblemas de hace algunas décadas, que dejaban la vida luchando por los derechos de los trabajadores y una sociedad más justa, gracias a esos hombres y mujeres hoy podemos tener algún derecho. La realidad actual es muy distinta, y es por eso, porque hoy los valores son otros: e