Octubre no se cierra con el plebiscito: a la clase trabajadora solo nos queda organizarnos y luchar por una sociedad sin clases

de Organización Comunista Revolucionaria

Sin grandes sorpresas se desarrolló el plebiscito previsto en el pacto “por la paz” del 15 de noviembre; acuerdo de los partidos del Bloque en el Poder que proyecta un claro salvavidas para lograr su objetivo de relegitimación política e institucionalizar el conflicto desbordado en las calles.

El apruebo ganó de manera indiscutida. El resultado, 78% por esta opción, refleja entre otras cosas:

El repudio innegable a la constitución de Pinochet, obra siniestra liderada por Jaime Guzmán y otros secuaces de la dictadura cívico – militar, perfeccionada en los gobiernos de la Concertación y posteriormente firmada por Lagos, profundizando los mecanismos de explotación para la clase trabajadora y protegiendo la constante acumulación de privilegios de una elite político-empresarial. El pueblo y la clase trabajadora ya habíamos dejado en claro esto, desde hace decenios y con particular fuerza y radicalidad desde el 18 de octubre. En estas jornadas de rebeldía y lucha de masas se había terminado de tirar a la basura este nefasto sistema del bloque en el poder.

El amplio consenso asumido en los partidos e instituciones de la clase dominante y sus colaboradores en torno a sacrificar la Constitución para intentar mantener el sistema, en la vieja táctica de cambiar algo para que nada cambie, diseñan un complejo y articulado plan que les permita retomar la iniciativa política, ganar un importante tiempo para desarmar el ímpetu, la creciente radicalidad y combatividad del alzamiento popular, intentar aislar (con la complicidad activa del reformismo) a las organizaciones y destacamentos combativos y revolucionarios a través de la prédica contra la violencia, enarbolando un discurso por la paz y los acuerdos, buscando resituar el espacio de “lo político” en los salones de palacio, en palabras simples, salvar sus privilegios de clase y lo fundamental del modelo de explotación y opresión capitalista, a cambio de modificar un poco las reglas del juego en lo superficial, lo suficiente para hacernos creer que vamos ganando.

En medio de esta confrontación abierta y prolongada, por nuestra parte afirmamos que el plebiscito y el camino de conciliación constitucional han logrado, de manera no decisiva y con mucha inestabilidad, una primera y frágil victoria táctica para el bloque en el poder, lograron contener la protesta en su punto más alto donde casi pierden el control a pesar de la brutal represión ejercida contra el pueblo y la clase trabajadora.

El escenario de realización y la imposición transitoria de su apuesta como clase dominante, significan desde nuestro punto de vista, una derrota táctica para las fuerzas de la revolución. Si bien están lejos de la victoria definitiva, sí lograron un objetivo importante en su estrategia de conciliación constituyente. Reconocemos un golpe al alzamiento popular, y afirmamos que el reformismo cómplice logra asentar el éxito de este pacto por “la paz de sus privilegios”. Pero no nos cansamos de insistir, es un golpe transitorio e inestable, la agenda, vías y objetivos de la conciliación de clases no están asegurados.

Este escenario de cierta manera logró cambiar el eje de la lucha y la movilización. No pocos nos dirán que es un falso dilema optar por el voto o la organización popular. Les respondemos que, en abstracto, en el aire, de manera ahistórica, es cierto. Lo que ocurre es que nos enfrentamos en una situación concreta, no de manera ideal, no en concepto. Y este enfrentamiento concreto se instala en un escenario de avance de las luchas radicales de las masas, en el ejercicio directo de la violenta democracia de la clase en lucha por sus derechos y demandas. Cuando el pueblo  desata los amarres de lo imposible, rompe con la impotencia de los “no se puede”  o no es realista, cuando violentamos la cruel paz de la dominación y la sumisión, cuando de manera ofensiva, masiva, extendida, radical y subversiva acosamos al gobierno del empresariado y los sueños parecen hacerse realidad vívida y vital, cuando el violento payaso Piñera está en las cuerdas y las posibilidades de profundizar la crisis del conjunto del Bloque en el Poder se hacen ciertas a través del alzamiento, ahí es cuando nos ofrecen el dulce pantano del voto para la estabilización. Ahí nos ofrecen el camino de conciliación constitucional y la recuperación de protagonismo de los partidos del régimen. Este voto, que se sustenta en las esperanzas y sueños de cambio del pueblo, tiene como objetivo la estabilización del orden de la dominación burguesa.

Frente a la frustración e indignación de ver como los mismos de siempre cerraron fila para defender sus intereses en pos de una paz para pocos, entendemos que los procesos no se desarrollan en estado químicamente puro, sino en combinación, contradicción, en un todo donde se mezclan las ansias de transformación, el peso de la ideología dominante, la fuerza coercitiva del estado, la fortaleza o debilidad de las organizaciones revolucionarias y comunistas y el estado de conciencia de la clase trabajadora. Sabemos que en la participación del plebiscito también hay compromiso y esperanza de cambio profundo, sabemos que muchos y muchas de la primera línea, del pueblo en lucha, fueron a votar, con esperanza y a su vez con el pesimismo de “el mal menor”, con las ganas de que esta vez los mismos de siempre no nos engañarán como siempre. 

En gran parte es la responsabilidad de las organizaciones de la clase y revolucionarias no lograr expresar con mayor claridad nuestro pensamiento y acción, no lograr convencer a más y más, de no poder develar con mayor claridad los mecanismos y objetivos del fraude. Nuestra debilidad como parte de la clase organizada que aspira a cambios radicales ha sido la imposibilidad aún de plantear otra alternativa antagónica al capitalismo, dando espacio y dejando mayores posibilidades de que la ideología y alternativa de los dueños del poder y la riqueza se siga instalando en los sueños de las y los explotados y oprimidos. 

Por otra parte, hay también organizaciones del campo popular que desde nuestra perspectiva cometen el error de llamar a participar en este fraude, con el objetivo de desbordar por dentro, de radicalizar el proceso, de transformar la votación en derrocamiento de Piñera. No compartimos las bases que puedan dar explicación a esta apuesta. Pensamos que precisamente el diseño, camino y objetivo de este plan, en el cual el plebiscito es un paso más, apuntan a lo contrario, el aportar al cambio de eje de la lucha y el desplazamiento objetivo desde la calle y la organización popular a las urnas y la delegación, fortalece el proyecto del bloque en el poder. Pese a esta profunda divergencia táctica, pensamos que no nos divide irreconciliablemente, pues no sólo podemos, sino que tenemos que encontrarnos en el debate, en la lucha de ideas, en la lucha por la exigencia y ejercicio de las demandas y derechos populares, derechos y demandas que deben ser exigidos hoy mismo, con organización y combate.

Distinto es con las organizaciones políticas del reformismo y del revisionismo, abiertas y encubiertas. Estas organizaciones tienen por objetivo colaborar con la conciliación de clases, desmarcarse y deslegitimar la violencia revolucionaria de las masas, encaminarnos por las vías de la renuncia y la rendición. Ellos y ellas, Boric, Jackson, Sánchez, Teiller, Vallejos, Carmona, entre otros y otras, no sólo defienden sus privilegios como una nueva camada renovadora para el bloque en poder, lo hacen mendigando espacios en la dominación y de manera consciente, son serviles, funcionales o integrantes de esta clase dominante. No importan sus proezas, falsas o ciertas del pasado, su rol hoy es la desmovilización, represión y el desarme político y organizacional del pueblo en lucha. 

No está en ningún caso de más develar que su victoria como elite política empresarial no es contundente ni decisiva. El desarrollo de su plan de paz, conciliación y respeto de la institucionalidad se despliega con fracasos importantes. El más destacado y de perspectivas estratégicas es que la movilización y la lucha directa y radical de las masas, en la senda de la rebelión pendiente, continúa. Ni la pandemia, ni la represión, ni la amenazas, tampoco la propaganda y agitación conciliadora, han logrado desarmar por completo la organización y la lucha directa y frenar la energía transformadora de las masas. Menos aún borrar el aprendizaje rebelde de que las demandas se arrancan a los poderosos con lucha y violencia revolucionaria ejercida por las masas, la rebelión hoy más que nunca se justifica. Y tampoco detienen el proceso de retoma de conciencia de clase, ya nos reconocemos como pueblo en lucha, estamos tejiendo fuertes lazos de solidaridad y destino común, y hemos vuelto a creer en nuestra fuerza como clase.

En la misma dinámica, a pesar y en contra de la abundante propaganda y campaña por la paz y la institucionalización de las luchas, uno de cuyos ejes de relegitimación era la participación masiva en el plebiscito, no lograron acarrear al pantano de las urnas el número esperado para este objetivo. A fin de cuentas, la participación apenas superó el 50%, sólo un poquito más que en la elección de Piñera que fue con un 49% de participación. El proceso arrastrará, por lo tanto, este antecedente de ilegitimidad popular respecto del sistema político institucional actual. 

Finalmente, las organizaciones revolucionarias, desde nuestro punto de vista, aun transitando por la vía de la consecuencia y los principios revolucionarios, estamos en deuda con el pueblo y la clase trabajadora. Somos parte de la clase, nacimos de ella y nos organizamos por ésta, asumiendo el desafío de avanzar hacia la revolución, camino que sabemos no es fácil. Nos quedan muchas tareas pendientes, muchas sin siquiera comenzar, muchas apenas encaminadas. Debemos redoblar esfuerzos y debemos combatir con decisión la dispersión y la fragmentación del campo revolucionario. Es imperioso que desarrollemos en conjunto una táctica propositiva y con perspectiva de poder. Las condiciones actuales de la lucha de clases y los desafíos inmediatos y futuros requieren urgentemente de mayor articulación, diálogo constructivo y crítica fraterna.

Por nuestra parte afirmamos que la disputa de fondo está abierta.

El plebiscito y sus resultados, útiles a la dominación, pretenden abrir un largo momento de institucionalización del conflicto de clases. Nos viene una verdadera bomba racimo de primarias y elecciones, útiles para confundir y dispersar. La invitación que se le hará al pueblo y a la clase trabajadora será a “participar” y a delegar, nuevamente, las esperanzas y las ganas de cambiarlo todo en manos de las y los especialistas de siempre, aquellos que por decenios han administrado a su antojo el modelo, han convivido amorosamente con los patrones y sus capataces. Si imponen su itinerario, recorrido y formas podrán avanzar en el logro de sus objetivos. La propuesta que ofrecen al pueblo está llena de letra chica y tretas hábilmente maquilladas.

Por el contrario, y por esta nos vamos a jugar, desplegar y organizar, si la lucha de masas continúa su desarrollo de manera independiente y antagónica con la clase burguesa, a sus representantes, instituciones y sus lacayos, si se mantiene en la calle la exigencia de cumplimiento inmediato de las demandas populares y democráticas expresadas con fuerza en el alzamiento popular, si avanzamos en la construcción del programa de la revolución y en el fortalecimiento y desarrollo de la organización independiente de la clase y el pueblo con gérmenes de poder popular, si avanzamos en la construcción del partido comunista y revolucionario que necesitamos para organizar la revolución, los intentos y el plan político del Bloque en el Poder habrá fracasado y las posibilidades de pasar a una fase superior de lucha por la revolución estarán abiertas y en despliegue.

Hoy en día debemos, asimismo poner en primer orden la lucha por la libertad de las y los presos políticos de ayer y hoy, la lucha no puede transar por ningún motivo la solidaridad y la exigencia de libertad inmediata, sin condiciones. No puede compartirse ni un acuerdo con los violadores a los derechos humanos. Castigo y prisión para los autores y los cómplices de la represión antipopular. Avanzamos si seguimos la consigna de Fuera Piñera y Huelga General, las urnas y la tranquilidad electoral no borran la bestial represión dirigida desde la moneda, la indolencia de un gobierno frente a una emergencia sanitaria que cobro en su mayoría tantas vidas de nuestra clase trabajadora por no tener acceso a una salud de calidad y oportuna, el abuso del empresariado para seguir llenando sus arcas en tiempos de escasez con la venia y subsidio de un gobierno empresarial. Sólo con la solidaridad en la lucha y la articulación en la protesta lograremos poner en jaque a los dueños del poder y la riqueza, la Huelga General es una táctica por seguir, frenar la producción y sus ganancias, es nuestro trabajo lo que les da poder, pero también el que se los quita.

Insistimos, el ciclo ascendente y desigual de la lucha de clases abierto en la década pasada, está abierto y en plena disputa. Gran parte del devenir de este ciclo y con ellos las perspectivas de la lucha por la revolución y el socialismo se encuentran en juego en el presente; las y los revolucionarios, anticapitalistas, comunistas, debemos desarrollarnos y desplegar nuestras fuerzas y organización en la lucha de las masas por nuestros derechos y el ejercicio abierto del combate por la conquista de estos derechos, con claridad en los principios, voluntad de unidad y decisión de victoria y poder para el proletariado.

Saludamos y nos sentimos, humildemente, parte de todos los esfuerzos por acumular fuerzas populares y clasistas. Hemos planteado nuestra posición con el objeto de abrir el debate frente al cerco que la agenda del poder nos puso al instalar la falsa dicotomía rechazo/apruebo, hemos buscado plantear que hay otro horizonte, y desde allí nos posicionamos para la discusión fraterna.

Denunciamos los brotes de oportunismo que no han dudado en atacar y tratar de enlodar a organizaciones y campañas populares que se han manifestado contra el fraude electoral y a favor de la organización popular. Quienes hoy delatan y apuntan contra los destacamentos populares, deben saber que se hacen cómplices de quienes mañana aprovecharán esta situación para desplegar la represión. Desde el Bloque en el Poder y el reformismo ya se desatan campañas para aislar a las y los revolucionarios. Desprestigiarnos porque no cedemos ante sus cantos de sirena y llamados al pantano y al abismo electoralista. Nosotras, nosotros estamos en el otro lado de la trinchera y lo asumimos con orgullo y decisión.

Hoy debemos avanzar en el agrupamiento de las y los revolucionarios, queda más claramente expresado quienes compartimos opciones, caminos y horizonte. Las diferencias que existen deben someterse al criterio de la práctica y debemos superarlas sin sectarismo ni arrogancia, por el contrario, debemos construir con humildad revolucionaria. Nuestro agrupamiento fortalecerá la lucha por las demandas populares, la construcción de programa y la forja de un Bloque popular y revolucionario, verdadera fuerza política y social autónoma, capaz de construir fuerza para la revolución al calor del impulso de la lucha de masas y el enfrentamiento integral contra el Estado capitalista.

A impulsar la lucha por las demandas populares y el ejercicio de los derechos del pueblo.
A construir desde y con las masas organizadas y en lucha el programa de la revolución.
Agrupémonos en la lucha de la clase trabajadora, a construir poder popular

Nuestro Camino la Revolución y el Comunismo

Organización Comunista Revolucionaria, OCR

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