«Matar a Pinochet» : la épica chilena del siglo XX

por Aníbal Ricci

El filme del joven realizador nacional Juan Ignacio Sabatini es un gran aporte audiovisual al debate historiográfico y político en torno a las acciones represivas del gobierno de Augusto Pinochet y a las respuestas por la vía armada de parte de sus opositores. Destacan la agilidad de su montaje y los detalles dramáticos de un guión basado en una prolija investigación del periodista Juan Cristóbal Peña.

«Mañana vamos a revivir la resistencia de Salvador Allende en La Moneda», arenga el instructor de la Operación Siglo XX. «Vamos a coger la historia por asalto», agrega y remata con «Mañana, vamos a hacer un acto de amor».

Toda historia épica requiere de un coro que inspire a los protagonistas y la crónica de esta operación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), el brazo armado del Partido Comunista de Chile, contiene un discurso no sólo dirigido a los reclutas, sino también puede ser leído como las palabras que escoge el director para convocar a los espectadores.

Es muy pertinente que en el Chile de hoy surjan estos testimonios provenientes del bando contrario a los que escribieron la historia oficial tras el Golpe Militar. Es sano porque la Historia, con mayúsculas, también debe dar cuenta de los ideales del grupo paramilitar que intentó dar muerte al dictador.

Los frentistas recurrieron a fusiles de asalto e incluso un Rocket para romper la comitiva de seguridad y acabar con el sufrimiento de un país entero tras casi 15 años de cruel tiranía. El ataque se produciría camino al Cajón del Maipo, muy cerca de un retén de Carabineros, kilómetros antes de la casa del dictador Pinochet.

En poco más de una hora, el director Juan Ignacio Sabatini (1978) nos internaliza de los preparativos de un grupo de jóvenes inexpertos, del asalto a la comitiva en la cuesta Las Achupallas y algunas escenas posteriores correspondientes al asalto al retén de Los Queñes en la Región del Maule.

Divide las escenas en tres estadios narrativos que representan temporalidades diferentes. En todos ellos, se alza la figura de la comandante Tamara, chapa de Cecilia Magni, como una de las reclutadoras del atentado a Pinochet y se utiliza el recurso de su voz en off para darle un hilo conector al relato.

Es una voz femenina la que nos guía, cual Ariadne, primero para mostrar el origen de su familia, el entrenamiento de las cuadrillas, sus relaciones personales con los miembros del FPMR y el asalto propiamente tal, este último relatado en breves minutos y durante la huida se escucha la voz victoriosa del comandante Ramiro.

En esta capa se sugiere la existencia de diferencias de clases al interior del Frente, de hecho, las cúpulas provenían de ámbitos universitarios y la propia Cecilia Magni pertenecía a una familia burguesa. Todos sospechan de la lealtad del advenedizo Sacha, un miembro de la clase obrera que también estaba dispuesto a dar la vida con tal de matar al tirano.

La película denuncia ese clasismo encubierto, tan propio de la sociedad chilena, pero a su vez la agrupación podría tildarse de misógina, debido a que Tamara es la única mujer que llegó a ocupar el cargo de “comandante” dentro de la cerrada cúpula del FPMR.

El segundo estadio es un viaje a la playa, en meses posteriores al atentado, donde Ramiro y Tamara se preguntan qué salió mal en la operación. «Lo que nos derrotó no fue la mala suerte… Alguien nos traicionó», le confiesa Tamara.

Este escenario escapa del fragor de la Operación Siglo XX, es tranquilo y meditativo, muy diferente a las frases cortas para motivar a los reclutas. Si bien Tamara era la pareja del jefe del FPMR, en esa travesía en auto se palpa el amor (platónico) que sentía Ramiro por ella.

A última hora, antes del atentado de Achupallas, las cúpulas del Frente deciden proteger a Tamara y librarla de las cuadrillas de fusileros. Ese trato especial sería motivo de envidia dentro de los guerrilleros y luego de conocer la traición, pareciera que las sospechas del director eran ciertas: no sólo la misoginia la ponía en la mira, sino que su pertenencia a una familia acomodada, reflotaba el resentimiento de clase.

Entonces, el motivo de la traición sería doble, aventura Juan Ignacio Sabatini, por un lado, el sabotaje al interior de las filas y por otro, la envidia a la figura de la comandante Tamara.

En el tercer escenario, Tamara ya ha sido arrojada al río Tinguiririca. En el asalto a Los Queñes, tras dos años de silencio en el accionar del Frente, dan muerte a un carabinero del retén y la policía se enfrasca en una búsqueda implacable.

La comandante Tamara y el comandante José Miguel serán brutalmente torturados en la parrilla eléctrica. Su muerte obedece al ensañamiento de las fuerzas de orden con motivo del atentado de Pinochet.

Tamara nos habla desde la otra vereda: «1 milímetro y la historia hubiera sido diferente… Si la cúpula hubiera provisto de más armas… Si hubiese pensado que mandaban a los fusileros a la victoria y no al matadero». La voz en off de Tamara ahora tiene más sentido que nunca.

El puzzle elegido por el director era complejo de armar en tan sólo 80 minutos. Los cambios de énfasis de Tamara, los discursos antes del atentado, la lucha de clases al interior de un grupo de supuesta lucha popular (es bien polémico este punto), las traiciones, todos los elementos dramáticos van encajando a la perfección.

Alguien podría criticar la brevedad del largometraje, pero ese es claramente otro acierto de Juan Ignacio Sabatini, uno de los directores de la excelente Los archivos del Cardenal.

Daniela Ramírez vuelve a estar impecable, esta vez en la interpretación de la comandante Tamara. La cinta deja testimonio de una operación que duró apenas siete minutos y la concisión del relato le aporta al personaje principal esa chispa de vida de Tamara, que sabía que la vida transcurre en un instante.

«El mundo dura mientras estamos vivos», son las últimas palabras de Tamara.

El guión de Matar a Pinochet se encuentra basado en la investigación monográfica Los fusileros. Crónica secreta de una guerrilla en Chile (Debate, 2016), del periodista nacional Juan Cristóbal Peña.

(Tomado de Cine y Literatura)

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