La Teoría de la Revolución Permanente de Trotsky

por Rolando Astarita

En varias oportunidades me han preguntado qué opino sobre la teoría de la Revolución permanente (TRP) de Trotsky. Mi respuesta es que, si bien reivindico la orientación estratégica de esta teoría, opuesta a las políticas stalinistas y socialdemócratas de subordinación del movimiento obrero a las burguesías “progresistas”, soy crítico de la idea, central en la TRP, de que “la revolución democrática” (autodeterminación nacional, eliminación de relaciones precapitalistas, libertades democráticas) “sólo puede triunfar por medio de la dictadura del proletariado” (tesis 4 de la TRP; véase Trotsky, 1930-1973, p. 168).

A fin de clarificar esta cuestión, comenzamos pasando revista a las discusiones en la socialdemocracia rusa que constituyeron el contexto en el que Trotsky elaboró, a comienzos del siglo XX, su teoría de la revolución; y la forma en que la Revolución de Octubre “resolvió”, por así decirlo, esas polémicas.

Planteo histórico

La primera formulación de la TRP es de poco antes del estallido de la revolución rusa de 1905. En aquellos años había acuerdo en la socialdemocracia rusa en que “la revolución que se acercaba era… burguesa” (ibid., p. 24). La diferencia entre los socialistas se centraba en la cuestión de qué clases sociales habrían de realizar esa revolución. Los mencheviques sostenían que, dado que la revolución sería burguesa, el rol directivo en la misma correspondía a la burguesía liberal. El proletariado, seguía el razonamiento menchevique, tenía que conformarse con ser “la izquierda del frente democrático: la socialdemocracia debería apoyar a la burguesía liberal contra la reacción, y al mismo tiempo defender los intereses del proletariado contra la propia burguesía” (ibid., p. 25).

Lenin y los bolcheviques, en cambio, planteaban la cuestión “en términos completamente distintos” (ibid.), ya que apuntaban a una revolución democrática jacobina extrema. Por eso el programa bolchevique para la revolución democrática contemplaba acabar con la propiedad privada de la tierra; y barrer el zarismo y el viejo régimen estableciendo, entre otras medidas, la elección y revocabilidad de los funcionarios, la elección de jurados populares, la formación de una milicia y la guerra revolucionaria en Europa. Con este fin preveía la formación de un gobierno revolucionario que convocara a una Asamblea Constituyente. Pero no sería un gobierno obrero, sino uno de alianza entre la clase obrera (el partido obrero) y los campesinos pobres. Los bolcheviques sintetizaban su planteo con la fórmula “dictadura democrática de obreros y campesinos”. “Dictadura” porque se apoyaría “en la fuerza de las armas, en las masas armadas, en la insurrección, y no en instituciones creadas ‘por la vía legal’, por ‘la vía pacífica’”. “Democrática” porque no era una revolución socialista, sino burguesa (véase, por ejemplo, Lenin 1905 y Lenin 1907).

Era un programa propio “de los jacobinos de la socialdemocracia actual” (Lenin). Su aplicación por un gobierno revolucionario, pensaba Lenin, despejaría el camino para el desarrollo capitalista más pleno. La clase obrera, por lo tanto, se fortalecería socialmente; y la conquista de libertades (de prensa, organización, opinión) ayudaría a la preparación de una segunda revolución, esta vez proletaria. O sea, la estrategia leninista era la revolución por etapas. La primera sería democrático-burguesa. La segunda, dirigida por el partido de la clase obrera, tendría un carácter socialista. Por eso, el programa de la revolución democrática era el programa mínimo; y el de la revolución socialista era el programa máximo.

La crítica de Trotsky a Lenin

Trotsky criticó la idea de que una revolución democrática de la profundidad que proponían los bolcheviques pudiera contenerse en los límites de la democracia burguesa y el respeto de la propiedad del capital.

Pensamos que esta crítica de Trotsky fue correcta en lo esencial. Es que, como planteaba Trotsky, ningún partido burgués, o pequeñoburgués, estaría dispuesto a armar al proletariado, abolir la propiedad privada de la tierra y lanzar una guerra revolucionaria en Europa. Más aún, ni siquiera había posibilidades de que se formara un partido anticapitalista campesino, independiente de la burguesía liberal y del partido del proletariado. En ese respecto, si en algún lugar había posibilidad de que surgiera tal partido, ese lugar era Rusia, donde el problema agrario era gigantesco. Además, existía una numerosa intelectualidad campesina, o simpatizante de los campesinos, con una ideología populista y tradiciones anti-capitalistas. Pero incluso con esas condiciones, no surgía (ni habría de surgir) ningún partido campesino revolucionario, independiente de la burguesía. Más aún, la experiencia mostraba que en los momentos decisivos los partidos campesinos tendían a aliarse, o seguir, a la burguesía liberal. En consecuencia, no habría forma de articular políticamente la “dictadura democrática de obreros y campesinos”. Esta era una cuestión que estaba en el centro de las diferencias de Trotsky (y su TRP) con Lenin: “mi polémica con Lenin giraba, en sustancia, alrededor de la posibilidad de independencia o del grado de independencia de los campesinos en la revolución, en particular de la posibilidad de un partido campesino independiente” (ibid., p. 89). En otro pasaje: “… los campesinos, por revolucionarios que sean, son incapaces de desempeñar un papel político independiente y mucho menos directivo” (ibid., p. 105). Y con carácter general: “La ciudad ejerce la hegemonía en la revolución burguesa” (ibid.).

En consecuencia Trotsky concluía que la única forma en que podía triunfar el programa bolchevique para la revolución democrática era a través de una dictadura de la clase obrera, apoyada en las masas campesinas. Sin embargo, para consolidar su posición la clase obrera en el poder se vería obligada a combinar las tareas democráticas con ataques a la propiedad y a las instituciones burguesas. Por ejemplo, no se podía esperar que un gobierno proletario dividiera las explotaciones agrarias de gran escala después de su expropiación para venderlas a los pequeños productores. El único camino sería “organizar la producción cooperativa bajo un control comunal o directamente bajo una gestión estatal; y esta es la vía al socialismo” (Trotsky, 1906 – 1971, p. 187). Algo similar plantearía el armamento de la clase obrera. De ahí que la revolución iba a adquirir un carácter permanente: significaba “el tránsito revolucionario directo de la etapa burguesa a la democrática” (Trotsky, 1930 – 1973, p. 35). “En esto consiste precisamente la continuidad entre el programa mínimo y el programa máximo. Que surge inevitablemente de la dictadura del proletariado” (ibid., p. 99).

La “verificación” de la TRP por la revolución de Octubre

En 1917 los bolcheviques tomaron el poder apoyados por la izquierda de los Socialistas Revolucionarios, partido campesino radical. En lo fundamental, pues, ocurrió lo que preveía Trotsky: la revolución democrática se realizó bajo la forma de dictadura del proletariado. Una circunstancia que señaló Lenin en el cuarto aniversario de la Revolución de Octubre: “La tarea directa e inmediata de la revolución en Rusia era democrática burguesa: acabar con los restos de todo lo medieval, barrerlos hasta· el fin, limpiar a Rusia de esa barbarie, de esa vergüenza, de ese inmenso freno para toda cultura y todo, progreso en nuestro país”. Pero para consolidar esas conquistas “debíamos ir más lejos y así lo hicimos. Resolvimos los problemas de la revolución democrática burguesa sobre la marcha, de paso, como ‘producto-accesorio’ de nuestra labor principal y verdadera, de nuestra labor revolucionaria proletaria, socialista”. Es lo que Trotsky preveía en 1905 que ocurriría para realizar el programa mínimo bolchevique: la revolución democrática en Rusia se realizó “al pasar”, como parte de la revolución socialista.

¿En qué sentido “se verificó” la tesis de Trotsky?

Trotsky y los trotskistas interpretaron siempre que la Revolución Rusa era, y sigue siendo, la confirmación más palmaria de la TRP: es una realidad que las tareas democráticas en Rusia se llevaron a cabo por medio de una dictadura del proletariado, en combinación con medidas anticapitalistas, y en dirección al socialismo. Así se demostró, prácticamente, que era posible que el proletariado de un país económicamente atrasado llegara antes al poder que en un país capitalista evolucionado. Posibilidad que había visto Trotsky muy tempranamente, en oposición a casi toda la socialdemocracia.  

Sin embargo, la experiencia rusa no verificó la afirmación, también de la TRP, de que si no triunfaba la dictadura del proletariado, dirigida por el partido Comunista, no era posible la revolución democrática. Este es un contrafáctico y como tal no puede ser “verificado”. Más precisamente, la Revolución de Octubre no desmintió (ni podía hacerlo) la idea, central en Lenin, de que si la revolución burguesa no avanzaba por la vía revolucionaria radical, lo haría “desde arriba”, por la vía bonapartista, o por algún camino intermedio. En este respecto hubo una clara divergencia entre Lenin y Trotsky, que no fue superada por la experiencia revolucionaria rusa. Veamos con algún detalle el tema.  

Lenin y las revoluciones burguesas “desde arriba”

Según Lenin (1905), incluso con el zarismo Rusia avanzaba hacia el capitalismo, y hacia la democracia burguesa. “La transformación del régimen económico y político del país en el sentido democrático-burgués es inevitable e ineludible. No hay fuerza en el mundo capaz de impedirla”. Sostenía que, dada esa dinámica de fondo, existían dos alternativas polares: a) una “victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo”; b) un arreglo entre el zarismo y “los elementos más ‘inconsecuentes’ y ‘egoístas’ de la burguesía”. Y entre esos dos escenarios extremos podían darse una cantidad infinita de combinaciones y detalles. En cualquiera de los casos, Rusia avanzaría hacia una democracia burguesa, dado que las relaciones capitalistas tendían a extenderse y profundizarse. Un fenómeno que ya había ocurrido “en casi todas las revoluciones democráticas del siglo XX”. Por eso Lenin plantea que “hay democracia burguesa y democracia burguesa”, esto es, “(h)ay regímenes democrático-burgueses tales como el de Alemania y el de Inglaterra; como el de Austria y el de EEUU y Suiza”. Diferentes grados de democracia, caracteres y formas “que todo marxista debía tener en cuenta”.

Este enfoque explica la lectura que hizo Lenin de las políticas de ministros zaristas “reformistas”, como fue Stolipin. Se trataba de un intento de transformación capitalista desde arriba: “En Rusia son también posibles, incluso inevitables, las revoluciones burguesas si se emprende la vía agraria de Stolipin y los demócratas constitucionalistas” (Lenin, 1908 a). En Lenin (1908 b) presenta las dos maneras de acabar con “el viejo régimen de propiedad rústica”: a) “a lo Stolipin”, manteniendo el latifundio; b) “a la manera campesina”, aboliendo el latifundio y nacionalizando la tierra. En Lenin (1908 c), se refiere al “bonapartismo agrario de Stolipin” y dice que era un error tanto no ver sus procedimientos bonapartistas (“sus ataques policíacos”) como no advertir su naturaleza burguesa. En Lenin (1909) escribe: “La Constitución stolipiniana y la política agraria stolipiniana constituyen una nueva etapa en la descomposición del viejo zarismo semi-patriarcal y semi-feudal, un nuevo paso en el camino de la transformación del zarismo en una monarquía burguesa” (énfasis nuestro).

Estas intervenciones estaban en línea con su crítica – entre fines del siglo XIX y comienzos del XX- al populismo ruso. Tengamos presente que los populistas sostenían que era imposible el capitalismo, dado el atraso y la pobreza de los campesinos, y la estrechez del mercado. Los marxistas, en cambio, plantearon que el capitalismo se desarrollaba, y que esta era la base para el crecimiento del proletariado socialista. Lenin intervino activamente en este debate. En Lenin (1899) sostuvo –apoyado en abundantes datos- que la relación tradicional basada en el derecho consuetudinario del campesino dependiente con respecto al propietario de la tierra se transformaba en una relación monetaria y contractual. Por lo tanto, la renta en especie, o por prestación personal, se transformaba en renta monetaria. Además, crecía la explotación de obreros asalariados rurales. Por lo cual también aumentaba la diferenciación de los campesinos; diferenciación que creaba el mercado interno para el capitalismo. La agricultura comercial, a su vez, se combinaba con empresas industriales y comerciales, y avanzaba la acumulación de capital agrario. Estos desarrollos eran acompañados de la mecanización (para una exposición más teórica, véase por ejemplo Lenin 1897). Estos análisis eran la base de la afirmación, en “Dos tácticas…”, de que, por una vía u otra, Rusia se desarrollaba en sentido capitalista.

El enfoque de Trotsky

A diferencia de Lenin, Trotsky pensaba que si la revolución democrática rusa no triunfaba de modo radical, y a través de la dictadura de la clase obrera, no habría revolución democrática posible. En 1906 escribe: “Ahora, y por mucho tiempo ya, a la revolución rusa se le ha cerrado el camino de la edificación de cualquier orden burgués constitucional que pudiera solucionar aunque fuesen las tareas más simples de una democracia” (Trotsky 1906 – 1971, pp. 178-9; énfasis nuestro). En referencia a los ministros Witte y Stolipin, señala que “sus esfuerzos ilustrados se vienen abajo…”. Los intereses revolucionarios “más elementales” del campesinado no podrían satisfacerse si no era por la vía del triunfo revolucionario del proletariado (ibid., p. 179). Por lo cual la revolución proletaria no solo era posible sino inevitable, como diría años más tarde, en polémica con Radek: “… [En Rusia] la dictadura del proletariado aparecería como probable y aun inevitablesobre la base de la revolución burguesa precisamente porque no había otra fuerza ni otras sendas para la realización de los objetivos de la revolución agraria” (Trotsky, 1930 – 1973, p. 69; énfasis nuestro). En el Prólogo de este libro sostiene que gracias a su teoría había podido predecir “la inevitabilidad de la Revolución de Octubre trece años antes de que se realizara” (p. 15). Poco más abajo repite que había pronosticado “teóricamente” la Revolución de Octubre. En el primer capítulo de su Historia de la revolución rusa, publicada en 1932, sostuvo que en Rusia “la agricultura se mantenía, con pequeñas excepciones, casi en el mismo nivel del siglo XVII”. Pero si en el siglo XX la agricultura rusa se mantenía al nivel de tres siglos antes, no había posibilidad alguna de transformación en sentido progresivo –desarrollo de las fuerzas productivas en el agro- que no fuera vía dictadura del proletariado. La TRP desembocaba así en un planteo mecánicamente determinista y reductivo.

Trotsky generaliza la TRP

La política de la Internacional Comunista para China, a mediados de los 1920, era similar a la de los mencheviques bajo el zarismo: revolución por etapas y subordinación del partido obrero a la burguesía. Según Stalin y sus seguidores, en China debería realizarse primero la revolución burguesa y luego, en una segunda etapa, la proletaria. En la primera etapa el proletariado debía colaborar con la burguesía nacional. Para lo cual la IC dispuso que el Partido Comunista de China entrara en el Kuomintang, el partido de la burguesía nacionalista china. Stalin confiaba en que el Kuomintang enfrentaría al imperialismo y a los señores de la guerra, y realizaría la unificación nacional. Sin embargo, el Kuomintang terminó enfrentando y atacando a la clase obrera y a los comunistas.

Trotsky comenzó a interesarse por la revolución china en agosto de 1926, pero solo hacia fines de 1927, o principios de 1928, defendió explícitamente la TRP como una línea estratégica para China. Acerca de esta tardanza para pronunciarse a favor de la TRP, existen interpretaciones contrapuestas. Algunos trotskistas (es el caso de Nahuel Moreno) interpretaron que simplemente tardó en extender la TRP, concebida originariamente en relación a Rusia, a China. En apoyo de esta lectura se plantea que todavía en abril de 1927 Trotsky escribía:

“… la revolución que se está desarrollando bajo la dirección del Kuomintang es una revolución nacionalista burguesa, cuya única consecuencia puede ser, aun en el caso de producirse un triunfo total, el mayor desarrollo de las fuerzas productivas sobre una base capitalista”. Sin embargo, siendo la época “de la decadencia imperialista del capitalismo” la clase obrera podría llegar al poder encabezando una alianza con los campesinos. Agregaba: “No se trata de una revolución socialista sino democrático-burguesa”. (…) “Desde el punto de vista de los intereses de clase del proletariado… la tarea de la revolución burguesa es obtener el máximo de libertades para la lucha de los obreros contra la burguesía” (Trotsky, 1927 a).

Sin embargo, pocas semanas más tarde, en un discurso ante el Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista sostenía: “Nosotros le decimos a los obreros de China. Los campesinos no llevarán hasta el final la revolución agraria si se dejan dirigir por la pequeña burguesía radical en lugar de ustedes, los proletarios revolucionarios. Por lo tanto construyan sus soviets de obreros, alíenlos con los soviets campesinos, tomen las armas a través de los soviets… (…) La revolución democrático-burguesa china avanzará y vencerá en la forma de soviets, o no lo hará” (Trotsky, 1927 b). Es una formulación que puede encuadrarse en la TRP.

La interpretación alternativa (véase Peng Shu Tse 1976) sostiene que durante un tiempo Trotsky no defendió explícitamente la TRP porque varios líderes de la Oposición de Izquierda no estaban de acuerdo con esa teoría. Para no debilitar la lucha contra Stalin, Trotsky no habría usado el término “revolución permanente”. Según Peng, solo a mediados de 1928 planteó abiertamente que la TRP era aplicable a China. Sin embargo, precisa Peng, desde el comienzo Trotsky había sido crítico de la orientación defendida por Stalin y reclamó insistentemente que el PCC se retirara del Kuomintang. Además, a medida que aumentó la presión revolucionaria, propuso la formación de soviets de obreros y campesinos, en conformidad con la TRP.

En cualquier caso, es indudable que hacia 1930 la TRP tomaba, a los ojos de Trotsky, un carácter completamente general. Escribía entonces que la TRP trataba acerca “del carácter, el nexo interno y de los métodos de la revolución internacional en general” (Trotsky, 1930 – 1973, p. 167, énfasis nuestro). La revolución china, sostenía, confirmaba y reforzaba las enseñanzas de la experiencia rusa: los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas conducían, en la época del imperialismo, a la dictadura del proletariado; y esta ponía a la orden del día las reivindicaciones de las reivindicaciones socialistas. Esa era “la idea central de la teoría” (ibid., p. 30). También: “Si la opinión tradicional sostenía que el camino de la dictadura del proletariado pasaba por un prolongado período de democracia, la teoría de la revolución permanente venía a proclamar que, en los países atrasados, el camino de la democracia pasaba por la dictadura del proletariado” (ibid., p. 30-1). En 1933 en carta a revolucionarios sudafricanos sostiene que la cuestión agraria y nacional en ese país solo podía ser solucionada por vía revolucionaria. Pero esa solución llevaría inevitablemente a la dictadura del proletariado (Trotsky, 1933; énfasis nuestro). En 1937 sobre España escribe: “… incluso las tareas puramente democráticas, como la liquidación de la propiedad semifeudal, solo pueden resolverse con la conquista del poder por el proletariado; lo que pone a su vez a la orden del día la revolución socialista” (Trotsky, 1937 – 1979, p. 96; énfasis nuestro). La TRP tenía, en su visión, alcances planetarios.

Estancamiento de las fuerzas productivas, imposibilidad de reformas democráticas

La TRP se reforzó –aunque también fue su expresión- con la idea de que las fuerzas productivas del capitalismo se habían estancado definitivamente a partir de 1914. Por lo cual no solo no había posibilidades, a nivel global, de avances de la democracia burguesa, sino que en todos los países se retrocedía hacia regímenes de corte fascista o nazi. Es una idea que recorre el Programa de transición con el que se funda la Cuarta Internacional. En él se afirma que “el capitalismo en descomposición” ya no puede otorgar reformas sociales sistemáticas ni elevar el nivel de vida de las masas. Por lo tanto, “cualquier reivindicación seria del proletariado y hasta cualquier reivindicación progresiva de la pequeña burguesía, conducen inevitablementemás allá de los límites de la propiedad capitalista y del Estado burgués” (Trotsky, 1938-a, énfasis nuestro). En los países adelantados las reformas estaban bloqueadas: programas como el de Roosevelt, en EEUU, fracasarían irremediablemente y la clase capitalista, imposibilitada de conceder cualquier mejora “seria”, respondería a las demandas de las masas con el fascismo. Por otro lado, la derrota del nazismo en Alemania o Austria solo podría ocurrir por medios revolucionarios y proletarios, y bajo dirección de la CI. En las colonias y semicolonias solo los soviets “pueden llevar a su consumación la revolución democrática y abrir la era de la revolución socialista”.

La TRP y las nacionalizaciones de Cárdenas

Lo ocurrido en el capitalismo desde que Trotsky generalizara la TRP es difícil de encajar en esta teoría. Desarrollamos esta cuestión en el próximo apartado, pero aquí señalamos que el problema ya se manifestó en vida de Trotsky, en ocasión de su defensa de la nacionalización del petróleo por el gobierno de Lázaro Cárdenas, de México. Por ejemplo, escribió: “México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mejicana en esta etapa. (…) … la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de democracia”. También: “La revolución mexicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los Estados Unidos de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la Guerra Revolucionaria de la Independencia y terminando con la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional”. En otro pasaje: “El general Cárdenas es uno de esos hombres de Estado… que han realizado tareas comparables a las de Washington, Jefferson, Abraham Lincoln y el general Grant”. En otro pasaje: “La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista” (Trotsky, 1938 b; énfasis agregado).

La TRP y lo ocurrido en los últimos 100 años

La idea de que los logros más elementales en el terreno de la democracia burguesa y reformas progresistas solo eran posibles vía dictaduras del proletariado (o incluso regímenes anticapitalistas), generó enormes dificultades en la Cuarta Internacional. De ahí las más variadas respuestas. Por ejemplo, hubo trotskistas que siguieron, contra viento y marea, afirmando que era imposible que en los países atrasados se cumplieran las tareas de la democracia burguesa si no triunfaba la dictadura revolucionaria de la clase obrera. Otros trotskistas ensayaron una respuesta algo matizada (me la han presentado en debates orales): las tareas democrático burguesas no se pueden cumplir “hasta el final” si no triunfa la revolución proletaria. Claro que con ese argumento habría que concluir que en ningún lado hubo revoluciones democrático burguesas; ni siquiera en EEUU, Francia o Inglaterra. Otra variante de defensa de la TRP –fue el caso de Nahuel Moreno- pasó por afirmar que los avances democráticos habían sido el resultado de revoluciones “socialistas inconscientes”, solo burguesas por su “forma”. Pero al margen de que es muy cuestionable la noción de “revolución socialista inconsciente” – ¿revolución socialista sin conciencia de clase?- los avances del capitalismo y de la democracia burguesa fueron de carácter mucho más global. El mismo Moreno siempre reconoció que bajo el peronismo, entre 1945 y 1955, los obreros argentinos obtuvieron significativas mejoras, sin que mediara en esto revolución proletaria alguna, ni consciente ni inconsciente. 

Una dificultad de fondo para el análisis correcto: la tesis del estancamiento crónico del capitalismo. Como botón de muestra de este tipo de diagnóstico, véase la siguiente afirmación, también de Nahuel Moreno: “A partir de entonces [1914-1918] entramos en la época histórica presente: decadencia y empobrecimiento cada vez mayores de la sociedad humana, guerras terribles que destruyen masivamente hombres y fuerzas productivas… Llega a su fin la época anterior, reformista” (Moreno, 1986, p.37). Está en línea con la afirmación del Programa de transición de que cualquier reforma o mejora “seria” es imposible en los marcos del capitalismo.

Sin embargo, desde 1918 al presente hubo reformas y mejoras en los marcos del modo de producción capitalista. El nivel de vida – la canasta salarial- de las masas trabajadoras mejoró a nivel global. La clase obrera asalariada aumentó en términos absolutos y relativos (dato incompatible con la tesis “estancamiento secular del capitalismo”). La esperanza de vida y los índices de escolaridad mejoraron. Los derechos de los asalariados (por ejemplo a vacaciones, licencias por enfermedad, sindicalización) avanzaron. Por otra parte, no hay forma de demostrar que, por ejemplo, las estructuras semifeudales en España, Italia o Portugal siguen en pie como hace 100 años. O que las relaciones de propiedad no han cambiado en el agro boliviano con la Revolución de 1952 (que llevó al poder al MNR, un partido nacionalista burgués). Más en general, en la mayor parte de las zonas rurales del planeta avanzaron la producción para el mercado y las relaciones capitalistas. Se trata de evoluciones en un sentido democrático burgués “clásico”, sin que en su logro interviniera dictadura del proletariado alguna.

Algo similar en el terreno de las libertades democráticas. Para citar solo algunas “reformas serias”: a) el voto femenino; b) el derecho al aborto; c) el derecho al divorcio; d) los derechos y libertades de los homosexuales y otras minorías sexuales; e) los derechos de la población negra en EEUU o en Sudáfrica. Con el agregado de que los regímenes democrático burgueses tendieron a expandirse. Puede afirmarse, y con razón, que en su mayoría se trata de democracias restringidas, represivas, con rasgos bonapartistas. Pero no son regímenes fascistas, o dictaduras militares. Una situación que encaja en la vieja idea del marxismo de que la democracia burguesa es la forma más segura y estable para la dictadura del capital.

En cuanto a los países atrasados, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial las antiguas colonias y semicolonias se independizaron, conformaron Estados nacionales y muchas avanzaron en el sentido capitalista. Por caso, no se puede afirmar que India hoy es una colonia, o que permanecen las estructuras precapitalistas al nivel de hace 100 o 150 años. En India actualmente hay unos 22 millones de empresas. Gigantes como Reliance Industries, Tata Group, Aditya Birla, Infosys Limited, HCL Technologies, Wipro, con capitalizaciones de mercado de decenas o centenas de millones de dólares, y cientos de miles de empleados, no encajan en la vieja noción de “burguesía colonizada, semi-oprimida”, y despojada del control de “su” Estado. Significativamente, se verificó el pronóstico de Marx, sobre que la penetración del colonialismo británico terminaría desarrollando un capitalismo indio. Algo similar puede señalarse con respecto a China, Indonesia o Brasil, para mencionar solo a los países atrasados con mayor población. Incluso para los que piensan que entre 1949 y 1980 China fue un “Estado proletario”, en el enfoque “estamos en la era de la agonía mortal del capitalismo” el viraje de este país hacia el capitalismo de los últimos 40 años significaba la vuelta a la situación de colonia o semicolonia. Pero China hoy no es una colonia de EEUU o de la UE. 

En definitiva, avanzaron democracias burguesas, y regímenes capitalistas, en la mayoría de los países atrasados, sin que hubieran triunfado dictaduras del proletariado, y menos dirigidas por partidos marxistas revolucionarios. En muchos casos el avance fue “desde arriba”, por vías bonapartistas o combinaciones de métodos bonapartistas y presión –luchas de masas, movimientos revolucionarios de todo tipo- “desde abajo”. Con el trasfondo de la expansión de las relaciones de producción capitalista. Esto es, más cerca de lo que preveía Lenin bajo la Rusia zarista que lo que pronosticó la TRP de Trotsky.

Textos citados

Lenin, V. I. (1897): “Contribución a la caracterización del romanticismo económico”, OC t. 2, Progreso, Moscú.

Lenin, V. I. (1899): El desarrollo del capitalismo en Rusia OC t. 3.

Lenin, V. I. (1905 a): “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, OC t. 11.  

Lenin, V. I. (1907): “El programa agrario de la Socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905 – 1907”, OC t. 16.

Lenin, V. I. (1908 a): “Por un sendero trillado”, OC t. 17.

Lenin, V. I. (1908 b): “El programa agrario de la socialdemocracia en la revolución rusa”, OC t. 17.

Lenin, V. I. (1908 c): “Juicio sobre el momento actual”, OC t. 17.

Lenin, V. I. (1909): “En ruta”, OC t. 17. 

Lenin, V. I. (1921): “Con motivo del cuarto aniversario de la Revolución de Octubre”, OC t. 44.

Moreno, N. (1986): Las revoluciones del siglo XX, Buenos Aires, Antídoto.

Peng Shu tse (1976): “Introduction to Leon Trotsky on China”, Monad Press, Nueva York.

Trotsky, L. (1906 – 1971): “Resultados y perspectivas” en Trotsky 1905, París, Ruedo Ibérico, t. 2.

Trotsky, L. (1927 a): “Class relations in the Chinese Revolution”, https://www.marxists.org/archive/trotsky/china/index.htm.

Trotsky, L. (1927 b): “Second Speech on the Chinese Question”, https://www.marxists.org/archive/trotsky/1932/pcr/03.htm.

Trotsky, L. (1930 – 1973): La revolución permanente, Buenos Aires, Yunque.

Trotsky, L. (1932 – 1972): Historia de la Revolución Rusa, Buenos Aires, Galerna.

Trotsky, L. (1933): “Letter to South African Revolutionaries”, https://www.marxists.org/archive/trotsky/1933/04/safrica.html.

Trotsky, L. (1937 – 1979): España: última advertencia, Barcelona, Fontamara.

Trotsky, L. (1938 a): El Programa de transición. La agonía del capitalismo y las tareas de la IV Internacional, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1938/prog-trans.htm.

Trotsky, L. (1938 b): “México y el imperialismo británico”, https://www.marxists.org/espanol/trotsky/ceip/escritos/libro5/T09V240.htm.

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