La «Comuna» chilena de 1972

por Maxi Laplagne

La teoría de la generación espontanea, ya erradicada en las ciencias biológicas, suele aún ser aplicada a la política. No falta quien considera al argentinazo de 2001 como un acto espontáneo de las masas en vez del desenlace de años de preparación obrera. Sucede lo mismo con la actual revolución chilena.

Pero nada surge de un repollo. Las rebeliones son herederas de las tradiciones de organización de los oprimidos. Mientras Pinochet preparaba el golpe de Estado de 1973, los obreros chilenos tomaron la defensa de Chile en sus manos. Basados en la representación democrática de delegados por fábrica, los trabajadores del cobre llamaron en Mayo a “establecer lazos de solidaridad y lucha con los pobladores del campo, los obreros y los estudiantes”. Dieron el puntapié a un proceso que se extendía por todo Chile: la formación de los cordones industriales herederas de los soviets rusos de 1917.

En apenas tres meses, ocho grandes cordones se conformaron en todo Santiago. Los mismos fueron boicoteados hasta las últimas consecuencias por la Central Única de Trabajadores. El Partido Socialista y la Democracia Cristiana se negaron a integrarlos. El propio Allende declaró la ilegalidad de estos organismos que se creaban por fuera de los sindicatos tradicionales. Enfrentando la presión directa de sus propios gremios el cordón industrial de Santiago Sur convocó para el 24 de Julio la reunión fundadora de la Coordinadora de Cordones Industriales de la Provincia de Santiago. En una de las asambleas más masivas de la historia del movimiento obrero latinoamericano se redactó un documento según el cual “los cordones industriales preparan a la clase y la proyectan hacia la toma del poder combatiendo las desviaciones reformistas y burocráticas que se perfilan peligrosamente al interior del movimiento obrero”. Si el gobierno no estaba dispuesto a enfrentar el golpe de Estado, entonces los cordones industriales lo harían por su propia cuenta.

Los cordones organizaban a cientos de fábricas que habían conquistado la nacionalización bajo el gobierno de Allende. Los más variados problema de producción, autodefensa y movilización quedaron registrados en sus actas. Superaron además los límites del taller y se encargaron de organizar comités de abastecimiento para los campesinos hambrientos que luchaban por aplicación de la reforma agraria. En Enero de 1973 el cordón industrial de Cerrillos convocó a “imponer el control obrero en todas las pequeñas, medianas y grandes empresas de Chile, no para obtener ganancias como pretenden los capitalistas, sino para obtener la máxima productividad para el pueblo”.

El primer intento de golpe de Estado a Chile lo conocemos en la historia como el “tanquetazo”. Ante el abandono del Partido Comunista a organizar la respuesta, el cordón industrial de Vicuña Mackena organizó destacamentos que asaltaron cuarteles y empuñaron las armas. A su vez, en San Joaquín fueron ocupadas todas las industrias. Se conformó un comité de defensa y vigilancia de los medios de producción y las ciudades chilenas. El 29 de Junio la coordinadora de cordones inaugura la “comuna de Santiago” que llama a Chile a la huelga general. El tanquetazo fracasa gracias a la acción independiente del movimiento obrero.

Como es sabido, el ejército pinochetista debió bañar en sangre al pueblo para imponer meses después su dictadura. Necias como siempre, las clases dirigentes pensaban que las bombas a la moneda ahogarían las ideas. Hoy el pueblo chileno se vuelve a levantar y prepara una constituyente que elimine todos los resabios pinochetistas de su constitución. El hilo de la historia se tensa pero no se corta.

(Tomado de 1917)

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