¿Fascismo de izquierdas?  Nacional-bolchevismo, rojipardismo y otras «alianzas extravagantes» 

por Julio Cortés Morales

Parte I: Linkfaschismus y “comunismo nacional”

La curiosa mescolanza ideológica que proponen Dugin y sus amigos ha sido calificada por algunos como una nueva forma de “rojipardismo”.  Este fenómeno plantea la posibilidad de alianzas o incluso fusiones o síntesis entre posiciones revolucionarias de derecha e izquierda, o entre fascismo y comunismo.

Para Norberto Bobbio la sola posibilidad de una alianza de comunismo y fascismo siempre “tiene algo de monstruoso”. Y es porque en su visión, reforzando la vigencia de la díada izquierda/derecha, el fascismo y el “comunismo” (más bien el bolchevismo/estalinismo), a pesar de ser hermanos gemelos y de sus notorias semejanzas, se oponen absolutamente precisamente porque uno es de derecha y el otro de izquierda. Pese a ello, Bobbio nos recuerda que “hubo un clamoroso ejemplo de alianza práctica entre fascismo y comunismo: el pacto de no agresión y de repartición mutuamente ventajosa entre la Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin”, aunque aclara que fue “una alianza esencialmente táctica, que tuvo una breve duración, y que, ideológicamente, no tuvo consecuencias, excepto por la formación de algún pequeño grupo, políticamente insignificante, de bolcheviques nazis”[1].

Bobbio no dedica mucho más que eso a este problema que para nuestra investigación resulta crucial. Como ya señalamos, él ve al socialismo como una ideología típicamente de izquierda y al nacionalismo como típicamente de derecha, y por eso cree que en rigor la mezcla de ambas en el fascismo no es una superación de la díada, sino su reafirmación. Pese a sus certezas, podríamos agregar algo de inquietud si tenemos en cuenta la compleja historia de la relación entre clase y nación, así como la existencia de formas reaccionarias de socialismo ya hacia 1848, y de formas izquierdistas de nacionalismo o populismo[2]. En base a estas zonas grises o posiciones transversales, a diferencia de lo que creía Bobbio hace tres décadas, estamos presenciando a nivel global formas bastante “impuras” de acercamiento entre populismos y nacionalismos de izquierda y de derecha, o que intentan superar dicha distinción enfatizando su base común antiliberal y reivindicando las soberanías de los Estados nacionales como una herramienta para defender a las comunidades nacionales del avance del “globalismo”.

El “rojipardismo” original se expresó en los años 20 del siglo pasado, primero en Alemania, en la curiosa alianza que expresaba el sector llamado “nacional-bolchevique”. Este ejemplo sería tomado en Rusia por Dugin, Limonov y otros, que en palabras de Bobbio a fines de los 90 expresarían “una confusión mental antes incluso que política, de la Rusia de hoy”, en que “es posible encontrarse con un personaje como Aleksandr Dugin, que predica la revolución conservadora, alardea de haber traducido al ruso Evola y Guénon y se presenta como teórico del nacionalbolchevismo”.

Es relevante hacer una distinción clara entre el comunismo propiamente tal, movimiento bastante antiguo al cual Marx y Engels adhirieron (y no “fundaron”) en vísperas de las revoluciones de 1848, y las formas que fue adquiriendo posteriormente el movimiento comunista en el siglo XX, surgido como ala izquierda de las socialdemocracias luego de la participación oficial de la mayoría de los viejos partidos obreros en la guerra de 1914, en apoyo a sus burguesías nacionales. Esta ala izquierda del socialismo revolucionario se expresaba en diferentes corrientes que fueron confluyendo en la conformación de nuevos partidos que se autocalificaron de “comunistas” y formaron una nueva Internacional: la Tercera.

La derrota de las revoluciones en Europa central y el aislamiento de la revolución rusa generaron una hegemonía absoluta del “bolchevismo”, que pasó a ser sinónimo de comunismo a secas, en desmedro de una amplia gama de corrientes que existían alrededor y que discrepaban en distinta medida del partido de Lenin: consejistas, espartaquistas, luxemburguistas, la izquierda italiana (“fracción abstencionista”), y un largo etcétera que se ha estudiado poco y que se expresó de distintas maneras en cada realidad nacional y local. También existieron desde mucho antes las corrientes comunistas anárquicas, separadas del marxismo desde fines del siglo XIX, tras haber luchado juntos en las filas de la Primera Internacional. Posteriormente el bolchevismo se escindió en tres grandes ramas: estalinismo, trotskismo y maoísmo. Otras corrientes marxistas disidentes, desde Korsch a la Escuela de Frankfurt, y de Raya Dunayesvkaya a la Internacional Situacionista, se mantuvieron en diálogo con otras corrientes emancipatorias, incluido el anarquismo.

El llamado “rojipardismo” se produce a partir de los años 20, cuando el concepto de comunismo estaba quedando asociado al modelo ruso, con el partido bolchevique como ejemplo de organización: el leninismo, es decir, el jacobinismo ruso, modelo de organización clandestina y compartimentada, que se prestó muy adecuadamente para ejercer el poder estatal en un país acostumbrado al despotismo, que enfrentó antes y después de 1917 circunstancias excepcionales. En otras palabras: mientras el marxismo más internacionalista y libertario siempre tendió puentes hacia el anarquismo, ha sido el marxismo autoritario el que se ha prestado para coqueteos o confusiones con el nacionalismo y el fascismo. 

Este coqueteo nacionalista había sido advertido como un grave peligro, entre otros por Rosa Luxemburgo. En su “Crítica de la revolución rusa” advertía que los bolcheviques con su llamado al derecho de autodeterminación de las naciones habían agravado las dificultades objetivas con que se enfrentaban tras tomar el poder, pues “bajo el dominio del capitalismo no hay lugar para ninguna autodeterminación nacional”, pues en una sociedad de clases cada clase social “desea ‘autodeterminarse’ de manera distinta y (…) entre las clases burguesas los puntos de vista de la libertad nacional ceden completamente el lugar a los del dominio de clase”[3]. Con su política y la “rimbombante fraseología nacionalista del ‘derecho a la autodeterminación hasta la separación estatal’” los bolcheviques “no hicieron otra cosa que prestar a la burguesía de todos los países limítrofes el mejor de los pretextos, y hasta la bandera para sus aspiraciones contrarrevolucionarias”[4]. En este sentido, para Rosa Luxemburgo, tanto la socialdemocracia alemana como los bolcheviques permiten constatar que “en la presente guerra mundial es un sino fatal del socialismo estar predestinado a proveer de pretextos ideológicos para la política contrarrevolucionaria”.

La situación se agravó cuando durante la República de Weimar el PC alemán desarrolló una errática política en que no sólo señalaba a los socialdemócratas como una variedad de fascistas, sino que desarrolló posiciones nacionalistas en su seno, e incluso se registraron casos de breves alianzas o coincidencias tácticas entre comunistas y nacional-socialistas en contra de la socialdemocracia, como critica duramente León Trotsky en “¡Contra el comunismo nacional!” (1931). Allí Trotsky señala que “el fascismo de hoy en día, criado y amamantado por las traiciones de la socialdemocracia y los errores de la burocracia estalinista, representa un obstáculo tremendo en el camino hacia la toma del poder por el proletariado”, y que el Partido Comunista, a pesar de ser un partido de millones, “es hoy extremadamente débil en los sindicatos y comités de fábrica (…) gracias a la anterior estrategia del ‘tercer período’, el período de la estupidez burocrática concentrada”. Además, critica que los estalinistas alemanes con “los faros apagados” y Thaelmann a la cabeza, al plantear la consigna de la “revolución popular” en vez de la revolución proletaria cometen “una traición a los principios del marxismo, con el propósito de mejor imitar la charlatanería fascista”, pues en términos generales se “adormece a la pequeña burguesía así como a amplías masas de obreros, los reconcilia con la estructura burguesa jerárquica del ‘pueblo’ y retrasa su liberación”. Peor que eso, “en las condiciones actuales de Alemania, la consigna de una ‘revolución popular’ borra la frontera ideológica entre el marxismo y el fascismo y reconcilia a parte de los obreros y la pequeña burguesía con la ideología fascista, permitiéndoles pensar que no están obligados a tomar una opción, ya que en ambos campos se trata de una ‘revolución popular’»[5].

Para un trotskista vulgar el origen de estas “desviaciones” desde la correcta exégesis de la “doctrina marxista” (sic) estaría en la degeneración de la revolución soviética, el surgimiento de la burocracia estalinista y más regurgitaciones sobre su monserga habitual. 

Para el ex “comunista” italiano Preve, en cambio, estos desarrollos no resultan extraños si tenemos en cuenta que “el comunismo ciertamente tuvo una matriz histórica de la izquierda, pero su desarrollo supuso la creación de una izquierda tan anómala que en realidad sobrepasa sus antiguas fronteras”. Estas anomalías se producen una vez que “el comunismo se convierte en Estado, y más precisamente en partido-Estado”, pues en ese proceso “acaba asumiendo también otras tradiciones”[6]

En este punto es que debemos tener nuevamente en cuenta que la sola idea de un “comunismo de Estado”, tanto como la del “comunismo nacional”, es absolutamente ajena a la teoría marxiana, que reserva este término para la sociedad sin clases y sin Estado. De hecho, Lenin tenía bastante claro que al tomar el poder en una formación social como la rusa estaban bastante lejos todavía del socialismo, y que la única alternativa posible para construirlo, tras el fracaso de las revoluciones europeas, era concentrar y acelerar el desarrollo económico a través del capitalismo de Estado, bajo la dirección del Partido. Sus discípulos en cambio, parecen haber sucumbido todos a la ilusión de que eso ya era el socialismo, avanzando a paso de tortuga pero indefectiblemente hacia el sol rojo del inevitable futuro comunista de la humanidad[7].

Preve señala que “la momificación y la adoración de la momia de Lenin en la URSS no es de ninguna manera un fenómeno de izquierda, sino un fenómeno de culto religioso popular”. En otros “países comunistas” nos encontramos con el culto a la personalidad de Kim Il Sung (Corea) y Mao Tse-Tung (China), que tampoco sería “de ninguna manera de izquierda, pero es de origen confuciano (aunque según algunos maoístas chinos fue más bien de origen legal)”. A esto se agrega el nacionalismo de Ceausescu en Rumania, que “no fue de ninguna manera de izquierda”, y “la persecución de los homosexuales en Cuba” que “ciertamente no es de izquierda, sino que está inspirada en el machismo sudamericano”. Preve no lo menciona, pero es un ejemplo bastante evidente de lo que señala la “idea juche” norcoreana, que se podría traducir por “autosuficiencia”: una «ideología nacional» creada para lograr una autocracia, también conocida como Kimilsungismo-Kimjongilismo.

En conclusión, para Preve el comunismo “cuando se transforma de una narración utópica en un poder político estructurado, debe necesariamente ir más allá de los estrechos confines de la izquierda (y obviamente también de la derecha) para adherirse a tradiciones nacionales y populares duraderas, que obviamente ignoran la dicotomía reciente entre izquierda y derecha”[8] .

En este marco es que no extraña tanto el que el régimen cubano haya decretado tres días de duelo cuando murió el “dictador fascista” Francisco Franco, o que a inicios de los noventa Volodia Teitelboim haya reconocido que los comunistas chilenos se habían convertido en algo así como “los momios de la izquierda”. Tampoco extraña que en 1968 se haya hablado del comunismo como de una “enfermedad senil del izquierdismo”, que el PC argentino haya apoyado el golpe militar de 1976, que en Chile -donde el PC nunca se desestalinizó más que moderada y superficialmente- en pleno 1968 sus militantes concentrados en el Teatro Caupolicán gritaran “checo, entiende, los rusos te defienden”, o que se les denomine todavía como “rábanos” (rojos por fuera, blancos por dentro) y “pacos de rojo”[9]. Todas estas anécdotas revelan la ya definitiva transformación del comunismo oficial en una parte fundamental del “partido del orden”. Lo gracioso es que cuando los militantes del PC reaccionan contra estas críticas acusando a quienes las pronuncian de “anticomunismo”, revelan abiertamente su absolutismo ideológico, propio del legado “estalinista” del siglo XX.

Otro fenómeno digno de destacar y que se puede apreciar perfectamente en el documental “Funeral de Estado” (Sergei Loznitsa, 2019), con imágenes captadas en la URSS tras la muerte de Stalin en 1953, es que allí nadie creía estar todavía viviendo el comunismo, sino que se estaba en proceso de construcción del socialismo, esperando que el comunismo “llegue” en un futuro no tan lejano. El carácter religioso y de culto de la muerte de ese mega evento se aprecia claramente en los discursos que hablan de que el comunismo “sin duda llegará, como encarnación de la vida eterna de nuestro líder”[10]. Lo más chocante es que tras el desplome del “bloque socialista” hace ya tres décadas, casi todos asumen que lo que llegó a existir en esos países era el comunismo propiamente tal. ¡Pobre Marx! 

Parte II: ¿Qué es el nacional-bolchevismo?

Casi un siglo después de ese primer rojipardismo, se ha resucitado el concepto para referir expresiones mucho más difusas y confusas de posible convergencia entre extrema derecha y extrema izquierda. Por eso resulta necesario estudiar en mayor detalle las expresiones rojipardas y “nacional-bolcheviques” del siglo XX, que en parte toman nueva forma hoy en día con fenómenos como el de los ya señalados duginistas chilenos apoyando a Eduardo Artés, y con el actual apoyo a Rusia por parte de sectores de extrema derecha y de extrema izquierda.

En un texto reciente sobre el tema, Steven Forti recuerda que ya en 1932 Erich Müeller había identificado que en Alemania en los años de la República de Weimar hubo tres tipos de nacionalbolchevismo: “el táctico, representado por las corrientes rusófilas de la política prusiana y alemana; el político, encarnado por algunos grupúsculos cercanos a figuras como la de Ernst Niekisch; y uno coincidente con el filón nacional del Partido Comunista Alemán (KPD, por sus siglas en alemán)”. De hecho, agrega que “el término nacionalbolchevismo –o bolchevismo nacional– se empezó a utilizar entre 1919 y 1920 cuando el dirigente de la Internacional Comunista, Karl Radek, y el mismo Lenin criticaron duramente la posición expresada por dos cuadros del KPD de Hamburgo, Heinrich Laufenberg y Friedrich Wolffheim, quienes con el objetivo de reabrir el conflicto y derrotar al capitalismo internacional defendían la transformación de la lucha de clases en guerra entre naciones”[11]. ¿Eso era una sólo propuesta táctica, o una orientación política de nuevo tipo? 

Pero no sólo hubo muchos casos en que conocidos dirigentes comunistas se pasaron al fascismo (como Jacques Doriot en Francia[12]), sino que al mismo tiempo existía dentro del ámbito de la llamada “revolución conservadora”, además de sus exponentes más conocidos como Jünger, Schmitt, Von Salomon y Spengler, algunas posiciones que trataban conscientemente de sintetizar nacionalismo y socialismo, de maneras diferentes a la de los nazis, e incluso en oposición a ellos. 

Según Adriano Erriguel, “los rojipardos de Weimar abogaban por un nacionalismo revolucionario y socialista, antiparlamentario pero no necesariamente anti-democrático, más cercano a los jacobinos de 1793, al sindicalismo revolucionario de Sorel o a los futuristas italianos que a los nacionalsocialistas”, además estaban a favor de “un entendimiento geopolítico con la Rusia Soviética, siguiendo una línea anti-occidental y eslavófila que, desde la recepción de Dostoyevski en Alemania, era común entre muchos intelectuales”[13].

Así, tenemos otras figuras revolucionario-conservadoras como las de Karl-Otto Paetel, autor en 1930 del Manifiesto Nacional-bolchevique, o la del ya aludido Ernst Niekisch, que fuera encarcelado por los nazis en 1939, para ser liberado por los soviéticos en 1945. Luego de eso vivió y colaboró con el “régimen socialista” en Alemania Oriental, pera se mostró crítico y se distanció del mismo luego de las revueltas obreras de 1953, al igual que le pasó al compañero Bertolt Brecht. El marxista revolucionario Karl Korsch, amigo de Bertolt y de Benjamin, y en política parte de la izquierda comunista o “consejista” más cercana al anarquismo, hace ver en un análisis sobre la contra-revolución fascista publicado en 1940 que la fracción “nacional-bolchevique” del PC alemán existió desde mucho antes que el partido nacional-socialista de Hitler, y que hubo un tiempo en que, a pesar de toda la retórica fascista de Mussolini, los comunistas italianos eran reprendidos por Lenin por no alistar en sus filas a esa valiosa “personalidad dinámica” [14].

Dos momentos posteriores de “rojipardismo” y “fascismos de izquierda” fueron -según indica Forti- los desarrollos posteriores a 1968 de todo un conjunto de organizaciones neofascistas que en respuesta al nuevo ciclo de luchas sociales en todo el mundo, al surgimiento de la “Nueva Izquierda”, y en sintonía con las ideas del francés Alain De Benoist, empezaron a postular nuevas formas de “tercera posición” a las que se denominó como “nazi-maoísmo”. Entre ellas destaca el grupo Lotta di Popolo en Italia, en que “clamaban por la unidad del pueblo y una Europa unida, defendían las luchas de liberación nacional en África y Asia, y se definían como una organización revolucionaria antisistema ‘ni de derechas ni de izquierdas’”. Este engendro amalgamaba “los rasgos antiburgueses y anticapitalistas del fascismo de izquierda injertados en las ideas de Jean Thiriart y las experiencias de autogestión del movimiento estudiantil”[15]. La alianza de Mao Tse Tung con los nacionalistas de Chiang Kai-Shek para enfrentar a los japoneses entre 1937 y 1947 por supuesto que ha servido como otro gran referente “nacional bolchevique”[16]. Y nada de esto debería sorprendernos tanto si tenemos en cuenta que luego del 68 hubo extrañas mezclas denominadas como “mao spontex” (por “espontaneísmo”) y que en el 77 italiano la publicación A/Traverso y la radio Alice se autodenominaban “maodadaístas”. Como ya dijimos: el fascismo más que un camaleón es un pulpo: puede cambiar no sólo de color, sino que también de forma, e incluso adoptar varios colores y formas a la vez.

Forti agrega que este fenómeno tan ecléctico se pudo apreciar también en otros países. En Alemania la Causa del Pueblo/Organización Revolucionaria Nacional “defendía una revolución nacional, ecológica y socialista e intentó –sin conseguirlo– entrar en Los Verdes”. Otros casos posteriores siguieron el mismo patrón, como “el grupo de Tercera Posición en Italia –cuyo eslogan era ‘Ni Frente Rojo ni Reacción’–, fundado por Roberto Fiore y Gabriele Adinolfi, quienes unas décadas más tarde se convertirán en los líderes de las dos principales organizaciones del neofascismo transalpino, Forza Nuova y CasaPound Italia”. Para más detalles acerca de estos “fascismos de izquierdas” y sus consignas tales como “dictadura fascista del proletariado” o “Hitler y Mao unidos en la lucha” se puede consultar el capítulo pertinente del libro de Ernesto Cadena[17].

Como una muestra del total eclecticismo de este tipo de fascismo al día de hoy, sirve tener en cuenta que en la sede romana de la organización CasaPound, una organización política neofascista que articula una enorme red de centros sociales que imitan el modelo de las “okupas” en Italia, hay un listado de 88 referentes intelectuales. Que sean 88 no es casual, pues se trata de una cifra muy especial en los medios neofascistas dado que la octava letra del alfabeto es la H, y HH sería entonces la abreviatura de ¡Heil Hitler! 

Entre estos 88 referentes tenemos a: “Homero, Majako­vskij, Von Clawsewitz, Orwell, Coelho, Bradbury, Saint Exupery, Balla, Platón, Fante, Pessoa, Sun Tzu, Heráclito, Ian Stuart, Guénon, Codreanu, Lucio Battisti, Marinetti, Wagner, Céline, Eliot, Evita, Bombacci, Tolkien, Degrelle, De Lempicka, Sorel, Yeats, Massud, Jünger, Dante, Stirner, Brasi­llach, Ledesma Ramos, Mussolini, Jerónimo y, obviamente, Pound”[18].

Además, resulta muy llamativo en su intención confusionista el volumen titulado “Fascismo Rojo”, publicado en España por un supuesto “Colectivo Karl-Otto Paetel”, nacionalistas-revolucionarios de tercera posición inspirados en las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista de Ramiro Ledesma y ligados a la asociación cultural Alternativa Europea, cuyo lema es: “¡Europa! ¡Socialismo! ¡Identidad!”[19]. De su sección española, el Movimiento Social Republicano dirigido por J.L. Llopart, emergió hacia el año 2014 el Hogar Social Madrid, dirigido por Melisa Domínguez, que a similitud de CasaPound Italia y el Movimiento Social Patriota chileno se caracteriza por una fachada de “ayuda social”, ocupando casas para brindar apoyo a personas en situación de precariedad, excluyendo eso sí a los “no-españoles”[20].

Hacia 1994, durante un viaje al viejo continente, me topé con propaganda de Alternativa Europea que combinaba consignas bien conocidas de la extrema izquierda como “luchando, creando, poder popular” (de conocido origen sudamericano) con llamados a unirse a la “juventud europea y revolucionaria”. 

Lo que más llamó mi atención era la sospecha fundada de que con su estética y retórica podían fácilmente inflamar la subjetividad de los pocos sujetos vinculados a lo que quedaba de ultraizquierda en Chile en esos momentos, que muy de a poco y con más intuición que conocimiento se iban volcando a un anarquismo que en Chile había cesado de existir y tuvo que ser reconstruido y a la vez reinventado. Ahí entendí por primera vez y sin haberme topado todavía con Benjamin los riesgos de la “estetización de la violencia”[21], contra la cual ya Marx había advertido cuando dijo que “nosotros no embelleceremos la violencia”. Para ilustrar mejor al lector más joven acerca de mi inquietud de ese entonces, debo recordar que en la extrema izquierda de esos años habíamos tenido una “Juventud Patriótica” (brazo juvenil del FPMR “Autónomo”, desprendido o más bien soltado del PC), y en el ambiente se solía gritar “Patria o Muerte” (la vieja consigna del MIR y de la revolución cubana, reavivada por la revolución sandinista en Nicaragua 1979). Recuerdo haber ido a hacer un rayado en la entonces llamada Plaza Italia, con el pequeño lote de ultrones de la Escuela de Derecho, y por quedar en minoría tuve que aceptar la consigna escogida por amplia mayoría: “Honor y gloria a los combatientes caídos”. Con el debido respeto, la consigna me parecía demasiado similar a la película “Retroceder nunca, rendirse jamás”. Pero así era (y sigue siendo) lo fundamental de ética y estética de la “política revolucionaria”.

En esos tiempos, el socialismo se concebía básicamente como una serie de nacionalizaciones, y el “comunismo” era Lenin embalsamado en la Plaza Roja de Moscú y no “el movimiento real que suprime y supera las condiciones existentes”. Luego llegó el nuevo anarquismo en múltiples ramificaciones, y no estoy seguro de si todas lograron o quisieron desprenderse de toda esa pesada herencia moralista y estetizante de parte de la vieja extrema izquierda. Me temo que no.

Más peligroso aún me pareció en esos años el grupo Bases Autónomas, fundado en Madrid en 1983 como Confederación Nacional Revolucionaria de Bases Autónomas, que imitando las formas de organización de la extrema izquierda “autónoma” de esos años, en su eclecticismo llegaba a definirse como “anarconazi”, reivindicando conjuntamente a Buenaventura Durruti y José Antonio Primo de Rivera[22]. Contrario a lo que uno pudiera creer en base a estas posiciones que se declaran “transversales”[23], supuestamente cercanas y posibles aliadas a la izquierda radical, BB.AA. fue uno de los contingentes neofascistas más violentos de esos tiempos en España, protagonizando varios ataques contra izquierdistas, migrantes, mendigos y prostitutas, incluyendo asesinatos como el de Josu Muguruza en 1989. 

Parte III: Nazbols, anarconazis y otros delirios

Lo del “anarcofascismo” no se quedó ahí, y posteriormente en los noventa el inglés Troy Southgate desarrolló a partir de la National Revolutionary Faction una nueva amalgama que, influenciada por Evola y Dugin, fue más allá del nacional-bolchevismo para hacer una síntesis entre anarquismo y fascismo, a la que denominó “Nacional Anarquismo”, promoviendo comunidades rurales autónomas y descentralizadas, con base étnica, y vinculándose al paganismo, la liberación animal y la contracultura metalera[24]

Si bien la relación entre anarquismo y nacionalismo es más compleja de lo que parece, dado que Bakunin se declaró como “un patriota de todas las patrias oprimidas” y que amplios sectores anarquistas han apoyado “luchas de liberación nacional” como la de los zapatistas en Chiapas, los mapuche en Chile o incluso ahora la “autodeterminación nacional” en Ucrania, los nacional-anarquistas son vistos como seudoanarquistas en razón de su evidente adhesión al racismo y el suprematismo blanco[25].

El final de la Guerra Fría y el desplome del “socialismo real” provocaron según Forti otro ejemplo visible de rojipardismo, “cuando se juntaron las nuevas formulaciones hijas de los años 70 –el grupo de la revista Orionde Claudio Mutti y Maurizio Murelli, Nouvelle Résistance de Christian Bouchet, el Movimiento Social Republicano de Juan Antonio Llopart, etc.– con el euriasianismo de Dugin”. El mundo postsoviético pasó a ser un “verdadero laboratorio que los nacionalistas revolucionarios occidentales miraban con interés: en 1993 se fundó en Rusia el Partido Nacional-Bolchevique, liderado por Eduard Limónov acompañado hasta 1998 por el mismo Dugin”[26].

Un abierto simpatizante de estas perspectivas como Adriano Erriguel relata en su texto en homenaje a Limónov que el resurgimiento del epíteto “rojipardo” en los noventa provino de la izquierda parisina, cuando “en enero de 1991, el diario Le Monde y demás prensa sistémica sacaron a pasear un supuesto ‘complot rojipardo’ para descalificar a los opositores contra la primera guerra del Golfo”, donde se mezclarían políticos e intelectuales provenientes de la extrema derecha y de la extrema izquierda: todos los que para Popper serían los “enemigos de la sociedad abierta”.

Erriguel destaca la difusión a inicios de los noventa de la publicación “El Idiota Internacional” (L’Idiot international) dirigida por el escritor Jean-Edern Hallier, que la había fundado en 1969. Entre los partícipes destacados de su segunda época (1984-1994) tenemos a Fernando Arrabal, Michel Houellebecq y el ruso Limonov, recién llegado de sus andanzas norteamericanas. Citando a Carrère -otro colaborador de este órgano- en sus páginas “la extrema derecha y la extrema izquierda se emborrachaban hombro con hombro, las opiniones más contradictorias eran invitadas a codearse, sin incurrir en nada tan vulgar que pudiera parecerse a un debate”[27]. Por esos mismos años Limonov escribía en el periódico del PC francés y en la prensa nacionalista. En esta lectura, el rojipardismo de Limonov y sus amigos se explicaría sobre todo como una especie de inconformismo estético, propio de un “escritor absoluto” que no separa su actividad literaria de la acción política. 

De regreso en Rusia, Limonov conoció a Dugin y juntos fundaron el polémico Partido Nacional Bolchevique. Los “nazbols” se hicieron conocidos por su estética (un híbrido nazi/comunista en que la hoz y el martillo están representados en negro y puestos en el lugar de una esvástica dentro de un círculo blanco sobre fondo rojo), y por sus acciones provocadoras que no descartaban escandalosas y mediáticas intervenciones además de violencia callejera. Dentro de la actividad y publicaciones del PNB, cuyo lema era “Rusia es todo, el resto es nada”, destacaba la exhibición de imágenes de jóvenes mujeres “nazbols” con uniformes y armas, en actitud de supermodelos onda “radical chic”. Su periódico se llamaba “Limonka”, una mezcla del nombre de su principal referente y la denominación coloquial de las granadas de mano. El partido fue ilegalizado en el 2005, en el 2007, y en el 2010 se fusionó con otros sectores en la coalición La Otra Rusia, liderada por el ajedrecista Gary Kasparov.

En un ejemplar de Limonka se incluye esta significativa declaración de principios: 

Fascismo es pesimismo activo; fascismo es nacionalismo de izquierdas; fascismo es romanticismo social (…) es impulso futurista (…) es deseo de morir (…) la celebración del estilo heroico (…) es anarquismo más totalitarismo (…) lealtad a las raíces y aspiración de futuro”.

Según cuenta el propio Limonov : “Nosotros privilegiábamos el radicalismo, con una mezcla de ideas de extrema izquierda y extrema derecha. Era preciso ser creativo y osar experiencias nuevas. ¡Pero atención! nuestro extremismo no vehiculaba absolutamente ninguna idea racista. Era un extremismo cultural, artístico”[28]. En otro texto en Limonka analiza la “composición de clase” de los miembros de las secciones regionales del Partido Nacional Bolchevique, y señala con orgullo que “son periodistas provincianos, poetas, rockeros, punks, estudiantes medio educados” y algunos trabajadores que serían “las ovejas negras de su clase”. Aclara que su Partido “no se involucra con las masas, no intenta hacer zombis del pueblo trabajador”, sino que opta por llevar a cabo “una propaganda selectiva, reconociendo y organizando la minoría activa: los inadaptados”. Limonov afirma que no existen clases revolucionarias sino individuos revolucionarios: “personas extrañas y desorganizadas que viven al margen de la sociedad”, desadaptados que llenan las filas del mundo criminal, y concluye que “los mejores tienen que estar entre nosotros”[29].

Este excesivo énfasis “artístico” además de sus diferencias en torno a la figura de Putin[30], llevó a Limonov a alejarse de Dugin, que prefería asumir un rol más serio como profesor, escritor y articulador de redes con distintas expresiones del neofascismo y la nueva derecha de otras partes del mundo. En sus primeros viajes a Europa, Dugin se contactó con la crema del neofascismo:  Alain De Benoist[31], Léon Degrelle[32], Jean Thiriart[33], Robert Steuckers[34], Claudio Mutti[35], y el español LLopart, entre otros, logrando una significativa influencia como asesor del régimen de Putin (su Fundamentos de Geopolítica es un libro de texto de la Academia militar y el ejército ruso), y la traducción de sus numerosos libros a varias lenguas.   

El haber separado caminos con Limonov y sus estrafalarios “nazbols”, que en algún momento llegaron a ser 5.000 militantes inscritos, no impide que sigamos considerando a Dugin como uno de los principales teóricos del rojipardismo posmoderno, como queda claro en su ya referido trabajo sobre la “Metafísica del nacional-bolchevismo”.A riesgo de ser reiterativo, debo insistir en que al igual que en las versiones más degradadas del marxismo autoritario, lo que Dugin y sus amigos y aliados entienden por “comunismo” no es el movimiento de negación y superación radical de la sociedad de clases y del Estado, sino que el bolchevismo en tanto versión específicamente rusa y estatalista del socialismo nacional.  De hecho, Dugin explica que al usar el concepto de “bolchevismo” están dándole en realidad su acepción original de “tendencia mayoritaria” en relación a la minoría “menchevique”, distinción que en efecto se originó con la división en dos tendencias internas dentro del Partido Socialdemócrata ruso con ocasión de su II Congreso de 1903. Como él mismo Dugin dice, se trataría de un tipo de comunistas “orientados hacia la conservación del Estado y (consciente o inconscientemente) continuadores de la línea geopolítica de la misión de la Gran-Rusia”[36].

No resulta casual, en esta perspectiva, que este “comunismo de derechas” haya triunfado en los países menos liberales: China, Rusia, Corea. Y la fórmula se completa cuando se realiza una lectura desde la izquierda de tradicionalistas esotéricos como Guenon y Evola, tras la cual Dugin concluye que la “irracionalidad” que defiende el nacional-bolchevismo no es simplemente lo «no-racional», sino que una «activa y agresiva destrucción de lo racional, como lucha contra la ‘conciencia cotidiana’ (y contra el ‘comportamiento cotidiano’), como inmersión en el elemento de la «nueva vida», aquella particular existencia mágica del ‘hombre diferenciado’ que ha rechazado toda prohibición y norma exterior”[37]. No es de extrañar que dentro de sus acrobacias retóricas Dugin llegue a reivindicar a Bakunin como un gran patriota ruso, y señale que no es contradictorio apoyar a un Gran Estado si mantenemos, como él, la anarquía en nuestro interior[38].

Parte IV: estalino-duginismo y conflicto inter-fascista

La importancia de Dugin en Rusia no puede ser exagerada. En el estudio de Veiga, Forti y otros sobre la nueva ultraderecha se explica en detalle cómo este hijo de un alto oficial del servicio de inteligencia militar soviética, se ha transformado en una de las personas con mayor influencia en el Kremlin, inspirando en gran medida la política exterior del ex oficial de la KGB Vladimir Putin[39].  Es de destacar que, en el 2014, la posición extremista de Dugin ante la crisis del Donbass “incitando a los rusos a matar ucranianos e incluso ir a la guerra contra Estados Unidos, le costó su preciado puesto en el Departamento de Sociología de la Universidad Estatal de Moscú”[40].

Al estallar la guerra en febrero de 2022 Dugin proclamó en un tono ultra mesiánico que no es una guerra contra Ucrania sino “contra el globalismo de la elite liberal atlantista” y el “gran reinicio”[41], y que cuando ellos triunfen la victoria va a favorecer a todos los pueblos del mundo y a las “fuerzas alternativas” de derecha y de izquierda[42]. Cabe destacar que la división de la extrema derecha global entre prorrusos y ucranianos le costó a Dugin el alejamiento de una discípula destacada, Olena Semenyaka, lideresa del Movimiento Azov, especializada en el estudio de la Revolución Conservadora y especialmente de Ernst Jünger e impulsora del proyecto Intermarium como “una plataforma de lanzamiento para una revolución paneuropea” [43].  

La interpretación apologética de Erriguel sostiene que no es cierto que los nazbols pretendieran “revivir el estalinismo y el nazismo y masacrar a la mitad de la población”. Según él, es necesario no tomárselos tan serio, y entenderlo en el contexto de lo posmoderno. Así, “el objetivo nazbol era el de impactar, el de provocar, el de atraer hacia sí a una miríada de militantes”. Rusia era en ese momento “una página en blanco y los nazbol eran los dadaístas de la política”, que “al mezclar referencias de los polos malditos de la Historia (…) estaban gritando a los rusos -de una forma que no pudiesen ignorar- lo que de ningún modo querían para su país: la importación de esa ideología occidental que Limonov conocía demasiado bien, la imposición de esa fórmula supuestamente universal para todos los países y latitudes”. Ni Limonov ni Dugin adherían al viejo ideal del comunismo, pero eran leales “hacia aquél gran Imperio que libró una Gran Guerra Patriótica, que venció al nazismo y situó a Rusia como primera potencia mundial. Un Imperio con el que la gente común se identificó hasta un extremo que occidente siempre prefirió no ver”, lo que de hecho se puede apreciar bastante bien en el ya referido filme “Funeral de Estado”. Esta identificación ha vuelto a quedar en primer plano a fines de febrero de 2022 con las acciones militares de Rusia en Ucrania. Como destaca Zizek, “la política exterior de Putin es una clara continuación de esta línea zarista-estalinista”, no así de la política leninista aplicada antes de la estalinización, y que Putin denuncia precisamente como responsable de haber “inventado” a Ucrania. 

Por eso para Zizek “no es de extrañar que podamos volver a ver los retratos de Stalin durante los desfiles militares y las celebraciones públicas en la Rusia de hoy, mientras que Lenin es borrado”, pues “Stalin no es celebrado como comunista, sino como el restaurador de la grandeza de Rusia después de la ‘desviación’ antipatriótica de Lenin”[44]. Dicha constatación coincide con la lectura “nacional revolucionaria” de la geopolítica del actual conflicto de Rusia y Ucrania, que destaca el hecho de que ya en 1993 en la ex URSS se unieron contra Boris Yeltsin “comunistas, nacionalistas y partidarios de la monarquía zarista ortodoxa”, fuerzas que a pesar de todas sus diferencias “todas tienen algo en común: la defensa de la soberanía de Rusia y el Eurasianismo”[45]. El autor, el nacionalista hispano José Alsina Calvés, identifica a esa coalición de fuerzas como “la que dará apoyo a la emergencia de Vladimir Putin y al renacimiento de Rusia”. Desde su punto de vista -y tiene algo de razón- mientras los neoliberales de derecha ven aún “comunismo” en Rusia, los neoliberales de izquierda la identifican con “una especie de reencarnación del ‘fascismo’”[46]

Reivindicando el extremismo ético y estético propio de los rojipardos, Erriguel señala que en este eclecticismo conviven “Lenin y Mussolini, Rosa Luxemburg y Ungern Von Sternberg, Che Guevara y Andreas Baader, Jünger y D´Annunzio, Mishima y Maïakovski, hombres y mujeres con una misión, a veces magnífica, a veces funesta, personajes cuya entrega sin fisuras eclipsa la parte oscura. Una cuestión de estética y de intensidad vital”. El rojipardo “podrá inspirarse en ellos o podrá simplemente admirarlos”, pero “lo que siempre le hará vomitar es la imagen de un progre[47]. Y en efecto, el merecido odio al “progre” es hoy por hoy un evidente rasgo común apreciable tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda.

Para una opinión no apologética sobre esta tendencia podemos señalar lo que sintetiza Forti acerca del PNB ruso, que “adobaba de fraseología aparentemente marxista-leninista su propuesta, que se fundaba en tres ideas: un Estado fuerte y militar, la mitificación del pueblo ruso y el resentimiento contra Occidente y los judíos”. Todo esto “bajo la interpretación geopolítica e histórica del eurasianismo que, más que una tercera vía entre capitalismo y comunismo es, en la acertada definición de Marlene Laurelle, la versión rusa de la extrema derecha europea”[48].

Siguiendo la línea de análisis más usual, Forti no cree que existan “fascismos de izquierda” sino que incluso en nuestros tiempos “el rojipardismo tout court sigue siendo formado por sectores ultraminoritarios del nacionalismo revolucionario que utilizan una fraseología izquierdista para camuflarse”. Siguiendo a David Bernardini señala que desde su primera aparición en la República de Weimar se trata de “una corriente en la derecha radical que busca de distintas maneras combinar los dos polos movilizadores del siglo XX, la clase y la nación, el socialismo y el nacionalismo, para definir un proyecto soberanista, autoritario e identitario, a menudo proyectado en una dimensión euroasiática”[49]. Pese a ello, no desdeña la posibilidad de que estos pequeños grupos puedan tener cierto eco e incidencia en formaciones de izquierda bajo la bandera del “soberanismo”, en tiempos de crisis de identidad y notoria desorientación de los sectores progresistas. No en vano es que los autores de “Patriotas indignados” han identificado dentro de las categorías en que se expresa actualmente el neo y/o postfascismo el ámbito de lo que denominan “alianzas extravagantes”, incluyendo ahí no sólo a los nazbols sino que a una amplia gama de posibilidades: “nacional-antisistema, nacional-populistas, anarco-nacionalistas, leninistas de derechas y cualquier combinación transversal aparentemente contra natura, hasta el grado de oxímoron político, formulado en nuevas formaciones políticas, alianzas o coaliciones temporales”[50].

La adopción de posiciones o discursos de extrema izquierda no sólo se explica por la tradicional tendencia del fascismo al parasitismo ideológico, sino que para dichos autores refleja algo mucho más inquietante profundo: que mientras “a partir de 1919, el naciente fascismo intentaba combatir a una nueva izquierda comunista que había triunfado en Rusia y parecía capaz de extenderse desde allí al resto del mundo, setenta años más tarde, en la Posguerra Fría, la nueva ultraderecha buscará sustituir a esa misma izquierda que para entonces ya había fracasado”[51]. De hecho, en este nuevo escenario global los nuevos fascismos tratan de mostrarse más que nunca antes como verdaderos movimientos antisistémicos, mientras los otros supuestos extremismos han sido cooptados por el posmodernismo y representan para el sistema tan sólo una “disidencia controlada”. El hecho de que en algunas partes la democracia liberal haya intentado prohibir legalmente su expresión, los ha ayudado bastante en esa tarea.


[1] Norberto Bobbio. Derecha e izquierda. Razones y significados de una distinción política. Traducción de Alessandra Piccone, Madrid, Taurus, 1997, pág. 86.

[2] Como ha indicado Erwin Robertson al analizar al MNS chileno de los años 30, su “socialismo” debe ser “entendido a la manera de tantas tendencias de los años 20 y 30 (‘socialismo nacional’, ‘socialismo prusiano’): no una forma económica, sino la supeditación del yo a la comunidad” (“¿Qué fue el nacismo en Chile?”. En:  Ciudad de los Césares, 3, 1988). En un ambiente en que todos creen que el fascismo necesariamente es de derechas, no es irrelevante destacar que los “nacistas” chilenos, tras ser masacrados en 1938 por Carabineros vengando a uno de los suyos y obedeciendo las órdenes de Alessandri, dieron con su voto el triunfo al candidato del Frente Popular (Aguirre Cerda). 

[3] Rosa Luxemburgo, Crítica de la revolución rusa, Montevideo, Biblioteca de Marcha, 1972, pág. 88.

[4] Ibíd., pág. 91.

[5] León Trotsky, “¡Contra el comunismo nacional! (Lecciones del referéndum rojo)”.  Biulleten Oppozitsii, nº 24, septiembre de 1931. En: https://elporteno.cl/leon-trotsky-contra-el-comunismo-nacional-lecciones-del-referendum-rojo-1/  

[6] Las referencias de Costanzo Preve (1943-2013) están tomadas de “Superación de izquierda y derecha”, un texto originalmente titulado Sinistra e Destra Tradizione, identità, appartenenza, esaurimento, superamento, publicado en la revista Socialismo e Liberazione, traducido por Gonzalo Soaje y publicada en dos partes en el blog de ICP ediciones: https://blog.ignaciocarreraediciones.cl/superacion-de-izquierda-y-derecha-primera-parte-por-costanzo-preve/ Agradezco a Gonzalo la información sobre el origen del texto. 

[7] Que en los sesenta el jerarca ruso Nikita Kruschev vaticinaba que se iba a alcanzar en los ochenta.

[8] Costanzo Preve, “Superación de izquierda y derecha”. Parte 2. 

[9] No es una opinión personal ni antojadiza. A la misma conclusión sobre la desestalinización moderada que “no significó erradicar el estalinismo de la cultura política del comunismo chileno” llega Rolando Álvarez en “La desestalinización en las Juventudes Comunistas de Chile y la construcción de una cultura juvenil alternativa (1956-1964)”, Cuadernos de Historia N°53, Departamento de Ciencias Históricos de la Universidad de Chile, diciembre 2020.

[10] El estalinismo como religión de la muerte: no es tan diferente a Miguel Serrano buscando a Hitler en la Antártida como último avatara (ahora hasta hay un espectáculo de danza sobre eso) o los neofascistas del MSI (Movimiento Social Italiano) de Giorgio Almirante, siglas que para los iniciados correspondían en verdad a “Mussolini eres inmortal” (Mussolini Sei Immortale). En un sentido similar el estalinista Pablo Neruda concluía la “Oda a mi Partido” afirmando que “con mi partido, no termino en mí mismo”. Es decir, la construcción del comunismo no la entienden los bolcheviques/estalinistas como el largo y anónimo proceso colectivo de la emancipación humana, sino que como un vehículo de afirmación y proyección al infinito o la eternidad de su ego de individuos que lideran y encuadran a los “revolucionarios”. Curioso, por decir lo menos. 

[11] Steven Forti, “Los rojipardos: ¿mito o realidad?”. Nueva Sociedad N°288, julio/agosto 2020.

[12] Secretario de las juventudes comunistas, diputado y alcalde por Saint Denis. Expulsado del PCF en 1934 por adelantarse un par de años a la política de los Frentes Populares, fundó luego el Partido Popular Frances, caracterizado por algunos como “fascista de izquierda”, partidario de una revolución nacional y social, y acercándose cada vez más al nazismo y a grupos como Action Francaise. 

[13] Adriano Erriguel, “Limonov, la sonrisa del rojipardo”. Ignacio Carrera Pinto ediciones blog, 26 de diciembre de 2021. En: https://blog.ignaciocarreraediciones.cl/limonov-la-sonrisa-del-rojipardo-por-adriano-erriguel/

[14] Karl Korsch, “The fascist counter-revolution” (1940). Publicado originalmente en Living Marxism, Vol 5, N°2, 1940. Disponible en: https://www.marxists.org/archive/korsch/1940/fascist-counterrrevolution.htm Una revisión muy detallada de las relaciones y paralelos entre ambas figuras históricas, que hacia el año 1904 vivieron en Ginebra, sin conocerse, es la que hace Emilio Gentile en Mussolini contra Lenin (Alianza, 2019).

[15] Jean Francois Thiriart, ex socialista y ex SS, es un referente del sector nacionalista-revolucionario en Europa. Según algunos en los setenta fue consejero del grupo Al Fatah dentro la Organización para la Liberación de Palestina. En algún momento de su vida manifestaba una amplia simpatía por el “bloque soviético”.

[16] En su entrevista con Troy Southgate sobre la Revolución Conservadora, Robert Steuckers se refiere a Niekisch como propulsor de una visión eurasiática, basada en la alianza entre la Unión Soviética, Alemania y China, en que “la figura ideal que habría de ejercer como motor humano de esta alianza era el campesino, el adversario de la burguesía occidental”; y agrega: “Aquí es obvio un cierto paralelismo con Mao-Tse-Tung”.

[17] La ofensiva neofascista. Barcelona, Acervo, 1978. 

[18] Matteo Re.  “La deriva radical: CasaPound Italia y el fascismo del tercer milenio”. Revista de Estudios Políticos, 189, julio/septiembre 2020, pág. 280. Si me permiten usar un anglicismo (Marx se lo permitía de vez en cuando), frente a este listado solo diré: Pretty high expectations, que traduciría al idioma de Ercilla y Gómez Rojas como: ¡qué manga de huevones más pretenciosos!  

[19] Con prólogo de Juan Antonio Llopart (líder del Movimiento Social Republicano, autor de “¿Qué es ser nacional-revolucionario?” y “Más allá de la política”) y textos del Frente Sindicalista de la Juventud, del Movimiento de Acción Social, de la Coordinadora Autónoma Solidarista, de la revista Disidencias y de Alternativa Europea (https://web.archive.org/web/20140719210614/http://alternativaeuropeaasociacioncultural.wordpress.com/).

[20] Sobre CasaPound se publicó en inglés un libro de Caterina Frojo y otros autores: CasaPound Italia. Contemporary extreme-right politics, Routledge, 2020. Frojo fue entrevistada por Cas Mudde en su podcast Radikaal: https://www.buzzsprout.com/1134467/4080851

[21] Para Walter Benjamin en su ensayo sobre “La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica” (1936) el fascismo “estetiza la violencia”, mientras que el comunismo “politiza el arte”.

[22] El fundador de la Falange Española: versión rival de las JONS de Ledesma en el campo del fascismo español. Cabe destacar que, en tanto hijo de un dictador militar aristócrata, Trotsky decía que no era un verdadero fascista como el self-made man Benito Mussolini. Dado que Primo de Rivera fueron prontamente fusilados al inicio de la guerra de España, Franco unificó a falangistas y nacionalsindicalistas a la fuerza en un único partido/Estado nacional. 

[23] En su discurso se declaraban dispuestos a trabajar con todos los que estén “extramuros del sistema”, y advertían que cualquier ataque a ellos o su propaganda sería duramente contestado. 

[24] Integrantes de grupos Nacional Anarquistas pudieron ser vistos en el asalto al Capitolio norteamericano en enero de 2021. Southgate es autor de “Tradition and Revolution” (2010) y de un Manifiesto del Movimiento Nacional-Anarquista, subtitulado “Más allá de izquierdas y derechas”, editado en España por Eas. Southgate editó en el 2012 un libro colectivo titulado “Black metal: European roots & musical extremities”.

[25] https://www.splcenter.org/fighting-hate/intelligence-report/2009/california-racists-claim-they%E2%80%99re-anarchists

[26] Forti, “Los rojipardos: ¿mito o realidad?”. 

[27] Emmanuel Carrère, Limonov, citado por Erriguel, op. cit. 

[28] Limonov par Eduard Limonov. Conversation avec Axel Gyldén. L´Express 2012. Citada por Erriguel.

[29] Eduard Limonov, “The misfits: an active minority”, Limonka N° 2, julio de 2004. 

[30] Limonov fue un férreo opositor a Putin, y fue encarcelado en varias ocasiones. A partir de 2010 él y otros ex PNB formaron al partido La Otra Rusia, definida como una coalición de “nacional-bolcheviques, nacionalistas, liberales, socialdemócratas y socialistas”. Murió en marzo de 2020.

[31] El mayor referente de la Nueva Derecha francesa, fundador del grupo de estudios GRECE (Grupo de Investigación y Estudio para la Civilización Europea).

[32] Fundador del “rexismo” belga (por Christus Rex), movimiento católico conservador. Vinculado a Hitler, Mussolini, el fascista rumano Codreanu y el español Primo de Rivera. Después de la segunda guerra, en que fue General de la Waffen SS, se asiló en la España de Franco, donde en 1966 creó uno de los más notorios grupos neofascistas: el Círculo Español de Amigos de Europa (CEDADE), activo hasta 1993. En los ochenta fue condenado por negacionismo del Holocausto.

[33] Este nacionalista revolucionario belga que defendía la “tercera posición” se acercó al nacional-bolchevismo y a Dugin, sosteniendo el proyecto de un “Imperio Eurosoviético”, que ejerció gran influencia en el “eurasianismo” desarrollado por el ruso.

[34] Intelectual europeísta belga vinculado al GRECE de Alain de Benoist y fundador de Sinergies Européennes. Autor de KONSERVATIVE REVOLUTION Introducción al nacionalismo radical alemán, 1918-1932. Prologó el libro del autor chileno Jorge Sánchez Fuenzalida titulado Guerra ideológica. Subversión y emancipación en Occidente, editado en España por EAS (2020) y en Chile por Juicio Autónomo editores (2021). En este prólogo Steuckers diagnostica un “proce­so de autodestrucción y autodisolución del homo europaeus, primero en América del Norte y luego en Europa”, iniciado en 1566 con la revuelta iconoclasta en los Países Bajos, y ahora plenamente visible en su fase de “guerra híbrida” o de “cuarta dimensión”. El objetivo de este proyecto subversivo contra el mundo occidental es “modificar todos los sustratos antropológicos surgidos de la historia de los pueblos, tanto a nivel cultural (borrando la historia y las estatuas que la recuerdan), como a nivel biológico (negando la dualidad sexual de la especie humana)”, para “imponer la nivelación del mundo entero”. Agradezco a Jorge el haberme hecho llegar esta obra. Cabe destacar que dentro de quienes luchan contra esta “campaña apocalíptica” Steuckers destacada a Vladimir Putin y a Victor Orbán, fuerzas katechónicas que “oponen una forma teológico-antropológica tradicional, de factura greco-orto­doxa o romano-católica, a la forma iconoclasta que comienza destruyendo estatuas e imágenes antes de atacar, desde hace cuatro o cinco décadas, los fundamentos bio-on­tológicos del hombre”.

[35] Filólogo. Militante en su juventud del Movimiento Social Italiano, y luego de Jeune Europe (de Jean Thiriart) y del grupo nazi-maoista italiano Lucha del Pueblo. Director de la Revista de estudios geopolíticos Eurasia.

[36] Aleksander Dugin, “Ernst Niekisch y la metafísica del nacional-bolchevismo”. En: Varios Autores, Ernst Niekisch y el nacional-bolchevismo. Tarragona, Fides, 2016.

[37] Ibid. 

[38] Aleksander Dugin, “Mijaíl Bakunin: el secreto del anarquismo ruso”. Geopolitica.ru, 25 de junio de 2021.

[39] Varios Autores. Patriotas indignados. Sobre la nueva ultraderecha en la Posguerra Fría. Neofascismo, posfascismo y nazbols.Madrid, Alianza, 2019. Ver en especial el capítulo “El eje ruso”, en la Primera Parte del libro: El colapso de la civilización soviética (1985-2014). 

[40] op. cit., pág 142.

[41] No confundir con el “gran reemplazo”. El “gran reinicio” o “reseteo” es otra teoría conspirativa surgida luego del anuncio de reconstrucción de la economía post-COVID 19 realizado por el Príncipe Carlos en el Foro Económico Mundial de junio de 2020. 

[42] https://kontrainfo.com/alexander-dugin-esto-no-es-una-guerra-con-ucrania-es-una-confrontacion-integral-con-el-globalismo-de-la-elite-liberal-atlantista/

[43] “La Revolución Conservadora es también algo así como la transvaloración de todos los valores. Es un enfoque revolucionario. No es reaccionario y no es conservador, a pesar del título. Se está moviendo hacia el nuevo orden mundial, nuevos valores y nueva metafísica de Occidente”. Olena Semenyaka, “The Conservative Revolution & Right-Wing Anarchism” (2019) referido por Adrien Nonkon en “Olena Semenyaka, la ‘primera dama’ del nacionalismo ucraniano” (2020).

[44] Slavoj Zizek, “’Goodbye Lenin’ en Ucrania: aceptadlo, izquierdistas, Putin es un nacionalista conservador”. El Confidencial, 24 de febrero de 2022.  

[45] José Alsina Calvés, “La geopolítica del angloimperio y la balcanización de Rusia”. Blog de editorial Ignacio Carrera Pinto, 27 de febrero de 2022. Donde dice “comunistas” debemos entender que se refiere a las mutaciones del bolchevismo ruso posteriores a la muerte de Stalin.

[46] Ibid. Alsina Calvés está ligado al grupo SOMATEMPS, contrario a la independencia catalana y autor de un “Manifiesto Hispanista”, y vinculado al Movimiento Social Republicano de Llopart.

[47] Adriano Erriguel, op. cit. Este abogado mexicano es autor del libro “Apuntes sobre la revolución que viene. Nacional-populismo versus neoliberalismo”, editado en Chile por Ignacio Carrera Pinto. Además, escribe en el espacio “rojipardo” y “transversal” por excelencia que es:  https://paginatransversal.wordpress.com/

[48] Steven Forti, “Los rojipardos: ¿mito o realidad?”. Nueva Sociedad N°288, julio/agosto 2020.

[49] David Bernardini, Nazionalbolscevismo. Piccola storia del rossobrunismo in Europa, Shake, Milán, 2020. Referido por Forti, op. cit. 

[50] Varios Autores. Patriotas indignados. Sobre la nueva ultraderecha en la Posguerra Fría. Neofascismo, posfascismo y nazbols.Madrid, Alianza, 2019, pág. 460.

[51] Ibid., pág. 473. 

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