¿Dónde están las banderas Mapuche?

por Guillermo Correa

Esta reflexión crítica respecto al nulo respaldo solidario observado en la práctica concreta en relación con la huelga de hambre que llevan adelante desde el 13 de noviembre un grupo de prisioneros mapuche la escribí el pasado viernes 2 de febrero, precisamente el día en que se desencadenó el incendio de características desastrosas que afectó a vastos sectores poblacionales de Viña del Mar, Quilpué y otras localidades del interior de la región de Valparaíso, lo que me llevó a tomar la determinación de no difundirla en ese momento. 

Ahora, cuando se cumplen 89 días de una movilización que ha estado invisibilizada y quedará, por razones obvias derivadas de la contingencia, aún más en el olvido, he decidido difundirla, aunque pueda aparecer a contrapelo de las urgencias que el momento amerita.

La reflexión se inicia con la pregunta: ¿Dónde están las miles y miles de banderas mapuche que flameaban al viento en las movilizaciones y manifestaciones que se produjeron en todos los rincones de Chile durante la rebelión del 2019? 

Hoy, después de 89 días de la huelga de hambre que lleva adelante un grupo de presos políticos mapuche de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM) no solamente es lícito hacerse esta pregunta, sino, además, imprescindible, como una necesaria autocrítica al interior del campo popular.

Esta movilización fue iniciada el 13 de noviembre por los peñi Ernesto Llaitul Pezoa, Ricardo Delgado Reinao, Esteban Henríquez Riquelme y Nicolás Villouta Alcamán, a la que se sumaron posteriormente otros 11 weichafe. 

Actualmente dos de ellos, Esteban Henríquez y Ernesto Llaitul Pezoa, han debido ser trasladados a recintos hospitalarios debido al deterioro físico y a las complicaciones de salud que los aquejan como consecuencia de esta prolongada movilización. 

Durante toda la huelga de hambre no ha habido ninguna manifestación masiva o acciones rupturistas populares en solidaridad con los presos políticos mapuche en huelga de hambre que hayan sido capaces de romper los muros de la apatía y la invisibilización en que se encuentra esta movilización llevada adelante por los hermanos mapuche. 

Acá en Valparaíso se han realizado varias convocatorias a movilizarse, pero son poquísimas las porteñas y porteños que han participado en ellas, lo que confirma el profundo repliegue en que se encuentra el movimiento social y las organizaciones populares, situación que no es exclusiva de la V Región, sino que se repite en convocatorias realizadas en otras ciudades de nuestro país. Al parecer es suficiente para muchas y muchos compañeras con firmar y difundir declaraciones y apoyos virtuales a través de las redes sociales para quedar satisfechos y “con la conciencia tranquila”.

Ahora, cuando el deterioro en la salud de dichos comuneros y weichafe se hace evidente, el gobierno utilizará las herramientas que la institucionalidad le permite y que estimen necesarias para evitar un desenlace fatal, pese a que los prisioneros políticos mapuche han manifestado que la movilización es hasta las últimas consecuencias. 

La hidratación y alimentación forzada, junto a otros procedimientos médicos, son parte de las medidas que se aplican de acuerdo a los días trascurridos y los problemas de salud que se presentan, situaciones médicas que son conocidas por la institucionalidad y han sido estudiadas con detalle con toda la experiencia acumulada a lo largo de las numerosas huelgas de hambre prolongadas que se han desarrollado en otras oportunidades. Se sabe de antemano que solo después de un determinado número de días empiezan a presentarse problemas de salud en los huelguistas y solo entonces comienzan a preocuparse y ocuparse de ellos.

El gobierno, apoyado por las coaliciones del Socialismo Democrático y la Nueva Mayoría, donde se incluye el Frente Amplio y el Partido Comunista, se ha preocupado de seguir prolongando los estados de excepción y con ello la militarización del Walmapu, mientras toma palco y deja que “las instituciones funcionen”, argumentando que son Gendarmería y el Poder Judicial quienes tienen que pronunciarse respecto a las demandas levantadas por los presos políticos mapuche en huelga de hambre.

Es evidente que si no hay una presión social potente que acompañe esta extrema determinación de los presos políticos mapuche de llevar adelante una huelga de hambre de estas características, el gobierno y los medios de comunicación institucionales no la harán visible y se preocuparán de ella, como decía anteriormente, solo en el momento en que estimen que sea imprescindible intervenir. 

La división y desarticulación de las organizaciones populares que se fueron conformando al calor de la lucha durante la rebelión del 2019, con la aceptación de acuerdos políticos emanados desde la elites y el posterior embobamiento por participar en procesos constitucionales encuadrados en la institucionalidad capitalista, junto al individualismo cultural propio del sistema neoliberal imperante, son algunos elementos que sirven para entender por qué las compañeras y compañeros, otrora activos y organizados luchadores populares, se conformen hoy con las manifestaciones virtuales a través de las redes sociales y no se vuelquen masivamente a solidarizar y protestar en las calles de nuestro país con quienes están llevando adelante una decidida lucha por la autonomía y liberación del pueblo nación mapuche.

Al parecer, las banderas mapuches enarboladas masivamente durante la revuelta solo formaron parte de una multicolor puesta en escena y hoy, cuando debieran estar flameando solidariamente por miles a lo largo y ancho del territorio nacional, han quedado olvidadas y probablemente permanezcan guardadas solo como “pintorescos” adornos.

Dura y triste realidad en el campo popular que, más allá de múltiples declaraciones con distintas exigencias y demandas al gobierno y la institucionalidad, en la práctica concreta, como lo es el acompañar estas peticiones con la presión y lucha social callejera, ha dado la espalda a los hermanos mapuche en esta huelga de hambre.  

De esta manera, sin esa necesaria presión social, el gobierno podrá adecuar sin ningún apremio, salvo el de las urgencias médicas derivadas del deterioro físico de los presos políticos mapuche en huelga de hambre y las posibilidades ciertas de un desenlace fatal, las respuestas y dádivas institucionales que estime pertinente entregar. 

Independiente de lo anterior, la guerra de baja intensidad en el Wallmapu sustentada en la doctrina de seguridad nacional, que ha definido como enemigo interno a los sectores que luchan resueltamente por la autonomía del pueblo nación mapuche, continuará adelante utilizando todos los instrumentos represivos que el sistema de dominación tiene a su disposición, entre los que se encuentran los estados de excepción, la militarización del territorio, la cárcel y los procesos judiciales.

Ir al contenido