Del triunfo del Rechazo a la llegada de Kast: anatomía de una reorganización burguesa

por Fernando López Mackenzie

Los días 3 y 4 de septiembre Santiago se convertirá en escenario de un importante ejercicio de reorganización política de la burguesía chilena y latinoamericana. La realización del encuentro regional del Foro Madrid, organizado por la Fundación Disenso vinculada a Vox y con la participación del presidente José Antonio Kast, coincide prácticamente con otra reunión de evidente significación política: la cena convocada para el 4 de septiembre por Jorge Alessandri con el propósito de conmemorar los cuatro años del triunfo del Rechazo. Considerados separadamente podrían parecer acontecimientos distintos: uno, una reunión internacional de las derechas radicales; el otro, una conmemoración doméstica destinada a reunir al amplio espectro de la derecha chilena. Considerados en conjunto, sin embargo, permiten observar algo bastante más profundo: el proceso mediante el cual distintas fracciones políticas de la burguesía procuran reorganizar su representación, establecer nuevos equilibrios internos y definir la forma política más adecuada para gobernar una etapa marcada por el agotamiento del ciclo abierto en octubre de 2019.

El Foro Madrid tendrá lugar en Santiago los días 3 y 4 de septiembre y sus propios organizadores presentan el encuentro como expresión de una transformación continental. La convocatoria interpreta explícitamente los recientes triunfos electorales de las derechas latinoamericanas como la apertura de una “nueva era para Iberoamérica”. No estamos, por tanto, ante una simple conferencia doctrinaria. La Fundación Disenso y Vox han construido durante los últimos años una red de relaciones políticas que atraviesa América Latina y Europa, procurando proporcionar un lenguaje común, instancias de coordinación y perspectivas estratégicas a fuerzas nacionales diferentes. Kast participa de este proceso desde hace años y su presencia ahora posee una importancia cualitativamente distinta: ya no concurre simplemente como dirigente del Partido Republicano, sino como Presidente de Chile y representante político del Estado burgués chileno.

La simultaneidad con la cena convocada por Alessandri para el 4 de septiembre resulta particularmente reveladora. Allí se espera reunir a figuras provenientes de Republicanos, UDI, RN, Evópoli, PNL y otras expresiones de la derecha con el objeto de celebrar el triunfo del Rechazo de 2022. El hecho permite establecer una relación política entre ambos acontecimientos. Mientras Foro Madrid proyecta internacionalmente una corriente determinada de reorganización burguesa, la conmemoración del Rechazo procura reconstruir domésticamente el momento histórico que permitió a la clase dominante recuperar la iniciativa después de octubre. Santiago será durante esas jornadas un laboratorio privilegiado para observar cómo se están modificando las relaciones internas de la derecha y, detrás de ellas, las necesidades políticas actuales del capital.

Por ello sería un error caracterizar lo que ocurre simplemente como el desembarco de la “extrema derecha internacional”. La expresión describe un fenómeno real, pero resulta políticamente insuficiente. Desde un punto de vista marxista, la primera pregunta debe ser siempre más elemental: ¿qué relaciones de clase expresa este movimiento?, ¿qué necesidades materiales explican su crecimiento?, ¿qué transformaciones experimenta la dominación burguesa para requerir estas nuevas formas de representación política? Kast, Milei, Abascal y las diferentes fuerzas asociadas al Foro Madrid no constituyen un partido internacional homogéneo ni pueden reducirse mecánicamente a los fascismos históricos. Expresan, con particularidades nacionales importantes, un desplazamiento de sectores de la burguesía hacia formas más agresivas de ejercicio del poder estatal en un período caracterizado por bajo crecimiento, tensiones geopolíticas, crisis de legitimidad de las instituciones tradicionales y deterioro de las condiciones de vida de amplias masas.

El Foro Madrid no conspira desde fuera contra la burguesía latinoamericana: es una expresión de ella. Más precisamente, constituye una de las formas mediante las cuales determinadas fracciones burguesas procuran elaborar respuestas políticas comunes frente a contradicciones que poseen un carácter internacional. Esta precisión es fundamental. De otro modo terminaríamos imaginando una burguesía democrática amenazada exteriormente por una ultraderecha excepcional, cuando el problema que tenemos enfrente es exactamente el contrario: son las propias contradicciones del capitalismo y las necesidades actuales de la clase dominante las que producen, alimentan y legitiman estas tendencias reaccionarias.

En Chile esta dinámica puede comprenderse mucho mejor reconstruyendo el camino recorrido desde octubre de 2019. El 4 de septiembre de 2022 no fue solamente la derrota electoral del proyecto constitucional elaborado por la Convención. Fue uno de los momentos decisivos de clausura institucional del proceso abierto por el levantamiento popular de octubre. La secuencia resulta hoy particularmente transparente: Octubre de 2019, Acuerdo del 15 de noviembre, Convención Constitucional, Rechazo del 4 de septiembre, segundo proceso constitucional, restauración de la autoridad estatal durante el gobierno de Boric y, finalmente, llegada de Kast a La Moneda. Considerada retrospectivamente desde 2026, esta sucesión permite comprender que la contrarrevolución institucional no comenzó con el actual Gobierno.

Este punto resulta decisivo porque permite abandonar una interpretación puramente electoral de la historia reciente. Octubre abrió una crisis política extraordinaria precisamente porque millones de personas irrumpieron fuera de los mecanismos tradicionales de representación. El problema fundamental para la clase dominante consistió entonces en reintroducir aquella energía social dentro de instituciones controlables. El Acuerdo del 15 de noviembre proporcionó el primer mecanismo; la Convención canalizó las expectativas hacia un proceso constitucional; el Rechazo clausuró esa experiencia; el segundo proceso constitucional terminó de agotar la cuestión constituyente, y el gobierno de Boric reconstruyó progresivamente la autoridad de las instituciones que habían sido profundamente cuestionadas en las calles. Kast no destruyó este proceso: lo recibió como resultado político acumulado y procura ahora llevarlo hacia una fase cualitativamente más disciplinaria.

Por eso la celebración derechista del 4-S posee un contenido histórico preciso. La derecha puede transformarlo hoy en acontecimiento fundacional porque aquel día confirmó que la crisis iniciada en 2019 podía ser resuelta dentro del propio régimen. La movilización popular había sido desplazada por el calendario electoral; las reivindicaciones sociales, sustituidas por la discusión constitucional; la acción directa de las masas, reemplazada por delegados y convencionales. Cuando finalmente el proyecto constitucional fue rechazado, no solamente cayó un texto: quedó políticamente derrotada una determinada traducción institucional de Octubre y la burguesía recuperó una iniciativa que durante meses había parecido perder.

La paradoja es que esa recuperación no condujo inmediatamente a Kast. Pasó primero por Boric. Esto permite comprender por qué resulta inadecuado presentar el actual giro reaccionario simplemente como interrupción exterior de un período democrático progresista. El progresismo desempeñó un papel restaurador decisivo, reconstruyendo legitimidad institucional, administrando el orden público, normalizando el funcionamiento estatal y conteniendo políticamente las expectativas que habían sobrevivido al levantamiento. Kast representa una nueva fase de ese proceso: no la restauración propiamente tal, sino la tentativa de utilizar el terreno restaurado para reorganizar el régimen sobre condiciones más autoritarias y favorables a una ofensiva capitalista.

Precisamente aquí debe ubicarse el Foro Madrid. No constituye el origen de la reacción chilena, sino una expresión internacional de su etapa actual. La burguesía chilena no necesita que Vox venga desde España a enseñarle autoritarismo. Posee una extensa experiencia histórica propia y un aparato estatal construido precisamente para garantizar la reproducción de las relaciones capitalistas. Lo novedoso consiste en que determinados sectores consideran ahora necesario establecer coordinaciones internacionales, compartir experiencias gubernamentales, construir una narrativa común y transformar victorias nacionales dispersas en una tendencia política continental.

La llamada “batalla cultural” cumple en este proceso una función material. Las apelaciones contra el socialismo, el globalismo, el progresismo, la delincuencia, la inmigración o el supuesto desorden moral permiten reunir fenómenos diferentes dentro de una única narrativa reaccionaria. Pero detrás de esa arquitectura ideológica aparece un programa reconocible: mayor libertad para el capital, debilitamiento de derechos sociales, reducción del poder sindical, fortalecimiento policial, ampliación de facultades presidenciales y criminalización de las formas de protesta que puedan poner obstáculos a esas transformaciones. Economía y seguridad aparecen así como partes de una misma estrategia. Cuanto más regresivas sean las transformaciones económicas que se pretenden imponer, mayor será la necesidad de fortalecer los instrumentos estatales capaces de administrar sus consecuencias sociales.

Esto permite comprender también las contradicciones que la participación de Kast en Foro Madrid provoca dentro del propio oficialismo. Evópoli ha tomado distancia institucional del encuentro; en RN existen reparos, mientras Republicanos y otros sectores lo respaldan abiertamente. Sería superficial traducir automáticamente estas diferencias como una confrontación entre “derecha democrática” y “extrema derecha”. Existe indudablemente una diferencia política entre ambas tradiciones, pero la cuestión marxista fundamental es otra: ¿qué forma de representación necesita actualmente la burguesía chilena?

La respuesta todavía está siendo disputada. Kast necesita preservar al Partido Republicano como instrumento político propio y conservar su identidad ideológica porque precisamente ella constituye una de las fuentes de su autoridad. Pero un Presidente no puede gobernar solamente para su partido. Debe representar, mediar y disciplinar los intereses contradictorios del conjunto del bloque capitalista. Necesita al gran empresariado, al capital financiero, minero y comercial; necesita relaciones con las organizaciones patronales; necesita administrar el aparato estatal y simultáneamente incorporar o subordinar políticamente a la derecha tradicional. En este sentido, el problema que enfrenta Kast es más complejo que ganar elecciones: debe transformar una corriente política particular en dirección general de la burguesía.

De allí que Foro Madrid y la cena del 4 de septiembre puedan expresar movimientos aparentemente contradictorios pero en realidad complementarios. En el primero, Kast reafirma una identidad política internacional y procura situarse dentro de una corriente continental ascendente. En el segundo, las distintas derechas chilenas intentan reconstruir una genealogía común alrededor del acontecimiento que consideran decisivo para haber detenido el ciclo iniciado en 2019. Una instancia delimita; la otra reúne. Una radicaliza ideológicamente; la otra recompone transversalmente. En medio de ambas operaciones se encuentra el problema de la hegemonía de Kast sobre el conjunto de la representación política burguesa.

Estamos, por tanto, frente a una crisis interburguesa, pero sería igualmente incorrecto entender esta expresión como si significara una crisis terminal de la burguesía. Lo que existe es una disputa dentro de la clase dominante acerca de las formas políticas, los ritmos y los instrumentos necesarios para asegurar su dominación en la nueva etapa. Una fracción continúa considerando fundamentales los equilibrios parlamentarios, las mediaciones tradicionales y la legitimidad liberal; otra estima necesario fortalecer considerablemente el Ejecutivo, ampliar el aparato coercitivo y librar una ofensiva ideológica frontal contra las organizaciones sociales. No discuten la propiedad capitalista de las grandes empresas, la banca, las AFP, la minería ni los medios fundamentales de producción. Discuten acerca de cómo asegurar políticamente esas relaciones de propiedad.

Precisamente por ello resulta tan significativa la agenda de seguridad del Gobierno. Las iniciativas destinadas a ampliar atribuciones presidenciales y fortalecer los instrumentos excepcionales del Estado no pueden examinarse separadamente de este proceso. Tampoco deben reducirse a las características psicológicas o ideológicas de Kast. El autoritarismo restaurador expresa una necesidad objetiva de sectores burgueses que anticipan mayores conflictos sociales. Una sociedad profundamente endeudada, precarizada y desigual, sometida además a las turbulencias de la economía mundial y de la disputa entre Estados Unidos y China, necesita mecanismos políticos capaces de contener posibles nuevas irrupciones de las masas. Octubre permanece en la memoria de la clase dominante precisamente porque demostró con qué velocidad puede desmoronarse una normalidad aparentemente consolidada.

La dimensión internacional refuerza esta interpretación. La Fundación Disenso, vinculada a Vox, ha construido una infraestructura política que dispone de financiamiento, encuentros internacionales, publicaciones, cuadros y relaciones permanentes. El Foro Madrid se define a sí mismo como una alianza internacional contra el socialismo. Resulta difícil encontrar una demostración más clara de una verdad elemental que durante demasiado tiempo fue abandonada por buena parte de la izquierda: la burguesía piensa internacionalmente su dominación. Sus capitales atraviesan fronteras, sus organizaciones empresariales intercambian experiencias, sus Estados coordinan políticas y sus partidos construyen redes internacionales cuando consideran que ello resulta necesario.

La contradicción entre este internacionalismo práctico y su nacionalismo ideológico es solamente aparente. El capital puede desplazarse libremente mientras al trabajador se le exige competir con otros trabajadores; las empresas pueden internacionalizar sus inversiones mientras se reclama a las masas sacrificarse por la nación; los dirigentes reaccionarios pueden reunirse en Santiago, Madrid, Buenos Aires o Washington mientras denuncian como sospechosa cualquier perspectiva internacionalista de los explotados. Internacionalización del capital por arriba; nacionalismo, xenofobia y fragmentación de los trabajadores por abajo. Esa es una de las funciones políticas centrales de esta nueva derecha.

Pero reconocer el carácter burgués del Foro Madrid obliga también a definir correctamente la respuesta. No corresponde convocar a los trabajadores a defender una fracción de la burguesía contra otra. No debemos convertirnos en tropa auxiliar de los sectores liberales que hoy descubren con preocupación algunos rasgos autoritarios del Gobierno después de haber contribuido durante años a construir el aparato institucional que Kast utiliza. Tampoco corresponde entregar la resistencia al progresismo que administró la restauración posterior a Octubre. La defensa de las libertades democráticas es una tarea fundamental de los trabajadores precisamente porque sin derecho de reunión, huelga, organización y expresión resulta imposible desarrollar su lucha independiente. Pero esa defensa debe realizarse desde una posición propia de clase.

Los trabajadores deben protestar contra el Foro Madrid. Deben hacerlo porque allí se reúne una corriente política que promueve internacionalmente una ofensiva contra sus conquistas y organizaciones. La protesta debe ser amplia, masiva, democrática y pacífica, convocando a sindicatos, federaciones, organizaciones territoriales, estudiantes y movimientos populares. No para impedir físicamente que nuestros adversarios políticos se reúnan, sino para afirmar públicamente que la reorganización internacional de la reacción capitalista tendrá una respuesta organizada de quienes viven de su trabajo.

Sin embargo, la movilización solamente adquirirá todo su significado si conserva una estricta independencia política respecto de las fracciones burguesas que hoy disputan con Kast. No se trata de defender el viejo equilibrio de la transición contra una derecha que habría venido a contaminarlo. Ese equilibrio produjo las condiciones sociales y políticas que hicieron posible el fenómeno actual. La tarea no consiste en regresar al régimen anterior a Kast, sino en levantar una alternativa de los trabajadores frente al conjunto del régimen.

Aquí reside probablemente la principal enseñanza de estas jornadas. Mientras buena parte de la izquierda institucional abandonó durante años la construcción estratégica, las derechas organizaron fundaciones, medios, redes internacionales, centros de estudios y cuadros políticos. Mientras unos transformaron la política en administración parlamentaria, otros comprendieron que las crisis abren períodos de reorganización histórica. El Foro Madrid expresa precisamente esa conciencia de clase de la burguesía: sabe que debe organizarse para defender sus intereses.

Los trabajadores deben sacar la conclusión correspondiente. El reciente Plenario de Trabajadores realizado en Antofagasta, las luchas sindicales que comienzan a desarrollarse y las distintas expresiones de resistencia frente a la ofensiva patronal adquieren, desde esta perspectiva, una importancia que supera sus reivindicaciones inmediatas. Frente a la reorganización política burguesa debe comenzar una reorganización independiente de los trabajadores. Frente a sus coordinaciones internacionales, internacionalismo proletario; frente a sus fundaciones y aparatos ideológicos, elaboración política propia; frente a su ofensiva patronal, coordinación sindical; frente al fortalecimiento represivo del Estado, defensa irrestricta de las libertades democráticas.

Por eso el 3 y 4 de septiembre no son solamente fechas de la agenda de la derecha. Constituyen una oportunidad para observar empíricamente el movimiento de la clase dominante chilena. El Foro Madrid permitirá medir hasta dónde Kast pretende proyectar internacionalmente su liderazgo; la cena del Rechazo permitirá comprobar qué capacidad posee para articular y disciplinar al conjunto de las derechas nacionales. Las tensiones, ausencias, discursos y acuerdos que emerjan de ambas reuniones deberán ser examinados cuidadosamente porque ofrecerán indicaciones acerca de la forma política que está adquiriendo el nuevo bloque de poder.

Cuatro años después, el significado histórico del 4 de septiembre aparece con mayor claridad. El Rechazo contribuyó decisivamente a clausurar institucionalmente Octubre; Boric administró la restauración; Kast procura convertir esa restauración en ofensiva. Foro Madrid no altera esta secuencia: la confirma y la internacionaliza. La burguesía que durante 2019 temió perder el control de las calles puede reunirse hoy en Santiago para celebrar su recuperación de iniciativa y discutir cómo profundizarla.

Pero ninguna victoria histórica está garantizada para siempre. Si la burguesía se reorganiza, los trabajadores también pueden hacerlo. Esa es precisamente la cuestión que estas jornadas ponen sobre la mesa. No debemos contemplar pasivamente cómo nuestros adversarios construyen sus instrumentos políticos mientras nuestras organizaciones permanecen fragmentadas. Hay que protestar contra el Foro Madrid, pero sobre todo hay que transformar esa protesta en un punto de apoyo para una tarea mucho mayor: reconstruir la independencia política, la organización y la capacidad de intervención histórica de la clase trabajadora.

Ellos se reúnen para organizar la nueva etapa de su dominación. Nuestra respuesta debe ser comenzar a organizar la nueva etapa de nuestra lucha.