De Gabriela Mistral a Claudio Orrego: los «humanistas cristianos» ante la represión política

Julio Cortés

“Menos cóndor y más huemul” (Gabriela Mistral)

El “humanismo cristiano” -que dice encarnar en Chile hasta hoy el Partido Demócrata Cristiano- proviene de la evolución política que tuvo en el período de entreguerras mundiales un sector de la juventud del Partido Conservador. No deja de sorprender que a su vez, a fines de los 60, la juventud DC se radicalizara por izquierda dando lugar a la formación de partidos como el MAPU (del que derivó en los 80 nada menos que el Lautaro) y la Izquierda Cristiana (que era el partido de Elizalde -jefe actual de lo que queda del PS-, más o menos hasta 1989). 

Hacia 1936, cuando esos jóvenes conservadores disidentes fundaron la Falange Nacional, Gabriela Mistral era una de las principales simpatizantes, como demuestra su correspondencia con Frei Montalva[1]. Pese a sus diferencias con el “extremismo de izquierda” -que repudiaba en todas sus versiones, tanto como al nazi/fascismo[2]– una anécdota de su paso por Magallanes revela su profunda humanidad.

Relatamos este evento de hace un siglo, para luego contrastar su actitud con el comportamiento de uno de sus “nietitos” políticos: el actual candidato a Gobernador de la Región Metropolitana, don Claudio Orrego. 

1.- Punta Arenas, 1918

Tal como hoy, hace 100 años el país hervía en agitación social y política. En el extremo austral los obreros de Puerto Natales se alzaron en enero de 1919 contra de sus patrones –la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego y sus capataces ingleses y alemanes-, en una gran insurrección que fue reprimida con gran despliegue de fuerza policial y militar desde ambos lados de la frontera chileno-argentina, y con muertos en las filas policiales y obreras. 

En esos parajes extremos de América del Sur Chile y Argentina no están divididos por cordillera alguna, y tanto el territorio como su gente se confunden, en una mezcla de orígenes y acentos, que en esos años implicaba además la adopción de formas muy combativas de organización, con claro predominio anarquista. Eran los tiempos de la “Patagonia rebelde”, descrita en el famoso libro de Osvaldo Bayer que fue llevado al cine, y de la acción directa de anarquistas como Severino de Giovanni y Simón Radowitzky al otro lado de la cordillera de Los Andes, Efraín Plaza Olmedo y Antonio Ramón Ramón de este lado.   

Simón Radowitsky, de origen ucraniano, ajustició al coronel Ramón Falcón, bajo cuyo mando la policía había reprimido la manifestación del 1 de mayo de 1909 causando varios muertos y heridos, en lo que se ha conocido como la “Semana Roja”. El 14 de noviembre del mismo año, en una acción estrictamente individual, arrojó una bomba casera al vehículo en que iba Falcón, causándole la muerte. Fue capturado tras dispararse al pecho y gritar “Viva el anarquismo”. Por su acción fue encarcelado, y por temor a fugas se le envió al presidio más austral del mundo, en la ciudad de Ushuaia, Tierra del Fuego, donde el límite con Chile más que meramente administrativo es totalmente imaginario: un conjunto de líneas casi rectas en un mapa.

Ignorando esas fronteras arbitrarias, hasta Ushuaia llegaron dos anarquistas a rescatarlo en una pequeña embarcación el 7 de noviembre de 1918, con la cual lograron llegar por el Estrecho de Magallanes hasta a Península de Brunswick, donde fueron alcanzados cuatro días después por un barco de la Armada. Fueron apresados pero Simón huyó a nado en esas frías aguas donde un cuerpo humano no resiste muchos minutos.

En su fuga, Radowitsky llegó a la ciudad de Punta Arenas, donde la represión militar de la creciente agitación obrera se había tomado las calles. Toda la región era, a pesar de su extremo aislamiento, era uno de los lugares de vanguardia del proceso de acumulación del capital, que poco antes y como condición previa había aniquilado a la casi totalidad de las poblaciones originarias (kawesqar, selknam y yaganes)[3].

Cabe destacar que el aparato represivo de esos años era bastante original: no sólo las policías colaboraban con el Ejército y la Armada, sino que se producía una combinación internacional de dichas fuerzas, con incursiones del Ejército argentino en territorio chileno para colaborar en la captura y ejecución de revoltosos, y con grupos de “patriotas” que en colaboración con militares y policías realizaron acciones tales como el incendio de la Federación Obrera el 27 de julio de 1920. Seis días antes en Santiago una horda patriotera atacó el local de la FECH, dando inicio a una fuerte represión policial y judicial contra estudiantes y obreros, producto de la cual resultó muerto el poeta anarquista José Domingo Gómez Rojas.

Simón entró a un inmueble, que resultó ser el Liceo de Niñas, cuya directora era Gabriela Mistral. El hecho es relatado por la pluma del escrito magallánico Roque Esteban Scarpa en “Desterrada en su patria”[4]. Una síntesis de dicho relato la ofrece Ramón Arriagada en su libro sobre la insurrección de Puerto Natales[5]:

“Cuando dio con tierra firme en la costa frente a Punta Arenas, Radowitzky llegó a una calle al costado del Liceo de Niños, sacó las últimas fuerzas y corrió hacia la última puerta abierta que encontró. Una de las profesoras del establecimiento venía de terminar las clases nocturnas de Educación Popular, vio pasear una sombra hacia el pasillo del interior. Con temor se dirigió al corredor y encontró a un hombre empapado; tembloroso, con tono desfalleciente, le pidió que lo escondiera, ya que le estaba buscando”.

La profesora, Laura Rodig, al escuchar que se había fugado de Ushuaia estuvo dispuesta a ayudarlo. Le solicitó a la directora que terminara su clase y le explicó lo sucedido y su plan: “Pensaba vestirlo de mujer y conducirlo a un lugar que recordó como posible refugio”.  La respuesta de Gabriela fue clara: “rotundamente le respondió ‘¡No! Ese hombre no sale a la calle. No sale al peligro’. Sin haber hablado con él, Gabriela Mistral había intuido: en la calle, estaban deteniendo a todos los transeúntes. No se trataba de un caso de justicia común, sino un hecho de cierta trascendencia internacional”. Concluye Scarpa: 

“Corriendo todos los riesgos, Gabriela lo amparó, sin preguntarle siquiera su nombre, que sólo supo más tarde, por los comentarios de la prensa, cuando amainó la búsqueda, le permitió partir”.

Simón fue recapturado y llevado una cárcel flotante, y luego de regreso a Ushuaia donde se le mantuvo dos años en aislamiento solitario y con media ración de comida y agua. La rabia estalló entre los obreros anarquistas de Buenos Aires, donde una huelga en los Talleres Vasena deriva en una gran rebelión con enfrentamientos. La represión dejó cerca de 700 muertos y decenas de desparecidos en la llamada “Semana Trágica” (7 al 11 de enero de 1919), considerada uno de los primeros procesos de terrorismo de Estado en Argentina. El mismo Gobierno del radical Hipólito Yrigoyen condujo dos años después la represión y fusilamiento de obreros en huelga en la Patagonia.

Finalmente Radowitsky abandonó el presidio al ser indultado en 1930, tras 21 años de encierro, y expulsado a Uruguay. En 1936 se alistó en las Brigadas Internacionales para combatir en la guerra de España.

Gabriela permaneció un tiempo más en Punta Arenas, donde su amigo Julio Munizaga, abogado y poeta que la había acompañado a la “tierra sin primavera”, se dedicó a  la defensa de varios de los obreros encarcelados por la insurrección de Natales, los últimos de los cuales fueron liberados en marzo de 1923.  

2.- Santiago, 2017

Un siglo después, un año antes de la “explosión feminista” y dos antes del “estallido social” de octubre de 2019, el DC Claudio Orrego en su cargo de Intendente Metropolitano se dedicó a reprimir duramente variadas formas de protesta social que se estaban incrementando, y recurrió en varias ocasiones al mecanismo de expulsar a ciudadanos extranjeros por su adhesión a las ideas del anarquismo.

El Intendente Orrego se apoyó en informes policiales que indicaban “participación en actividades anti sistémicas de la escena anarco-libertaria de Chile”[6], y dando aplicación al Decreto Ley N° 1.094 de la dictadura de Pinochet, que desde 1975 y hasta ahora regulaba la situación de los extranjeros en Chile[7], dictó sendas órdenes de expulsión.

Este DL establece en su art. 15 N° 1 la prohibición de ingreso al país de “los que propaguen o fomenten de palabra o por escrito o por cualquier otro medio, doctrinas que tiendan a destruir o alterar por la violencia, el orden social del país o su sistema de gobierno, los que estén sindicados o tengan reputación de ser agitadores o activistas de tales doctrinas y, en general, los que ejecuten hechos que las leyes chilenas califiquen de delito contra la seguridad exterior, la soberanía nacional, la seguridad interior o el orden público del país y los que realicen actos contrarios a los intereses de Chile o constituyan un peligro para el Estado”. 

El caso más conocido fue el del periodista italiano Lorenzo Spairani, que estaba en Chile desde octubre de 2015 como becario de la Unión Europea, trabajando con organizaciones  sindicales, y sufrió una “expulsión express” en febrero del año siguiente, decretada por Orrego, que señaló que su participación en actividades no especificadas por un Informe secreto, alteraba el orden social y ponía en peligro al Estado de Chile. La PDI le notificó el decreto de expulsión en su domicilio, lo detuvo en un cuartel, y en menos de 24 horas lo subió a un avión con rumbo a Italia.      

La Corte Suprema (Amparo Rol 7080-2017) declaró que la resolución del Intendente Orrego carecía de “motivación fáctica, transformando el acto administrativo en una mera afirmación de autoridad, sin respaldo, y sin dar al afectado posibilidad alguna de ejercer sus defensas, lo que resulta inaceptable en cualquier actuación de la Administración Pública”. 

El recurso de amparo fue acogido, así como también otros recursos presentados por ciudadanos argentinos, peruanos y ecuatorianos que también fueron expulsados del mismo modo[8].

Colofón

Se aprecia un contraste profundo entre los dos momentos y acciones que hemos referido: mientras Gabriela no vacila en arriesgar su libertad y seguridad para salvar la vida del anarquista prófugo, a pesar de no compartir su ideario ni acciones, al Intendente Orrego no le tiembla la mano para aplicar la seudo-legislación de la Junta Militar de Gobierno para poder expulsar ilegal y arbitrariamente a extranjeros que consideraba indeseables por sus ideas y actividades anarquistas.

¿Qué pasó entremedio con los “humanistas cristianos”? Mucha agua bajo el puente como para resumirla en este cierre, pero puedo dar fe de que aún a mediados de los 80 existían muchos jóvenes DC que se unían sin problemas a las juventudes de izquierda en la protesta contra la dictadura. Se autodenominaban JDC-R (por “resistencia” o “revolución”[9]), o “chascones”, por oposición a los DC “guatones” (conservadores y/o más inclinados a la derecha).

¿Qué habrá sido de ellos después de 1988? ¿Se extinguieron tal como las facciones más combativas de la Juventud Socialista? Es muy posible. Mientras tanto, repitamos con Gabriela: 

– cóndor (que el final es sólo un “buitre hermoso”, o sea un carroñero) 

+ huemul (animal que casi nadie en Chile ha visto, y que está en serio peligro de extinción).


[1] Richard Astudillo, “Gabriela Mistral y la Democracia Cristiana”, Tribuna Pública, Melipilla, Abril de 2007, pág. 7. En: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/628/w3-article-267245.html

[2] En una carta de 1940 se queja ante Frei, su amigo y abogado personal, de “venir a parar en que no hallamos para salvarnos sino la receta nazi, o la fascista, o la comunistoide, o la cavernaria, ¡cualquiera menos la propia!” (Memorias de Eduardo Frei Montalva, Correspondencias con Gabriela Mistral y Jacques Maritain, Planeta, Santiago, 1989. Citada por Astudillo).  De todos modos, cabe destacar el carácter corporativista de la Falange, con influencias de la Falange Española, y su “tercer-posicionismo” que se refleja claramente en su símbolo: la flecha roja atravesando dos líneas que representan la derecha y la izquierda.

[3] Ver: Mateo Martinic, “El genocidio selknam: nuevos antecedentes”, Anuario del Instituto de la Patagonia, vol. 19, 1989/1990; Clara García-Moro, “Reconstrucción del proceso de extinción de los selknam a través de los libros misionales”, Anuario del Inst. de la Patagonia, Vol. 21, 1992; Alberto Harambour, “Soberanía y corrupción. La construcción del Estado y la propiedad en Patagonia Austral (Argentina y Chile, 1840-1920)”, Historia N° 50, Vol. II, julio-diciembre 2017. Agradezco a Arturo Castillo Cabezas la recomendación de estos valiosos materiales.    

[4] Editorial Nascimento, 1977.

[5] Ramón Arriagada, “La rebelión de los tirapiedras. Puerto Natales 1919”, Ediciones Universidad de Magallanes/Editorial Fiordo Azul, Tercera edición, 2017. 

[6] Sobre esta “escena” la policía chilena se viene explayando a lo menos desde los tiempos del “Caso Bombas” (2009-2012).

[7] En abril de este año se publicó la nueva ley de extranjería, N° 21.325, que está en espera de la dictación de su Reglamento para entrar en vigencia.

[8] Ver, por ejemplo, el Rol 1919-2017 de la Corte de Apelaciones de Santiago. 

[9] Sólo dos décadas antes Frei Montalva hablaba de una “revolución en libertad”.

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