Cierre de Fundición Ventanas: un crimen de «lesa patria» bajo pretexto ambiental

por Francisco Herreros

No deja de resultar paradójico y singular el hecho de que los trabajadores del cobre paralicen faenas en un gobierno de izquierda, y que este, al igual que sus predecesores, se enrede en las ramas de su impacto en la producción, y abstraiga el bosque de la desastrosa política del país con su mayor riqueza, la cual se sigue dilapidando con desenfadada irresponsabilidad, en el altar del dios mercado. 

Aún al riesgo de la majadería y el lugar común, la decisión del directorio de Codelco respaldada por el gobierno, de cerrar la fundición Ventanas, y el breve paro de los trabajadores del cobre, remite a la tesis de que los hechos suelen presentarse dos veces en la historia; la primera como tragedia, y la segunda como farsa. 

Sin embargo, de seguir el movimiento dialéctico, se plantea una nueva inversión, y la farsa vuelve a transmutar en tragedia.

Otro capítulo vergonzoso en el despilfarro de los recursos naturales del país, normalmente a trueque de un plato de lentejas; en este caso, bajo el pretexto ambiental.

Esa es la esencia de la tragedia. 

Capítulo I: un paro de opereta

La paralización comenzó la madrugada del miércoles 22 de junio, con la detención de faenas a partir del turno A, en las divisiones Chuquicamata, Gabriela Mistral, Radomiro Tomic, Ministro Hales, Salvador, Andina, Ventanas, El Teniente y la Casa Matriz, motivada por el cierre de la fundición Ventanas.

En Ventanas, representantes de 26 sindicatos se concentraron en los alrededores del cinturón industrial, levantaron barricadas, encendieron neumáticos, cortaron el tránsito y bloquearon los acceso a la división.

De igual forma, el ingreso a las divisiones Chuquicamata, Radomiro Tomic y Ministro Hales, en la Región de Antofagasta, y El Teniente, en la Región de O’Higgins, amaneció bloqueado. 

Pararon los aproximadamente 10 mil trabajadores de planta de Codelco, Rol B, y miles de trabajadores contratistas, de forma que la huelga del cobre alcanzó a cerca de 45.000 trabajadores, según reportes de prensa, una de los más importantes en número, en la historia de la república neoliberal. 

En sintonía con la realidad mágica, aquella que se construye con la retórica para efectos mediáticos, el ministro de Hacienda, Mario Marcel, dictaminó que no hubo paralización de faenas. La redujo a una «alteración en el acceso de grupos de trabajadores a partir de la movilización de los dirigentes», de lo cual infirió un impacto menor en los ingresos fiscales. 

Con mayor destreza política, la vocera de gobierno, Camila Vallejo, puso paños fríos: reconoció la movilización, llamó a mantener el diálogo y recordó la modificación legal necesaria para liberar a Ventanas de la obligación de fundir el concentrado de la pequeña y mediana empresa; con lo cual colocó sutilmente la pelota en la cancha del parlamento. 

A su turno, Codelco, mediante el consabido comunicado público, afirmó que todas las divisiones de Codelco estaban operativas según el plan de contingencia y que si bien los accesos a las divisiones se encontraban bloqueados, la movilización no había impactado la producción, sin perjuicio que, de extenderse, obligaría a «ajustar la operación según las dotaciones disponibles, con la consiguiente repercusión en la producción, el cumplimiento de las metas y, por tanto, en los dividendos para la empresa y los beneficios para las personas».

De su parte, el no menos consabido comunicado de la Federación de Trabajadores del Cobre, FTC, adujo que Máximo Pacheco Matte, presidente del directorio, y el gobierno, tienen una desconexión absoluta con el desarrollo estratégico de la mayor empresa del país: 

«Hoy lo dejan en evidencia al propiciar el término de las fundiciones del Estado y la privatización encubierta de la Corporación, por la vía de negarle las inversiones que requieren para seguir contribuyendo al progreso de Chile. A Pacheco y Boric parece no importarles que el cobre chileno debe fundirse y refinarse en Chile. 

Al concluir la primera jornada del paro, la FTC responsabilizó a Codelco, del envío de fuerzas policiales que, en rigor, reprimieron a trabajadores contratistas. 

En redes sociales, no faltaron los reproches a los trabajadores de Codelco por hacerle un paro a un gobierno de izquierda -incluso uno lo comparó con el paro de los trabajadores de El Teniente, en marzo de 1973, uno de los tantos preludios del golpe de Estado-; por hacerlo en defensa de intereses corporativos, y por haberse abstenido casi invariablemente, de plegarse a paralizaciones en defensa de intereses de clase. 

Sin perjuicio de los fundamentos de esas críticas, inicialmente la plataforma del movimiento apuntó en dirección correcta; vale decir, la desidia de las instituciones del Estado en la gestión de la principal riqueza del país: 

«Hoy, las fundiciones del Estado por no tener inversiones, están en riesgo de desaparecer. Ahora el Gobierno del Presidente Boric anuncia el cierre de Fundición Ventanas, mañana serán las demás fundiciones de Codelco».

Para los trabajadores, el cierre de la fundición es una decisión inconsulta y precipitada: 

«Máximo Pacheco Matte tomó la decisión más fácil: cerrar la fundición Ventanas, sin analizar ni considerar los costos para las y los trabajadores y el país. Entonces, ¿quién nos puede asegurar la estabilidad de las demás fundiciones y refinerías de Codelco? o ¿quién explica al país los vergonzosos problemas de gestión y millonarias pérdidas en la implementación de los proyectos estructurales, fundamentales para el desarrollo presente y futuro de la principal empresa de Chile?». 

Agregan que el plan de cierre desconoce una cadena productiva esencial al desarrollo de ambas comunas, que por décadas han vivido en relación con la producción industrial del cobre. 

Esas declaraciones no fueron óbice para que, en la segunda jornada, los dirigentes de la FTC llegaran a un acuerdo con la empresa y el gobierno, depusieran el paro y dejaran con un palmo de narices a los trabajadores contratistas. Triste. Quedó en evidencia que se movilizaron por intereses particulares, y no en el interés de Chile, como difundieron sus proclamas. 

Capítulo II: el pretexto ambiental

Sin perjuicio de que la cuestión central no radica en el cierre de la fundición Ventanas, sino el retroceso de Codelco en los procesos de fundición y refinación de cobre, mientras avanza inexorable la exportación de concentrados, el gobierno la evade con la justificación ambiental, a pretexto de la zona de sacrificio. 

Un gol tramposo con el arco vacío, para delirio de la galería, pero que termina en autogol. 

Si ese es el problema, ¿por qué no se procede con el mismo rigor y energía con otras catorce empresas privadas de gran tamaño, probadamente más contaminantes que Ventanas?. 

Sucesivas inversiones en Ventanas permiten la captura del 90% del anhídrido sulfuroso emitido en el proceso, lo que no puede decir ninguna de esas empresas. Con una inversión de US$50 millones, se reduciría a niveles ambientalmente tolerables. El artículo Bajo la lupa: Fundición Ventanas de Codelco, del portal minero BNAmericas, precisó que en virtud de una inversión de US$160 millones en los últimos cinco años, la fundición logró un 95% de captura de emisiones, redujo en 32% las emisiones de azufre, en 43% las de arsénico y en 82% las de material particulado con respecto a 2010. 

Agregó que para 2022, Codelco tendría que invertir US$30 millones para cumplir con los requisitos de un plan de descontaminación, pero Ventana registra pérdidas anuales de US$50 millones, y que el cierre de la fundición tiene un costo de US$150 millones, para garantizar la seguridad de las comunidades aledañas.

En suma, una empresa que podría ser palanca de impulso hacia un modelo productivo que supere el extractivismo, abandonada y asediada con la amenaza de cierre por el motivo ambiental, mientras que a las empresas privadas localizadas en la «zona de sacrificio» Quintero–Puchuncaví no les sale ni por curados. Peor aún, Codelco y el gobierno sacan de la cancha al único jugador que ha hecho las tareas; o ha intentado hacerlas. 

Por lo demás, desde el punto de vista ambiental, las fundiciones de Chuquicamata y Potrerillos son más contaminantes que Ventanas. Siguiendo ese criterio ¿deberían cerrarse? 

¿Y qué hay de los US$160 millones invertidos en mejoras medioambientales?; ¿y de los al menos US$150 millones que costará el cierre?. ¿Irán a fondo perdido o se imputarán a costos hundidos?.

Por donde se mire, un disparate. Con esa displicencia se administra el patrimonio de los chilenos. 

El gobierno se ha atrincherado en el discurso de la protección ambiental, acaso movido por el afán de recuperar un par de puntos de aprobación en las encuestas, pero con fundamento en la ignorancia, el prejuicio y la verdad a medias. 

Con la debida inversión, en el contexto de una adecuada estrategia de desarrollo, los procesos de fundición y refinación de cobre, no solo no agreden el medio ambiente, sino que pueden contribuir al ahorro de energía. 

Fundición Aurubis, en pleno centro de Hamburgo.

Es el caso de Aurubis, la segunda mayor fundición de cobre de Europa, y el mayor reciclador de metales del mundo, instalada en el centro de Hamburgo, una de las ciudades con los estándares ambientales más exigentes de la Unión Europea. 

Desde el año 2000, ha invertido €300 millones en medidas innovadoras de protección ambiental, como la tecnología de Reducción de Emisiones Difusas, RDE, que utiliza un sistema de escape con filtros ultrafinos e instalación de vanguardia, capaz de reducir la emisión de polvo difuso propio de la producción primaria de cobre a partículas menores de 10 µm, la longitud de un glóbulo rojo humano. 

Aproximadamente lo mismo que el gasto agregado invertido por Ventanas en mitigación ambienta, de US$160 millones, sumado al costo del cierre de la fundición, US$150 millones. 

O sea, no es que falten recursos. Lo que hay es una miopía provinciana, una desidia irresponsable y un rentismo facilón en la gestión de recursos que en último término, pertenecen al conjunto de los chilenos. Lo que falta, en realidad, es una política del cobre, fundamento de una estrategia de desarrollo nacional. 

Mientras que a igual gasto, la planta de Aurubis está proporcionando calefacción a unos ocho mil hogares de los barrios residenciales de HafenCity East y Rothenburgsort de Hamburgo, y proyecta llegar a veinte mil en 2024/25, mediante la reutilización de calor libre de CO2 resultante de un subproceso de la fusión de cobre; en Chile, Codelco y el gobierno celebran el cierre de la fundición Ventanas como un triunfo de la causa ambiental. Patético

El mismo día en que se iniciaba el paro de los trabajadores de Codelco, se reportó una nueva emergencia ambiental en Quintero, en el colegio República de Francia, donde 14 alumnos y 7 funcionarios experimentaron mareos, vómitos e insuficiencia respiratoria; que se sumó a otras producidas en las dos ultimas semanas, al punto que el gobierno decretó alerta sanitaria, el 11 de junio, en circunstancias de que por mantención de equipos, la fundición Ventanas permanece detenida desde el 6 de junio

En esencia, la variante ambiental opera en el nivel del pretexto y en los hechos, coopera con el discurso privatizador. 

Capítulo III: por unos dólares menos

La variante económica es sugerida por columnistas neoliberales y opinólogos conservadores. En el artículo Más de una década de pérdidas para Codelco: los números que deja la División Ventanas, su autor sostiene que entre 2009 y 2021, la división Ventanas ha generado pérdidas por US$454 millones.

Por más que sea cierto, se trata de una contabilidad sesgada. Para el cuadro completo, es necesario considerar la función social de Ventanas en el encadenamiento productivo de la pequeña y mediana minería del cobre. Por ley, Ventanas debe asignar el 50% de su capacidad productiva a beneficiar concentrados provenientes de la pequeña y mediana minería de las regiones cuarta a sexta. 

Con técnicas econométricas, no resulta difícil cuantificar el valor de esa función, expresada en ingresos y consumo de las «familias» de dicho sector. El autor del artículo puede apostar doble contra sencillo, que el valor de esa cadena productiva, el cual omite olímpicamente, al menos duplica la pérdida contable que le imputa a Ventanas; sin perjuicio de los ingresos y el consumo de las familias de los/as 775 trabajadores/as de la división, 350 de la fundición, y de los/as trabajadores/as de empresas contratistas, y su impacto en la economía de la región. 

¿Cómo es posible que la ceguera neoliberal y el fundamentalismo ambiental abstraigan estas elementales nociones de economía y desarrollo?

El saldo de la producción de Ventanas se divide en concentrados recibidos desde las divisiones Andina y Teniente de Codelco, y los minerales Los Bronces y El Soldado, de Anglo American, lo cual plantea una segunda inconsistencia grave en la decisión de Codelco y el gobierno; en rigor, el meollo del asunto. 

La producción anual de Ventanas bordea las 420.000 toneladas métricas en la fundición, 400.000 tm en la refinería y 360.000 toneladas de ácido sulfúrico. 

¿Dónde irán a fundirse esos concentrados que dejará de procesar Ventanas?. En el caso de la pequeña y mediana minería ¿a fundiciones privadas a las cuales les importa un bledo la función social y que, por definición, les cobrarán más caro?. En el caso de Andina y El Teniente y los minerales de Anglo American ¿a fundiciones competidoras de Codelco? 

La compañía aduce que los enviará a Caletones y Potrerillos, lo cual implica un costo irracional, pues deberá sacar de paseo el mineral a fundirse, y luego traerlo de vuelta a refinarlo en Ventanas. Absurdo. 

Por lo demás, las refinerías de Potrerillos y Chuquicamata son más ineficientes, desde el punto de vista económico que Ventanas. En un ránking internacional de las 60 mayores fundiciones a nivel mundial, donde la 60 es la más ineficiente, Caletones ocupa el lugar 42, Ventanas el 52, Potrerillos el 53 y Chuquicamata el 56. 

Con la misma lógica, ¿también habría que cerrarlas?

En la ceremonia del anuncio del cierre de la fundición Ventanas, Pacheco se hizo cargo del problema, pero con afirmaciones generales e imprecisas, de las que tanto abusaba Piñera: 

«Sabemos que nuestro país necesita ampliar su capacidad de fundir para defender su liderazgo comercial, humano y tecnológico en el mercado mundial del cobre futuro. Chile requiere construir una nueva fundición con los mejores estándares ambientales y las más modernas tecnologías existentes. Haremos todo lo que esté de nuestra parte para contribuir a viabilizar un proyecto de una nueva fundición moderna y sustentable que responda a este interés nacional».

Pacheco bluffea cpn descaro, pues sabe que un proyecto de esa envergadura requiere inversión, que el Estado ha mezquinado a Codelco; que no está en el programa de gobierno, ni en sus prioridades, y que, en el mejor de los casos, tardaría no menos de diez años en iniciar la producción. 

Entretanto, ¿a dónde va la participación de Ventanas?; ¿no es más lógico empezar por el principio, es decir el proyecto de una nueva fundición como la que menciona Pacheco, y cerrar Ventanas cuando ésta entre en régimen?.

Pero aquí en Chile, por el prurito de ser considerado el mejor alumno del barrio, primero por la barra neoliberal y ahora la ambiental, las cosas se hacen al revés de lo que aconseja el desarrollo nacional. 

Ni la historia de la compañía, ni sus sus resultados, respaldan las declaraciones del presidente del directorio de Codelco. De hecho, el cierre de la fundición Ventanas no es sino el auto-cumplimiento de la profecía. 

En octubre de 2019, el directorio de Codelco anunció que estaba evaluando cerrar la fundición, dada su reducida rentabilidad y las exigencias ambientales. En aquella oportunidad, Baldo Prokurica, el ministro de Minería del gobierno gobierno de Piñera salió a parar la pelota, con el argumento de que los bienes de una empresa estatal no pueden ser enajenados por decisión de su directorio. 

Ahora, el directorio de Codelco, con el beneplácito del gobierno, logró ese cometido. Lamentable, en un gobierno de izquierda. Un nuevo retroceso en la capacidad de refinación de Codelco, que obedece al obsesivo apego de la tecnocracia neoliberal a los dogmas del mercado y a una división internacional del trabajo que determina para Chile el papel subordinado de mero suministrador de materias primas. 

Capítulo IV: cuesta abajo en la rodada

Entre 2000 y 2020, la producción mundial de cobre de fundición experimentó un crecimiento promedio anual de 2,2%, salvo en Chile y Estados Unidos, donde cayó. 

Según World Metal Statistics, en 2000 Chile (1.460.000 tons, 12,2%) ocupó el segundo en fundición de cobre a nivel mundial, después de Japón (1.481 tons, 12,4%). 

En 2010 elevó la producción de cobre fundido a 1.560.000 tons, pero bajó al tercer lugar en el ranking, después de China (2.826.000 tons) y Japón (1.643.000 tons), y también en participación, a 10,9%. 

En 2020 la producción alcanzó las 1.206.000 tons, una caída del 17,3% respecto al año 2000 y del 22,6% respecto de 2010, y en participación de mercado, al 6,5%. 

Básicamente la misma figura emerge de los datos de Wood Mackenzie. En el año 2000, Chile era el país con mayor capacidad de fusión, con cerca de 1,59 millones de tons, equivalente al 14,5% del total mundial, seguido por Japón y China con 1,55 (14,2%) y 1,07 (9,8%) millones de tons, respectivamente. 

A 2020 la situación es radicalmente distinta. China aumentó su capacidad de fundición a un ritmo promedio de 10,2% anual, lo que al año 2020 le permitió alcanzar una capacidad de aproximadamente 7,56 millones de tons, equivalente al 37,4% del total global, mientras Chile aumentó su capacidad solo en 347 mil toneladas, en el mismo periodo reduciendo su participación a 9,6%.

Según el  Anuario de Estadísticas del Cobre y otros Minerales 2001-2020, de Cochilco, el último disponible, los embarques de cobre fino de Codelco bajaron de 1.702.007 toneladas métricas en 2011, a 1.518,002 tm en 2020, es decir, una baja del 10,8%.

Conforme a la misma fuente, los tipos de producción de cobre de Codelco con algún grado de elaboración bajaron entre 2010 y 2020. Así, el cobre refinado cayó de 1.475.009 tm a 1.021.009 tm, (-30,7%) y los cátodos, desde 1.399.008 tm a 1.021.009 tm, (-27%); mientras que el blister, el de menor incidencia, subió levemente de 78.002 tm a 105.008 tm (+25,7%). 

En cambio, no es casual que subiera fuertemente la exportación de concentrados, de 148.007 tm a 390.005 tm, (+62%)

En divisas, el valor de los embarques de cobre refinado ascendió a US$12.624,5 millones en 2010, para caer a US$6.117,9 en 2020, una merma del 51,5%, si bien esta variable está fuertemente influida por el precio. 

En la gran minería privada del cobre, la refinación en Chile cayó de 13.294.008 tm en 2011, a 6.952.006 en 2020,(-47,7%), mientras que la exportación de concentrados creció de 12.763.006 tm a 15.470.005, (+17,5%). 

Las refinerías de cobre se encuentran generalmente integradas con fundiciones, para ahorrar el traslado del cobre anódico, aprovechar los premios por producción de cátodos y otras ventajas de la economía de escala. De hecho, de las grandes 69 fundiciones informadas en el año 2020, 48 estaban integradas con refinerías. En términos agregados, el proceso de fundición representa cerca del 80% de los costos de una operación integrada (fundición y refinería), donde radica el verdadero valor del negocio del cobre.

Desde la década de los 60 los países productores de cobre han solventado a las economías industrializadas, que no lo tienen, las cuales empezaron a generar sus propias fundiciones y refinerías ligadas a la fabricación de manufacturas de cobre, principalmente Alemania Occidental y Japón, que además buscaban capturar parte del valor generado por el procesamiento de los minerales (United States Congress Office of Technology Assessment 1988). 

Es así como a partir de dicho periodo comenzó una nueva etapa para los países desarrollados, cuyo objetivo principal era asegurar el suministro de distintos minerales a precios competitivos para sus propias industrias locales (Crowson 1979).

Es cierto que los altos costos de la fundición y refinación de cobre en inversión de capital para la instalación de hornos y refinerías; mano de obra intensiva y especializada y energía, pueden determinar una baja rentabilidad, y por tanto, representar una alta barrera de entrada, pero es la opción que han elegido los países desarrollados, principalmente China, que en 2021 fundió 7,5 millones tm, a pesar de que solo produjo 1,8 tm. 

Primero, para asegurar el suministro de cobre refinado que necesita su actividad industrial; segundo, para aprovechar economías de escala en sus proyectos de desarrollo urbano e industrial, y tercero, porque la eficiencia en la operación garantiza la recuperación de cobre por sobre lo que paga el productor minero, y la recuperación de metales y subproductos, por sobre la deducción metalúrgica aplicada al vendedor de concentrados. 

En 2020, el 42% de los ingresos de la industria integrada de la fusión-refinación de cobre provino de la recuperación de subproductos. 

En una estrategia integrada de desarrollo industrial, el negocio es tan rentable, que internaliza el costo del trasporte del concentrado sin el menor pestañeo. 

El fundidor y refinador de cobre participa simultáneamente en las dos facetas del negocio. 

En una de ellas, como comprador, adquiere concentrado en bruto, y gana con la recuperación de cobre, y otros minerales y subproductos, por encima del rango estimado por el productor. 

En la otra, como proveedor de servicios, gana por los cargos de tratamiento y refinación, impone los precios, establece los plazos y castiga las impurezas que el mismo determina, en las que van los subproductos que después recupera. 

En ambas gana, a expensas del productor de concentrados. 

¿Piratería legal? 

No, porque el vendedor no concurre obligado, ni con la pistola al pecho. 

Solo una tendencia de mercado. Que sea la peor para Chile, parece importar un bledo en la república neoliberal. 

Capítulo V: la maldición del concentrado

Lo opuesto a lo que están haciendo los genios encargados de gestionar la principal riqueza nacional, 

A menor capacidad de fundición y refinación de cobre, mayor exportación de concentrados, geológicamente considerados «complejos», por presencia de «impurezas», que simultáneamente determinan descuentos al productor, ganancias por recuperación de subproductos al fundidor, y elusión tributaria para ambos. 

Flor de negocio para Chile. 

Débase a la atávica propensión humana de tropezar con la misma piedra; o a la tendencia del capital de aferrarse a la rentabilidad de corto plazo, o a cañonazos de millones de dólares, Chile está reproduciendo con la exactitud de un pantógrafo el crimen de lesa patria cometido con el despilfarro de los ingresos del salitre, en la primera fase del modelo primario exportador, y luego con los del propio cobre, bajo dominio norteamericano hasta su nacionalización en 1971; en las tres ocasiones, con participación mayoritaria de capital transnacional. 

Sea por alumno disciplinado, o por vago redomado, el hecho es que Chile, por lejos el mayor productor de cobre del mundo, renuncia a cualquier ventaja de ese dominio y se limita a acatar el dictamen del mercado, orientado a las ganancias del capital y los países económicamente hegemónicos y vende cada vez más concentrado, cuyo valor, como muestran las cifras anteriormente citadas, se realiza en el exterior, a expensas de la pobreza de la mayoría de los chilenos.

Según del documento Exportación de concentrados de cobre: caracterización de condiciones comerciales; de abril de 2021, de Cochilco , de las exportaciones de productos de cobre en el año 2020, 55,1% correspondió a concentrados. 

No solo eso, Si en el año 2020 el 74,4% de la producción de cobre de Chile correspondió a concentrados, siendo exportados el 71,7% de ellos, a 2030 se estima que el 89,5% de la producción de cobre provenga de concentrados, exportándose un 75,6% de dicho monto.

Y lo dice como si nada, el organismo que por ley, tiene la misión de «asesorar al gobierno en la elaboración, implementación y evaluación ​de políticas, estrategias y acciones que contribuyan al desarrollo sustentable del sector minero nacional, y resguardar los intereses del Estado e​n sus empresas mineras, fiscalizando y evaluando su gestión e inversiones».

Puesto que la venta de concentrados es una de las posibilidades que ofrece el mercado, Cochilco se limita a constatar y describir el fenómeno, en lugar de analizarlo. 

Ni una palabra respecto a una política nacional del cobre, ni a lo que el Estado -los chilenos- deja(n) de percibir, por concepto de evasión y elusión tributaria, facilitado por la exportación de concentrados. La menor referencia a la necesidad de agregar valor en Chile, y de aumentar la capacidad de fundición y refinación en el país. 

Las siguientes imágenes ilustran con precisión la división internacional del trabajo de la gran minería del cobre.

En la primera, la industria fundidora y refinadora, aquella que compra concentrados en el marcado mundial, está instalada en países comúnmente denominados desarrollados. China, ella sola con el 57%, con Japón, Alemania, Corea del Sur y España, detentan más del 80% de la participación en el mercado mundial. 

La segunda muestra la cara opuesta, donde predominan países no desarrollados, aquellos que se farrean el desarrollo en el casino del mercado, principalmente Chile y Perú, el cual se acerca peligrosamente, como advierte alarmado el documento de Cochilco, que exportan en bruto, no sólo el concentrado, sino la cadena de valor asociada, a los complejos industriales de la función y refinación, donde finalmente se realiza. . 

En el caso de la gran minería privada del cobre, la principal razón del incremento en la exportación de concentrados, radica, sencillamente, que la laxa legislación de Chile con su principal riqueza, se lo permite. 

El mecanismo más utilizado por las transnacionales del cobre para eludir impuestos, es el de los precios de transferencia; esto es, precios del comercio intra-firmas, que al no tener un valor de mercado, como el caso de los concentrados de cobre, permiten el desplazamiento de utilidades desde filiales instaladas en países de mayor regulación o carga tributaria, hacia aquellas situadas en paraísos financieros, con escasa o nula capacidad de control de los países huéspedes de la inversión. 

En el caso de los concentrados de cobre, el precio de referencia para los contratos de exportación es el de una libra de cobre fino en la Bolsa de Metales de Londres. Para determinar el valor del concentrado, se debe conocer el contenido de cobre fino, y de dicho valor se descuentan diversos cargos, tales como fundición, refinación, flete, seguros, precios de participación, comisiones por venta, etc. 

Estos cargos, en general, superan los valores de mercado, pero, además, al tener lugar fuera del territorio nacional, resulta imposible el control de Aduanas o del Servicio de Impuestos Internos. 

Las mineras instaladas en Chile pagan precios superiores al mercado por todos estos servicios, porque las empresas que los efectúan, están relacionadas directa o indirectamente con la matriz a la que pertenecen. 

Las mineras transnacionales utilizan otras formas de evasión tributaria, como declarar leyes inferiores a las reales, u omitir otros metales y/o subproductos, contenidos en los concentrados. El Servicio de Aduanas y el Servicio de Impuestos Internos carecen de personal, medios y voluntad política para fiscalizar los embarques de concentrados. 

Las grandes empresas extranjeras que se instalaron a pesar de la baja del precio, entienden el mercado internacional del cobre como mercado oligopólico, donde el precio es superior a los precios en condiciones de competencia perfecta y permite una ganancia mayor que otras actividades, lo cual explica su concentración en un país como Chile, rico en yacimientos mineros, donde se han eliminado todas las regulaciones, y las empresas extranjeras tributan cantidades mínimas.

“Aún con la caída de los precios estas empresas obtienen grandes ganancias en Chile y en sus operaciones globales. Los precios bajos les permiten eliminar competidores y lograr mayor participación y control del mercado mundial”, sostiene el economista Orlando Caputo. 

En el caso de Codelco, la razón de la sinrazón, de aumentar la exportación de concentrado a expensas de la capacidad de fundición y refinación en Chile, obedece en buena medida a la miopía y mentalidad rentista de la tecnocracia administrativa, que encuentra más cómodo lechar a Codelco, extrayéndole el total de su capacidad productiva, sin la debida inversión. Pan para hoy, y para mañana, el diluvio. El cierre de Ventanas viene a ser la culminación de esa política insensata y suicida. 

Pero también hay razones radicadas en las esferas de la ideología y la cultura. 

Entre ellas, sumisión a la división internacional del trabajo impuesta desde los países centrales, donde las economías subordinadas sólo deben exportar recursos naturales; colonización ideológica de las elites dirigentes por el dogma neoliberal, que postula el libre flujo de inversiones a escala global como algo deseable y positivo, mientras simultáneamente inhibe la inversión pública en la minería del cobre; corrupción de tecnócratas y funcionarios, que reciben suculentos honorarios de estas compañías por la elaboración de informes, asesorías y seminarios que buscan generalizar la noción de la conveniencia de la inversión extranjera en el sector minero; y de políticos, que a cambio del financiamiento para sus campañas, se comprometen a dejar inalterado el actual status quo y pasividad e indiferencia de una opinión pública narcotizada y enajenada por la banalidad de contenidos del sistema de medios de comunicación. 

De esta manera, el visionario legado del Presidente Allende, quien a través de una incansable lucha de más de 30 años concretó el sueño de convertir el cobre en el sueldo de Chile y una palanca para el desarrollo del país, ha sido en gran medida revertido y desnaturalizado, en nombre de la apertura de los mercados y de la libre circulación del capital. 

Incluso, en la Convención Constitucional el tema minero quedó congelado allí mismo donde lo dejaron la constitución de la dictadura, la derecha y la concertación. En rigor, un auto-engaño, pues mientras no se recupere el cobre para Chile, no habrá recursos para hacer algo muy distinto a lo que hoy prevalece, en esta sociedad arquitectónicamente desigual. 

A la luz de estos antecedentes, no es necesario un doctorado de economía en Harvard para colegir que, en el mercado mundial, a) la participación de Chile en la refinación, tanto pública como privada, está cayendo de manera progresiva; b) la parte del león en el negocio del cobre se la lleva el que refina; c) en Chile crece de manera sostenida la exportación de concentrados, y d) que los desastrosos resultados reseñados, son la consecuencia natural de la estrategia de dejar la principales decisiones de política económica del país libradas a las pulsiones del mercado, en lugar de elegir aquella estrategia de desarrollo que convenga al interés nacional.

(*) Director de Red Digital.

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