Jorge Teillier, un poeta de la Tierra de Nunca Jamás

por Álvaro Ruiz

Conocí a Jorge Teillier en el refugio Ramón López Velarde, de la Sociedad de Escritores de Chile, en el invierno de 1977. Un bar que reúne a escritores, que vende vino y empanadas fritas, al interior, en un subterráneo de esta casa que consiguió Pablo Neruda para el gremio durante el gobierno del presidente Jorge Alessandri Rodríguez (1958 – 1964), situada en pleno centro de Santiago y cuya vajilla fue donada por el gobierno mexicano a través de su embajada, razón por la cual el refugio lleva el nombre del poeta López Velarde y sin duda, también por aquella preferencia de Neruda.

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Casilda, la revolucionaria cimarrona de Colombia

por Juan García Brun

Casilda Cundumí Dembele (Malí, 1823 – Palmira, Colombia, 1945) Más conocida como «La Negra Casilda». Fue una líder malí, liderando las fugas de los esclavos negros y organizó a las masas negras cimarrones en Colombia. Llegó a Cartagena de Indias en un barco negrero y fue vendida, junto a otros africanos hombres y mujeres al comerciante español Pedro González; quien la revendió para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar de los ingenios en Palmira, Colombia, a más de 900 km al sur de Cartagena.

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Entrevista a Enrique Lafourcade, 25 años después

por Sergio Marras

Recuerdo haberlo ubicado desde el teléfono público de una botillería, cuando no había celulares y Chile tenía muy pocos teléfonos fijos. Me contestó extrañado. ¿por qué quería conversar con alguien a quien se le identificaba con el régimen? «Sospechosa la cuestión». «Bueno, se cumplen veinticinco años de su antología de la generación del 50, generación que usted inventó.¿No le parece suficiente? Además, yo no lo identifico con el régimen. Usted me parece más bien inclasificable» «Pero, ¿qué tiene que ver la revista BRAVO con literatura?» «Más de lo que parece». Silencio. «Bueno ya, pero no joda demasiado».

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Poema de Jorge Teillier: «He dormido donde un amigo»

He dormido donde un amigo hasta las siete de la tarde
Ahora sé que el Diazepam es lo mismo que el Valium 10
Los gallos cantan a cualquier hora
Salgo al patio
Hay cinco gatos vagos cuyos nombres no conozco
Pero me saludan como a un viejo colega.
Llega mi amigo. Salimos a beber Santa Emiliana a la calle Capitán Ávalos
Somos los últimos en salir del boliche
Y Tal vez mañana los primeros en llegar.

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Isidora Zegers en los orígenes del arte musical en Chile

por Macarena Castro

El 30 de agosto de 1819 se escucha en la plaza pública de Santiago la ejecución de una sinfonía de Beethoven y un cuarteto de Mozart, en la celebración del cumpleaños de Rosa O’Higgins. El responsable de este concierto fue un comerciante danés que llegó a Chile aquel año, Carlos Drewetcke, quien había traído de Europa colecciones de estos compositores y acostumbraba a reunir en su casa a los músicos para ejecutar estas piezas, que, como recuerda José Zapiola, “eran un arte desconocido hasta entonces” (𝘙𝘦𝘤𝘶𝘦𝘳𝘥𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘵𝘳𝘦𝘪𝘯𝘵𝘢 𝘢𝘯̃𝘰𝘴 (1810-1840), Imprenta de El Independiente, 1872).

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Cuento de Ernest Hemingway: «El gran río de los dos corazones»

El tren se perdió de vista tras una de las colinas. Nick se sentó en la mochila con la lona y ropa de cama que el encargado del vagón de equipajes había lanzado por la portezuela. No encontró ni una casa. Nada. Nada más que los rieles y la comarca arrasada por el fuego. No habían quedado rastros de las trece cantinas que ocupaban la única calle de Seney. Sólo se veían los cimientos del ex hotel, con la piedra desmenuzada en parte por el incendio. Incluso la superficie estaba devastada. 

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Décimo aniversario años de la muerte de Nelson Schwenke: «Ahora entiendo lo que quisiste decirme»

por Clemente Riedemann

“Hagamos canciones juntos” fue lo que me propuso Nelson, a quien apodábamos “El Pelusa”, en Valdivia, por su manera siempre festiva de entrar en las conversaciones. Él siempre estaba informado de las realidades, las cercanas, las intermedias y las lejanas. Nadie sabe como se las arreglaba para conseguirlo. El asunto es que Nelson parecía informado de todo aquello que servía para animar las comunicaciones.

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Buenos Aires: Nabucco triunfa en el Colón

por Gian Paolo Martelli

Gran noche dominical en el Teatro Colón de buenos Aires para la última función de la gran ópera verdiana, la cual estuvo en espera por más de 2 años debido a la pandemia. La propuesta escénica surrealista de Stefano Poda, basada en el color blanco con una excelente iluminación que nos dio toda la paleta de claroscuros, fue refinada y bien tratada, con movimientos de las masas tanto corales como de figurantes acertadas, combinado con el uso de una plataforma circular móvil que daba dinamismo a la escena.

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Un León Trotski inesperado: escenas de su vida literaria y de cómo hasta sus libros fueron perseguidos

por Diego Rojas

Cuando Karl Marx, a instancias de sus hijas Jenny y Laura, contestó el famoso Cuestionario, un juego victoriano de moda en la época en que los Marx vivían en Londres, además de señalar que su ocupación preferida era “ser un ratón de bibliotecas”, al momento de responder por una máxima con la que se identificara, el barbudo pensador y autor de El Capital no dudó y dijo: “Nihil humani a me alienum puto”. Se trata de una alocución latina que formaba parte de la comedia El enemigo de sí mismo, escrita por Publio Terencio (El africano), un dramaturgo que vivió entre 190 y 159 antes de Cristo, y que había nacido en Cartago bajo la condición de esclavo. Significa: “Nada de lo humano me es ajeno” y por los siglos de los siglos se convirtió en un lema a seguir por muchos grandes hombres de la Historia. Marx entre ellos.

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Cuento de Juan García Brun: «Ulises»

6 de Diciembre de 1931, Valparaíso: Me senté junto a un acueducto de aguas lluvia. Había sol, pero caía agua en una pendiente muy pronunciada que arrastraba unos volúmenes blanquecinos, del tamaño del casco de un bombero, de vegetales semovientes y silenciosos. Desde esa esquina podía verse una espesura de mástiles que formaban islas y oscurecían la parte inferior del paisaje. Resultaba –con esa visión- especialmente difícil descender esa cuesta. Más difícil aún si ese camino lo iniciaba en silla de ruedas.

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Cuento de Ewald Meyer: «Fundición»

En la oficina de la calle Baquedano las cajas se apilan provenientes de todo el mundo. La distribución en el norte del país se hace desde ese abovedado de madera, que cual maraña de oficinas, despliega cubículos en todos los niveles del edificio. En uno de esos cuchitriles estaba el jefe de envíos especiales, hombre gordo y calvo con aspectomantecoso. Sus uñas negras nunca dejaron de asombrarme y su terno raído conspiraba para delatar su mal talante.Con voz monótona siempre se esforzaba por parecer caballero, y cuando habla siempre finge leer una orden, su pasadode funcionario público venido a menos lo delata, pero el tono solemne justifica su puesto ante la dirección de laempresa, mal que mal se trataba de envíos especiales. El gordo escrutó con fruición mi atuendo de trabajo, estiró su manoy dejo una caja sobre la mesa; “Julián Pereira, debe entregar este envío especial mañana en la tarde, monte en su moto y deje bien parado el prestigio de nuestra empresa” hizo un  ademán, volvió a estirar su mano y me deseó suerte.

Cuento de Ewald Meyer: «Caballos azules»

Un piquete de obreros se pasean nerviosos, algunos a medio vestir con guerreras abandonadas y quepis dejados a la carrera por el grueso de las tropas que abandonan la ciudad. Defensores improvisados recogen fusiles que fueron inservibles en la batalla de Concón y asustados buscan cartuchos de balas en los rincones de la plaza. Se sabe que los congresistas avanzaban hacia Quillota y ellos deben defender la ciudad con todo. A pocos metros en una casona colonial un comité de civiles encabezados por el alcalde balmacedista y un ministro que más bien fue asignado para acompañar a los que se sacrificarían en la defensa de Quillota, parecen sumidos en la derrota inminente.

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Cuento de Juan García Brun: «Libre»

Al salir del club de baile llovía y las patrullas policiales protagonizaban un espectáculo de radios, luces, vehículos cruzados y sujetos reducidos contra el pavimiento. Mis oídos aún no se adaptaban al espacio abierto. Alguien tuvo la idea de ir a comprar algo para comer. Los espacios se hacían interminables y amanecía.

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Cuento de Franz Kafka: «Chacales y árabes»

Acampábamos en el oasis. Los viajeros dormían. Un árabe, alto y blanco, pasó adelante; ya había alimentado a los camellos y se dirigía a acostarse.

Me tiré de espaldas sobre la hierba; quería dormir; no pude conciliar el sueño; el aullido de un chacal a lo lejos me lo impedía; entonces me senté. Y lo que había estado tan lejos, de pronto estuvo cerca. El gruñido de los chacales me rodeó; ojos dorados descoloridos que se encendían y se apagaban; cuerpos esbeltos que se movían ágilmente y en cadencia como bajo un látigo.

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Kasparov entre las máquinas: 25 años de una derrota

por J. Casri

Cuando un superordenador derrotó al campeón del mundo de ajedrez, se pensó que las capacidades de las máquinas se limitaban a operaciones analítico-lógicas. Sin embargo, el desarrollo de la Inteligencia Artificial permite su incursión en el campo artístico, amenazando con conquistar un ámbito específicamente humano: la creatividad.  

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Cuento de Ewald Meyer: «El Monje Negro»

En las postrimerías de 1971 una cuadrilla de obreros a punta de picota y entusiasmo revolucionario, echan por tierra la Hacienda Uva Añeja, una antigua viña de centenarios mostos de Casablanca, que engullida por la reforma agraria daba paso a lotes de tierra para el cultivo racional de hortalizas y frutas. La faena se detuvo al caer dos hombres a un socavón que cedió ante la presión de la obra. La sorpresa fue mayúscula cuando un baúl de acero forjado, sirvió de pista de aterrizaje en la frenética caída de los dos obreros. Ambos empolvados hasta el copete, sin embargo, no pudieron abrir el vetusto armatoste.

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Cuento de Ewald Meyer: «Piso 13»

En un cubículo de madera de la portería, con el número ciento cuarenta y cinco, había una caja mediana, sellada con papel azul, y un rosetón verde. El portero la dejó sobre el mesón y me observó impertérrito. Extendí mi mano, examiné la caja y pensando en voz alta aseguré que los alfajores de la nona eran deliciosos. El portero no se inmutó y escribió en el libro el nombre que registraba el pasaporte: Ulises Cademartori. Tomé la llave del apartamento y con un ademán me despedí; no tuve ganas de hacerme el amable por segunda vez. En el ascensor los espejos reflejaron mi rostro cansado por el largo viaje. A pesar de los tres whiskis que bebí, mirando el escote de una mulata voluptuosa que dormitaba a mi lado, no tuve suerte con las turbulencias del vuelo y fue imposible dormir. El ajetreo del aeropuerto impidió que al menos me sentara a disfrutar de un café y pudiera deleitarme con ese aroma particular que tiene la gente corriendo por esos pisos platinados. El pito agudo del ascensor interrumpió las imágenes del viaje y señaló distraídamente mi nuevo habitáculo; era el cansancio que pedía una cama urgente.

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Cuento de Juan García Brun: «Flores de cerezo»

Se conocieron en una jornada de capacitación laboral y desde entonces se quisieron. Mientras estuvieron en Tokio solían recorrer la zona de los parques imperiales en sus motos a toda velocidad. Sus buzos lustrosos eran negro y amarillo. Hablaban hasta la madrugada en estaciones de servicio, terminales de buses y alguna vez en un hotel. Reían, lloraban, fumaban dolientes en el frío y arrojaban piedras a los ferrocarriles nocturnos. Largas conversaciones telefónicas le hicieron suponer a Hiroshi que Nonoko vivía sola, pero no se atrevió a preguntarlo. Muchos días debieron soportar la falta de sueño en el inicio de ese otoño caluroso. Una vez se tomaron de la mano. Ambos vivían en cibercafés, una rareza nipona —bastante conocida— que permite a subempleados dormir reclinados frente a un monitor, comer en el lugar, ducharse y lavar su ropa.

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Cuento de Horacio Quiroga: «La gallina degollada»

Todo el día, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos y volvían la cabeza con la boca abierta. El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida. Otras veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón. El mayor tenía doce años, y el menor ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.

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«Silencio»: el grito imposible de Scorsese

por Horacio Ramírez

«Las bombas atómicas se tiraron lejos, en Japón, para que ningún americano pudiera oírlas».
Comentario periodístico estadounidense de 1945

Pese a su belleza audiovisual y a que es una de las mayores obras cinematográficas debidas al realizador estadounidense, este crédito —económicamente, por lo menos— fue un fracaso: no llegó a recaudar ni la mitad de los 50 millones de dólares que se invirtieron, y esto debido, principalmente, a que no eludió aspectos realistas del catolicismo de aquella época ni tampoco de la idiosincrasia japonesa de todos los tiempos.

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Cuento de Juan García Brun: «Mario»

Desperté con el aroma del café y el queso fundido. Aún no amanecía del todo y el tren pasaba por la zona de los túneles. Los bosques se veían desparramados y la planicie, salpicada de enormes rocas blancas, resplandecía escarchada. A mi lado una señora muy mayor leía una pequeña revista de tejidos. Traté de seguir durmiendo y en ese tratar tuve un breve sueño:

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Stephen Davies: «La especie artística»

Hace cuatrocientos mil años, un miembro de una especie humanoide ancestral fabricó un hacha de mano. Como otras hachas, esta se creó dando la forma deseada a una roca mediante un ingenioso proceso consistente en desprender esquirlas golpeando un núcleo de piedra. La herramienta resultante era del tamaño de una mano y de bordes afilados. Se caracterizaba por su excepcional calidad y por el material de que estaba hecha: una variedad de cuarzita de color rojo oscuro, un color que recuerda el de la sangre. Probablemente no se utilizó para cortar. No podemos estar seguros de cómo llegó hasta allí, pero fue el único artefacto encontrado en un hoyo en el que el grupo del que formaba parte el hombre que lo creó sepultaba a sus muertos. Es muy probable que sea la primerísima ofrenda fúnebre. Los arqueólogos que desenterraron esta hacha de mano de color se quedaron tan impresionados que decidieron ponerle de nombre “Excalibur”, por la espada de la leyenda artúrica.[1]

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Cuento de Ewald Meyer: «El visitante»

El primer viernes de enero algo sucedió de regreso al viejo edificio. La puerta del departamento de Petra estaba cerrada a dos llaves. En el diván había algunos objetos en el suelo y el aire enrarecido sofocaba. Una nota garabateada en checo , casi imposible de traducir, sugirió a Carlos la evidencia de una discusión. La joven se había refugiado en la pequeña pieza de la casa y el visitante se sentó pensativo en el sillón cama verde. 

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Sismografía de las palabras de «Drive my car», de Ryüsuke Hamaguchi

por Miguel Muñoz Garnica

Eres muy bueno interactuando con otros actores. Aprende a hacerlo con el texto. La indicación se la da Yusuke (Hidetoshi Nishijima), el protagonista, a uno de los actores de la adaptación de «Tío Vania» que dirige, pero conlleva una pregunta que, en buena medida, es la misma que impulsa el cine de Hamaguchi. ¿Se puede interactuar con un texto? Más aun, ¿podemos entablar una relación íntima, personal, con la mera semántica de unas palabras fijadas sobre el papel? En la elipsis que cierra la primera parte de Drive My Car, Hamaguchi enuncia una respuesta positiva. Yusuke, roto por la muerte reciente de una esposa a la que adoraba, interpreta a Vania en una función. Como si le costara articular cada palabra, pronuncia su frase: «Porque la fidelidad de esa mujer es falsa desde el principio hasta el fin». La línea debería continuar según el texto de Chejov —«Le sobra retórica y carece de lógica. Engañar a un viejo marido al que no se puede soportar es inmoral, mientras que el esforzarse en ahogar dentro de sí la pobre juventud y el sentimiento vivo, no lo es»—, pero Yusuke se interrumpe y abandona la escena antes de tiempo. Como si no pudiera quitarse del cuerpo las palabras, las dichas y las que debía decir, queda paralizado e incapaz de volver al escenario. Y así, en la penumbra de los bastidores y sumido en un gesto de desesperación, nos lo deja el fundido a negro que introduce un salto de dos años, la elipsis más vasta del metraje.

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A 34 años: la trágica historia de Chet Baker, el trompetista cuya muerte es un misterio

por César Pradines

Se cumple un nuevo aniversario de la muerte de uno de los grandes trompetistas del jazz, Chet Baker, talentoso improvisador y cantante de un estilo único con una trágica historia de adicción a las drogas. Su muerte quedó rodeada de misterio: suicidio o accidente. Chet Baker fue encontrado en la madrugada del 13 de mayo de 1988, en la calle. Estaba en posición fetal, tenía la cabeza y parte de la cara destrozada y su postura indicaría que no murió inmediatamente. Vestía una camisa de manga corta y un pantalón a rayas y se habría caído del segundo piso del hotel Prins Hendrik, de Amsterdam, Holanda, donde ocupaba desde hacía tiempo la habitación C-20 y donde la policía encontró heroína y cocaína. Tenía 58 años.

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La crisis de valores de la psiquiatría mundial: Entrevista a Dainius Pūras

por Awais Aftab

[El doctor Dainius Pūras, psiquiatra lituano y defensor de los derechos humanos, fue relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud de 2014 a 2020. En esta entrevista de “Conversaciones en psiquiatría crítica”, en Psychiatric Times, plantea la necesidad de un cambio en el statu quo de la atención a la salud mental. Como defensor de los derechos humanos, el doctor Pūras lleva más de 30 años haciendo campaña para reformar las políticas y los servicios de salud pública para las personas con enfermedades mentales, discapacidades y otros grupos vulnerables. Antes de ser relator especial de la ONU, fue miembro del Comité de los Derechos del Niño de la ONU de 2007 a 2011. Ha actuado como experto independiente y consultor de numerosos gobiernos, ONG y organismos de la ONU en relación con la promoción de los derechos humanos en los servicios de salud mental y física. Sus informes a la ONU como relator especial han criticado la excesiva dependencia sistémica de los enfoques biomédicos y las prácticas coercitivas en la psiquiatría en todo el mundo, abogando por un énfasis muy necesario en los enfoques basados en la salud pública y los derechos humanos.]

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Maquiavelo: «Cómo huir de los aduladores»

No quiero pasar por alto un asunto importante, y es la falta en que con facilidad caen los príncipes si no son muy prudentes o no saben elegir bien. Me refiero a los aduladores, que abundan en todas las cortes. Porque los hombres se complacen tanto en sus propias obras, de tal modo se engañan, que no atinan a defenderse de aquella calamidad; y cuando quieren defenderse, se exponen al peligro de hacerse despreciables. Pues no hay otra manera de evitar la adulación que el hacer comprender a los hombres que no ofenden al decir la verdad; y resulta que, cuando todos pueden decir la verdad, faltan al respeto.

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«Cartas a un joven poeta»: La vida en las instrucciones de Rainer Maria Rilke

por Sergio Inestrosa

Pese a que se trata de un volumen de edición póstuma y el cual solo contiene una recopilación que hiciera un corresponsal del gran poeta europeo, a partir de las misivas que el ya famoso autor le enviara en su momento, esta obra es considerada una especie de testamento literario y existencial por parte del firmante de las «Elegías de Duino».

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Revolución, reacción y cultura de masas: a treinta años de la explosión del rock de los 90

por Javier Cabrera

Cuando se cumplen treinta años de la última gran explosión industrial y creativa del Rock, asistimos a una recuperación de la guitarra eléctrica y de los estilos musicales basados en ella. En este artículo, tratamos de analizar los cambios en la música popular en su interrelación con los cambios en la sociedad y en la lucha de clases.

En la última ceremonia de entrega de los premios Grammy, se dio una circunstancia que no pasó desapercibida para público y comentaristas: prácticamente todas las actuaciones en dicha gala incluían al menos una guitarra, acústica o eléctrica, en la formación. Éste puede parecer un hecho normal o anecdótico, pero la realidad es que forma parte de una tendencia general.

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«Las mejores mentes de mi generación»: la fuerza intelectual de los Beat

por Alfonso Matus

En este volumen Allen Ginsberg adquiere el estilo de un profesor ameno, dado a las divagaciones y anécdotas, con un gran sentido del humor y aportes no solo literarios, sino que también vitales, sobre la amabilidad y la experimentación de una comunidad de artistas difícil de repetir, sobre todo en contraposición al tedioso solipsismo postmoderno. En 1974 el lama tibetano Chögyam Trungpa fundó una universidad en Boulder, Colorado, y tuvo la inusual idea de convocar a poetas y artistas, como John Cage y Allen Ginsberg, para crear un instituto en el cual las tradiciones orientales y budistas se fusionaran con la vanguardia artística norteamericana.

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Carta de Einstein a Sigmund Freud

Desde Caputh (Potsdam), Albert Einstein escribió a Freud el 30 de julio de 1932, un año antes de que el nazismo tomase el poder en Alemania. La elección del corresponsal fue decisión suya, al igual que el motivo central de la correspondencia: arrojar luz sobre la manera de liberar a los seres humanos de la fatalidad de la guerra[1]. Freud contestó desde Viena apenas un mes más tarde, septiembre de 1932, señalando que cuando se enteró de que Einstein se proponía invitarle a un intercambio de ideas sobre un tema que le interesaba y que le parecía digno del interés de los demás, lo aceptó de muy buen grado, sin vacilación.

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Avistamiento de OVNIS en la Antártida: conversando con Abelardo Báez Cortés

por Guillermo Correa

Hace algunos días nuestro colega y compañero de universidad en los años setenta, Abelardo Báez Cortés, nos envió un link del programa “Así Somos” de La Red Televisión donde se trató “El incidente de la Isla Roberts” (1) evento acaecido en la Antártida chilena relacionado con el avistamiento de objetos voladores no identificados (OVNI) ocurrido a principios del año 1956, donde él tuvo una directa participación.

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Cuento de Juan García Brun: «Cine Cervantes»

Llovía y yo iba al cine. Era una película italiana protagonizada por Ornella Muti. Iba mojado y frío. En la película no pasaba gran cosa, ella trabajaba en una oficina de modas y el jefe la acosaba o bien era su amante. Antes de los 15 minutos hay una escena de sexo contra una ventana y un escritorio. En la sala de cine se percibían muy pocas personas, todos hombres solos, mayores en general, fumando y avivando los escasos momentos eróticos de la película. 

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El cine, entre la religión y el laicismo

por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Si hay un lugar donde la guerra cultural entre la iglesia y el laicismo tuvo importancia desde el principio, fue el cine. La Iglesia era consciente de que los templos se vacían, que las salas de cine eran la competencia y, por lo tanto, hicieron todo lo posible por llevar los púlpitos a dichas salas, una conquista eclesial que todavía se impone como una tradición, sobre todo durante la Semana Santa.

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Dónde se equivoca el movimiento contra la psiquiatría sobre las enfermedades mentales

por Madeleine Ritts

La salud mental es evidentemente difícil de categorizar o definir. Después de más de dos siglos de estudio, apenas estamos cerca de conseguir explicaciones satisfactorias -científicas o de otro tipo- para las diversas formas de malestar y perturbación psíquica que pueden experimentar las personas.

La dificultad para comprender el sufrimiento psicológico se ve agravada por el hecho de que las adversidades sociales y personales -como la pobreza, la desigualdad, la precariedad económica y las experiencias de violencia o abuso- influyen significativamente en nuestra salud mental. Y, sin embargo, la experiencia de traumas semejantes afecta a los individuos y a su salud mental de manera diferente. ¿Por qué algunos supervivientes de la guerra desarrollan síntomas de estrés postraumático y otros no?

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Poema de Juan García Brun: «El hechizo»

El príncipe mueve las manos en círculos, en la oscuridad. No duerme, no se viste y grita dando lugar a la lluvia que antecede a la nieve. Estentóreas, las olas le responden sacudiendo los arrecifes y la que fue su nave se pierde entre la espuma, despedazada. Ni las estrellas ni la luna presencian ese naufragio final. Terco, al hablar pone las manos sobre los hombros y bajo sus nobles párpados se representa el abismo que oculta ese mar en que sus capitanes han entregado las almas. De rodillas ruega, suplica. Sabe que aún la tempestad le permite ser oído.

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«Melancolía y cultura»: Para entender las emociones de un mundo complejo

por Martín Parra Olave

Subtitulado «Las enfermedades del alma en la España del Siglo de Oro», este ensayo del investigador mexicano Roger Bartra, que cuenta con cerca de 300 páginas y el cual se encuentra dividido en tres extensos, pero muy interesantes capítulos, hace un recorrido antropológico por las ruinas de la «saudade» imperial hispana, con la esperanza de vislumbrar en aquellos espacios olvidados parte del malestar que hoy cruza nuestra sociedad.

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«El poder del perro»: La obra maestra de la genial Jane Campion

por Horacio Ramírez

Para una película ambientada en el noroeste norteamericano —Montana—, y filmada en Nueva Zelanda, en el valle de Ontago, y producida por Nueva Zelanda, Australia, Reino Unido y Canadá, podemos permitirnos el desliz de iniciar nuestro análisis en las arenas de Gizeh, en Egipto. Es sabido que la Gran Esfinge tiene tres períodos de construcción: el más antiguo —de datación incierta— que corresponde al cuerpo; le sigue la cabeza, que fue reducida en sus dimensiones para poder tallar la cara de un faraón —presuntamente, Kefrén— y la más reciente que son las garras como de león, construidas por los romanos.

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«Tetralogía científica»: ese clásico moderno llamado John Banville

por Eduardo Suárez

En este imprescindible volumen la editorial Alfaguara publica en un único libro cuatro novelas del escritor irlandés —un eterno candidato al Premio Nobel de Literatura— y las cuales permanecían descatalogadas y en la práctica inubicables en español: «Copérnico», «Kepler», «La carta de Newton» y «Mefisto».

La editorial Alfaguara ha reunido, en un solo volumen, cuatro novelas del escritor irlandés John Banville (Wexford, 1945) que han permanecido descatalogadas hasta ahora. Banville, de quien dijo el crítico George Steiner que es: «el escritor en lengua inglesa más inteligente, el estilista más elegante…», publicó, entre 1976 y 1986, una serie de textos donde los científicos se erigen en protagonistas.

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Miguel Hernández: «Cuatro cartas»

Estas cartas del gran poeta alicantino fueron dirigidas a Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca y Pablo Neruda. En abril de 1939, tras la caída de Madrid, Hernández intentó huir a través de la frontera con Portugal, pero fue detenido en Rosal de la Frontera (Huelva). Allí permaneció en prisión hasta el 17 de septiembre de 1939. Cinco días antes escribió a su esposa, Josefina Manresa, la cuarta carta que reproducimos. Su suerte no duró mucho. Cuando regresó a Orihuela para reunirse con su familia, la policía franquista lo detuvo nuevamente. En enero de 1940, fue condenado a muerte; en junio de 1940, la sentencia fue conmutada por una pena de treinta años. Tras pasar por cárceles de Madrid, Palencia, Ocaña y finalmente Alicante, falleció de tuberculosis el 28 de marzo de 1942. A los 31 años.

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«Blues de la gran ciudad»: La musical Turín de Cesare Pavese

por Amanda Chang Pagés

La casa impresora chilena e independiente NoteBook Poiesis, en su Colección GreenNote, ofrece una versión bilingüe en italiano y castellano de este libro fundamental en la bibliografía del autor peninsular, gracias a una edición a cargo del escritor y académico nacional Luis Cruz-Villalobos.

A la edad de 21 años, el escritor piamontés Cesare Pavese (1908 – 1950) agrupó una serie de poemas con el título Blues della grande città (Blues de la gran ciudad), la última raccolta unitaria pensada antes de la publicación de Lavorare stanca (Trabajar cansa), su poemario más célebre y el que fuera lanzado recién en 1936.

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Histeria anti rusa: ¿Por qué cancelar a Tchaikowsky?

por Ian Pace

El director de orquesta Valery Gergiev, conocido aliado de Vladimir Putin que apareció en uno de los vídeos de su campaña electoral, ha visto cancelados sus conciertos y contratos con la Metropolitan Opera de Nueva York, con las Orquestas Filarmónicas de Viena y Múnich, la Ópera de La Scala de Milán, el Festival de Edimburgo y el Festival de Verbier, entre otros. La soprano Anna Netrebko, ante la perspectiva de prohibiciones similares, ha cancelado todas sus actuaciones hasta nuevo aviso. Se ha referido con admiración a Putin y ha posado con la bandera de los separatistas ucranianos prorrusos.

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Las películas de madurez de Visconti

por Andrés De Francisco

En las cuatro grandes películas que exploro aquí, sus cuatro grandes películas de madurez [las de la trilogía alemana –La caída de los dioses (1969), Muerte en Venecia (1971) y Ludwig (1972)– y, por supuesto, la que para mí es la cumbre de su filmografía, El gatopardo(1963)], Visconti cierra un complejísimo universo en el que lo estético se entremezcla con lo político, en el que el mal y el bien conviven y hasta se entrelazan formando una unidad inseparable, donde la sofisticación no logra enterrar a lo grotesco, donde la muerte se convierte en anhelo y donde la risa puede cumplir funciones disolventes y casi revolucionarias.

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Giordano Bruno y la «egiptomanía»

por Luis Cortés Riera

Las extravagantes ideas del filósofo y teólogo italiano quemado vivo en 1600 y los hermetistas son poco conocidas, pues su juicio por la Inquisición y su muerte en la hoguera han llegado hasta nuestros días por otras de sus creencias: postular un Universo infinito y la pluralidad de mundos habitados, ideas que habrán de recibir el aplauso del astrofísico británico Stephen Hawking durante el siglo XX.

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César Vallejo: «Una reunión de escritores bolcheviques»

Me costó trabajo y mucho tiempo dar con la casa de Kolvasief. Leningrado es, después de Londres, la ciudad más extensa de Europa. Añádase la actual deficiencia de los medios de transporte urbano, el desconocimiento que de la ciudad tiene  el recién llegado y, lo que es más grave, su ignorancia del ruso, y ya podrá imaginarse el lector lo difícil que resulta para el extranjero dar por sí mismo con un punto cualquiera de la urbe. Más todavía. La numeración de las casas de Leningrado obedece a un orden y progresión tan esotéricos e inextricables, que sólo los iniciados pueden seguirla y servirse de ella. Por fortuna, encontré a tiempo al crítico literario Vigodsky, que  asistía también a la reunión de escritores bolcheviques. Y  Vigodsky vino, asimismo, a guiarme por otro laberinto: una vez en casa de Kolvasief, había que orientarse en la numeración de los departamentos y habitaciones, que es mucho más compleja y minuciosa que la de la calle. Leningrado no sufre de la crisis de alojamientos de que padece Moscú, pero tampoco hay allí abundancia de casas[1]. La población cabe a las justas dentro del actual perímetro urbano, y para prevenir inesperados conflictos y desórdenes derivados del creciente acercamiento entre la ciudad  y el campo —acercamiento provocado por la política de socialización integral del Soviet—, se ha organizado rigurosamente   y   en   sus   más   mínimos   detalles   el régimen domiciliario. De aquí que cada casa resulte una colmena, a causa de la minuciosidad, orden y regularidad de su parcelamiento.

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La industria cinematográfica se une a la campaña antirrusa: ¿A qué se están apuntando?

por David Walsh

Varios funcionarios de la industria cinematográfica mundial y de festivales de cine se han tropezado consigo mismos en los últimos días para unirse a la histeria antirrusa. Individuos y organizaciones que permanecieron en silencio mientras sociedades enteras eran dañadas o destruidas por las bombas, misiles y ataques con aviones no tripulados de EE. UU. y la OTAN han cobrado vida repentinamente y han descubierto una “agresión militar inaceptable”.

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Cuento de H.P. Lovecraft: «El extraño»

Infeliz aquel a quien sus recuerdos infantiles sólo traen miedo y tristeza. Desgraciado aquel que vuelve la mirada a las horas solitarias en vastos y lúgubres recintos de cortinas marrones y alucinantes hileras de antiguos volúmenes, o a las pavorosas vigilias a la sombra de árboles descomunales y grotescos, cargados de enredaderas, que agitan silenciosamente en las alturas sus ramas retorcidas. A eso me  destinaron los dioses,  a mí, el aturdido, el frustrado, el estéril, el arruinado y, sin embargo, me siento extrañamente satisfecho y me aferro con desesperación a esos recuerdos marchitos cada vez que mi mente amenaza con ir más allá, hacia el otro.

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The Batman: yo soy la venganza

por José Martín

Parece que cada nueva película que se estrene sobre Batman, el personaje creado por Bob Kane y Bill Finger para DC Comics, lo hace con el hándicap de tener que ser comparada con la versión ofrecida por Christopher Nolan en su magnífica trilogía protagonizada por Christian Bale. Concretamente, El caballero oscuro (2008), la segunda entrega de la misma, ostenta la fama de ser la mejor aventura que ha tenido como protagonista al hombre murciélago, pero, como en todo, la subjetividad puede hacer que cada tipo de público se decante hacia su Batman favorito. Los nostálgicos y fanáticos del universo gótico de Tim Burton se quedarán con Michael Keaton, mientras que los seguidores de la pirotecnia de Zack Snyder aplaudirán a Ben Affleck.

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Los 100 años del «Ulises» de Joyce: un debate abierto e imposible

por Omar Pérez Santiago

En 1932 el famoso psiquiatra Carl Gustav Jung definió a la obra que en febrero de 2022 celebró el primer centenario de su lanzamiento como «perturbadora», y dueña asimismo de un «nihilismo infernal». Desde entonces, parece que la novela del autor irlandés es la predilecta de los humanistas y cientistas sociales que auscultan en las zonas oscuras, en los demonios interiores y en los deseos reprimidos de los seres humanos.

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Cuento de Juan García Brun: «Verwildert»

El deslumbrante resplandor que definía el contorno de la montaña provenía de una cárcel imperial. Más abajo, pequeñas quebradas eran delineadas suavemente por la iluminación interior de las viviendas: una línea irregular y contradictoria de dinteles y perfiles asustados, oteando en la dirección en que hacíamos fuego.  El jefe, a quién llamábamos «El Rey», nos indicó que debíamos soltar los caballos y proseguir la operación armados de mazas, puñales y cadenas. 

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La historia de «Hand. Cannot. Erase.» de Steven Wilson

por Jerry Ewing

Diciembre de 2003: Faltan unos días para Navidad. En su dormitorio del norte de Londres, Joyce Carol Vincent acaba de regresar de un viaje de compras en Wood Green. Enciende la calefacción para desterrar el amargo frío de diciembre y enciende la televisión para tener compañía antes de contemplar los regalos de Navidad envueltos que se encuentran frente a ella.

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Cuento de Samuel Rodríguez: «El mundo en llamas»

Padre Nuestro que estás en los cielos,
Con las golondrinas y con los misiles,
Quiero que vuelvas antes de que olvides
Cómo se llega al sur de Río Grande.

Mario Benedetti.

He muerto en el infierno 

—le llamaban Passchendaele-.

Sigfried Sassoon

Miles de cuerpos caían atravesados por las balas, devorados por las ratas, abatidos por el odio de una furia al límite. La locura se apoderó de nosotros. El mundo estaba en llamas.  

Hemos perdido la juventud, pero también la cordura, y también los deseos de vivir.  Estábamos tan despreocupados, y sin embargo al borde del infierno. Nos sentíamos seguros. Nadie nos dijo la verdad: éramos frágiles. 

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Memorias sobre un sandwich chileno: «El Especial» y su lógica fase superior, es decir «El Completo» o «Completeins»

por Mauricio Redolés

¿Cuándo Chile comienza a ser Chile?. ¿Qué es Chile?. ¿Dónde empieza y dónde termina Chile?. Y la más común pregunta sobre nuestra identidad: ¿Cómo somos los chilenos?. Creo que el Completo arroja una serie de buenas claves sobre nuestra identidad.

Lo primero es que tantas preguntas sobre nuestra identidad, creo, tienen que ver con una cierta presunción de ser distintos a nuestros vecinos. Ilusión o realidad aumentada en las últimas décadas por la situación económica, presuntamente boyante de los chilenos. Lo que ocurre es que, sin tomar en cuenta esa posesión colonial llamada Isla de Pascua, ni aquellas inmensas pampas que tienen una vida, una cultura absolutamente distinta al centro, es decir, el Altiplano y la Patagonia, Chile «del centro» (por decirlo de algún modo), está bastante aislado del mundo, incluyendo en el mundo al resto del territorio nacional.

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Christoph Haizmann, el pintor que hizo pacto con el diablo y se practicó dos exorcismos

por Juan García Brun

Christoph  Haizmann únicamente deseaba ser reconocido por la actividad que más le gustaba hacer. Desde joven demostró una afinidad para las artes plásticas, al asistir al recinto religioso de su pueblo natal podía pasar horas observando los retablos que demostraban la grandeza de la santísima trinidad y el terrible destino que le esperaba a los pecadores. Siempre tuvo un interés hacia estos últimos, no podía entender cómo había personas que cometían actos horrendos a pesar de saber la suerte al que se enfrentarían en el destino final.

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Karto por siempre: que la tierra te sea leve

por Juan García Brun

Con incredulidad el día de ayer leímos en la cuenta de Facebook de Karto el siguiente texto «Queridos amigos: Los que escribimos este mensaje en representación de nuestro amado Karto, somos sus hermanos y sobrinos, quienes nos vemos en la dolorosa posición de entregarles una dura noticia. Durante esta mañana, Karto ha dejado la tierra de los vivos y se aventura a cruzar el río que nos separará hasta el siguiente encuentro. Nos queda el consuelo de saber que se fue de este mundo tranquilo, sin dolor y en sueños. Mañana, sábado 26 de Febrero a las 15:30 horas en el Parque del Recuerdo de Huechuraba (Américo Vespucio 555) realizaremos su despedida. Sean bienvenidos todos aquellos quienes se quieran despedir de él.Estamos seguros que en su repentina partida el se supo amado y querido por todos ustedes».

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Muerte y vida de Yukio Mishima

por Mariano Díaz Barbosa

Cinco hombres de uniforme entran a la oficina del general. El que los conduce lleva una espada japonesa, una katana. El general los invita a sentarse. No hay el menor rastro de animosidad de uno hacia los otros, ni de sumisión de los otros al uno. El general, vestido de civil, observa la katana, y más allá de que está envainada, sabe, por haber sido oficial durante la Segunda Guerra (época en que los oficiales llegaron a arruinarse para conseguir una espada auténtica, forjada por los maestros de épocas anteriores), que la espada es un tesoro. Pregunta al que encabeza al grupo si puede verla. El hombre desenvaina la hoja y se la alcanza. Para comprobar la calidad del templado, el general acerca la espada a una fuente de luz. Hay algo fuera de lugar. La hoja no está limpia, le queda un resto del aceite que se usa para lubricarla. Pide un pañuelo. Es la señal que los cuatro acompañantes han esperado.

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Jorge Teillier se encuentra con Pablo de Rokha: «Comer y beberse en Chile»

Permítaseme recordar un atardecer de verano en Lautaro, mi pueblo natal, veinte años después de que ocurriera esta escena. Ritualmente salíamos al atardecer a caminar por el pueblo donde ahora sólo me podría acompañar “el buen crepúsculo/ ese único amigo que me queda” (cito a Nicanor Parra). Salíamos con mi hermano Iván, mi padre, Liro Mancilla, y el actual traductor de Esenin, Gabriel Barra, al puente de Cautín para llegar a la última casa del pueblo y luego tomar unas cervezas en el Club Conservador. Ahora bien, caminábamos cuando siento el brusco frenar de un auto (una ranchera) y de él apareció entre la vaga neblina del crepúsculo Pablo de Rokha. “Compañero Teillier –me dice– vengo desde Los Ángeles muerto de ganas de comerme unas patitas de vaca”. Mientras me restregaba la mano dolorida por su vigoroso saludo lo presenté a mis acompañantes. Mi padre me llamó aparte. “El único lugar donde podríamos ir a comer patitas es donde doña Margarita, pero no creo que al poeta le gustaría ese ambiente”, me dijo. “Es el mejor ambiente donde lo podrías invitar”, le respondí. A él no le gustan las cosas siúticas ni pitucas, es popular. Doña Margarita era dueña de una frutería en el barrio Cuyaquén, al lado de la vía férrea. Su hijo era llamado “El caimán” y su esposo era un ciego gigantesco que habitualmente oscilaba entre la embriaguez parcial y la completa y una de cuyas habituales ocupaciones era la de lanzarle piedras al tren de carga de las cuatro que le interrumpían la siesta. Su sueño era sagrado. La frutería era en realidad una especie de pantalla. Lo importante no era ir donde doña Margarita a comprar frutas, sino acceder a su sanctasantorum, la trastienda en donde sus conocidos probaban los frutos de su buena mano. Privilegiados conocidos: el alcalde, el gobernador, el oficial del Registro Civil y hasta el sargento de carabineros encargado de controlar el clandestinaje, que jamás sacaba un parte donde doña Margarita.

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Cuento de Ray Bradbury: «La mezcladora de hormigón»

Las voces de las brujas susurraban como hierbas secas debajo de la abierta ventana.

-¡Ettil, el cobarde! ¡Ettil, el renegado! ¡Ettil, que no quiere participar en la gloriosa guerra de Marte contra la Tierra!

-¡Os escucho, brujas! -gritó Ettil.

Las voces descendieron hasta convertirse en un murmullo como el del agua en los largos canales bajo el cielo marciano.

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