Argentina: el «verso» de la prohibición de los despidos

por Rolando Astarita

El 31 de marzo el gobierno nacional emitió un decreto de necesidad y urgencia por el cual por 60 días se prohibieron los despidos “sin causa justa” o que tuvieran por causales la falta o disminución de trabajo. También prohibieron las suspensiones por los mismos motivos. Aunque con la salvedad de estar exceptuadas las pactadas entre el sindicato y los trabajadores “y se basen en fuerza mayor”. El 8 de junio el gobierno prorrogó la prohibición por 60 días. La medida fue saludada por la CGT y la CTA y por buena parte de la izquierda nacional. Por supuesto, se señalaron insuficiencias – por caso, los trabajadores informales, más del 35% de la fuerza laboral, quedó fuera del decreto; además de las suspensiones “pactadas” – pero se lo consideró un paso en el sentido de que “la política le marque el paso a los grandes grupos concentrados”. Alguno incluso sugirió que, a fin de dar más fuerza a la medida, se debería establecer por ley que “preservar las fuentes de trabajo es prioridad absoluta [absoluta, faltaba más] del Estado”.

Pues bien, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) 185.000 trabajadores registrados perdieron sus empleos en abril. La caída de empleos de los trabajadores informales seguramente también fue muy elevada. A lo que se suman las innumerables suspensiones, acompañadas de rebajas salariales. Pero… ¿no era que la política domina a la economía? ¿Y que un gobierno “con sensibilidad popular” protegería el empleo? ¿Qué ocurrió? ¿Nos falló la “sensibilidad” de AF? ¿O le está faltando coraje, como se cuestiona un seguidor de Francisco? Son las preguntas habituales de los “amigos del pueblo”, que analizan los fenómenos sociales con los lentes del subjetivismo. De ahí también la historia de cambiar fusibles en las “altas esferas de la política” para que todo siga más o menos igual para la gente común.

El enfoque materialista del marxismo

El enfoque del marxismo es opuesto al de los “amigos del pueblo”. Parte de un análisis científico de la sociedad, con centro en las fuerzas productivas y las clases sociales. Como escribía Lenin, refiriéndose a Marx, este no se limitó a juzgar y condenar al capitalismo, sino estudió sus leyes de funcionamiento y desarrollo, demostrando “la necesidad de la explotación [del trabajo] de semejante régimen” (“¿Quiénes son los amigos del pueblo?”, Obras Completas, t. 1, p. 168, Cartago). En el mismo sentido se refiere “al método científico en sociología, consistente en considerar a la sociedad como un organismo vivo… para cuyo estudio es necesario realizar un análisis objetivo de las relaciones de producción que constituyen una formación social determinada, estudiar las leyes de su funcionamiento y desarrollo” (p. 176).

Es la idea que expresa Marx en el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política: las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la evolución general del espíritu humano, sino radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto Hegel resumió bajo el nombre de sociedad civil. Y la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la Economía Política. En la producción los seres humanos contraen determinadas relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas. El conjunto de esas relaciones forma la estructura económica de la sociedad. Esta es la base sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política, a la que corresponden determinadas formas de conciencia. El modo de producción de la vida material condiciona la vida social, política y espiritual. Y cuando hablamos del modo de producción nos referimos a todas sus “unidades”. No se trata solo de “los grandes grupos económicos”, sino del capital en todas sus formas y tamaños.

Pero si el modo de producción condiciona la vida política; si la explotación es una necesidad del sistema capitalista; si el capital basa su poder económico y social en la propiedad privada de los medios de producción; y si el Estado en la sociedad capitalista no puede no ser capitalista, ¿cómo se puede anular el crecimiento de la desocupación, en medio de una depresión económica, mediante leyes, sin cambiar las relaciones sociales que son el fundamento de esas mismas leyes? Un análisis mínimamente serio nos muestra que el capital domina a través de decenas y centenares de miles de relaciones de propiedad sobre los medios de producción y de cambio. ¿A quién se le puede ocurrir que los efectos de la depresión, que entra hasta el último rincón de la sociedad, se van a anular con decretos?

En definitiva, estas medidas “vende humo” solo llevan a la frustración y a reciclar el control de burócratas y arribistas sobre las masas populares. Por eso los que andan con estas panaceas nunca hacen balance. En ellos todo es relato del relato del relato. “Verso” como también se le dice. Es necesario que la izquierda – y en primer lugar la que se reivindica del marxismo – enfrente esta ideología que solo contribuye a mantener las cadenas del trabajo asalariado.

(Visited 43 times, 1 visits today)