Entrevista a Octavio y Andrea Gana, creadores de Delight Lab: “No nos acomoda estar en espacios de elite”

por Carla Alonso

Son artistas lumínicos, hermanos y socios en Delight Lab, un estudio de diseño audiovisual y experimentación en torno a la luz, el video y el espacio. Octavio Gana (36) y Andrea Gana (34) fueron las cabezas creativas, junto a Marco Martínez, detrás de las proyecciones lumínicas en el edificio Telefónica, durante el estallido social. “¡Dignidad!”, “Chile despertó”, “¿Dónde está la razón?” o “El derecho de vivir en paz”, fueron algunas de las consignas que los santiaguinos vieron en vivo o leyeron cada noche, vía redes sociales, durante el toque de queda. Luego, intervinieron lumínicamente otros lugares emblemáticos como el Congreso, en Valparaíso, y los Tribunales de Justicia y la Torre Entel, en la capital. Una suerte de “activistas de la luz”, como se los ha llamado, que además de sus proyectores usan la palabra.

Pero Delight Lab ya había estado antes en Plaza Dignidad con la proyección del rostro de Camilo Catrillanca, en noviembre de 2018. El estallido social del 18-O, sin embargo, los llevó a aparecer en los diarios de circulación nacional.

¿En qué los modificó esta experiencia? ¿Cómo planean volver al espacio público post cuarentena? ¿Por qué creen que el arte tiene un sentido funcional? Aquí, sus reflexiones.

Debido a las intervenciones de Delight Lab en el edificio Telefónica, durante el estallido social, se ha dicho que hacen “activismo lumínico”. ¿Les acomoda ese rótulo?

Octavio Gana (OG): Nos acomoda ese rótulo para algunas actividades que hacemos, pero no queremos que nos vean como que sólo hacemos eso. Encontramos que es un buen rótulo porque para ese tipo de acciones funciona y funciona bien. También nos dijeron que hacíamos  arte-vismo, como activismo desde el arte, y nos pareció que si nos metemos en el mundo de las definiciones, está bueno. Es nuestra principal materia prima, no la única, pero la principal.

Andrea Gana (AG): Sí, nos gusta. Pero estoy de acuerdo con Octavio en que no es lo único que hacemos y que nos caracteriza. También creamos obras de autor, conciertos audiovisuales, organizamos Küze Festival de Luz, trabajamos en artes escénicas y museografía.

Efectivamente, como Delight Lab realizan mapping en fachadas de museos, artes escénicas, instalaciones en museos, dos festivales relacionados con la luz.

OG: Sí, en realidad esta veta para nosotros empezó súper fuerte desde la proyección que hicimos por el asesinato de Camilo Catrillanca, en Plaza Dignidad.

¿Eso marca un punto de inflexión para ustedes, respecto al trabajo que venían haciendo?

OG: Sí, porque nos empezamos a tomar un poco más la ciudad sin pedir permiso y desde un ímpetu mucho más poético y artístico. Era algo que queríamos hacer hace tiempo y que habíamos realizado antes con otras demandas sociales y medioambientales, como Patagonia sin represas y con los estudiantes, en 2011. Pero con la proyección de Camilo Catrillanca comenzó a sintonizarse también con la sociedad y a repercutir después en redes sociales a través de la viralización, a partir de fotografías.

Octavio habla del ímpetu artístico y poético, pero también está la decisión de entrar a la contingencia nacional, a la agenda social y política, desde el trabajo de Delight Lab.

AG: Nos interesa el lenguaje reflexivo, los juegos de palabras. También es bueno recalcar que los soportes donde proyectamos tienen un segundo mensaje, un sentido. Ahí aparece la categoría artística de site specific, es decir, que están pensadas para lugares específicos. Los lugares tienen un valor y cada propuesta se adapta a ese lugar. Por ejemplo, la Telefónica es un edificio de comunicaciones en el epicentro de las manifestaciones. Cada uno tiene su carga y mensaje. Según el contexto no es lo mismo proyectar un mensaje en uno que en otro.

OG: Totalmente. Nos sentimos como artistas que tenemos cosas que decir. Por lo mismo hemos ido adoptando esta estética y esta poética. No caer en el hashtag, en lo obvio, porque para eso están todas las redes, donde hay mucho letrero. Entonces es poder llegar un poco más allá, hasta dónde podamos extender la resonancia, y seguir ampliando el marco imaginario que existe para las demandas y lo que queremos que sea el país en el cual vivimos.

En ese sentido, las frases que usan para las proyecciones no son obvias. Se nota que hay una búsqueda desde el punto de vista del lenguaje.

Crédito Foto: Juan Valdivieso

OG: Sí, además que es volver a la palabra. Siempre se nos asocia a espectáculos de mapping que tienen mucho de efectismo. Entonces aquí el impacto viene desde la escala y de ser muy precisos en la palabra. Nos agarramos un poco del trabajo que hizo Raúl Zurita, entre otros, que trabaja la palabra mucho más allá de los libros: se va tomando la ciudad y el paisaje para poder extender el trabajo poético-artístico. La gracia es que, en este caso, está súper en sintonía con la contingencia y se potencia mucho con la viralización en redes sociales. No queda sólo para el espectador que lo vio ahí. Nuestro trabajo tuvo una repercusión muy poderosa en redes que hizo que se convirtiera, quizás, en uno de los referentes artísticos del estallido. Uno de muchos.

Cuando uno veía los mensajes durante el estallido social, eran una especie de “guardianes de la luz”. ¿Qué buscaban transmitir inicialmente con estas intervenciones lumínicas urbanas y cómo eso fue evolucionando y tomando su propia forma?

AG: Nació medio espontáneamente. Así como cada persona agarró su cacerola y comenzó a tocar, nosotros nos agarramos de lo que teníamos. Tomamos nuestra materia prima, que es la luz, como una forma de intervención artística. Fueron días difíciles, intensos, de pensar cada día minuciosamente qué queríamos proyectar. Hubo muchos debates y conversaciones, y a su vez mucho impulso y adrenalina.

OG: Nace desde un grito de demanda de justicia que sentíamos que estaba ocurriendo. Teníamos las herramientas, las ideas y pensamos ”¿Cómo nos vamos a quedar encerrados haciendo nada?”. Lo mínimo que podíamos hacer era participar, con nuestras herramientas e ideas, de lo que estaba pasando en el país. Decidimos participar apoyando el movimiento, pero también dimensionándolo un poco más. Sentimos que era un movimiento social, pero también artístico y muy transversal a todas las personas. Nos interesaba no quedarnos callados, inspirar a otros y después veríamos lo que iba a pasar. No es que lo hubiéramos planeado, nadie pensó que iba a pasar lo que pasó. Hay que ver qué sucede ahora. Se tuvo que detener hasta nuevo aviso.

¿Cómo realizaban en la práctica las proyecciones? ¿Cómo se definían las frases?

OG: Estábamos todo el día haciendo la inteligencia de la acción que íbamos a hacer en la noche: cuál iba a ser la frase, el lugar y cómo lo íbamos a ejecutar. Tuvimos que ir de a poco perfeccionando y puliendo la seguridad de la acción, porque también teníamos cierto resquemor de lo que pudiera ocurrir. De un momento a otro estábamos como en una dictadura y tampoco podíamos decir que íbamos a hacer, ni donde teníamos los equipos, porque podía pasar cualquier cosa. Estaba todo muy abierto. A nadie le decíamos qué íbamos a proyectar ni dónde, y llegado el momento también apagábamos los celulares. Lo de Telefónica duró una semana y después nos fuimos a recorrer. Proyectamos en el Congreso, en Valparaíso, y en la Torre Entel y en los Tribunales de Justicia. El edificio Telefónica y la Torre Entel representan las telecomunicaciones, que en este momento son privados, pero que en algún momento eran las telecomunicaciones nacionales. Hay también un código paralelo en eso, que quisimos transmitir.

Cuando eligen los lugares desde donde proyectar, ¿van el mismo día, definen la terraza de un edificio, por ejemplo, y piden permiso? ¿O esto requiere una investigación previa para cada locación?

OG: Todas las anteriores (risas).

En las proyecciones para el estallido social trabajaron junto a Marco Martínez como productor. ¿Qué rol tiene cada uno? 

OG: Con Andrea somos un equipo y trabajamos como un colectivo. Para algunos proyectos nos unimos con Marco Martínez, pero para otros no, como el caso de las proyecciones que hicimos en la termoeléctrica de Ventanas, en la región de Valparaíso, antes del estallido social. Ahí proyectamos la frase “Zona de sacrificio” sobre el humo de la termoeléctrica.

¿Cómo es trabajar con un hermano/a? ¿En qué se diferencian y en qué se complementan?

AG: Lo mejor es que tenemos complicidad y una gran confianza en el otro. Con poca comunicación ya sabemos de qué estamos hablando, por lo que nuestra relación laboral es muy expedita. Lo más seguro es que si no fuéramos hermanos, de igual manera estaríamos cerca. Nos diferenciamos y complementamos todo el rato: si bien ambos podemos hacer casi lo mismo que hace el otro, siempre hay algunas cosas que uno o el otro sabe resolver mejor. Cada uno las tiene identificadas, y a su vez siempre nos vamos consultando. Algo que tenemos muy valioso es que nos admiramos y respetamos mutuamente.

OG: Es fantástico, pero tratamos de separar el tema de que somos hermanos y también el hecho de ser socios. Toca la casualidad  que somos hermanos, pero si no lo fuéramos estaríamos trabajando juntos igual. Lo lindo es que compartimos referentes desde la infancia. Desde ese punto de vista es muy enriquecedor.

Desprivatización del agua y conflicto mapuche 

Es interesante que el trabajo de Delight Lab no se restringe sólo a Santiago y que abordan también demandas medioambientales y el conflicto mapuche.

OG: Para nosotros es súper importante poder visibilizar y apoyar la causa mapuche, y la desprivatización del agua. Lo hemos trabajado de forma paralela al estallido social. Son preocupaciones que tenemos y queremos que se corrijan en el país . Nos llaman mucho para distintas demandas, pero no somos los “superhéroes” de todas las causas. Nos vinculamos a las demandas que más nos resuenan. Esas son, sobre todo, el agua y la reivindicación del pueblo mapuche.

AG: Nos llegó con fuerza el caso del río Pilmaiken, en la región de Los Ríos, y lo que pasa cerca de Osorno, dónde están instalando represas y dañando el cauce del río, pasando por un centro ceremonial y cementerio mapuche. Compartimos con una comunidad mapuche y nos tocó tanto este tema, que organicé un evento llamado Pelontuwun, en el Planetario, en Santiago. Fue una experiencia inmersiva y reflexiva, donde parte de las entradas fue en apoyo de esa causa.

¿Los llaman para hacer proyecciones de otras demandas?

OG: Después del estallido social nos estuvieron llamando para un montón de cosas y lamentablemente, aunque en muchas estábamos de acuerdo con las causas, nos limitaba un tema de presupuesto. Y debemos explicar que se necesita pagar algo por esto, porque se requiere logística y nosotros también necesitamos vivir. No es que andemos con un benefactor atrás y podamos dedicarnos solamente a esto. Esto es financiado por Delight Lab.

Democratizar el arte 

El hecho de estar en diálogo constante con la calle, durante el estallido social, ¿en qué los modificó a nivel personal como artistas?

AG: Más que modificarnos, nos reafirmó, potenció y visibilizó más que antes. Pasa que siempre hemos tenido una postura, que es pública, de arte no convencional. Hemos mantenido posturas sociales. Por ejemplo, en 2017 organizamos a pulso el Küze Festival de Luz de Santiago, con actividades de mapping en las fachadas del Museo Nacional de Bellas Artes, en el MAC y en Galería Cima, todo gratuito para la gente. Llegaron más de 12 mil personas. Junto con hacerlo para la gente, nos importaba hacer comunidad desde los artistas lumínicos. Es clave estar unidos.

OG: No nos modificó mucho porque creemos que el espacio artístico es la calle. Hacemos mapping en el espacio público y tratamos de realizar la menor cantidad de eventos privados, porque no es el perfil de Delight Lab. Nuestro foco es hacer cosas en el espacio público o para “gente normal”. Creemos que no estamos trabajando bien para el país si sólo hacemos eventos privados. El arte y la expresión artística se tienen que democratizar. Por lo mismo, trabajamos mucho con municipalidades e intendencias, que quieren hacer proyecciones y contar cosas. Ahí nos sentimos súper cómodos.

¿Cuán relevante es que el diseño audiovisual y experimentación en torno a la luz, el video y el espacio, lo que hace Delight Lab, salga de las galerías y los museos a la calle, y logre conectar con una elite no especializada? 

AG: Buena pregunta. Nos encanta la idea de ser inclusivos, que las barreras del arte se abran y llegue a más personas. Creemos que el público “no especializado” puede reflexionar y ver las cosas desde otras perspectivas, generando debates más variados. No nos gusta el arte de elite, por eso hemos insistido en buscar otro tipo de espacios de arte. Nos acomoda y agrada hacer arte en el espacio público, en la naturaleza, en una fumarola de una termoeléctrica, en una iglesia en desuso, en una azotea de un galpón, por nombrar algunas. Ahora bien, siempre hay excepciones. Depende del contexto y el lugar.

OG: Nos han invitado a muestras en galerías y cosas así, y somos súper cuidadosos con eso porque no nos acomoda estar en espacios de elite. No nos acomodan las galerías de arte por lo mismo, porque al final ¿cuánta gente lo ve? ¿quién lo ve? Hemos hecho cosas en galerías, pero muy aisladas. No es nuestra tónica ni nuestro perfil.

Han realizado experiencias en espacios no convencionales, como iglesias y galpones.

OG: Sí, y ahí tenemos que cobrar una entrada para poder financiar la actividad. En ese caso hemos trabajado sin auspiciadores. Nuestras actividades no tratan de ser eventos de branding de otras marcas. Las personas que asisten son los mismos patrocinadores. Nos encantaría poder hacerlo gratis, pero cuesta dinero poder armar todo. En general, hemos sido súper bien recibidos por la audiencia, las actividades se llenan, como fue el caso de Sonpendular, un concierto audiovisual inmersivo que realizamos en una iglesia en Independencia, en enero de este año. A eso se suman los festivales de luces que hacemos: Küzefulldome, en el Planetario y el Küze Festival de Luz de Santiago, que por el momento está descansando.

Si bien ya estaban en el espacio público con trabajos de mapping y proyecciones, y dirigen el festival Küze, el estallido los lleva a ocupar páginas de diarios como La Segunda, por ejemplo. ¿El rol que tuvieron post 18-O marca un antes y después para Delight Lab? 

Crédito Foto: Juan Valdivieso

OG: A nivel de visibilidad sí y de que somos un poco más conocidos que antes. Pero en nuestro actuar nos sentimos igual que siempre. Seguimos haciendo lo mismo.

En una entrevista en 2019, Andrea dijo que son “artistas activistas” y que “el arte es un arma y tiene un deber en sí de poder hacer posible problematizar y reflexionar sobre la contingencia política bajo una concepción estética”. ¿Tienen una visión más funcional del arte en ese sentido? 

OG: Absolutamente. Cuando se trata de activismo, es funcional-poético. Siempre he sentido que el arte debe tener una funcionalidad.

También trabajan en museografía y en artes escénicas, en obras de teatro y de danza, como fue el caso de La pérgola de las flores y de la obra Emergenz, de la compañía José Vidal. ¿En cuál lugar se sienten más cómodos? 

OG: En la intervención en el espacio público y cuando generamos experiencias para los espectadores, como Sonpendular. En este último trabajaron también Marco Martínez y Sergio Mora-Díaz. Esos son los ámbitos que vamos a seguir desarrollando como autores. El resto son colaboraciones y encargos.

AG: Creo que en todas nos sentimos cómodos. Nos encanta trabajar en museografía y artes escénicas. Desde la museografía aprendemos cosas nuevas de tipo científico, como el coletazo de una ballena o la formación de las cordilleras. A la hora de hacer una instalación museográfica hay mucho que estudiar y aprender.

Desde las artes escénicas se genera otra cosa: una complicidad espaciotemporal. El tema de estar en un “arte viva” es asombroso. Ha sido muy enriquecedor ser parte de la compañía de José Vidal, porque nos da la libertad de experimentar nuestro arte lumínico con otros factores, como la orgánica corporal. También valoramos el trabajo que venimos realizando con los directores de teatro Héctor Noguera, Álvaro Viguera y Moira Miller. Y con Ramón López, director de iluminación y arte.

Pero ahora estamos enfocados en generar, a futuro, nuestras propias experiencias artísticas de autor.

El espacio público en tiempos de pandemia

¿Qué viene hacia adelante para Delight Lab, en circunstancias que el espacio público es un lugar no habitado por fuerza mayor, debido a la cuarentena? 

OG: Creemos que la respuesta que ha dado el gobierno de Chile respecto a la crisis actual ha sido muy nefasta. Por ejemplo, las cuentas básicas, en vez de suprimirlas, se convierten en deuda para el futuro. Que los planes de isapre se sigan cotizando al alza. Creemos que el gobierno no ha entendido nada respecto al despertar de Chile, por lo que estamos esperando que haya un despertar 2.0 este año y queremos seguir participando de eso. Estoy seguro de que cuando se acabe el tema del virus, va a volver con más fuerza.

Además, estamos preparando un concierto audiovisual, en Santiago, que esperamos estrenar durante el segundo semestre de este año. No puedo dar nombres, pero es una obra de inmersión, en un espacio cerrado, relacionada con un tema cósmico.

AG: Durante la cuarentena compartiremos ciertos conocimientos sobre nuestro trabajo. Por ejemplo, esta semana a través de CILUZ, el Centro de Investigación de Luz y Energía, realizamos una charla gratuita sobre fantasmagoría, donde están los orígenes de las experiencias lumínicas.

En estos momentos estamos pensando en obras nuevas, buscando inspiraciones, para seguir renovando nuestro discurso y arte.

¿Cómo viven este momento, desde el 18-O en adelante, a nivel personal?

OG: Es momento de tener mucha convicción y fe en lo nuevo que se va a construir. Tenemos que estar súper abiertos a crear nuevas realidades, para lo nuevo que se viene. Porque estamos cambiándole el significado a todo: a las relaciones sociales, al arte y la política. Tanto con el tema del estallido como con la pandemia. Nos dimos cuenta de que las fronteras están en nuestra cabeza, o del valor que tienen los abrazos. Estamos en súper buen pie para reformular y poner en crisis todo. Tenemos que ser súper creativos para dar lo mejor de nosotros e inventar la nueva civilización. Debemos abrazar este momento.

AG: Nos mantenemos con la mente activa, pensando qué podemos hacer para la gente que está en cuarentena. Creemos que el arte es muy necesario, sobre todo en estos momentos. A nivel personal tratamos de mantener la calma, y tener el sistema inmune arriba comiendo bien, practicando yoga, meditando, leyendo y haciendo música. Es bueno pensar que lo que está pasando ahora nos está ayudando a ver las cosas de otra manera, a revalorar la cercanía, los lugares y las personas. También a entender la fragilidad de la vida y lo necesario que es estar unidos, porque todo depende de cada uno de nosotros.

(Tomado de Culturizarte)