Savonarola: poeta y militante

por Juan García Brun

La vida de Girólamo Savonarola, fue de un combate incesante en contra de la realidad. Oscurantista reaccionario, un republicano teocrático y purista que terminó en la hoguera por haber desafiado el poder de la banca y la incipiente burguesía florentina de los Medici, Borgia y Maquiavelo, la crema y nata del Renacimiento.

Hay quienes, como Nietzsche, ven en este siniestro personaje, por su fanática reivindicación del ascetismo y virtud monacales, un anticipo de la reforma de Calvino y Lutero, un protorreformista que acaba siendo quemado en la piazza della Signoria florentina. Error, gran error, Savonarola venía del pasado, de la gloria del pasado.

Savonarola, no era un hombre, era un choque de trenes. Sus textos, dispersos, segmentados, hoy prácticamente inencontrables en castellano, permanecen ocultos a la solemne sombra de Dante. Su prédicas legendarias aún retumban en los muros de Florencia. Su ironía era portentosa, en un pasaje dice «si buscara la gloria usaría ropas raídas». Todo en él era urgente, terminante y apocalíptico. Hay que buscar esos textos con urgencia.

Hace años leí un texto, que escribió en medio de las torturas que desembocaron en su ejecución en la hoguera, Obscedit me (me obsesiona) que escribió con el brazo derecho, el único que sus torturadores mantuvieron sano para que pudiese firmar su confesión. Fuego puro.

Dice Savonarola, con inequívoca y magnética lírica militante, con una frescura y actualidad que conmueven como deben hacerlo los poetas:

“Me preguntáis en general, cuál será el final del conflicto.
Yo contesto: la victoria. Pero si me lo preguntáis en
particular, os contestaré: la muerte”. 

Girólamo Savonarola (1452-1498)