La peste y las drogas

por Ibán de Rementería

La peste que ha sobrevenido nos ha obligado al confinamiento selectivo o generalizado en nuestros propios hogares, con lo cual los conflictos con los otros y con nosotros mismos en ellos se han exacerbado, soportarlos y soportarnos 24 horas sobre 24 hace la jornada dura, solo con algunos recreos para ir al supermercado o la tienda de la esquina, salir a pasear a los regalones o ir al banco, ir la a farmacia o a la botillería,  hace aflorar muchos asuntos pendientes con ellos y con nosotros mismos.

Eso de caer en la cuenta de los temas pendientes de los otros nuestros con nosotros y hacer las cuentas  de lo que le deben a nuestros corazones y orgullos, así como también asumir lo que nos cobran por lo que ignoramos o herimos, pueden tener malas resoluciones, cuando no pésimas, o el reiterado desplazamiento del asunto o su  eterno soslayamiento; entre  esas malas maneras de hacerse cargo de los asuntos pendientes se destacan: la imposición de la voluntad a los otros nuestros y el empleo de la violencia para conseguirlo, también  el abuso del alcohol y las drogas para “apagar la tele” de nuestras conciencias, es de destacarse que la violencia es el uso del dolor para imponer la voluntad. Esta oportunidad para estar y departir con los nuestros pueden terminar muy mal con otros y nosotros mismos agredidos verbal o afectivamente,  en silencios sobrecogedores e inacciones muy dicientes, más aún rematar  con lesiones  leves,  graves o gravísimas, homicidios, donde las principales víctimas son las mujeres, los niños y los adultos mayores, también en auto agresiones y suicidios ; es de destacarse que la capacidad des inhibidora del alcohol y las otras drogas juegan un rol determinante en la dinámica de esas conductas.

No es asunto de esta opinión ocuparse de la dinámica de la familia actual y de su capacidad de examinarse y confrontarse a sí misma. Aquí solo nos ocuparemos de las drogas, de para qué  sirven y para qué no sirven las drogas.  Cuando aquí hablamos de drogas consideramos al tabaco –la nicotina-, el alcohol, las drogas sometidas a control, tanto sanitario como penal, tales son los  casos del cannabis, la base y el clorhidrato de cocaína,  el opio y sus derivados  como la morfina y la heroína, los psicofármacos de uso médico en el campo de la salud mental, y las drogas de diseño que son derivaciones ilícitas de las anteriores. Entre las drogas también se pueden considerar a la cafeína y la teína, así como un sinnúmero de sustancias naturales psicoactivas, que no es del caso enumerar aquí, asimismo a la azúcar, que puede generar más dependencia  que la heroína cuya ingestión excesiva está causando una pandemia de obesidad con graves consecuencias en la salud pública con la generalización de la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, que se han convertido en las principales causas de muerte.

Para dimensionar al asunto de las drogas en el país podemos entregar algunos datos significativos sobre el consumo de estas, esos que se llaman las prevalencias y sus significados. Según el Gobierno, por medio de SENDA,  las dos prevalencias más significativas son la anual, el consumo en el presente, y la mensual, el consumo de riesgo, por sustancia el porcentaje de las personas mayores de 12 años y menores 65 que han hecho uso de ella son, entre las sustancias ilícitas: para marihuana el anual es 14,5% y el mensual 8,7%, para clorhidrato de cocaína (HCL) 1,1% y 0,4%, para pasta base de cocaína (PBC) 0,4% y 0,2%; entre las sustancias lícitas: para el alcohol el consumo anual es 63,9% y mensual  46,0%, para tabaco 37,9% y 21,2%, pero, téngase presente que el consumo diario de tabaco es hecho por el 19,2% de la población estudiada, no hay droga que genere más dependencia que ésta y es la que causa la mayor mortalidad. En comparación la marihuana no tiene letalidad conocida. En el caso de los psicofármacos solo tenemos información para los usos sin receta médica, la prevalencia anual para tranquilizantes es 1,7% y para analgésicos 1,2%, no tenemos la información para los consumos con receta médica, que todo hace indicar que es muy superior a los sin receta, por lo tanto la información para psicofármacos no es comprable con las drogas ilícita ni con las lícitas.

Las personas que usan tabaco, alcohol, drogas o psicofármacos tienen motivaciones para hacerlo, el asunto no es por qué ellas consumen drogas, sino para qué las consumen, cual es la función de utilidad que tienen las drogas para ellas y ellos, cuales son las necesidades y deseos que son satisfechas y gratificadas en su consumo, qué es lo que las drogas les resuelven. 

La mayor parte de la población que hace consumo alcohol y otras drogas, hace un uso funcional de ellas,predominantemente laboral, los estudios comparativos señalan una mayor prevalencia  del consumo de alcohol y drogas  en los ámbitos laborales que entre la población en general. 

En general, todas las funciones de utilidad en el uso de drogas son una gestión del agobio. Según la Real Academia Española, agobiar es imponer a alguien una actividad o esfuerzo excesivos, preocupar gravemente, causar gran sufrimiento. Las y los trabajadores padecen agobio laboral por sus largas jornadas, bajos salarios, precariedad contractual, etc., a su vez, esas situaciones precarias conducen al endeudamiento lo cual a su vez provoca el agobio financiero, etc. Lo anterior se ve claramente reflejada en la situación de salud de la población laboral institucionalizada, de la otra no sabemos, en 2017 el 50% de la licencias médicas lo fueron por motivos de salud mental, de las licencias por salud mental el 70% lo fueron por trastornos de ansiedad y depresión, mientras que el presupuesto público de salud mental no llega al 3% de presupuesto total de salud. En estos días de la peste, según la encuesta CADEM, el 57% de la población tendría un alto temor a perder el empleo y el 91% tiene una expectativa de empleo muy mala, en términos objetivos el desempleo de abril fue del 8,2% un punto porcentual mayor que hace 12 meses.

Las y los jóvenes hacen consumo festivo de alcohol y drogas, la fiesta es una moratoria de lo cotidiano, lo que se desea es divertirse y estando consciente suspende el sentir y el pensar, para luego de pasado su efecto volver con mayores bríos a la brega cotidiana en los estudios, en el trabajo, en la gestión del hogar y el cuidado de la familia.  Las mujeres hacen consumo eufórico, para poder soportar y cargar con el dolor, con el simple e insoportable dolor de ser mujeres en esta sociedad patriarcal.

Para poder intervenir el consumo problemático de alcohol y drogas podemos tener muchas intuiciones e hipótesis, pero lo que se muestra como lo más prometedor y eficiente es preguntarle a los propios usuarios sus para qué, sus motivaciones para el consumo de esas sustancias. Pero, preguntar por las motivaciones para el consumo de esas sustancias, por la función de utilidad que se le atribuyen a esos consumos podrían ser preguntas delicadas y turbadoras así como llevar a  respuestas confusas y esquivas por los interpelados. Pero como sabemos que una parte significativa de los usuarios de alcohol y drogas han abandonado esas prácticas bien podríamos preguntarles para qué y cómo han logrado dejar de hacer uso de ellas.

Por otra parte, cada vez que referimos el asunto del consumo de alcohol y drogas manifestamos nuestra preferencial preocupación por los jóvenes y adolescentes, esta preocupación además se ha acentuado en estos días de la peste y su confinamiento, entonces bien podemos preguntarnos: 

¿Para qué y cómo importantes contingentes de  las y los jóvenes han abandonado el consumo de alcohol y drogas? Según las estadísticas de SENDA para 2017 entre las y los escolares el consumo de marihuana ha sido abandonado  por el 24,6% de quienes la usaron alguna, varias o muchas veces en su vida, el uso de PBC lo ha sido por el 54,8% de sus jóvenes usuarios, pese a tener la fama de ser la droga más adictiva, el 43,4 % ya no usa cocaína, el 44,5% tampoco ahora usa tranquilizantes, pero solamente el 26,3% ha dejado de beber alcohol, cosa que si hace en el presente el 57,3% de las y los escolares y el 31,1% los hizo en el último mes, no obstante el 42% dejó de fumar tabaco, cosa por la cual tampoco se les ha preguntado.

La disminución del consumo de estas sustancias por las y los escolares entre los años 2015 y 2017 también son significativas, el consumo de marihuana disminuyó en 9,6%, el PBC en 48,1%, el de cocaína en 28,6%, el de tranquilizantes en 9,5% y el de alcohol solamente disminuyó en 9,0%,  en cambio el de tabaco cayó en un 22,9% entre las y los escolares. Esto es significativamente importante porque desde el año 2001 hasta el 2015 los consumos de estas sustancias entre las y los escolares no hizo más que crecer, el de marihuana de 14,8% al 34,2%, creció un 131%. Por qué, en estos tiempos de cambios desde el año 2011, han disminuido los consumos de esas sustancias entre los jóvenes.

Otra buena pregunta es: ¿Cómo hacen las y los jóvenes usuarios no conflictivos de alcohol y drogas para no serlo? En los Estados Unidos de América el National Institute on Drug Abuse (NIDA) estima que solamente el 10% de los usuarios de drogas son consumidores conflictivos. Bien  podemos aplicar ese criterio aquí, para identificar el 90% que no tiene consumos conflictivos de esas sustancias y recabar con ellos la información sobre aquello que hacen para no ser usuarios conflictivos, de sus motivaciones para no serlo, tal vez con ellos no tengamos nada que aprender sobre los factores protectores y de riesgo al consumo de drogas, pero si mucho que aprender sobre los factores protectores y de riesgo al consumo no conflictivo de alcohol y drogas. Aquí no tenemos ningún supuesto que establecer sobre aquello, pero de seguro que ellos si lo saben, sólo con ellos podemos establecer e implementar intervenciones de gestión de riesgo y reducción de daños ante el consumo de alcohol y drogas que sean creíbles y realizables.