Pandemia provechosa

por José Moro

Existe sin duda, entre la clase dominante chilena, la convicción de esta pandemia es tan inevitable como provechosa. Piñera tiene razón cuando señala que se han preparado. No aparece de golpe para ellos. Se ha calculado ya que el número posible de contagios y muertes, y se afirma que, aunque alcanzará niveles altísimos, el sistema mixto de salud del país podrá absorberlos. Cada barbaridad de los voceros de gobierno está inspirada en un plan de cuarentena progresiva que se pliega punto a punto con los intereses de los gremios patronales y las fuerzas represivas. Tienen al Congreso en sesión telemática, mientras los militares y policías cuidan de las instalaciones del poder y la riqueza. Sin un solo juicio por los crímenes cometidos contra el pueblo. Con cientos de presos políticos en las cárceles. Un gobierno que sólo logró sostenerse en la represión, tiene ahora la normalidad tiránica que tanto buscó. Sabe que con el lucro instalado en los sistemas de detección, el libertinaje de las familias patronales y la continuidad de las actividades laborales, los contagios se contarán por miles. Las condiciones de exposición de la población obrera ante la pandemia, sumado al toque de queda y la ola de despidos, amenazan directamente sus condiciones de sobrevida. Pero el cálculo ya estaba realizado. Mañalich ha tenido una habilidad siniestra para hacerlo pasar por desidia y estupidez. ¿Qué provecho puede obtener la burguesía chilena de toda esta situación, si se paraliza y daña duramente la economía, si el gasto fiscal se eleva y las reservas financieras disminuyen?

La actual crisis económica no es algo generado por esta crisis sanitaria ni por la Revuelta de Octubre. Al contrario, el estancamiento de la economía, desde 2011-2013, agudizó ambos procesos y les dio profundidad histórica. La crisis se hizo completamente patente ya en 2018. No llegó inversión a la Araucanía con el Comando Jungla, como tampoco al resto de sectores estratégicos de la economía. La burguesía chilena se fue quedando sin demandantes adicionales en el mercado internacional, restringiendo sus divisas y afectando el tipo de cambio. La industria forestal, pesquera, ganadera, minera y frutivinícola no crecieron, no mejoraron sus ganancias ni su “valor comparativo”. ¿Conclusión? La baja productividad del trabajo social, debido a la ausencia de inversión interna para superar la brecha de dependencia tecnológica e industrial, durante el ciclo previo de bonanza, no permite ahora compensar por más tiempo la caída del valor de la renta diferencial. Ya no es suficiente. No basta con saquear aguas, bosques y fauna, para mantener y elevar la tasa de ganancia del capitalismo chileno. Se obtiene menos ahora con la explotación de los recursos naturales; se mantiene estanco el crecimiento.

Pero existe otra fuente del beneficio, otro componente en la ganancia capitalista: la cuota de explotación de la fuerza de trabajo; y ésta, aunque deficiente en términos de competitividad internacional, es el único refugio posible para las esperanzas del capital chileno. En otras palabras, cuando la renta diferencial del sector extractivista no logra cumplir con las necesidades de crecimiento, y ya no generan suculentos excedentes ni a los patrones nacionales ni a sus símiles transnacionales, entonces, los colmillos del capitalista se vuelven contra la fuerza humana de trabajo.

La crisis sanitaria ha puesto al pueblo en una situación de desprotección límite, de la que no puede liberarlo, momentáneamente, la acción multitudinaria, la huelga de masas. Comienza lentamente a acumular fuerza en los centros de producción, que se resisten a la normalidad criminal de Mañalich. Pero no ha permitido imponer medidas al gobierno. Éste se fortalece, día con día. Tiene a los militares en las calles, como quería. Las violaciones a los derechos humanos siguen impunes. El salvataje de las grandes empresas continúa sin oposición, cargándose al cada vez menor ingreso de los trabajadores. Aumenta la cesantía y la carestía de la vida, se vulneran los derechos laborales, sociales y humanos, se consolidan modos de coerción y superexplotación económica. Y aun así, el gobierno sube en las encuestas. Le creen vencedor de Octubre.

Por fin, la clase dominante ve al pueblo paralizado y controlado como lo quería desde 2018. Si en 2019 su plan de reactivación fue contrarrestado por la protesta y lucha popular, ahora tiene terreno liberado para resolver la crisis histórica del neoliberalismo a costa de la fuerza laboral de la población chilena. No se trata, pues, de un provecho táctico. La situación económica no será favorable en el corto plazo. El país entrará en recesión, en un contexto de crisis estructural de la economía mundial, de sus formas y modos de acumulación, de la fisonomía de sus sectores, de sus perspectivas de desarrollo. El provecho de la burguesía será estratégico. Si la burguesía permite que esta pandemia se extienda por la población, obtendrá perspectivas cada vez más amplias para su reconversión interna y la reubicación de sus capitales en el mercado mundial. Dispondrá del control de toda la masa laburante, dándole mínimas condiciones de subsistencia, e impondrá todos los cambios que requiera la recuperación del capitalismo chileno. El primero de los cuales es generalizar la pauperización y superexplotación de la clase laburante. Tiene para ello el modelo fresco de Pinochet.

La estrategia más provechosa para conducir esta crisis es, para la burguesía, una guerra prolongada y de baja intensidad contra el pueblo. Guerra, porque el “estado de excepción” se ha hecho permanente. La extracción del excedente económico se verá garantizada por la violencia, como viene siendo claro desde Octubre. Prolongada, porque no puede proceder de golpe, debido a la actividad que todavía desarrolla el movimiento de resistencia popular. Finalmente, de baja intensidad, porque no puede introducir un cambio catastrófico y traumático de la economía política, en el sistema de relaciones sociales, sino que debe proceder cuidando su retaguardia productiva y su posición relativa en el mercado mundial. Controlar el tipo de cambio y mantener los niveles de producción preexistentes, son esenciales para sostener la caída de los intercambios comerciales y financieros, así como la alta demanda en gasto público, que trae aparejada la crisis sanitaria; en definitiva, impedir que desfonden y hagan caer más atrás de sus límites históricos, la tasa de ganancia. Esa es la estrategia “progresiva” que se propone seguir la clase dominante.

La normalidad de hoy en día, de este extraño marzo feminista, rebelde y pandémico, no es la del pasado. Es una calma y disciplina forzada por la muerte, después de que ésta ya mostrara su máscara roja durante la revuelta: más de 40 asesinados, cientos de personas mutiladas, violadas y agredidas, miles presos políticos. La paz pandémica es la paz de cementerio que este gobierno ha venido anhelando y gestando, crimen tras crimen. ¿Qué piedad, empatía o sensibilidad se puede esperar de gobernantes que ya han masacrado a su pueblo? ¿Qué bienestar puede esperar el pueblo de quienes le han quitado antes la vida a punta de balas y culatazos? La muerte asecha ahora en las formas más básicas de sociabilidad, en el consumo, en la producción, en el trato cotidiano, en la conversación y en los sueños. Todos son forzados a sacar su tajada personal de bienes de consumo y confinarse en sus casas sin esperanza real en el mañana. Miles sin salario. Miles sin hogar. Millones sin salud, ni educación, ni previsión social. A la espera de la caridad de un estado empresarial, neofascista, contrainsurgente, capitalista hasta la médula.

Así en Chile se refracta la situación mundial. Las burguesías y estados nacionales del mundo, administran esta crisis sanitaria global con la plena consciencia de que les da una oportunidad para forzar a la población obrera que acepte términos de explotación que, sin esta pandemia, no serían capaces de obtener; no sin vencer la resistencia activa de los pueblos contra sus opresores. Pero ahora pueden. Mediante un shock sanitario y económico, una masiva y global obra de ingeniería social contra los intereses y el bienestar de la clase laburante mundial se desarrolla. Ese es el verdadero remedio para el capitalismo mundial. ¿Tendrán Piñera y Mañalich dosis suficientes de esta vacuna mortal, que subyugando al movimiento popular busca salvar al capitalismo chileno de su profunda enfermedad?