Observaciones sobre la historia de la violencia en Chile

por Oscar Orellana

“Es imposible reflexionar sobre la historia y la política (y el suscrito agregaría la economía) sin constatar el importantísimo papel que ha jugado la violencia en los asuntos humanos, por lo que, a primera vista, resulta bastante sorprendente que raramente haya sido objeto de una consideración específica.” (Hannah Arendt, Sobre la violencia, Alianza editorial, 2018). 

“La violencia subjetiva es simplemente la parte más visible de un triunvirato que incluye también dos tipos objetivos de violencia. En primer lugar, hay una violencia “simbólica” encarnada en el lenguaje y sus formas, la que Heidegger llama nuestra “casa del ser”. Como veremos después, esta violencia no se da sólo en los obvios (y muy estudiados) casos de provocación y de relaciones de dominación social reproducida en nuestras formas de discurso habituales: todavía hay una forma más primaria de violencia, que esta relacionada con el lenguaje como tal, con su imposición de cierto universo de sentido. En segundo lugar, existe otra a la que llamo “sistémica”, que son las consecuencias a menudo catastróficas del funcionamiento homogéneo de nuestros sistemas económicos y políticos.” (Slavoj Zizek, Sobre la violencia, Editorial Paidos,2009).

Dejémonos de hipocresías: “Hay cosas que nunca desaparecenEntre ellas se encuentra la violenciaLa modernidad no se define, precisamente, por su aversión a esta.” Así comienza la introducción del libro titulado “Topología de la Violencia” del filósofo coreano Byung-Chul Han (1959-¿?), libro interesante de leer y “conversar con él” (con el libro) por estos días en nuestro país (Chile), donde generalmente se tiene en cuenta la violencia física (material y corporal) que es la más evidente e inmediata, sin hacer mayor referencia a la violencia simbólica, violencia sistemática, violencia estructural, u otras formas de violencia más sutiles.

Frecuentemente, existe la propensión a caracterizar la violencia (definir la violencia) por el uso desproporcionado, impropio o abusivo de la fuerza física por parte de unas personas para dañar a otros seres humanos. El uso de este tipo de violencia alcanzó niveles delirantes con Stalin, el nacismo y las dictaduras militares latinoamericanas durante el siglo XX. Sin embargo, existen otros múltiples tipos de fuerzas (que embrolladas con, o independientes de la fuerza física) se pueden usar desproporcionada, impropia y abusivamente por parte de unas personas para causarle daño a otros seres humanos, dando origen a una acción, hecho, evento, o fenómeno calificable de violento, por ejemplo: el poder o fuerza espiritual, el poder o fuerza mental, el poder o fuerza cognitiva, el poder o fuerza organizacional, el poder o fuerza política, el poder o fuerza económica, y otros poderes o fuerzas.   

Los medios de comunicación, noticieros, personajes notable, y los discursos del gobierno (Presidente y Ministros), muestran y/o mencionan con mayor frecuencia la violencia física (vandalismo, saqueos, violencia de estado, violación de los derechos humanos, violencia sexual, etc.), en desmedro de otros tipos de violencia, como por ejemplo: la violencia de un lenguaje hiriente y ofensivo; la violencia del negacionismo; la violencia del voluntarismo económico y político; la violencia de los abusos económicos; la violencia de la negación de derechos; la violencia del no reconocimiento y aceptación del otro; la violencia del tratamiento injusto; la violencia de la discriminación sexual (o de género), religiosa, política y económica; la violencia de la injusticia social; la violencia psicológica; violencia invisible, discreta, psíquica, mediada, viral; la violencia virtual; la violencia de la mentira; la violencia de los hechos alternativos y la verdad postmoderna; la violencia de la pobreza; la violencia de la publicidad; la violencia de la corrupción; la violencia de las colusiones;  etc. 

Tal vez la violencia física sea la más notoria e importante, pero no vaya a ser cosa que en gran medida esta sea el efecto causado por actos de violencia más sutiles y mutantes de naturaleza político, económico y social. De ser así, se hace necesario categorizar y ordenar causalmente los diferentes tipos de violencia en forma de árbol para efectos de encontrar la raíz o raíces de ella y poder actuar sobre tales raíces de la violencia. Si no es así, entonces habría que investigar si los diferentes tipos de violencia forman un sistema cuyos elementos se co-determinan por medio de relaciones mutuas formando una red compleja (un grafo bidireccional), para posteriormente investigar y determinar la estructura, organización y dinámica del grafo, bajo diferentes intervenciones o perturbaciones político, económico y social, para efectos de educar, domesticar, civilizar, y por qué no sublimar la violencia. Si tampoco es así, entonces el problema de la violencia es más complejo y es urgente comenzar a investigar a la brevedad cual es la estructura y organización de la violencia, porque obviamente no basta con reprimirla y/o encarcelarla y/o rechazarla.      

Si uno toma en serio la segunda parte de la afirmación de Byung-Chul Han (la modernidad no se define, precisamente, por su aversión a la violencia), la pregunta (de buenas a primeras) no es si acaso alguien apoya o rechaza la violencia, si está a favor o en contra de la violencia. Por su puesto que la gran mayoría de los chilenos (en principio) rechazamos y estamos en contra de la violencia y queremos vivir felices y en paz (entre otros anhelos que ha levantado el movimiento ciudadano a lo largo de su historia, incluyendo los del 18 de octubre de 2019 en adelante). Pero otra cosa es preguntarse si uno premia, absuelve o condena la violencia. Esta es una pregunta más difícil de responder, porque, si Ud. no es un pacifista, implica tener respuesta a preguntas previas tales como: (a) ¿Cuándo se justifica la violencia?, (b) ¿Cuándo aplicaría Ud. una acción violenta?, (c) ¿A quién o quienes Ud. le aplicaría una acción violenta y porque motivos?, (d) ¿Dónde aplicaría Ud. una acción violenta?, (e) ¿Porqué Ud. aplicaría una acción violenta?, (f) ¿Cómo aplicaría Ud. la acción violenta?, (g) ¿Cuáles son las consecuencias o resultados de la acción violenta en el corto, mediano y largo plazo?, (g) ¿Según sea el caso, qué nivel de violencia Ud. aplicaría?, (h) ¿De qué tipo de violencia estamos hablando?, (i) Otras preguntas pertinentes. En consecuencia, la respuesta a la pregunta por la premiación, absolución o condena de la violencia  es “depende”. Lo cual implica, (volviendo sobre mis pasos), que la respuesta honesta a la pregunta si se está a favor o en contra de la violencia (o si la apoya o rechaza) también debiera ser “depende”. Ahora, si Ud. es un pacifista consecuente, Ud. no solo debiera rechazar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones y expresiones, sino que además Ud. no debiera practicar ninguna expresión o acto de violencia. Por lo tanto, Ud. no debiera hacerse ninguna de las preguntas anteriores y al igual que Mahatma Gandhi (entre otras cosas) sufrir o soportar la violencia estoicamente y hacerse vegetariano, o naturista o vegano. Pero, la gran mayoría de los chilenos no somos pacifistas, por el contrario, como  muestra la historia de Chile (tanto la aristocrática y elitista, como la social) somos violentos. Rápidamente pasamos de las palabras ofensivas a las “malas palabras” (o garabatos), a los puños, el fierro, el palo, el cuchillo o cortapluma, o algún arma de fuego, sin mencionar (por ahora) la violencia simbólica, sistémico y estructura sociopolítica y económica, que hemos practicado a lo largo de nuestra historia, y que constituye el objeto de los comentarios vertidos en estas notas. Con este realismo, las preguntas se nos transforman en: (a) ¿Cómo educamos, o domesticamos, o civilizamos, o sublimamos la violencia, de modo que no nos hagamos daño a nosotros mismos, ni a los demás, ni a lo demás?, (b) ¿Cuáles son los métodos, maneras, formas, disciplinas, mecanismos, técnicas, etc., que nos permitirían colocarle “montura y rienda” a la violencia, controlarla, y por qué no sublimarla?, (c) ¿Cuáles son los elementos de naturaleza simbólica, sistémico y estructural sociopolítico y económica, que nos permitirían mantener los niveles de violencia bajo control y sublimarla?, (d) etc. Con lo cual volvemos al comienzo. Primero tenemos que estudiar, investigar, clasificar y llegar a conocer nuestra propia violencia, y no me digan que estoy tratando de dilatar la cuestión, porque ya llevamos más de 200 años de convivencia y estamos igual o peor que al comienzo en lo que respecta al conocimiento de nuestra violencia. A mí me parece que tenemos suficiente experiencia, información y datos relacionados con nuestra propia violencia histórica, para hacer una investigación sistemática de ella. Rechazar la violencia es un comienzo, pero tenemos que hacer muchísimo más respecto de ella para controlarla, transformarla, educarla, civilizarla, domesticarla y sublimarla. 

Para efectos de llegar a conocer mejor nuestra propia violencia y sublimarla, tal vez debamos meditar, o practicar uno o varios deportes, o practicar artes marciales, o cultivar el sentido del humor, o hablar y escribir sobre ella profusamente científica y vulgarmente, o todas las anteriores. Lamentablemente, estas actividades demandan espacio, tiempo y recursos, que no todos tienen, porque ahora todo tiene un precio, todo está en el mercado, “no hay almuerzo gratis” dicen los gringos. 

Que yo sepa, no existe ninguna parte del mundo donde no haya violencia. Pero, existen sociedades que son menos violentas que otras y perfectamente podríamos tener un ranking mundial que ordene las sociedades humanas de la menos a la más violenta. Por ejemplo, la sociedad canadiense en la actualidad es muchísimo menos violenta que las sociedades chilena y estadounidense. Entonces, uno debiera preguntarse (por ejemplo): ¿Por qué la sociedad canadiense es menos violenta que la sociedad chilena?, ¿Qué factores o elementos simbólicos, sistémicos y estructurales sociopolíticos y económicos, hacen que la sociedad canadiense sea menos violenta que la sociedad chilena?, ¿Qué factores o elementos simbólicos, sistémicos y estructurales sociopolítico y económicos le permiten a la sociedad canadiense controlar mejor la violencia que la sociedad chilena?, etc. Es decir, no es una mala idea comenzar a hacer estudios e investigación comparativa de la violencia en nuestro país v/s otros países y sociedades.         

En este escrito trataré de no “empatar”, porque si revisamos la historia de la violencia en Chile es “imposible empatar”. Además, el intentar “empatar” respecto de la violencia, como se ha hecho costumbre entre la clase política de este país, no nos sirve de nada, excepto tal vez para defender posturas ideológicas o doctrinas pasadas de “moda”, o generar una cortina de humo y de ese modo distraer a la ciudadanía para mantener y ocultar intereses y privilegios. De lo que se trata es de abrir un dialogo sin tapujos y en toda su amplitud sobre la violencia, para entender como se transforma, o muta, o evoluciona, y a partir de ahí proponer soluciones. Por cierto, este es un objetivo muy ambicioso y aquí solo se intenta abrir el diálogo, porque esta es una “pega” de largo plazo, y de especialistas y profesionales en el tema: sociólogos, psicólogos, filósofos, historiadores, antropólogos, arqueólogos, etc.  

La forma, manera o modo en que se expresa la violencia ha cambiado a lo largo de la historia, y según el tipo de sociedad en que se vive, esta (la violencia) adquiere propiedades y características diferentes (ver: “A Criminal History of Mankind” by Colin Wilson, Ed. Granada, 1984). Los patrones de la criminalidad cambian de una edad a otra (de una época a otra, de un periodo histórico a otro), y las propiedades o características de la violencia también cambian de un lugar a otro (de una sociedad a otra), por lo tanto es imprudente hacer generalizaciones acerca de la naturaleza humana sin especificar de qué periodo de la historia estamos hablando y sin especificar qué sociedad o lugar estamos considerando. 

Por ejemplo, la proposición “no se puede cambiar la naturaleza humana” se basa en una falacia. La naturaleza humana comenzó a cambiar alrededor de medio millón de años atrás, cuando el cerebro humano (por alguna razón desconocida) comenzó a crecer mucho más allá de sus necesidades y ha estado cambiando desde entonces. En “El mito del hombre allende la técnica”, José Ortega y Gasset (filósofo español, 1883-1955) nos cuenta un mito (que probablemente el suscrito tergiversa un poco, pero no mucho), según el cual el hombre es descendiente de un mono que vivía en una zona pantanosa y pestilente rica en bacterias y microbios, resultado de lo cual este mono se afiebro, lo cual a su vez le genero una hiperfunción e hiperactividad cerebral (exceso de imaginación entre otras cosas) y el consecuente crecimiento del cerebro. 

Lo que es claro es que el ser humano tiene la propensión a deshumanizarse a diferencia de los demás seres que nos acompañan en este planeta. Pareciera que es privilegio del ser humano perderse y deshumanizarse. En efecto, el suscrito nunca ha visto (ni leído un informe que diga), que un tigre se destigre, o que un mono se desmone, o que un león procedió a torturar a otro león apretándole la cola con una puerta, o alicate, o pinzas, etc.     

Por lo tanto, para poder tratar el carácter cambiante y evolutivo de la violencia seriamente, también necesitamos el concurso de neurofisiólogos, biólogos, psiquiatras, científicos de la cognición, neurocientíficos, genetistas, psicólogos sociales, y otros especialistas. 

En vista de la amplitud espaciotemporal y complejidad del tema, en el presente escrito no intentaremos, ni definir, ni clasificar los actos de violencia de modo exhaustivo y completo, ni intentaremos responder las preguntas planteadas previamente, porque no solo tomaría mucho tiempo y espacio, sino que además (como advertimos) requiere la participación de especialistas en la materia y una discusión filosófica profunda. En cambio, nos limitaremos a comentar la violencia simbólica, sistémica y estructural de naturaleza sociopolítica y económico, ocurrida durante el periodo de tiempo 1810-2020, basándonos en algunos paradigmas (ejemplos) de actos, hechos, eventos, o fenómenos violentos ocurridos en nuestro territorio (en este país llamado Chile).     

LA HISTORIA DE CHILE TANTO LA ARISTOCRATICA Y ELITISTA, COMO LA SOCIAL, ESTAN PLAGADAS DE RELATOS VIOLENTOS: De hecho, los libros de Historia de Chile, que se usaban (durante la niñez y juventud del suscrito) para hacer clases sobre la materia en comento (entre los años 1958 y 1970), estaban sobrecargados de relatos relacionados con hechos bélicos, guerras, revueltas, revoluciones y matanzas, que realmente ocurrieron: el fusilamiento de los hermanos Carrera y posterior cobro al padre de ellos de las balas que se habían usado para fusilarlos;  la guerra de la independencia (1810-1826) incluyó: la batalla del Roble (1813), el combate de Cancha Rayada (1814), la batalla de Rancagua (1814), la batalla de Chacabuco (1817), la batalla de Maipú (1818), la batalla de Vegas de Talcahuano (1820), la toma de Valdivia (1820), el combate de Vegas de Saldías (1821), el combate de Pudeto (1826), etcétera; guerras civiles (1818-1830); guerra contra la confederación Perú-Boliviana (1836-1839) incluyó: la toma de Juan Fernández (1837), el combate de Talcahuano (1837), el sitio de Callao (1838), el combate de Pisco (1838), el combate naval de Casma (1839), la batalla de Yungay (1839), etcétera; la guerra del Pacifico (1879-1884) incluyó: el combate naval de Iquique (1879), el combate naval de Punta Gruesa (1879), el combate de Angamos (1879), la batalla de Arica (1880); la pacificación de la Araucanía (1860-1883) incluyó: el combate de Tosca (1866), el combate de Curaco (1866), el combate de Quenchereguas (1868), el ataque a Angol (1869), la batalla de Purén (1869), la batalla de Collipulli (1871), el ataque a Traiguén (1880), el ataque a la línea del Malleco (1880), el segundo ataque a Traiguén (1881), la matanza del Ñielol (1881), la campaña de ocupación (1881-1883), etcétera; la guerra civil de 1891 y suicidio del Presidente José Manuel Balmaceda; la matanza de la escuela Santa María de Iquique (1907);  la masacre o levantamiento de Ránquin (1934); la matanza del Seguro Obrero (1938); etcétera. En los registro históricos más recientes tenemos: la sublevación militar conocida como Tacnazo liderada por el general de Brigada Roberto Viaux el 21 de octubre de 1969; el asesinato del general Schneider el 25 de octubre de 1970; el paro de los camioneros durante el gobierno de la Unidad Popular financiado por EEUU; el mercado negro en el gobierno de Salvador Allende; el golpe de estado el 11 de septiembre de 1973 y suicidio del Presidente Salvador Allende; la purga (ex antes y ex post al golpe de estado de 1973) al interior de las fuerzas armadas; el sospechoso accidente del General Óscar Bonilla el 3 de marzo de 1975; la tortura y desaparición de miles de chilenos en el periodo 1973-1989; saltándonos 40 años de historia, el estallido social del 18 de octubre de 2019; etcétera. Todo lo cual deja la impresión que el hecho histórico se reduce a un acto de violencia física, algunos de los cuales (dependiendo del punto de vista) son glorificados y otros repudiados. Por otro lado, el premio nacional de historia Señor Gabriel Salazar nos informa que las fuerzas armadas de Chile han intentado reprimir (usando la fuerza, la violencia) las luchas reivindicatorias del pueblo de Chile más de 40 veces, y han intervenido efectivamente más de 20 veces con las consecuentes matanzas, incluido el golpe de estado de 1973 y la posterior desaparición y tortura de miles de chilenos. 

Aquí es pertinente preguntarse ¿Cuáles han sido las consecuencias en el desarrollo de nuestro psiquismo, carácter y personalidad de semejantes actos, hechos, eventos, o fenómenos violentos?, y ¿Por cuánto tiempo se han prolongan en nosotros los efectos de tales actos, hechos, eventos, o fenómenos de violencia? De acuerdo con mi mejor conocimiento, en la Universidad de Chile se han hecho investigaciones relacionadas con estas preguntas y se ha logrado establecer que los efectos de la violencia son transgeneracionales, se traspasan de una generación a otra (¿Cuáles son los mecanismos? No lo sé, podrían ser genéticos, sociológicos, culturales, otros). Pero, lo que parece evidente en relación con los fenómenos sociales en general (sin caer en el determinismo histórico), es que en algún grado el pasado influye en el presente y el futuro. El presente y el futuro se encuentran prefigurados en el pasado. “Pedazos” del futuro están encapsulados en el pasado. La evocación del pasado abre las posibilidades de comenzar otra historia, sobre todo en los momentos de crisis. El pasado espera ser completado en el presente y futuro. Por ejemplo: los principios de libertad, igualdad y solidaridad de la revolución francesa, los procesos de democratización política, económica y cultural, como así mismo los procesos de nivelación política, económico y cultural, están esperando que se cumplan.  Por lo tanto, dos cosas: “los que olvidan la historia, están condenados a repetirla” y “antes de tomar cualquier acción se deben sacar las consecuencias de corto, mediano y largo plazo de tal acción”.    

Volviendo a la cita del comienzo de este escrito, se puede decir que la afirmación del filósofo coreano Byung-Chul Han es absolutamente aplicable a la Historia de Chile, y en particular “nuestra modernidad”, en los hechos, no se define precisamente “por su aversión a la violencia”. Pero, en Chile durante el periodo que va de 1810 a 2020 no solo ha existido violencia física, sino que también ha existido un tipo de violencia más sutil y sistemática que se embrolla con la primera, usada contra los nacidos en esta tierra (lo cual también le ha ocurrido a nacidos en otras latitudes y otros periodos de tiempo. Pero, no es ningún consuelo).  Por ejemplo:     

1.- La represión y despojo de sus tierras que ha sufrido el pueblo Mapuche a lo largo de toda la Historia de Chile (Leer las Campañas de la Araucanía en el libro titulado “Un Veterano de Tres Guerras” de Guillermo Parvex). 

COMENTARIO: Es violento ser despojado de tu propia tierra y ser tratado como extranjero o paria en tu territorio ancestral ¿Cuáles fueron y son las consecuencias de estos actos violentos sobre cada uno y todos los mapuches y su descendencia? Llevamos más de 200 años atrapados en las consecuencias de los actos de saqueo y despojo que sufrió y sigue sufriendo un pueblo que llego a estas tierras antes que nosotros. Pienso que vale la pena pensar en las consecuencias de corto, mediano y largo plazo de los actos, hechos, eventos o fenómenos violentos que ponemos en práctica. 

2.- El nulo reconocimiento de los derechos civiles y consecuentes abusos, por más de 200 años, del pueblo mestizo. Esta situación del pueblo mestizo comenzó a cambiar recién en 1938, con la llegada del Frente Popular al poder. 

COMENTARIO: Es violento ser tratado como no perteneciente a la tierra en que naciste. Es violento no ser tratado como ciudadano y ser explotado sin derechos que te protejan. ¿Qué habrá producido en el psiquismo de los chilenos descendientes de mestizos (la gran mayoría de nosotros), semejantes abusos y por tan prolongado periodo de tiempo?

3.- Recién en 1932 (después de más de 100 años de la independencia de Chile), se aprobó la ley 8.927 en la que se autorizaba el derecho de las mujeres a votar en elecciones nacionales. 

COMENTARIO: Esto es violencia machista sin justificación ninguna, pura y simple voluntad de poder y sometimiento.  ¿Qué tipo de pulsiones y sentimientos habrá producido en las mujeres y su descendencia semejante sometimiento y por tan prolongado periodo de tiempo? 

4.- Recién durante el gobierno de la Unidad Popular (1970-1973) se reconoció a los indígenas como individuos que, habitando en cualquier parte del territorio nacional, formaban parte de un grupo cuyas características lingüísticas, modalidades de trabajo, costumbres, normas de convivencia, religión, etc., diferían de las predominantes en el resto de la ciudadanía del país. El golpe militar del 11 de septiembre de 1973, que tuvo como objetivo frenar los procesos sociales y políticos en los que también habían participado mapuches como parte de los movimientos obreros y campesino de aquel entonces, desencadenó una fuerte represión, prohibiendo las organizaciones mapuches y deteniendo y haciendo desaparecer a muchos de sus miembros.

COMENTARIO: Violencia represiva mesclada con violencia de la negación: del otro, de lo otro, y de derechos fundamentales ¿Qué habrá producido esta violencia en el pueblo mapuche de aquel entonces y su descendencia?   

5.- Dentro de las demandas de los pampinos que fueron asesinados (2.200 es la cifra más aceptada) en la Escuela Santa María de Iquique se encontraban: la construcción de barandas para bajar a la mina y de ese modo evitar accidentes; la implementación de una escuela para sus hijos; en cada oficina habrá una balanza y una vara al lado afuera de la pulpería y tienda para confrontar pesos y medidas; y otras. Las demandas fueron negadas asesinándolos y enterrándolos en una fosa común en el cementerio de la Ciudad de Iquique. 

COMENTARIO: Violencia represiva mesclada con la violencia de negación de derechos, particularmente la negación del derecho a la vida ¿Cómo afectaron esta y otras matanzas los modos de sentir y pensar de todos los chilenos, y particularmente los modos sentir y pensar de  los trabajadores de este país?   

6.- En la mañana del 11 de septiembre de 1973 fue bombardeado el Palacio de la Moneda, el presidente Salvador Allende se refugió en la Moneda y posteriormente se suicidó. 

COMENTARIO: Violencia desproporcionada, mesclada con un espectáculo intimidatorio que causaba terror en la población ¿Qué cambios habrá producido semejante espectáculo en los que vivimos esos momentos, en nuestra descendencia, y en los que ven actualmente los vídeos o grabaciones audiovisuales? 

7.- El 11 de septiembre de 1973 se realizó (orquestado por fuerzas externas e internas) un golpe de estado violento, que termino con un gobierno elegido democráticamente. En este contexto y por un largo periodo de tiempo anterior al golpe de estado, vivimos diferentes tipos de violencia, entre otros:  violencia física; violencia de la mentira; violencia del terror; violencia verbal; violencia intimidatoria; violencia del mercado negro y escases de alimentos; violencia ideológica; violencia propagandística y publicitaria; violencia cultural, etc. 

COMENTARIO: ¿Cómo utilizamos el lenguaje en aquel tiempo?, ¿De qué nos convencimos durante ese periodo preparatorio?, ¿Cuan profunda fue la división de la sociedad chilena y el odio que nos invadió?, ¿Cómo fuimos conducidos al convencimiento y odio que pusimos en práctica violentamente antes, durante y después del golpe de estado?, ¿Cuáles son los efectos a posteriori y de largo plazo que generaron los bandos y amenazas de la junta militar en la población de Chile?  

8.- Con posterioridad al golpe de estado, la población de Chile fue divida en: humanoides, civiles, y militares. Los primeros no tenían ningún derecho y se les podía perseguir, desterrar, extraditar, tortura, violar, asesinar y hacer desaparecer. Emergieron unos oficios un tanto conspicuos cuyo fundamento era la violencia, como, por ejemplo: informante (soplón o zapo), interrogador, torturador, violador, asesino. En el periodo de tiempo que va del 11/09/1973 a 1989 desparecieron miles de chilenos, otros miles fueron torturados violentamente (para ser enfáticamente redundante), otros miles fueron desterrados o extraditados. Se cometieron crímenes execrables, abominables, aquí no es el lugar para describirlos. Se practicó una violencia de estado sistemática, mesclada con violencia voluntarista impositiva, violencia psicológica, violencia sociológica, violencia cultural, violencia política, violencia intimidatoria y difusión del miedo a la muerte.  

COMENTARIO: ¿Qué nos habrá producido toda esa violencia? y ¿Por cuánto tiempo perdurarán sus efectos? De hecho, mientras escribo estas notas, me pregunto: ¿y si hay un nuevo golpe de estado parcial, unilateral, sesgado y alguien lee este artículo, me vendrán a buscar para interrogarme, torturarme y hacerme desaparecer?  

Es violento vivir bajo la amenaza constante de un golpe de estado. Es violento que las fuerzas armadas de Chile (de todos los chilenos) tomen partido.  

En el periodo de tiempo que va de 1973 a 1989 cambio la cualidad de la violencia, se hizo más brutal y sofisticada. Perdimos la ingenuidad y la inocencia. El miedo nos trasformó en lo que somos hoy.   

9.- Durante el mismo periodo de tiempo se instaló violentamente un sistema político-económico y social, llamado neoliberalismo. Violencia ideológica y doctrinaria, violencia voluntarista impositiva, violencia sociopolítica, violencia económica, violencia cultural, violencia simbólica (lingüística). 

COMENTARIO: Bajo amenaza, intimidados y asustados por las fuerzas armadas, por ejemplo: se desmantelo el sistema de salud, el sistema educacional, se creó un banco para financiar las inversiones de los hijos putativos de la dictadura que habían comprado las empresas de todos los chilenos a precio de huevo, llamado sistema de AFP, etc.  

Se instalo una nueva forma de hablar, un leguaje economicista basado en un egoísmo individualista extremo.

Emergió una clase desposeída análoga a la casta de los intocables de la India, la cual no tenía ninguna oportunidad de salir de la miseria, de aproximadamente 2 millones de chilenos o tal vez más (lo siento, no tengo el dato preciso). Aumento notablemente la cantidad de niños abandonados por sus padres, porque estos no tenían la capacidad económica para criarlos. 

Es violento que se sea severo con y se “encarcele la pobreza” (frase que la capellana Nelly León le dijo al Papa Francisco en su visita del 2018) y al mismo tiempo se sea indulgente con y se deje libre a estafadores y ladrones uniformados o de cuello y corbata. Es violento que se intente colocar todo a la venta en el mercado. Es violento que el estado no garantice igualdad de oportunidades a todos los chilenos, proveyendo y garantizando los recursos necesarios para el ejercicio de los derechos a la salud, la educación y los planes de retiro, de forma pareja (igualitaria) para todos los chilenos.  

10.- En 1980 bajo un régimen violento se “plebiscitó” una constitución política, que fue escrita entre cuatro paredes por unas pocas personas (4) y que todavía nos rige (modulo algunas reformas muy publicitadas para convencernos de que ahora sí teníamos una constitución democrática), la cual a su vez pretendió blindar el sistema neoliberal implementado bajo el mismo régimen violento, y así proteger los intereses y privilegios de las personas que participaron de una u otra forma en la implementación del sistema.  

COMENTARIO: Es violento tener que vivir bajo una “constitución” generada ilegítimamente.  Es violento tener que tolerar resilientemente un sistema de convivencia socio, político y económico injusto e impuesto a la fuerza. Los resultados de largo plazo (50 años) están a la vista: resentimiento, indignación, bronca y violencia.    

11.- En los años 80 se desataron las protestas contra el régimen dictatorial con mucha violencia. La represión militar no se dejó esperar, generando una gran cantidad de chilenos torturados y desaparecidos. En este periodo nos enteramos de crimines abominables, execrables, perdimos la ingenuidad y la inocencia. La cualidad del crimen había cambiado. Ahora, se podía torturar, o asesinar, o hacer desaparecer a otra persona, con el solo pretexto de que era marxista-leninista, o comunista, o subversivo, o humanoide, o sospechoso de pensar diferente.  

COMENTARIO: Es muy violento vivir en un ambiente donde reina el miedo, el temor y la intolerancia y la arbitrariedad. 

12.- En 1989 se hizo un plebiscito que termino formalmente con el gobierno de la dictadura militar. Pero, continuaron las amenazas (boinazos, servilletazos, ejercicios de enlace, etc.). 

COMENTARIO: Es violento vivir bajo la amenaza permanente de un nuevo golpe de estado.    

13.- En 1989 y/o 1990 los actores políticos de este país se pusieron de acuerdo, a espaldas de la ciudadanía (sin la participación directa de la ciudadanía), en preservar la constitución del 80 y el sistema neoliberal instalados durante la dictadura militar (modulo algunas reformas superficiales). 

COMENTARIO: Es violento ser chantajeado con la amenaza de un nuevo golpe de estado. Es violento sentirse traicionado y engañado por tus supuestos representantes políticos. 

14.- Durante los siguientes 30 años hemos estado sometidos por un régimen socio, político y económico legal, pero ilegitimo, y hemos sido abusados hasta decir basta en todo orden de cosas. Las estafas o malversaciones de fondo que han ocurrido en varias instituciones de la república se han hecho una costumbre. Es violento que se sea severo con y se encarcele la pobreza, y al mismo tiempo se sea indulgente o se deje libre a ladrones y estafadores militares o de cuello y corbata.  Es violento que mientras uno no se enferme o no se ponga viejo los aranceles de los planes de salud se “mantengan”, pero tan pronto uno se enferma muy seguido o envejece le comienzan a subir los aranceles o lo echan. Es violento después de haber trabajado toda la vida tener una pensión que se reduzca a un tercio o menos de lo que ganaba durante la vida útil. Es violento que las farmacias y laboratorios, o los fabricantes de papel higiénico, o los que crían pollos, se pongan de acuerdo para abusar de los consumidores. 

COMENTARIO: Es violento tener que endeudarse hasta la tuza para poder educar a tus hijos. Es violento que algunos empresarios les escriban las leyes a los políticos para que las promulguen en el congreso. Es violento que para poder estudiar y tener una profesión la gente se tenga que endeudar hasta más arriba del paracaídas. Es violento que la salud de las personas no esté protegida y garantizada por el estado. Es violento que después de trabajar toda tu vida tengas una jubilación miserable.  Etcétera.     

Paralelamente, una minoría de chilenos usufructuando del sistema instalado durante la dictadura militar y el temor de otro golpe de estado se enriqueció y concentro la riqueza de manera delirante, en lugar de distribuir el ingreso nacional de modo más equitativo. Es violento que actualmente, bajo el mismo sistema y las mismas amenazas quieren defender sus privilegios e intereses.  

16.- Es violento el atropello a los derechos humanos que han ocurrido desde el 18 de octubre de 2019 hasta el día de hoy.

18.- Es violento que exista vandalismo, saqueos, e incendios intencionales, etc. Es violento que se destruyan las calles, plazas y museos, por donde pasa, descansa y se recrean nuestras familias, respectivamente. Es violento y estresante presenciar combates callejeros entre nuestros hijos y nuestros carabineros, que también son nuestros hijos. Es violenta la pérdida de vidas, ojos, y arriesgar la salud en general bajo estas circunstancias, mientras los que toman las decisiones observan por televisión las consecuencias de sus decisiones.  

19.- Es muy violento presenciar la construcción de edificios de gran altura en los cerros de Valparaíso, en tu barrio, y que no respetan la normativa, con “permisos truchos”, y no poder detener su construcción. Es violento que te quiten de ese modo, y de la noche a la mañana, cuestiones que has disfrutado toda tu vida, como por ejemplo la vista al mar y la llegada del sol temprano en la mañana.    

20.- Es violenta la privatización del mar, del agua, de la educación, de la salud y las pensiones. Es violento que no puedas acceder a una playa o la orilla de un lago. Es violento que no puedas respirar aire puro y ver la cordillera.

21.- Es violento emitir frases hirientes y ofensivas. 

22.- Es violento que se concentre la riqueza y se distribuya mal el producto o ingreso nacional. La desigualdad, la discriminación, la injusticia generan violencia, y cuyas consecuencias están a la vista.  

Esta lista de ejemplos no pretende ser ni completa, ni exhaustiva. La he confeccionado de acuerdo con mi memoria y mejor conocimiento de los hechos. Por lo tanto, es parcial, y probablemente sea sesgada y contenga erroresPero, pienso que independientemente de cuan completa, sesgada e imprecisa pueda ser (porque, cualquier persona la puede completar con ejemplos de su interés para que disminuyan los errores y el sesgo), ilustra que en nuestro país ha existido un entrelazamiento de diferentes tipos de violencia. No solamente ha habido violencia física, sino que también entretejida con ella, ha existido violencia de estado, violencia verbal, violencia sistemática, violencia de negación de derechos, violencia cultural, violencia de la negación en general, violencia política, violencia machista, violencia ideológica, etc. Por otro lado, también ilustra que no estamos en una espiral de violencia, pero si en un círculo de violencia que es necesario romper y superar. 

Como se podrá observar, la lista en comento trata de no hacer referencia a la violencia criminal común y corriente (robo de carteras, portonazos, asaltos, cogoteos, asesinatos comunes y corrientes, etc.), sino que más bien trata de apuntar, o hacer referencia, o ilustrar la violencia que emerge en una convivencia sociopolítica y económica, generada por una estructura (institucional) e infraestructura (sistema legal y constitucional) inadecuadas, disfuncionales e injustas. Por lo tanto, la violencia ciudadana que hemos presenciado en los últimos decenios no es una violencia irracional, que no se pueda entender o que emerja de la nada. La violencia ciudadana que hemos presenciado últimamente emergió dentro de la estructura y organización sociopolítica y económica que fue creada e implementada durante la dictadura miliar y reformada en el trascurso de los últimos 30 años. Por lo tanto, se debiera entender, lo cual NO SIGNIFICA que la aceptemos

Si no aceptamos la violencia, nosotros y nuestro sistema de convivencia sociopolítico-económica tienen que cambiarMenos mal, que en Chile, todavía no tenemos y ojalas nunca tengamos  violencia irracional, gratuita, por el puro placer de ser violento, como ocurre en EEUU desde alrededor de la década de los 50 del siglo pasado en adelante (Ver: A Criminal History of Mankind, Colin Wilson, Granada Publishing Limited, 1984), porque en tal caso no hay mucho que hacer.   

También es importante notar, que la violencia que intentamos evocar (llamar a presencia)  por medio de los ejemplos dados aquí (practicada por lado y lado, por sus correspondientes actores, a lo largo de la Historia de Chile),  es impar y no tiene ningún sentido tratar de empatar. Además, la violencia a la que estamos haciendo referencia (practicada por lado y lado), no es irracional (como ya dijimos). Por lo tanto, genera en sus víctimas repudio, condena y búsqueda de justicia, y en sus actores o ejecutores genera justificación y descargos. En consecuencia estos actos, hechos, eventos, o fenómenos de violencia (que por no ser irracionales, pueden llegar a  ser sistemáticos y planificados), dependiendo del punto de vista tienen atenuantes o agravantes.

Otro elemento a tener presente en todo análisis de la violencia es lo que dice Byung-Chul Han en su libro, a saber que la violencia a lo largo de la historia se ha mantenido constante, y simplemente se traslada, cambia de lugar (por eso su libro se titula Topología de la Violencia). En la sociedad del soberano se procedía a decapitar y exhibir la violencia sin ningún pudor (violencia explícita); en la sociedad disciplinaria se ejerce una dominación externa basada en un sistema de premio y castigo (violencia un poco más sutil y oculta. Los hornos de cremación y las cárceles estaban y están fuera de la ciudad); mientras que en la sociedad del rendimiento el castigo, y la violencia simplemente se traslada al interior del individuo. Tal vez esto fue lo que en parte nos ocurrió, porque en un corto plazo (digamos 50 años) los cambios que sufrimos fueron profundos, radicales y a una gran velocidad. En este periodo la violencia muto (como dice Byung-Chul Han) “de visible en invisible, de frontal en viral; de directa en mediada, de real en virtual, de física en psíquica, de negativa en positiva”, para finalmente estallar y hacerse presente.   

EL DESEMPATE (METIÉNDOSE EN LAS PATAS DE LOS CABALLOS): Probablemente, para más de alguna persona debe ser violento hablar (o escuchar) y escribir (o leer), sobre la violencia. Pero, no existe escapatoria. No referirse a ella para colocarla bajo la luz de la razón es violento y peligroso, porque se acumula y eventualmente explota. Este fenómeno es bien conocido a nivel individual. Si Ud. guarda silencio (aguanta todo “calladito”), se violenta a sí mismo, le salen ulceras, se estresa, se enferma, y muere, o eventualmente (antes de morir) explota y causa un estropicio, o siniestro, o catástrofe, o crimen de proporciones.  

La hipótesis explicativa fundamental (pero, no la única), que hemos utilizado en el presente trabajo, es que además de la violencia física, ha existido una violencia simbólica, sistémico y estructural de naturaleza sociopolítica y económica a lo largo de la Historia de Chile (objetiva en el lenguaje de S. Zizek), la cual hemos tratado de evocar (llamar a presencia) por medio de los ejemplos dados más arriba. Además, debido al carácter sociohistórico de esta violencia, ella provoca y acumula tensiones a lo largo del tiempo, que eventualmente explotan.

Por ejemplo, desde el punto de vista simbólico, la doctrina e ideología neoliberal (el lenguaje neoliberal), impone un universo de sentido que va más allá de lo económico y político. En efecto, el lenguaje neoliberal se reproduce estableciendo relaciones de dominación social que permean nuestras formas de discurso habituales, constituyéndose en una suerte de “cárcel lingüística” (una “cultura” muy limitada) de la cual es difícil escapar, que incluso les ha permitido a algunas personas proferir frases provocativas, hirientes, irritantes, ofensivas e indignantes para otras sensibilidades. Desde el punto de vista sistémico estructural el neoliberalismo se legalizo e institucionalizo bajo un régimen dictatorial violento que duro 17 años, y se ha normalizado y perfeccionado durante los siguientes 30 años, estableciendo un sistema y una estructura económico y política responsable de las injusticias, desigualdades, y abusos (corrupción y colusión), denunciadas desde hace muchísimo tiempo, que provocaron el estallido social violento del 18 de octubre de 2019. Además, como el tipo de violencia que hemos tratado de evocar aquí, tiene un carácter sociohistórico y se acumula, tenemos (con el debido respeto a las victimas) que: los masacrados y asesinados a lo largo de la historia de Chile “resucitan y vuelven a caminar fantasmagóricamente por nuestras calles y ciudades como Pedro por su casa, sin ninguna posibilidad de que los volvamos realmente a recuperar”; los desaparecidos no son encontrados y sus familiares y descendencia no dejan de buscarlos en el desierto, en el mar, en los cementerios, en todo el territorio, para eventualmente consolarse y demandar justicia; los torturados quedan marcados por el resto de sus días, no olvidan y buscan justicia; los abusados se toman la revancha quemando y saqueando los negocios y las iglesias (pagando justos y pecadores); los despojados y desposeídos claman por el reconocimiento y la igualdad de oportunidades, respectivamente; la ciudadanía lucha por una salud de cálida e igualitaria; los jóvenes quieren igualdad de oportunidades y una educación de calidad y gratuita; los adultos mayores quieren una jubilación que les permita vivir dignamente;  los oportunistas aprovechan de saquear o adueñarse de algún territorio; y por último pero no la menos importante la ciudadanía no tolera más las colusiones y corrupción que existen en nuestro país. De este modo nuestro futuro queda atrapado en una red de frustraciones, insatisfacciones, carencias, injusticias, crímenes, asesinatos, abusos, etc., que hacen girar el círculo de violencia ¿Cuántas veces hemos estado más o menos en lo mismo?, ¿Cuántas veces más tendremos que estar en lo mismo? 

Pero, intentemos separar la violencia ciudadana más extrema en dos (para proponer explicaciones más verosímiles), por un lado, tenemos los así llamados “vándalos”, que destruyen el metro de Santiago, calles, semáforos, veredas, plazas, etc., y queman iglesias, museos, farmacias, etc., y por otro lado están los así llamados “saqueadores”, que vacían supermercados y negocios. Los primeros parecen estar movidos por un afán vengativo que incluso los induce a la autodestrucción al intentar dañar su enemigo. Los segundos, a mi modo de ver, reflejan el choque del neoliberalismo consigo mismo, porque note Ud. que los “saqueadores” salían corriendo con todo tipo de mercancías (alimentos, televisores, plasmas, electrodomésticos, etc.) e incluso algunos llegaban en auto a saquear. En el fondo, los “saqueadores” atrapados entre el “valor de uso” y el “valor de intercambio”, la oferta y la demanda, y reducidos a meros consumidores-deudores, querían llevarse para la casa ya sea para vender o usar ellos mismos todo tipo de mercancía que ofrece el mercado y la publicidad. El neoliberalismo extremo instalado en Chile en un periodo muy corto (50 años o tal vez menos) cambio el alma de Chile, para ello utilizo la economía neoclásica (el brazo teórico del neoliberalismo), colocó absolutamente todo en el mercado y nos transformó en consumidores y deudores (es decir, en socios cooperadores de la bicicleta o circulación del capital que otros gestionan y controlan para su propio beneficio). Desde este punto de vista, obviamente el neoliberalismo no constituye una cultura con mayúscula, es apenas una doctrina, una ideología economicista (entre otras) basada en un hedonismo individualista y egoísta (para ser enfáticamente redundante) que ha generado acumulación de la riqueza, desigualdad, y las consecuencias en comento.   

La violencia solo nos ha traído más violencia y la forma de salir de ella momentáneamente ha sido usando la violencia. 

Puede que actualmente hallan chilenos pensando que es necesario realizar un nuevo golpe de estado, puede que incluso hallan algunos chilenos planificándolo, puede que existan otros que estén utilizando estos supuestos temores para de este modo presionar, manipular e inducir a la opinión pública, a los políticos y el gobierno en una determinada dirección (aunque pienso que el “horno no está para bollos”). Pero, si fuera así, significa que seguimos y seguiremos atrapados en el círculo de violencia por otras cuantas décadas. Acaso ya nos olvidamos del “nunca más”. 

La política chilena hacía el interior no debe seguir basándose en la distinción entre amigo y enemigo y la idea perversa del enemigo interno (propalada por la doctrina de la seguridad nacional y la seudociencia llamada geopolítica). No estoy de acuerdo con el lema del escudo nacional que reza “por la razón o la fuerza” y su aplicación hacía el interior, tampoco estoy de acuerdo con que hacía el interior “la guerra es la continuación de la política por otros medios” (Carl von Clausewitz 1780-1831). Como dijo en cierta ocasión Don Miguel de Unamuno (escritor y filósofo español 1864-1936, que quería mucho a Chile) “Lo que no me gusta es ese lema ¿Qué es eso de por la razón o la fuerza? Por la razón y siempre por la razón.” Por lo demás, todas estas antiguas “francés hechas” acerca de la relación entre violencia y poder (la fuerza en cualquiera de sus manifestaciones) no debieran ser aplicable internamente, lo que corresponde es dialogar para llegar a un acuerdo nacional. 

En consecuencia, si somos responsables debemos realizar los cambios simbólicos, sistémicos y estructurales sociopolíticos y económicos necesarios para romper con nuestro círculo de la violencia. Seamos claros, la violencia no es la solución. La solución pasa por aquellos que entendiendo lo anterior se juegan por fortalecer el proceso constituyente iniciado el 18 de octubre de 2019, aislando a los violentistas de uno y otro lado. Algunas mujeres que componen el congreso nacional, recientemente, nos han dado una tremenda lección y ejemplo a imitar, al superar sus respectivas limitaciones y restricciones partidistas para ponerse de acuerdo en apoyar la paridad de género en la conformación de una eventual convención constituyente. Esta acción rompió con la lógica binaria con que a algunos les gusta pensar los problemas sociales, a sabiendas que ese tipo de lógica no es apta para analizar este tipo de problema.  Lo que realmente existe son tensiones simbólicas, sistémicas y estructurales de naturaleza sociopolíticas y económicas de diferentes profundidades y complejidades, que en tanto y cuantas relaciones tensionadas y dialécticas se pueden relajar, lo cual nos lleva de vuelta a la pregunta y respuesta que ya nos hemos hecho y respondido antes, y que a esta altura del escrito las podemos reformular así: ¿Cómo hacemos para relajar o resolver dichas tensiones? Construyendo una sociedad más justa, solidaria, igualitaria y democrática desde los puntos de vista social, político y económico.        

Algunos de los ingredientes que componen y compusieron el “cocktail” que demostró ser peligroso el 18 de octubre de 2019, son: (1) Que el ordenamiento y organización de la convivencia político, económico y social de la nación este regido por una constitución ilegitima (es decir, generada en dictadura y producida por unas pocas personas), lo cual  no es ni presentable, ni racionalmente defendible a esta altura de los tiempos; (2) Que se siga manteniendo y defendiendo tal constitución dentro de una supuesta convivencia democrática es indignante, ofende la inteligencia y es violento; (3) Un sistema “democrático” diseñado y blindado  para mantener los intereses y privilegios de unos pocos es violento. La democracia se defiende ampliándola y profundizándola, no manteniendo un sistema que favorece a unos pocos con el producto del trabajo de todos; (4) La profundidad de los cambios, la velocidad con que se realizaron, la violencia con que se realizaron (1973-1995), el corto plazo en que se realizaron; (5) El perfeccionamiento del modelito neoliberal en los gobiernos de centro izquierda; (6) Los abusos que se han cometido con los trabajadores, consumidores y deudores, particularmente en los últimos 30 años; (7) La corrupción que hemos tenido que soportar, los últimos 30 años; (8) Los salarios bajos, las pensiones miserables, la privatización de la educación y la salud con la consecuente pauperización de la calidad de esos servicios para los más débiles; (9) La pésima distribución del ingreso o producto nacional y la consecuente desigualdad y concentración de la riqueza;  (10) Las nuevas generaciones como testigos de la falta de igualdad de oportunidades y pauperización de sus padres y abuelos; (11) La acumulación de la frustración , la rabia, la bronca (es decir de la violencia interna por un largo periodo de tiempo); y (12) Una “clase política” incapaz de ampliar y profundizar el proceso democrático y aparentemente indiferente respecto de las demandas ciudadanas; (13) otros componentes. Estos y otros ingredientes, no justifican la violencia, pero si nos permite entenderla.    

 Por ejemplo, si Ud. se coloca en el lugar del grupo de jóvenes chilenos (probablemente un grupo minoritario), a quienes les ha sido arrebatado de un modo u otro, cuestiones fundamentales tale como: sus padres, su inocencia, su dignidad, su educación, su alimentación, sus corneas, su virginidad, su futuro, etc., es muy probable que se violente y se ponga violento. Ni hablar de lo que le ha sido hecho al pueblo mapuche y las consecuencias de esa violencia. Complementariamente, si Ud. se coloca en el lugar de las personas que les han sido saqueados y/o quemados sus negocios, o han estado sufriendo las consecuencias de las batallas campales entre “la primera línea” y los carabineros en la zona cero, es muy probable que se violente.   

La violencia que hemos visto desde el 18 de octubre de 2019 a la fecha no siendo justificable, es entendible y tiene atenuantes. De esto no se habla, pero “hay mucho paño que cortar”, porque no  se trata de una violencia nihilista, caótica, irracional y gratuita. Si fuera así, la ciudadanía habría dejado hace mucho rato de tolerarla, y el suscrito no habría escrito estas notas, porque no tendría nada que decir, excepto repudiarla y oponerme violentamente de los dientes para afuera, o emprender acciones violentas contra los violentistas, o dejarme atropellar. Pero, esto último me encierra en una lógica binaria impertinente (porque no es aplicable a la problemática sociopolítica y económica que estamos viviendo), quedando atrapado en el círculo de la violencia que no quisiera volver a recorrer.   

Aquellos que están tomando la violencia que hemos visto desde el 18 de octubre de 2019 en adelante como nihilista, caótica, irracional y gratuita, debieran preguntarse ¿A qué se debe que quiera clasificarla de esta forma?, ¿Por qué quiero adjetivarla o cualificarla de ese modo? Espero que, no se deba a que se sienten más cómodos enfrentando (o sea más fácil de enfrentar) la violencia nihilista, caótica, irracional y gratuita (es decir, la caricatura que se han fabricado de la situación); que enfrentando el movimiento ciudadano no violento (es decir, a una democracia participativa (o incluso directa) no violenta). De nuevo y a riesgo de caer en la majadería, si fuera así, es decir si la violencia que hemos presenciado y vivido desde el 18 de octubre de 2019 fuera nihilista, caótica, irracional y gratuita, no habría nada que analizar y nada que proponer, solo quedaría aplacarla con más violencia, lo cual (de nuevo) nos mantendría encerrados en el círculo de la violencia, y dejarnos conducir por los violentistas de uno u otro lado, hasta el final de los tiempos.       

Un joven bajo las condiciones insinuadas en los párrafos anteriores, en la calle encuentra el protagonismo que todo joven desea tener (piense en las barras bravas) y si lo “hace bien” obtiene el respeto de sus pares. De acuerdo a sus propios códigos (a sus ojos, los cuales algunos perdieron), se transforman en héroes. Nosotros podemos pensar que esto es una subcultura, e incluso que no es cultura alguna. Pero, esta es una de las consecuencias que ha generado el sistema económico-político y social individualista de convivencia que hemos sustentado todo este tiempo y, en consecuencia: ¿tenemos o no tenemos responsabilidad en esto?, ¿somos o no somos cómplices silenciosos? Aquí, es pertinente considerar las siguientes citas: (a) En chile se encarcela la pobreza, y (b) Si quiere saber cuál es   el sistema de convivencia vigente   de un determinado país, visita sus cárceles, en el caso chileno particularmente visita las cárceles de mujeres.

Estos jóvenes no son “alienígenas”, no emergieron de la nada, son nuestros hijos, nacidos y criados en un sistema donde los más adultos llevamos la mayor responsabilidad. Por ello que no basta con rechazar la violencia, sino que junto con rechazarla hay que comprometerse y realizar los cambios simbólicos, sistémicos y estructurales de naturaleza sociopolíticos y económicos que sean necesarios para terminar con la injusticias, abusos y corrupción social que existen en nuestro sistema de convivencia, como único camino civilizado que nos permitiría romper con el circulo de la violencia a que nos hemos referido.       

Hannah Arendt en su libro titulado “Sobre la Violencia” (Alianza Editorial, 2018) dice: “Es imposible reflexionar sobre la historia y la política (y el suscrito agregaría la economía) sin constatar el importantísimo papel que ha jugado la violencia en los asuntos humanos, por lo que, a primera vista, resulta bastante sorprendente que raramente haya sido objeto de una consideración específica”. Consecuentemente y sin caer en una apología de la violencia, cualquieras que sean las reivindicaciones que haya obtenido u obtenga el movimiento ciudadano en las circunstancias actuales, lamentablemente se deberá en parte a la violencia que han puesto en escena los así llamados vándalos y saqueadores de nuestra sociedad ¿Es necesario para construir una sociedad más justa, solidaria y democrática, echar mano a la violencia?  Aún que la Historia de la Humanidad así parece demostrarlo, la respuesta es NO, no es necesario, porque lo necesario tiene carácter de inevitable y la violencia de la que hemos sido testigos (incluida la de los así llamados vándalos o saqueadores) es evitable, para ello basta (la respuesta está en la pregunta) construir una sociedad más justa, solidaria y democrática sociopolítica y económicamente. Si ahora, nos preguntamos ¿cómo se hace esto?, la respuesta la sabemos y la tiene el soberano (el movimiento ciudadano), que no anda descaminado en las demandas que ha venido levantando desde mucho antes de los eventos del 18 de octubre 2019 (fecha que no será olvidada). Necesitamos cambios estructurales y la ciudadanía no debe cometer el mismo error que cometió en 1989-1990, yéndose para la casa y dejando todo en manos de los políticos. Es necesario que el movimiento ciudadano se organice y cree las instituciones que sean necesarias para defender sus derechos en las áreas de producción, realización y distribución del valor.   

Porque los violentistas de uno y otro lado se merecen, yo creo que llegará el día, cuando se escriba sobre la historia de la violencia sociopolítica y económica de Chile, en que se reconocerá el rol que jugó la violencia ciudadana en la consecución de reivindicaciones sociales.  No bastará con reconocer la violencia que ejerció y ejerce la oligarquía para mantener sus privilegios e intereses, porque la violencia vandálica no emergió de la nada y gratuitamente. Así, como se han escrito libros de historia basados en grandes nombres y cómo, cuando y por qué la oligarquía y a través de quien ha ejercido el poder y la violencia, también tendrán que escribirse libros acerca de aquellos que lucharon violentamente por reivindicaciones sociales. Libros acerca de la violencia ejercida por el mestizo, populacho, roto, paria, o vándalo en la consecución de reivindicaciones sociales y el precio que pago. Después de todo, estos últimos se comportan de la misma manera que los violentistas de derecha, solo que con poderes e instrumentos más precarios y por lo mismo no han tenido la oportunidad de instalar un sistema sociopolítico y económico. Oportunidad que, si tuvo y aprovecho la derecha durante los 17 años de dictadura militar para instalar, institucionalizar, actualizar, realizar y hacer legal el sistema neoliberal.  

Los así llamados vándalos o saqueadores no han logrado (por razones obvias) instalar, institucionalizar, actualizar, reificar, o hacer legal un presunto sistema de convivencia político-económico y social (si es que tienen alguno). En consecuencia, obviamente sus acciones son ilegales. Los violentistas de uno y otro lado se merecen. Pero, la ciudadanía (la gran mayoría de los chilenos) no debe, ni puede quedar atrapada entre ellos. La ciudadanía (el soberano) debe jugarse por instalar, actualizar y realizar institucional y legalmente una convivencia simbólica, sistémica y estructural sociopolítico y económica más justa y democrática que la que tenemos actualmente, que a su vez permita perfeccionarla en el tiempo, marginalizando a los violentistas de uno y otro lado, para de ese modo evitar situaciones traumáticas.  

Por ello pienso que no es presentable, ni legítimo, ni lógicamente defendible usar como argumento la violencia existente en las calles, para rechazar el cambio de la constitución actual. La actual constitución tiene un origen violento y antidemocrático ¿El golpe de estado, las torturas, los desaparecidos, el proceso de privatización de las empresas de todos los chilenos, la constitución de 1980, la instalación del sistema neoliberal, etc., fueron acciones legitimas que se realizaron sin violencia? De ninguna manera, todo eso se hizo a la fuerza y violentamente. En consecuencia, usar como argumento la violencia callejera (vandalismo y saqueos) actualmente existente para rechazar el cambio de una constitución cuyo origen es violento y antidemocrático, además de distraernos del punto principal, implica mantener como método de análisis la lógica binaria del amigo v/s enemigo y quedar atrapados en el círculo de la violencia simbólica, sistémica y estructural sociopolítica y económica en que hemos estado. 

La gran mayoría de los chilenos queremos llegar a un nuevo acuerdo de convivencia sociopolítica y económica, escribiendo una nueva constitución sin violencia y democráticamente, queremos escribir una constitución que nos permita (en el tiempo) superar las causas simbólicas, sistémicas, estructurales, sociopolíticas y económicas de la injusticia, los abusos, la corrupción y la violencia, y así romper con el círculo de violencia (que hemos intentado evocar, llamar a presencia aquí).     

Por lo demás, los así llamados vándalos y saqueadores chilenos tienen la misma motivación y propensión capitalista de fondo, que tienen la oligarquía chilena y la iglesia, a saber: la acumulación. Solo que los vándalos y saqueadores acumulan batallas callejeras, golpes y heridas, horas de cárcel, y “prestigio y honor” a los ojos de sus pares, y mercancías para usar o vender, respectivamente. Mientras que los capitalistas chilenos neoliberales acumulan dinero y recursos, y la iglesia acumula dinero, recursos, pecados y buenas obras. Término preguntándome: ¿a qué se debe este afán de acumulación sin límites?, ¿Cuál es el temor o miedo que impulsa semejante propensión?

Yo acumulo libros y tengo muchísimos más de los que alcanzaré a leer en lo que me queda de vida y el contenido de los que he leído se me ha olvidado. Lo que es peor, es que sigo comprando libros. 

La acumulación a costa de la desposesión de los demás no nos va a salvar. 

el autor es profesor del Departamento de Matemáticas de la UTFSM)