Hermano de Gustavo Gatica: “Ni el gobierno ni Carabineros se han acercado a nuestra familia”

por Nicolás Sepúlveda

Los Gatica Villarroel han vivido un mes de angustia. Dos días antes de que el hijo menor, Gustavo, perdiera sus ojos por un escopetazo de Carabineros, a su padre le diagnosticaron cáncer. Gustavo salió de la clínica después de 18 días y su papá se internó para iniciar el tratamiento. Acá, el hermano mayor, Enrique, habla de la fortaleza de Gustavo para sobrellevar la pérdida de la visión, de la solidez de sus convicciones, de lo bien que le hacen los mensajes de aliento, de la responsabilidad de las autoridades y de sus deseos de contactar a Fabiola Campillay (la trabajadora que quedó ciega por una bomba lacrimógena) para brindarse apoyo mutuo.

Como un “charchazo” de realidad. Así describe el hermano de Gustavo Gatica, Enrique, su retorno al hogar. Gustavo salió de ahí el 8 de noviembre pasado con sus ojos sanos y volvió 18 días después como no vidente. Enfrentarse a la casa, a su dormitorio, tratar de recuperar las rutinas bajo esta nueva condición ha sido particularmente duro para él y su familia. Lo dieron de alta en la Clínica Santa María el pasado martes 26 y ya cumplió una semana tratando de adaptarse a la oscuridad que ahora le rodea. “Estamos viendo cómo podemos organizarnos. Pero mi hermano es bien fuerte y resistente, en ningún momento se ha derrumbado. Tiene la voluntad de retomar y terminar su carrera”, dice Enrique.

Gustavo Gatica Villarroel (22 años), estudiante de sicología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, estaba tomando fotos en una manifestación en Plaza Italia cuando fue herido por perdigones disparados por un piquete de Carabineros. Su ojo izquierdo fue destruido de inmediato por el tiro de la policía y durante dos semanas los médicos de la Clínica Santa María intentaron salvar algo de la visión de su ojo derecho. Fue inútil. Gustavo se convirtió en emblema de quienes denuncian las violaciones a los derechos humanos ocurridas desde que el descontento social se tradujo en un estallido ciudadano el 18 de octubre último, particularmente de quienes han sufrido lesiones oculares y que ya suman cerca de 290 personas según el Colegio Médico.

El 26 de noviembre, el ministro del Interior, Gonzalo Blumel, señaló que Carabineros debe proporcionar la identidad de los funcionarios que lesionaron a Gustavo. Hasta hoy, la familia no sabe quiénes son esos policías. CIPER pidió a Carabineros y a Interior esos nombres y consultó si siguen cumpliendo funciones en la calle, si fueron trasladados o suspendidos, pero hasta el cierre de este artículo no hubo respuesta del ministerio y Carabineros informó que no proporcionaría antecedentes porque el caso está “judicializado”.

Enrique Gatica

El dolor de los Gatica Villarroel se acrecentó con el reciente diagnóstico de un cáncer que afecta al padre de la familia. Supieron de su enfermedad apenas dos días antes de que ocurriera la agresión a Gustavo y esta semana se internó para someterse a tratamiento. Mientras tanto, la familia se aferra a la posibilidad remota de que Gustavo vuelva a distinguir, al menos, sombras y luces. Por eso, están buscando alternativas para que, en un último esfuerzo, sea atendido por especialistas en Chile o el extranjero. Los doctores les han dicho que, a veces, la forma en que el organismo asimila la lesión permite esa recuperación mínima.

Esto es lo que cuenta Enrique:

Fue complejo salir de la clínica. Mi hermano decía que desde que ocurrió esto solo había estado ahí. Entonces, enfrentarnos a la casa y a su pieza fue duro, como un ‘charchazo’ de realidad”.

-En términos médicos, ¿qué viene ahora para Gustavo?

Va a tener controles cada dos semanas en esta primera etapa. Hay una cirugía programada para dos o tres meses más, que va a reparar estéticamente el ojo destruido. Hay expectativas de una recuperación mínima de su vista, que tiene que ver con el proceso que su cuerpo realice de manera natural. Estamos indagando, pero sabemos que es difícil. Por ahora estamos con la clínica y su equipo médico, que está encabezado por oftalmólogos y en el que hay un otorrinolaringólogo y un neurocirujano. Estamos buscando especialistas en Chile y el mundo, pero hasta ahora no tenemos ningún antecedente concreto.

-Continuarán con la Clínica Santa María, entonces.

Por lo pronto, sí. La clínica se portó súper bien. Además de la atención, han tenido harta voluntad para conversar con nosotros y prestarnos espacios para hablar con la Fiscalía u otras personas. También ha habido mucho afecto, cuidado y atenciones de los funcionarios con mi hermano y nuestra familia. En ese sentido, fue una buena experiencia en medio de algo tan difícil.

Carteles en apoyo a Gustavo Gatica en el frontis del colegio donde estudió, en el centro de Colina.

-¿Cómo está Gustavo ahora?

Bien, dentro de todo. Sabemos que va a ser un camino súper largo. Mi hermano es joven, tiene apenas 22 años, pero es un chiquillo fuerte y resiliente, tiene mucha inteligencia emocional y es muy maduro. Él nos ha calmado harto, mostrando tranquilidad. Es un joven alegre. Cuando vienen sus amigos se ríe harto. Sabemos que esto será complejo y para largo, pero ahora está bien dentro de todo.

-¿Supo desde un principio el diagnóstico de los médicos?

Desde la primera noche… tuvimos la suerte de estar en la Clínica Santa María, donde hay urgencia de oftalmología. Esa misma noche nos dijeron, con mi hermano presente, que el diagnóstico era bastante negativo. En esa primera noche ya no tenía respuesta a los estímulos visuales.

¿En ninguno de los dos ojos?

-Es que un ojo estaba destruido, y en el otro no estaba respondiendo a los estímulos. Entonces, el doctor nos contó que no había un buen pronóstico.

¿Cómo se tomó eso Gustavo?

-Fue fuerte. Lo tomó con cautela y tranquilidad. Me cuestiono si yo podría tener esa fortaleza en un momento así, pero él estuvo tranquilo. El diagnóstico no cambió con los días. Fueron hartas etapas y momentos. Pasamos rabia en los primeros días, pero mi hermano tuvo fortaleza.

-¿Se mantiene así?

-Sí, es un chiquillo muy fuerte. Estoy admirado por eso, es notable. Está muy dispuesto a aprender nuevas técnicas para desenvolverse y ya está usando el nuevo teléfono que le regalaron, que tiene más facilidades auditivas.

-¿Quién se lo regaló?

Un grupo de profesores del colegio donde trabaja mi mamá. Es un iPhone con herramientas que facilitan su uso. Queremos ir de a poco igual, no llenarlo de cosas, porque nos han llegado varios ofrecimientos de ayuda.

-¿Está consciente de que se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la violación de los Derechos Humanos?

Sí. Hemos sido cuidadosos con el acceso a la prensa, de él y de la familia, porque es abrumadora. Hemos tomado hartos resguardos, pero está al tanto de las noticias y sabe en qué se ha transformado su nombre. La clínica hizo un libro de visitas que se llenó en una semana y le hemos transmitido esos mensajes. Le gusta escucharlos. Una de las primeras cosas que me dijo fue: “Esto no me pasó en un accidente doméstico, sino en la calle, y yo creo en los motivos por los que estaba ahí”. Está muy consciente de la lucha que estaba dando. Y de ahí salió esa frase…

Carteles en apoyo a Gustavo Gatica en el frontis del colegio donde estudió, en el centro de Colina.

-“Regalé mis ojos para que la gente pueda ver”. ¿Fue así?

De hecho, nos reímos un poco, porque él estaba hablando con mi mamá y le dijo algo así como que estos casos permiten que otras personas despierten y se movilicen. La cosa es que mi mamá justo estaba hablando con un grupo de colegas por WhatsApp y les transmitió esa frase. Nunca pensó que saldría de ahí, pero cuando por primera vez llegaron los compañeros de mi hermano a la clínica, le dijeron: “Oye, ¿tú dijiste esa frase?”. Y Gustavo dijo que no, porque no eran las mismas palabras…

-Tu hermano se quiso referir a que su caso podría despertar la conciencia de las personas y alguien hizo la construcción poética.

Mi mamá. Ella la sacó con esas palabras exactas, pero efectivamente la idea provino de mi hermano. Desde un principio él ha dicho que le tranquiliza que le haya pasado luchando por las ideas que sostiene. En la presentación de la querella, cuando digo que mi hermano me transmitió la idea de “sigan luchando”, es porque efectivamente me dijo eso: que todo el esfuerzo generara frutos y no se quedara ahí, sino que produjera cambios efectivos. Por otro lado, el hecho de que lo que le pasó a Gustavo haya sido en un contexto de violación a los derechos humanos tan brutal, generó una red de apoyo y solidaridad muy importante, desde su universidad y el Colegio Médico, hasta la gente que nos escribe mensajes de aliento. Eso nos ha acobijado un montón, permitiéndonos sobrellevar algo tan duro.

-¿El gobierno y Carabineros se han acercado a hablar con ustedes?

No, nadie de Carabineros ni del gobierno se ha acercado. Ni siquiera nos han llamado por teléfono. La única información que hemos tenido ha sido a través de la prensa.

-El Ministerio de Salud anunció un plan para apoyar a personas con lesiones oculares. ¿Ellos tampoco se han acercado?

Tampoco. El Colegio Médico, que ha estado y ha sostenido reuniones con el Ministerio de Salud, nos ha ido informando de algunas cosas. Hasta donde sabemos, no se ha concretado nada efectivo: qué va a ocurrir, en qué momento, nada.

-¿Qué se hace con la bronca, la rabia?

Durante los primeros días, mi hermano decía explícitamente que tenía un poco más de pena que de rabia. Yo sí estuve con una rabia enorme por algunos días. He tratado de obviarla haciendo gestiones para mi hermano y apoyándolo, pero es brutal. Tengo sensibilidad social, trabajé en sitios de memoria de derechos humanos. Entonces por supuesto que me afectan estas cosas. Trabajé en José Domingo Cañas y Villa Grimaldi. Estuve unos siete años en total.

-¿Ejerciendo como historiador?

En Villa Grimaldi como profesional del área de educación. Entonces, tengo sensibilidad por esta temática, pero cuando el caso afecta a mi hermano, te desborda. Dos días después de que ocurrió esto se hizo una manifestación afuera de la clínica que Carabineros repelió. Algunos amigos fueron golpeados. A otra amiga, mientras iba a su departamento, se le acercaron dos carabineros cerca de Pío Nono, y le dijeron: “Oye maraca, ¿qué estai haciendo aquí? Ándate pa’ tu casa”. Ella los encaró y le tiraron gas pimienta. Entonces, estas cosas, que sucedieron a los pocos días de lo de Gustavo, hicieron que yo no quisiera saber nada de los pacos. Le tuve que pedir a mis amigos que ya no me dijeran nada, porque no quería seguir alimentando mi rabia. Nunca he tenido mucha afinidad con esa institución porque, como trabajé en derechos humanos, sé lo que hicieron en dictadura, igual que los militares.

-Haber trabajado en sitios de memoria debe generar una sensibilidad muy fuerte en el contexto actual.

Tremendo. Conocí un montón de familiares de desaparecidos o sobrevivientes de la tortura. Muchos me decían: “Profe, ¿cree que puede haber otra dictadura o que se vuelvan a violar los derechos humanos?”. Y yo respondía que sí, que puede pasar y que hay que tomar los resguardos del aprendizaje histórico. Pero uno nunca piensa que pueda pasarle a tu hermano, que a él se le violen sus derechos humanos en un contexto donde las fuerzas represivas actúan con tal brutalidad. Eso es algo para lo que nadie está preparado.

-¿Quién es responsable de que estemos viviendo algo así? 

Es compleja la pregunta. Esto tiene que ver con la lógica del sistema neoliberal. No podría mencionar a un responsable. Sabemos que cuando entra en crisis el capitalismo aparece el fascismo o ciertas reacciones violentas de resistencia. La institución de Carabineros y las Fuerzas Armadas, a lo largo de la historia, han funcionado para resguardar los privilegios de la elite. Cualquiera que conozca historia de Chile sabe cómo se han puesto al servicio de mantener los privilegios. Entonces, yo creo que ahí están los responsables: la elite que sostiene este modelo, que no quiere soltar el poder y que va a usar cualquier método para mantenerlo.

-¿Qué responsabilidad puede tener el Presidente Sebastián Piñera?

Hay mucha responsabilidad política en él. En los primeros días dijo que estábamos en guerra y eso generó una respuesta como la que vimos: cientos de heridos, personas con su cuerpo mutilado, muertos, gente violada. Eso fue por enfrentar esto como si fuera una guerra.

-¿Piensa que esa posición del Presidente influyó en cómo han actuado Carabineros y militares?

Sin duda. Esto se pudo haber solucionado de otra manera. Los militares nunca debieron haber estado en la calle.  De manera personal, creo que Piñera debe salir del poder, porque el estallido social pudo ser respondido de otra manera, se pudo haber calmado mucho antes haciendo una agenda social o si hubiera llamado a una nueva Constitución. Estoy seguro que la gente habría aceptado con alegría. Pero generó tanto rechazo, que si se hace una nueva Constitución –algo que muchos pedimos–, que esté firmada por él sería doloroso. Su respuesta provocó esta escalada, este rencor. Creo que va seguir existiendo un conflicto social en los años que le quedan de gobierno. No habrá paz con figuras que nos han hecho tanto daño.

-El general director de Carabineros, Mario Rozas, dijo que quienes le dispararon a Gustavo están identificados. ¿Saben si eso es así?

No tenemos esa información. Cuando Rozas dijo eso nos enteramos por la prensa, porque hubo gente que nos avisó. La Brigada de Derechos Humanos de la PDI, que lleva la investigación, tampoco tenía esa información. Nuestro abogado, Carlos Gajardo (el ex fiscal), dijo en CNN que esto no está en la carpeta investigativa. Así que esa información no la tenemos.

-Entonces, ¿ustedes aún no saben quiénes fueron los funcionarios que le dispararon a Gustavo, con nombre y apellido?

No. No sabemos.

Carteles en apoyo a Gustavo Gatica en el frontis del colegio donde estudió, en el centro de Colina.

-¿Qué crees que debería hacer el general Rozas?

Ha habido muchos comentarios desafortunados de su parte. Creo que también sería prudente que diera un paso al costado, porque la manera en que ha llevado todo este proceso no ha sido la más adecuada, no solo por el caso de mi hermano, sino por muchos otros. En esa institución debería haber reformas importantes, porque hay una desconfianza de gran parte de la sociedad civil hacia ella. Han cometido una gran cantidad de atropellos a los derechos humanos, sabemos casos de torturas, de violaciones. Entonces, hay un rechazo hacia la institución que no se va a calmar ni con la renuncia de Rozas. Sería positivo que dé un paso al costado, pero debe haber una reformulación y reeducación para que las Fuerzas Armadas y de Orden dejen de percibir a la sociedad civil como enemigo. Contradice principios básicos de derechos humanos que aquellos a quienes les cedimos el monopolio de la violencia, sean los nos están agrediendo.

-Y en el caso de tu hermano, ¿qué esperan que haga Carabineros?

A estas alturas yo no percibiría como positivo un acercamiento. Esos plazos ya pasaron. Esto fue hace más de tres semanas. Al menos de forma personal, no esperaría nada de ellos en ese sentido, y tampoco lo recibiría como algo positivo. Lo que sí pueden hacer es colaborar con la justicia, entregar todos los antecedentes posibles y que los responsables materiales y políticos paguen lo que tengan que pagar.

-¿Hasta dónde escalan las responsabilidades? Ya hablamos de Piñera y Rozas. ¿Qué pasa con el resto del alto mando o el ministro del Interior?

-Ellos también tienen responsabilidades, porque han sostenido una política sistemática de violación a los derechos humanos y de amedrentamiento. Lo dice el informe de Amnistía Internacional, con el que estoy muy de acuerdo: ha habido una lógica de amedrentar a los manifestantes. Por eso, hay responsabilidades en todos los altos mandos de la institución y en el Ministerio del Interior, que están a cargo de la seguridad del país. También tienen responsabilidad al desoír una serie de llamados que se hicieron desde un principio –del Colegio Médico y de la asociación de oftalmólogos, por ejemplo- sobre las lesiones oculares. Cuando ya iban más de 200 casos ocurrió lo de mi hermano. Uno puede decir que no estaban escuchando y que, por el contrario, estaban sosteniendo y validando una política. Entonces, si no hay una política articulada para violar los derechos humanos, hay al menos una omisión que la permite. La cifra nos dice que esto no es una casualidad, que no son errores ni excesos. Además, después de que le sucede esto a mi hermano, Carabineros dice que acotará el uso de armas a situaciones estrictamente necesarias. ¿Entonces, antes no se utilizaba bajo contextos estrictamente necesarios?

-Además, esa limitación está en los protocolos de Carabineros.

-Claro, eso quiere decir que no estaban aplicando sus protocolos. Y ahora nos enteramos del caso de la mujer de San Bernardo (Fabiola Campillay, quien perdió la visión por una lacrimógena que golpeó su rostro). Entonces no hay una voluntad de querer detener esto, por eso digo que se trata de una omisión.

¿Se han comunicado o tenido contacto con otras víctimas o sus familiares?

-Nos han llegado algunas comunicaciones y hemos tenido contactos, pero por ahora estamos preocupados de la recuperación de mi hermano. No nos hemos articulado aún, pero lo tenemos considerado. Queremos organizarnos con otras personas para ver cómo podemos hacer algo de manera colectiva. Particularmente, en el caso de Fabiola queremos ponernos en contacto con ella y su familia, para ver si podemos hacer alguna actividad para apoyarnos.