Portugal, el modelo “progre-socialista”

por Rolando Astarita

Portugal se ha convertido, por estos tiempos, en el modelo recomendado por mucho del progresismo izquierdista, y por el Frente de Todos. Así, Kicillof afirmó que “Portugal es una salida de salida con crecimiento”; Cristina Kirchner llamó a renegociar con el FMI “a la portuguesa”; y Alberto Fernández se reunió con Antonio Costa, el primer ministro “para conocer de su propia boca cómo fue la experiencia portuguesa: ser muy cuidadoso con las cuentas públicas y desarrollar el consumo”.

A fin de ubicar el tema, recordemos que en noviembre de 2015 el socialista Antonio Costa fue nombrado primer ministro, en base a un acuerdo parlamentario del Partido Socialista con el Bloque de Izquierda, el Partido Comunista y los Verdes. El objetivo proclamado era “acabar con la austeridad para reactivar la economía”. El gobierno del PS restauró entonces la semana laboral de 35 horas para los empleados públicos y aumentó sus salarios; frenó privatizaciones en el transporte y recuperó el control de la línea aérea estatal; elevó el salario mínimo y las pensiones; aumentó la carga impositiva a grandes fortunas e impulsó la ayuda a las pymes. Dado que la economía ha crecido en los casi cuatro años que lleva el gobierno de Costa, el “modelo portugués” muchos afirman que es la demostración palpable de que es posible una salida de la crisis capitalista vía la redistribución progresista del ingreso, y sin sufrimientos para las clases trabajadoras. Por eso la experiencia portuguesa es citada como “modelo a imitar” por el kirchnerismo, stalinistas varios y por los partidos socialistas y organizaciones izquierdistas, como son el PSOE y Podemos, de España. El milagro progresista portugués, por otra parte, ha sido muy conveniente para disimular la desastrosa gestión de Syriza, en Grecia (hace unos años Syriza era el modelo a imitar, recomendado por los Kicillof criollos, los Pablo Iglesias y similares heraldos del reformismo burgués).

Dada la popularidad de que gozaba el modelo PS-portugués entre el izquierdismo reformista, en julio de 2017 escribí una nota (aquí) en la que intenté mostrar que, en Portugal, la recuperación económica ya estaba en marcha antes de que asumiera Costa; y que las medidas adoptadas por su gobierno eran concesiones muy parciales, que no revertían el retroceso de las fuerzas del trabajo durante la crisis. En esta entrada amplío el argumento y actualizo datos. La nota se inscribe en el mismo sentido de diversos escritos (varios de ellos de gente de izquierda) publicados en los últimos días, que también muestran que la recuperación de la economía portuguesa tuvo como contrapartida el empeoramiento de la situación de la clase trabajadora y los sectores populares, con relación al período anterior a la crisis.

Crisis y recuperación débil…

En línea con lo planteado en 2017, señalo en primer lugar que la recuperación de la economía había comenzado antes de la asunción del gobierno socialista. Y que es una recuperación débil, como puede advertirse en el siguiente cuadro.

De hecho, entre 2015 y 2019 (este último estimado), el producto creció un magro 1,73% anual promedio. Por otra parte, la relación inversión /PBI -una variable clave a la hora de evaluar la dinámica de la acumulación- se mantuvo por debajo del nivel anterior a la crisis: entre 2013 a 2018 promedió 15,5%, contra 22% en 2008-9.

… sostenida en baja de salarios

Pero además, la recuperación se produjo luego de una caída de salarios y del empeoramiento de las condiciones laborales y de vida de la población en general. Ese ajuste se profundizó a partir del acuerdo, de mayo de 2011, entre el gobierno portugués y la Troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea): a cambio de un préstamo de 78.000 millones de euros, Portugal aplicó un programa que incluía, entre otras medidas, el congelamiento de salarios, la reducción de los salarios de los estatales, la reforma de leyes laborales y diversas privatizaciones. Un ajuste que se impuso en el contexto de una elevada desocupación, que alcanzaría su pico de 16,4%, en 2013.

El ajuste fue de la mano de lla caída del salario real. Según la OIT (véase “Decent work in Portugal 2008-18. From crisis to recovery”, ILO. 2018, aquí), el salario real experimentó, entre 2008 y 2018, la siguiente evolución.

Puede observarse que los salarios reales recuperan, entre 2014 y 2017, muy poco del terreno perdido con la crisis, y que esa recuperación comenzó después de que la economía tocara fondo, en 2012-3. Téngase en cuenta, además, que los salarios portugueses están por debajo de la media europea

El siguiente cuadro muestra la variación de la composición salarial por hora trabajada, en % (fuente OCDE). Lo importante aquí es ver cómo  la recuperación ya estaba en marcha cuando la compensación horaria todavía estaba en el piso, en 2014.

Pero además, con la crisis se profundizó la caída de la participación de los salarios en el ingreso nacional. En particular, porque a partir de 2010 los salarios se desengancharon de los aumentos de la productividad. El resultado: mientras que en los 1990 la participación era de aproximadamente el 60%, en 2015 fue de solo el 52%.

Reformas laborales favorables al capital…

En la nota de 2017 señalamos que con la reforma laboral, introducida por el gobierno conservador, “disminuyeron las indemnizaciones por despido y se facilitó el despido por inadaptación, o extinción del puesto de trabajo; se redujo a la mitad la cantidad pagada por horas extraordinarias; y se recortó el subsidio de desempleo, que solo podía ser cobrado durante dos años y dos meses, contra tres años y un mes antes de la reforma. También se quitaron los tres días de vacaciones que algunas empresas daban a los empleados que no faltaban durante el año; se suprimieron cuatro días festivos; y se creó una bolsa de 150 horas extra a disposición de la empresa, que decide qué días se trabaja. Esta reforma se impuso, a pesar de la resistencia de los trabajadores y la huelga general convocada por la Confederación General de Trabajadores Portugueses, el 24 de marzo de 2012”.

… que no fueron revertidas 

Como adelantamos más arriba, el gobierno del PS adoptó medidas que significaron mejoras para los trabajadores. Su contrapartida, sin embargo, es que dieron margen al gobierno para no cuestionar, en ningún sentido fundamental la precarización de las condiciones laborales y la pérdida de posiciones frente al capital, experimentada durante la crisis. Dicho en otros términos: una vez que el capital adelantó 100 pasos, es posible retroceder 10 o 20 para asegurar los otros 80 de avances y proclamar, además, que “estamos gobernando en beneficio de los trabajadores”. Una mecánica bastante común cuando se sale de una crisis de la profundidad de la experimentada por Portugal.

Por eso, no debería extrañar que el gobierno PS no haya derogado la reforma laboral impuesta por la Troika y el PSD. Recortó el tiempo de los contratos laborales a dos años y los contratos experimentales a 180 días, el gobierno del PS pero no corrigió el cálculo de compensación de los despidos, que fue clave en la reforma de la Troika. Por eso la reforma impulsada por el PS tuvo el visto bueno de las patronales y de la derecha; y el voto en contra del PC, Verdes y BI. En forma parecida, el PS votó en el Parlamento, junto a la derecha, contra la propuesta del PC, BI y Verdes de restaurar la paga extraordinaria por días festivos.

El resultado fue que, por diversas vías, se consolidó el trabajo precario. Según el informe de la OIT citado, “el nivel de empleo temporario en 2017 era exactamente el mismo que en 2008. El nivel de empleo temporario involuntario también permanecía estable”. El trabajo bajo contratos temporarios comprendía al 37% del trabajo total en 2000; alcanzó un pico de 66% en 2015, y en 2017 apenas había bajado a 63%.

Uno de los sectores en que más aumentó este tipo de empleo fue el turismo que, significativamente, fue motor de la recuperación. Señala un crítico: “El empleo en estos sectores es precario, está mal pago y hay una alta rotación de trabajadores. Entre 2013 y 2017 se firmaron 3,8 millones de nuevos contratos laborales, de los cuales 2,6 millones terminaron en el mismo período. Solo un tercio, aproximadamente, de esos nuevos contratos son permanentes, mientras que los dos tercios restantes son atípicos (trabajo por agencia) o de tiempo limitado. Incluso con el salario mínimo más elevado, estos trabajos proveen salarios bien por debajo del promedio nacional. De acuerdo al Observatorio das Crises e das Alternativas, el salario promedio mensual en los nuevos contratos permanentes disminuyó de 961 euros a mediados de 2014 a 837 euros a finales de 2017” (N. Teles, “The Portuguese Illusion”, aquí).

Paralelamente, disminuyeron los trabajadores comprendidos en negociaciones colectivas. En 2008 había 1,9 millones, casi el 49% de todos los asalariados. En 2013 se había desplomado a 241.000, el 7% del total. Desde entonces hubo una recuperación, llegando a, 821.000 (20,8% del total) en 2017. Todavía muy por debajo del nivel anterior a la crisis (OIT). Otro dato revelador de la situación es que aumentó la duración semanal media del trabajo: pasó de 38,8 horas en 2010 a 39,5 horas en 2018 (“Portugal en números 2018”, Instituto Nacional de Estadística).

Trabajadores estatales

Con la aplicación del plan de 2011 bajaron las nóminas salariales de los estatales, tanto porque hubo recortes en el empleo como de salarios. Según el FMI, los recortes fueron entre 3% y 10% en 2011 para los salarios que estaban por encima de los 1500 euros (citado en el informe OIT). En 2012 se suspendieron los pagos extras de los meses 13 y 14 (lo que en Argentina llamamos aguinaldo). En 2013 se tomaron medidas adicionales para recortar el gasto público. El informe OIT 2013 señalaba que la introducción del programa de ajuste coincidía con las mayores caídas del empleo y del producto de que se tenía registro. En 2014 hubo bajas adicionales de entre el 2,5% y 12% para los salarios que superaban los 600 euros. También se congeló la progresión de las carreras en el Estado como un medio para contener la nómina salarial en el sector público. Estos recortes luego se retiraron.De acuerdo a la OIT, en lo más agudo de la crisis Portugal había reducido el gasto público en actividades económicas, educación y salud en alrededor de 7% del PBI. El déficit pasó de representar 3,8% del PBI a un pico de 11,2% en 2010, 7,2% en 2014 y 1,1% en 2018.

El compromiso del gobierno de Costa de contener el gasto fiscal a costa de recortes a derechos de los trabajadores sigue firme hasta el presente. Por eso se negó a apoyar un proyecto de ley, del PC, BI y Verdes, que recuperaba de forma integral el tiempo de servicio de los maestros y profesores. Congelado entre 2011 y 2017, ese tiempo es esencial para la progresión en las carreras. El argumento del PS para rechazar el proyecto fue que aumentaría el gasto anual en 800 millones de euros.

¿Recuperación vía aumentos de salarios y consumo?

Según el reformismo burgués, es posible salir de la crisis capitalista elevando los salarios y redistribuyendo el ingreso en beneficio de los trabajadores y sectores populares. Así, el consumo arrastraría a la inversión. Las tesis “catastrofistas” del marxismo (el capitalismo sale de las crisis empeorando las condiciones de vida de los trabajadores) no se aplica, y el caso portugués lo habría demostrado.

Pero hemos visto que: a) los salarios reales tocaron piso en 2014, y seguían por debajo del nivel pre-crisis cuando la recuperación ya estaba en marcha; b) la participación de los salarios en el ingreso era menor, en 2015, que en la pre-crisis. La realidad entonces es que la recuperación de la economía portuguesa no estuvo tirada por el consumo. supuestamente promovido por el gobierno socialista. El gasto en consumo final de los hogares en 2010 representaba el 63,9% del PBI; en 2018 la participación había bajado al 63% (“Portugal en números…”; INE). Lo cual es natural ya que hubo desendeudamiento de los hogares. La recuperación tampoco estuvo liderada por el gasto en consumo de la administración pública: pasó del 20,7% del PBI en 2010, al 17,3% en 2018 (ibid.).

Por eso no hay forma de sostener que la recuperación económica se produjo a partir de inyectar poder de compra en los asalariados y en el pueblo trabajador. Contra lo que pretende el reformismo burgués, la superación de las crisis capitalistas siempre ocurre según la lógica del capital. Lógica que se impone a partir del poder que da la propiedad privada de los medios de producción, se sintetiza en la exigencia, objetiva, de restaurar las condiciones de rentabilidad de los negocios. Esas condiciones incluyen, naturalmente, la estabilidad macro: control del déficit fiscal y de cuenta corriente, y estabilidad de la moneda. Por lo cual no es un factor despreciable el que Portugal se haya mantenido dentro del euro (al pasar, ¿qué tiene que ver esta situación con lo que ocurre en Argentina?).

Eje en el turismo e inversión inmobiliaria 

Los principales motores de la recuperación no estuvieron en el consumo, sino en el turismo, la inversión extranjera y la inversión en construcción y propiedad inmobiliaria. El turismo pasó de representar, en cuatro años, del 13% al 17% PBI. Fue decisivo,además, para el equilibrio externo: en tanto la balanza de bienes, entre 2016 y 2019, fue deficitaria (6,7% del PBI, promedio anual), la balanza de bienes y servicios se mantuvo positiva en torno al 1,3%, promedio anual (datos del FMI). La participación de la inversión extranjera en la formación de capital bruto fijo, por su parte, pasó de 8,6% en 2014 a 20% en 2017. También entró dinero destinado a inversiones inmobiliarias. Recordemos que desde 2012 se otorga el derecho a vivir en Portugal a todo aquel que adquiera una propiedad valuada en al menos 500.000 euros (también a los que inviertan capital). El Banco de Portugal señala una sobrevaluación de las propiedades inmobiliarias, vinculada al auge del turismo y a las inversiones de no residentes: entre el final de 2013 y la primera mitad de 2018 los precios de las propiedades residenciales crecieron, aproximadamente, un 29% (Financial Stability Report, diciembre 2018, Banco de Portugal).

Naturalmente, la recuperación basada en turismo e inversión en construcción inmobiliaria se refleja en los cambios en las participaciones de los sectores en el valor agregado bruto: el sector servicios elevó su participación desde el 66,4% en 1995, al 75,3%. La construcción, en el mismo lapso, la incrementó del 4% al 6,5%. En cambio industria, energía, agua y saneamiento vio disminuida su participación desde el 21,6% en 1995 al 18,5% en 2018 (“Portugal en números…”; INE). Es llamativo que este modelo sea reivindicado por un progresismo que no solo se concibe a sí mismo como “distribucionista”, sino también fuertemente “industrialista”.

Inflación crediticia y apalancamiento

El incremento de la actividad inmobiliaria -junto a la suba de precios y un entorno de bajas tasas de interés- dio lugar al aumento del crédito bancario, y al apalancamiento. Como resultado, al terminar la primera mitad de 2018 los bancos portugueses estaban altamente expuestos a los activos inmobiliarios, que representaban el 38,9% del total de activos. Esta exposición era mayormente indirecta, en particular a través de propiedad inmobiliaria usada como colateral en el mercado hipotecario, que representa el 28% del total de los activos de los bancos portugueses.

Otro componente de la exposición es el crédito otorgado a empresas de construcción y negocios inmobiliarios; representa el 5% de los activos totales. Además, el volumen de non performing loans (NPL) asociados a construcción e inmobiliario es proporcionalmente mayor que en otros sectores: un 40% de los NPL del sector corporativo no financiero corresponde a empresas de la construcción y actividad inmobiliaria. Si bien el crecimiento de la demanda de propiedad inmobiliaria ayudó a mejorar los balances de los bancos -al permitirles deshacerse de propiedad recibida en pago que figuraba en sus balances-, dada la alta exposición del sistema bancario al mercado inmobiliario residencial, un ajuste súbito de precios podría representar significativos riesgos para el sector (Financial…).

Destaquemos por último que la recuperación de Portugal ha ido de la mano de un alto nivel de endeudamiento. La deuda del Estado como porcentaje del PBI pasó del 71,7% en 2008 a un máximo de 130,6% en 2014 y a mediados de 2018 se ubicaba en 124,9% del PBI. La deuda externa, en la primera mitad de 2018, representaba el 92,7% del PBI (Financial…).

En conclusión, es difícil entender qué hay de “milagro progre-izquierdista” en la recuperación de la economía portuguesa.

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)