La marcha hacia la guerra contra Irán y el conflicto con Europa

por Alex Lantier

Mientras se dirigen buques de guerra estadounidenses hacia Irán y el Pentágono concibe planes para desplegar a 120.000 tropas en la región, estallan conflictos amargos entre Washington y la Unión Europea.

El lunes, el secretario de Estado de EUA, Mike Pompeo irrumpió sin invitación en una reunión de cancilleres en Bruselas e intentó torcerle el brazo a sus “aliados” europeos para que apoyen la política de Washington de un cambio de régimen en Irán. El mismo día, la prensa española reportó sobre una carta secreta del Pentágono que denuncia los planes de la UE de formar un ejército europeo. La decisión de filtrar la carta, dos semanas después de que la UE la recibiera, estuvo relacionada con la grave crisis de guerra.

En la carta, el Pentágono no se anda con rodeos. Se declara “profundamente preocupado” por el proyecto del ejército de la UE, advirtiendo que constituye un “dramático retroceso” en los lazos entre EUA y la UE y amenazó con eliminar la cooperación con los fabricantes de armas europeos. Añadió que los planes de la UE podrían, “reavivar las tensas discusiones que dominaron nuestros contactos hace 15 años sobre las iniciativas de defensa europeas”, cuando Berlín y París se opusieron públicamente en las Naciones Unidas a la invasión ilegal de Irak que encabezó EUA.

Tales amenazas dejan en claro que las tensiones entre EUA y la UE involucran más que un apoyo continuo de la UE al acuerdo nuclear con Irán de 2015, el cual ha fue rechazado por EUA hace un año, y que las amenazas de Trump de imponer aranceles a las exportaciones de automóviles europeas.

La OTAN fue un pilar del orden posterior a la Segunda Guerra Mundial, formado en 1949, cuatro años después del final de la guerra, en oposición a la Unión Soviética. Ahora se enfrenta a su desintegración, según reemerge violentamente en el siglo veintiuno la disputa entre EUA y las potencias imperialistas europeas por mercados, recursos naturales y ventajas estratégicas que ya llevó al sistema capitalista a dos guerras mundiales en el siglo veinte.

Después de que la burocracia estalinista disolviera la Unión Soviética en 1991, el imperialismo estadounidense buscó contrarrestar su declive económico empleando su poderío militar. Lanzó guerras con el apoyo de algunas o todas las potencias de la UE, desde Irak a Yugoslavia, Afganistán, Livia y Siria. Sin embargo, una década después del derrumbe de Wall Street en 2008, según sigue empeorando la posición económica de EUA, los conflictos entre la política imperialista de EUA y la europea son cada vez más irremediables.

La UE está avanzando su política por encima de objeciones abiertas de EUA. Varias potencias europeas están adhiriéndose a la Iniciativa Cinturón y Ruta de China para el desarrollo de infraestructura en Eurasia, integrando a la firma china Huawei en las redes de telecomunicaciones de la UE y oponiéndose a los despliegues de armas nucleares estadounidenses en el continente después de que Washington anulara el tratado de Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio con Rusia. El Pentágono ve estas políticas, colectivamente, como una amenaza para la hegemonía mundial de EUA.

Los estrategas estadounidenses se alarmaron por los planes de un ejército de la UE encabezado por París y, ante todo, Berlín, que abandonó sus restricciones militares de la posguerra y ha remilitarizado su política exterior. En un artículo en la revista Foreign Affairs intitulado, “La nueva cuestión alemana”, Robert Kagan escribe: “El resquebrajamiento del equilibrio de poder europeo ayudó a producir dos guerras mundiales y llevó a más de diez millones de soldados estadounidenses a cruzar el Atlántico y luchar y morir en esas guerras… Piensen en Europa como una bomba sin explotar, su detonador está intacto y funcional, sus explosivos aún vivos”.

El Gobierno de Trump está respondiendo por medio de intentos para reorganizar radicalmente la geopolítica eurasiática, comenzando con una guerra y cambio de régimen en Irán. El análisis del imperialismo estadounidense que Trotsky realizó en 1928, un año antes de que el Colapso de Wall Street desencadenara la Gran Depresión, parece como un análisis de la situación contemporánea:

En el periodo de crisis, la hegemonía de Estados Unidos operará de manera más completa, más abierta y despiadada que en el periodo de auge. Estados Unidos buscará superar y liberarse de sus dificultades y dolencias, en primera instancia, a expensas de Europa, independientemente de si esto ocurre en Asia, Canadá, Sudamérica, Australia o en la propia Europa, independientemente de si esto tiene lugar pacíficamente o mediante la guerra.

Ahora que el mundo está de cara ante otra erupción volcánica del imperialismo estadounidense, es crítico captar la naturaleza de la guerra que se aproxima y desarrollar una estrategia para oponérsele.

Una guerra estadounidense con Irán, un país con más del doble de la población y cuatro veces el tamaño de Irak, generaría pérdidas mucho mayores que el ya horrendo costo de la guerra de 2003 contra Bagdad: más de un millón de civiles iraquíes muertos y decenas de miles de bajas militares para EUA, Reino Unido, España, Italia y otros países de la OTAN. De manera incluso más rápida que la guerra indirecta en Siria, en la que Washington, los jeques petroleros del golfo Pérsico, las potencias de la UE, Turquía, Irán, Rusia y China han intervenido, se expandiría en una guerra de plena escala, regional y global. El peligro de una catastrófica conflagración nuclear es muy real.

La cuestión decisiva es la construcción de un movimiento internacional y en la clase obrera contra la guerra. La marcha hacia una guerra contra Irán se produce en medio de un resurgimiento de la lucha de clases en todo Oriente Próximo, África, América Latina, Europa y Estados Unidos. Los últimos 18 meses han sido testigo de protestas masivas de los trabajadores iraníes contra la austeridad, una ola de huelgas docentes organizadas independientemente de los sindicatos procapitalistas en Estados Unidos, la rebelión de trabajadores de autopartes en México y el movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia. Este resurgimiento se ha intensificado a lo largo del 2019 con el estallido de una huelga nacional de maestros en Polonia y protestas masivas contra el Gobierno en Argelia.

Este movimiento incipiente solo se puede desarrollar si une la lucha contra la austeridad con la oposición al militarismo y la guerra, y si lo hace a una escala internacional, uniendo a la clase obrera contra el imperialismo estadounidense y europeo.

Ante las protestas internacionales y masivas contra la guerra antes de la invasión de Irak en 2003, la prensa y una capa de partidos pseudoizquierdistas de la clase media promovieron ilusiones en que el Partido Demócrata en EUA, el imperialismo alemán y el francés restringirían al Gobierno de Bush. Esto resultó ser desastrosamente falso. No solo continuó las guerras el presidente demócrata Obama e inició nuevas guerras en Libia y Siria, sino que las potencias de la UE han derrochado cientos de miles de millones de euros desde entonces en sus propios ejércitos en busca de competir con EUA saqueando los recursos del mundo.

“Las antiguas certezas del orden de la posguerra ya no aplican”, declaró el miércoles la canciller alemana, Angela Merkel, añadiendo que China, Rusia y EUA “nos obligan una y otra vez a hallar una posición en común”. Explicó: “Alemania, Francia y Reino Unido están abordando la cuestión del acuerdo con Irán de forma distinta… En lo que concierne la cooperación de defensa, estamos progresando bien”.

Las operaciones de las potencias de la UE no son menos predatorias que las de el imperialismo estadounidense. Temiendo ante todo el creciente desafío de la clase obrera, ya no se molestan en presentarse como oponentes de las guerras de agresión de EUA en las Naciones Unidas, como lo hicieron en 2003.

Mientras París reprime violentamente a los “chalecos amarillos”, el Gobierno de la Gran Coalición de Alemania promueve al partido neofascista AfD y protege a profesores de extrema derecha que minimizan los crímenes de Hitler y el militarismo alemán, todos los regímenes de la UE están imponiendo medidas de austeridad contra los trabajadores para financiar sus ejércitos. El Instituto Británico Internacional de Estudios Estratégicos estima que, si Washington desea irse de la OTAN, Europa se verá obligada a gastar $110 mil millones en una expansión naval y $357 mil millones para el ejército terrestre.

La tarea crítica es armar el movimiento emergente de la clase obrera internacional con un programa político para combatir la guerra y el sistema capitalista que le da origen. En su declaración de 2016 “El socialismo y la lucha contra la guerra”, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional delineó la base de principios de un nuevo movimiento internacional contra la guerra:

  • La lucha contra la guerra debe basarse en la clase obrera, la gran fuerza revolucionaria en la sociedad, uniendo tras ella todos los elementos progresistas en la población.
  • El nuevo movimiento contra la guerra debe ser anticapitalista y socialista, ya que no puede librarse una lucha seria contra la guerra si no es parte de la lucha contra la dictadura del capital financiero y el sistema económico que es la causa fundamental del militarismo y la guerra.
  • Consecuentemente, el nuevo movimiento contra la guerra debe ser, por necesidad, completa e inequívocamente independiente de y hostil hacia todos los partidos y organizaciones de la clase capitalista.
  • El nuevo movimiento para la guerra debe ser, ante todo, internacional, movilizando el vasto poder de la clase obrera en una lucha unificada globalmente contra el imperialismo.

(Tomado de WSWS)