¿Por qué el Gobierno de Piñera asesinó a Camilo Catrillanca?

por Gustavo Burgos //

El Gobierno actual, el del exitista y banal empresario de los tiempos mejores, Sebastián Piñera, tiene manchada las manos con la sangre del comunero mapuche, el weichafe Camilo Catrillanca.

La farsa grotesca del Comando Jungla y sus gorilas amaestrados en la represión de campesinos en Colombia, se  nos presenta hoy con toda su brutalidad y desmesura. El miércoles 14, mientras Piñera se paseaba por el exterior  haciendo negocios y disfrazando con sus ademanes de bufón y sus piñericosas la entrega del país a las multinacionales, una unidad de las FFEE de carabineros, llamada “Comando Jungla”, desplegó helicópteros, tanquetas, vehículos blindados y fusileros como parte de una acción militar en contra de una comunidad mapuche en la localidad de Temucuicui.

Grupo de Operaciones Tácticas, “Comando Jungla” ocupando el Wallmapu

La acción se justificó en su momento en una fantasmal  denuncia de robo de vehículos, cuyas víctimas jamás se han precisado y que condujeron a los represores hasta el lugar por el que transitaba Camilo Catrillanca en su tractor, mientras volvía de trabajar y se dirigía a su hogar, donde le esperaba su mujer embarazada y un hija de 6 años. Nunca volvería a verlas.

Mientras conducía su tractor, Camilo fue ametrallado por la espalda y dos balas se alojaron en la nuca del  nieto e hijo de lonkos, hiriéndolo mortalmente y ocasionando su deceso más tarde en un centro hospitalario, a donde llegó moribundo. En tanto, la balacera siguió más de una hora sobre la comunidad obligando a sus habitantes, y dentro de ellos a niños, mujeres y ancianos, a refugiarse en los bosques y montes del lugar. Hasta hoy –tres días después- no se han encontrado ni evidencias de ataque armado a las FFEE de Carabineros ni armas, ni mucho menos la existencia de los vehículos objeto de delito. Mucho menos algún tipo de evidencia que vincule a Catrillanca con el robo de vehículos, salvo que se plantee que luego de cometer un asalto su autor se disponga a eludir el accionar policial conduciendo un vistoso y enorme tractor que circulaba a diez km/h por un camino público acompañado de un niño.

Pericias en el tractor de Camilo Catrillanca luego del ataque policial

La circunstancia de que no hubo enfrentamiento, además de todo lo señalado, se ratifica indiciariamente por que el personal -en cuya preparación el Estado hizo millonarias inversiones en su formación- ante un simple procedimiento por robo con violencia, “olvidó” activar las cámaras Go-Pro que habrían podido registrar el procedimiento en que resultó muerto Camilo Catrillanca. No cabe duda que los oficiales a cargo omitieron activar estos dispositivos para ocultar su ilícito proceder.

El conjunto del hechos y el contexto político, inequívocamente, nos señala que Camilo Catrillanca fue fríamente ejecutado por personal de Carabineros.

Pero tratemos de responder la pregunta con que se titula esta nota: ¿Por qué el Gobierno asesinó a Camilo Catrillanca?

En primer lugar y como cuestión de fondo, debemos señalar que Piñera y su gobierno de patrones definió con este asesinato, el verdadero contenido del pomposo Plan Araucanía, en cuyo nombre se anuncia la usurpación de hasta la identidad del Wallmapu Mapuche, un plan concebido para blindar a latifundistas y grandes empresas forestales, legitimando  la militarización del territorio y las comunidades.

Cuando el Comando Jungla despliega helicópteros, blindados y hace uso de sofisticado armamento de fuego y equipamiento represivo (drones, sensores de temperatura, cámaras de alta definición, visores infrarrojos, etc.), lo hace mandatado por la voluntad política de exterminar la resistencia mapuche. Los matarifes de uniforme actuaron envalentonados por un discurso fascistizante que  promete una “solución final para la cuestión mapuche” como les gusta decir a los gamonales de la zona en tono colonial, en inequívoca alusión al discurso nazi.

Dicho esto, debemos concluir necesariamente que a Camilo Catrillanca lo mataron por ser mapuche, por ser campesino y por ser pobre.

En segundo lugar, a  Camilo Catrillanca lo mataron –además- por ser un activo luchador por los derechos de su pueblo, un convencido de que la liberación mapuche será el necesario resultado de la recuperación de tierras y la movilización. Camilo, a sus 24 años, formó parte de la gloriosa generación que durante el naciente siglo XXI, ha hecho propia la tradición de su cultura, levanta orgullosa las banderas combativas e indomables de la nación mapuche y desde el campo y las ciudades ha sabido desplegar acciones que contribuyen a fortalecer el sentido de identidad e inquebrantable voluntad de liberación.

El desesperado intento del Intendente Mayol y de Chadwick desde La Moneda, de calificar a Catrillanca como delincuente, no hace sino confirmar la idea de que el Gobierno necesita defenestrar al combatiente por la libertad de su pueblo y presentarlo como un simple ladrón de autos. Este abuso de la autoridad llega al extremo de que en circunstancias de que se hizo público el certificado de antecedentes penales de Camilo Catrillanca, en el que consta la ausencia de anotaciones penales en su contra, el Gobierno mutó su actitud recalcitrante y ahora inventa la categoría totalitaria de “antecedentes policiales por receptación”, careciendo tal categoría -en un orden formalmente democrático- de todo sustento jurídico y resulta de por sí delictiva proviniendo de las más altas autoridades de nuestro país.

Camilo Catrillanca, hijo de del lonko Marcelo Catrillanca y nieto del destacado lonko Juan Catrillanca, fue formado en los mayores valores de combate de su pueblo. En esta línea, su padre en el sepelio del día de ayer, indicó conmovedoramente que sentía orgullo de Camilo, por cuanto en su vida siempre se comportó como un weichafe (guerrero) de la causa mapuche.

Como decíamos más arriba, a Camilo lo mataron por ser un guerrero, un weichafe, un combatiente de primera línea por la libertad de su pueblo. Esto último se refrenda además por la reacción experimentada por las comunidades mapuche y por la sociedad chilena en su conjunto. Nadie, absolutamente nadie en este país –salvo los paniaguados del Gobierno y los descerebrados que encabeza Kast- salió a defender este hecho como acto de autoridad. De forma unánime, nacional e internacionalmente, hasta la la BBC y la ultrarreaccionaria CNN, la muerte de Camilo Catrillanca ha sido categorizada como un crimen político y un atentado al pueblo Mapuche.

Como última línea argumental, como tercera razón, a Camilo Catrillanca lo mataron porque el régimen en su conjunto sólo puede aplicar sus planes de saqueo y explotación, en tanto logre asestar una profunda derrota a los trabajadores y explotados en general. Camilo Catrillanca se suma a una ominosa lista de ejecutados políticos en democracia burguesa. Desde Ariel Antonioletti, Rodrigo Cisterna y en el pasado gobierno de Piñera, el compañero Manuel Gutiérrez. La lista de ejecutados mapuches consigna a Alex Lemún, Edmundo Lemunao, Julio Huentecura, Zenén Díaz Necul, José Huenante, Juan Collihuín, Jhonny Cariqueo, Matías Catrileo, Jaime Mendoza Collío, Rodrigo Menilao y Víctor Mendoza Collío.

Los nombres de estos luchadores son un testimonio sangriento de la podredumbre del régimen capitalista, aquél que sólo puede mantener en el poder a una minoría explotadora de plutócratas merced a la represión y al terror. Ninguno, pero ninguno en absoluto de los asesinos de estos compañeros ha recibido castigo alguno por tales crímenes, sus asesinos han sido amparados por la impunidad de un sistema policial y persecutorio corrupto hasta la médula y disciplinado a los intereses espurios del gran capital.

No hay salida institucional para esta reivindicación democrática del castigo a los asesinos. No la hay, de el momento en que la Corte Suprema está proecupada de dar libertad a los asesinos de Punta Peuco y renuncia a sus obligaciones constitucionales de preservar un sistema judicial que cautele las garantías individuales y entre ellas, muy especialmente, el derecho a la vida, a organizarse, a resistir a la explotación y a ser sometido a un procedimiento racional y justo.

La llamada Operación Huracán, aquella conspiración criminal de los aparatos represivos de Carabineros  en connivencia con el Ministerio Público, la del “Profesor” Smith y su programa Antorcha, con sus pruebas falsas y montajes, inficciona y contamina la totalidad de la mal llamada política de seguridad del Estado en territorio mapuche y testimonia el fracaso completo del régimen en su intento por doblegar al pueblo Mapuche.

La izquierda chilena, la izquierda revolucionaria que se reivindica de la lucha de clases y del socialismo, tiene una enorme tarea que emprender, la tarea de dar expresión política de proyección socialista, al conjunto de las movilizaciones que sustentan los explotados hoy a lo largo a todo lo largo del país.

El rostro de Camilo proyectado en Plaza Italia, Santiago

El régimen del gran empresariado con el Aula Segura y su discurso de represión, pretende convencer a la opinión pública de que los problemas sociales se mitigan con orden y progreso. La muerte de Camilo Catrillnaca y la reciente del pescador quinterano, Alejandro Castro, ponen en evidencia lo opuesto: que el orden capitalista que garantizan los payasos del Comando Jungla y el conjunto del aparato represivo del Estado, conduce a la miseria y aquella a la descomposición social. El gran capital nos propone la depredación del medio ambiente, la opresión a la mujer, el exterminio de las nacionalidades originarias oprimidas, la superexplotación de los trabajadores y en general la destrucción de toda conquista social o sistema de previsión, salud y educación.

Los grandes capitalistas, con La Moneda como títere, se disponen a saquear nuestro país y entregar nuestros recursos y riquezas a las multinacionales y al imperialismo. A esta política infame la llaman “modernización”. Es esta política y quienes lo sustentan lo que hoy está en crisis. La indignación provocada por la muerte de Catrillanca –como bien lo expresara ayer Baradit- no tiene que ver tanto con la simpatía que existe respecto de la causa mapuche, sino más bien con el descontento generalizado que atraviesa a nuestra sociedad y que conduce a amplios sectores a repudiar al régimen y a movilizarse en su contra.

En este contexto de polarización y de agudización de los antagonismos de clase, de nada nos sirve el discurso reformista y democratizante que nos propone -como único camino- el institucional para resolver los acuciantes conflictos sociales vigentes en Chile. Mientras en el parlamento el Frente Amplio y los escombros de la Nueva Mayoría se juntan los fines de semana para preparar  las próximas elecciones como único horizonte, el pueblo -como lo expresara Raúl Zurita- tiene cubierto su horizonte con el nombre de Camilo Catrillanca.

Los fascistas chilenos preparan su propio Bolsonaro y lo declaman abiertamente. El reformismo de izquierda de la pequeña burguesía huye horrorizada de esta perspectiva y se esconde en las polleras multicolores del ciudadanismo: ese camino es una derrota anunciada. La tarea de hoy es la unidad de los trabajadores por sobre cualquier premisa, la unidad para lucha, la unidad para vencer. Es en el terreno de la movilización y la acción directa que podrán expresarse los explotados y es responsabilidad de los revolucionarios abandonar todo sectarismo para levantar las banderas del socialismo y la liberación social y nacional. Con Camilo Catrillanca en la memoria, cien veces venceremos, marichiweu compañeros!!!!

Cortejo fúnebre, 15 de noviembre