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¿Hacia una economía sin dinero? No tan rápido

por Alejandro Nadal //

Mucho se habla de la desaparición del dinero en efectivo en las economías modernas. Se dice con frecuencia que las nuevas tecnologías y plataformas electrónicas permiten realizar todas las transacciones cotidianas sin utilizar dinero líquido. De este modo, se pronostica que los nuevos y cada vez más versátiles teléfonos celulares, así como los más recientes sistemas de pagos electrónicos, no tardarán en eliminar el uso del efectivo en la economía Seguir leyendo ¿Hacia una economía sin dinero? No tan rápido

Honduras: del golpe de 2009 a la insurrección de 2017, lecciones

por  Comité Central del PST-Honduras//

Honduras experimenta un ascenso de la lucha de clases, como pocos en su historia reciente, el referente más cercano es la lucha contra el Golpe de Estado en 2009. Sin duda alguna, estos episodios no son rayos en cielo sereno. Al contrario, el golpe es la respuesta de la burguesía hondureña ante los avances y conquistas que venía obteniendo el movimiento obrero, popular y social. Seguir leyendo Honduras: del golpe de 2009 a la insurrección de 2017, lecciones

El gobierno griego de Syriza acuerda seguir las medidas de austeridad salvajes

por John Vassilopoulos//

Un acuerdo para imponer 3.600 millones de euros más en recortes de austeridad ha sido alcanzado entre el gobierno griego de Syriza, los funcionarios de la Unión Europea (UE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El acuerdo del Martes es el último componente brutal de la austeridad de 86.000 millones de euros para el paquete de préstamos firmado por el gobierno griego en Agosto de 2015. Su compromiso con la austeridad adicional estaba condicionado a que la UE liberara un tramo de 7.500 millones de euros, necesario para pagar la deuda madura de Julio.

Las negociaciones se prolongaron durante un período de seis meses, lo que aumentó la especulación de que no se alcanzaría un acuerdo a tiempo para que Grecia cumpla con sus obligaciones sobre la carga total de la deuda que se mantuvo en torno a los 300.000 millones de euros -79 por ciento del PIB. Esto los llevaría a una crisis similar a la del verano de 2015, cuando el país estuvo a punto de morir y los bancos se vieron obligados a cerrar.

Los mercados financieros reaccionaron positivamente al nuevo acuerdo, con las acciones griegas saltando un 3,1 por ciento.

Anunciando el acuerdo, Euclid Tsakalotos, ministro de Finanzas de Syriza, declaró: “La negociación ha terminado con un acuerdo sobre todos los asuntos”, y añadió: “Ahora tenemos una decisión que el gobierno griego será llamado a cumplir con leyes y decisiones”.

Lo que Syriza ahora “hará cumplir” es más ataques devastadores en las pensiones, los salarios y los derechos de los trabajadores.

Las pensiones se reducirán en un 18 por ciento a partir de 2019, afectando a unos 1,1 millones de pensionistas que reciben más de 700 euros al mes. Los recortes de pensiones son de alrededor de 1,8 mil millones de euros, alrededor del 1 por ciento del PIB. Para los pensionistas de bajos ingresos, estos son los mayores recortes desde que se firmó el primer paquete de austeridad en 2010.

Ha habido una asombrosa reducción de los ingresos de los jubilados desde 2010, que han reducido las pensiones en un promedio del 40 por ciento. Según la United Pensioners’ Network (Red de Pensionistas Unidas), éstas ascienden a un total de 50.000 millones de euros.

Nikos Chatzopoulos, Presidente de la Red, dijo: “No sólo los recortes en nuestras pensiones, sino también las subidas de las contribuciones a la seguridad social y la fiscalidad, que han reducido los ingresos de los pensionistas en más del 50 por ciento …. Hay personas que no pueden darse el lujo de pagar sus medicinas. Ya no tenemos dinero para pagar la electricidad y las cuentas de teléfono”.

El umbral libre de impuestos se reducirá de € 8.636 a € 5.681, lo que llevará a muchos trabajadores de bajos ingresos y pensionistas fuera de la franja libre de impuestos. La medida también se establece para golpear a los pensionistas de bajos ingresos que ganan tan poco como € 500 al mes. Para aquellos que sólo están cubiertos por el umbral actual, esto equivaldrá a un recorte de alrededor de € 650 a sus ingresos.

La reducción al umbral libre de impuestos equivale también a un 1 por ciento del PIB y se prevé que entre en vigor en 2020, siempre que los niveles actuales de superávit presupuestario sigan en el objetivo. Si no es así, entonces se avanzarán hasta 2019.

Se prevé que medidas adicionales de austeridad por valor de 450 millones de euros entrarán en vigor el próximo año, entre las que se incluyen reducciones del 50 por ciento en el subsidio de la calefacción, prestaciones por desempleo y reducción de los descuentos fiscales en los gastos médicos. También hay planes para vender minas de carbón y centrales eléctricas de carbón, propiedad de la Corporación de Energía Pública (PPC), que asciende a aproximadamente el 40 por ciento de su capacidad.

En el centro del acuerdo estaba la aceptación de gran parte de las demandas del FMI de nuevos ataques a los derechos de los trabajadores. Mientras que la demanda del FMI de permitir el cierre patronal de trabajadores por parte de los empleadores se mantuvo fuera de la mesa por ahora, el acuerdo se acercó un paso hacia la derogación de la legislación contra los despidos arbitrarios de masas. Aunque todavía se limitan al 5 por ciento de la mano de obra en una empresa -hasta un máximo de 30 trabajadores por mes- ya no tienen que ser aprobados previamente por el Ministro de Finanzas y el Consejo Supremo de Trabajo (ASE). Bajo el nuevo proceso, la ASE sólo podrá auditar si se siguen todos los requisitos legislativos.

El acuerdo también incluye el compromiso de introducir legislación anti-huelga incluyendo un proceso judicial acelerado para decidir sobre la legalidad de la acción industrial.

El gobierno tiene hasta el 18 de Mayo para conseguir que el acuerdo pase en el parlamento a tiempo para la reunión del consejo del grupo euro con ministros de finanzas de la UE el 22 de Mayo.

El impacto de las nuevas medidas, golpeando desproporcionadamente a algunos de los sectores más pobres y vulnerables de la población, será catastrófico. Desde 2010, la economía de Grecia se ha reducido en un 27 por ciento bajo el peso de las sucesivas medidas de austeridad impuestas por la UE y el FMI de acuerdo con los gobiernos PASOK, Nueva Democracia y Syriza.

El desempleo en Grecia se sitúa en el 23,5 por ciento y está en casi el 50 por ciento entre los jóvenes.

Según un estudio reciente de la organización de investigación sin fines de lucro Dianeosis, cerca de 1,5 millones de griegos -el 13,6 por ciento de la población- viven actualmente en “pobreza extrema”. Esto se compara con el 2,2 por ciento en 2009. Según el estudio, una familia de cuatro personas, justo en al borde del límite de pobreza extrema, puede gastar sólo 7 € al mes para los gastos escolares de sus hijos, 12 € para los zapatos para toda la familia y sólo 24 € para los productos de higiene. Aquellos que caen dentro de la zona de pobreza extrema ni siquiera pueden pagar lo anterior “.

La desastrosa situación económica en Grecia, sin precedentes en tiempos de paz, es una devastadora sumaria de la pseudo-izquierda Syriza, que llegó al poder en Enero de 2015 con un billete de anti-austeridad. Apenas unos meses más tarde, este partido pro-capitalista abandonó su retórica anterior y firmó el tercer paquete de rescate para Grecia, traicionando el abrumador rechazo a la austeridad en el referéndum de Julio, 2015.

Una declaración de la UE y el FMI alabó al gobierno griego afirmando que “este acuerdo preliminario se complementará ahora con nuevos debates en las próximas semanas sobre una estrategia creíble para asegurar que la deuda de Grecia sea sostenible”.

El FMI ha insistido en que la deuda de Grecia no es sostenible a menos que se implemente cierto alivio de la deuda. Esto ha sido un punto crítico para el FMI, que no está participando financieramente en el programa de austeridad acordado con Syriza en 2015. El gobierno alemán ha sido central en resistir los llamados para la implementación de cualquier forma de “corte de pelo” de la deuda ya que soportaría el peso. Esto explica la respuesta reticente al último acuerdo de Berlín. Un portavoz del Ministerio de Hacienda alemán lo describió como un “paso intermedio” importante, pero agregó que todavía se necesita trabajo. El ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, advirtió que “el gobierno [griego] aún no ha cumplido todos los acuerdos”.

Sigue habiendo escepticismo de que un acuerdo sobre cualquier alivio de la deuda es posible. Stephen Brown, economista de Capital Economics, dijo: “Como tal, las preocupaciones por el incumplimiento y el potencial de ‘Grexit’ parecen desvanecerse durante un tiempo, pero no desaparecen”.

En respuesta a las medidas, las federaciones sindicales grecas y privadas del sector público han pedido una huelga general de 24 horas el 17 de Mayo para coincidir con la fecha en que el proyecto de ley de austeridad será aprobado por el parlamento. Ha habido innumerables acciones de este tipo en los últimos siete años, todas diseñadas para permitir que los trabajadores suelten humo mientras que se aprueben las medidas.

Hay, sin embargo, la sensación de que este camino bien llevado ha seguido su curso y que la burocracia será incapaz de contener la ira social que las nuevas medidas impondrán. El jefe del sindicato de Adedy, Odysseas Trivalas, dijo al Guardian: “Será una primavera muy caliente. Todavía tenemos que ver los detalles de este acuerdo, pero lo que sabemos es que significará más recortes. Habrá muchas huelgas y un cierre general de 24 horas cuando las medidas sean llevadas al parlamento para votar”.

La postura de Trivalas está diseñada para ocultar la complicidad de él y de los sindicatos en la implementación de la austeridad. El suyo es un viaje típico de los burócratas de la unión que se alinearon originalmente con el partido social democrático PASOK -los arquitectos de la primera balsa de la austeridad, que los vio aniquilados en elecciones sucesivas- y que se han movido en la órbita de Syriza en años recientes.

Francia: el meteórico ascenso de Mélenchon en las elecciones presidenciales, la burguesía entra en pánico  

 

 por Jorge Martín//

Las últimas tres semanas han visto una rápida progresión del candidato de La Francia Insumisa en las encuestas para las elecciones presidenciales: de estar en el quinto lugar con alrededor del 11%, a estar tercero con más del 18% en la actualidad. Este rápido aumento se ha visto acompañado de una disminución lenta pero constante de la intención de voto para los dos candidatos mejor situados, la ultraderechista Le Pen (de un máximo del 28% hasta el 24%) y el liberal thatcherista Macron (de un máximo del 26% al 23%).

Esto significa que Mélenchon tiene una oportunidad de entrar en la segunda ronda. Esto ha llevado el pánico a la clase dominante, en Francia y a nivel internacional. Los pesimistas que sólo veían un “giro a la derecha” y el “peligro del fascismo” se han equivocado.

La posibilidad de una segunda ronda enfrentando a Le Pen con Mélenchon ha sido descrita por The Economist como la “opción de pesadilla”. Las encuestas muestran que Mélenchon derrotaría a Le Pen con el 57 por ciento contra 43. Como reflejo de los temores de la clase dominante, el diferencial entre los bonos franceses y alemanes se ha disparado hasta 75 puntos básicos (desde alrededor de 30 a finales del año pasado). El Financial Times señala que esta “elección es ya la más impredecible en una generación” y añade que “los tres principales candidatos en las urnas provienen ahora desde fuera de los principales partidos políticos.”

Uno de los principales periódicos burgueses franceses, Le Figaro dedica el conjunto de su portada alarmista a atacar a Mélenchon. “El proyecto delirante del Chávez francés” grita un titular. “Maximiliano Illich Mélenchon”, dispara el editorial. “Castro, Chávez… Mélenchon, el apóstol de los dictadores revolucionarios”. Los artículos compararan a Mélenchon con Maximiliano Robespierre, Lenin, Trotsky y Fidel Castro.

El ascenso de Mélenchon en las encuestas se puede atribuir a varios factores. El primero y más importante es el hecho de que su programa y discursos aparecen como un rechazo tajante a todo el orden de cosas existente. Esta es la forma en que lo describe, en términos de pánico, el FT: “él ha prometido aumentar el gasto en más de € 250 mil millones al año, reducir la semana laboral legal de 35 a 32 horas y un impuesto del 100 por ciento a los que tengan ingresos 20 veces mayores al ingreso medio. En política exterior, quiere que Francia abandone la OTAN y renegociar totalmente la relación del país con la UE. Si la negociación fracasa, él dice que será “el pueblo francés” quien decida si permanece en el bloque“.

La totalidad de la campaña electoral francesa está dominada por un estado de ánimo profundamente arraigado en el rechazo al orden establecido. Fillon fue un candidato sorpresa de la derecha, venciendo a los favoritos Sarkozy y Juppé en las primarias. Él mismo ha caído en desgracia por un escándalo de corrupción que lo ha empujado hacia abajo en las encuestas. El ganador de las primarias del Partido Socialista, Hamon, también venció al favorito Valls adoptando, en palabras, un programa que sonaba muy izquierdista, parte del cual fue copiado de Mélenchon.

De hecho, hace sólo unas semanas, el conjunto de la opinión pública “progresista” (incluyendo Owen Jones), estaba ejerciendo presión sobre Mélenchon para que se retirara de la carrera a favor de Hamon a fin de “no dividir el voto de izquierda” y “permitir que un izquierdista pasara a la segunda ronda”. Mélenchon, correctamente, se mantuvo firme y consistente en permanecer como el más radical de los candidatos de izquierda. Primero superó Hamon, y ahora ha alcanzado a Fillon, e incluso consiguió una estrecha ventaja sobre éste en algunas encuestas de esta semana.

Esto revela otro hecho importante que debe ser registrado: el colapso del apoyo al candidato oficial del PS que ahora languidece en torno al 8-9%. El gobierno del Partido Socialista, que fue elegido en 2012 con un programa que estaba nominalmente en favor de puestos de trabajo en oposición a la austeridad, pasó a aplicar un programa de recortes, ataques sin precedentes a los derechos democráticos (utilizando el terrorismo como excusa) y un asalto total sobre los derechos de los trabajadores en la forma de la contrarreforma laboral de la ministra el-Khomri. Esto último provocó un gran movimiento de protesta, uno de los más importantes desde mayo de 1968, en el que millones de trabajadores y jóvenes salieron a las calles y se declararon en huelga durante meses, hace un año. Al mismo tiempo vimos una rebelión de la juventud en el movimiento Nuit Debout, con la ocupación de las plazas. El movimiento no alcanzó sus objetivos de detener la contra-reforma, pero como hemos explicado, en ese momento se preparó el terreno para que los trabajadores se desplazaran desde el frente industrial al terreno electoral en un intento de encontrar una salida.

Toda la experiencia de los gobiernos de Hollande, con las jefaturas de gobierno de Ayrault primero y Valls después, crearon una profunda grieta entre el PS y una gran parte de su base de votantes tradicionales. Sólo el 24% de los que votaron por Hollande en 2012 votarían ahora por Hamon, el 26% votaría a Mélenchon y el 43% al liberal Macron (ex ministro en el gobierno “socialista”).

Como las posibilidades de Mélenchon para pasar a la segunda ronda aumentan, es probable que incluso una parte mayor de los partidarios de Hamon cambiarán su lealtad (el 46% indica que no está seguro de su voto y aún podría cambiar).

Su ascenso ha coincidido con los dos debates televisados en los que millones pudieron ver las distintas propuestas en curso sin la filtración habitual de los medios capitalistas. La noche del segundo debate televisado, el 4 de abril, una encuesta instantánea de ELABE mostró que los espectadores pensaban que Mélenchon había sido el candidato más convincente (25%) y también “quien mejor entiende a la gente como yo” (26%).

Otro factor en el ascenso de Mélenchon ha sido la manera en que su campaña ha sido capaz de movilizar a un gran número de gente en grandes mítines, mucho más grandes que cualquier otro partido, e incluso más grandes que los que vimos en la campaña presidencial anterior en 2012. El 18 de marzo, aniversario de la Comuna de París, reunió a 130.000 en la Plaza de la Bastilla de París. El domingo, 9 de abril, hubo un acto masivo con 70.000 en Marsella, un bastión tradicional del Frente Nacional, pero que también fue uno de los centros más radicales de protesta de los trabajadores contra la ley el-Khomri.

Estos actos no sólo permiten el candidato evitar el boicot y las mentiras de los medios capitalistas sino también dar a los presentes y a los que observan en las redes sociales y más allá, un sentido de su propia fuerza, de los números que hay detrás de la candidatura, y tienen un impacto multiplicador. Por otra parte, la campaña no se basa en los recursos de ningún partido en particular (el apoyo de las estructuras del partido comunista es, en el mejor de los casos, modesto, y el propio Partido de Izquierda de Mélenchon es muy pequeño), sino más bien en la movilización de las bases de decenas de miles a través organizaciones locales y de barrio, pertenecientes a la campaña de “La Francia Insumisa”.

Es significativo que el sector de la población donde el apoyo a Mélenchon es más alto es entre los jóvenes. Él es el principal candidato entre aquellos de entre 18 y 24 años de edad, con un 29%. Él también tiene un fuerte apoyo tanto entre los trabajadores de mono azul (18%) como de cuello blanco (20%), en los que ocupa el segundo lugar detrás de Le Pen. Ella es todavía la primera entre los trabajadores de mono azul, pero ha ido perdiendo algo de terreno, desde el 45% hasta 39%.

Hay que señalar que, en nuestra opinión, el programa de Mélenchon tiene una serie de deficiencias, que ya hemos hablado en otro lugar. La cuestión clave es que su programa de reformas sociales y económicas progresistas en los campos de la salud, educación, derechos de los trabajadores, etc. tiene que ser financiado. La derecha ha hecho un gran escándalo de este tema: no hay dinero para pagar todo eso, dicen. Mélenchon ha respondido con la presentación de un programa agresivo de impuestos a los ricos, del que incluso ha sacado un juego en línea (fiscal Kombat) en el que el propio candidato sacude a los ricos y poderosos (incluyendo Sarkozy, Lagarde, etc.) para obtener los fondos necesarios.

Por supuesto, los marxistas estamos a favor del sistema de impuestos más progresivo posible y de luchar contra la evasión fiscal. El problema es que esto llevaría inmediatamente a una fuga de capitales hacia otros países con regímenes fiscales más bajos (como vimos cuando Hollande aplicó su impuesto del 75% sobre la riqueza en 2014, que más tarde fue obligado a abandonar). Como vemos ya en los movimientos de pánico de los mercados de bonos, una victoria de Mélenchon llevaría inmediatamente a un asalto de “los mercados”. Al igual que ocurrió con Grecia, un gobierno Mélenchon sería puesto bajo una inmensa presión por la clase capitalista y sus instituciones (en particular la Comisión Europea y el Banco Central) para que capitule en todos los frentes, incluso en su propio programa limitado. La lección de Grecia es que, dentro de los límites del capitalismo, no es posible romper con la austeridad de una manera seria. O bien se hace que los trabajadores paguen la crisis del capitalismo o se rompe con el capitalismo y se les hace pagar a los grandes capitalistas. Eso significa que no sólo se trata de aumentar los impuestos a los ricos, sino que sobre todo hay que poner los medios de producción, distribución e intercambio que poseen, bajo propiedad y control democrático común, de manera que los recursos del país se puedan utilizar para el beneficio de la mayoría y no de una camarilla por arriba no elegida y que no responde ante nadie.

Por supuesto, una victoria de Mélenchon en Francia no sería exactamente igual que en Grecia. Después de todo, Francia es uno de los países centrales de la UE, con la segunda mayor economía de la zona euro. Una victoria de un candidato de izquierda en Francia tendría un enorme impacto en toda Europa, especialmente en su vecina Italia, que ya está sumida en una profunda crisis económica y política. Aceleraría grandemente todas las fuerzas centrífugas de la UE.

Lo más importante a entender es que esta es una escuela necesaria por la que tienen que pasar los trabajadores y los jóvenes de Francia, ya que una genuina alternativa revolucionaria no está presente en número e influencia suficientes. Lo que ven los cientos de miles de personas que miran hacia Mélenchon, no es tal o cual defecto en su programa, sino más bien, de una manera más o menos definida, un programa que expresa su ira y su rechazo a la totalidad del sistema. El 23 de abril tienen la oportunidad de descargarle un golpe.

El gobierno griego de Syriza y la Unión Europea ultiman una austeridad más brutal

por John Vassilopoulos//

Según informes, el gobierno griego de Grecia llegó a un acuerdo informal con la Comisión Europea (CE) sobre la imposición de nuevas medidas de austeridad. El acuerdo aún no ha sido confirmado oficialmente por la CE—el brazo ejecutivo de la Unión Europea (UE)—o Grecia.
El diario griego Kathemerini anunció el viernes que “El marco para un acuerdo podría presentarse en la próxima reunión del Eurogrupo, programada para el 7 de abril”, con el fin de “permitir a los funcionarios redactar todas las medidas que los miembros del Parlamento griego deben legislar en el siguiente Eurogrupo, programado para el 22 de mayo…”.
Varios medios de comunicación informaron esta semana que las medidas acordadas incluyen más recortes severos a las pensiones de 900.000 jubilados, por valor del 1 por ciento del PIB. Otra medida de austeridad es la reducción del umbral libre de impuestos a 5.900 euros de los 8.636 actuales. Esto se traducirá en muchos más trabajadores mal pagados, cobrando tan solo 500 euros al mes, siendo obligados a pagar impuestos. El salario mínimo en Grecia sigue siendo de apenas 683 euros al mes, ya que Syriza incumplió su promesa de restaurarlo a 751 euros, una cifra también insignificante.
Los aumentos de impuestos equivalen a un 1 por ciento adicional del PIB y, al igual que los ingresos por recortes de pensiones, se destinarán a pagar la deuda de Grecia de casi 300.000 millones de euros con instituciones financieras internacionales.
Syriza y la UE adoptarán la mayoría de las propuestas de reforma laboral del Fondo Monetario Internacional (FMI), con excepción de los despidos colectivos. Además, la privatización del sector energético de Grecia se intensificará con la venta del 40 por ciento de las centrales hidroeléctricas y de lignito de Public Power Corporation (PPC) y del puerto de Tesalónica.
Syriza y funcionarios de la UE mantienen conversaciones desde hace meses sobre cómo Grecia debe implementar el tercer memorando de austeridad del país, firmado en julio de 2015, en el que Grecia recibirá 86.000 millones de euros para pagar deudas. Las medidas de austeridad se estipulan como condición previa para desbloquear el siguiente tramo del rescate, así como cualquier debate futuro sobre el alivio de la deuda.
En las últimas semanas, el fantasma de la cesación de pagos de Grecia y un posterior Grexit (salida griega de la EU y la Eurozona) ha asomado la cabeza otra vez. Esto se debe a que el estado griego en bancarrota tiene que cumplir con un reembolso de la deuda de 7.000 millones de euros en bonos que vencerá en julio.
Se debería haber llegado a un acuerdo hacia fines del año pasado, pero el retraso se debe principalmente a diferencias entre la UE y el FMI sobre cómo van a desangrar a Grecia.
El FMI considera que el nivel actual de la deuda de Grecia es insostenible y está a favor de alguna forma de alivio de la deuda, a cambio de la imposición de futuras medidas aún más draconianas. El papel del FMI en el corriente programa de austeridad de Grecia todavía no se ha formalizado.
Sin embargo, dicho organismo está exigiendo implacablemente nuevos ataques a los derechos de los trabajadores. Un informe del FMI publicado en febrero se quejó de que las leyes sindicales de Grecia “no han sido reformadas desde la década de 1980” y afirmó que “esto podría explicar el gran número de huelgas en Grecia, que incluso antes de la crisis superaba con creces los niveles observados en otros lugares”.
El informe solicitaba que “el marco de acción industrial” de Grecia estuviera alineado “con la mejor práctica internacional, estableciendo requisitos de quórum apropiados para que los sindicatos convoquen una huelga y permitiendo el cierre preventivo de los empleadores”. A su vez, esto “ayudaría a fomentar la inversión, limitando los costos asociados a huelgas futuras que pueden resultar en la paralización de la producción”.
El FMI se quejó de lo que considera unas directrices muy restrictivas respecto a despidos colectivos de trabajadores, que “hacen muy costosas las operaciones de reducción de personal en Grecia, con muchas empresas obligadas a reubicarse, entrar en quiebra, o implementar costosos esquemas de salida voluntaria”.
La canciller alemana Angela Merkel y su ministro de finanzas, Wolfgang Schäuble, consideran que la participación del FMI es políticamente crucial para que el programa de rescate de Grecia continúe. Según un informe en el diario económico y financiero alemán Handelsblatt, “Schäuble sólo quiere pagar la siguiente entrega si y cuando el FMI acepte volver a borde, como lo hizo durante el primer y segundo programa. De lo contrario, teme que una rebelión pueda estallar dentro de las filas de su grupo parlamentario demócrata-cristiano, que espera que el FMI participe en el rescate griego”.
Sin embargo, Handelsblatt cita la intransigencia de Berlín en el tema del alivio de la deuda, afirmando que “es probable que el ministro de finanzas responda a la petición [del FMI] con un rotundo ‘nein’ (no)”. La mayor preocupación es que el grupo más afectado por un alivio de la deuda sería la élite dominante alemana, ya que es dueña de la mayor parte de la deuda de Grecia.
Otro obstáculo que podría impedir la participación del FMI en la austeridad griega para el programa de préstamos es la política “America First” del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Esto pone en tela de juicio todo el marco capitalista global de posguerra, del que el FMI, dominado por EE.UU., fue una parte integral. Trump designó recientemente a Adam Lerrick—un fuerte crítico del FMI—como subsecretario de finanzas internacionales en el Tesoro de EE.UU.
El temor al Grexit ya provocó una fuga de capitales de Grecia de 2.800 millones de euros este año. De acuerdo al Financial Times, esta fue “la peor fuga bimestral desde que se llevó al país al borde de una salida de la Eurozona hace casi dos años”.
La creciente crisis financiera obligó a los funcionarios de la UE a intensificar las conversaciones dirigidas a satisfacer algunas de las demandas del FMI. En declaraciones a la página web de noticias en línea griega Euro2day, un funcionario anónimo dijo el martes pasado, “El BCE [Banco Central Europeo] ha dado un giro repentino en sus conversaciones con Atenas y ahora está virando hacia las demandas del FMI, especialmente en reformas laborales”.
El hecho de que se pida otra vez a Syriza supervisar una nueva ronda de recortes salvajes es una muestra de cuánto ha viajado hacia la derecha este partido pseudo-izquierdista desde su llegada al poder, en enero de 2015, con un programa anti-austeridad.
Desde entonces, Syriza—con su socio minoritario en la coalición de gobierno, Griegos Independientes (ANEL), de extrema derecha—ha encabezado los dictados de la UE y el FMI. Esto culminó con la firma del tercer paquete de rescate de Grecia en el verano de 2015, tras la traición de Syriza al resultado del referéndum de julio de 2015, que rechazó abrumadoramente las políticas de austeridad aplicadas por los sucesivos gobiernos desde 2010.
Syriza es ahora despreciado ampliamente y tiene un apoyo de sólo el 15 por ciento en las encuestas, alrededor de 15 puntos detrás del conservador Nueva Democracia (ND).
La hostilidad de la clase trabajadora hacia Syriza se expresa en una ola de huelgas y protestas recientes. El 15 de marzo, enfermeras y médicos de hospital realizaron una huelga de 24 horas exigiendo una atención médica universal y gratuita, la contratación de más personal y el pago de los salarios que se han reducido. La huelga fue acompañada por una manifestación anti-austeridad protagonizada por trabajadores de hospital fuera del Ministerio de Finanzas, que fue atacada por la policía antidisturbios.
Otros grupos de protesta incluyen a trabajadores de gobiernos locales, trabajadores portuarios y empleados de la autoridad tributaria.
La semana anterior, una protesta de agricultores griegos que se oponían a los aumentos de impuestos y recortes de pensiones se tornó violenta luego de que funcionarios del Ministerio de Agricultura se negaron a reunirse con los delegados. Después de un altercado, la policía antidisturbios dispersó a las multitudes hacia las calles laterales usando gas lacrimógeno.
Tan minuciosa ha sido la aplicación de austeridad de parte de Syriza que una de las protestas involucró a una delegación de personas ciegas, reclamando contra los cortes en sus beneficios por discapacidad.
Un movimiento a nivel nacional para prevenir las ejecuciones hipotecarias ha surgido en oposición al incumplimiento de Syriza de una promesa electoral tendiente a evitar que los bancos embarguen y subasten los hogares de la clase trabajadora.
Syriza está trabajando para profundizar su colaboración con los sindicatos a efectos de suprimir la oposición creciente a su programa de austeridad. El gobierno aseguró que el restablecimiento de la negociación colectiva estaba en la agenda de las negociaciones con la UE y el FMI.
La justificación pro-capitalista para esto fue subrayada por la ministra de Trabajo de Syriza, Effie Achtioglou, en un artículo que escribió para el Huffington Post. Achtioglou dijo que la restauración de la negociación colectiva resultaría en “la reducción de los costos de transacción y la creación de igualdad de condiciones para las empresas en términos de salarios, permitiéndoles enfocarse en cuestiones de productividad, en combatir el trabajo no declarado, y fomentar el diálogo social y la paz social”.

(Fotografía: protesta en Plaza Syntagma, Atenas)

Lo que los medios no dicen sobre las causas del Brexit

Vicenç Navarro


Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra

 

No hay pleno conocimiento y conciencia en las estructuras de poder político y mediático (que en terminología anglosajona se llama el establishment político-mediático) que gobiernan las instituciones de la Unión Europea, así como las que gobiernan en la mayoría de países que constituyen tal Unión, de lo que ha estado ocurriendo en la UE y las consecuencias que las políticas propuestas e impuestas por tales establishments han estado teniendo en las clases populares de los países miembros. Durante estos años, después del establecimiento de la Unión, se ha ido germinando un descontento entre estas clases populares (es decir, entre las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y baja) que aparece constantemente y que amenaza la viabilidad de la UE.

 

El rechazo de las clases populares a la UE

Indicadores de tal descontento han aparecido ya en muchas ocasiones. Una de las primeras fue el resultado del referéndum que se realizó en varios países de la UE que, por mandato constitucional, tenían que hacer para poder aprobar la Constitución europea. En todos los países donde se realizó el referéndum, la clase trabajadora votó en contra. Los datos son claros y contundentes. En Francia, votaron en contra el 79% de trabajadores manuales, el 67% de los trabajadores en servicios y el 98% de los trabajadores sindicalizados; en Holanda, el 68% de los trabajadores; y en Luxemburgo, el 69%. Incluso en los países en los que no hubo referéndum, las encuestas señalaban que, por ejemplo en Alemania, el 68% de los trabajadores manuales y el 57% de los trabajadores en servicios hubieran votado en contra. Unos porcentajes parecidos se dieron también en Suecia, donde el 74% de los trabajadores manuales y el 54% de los trabajadores en servicios también hubieran votado en contra. Y lo mismo ocurrió en Dinamarca, donde el 72% de los trabajadores manuales hubieran también votado en contra.

 

El rechazo a la UE por parte de la clase trabajadora ha ido aumentando

Otro dato que muestra tal rechazo fue el surgimiento de partidos que explícitamente rechazaron la Unión Europea, partidos cuya base electoral fue precisamente la clase obrera y otros segmentos de las clases populares que antes, históricamente, habían votado a partidos de izquierdas, siendo el caso más conocido (pero no el único) el del partido liderado por Le Pen y que, según las encuestas, podría ganar las próximas elecciones en Francia. En realidad, la identificación de los partidos de izquierda tradicionales con la Unión Europea (y con las políticas neoliberales promovidas por el establishment de tal Unión) ha sido una de las mayores causas del enorme bajón electoral de estos partidos en la UE (y, muy en particular, entre las bases electorales que les habían sido más fieles, es decir, entre las clases trabajadoras). Para que baste un ejemplo, en Francia, si la mitad de los votos (predominantemente de la clase trabajadora) que habían apoyado al partido de Le Pen hubieran sido para la candidata socialista Ségolène Royal, ésta hubiera sido elegida Presidenta de Francia. En paralelo con la pérdida de apoyo electoral, los partidos socialdemócratas en la UE perdieron también gran número de sus militantes. El caso más dramático fue el del Partido socialdemócrata alemán que, junto con la pérdida de apoyo electoral, perdió casi la mitad de sus militantes, de 400.000 en 1997 a 280.000 miembros en 2008.

 

La evidencia es pues abrumadora que la identificación de tales partidos de izquierda (la mayoría de los cuales han sido partidos gobernantes socialdemócratas que han jugado un papel clave en el desarrollo de las políticas públicas promovidas por la UE) con la Unión ha sido una de las principales causas de su enorme deterioro electoral y de la pérdida de su militancia.

 

El rechazo a la UE ha ido aumentando más y más entre las clases populares, a la vez que ha ido aumentado el apoyo entre las clases más pudientes

Por desgracia, las encuestas creíbles y fiables sobre la UE (que son la minoría, pues la gran mayoría están realizadas o financiadas por organismos de la UE o financiadas por instituciones próximas) no recogen los datos de la opinión popular sobre la UE según la clase social. Sí que los recogen por país, y lo que aparece claramente en estas encuestas es que la popularidad de la UE está bajando en picado. Según la encuesta de la Pew Research Center, las personas que tienen una visión favorable de la UE ha bajado en la gran mayoría de los 10 mayores países de la UE (excepto en Polonia). Este descenso, desde 2004 a 2016, ha sido menor en Alemania (de un 58% a un 50%) pero mayor en Francia (de un 78% a un 38%), en España (de un 80% a un 47%). Grecia es el país que tiene un porcentaje menor de opiniones favorables a la UE (un 27%).

Ahora bien, aunque raramente se recoge información por clase social, sí que se ha recogido el distinto grado de popularidad que la UE tiene según el nivel de renta familiar. Y, allí, los datos muestran que hay un gradiente, de manera que a mayor renda familiar, mayor es el apoyo a la UE. Es razonable, pues, suponer que la parte de la población que tiene una visión más desfavorable de la UE es la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares.

 

Y lo que también aparece claro en varias encuestas es que una de las mayores causas de tal rechazo es la percepción que las clases populares tienen del impacto negativo que tiene, sobre su bienestar, la aplicación de las políticas propuestas por el establishment político-mediático de la UE. Esta percepción es mucho más negativa entre las clases populares (clase trabajadora y clases medias, de renda media y baja) que no entre las clases más pudientes. En realidad, el rechazo, siempre especialmente agudo entre las clases populares, es claramente mayoritario entre la gran mayoría de la población. Ahí vemos que, según la encuesta Pew, el 92% de la población en Grecia desaprueba la manera como la UE ha gestionado la crisis existente en Europa; tal porcentaje es de 68% en Italia, el 66% en Francia y el 65% en España, países donde precisamente el descenso del porcentaje de población con la opinión favorable de la UE ha sido mayor.

 

Este rechazo a la UE existe también entre la clase trabajadora del Reino Unido

Es en este contexto descrito en la sección anterior, que debe entenderse el rechazo de las clases populares del Reino Unido, rechazo que ha ido claramente acentuándose en los barrios obreros de aquel país, y muy en especial en Inglaterra y el País de Gales. El voto de rechazo a la permanencia en la UE procede en su mayoría de las clases populares. Y ha sido un voto no solo anti-UE pero también (y sobre todo) un voto anti-establishment británico y, muy en particular, anti-establishment inglés, siendo este último el centro del establishment británico, pues concentra los mayores centros financieros y económicos del país. El establishment británico y el establishment de la UE habían movilizado todo tipo de presiones (por tierra, mar y aire) a fin de que el referéndum fuera favorable a la pertenencia. De esta manera, es un claro signo de afirmación y poder que las clases populares se opusieran y ganaran al establishment. Por otra parte, los datos mostraban que lo que ha ocurrido, iba a ocurrir. La popularidad de la UE en el Reino Unido pasó de ser un 54% (ya uno de los más bajos de la UE) en 2004 a un 44% en 2016 (según Pew). En realidad, el Reino Unido es el país donde el porcentaje de población opuesta a dar mayor poder a la UE es mayor (65%) después de Grecia (68%) Y, según otras encuestas, el sector menos entusiasta con la UE eran las clases populares, que gradualmente han ido transfiriendo su apoyo electoral del Partido Laborista al partido UKIP (el partido anti EU).

 

La supuesta excepcionalidad de España

Es un dicho común en los mayores medios de comunicación que España es uno de los países más pro-EU, lo cual es cierto, pero solo en parte (lo mismo era cierto con Grecia). Es lógico que Europa, percibida durante muchos años como el continente punto de referencia para las fuerzas democráticas, por su condición democrática y su sensibilidad social, se convirtiera en el “modelo” a seguir por países como España, Portugal y Grecia, que sufrieron durante muchos años dictaduras de la ultraderecha, seriamente represivas y con escasísima conciencia social. Para los que luchamos contra la dictadura, Europa Occidental era un sueño a alcanzar.

 

Pero, debido al control o excesiva influencia del pensamiento neoliberal en el establishment político mediático de la UE (muy próximo al capital financiero y al capital exportador alemán, que ha estado configurando las políticas públicas neoliberales que los establishment político-mediáticos de cada país de la UE han hecho suyas), este sueño se ha convertido en una pesadilla para las clases populares, particularmente dañadas por tales políticas neoliberales. Las reformas laborales que han dañado el estándar de vida de estas clases y los recortes de gasto público, con el  debilitamiento de la protección social y del estado del bienestar, así como la desregulación en la movilidad del capital y del trabajo, han sido un ataque frontal a la democracia y al bienestar de las clases trabajadoras, realidad muy bien documentada (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante, Anagrama, 2015). La pérdida de soberanía nacional que conlleva la UE ha significado la pérdida de soberanía popular, causa del deterioro de su bienestar. La evidencia de que ello es así es contundente, clara y convincente. Es más que obvio que esta Europa no es la Europa de los pueblos, sino la Europa de las empresas financieras y de los grandes conglomerados económicos.

 

¡No es chauvinismo lo que causa el rechazo a la UE!

Ante esta situación, el establishment político-mediático europeo quiere presentar este rechazo como consecuencia de un retraso cultural de las clases populares, todavía estancadas en un nacionalismo retrógrado, que incluye un chauvinismo anti-inmigrante que merece ser denunciado. John Carlin, en el El País, 24.06.16, define este rechazo (Brexit) como resultado “de la mezquindad, ignorancia, carácter retrógrado, xenofobia y tribal” de los que votaron en contra de la permanencia. Y así se está interpretando, por parte de la mayoría de los medios de comunicación europeos, el voto de rechazo a la UE por parte de las clases populares británicas. Este mensaje intenta ocultar las causas reales de tal rechazo, causas que he descrito en este artículo. Olvidan que, si bien todos los xenófobos votaron a favor de la salida del Reino Unido de la UE, no todos los que así votaron eran xenófobos.

 

En esta manipulación están participando poderes de la socialdemocracia europea que no han entendido todavía lo que está ocurriendo entre lo que solían ser sus bases. No quieren entender que el rechazo que está ocurriendo es hacia esta Europa que la socialdemocracia ha contribuido a crear, una Europa que carece de vocación democrática y sensibilidad social. El maridaje de los aparatos dirigentes de las socialdemocracias con los intereses financieros y económicos dominantes en la UE (y en cada país miembro) ha sido la causa de su gran declive, que todavía no entienden porque no quieren entenderlo. Lo que pasa en Francia, dónde hay un gobierno socialdemócrata que está intentando destruir a los sindicatos (como la señora Thatcher hizo en el Reino Unido), o en España, dónde el PSOE fue el que inició las políticas de austeridad, son indicadores de esta falta de comprensión de lo que está ocurriendo en la UE, y que es el fracaso de las izquierdas para atender a las necesidades de las clases populares. De ahí la transferencia de lealtades que están ocurriendo, en lo que refiere a los partidos.

 

Es lógico y predecible que las políticas neoliberales y los partidos que las aplican sean rechazados por las clases populares, pues son éstas las que sufren más cada una de estas políticas, incluyendo la desregulación de la movilidad de capitales y del trabajo. Regiones enteras en el Reino Unido han sido devastadas, siendo sus industrias trasladadas al este de Europa, creando un gran desempleo en las regiones. Y la desregulación del mundo del trabajo, acompañada de la dilución, cuando no destrucción, de la protección social, ha creado una gran inestabilidad  y falta de seguridad laboral. En realidad, fueron las políticas del gobierno Blair y del gobierno Brown (1997-2010) las que sentaron las bases para este rechazo generalizado hacia la UE. Tales gobiernos de la Tercera Vía facilitaron la llegada de inmigrantes a los que los empresarios contrataron con salarios más bajos. Y así se inició el desapego con la Unión Europea (ver “Don’t blame Corbyn if Brexit wins”, Denis McShane).

 

En España, frente al descrédito del partido socialdemócrata (PSOE) debido, entre otras razones a su participación en la construcción de esta Europa, han aparecido una serie de fuerzas políticas, tanto en la periferia como en el centro (Unidos Podemos y confluencias), que están canalizando este desencanto popular acentuando, con razón, que esta no es tampoco nuestra Europa, y que se requieren cambios profundos para recuperar la Europa democrática y social a la que aspiramos y que debe construirse. Así de claro

 

(Fotografía, Bertrand Bigo)

¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

por Alejandro López

 
En medio de las protestas internacionales contra las políticas migratorias del “América primero” de la nueva administración de Trump, y las llamadas de defender Estados Unidos contra “los estragos de otros países”, el partido seudoizquierdista español Podemos está pidiendo una conferencia internacional antifascista .
Detrás de ésta apelación está el intento de bloquear la aparición de un movimiento independiente de la clase obrera y la juventud, y canalizar el sentimiento anti-Trump detrás de las facciones defensoras de la Unión Europea (UE) de la burguesía española.

Al igual que sus homólogos europeos, la burguesía española está dividida sobre cómo reaccionar ante el régimen de Trump. Su elección marca el final definitivo del papel que jugó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial como ancla de la integración europea y garante, a través de la OTAN, de los intereses imperialistas de Europa. Trump ha declarado a la UE un rival económico liderado por Alemania ante Estados Unidos y ha predicho que otros países se marcharían y seguirían el liderazgo del Reino Unido.

Tales sentimientos ya son expresados por Marine Le Pen del Frente Nacional, pronosticada para ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas en abril. Por otra parte, en Holanda el Partido de la Libertad de Geert Wilders lidera las encuestas con un 31 por ciento para las próximas elecciones parlamentarias de marzo, con un discurso similar al del Frente Nacional.

Sin embargo, Podemos no ofrece ninguna alternativa al surgimiento de la derecha nacionalista. De hecho, Podemos lo facilita.

Las dos principales facciones que compiten por el poder en Podemos en el congreso del partido de este fin de semana -la facción mayoritaria encabezada por el secretario general Pablo Iglesias y el ala Errejonista dirigida por el portavoz de Podemos en el parlamento y secretario de Política y Área de Estrategia y Campaña de Podemos, Íñigo Errejón- apoyan la convocatoria de una “conferencia antifascista”. Además, se ha apuntado la facción Anticapitalistas de Podemos encabezada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez.

La convocatoria se hará “contra la austeridad, el auge de la extrema derecha y por una revolución democrática en Europa”. Su objetivo es contrarrestar “un auge del racismo y el autoritarismo”, la “islamofobia” y una gestión “racista e insolidaria” de las instituciones europeas ante la llegada de refugiados. Del mismo modo, Trump es criticado por “reforzar el racismo”. En respuesta, Podemos pide una solución doble: primero, evitar que las personas se sientan atraídas por el populismo derechista y, en segundo lugar, formar un “nuevo bloque histórico” que sirva de “parapeto” contra el surgimiento del nacionalismo de extrema derecha.

El postureo de Podemos como oponente al nacionalismo de extrema derecha es un fraude político. Si la extrema derecha ha podido crecer es precisamente porque las fuerzas seudoizquierdistas como Podemos han buscado alianzas con los partidos socialdemócratas, o como en el caso de Syriza en Grecia, han formado directamente gobiernos, todos comprometidos con la austeridad. Esto ha permitido a las fuerzas de extrema derecha explotar el descontento social y alzarse como una oposición al poder establecido.

Podemos mismo ha legitimado la integración de las fuerzas de extrema derecha en la política burguesa europea dominante al alabar el nacionalismo como progresista y buscar reclutar a grandes sectores del cuerpo de oficiales del ejército español en sus filas. Su “nuevo bloque histórico” es un término consignado a encubrir el desarrollo de vínculos más profundos con otros partidos burgueses con el pretexto de una lucha contra la extrema derecha.
Esto se puso de manifiesto recientemente en la edición de diciembre de la revista mensual La Marea dedicada a “Antídotos de izquierdas contra el neofascismo” y que contenía entrevistas con una docena de líderes de la seudoizquierda

Pablo Iglesias, al ser preguntado por defensa del patriotismo por parte de Podemos, respondió que lo defendía “absolutamente”. Explicó que “la desgracia de perder una Guerra civil” quería decir que “ciertos significantes”, una referencia a las palabras como “España o patria”, quedaron “en manos del adversario político”. Preguntado si ante el auge de la extrema derecha no sería necesario una estrategia internacional, Iglesias respondió negativamente, declarando que “choca con la desgracia de que los escenarios políticos son de tipo nacional-estatal” – la fundación de la política reaccionaria de Podemos.

A Alberto Garzón, líder de los estalinistas de Izquierda Unida que son aliados parlamentarios de Podemos, cuando se le preguntó sobre el proteccionismo de Trump declaró abiertamente que “las propuestas económicas de Trump u otros partidos de extrema derecha, a veces, no difieren tanto de la izquierda nuestra”.

Igual de rotundo se mostró Iñigo Errejón, un defensor del “populismo de izquierdas”. Preguntado acerca de la posibilidad de que Podemos podría asimilar partes del discurso antiestablishment de la extrema derecha, Errejón respondió que los neofascistas y Podemos ocupan el mismo “espacio”.

Dijo que “la diferencia entre un populismo abierto y democrático o un populismo reaccionario es quién es el enemigo. La cosa es quién dote de sentido o quién construya esa comunidad nacional. Es verdad que el PP ha tapado los huecos del franquismo sociológico, el de la posibilidad de un pueblo construido contra los débiles, el de un populismo fascista, creo que lo tapamos nosotros”.

Otra entrevistada no fue otra que Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona y líder de Barcelona en Comú, un aliado político de Podemos, famosa por ordenar a la policía de la ciudad condal a perseguir vendedores ambulantes y su oposición a una huelga de trabajadores del metro. Al imponer un “servicio mínimo”, aseguró la derrota de la huelga.
Podemos no tiene intención ninguna de montar una lucha seria contra la extrema derecha, en España o en otros lugares. Más bien, pretende bloquear la oposición social a través de la contención, desviación, y finalmente, la dispersión de cualquier movimiento de la clase trabajadora en favor de los interese de clase de su base social de apoyo: la clase media alta.

El valor de Podemos para la clase dominante se expresa en el apoyo mediático que ha recibido su campaña de “vuelta a las calles” coordinada con la burocracia sindical, que consiste en escenificar bajo el foco de los medios de comunicación su apoyo a las huelgas. Los medios de comunicación retratan estas acciones como de oposición con el fin de desviar la creciente ira social detrás de la perspectiva nacionalista y decadente de Podemos.

La conferencia “antifascista” es la última manifestación de estas políticas. Fue propuesto por primera vez por los pablistas de Anticapitalistas y su líder Miguel Urbán, según la página web favorable a Podemos, cuartopoder.es: “La intención de Urbán es poder contar en Madrid con políticos de relevancia como el británico Jeremy Corbyn o el estadounidense Bernie Sanders, además de representantes de la izquierda europea, que está haciendo frente al avance de la extrema derecha.”

Sin embargo, tan pronto como la tinta se secó sobre las propuestas para la conferencia de Urbán, los dos principales “políticos relevantes” mostraron su verdadero rostro.

Bernie Sanders declaró que “Si el Presidente Trump se toma en serio una nueva política para ayudar a los trabajadores estadounidenses, estaría encantado de trabajar con él”. Después aprobó la designación del General James “Perro Loco” Mattis como secretario de Defensa de Trump, el mismo hombre que lideró el sangriento asalto a Fallujah en 2004, reduciendo la ciudad a escombros y matando a miles de civiles.

En cuanto a Jeremy Corbyn, recientemente dejó de lado su oposición a los controles migratorios, declarando que “el trabajo no está ligado a la libertad de movimiento de los ciudadanos de la UE como punto de principio” en las conversaciones de Brexit. Esto no es sino el último paso en su capitulación ante el ala derecha del Partido Laborista, que incluye la colocación de los belicistas blairistas en su primer gabinete a la sombra, la libertad de voto a los diputados laboristas en apoyo a los bombardeos contra Siria, la renovación del programa de armas nucleares Trident y el abandono de su oposición de toda la vida -basada en un programa de nacionalismo económico- a la UE.

La idea pablista de una conferencia antifascista desapareció y sólo se resucitó casi un mes más tarde, justo cuando surgían divisiones en la clase dominante española sobre la mejor forma de preservar y promover sus intereses nacionales. El principal dilema de España es si sumarse a Alemania y Francia en defensa de la UE, o con Estados Unidos, con la esperanza de convertirse en el nuevo socio estratégico de Washington en Europa.

Podemos ha intervenido, al menos por ahora, para defender a la facción de la UE. En el parlamento, Iglesias y Errejón se unieron al coro de voces, encabezado por el diario El País, criticando al gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy por su intento de continuar las relaciones con Estados Unidos como antes. Ambos condenaron la posición de Rajoy como “vergonzante” por ser uno de los pocos líderes europeos en no haber criticado a Trump.

Iglesias dijo: “La palabra tibieza es moderada, creo que es vergonzoso que cuando el señor Donald Trump es a todas luces un representante de un retroceso democrático sin precedentes y de un ataque descarnado a los derechos humanos, creo que nuestro Gobierno al menos debería decirlo.” Errejón dijo que Rajoy debe unirse al “clamor “de la sociedad civil y muchos líderes internacionales en contra de las políticas de Trump, de las cuales “me siento orgulloso”.

Cualesquiera que sean las suaves críticas que susciten contra Trump, lo que menosprecian de Trump y de las secciones de la clase dirigente estadounidense que representa es el hecho de que Estados Unidos esté repudiando su papel previo como supervisor de la UE y la OTAN, ambas defendidas por Podemos. Al mismo tiempo, el nacionalismo y el proteccionismo económico de Trump están sacando a la luz las consecuencias de la defensa de estas concepciones por parte de Podemos.

La verdadera amenaza para la clase trabajadora es que Podemos está creando un terreno fértil para la creación de un partido de extrema derecha genuino, que pueda usar más directamente el lenguaje de “patria”, “España”, y el nacionalismo para defender los intereses de la clase dominante.