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EEUU: El discurso del estado de la Unión de Trump, un espectáculo de reacción y militarismo

por Patrick Martin //

El primer discurso sobre el estado de la Unión del presidente estadounidense, Donald Trump, pronunciado el martes por la noche, fue un festival de reacción e inmundicia política. El discurso se prolongó durante más de 80 minutos, interrumpido por las ovaciones de los miembros reunidos del Senado y la Cámara de Representantes. Estaba lleno de himnos a la policía y a los militares (que obtuvieron el aplauso particular de los demócratas), ataques fascistas contra los inmigrantes e invocaciones a la religión, al patriotismo y a la bandera estadounidense, que culminaron al cierre en gritos de “¡USA! ¡USA!”. Seguir leyendo EEUU: El discurso del estado de la Unión de Trump, un espectáculo de reacción y militarismo

El Foro Económico Mundial se reúne en Davos bajo la sombra de la crisis y la guerra

por Bill Van Auken  //

El martes, el Foro Económico Mundial (WEF) abrió sus puertas en el exclusivo centro turístico alpino suizo de Davos, con unos 3.000 ejecutivos corporativos, funcionarios gubernamentales y famosos convocados con el ostensible propósito de debatir el tema de este año de “crear un futuro compartido en un mundo fracturado”. Seguir leyendo El Foro Económico Mundial se reúne en Davos bajo la sombra de la crisis y la guerra

El puente de Hong-Kong y la estrategia de globalización China

por Robin Lee //

Recientemente, el desventurado puente de Hong Kong-Zhuhai-Macau (HKZM) ha vuelto al primer plano de los noticieros. Esta vez, la razón fue un nuevo sobrecoste de 11 700 millones de dólares de Hong Kong (HK$), de los que Hong Kong tendrá que pagar su parte de 2 360 millones de HK$. El Consejo Legislativo de Hong Kong ya había destinado anteriormente 110 000 millones de HK$ a la construcción del puente. De hecho, desde que se propuso construir el puente por primera vez, su financiación y su presupuesto se han revisado y tratado de ocultar tantas veces que el coste total exacto no se conoce, aunque baste decir que es significativamente mayor que el previsto originalmente. Sin embargo, al formar parte de un vasto plan de China, el puente, que con una longitud de 49,97 km será el puente marítimo más largo del mundo, puede considerarse asimismo como un símbolo del lugar que se ha otorgado a Hong Kong en el desarrollo de China, en particular en su estrategia de globalización y expansión internacional, y de los defectos y límites de esta en general.

Pese a que la construcción del puente HKZM comenzó en 2009, el proyecto ha pasado a formar parte de algunos de los planes más amplios de China de cara a la integración regional e internacional. En virtud de su posterior incorporación al Área de la Bahía –un plan de desarrollo lanzado en 2011 por el gobierno chino que abarca Hong Kong, Macao y nueve ciudades de la provincia de Guangdong, destinado a promover y coordinar el desarrollo económico e infraestructural de la región para impulsar su función de plataforma logística–, ha pasado a considerarse importante para la iniciativa insignia china conocida por el nombre de Belt and Road, una especie de nueva “ruta de la seda” encaminada a favorecer la inversión china en el extranjero.

El Consejo de Desarrollo del Comercio de Hong Kong ha calificado el proyecto de puente “de valor estratégico especial al consolidar el Área de la Bahía como la plataforma de servicios de inversión para la iniciativa Belt and Road y acelerar la integración económica e incrementar la competitividad regional” 1/. Esta revaluación de la importancia del proyecto del puente guarda parecido con la manera en que China ha ido expandiendo sus inversiones en el extranjero, otorgándole una función mucho más destacada con el lanzamiento de la citada iniciativa en 2015, y reuniendo posteriormente muchos proyectos ya existentes bajo este paraguas, lo que les proporciona un mayor significado político y obliga a los funcionarios a promoverlos a toda costa. Esto puede considerarse el caso del puente HKZM, que ha sido criticado como un proyecto de “elefante blanco” con un coste importante para Hong Kong, pero carente de perspectivas realistas de amortización o de reportar beneficios significativos para la población de Hong Kong.

No obstante, las repetidas dificultades o deficiencias encontradas hasta ahora en la construcción del puente también tienen mucho en común con otros proyectos de inversión chinos, en que unos planes excesivamente ambiciosos han chocado normalmente con obstáculos a su viabilidad a causa de una serie de razones, inclusive de índole política, económica y práctica, lo que ha contribuido a la elevada tasa de fracaso de los proyectos chinos en el extranjero. Sin embargo, en los casos en que tienen éxito, como sucede con el puente HKZM, a menudo no solo chocan con problemas, sino que también contribuyen a crear dificultades o penurias a las poblaciones de los lugares en que se realizan.

En efecto, el puente también revela cuántas iniciativas chinas de inversión en infraestructuras en el extranjero han tenido consecuencias dañinas en el medio ambiente 2/ y/o para los trabajadores implicados en su construcción. La construcción del puente ha sido criticada por la destrucción de hábitats marinos que causa, y en particular por agravar todavía más la amenaza que pesa sobre los delfines rosados de Hong Kong. Además, comporta un elevado coste humano: los accidentes acaecidos durante las obras han causado la muerte de diez trabajadores y más de 600 heridos desde que aquellas comenzaron en el sector de Hong Kong en 2011.

Asimismo, mientras que la corrupción ha sido un asunto del que se ha hablado en relación con algunas de las inversiones chinas en el extranjero, el puente HKZM también se ha visto salpicado de casos de corrupción y escándalos relacionados con la seguridad, cuya revelación ha ido demorando el gobierno o incluso ha omitido. A mediados de 2017, por ejemplo, 21 empleados de un contratista del gobierno fueron detenidos por haber falseado supuestamente los resultados de unas pruebas de hormigón, poniendo en peligro la seguridad del puente 3/. En otro incidente, poco antes de esta revelación, se informó de que el Departamento de Carreteras no había comunicado el colapso de dos diques marinos en tierras recuperadas más de dos años antes, suscitando preguntas sobre el posible encubrimiento de la recuperación ilegal de tierras 4/.

Apenas puede extrañar que los gobiernos de China y Hong Kong hayan seguido adelante con este proyecto y lo hayan promovido con tanta desvergüenza. Como punto de conexión entre la China continental y países extranjeros, Hong Kong es desde hace mucho un elemento crucial para el desarrollo general de China, permitiéndole ocupar un lugar tan destacado en el escenario mundial. El recurso al mercado de valores de Hong Kong para captar capitales sigue siendo un ejemplo importante en este sentido. Desde la década de 1990, por ejemplo, las empresas estatales chinas, las llamadas red chips, constituyen una importante forma de inversión en Hong Kong, destinada a captar capitales para contribuir al desarrollo de la economía china y para financiar inversiones chinas en el extranjero.

Hong Kong también ha sido durante mucho tiempo el destino de la inversión extranjera directa (IED) de China; en 2015 recibió más del 60 % de la IED total de China, que en gran parte se considera que se canaliza al extranjero o se reinvierte en China. Hong Kong también constituye una importante plataforma financiera y de servicios, sirviendo de sede para muchas empresas multinacionales. Mientras que esto ha facilitado la entrada de multinacionales extranjeras para hacer negocios en China, también ha ayudado a multinacionales chinas continentales a expandir sus inversiones en el extranjero.

En varios de los proyectos estratégicos de la iniciativa Belt and Road participan filiales de multinacionales chinas que se han establecido en Hong Kong. COSCO Shipping Ports Ltd., por ejemplo –que tiene su sede social en Hong Kong y ha invertido en el puerto griego de El Pireo y en el puerto Jalifa de Abu Dabi (ambos estratégicos en la “nueva ruta de la seda”), entre otros proyectos internacionales–, es una filial de la empresa estatal china COSCO Holdings Company Limited, que a su vez pertenece a la principal compañía naviera china, el grupo COSCO. De un modo similar, y como medio adicional para la última gran iniciativa de desarrollo internacional de China, el Área de la Bahía, de la que forma parte el puente HKZM, también está encaminada a servir de puente hacia el exterior y a reforzar la posición china a escala global. Rivalizará con todas las demás áreas similares del mundo, ofrecerá oportunidades a inversores extranjeros, facilitará la conectividad regional y servirá de plataforma logística, contribuyendo de este modo a reforzar el creciente papel de China en el mundo, o al menos esa es la historia que cuentan 5/.

El gobierno de Hong Kong, por supuesto, nunca propenso a ofender a sus jefes del continente, o tal vez por el deseo de ciertos individuos de favorecer su carrera política y/o sus oportunidades de negocio, ha promovido activamente esas iniciativas. Aunque miembros del parlamento han criticado la falta de consulta sobre los planes para el Área de la Bahía, la iniciativa Belt and Road ha sido impulsada siempre que ha sido posible. Esto no solo se ha producido mediante la organización de incontables seminarios y otros actos en torno a dicha iniciativa, destacando entre ellos las dos cumbres organizadas conjuntamente con el Consejo de Desarrollo del Comercio de Hong Kong (la más reciente tuvo lugar en septiembre de 2017), sino también a base de actividades culturales como exposiciones, festivales de coros, etc.

Al mismo tiempo, también se ha utilizado el sistema educativo público de Hong Kong; por ejemplo, con la creación de un Centro de Investigación sobre One-Belt-One Road (OBOR) 6/ por la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de Hong Kong, destinado a “elaborar conocimiento empresarial aplicable en apoyo a la política nacional de OBOR” 7/. El centro de investigación también organiza un cursillo de formación de diez días de duración sobre asociaciones público-privadas y OBOR para el personal funcionario y ejecutivo de empresas de la región de la Gran China, cuyo precio por participante es de 60 000 RMB (la moneda local de Hong Kong es el HK$).

De hecho, el deseo de las élites políticas de Hong Kong de promover los planes de China para Hong Kong y su integración también se pone de manifiesto en la manera en que el ex ejecutivo principal de Hong Kong, Leung Chun-ying, que como tal ya había promovido con entusiasmo la iniciativa Belt and Road, es director de dos empresas, la Belt and Road Hong Kong Centre Company Limited y la Bay Area Hong Kong Centre Company Limited, relacionadas ambas con estos planes de desarrollo. Pese a que Leung fuera nombrado director de estas empresas el mismo día en que dejó su cargo oficial, 8/ ha negado que hubiera conflicto de intereses, declarando que las empresas son no lucrativas y que su cargo no está remunerado.

Con todo, está claro que quienes ostentan el poder están decididos a actuar según el guion de Pekín. Cuando la Comisión Nacional China de Desarrollo y Reforma ya había definido anteriormente un papel para Hong Kong en su Visión y Plan de Acción a mediados de diciembre de 2017, esto fue todavía más formalizado cuando el ejecutivo principal, Carrie Lam, firmó un acuerdo con la citada Comisión Nacional sobre el “impulso de la plena participación de Hong Kong en la iniciativa Belt and Road y su contribución a la misma”, que se pretende que servirá de modelo para la implicación de Hong Kong en dicha iniciativa e incluye la aplicación del plan para el Área de la Bahía.

Sin embargo, mientras las élites impulsan estos planes, favoreciendo el deseo de China de profundizar la integración económica y política de Hong Kong y al mismo tiempo hacer que forme parte de la expansión del capital chino y de su influencia política internacional, los planes y procedimientos relativos al puente HKZM y el Área de la Bahía han demostrado su desprecio por la población de Hong Kong y su autonomía. Aunque tal vez no de forma tan directa como en el caso del tren de alta velocidad –otro proyecto de infraestructura internacional que de acuerdo con los planes propuestos permitirá imponer la legislación continental en territorio de Hong Kong, concretamente en la estación término de Kowloon Occidental–, estos proyectos forman parte, sin embargo, de la mima estrategia. Es una estrategia que, además de la falta de transparencia con respecto a la financiación del puente, ha comportado la ausencia de toda consulta, más en general, sobre los planes de desarrollo y los costes humanos y ambientales.

Además, pese a que es importante reconocer que Hong Kong se halla en unas circunstancias políticas únicas que gobiernan su relación con la China continental, hay factores similares que también han resultado estar muy presentes en los casos en que China invierte en proyectos de desarrollo en el extranjero; un ejemplo muy destacado en este sentido es el Corredor Económico China-Pakistán, otro megaproyecto que se ha incorporado a la iniciativa Belt and Road y que los gobiernos chino y paquistaní han impuesto sin la debida consulta, a pesar de los riesgos y perjuicios económicos y políticos potencialmente significativos que comportan para las bases de sustento de las poblaciones locales. En efecto, parece que la población de Hong Kong tiene muchísimas razones para hacer causa común con muchas de las víctimas de las inversiones chinas en el extranjero y con quienes se resisten a sus efectos adversos. Mientras China sigue impulsando sus grandes proyectos de inversión más allá de sus fronteras, la solidaridad entre los pueblos creará un puente que valdrá mucho más la pena construir que lo que jamás llegará a ser el HKZM.

https://borderless-hk.com/2018/01/09/a-bridge-for-china-what-can-hong-kong-tell-us-about-chinas-going-global-strategy/

 


1/ Belt and Road Summit Side Trip: Guangdong-Hong Kong-Macao Bay Area (Zhuhai and Zhongshan)http://www.beltandroadsummit.hk/en/information_centre/side_trip.html2/ Véase: What might ‘globalisation 2.0’ mean for the environment? https://borderless-hk.com/2017/07/24/what-might-globalisation-2-0mean-for-the-environment-why-chinas-one-belt-one-road-is-a-cause-for-concern/

3/ Christ Leung. “Officers arrest 21 over faked concrete test results for Hong Kong-Zhuhai-Macau bridge Project”, 23/05/2017. South China Morning Post. http://www.scmp.com/news/hong-kong/law-crime/article/2095389/officers-arrest-21-over-faked-concrete-test-results-hong

4/ Cannix Yau, “Seawalls collapsed in bridge project linking Hong Kong to Zhuhai and Macau, highway chief admits”, 20/02/2017. South China Morning Post. http://www.scmp.com/news/hong-kong/economy/article/2072452/seawalls-collapsed-bridge-project-linking-hong-kong-zhuhai

5/ Según Xie Feng, el comisionado del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular China en la Región Especial Administrativa de Hong Kong, “se espera que el área triplique su PIB de aquí a 2030, alcanzando unos 4,6 billones de dólares, con lo que se situará a la cabeza de todas las áreas de la bahía del mundo”. Véase: Xie Feng, “How Hong Kong can help the Greater Bay Area become a landmark in China’s reform process”. 10/10/2017. South China Morning Post. http://www.scmp.com/comment/insight-opinion/article/2114685/how-hong-kong-can-help-greater-bay-area-become-landmark

6/ One Belt One Road es otro nombre de la iniciativa Belt and Road.

7/ Véase http://www.cb.cityu.edu.hk/obor/about/mission

8/ Kimmy Chung, “Former Hong Kong leader CY Leung denies conflict of interest over ‘Belt and Road’ company directorship”, 12/09/2017. South China Morning Post. http://www.scmp.com/news/hong-kong/politics/article/2110883/former-hong-kong-leader-cy-leung-denies-conflict-interest

La alerta de misil en Hawái: treinta y ocho minutos de caos

por Patrick Martin //

La falsa alarma sobre un inminente ataque de misil balístico el sábado hizo que más de un millón de personas buscaran refugio, con muchos creyendo que tenían tan solo minutos de vida antes de ser incinerados por un impacto nuclear. Las personas buscaron refugio en los túneles de las autopistas, en parqueos subterráneos, sótanos e incluso bajaron a sus niños por pozos de cloacas. Las conversaciones por teléfono eran desgarradoras, con los presentes pensando que podía ser su última llamada a sus seres queridos.

La alerta fue emitida por la Agencia de Manejo de Emergencias de Hawái, que envió un impactante mensaje a la mayoría de los celulares en las islas: “Alerta de emergencia: AMENAZA DE MISIL BALÍSTICO EN DIRECCIÓN A HAWÁI. BUSQUE REFUGIO DE INMEDIATO. ESTO NO ES UN SIMULACRO”. La alerta fue retransmitida inmediatamente por los canales de televisión y las estaciones de radio locales, de acuerdo con viejos convenios que ponen a los medios de comunicación al servicio del ejército en caso de guerra.

Según los oficiales estatales, la alarma fue el resultado de un empleado de emergencia apretando el botón equivocado en un ejercicio que se lleva a cabo durante el cambio de turno cada ocho horas. El Gobierno de Trump buscó restarle importancia al evento, describiéndolo como un “ejercicio estatal” que no involucra a las fuerzas armadas federales, mientras que la prensa estadounidense lo desestimó como un mero accidente.

Este supuesto accidente está bajo investigación y es muy improbable que los detalles reales se hagan públicos. Sin embargo, la información disponible ya suscita interrogantes políticas críticas.

Si un técnico encargado del manejo de emergencias presionó el botón equivocado, es posible que haya estado utilizando un equipo nuevo y poco familiar. El simulacro en sí fue puesto a prueba hace apenas unas cuantas semanas. Los oficiales estatales han estado realizando preparativos frenéticamente ante la posibilidad de un ataque nuclear sobre Hawái, a medida que se empeoran las tensiones entre el Gobierno de Trump y Corea del Norte. La legislatura estatal ordenó en abril la restauración de los refugios nucleares construidos durante la Guerra Fría, y las sirenas por ataques aéreos fueron puestas a prueba el mes pasado por primera vez en más de 70 años.

Bajo otras circunstancias, una alerta sin sirenas de emergencia habría sido reconocida como una equivocación y descartada por la población. Sin embargo, hoy día, ese no es el caso, particularmente después de que el presidente Trump amenazara varias veces con arrasar a Corea del Norte con “fuego y furia”, y en medio de advertencias de que el territorio estadounidense, particularmente Hawái, podría ser blanco de un ataque nuclear norcoreano.

Tan solo la semana pasada, el exjefe del Estado Mayor Conjunto, el almirante retirado Michael Mullen, dijo en televisión nacional que el mundo estaba “más cerca, desde mi punto de vista, a una guerra nuclear con Corea del Norte y en esa región de lo que jamás habíamos estado”. El mismo Trump incitó al líder norcoreano, Kim Jong-un, a comparar el tamaño de sus “botones nucleares”, jactándose de que el estadounidense “es mucho más grande y poderoso que el suyo, y ¡mi Botón funciona!”.

Cuando los residentes de Hawái recibieron la alerta estatal, asumieron que la guerra que Trump amenazaba estaba comenzando.

Quizás el aspecto más perturbador del incidente en Hawái es que pasaron 38 minutos entre la alarma inicial, a las 8:07 a.m. hora local, y el mensaje de texto oficial cancelándola.

Según la cronología de los eventos presentada por las autoridades estatales, el Comando del Pacífico de EUA, cuya sede se encuentra en Pearl Harbor, le comunicó al servicio de emergencia a las 8:10 a.m., tres minutos después de la alerta, que no hubo ningún lanzamiento de misil. La agencia de emergencias se lo comunicó inmediatamente al Departamento de Policía de Honolulu y canceló la alerta a las 8:13 a.m., comunicándolo por Twitter y Facebook a las 8:20 a.m. Sin embargo, no se envió un mensaje de texto hasta las 8:45 a.m. para informarle al más de un millón de personas que recibió la advertencia inicial de que era una falsa alarma.

Los oficiales estatales todavía no han explicado este retraso, pero un reporte en la prensa sugiere la respuesta. El Los Angeles Times, citando al portavoz de la agencia de emergencias estatal, Richard Rapoza, escribió, “Tomó 38 minutos para cancelar la alerta porque… la agencia tuvo que recibir la autorización de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias [FEMA, siglas en inglés] para poder dar la señal de que había pasado el peligro y poder utilizar el sistema de alerta civil para enviar el mensaje de que había sido una falsa alarma”.

Esto sugiere que el Gobierno federal pudo haber retrasado la cancelación de la alerta deliberadamente, quizás para aprovechar la ocasión y probar la respuesta pública al posible desastre.

La cobertura mediática del incidente ignoró completamente el impacto alrededor del mundo de la alerta en Hawái. ¿Cuál fue la respuesta de Rusia, China y Corea del Norte a un anuncio transmitido alrededor del mundo de que se había disparado la alerta de un misil balístico en un estado de EUA? ¿Se pusieron en contacto Washington, Beijing y Moscú? ¿Hubo órdenes en preparación para una anticipada represalia nuclear estadounidense contra Pyongyang? ¿Fueron alistadas las fuerzas nucleares de estos países para tomar acción?

Cabe plantear otras preguntas. Si tal “error” hubiese ocurrido dentro del comando militar, en vez de una agencia de emergencias civil, ¿cuánto habrían tardado en ser lanzados los misiles estadounidenses en dirección a Corea del Norte en respuesta al supuesto ataque contra suelo americano? También, si hubiese ocurrido algo similar en Corea del Norte o Rusia, ¿cómo habría respondido EUA a tal alerta?

Los acontecimientos en Hawái dan muestra de los primeros minutos de una guerra nuclear. Pese a toda la bravuconería de la Casa Blanca, el Pentágono y la prensa, el anuncio de la eventual llegada de un misil resultaría inmediatamente en pánico y un resquebrajamiento generalizado de la sociedad. Un país cuya infraestructura no puede soportar una tormenta de nieve, no puede hacer frente a un ataque nuclear.

Sobre todas las cosas, los 38 minutos de terror en Hawái comprueban que el peligro de una guerra nuclear es real y está aumentando. Este peligro no es simplemente un producto de la imprudencia personal y el belicismo chauvinista del presidente Trump. Si Hillary Clinton hubiese sido elegida en el 2016, el lugar de la crisis militar podría ser otro —Siria o talvez Ucrania, en vez de Corea del Norte—, pero la campaña del imperialismo estadounidense a recurrir a su poderío militar para contrarrestar su declive económico y estratégico seguiría en marcha.

Fue el presidente Obama que aprobó la renovación de $1,3 billones del arsenal nuclear estadounidense, el más intimidante del mundo. Además, el Partido Demócrata se ha dedicado a promover una campaña antirrusa a fin de crear un ambiente político propicio para una confrontación militar con Moscú, la cual colocaría una guerra nuclear de una vez en la agenda.

El 13 de enero en Hawái marca un antes y un después. Independientemente del consuelo y las garantías de la Casa Blanca y la propaganda mediática, la población mundial verá ahora la cuestión de la guerra bajo otra luz. La mayor urgencia consiste en construir un movimiento de las masas obreras internacionales contra la guerra, basado en el entendimiento de que la fuerza subyacente al peligro de la guerra es la crisis global del capitalismo. Solo la abolición del sistema de lucro y el establecimiento de una sociedad socialista a nivel global puede prevenir una catástrofe nuclear.

Facebook anuncia un importante plan para censurar las noticias

por Andre Damon //

El CEO de Facebook Mark Zuckerberg anunció el viernes que la mayor red social del mundo estará iniciando cambios importantes para relegar los contenidos políticos y de noticias en el muro de publicaciones y, en su lugar, priorizar los “momentos personales”. Este cambio constituye el paso más grande tomado hasta la fecha para censurar la información en línea.

Facebook es actualmente la principal fuente de noticias de cientos de millones de personas alrededor del mundo. El número de usuarios aumentó de 100 millones a 2.000 millones desde el 2008. Según una encuesta de Pew Research en noviembre, el 45 por ciento de los estadounidenses utiliza Facebook para leer noticias, más que cualquier otra plataforma social. Ha sido utilizado como un mecanismo importante para organizar protestas y divulgar información que usualmente no cubren los conglomerados mediáticos. Es precisamente esto con lo que Facebook, colaborando estrechamente con los Estados de las principales potencias capitalistas, quiere acabar.

En su anuncio de la decisión, Zuckerberg dijo que la compañía estará “realizando un cambio importante en cómo construimos Facebook… de enfocarnos en ayudarte a encontrar contenidos relevantes a ayudarte a tener interacciones sociales más significativas”.

El manifiesto está lleno de un lenguaje orwelliano propio de un régimen autoritario. Los cambios fueron motivados, según explica Zuckerberg, por un sentido “de responsabilidad para asegurarnos de que nuestros servicios no sean solo para diversión, sino que también sean positivos para el bienestar de las personas”. Al enterrar las noticias y, en cambio, enfatizar las publicaciones de amigos y familia, Facebook se asegurará de que los usuarios “se sientan más conectados y menos solos”, siendo su efecto subyacente “positivo para nuestro bienestar”.

En otras palabras, Facebook sabe qué es lo mejor para cada persona, y no son ni las noticias ni la información sobre la situación global. Tal “contenido público” dejará de aparecer gradualmente, mientras que las nuevas publicaciones “serán evaluadas bajo el mismo rubro —deberán promover interacciones significativas entre las personas—”.

En la dictadura prevista por Orwell en su libro 1984, el Gran Hermano y sus apologistas en la prensa utilizan la neolengua para encubrir el estado perpetuo de guerra y la dictadura refiriéndose a las cosas por su contrario: la guerra es paz. En la “lengua divertida” de Zuckerberg, la supresión de la habilidad de las personas a transmitir información es descrita como un esfuerzo para “acercar a las personas que nos importan más”. La censura en la forma de una tarjeta de felicitaciones de Hallmark.

Más allá, Zuckerberg indica que Facebook “comenzó los cambios en esta dirección el año pasado”, lo que es decir que la censura ya ha comenzado. El World Socialist Web Site ha observado durante los últimos seis meses que el contenido en Facebook, particularmente los videos, tienen un alcance mucho menor que anteriormente, mientras que los lectores han reportado que sus publicaciones con artículos del WSWS han sido marcadas como “no deseadas”.

El motivo político detrás de tal decisión —un giro de 180 grados en la estrategia de presentación de contenido de la empresa— es evidenciado por el hecho de que probablemente vaya a perjudicar sus ingresos. Zuckerberg reconoció que “el tiempo que las personas pasan en Facebook y otras formas de interacción caerán”. Esto, en combinación con una caída en los ingresos publicitarios, redujo el precio de las acciones de Facebook un 9 por ciento el viernes.

Sin embargo, hay cuestiones más importantes. Esta acción ejemplifica la estrecha relación entre las principales compañías tecnológicas y la censura corporativa-estatal. Han pasado de ser empresas cuyo principal servicio era propagar, compartir y diseminar información a ser instrumentos de supresión y control.

Hace un año, Zuckerberg habría tomado orgullo de que “los videos y otros contenidos públicos han estallado en Facebook durante el último par de años”. Ahora, como lo hace su comunicado, lo trata como algo peligroso.

Este giro es el resultado de la campaña encabezada por el Partido Demócrata y las agencias de inteligencia de EUA. En coordinación con los principales medios de comunicación como el New York Times y el Washington Post, han avanzado el argumento neomccarthista de que la influencia rusa en la política estadounidense, principalmente por medio de las redes sociales, ha corrompido la “democracia estadounidense” y “sembrado discordia” en el país, un argumento que Alemania, Francia y otros Gobiernos han reproducido.

En una serie de audiencias a fines del año pasado, los legisladores estadounidenses precisaron que esperan que Facebook, Twitter y Google implementen medidas amplias para atacar el discurso político en línea. La semana pasada, los demócratas en el Senado estadounidense publicaron un importante informe sobre la presunta intervención rusa en la política estadounidense y europea que concluye que “las plataformas de redes sociales son un medio clave para las campañas de desinformación que socavan las democracias”.

La verdadera inquietud de la burguesía no es la “injerencia” rusa, sino el crecimiento de la oposición social y política, tanto en Estados Unidos como internacionalmente. A medida que el Gobierno de Trump persigue su agenda reaccionaria, militarista y antidemocrática —que ha incluido la abolición de la neutralidad de la red— a los demócratas les aterra que las guerras interminables y los niveles insostenibles de desigualdad social produzcan una explosión social.

Hace cinco meses, el World Socialist Web Site advirtió que Google procuraba censurar los sitios web izquierdistas, progresistas y contra la guerra, como parte de un giro más amplio de las principales empresas tecnológicas hacia la censura. La ofensiva contra los derechos democráticos y la libertad de expresión han avanzado rápidamente en este último año. La velocidad de estas acciones de la clase gobernante corresponde a la anticipación de una gran guerra y la erupción del malestar social este año.

Ante este contexto, el seminario en línea “Organizando una resistencia a la censura del Internet”, con el presidente del WSWS y el periodista Chris Hedges, es sumamente oportuno. La transmisión en línea tendrá lugar el martes, 16 de enero, de las 7:00 a las 8:30 pm (horario del este de Norteamérica; EDT). Llamamos a nuestros lectores a registrarse hoy a través de endcensorship.org y a hacer planes para participar en este crítico evento internacional.

La diatriba racista de Trump contra los “países agujeros de mierda” expone la conspiración bipartidista contra los inmigrantes

por Barry Grey //

El presidente Donald Trump pronunció el jueves un discurso racista y fascista contra los inmigrantes de los “shithole countries” (países agujeros de mierda), como Haití y los estados de África, durante una reunión bipartidista de la Casa Blanca sobre la “reforma” de la inmigración.

El Washington Post informó por primera vez los comentarios de Trump, citando a dos personas no identificadas que fueron informadas sobre la reunión. Respondiendo a las preguntas más tarde en el día, la Casa Blanca no negó que Trump haya hecho las declaraciones.

El estallido de Trump fue una vergüenza para los demócratas del Congreso, quienes durante la semana pasada se apresuraron a llegar a un acuerdo con Trump que militarizaría aún más la frontera y ampliaría la represión contra los inmigrantes. En un editorial publicado menos de 24 horas antes de la declaración de Trump, el Washington Post alentó a los demócratas a aceptar gran parte de la política de inmigración de Trump, incluida la construcción de un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.

Trump hizo sus comentarios después de rechazar una propuesta acordada por un grupo de seis senadores republicanos y demócratas. El acuerdo restablecería la protección legal de la era de Obama, cancelada el año pasado por la Casa Blanca, para 800.000 inmigrantes que fueron traídos a los Estados Unidos como hijos por padres indocumentados, proporcionar miles de millones de dólares para contratar a más agentes fronterizos e intensificar la militarización fronteriza, reducir drásticamente visas para familiares de inmigrantes legales y sorteo de visas de diversidad para inmigrantes de África, América Central y otras regiones pobres del mundo.

Una parte del plan restauraría el estado de protección, rescindido por la administración, a los inmigrantes de países devastados por la guerra y devastados como Haití y El Salvador. El lunes, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que estaba poniendo fin al estado de protección de más de 250,000 salvadoreños que han vivido en los Estados Unidos durante décadas.

“¿Para qué queremos a los haitianos aquí?”, preguntó Trump. “¿Por qué queremos que toda esta gente de África esté aquí? ¿Por qué queremos a todas estas personas de los países shithole?” Agregó, “Deberíamos tener más gente de lugares como Noruega”.

Estas declaraciones produjeron choques en los medios de información y denuncias indignadas de políticos demócratas. La postura de indignación dentro de los medios y el establecimiento político es hipócrita y deshonesto. El problema para la clase dominante es que, una vez más, Trump ha dicho en público lo que muchos en la oligarquía empresarial-financiera y el aparato estatal piensan y dicen en privado.

El arte de la política imperialista estadounidense es encubrir las actividades criminales de la clase dominante de los Estados Unidos en todo el mundo en una retórica humanitaria. La regla es: puedes matar a tantas personas como quieras, siempre y cuando se haga de una manera que rinda homenaje verbal a los ideales democráticos y humanitarios.

Trump, cuyo ascenso al poder es el producto de una guerra interminable y una desigualdad social masiva, prescinde de todo eso. Articula las políticas del imperialismo estadounidense en un lenguaje francamente fascista.

Estados Unidos está ocupado en todo el mundo invadiendo países, matando a sus habitantes y saqueando sus recursos. Amenaza a los países —China, Rusia, Irán, Corea del Norte— con la aniquilación nuclear. Tiene la abrumadora responsabilidad de aplastar la pobreza y la represión en Haití, ya que ocupó el país entre 1915 y 1934 y lo invadió repetidamente desde la última vez en 1996 (bajo Bill Clinton) y en 2004 (bajo George W. Bush).

Lideró la guerra de bombardeos que destruyó Libia y está librando una guerra de drones y una guerra encubierta en Somalia, Níger y otras partes de África.

Ha traído muerte y destrucción a El Salvador, incluso al respaldar a los escuadrones de la muerte en la guerra civil de 1980-1992 que asesinó a decenas de miles de civiles.

Ahora, los demócratas están uniendo esfuerzos con Trump y los republicanos para enviar a los pocos que escaparon de los campos de asesinatos de estos países y buscaron asilo en Estados Unidos para ser brutalizados y asesinados, mientras que sellan la frontera para bloquear a los muchos nuevos refugiados creados por agresión de Estados Unidos al ingresar al país.

Dos cosas exponen por completo la falsedad de la indignación oficial por el arrebato de Trump. Primero, lo hizo en el transcurso de una reunión a la que asistió el senador Demócrata “Whip” Richard Durbin, quien ha estado liderando a los Demócratas en las conversaciones de inmigración. Justo dos días antes, en las pláticas bipartidistas televisadas presididas por Trump, Durbin había sonado: “Nos sentimos honrados de ser parte de esta conversación”. Luego prometió el apoyo demócrata a “una frontera segura en el período estadounidense”.

Segundo, incluso cuando los conspiradores antiinmigrantes se reunían en la Casa Blanca, el Partido Demócrata estaba proporcionando los votos necesarios en la Cámara de Representantes para bloquear cualquier alteración de la ley FISA y extender su Sección 702, que autoriza a la Agencia de Seguridad Nacional a pinchar el teléfono y las comunicaciones electrónicas de millones de estadounidenses sin una orden judicial. Se espera que la ley de vigilancia masiva nacional e internacional atraviese el Senado con similar apoyo demócrata en los próximos días.

El New York Times, que articula las políticas del Partido Demócrata, alabó la votación de la Cámara, escribiendo:

“Efectivamente, la votación fue casi seguramente el final de un debate sobre la vigilancia y los derechos de privacidad del siglo XXI que estalló en 2013 después de las filtraciones del ex contratista de la NSA Edward J. Snowden

Las divulgaciones del Sr. Snowden en 2013 marcaron el comienzo de un período de intenso interés en la vigilancia. Los libertarios civiles y los escépticos conservadores del poder del gobierno trabajaron juntos para presionar por nuevos límites, mientras que las agencias de inteligencia y aplicación de la ley y sus patrocinadores en el Congreso de todas las líneas partidarias —tanto en las administraciones de Obama como de Trump— intentaron mantener la línea”.

Los medios de comunicación, los Demócratas y la clase gobernante en general están preocupados de que los comentarios de Trump puedan socavar un asqueroso “compromiso” inmigratorio y, en términos más generales, sigan desacreditando a los Estados Unidos a los ojos del mundo y del pueblo estadounidense. Son conscientes de cuán débil e inestable es este gobierno. Todo su enfoque es desviar, disipar y sabotear la oposición popular mediante campañas reaccionarias como la campaña anti-Rusia, la caza de brujas #MeToo y la campaña de “noticias falsas” sobre la libertad de expresión en Internet, de modo que para prevenir un movimiento político contra el capitalismo estadounidense.

Los trabajadores y los jóvenes no deberían apoyar a ninguna de las facciones dentro de la clase dominante y el establecimiento político y, sobre todo, no permitir que su oposición a Trump se canalice detrás del Partido Demócrata de derechas. La lucha contra Trump debe librarse como un movimiento independiente y unido de la clase trabajadora, en unidad con las crecientes luchas de los trabajadores a nivel internacional, contra la fuente de la guerra, la pobreza y el racismo: el sistema capitalista.

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios.

“Será un 2018 fantástico”, aseguró Trump a sus invitados, cuando ingresó en el salón de baile dorado de Mar-a-Lago, escoltado por la sonrisa permanente de la primera dama, Melania Trump, y el muñeco de sastre que es su hijo Barron, y predijo que el mercado de acciones continuaría creciendo y los negocios llegarían a Estados Unidos en “un abrir y cerrar de ojos”.

Todo esto fue música para los oídos de sus adinerados invitados que están babeando ante la perspectiva de las jugosas ganancias y los recortes de impuestos que generosamente su héroe se comprometió a ofrecer. Fue una escena verdaderamente inolvidable digna de una secuencia de El Padrino.

El año 2017

Sin embargo, antes de dar la bienvenida al nacimiento del Año Nuevo, examinemos primero el anterior con rigurosa atención. “Creo que este año es probablemente el año con mayor riesgo político desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, declaró Brian Klaas, experto en Política Comparada de la Escuela de Economía de Londres, en una entrevista en la CNBC en enero del año pasado.

No estuvo muy desacertado. Pensemos por un momento en los acontecimientos ocurridos en los últimos 12 meses. El año que acaba de pasar a la historia fue testigo de otro cúmulo de terremotos políticos. Y, a pesar de los alardes del último ocupante de la Casa Blanca, es poco probable que el año 2018 sea mejor para el capitalismo mundial.

Trotsky describió la teoría como la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. Pero el año 2017 sembró gran cantidad de sorpresas, y no menos entre los llamados expertos de la burguesía. Hace 12 meses, ¿quién hubiera pensado que los conservadores británicos quedarían tan mal en unas elecciones generales, partiendo de una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas; y que el “inelegible” Jeremy Corbyn terminaría el año como el político más popular de Gran Bretaña?

¿Quién hubiera pensado que, para finales de año, los líderes proindependentistas catalanes estarían disputando unas elecciones desde una cárcel española, y que el presidente del gobierno catalán sería un exiliado político en Bruselas.

¿Quién hubiera pensado que los dos principales partidos en Francia ni siquiera estarían presentes en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales? ¿Y quién hubiera pensado que los Republicanos de Estados Unidos perderían una elección en Alabama: un bastión seguro de la derecha religiosa conservadora?

¿Quién hubiera pensado que Mugabe sería arrojado al basurero después de décadas de gobierno dictatorial, y que Jacob Zuma perdería el control del Congreso Nacional Africano?

Estos son sólo algunos de los terremotos políticos que han sacudido al mundo en solo 12 meses. Son sucesos altamente significativos en sí mismos. Pero desde una perspectiva marxista son síntomas de la crisis general del capitalismo mundial, que encuentra su expresión en la inestabilidad política en todas partes, incluida la nación capitalista más poderosa: los Estados Unidos.

Pesimismo de la burguesía

Los estrategas serios del capital a menudo llegan a las mismas conclusiones que los marxistas, aunque naturalmente desde su punto de vista de clase. La imagen de color de rosa pintada por el señor Trump no es compartida por ningún analista burgués serio sino, de hecho, todo lo contrario.

Según el Grupo Eurasia, una respetada consultora que asesora a los capitalistas sobre posibles riesgos a escala mundial, en su evaluación anual recientemente publicada sobre los principales riesgos geopolíticos, advierte de que el mundo se está moviendo hacia una crisis y un estado de “depresión geopolítica” y que la presidencia de Donald Trump está contribuyendo a la inestabilidad: acelerando las divisiones a nivel nacional e internacional, y desentrañando el orden global que se ha construido dolorosamente durante décadas.

El Grupo Eurasia expresa el temor de que las democracias liberales (es decir, burguesas) sufren un “déficit de legitimidad no visto desde la Segunda Guerra Mundial”, que los líderes están fuera de contacto con la realidad y que este colapso político crea condiciones en que cualquier acontecimiento importante podría tener un efecto devastador en la economía y el mercado global.

El informe comienza con una frase que podría verse como una respuesta a la evaluación entusiasta del señor Trump sobre la economía (excepto que debió de haberse escrito antes de su fiesta de Año Nuevo): “Sí, los mercados están subiendo y la economía no está mal, pero los ciudadanos están divididos. Los gobiernos no están gobernando mucho. Y el orden global se está deshaciendo.”

Y su conclusión no podría ser más diferente de la del Hombre de la Casa Blanca: “En los 20 años desde que comenzamos el Grupo Eurasia, el entorno global ha tenido sus altibajos. Pero si tuviéramos que elegir un año para una gran crisis inesperada, el equivalente geopolítico de la crisis financiera de 2008, sería 2018”.

El factor Trump

El año 2017 comenzó con la asunción del cargo como presidente de Donald Trump, el 20 de enero. Eso en sí mismo fue un choque político de enormes dimensiones. Es, por supuesto, incorrecto atribuir todos los males del mundo a un hombre. Si eso fuera cierto, entonces la solución a la crisis actual sería sencilla: deshacerse de Trump y reemplazarlo por un presidente más “responsable” (es decir, Demócrata). Pero no hay ninguna razón para creer que la situación sería mucho mejor bajo Hillary Clinton o cualquiera de los otros héroes del “centro”.

El intento de explicar los grandes procesos históricos en términos individualistas es una trivialización de la historia que no resiste siquiera el escrutinio más superficial. El marxismo busca los fundamentos de la historia humana en los procesos más profundos que se desarrollan muy por debajo de la superficie y constituyen el marco fundamental sobre el cual los actores humanos desempeñan sus roles. Pero este análisis básico, aunque finalmente decisivo, de ninguna manera agota la cuestión.

Si el intento de explicar la historia en términos de protagonistas individuales es demasiado simple para ser tomado en serio, el intento de negar el papel de los individuos en la historia es igualmente simplista y falso. Si seguimos la teoría de Marx, los hombres y las mujeres hacen su propia historia, aunque no actúan con total libertad y están limitados por factores objetivos que están más allá de su control e, incluso, son invisibles para ellos. Con sus acciones, los actores individuales pueden tener un efecto serio sobre las circunstancias, influyendo en el resultado de los acontecimientos de una forma u otra.

Donald Trump es un ejemplo interesante de este fenómeno. La clase dominante estadounidense no estaba satisfecha con Trump. Sigue descontenta e intenta deshacerse de él. Hay un número de razones para esto. Durante más de 100 años, la vida política de EE. UU. se basó en dos pilares fundamentales: los Republicanos y los Demócratas. La estabilidad del sistema dependía de este equilibrio.

Trump es multimillonario, pero también es un ególatra y un hábil demagogo. Paradójicamente, Trump se dirigió específicamente a los sectores más pobres de la sociedad. Habló mucho sobre la clase trabajadora, algo prácticamente inaudito en las campañas electorales de EE. UU. Todo era mentira, por supuesto, pero cuando habló de las fábricas y minas cerradas, despertó la esperanza en las mentes de las personas desesperadas. Esto tocó la fibra sensible de millones de estadounidenses hartos del sistema que los condena a la pobreza y el desempleo.

En realidad, Trump es sólo otro representante de las grandes empresas. De hecho, él es el rostro crudo y feo del capitalismo, mientras que el llamado centro es el capitalismo que intenta disfrazar su esencia detrás de una máscara sonriente. Trump se ha deshecho de la máscara, y es por eso por lo que la clase dirigente lo detesta.

El establishment se preguntó si podrían controlar a este inconformista multimillonario cuya victoria no desearon pero que no pudieron evitar. No tuvieron que preguntarse por mucho tiempo. El 45º presidente de Estados Unidos tenía prisa por dejar su huella. Hizo campaña con la promesa de “hacer las cosas de manera diferente”. Y así ha sido.

Ha logrado exacerbar todas las contradicciones a escala mundial: entre los Estados Unidos y China, entre los Estados Unidos y Europa y entre los Estados Unidos, Canadá y México. Ha intensificado el conflicto entre Israel y los palestinos y ha creado una atmósfera bélica frenética con Corea del Norte, que ha convertido a Corea del Sur y Japón en objetivos para el arsenal nuclear del “Hombre Cohete” de Pyongyang.

Las aventuras de Trump en el campo de los asuntos exteriores, ciertamente, no tienen precedentes en la historia de la diplomacia mundial. Se lo podría comparar a un elefante en una tienda de porcelana. Su continua emisión de escandalosos tweets proporciona una ruidosa música de fondo a la cacofonía de extravagantes, contradictorios y frecuentemente incomprensibles errores en materia de política exterior, que han conmocionado y consternado a grandes sectores de la clase dirigente del país y en el extranjero.

La doctrina de “América primero” es sólo una nueva versión del antiguo aislacionismo, que siempre fue parte de la tradición política estadounidense. Pero los aliados más cercanos de Estados Unidos están preocupados de que la promesa de “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, se haga a su costa. Y no están equivocados. Si, previamente, había pequeñas grietas en la llamada alianza occidental, ahora se han ensanchado en un abismo enorme.

Ian Bremmer, presidente del Grupo Eurasia, y su presidente, Cliff Kupchan, advierten de que el poder global de Estados Unidos está “llegando a un punto muerto” y de que la filosofía de Trump de atrincheramiento y vía unilateral siembran confusión tanto entre sus aliados como en sus rivales. “‘América Primero’ y las políticas que se derivan de ello – dice el Grupo Eurasia- han erosionado el orden liderado por Estados Unidos y sus protecciones, mientras que ningún otro país o grupo de países está listo o interesado en reconstruirlo… aumentando significativamente el riesgo global”. Éste es un buen resumen de la situación.

Radicalización en los Estados Unidos

Éstos son logros realmente notables en tan sólo 12 meses en la Casa Blanca. La erupción de Trump en el escenario mundial sería suficiente para causar serias preocupaciones en la clase dirigente de los Estados Unidos e internacional. Pero hay otra razón por la cual la clase dominante no se muestra entusiasta con respecto a Donald Trump. La mecánica elemental nos informa de que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. Las líneas de falla en la sociedad y la política estadounidenses ya estaban ahí. No fueron inventadas por Trump. Pero con sus discursos y acciones ha intensificado las divisiones agudas en la sociedad estadounidense y ha provocado un aumento notable de la radicalización.

La llegada de Trump a la Casa Blanca fue la señal de una oleada sin precedentes de manifestaciones masivas en todo el país. Las marchas de las mujeres probablemente representaron la mayor protesta en la historia de los Estados Unidos. Entre 3,3 millones y 4,6 millones de personas se manifestaron en Los Ángeles, Washington D.C., Nueva York, Chicago, Seattle y otras ciudades y pueblos de EE. UU. Ésta fue la primera de muchas más.

El año terminó con una asombrosa derrota Republicana en Alabama: un escaño conservador y fuertemente republicano que Trump había ganado con un margen del 30 por ciento en las elecciones presidenciales. Ése fue otro terremoto político, el cual no fue previsto por los “expertos” o las encuestas de opinión.

Es demasiado pronto para decir cuánto tiempo puede sobrevivir Trump. Su apoyo más importante se encuentra en la bancarrota de los Demócratas y la demora en un movimiento significativo de la clase trabajadora. La actual Administración puede prolongarse, a pesar del espectáculo sin precedentes de una división abierta en la clase dominante. ¿Cuándo en el pasado vimos un conflicto abierto entre un presidente estadounidense y los medios, el FBI, la CIA y todo el cuerpo de los Servicios de Inteligencia de los EE. UU.?

A pesar de las predicciones confiadas del Sr. Trump, el año 2018 verá muchos más trastornos de este tipo, que en el fondo son un reflejo de la inestabilidad que es una característica fundamental del presente período de la crisis capitalista mundial.

Francia y Gran Bretaña

Para los marxistas, el significado de estos trastornos políticos no es difícil de entender. La crisis del capitalismo se manifiesta en una inestabilidad general: económica, social y política. Han transcurrido diez años desde el colapso financiero de 2008 y la burguesía está lejos de resolver la crisis económica. Todos los intentos de los gobiernos para restablecer el equilibrio económico sólo han servido para destruir el equilibrio social y político.

Vemos esto en un país tras otro. Donald Trump y Bernie Sanders, aunque son muy diferentes, son manifestaciones del mismo fenómeno. También lo son Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Jean-Luc Mélenchon en Francia, Syriza en Grecia y Podemos en España. Todas estas cosas son reflejos del descontento general, la ira y la frustración que se agitan debajo de la superficie de la sociedad. Esto está causando alarma en las filas de la burguesía y sus estrategas.

El surgimiento de un “sentimiento antisistema cada vez más tóxico” está erosionando la confianza en las instituciones políticas de los países democráticos, así como en los medios de comunicación y el sistema electoral en los Estados Unidos. La debilidad en estas instituciones puede conducir a la inestabilidad, el autoritarismo, las políticas impredecibles y el conflicto.

Lo que estamos viendo en los Estados Unidos y en todos lados es el colapso del llamado centro. El pequeño grupo de élites no representativas que detentan el poder no está, naturalmente, satisfecho con esto. Ven correctamente la creciente polarización hacia la izquierda y la derecha como una amenaza a sus intereses.

Quedaron, comprensiblemente, encantados el pasado mayo, cuando un candidato poco conocido del ‘centro’, Emmanuel Macron, derrotó a Marine Le Pen para convertirse en el presidente más joven de Francia. Ninguno de los partidos tradicionales llegó a la segunda votación. Los medios hicieron mucho ruido al respecto. Afirmaron que Macron había conseguido una mayoría absoluta. Eso no es verdad. La mayoría absoluta fue, de hecho, el 70 por ciento de las personas que no votaron por él. Tampoco mencionaron los medios el hecho de que el político más popular en Francia era el izquierdista Jean-Luc Mélenchon.

En realidad, el centro político es una ficción. La sociedad se divide cada vez más entre un pequeño grupo de personas que controlan el sistema y una abrumadora mayoría que se está empobreciendo y se encuentra en abierta rebelión contra el sistema. “Conquistar el centro” fue una idea de Tony Blair (fundador del ‘Nuevo Laborismo’ y primer ministro británico de 1997 a 2007).

La idea es puerilmente simple: tratar de encontrar un acuerdo entre los partidos de las diferentes clases. Pero hay un pequeño problema. Tal acuerdo es imposible, porque los intereses de estas clases son completamente antagónicos, de hecho, incompatibles. Este antagonismo se puede disfrazar temporalmente en períodos de auge económico, pero se vuelve notoriamente obvio en situaciones como la actual, cuando el capitalismo se encuentra en una profunda crisis.

El voto a favor del Brexit de junio de 2016 fue el salto de Gran Bretaña a la oscuridad. Ése fue otro terremoto político, cuyos resultados apenas comienzan a sentirse ahora. En un intento desesperado por apuntalar la débil posición de negociación de Gran Bretaña la primavera pasada, Theresa May convocó elecciones anticipadas. Esta decisión fue tomada bajo el supuesto (compartido por todos) de que los conservadores no podrían perder.

Las encuestas de opinión daban a los conservadores una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas. La prensa entera fue unánime en que, bajo el liderazgo del izquierdista Jeremy Corbyn, los laboristas nunca podrían ganar unas elecciones. Recordemos que el ala de derecha laborista, que tiene una aplastante mayoría en el grupo parlamentario del Partido Laborista, ha estado tratando de deshacerse de Corbyn de todas las formas posibles en los últimos dos años con el respaldo de los medios, que organizaron una campaña de vilipendio sin precedentes contra este líder laborista.

Sus esfuerzos fracasaron. Pero una vez más se preparaban para expulsarlo tan pronto como se anunciara la derrota del laborismo, que tanto deseaban fervientemente y confiadamente esperaban. Pero para asombro de todos, los laboristas lucharon en las elecciones con un programa de izquierda y avanzaron. El Partido Conservador perdió su mayoría parlamentaria y el presuntamente inelegible Jeremy Corbyn se convirtió en el político más popular de Gran Bretaña.

No hace mucho, Gran Bretaña era uno de los países más estables de Europa. Ahora es uno de los más inestables. El resultado del Brexit y el fermento en Escocia eran síntomas de profundo descontento, que existían pero no encontraban ningún medio para expresarse. En la persona de Jeremy Corbyn, este descontento masivo ha encontrado una expresión política que representa un gran giro hacia la izquierda y presenta grandes oportunidades para organizaciones como la que aquí representamos, la Corriente Marxista británica, que entendió este fenómeno que todos los grupos pseudo-trotskistas se negaron a ver durante décadas.

Cataluña

La crisis en Cataluña es un reflejo del callejón sin salida del capitalismo español y la consecuencia de las traiciones del estalinismo y del reformismo que llevaron al aborto de la Constitución de 1978. Esa traición permitió a la putrefacta clase gobernante española preservar partes importantes del antiguo régimen franquista detrás de una fachada “democrática”.

Ahora, 40 años después, las gallinas vuelven al gallinero. El pueblo de Cataluña experimentó la realidad de la democracia española cuando los golpes de porras policiales cayeron sobre las cabezas de ciudadanos desarmados e indefensos, hombres y mujeres, jóvenes y personas mayores, cuyo único “crimen” fue el deseo de votar sobre el futuro de su país.

Los líderes de este movimiento hicieron todo lo posible por persuadir al gobierno de derecha de Rajoy en Madrid de que, por supuesto, no se tomaban en serio la independencia. “Proclamaron” una Cataluña independiente, pero también declararon que “no se haría efectiva”. Se comportaron como generales que movilizan al ejército, lo colocan en pie de guerra y provocan al enemigo para que pase a la acción, para luego ondear la bandera blanca. No se puede imaginar una manera más segura de desmoralizar a las tropas.

Pero si los líderes catalanes imaginaban que esta maniobra los salvaría de la ira de sus enemigos, estaban tristemente equivocados. La debilidad invita a la agresión. Las fuerzas de Madrid detuvieron a los principales líderes del movimiento independentista, que fueron encarcelados acusados ​​de planear una insurrección, abolieron los poderes del gobierno autónomo catalán e impusieron el gobierno directo para aplastar el movimiento independentista. El presidente catalán, Carles Puigdemont, huyó al exilio en Bélgica.

Los nacionalistas burgueses catalanes imaginaban con seguridad que obtendrían el respaldo de la Unión Europea, pero pronto se curaron de esta ilusión. Bruselas y Berlín les dieron a entender en los términos más inequívocos que un Estado catalán independiente no sería reconocido por Europa. ¡Hasta aquí las credenciales democráticas de los líderes de la UE!

Si el partido gobernante del PP pensó que podría resolver el problema mediante el uso de la fuerza bruta, también se equivocó. Marx explicó que la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. El sábado, 21 de octubre, 450.000 personas se concentraron en Barcelona ​​y decenas de miles se manifestaron en otras ciudades de toda Cataluña para exigir la libertad de los líderes encarcelados.

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre representaron una bofetada para el gobierno español. Estas elecciones tuvieron lugar en condiciones excepcionales, comenzando por el hecho de que fueron convocadas por el gobierno español después de inhabilitar al gobierno catalán y disolver su parlamento. Ocho candidatos prominentes de los partidos independentistas están en la cárcel o en el exilio y, por lo tanto, se les impidió participar en la campaña. Incluso fueron castigados por las autoridades de la prisión por enviar mensajes, que se leyeron durante los mítines electorales. Todo esto se hizo utilizando los poderes que se derivan del artículo 155 de la Constitución de 1978.

A pesar de todo, la participación del 81,94 por ciento fue la más alta, no sólo de las elecciones al Parlamento de Cataluña, sino también de las elecciones parlamentarias españolas en Cataluña y en toda España. El partido gobernante español (el PP) quedó reducido a tres escaños en Cataluña y el bloque independentista volvió a conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Por lo tanto, estamos exactamente en la misma situación que antes.

Pase lo que pase en los próximos meses, nada volverá a ser lo mismo en Cataluña ni en España. Se han desatado fuerzas que desgarrarán el falso e hipócrita “consenso” que engañó al pueblo acerca de una alternativa genuinamente democrática a la odiada dictadura de Franco. Rajoy y el PP son los verdaderos herederos de ese régimen, que pisoteó brutalmente a la gente en el pasado y continúa pisoteándola hoy.

Los movimientos de masas en Cataluña son sólo el primer síntoma de una revuelta contra esa dictadura. El mismo espíritu de rebelión se manifestará tarde o temprano en todo el país.

Riqueza y pobreza

El descontento que crece en todas partes es una expresión de la extrema polarización: la concentración de capital, que Marx predijo hace mucho tiempo y la cual se han empeñado en negar economistas y sociólogos desde entonces.

¿Quién puede hoy negar la verdad de la predicción de Marx? La concentración de capital ha tenido lugar en condiciones de laboratorio. En la actualidad, menos de 200 grandes corporaciones controlan el comercio mundial. La inmensa riqueza se concentra en manos de unos pocos. Sólo en 2017, los multimillonarios del mundo aumentaron su riqueza global combinada en un quinto.

Según Josef Stadler, director global de la división Ultra High Net Worth en UBS, hoy “la desigualdad de la riqueza está en su punto más alto desde 1905”. El 1% más rico del mundo posee la mitad de la riqueza del mundo, según un nuevo informe que destaca la creciente brecha entre los súper ricos y todos los demás.

Un informe del Crédit Suisse mostró que las personas más ricas del mundo vieron aumentar su riqueza del 42 %, en el punto álgido de la crisis financiera de 2008, al 50.1 % en 2017, es decir, 140 billones de dólares. El informe dice:

“La parte del 1% más rico ha seguido una senda ascendente desde [la crisis], pasando el nivel 2000 en 2013 y alcanzando nuevos máximos cada año a partir de entonces”. El banco también dice que “la desigualdad de la riqueza global ha sido ciertamente alta y ha aumentado en el período posterior a la crisis.”

El aumento de la riqueza entre los ya muy ricos llevó a la creación de 2,3 millones de nuevos millonarios durante el año pasado, alcanzando un total de 36 millones. “El número de millonarios, que cayó en 2008, se recuperó rápidamente después de la crisis financiera, y ahora es casi tres veces la cifra de 2000”.

Estos millonarios, que representan el 0,7 por ciento de la población adulta del mundo, controlan el 46 por ciento de la riqueza global total que ahora se ubica en la asombrosa cifra de 280 billones de dólares.

Ése es un lado de la balanza. En el otro extremo del espectro, los 3.500 millones de adultos más pobres del mundo tienen activos de menos de 10.000 dólares. En conjunto, estas personas, que representan el 70 por ciento de la población mundial en edad de trabajar, representan solo el 2,7 por ciento de la riqueza mundial. Para millones de personas, es una cuestión de vida o muerte.

En 2017, en 45 países, se calcula que 83 millones de personas necesitaron asistencia alimenticia de emergencia, más del 70 por ciento más que en 2015. Y en 2018, la cifra podría alcanzar los 76 millones.

Yemen es un caso particularmente escandaloso. Como resultado de la bárbara guerra de agresión librada por Arabia Saudita y sus aliados, 17 millones de yemeníes no tienen lo básico para comer, y más de 3 millones de niños y mujeres embarazadas y lactantes sufren de desnutrición aguda. La hipocresía de los medios occidentales ha hecho que se ignoren en gran medida estas atrocidades perpetradas por los mafiosos sauditas, que deliberadamente usan el hambre como arma de guerra.

Importancia del factor subjetivo

En los últimos años, Oriente Medio ha presentado una imagen de reacción atroz: guerra, guerra civil, derramamiento de sangre, fanatismo religioso, masacres y caos. La clave de esta situación se encuentra en tres países: Egipto, Turquía e Irán. Estos son los países donde el proletariado es más fuerte y tiene tradiciones revolucionarias. Si se hace un análisis superficial, en los tres países existe una reacción férrea. Pero tal evaluación es fundamentalmente defectuosa.

Las masas egipcias hicieron todo lo que estaba en su poder para cambiar la sociedad. Fue la ausencia de dirección, y sólo eso, lo que llevó al magnífico movimiento de 2011 a un callejón sin salida. Y como la naturaleza aborrece el vacío, Sisi y los demás generales del ejército reaccionario ocuparon el espacio vacío. Como resultado, los trabajadores y campesinos egipcios se han visto obligados a pasar una vez más a través de la dura escuela de la reacción. Pero, tarde o temprano, resucitarán. La dictadura de Sisi es una choza desvencijada construida sobre cimientos de barro. Su debilidad fatal es la economía. El pueblo de Egipto necesita pan, trabajo y vivienda, que los generales son incapaces de proporcionar. Las futuras explosiones son inevitables.

En Turquía también, el potencial revolucionario de las masas se demostró con el levantamiento de 2013. Fue finalmente aplastado, y Erdogan logró desviar la atención de las masas al jugar la carta del nacionalismo turco y desencadenar una guerra brutal contra los kurdos. Pero el nacionalismo no puede poner el pan en la mesa de los millones de turcos desfavorecidos. Tarde o temprano comenzará una reacción contra el régimen. Y hay señales de que ya ha comenzado. Debemos observar a Turquía de cerca en el próximo período como una de las claves de Oriente Medio.

La mayoría de la población mundial es joven. Y al menos el 60 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad están desempleados en todo el mundo. El descontento latente de estos jóvenes fue lo que provocó la revolución árabe hace unos años.

Ahora vemos el mismo fenómeno repetido en las calles de pueblos y ciudades de todo Irán. Como de costumbre, este movimiento surgió de repente, sin previo aviso, como una piedra pesada arrojada a las aguas de un estanque en calma. Sorprendió y asombró a todos los autodenominados expertos, especialmente, a los viejos, cínicos y cansados ​​analistas de la llamada izquierda, cuya principal marca es el escepticismo y una creencia muy arraigada de que nunca pasará nada y de que las masas nunca se moverán. Todas estas personas “inteligentes” se quedaron con la boca abierta ante este movimiento que, según ellos, nunca iba a suceder.

“Pero estas manifestaciones son más pequeñas que las de 2009”, los escépticos se apresuran a tranquilizarnos. Sí, más pequeñas pero mucho más radicales, más impetuosas, más audaces y menos cautelosas. Con la velocidad de la luz, las demandas de los manifestantes pasaron de demandas económicas a políticas, desde el desempleo y el alto costo de la vida hasta exigir el derrocamiento de todo el régimen. Los manifestantes derribaron carteles del Líder Supremo Ayatolá Jamenei, algo extremadamente peligroso y prácticamente inaudito en Irán. Incluso hubo algunos informes de ataques a retratos del difunto ayatolá Jomeini.

¿Quiénes eran estos manifestantes? Eran principalmente jóvenes, pobres, desempleados, no los estudiantes universitarios que predominaron en todas las protestas anteriores. No estaban organizados, no pertenecían a ningún grupo político y no tenían una idea guía, salvo el deseo ardiente de cambio. Ése es el punto de partida de cada revolución.

El régimen fue sacudido hasta sus cimientos. Este movimiento, precisamente por su contenido de clase, representa una amenaza potencialmente mucho más peligrosa que los millones de personas que salieron a las calles de Teherán en 2009. Sus vacilaciones parecen a primera vista incomprensibles. Dado el tamaño relativamente pequeño de las manifestaciones, el poderoso aparato represivo en manos de los mulás seguramente sería más que suficiente para haber sofocado esta protesta, como un hombre apaga una vela con dos dedos.

Y sin embargo, mientras escribo estas líneas, el régimen aún no ha lanzado una campaña seria de represión. El perro ladra pero no muerde. ¿Por qué? Hay dos razones principales. En primer lugar, el régimen está dividido y es mucho más débil de lo que era en el pasado. En segundo lugar, entiende que detrás de los jóvenes que se están manifestando hay millones de iraníes que están cansados ​​de años de pobreza extrema, desempleo y aumento de los precios de los alimentos.

Hace tiempo que perdieron la fe en los mulás que simulaban moralidad y honestidad, pero que son tan corruptos como lo fueron en el pasado los funcionarios del Sha. Cualquier movimiento en contra de los manifestantes provocaría una reacción violenta que volvería a ver a millones en las calles, sólo que esta vez serían trabajadores, no sólo estudiantes y gente de clase media.

En este momento, es difícil predecir exactamente cuál será el futuro de esta rebelión. Su principal debilidad es la falta de organización. Sin un plan de acción claro y una firme comprensión de las tácticas y la estrategia, el movimiento puede disipar sus energías en una serie de acciones descoordinadas que fácilmente pueden degenerar en simples disturbios. Eso es lo que el régimen espera ansiosamente. Una vez más volvemos a la pregunta central: la de la dirección revolucionaria.

En 1938, León Trotsky escribió que se podía reducir la crisis de la humanidad a la crisis de la dirección del proletariado. Ha habido muchos movimientos revolucionarios en el pasado reciente: en Egipto, en Turquía, en Irán, en Grecia. Pero en todos los casos, las masas se vieron frustradas por la falta del factor subjetivo: un partido y una dirección revolucionarios. Si en Egipto, en el momento del derrocamiento de Mubarak, hubiera existido incluso un pequeño partido revolucionario, la situación hubiera sido diferente.

Recordemos que en febrero de 1917 los bolcheviques contaban con tan sólo 8.000 miembros en un país enorme, principalmente campesino, de 150 millones. Sin embargo, en tan sólo nueve meses se transformaron en un poderoso partido capaz de conducir a los obreros y campesinos a la toma del poder.

Al ingresar en el Año Nuevo, podemos estar seguros de que nuevas posibilidades revolucionarias se presentarán en un país tras otro. Irán muestra que los cambios bruscos y repentinos están implícitos en toda la situación. Debemos estar preparados para aprovechar cada oportunidad para difundir las ideas del marxismo, construir nuestras fuerzas, conectarnos con las masas, comenzando por las capas más avanzadas, y construir las fuerzas del marxismo en todas partes.

En cuanto a los cobardes, los apóstatas y los escépticos que niegan la perspectiva de la revolución, sólo podemos encogernos de hombros y repetir las desafiantes palabras pronunciadas por Galileo Galilei: Eppur si muove [“Y sin embargo se mueve”].

Crece la oposición a la cacería de brujas sobre acoso sexual

por Joseph Kishore //

A medida que avanza la campaña de acusaciones sobre conductas sexuales inapropiadas, queda claro que lo que se está desencadenando es más grande de lo que parecía inicialmente, en el caso del productor de Hollywood, Harvey Weinstein. Ahora que comienza a ceder la primera oleada de la campaña, la oposición está creciendo entre algunos de los acusados.

El anfitrión del canal PBS (Public Broadcasting Service), Tavos Smiley, quien fue suspendido súbitamente el miércoles a raíz de acusaciones anónimas e inespecíficas, emitió una fuerte declaración denunciando a PBS por iniciar una “denominada investigación” sin siquiera contactarlo. Después de que Smiley fue informado al respecto por amigos que lo contactaron preocupados después de que fueran interrogados, amenazó con demandar a la empresa para que le permitan responder a las acusaciones.

“Si tener una relación consensual con una colega hace años es el tipo de cosas que conllevan a esta clase de humillación pública y destrucción personal, que el cielo nos salve”, escribió. “Los investigadores de PBS se rehusaron a tomar en consideración mi documentación personal, se rehusaron a hablar con mi personal actual y se rehusaron a ofrecerme hasta una semblanza de un proceso debido para defenderme contra las acusaciones de fuentes desconocidas”.

“Esto ha ido demasiado lejos”, concluyó. “Y yo, por lo menos, tengo la intención de luchar de vuelta”.

El viernes, ignorando los derechos democráticos de Smiley, Mills Entertainment anunció que estará cancelando su financiamiento para su dramatización teatral en 40 ciudades del último año de vida de Martin Luther King Jr., quien fue él mismo un blanco de una campaña orquestada por el FBI para atacar su conducta sexual como “antinatural” y “anormal”.

Smiley presentó su declaración pocos días después de que el actor australiano, Geoffrey Rush, un blanco de una campaña encabezada por el Daily Telegraph del multimillonario Rupert Murdoch para retratarlo como un “predador sexual”, anunciara que presentará una demanda contra el periódico “para compensar por los insultos, las insinuaciones y las hipérboles que han creado alrededor de mi reputación”. Rush agregó: “La situación es intolerable y tengo que intentar vindicar mi buen nombre en las cortes.”

A pesar de estas señales de oposición, la campaña continúa creciendo e implicando a cada vez más individuos y tipos de acciones. El viernes, la demócrata de Kansas, Andrea Ramsey, se convirtió en la primera mujer en ser acusada y anunció que estará cancelando su candidatura al Congreso. La prensa local reportó que la compañía con la que trabajaba resolvió una demanda presentada por un uno de sus empleados, quien la acusó de despedirlo después de que él rechazara sus avances sexuales. La dirección del Partido Demócrata dejó de respaldarla después de que salieran los reportes de las acusaciones, las cuales Ramsey asevera que son mentiras.

Bajo la categoría general de “acoso sexual”, se está criminalizando y asociando con el pavoroso crimen de una violación a un rango de actividades sumamente amplio, incluyendo aquellas que caben dentro de las relaciones interpersonales normales. El efecto es crear una situación en la que prácticamente cualquier persona puede ser escogida y calumniada con la acusación de “depredación sexual”.

Al mismo tiempo, tales concepciones se están adaptando a ley. A través de una carta enviada la semana pasada al New York Times, Carmelyn Malalis, la presidenta de la Comisión por los Derechos Humanos de la ciudad de Nueva York, se refirió con aprobación a leyes de la ciudad de Nueva York que definen acoso como cualquier acto por encima de “leves ofensas o inconvenientes triviales”. En las palabras de Malalis, esto incluiría, “cualquier comportamiento sexual no deseado, incluyendo comentarios, bromas, gestos, contactos, textos o correos electrónicos sexuales que produzcan un ambiente laboral hostil”.

Esto significa que una palabra o un gesto malinterpretados pueden resultar en un despido o ser puesto en una lista negra. Tal interpretación socava profundamente la protección de la libertad de expresión de la Primera Enmienda de la Constitución de EUA.

Desde que Donald Trump llegó al poder, los demócratas han buscado desviar la oposición popular a su Gobierno detrás de una agenda derechista basada en los intereses de los segmentos dominantes del aparato militar y de inteligencia. Esto es lo que explica la campaña sobre “noticias falsas”, ciberataques rusos y acoso sexual.

Thomas Edsall reconoce en una columna de opinión publicada esta semana, titulada “La política de #HeToo (Él también)”, reconoce que la campaña en marcha está siendo impulsada en gran medida por consideraciones políticas. El hecho de que este artículo aparece en el diario New York Times, el principal portavoz de la cacería de brujas sexual, llama todavía más la atención.

“La problemática de las conductas sexuales inapropiadas se ha convertido en el enfoque de la estrategia demócrata para hacer frente al presidente Trump y al Partido Republicano”, escribe Edsall. “Para los demócratas, quienes han tenido dificultades en encontrar la tracción en sus batallas contra el Gobierno, la explosión de acusaciones ha creado una oportunidad para poner el énfasis en Trump —un proceso reforzado por la debacle de Moore—”. Esto último se refiere a la derrota del republicano de tendencia fascista, Roy Moore, ante el demócrata derechista, Doug Jones, la semana pasada en las elecciones de Alabama para el Senado de EUA.

Este mes, los dirigentes demócratas, incluyendo a la líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, votaron en contra de una moción para iniciar un proceso de destitución para Trump con base en sus políticas de carácter fascista y racista. No obstante, según otro artículo en el Times, “La Sra. Pelosi ha respaldado fuertemente los pasos para que haya nuevas audiencias relacionadas a las quejas por conducta sexual contra el presidente”.

Edsall cita los comentarios de varios individuos que han planteado claras inquietudes acerca de las implicaciones de la campaña sobre acoso sexual. Emily Yoffe de la revista Politico se preocupa que el “momento increíble” actual se “descarrille si todas las acusaciones se aceptan a punta de fe, y el proceso judicial debido es visto como un impedimento en vez de un requisito y fundamento de la justicia”. Paul Rosenberg advierte en la revista Salon de un “juicio precipitado demócrata, mandando el proceso debido a volar para dotarse con una pose virtuosa que sin duda se verá cada vez más oscura en los años venideros”. Elizabeth Bartholet, una profesora de la Facultad de Derecho de Harvard escribe sobre esta campaña como “otro momento que podremos recordar como un momento caracterizado por la locura y el pánico sexual”.

Sin embargo, Edsall concluye que tales consideraciones no tendrán ningún impacto en las operaciones políticas detrás de la campaña #MeToo en antelación a las elecciones del 2020.

La estrategia del Partido Demócrata hacia el Gobierno de Trump forma parte de un proceso político y social prolongado. Los últimos cuarenta años han visto una concentración extrema de la riqueza. Esto no solo ha involucrado la acumulación de enormes fortunas en manos de los multimillonarios en el país —tres de los cuales ahora controlan más riqueza que la mitad de la población—, sino que hay una brecha cada vez mayor entre el cinco o diez por ciento en la cima, que constituye la clase media-alta, y el 90 por ciento por debajo. Los intereses y las preocupaciones de esta capa superior son distintos y hostiles a los de la clase obrera.

Políticamente, el Partido Demócrata ha cortado todos sus lazos con el reformismo social. Es un partido de Wall Street, el aparato militar y de inteligencia y esta clase media-alta, y se basa en la política de identidad. Esta transición culminó en la campaña de Hillary Clinton, la cual buscó desviar la oposición de masas a la desigualdad social y la guerra a través de la promoción cuestiones de ley y orden como la demanda de una sentencia más draconiana en el caso del estudiante de la Universidad de Stanford, Brock Turner. Esto ha venido acoplado a la calumnia que los trabajadores que no apoyaron la campaña del Partido Demócrata estaban expresando sus “privilegios” blancos o masculinos. Esta reaccionaria estrategia está siendo revivida en el contexto del Gobierno de Trump.

La caza de brujas sexual se está librando contra el trasfondo de amenazas de guerra cada vez mayores que podrían detonar una catástrofe nuclear. Una proporción cada vez más grande de trabajadores y jóvenes enfrentan niveles impactantes de pobreza, incluyendo la falta de un trabajo digno, al mismo tiempo que el Congreso se apresura para imponer una enorme reducción en los impuestos para los ricos. Cada día, 115 trabajadores mueren debido a accidentes y padecimientos ocupacionales. La burguesía está tomando pasos para abolir los derechos democráticos y la libertad de expresión en línea, algo subrayado por la decisión reciente de la Casa Blanca de poner fin a la neutralidad de la red.

Todo esto está siendo ignorado por la campaña sobre acoso sexual. Las divisiones de clase están siendo tapadas por la insistencia en que todas las mujeres, independientemente de sus ingresos, comparten la misma “experiencia” de ser oprimidas por los hombres, quienes disfrutan de los beneficios de los “privilegiados”, especialmente si son blancos.

La campaña de acoso sexual es derechistas, antidemocrática y políticamente reaccionaria. No concierne del todo a los intereses de los trabajadores, sean hombres o mujeres.

La oposición al Gobierno de Trump y a todos los grupos de poder tiene que desarrollarse en forma de un movimiento independiente de la clase obrera que se dirija conscientemente en contra del capitalismo y todos los horrores producto de este sistema.

 

La Asamblea General de las Naciones Unidas rechaza el anuncio de Trump sobre Jerusalén

por Jordan Shilton //

La Administración Trump sufrió una humillante derrota en la Asamblea General de las Naciones Unidas el jueves cuando 128 países condenaron el anuncio del presidente el 6 de diciembre reconociendo a Jerusalén como la capital de Israel. La votación de 128-9, con 35 abstenciones, refleja el aislamiento extremo de Estados Unidos y propicia un enfrentamiento violento en Oriente Próximo.

La votación fue precedida por una agresiva campaña de matonismo e intimidación por parte de Trump y otros funcionarios. El miércoles, Trump amenazó a cualquier país que votara contra EUA con reducir su asistencia al desarrollo. “Toman cientos de millones de dólares e incluso miles de millones de dólares, y luego votan en contra de nosotros”, dijo Trump. “Bueno, estamos viendo esos votos. Dejen que voten contra nosotros. Vamos a ahorra mucho. No nos importa”.

La embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, se sumó a las amenazas en su discurso en la Asamblea General del jueves pasado. “Estados Unidos recordará este día en el que fue señalado en la Asamblea General por el derecho de ejercer nuestro derecho como nación soberana”, declaró Haley. “Y lo recordaremos cuando acudan a nosotros muchos países, como lo hacen a menudo, para pagarles más y para usar nuestra influencia en su beneficio”. Luego, procedió a informar arrogantemente que, sin importar el resultado de la votación, Washington no cambiará su política.

Solo Togo, las Islas Marshall, Micronesia, Palau, Nauru, Guatemala y Honduras se alinearon con Estados Unidos e Israel en apoyo del reconocimiento de Jerusalén. Treinta y cinco países se abstuvieron y 21 se ausentaron de la votación, una indicación de que las amenazas de Trump y Haley tuvieron algún impacto.

En toda una serie de otras resoluciones en la ONU, Estados Unidos se ha encontrado a menudo en una pequeña minoría de apoyo a Israel. No obstante, la disposición de tantos Estados a desafiar tan explícitamente a Estados Unidos pone de manifiesto el recrudecimiento de los antagonismos interimperialistas y el prolongado declive del capitalismo estadounidense.

Los aliados tradicionales de EUA, Reino Unido, Francia y Alemania, que han tendido a abstenerse en las resoluciones relacionadas con Israel, votaron por condenar el anuncio de Trump. Incluso Canadá, posiblemente el aliado más cercano de EUA y un país que ha votado repetidamente en defensa de Israel en la ONU, se abstuvo.

El hecho de que las bravuconas amenazas de Trump causaron tan poca impresión y el rechazo decisivo a la posición de Washington solo aumenta el peligro de que EUA pueda expandir agresivamente su intervención en Oriente Próximo y desencadenar un conflicto regional catastrófico.

El matonismo y hostigamiento característicos del Gobierno de Trump están ligados a la disposición de recurrir a conflictos entre grandes potencias, como lo elabora la estrategia de seguridad nacional de Trump publicada la semana pasada. Habiendo participado en una serie de guerras virtualmente ininterrumpida por más de un cuarto de siglo, cobrando la vida de millones en el proceso, la clase gobernante estadounidense ahora contempla abiertamente conflictos militares a una escala que no se había visto desde las dos guerras mundiales del siglo XX.

Si Trump cumpliera su amenaza de recortar la ayuda financiera a aquellos Estados que se oponen a su línea en Jerusalén, esto solo intensificaría las grandes tensiones de poder en Oriente Próximo. Egipto, Jordania, Afganistán, Irak y Pakistán desafiaron a Washington al apoyar la resolución. Las potencias europeas, lideradas por Alemania, interpretaron la decisión estadounidense sobre Jerusalén como una oportunidad para expandir su influencia en la región a expensas de Estados Unidos y llenarían rápidamente el vacío dejado por cualquier reducción de asistencia norteamericana. Rusia y China, los principales obstáculos en el impulso agresivo de Washington para asegurar un dominio indiscutible en esta región rica en fuentes energéticas, también aprovecharían la oportunidad.

El voto de la Asamblea General, que no es vinculante, se produjo tres días después de que Haley emitiera el único voto en contra de la misma resolución en el Consejo de Seguridad, vetando su aprobación.

La decisión de Trump en Jerusalén puso fin al fraude de décadas de la llamada solución de dos Estados para el conflicto entre Israel y Palestina promovida por Washington y las otras principales potencias imperialistas. Al mismo tiempo, dejó al descubierto la bancarrota de la perspectiva nacionalista burguesa que afirma que los palestinos pueden asegurar sus aspiraciones democráticas y sociales al lograr un trato con las potencias imperialistas.

Esto último se vio claramente jueves, cuando los funcionarios de la Autoridad Palestina aplaudieron la aprobación de una resolución que esencialmente reafirma el statu quo bajo el cual Israel ha oprimido despiadadamente al pueblo palestino durante décadas. El presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, cuyo régimen ha servido lealmente como guardia de seguridad para el imperialismo estadounidense y es ampliamente odiado entre los palestinos, celebró la votación como una “victoria para Palestina”.

“Continuaremos nuestros esfuerzos en las Naciones Unidas y en todos los foros internacionales para poner fin a esta ocupación y establecer nuestro Estado palestino con Jerusalén Oriental como su capital”, agregó Nabil Abu Rdainah, portavoz de Abbas.

En realidad, Washington ha dejado en claro que no está preparado para tolerar el surgimiento de tal Estado. Las potencias imperialistas europeas realmente no ostentan preocuparse más por crítica situación de los palestinos, pero esperan explotar la incapacidad de Washington para negociar un acuerdo entre los israelíes y los palestinos, y la crisis de su intervención militar en Siria, para avanzar sus propias ambiciones depredadoras en Oriente Próximo

Los regímenes árabes burgueses, que utilizaron la Asamblea General para atacar la política de Trump, son completamente cómplices de las terribles condiciones que enfrentan los palestinos. Todos estos regímenes fueron informados por adelantado sobre el anuncio de la política de Trump. Arabia Saudita, que desea ganar el apoyo israelí para su política de confrontar militarmente a Irán, citó a Abbas a una reunión a Riad en noviembre para dictarle los términos de un acuerdo que implicaba aceptar el control israelí de Jerusalén y reducir el territorio palestino a unos pocos y pequeños enclaves apartados.

La decisión estadounidense sobre Jerusalén fortaleció la mano del Gobierno derechista de Benjamin Netanyahu, el cual ha herido a más de 1900 palestinos, arrestado a más de 200 y asesinado a 10 palestinos en las dos semanas desde el discurso de Trump, en las que las fuerzas de seguridad israelíes respondieron a las protestas de masas con municiones real. La decisión de Estados Unidos también ha hecho que Tel Aviv siga burlando el derecho internacional en los territorios ocupados, incluso al insistir en su programa de asentamientos ilegales.

Previsiblemente, Netanyahu pasó a la ofensiva después de la votación. Tachando el resultado como “absurdo”, proclamó que Jerusalén “siempre fue, siempre será” la capital de Israel.

La política de Trump en Jerusalén está ligada a los esfuerzos por construir una alianza antiiraní en Oriente Próximo con el objetivo de prepararse para una guerra con Teherán. Desde que visitó Arabia Saudita en mayo para pronunciar un discurso ante los líderes árabes reunidos, en el que pidió la formación de una alianza sunita para combatir a Irán, Trump y sus altos funcionarios han escalado las tensiones con Teherán y sus aliados en cada oportunidad.

El reconocimiento de Trump de Jerusalén como la capital de Israel se produjo menos de dos meses después de que se negara a certificar el cumplimiento de Irán del acuerdo nuclear acordado en el 2015 bajo la Administración Obama. Además, le ha exigido al Congreso adoptar sanciones más severas, incluso en cuando al programa de misiles balísticos del país.

El período previo a la votación de la ONU del jueves solo subrayó la profundización de las tensiones en todo Oriente Próximo. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, denunció las amenazas de Trump de reducir la ayuda financiera y pidió a la comunidad internacional que le enseñe a Estados Unidos “una buena lección”. “Señor Trump, no puede comprar la voluntad democrática de Turquía con sus dólares. Nuestra decisión es clara”, continuó. “Llamo al mundo entero: no se atrevan a vender su lucha democrática y su voluntad por miserables dólares”.

Si bien tales comentarios acarrean mucha politiquería, con Turquía tratando de explotar el tema de Palestina para reforzar su posición en la región, los comentarios de Erdogan reflejan la disputa cada vez más tensa entre Ankara y Washington. Erdogan se ha reunido con el presidente ruso Vladimir Putin siete veces este año y su Gobierno ha indicado su intención de comprar un sistema de defensa antiaéreo ruso. Además, parece que el Gobierno turco llegará a un acuerdo con Rusia e Irán sobre la presencia de representantes kurdos en las conversaciones de paz en Siria, de las cuales Washington ha sido en gran parte excluido.

(Fotografía: Ismail Haniye, líder de Hamas, concurre a protesta contra decisión de Trump)

¿Chile se salvó?

por Ibán de Rementería //

Cuando el triunfante Sebastián Piñera se dirigía en la Alameda a sus adherentes por la noche del domingo 17 de diciembre, estos coreaban rítmicamente: “Chile se salvó”, este es un hecho sintomático de como la derecha logró movilizar a sus huestes dormidas.

Para satisfacción de todos nosotros  el domingo en la segunda vuelta disminuyó la abstención, pero para sorpresa nuestra, desagradable a no dudarlo, no en favor de Alejandro Guillier si no que de Sebastián Piñera, con lo cual logró un resonante e indiscutido triunfo electoral.

Veamos que pasó en la historia electoral reciente en cuanto a la abstención como reserva electoral a la cual recurrir. Desde 1989, primera elección después del retorno de la democracia, hasta 2009, última elección con voto obligatorio, pero con inscripción voluntaria para ser elector, el padrón electoral pasó 7.558.000 electores, en números redondos, a  8.285.000 en 2009, entretanto los votos emitidos en igual período pasó 7.159.000 a 7.203.000 votos en la segunda vuelta sin una significativa caída en relación a la primera vuelta, los porcentajes de participación variaron entre un 94.7% a un 86,9% en igual período. Seguramente fue esa altísima participación electoral la que logró derrotar a la Dictadura de Pinochet y a sus sucesores desde el 1998 a 2009 (Ver cuadro n°1).  

En 2013 con la inscripción automática y el voto voluntario el padrón electoral pasó de 13.573.000 electores a 14.374.000 en este año. En cambio, los votos emitidos pasaron 6.699.000 en la primera vuelta a 5.698.000 en la segunda vuelta, un millón de votos menos con una variación del porcentaje de participación de 49,3% al 41,9% respectivamente, significativa entre ambas vueltas, y notablemente inferior a la participación cuando la inscripción era voluntaria. Ahora en 2017 de la primera vuelta a la segunda la tasa de participación pasó de 46,7% a 49,0%, de 6.701.000 votantes a 7.026.000.

Cuadro n°1. Padrón electoral, votos emitidos y porcentaje de participación electoral

En millones, 1989-2017

Años 1989 1993 1999 1999 2005 2005 2009 2009 2013 2013 2017 2017
Padrón 7,558 8,085 8,084 8,084 8,221 8,221 8,285 8,285 13,573 13,573 14,347 14,347
Votos 7,159 7,383 7,272 7,327 7,207 7,162 7,264 7,203 6,699 5,698 6,701 7,026
Partic. 94,7% 91,3% 89,9% 90,6% 87,6% 87,1% 87,6% 86,9% 49,3% 41,9% 46,7% 49,0%

Fuente: Servel

En la perspectiva general, es de destacarse aquí  que entre los 28 años de 1989 a 2017 los electores se mantuvieron constantes en más de siete millones y que la tasa de participación estuvo entre el 95% y el 87%. Pero,  lo más importante acontece en 2013 con la inscripción automática y el voto voluntario lo que produce un alza súbita del padrón electoral en un 49,4%, lo cual va acompañado de una caída significativa de la participación a menos del 50%, pero así se mantuvo abierto el padrón para ir a buscar votos, el paso de la inscripción obligatoria a la inscripción automática crea todo un nuevo campo de acción electoral.

También en el año 2013 hubo una caída significativa de 500 mil votos en la primera vuelta  en relación al año 2009 y en segunda vuelta de un millón y medio de votos menos,  en cambio, ahora en 2017 hay un alza significativa en la primera vuelta que vuelve a una cifra similar a la primera vuelta de del 2013 y en la segunda vuelta  se eleva hasta casi aproximarse a la media histórica de siete millones de votantes.

Decíamos que tuvimos una desagradable sorpresa, pues la “teoría general” sobre la abstención decía que los electores de derecha y centro derecha por razones culturales eran menos informados, acríticos y disciplinados lo cual los hacía ser más leales con sus liderazgos personales o colectivos, por lo tanto tenían una menor tendencia a abstenerse, en breve, sus votaciones  se acercaban a sus techos electorales, en cambio la izquierda y la centro izquierda  están mejor informadas, son críticas e indisciplinadas, por lo tanto son menos leales con sus liderazgos y sus votaciones tienden a aproximarse a sus pisos electorales. Por eso todos dijimos que las posibilidades de éxito de Guillier era que la abstención fuese baja, ya que si era alta el éxito sería de Piñera. Pues bien, la abstención bajó pero ganó Piñera.

Cuadro n°2. Elección Presidencial 2017. Votos y participación entre primera y segunda vuelta

Candidatos Coalición Votos Participación
    1 vuelta 2 vuelta 1 vuelta 2 vuelta
Alejandro Guillier Fuerza de la Mayoría 1 497 116 3 160 225 22,70 % 45,43 %
Carolina Goic P.Demócrata Cristiano 387 780 5,88 %
M.Enríquez-Ominami Partido Progresista 376 471 5,71 %
Eduardo Artés Unión Patriótica 33 690 0,51%
Alejandro Navarro Pais 24 019 0,36%
(Totales presumibles) (2 319 076)   (35,16%)
Beatriz Sánchez Frente Amplio 1 336 824 20,27%
(Totales presumibles) (3 655 900)   (55,43%)
Sebastián Piñera Chile Vamos 2 417 216 3 795 896 36,64 % 54,57 %
José Antonio Kast Independiente 523 213 7,93 %
(Totales presumibles)  (2 940 429)   (44,57%)
Totales votos válidos 6 596 329 6 956 121 98,44% 98,91%
Votos nulos 65 020 56 415 0,97% 0,80%
Votos blancos 39 397 20 049 0,59% 0,29%
Total sufragios emitidos 6 700 748 7 032 585 100,0% 100,0%
Total inscritos 14 347 288 14 347 288
Abstención 53,30% 50,98%

Fuente: Servel

En la primera vuelta Guillier obtuvo 1 497 116 votos y, de primeras, podía aspirar a recibir los votos de los otros partidos de la centro izquierda, tal como sus candidatos lo solicitaron a sus electores hasta llegar a 2 319 076 votos, además, también podía aspirar a los 1 336 824 votos del Frente Amplio como lo recomendaron sus dirigentes a sus electores para un gran total presumible de 3 655 900 votos. Eso superaba por lejos los 2 940 429 votos que sumaban Piñera y Kast en la primera vuelta (ver: columna  votos  1 vuelta en líneas de totales presumibles del cuadro n°1).

Bien sabíamos que no podían contar con la totalidad de los votos obtenidos por  Carolina Goic, pero si con la mayoría de los obtenidos por los parlamentarios de la DC, que fueron bastantes más. En general, podíamos contar con la mayoría de los votos obtenidos por las otras izquierdas, pero, lo que si sabíamos es que no podíamos contar para nada con la votación de Beatriz Sánchez, ni con la del FA, ellos se originan y existen en la profunda diferenciación y el rechazo a  las políticas realizadas y propuestas por  la Nueva Mayoría. Por eso, de los 3 655 900 de votos que presumiblemente era nuestro techo en la segunda vuelta sólo alcanzamos a 3 160 225 votos, lo claro aquí es que 495.675 presumibles electores de izquierda prefirieron abstenerse a votar por Guillier, pero, para que no se siga denostando del FA bien podemos suponer que algo así como 900.000 de quienes votaron en primera vuelta por Sánchez lo hicieron por Guillier en la segunda vuelta. Así explicaríamos porque perdimos.

Veamos ahora porque ganó Piñera. En los procesos eleccionarios cuando la propuesta política y el liderazgo no convocan a la mayoría sociales que representan ésta en porciones estratégicas se abstiene, entonces, si la minoría tiene propuestas políticas y liderazgos convocantes triunfa. Ese ha sido históricamente el caso de los Estados Unidos de América y Gran Bretaña, donde las mayorías sociales se identifican con el Partido Demócrata y el Partido Laborista, pero en varias oportunidades han gobernado los Republicanos y los Conservadores, la frase anunciadora  del cantante de chileno Alberto Plaza residente en EUA: “les tengo una mala noticia ganó Trump y les tengo una buena noticia perdió Hillary” es en este sentido proverbial.

No fue sólo la incapacidad de convocatoria de la campaña de Guillier  a los votantes del FA, que no es lo mismo que los militantes del FA, tampoco a la “izquierda dormida” y decepcionada, a los progresistas dormidos, etc., por el contrario la derecha demostró su eficacia en despertar a todas las derechas dormidas, a la  derecha militar y religiosa con José Antonio Kast, el tío, a los  “cristianos viejos” con Ossandon, a la derecha neo liberal dura con Felipe Kast, el sobrino, pero lo seguro es que aquellos y otros “sectores ultra reaccionarios y conservadores” que no se sentían convocados por la centroderecha y eran parte de ese 50% de los ciudadanos automáticamente inscritos pero que no votan, ahora ante la “amenaza  inminente frenteamplista y comunista” y una probable “Chilezuela”  sí se movilizaron a votar, solamente 855.467 electores de los siete millones que constituyen esa reserva de votantes dormidos. De esa manera el “Chile se salvó” se impuso holgadamente “anti piñerismo”.

La centroizquierda se quedó en el análisis del rector Carlos Peña sobre la individualización y el consumismo egoísta de las clases medias ascendentes que ha producido la modernización de Chile; mientras que soslayó las encuestas de la Universidad Diego Portales y el PNUD que señalan como la gran mayoría de los chilenos quiere la estatización  de la educación, de la salud, la seguridad social, el transporte, las comunicaciones, las empresas de servicios públicos y, el colmo, también de la banca, seguramente porque se siente estafados y abusados por este capitalismo decadente, capitalismo clientelista –crony capitalism-, por eso es un imaginario demasiado forzado que puedan rasgar sus vestiduras ante el anuncio de que “le vamos a meter la mano al bolsillo a los ricos”.

Esta contundente derrota, por nueve puntos porcentuales, del proyecto de la centro izquierda  debe ser tomada como una gran oportunidad por el Partido Socialista y la izquierda, ya que también se puede plantear como un Gobierno de Guillier habría sido el gobierno terminal de la Concertación y la Nueva mayoría que inicio una larga agonía con el Gobierno de Lagos Escobar. La actual coyuntura política nacional, e internacional, le plantea una situación política, ideológica y organizativa al Partido Socialista de que estamos en el momento –momentum–  para reiniciar el proceso de diseño  de un nuevo programa político que le hagan posible al liderazgo de las y los trabajadores manuales e intelectuales conducir a las chilena y los chilenos a una nueva gestión de la distribución del poder, que establezca una nueva gestión de la distribución de la riqueza, para hacer efectiva la igualdad social y la equidad económica entre todos los que producimos colectivamente esa riqueza nacional.

 

 

Núcleo Valparaíso Socialista

 

 

Economía mundial: todo muy bien… Sra. Marquesa

por Eric Toussaint //

“Todo va muy bien, señora marquesa” (Tout va très bien, madame la marquise) 1/ es una canción de 1935 que conoció en Francia un gran éxito en plena crisis. Traducida a numerosas lenguas, esta frase se ha convertido en una expresión proverbial para designar una actitud de ceguera ante una situación desesperada.

Las declaraciones de Mario Draghi, de Jean-Claude Junker, de Donald Trump… hacen pensar en esta canción. Se les puede imaginar participando en el diálogo entre el criado James y la señora marquesa.

La situación del capitalismo ne es desesperada. Lamentablemente, pues nos gustaría enterrar a este sistema mortífero. No obstante, se están reuniendo diferentes ingredientes de una nueva crisis financiera internacional.

A menudo, en víspera de una crisis financiera, todo parece ir bien. Algunas señales son por ejemplo completamente engañosas. El crecimiento económico parece alentador cuando en realidad está fundado en gran medida en una fiebre especulativa en ciertos sectores. Las quiebras son limitadas, los balances de las empresas parecen sólidos. Recordemos las notas triple A concedidas por las agencias de notación a la firma norteamericana Enron en 2000 antes de que la empresa quebrara, dando la señal de partida para la crisis de las punto-com de 2001-2002. Recordemos las notas triple A atribuidas a los productos estructurados ligados al mercado de las subprimes en 2006-2007. Recordemos las declaraciones tranquilizadoras de Alan Greenspan, director de la Reserva Federal de los Estados Unidos entre 1987 y 2006, en vísperas de la crisis de las subprimes. Afirmaba que los riesgos estaban tan bien diseminados en el sistema y tan bien cubiertos por los CDS (Credit Default Swap, especie de seguros contra los riesgos de impagos) que ninguna crisis estaba a la vista. El FMI, en su informe anual de 2007, pretendía que todo estaba tranquilo y que el crecimiento económico era sólido.

La situación en 2017 hace pensar en situaciones de precrisis en las que todo parece estar bajo control y durante las que los dirigentes políticos hacen declaraciones tranquilizadoras. La situación actual se parece de una cierta forma a lo que ocurrió en 1987. Se había conocido un alza fuerte de los mercados bursátiles y una subida importante de las obligaciones de empresas privadas (las obligaciones de empresas, corporate bonds en inglés, son títulos financieros emitidos por las empresas privadas para financiarse, son promesas futuras de reembolsos a cambio de fondos).

Hay sin duda una diferencia importante entre la situación actual y la de hace 30 años: algunos bancos centrales (el Banco de Japón, el BCE, el Banco de Inglaterra…) poseen una parte de las corporate bonds 2/ y es un elemento de estabilidad pues no corren el riesgo de vender catastróficamente en caso de comienzo de pánico en el mercado privado de obligaciones. La FED, por el contrario, no las ha comprado aún. El año pasado, viendo que el mercado de las corporate bonds corría el riesgo de implosionar en el futuro, su directora general anunció que la FED podría eventualmente ponerse a comprar pero no se ha tomado ninguna decisión hasta hoy. Ahora bien, es el mercado americano el más desarrollado y el que corre más riesgos.

Por otra parte, la FED posee una cantidad enorme de productos estructurados que ha comprado para ayudar a los bancos a afrontar las consecuencias de la crisis de 2008. La FED poseía en octubre de 2017, 1770 millardos de dólares de productos estructurados ligados al mercado inmobiliario (Mortage Backed Securities, MBS) 3/. La FED sabe muy bien que, en caso de intentar revender en un próximo futuro estos productos tóxico, correría el riesgo de provocar un hundimiento del valor de los títulos que tendría un efecto en cadena con quiebras como resultado.

MBS en manos de la FED- fuente: Board of Governors of the Federal Reserve System (US), Federal Reserve Bank of St Louis Economic Data


Los factores de la crisis: las deudas privadas en el corazón del problema

En 2017 asistimos a la prosecución de una importante subida de las capitalizaciones bursátiles que comenzó hace varios años. Se trata de una subida en gran medida especulativa estimulada por las recompras de acciones y la política de dinero fácil seguida por los bancos centrales. La burbuja bursátil acabará por estallar.

Asistimos igualmente a una fuerte subida del volumen de las deudas de las grandes empresas privadas (aumento de 7800 millardos de dólares de las deudas de las empresas privadas no financieras entre 2010 y 2017 en los Estados Unidos). Se desarrolla una burbuja especulativaen el mercado de los corporate bonds. Los junk bonds (obligaciones de empresa de alto riesgo) son muy buscadas pues producen un alto rendimiento.

Se añade el relanzamiento de una burbuja del crédito privado al consumo en el sector del automóvil en los Estados Unidos. El volumen de las deudas en el mercado del automóvil de ese país supera los 1200 millardos de dólares, un aumento del 70% desde 2010. El número de impagos ha comenzado a aumentar y ha alcanzado el 7,5% del total. En consecuencia, los grandes bancos que controlan el 30% de ese mercado intentan reducir su exposición a una burbuja que corre el riesgo de estallar 4/.

En los Estados Unidos, la deuda estudiantil ha superado los 1350 millardos de dólares en 2017 y el porcentaje de impagos alcanza a más del 11% 5/. Una burbuja inmobiliaria se ha formado en Canadá 6/. La deuda de las familias en los Estados Unidos ha superado a comienzos de 2017 el nivel que había alcanzado en 2008 antes de la quiebra de Lehman Brothers. El volumen total de la deuda de las familias se acerca a los 13 000 millardos de dólares. Sin embargo, los impagos son inferiores a lo que eran en 2008-2009.

A escala internacional, aunque el discurso dominante afirme que los bancos han saneado profundamente sus cuentas y que están preparadas para afrontar una degradación de la situación, hemos asistido estos últimos cuatro años a la prosecución de los rescates de bancos privados importantes, en particular en Europa (Austria, Portugal, Italia, España…). La solidez de su balance es completamente relativa y sus fondos propios reales no superan en general el 5% e incluso hay grandes bancos por debajo de esa ratio. La legislación está hecha para ayudar a los bancos a ocultar su situación real. Permite a los bancos declarar que alcanzan una ratio del orden del 10 al 12% y así aprobar los stress test que las autoridades de regulación organizan. Uno de los problemas más importantes de los bancos: el aumento de los impagos en su cartera de créditos (lo que se llama los NPL, los non performing loans). La importancia de los NPL lastra la situación de la mayor parte de los bancos italianos y ha provocado la quiebra en España del Banco Popular en mayo de 2017, uno de los principales bancos españoles.

Recordemos que antes de las quiebras de numerosos bancos en 2008-2009, el sector mostraba beneficios elevados. Lo mismo ocurre hoy.

La subida del endeudamiento privado en China es también un factor potencial de crisis. La prensa dominante que atrae la atención de la opinión pública en esta dirección no se equivoca completamente aunque está claro que prefiere desviar la atención de los elementos de crisis que afectan directamente a las economías occidentales.

Del lado de las grandes empresas privadas occidentales, como hemos mostrado en un artículo precedente, el recurso al endeudamiento es masivo. Desarrollan a fondo operaciones estrictamente financieras y especulativas endeudándose.

Por otra parte, a nivel mundial, las empresas del sector de la siderurgia se ven confrontadas a una sobreproducción. Las grandes empresas petroleras mundiales muestran una subida de sus beneficios pero hay que preguntarse si la subida del precio del barril de petróleo a 60 dólares (observada en octubre-noviembre 2017) no está también provocada en parte por una especulación sobre los stocks y compras futuras. El sector del automóvil conoce una sobreproducción aunque las ventas han recuperado un curso ascendente en gran medida favorecido por compras a crédito.

El coste de la protección contra el riesgo ha alcanzado un nivel históricamente muy bajo

Asistimos por parte de las grandes empresas capitalistas a tal apetito por correr riesgos que el coste para protegerse contra la posibilidad de un impago ha alcanzado un nivel extremadamente bajo. Es contrario al principio de precaución pero es completamente normal en la lógica capitalista. Dado que numerosos capitalistas (Apple y otros) buscan comprar títulos financieros de alto riesgo (junk bonds), las empresas frágiles que los emiten pueden proponer rendimientos más bajos que si la demanda de sus títulos fuera escasa. Así, los rendimientos ofrecidos sobre los junk bonds disminuyen, lo que no quiere decir en absoluto que tengan menos riesgos que antes. El precio de esos títulos deseados aumenta, el rendimiento ofrecido baja y el «mercado» considera que el riesgo disminuye, lo que es contrario a la realidad. En los Estados Unidos, en octubre de 2017, una empresa que quería protegerse contra un impago debía pagar un seguro (un Credit Default Swap, CDS) de un montante de 5,44 dólares para cubrir un riesgo de 1000 dólares en títulos financieros de riesgo. En 2008, en el momento de la crisis, había que pagar 27,80 dólares para cubrir el mismo riesgo.

Esto recuerda las triples A concedidas por las agencias de notación a los productos estructurados subprimes justo antes de la crisis.

Es también señal muy clara de una voluntad de asumir riesgos a fin de aumentar los rendimientos a corto plazo. Esta situación de seguridad aparente puede trastocarse rápidamente como nos enseña la historia del capitalismo.

Y en el caso de una crisis mayor, Jean-Claude Junker, Mario Draghi y Donald Trump podrán entonar juntos «Todo va bien, señora marquesa». A menos que seamos nosotras y nosotros quienes les cantemos esa copla.

4/12/2017

http://www.cadtm.org/IMG/jpg/Fed-MBS.jpg

Traducción: Alberto Nadal

Notas

1/ Letra y música de Paul Miskari, publicado en las ediciones Ray Ventura. Se puede ver y oir con subtítulos en español en https://www.youtube.com/watch?v=EEO…

2/ El BCE tenía, en octubre de 2017, 357 millardos de euros de corporate bonds, de los cuales 236 eran covered bonds, es decir, los títulos menos seguros. Fuente consultada el 9 de noviembre de 2017:<href=”#cspp”>https://www.ecb.europa.eu/mopo/impl... El BCE tiene un tercio del mercado europeo de los covered bonds (ver Financial Times del 27/07/2017)</href=”#cspp”>

3/ Fuente consultada el 9 de noviembre de 2017: : https://www.federalreserve.gov/rele…

4/ Financial Times, “US consumer debt pile deters big banks from $1.2tn car-loan market”, 30 mayo 2017.

5/ Federal Reserve Bank of New York

6/ Financial Times, “Canada’s housing rally owes a debt to Europe”, 27 julio 2017

(Foto: Bruce Gilden, USA. New York City. 1990)

El reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de Trump genera ira y protestas

por Bill Van Auken //

Cambiando drásticamente el rumbo de siete décadas de política estadounidense hacia el Medio Oriente, el presidente Donald Trump dio un discurso el miércoles en la Casa Blanca en el que reconocía a Jerusalén como la capital de Israel y prometía que los EUA empezarían preparativos para mudar su embajada allí desde Tel Aviv, pasando a ser el primer país del mundo que lo haga.

La decisión fue recibida con una condena casi universal, de aliados de Washington y de sus enemigos por igual, junto con manifestaciones de palestinos en los territorios ocupados por Israel de la Franja de Gaza y Cisjordania, así como en otras partes del Medio Oriente.

En un discurso de 12 minutos, Trump arrojó la decisión como un “nuevo enfoque al conflicto entre Israel y los palestinos” y “un paso que había que dar hace mucho tiempo para promover el proceso de paz”.

En realidad, la medida representa una luz verde al gobierno israelí de extrema derecha del primer ministro Benjamin Netanyahu para acelerar la expansión y la creación de nuevos asentamientos sionistas e intensificar la limpieza étnica de palestinos de Jerusalén Este.

Al mismo tiempo, el presidente estadounidense se puso a auto-exaltarse como siempre, diciendo que aunque presidentes anteriores habían prometido mudar la embajada, “no lo habían cumplido”. Sugiriendo que el asunto era una falta de “valentía”, proclamó, “Hoy, estoy cumpliendo”.

Durante su campaña electoral de 2016, Trump prometió ser el “presidente más pro-israelí” de la historia estadounidense y mudar la embajada a Jerusalén. Esto era parte de una medida calculada para ganarse el apoyo de los cristianos evangelistas de derechas así como los mucho menos numerosos, pero financieramente críticos, del sector sionista de derechas, especialmente el multimillonario de los casinos Sheldon Adelson, quien donó unos $25 millones a la campaña de Trump.

Bajo condiciones en las que su administración está en una crisis cada vez más profunda, y el índice de aprobación pública de Trump está bajando hasta alcanzar niveles récord, el anuncio sobre Jerusalén, aunque amenaza con desencadenar una nueva oleada de derramamiento de sangre en el Medio Oriente y potencialmente más allá de la región, le brindó una manera barata de solidificar su “base”.

Se informó de que tanto su Secretario de Estado Rex Tillerson como el Secretario de Defensa General James Mattis se opusieron a la decisión. La acción de Trump, sin embargo, no fue meramente —como se está informando de manera generalizada, particularmente en Europa— un acto de irresponsabilidad o incluso locura. Más bien, tiene que ver con objetivos más amplios del imperialismo estadounidense para intensificar su intervención militar en el Medio Oriente, particularmente para retrotraer el aumento de la influencia iraní tras las sucesivas debacles sufridas por Washington en Irak, Libia y Siria.

Formalmente, Trump ha basado su cambio acerca de Jerusalén en una ley promulgada en 1995, la llamada Ley de la Embajada en Jerusalén, que fue aprobada con un apoyo bipartidista abrumador. Se incluía, sin embargo, en la ley, una exención que permite al presidente de los EUA postergar la mudanza de la embajada estadounidense por motivos de seguridad nacional. Cada presidente estadounidense desde Bill Clinton —incluyendo a Trump, hasta ahora— venía invocando esta exención cada seis meses tal como requiere la ley.

La decisión de Trump fue elogiada por destacados miembros de los dos partidos del Congreso. “Jerusalén ha sido, y siempre será, la capital eterna e indivisa del Estado de Israel”, dijo el presidente de la cámara, el republicano Paul Ryan en una declaración.

El principal demócrata del comité de relaciones exteriores del Senado, Ben Cardin de Maryland, respondió, “Jerusalén es la capital del Estado de Israel y la localización de la embajada estadounidense debería reflejar este hecho”. Aunque algunos demócratas expresaron reservas sobre lo oportuno del momento de la decisión de Trump, estas fueron minadas por el hecho de que apenas en junio el Senado estadounisense aprobó, sin un solo voto en contra, una resolución que reafirmaba la exigencia de mudar la embajada a Jerusalén.

Esta política bipartidista representa un repudio brutal de la ley internacional, respaldando la anexión ilegal de territorios por parte de Israel, incluyendo la mayor parte de la actual ciudad de Jerusalén, que ocupó militarmente durante la guerra árabe-israelí de 1967. Tales anexiones fueron declaradas ilegales bajo las Convenciones de Ginebra promulgadas tras la Segunda Guerra Mundial para impedir la repetición de acciones similares llevadas a cabo por el régimen nazi de Alemania.

Miles de palestinos protestaron en Gaza el miércoles adelantándose al discurso de Trump. Se informó también de protestas en escuelas en Cisjordania. El miércoles por la noche, grandes cantidades de jóvenes palestinos se volcaron a las calles de la capital jordana, Amán, uno de los mayores centros de refugiados palestinos. Coreando “¡Abajo Estados Unidos! ¡Estados Unidos es la madre del terror!” exigían a la monarquía hachemita del rey Abdullah que rompa su tratado de paz con Israel. Los palestinos también tomaron las calles en diferentes partes del Líbano. Varios centenares de manifestantes se congregaron también fuera del consulado estadounidense en Estambul, tirando monedas y otros objetos al edificio.

Organizaciones palestinas han hecho un llamamiento a tres “Días de Ira”, culminando el viernes, cuando se celebran servicios religiosos musulmanes. Intentos por parte de las fuerzas de seguridad israelíes de impedir el acceso de palestinos a la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén han servido repetidamente para provocar enfrentamientos violentos. En 2000, una visita a ese sitio por parte del entonces primer ministro Ariel Sharon provocó una intifada, o levantamiento palestino, y también se encendió la violencia en 2015 a causa de intentos de colonos sionistas de derechas de atacar el lugar sagrado musulmán.

La reacción de Trump fue rotundamente condenada tanto por regímenes árabes como por los aliados de antaño de Washington en Europa occidental.

Una de las reacciones más elocuentes fue la del Ministro de Exteriores alemán Sigmar Gabriel, quien en vísperas del anuncio dijo que la decisión de Trump era un indicador de por qué la alianza entre Washington y Europa había empezado a “venirse abajo”. Añadió que la determinación del estatus de Jerusalén tenía que ser el producto de “negociaciones directas entre ambas partes” y que “Todo lo que empeora la crisis es contraproducente”. La decisión de Trump ha sido invocada por el establishment gobernante alemán para promocionar el rearme del país y la persecución más agresiva de sus intereses de gran potencia en la escena mundial.

Desafiada en el Parlamento en relación con la decisión de Trump, la Primera Ministra británica Theresa May la describió como “poco constructiva” y prometió hablar con el presidente estadounidense sobre el asunto. El presidente francés Emmanuel Macron tildó la decisión estadounidense de “lamentable”. Ambos reiteraron la posición de que el estatus de Jerusalén solo podría ser zanjado mediante negociaciones entre los israelíes y los palestinos.

La principal preocupación tanto de las potencias europeas, los regímenes árabes y la Autoridad Palestina basada en Ramallah es que la decisión de Trump ha tirado de la última alfombra de debajo del supuesto “proceso de paz”, una ficción diplomática que está cojeando desde hace más de un cuarto de siglo mientras el régimen israelí expandía con firmeza su sujeción de los territorios palestinos ocupados.

La perspectiva de una “solución de dos Estados”, que Trump dijo que los EUA apoyarían “si es acordada por ambos bandos”, ya ha sido rechazada por las capas gobernantes del gobierno israelí y se ha vuelto irrealizable por la continua transgresión y división de la tierra palestina que la han llevado a ser una colcha de retazos de territorios no contiguos. Esto solo ha sido también confirmado por el reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel, negando la exigencia palestina de que la misma ciudad fuera la capital de algún Estado palestino.

Los regímenes burgueses árabes, monárquicos, autocráticos y dictatoriales, todos los cuales han sido consultados de antemano por parte de la administración de Trump, lanzaron su condena pro forma al reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel.

El dictador egipcio, Gen. Abdel Fattah el-Sisi, advirtió de que las decisiones de Trump “socavarían las posibilidades de paz en el Medio Oriente”.

De manera semejante, el rey saudita Salman declaró que el cambio sobre Jerusalén “dañaría las negociaciones de paz y aumentarían las tensiones en la región”.

Según muchas noticias en los medios, sin embargo, Mohammed bin Salman, el príncipe heredero saudí quien en breve será rey, convocó al jefe de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbas a Riad el mes pasado para informarle de las condiciones de Trump y ordenarle aceptarlas o someterse a la interrupción de la financiación saudí.

Siguiendo al discurso de Trump, Abbas emitió una respuesta grabada previamente advirtiendo de que, como resultado de las medidas del presidente estadounidense, “los grupos extremistas que intentan transformar el conflicto en nuestra región en una guerra religiosa que arrastrará a la región … hacia conflictos internacionales y guerras interminables.”

Al dirigente de la Autoridad Palestina, que hace de fuerza de seguridad adjunta para la ocupación israelí y de medio de enriquecimiento para una delgada capa de la burguesía palestina, le preocupa que el que la administración de Trump ponga fin a cualquier pretensión de que los asuntos esenciales en relación con el conflicto palestino-israelí serán dejados a la negociación, hará su posición insostenible.

Este llamamiento patético no encontrará simpatía en Washington. La perspectiva de que la provocación acerca de Jerusalén alimentará el terrorismo islamista ya está sin duda gestionada en los cálculos de Washington. Los atentados terroristas sirven como pretextos útiles para la guerra en el extranjero y represión en casa.

Al mismo tiempo, la administración de Trump claramente está calculando que Arabia Saudí, las otras monarquías petroleras del Golfo y los regímenes autocráticos suníes de la región no dejarán que ninguna preocupación por la suerte de los palestinos interfiera con su determinación de cimentar un eje anti-iraní junto con los EUA e Israel.

El primer ministro israelí Netanyahu transmitió su propia declaración grabada saludando la medida tomada por los Estados Unidos para reconocer a Jerusalén como la capital de Israel como “histórica” y elogiando a Trump por su “valiente decisión”.

La realidad, sin embargo, es que este reconocimiento representa un clavo más en el ataúd de la llamada “solución de los dos Estados”, disipando más cualquier ilusión que pudiera quedar en que el fin de la opresión de las masas palestinas se encontrará mediante acuerdos diplomáticos y negociaciones entre el imperialismo y los regímenes burgueses árabes. La única alternativa que queda es la de la lucha revolucionaria, que una a los trabajadores árabes y judíos en una lucha común por una solución socialista a los azotes de la guerra, la desigualdad y la explotación producida por el sistema capitalista.

Entrevista a Noam Chomsky: en la era Trump, graves amenazas para la “vida humana organizada”

 

por Lucien Crowder //

[Noam Chomsky, pese a ser un lingüista de enorme talla, es más conocido, fuera de su especialidad, por su intenso compromiso político desde una posición de izquierda, que le ha llevado a formular críticas aceradas a la política exterior de EE UU y a interesarse duraderamente por las armas nucleares y otras amenazas de índole tecnológica para la civilización humana. En esta entrevista, Chomsky conversa con el editor jefe del Bulletin of the Atomic Scientits, Lucien Crowder, sobre las políticas del gobierno de Trump en materia de cambio climático, modernización nuclear, Corea del Norte e Irán, así como sobre la intensificación de “las gravísimas amenazas a que nos enfrentamos todos”.]

En este tumultuoso primer año de la presidencia de Donald Trump, algunos observadores dirían que las perspectivas de supervivencia de la humanidad son menos halagüeñas que nunca en la historia reciente. Noam Chomsky estaría incluido entre dichos observadores. En esta entrevista, Chomsky señala que el gobierno de Trump –al retirar a EE UU del Acuerdo de París, socavar el pacto nuclear con Irán y no buscar un arreglo negociado con Corea del Norte– ha “incrementado drásticamente” las graves amenazas que penden sobre la humanidad. Chomsky identifica “un aumento muy peligroso de la irracionalidad” en EE UU, advierte contra un “totalitarismo incipiente” y lamenta la “estupidez extrema, planeada, militante y organizada” que a su juicio subyace a la política del Partido Republicano en materia de cambio climático.

Pregunta: Quisiera empezar leyendo un breve pasaje del discurso que pronunció usted en un acto en Nueva York el pasado diciembre, y después le formularé la pregunta. Usted dijo que “las amenazas a que nos enfrentamos ahora son las más graves que se han planteado jamás en la historia de la humanidad. Son literalmente amenazas para la supervivencia. La guerra nuclear, la catástrofe medioambiental: estas son cuestiones muy urgentes que no cabe aplazar. Son todavía más urgentes desde el 8 de noviembre…” Teniendo en cuenta todo lo que ha ocurrido desde el 20 de enero, ¿son las amenazas que identificó usted en diciembre más inminentes, menos inminentes o igual de inminentes? Se lo pregunto porque no creo que la respuesta sea necesariamente evidente, ya que en muchos sentidos Trump ha hecho exactamente lo que dijo que haría durante la campaña.

Chomsky: Ha hecho lo que dijo que haría y esto, como se predijo, ha agravado mucho las amenazas. La retirada del Acuerdo de París, la serie de medidas gubernamentales que han acelerado el uso de combustibles fósiles, las desregulaciones, todo esto se combina para intensificar la gravísima amenaza de catástrofe medioambiental.

Esta es muy grave. Puede usted echar un vistazo a un artículo del periódico de esta mañana, casi de cada mañana. Hoy aparece un artículo sobre los efectos probables del calentamiento global en el permafrost ártico, que nadie comprende realmente, pero que podría provocar una intensificación grave, de hecho no lineal, y rápida de la emisión de dióxido de carbono y metano a la atmósfera. Estamos muy cerca de un punto del que se sabe que ocurrió hace unos 125 000 años, cuando la temperatura era tan solo un poco superior a la actual y, como ha comentado [el premio Nobel y ex ministro de Energía] Steven Chu, el nivel del mar era de seis a nueve metros más alto. Puede usted imaginar qué efectos tendría esto para la vida humana organizada. EE UU por sí solo, bajo Trump y el Partido Republicano, se precipita hacia el desastre, negándose a tomar las medidas que el resto del mundo está adoptando, con vacilación, pero que al menos apuntan en esa dirección.

La amenaza de guerra nuclear ha aumentado. Con razón, poco después de la toma de posesión de Trump el Reloj del Apocalipsis se movió medio minuto más hacia la medianoche. Desde entonces nos hemos enterado de más cosas, que son todavía más aterradoras. A comienzos de marzo, el Bulletin publicó un artículo muy significativo que debería citarse en las portadas de la prensa de todo el mundo, sobre el programa de modernización del armamento nuclear iniciado con Obama y proseguido bajo Trump. Los lectores del Bulletin conocen el contenido, pero su significado es enorme.

Ahora mismo, el gobierno de Trump ha señalado muy claramente que va a intentar socavar el pacto con Irán, es decir, el Plan de Acción Conjunto. Ha dejado claro que va a intentar encontrar una manera de denunciar que Irán incumple el acuerdo. Apenas se presta atención al hecho de que el gobierno de Trump incumple ahora mismo el acuerdo. Citaré el acuerdo. Insta a EE UU a “hacer todo lo posible de buena fe… para evitar la interferencia en el pleno aprovechamiento de las ventajas, por parte de Irán, del levantamiento de la sanciones”. El gobierno de Trump parece estar dedicando un gran esfuerzo a convencer a Europa de interferir en ello. El acuerdo también llama a EE UU a “abstenerse de toda política encaminada específicamente a menoscabar directamente la normalización del comercio y las relaciones económicas con Irán.” Por supuesto que está haciendo exactamente esto.

Asimismo, en el caso de Corea del Norte, aunque por fortuna la retórica histérica ha amainado un poco, había ahí amenazas muy serias. Existen posibilidades en la mesa de negociaciones, [aunque] se les presta muy poca atención. El vasto aumento preconizado del presupuesto militar a expensas de cosas que el país realmente necesita, vuelve a intensificar las amenazas. Pienso que es justo decir que sí, como ha dicho usted, que Trump y los Republicanos están cumpliendo sus promesas preelectorales. Como era de prever, estas tienen por efecto la intensificación de las amenazas sumamente graves que se ciernen sobre todos nosotros.

Pregunta: Esto nos lleva directamente a mi siguiente pregunta. Hay quien estaría dispuesto a sostener que el gobierno de Trump es el más peligroso que jamás ha tenido EE UU. Puesto que usted ha vivido bajo diversos mandatos presidenciales, me gustaría preguntarle –con respecto a las amenazas de índole tecnológica para la civilización humana en las que se centra el Bulletin– si cree que Trump es innegablemente más peligroso que todos sus predecesores.

Chomsky: Bueno, nunca ha habido un gobierno aquí, o en cualquier otra parte, que se haya comprometido abiertamente a intentar socavar las perspectivas de viabilidad de la vida humana organizada en un futuro no muy lejano. Este es exactamente el significado de la postura de Trump y de la dirección del Partido Republicano sobre el cambio climático. Por desgracia, es una acusación grave, pero piénselo bien y verá que lamentablemente es cierta.

Aunque Trump marca el camino, no debemos olvidar que se trata de la dirección del Partido Republicano al completo. Si recordamos los debates de primarias del año pasado, cada uno de los candidatos negaba que estaba ocurriendo lo que está ocurriendo o decía “puede que así sea, pero no debemos hacer nada al respecto”. Esto lo decían los moderados, Jeb Bush y John Kasich. En otras palabras, el 100 % decía “no hagamos nada con respecto a la amenaza más grave a que se enfrentan los humanos desde que existen”, una amenaza que se aproxima. No es broma. El ascenso del nivel del mar [mencionado por Steven Chu] tendrá consecuencias drásticas para la vida humana. Chu concreta que unos 800 millones de personas viven a menos de 10 metros sobre el nivel del mar. En muchos casos, esto sería desastroso, y tan solo es una de las consecuencias. Los pasos que se están dando, incluida la desregulación radical –cada día vemos nuevos ejemplos–, son extremadamente lesivos para el propio país y también representan un enorme peligro para el futuro.

Pregunta: Ahora voy a plantearle una pregunta ardua. En lo que respecta al gobierno de Trump y el futuro de la civilización humana, si tuviera usted que señalar la medida o declaración singular más escandalosa que se haya realizado hasta el momento, ¿por cuál optaría?

Chomsky: Dejaré de lado las declaraciones incendiarias en Twitter y supondré que no son más de observaciones al margen. Las medidas más peligrosas, creo, son básicamente las dos que he mencionado: la apuesta por maximizar el uso de combustibles fósiles, incluido el más peligroso, y eliminar el mecanismo que lo limita, y la amenaza de socavar el Plan de Acción Conjunto –el acuerdo con Irán–, que podría tener consecuencias impredecibles, pero tal vez enormes.

Hay un conflicto importante en ciernes, como sabe todo el mundo, entre EE UU y el bloque saudí por un lado y el bloque Irán-Rusia por otro. Esto podría generar peligros muy graves, por no hablar ya de las peligrosas amenazas junto a la frontera rusa [por ejemplo, la OTAN y el ejército ruso operan muy cerca una de otro en el entorno de los países bálticos], que podrían estallar, incluso por accidente, dando lugar a algo incontrolable. Estamos viviendo tiempos muy peligrosos.

Creo que deberíamos tomarnos muy en serio los comentarios de William Perry [ex ministro de Defensa], una persona que no suele exagerar: es conservador y cuidadoso. Ha dicho que está aterrorizado no solo por la situación existente con respecto a la posibilidad de una guerra nuclear, sino también por la falta de preocupación al respecto, lo cual en cierto modo es todavía más aterrador.

Pregunta: Ha mencionado usted a Rusia. Permítame proponer una idea, que plateo con cierto ánimo provocador. ¿No podríamos afirmar que con respecto a la rivalidad entre Washington y Moscú el mundo es realmente más seguro hoy que lo que ha sido durante mucho tiempo? La guerra fría ha pasado a la historia. Los arsenales nucleares de ambos bandos son mucho más pequeños de lo que eran antes. Putin y Trump, por razones que siguen sin estar muy claras, muestran menos antipatía entre ellos que la que hubo entre Putin y Obama. ¿Es esto un motivo para dormir más tranquilos que lo que podíamos hacer en los años cincuenta y sesenta?

Chomsky: Debo decir que de todas las posiciones de Trump, la que resulta más razonable es su mención ocasional de que se esforzará por reducir tensiones con Rusia y mejorar las relaciones. Esto es muy de sentido común. En la medida en que se den pasos en este sentido, que lamentablemente son mínimos, esta sería una política razonable. Sin embargo, las amenazas son extremadamente graves, en particular las que he mencionado.

La postura de EE UU con su programa de modernización, tal como está descrito en el Bulletin, es la postura de un país que pretende dar el primer golpe. Ahora, por supuesto, doy por hecho que EE UU no pretende dar el primer golpe, pero toda víctima potencial –en este caso, Rusia– tendría que tener en cuenta esa posibilidad. Esto significa que si se produce cualquier tipo de accidente como los que han ocurrido en los últimos años, las señales falsas y todo eso, cabe la posibilidad de que la dirección rusa adopte el punto de vista de “usarlas o perderlas”. “Estamos siendo atacados con un primer golpe y nuestra única salida es hacer tanto daño como podamos”: en cuyo caso la vida humana se puede dar esencialmente por terminada. Las amenazas en la frontera rusa, incluso unos cazas que se sobrevuelan entre sí o algún pequeño accidente, puede desencadenar la catástrofe muy rápidamente.

En el pasado hemos tenido mucha suerte. Recapitulemos la crisis de los misiles de Cuba. Hubo situaciones en que estuvimos muy cerca de una probable guerra nuclear. El caso de los submarinos rusos –ahora se sabe, pero entonces no– que fueron atacados por destructores de EE UU y estuvieron a punto de lanzar sus torpedos dotados de cabezas nucleares, podría haber desencadenado una guerra nuclear generalizada… Por fortuna, Vasili Arjípov, un comandante, se negó a utilizarlos, pero a punto estuvo de estallar todo, y no fue la única vez.

Pregunta: Hablando de la crisis de los misiles de Cuba, el punto muerto en torno a las armas nucleares de Corea del Norte se califica a veces de crisis de los misiles de Cuba a cámara lenta, que es una especie de formulación interesante. Pero me pregunto si considera usted que ambas situaciones son especialmente similares.

Chomsky: No, desde luego que no. La crisis de los misiles de Cuba, recuerde, vino causada por acontecimientos previos. Fue una reacción a acontecimientos previos. Uno de ellos fue el rechazo por parte de Kennedy de la propuesta de Jrushchov de proceder a una fuerte reducción mutua de las armas ofensivas, que Jrushchov de hecho inició por su cuenta. El gobierno de Kennedy consideró la situación y procedió a un fuerte rearme militar, pese a que se supone que EE UU ya llevaba una gran ventaja. Generalmente se entiende que uno de los motivos de Jrushchov era el de intentar corregir el desequilibrio de fuerzas enviando misiles a Cuba, que fue una iniciativa temeraria y peligrosa. Este fue un objetivo. El otro, muy probablemente, era la operación Mongoose, la guerra terrorista de Kennedy contra Cuba, que de hecho, si examina usted los planes, estaba concebida para provocar una insurrección y una posible invasión de EE UU en octubre de 1962. No sabemos con certeza si Castro y Jrushchov eran conscientes de esto, pero es muy posible que sí lo fueran. Y entonces se desplegaron los misiles. Ahora no está ocurriendo nada parecido en Corea del Norte. La situación es diferente, peligrosa sí, pero diferente.

La segunda diferencia estriba en que había… bueno, en realidad no es una diferencia. En el caso de los misiles de Cuba, había una manera muy sencilla de resolver el problema y finalmente [así se hizo] más o menos: retirada mutua de los misiles de Cuba y de Turquía, donde EE UU tenía desplegados misiles obsoletos que de por sí estaban a punto de ser retirados. Estaban siendo sustituidos por los submarinos Polaris, que eran más letales. En el caso de Corea del Norte, parece que existe una vía razonable para la negociación y la mejora de la crisis. China y Corea del Norte, de hecho, han ofrecido repetidamente un acuerdo: una congelación mutua. Corea del Norte congelaría el desarrollo de armas nucleares y misiles, y a cambio EE UU renunciaría a las amenazantes maniobras militares junto a la frontera de Corea del Norte, que contemplan incluso el sobrevuelo con aviones B-52 capaces de transportar bombas nucleares.

Todo esto supone una grave amenaza para Corea del Norte por razones evidentes. Suspender las maniobras a cambio de la congelación de los programas [nucleares de Corea del Norte] permitiría reducir las tensiones y abriría la vía a ulteriores negociaciones con el fin, a ser posible, de desnuclearizar la península. Si examinamos el registro histórico, Corea del Norte puede que sea el régimen más feo del mundo –no cabe duda de que compite por el título–, pero ha seguido una política muy racional, de toma y daca. Ha respondido a las provocaciones de EE UU expandiendo su sistema nuclear. Ha respondido a los avances positivos reduciéndolo y, en un caso, en 2005, aceptando incluso desmantelarlo si EE UU cumplía sus obligaciones previstas en el tratado, cosa que EE UU no hizo en lo esencial.

Sin embargo, hay indicaciones de que las negociaciones podrían aliviar significativamente la crisis ahora mismo y abrir la puerta a un arreglo diplomático, que es la única esperanza real que queda para la supervivencia no solo de los coreanos, sino de todo el mundo, teniendo en cuenta la naturaleza de la amenaza.

Pregunta: Pero en todo caso, cualquier resolución sobre la península coreana será más complicada que la que puso fin a la crisis de los misiles de Cuba.

Chomsky: Lo que puso fin a la crisis de los misiles de Cuba fue una carta de Jrushchov, en la que propuso una retirada mutua pública de los misiles. Rusia retiraría los misiles de Cuba y a cambio EE UU retiraría los misiles Jupiter de Turquía. Ya he dicho que la retirada de estos últimos ya estaba prevista, pues iban a ser sustituidos por los submarinos Polaris, que eran mucho más letales y en aquel entonces invulnerables. Esta fue la propuesta. En realidad, Kennedy no la aceptó del todo. Quiso que fuera un acuerdo secreto, no público. Por fortuna, Jrushchov lo aceptó, de lo contrario no estaríamos conversando hoy aquí.

Pregunta: Las dos amenazas que el Bulletin aborda más exhaustivamente son la guerra nuclear y el cambio climático. Son amenazas de naturaleza muy distinta. La guerra nuclear tiene consecuencias potencialmente destructivas para la civilización, pero las armas nucleares no se han utilizado en tiempo de guerra desde Hiroshima y Nagasaki. El cambio climático, por otro lado, está ocurriendo, y si no se afronta debidamente, causará mucho sufrimiento a muchísima gente, pero no supondrá el fin de la civilización humana. Soy consciente de que esto es como comparar peras con manzanas, pero desde su punto de vista, ¿qué amenaza le preocupa más?

Chomsky: La amenaza del cambio climático me preocupa más porque espero que el milagro que estamos viviendo desde 1945 seguirá, y sin duda es un milagro. Si miramos los registros, es absolutamente pasmoso. Una y otra vez hubo una intervención humana, a veces casi en el último minuto, que evitó una guerra nuclear.

Al menos podemos tener la esperanza de que los líderes seguirán siendo razonables, o incluso lo agentes, porque desde Eisenhower en nuestro bando, y presumiblemente también en el bando ruso, la autoridad para utilizar las armas nucleares se subdelegó. Es posible que la subdelegación todavía exista, aunque esta información está clasificada. Los pilotos de la misión Chrome Dome durante la crisis de los misiles de Cuba, los B-52 que estaban volando por todo el mundo –alrededor de un tercio de la fuerza, con armas nucleares a bordo–, esos pilotos han dicho que estaban autorizados a utilizar las armas. No sé si esto es cierto, pero lo afirman. Al menos podemos esperar que la conciencia de que [una guerra nuclear] comportaría la práctica destrucción de la vida humana pueda impedir que se emprendan acciones destructivas.

En el caso del cambio climático, este es inexorable. Está produciéndose. Las amenazas son graves. Dentro de un par de decenios pueden ser extremadamente graves. Podríamos llegar a un punto de efectos no lineales, como la liberación de metano, que comporta consecuencias impredecibles, sin duda horribles. Tal vez la vida humana sobreviva entre los inuits o se adapte al clima en alguna montaña sobre un valle tropical en algún lado, algo por el estilo. La vida humana organizada corre un serio peligro.

La fusión del permafrost podría –o lo sabemos, pero podría– liberar microbios letales que podrían causar graves pandemias con terribles consecuencias. Ya nos encontramos casi en el límite del uso de los antibióticos conocidos, en gran parte debido a la producción cárnica industrial, que constituye otra contribución letal a [las amenazas para] la supervivencia humana. No es la única amenaza de pandemia, pero es una. Esta es otra cuestión que debe preocuparnos profundamente.

No tiene sentido continuar porque son muy fáciles de enumerar, pero nos enfrentamos a graves peligros. En lugar que abordarlos, cosa que podemos hacer, ya que son todos controlables, en lugar de abordarlos, digo, dedicamos enormes cantidades de dinero a intensificar los medios de destrucción, como los programas de modernización nuclear. Es casi surreal.

Pregunta: Sé que está usted al tanto de que más de 100 países han aprobado un tratado que prohíbe las armas nucleares. El tratado entrará seguramente en vigor este año, pese a que ningún país con armas nucleares lo ha suscrito. La idea es que con el tiempo el tratado de prohibición establezca una nueva norma internacional que inducirá a los países con armas nucleares a tomarse en serio la necesidad de proceder a un desarme nuclear general. Usted sigue muy de cerca las relaciones internacionales. ¿Cuál es su pronóstico? ¿Qué probabilidad hay de que un grupo de países numerosos, pero relativamente poco poderosos, prevalezca finalmente sobre los países más poderosos para obligarles a abandonar los instrumentos definitivos de su poderío militar?

Chomsky: Depende de nosotros. ¿Es posible construir un movimiento popular masivo en EE UU y otros Estados nucleares que obligue a sus gobiernos a reconocer que hemos de eliminar estas graves amenazas para la supervivencia humana? Podría ser. Volvamos a comienzos de la década de 1980, cuando hubo en efecto un movimiento antinuclear muy significativo en EE UU con un enorme apoyo [público], que influyó algo en la política, no lo bastante, pero algo. Esto puede volver a producirse, y creo que es la única esperanza de que este tratado entre en vigor, no solo en EE UU, pero sobre todo aquí.

Pregunta: ¿Dice usted que hace falta una presión interna en los países con armas nucleares? ¿No funcionará la presión internacional?

Chomsky: Tal como yo lo veo, los países con armas nucleares no cederán a las presiones de los que usted mismo ha calificado de Estados sin poder. Nunca lo han hecho en el pasado y no es probable que lo hagan ahora.

Pregunta: Ahora voy a abordar un tema que tal vez suene un poco fantástico, y espero que no se salga del terreno de la fantasía. Hemos oído hablar mucho del fascismo últimamente. Me parece que con respecto a las armas nucleares, no hay experiencias históricas que nos ayuden a entender cuál podría ser un planteamiento fascista sobre el uso de esas armas, suponiendo que los fascistas tomen el poder en algún lugar y se hagan con el control de armas nucleares. Los hilos históricos del armamento nuclear y del fascismo no se cruzan realmente. Hemos visto armas nucleares en manos de países democráticos, países comunistas, regímenes autoritarios, de un Estado apartheid. Se puede decir que todos estos países, con la excepción de EE UU en 1945, han manejado sus arsenales nucleares casi siempre de la misma manera. ¿Hay algún motivo para creer que un enfoque fascista del armamento nuclear sería diferente?

Chomsky: El término “fascismo” es bastante vago. Los rasgos fundamentales del fascismo que nos interesan aquí están perfectamente reproducidos en Corea del Norte, y sus políticas consisten en asegurar la posesión racional de armas nucleares. Las utilizan sin duda con fines disuasorios. Nadie piensa que la dirección de Corea del Norte pretenda aniquilarse a sí misma, lo que podría ser el efecto inmediato de cualquier acto agresivo. Es un régimen horripilante, pero son muy pragmáticos y están comprometidos con impedir la destrucción de su régimen. Tienen un medio para conseguirlo, a saber, la disuasión.

También están comprometidos con el desarrollo económico. Está admitido, aunque no se airee ampliamente, que el régimen busca el desarrollo económico, cosa que es importante. Solo pueden hacerlo de una forma limitada, con la enorme carga de la producción de armamento, lo que supone para ellos un buen incentivo para aceptar un acuerdo; algo como el acuerdo de 2005, según el cual, como ha escrito el experto en seguridad Leon Sigal, “Corea del Norte prometió abandonar ‘todas las armas nucleares y los programas de armamento existentes’”. Sin embargo, el gobierno de Bush abortó inmediatamente este acuerdo. ¿Habría funcionado? No lo sabemos, es posible. El acuerdo marco de Clinton con Corea del Norte funcionó más o menos durante 10 años. No del todo, pues se hicieron algunas trampas en cuestiones menores. Cuando se rescindió a raíz de las provocaciones de Bush, Corea del Norte no tenía armas nucleares. Quizá estaba disponiéndose a construirlas, pero no las tenía.

¿Cómo reaccionaría un régimen fascista? Tenemos un caso, la Alemania nazi, donde llegaron a la conclusión de que no podían producir esas armas a tiempo. Si las hubieran producido, ni siquiera me atrevo a imaginar las consecuencias.

Pregunta: ¿Hay algo en particular que no hemos comentado y que le guastaría plantear?

Chomsky: Creo que hay un crecimiento muy peligroso de la irracionalidad, especialmente en EE UU, y hasta cierto punto también en otros lugares. Esto es sumamente pernicioso. Es la irracionalidad combinada con una fuerte polarización, con la creación de burbujas en las que la gente refuerza sus propias creencias. Todo ello representa un peligro extremo, particularmente cuando tenemos un gobierno que se dedica a atizar el fuego. Es preciso hacer esfuerzos significativos en todos los niveles –educación, organización, activismo, que incluye a la izquierda, por cierto– para contrarrestar este fenómeno cultural muy pernicioso, que podría maximizar las enormes amenazas a que nos enfrentamos.

Pregunta: Cuando dice usted “irracionalidad”, ¿se refiere a…?

Chomsky: Mire las creencias. Las creencias que tiene la gente [según los sondeos de opinión] son increíbles. En numerosas cuestiones, la gente cree las cosas más alocadas. El mecanismo se entiende más o menos. Por desgracia, internet contribuye a ello creando esta tendencia a refugiarse en una burbuja de creencias que se autorrefuerzan. Entre los Republicanos, un sondeo reciente de YouGov muestra un elevado porcentaje que dice que cree más a Trump que a cualquier medio de comunicación, inclusive Fox News. Este es un signo de totalitarismo incipiente, cuando un líder es venerado como una deidad y lo que dice vale más que cualquier cúmulo de pruebas que puedan aducirse.

De hecho, una mayoría afirma que si Trump propusiera retrasar las elecciones de 2020 alegando que hubo un fraude electoral, que básicamente es inexistente, lo aceptarían. Estos son hechos muy peligrosos. Esto es bastante distinto de cosas como la creencia de que Obama es un musulmán nacido [fuera] de EE UU. Un 25 % de los Republicanos piensan que puede ser el Anticristo. Esto, de nuevo, es exclusivo de EE UU: el enorme poder de las creencias religiosas fundamentalistas, que el mundo fue creado hace 10 000 años y cosas por el estilo. Todo esto son procesos extremadamente peligrosos. No solo procesos –existen desde hace tiempo–, pero ahora se agudizan e intensifican en el actual clima político febril, cuando desde las máximas autoridades se atiza el fuego.

Pregunta: Me pregunto en qué sentido esto va en aumento. ¿Responden los líderes políticos a los prejuicios existentes de sus votantes, o sucede más bien que la gente acaba creyendo cosas que les han contado demasiadas veces?

Chomsky: Esto se refuerza recíprocamente, pero ha habido un proceso durante los últimos 40 años, más o menos. Ambos partidos políticos se han desplazado bastante a la derecha durante el periodo neoliberal. Así, los Nuevos Demócratas de hoy, Demócratas de tipo Clinton, son lo que antes solían denominarse Republicanos moderados. Bernie Sanders ha sido calificado, y se ha calificado él mismo, de revolucionario. Si miras sus programas, reflejan básicamente el liberalismo del New Deal, programas del tipo de los que no habrían sorprendido mucho a Dwight Eisenhower.

El Partido Republicano, mientras tanto, se ha ido tanto a la derecha que se ha salido del espectro político. Ya no pueden conseguir votos para un programa tan extremista de apoyo a los ricos y al poder empresarial. Si lo formulan de manera clara, no obtendrán ningún voto. Así que se han visto obligados a movilizar una base, que siempre ha existido, más o menos, pero que nunca ha estado organizada como fuerza política importante: cristianos evangélicos, ultranacionalistas, supremacistas blancos y otros. En este punto se produce el refuerzo mutuo.

De hecho, si contemplamos las primarias del Partido Republicano de los últimos 12 años o así, cada vez que ha emergido un candidato o una candidata –Michele Bachmann–, sus posiciones eran tan extremas que el aparato del partido movilizó sus fuerzas para destruirlos y lo consiguieron. Esta vez no lo ha logrado, pero ha ocurrido cada cuatro años a medida que el partido se desplaza cada vez más a la derecha y está obligado a apoyarse en esta clase de base.

Pregunta: Hay una tendencia en la vida estadounidense contemporánea que he oído calificarla de ignorancia combativa. Mi recuerdo llega hasta ahí, pero ¿diría usted que se trata de una tendencia que ha crecido notablemente con los años?

Chomsky: Siempre ha estado ahí. Creo que va en aumento, pero también se organiza más, destaca y actúa. En el pasado estaba latente. Ahora se encuentra en primera línea. Cuando Bobby Jindal, ex gobernador Republicano de Luisiana, advirtió hace un par de años que el Republicano estaba convirtiéndose en un partido estúpido, algo de verdad había en ello, y es una cuestión de principios. Tal vez el calentamiento global sea el ejemplo más extremo. Hace falta una estupidez extrema, planeada, militante y organizada para negar la gravedad de lo que está ocurriendo delante de nuestras narices. Hay líderes Republicanos que lo reconocen. Algunos de los momentos más chocantes durante las primarias fueron aquellos comentarios ocasionales de Jeb Bush y John Kasich cuando dijeron que “sí, es probable que esté ocurriendo, pero no haremos nada al respecto, porque no debemos”. Tal como lo puso Kasich [en una conferencia sobre energía el año pasado], “vamos a extraer [carbón], lo depuraremos y lo quemaremos en Ohio, y no vamos a pedir perdón por ello”.

¿Cómo calificar esto exactamente? No lo sé.

EEUU: La burocracia sindical de AFL-CIO aliada de Trump

por Trévon Austin//

Del 22 al 25 de octubre, la Federación Estadounidense del Trabajo-Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO) celebró su convención cuatrienal en St. Louis, Missouri.

La reunión de los muy bien pagados ejecutivos sindicales pasó mayormente desapercibida para los trabajadores estadounidenses, que no miran a esas organizaciones, las cuales hace mucho tiempo abandonaron cualquier defensa de sus intereses y han perdido millones de miembros. El porcentaje de trabajadores en los sindicatos ha bajado a solo el 10,4 por ciento, comparado con el 20,1 por ciento en 1983 y el 32,5 por ciento en 1953.

En la medida en que la AFL-CIO juega algún papel significativo, este es apoyar al Partido Demócrata y promover los objetivos de la política doméstica y exterior del imperialismo estadounidense. Lejos de oponerse al ataque corporativo a la clase trabajadora, los sindicatos han pasado las últimas cuatro décadas suprimiendo la lucha de clases y reduciendo los estándares de vida de los trabajadores en nombre de hacer competitivo globalmente al capitalismo estadounidense.

Las principales figuras de la AFL-CIO, incluyendo al presidente Richard Trumka, tienen amplios antecedentes de traición a las luchas obreras y de confabular con la patronal para reducir la participación de los ingresos nacionales que va a los trabajadores. Durante los ocho años de la administración de Obama, los sindicatos limitaron el número de huelgas a su nivel más bajo en la historia estadounidense, facilitando una transferencia sin precedentes de la riqueza hacia arriba.

La creación de un sufrimiento indecible a la clase trabajadora, sin embargo, no ha socavado los intereses materiales de la burocracia de la AFL-CIO, que sigue prosperando gracias a su control de vehículos de inversión multibillonarios en pensiones y sanidad y una miríada de otros planes de negocios obrero-patronales. Las revelaciones de este año acerca de los sobornos multimillonarios a altos cargos de la United Auto Workers, que pasaron a través de los Centros de Formación Nacional de UAW-Chrysler, son solo la punta del iceberg.

La convención de St. Louis fue un asunto dirigido y burocrático de principio a fin. Los delegados seleccionados cuidadosamente votaron unánimemente la reelección de Trumka para un tercer mandato de cuatro años y reinstalar a la secretaria-tesorera Liz Shuler y al vicepresidente ejecutivo Tefere Gebre, que no tuvieron oposición.

De manera significativa, la AFL-CIO no invitó a demócratas destacados a su convención, como habían hecho en otras ocasiones. En sus comentarios de apertura, Trumka declaró, “Encontraremos esperanza y oportunidad para la gente trabajadora, no dentro de los partidos políticos principales, sino dentro de nuestro movimiento y nuestras comunidades…

No me importa si eres demócrata o republicano o algo intermedio, si eres justo con nosotros, seremos justos contigo”, dijo.

En realidad, las palabras del jefe de la AFL-CIO sobre la “independencia política” se refieren a los pasos que da una sección de los sindicatos para aliarse con la administración de Trump y secciones del Partido Republicano. Aunque los sindicatos tradicionalmente han subordinado a la clase trabajadora a las necesidades de la clase gobernante por medio de los demócratas, han visto en Trump un espíritu afín que abraza su programa de “comprar lo estadounidense, contratar a estadounidenses” para desviar hacia afuera la oposición social.

Tras su desastroso respaldo a Hillary Clinton en 2016, los sindicatos de la construcción, el United Auto Workers, el United Steelworkers (acereros unidos) y otros sindicatos se aliaron con Trump en base a los pasos que ha dado para renegociar o cancelar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, siglas en inglés), construir el oleoducto Keystone XL y aumentar el gasto en infraestructura.

Durante la convención de esta semana, el presidente de United Steelworkers Leo Gerard despotricó contra el “acero chino” y promocionó medidas de guerra comercial, que los sindicatos, junto con Trump y su antiguo asistente fascistoide Stephen Bannon afirman falsamente que defienden los empleos de los trabajadores estadounidenses y los estándares de vida. Gerard estaba al lado de Trump en el Despacho Oval este año cuando el presidente firmó una medida de guerra comercial declarando que las importaciones de acero de China y otros países estaba socavando la “seguridad nacional” estadounidense.

La aceptación abierta por parte de Trump de los neonazis, sin embargo, ha sido fuente de cierto bochorno, particularmente para los sindicatos minoristas y de servicios, que están intentando reclutar a trabajadores inmigrantes por poco dinero para aumentar el número de miembros. En agosto, Trumka decidió renunciar a la presidencia del Consejo Manufacturero después de que Trump defendiera a los neonazis y a los miembros del KKK detrás de los disturbios en Charlottesville, Virginia, que dejó a 19 personas heridas y se saldó con la muerte de la manifestante antifascista de 32 años de edad Heather Heyer. En aquel momento, Trumka dijo, “No puedo sentarme en un consejo para un presidente que tolera el fanatismo y el terrorismo doméstico”.

La consternación de Trumka por el descubrimiento de elementos fascistoides en la Casa Blanca fue enteramente fraudulento. Lejos de estar impactados por su presencia, los ejecutivos de la AFL-CIO tienen una afinidad natural por Trump y Bannon. Solo una semana después de renunciar al consejo, Trumka elogió los esfuerzos del presidente por renegociar el NAFTA.

Hablando sobre miembros del sindicato que apoyaban a Trump en 2016, Trumka declaró, “Mis miembros, como muchos estadounidenses, están enfadados porque el sistema no funciona para ellos. Que los relega cada vez más”, añadiendo, “aunque el país es el país más rico sobre la faz de la tierra”. Añadió también, “[los trabajadores] estaban dispuestos a asumir el riesgo de Trump porque él prometió un cambio de sistema radical”.

En la medida en que algunos sectores de los trabajadores dirigieron su mirada desesperadamente hacia el presidente billonario, es solo porque los sindicatos y los demócratas no han mostrado más que menosprecio hacia los trabajadores, que han sufrido un declive histórico en sus estándares de vida debido a décadas de desindustrialización, recortes sociales y pobreza crónica. Los sindicatos colaboraron en ello y fueron cómplices de ello, y arrojaron veneno nacionalista para bloquear cualquier lucha unificada por parte de los trabajadores estadounidenses y sus hermanos y hermanas de clase en el extranjero.

Lejos de oponerse a Trump, la AFL-CIO, junto con el Partido Demócrata, no temen a nada más que al surgimiento de un poderoso movimiento de la clase trabajadora contra la administración y su programa de recortes fiscales masivos para los ricos, la destrucción de la sanidad, y otros servicios sociales vitales, y su expansión del militarismo y amenazas de dictadura. Ello es así porque tal movimiento se volvería muy pronto una confrontación directa con todos los que defienden el dominio de la élite corporativa y financiera, incluyendo a los demócratas y la propia AFL-CIO.

 

(Imagen: Richard Trumka)

Desastre kurdo: la independencia que siempre no fue

por Alfredo Jalife-Rahme//
En mi artículo postsísmico sobre cómo Israel apoya la secesión del Kurdistán para desestabilizar a Irán y Turquía(https://goo.gl/Sb48Mu), adelanté que la alta vulnerabilidad del Kurdistán iraquí radica en que se encuentra totalmente rodeado de países que pueden ser desestabilizados, lo cual beneficia enormemente a Israel, pero a costa de un elevado precio del pueblo kurdo, que puede volver a ser sacrificado en el altar de la geopolítica regional, como sucedió con el tratado de Sèvres de 1920.

Pues fue justamente lo que sucedió casi 100 años más tarde cuando Massoud Barzani, líder de la región kurda en el norte de Irak y prócer de su fugaz independencia, fue abandonado por Donald Trump (sucesor de los negociadores occidentales del Tratado de Sèvres).

En una fulgurante operación del ejército iraquí –curiosamente entrenado tanto por el Pentágono como por los pasdarán iraníes (Guardias Revolucionarios Islámicos Chiítas)– fue tomada la región de Kirkuk y su capital, con pletóricos yacimientos de hidrocarburos, ante la sorprendente huida de los combatientes kurdos, los legendarios peshmergas (que se arrojan a la muerte), a lo que no hicieron honor, y cayeron después de 12 horas casi sin combatir.

La independencia del Kurdistán iraquí –no se diga su efecto dominó en Irán, Siria y Turquía, con relevantes minorías kurdas (https://goo.gl/Fh5HV2)– quedó hecha añicos. Sin el petróleo de Kirkuk no es viable el estado independiente kurdo en el norte de Irak (https://goo.gl/vudtvp).

Con la hostilidad de todos los estados regionales islámicos fronterizos –en particular los no árabes: la sunita Turquía y la chiíta Irán– y con la sola excepción del apoyo envenenado de Israel, Erbil (con 5 millones de habitantes), capital del Kurdistán iraquí, se aisló de la realidad geoeconómica/geopolítica. Quizá el peor error de Barzani fue su obsceno meretricio con el Estado sionista, Israel, expoliador de tierras, derechos, vidas y sueños palestinos.

La gran mayoría de los analistas se equivocó al sobrestimar la valentíade los peshmergas y al subestimar al ejército central iraquí, después de su previa derrota humillante ante los yihadistas en Mosul: ciudad plural del norte de Irak, con mayoría árabe e importante presencia de asirios cristianos que hablan el arameo (el idioma de Cristo) y de caldeos católicos.

Con la ignominiosa derrota de los peshmergas, Kirkuk es hoy compartida por tres diferentes grupos étnicos y religiosos: los árabes semitas, los turcomenos (de origen turco-mongol y que aquí en su mayoría son chiítas) y los cristianos asirios/arameos/caldeos semitas. El triunfo de los turcomenos chiítas, casi la mitad de la población de Kirkuk, resume la nueva alianza entre la Turquía sunita y el Irán chiíta contra la balcanización de los pueblos kurdos inducida por Israel.

Israel y Trump sufren dos derrotas humillantes con la pérdida de la plaza petrolera de Kirkuk, destinada esquemáticamente a los kurdos.

Debka Weekly (número 774), portal desinformativo del Mossad, se desvive explicando teorías conspirativasentre los mismos kurdos y la traición del grupo Talabani, tradicional enemigo de los Barzani (vinculados a la CIA y al Mossad).

La narrativa hilarante de Debka eleva a dimensiones sobrehumanas al legendario general Qassem Soleimani, jefe de la rama de élite expedicionaria Qods, dependiente de los pasdarán jomeinistas. Días antes, Trump había despotricado en forma grotesca contra los pasdarán y el mismo Soleimani, para complacer a su yerno, el israelí-estadunidense Jared Kushner, y a su supremo aliado, el premier Benjamin Netanyahu. Trump obtuvo días más tarde su respuesta en Kirkuk, con la entrada triunfal de su vilipendiado general Soleimani.

Los británicos entienden mejor la geopolítica que sus maniqueos/lineales alumnos de Estados Unidos. David Gardner colige perfectamente la hipercomplejidad no-lineal de las arenas movedizas del Medio Oriente y sostiene que la captura de Kirkuk y la derrota de Barzani, aliado de Israel, debe ser vista como parte de la competencia geopolítica entre Irán y Estados Unidos(https://goo.gl/MpvJCA).

Otro británico muy sagaz, Patrick Cockburn, apunta que los kurdos perdieron 40 por ciento del territorio que controlaron previamente, mientras la geografía política del norte de Irak será transformada, en detrimento de los kurdos. Sin campos petroleros bajo su control –reservas de 45 mil millones de barriles de petróleo y 150 millones de millones (trillones anglosajones) de metros cúbicos de gas, con una exportación de 600 mil barriles diarios (https://goo.gl/3hni88)–, los kurdos pierden su independencia económica.

El premier iraquí Haider al Abadi –chiíta árabe semita– consigue su segundo triunfo fenomenal este año: la captura de Mosul contra los yihadistas sunitas y la derrota de los peshmergas sunitas kurdos. Curioso: los dos grupos derrotados por el chiíta premier iraquí son sunitas, mientras se expande el proyectado Creciente Fértil chiíta del C4+1 (Irán, Irak, Siria, Hezbolá+Rusia; https://goo.gl/ZKN3CX).

Para el analista británico filorruso Alexander Mercouris, el plan C de Trump se frustró en Irak: “Estados Unidos fracasó en conseguir el cambio de régimen en Siria (plan A) y falló en catalizar la balcanizacion de Siria sobre líneas sectarias (plan B; https://goo.gl/M7EhyS), y ahora buscaba usar a los kurdos para desestabilizar tanto a Irak como a Siria” (https://goo.gl/ce4Wq8) con el fin de frenar la influencia creciente de Irán y de alienar a Turquía. Le salió el tiro por la culata a Trump, ya que lo único que consiguió es alinear a Irán, Turquía, Siria e Irak, mientras aisló a los kurdos.

Mercouris comenta que en los recientes dos años se ha demostrado que “los rusos son los maestros (sic) de la estrategia militar y tecnología en el Medio Oriente, y que los iraníes son los maestros (sic) indiscutibles de operaciones encubiertas, con su excepcional conocimiento de la región, mediante sus diversas agencias de espionaje y seguridad”.

En forma interesante, Mercouris aduce que la debacle del plan C exhibe el rápido declive del poder estadunidense en el Medio-Oriente: Trump –quien, a instigación de su aliado supremo Netanyahu, descertificó en forma unilateral e insensata el acuerdo nuclear del P5+1 con Irán (https://goo.gl/LCV7u6)– se está aislando, mientras Irán, el supuesto marginado, sancionado y vituperado, exhibe excelentes relaciones con Turquía, Siria, Irak y Pakistán, así como los países centroasiáticos. Le faltó agregar a Líbano.

El Pentágono mantiene 10 mil soldados en Irak y es aliado de Bagdad en el combate contra los yihadistas, quienes ahora se encuentran en franca retirada en Siria e Irak. ¿Para resucitar en el sudeste asiático?

¿Se inclinaron tanto el Pentágono como Rex Tillerson, secretario de Estado y ex mandamás de ExxonMobil, por los más pletóricos y lucrativos yacimientos petroleros del sur chiíta iraquí, en detrimento del menor yacimiento de Kirkuk, el cual hubiera sido otorgado a los kurdos sunitas no árabes por los intereses de Israel para su abasto? ¿Tuvo miedo Trump a un alza descomunal del petróleo, que hubiera beneficiado a Rusia, por lo que prefirió laisser-fairea Irán?

EEUU: Washington bulle con rumores de un “golpe palaciego” contra Trump

por Joseph Kishore//

Washington se encuentra sumido en una crisis política sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos. En medio de conflictos faccionales cada vez más enconados fracturando la cúpula del Estado, aumenta la especulación de que podría haber discusiones tras bastidores entre miembros del gabinete y altos funcionarios para forzar la salida del presidente Donald Trump.

La guerra política dentro del Gobierno de Trump y el Partido Republicano se intensificó esta semana después de que el senador Bob Corker, presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, declarara que las amenazas de Trump contra Corea del Norte estaban conduciendo a EUA “por el camino de una Tercera Guerra Mundial”. Corker tuiteó que la Casa Blanca es “una guardería para adultos”, con el presidente siempre necesitando supervisión.

La cadena NBC reportó que el secretario de Estado, Rex Tillerson, llamó a Trump un “idiota” después de una reunión en junio entre el presidente y jerarcas militares, durante el cual el mandatario sugirió multiplicar por diez el arsenal nuclear de EUA. Trump respondió al reportaje amenazando a NBC con ser clausurada. “Es asquerosa la manera en que la prensa puede escribir lo que quiere”, manifestó.

Para la revista Vanity Fair, Gabriel Sherman escribió el miércoles que “una media docena de republicanos prominentes y asesores de Trump… todos describen a la Casa Blanca como en crisis, con los asesores batallando por contener a un presidente que pareciera estar cada vez más desenfocado y consumido por humores sombríos”. Presuntamente, Trump le señaló a su jefe de seguridad desde hace mucho tiempo, Keith Schiller, “¡Odio a todos en la Casa Blanca! Hay algunas excepciones, ¡pero los odio!”.

Sherman informa que el personal de alto rango de la Casa Blanca está preocupado de cómo responderá Trump ante dificultades internas, ejerciendo el control unilateral de enviar armas nucleares con Corea del Norte. “Un exoficial incluso especuló de que [el jefe de personal de la Casa Blanca, John] Kelly y el secretario de defensa, James Mattis, ya han discutido qué hacer en caso de que Trump ordene un primer ataque nuclear. ‘¿Lo confrontarían?’, dijo”.

Varios columnistas, probablemente reflejando discusiones que están tomando lugar dentro del Gobierno, han mencionado la posibilidad de destronar al mandatario utilizando la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución de EUA, la cual estipula que el presidente puede ser forzado a renunciar por medio de una mayoría de su gabinete si se llega a ser mental o físicamente “imposibilitado para ejercer los poderes y obligaciones de su cargo”.

Jennifer Rubin, que edita la sección conservadora “Giro a la derecha” del diario Washington Post, preguntó por medio de un titular en su última columna, “¿En qué momento entramos en territorio de la Enmienda XXV?”. Su conclusión: pronto. En otro artículo para el Post publicado el miércoles, declaró: “Una destitución probablemente no nos salvará de Trump. Pero, la Enmienda XXV podría hacerlo”. Ambas columnas siguieron un editorial del mismo Washington Post titulado “Qué hacer con un presidente no apto”, donde presentan la posibilidad de derrocarlo.

Detrás de estos conflictos hay divisiones profundas dentro de la burguesía por cuestiones críticas respecto a políticas tanto internacionales como nacionales. En particular, las imprudentes amenazas de Trump contra Corea del Norte han inquietado a secciones importantes del Departamento de Estado y el Pentágono. Una guerra con Corea resultaría en la destrucción de millones de vidas y conllevaría a una confrontación directa con China y Rusia, detonando así, como Corker lo puso, la Tercera Guerra Mundial. Pero incluso peor que la pérdida de vidas, desde el punto de vista de los oponentes de Trump, sería el daño irreparable que le ocasionaría una guerra a la reputación internacional del país.

Sean cuales fueren los motivos detrás de las discusiones secretas sobre la posibilidad de un golpe palaciego, tal conspiración —independientemente de su eventual éxito o fracaso— le martillaría el último clavo al ataúd de la democracia estadounidense.

Sin lugar a dudas, Trump se resistiría encarnizadamente a los pasos que se tomen para destituirlo. En el transcurso de un conflicto febril como este, tanto los simpatizantes como oponentes del mandatario apelarían a los militares y a las agencias de inteligencia por su apoyo.

Sin importar cuál facción prevalezca, el aparato militar y de inteligencia tomaría la última decisión en cuanto al destino político de EUA. Más allá, tras un derrocamiento, el archirreaccionario vicepresidente Mike Pence se convertiría en presidente.

Por su parte, los demócratas han respondido a la crisis profundizando su campaña neomccarthista sobre la presunta intervención rusa en la política estadounidense, la cual ha trasladado su enfoque de que Rusia impulsó a Trump en las elecciones a que está “sembrando discordia” en la sociedad estadounidense. De este modo, están desarrollando los argumentos para legitimar la censura y el control estatal del Internet y vilipendiar toda oposición social y política como un producto de la intervención nefaria de un “enemigo extranjero”.

Como lo advirtió el WSWS en junio, los métodos empleados por los oponentes de Trump dentro de la burguesía, “son fundamentalmente antidemocráticos, lo que implica una conspiración con grupos dentro de dicha facción de capitalistas y la élite militar y de inteligencia”.

Los críticos de Trump dentro de la élite corporativa y financiera están buscando desesperadamente alguna forma de responder a la amplia gama de crisis globales para las cuales no tienen una solución, sean geopolíticas, económicas, militares o sociales. Trump no es la causa, sino un síntoma extremo de la desorientación y desesperación de la clase gobernante.

Esta situación no puede extenderse por mucho tiempo más. La crisis de dominio burgués tiene como consecuencia la expansión de la lucha de clases. Como lo escribió el Partido Socialista por la Igualdad en su declaración de junio, “Un golpe palaciego o la lucha de clases: la crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera”:

Tanto en EE.UU. como internacionalmente, la interacción entre las condiciones objetivas de la crisis y la radicalización de la conciencia social de las masas está encontrando una expresión en la erupción de la lucha de clases. Las décadas en las que la lucha de clases ha sido reprimida por la burocracia sindical, el Partido Demócrata y los patrocinadores pudientes de diversas políticas de identidad están llegando a su fin. La contrarrevolución social de las élites gobernantes está a punto de tener que enfrentarse a un levantamiento de la clase obrera estadounidense. Las cuantiosas y distintas formas de protesta social —en los lugares de trabajo, las comunidades y de ciudades enteras— tomarán una identidad obrera, una orientación anticapitalista y un carácter socialista cada vez más distintos. Las luchas en fábricas, lugares de trabajo o comunidades individuales se podrán apoyar en luchas unificadas más amplias de la clase obrera.

La cuestión critica es impartirle a este movimiento de la clase obrera una consciencia acerca de sus objetivos, esto con el fin de construir una dirección política que pueda guiar estas luchas, en EUA e internacionalmente, hacia su conclusión lógica y necesaria: el derrocamiento del sistema imperialista y el establecimiento del socialismo.

 

Las amenazas de Trump contra Corea del Norte significan un peligro real de guerra

por Joseph Kishore//

Durante el fin de semana, Donald Trump siguió con su campaña incendiaria de amenazas sobre iniciar una guerra contra Corea del Norte que podría conllevar a una catástrofe nuclear.

El sábado por la tarde, el presidente estadounidense tuiteó que previos ocupantes de la Casa Blanca “han hablado con Corea del Norte por 25 años”. Esto “no ha funcionado”, escribió, añadiendo: “Perdón, pero funcionará una sola cosa”. Cuando se le preguntó al respecto, Trump replicó: “Se darán cuenta bastante pronto”.

Estas amenazas vinieron tres semanas después de la diatriba de Trump en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas el 19 de setiembre, cuando declaró que EUA estaba “listo, dispuesto y capaz” de “destruir totalmente” al Corea del Norte, un país con 25 millones de personas. Cuatro días después, amenazó con asesinar al líder norcoreano. Si el discurso del canciller norcoreano ante la ONU “hace eco de los pensamientos del Pequeño Hombre Cohete”, escribió Trump, “¡no estarán por acá por mucho tiempo!”.

El jueves, Trump organizó una cena en la Casa Blanca con líderes militares estadounidenses, la cual daba todas las señales de ser una reunión de un gabinete de guerra. Durante la sesión de fotos antes de la cena, Trump, rodeado por generales uniformados, destacó ese momento, describiéndolo como “la calma antes de la tormenta”. Cuando se le preguntó a qué se refería, tan sólo contesto, “Ya verán pronto”.

En la medida en que las palabras de Trump se interpreten como la expresión auténtica de las políticas y los planes del Gobierno estadounidense, la conclusión inequívoca es que el mundo se encuentre frente al borde del conflicto militar más devastador desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial. De estar alineados políticamente el lenguaje y la realidad, la situación actual sería descrita oficialmente como de “peligro inminente de guerra”.

El senador republicano de Tennessee, Bob Corker, quien se encuentra en medio de una riña política con el mandatario, advirtió que sus imprudentes amenazas estaban conduciendo a EUA “al camino de una Tercera Guerra Mundial”. Pero, pese al comentario de Corker del domingo, la burguesía y la prensa padecen una desconexión vertiginosa entre su conciencia y la realidad. Las declaraciones públicas que salen de la Casa Blanca están siendo reportadas por los medios de comunicación como si fuesen inconsecuentes. Su entendimiento parece ser que Trump no quiere decir lo que termina pronunciando. Las consecuencias de una guerra serían tan catastróficas que Trump debe estar sólo engañando.

¿Qué tal si no lo está haciendo? ¿Y si el Gobierno norcoreano está tomando las amenazas del presidente de Estados Unidos, como lo debería estar haciendo, de forma seria? Después de que Trump haya declarado en público que destruirá a Corea del Norte y que la hora se acerca, ¿cómo interpretará Pyongyang las acciones militares estadounidenses frente a sus fronteras? Teniendo tan sólo minutos para decidir, ¿verá el régimen el acercamiento de un bombardero estadounidense hacia el espacio aéreo norcoreano como el comienzo de un ataque de escala completa? ¿Tomará la conclusión de que no tiene otra opción más que asumir lo peor e iniciar un ataque militar contra Corea del Sur? ¿Lanzará misiles, como lo ha advertido, en dirección de Japón, Guam, Australia e incluso Estados Unidos?

Desde un punto de vista puramente legal, Corea del Norte podría aducir que, en cara a las amenazas de Trump, tal acción de su parte constituiría un acto de defensa propia, una respuesta legítima ante una amenaza militar inminente.

Aparte de los cálculos de Pyongyang, se tiene que asumir que los regímenes en Beijing y Moscú también están observando los acontecimientos en marcha de forma cada vez más alarmada. Mientras que la prensa estadounidense, como de costumbre, responde a las amenazas de Trump con complacencia e insensatez, el régimen chino no puede evitar tomarlas con una seriedad mortal. Después de todo, Trump es el comandante en jefe de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Tiene el poder para ordenar acciones militares, algo que el Congreso no se ha mostrado interesado en disputar.

Un ataque estadounidense sobre Corea del Norte significaría una amenaza abrumadora para China. Como sucedió en 1950, una guerra contra su vecino norcoreano —incluso si no desencadena rápidamente un intercambio nuclear— resultaría inexorablemente en una incursión estadounidense cruzando el paralelo 38. La última vez de que el ejército estadounidense cruzó esta frontera entre las Coreas, China respondió con un contrataque militar masivo. No hay razón para pensar que el régimen actual en Beijing permanecería pasivo ante una invasión estadounidense de Corea del Norte. Percibiría tal evento como una violación inaceptable del orden geopolítico en la península coreana de los últimos 65 años.

La reacción de Beijing estaría influenciada por las ya tensas condiciones que existen en la región Asia Pacífico. Desde hace años, Estados Unidos ha estado acumulando sus fuerzas militares sistemáticamente en el mar de China meridional bajo su “Pivote hacia Asia” que inicio la Administración Obama. El propósito de estos pasos ha sido encercar a China, la cual es considerada por secciones dominantes de la burguesía estadounidense como un competidor importante para los intereses estadounidenses. Este fin de semana, Japón, el principal competidor regional de China, anunció que apoyaba completamente las amenazas de Trump contra Corea del Norte.

Por ende, el estallido de una guerra entre Corea del Norte y Estados Unidos involucraría inevitablemente a China, y a su vez engulliría a toda Asia y Australia al baño de sangre. Tampoco sería posible que Europa y América Latina, con sus intereses respectivos en Asia, se queden a un lado.

No obstante, ha aparecido poco en la prensa estadounidense sobre las consecuencias de una guerra con Corea del Norte. Un artículo en Newsweeken abril concluyó que tal guerra dejaría un millón de muertos, asumiendo que no se lleguen a utilizar armas nucleares y no entren otras potencias en el conflicto. En un comentario para el diario Los Angeles Times el mes pasado, el general de brigada de la Fuerza Aérea, Rob Givens, calculó que 20 000 surcoreanos podrían morir cada día en una guerra en la península, incluso sin el uso de armas nucleares.

De implicar un intercambio nuclear —algo con lo que el Gobierno de Trump ha amenazado— las consecuencias serían catastróficas. Además de los millones o las decenas de millones que morirían inmediatamente, los expertos climáticos advirtieron tan recientemente como agosto que incluso una guerra nuclear regional podría enfriar el planeta hasta diez grados Celsius, lo que potencialmente generaría un invierno nuclear global que devastaría la producción agrícola del planeta.

A pesar de toda la evidencia de que podría comenzar una guerra en cualquier momento, la prensa estadounidense se niega a tomar estos eventos en serio.

El New York Times ejemplifica los esfuerzos mediáticos para adormecer a la población. Su ejemplar del 6 de octubre contiene un artículo sobre los comentarios de Trump ante los generales, donde declara que Trump “tiende a hacer declaraciones provocadoras” y “es obvio que se place en dejar a la gente adivinando”. Escribiendo como si el tema fuese cualquier chisme o intriga de la Casa Blanca, el Times indica que el “timing” de su declaración sobre la “calma antes de la tormenta” fue “particularmente provocador”.

“Pero es igual de plausible”, concluye el artículo, “que el Sr. Trump estuviese meramente siendo teátrico, utilizando el trasfondo de oficiales militares para crear algo de drama”.

Los esfuerzos de los medios de comunicación para minimizar el peligro contrastan con las señales de divisiones serias dentro de la Administración Trump. Hay rumores de que el secretario de Estado, Rex Tillerson, será expulsado o decidirá renunciar después de que Trump minara directamente sus pasos este último mes para retomar negociaciones con el Gobierno norcoreano. La reunión del jueves de los principales asesores en la Casa Blanca, ataviados con sus uniformes, pudo haber sido un intento de Trump para asegurar que el ejército está de su lado en antelación a una guerra.

Sin embargo, estas divisiones son de carácter meramente táctico. En última instancia, Trump no habla en su propio nombre, sino en el de la burguesía estadounidense. Todas las facciones dominantes de la oligarquía del país apoyan la estrategia básica de recurrir al uso de su poderío militar para preservar su posición hegemónica en el extranjero.

Trump emplea un lenguaje excepcionalmente crudo y brutal para justificar la política exterior de Estados Unidos, pero él no es de ningún modo el autor de la estrategia hegemónica de Washington. Estados Unidos ha estado en guerra continuamente por más de veinticinco años. Este fin de semana marca el decimosexto aniversario de la invasión de Afganistán.

El Pentágono está dirigiendo acciones militares por todo el mundo, usualmente sin que el pueblo estadounidense esté informado sobre los despliegues de personal militar. La muerte en combate esta última semana de cuatro soldados estadounidenses en el país africano de Níger fue una gran sorpresa para la población norteamericana.

Una guerra con Corea podría ser detonada en cualquier momento. Esta es la realidad de la situación. En vez de especular pasivamente sobre si Trump está haciendo engaños o no, la tarea crítica es la construcción de un poderoso movimiento basado en la clase obrera contra la marcha a la guerra. El simple hecho de que el presidente estadounidense sonría y se ría mientras amenaza a millones con su aniquilación es prueba suficiente de que el sistema político estadounidense se encuentra en su fase terminal y es capaz de perpetrar cualquier crimen.

 

(imagen, simulacro de guerra en Corea del Norte, septiembre 2017)

 

EEUU: Los demócratas buscan apuntalar al Gobierno en crisis de Trump

por Joseph Kishore//

Los líderes demócratas del Congreso estaodunidense declararon el miércoles por la noche que alcanzaron un acuerdo con el Gobierno de Trump sobre inmigración. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer y la líder de la minoría demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, celebraron el acuerdo después de una cena con Donald Trump, quien ha presidido una escalada brutal de los ataques contra los trabajadores y jóvenes inmigrantes.

Evidentemente sin saber que estaba hablando frente a un micrófono prendido el jueves, Schumer develó el ánimo adulador de los demócratas hacia el presidente multimillonario, presumiendo: “Le caemos bien. Yo le caigo bien, en todo caso”.

Hasta ahora, ningún acuerdo concreto ha sido anunciado, pero los informes de la prensa indican que, sea cual fuere el trato, preservaría de alguna manera la ya dilapidada protección que reciben ochocientos mil jóvenes inmigrantes a través del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia o DACA (por sus siglas en inglés), después de que la Casa Blanca anunciara este mes su eliminación.

Los comentarios de Trump sobre un acuerdo variaron a lo largo del jueves, pero señaló que apoyaría una medida para proteger a los jóvenes, denominados “soñadores”, de ser deportados, pero sin permitirles la ciudadanía, a cambio de una “masiva” expansión de la vigilancia y militarización de la frontera sur del país.

Tal medida ampliaría las políticas antiinmigrantes del mandato de Obama, acompañadas de la militarización fronteriza que ha propuesto Trump. El diario New York Times citó a un “alto oficial demócrata”, quien “dijo que el acuerdo era específico, tomando los términos del presupuesto que propuso el Sr. Trump”. El diario continúa, “La propuesta incluía sensores para reforzar la vigilancia fronteriza, reconstruir caminos a lo largo de la frontera, drones y apoyo aéreo para un mejor cumplimiento”.

El programa DACA, promulgado por Obama en junio del 2012, fue en gran parte una maniobra electoral para los comicios presidenciales de ese año, diseñada para encubrir políticamente la deportación entonces en marcha de casi tres millones de inmigrantes durante sus ocho años en el poder —un ritmo más rápido que el del Gobierno de Trump hasta la fecha—.

En el 2013, ambos partidos respaldaron una medida que les ordenaba a los agentes federales asegurarse que el noventa por ciento de los cruces no autorizados de la frontera terminaran en arrestos y deportaciones. Según informes, este es el molde del acuerdo entre Trump, Schumer y Pelosi. La militarización de la frontera entre México y EUA, una alternativa del “muro” de Trump, ha obligado a que los inmigrantes tomen rutas cada vez más peligrosas para ingresar al país, algo que ha conllevado a una dramática alza en las muertes de aquellos que lo intentan.

Más allá de la política migratoria, hay cuestiones políticas más amplias detrás del respaldo demócrata a Trump. Los esfuerzos para solidarizarse con Trump tienen como fin estabilizar el Gobierno y el sistema político bipartidista en general, de manera que les permita intensificar la ofensiva contra la clase obrera y hacer preparativos para una guerra de mayores proporciones.

El Gobierno de Trump se encuentra en una profunda crisis política, estando dividido internamente y contando con una tasa de aprobación de sólo un 35 por ciento. Las catástrofes ocasionadas por los huracanes Harvey e Irma, incluyendo las horribles muertes de ocho residentes de un hogar de ancianos en Florida, están alimentando un amplio odio social y exponiendo la criminalidad de la negligencia e indiferencia del Gobierno hacia la crítica situación que vive la población.

Desde la inauguración de Trump hace ocho meses, la principal preocupación de los demócratas ha sido contener y desorientar la oposición popular al mandatario, mientras que los grupos de poder se disputan cuestiones principalmente de política exterior centradas en la demanda del aparato militar y de inteligencia de que Trump continúe las amenazas y provocaciones bélicas contra Rusia.

Los demócratas siempre han estado dispuestos a llegar a un acuerdo sobre cómo escalar los ataques contra la clase obrera, asegurar que Wall Street continúe siendo abonado y acelerar el desmantelamiento de la educación pública y el cuidado de salud. Todos estos fueron hitos de la Administración Obama. Al igual que el acuerdo de la semana pasada para levantar el techo de la deuda y refinanciar el Gobierno federal, un objetivo central del eventual trato sobre inmigración será abrir campo para el plato principal de la burguesía estadounidense: las reducciones de impuestos para los ricos.

El día en que Trump compartió su mesa con Pelosi y Schumer, también recibió a congresistas demócratas y republicanas para discutir la “reforma fiscal”, es decir el recorte de la tasa impositiva para las corporaciones. Mientras los huracanes Harvey e Irma ocasionaban una tremenda devastación, cuyos daños estimados son casi de $300 000 millones, Trump se apresuraba para encontrar una vía rápida para sus propuestas fiscales, generando una respuesta entusiástica por parte de los demócratas.

Existen otras áreas de acuerdo, como una guerra comercial con China. El menú para la cena entre Schumer, Pelosi y Trump era comida china (y pie de chocolate), supuestamente en referencia a las medidas económicas contra China que tanto Trump como Schumer apoyan. En cuanto a política sanitaria, el proyecto de ley de “Medicare para todos” presentado esta semana por el senador de Vermont, Bernie Sanders, tiene la intención de ser una mera pantalla para las discusiones entre los dos partidos sobre nuevas concesiones para las aseguradoras y recortes importantes en Medicare y Medicaid.

A pesar de que la política exterior no forma parte explícitamente del acuerdo entre Trump y el Partido Demócrata, sin duda es un factor significativo, si no subyacente de éste. Tras los elogios de Trump hacia los neonazis que participaron en los disturbios de Charlottesville, los demócratas presionaron para que la Casa Blanca fuese puesta más firmemente en manos de Wall Street y los generales y exgenerales que ya dominan el Gobierno —el jefe de personal, John Kelly, el secretario de Defensa, James Mattis, y el asesor en seguridad nacional, H. R. McMaster— .

Incluso mientras Pelosi y Schumer gozan de su nueva amistad, Estados Unidos está realizando enormes ensayos militares en Europa del Este, con Rusia en la mira. Mattis señaló el mes pasado que el Gobierno de Trump estaba planeando entregarle armas letales a Ucrania, uno de los puntos centrales de la plataforma electoral militarista de Clinton. Los demócratas del Congreso están trabajando estrechamente con los republicanos, encabezados por el senador John McCain, para impulsar un proyecto de ley que autorice un aumento masivo en el gasto militar estadounidense.

En junio, el World Socialist Web Site escribió que el encarnizado conflicto político en Washington reflejaba una marcada división dentro de la clase gobernante, sin un lado progresista ni democrático. “Si Trump fuese destituido por sus opositores en el ‘Estado profundo’ y el Partido Demócrata”, escribimos, “tal acto no representaría una victoria para la democracia ni mejoraría las condiciones de la clase obrera”.

Lo mismo resulta con una alianza entre los demócratas y Trump, sólo que de una forma diferente. Si se sienten seguros de que el aparato militar y de inteligencia se está encargando de los asuntos exteriores, considerarán que lo más importante es entonces contener y suprimir toda oposición social.

Todavía queda por ver si tal realineamiento sucede; sin embargo, lo que es claro es que el blanco principal del acuerdo al que lleguen los demócratas y el Gobierno de Trump será la clase obrera.

 

EEUU: La Casa Blanca y los disturbios fascistas en Charlottesville

por Eric London//

Después de meses de planeación y coordinación deliberadas con la policía, la demonstración nazi “Unite the Right” (“Unamos a la Derecha”) en Charlottesville, Virginia, alcanzó su apogeo mortal el sábado por la tarde cuando un admirador de Hitler de 20 años, oriundo de Ohio, condujo su automóvil contra una multitud de manifestantes opositores, asesinando a la joven de 32 años, Heather Heyer, una partidaria de Bernie Sanders, e hiriendo a 14 personas más.
La prensa corporativa se ha centrado en el fracaso de Trump de condenar verbalmente la violencia de la extrema derecha. Este manejo de las declaraciones de Trump por parte de los medios no es sólo ingenuo, sino que encubre deliberadamente el grado de participación de la propia Casa Blanca en alentar, incitar e incluso planificar la movilización nazi en Charlottesville. La Casa Blanca está repleta de operativos profascistas. ¿Por qué condenaría Trump las acciones de los grupos que él y su compinche, Steve Bannon, ven como una base de apoyo clave?
El motín nazi no es ninguna anomalía en la política estadounidense. Es el producto de la estrategia de Donald Trump de construir un movimiento fascista, extraconstitucional y fuera del marco de los dos partidos principales, siendo a su vez una expresión de la putrefacción y el colapso de la democracia estadounidense bajo el peso de los niveles asombrosos de desigualdad social.
En las últimas tres semanas, Trump y sus asesores, Stephen Bannon, Stephen Miller y Sebastian Gorka, han escalado los esfuerzos de la administración para agitar los elementos fascistas que forman el núcleo de su base política.
Trump ha atacado al líder republicano de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, desafiando así a una de las figuras legislativas más poderosas de su propio partido. Ha amenazado que EE. UU. está “en posición y cargado” para irse a la guerra contra Corea del Norte. Y ha llamado a sus partidarios multimillonarios, así como a la policía, a los agentes migratorios y fronterizos y a las fuerzas armadas a que apoyen sus políticas antiinmigrantes y de “severidad contra el delito”.
En este proceso, envalentonó a las fuerzas que el viernes tomaron control del campus de la Universidad de Virginia, cuya población estudiantil es de 22 000 personas. Los nazis llevaron a cabo un desfile de antorchas a través del campus —fundado y diseñado por el autor de la Declaración de Independencia, Thomas Jefferson— mientras cantaban “sangre y tierra”, “ Sieg Heil ” y “un pueblo, una nación”.
Al amanecer el sábado, decenas de uniformados fascistas armados con rifles de asalto y escopetas se desplegaron en el centro de la ciudad, estableciendo un control militar sobre el corazón de la ciudad de 50 000 habitantes. Después de que la milicia asegurara el área, sin interferencias de la policía, fueron vaciadas furgonetas llenas de gente de todo el país en el centro de la ciudad, descargando a cientos de nazis armados con cañones, cuchillos, cadenas, palos de metal, bates de béisbol y spray de pimienta.
Lo que ocurrió a continuación sólo puede describirse como un motín fascista. La policía se retiró de la escena y los nazis comenzaron a atacar a los manifestantes opositores en las calles, gritando insultos raciales y homofóbicos mientras clamaban “ Heil Trump”. Los que se manifestaron en contra quedaron atrapados en el tumulto de nazis, siendo golpeados sin piedad mientras que la policía sólo miraba.
Brian McLaren, un pastor que había viajado a Charlottesville para la contramanifestación, le dijo a la prensa que “la policía se quedó muy lejos” cuando los nazis lanzaron su ataque. Luego, a primera hora de la tarde, James Fields Jr., de Maumee, Ohio, cargó contra la multitud en su automóvil, lanzando cuerpos sobre el capó como bolos.
El gobernador demócrata de Virginia, Terry McAuliffe, respondió a las críticas diciendo el domingo que la policía hizo “un gran trabajo” durante el fin de semana. McAuliffe, exjefe del Comité Nacional Demócrata y destacado recaudador de fondos para Bill y Hillary Clinton, dijo que el asesinato de Heather Heyer no podría haber sido prevenido. “No puedes detener a un loco que vino de Ohio y usó su automóvil como un arma”, declaró.
El propósito de la violencia de este fin de semana era enviarles un mensaje a los detractores de Trump dentro del Partido Republicano y el Demócrata de que él tiene una base de apoyo alternativa a la que puede apelar. De este modo, los nazis celebraron su manifestación a sólo dos horas de la capital en Washington D.C.
Una cronología de las tres semanas que precedieron los disturbios de este fin de semana deja en claro la campaña sistemática y calculada de la Casa Blanca de Trump para movilizar a las fuerzas sociales más atrasadas y reaccionarias del país.
El 22 de julio, Trump dio un discurso militarista ante una audiencia del Cuerpo de Marines para celebrar la comisión de un portaaviones de $13 000 millones.
El 25 de julio, pronunció un discurso en Youngstown, Ohio, glorificando el extremismo religioso cristiano.
El 26 de julio, el Departamento de Justicia presentó un fallo en condición de amicus curiae o “amigo de la corte” indicando que las corporaciones privadas no tienen prohibido despedir a empleados por su orientación sexual. Ese mismo día, Trump tuiteó que su administración les prohibiría a las personas transexuales entrar en el servicio militar y nombró al gobernador antigay de Kansas, Sam Brownback, como el embajador del Departamento de Estado en el extranjero para la libertad religiosa internacional.
El 28 de julio, Trump proclamó ante fuerzas de la policía y agentes migratorios en Long Island, Nueva York, que le encantaba ver a los sospechosos ser “arrojados a la parte trasera de las patrullas”. Los instó a tratar bruscamente a los detenidos, diciendo: “Por favor, no sean demasiado amables”.
El 2 de agosto, Trump y los senadores republicanos Tom Cotton y David Perdue anunciaron la promulgación de la Ley de Reforma de la Inmigración Estadounidense para un Empleo Fuerte (RAISE, por sus siglas en inglés), que reduciría la inmigración legal a la mitad. En una conferencia de prensa anunciando el plan, el asesor de Trump, Stephen Miller, hizo eco del lenguaje antisemita del Partido Nazi alemán cuando denunció al periodista de CNN, Jim Acosta, por tener un “sesgo cosmopolita”. El mismo día, los medios informaron que el Departamento de Justicia estaba planeando demandar a las universidades por “discriminación contra los blancos”.
El 6 de agosto, Trump lanzó un programa de “Real News” en su página de Facebook para intentar construir un grupo personalista de seguidores que se mantengan fuera del ámbito de los principales medios de comunicación.
El 8 de agosto, el asesor de la Casa Blanca, Sebastian Gorka, miembro de la Orden de Vitéz, una organización fascista de Hungría, dijo que el bombardeo fascista de una mezquita cerca de Minneapolis, Minnesota, podría ser un “falso crimen de odio” propagado por la izquierda. Al día siguiente, Gorka le dijo a Breitbart News que “los supremacistas blancos” no son “el problema “, y que el terrorismo es producto del islam.
En los días que siguieron, Trump lanzó sus amenazas de guerra contra Corea del Norte y Venezuela y atacó nuevamente al líder republicano del Senado, Mitch McConnell.
La violencia nazi de este fin de semana carga la marca política de Bannon, Miller y Gorka. El líder de la demostración nazi, Jason Kessler, reconoció después del evento que los organizadores habían “hecho contacto con la policía” meses antes del acto de provocación “Unite the Right”.
Kessler también se reunió con varios funcionarios republicanos en preparación para la movilización nazi. Poco después de la inauguración de Trump, Kessler realizó una rueda de prensa con el candidato republicano de Virginia, Corey Stewart, para denunciar los planes de Charlottesville de quitar la estatua del general confederado Robert E. Lee.
En marzo, Kessler viajó a Washington D.C. para reunirse con el congresista de Virginia, Tom Garrett, quien representa el área de Charlottesville. Kessler publicó en Facebook que tuvo “una reunión muy productiva hoy con el congresista Tom Garrett”, y reconoció que mantuvo discusiones con Garrett sobre cómo es que los grupos nazis de Kessler podrían apoyar con las medidas antiinmigrantes de Trump: “Hablamos de RAISE y Stop Arming Terrorists [Paren de Armar a los Terroristas]: dos proyectos de ley geniales que apoyamos”, publicó Kessler.
Los acontecimientos en Charlottesville y los esfuerzos de Trump para desarrollar un movimiento fascista extraconstitucional constituyen advertencias para la clase trabajadora en EE. UU. y a nivel internacional. El programa de los fascistas en la Casa Blanca y en las calles de Charlottesville es de guerras genocidas en el extranjero y la internación y asesinato masivos de negros, inmigrantes, personas LGBT, judíos y socialistas en el país.
El fascismo es la excrecencia del decadente orden social del capitalismo estadounidense y mundial, el cual ha vomitado a la figura de Donald Trump como su expresión representativa. No se detendrá a través de llamamientos moralistas hacia el establecimiento político, sino sólo mediante la movilización de la clase obrera unida allende las líneas raciales, nacionales y étnicas y armada políticamente con un programa revolucionario para la reorganización socialista de la economía estadounidense y mundial.

Trump apela al discurso fascista

por Patrick Martin//

En medio de un recrudecimiento de la guerra política en Washington, el presidente Trump dio un discurso el jueves en Huntington, estado de West Virginia, en el que realzó un conjunto de temas fascistas que la Casa Blanca ha estado desarrollando durante las últimas semanas.
Proclamándose el defensor de los mineros y otros trabajadores en contra de los inmigrantes, ambientalistas y grupos de “intereses especiales” que no nombró, Trump elogió al gobernador demócrata del estado, el multimillonario empresario del carbón, Jim Justice, quien anunció en el mitin que se iba a pasar al Partido Republicano.
Trump exhortó a otros demócratas a apoyar sus políticas derechistas y abandonar la campaña, impulsada por el aparato militar y de inteligencia, sobre la supuesta interferencia rusa en las elecciones del 2016. “La razón por la cual los demócratas sólo hablan sobre la completamente inventada historia de Rusia es porque no tienen un mensaje, una agenda ni una visión”, exclamó.
Esta caracterización del Partido Demócrata es de hecho certera. La maniática obsesión de los demócratas con la investigación sobre Rusia crea un vació político, sin una oposición oficial a la ofensiva de Trump contra los derechos democráticos y los triunfos sociales de la clase obrera.
Trump tiene en mente aprovecharse de esto a través de una retórica demagógica sobre la (inexistente) resurrección de la industria del carbón y el (ficticio) auge de empleos manufactureros. El primer “logro” de su gobierno al que se refirió puso de manifiesto el verdadero contenido de su programa económico: “el tope histórico del mercado bursátil”, el cual ha enriquecido a multimillonarios como Trump y el mismo Justice, pero que se ha dado a costa de empleos y de los niveles de vida de los trabajadores.
Trump mezcla este tipo de mentiras de que está luchando por la gente trabajadora con declaraciones demagógicas contra los inmigrantes y a favor de la ley y el orden, en las que destaca a los villanos tradicionales: “los terroristas islámicos radicales”, “los traficantes de drogas”, “los traficantes de personas”, “las viciosas y violentas pandillas”. En cuanto a los verdaderos responsables de las terribles condiciones de vida en regiones como West Virginia —las enormes corporaciones y bancos que han presidido despidos en masa, agresivos recortes salariales y una epidemia de opioides que se sigue esparciendo—, Trump no tuvo nada que decir.
Su visita a Huntington se suma a una serie de apariciones en público que han sido parte de una campaña de la Casa Blanca para movilizar, paso por paso, el apoyo que tengan entre policías, militares, fundamentalistas cristianos, racistas blancos y fascistas.
Mientras que el gobierno de Trump ha dejado entrever su empuje autoritario desde su discurso inaugural, durante las últimas dos semanas, se ha desenvuelto de forma calculada una estrategia política definida que comenzó con su discurso el 22 de julio ante las fuerzas navales en la inauguración del nuevo portaaviones USS Gerald Ford.
Trump se pronunció la semana pasada en Long Island, Nueva York, ante una audiencia de policías en uniforme, urgiéndoles tratar “bruscamente” a los sospechosos que arresten, particularmente aquellos asociados con las pandillas de inmigrantes latinos.
Entre otros llamados al racismo y la homofobia, Trump tuiteó su decisión de prohibir que las personas transgénero “sirvan en cualquier capacidad en el ejército de EE. UU.”. El Departamento de Justicia además adoptó la postura de que la discriminación homofóbica de parte de los patrones no viola ningún derecho civil, mientras que han aparecido informes de que arremeterá contra las universidades que tengan programas de acción afirmativa por participar en discriminación “anti-blanca”.
El lunes pasado, el nuevo jefe de personal del gabinete de Trump, el exgeneral marine John F. Kelly, fue juramentado, reemplazando a Reince Priebus, expresidente del Comité Nacional Republicano. Por primera vez en casi medio siglo, el puesto más alto de la Casa Blanca será ocupado por un militar.
El asesor político de Trump, Stephen Miller, compareció en una rueda de prensa de la Casa Blanca el miércoles para anunciar el apoyo del mandatario a una legislación que cortaría a la mitad el número de inmigrantes legales en EE. UU., implementando una nueva norma racista que favorece a los angloparlantes y a aquellos que las empresas quieren, en vez de sus familias.
Los llamados políticos de la administración se han distanciado más y más de una agenda legislativa o electoral. El enfoque es uno personalista, basado en la figura de Trump y en la construcción de un movimiento político a su alrededor.
La reaparición de Miller el miércoles, después de haber sido apartado varios meses tras la debacle del veto antimusulmán de Trump, puso de vuelta a los asesores más explícitamente autoritarios de la Presidencia en primera línea frente al público y la prensa. Durante la rueda de prensa, en un debate luego ampliamente publicitado con el reportero de CNN, Jim Acosta, Miller develó sin querer la conexión directa de la Casa Blanca bajo Trump y la derecha fascista.
El intercambio tocó el tema del famoso poema de Emma Lazarus que está impreso en la Estatua de la Libertad (que dice “Dame tus exhaustas, empobrecidas y empuñadas masas ansiosas de respirar libremente”). Miller contendió que el poema, “fue añadido después y no es parte de la Estatua de la Libertad original”. Como lo señalaron el Washington Post y el Jewish Daily Forward, esa afirmación reproduce las posturas que han circulado en círculos fascistas y neonazis este mismo año, como Rush Limbaugh en la radio, el líder del Ku Klux Klan, David Duke y el supremacista blanco, Richard Spencer.
Trump y sus asesores más cercanos están buscando explotar el generalizado disgusto hacia el Partido Demócrata como partido de la élite económica liberal, incluyendo secciones de Wall Street, con una postura completamente fraudulenta de Trump como el defensor del “hombre olvidado”, como lo manifestó durante su campaña electoral y nuevamente el jueves por la noche. Trump no tiene un programa económico que siquiera aparente abordar el aumento de la pobreza y la miseria social en las masas.
Los demócratas no han dicho nada sobre los llamados de línea fascista de Trump. Al contrario, han reforzado la campaña antirrusa. Se informó el jueves que el fiscal independiente Robert Mueller convocó un gran jurado especial como parte de su investigación sobre la presunta interferencia rusa en las elecciones del año pasado y la colusión de Moscú con la campaña de Trump.
La publicación de filtraciones de información de la Casa Blanca y las agencias de inteligencia mantiene un ritmo sin precedentes. La más reciente fue del Washington Post, que hizo públicos transcritos de las conversaciones telefónicas de Trump con líderes mexicanos y australianos, dando una vergonzosa mirada al matonismo y doble juego que caracterizan sus comunicaciones con homólogos internacionales.
Estos ataques son el resultado de diferencias sobre política exterior dentro de la élite gobernante. Mientras que Trump ha buscado apaciguar a sus críticos, como con la aprobación reciente de nuevas sanciones contra Rusia, también busca movilizar a sus simpatizantes ultraderechistas y ejercer presión de vuelta contra sus opositores.
El Partido Demócrata no hará nada para oponerse a su movilización de elementos ultraderechistas y de tendencia fascista para atacar a los inmigrantes y deshacerse de los derechos democráticos. Las críticas de los demócratas se limitan al encasillamiento del aparato de seguridad nacional: es indulgente con Rusia y actúa erráticamente, se preocupa por los intereses financieros de su familia y no por los intereses de Wall Street y el imperialismo norteamericano en su conjunto.
Al mismo tiempo, están dispuestos a colaborar con Trump, particularmente en la “reforma fiscal”, la cual promete nuevas ganancias exorbitantes para la élite corporativa y financiera.
La batalla en contra de la ultraderecha y en defensa de los derechos democráticos es la lucha por unir a todos los sectores de la clase obrera —sean blancos, negros, hispanos, asiáticos, indios americanos o inmigrantes— con base en los intereses comunes de clase, en defensa de los empleos, los niveles de vida y en oposición a la creciente amenaza de otra guerra imperialista. Esto sólo es posible mediante la movilización independiente de la clase obrera contra ambos partidos de las grandes empresas, el demócrata y el republicano, y por un programa socialista e internacionalista.

Trump se prepara para aumentar sanciones económicas contra Venezuela

por Alexander Fangmann //

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, exigió “acciones económicas fuertes y rápidas” contra el gobierno venezolano el Lunes, levantando la amenaza implícita de sanciones contra la industria petrolera del país, cosa que tendría efectos devastadores en la economía del país.

La amenaza de Washington viene después de una escalada de la campaña de la oposición de derechas contra el plan del gobierno de celebrar una asamblea constituyente que reescriba la constitución. Esto ha culminado en la convocatoria de una huelga nacional de 24 horas que tendrá lugar el jueves 20 de julio.

Según un informe de Reuters, una expansión de sanciones enfocadas, dirigidas a oficiales del régimen, ya ha sido preparada y solo necesita que Trump la anuncie. Dos personalidades contra las que se pensó dirigir las medidas son el ministro de defensa Vladimir Padrino López y Diosdado Cabello, el antiguo presidente de la Asamblea Nacional y figura clave tanto en el ejército venezolano como en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Estas nuevas sanciones implicarían congelar los bienes de esos oficiales en los Estados Unidos y prohibir hacer negocios con compañías e individuos estadounidenses.

Esto sucede a dos rondas anteriores de sanciones contra oficiales del gobierno venezolano y la compañía petrolera estatal PDVSA. Más recientemente, el Departamento del Tesoro de EEUU anunció que iba a bloquear al vicepresidente Tareck El Aissami del sistema financiero estadounidense por presunta implicación en el tráfico de drogas.

De acuerdo con un informe publicado por el Financial Times, cuando se le preguntó por la posibilidad de una prohibición de las importaciones de petróleo venezolano, un oficial estadounidense habría afirmado que “todas las opciones están sobre la mesa”. Los Estados Unidos reciben alrededor del 25 por ciento de la producción venezolana de crudo, lo que quiere decir que cualquier disminución en las importaciones reduciría las divisas extranjeras disponibles al gobierno venezolano para financiar la importación de alimentos, medicamentos y otros productos básicos necesarios, exacerbando la ya severa escasez.

Con todo, ha habido oposición a un embargo exhaustivo del petróleo venezolano desde los operadores de refinería estadounidenses que dependen del crudo venezolano para sus operaciones y se enfrentarían con dificultades al cambiar a otras fuentes de crudo. El presidente de la asociación de Fabricantes de Combustible y Petroquímicos Estadounidenses, Chet Thompson, le escribió a Trump, diciendo, “Sanciones que limiten importaciones estadounidenses de crudo venezolano desfavorecerían a muchas refinerías estadounidenses, particularmente las de las regiones de la Costa del Golfo y de la Costa Este, que se han optimizado para utilizar crudo agrio producido en Venezuela”.

Entre los mayores importadores de petróleo venezolano están Citgo, la subsidiaria estadounidense de PDVSA, Valero Energy, Phillips 66 y Chevron. En su totalidad, Venezuela representa aproximadamente el 9 por ciento de las importaciones estadounidenses de petróleo crudo. Una reducción en la disponibilidad de crudo venezolano significaría una subida en los precios de la gasolina e incluso posiblemente despidos en refinerías.
A causa de las dificultades políticas involucradas en ampliar sanciones más allá de chavistas prominentes, buena parte de la presión estadounidense sobre Venezuela ha venido a través del apoyo a la oposición de derechas centrada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y su exigencia de nuevas elecciones y algún tipo de arreglo para compartir el poder basado en su control de la Asamblea Nacional.

Esto llevó el domingo a un referéndum nacional organizado por la MUD sobre el plan de la asamblea constituyente. Aunque fue celebrado sin los auspicios del Consejo Nacional Electoral, que tildó de ilegal esa votación, la MUD afirmó que hubo una participación de 7,2 millones, o el 37 por ciento, de los cuales el 98 por ciento votó contra la asamblea constituyente. Tales cifras se alinean de cerca con los votos totales recientes por la MUD en elecciones nacionales y aparentemente incluye votos emitidos en centros de sufragio en más de 100 países, incluyendo a los Estados Unidos.

El mismo día del referéndum de la MUD, el gobierno venezolano programó un “ensayo” de su propia votación de la asamblea constituyente, y fuentes de noticias próximas al gobierno, como Telesur, afirmaron que participaron millones. La votación verdadera está prevista para el 30 de julio. Una vez convocada, se encargará a la asamblea constituyente que reescriba la constitución para consolidar el control chavista en por lo menos ciertos aspectos del gobierno y de la economía venezolanos.

Después del referéndum, la oposición declaró que era la “hora cero” para el gobierno de Maduro, y exigió un paro nacional de 24 horas para el jueves. Sin embargo, dándose cuenta del aislamiento de la MUD respecto a la clase trabajadora y a amplias capas sociales, Freddy Guevara, el vicepresidente de la Asamblea Nacional y miembro del partido Voluntad Popular, dijo en Twitter que la “huelga civil de este jueves no puede partir solo de los hombres de negocio. El país es de todos y todos tienen que garantizar que se paralice Venezuela”. Según un informe de Associated Press, la cámara de comercio más grande de Venezuela incluso anunció que los empleadores no castigarán a los trabajadores por ir a la huelga.

También están surgiendo informes acerca de que hay negociaciones internacionales de alto nivel sobre cómo poner fin a la crisis en Venezuela. El Financial Times citó una fuente anónima que decía que el presidente colombiano Juan Manuel Santos tiene previsto viajar a La Habana el domingo al menos en parte para convencer a Raúl Castro para que dé su apoyo a una salida negociada a la crisis, posiblemente incluso dándoles asilo político a Maduro y a su esposa, Cilia Flores. La agencia privada de inteligencia, Stratfor, también afirma que Cuba es el nexo para el diálogo indirecto entre Rusia y los Estados Unidos, en el que el ex presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero ha sido una figura clave. Stratfor también señaló que “ha recibido informes persistentes acerca de que [Maduro] ha barajado pedir asilo en Rusia o Cuba”.

Cuba, Rusia y China tienen intereses económicos sustanciales en Venezuela y sufrirían significativamente si fueran enteramente excluidos si cae el gobierno de Maduro. Participando en negociaciones en las que Maduro abandona la escena, esperan congraciarse con la derechista MUD y mantener sus relaciones actuales lo más que puedan.
El principal obstáculo en el camino de cualquier salida negociada a la crisis, o un golpe palaciego, es la propia clase trabajadora. Para la clase trabajadora, todos los desenlaces propuestos, basados como lo están en el mantenimiento del capitalismo, significan austeridad continuada para apuntalar las hojas de balance venezolanas en continuo declive y abonar a los tenedores de bonos.

G20 de Hamburgo: fin del orden neoliberal global por el G3 (EE.UU/Rusia/China)

por Alfredo Jalife-Rahme//

Si se toman como parámetros de medición los conceptos de estabilidad estratégica, en materia nuclear (https://goo.gl/ePVvCw), y del triángulo estratégico de EU/Rusia/China (https://goo.gl/fdqwMA), la primera semana de julio de 2017 parece haber significado un punto de inflexión metahistórico que se encamina a un nuevo orden tripolar entre las dos grandes superpotencias nucleares (EU y Rusia) y la máxima superpotencia geoeconómica (China).
Lo relevante del primer encuentro exitoso del zar Vlady Putin y el presidente empresario Trump fue: 1) que haya ocurrido y haya durado cinco veces más de lo programado; 2) que haya detenido el deterioro estrepitoso de la relación bilateral de Estados Unidos (EU) y Rusia que legó la dupla Obama/Hillary, y 3) más allá de los supuestos avances de la agenda abordada, lo primordial radicó en los acuerdos secretos que catalizaron la química entre ambos mandatarios y su postura constructiva, en particular, el contencioso nuclear de Norcorea, en el que irrumpió con fuerza Rusia para intermediar entre Trump y el mandarín Xi.

El gran triunfador de la cumbre bilateral, y hasta del G20, fue el zar Putin, quien rompe su supuesto aislamiento por el mundo occidental.

Suena paradójico que Trump haya sido aislado por los 19 integrantes del G20 por el tema del cambio climático y del libre (sic) comercio, mientras Putin se haya brincado las sanciones occidentales de EU y Europa.

Nunca he escuchado algo más absurdo que el término propagandístico y ahistórico de Occidente que incorpora a Japón (país oriental) y a Israel (artefacto medioriental), mientras exorciza a Rusia: cuando San Petersburgo, capital occidental por antonomasia, fue fundada 73 años antes que la independencia de EU.

Si seguimos la dinámica de los vectores y los conceptos de los atractores físicos y del centro de gravedad, la primera semana de julio exhibió un G2 de Rusia y China (https://goo.gl/YFpXDR), que la cumbre entre Trump y Putin lo está jalando, por lo menos con la ausencia de belicosidad mutua, a un G3.

En un abordaje multidimensional de hipercomplejidad no-lineal, en la misma primera semana de julio, Trump llegó aislado a Hamburgo: tanto por la cumbre geoestratégica de Rusia y China, como por el imponente acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y Japón (https://goo.gl/CJY3jz). Putin rescata así a Trump, quien al final de cuentas consigue un empate.

A juicio de Ray McGovern –oficial del ejército de EU y ex analista de la CIA durante 30 años–, el gran giro de las superpotencias ya se dio: es la “alianza de Rusia y China (https://goo.gl/pQ4wGN)”.

Después de que la atribulada canciller alemana Angela Merkel advirtió que Europa debe tomar su destino con sus propias manos, toda la fauna globalista trasatlántica ha entrado en pánico con la política proteccionista trumpiana de Primero EU, lo cual, a juicio del fanático neoliberal global Wolfgang Schäeuble, de 74 años y ministro de Finanzas, significa la destrucción del orden (sic) neoliberal global que otorgaría gran influencia a China y a Rusia.

En su metahistórica conferencia en la Academia Estadunidense (sic) en Berlín, Schaeuble, totalmente encapsulado en su disfuncional gueto mental, sentenció que “duda si EU verdaderamente cree que el orden mundial será igualmente sano (sic) si China o Rusia llenasen el vacío dejado por EU, y si a China y Rusia les fueron sencillamente (sic) otorgados una mano libre para dominar las esferas de influencia que han definido para sí mismos (https://goo.gl/7EYBTS)”.

En mi entrevista con Sputnik y Radio Uruguay aduje que “un G3 puede terminar con el orden mundial neoliberal (https://goo.gl/eA1gJn)”, cuando Merkel ha sido la gran perdedora –la tercera derrota mundial en más de 100 años, esta vez geoestratégica, de Alemania, máxima potencia geoeconómica de la UE–, mientras Peña era humillado por enésima vez por Trump (https://goo.gl/7jhVds).

Sin contar su estéril santa alianza con Obama, Merkel cometió varios errores que no habrían cometido sus lúcidos antecesores –Adenauer, Willy Brandt, Helmut Schmidt, Helmut Kohl y Gerhard Schröder, tanto del partido conservador como del Partido Socialdemócrata–, al pretender posicionarse como lideresa del orden neoliberal global a los dos lados del noratlántico y al chocar con las dos máximas superpotencias nucleares del planeta: con Trump, en materia geoeconómica, y con Putin, en geopolítica, desde la Cumbre del G20 en Brisbane (https://goo.gl/vzzYth).

La geopolítica, que tanto desprecia Merkel, la aniquiló.

Peor: independientemente de que un servidor apoye el acuerdo climático de París, Merkel hizo de ello un casus belli contra Trump, lo cual augura mayores atentados terroristas en una UE fracturada.

Como si lo anterior fuera poco, y en vísperas del G20, la UE pactó un colosal acuerdo de libre comercio con Japón que deja fuera al proteccionismo de Trump. Resultado: Trump se aleja de Alemania, mientras se acerca a Rusia.

La orfandad geoestratégica de Alemania y Japón, perdedoras de guerras mundiales y reconstruidas por EU, es que carecen de dientes nucleares y confunden la suprema geoestrategia con el vulgar mercantilismo neoliberal, no se diga con el plausible cambio climático –curiosamente apoyado por Rusia y China– que no es suficiente para operar el nuevo orden multipolar del siglo XXI.

En mero suelo polaco y en Hamburgo, Merkel sufrió dos afrentas de Trump: en Varsovia, antes de arribar a Alemania, el polémico presidente empresario arremetió contra la ocupación nazi en la icónica plaza Krasinski, mientras, con total desprecio al protocolo, en la cumbre del G20 cedió su lugar a su hija Ivanka, una frívola socialité sin conocimientos diplomáticos.

Una foto del portal Deutsche Welleexhibe con toda crudeza cómo Merkel se cubre el rostro con sus manos frente a la impetuosidad de Trump (https://goo.gl/8TyRpu).

En forma interesante –más que nada por haber sido reportado por el portal chino Global Times–, el viceministro de Finanzas ruso, Alexei V. Moiseev, reportó que Trump culpa a todos (sic) los otros 19 países por el déficit de EU. Mientras “los otros países peroran sobre el libre comercio, Trump exige trato justo para EU (https://goo.gl/DjNcLo).”

Me gustó el comentario al respecto del lector chino LHRTAT: “En un mundo de salarios injustos para diferentes categorías de trabajadores, injustas tasas de cambio de las divisas y el resultante precio desigual de los productos, ¿qué significa comercio ‘justo’?”

Según Bloomberg, Merkel practica un juego electorero muy arriesgado de cara a la elección del 24 de septiembre, al distraer a los alemanes de sus aflicciones domésticas al fustigar a EU (https://goo.gl/yygt7d)”.

A mi juicio, el formato economicista del G20, ahora trasmutado en ambientalista, quedó sepultado en Hamburgo y será gradualmente sustituido por el G3 de EU/Rusia/China.

En espera del resultado el segundo encuentro de Xi y el presidente empresario Trump, al margen de la Cumbre del G-20 en Hamburgo, no hay que subestimar el gran escollo de un sector del Deep State de EU para descarrilar el G3.

Fotografía:Protesta performática en Hamburgo de las “1000 figuras”.

Estados Unidos camino al fascismo: Corte Suprema aprueba órdenes antimusulmanas de Trump

por Tom Carter//

La decisión de la Corte Suprema del 26 de junio de permitir la imposición del veto antimusulmán promulgado por Trump es uno de los casos más importantes en la historia de la institución. Después de que algunos tribunales federales inferiores bloquearan la flagrantemente discriminatoria orden ejecutiva de Trump, la Corte Suprema intervino para regalarle una victoria.

La opinión escrita de la corte es de particular importancia, no porque exhiba un razonamiento jurídico brillante ni por su profunda reafirmación de algún principio democrático. Es un documento deslucido y desinteresado de tan sólo trece páginas. Se nota que constituye un compromiso político y que el “razonamiento jurídico” de la decisión fue una burda improvisación para justificar un resultado predeterminado.
El documento prescinde de todo sentimiento democrático reconocible. Anuncia simplemente que “la balanza se ha inclinado a favor de la obligación del gobierno de encargarse de la seguridad de la nación”.
La decisión de la Corte Suprema es una señal que, después de un largo atardecer, se avecina el ocaso de todo lo que aún pueda llamarse democracia estadounidense. La asociación histórica de la élite política estadounidense con una cierta cultura política, ciertas instituciones y tradiciones democráticas, heredadas de la Revolución Estadounidense y la Guerra Civil, ha pasado sobre el horizonte; ya no es una realidad.
Donald Trump, de forma estridente y de mal gusto, proclama cuál va a ser la nueva realidad. Con sus apelaciones a intolerancia y prejuicios, Trump expresa el estado de putrefacción del sistema social del país. Todo lo que se encuentra enfermo en el capitalismo estadounidense, incluyendo la delincuencia, la ignorancia, la rapacidad, el narcisismo y la cleptomanía de la clase gobernante, ha sido vomitado por el sistema en la forma de tan vulgar imbécil. La llegada de Trump al poder pregona una nueva era de guerras, represión, contrarrevolución social y lucha de clases.
La comparación de la decisión del lunes con la notoria decisión de la Corte Suprema de 1944 en el caso Korematsu v. Estados Unidos es totalmente justificada. En ese caso, una mayoría de los jueces, a raíz de consideraciones militares, ratificó la legalidad de las prohibiciones de residencia, los campos de internamiento y los toques de queda para las personas de ascendencia japonesa. Una vez más, la Corte Suprema ha autorizado la discriminación basada en la nacionalidad.
Pero a diferencia de Korematsu, hoy día, ni siquiera hay jueces disidentes que protesten tales injusticias contra una hostigada minoría. La decisión de Korematsu, al menos, contuvo la famosa disensión del juez Frank Murphy, quien llegó a la conclusión: “Estoy en desacuerdo, por lo tanto, con esta legalización del racismo. La discriminación racial, en cualquiera de sus formas y en cualquier grado, no tiene justificación alguna en nuestra forma democrática de vida. Es poco atractiva en todo entorno, pero es completamente repugnante en un pueblo libre que ha adoptado los principios enunciados en la Constitución de Estados Unidos”.
¿Dónde están los disidentes hoy? En el año 2017, la única disensión en la Corte Suprema proviene de la extrema derecha. La controversia es entre seis integrantes que permitirían que la prohibición contra los musulmanes entre en vigor excepto para aquellos con algún “relacionamiento bona fide [de buena fe]” en EE.UU. y tres jueces que lo buscaban aprobar sin restricciones.
No está claro si los decretos antimusulmanes son peores con o sin la salvedad de “relacionamientos bona fides”, respaldada por el ala supuestamente liberal del tribunal. Esta excepción les concede una autoridad aún más caprichosa a los funcionarios de inmigración de Trump. ¿Considerarían a un refugiado sirio, sin dinero, desesperado y con familiares en Los Ángeles alguien con “relacionamientos bona fides”? ¿Recibiría el mismo trato un empresario rico con socios en Wall Street?
La decisión de la Corte Suprema no se basa en leyes, sino en mentiras y prejuicios. Según los datos recopilados por el profesor de la Universidad de Carolina del Norte, Charles Kurzman, un gran total de cero de los extremistas musulmanes que han llevado a cabo ataques terroristas dentro de EE.UU. vinieron de los países incluidos en la orden ejecutiva de Trump.
Si bien los medios de comunicación prefieren utilizar el término “veto a viajes”, tanto los opositores como los que simpatizan con los decretos ejecutivos de Trump reconocen que fueron motivados por una intolerancia contra los musulmanes. Durante su campaña presidencial, Trump declaró que impondría un “cierre total y completo de EE.UU. para los musulmanes”, y se ha referido frecuentemente en sus mítines a una “selección extrema” de musulmanes. El asesor de Trump y exalcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, ha alardeado públicamente que él fue consultado en la redacción de un instrumento de persecución contra musulmanes que superara un escrutinio legal.
En enero, el anuncio del veto fue recibido con grandes protestas, mientras que la mayoría de los estadounidenses se opone a las medidas antimusulmanes. En estas manifestaciones, algunos de los mejores carteles decían cosas como: “Primero vinieron por los musulmanes”. Muchos de los que participaron en estas protestas expresaron un entendimiento de que esta prohibición contra musulmanes es más que un ataque a una minoría en particular, sino que constituye un ataque contra los derechos democráticos fundamentales en su totalidad, un intento para dividir y conquistar, y un precedente para represiones futuras.
En última instancia, el blanco del aparato represivo es la clase obrera, la gran mayoría de la población, la que está excluida de la vida política y está cada vez más enojada con las políticas al servicio de la oligarquía y sus riquezas.
Steve Bannon y Stephen Miller, los asesores de tendencias fascistas de Trump que redactaron los decretos antimusulmanes, tienen un método. Como los reaccionarios del siglo pasado, están fomentando deliberadamente el atraso, el oscurantismo y los prejuicios, y buscan canalizarlos en una dirección política reaccionaria. Trump mismo, según un artículo de 1990 en la revista Vanity Fair, mantenía un libro de discursos de Hitler en su mesa de noche.
Los comentaristas de “izquierda” y “progresistas” de Estados Unidos, quienes se encuentran en una negación completa acerca de la profundidad de la crisis, están llamando a la complacencia en respuesta al fallo de la semana pasada. Estos individuos, quienes están alineados con el Partido Demócrata, intentan ocultar la vergonzosa capitulación del “ala liberal” de la Corte Suprema, incluyendo a los jueces nombrados por Obama, Sonia Sotomayor y Elena Kagan.
El día después de que entrara en uso el veto, el New York Times, que funciona como portavoz del Partido Demócrata y la CIA, escondió la noticia, enfocándose en cambio, en el alboroto mediático sobre los tuits de Trump que atacan a los anfitriones del canal MSNBC, Mika Brzezinski y Joe Scarborough.
Estas son las mismas capas sociales que afirman cada otro año que votar por los demócratas es necesario para orientar a la Corte Suprema a la izquierda. Obsesionado con las políticas de identidades y ciego a la realidad social, el periódico celebró con entusiasmo el nombramiento en el 2009 de “la primera hispana y tercera mujer en integrar la Corte Suprema”, como comienza uno de sus artículos. Tras la decisión unánime a favor de Trump el lunes de la semana pasada, esta gente ahora sólo encoge los hombros y da excusas.
El propio Partido Demócrata, dedicado a su campaña reaccionaria contra Rusia, no tiene interés en alentar ninguna oposición popular a las órdenes ejecutivas antimusulmanes o antiinmigrantes de la Casa Blanca.
La decisión del Tribunal Supremo surge a raíz de décadas de continuos ataques contra los derechos democráticos y el estado de derecho, sea en gobiernos demócratas o republicanas. En particular, la decisión fue hecha posible principalmente por el empuje bipartidista de la última década y media para la librar la “guerra contra el terrorismo”, con asesinatos y tortura de Estado, rendiciones extraordinarias, poderes dictatoriales al ejecutivo, comisiones militares, policía militarizada, impunidad oficial, sitios de ciudades completas, espionaje interno, secretos de Estado, persecuciones de los denunciantes y xenofobia ultranacionalista. Este período también ha sido testigo de una contrarrevolución social dentro del país que ha aumentado dramáticamente la desigualdad social, además de las sangrientas aventuras militares estadounidenses en el extranjero.
Se deben tomar conclusiones acordes a la severidad de la decisión de la Corte Suprema de la semana pasada. Nuestra época no empatiza con acciones a medias o concepciones nebulosas. Quienes protesten contra las órdenes ejecutivas antimusulmanas de Trump se enfrentan a más que un multimillonario y su cuadrilla de asesores fascistas. Se enfrentan al aparato político podrido entero, a la clase dirigente capitalista y a sus sirvientes. La incipiente insurgencia contra el régimen de Trump tiene que unir las luchas contra las guerras imperialistas, la desigualdad y la represión como parte de un movimiento político de masas, independiente de los demócratas y los republicanos, y en contra del agónico sistema social, político y económico mundial enfermo.

Ni Trump, ni Acuerdo de París: la solución al cambio climático es el socialismo

por Bryan Dyne//

La decisión de Trump de retirarse del acuerdo de París sobre el cambio climático es una más de una creciente lista de acciones que ejemplifica el carácter totalmente reaccionario de su administración.

Detrás de la retórica pseudopopulista de “EE.UU. ante todo” de su discurso el 1 de junio, el cual llevaba todas las marcas de tendencia fascista del jefe de personal de Trump, Stephen Bannon, se encuentra el mensaje de que no tolerará siquiera la fachada de algún límite a las operaciones rapaces de la aristocracia financiera y corporativa. Si la Tierra queda envenenada y quemada como resultado, que así sea.
Los rivales nacionales e internacionales de Trump aprovecharon la ocasión para presentarse como defensores del medio ambiente. Los editoriales en los diarios New York Times y Washington Post llamaron la acción de Trump “miope” y “contraproducente”. En Europa, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, emitieron un comunicado conjunto declarando que el acuerdo no será renegociado, llamándolo “un instrumento vital para nuestro planeta, sociedades y economías”.
Sin embargo, tales críticas tienen menos que ver con el tema del cambio climático —ni mencionar con medidas serias para frenar el calentamiento de la Tierra— que con disputas nacionales e internacionales entre diferentes facciones de la clase gobernante. Con Alemania a la cabeza, las potencias europeas han utilizado el abandono estadounidense del acuerdo de París para robustecer la defensa de sus propios intereses económicos y geoestratégicos ante el ahondamiento de la brecha transatlántica.
En EE.UU., la crítica de las acciones de Trump se confluye con la férrea contienda que está siendo librada dentro de los grupos de poder alrededor de cuestiones de política exterior. Samantha Gross del Instituto Brookings figuró esto cuando calificó la decisión como un “error de política exterior enorme” que socavaría la posición global de EE.UU. Manifestó esta inquietud: “¿Podría China buscar llenar el papel de liderazgo que está desocupando Estados Unidos?”.
El cambio climático es una amenaza real que requiere acciones urgentes. Se ha entendido desde el primer informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC; Intergovernmental Panel on Climate Change ) en 1990 que el calentamiento global es el resultado de las emisiones a la atmósfera terrestre de carbono (principalmente dióxido de carbono y metano) proveniente de la actividad industrial y agrícola humana. Desde entonces, los informes de un grupo científico tras otro han concluido de forma unánime que sólo es posible evitar consecuencias catastróficas con medidas inmediatas y del máximo alcance.
Los mismos problemas que fueron predichos hace treinta años ya se manifiestan. En el registro existente de 136 años, 16 de los 17 años más calientes son aquellos desde el 2001. Mayores sequías y olas de calor han interferido con la producción agrícola del mundo. La selva amazónica casi se incendia en 1998, el 2005 y el 2007 debido a un clima más seco y caliente. El nivel del mar ya ha comenzado a subir, causado por el calentamiento de los océanos y la expansión del agua al calentarse. Esto, a su vez, ha agravado las inundaciones que acompañan a los huracanes y tifones.
El blanqueo de corales —inducido en los corales por las temperaturas más cálidas del océano y la mayor acidez oceánica— ya ha matado casi la mitad de la Gran Barrera de Coral, una parte clave de la cadena alimentaria y el equilibrio ecológico en general. Los glaciares en la Antártida y Groenlandia están cayéndose al océano, lo que eleva inmediatamente los niveles del mar y altera los patrones climáticos en todo el mundo. Se están extinguiendo más especies conforme sus hábitats son transformados de forma repentina o se introducen nuevas enfermedades, las cuales prosperan en climas más calientes.
La gravedad de la situación se destaca muy por encima de las medidas acordadas por las potencias capitalistas. De hecho, el acuerdo de París, generalmente precedido con la palabra “hito” cuando se menciona en la prensa, es ineficaz. Consiste en promesas no vinculantes con el objetivo de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2 grados centígrados, un poco más de dos veces el nivel actual de calentamiento.
En el momento de su adopción en el año 2015, el reconocido climatólogo, James Hansen, lo caracterizó acertadamente como un “fraude” y una “impostura”. Que el acuerdo de París cuente con el apoyo de los principales gigantes corporativos, incluyendo empresas de energía como Exxon Mobil, lo dice todo sobre su verdadero carácter.
El protocolo de Kioto de 1997, que fue sustituido por el acuerdo de París, también era insuficiente y fracasó porque las grandes potencias capitalistas, lideradas por EE.UU., rechazaron sus objetivos vinculantes. En negociaciones antes del acuerdo de París, el entonces presidente Barack Obama, a quien le gustaba dar floridos discursos sobre el peligro del cambio climático, insistió en que EE.UU. no podía quedar legalmente obligado a tomar ninguna acción en el nuevo acuerdo climático.
Para encarar de verdad el cambio climático es necesaria una reorganización trascendente de la vida económica a escala mundial. La producción energética debe pasar de una que utiliza combustibles fósiles a otra que dependa de energías renovables. Esto, a su vez, requiere un esfuerzo internacional, con una inversión masiva en infraestructura, el desarrollo de las tecnologías actuales y la investigación de nuevas ideas, en vez de derrochar miles de millones de dólares en guerras y el enriquecimiento personal de multimillonarios alrededor del mundo.
Existe la tecnología para resolver estos problemas y aumentar el nivel y la calidad de vida de la población mundial. Sin embargo, no es posible hacerlo bajo el marco del sistema capitalista.
Los esfuerzos para enfrentar el cambio climático entran en conflicto con las dos contradicciones fundamentales del sistema capitalista mundial: la contradicción entre una economía mundial y la división del mundo en Estados nación y aquella entre una producción socializada y la subordinación de la vida económica a la acumulación de lucro privado.
El hecho que la humanidad haya llegado al punto en el que sus acciones tienen un profundo impacto en los patrones del clima global es una expresión del enorme desarrollo de las fuerzas productivas. Sin embargo estas fuerzas productivas siguen atrapadas dentro de un sistema socioeconómico anticuado e irracional. Su desarrollo futuro, con base en la razón y la ciencia, exige una reorganización completa de las relaciones sociales.
Las mismas contradicciones del sistema capitalista que bloquean un abordaje serio también producen las guerras imperialistas que amenazan a todo el planeta y el crecimiento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad social. Al mismo tiempo, estas contradicciones están radicalizando políticamente a los trabajadores de todo el mundo.
Como todo otro problema importante que enfrenta la humanidad, el cambio climático es fundamentalmente una cuestión de clase. Es la clase obrera la que va a sufrir la peor parte del impacto del calentamiento global. Es la clase obrera la que es objetivamente una clase internacional y que cada vez más se define por ello. Son los intereses sociales de la clase obrera los que se concentran en derrocar el capitalismo, abolir la propiedad privada de los medios de producción y establecer un sistema económico basado en la satisfacción de la necesidad humana, incluyendo un medio ambiente seguro y sano.
Los peligros causados por el calentamiento global pueden encararse solamente a través de una lucha política por la clase obrera internacional contra el anárquico y atrasado régimen capitalista. Sólo de esta manera se podrá reorganizar racional y científicamente la economía mundial y evitar una catástrofe ambiental. En resumen, la solución al cambio climático es el socialismo.

Detrás de la campaña de guerra de EE.UU. contra Corea del Norte

Peter Symonds//

La prueba norcoreana de un misil de corto alcance el lunes, la última de una serie de ensayos similares, ha provocado otra ronda de reclamos y advertencias de parte de Washington y sus aliados, mientras que Estados Unidos continúa amontonando sus fuerzas militares alrededor de la península coreana. El Cuerpo de Marines de EE.UU. anunció la semana pasada que estará enviando el portaviones USS Nimitz y su grupo de batalla a la región, elevando a tres el número de portaaviones capaces de dirigir su enorme poderío contra Corea del norte.

El presidente Trump respondió a la prueba con un tuit. Corea del Norte mostró una “gran falta de respeto” hacia su vecino China, que “intento con fuerza” convencer a Pyongyang para que cediera a las demandas de EE.UU. de abandonar su programa nuclear y de misiles. Washington ha puesto una enorme presión sobre Beijing, sobre todo con la amenaza de una guerra frente a sus puertas, para que utilice su influencia económica y frene a Pyongyang.

El domingo pasado, en el programa “Face the Nation” de CBS, el secretario de Defensa estadounidense, James Mattis, dejó claro que China tenía un tiempo limitado. Declaró que Corea del Norte representa “una amenaza directa para Estados Unidos” y añadió: “No tenemos que esperar hasta que tengan un misil balístico intercontinental con una ojiva nuclear puesta”. Mattis luego advirtió que cualquier guerra con Corea del Norte sería “catastrófica” e involucraría “probablemente el peor tipo de combate en la vida de la mayoría de las personas”.

La campaña de guerra contra Corea del Norte ha sido acompañada por una incesante campaña mediática para vilipendiar al régimen de Pyongyang y presentar su diminuto arsenal nuclear como una supuesta amenaza. Mattis ha indicado que cualquier intento de Corea Norte para utilizar un arma nuclear incitará una respuesta “eficaz y abrumadora” —es decir, una aniquilación con el enorme arsenal nuclear de Estados Unidos.

Como ha sucedido con los conflictos instigados por EE.UU. en Oriente Medio, las “armas de destrucción masiva” de Corea del Norte y sus violaciones a los derechos humanos se han convertido en pretexto conveniente para preparar una guerra contra un país pequeño, aislado y económicamente atrasado. Sin embargo, el imperialismo estadounidense tiene en mente objetivos económicos y geoestratégicos predatorios. Primordialmente, una guerra para destruir al régimen en Pyongyang tendría como objetivo debilitar y socavar a China, que siempre ha considerado a Corea del Norte como una importante barrera ante EEUU. y sus aliados en el noreste de Asia —Japón y Corea del Sur—.

Asimismo, las recrudecidas tensiones en la península coreana no son sólo un resultado del gobierno de Trump y sus pretensiones militares. Más bien, la actitud agresiva y amenazante de Trump hacia Corea del Norte se debe a la rápida acentuación de rivalidades geopolíticas en Asia y el resto del mundo, a raíz de una desintegración capitalista agravada por la crisis financiera mundial del 2008.

Desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, uno de los principales intereses estratégicos de EE.UU. ha sido evitar todo desafío económico o militar de parte de sus rivales y, en particular, prevenir que el continente euroasiática sea dominado uno o varios de sus competidores.

El exasesor de seguridad nacional estadounidense Zbigniew Brzezinski escribió este razonamiento en la revista Foreign Affairs en 1997: “La distribución de poder que se dé en la masa continental de Eurasia tendrá una importancia decisiva para la primacía global de EE.UU. y su legado histórico… En una Eurasia volátil, la tarea inmediata es asegurar que ningún Estado ni combinación de Estados sea capaz de expulsar a EE.UU. o siquiera disminuir su papel decisivo”.

Entre 1950 y 1953, EE.UU. libró una guerra criminal contra China en la península coreana, dejando a millones muertos para garantizarse para dominar el noreste de Asia. La actitud de Washington hacia Pyongyang, con quien nunca ha firmado un tratado de paz, ha sido una de continua hostilidad. Tras el colapso de la Unión Soviética, la estrategia estadounidense ha estado basada en buscar un cambio de régimen e incorporar a Corea del Norte a su esfera de influencia, a costa de China. Estados Unidos no ha cumplido con su parte de los acuerdos firmados en 1994 y 2007 con Corea del Norte, donde promete desnuclearizarse.

El mayor peligro de un ataque estadounidense contra Corea del Norte coincide con una guerra civil dentro del Estado y la élite política estadounidenses sobre cuestiones de política exterior. Las diferencias en disputa son, en realidad, tácticas: como parte de su campaña por dominar Eurasia, ¿debería Estados Unidos enfocarse primero en Rusia o China? La incesante lluvia de acusaciones contra el gobierno de Trump sobre presuntos vínculos con Rusia está siendo impulsada por sectores que se oponen a sus esfuerzos por reorientar la política exterior de EE.UU. contra Beijing, en lugar de Moscú.

La fuerte presión que está ejerciendo Washington sobre Beijing en relación con Corea del Norte es, en parte, una respuesta al cada vez más aparente fracaso del “pivote hacia Asia” del gobierno de Obama, cuyo fin era aislar y encercar militarmente a China. La orientación del presidente filipino, Rodrigo Duterte, de alejarse de Washington y estrechar sus relaciones con Beijing, es sólo el más evidente de otros realineamientos que están teniendo lugar en Asia e internacionalmente que buscan aprovechar las oportunidades económicas que ofrece China.

En Europa, EE.UU. también se enfrenta a importantes desafíos, más explícitamente de parte de Alemania. Después de la reunión del G7 el fin de semana pasado, la canciller alemana, Angela Merkel, declaró: “Nosotros, los europeos, verdaderamente necesitamos tomar nuestro destino en nuestras manos”, en lugar de depender de EE.UU. A principios de este mes, China lanzó formalmente su ambiciosa iniciativa “Un cinturón, una ruta” —el plan para una inversión masiva en carreteras, puertos, ductos, conexiones ferroviarias y enlaces de telecomunicaciones a lo largo de Eurasia, vinculando a China con Europa. Significativamente, Alemania y Reino Unido, los cuales han buscado impulsar sus relaciones económicas con China, enviaron una representación contundente a la reunión en Beijing.

Incapaz de mejorar las ofertas económicas de China, Estados Unidos está preparando su poderío militar para socavar a algún competidor potencial y alterar las relaciones de sus rivales con Beijing. Eta no es la primera vez que esto sucede. En el 2002, el presidente Bush desechó un acuerdo con Corea del Norte para desnuclearizarse y catalogó al país como parte de un “eje del mal”, junto con Irán e Irak. De esta manera, efectivamente saboteó la llamada “Política del Sol” (Sunshine Policy) de Corea del Sur, un plan para transformar a toda la península coreana, con el respaldo de China y las potencias europeas, en una ruta de transporte y oleoductos para unir a Europa con el este de Asia.

Quince años más tarde, los riesgos y la amenaza de una guerra son mucho mayores. Frente a una crisis política y tensiones sociales cada vez más agudas en el país, el gobierno de Trump está recurriendo a políticas más y más imprudentes para tratar de reafirmar la hegemonía de Estados Unidos. Ya sea en la península de Corea u otro punto álgido, como el mar de China Meridional, el imperialismo norteamericano se está viendo obligado a tomar medidas militares que amenazan con precipitar el mundo hacia una guerra catastrófica entre potencias nucleares.

 

Entrevista a Pierre Rousset: ¿A dónde va China?

por Francis Sitel//

En un momento en que Trump, nuevo presidente de EE UU, anuncia una ruptura con el libre comercio y un repliegue al unilateralismo nacionalista, en Davos, donde se reúne la cumbre del capitalismo globalizado, Xi Jinping se presentó como adalid del libre comercio. ¡Parece el mundo al revés! ¿Cómo valoras esta declaración, que rompe con todo lo que podíamos pensar que era China?

Pierre Rousset: Ruptura completa con la era maoísta, no cabe duda. Pero se inscribe dentro de la continuidad, claro que evolutiva, de las reformas de Deng Xiaoping desde que estas demostraron ser de naturaleza capitalista. En el plano simbólico, esta declaración de Davos es, en efecto, muy importante. Trump amenaza con un repliegue al unilateralismo, colocando en el alero instituciones de cooperación internacional que sirven de marco de negociación entre burguesías, así como de estructuras como la OTAN. Frente a él, Xi Jinping puede decir: “Si es así, estamos dispuestos a tomar el relevo…”. Un posicionamiento revelador de cómo China se proyecta a escala internacional, poniendo en entredicho la jerarquía y las relaciones de fuerza dentro del capitalismo existente.

También resulta interesante con respecto a Rusia. En el periodo reciente, este país ha sabido afirmarse con fuerza gracias a su capacidad militar (Crimea, Ucrania, Siria…). Sin embargo, Putin no puede permitirse hablar como Jinping. China ha desplegado, en el plano económico y financiero, una red internacional que le permite proponer, frente a unos EE UU que se retirarían o agravarían el conflicto con México, relevarlos y asumir sus inversiones. Se dedica asimismo a construir una red militar (refuerzo de su flota, acuerdos de defensa con diversos países, establecimiento de bases en el extranjero, sistema de vigilancia…), lo que todavía llevará mucho tiempo. De todos modos, esto confirma la talla internacional adquirida ya por China y su ambición de ser reconocida como potencia mundial de primera.

Es decir, ¿como la primera potencia mundial?

Es su ambición, pero del dicho al hecho hay un gran trecho. EE UU siguen siendo la única superpotencia. Sin embargo, en cierto modo esta posición privilegiada también es un hándicap. Su “zona de influencia” es el mundo entero, pero no tienen la capacidad de imponer por sí solos una pax americana mundial, y ningún otro imperialismo les ayuda de modo significativo a desempeñar este papel. Los ataques de Trump contra los europeos reflejan este problema: EE UU necesitan un imperialismo europeo, claro que subordinado, pero capaz de contribuir a la gestión del mundo. Y esto la Unión Europea es totalmente incapaz de hacerlo. No se ha constituido en una gran potencia, ni siquiera ha logrado construirse como un gran mercado regulado y se ve sumida en sus contradicciones. EE UU tienen motivos para considerar que no se les puede exigir que sigan pagando cuando a cambio no reciben nada.

Una superpotencia que ya no puede asumir plenamente su función de gendarme del mundo porque se enfrenta a conflictos demasiado numerosos, demasiado profundos, a una inestabilidad excesiva, se ve abocada a la parálisis. Lo que sucede en Asia Oriental refleja muy bien esta situación. Hace ya tiempo que Obama declaró que su política mundial pivotaba sobre la región Asia/Pacífico y que EE UU iban a operar su gran retorno al Pacífico. Pero nada de esto se ha concretado. EE UU siguen empantanados en Oriente Medio y no han contado con medios para actuar con rapidez en el mar de China. Es China quien ha tomado la iniciativa en el terreno económico y militar.

¿Cómo analizar lo que pone en entredicho, en Asia Oriental, la política actual de Pekín?

Podríamos comparar los procesos evolutivos de esta región con lo que representa Europa Oriental para los europeos. Los conflictos en esta zona bajo la influencia directa de China afectan a todos los países del sudeste asiático, Japón y EE UU. Este conjunto se subdivide en dos subzonas: la del mar de China Meridional y la del mar de China Oriental.

En el mar de China Meridional, la capacidad de iniciativa china ha cruzado un umbral cualitativo. Desde el punto de vista económico y diplomático se ha producido un aumento de la influencia china en un número importante de países: Birmania, Malasia, Filipinas tras la ruptura parcial de esta ex colonia estadounidense con la obediencia a EE UU… El capitalismo autoritario chino representa un modelo seductor a los ojos de muchas burguesías y aparatos militares de la región, incluida Tailandia.

En cambio, en el terreno militar las iniciativas chinas van en detrimento de estos mismos países. China ha construido un total de siete islas artificiales apoyadas en arrecifes e islotes, sobre las que ha instalado pistas de aterrizaje, bases de misiles tierra-aire y radares. Aunque no todas estas instalaciones estén funcionando todavía, la flota china navega en un entorno que se halla bajo control chino.

Pekín reivindica la soberanía sobre casi la totalidad del mar de China Meridional, invadiendo incluso zonas económicas exclusivas de los demás países ribereños, lo que provoca tensiones recurrentes, entre otros con el gobierno filipino. La hegemonía china choca con resistencias. Malasia y Singapur son centros económico-financieros muy importantes. Indonesia es un gigante demográfico. Pekín tendrá que transigir, pero no se retirará de la zona marítima en que se ha instalado. Es cierto que la 7ª flota estadounidense puede navegar en la zona y el tráfico marítimo internacional no está bloqueado (aunque China reclama del derecho a hacerlo). Sin embargo, si EE UU decide expulsar las tropas chinas del sistema insular creado, se generará un conflicto militar de gran envergadura.

Vietnam es actualmente el único país de la región que se enfrenta físicamente a China. Regularmente se producen choques entre navíos chinos y buques vietnamitas, en detrimento de estos últimos, vista la superioridad china. EE UU acaba de anular la última parte del embargo impuesto sobre Vietnam tras su derrota en la guerra indochina en 1975. Se trata del comercio de armamento, por lo que ahora los traficantes de armas pueden responder sin problemas a las demandas vietnamitas en la materia. Además, Washington está negociando el establecimiento de una base militar en Vietnam, sin duda en Danang, donde estuvo la gran base militar estadounidense durante la guerra de Indochina. ¡Gesto simbólico de completa inversión de la situación con respecto a este pasado! El problema es que Vietnam no controla los estrechos y se halla muy aislado de los demás países de la región. Para EE UU no es una gran baza, como lo era Filipinas (donde, dicho esto, los acuerdos de cooperación militar no han sido denunciados, pese al deterioro de las relaciones políticas).

En el noreste de Asia, la situación es más fluida y gira en torno a la crisis coreana. Allí, EE UU se esfuerzan por recuperar la iniciativa, para lo que no solo pueden apoyarse en sus propias bases militares, sino también en el ejército surcoreano y el japonés. Con el nombre de “fuerzas de autodefensa”, Tokio dispone de hecho de un ejército poderoso, reputado por su capacidad para librar en su entorno tanto una guerra submarina como aérea y de defensa antimisiles, gracias sobre todo a sus destructores y fragatas.

Por motivos políticos (como la propensión de la población al pacifismo), Tokio se contenta con participar, a escala internacional, en misiones de la ONU sin enviar unidades de combate (apoyo médico, ayuda a los refugiados, etc.) o en operaciones conjuntas contra la piratería. El país sigue estando estratégicamente subordinado a EE UU. Posee un portahelicópteros, pero no dispone de portaaviones ni de la bomba atómica y no puede desplegar submarinos estratégicos en los océanos. Sin embargo, Tokio está en condiciones de cambiar esta situación a corto plazo, con tal de amordazar la oposiciòn de la población a este rearme. Si comparamos Japón con Alemania, vemos que esta última está sometida a una presión creciente desde que el Reino Unido ha decidido salir de la Unión Europea, para que refuerce sus recursos militares, aunque también en este caso la opinión alemana se opone. En todo caso, se puede calcular que el camino hacia un ejército fuerte sería para Alemania, si decidiera emprenderlo, más largo que para Japón.

EE UU han retomado ahora la iniciativa en el noreste de Asia con miras a consolidar su posición, aprovechando con este fin la complejísima cuestión norcoreana. Por un lado, nadie controla al régimen de Corea del Norte. Pekín no puede propiciar su hundimiento por miedo a un caos considerable, pero tampoco desea que disponga de una capacidad nuclear independiente. Por otro lado, Corea del Sur apenas sale de una profunda crisis política tras la destitución de la presidenta Park Geun-hye, representante de la derecha dura en la línea del dictador que fue su padre. La política de Corea del Sur con respecto a Corea del Norte oscila entre la búsqueda de un entendimiento con vistas a la reunificación del país y la tentación del enfrentamiento. Mientras que el norte lanza sus misiles al mar de Japón, Corea del Sur prepara elecciones para el mes de mayo, en las que podría salir una nueva mayoria favorable a la moderación en las relaciones entre el sur y el norte.

¿Asistimos por tanto a un fuerte aumento de las tensiones militares en toda esta región asiática?

La cuestión nuclear se ha convertido en un problema central para la región. De creer a los principales medios de comunicación, la responsabilidad incumbe en exclusiva a la irracionalidad del dictador norcoreano. No cabe duda de que se trata de una dictadura burocrática y nepotista, pero la política de Kim Jong-un no es irracional. Su régimen se halla bajo amenaza permanente. Recordemos que las grandes maniobras aeronavales conjuntas entre EE UU, Japón y Corea del Sur simulan un desembarco en el norte. También nos dicen que se ha intentado “todo” con Pyongyang y que “todo” ha sido en vano. Esto es falso. Durante el mandato de Bill Clinton se firmaron acuerdos con Pyongyang que permitieron congelar el programa nuclear norcoreano. El gobierno de George Bush denunció estos acuerdos e incluyó al país en el “eje del mal”, política que mantuvo el gobierno de Obama. El poder norcoreano concluyó que únicamente el desarrollo de una capacidad nuclear podría garantizar su supervivencia en el plano internacional.

Ahora, EE UU han tomado la iniciativa de instalar una base de misiles antimisiles THAAD en Corea del Sur. Este sistema se presenta como un escudo frente a los misiles procedentes de Corea del Norte y disparados contra Japón, pero su radio de acción abarca lo esencial del territorio chino. Washington ha decidido acelerar el proceso de instalación de estas baterías antimisiles para que el sistema THAAD sea operativo antes de las elecciones surcoreanas. De este modo, la nueva mayoría no tendrá que pronunciarse sobre el establecimiento de dicha base, sino sobre su eventual desmantelamiento. ¡No es lo mismo! Esta política de hechos consumados revela la voluntad estadounidense de consolidar su hegemonía militar en la región. Esto afecta directamente a la relación de fuerzas militares entre EE UU y China.

Cabía considerar hasta ahora que para Pekín su condición oficial de potencia nuclear era suficiente, al margen del número de misiles disponibles. Su supremacía militar podía basarse entonces en su ejército regular. Por ejemplo, desde este punto de vista (ejército “clásico”), el ejército chino parece más poderoso que el ruso, por mucho que haya que tener en cuenta que las tropas chinas carecen del entrenamiento y de la experiencia del ejército ruso. No obstante, con el despliegue de un escudo antimisiles pasamos a otra dimensión: desbaratado el efecto de la disuasión militar, siendo ahora determinante el número de misiles disponibles. Si Rusia puede lanzar miles de misiles, de los que algunos atravesarán el escudo antimisiles estadounidense, este no es el caso de China. Este cambio relanza, por tanto, la carrera de armamentos, en este caso ¡de armas nucleares!

Asistimos aquí a un replanteamiento de las estrategias militares. En la época de Mao, China no se planteaba una despliegue exterior, sino que razonaba en función de una estrategia defensiva basada en el ejército de tierra. La China de hoy tiene necesidad de proyectarse hacia el exterior con el fin de asegurar sus rutas de transporte para los abastecimientos y las inversiones. El acceso a los océanos es para ella una cuestion vital. Por eso ha favorecido el desarrollo de su marina de guerra. Entre China y los oceános Índico y Pacífico existe un arco formado por penínsulas, islas y archipiélagos; además, en la península coreana, en Japón y Okinawa existen bases estadounidenses muy importantes, y la 7ª flota controla los estrechos.

Pekín desea garantizar a toda costa su acceso sin restricciones. La cuestión nuclear otorga a este conflicto una nueva dimensión. Pekín adoptó el año pasado la decisión de principio de redesplegar sus submarinos estrtatégicos en los océanos, para que no permanezcan atrapados en sus ubicaciones en el mar de China Meridional. Para ello necesita mejorar su tecnología, equiparlos con misiles nucleares de cabezas múltiples, resolver los difíciles problemas relativos a la cadena de mando… Esto, por tanto, no es cosa hecha, pero lo están encarrilando.

Desde el punto de vista militar, el mundo ha estado dominado durante mucho tiempo por la confrontación entre EE UU y Rusia. Ahora entra en liza China. Junto con Oriente Medio, Asia Oriental es una zona en vías de militarización creciente y acelerada. De modo más directo que en Oriente Medio, esta situación refleja la dinámica infernal de los conflictos entre potencias. Los movimientos progresistas de la región se movilizan para oponer a la concepción de la seguridad prevista por las potencias otra distinta, formulada desde el punto de vista de los pueblos; lo que incluye, en particular, la desmilitarización del mar de China.

Una China capitalista cuyo Estado está dirigido por un Partido Comunista. Un Partido Comunista de 88 millones de miembros, dirigido a su vez por un clan alrededor de Xi Jinping. ¿Cómo se sostiene este poder?

Cabe destacar varios factores. En China, la transición capitalista estuvo pilotada y no fue caótica como en Rusia. El Partido Comunista Chino (PCCh) había sido destruido en gran parte durante la Revolución Cultural, y bajo Deng Xiaoping fue reconstruido y modificado. En cuanto al ejército, es la única estructura que supo resistir a la Revolución Cultural. Este partido ha mantenido la unidad nacional, impidiendo que las fuerzas centrífugas se tornen destructivas. Es un hecho que reconoce la burguesía china expatriada, que vive en Taiwán y en EE UU, en Australia y otros lugares: dado que el PCC ha sabido evitar el caos, sería irresponsable querer desestabilizarlo.

Desde este punto de vista es espectacular cómo ha evolucionado la relación entre el Guomindang y el PCC. El primero representa a los restos del ejército contrarrevolucionario, que se instaló en Taiwán después de 1949 y estableció allí su dictadura, en perjuicio de la población local. Ambos son por tanto enemigos jurados. Sin embargo, con los años estos dos poderes, que integran –cada uno a su manera– burocracia y capitalismo, se han reconocido mutuamente y han colaborado. La población de Taiwán ha comprendido que este entendimiento condenaba su autonomía y que pondría en tela de juicio el proceso de democratización en curso. De ahí el movimiento de los Girasoles y la elección de una presidenta que, con toda la prudencia requerida, preconiza una vía independentista.

Esta situaciòn ilustra hasta qué punto la burguesía expatriada, que podríamos calificar de internacionalizada, no se sitúa en una lógica de revancha, sino, por el contrario, de entendemiento con el PCC. Con elementos de rivalidad, claro está, pero dentro de un marco controlado de común acuerdo.

Otro factor que cabe subrayar: entre la burguesía privada y la burguesía burocrática apenas hay diferencias parciales, no en vano gran parte de la primera está relacionada con la segunda por vínculos familiares. La ósmosis entre el capital privado y el capital burocrático se produce en el seno de la familia. Hay conflictos, como sucede en todas las familias, pero estos no desembocan en enfrentamientos.

Mientras tanto, Xi Jinping construye su poder con mucha brutalidad. Podemos decir que nunca –desde el proceso contra la “banda de los cuatro” en 1976– las luchas intestinas en el PCC habían alcanzado tal grado de violencia. Responsables de primera línea, de diferentes instituciones, del ejército, de grandes ciudades, son detenidos, encarcelados, algunos condenados a muerte. Xi Jinping está decidido a imponer a sus hombres y su control sobre el conjunto del partido. Claro que no siempre lo consigue y eso explica por qué en ocasiones se ve forzado a mantener a dirigentes que no son de su onda a la cabeza de regiones muy importantes. Si logra consolidar su dominio, será a costa de la acumulación de rencores y oposiciones. De ahí el endurecimiento del régimen, que ha metido en prisión a figuras del feminismo chino, que realmente no suponian una amenaza para el poder. Pero se trataba de enviar un mensaje a los potenciales contestatarios. Lo mismo ocurre con la detención y las torturas aplicadas a directivos de editoriales de Hong Kong. En este caso, el mensaje está destinado a calmar eventuales ardores irredentistas.

Por tanto, hay que tener en cuenta, por un lado, el éxito de la política económica e internacional, y por otro la dura represión en el partido, en su entorno y en la sociedad. Ello no quita que el tiempo en que los dirigentes proponían un gran proyecto para el país ha pasado a la historia. Muchos “hijos de” invierten sus capitales en el extranjero, o compran mansiones reservadas a los chinos ricos en la costa pacífica de Canadá, incluso adquieren una nacionalidad extranjera… Puesto que la corrupción campa a sus anchas en toda la sociedad, cunde el “sálvese quien pueda” e impera el cinismo, el de la globalización capitalista y la especulación financiera. Hay que decir que por el momento el edificio se mantiene en pie. No cabe duda de que el futuro traerá grandes cambios, aunque hoy por hoy el poder chino, y no solo los capitales, es capaz de actuar en el mundo entero, con un proyecto y con notables recursos.

¿No conoce la sociedad china múltiples tensiones sociales?

No pretendo tener una visión completa de todo lo que ocurre en China, pero al menos digamos que China es un país capitalista, que por consiguiente conoce y conocerá crisis, como todo país capitalista, esto está más claro que el agua. Otro elemento indudable es la sobreproducción. El Estado mantiene la actividad en empresas públicas por razones políticas y sociales, a fin de evitar una crisis social, de no perjudicar a un clan… Esto provoca que haya enormes capacidades de sobreproducción. Y burbujas de endeudamiento de estas empresas y en el sector inmobiliario, que pueden estallar en cualquier momento, sin que sea posible formular un pronóstico preciso.

Hasta ahora, las importantes reservas de divisas han permitido aplicar internamente medidas anticrisis. China necesita disponer de tierras cultivables, de minerales y petróleo, de puertos, con las consecuencias que esto conlleva en el terreno de los medios militares, lo que de acuerdo con la lógica de todo imperialismo en su fase de expansión conduce a exportar capitales para llevar a cabo estas inversiones indispensables.

Otro factor que se observa a gran escala, en África, es que para los contratos de obras de gran envergadura se exporta cemento, acero, trabajadores, de manera que estos mercados exteriores dan salida a la sobreproducción interior. Todo esto no está exento de riesgos. Los contratos en África están garantizados por bancos chinos, pero si un gobierno se niega a pagar sus deudas, no le resultará difícil suscitar revueltas antichinas. Estos riesgos políticos existen.

¿Y en lo que respecta más en particular a las movilizaciones obreras?

Durante un primer periodo, el poder utilizó el éxodo rural para crear un subproletariado, particularmente en las zonas francas. Hay que recordar la cuestión del permiso de residencia, cuya existencia se remonta a muchos años atrás. Bajo Mao, fue un instrumento para evitar el éxodo rural hacia las ciudades del litoral. Bajo Deng Xiaoping, unos 250 millones de campesinos y campesinas pasaron a ser migrantes indocumentados en su propio país: sin permiso de residencia, no tienen derecho a estar allí, no tienen derecho a la vivienda, ni a los servicios sociales, los niños no tienen derecho a la escolarización (son únicamente asociaciones de voluntarios las que aseguran la escolarización de estos niños). Una situación muy característica de la acumulación primitiva de capital.

Estos migrantes rurales se consideraban temporales y su idea era regresar un día a la aldea. La segunda generación comenzó a organizarse y a luchar, mientras que al mismo tiempo menguaba el ejército de reserva, lo que explica las victorias obtenidas y los aumentos salariales. Una situación sin duda muy diversa según las empresas, pero es indiscutible que ha habido un aumento real del nivel medio de los salarios. Esto lo corrobora el hecho de que ciertos capitales han abandonado el país para reinvertirse en otros países de nivel salarial más bajo.

En una tercera fase se han sistematizado las luchas. Por lo general son luchas duras, temporales, que a menudo finalizan con victorias. En su mayoría son de carácter local, contra la construcción de presas, por ejemplo. El número de locales públicos incendiados cada año es impresionante. El esquema clásico es que la autoridad local comprende que el descontento requiere alguna concesión: se sanciona a los cabecillas y se satisface una parte de las reivindicaciones. Por tanto, hay luchas, pero lo que está estrictamente prohibido es la organización duradera y la que abarque varias localidades.

Así, el movimiento choca con una doble imposibilidad. La primera es que los sindicatos oficiales (existe una única confederación sindical legal) se conviertan en instrumentos en manos de los trabajadores. Son la correa de transmisión del poder hacia los trabajadores, actualmente del poder y de la patronal. La segunda es la de crear sindicatos autónomos. Todo intento en este sentido desencadena una represión inmediata.

Hay una lucha destacada que ha roto con esta regla. ¿Es una fenómeno excepcional o anuncia un cambio? Habrá que verlo… Se trata de la lucha de Walmart. Walmart es una multinacional estadounidense especializada en la gran distribución. En 2013 pasó a ser la empresa más grande del mundo en términos de volumen de negocio. Un gigante, por tanto, que cuenta en China con 419 almacenes y 20 centros de distribución y emplea a más de 100 000 trabajadores (cifras de 2015). Esta empresa es internacionalmente conocida por los bajísimos salarios que paga y por su antisindicalismo. La lucha del personal de Walmart se organizó a partir de una página web, lo que permitió poner en marcha una movilización simultánea en cuatro almacenes, con recaudacion de fondos para pagar a abogados y ayudar a los huelguistas. Esta lucha sigue su curso.

Esto ha sido posible gracias a una circunstancia muy especial. Pekín quiso presionar a la empresa, y por eso autorizó la elección de estructuras sindicales de base. Salieron elegidos sindicalistas combativos. Después se llegó a un acuerdo entre el régimen y la direccion de Walmart, abriéndose el acceso a las “secciones sindicales” incluso a los mandos intermedios. De este modo, nada menos que el director de recursos humanos se puso a la cabeza del sindicato de empresa. Sin embargo, se había formado una generación combativa, que decidió proseguir con la lucha.

Otro factor es que esta multinacional es a su vez bastante peculiar: los sindicatos están prohibidos en todos sus centros y se organiza un culto en torno a la personalidad de su fundador. Se trata de crear una “conciencia Walmart”. “¡Soy Walmart!” Esto se ha vuelto en contra de la dirección cuando esta quiso imponer a todo el personal la flexibilidad total. Esta está autorizada en China, aunque solo en determinados casos. Las autoridades decidieron que Walmart no entraba dentro de esos supuestos. Este fue el elemento que desencadenó la movilización de los trabajadores.

Es esta una cuestión que se repite, a saber, que el posible estallido de luchas está relacionado con conflictos entre un aparato y otro poder, o entre fracciones de un mismo aparato. Esta no ha sido la primera gran lucha, pero las demás han sido siempre de caracter local, pese a que en ocasiones tenían lugar en nombre de los intereses del proletariado chino: en China existe cierta forma de identidad de clase, heredada de la revolución y de la época maoísta. Es interesante observar que muchos movimientos de solidaridad democrática en el plano internacional defienden expresamente los derechos de los trabajadores.

A menudo se escuchan reacciones a los problemas ecológicos y a los temores derivados del envejecimiento demográfico…

Muchas luchas giran en torno a cuestiones ecológicas, contra la construcción de presas que engullen aldeas, contra la polución, que se ha convertido en un problema importante debido a su gravedad… Esta dimensión está muy presente en numerosos conflictos locales, pero parece que no necesariamente se la percibe como un asunto de naturaleza ecológica. No tengo la impresión de que exista en China un movimiento ecologista que se conciba como tal, aunque puedo equivocarme.

En lo que respecta a la demografía, en la época de Mao se desarrolló una política natalista. La política del hijo único no se impuso hasta más tarde. Las estadísticas están en parte falseadas, en la medida en que numerosos niños no están declarados. Sin embargo, el desequilibrio entre niñas y niños se ha agravado (con el aborto selectivo de niñas para que el hijo único sea un niño), lo que ha dado lugar en ciertas regiones a secuestros y ventas de mujeres. Ahora, esta política de hijo único se ha ido abandonando paso a paso, sin que esto haya provocado un fuerte aumento del número de nacimientos. La natalidad se ha estabilizado en un nivel bajo. Por tanto, no asistiremos a un rejuvenecimiento de la población, sino, por el contrario, a un aumento relativo del número de personas mayores. Y eso sin que se hayan mantenido las estructuras colectivas que existían en tiempos de Mao. La vejez se ve por tanto condenada a la soledad o a depender de la familia.

 

El Washington Post y el New York Times urgen a suspender los llamados de impugnación contra Trump

por Patrick Martin//

El domingo pasado, los diarios estadounidenses New York Times y Washington Post publicaron editoriales simultáneos haciendo un llamado a la precaución en relación con la campaña anti-Trump que ellos mismos han encabezado a través de acusaciones sobre conexiones nefastas entre la campaña electoral del presidente estadounidense y el gobierno ruso.

El editorial del Times, titulado “¿Watergate? Todavía no estamos ahí”, compara la crisis del gobierno de Trump y el escándalo que hizo caer al presidente Richard Nixon hace 43 años para plantear que un juicio político o una dimisión forzada no son aún apropiadas.

Después de atacar reiteradamente a Trump, presentándolo como un títere del presidente ruso, Vladimir Putin, y como una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU., incluyendo en un editorial publicado la semana pasada con comparaciones a Watergate, el Times ahora les aconseja a los demócratas proceder con cautela y evitar esta “distracción”. Aconseja, en cambio, aprovechar las investigaciones oficiales sobre la presunta colusión entre la campaña de Trump y Rusia, junto con la continua caída en los índices de aprobación del mandatario, para “recuperar una mayoría el año que viene en al menos una cámara del Congreso”, durante las elecciones legislativas del 2018.

Asimismo, el editorial del Washington Post indica que la campaña contra Trump “tomará tiempo”, mientras que el recién nombrado fiscal especial, Robert Mueller, un exdirector del FBI, y las distintas comisiones del Senado y la Cámara de Representantes puedan investigar la presunta intervención rusa en las elecciones presidenciales del año pasado.

El editorial del Post, bajo el título “Es tiempo de por fin enfocarnos en el país”, les pide a los demócratas que “hablen de algo que no sea un proceso de impugnación en las próximas semanas” y a los republicanos que “enfrenten la tarea a la que hasta ahora han fracasado: gobernar responsablemente”.

El Post fue un tanto más explícito sobre las políticas sociales y de clase que subyacen la campaña sobre las supuestas conexiones entre Trump y Rusia. Exige que se le preste atención a reducir “la incertidumbre de las compañías de seguros, en las que se basa todo el sistema”. En otras palabras, los dos grandes partidos de la burguesía tienen que controlar sus ataques mutuos a fin de continuar imponiendo las medidas corporativistas de austeridad al servicio de la élite financiera.

De esta manera, añade el diario, el Congreso tiene que “aprobar un nuevo presupuesto y elevar el tope de endeudamiento”. Además, está la “reforma fiscal” —las enormes reducciones de impuestos para los ricos y las corporaciones— y asegurarse de que todas estas acciones “no resulten en mayores déficits”. En otras palabras, los recortes impositivos para los ricos tienen que ser aplicados a costa de los programas sociales que van dirigidos a la clase trabajadora.

Por último, el editorial menciona cierta preocupación acerca de la política exterior de Trump hacia Corea del Norte, Siria, Estado Islámico, Irán, Rusia y “otras potencias hostiles”.

Ninguno de los dos periódicos intenta hacer que encaje la intensidad de sus ataques contra la Casa Blanca de, especialmente, las últimas dos semanas con estas declaraciones sobre ser cautos y esperar un momento más oportuno.

La situación actual podría cambiar rápidamente, pero los editoriales del Timesy el Post reflejan una repliegue más general de parte de la prensa y la élite política, quienes han puesto parcialmente de lado sus referencias a Watergate y llamados a una destitución inmediata. En los últimos días, algunos congresistas como Adam Schiff, el demócrata de alto rango del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, y Elijah Cummings, la demócrata de alto rango del Comité de Supervisión y Reforma del Gobierno de la misma cámara, han señalado que hablar sobre un proceso de impugnación contra el presidente es algo prematuro.

Estos desarrollos subrayan que la oposición a Trump que proviene de la élite política y el Estado no entraña ningún contenido democrático ni progresista. Ni el Partido Demócrata ni la prensa se preocupan por el hecho de que el gobierno esté conformado por un presidente de mentalidad fascista y un gabinete lleno de ejecutivos de corporaciones y generales decididos a librar guerras, desmantelar los programas sociales y llevar a cabo una redistribución histórica de la riqueza a favor de los ricos. Cuando se trata de estas cuestiones, hay mucho más que une a la clase gobernante de lo que la divide.

Entonces, ¿cuáles consideraciones son las que están detrás de este llamado a la precaución en cuanto a destituir a Trump?

En primer lugar, la principal preocupación de sus opositores en la élite gobernante desde su inauguración ha sido obligarlo a cambiar su política exterior. Trump estaba destinado a no calzar con la agenda de las facciones dominantes de las cúpulas militares y de inteligencia con respecto a Siria, la alianza de la OTAN y, sobre todo, la campaña de agresión contra Rusia.

El presidente ya intentó aplacar estas inquietudes a través de un ataque de misiles contra Siria y otro bombardeo la semana pasada contra una milicia pro-Asad, además de la aprobación de un plan oficial del Pentágono que incluye una escalada militar en Siria, Irak y el norte de África.

Hay quienes están preocupados con que una crisis política perpetua en el núcleo del Estado y un proceso de impugnación prolongado amenacen con dañar el prestigio internacional de Estados Unidos y los intereses globales del imperialismo norteamericano.

En segundo lugar, el Post expresa la inquietud de que, a raíz de la crisis de destitución, tenga un tropiezo el programa de recortes fiscales, desregulación y ataques contra los programas sociales de la actual administración. Wall Street ya ha estado especulando sobre estas políticas y hará que las aprueben. Este fue precisamente el mensaje enviado por los mercados bursátiles la semana pasada, cuando realizaron una venta masiva de acciones. El impacto fue inmediato. Ese mismo día se anunció la designación del fiscal general para traer la disputa entre facciones bajo control.

En tercer lugar, existe el temor de que una gran crisis constitucional y fratricida dentro de la clase gobernante pueda dar paso a una intervención independiente de la clase obrera. En el trasfondo de una desafección total hacia los partidos políticos, de ira social y un desprestigio generalizado de todas las instituciones oficiales, tal desestabilización del sistema político tendría implicaciones potencialmente revolucionarias.

El nombramiento de Mueller, quien dirigió el FBI por doce años bajo Bush y Obama, pone al gobierno de Trump efectivamente bajo la administración judicial de las agencias de inteligencia y bajo la constante amenaza de que cualquier paso en falso signifique enfrentar cargos penales. Las referencias a la formación de un régimen vigilante han comenzado a aparecer en la prensa. En una columna de opinión en el Post, Dana Milbank celebra la campaña antirrusa como si fuese una heroica hazaña periodística, reconociendo que fue posible gracias a las revelaciones sistemáticas del aparato militar y de inteligencia. El artículo concluye con la descripción de Mueller como “un regente, por así decirlo, para proteger de futuros abusos”.

Todo esto pone de relieve el carácter absolutamente reaccionario de ambas facciones de la clase gobernante, independientemente de los giros que pueda tomar la crisis en los próximos días y semanas. Demuestra además el callejón sin salida político que constituye subordinar la lucha contra el gobierno de Trump a los demócratas, cuya oposición al presidente es de un carácter totalmente diferente y hostil a los intereses y preocupaciones de los millones de trabajadores, quienes tienen que intervenir con una perspectiva y un programa propios y socialistas.

 

Alarma de guerra: Trump convoca a todo el Senado a la Casa Blanca

por Andre Damon//

En una decisión sin precedentes en la historia de Estados Unidos, el presidente Donald Trump convocó a todos los miembros del Senado a la Casa Blanca para una reunión a puerta cerrada sobre una posible acción militar contra Corea del Norte. El evento es un evidente abandono de las normas constitucionales tradicionales que entraña consecuencias ominosas.

No es inusual que los miembros del ejecutivo, incluyendo los militares y agentes de inteligencia, les den informes a los miembros del Congreso tras bastidores. Pero, la doctrina constitucional de la separación de poderes entre las tres ramas coiguales del gobierno, la ejecutiva, la legislativa y la judicial, dicta que el poder ejecutivo debe presentarse ante los representantes electos del pueblo y no al revés.

Cuando el presidente Franklin D. Roosevelt solicitó una declaración de guerra contra Japón el 8 de diciembre de 1941, se pronunció ante el Congreso, el cual declaró guerra el mismo día. Este miércoles, 76 años después, es el Senado el que llegó a la Casa Blanca para recibir un informe de parte de los mandos militares sobre planes de guerra que procederán con o sin su autorización.

La sesión tuvo lugar en el auditorio del Edificio Eisenhower, adyacente a la Casa Blanca, que temporalmente se convirtió en “un centro de información confidencial compartimentada”. Los senadores no pudieron llevar sus teléfonos ni personal.

Se presentaron militares de alto rango y funcionarios de inteligencia, entre ellos el secretario de Defensa, el exgeneral de cuatro estrellas James Mattis; el general Joseph Dunford, el titular del Comité de Jefes del Estado; y el director de Inteligencia Nacional, Dan Coats. También estuvo presente el secretario de Estado, Rex Tillerson, ex-CEO de ExxonMobil.

En cuanto a la presencia de Donald Trump, el Washington Post escribió el lunes: “Los funcionarios del Congreso sugieren que la proximidad de la reunión a Trump le facilita ‘pasar’ por ahí y tal vez hacerse cargo de la sesión informativa”.

Al haber citado al Senado a la Casa Blanca, Trump ha vestido su gobierno con incluso otra práctica asociada con el autoritarismo y la dictadura. Durante su ceremonia de investidura, varios funcionarios de la Casa Blanca solicitaron tanques y otros vehículos armados para el desfile en Washington. Después, mientras daba su discurso inaugural, un grupo de soldados se alineó detrás del recién juramentado presidente, a plena vista de la cámara principal, antes de que aparentemente se les ordenara dispersarse. Hasta el momento, no se ha dado ninguna explicación oficial sobre dicha intromisión tan extraordinaria y sin precedentes de militares en la toma de posesión de un presidente.

Sobre todo, la reunión simboliza el poder que han alcanzado los militares sobre todo el Estado en su conjunto. Este es el resultado de más de un cuarto de siglo de guerras interminables, un proceso emparejado con el aumento en el poder e influencia política del ejército. Hoy día, una camarilla de conspiradores de la clase gobernante y los mandos militares está a cargo de decisiones cuyas consecuencias son del máximo alcance, incluyendo acciones militares que podrían desencadenar una guerra mundial.

Ni siquiera se pretende que haya una discusión pública ni que se reivindique el control y supervisión del Congreso. El llamado “Estado profundo” opera detrás de las espaldas de la población y con un desprecio total hacia los sentimientos antibélicos de la clase obrera y la juventud.

La reunión con el Senado se dio en medio de un recrudecimiento de las tensiones militares en el Pacífico, particularmente en Corea del Norte. La Casa Blanca ha amenazado por varias semanas llevar a cabo un ataque preventivo contra el empobrecido país, presuntamente para impedir la construcción de misiles nucleares capaces de llegar a EE.UU. La facultad de tomar decisiones de suma importancia —como el lanzamiento sobre Afganistán de la bomba llamada Munición de Explosión Aérea Masiva (MOAB; Massive Ordnance Air Blast ) a principios de este mes— ha sido transferida a los oficiales del ejército.

No hay ninguna “facción propaz” dentro de la élite gobernante. La política exterior agresiva y beligerante del gobierno de Trump ha sido plenamente acogida tanto por los demócratas como los republicanos. Más allá, durante los primeros dos meses del actual gobierno, los demócratas encabezaron una campaña histérica para retratar a Trump como un “títere” de Moscú. Pero cuando Trump decidió atacar con misiles de crucero a Siria, un aliado de Rusia, lo aclamaron universalmente, y los demócratas exigieron operaciones de cambio de régimen aun más agresivas.

Ni un solo senador ha expresado oposición a dicha reunión a puerta cerrada en la Casa Blanca, ni mucho menos anunció que no asistiría

Las guerras interminables y los niveles extremos de desigualdad social han socavado a un punto fatal todas las formas de democracia burguesa en Estados Unidos. El gobierno de Trump, con su explícito odio hacia los derechos democráticos y sus métodos autoritarios, materializa las décadas de descomposición de la democracia estadounidense. El mismo Congreso está compuesto por títeres pudientes y corruptos de los intereses corporativos y del aparato militar y de inteligencia, y eso va para ambos partidos.

La prensa, por su parte, sirve como instrumento de propaganda del Estado. Cualquier desconformidad es denunciada como “noticias falsas” y “una guerra de información” proveniente de enemigos en el extranjero.

La idea de que el Congreso tiene la responsabilidad de ejercer control sobre los poderes militares y la guerra ha desaparecido. Desde la Guerra de Corea de 1950, los presidentes estadounidenses han llevado a cabo decenas de intervenciones militares sin declaraciones de guerra del Congreso, estipuladas por la Constitución.

La Ley de Poderes de Guerra de 1973, la cual declara como obligatoria la autorización del Congreso para cualquier acción militar que dure más de sesenta días, ha sido violada una y otra vez en la práctica. El gobierno de Obama lo hizo en su guerra aérea del 2011 contra Libia.

La reunión en la Casa Blanca no es ningún ejercicio de supervisión por parte del Congreso, sino una sesión de representantes políticos de la clase gobernante para recibir órdenes de parte de los mandos militares. Es un síntoma del colapso de todas las formas democráticas de gobierno y de la marcha cada vez más agresiva hacia la dictadura.

 

(Fotografía: tropas norteamericanas desplegadas en Corea del Sur)

 

Cumbre del FMI refleja proximidad a una guerra comercial a nivel global

por Nick Beams//

En otro paso hacia el estallido de una guerra comercial a nivel global, el Fondo Monetario Internacional se convirtió este fin de semana en la segunda organización económica global en descartar su compromiso a “resistirse a todas las formas de proteccionismo”.

Ante el trasfondo de la decisión en marzo de los ministros de finanzas del G20 de retirar dicha promesa de su comunicado, el FMI adoptó el mismo curso de acción en sus Reuniones de Primavera en Washington. En ambos casos, abandonaron su postura oficial de “libre comercio” debido a la presión del gobierno de Trump, en consonancia con el programa de “EE.UU. ante todo” de la Casa Blanca.
Cambiando su tradicional postura, la declaración emitida por el Comité Monetario y Financiero Internacional de la institución (CMFI) ahora procura “promover la igualdad de condiciones en el comercio internacional”.
El actual presidente del CMFI, Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, buscó restarle importancia a la decisión, sugiriendo que la redacción previa fue sacada porque “el uso de la palabra proteccionismo es muy ambiguo”.
En realidad, la omisión del rechazo al proteccionismo es una inconfundible expresión del aumento en las tensiones comerciales, impulsadas sobre todo por la administración de Trump.
Estos conflictos no pudieron mantenerse bajo la superficie. En su declaración ante el CMFI, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, dijo que Alemania “se compromete a mantener la economía mundial abierta, resistirse al proteccionismo y mantener en marcha toda cooperación económica y financiera global”.
Esta declaración se contrapuso a la del secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, quien dijo que EE.UU. “promovería una expansión del comercio con aquellos socios comprometidos a una competencia basada en el mercado, mientras nos defendemos más rigurosamente ante prácticas comerciales desleales”.
Su intervención iba dirigida en particular a los dos países con el mayor superávit comercial con EE.UU. —China y Alemania—. Washington no reconoce a la economía china como de mercado, mientras que miembros del gabinete de Trump han acusado a Alemania de aprovechar ventajas injustas ya que el valor del euro es menor a lo que valdría su antigua moneda, el marco alemán.
Sin nombrar directamente a Alemania, la cual registró un excedente comercial récord el año pasado, Mnuchin dijo que “los países con grandes superávits externos y finanzas públicas firmes tienen una responsabilidad particular de contribuir a una economía mundial más robusta”.
La decisión del FMI de doblegarse ante la presión de EE.UU. tuvo lugar pocos días después de que el gobierno de Trump anunciara la intención de imponer extensas restricciones a las importaciones de acero que tendrían consecuencias de gran alcance para el mercado global de este producto.
Invocando una ley empolvada de 1962, Trump firmó una orden ejecutiva para investigar el impacto de las importaciones de acero en la seguridad nacional del país. Tras aclamar que el decreto marca “un día histórico para EE.UU.”, indicó que el acero es “fundamental para ambas, nuestra economía y las fuerzas militares”, y que no se trata de “un ámbito en el que podemos permitirnos depender de países extranjeros”.
Dicho enfoque en la “seguridad nacional” constata la clara agenda militarista del nuevo gobierno. Sin embargo, esta legislación es parte de una estrategia más amplia que fue detallada ante el Congreso por el secretario de Comercio, Wilbur Ross, y el titular del Consejo Nacional de Comercio creado por Trump, Peter Navarro.
El objetivo es utilizar leyes ya establecidas en EE.UU. para eludir las reglas de la Organización Mundial del Comercio, permitiéndole así imponer medidas proteccionistas con impunidad. Cabe notar que, en su informe, Ross y Navarro invocan la infame Ley Smoot-Hawley de 1930, considerada ampliamente como la responsable de desencadenar los conflictos comerciales de los años treinta que contribuyeron al estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Comentando sobre esta última iniciativa de Trump en el diario Financial Times, Chad Brown, investigador del Instituto Peterson y un exconsejero del presidente Obama, dijo que recurrir a cuestiones de “seguridad nacional” para justificar restricciones a las importaciones de acero equivale a una “opción nuclear” en el comercio.
“Esta es otra evidencia más de la tendencia preocupante que Trump parece estar rebuscando cada rincón e investigando cada herramienta disponible bajo las leyes estadounidenses para detener el comercio”, dijo.
En los últimos años, EE.UU. ha impuesto 152 casos de antidumping contra el acero y 25 otros casos contra tubos de acero. Esta última iniciativa representa una escalada importante. Según el secretario de Comercio, el sistema actual es muy “poroso” y sólo permite quejas muy limitadas contra países determinados, que pueden evadir las regulaciones fácilmente.
Las nuevas medidas pretenden lograr una “solución más completa en una amplia gama de productos de acero y de países,” que podría “posiblemente llevar a una recomendación para medidas en todas las importaciones de acero”.
Esto generaría caos en los mercados internacionales ya que los exportadores de acero buscarían verter sus productos en otros mercados, resultando en acusaciones de dumping y la imposición de mayores aranceles y otras barreras —en efecto, una guerra comercial a gran escala—.
Dos fuerzas fundamentales están detrás de las acciones del gobierno estadounidense. En primer lugar, el constante declive económico de EE.UU., que intenta superar por medios políticos y militares, se ha acelerado a raíz de la crisis financiera del 2008, la posterior reducción en el crecimiento económico mundial y la contracción de los mercados mundiales.
En segundo lugar, el gobierno de Trump busca contener y encauzar las crecientes tensiones sociales causadas por los bajos salarios y las cada vez más profundas dificultades económicas a lo largo de posturas económicas nacionalistas y reaccionarias. En este sentido, Trump cuenta con el pleno respaldo de la burocracia sindical, cuyos principales líderes literalmente posaron con Trump mientras firmaba su decreto sobre el acero. Al mismo tiempo, los nacionalistas económicos del Partido Demócrata también le han dado su apoyo, más prominentemente por el autodenominado “socialista”, Bernie Sanders.
La lógica inherente y objetiva de estos procesos es la de una guerra económica y militar, a la que los políticos capitalistas no pueden ofrecer ninguna alternativa progresista, como lo demostró la impotencia del FMI ante lo que ha reconocido históricamente como el gran peligro del proteccionismo. Esto se debe al hecho que el auge en marcha del nacionalismo económico y el proteccionismo está arraigado en el sistema socioeconómico de lucro privado y la división del mundo en Estados-nación rivales.
Hace cien años, el mundo estaba sumido en la carnicería de la Primera Guerra Mundial. Esta no fue “la guerra para acabar con todas las guerras”, sino el comienzo de una lucha de más de tres décadas para definir cuál potencia imperialista alcanzaría la hegemonía global. Después de decenas de millones de muertes y horrores incalculables, incluyendo el Holocausto y el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre Japón, EE.UU. emergió con el papel dominante.
En la actualidad, el mundo se está enfrentando a las consecuencias aun más explosivas del declive económico de Estados Unidos.
Pero este año también marca el centenario del evento más importante del siglo XX, la Revolución Rusa y la toma del poder por parte de la clase obrera, liderada por Lenin, Trotsky y el Partido Bolchevique con base en el programa de la revolución socialista mundial. Esta debe ser la perspectiva que guie a la clase obrera internacional hacia adelante en las luchas que enfrenta ahora directamente.

Debate sobre Cuba: mi respuesta a Beatriz Sánchez

 

Por Margarita Labarca Goddard//

Mire señora Sánchez –ya no la puedo llamar compañera- le voy a contestar lo que usted ha dicho sobre Fidel Castro, pero la respuesta tendrá que ser larga porque el tema lo es.
Pues usted, con mucho desparpajo, se permite hacer afirmaciones en las que descalifica al comandante Fidel Castro, sin tener idea de lo que está diciendo.

Parece evidente que usted se basa en la información de El Mercurio y otra prensa afín, ya que en Chile casi no hay prensa independiente. Pero eso no la exime de responsabilidad, porque uno puede informarse de muchas maneras, si quiere.

Me parece extraño que usted, que se las da de persona modesta e inexperta políticamente, se meta con Cuba y con Fidel con tanta falta de respeto.

Le diré que yo he vivido seis años asilada en Cuba con mi familia y conozco bastante bien la situación que prevalece allá, porque además me he preocupado de leer al respecto. Creo que usted no lo ha hecho y se permite insultar la memoria de uno de los hombres más ilustres de América.

Así no se va a ganar a los momios y en cambio va a perder a la poca gente de izquierda honesta que habría podido apoyarla. Lo que espero es que su postura sea a nivel individual y no la del Frente Amplio.

Bueno, voy a comenzar a contestarle.

1. Dice usted que Fidel Castro “resolvió” quedarse para siempre y se negó a las elecciones. El que resolvió que Fidel se quedara fue el pueblo de Cuba, que lo respetaba y amaba profundamente y con razón. Pero el hecho es que en Cuba se hacen elecciones periódicas, bastante más democráticas que en Chile y que en Estados Unidos.

Al respecto escribí un artículo en el número 867 de la revista Punto Final, de 23 de diciembre 2016, que le recomiendo leer. Lo encontrará en internet. No puedo reproducirlo aquí por lo largo que saldría esto, pero le voy a copiar algunos párrafos: “Trump quiere que Cuba avance en la democracia. Lo que más le interesa son las elecciones, y pone como ejemplo las de EE.UU., en que el que pierde, gana.

El señor Trump también quiere que en Cuba haya “prensa libre”. Por ejemplo, como en Chile, en que El Mercurio y Copesa reciben los avisos del gobierno, y la prensa de oposición nada”.
Bravo, doña Beatriz, veo que usted coincide en mucho con Trump.

También en ese artículo expliqué que en Cuba se ha establecido un sistema electoral cada vez más democrático. Primero se eligen las asambleas municipales del Poder Popular, en cuya elección votan todos los mayores de 16 años que vivan en un distrito, que es un territorio pequeño en que todos o casi todos prácticamente se conocen.

Los asistentes son gente sencilla, que se preocupa especialmente de los méritos laborales de los candidatos y de que éstos puedan plantear y defender los intereses del sector que los elige. He visto esas asambleas porque me invitaron.

No se hacen campañas electorales. En la propia asamblea, la persona que propone a un candidato tiene que dar sus razones. Si alguien no está de acuerdo o quiere oponerse, lo hace. Cada elector puede expresar su criterio en favor o en contra del compañero(a) propuesto(a).

El Partido Comunista Cubano no presenta candidatos. Los órganos representativos del poder del Estado son renovables; los elegidos tienen que rendir cuenta de su actuación y pueden ser revocados en cualquier momento de su mandato. Vota casi todo el mundo, hay muy poca abstención.

Los diputados y delegados no son profesionales, por tanto no cobran salario.
Deben seguir desempeñando su trabajo habitual, paralelamente con el cargo de delegado o diputado. La iniciativa legislativa la puede ejercer mucha gente, como las organizaciones sindicales, estudiantiles, de mujeres, organizaciones sociales en general, y los propios ciudadanos. En este último caso se requiere que ejerciten la iniciativa legislativa diez mil ciudadanos como mínimo.

Para la elección de los delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular o de los diputados a la Asamblea Nacional, existen las comisiones de candidaturas, que se encargan de organizar el proceso y de remitir a las asambleas municipales las propuestas de unas y otras e, igualmente, organizan la elección de la Asamblea Nacional.

Estas comisiones de candidaturas están integradas por lo más granado de las organizaciones sociales del pueblo cubano: representantes de la Central de Trabajadores de Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, y la Federación Estudiantil Universitaria.
Es como si en Chile, en lugar del Servel, las elecciones las organizaran y las supervisaran la CUT, la Anef, la Fech, la Federación de Estudiantes Secundarios, y otras.

La Asamblea Nacional del Poder Popular, que es el máximo órgano de poder, elije, de entre sus diputados, el Consejo de Estado y el presidente del mismo. El presidente del Consejo de Estado es jefe de Estado y jefe de Gobierno. El jefe del Gobierno cubano primero tiene que haber sido elegido diputado por la población.

El sistema electoral cubano se parece un poco al de algunos países europeos, es una especie de sistema parlamentario. En teoría, el primer ministro inglés podría ser reelegido durante 40 años o más, si la salud y la suerte lo acompañan.

¿Y cómo elegían a Fidel Castro? A Fidel lo proponían en su respectivo municipio o distrito, y era elegido. ¿Por qué? Porque Fidel era respetado y amado por su pueblo, pero nada obligaba a elegirlo.

2. Afirma usted que Fidel controlaba todos los poderes del Estado pero no dice en qué basa tan peregrina afirmación. Yo creía que los periodistas honestos tenían la obligación de fundamentar sus dichos. Pues nada de eso ha hecho usted. Pero fíjese que como le he explicado, el principal poder del Estado cubano es la Asamblea Nacional del Poder Popular, compuesta por 612 diputados, a la que ya me he referido.

Desde luego, no voy a negar que Fidel Castro era un hombre de tal nivel intelectual, moral y cultural, que con su sola presencia lo dominaba todo.
Cualquier persona de ideología absolutamente contraria que lo haya frecuentado, quedaba completamente subyugada por su inteligencia y personalidad, además de su encanto personal. Pero usted, no sé con qué autoridad, se permite ofender su memoria.
3. Que Fidel nombraba a sus herederos, y finalmente dejó a su hermano Raúl.

A Raúl Castro lo ha nombrado Presidente del Consejo de Estado y Jefe de Gobierno, la Asamblea Nacional del Poder Popular, igual que en cualquier país de sistema parlamentario, ya que él también es diputado elegido por el pueblo. ¿A Raúl lo elegían diputado porque era hermano de Fidel? No señora, Fidel Castro tiene varios otros hermanos y varios hijos, ninguno de los cuales es diputado ni ocupa ningún cargo de importancia, que yo sepa.

A Raúl lo han elegido porque participó en el asalto al Cuartel Moncada, estuvo en la Sierra Maestra desde jovencito, fue preso de la dictadura de Batista y luchó valientemente por la revolución junto con Fidel.

Y posteriormente fue el que se encargó de organizar el ejército de Cuba, una institución que funciona como un reloj en la isla. Raúl Castro es muy respetado por todo el mundo, lo puede comprobar cualquiera que vaya para allá.

4. Que Fidel no dejaba salir a la gente de Cuba ni tampoco dejaba entrar a quien quisiera. Me voy por lo más fácil: el gobierno cubano, como todos los gobiernos del mundo, deja entrar a su país a quien le parece y no deja entrar a quien no le parece. No me voy a extender en esto porque es una absoluta tontería.

¿No deja salir a la gente? Pues fíjese señora Sánchez que esto es absolutamente falso. Me voy a tener que extender un poco, desgraciadamente. La cosa es así: antes de la revolución, los cubanos tenían una relación muy estrecha con Estados Unidos. La gente con dinero viajaba casi semanalmente a Miami, y todo lo compraba allá, incluso la mantequilla.

Admiraban a Norteamérica, los autos, los mejores sueldos y todos los productos del mundo desarrollado. Mucha gente quería irse a vivir y trabajar allá, como quieren los mexicanos y como querrían la mayoría de los habitantes del tercer mundo.
Todos los años se ven transitar por México cientos de miles de migrantes y campesinos mexicanos, que tratan de pasar ilegalmente la frontera hacia el sueño americano, ahora convertido en pesadilla.

A los cubanos se les exigían visas desde antes de la revolución. Pues ya después se fueron acabando las visas y también los vuelos y los medios de transporte normales, puesto que comenzó el bloqueo.

Así es como se fue mucha gente en condiciones muy precarias y peligrosas, no porque el gobierno cubano no la dejara salir, sino porque no había cómo viajar.

Secuestraban aviones y transportes marítimos. Por supuesto que los aviones y barcos secuestrados los yanquis no los devolvían.

El gobierno cubano tuvo que tomar algunas medidas restrictivas para evitar estos secuestros, que generalmente eran con rehenes.

Mucha gente se iba por mar en balsas o botes inapropiados y si lograba llegar, eran bien recibidos y les daban rápidamente la Green card.

Pero si los capturaban las autoridades migratorias gringas antes de llegar, no los recibían y los regresaban a Cuba. Esa fue la cruel realidad de la Ley de Ajuste Cubano, llamada “pies secos/pies mojados” que al parecer ahora se ha derogado.

El gobierno cubano hizo muchos esfuerzos para que se regularizara esta situación. El presidente Reagan prometió dar 20.000 visas al año, pero si dio mil quinientas fue mucho.

Por eso la gente se iba en condiciones peligrosas. Así se van también los mexicanos y centroamericanos, pero allá no los reciben. Tienen que atravesar el desierto de Arizona que es tan hostil, que muchos mueren en la travesía.

La culpa de todo esto no la tiene por lo tanto el gobierno cubano. Naturalmente, trata de evitar que se vaya un grupo de personas, incluyendo niños, en una balsa que no es apta para la navegación en alta mar.

Así se produjo el famoso caso del niño Elián González, que la madre y otras personas lo subieron a una balsa para llegar a EE.UU.
La balsa naufragó, la madre y otros se ahogaron y el niño fue rescatado por los guardacostas norteamericanos, que se lo entregaron a su familia en Miami.
Después de una ardua lucha judicial, el padre, un revolucionario que estaba en Cuba, consiguió que le devolvieran a su hijo, que ahora es un joven estupendo que estudia en la Universidad de La Habana.

Señora Sánchez, usted no sabe nada de Cuba. En la década de 1950 tenía tasas de analfabetismo que superaban el 70 %, sólo un 15% de la población disponía de agua corriente y sobre ella se abatían los parásitos y las enfermedades.

Además la mayoría de los campesinos no consumían proteínas y pocas veces disponían de verduras. En la Sierra Maestra, foco del movimiento revolucionario, las condiciones de vida del proletariado rural rayaban en la desesperación. Padecían la explotación, los robos y a menudo la brutalidad policial.

Y por otra parte le diré que Cuba es un país muy pobre en recursos naturales. No tiene petróleo ni caídas de agua ni ninguna fuente de energía suficiente.

Están ahora tratando de usar la energía solar, pero nadie les vende los elementos esenciales para fabricar los paneles solares y tienen que soldarlos a mano.

No tienen minerales valiosos como el cobre de Chile, ni otras riquezas parecidas. Su agricultura produce buenos frutos, pero trate usted de comprender que en un país tropical, la distribución de esos productos requeriría una gran flota de camiones refrigerados, que no pueden adquirir debido al bloqueo.
El precio del azúcar se ha desplomado debido a los edulcorantes artificiales y a que muchos otros países también comenzaron a producir y vender azúcar.

Y este pueblo, que después de la revolución y debido al bloqueo, dependía de su comercio con los países socialista, de la noche a la mañana se quedó sin proveedores y sin compradores, cuando la URSS y los países llamados socialistas del Este europeo se cayeron. Y sin embargo el pueblo siguió apoyando al gobierno revolucionario, aguantó y salió adelante.
Ya han superado en gran parte –solos- esa etapa tan dura llamada “periodo especial”, pero sin llegar a normalizarse.

La mayor riqueza de Cuba está en su pueblo, en sus científicos, en sus médicos que han logrado producir algunos de los medicamentos y tratamientos más importantes, como los del área neurológica, que es una de las mejores del mundo; una vacuna contra el cáncer de pulmón que no pueden comercializar en el extranjero porque el bloqueo se lo impide.
Y es obvia su preeminencia en las artes, particularmente en la música y en el ballet.

Mire algunos los resultados de la “dictadura” que según usted ha imperado en Cuba:

– Uno de los países con mayor índice de desarrollo humano (ONU)

-54% del presupuesto destinado a servicios sociales

-De los 200 millones de niños que duermen en las calles, ninguno es cubano.

-El mejor sistema educativo de América Latina

-Veinte estudiantes por docente

-El país que más aporta del PIB a la educación

-Único país de América sin desnutrición (UNICEF)

–Sistema de salud, un ejemplo para el mundo
-Tasa de mortalidad infantil más baja de América

.130.000 médicos graduados desde 1961

-Desarrollo de cuatro vacunes contra el cáncer

-Primer país en eliminar la transmisión del VIH de madre a hijo.

Y además, y quizás lo más importante de esa Cuba dirigida por el compañero Fidel Castro, es que es profundamente internacionalista, solidaria y generosa.

“Los rasgos más importantes de la Revolución Cubana son la dignidad y su “inagotable capacidad de solidarizar con el sufrimiento y las necesidades de “otros pueblos.

“Esa dignidad, fruto del coraje y patriotismo del pueblo y de sus dirigentes, se “ha demostrado en forma serena y resuelta en cada una de las muchas “circunstancias duras y riesgosas que le ha tocado enfrentar en su primer “medio siglo.

“Por otra parte, la solidaridad generosa e incondicional de Cuba con otros “pueblos es, quizás, el fruto más hermoso de una revolución que ha puesto el “acento en la transformación ética de la sociedad.
Es muy difícil encontrar a “otro pueblo que sea capaz, como el cubano, de renunciar a su propio pan “para aliviar el hambre y la necesidad de sus hermanos en lejanas tierras.

“Además, después del golpe de 1973, vino la enorme solidaridad con los “perseguidos por la dictadura chilena.

“No fuimos los únicos a los que Cuba brindó refugio en esa época tenebrosa “de América Latina. Estaban también las familias argentinas, uruguayas, “bolivianas, peruanas, nicaragüenses, salvadoreñas, haitianas, colombianas, “hondureñas, que huían del terror, la prisión y la muerte en sus países.
“Éramos miles de latinoamericanos refugiados en la isla mientras Cuba “enfrentaba los rigores del bloqueo norteamericano.

“Ser chileno era casi un privilegio que nos hacía sentir rodeados de amistad y “cariño, jamás solos o abandonados a nuestra suerte.”

“Cuba es uno de los países que más víctimas del terrorismo ha tenido (unos 3 mil 500 muertos) y que más ha sufrido de terrorismo en los últimos 60 años. Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza.

Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola: “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición”. Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto a la personalidad. “

Fidel Castro no sólo colocó a Cuba en el escenario mundial y les dio dignidad a todos los cubanos, sino que fue el artífice de la liberación de muchos países de África como Angola y Namibia; colaboró a la independencia de Etiopía y al término del apartheid en Sudáfrica.

“Bajo su dirección, su pequeño país (100 mil kilómetros cuadrados, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala global echando hasta un pulso con Estados Unidos, cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución Cubana. “

Trump contra Siria: El mundo se tambalea al borde de la guerra

por Andre Damon//

El martes, varios funcionarios estadounidenses hicieron declaraciones extraordinarias y provocativas contra Corea del Norte, poniendo en manifiesto que el peligro de una gran guerra en el Pacífico es cada vez mayor.
“El tiempo se ha agotado y todas las opciones están sobre la mesa”, le comentó un oficial de Washington a la prensa, refiriéndose al conflicto con el país asiático. Después de que el gobierno norcoreano probara otro misil balístico disparándolo al mar de Japón la noche del martes, el secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, comunicó ominosa y superficialmente que, “EE.UU. ha dicho lo suficiente sobre Corea del Norte. No tenemos más comentarios”.
Las implicaciones de estas enigmáticas amenazas fueron dilucidadas por el exgeneral John “Jack” Keane, un importante asesor de la campaña de Hillary Clinton que rechazó en noviembre la oferta de Trump de convertirse en secretario de Defensa.
“Un ataque preventivo contra instalaciones de lanzamiento, instalaciones nucleares subterráneas, artillería y cohetes de respuesta y sitios de liderazgo del régimen podría ser la única opción que queda sobre la mesa”, le dijo Keane al diario London Times el martes. “Nos estamos acercando rápido y peligrosamente a una opción militar”.
El sábado pasado, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró estar dispuesto a ir “unilateralmente” a la guerra contra Corea del Norte.
El mismo fin de semana, el exsecretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, quien apoya la escalada militar estadounidense contra China y Corea del Norte, describió lo que implicaría una operación militar contra Corea del Norte, “cuya intensidad de violencia no hemos visto desde la última Guerra de Corea”. En esa guerra murieron casi tres millones de personas.
A pesar de que la Casa Blanca está amenazando con iniciar un conflicto militar de gran escala en el Pacífico, la prensa estadounidense ha reclamado una nueva escalada en Siria en respuesta a un presunto ataque con armas químicas por parte del gobierno de Bashar al Asad.
EE.UU., Reino Unido y Francia introdujeron una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando el ataque prevista para una votación el miércoles. Trump condenó las “acciones atroces del régimen de Bashar al Asad” en un comunicado donde responsabiliza la “debilidad” de su predecesor, Barack Obama.
Actualmente, están siendo desplegados cientos de soldados adicionales a Irak y Siria, a pesar de que no ha habido ninguna discusión pública o debate al respecto. Un portavoz del Pentágono le indicó al periódico Los Angeles Times que, “La coalición no anuncia ni confirma rutinariamente la información sobre la capacidad, los números, la ubicación ni el movimiento de las fuerzas dentro o fuera de Irak y Siria”.
Trump recalcó este punto en una entrevista con el diario londinense Financial Times este fin de semana: “Yo no soy el EE.UU. del pasado cuando te decíamos dónde íbamos a atacar en Oriente Medio… ¿Por qué hablan? No hay por qué hacerlo”.
El violento conflicto en Siria y el posible “ataque preventivo” contra Corea del Norte son, de hecho, combates indirectos entre EE.UU. y sus principales adversarios geopolíticos, China y Rusia. Sin embargo, Washington ya está adoptando una postura militar más directa y agresiva contra ellos.
El fin de semana, llegaron 1.350 tropas más de la OTAN a Orzysz, en el noreste de Polonia. Según Tillerson, estas tropas, junto con las miles de otras que la OTAN ha estacionado a lo largo de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, han sido enviadas para contrarrestar “la agitación violenta de Rusia y la agresión rusa”.
En los próximos días, se espera que Trump intensifique aun más las tensiones con Rusia cuando anuncie su respuesta a presuntas violaciones rusas del Tratado de Fuerzas Nucleares de Distancia Intermedia, mientras los medios de comunicación como el New York Times piden a gritos que ésta sea la ocasión para recrudecer la escalada militar contra este país.
El viernes pasado, Trump también firmó dos órdenes ejecutivas que avanzan la agenda de guerra comercial de su administración contra China y manifestó que su reunión esta semana con el mandatario chino, Xi Jinping, será “difícil”.
Asimismo, la Casa Blanca ha agravado las tensiones con su aliado de la OTAN, Alemania. El viernes pasado, les exigió a todos los miembros de la OTAN aumentar sus gastos militares, a lo que respondió el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Sigmar Gabriel, acusando a EE.UU. de querer comenzar una “guerra comercial” y pidiéndole a la Unión Europea quejarse formalmente ante la Organización Mundial del Comercio.
Mientras que EE.UU. se encuentra en el centro de los preparativos para otra gran guerra, la crisis del orden mundial dominado por el país norteamericano está atizando las disputas militares en todo el mundo.
Pocos días después de que Reino Unido iniciara oficialmente su salida de la UE en virtud del Artículo 50 del Tratado de Lisboa, dicho país y España entraron en un conflicto sobre el territorio estratégico de Gibraltar. El exdirigente conservador, Michael Howard, sugirió fuertemente el domingo que Reino Unido estaría dispuesto a luchar una guerra por ese territorio. A su vez, el contraalmirante británico, Chris Parry, añadió: “España tiene que aprender de la historia que nunca ha valido la pena enfrentarse a nosotros y que todavía podemos chamuscarle la barba al rey de España”.
Mientras tanto, Japón se está rearmando rápidamente, poniendo en uso este mes su segundo portahelicópeteros. La semana pasada, el Partido Liberal Democrático (PLD) que gobierna Japón solicitó la adquisición de armas para “contraataques”, tales como portaaviones y misiles de largo alcance, a pesar de estar prohibidas por su Constitución.
India, según varios informes, ha estado modificando sigilosamente su programa nuclear. El New York Times reportó la semana pasada que el país “está considerando permitir ataques nucleares preventivos contra Pakistán en caso de una guerra”.
Como sucedió al inicio de la Primera Guerra Mundial hace un siglo, el mundo entero se ha transformado en un gran barril de pólvora. Cualquiera de estos e innumerables otros conflictos podría desencadenar una serie de acontecimientos que detone una guerra entre potencias nucleares, resultando en la muerte de cientos de miles, si no millones de personas en cuestión de horas.
El inmenso peligro de una nueva guerra mundial refleja el estado crítico en el que se encuentra el sistema del Estado-nación, desmoronándose bajo el peso de la profunda crisis del orden capitalista en su totalidad.
Las clases gobernantes capitalistas tienen una sola solución para esta irresoluble crisis: otra guerra mundial, con todos los horrores que implacaría. La clase obrera internacional debe oponerse a la guerra con su propio programa: la abolición del sistema del Estado-nación y del control privado de la producción, junto con la reorganización global de la economía en una federación socialista mundial.

Merkel y Trump sostienen conversaciones de crisis en Washington

                                                                                                                                                      por Johanes Stern//

Con las tensiones entre Alemania y Estados Unidos en su punto más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el primer encuentro entre el presidente Donald Trump y la canciller alemana Angela Merkel tuvo lugar el Viernes en Washington.

El ambiente era tenso y frío. En una sesión fotográfica conjunta en la Oficina Oval, Trump apenas reconoció a Merkel y rechazó el apretón de manos acostumbrado solicitado por los fotógrafos.
En una conferencia de prensa conjunta después de una reunión de la Casa Blanca entre Trump y Merkel, otros funcionarios y líderes empresariales de ambos países, los dos jefes de Estado expresaron su acuerdo sólo en las cuestiones de aumentár el gasto militar y la guerra. Merkel prometió a Trump que Alemania aumentaría el gasto en defensa un dos por ciento más que el mínimo de la OTAN. A cambio, Trump prometió su compromiso con la OTAN. Acordaron “trabajar juntos de la mano en Afganistán y colaborar en soluciones de Siria e Irak”.

El conflicto entre los dos países, que se situarón en lados opuestos en dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, surgió con mayor intensidad en el tema de la política comercial. Trump se quejó de que el comportamiento pasado de los aliados estadounidenses a menudo habían sido “injustos” e insistió en una “política de comercio justo”.

Lo que Trump quiere decir con esto esta claro. Amenazó a Alemania con la guerra comercial en una entrevista que dio poco antes de asumir el cargo, advirtiendo específicamente de obligaciónes a la importación de hasta un 35 por ciento contra la industria automovilística alemana. Afirmar que el comportamiento de Alemania hacia Estados Unidos era “muy injusta”, dijo que se aseguraría de que esto terminará.

En la semana pasada, el asesor económico de Trump, Peter Navarro, se refirió una vez más al superávit comercial alemán como un “asunto serio” y lo calificó de “uno de los problemas más difíciles” para la política comercial estadounidense. Estados Unidos está preparando actualmente un llamado “impuesto al ajuste fronterizo” que reduciría sustancialmente los impuestos sobre las exportaciones estadounidenses y colocaría una pesada carga sobre las importaciones alemanas y otras importaciones europeas.

Los crecientes conflictos transatlánticos también se reflejaron en la cumbre de los ministros de Finanzas del G20 en Baden Baden, Alemania. La noche anterior, el ministro alemán de Hacienda, Wolfgang Schäuble, se reunió por primera vez con su nuevo homólogo estadounidense, Steven Mnuchin. El ex banquero de Wall Street insistió en que Estados Unidos no quería una guerra comercial, pero se negó a apoyar la inclusión en el comunicado de cierre del G20 de la aclarada declaración a favor del libre comercio y en contra del proteccionismo.

El proteccionismo de Trump es una catástrofe en particular para la economía alemana orientada a la exportación. En 2015, Alemania alcanzó un superávit récord de 260.000 millones de euros, lo que correspondía a más del ocho por ciento de toda su producción económica. El comercio con los Estados Unidos representó 54.000 millones de euros del superávit. En el año anterior, los EE.UU. proporcionaron el mayor mercado de exportación de productos alemanes, con un valor total de 107.000 millones de euros.

La delegación de Merkel incluyó a destacados representantes económicos alemanes, quienes fueron encargados de convencer a Trump de la importancia del libre comercio. Pero mientras el gobierno alemán lucha por desacelerar las tensiones con Estados Unidos, está preparando medidas de represalia no menos agresivas.

El vicepresidente de la facción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD), Carsten Schneider, amenazó con controlar los capitales. “En última instancia, Alemania está financiando una gran parte del déficit comercial de Estados Unidos con sus exportaciones de capital”, dijo Schneider. “Si Trump no cede, debemos estar listos para actuar”.

En una entrevista del Viernes por la mañana con la emisora alemana Deutschlandfunk, la ministra de Economía Alemana, Brigitte Zypries (SPD), dijo: “La otra posibilidad es simple. Vamos a presentar una demanda contra él ante la Organización Mundial del Comercio. Estó establece procedimientos. En la OMC, está claramente especificado en los acuerdos que se le permite no tomar más del 2,5 por ciento en impuestos sobre las importaciónes de automóviles”.
“Esta no sería la primera vez que el señor Trump fracasa en los tribunales”, añadió el político del SPD provocativamente.
El presidente de la Federación de Industria alemana (BDI), Dieter Kempf, preguntó a Merkel antes de su viaje para presentar a Trump “el punto de vista de una economía alemana, europea … con una autoconfianza apropiada”. Los puntos de vista de Trump sobre una politica economica simplemente “No valdrían”, insistió.
Con el fin de contrarrestar a Trump de la manera más eficaz, Berlín está llevando a cabo una estrategia de preparación para la guerra comercial entre los EE.UU. y toda la Unión Europea. El periódico Handelsblatt citó al ex economista jefe del Ministerio de Economía, Jeromin Zettelmeyer, diciendo que Alemania necesita “el respaldo del resto de Europa”. Él continuó diciendo: “Tendrán que hacer una guerra comercial si es posible”.

Según un informe de Der Spiegel, el objetivo del gobierno alemán es “aislar a los estadounidenses”. Para ello, la Comisaria del Comercio de la UE, Cecilia Malmstörm, ha sido encargada de negociar acuerdos comerciales “con otros países y regiones del mundo”. En la cumbre de la UE la semana anterior, los estados de la UE se hablarón contra “tendencias proteccionistas” en el comercio mundial y situaron a la economía europea en contrá de Estados Unidos, informó Der Spiegel .

La UE “seguirá colaborando activamente con los socios comerciales internacionales”, decía la resolución final de la cumbre UE. Para ello, “se lograrán progresos decisivos en todas las negociaciones seguidas con respecto a acuerdos de libre comercio ambicioso y bien equilibrados, incluso con el Mercosur [un bloque subregional que incluye a Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela] y México.” Las negociaciones con Japón están “cerca de una conclusión pronto” y “las relaciones comerciales con China deben fortalecerse sobre la base de un entendimiento común de beneficios mutuos y recíprocos”.
Berlín y Bruselas están ampliando sus relaciones económicas con precisamente aquellos países que están en la mira del gobierno de Estados Unidos. Trump está amenazando a México con la terminación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), y Washington está siguiendo un camino hacia la guerra contra China con mayor apertura. Los conflictos entre Alemania y Estados Unidos seguirán afilándose como consecuencia.

En una movida significante, Merkel habló por teléfono con el presidente chino Xi Jinping inmediatamente antes de viajar a Washington. Aprovechó esta oportunidad para expresar su oposición al proteccionismo. De acuerdo con el portavoz del gobierno de Merkel, Steffen Seibert, Merkel y Xi afirmaron que “promoverían el libre comercio y abrirían los mercados juntos”. Además, los dos líderes acordaron “continuar su confianza en la colaboración, especialmente en el marco de la presidencia alemana del G20”.

Mientras tanto, los medios de comunicación alemanes están exigiendo “una declaración aún más clara contra el nuevo proteccionismo estadounidense” e instando a que “la mayoría de otros países se movilicen contra Trump”. Esto será “necesario” en el futuro, dijo un comentario en el Reinische Post. Alemania y la UE deben “oponerse con confianza a Trump” con “sus propios fines opuestos, en lugar de dejarse intimidar por Washington”. Las condiciones para esto son favorables, dijo el diario.
Siguió diciendo se había puesto claro en Baden Baden que Alemania tenia”no sólo a los demás Estados de la UE, sino también a casi todo el resto del mundo, sobre todo China, Brasil y Japón, a su lado en materias de política comercial”.

Las razones fundamentales del comportamiento agresivo de Trump hacia Berlín, así como los esfuerzos de Alemania para construir una coalición contra los Estados Unidos, se encuentran en las insolubles contradicciones del propio sistema capitalista. El capitalismo es incapaz de superar la contradicción entre el carácter internacional de la producción y el Estado nacional. Como en la víspera de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los conflictos entre las potencias imperialistas sobre las materias primas, los mercados de exportación, las zonas de influencia y la mano de obra barata vuelven a conducir a la guerra comercial y al conflicto militar.

El Frente Amplio y la inviabilidad de la democracia burguesa en Chile


por Gustavo Burgos 

 

El legendario óleo de Manuel Antonio Caro, La abdicación de O`Higgins, fija una imagen de trascendente significación: el líder militar de la gesta libertadora es derrotado por la fronda aristocrática y aquello que obtuvo en el campo de batalla, lo pierde ante la obsecuencia política de la oligarquía frente al imperialismo.

 

Es un hecho que nuestro país nunca logró consumar su revolución democrático burguesa. En Chile, como en toda América Latina, la incapacidad de la burguesía criolla para emanciparse del imperialismo acarreó la imposición de un capitalismo atrasado, impuesto desde la metrópoli. O`Higgins, derrotado como todos los líderes de las guerras de independencia –también ocurrió así con Bolívar, San Martín, Artigas- murió en el exilio, evidenciando la incapacidad genética de la burguesía rentista, comercial, agraria y minera, para desarrollar integralmente –sobre bases capitalistas- la sociedad chilena.

Esta incapacidad e impotencia política del régimen burgués en América Latina expresa el atraso estructural, productivo, del capitalismo en las que fueran las colonias españolas y las separan de las colonias inglesas norteamericanas que protagonizaron sus revoluciones democrático burguesas económica, militar y políticamente en un continuo que se inició en la declaración de Filadelfia de 1776.

Dicho de otra forma, el atraso estructural, productivo, condicionó políticamente la inviabilidad de la democracia burguesa como herramienta para garantizar la independencia, la vigencia de las libertades democráticas, el desarrollo de un mercado interno y la superación de las relaciones sociales precapitalistas en el agro. De esta forma, los principios constitucionales de la ilustración, la vigencia de los derechos individuales, la igualdad ante la ley, la separación de poderes, la preeminencia parlamentaria, tuvieron en nuestro país una presencia meramente declamativa, sin ninguna incidencia en el monstruoso atraso e incultura de la formación social chilena.

Para ser justos, el propio origen de la República de Chile encarna la derrota de la revolución burguesa latinoamericana, ya que expresa la incapacidad de la burguesía criolla de consumar la unidad de la nación latinoamericana. Celebramos el 18 de septiembre de 1810, festejamos nuestra identidad nacional, recordando –paradojalmente- un acto en que la aristocracia se pone de rodillas ante el intolerable derrumbamiento de la institucionalidad colonial. La campana tañida de Mateo de Toro y Zambrano no convocaba al combate, sino que enunciaba el miedo, el horror frente a los cambios políticos y el fin el orden monárquico.

La historia institucional chilena, por lo mismo, resulta una penosa farsa. Los textos constitucionales se siguen unos tras otros pretendiendo importar la civilización en textos escritos, como si la magia y el fetiche de la palabra escrita fuese suficiente para liberar a nuestro país de las cadenas de la barbarie, el gamonalismo y la monoproducción, para satisfacer las necesidades de la metrópoli. En un momento fue el cebo y el trigo, luego el salitre hoy es el cobre. Los barcos llegaban vacíos, cargados de lastre, de pino oregón, ladrillos y adoquines con los que se construyó Valparaíso como lo conocemos desde el siglo XIX y se devolvían a Europa con lo saqueado a nuestra economía.

Las constituciones, algunas jocosas como la moralista de Mariano Egaña, repetían y lo hacen hasta hoy, preceptos de libertad, igualdad y fraternidad, pero lo único que hacían era servir como decorado del atraso semicolonial. A la figura omnipotente del Gobernador del Virreinato del Perú, le siguió la del Dictador Supremo y luego la del Presidente de la República, frente a él el parlamento era un mero órgano consultivo cuyo funcionamiento estaba reducido –de mayo a septiembre- al período invernal en que los latifundistas se refugiaban en la ciudad. El presidencialismo chileno es la viva manifestación de la postración de las clases dominantes frente al imperio, es el comando central de la gestión de los intereses imperialistas. Como bien lo sabemos, las únicas veces que este orden se ha alterado -con Balmaceda y Allende- ha sobrevenido la guerra civil y el genocidio precisamente para preservar las bases del orden social cimentado en la gran propiedad privada de los medios de producción.

Lo ocurrido en la Guerra Civil de 1891 y el Golpe Militar de 1973, es calificado como una crisis institucional por los historiadores de la burguesía, como una ruptura a los preceptos constitucionales, porque son esos preceptos los que expresan los consensos políticos a través de los cuales el imperialismo y las clases dominantes ejercen su dominación clase y la opresión nacional. Esos preceptos, institucionalmente, dan cuerpo político a las relaciones sociales de producción vigentes en el capitalismo semicolonial chileno.

Hace unos días, sin que nadie se lo preguntara, Alberto Mayol –que funge como precandidato presidencial autonomista en el Frente Amplio- señaló que Cuba es una dictadura. El hecho fue saludado por diversos sectores como una manifestación de coraje político y liberación de las viejas concepciones de la izquierda anclada en la Guerra Fría. Más allá del anticomunismo primitivo que expresa este discurso, resulta evidente que proclamar que Cuba –el único país americano en que la burguesía ha sido expropiada- es una dictadura, en lugar de coraje, lo único que explicita es vocación servil ante los patrones y las multinacionales, interesadas en sustentar el discurso anticomunista.

Sin quererlo quizá, Mayol –un brillante político burgués- tiene claro que si quiere ocupar el sillón presidencial debe hacer explícito su compromiso de clase. En efecto, al proclamar su anticomunismo guarda un silencio cómplice –de los mismos cómplices pasivos de los que hablaba Piñera- frente a la inclemente Dictadura que la burguesía chilena y por su intermedio, el imperialismo, ejercen sobre los trabajadores y la mayoría nacional. Esa Dictadura de clase, Dictadura de la burguesía edulcorada con tribunales, normas constitucionales y elecciones periódicas, no merece ningún reparo para el joven irreverente, porque es fácil ser irreverente frente a los explotados máxime sin con ello se hace explícita la sumisión ante los explotadores. De ahí que la condena al régimen castrista por parte de Mayol no es un exabrupto, es una meditada posición de clase y un alineamiento consciente con la política dictada desde la Casa Blanca y una expresión del llamado Consenso de Washington.

Unos días antes, Noam Titelman de Revolución Democrática, también dirigente (aunque por edad no es precandidato entendemos) por el Frente Amplio, desplegaba ideas similares pero en ellas su compromiso de clase era mucho más explícito. En las páginas de El Mostrador se permitió afirmar que la izquierda debía hacerse cargo de la relación entre Estado y Mercado por una parte y, por otra, entre Democracia y Orden. La extravagante conclusión es que la “nueva izquierda” debe superar estas contradicciones y asumir su papel como preservadores no sólo del Estado y la Democracia, sino que también del Mercado y del Orden. “Ninguna y ambas opciones”, nos dice enigmáticamente. Ricardo Lagos diría que tenemos no sólo derechos sino que también obligaciones. Titelman nos lleva de la mano a la construcción de un nuevo partido del orden aquél en que se concilian las contradicciones de clase entre explotadores y explotados y todo se resuelve en la difusa normatividad democrática.

La idea que parece dominar en las cúpulas del naciente Frente Amplio y que se expresa en el discurso de Mayol y Titelman, se nos presenta como nueva, en ruptura con paradigmas supuestamente anquilosados de la lucha de clases y de revalorización de la democracia.

Como revisábamos al comienzo de esta nota, estas ideas tienen en realidad más de doscientos años. Los mismos que infructuosamente marcan la historia institucional chilena, durante los cuales las clases dominantes han tratado de inocular jurídica e institucionalmente trasformaciones liberales en la sociedad partiendo por la “mentalidad”, por las ideas, por la consolidación de los derechos. Un ambiente similar se vivió en nuestro país a mediados del siglo XIX –plenitud del régimen portaliano- con la llegada de Bello, la Codificación y la final separación de la Iglesia del Estado. Un ingenuo ambiente de expectativas de ilustración que terminaron aplastadas en 1891.

Lo que ignoran los liberales en su inveterado e impotente fetichismo normativo, es que las constituciones, los códigos y los derechos no realizan cambio alguno en la sociedad. Por el contrario, son las transformaciones sociales las que les dan nacimiento. La república burguesa parlamentaria, el régimen más sofisticado de dominación que haya sido creado por clase explotadora alguna en la historia de la humanidad, es el fruto de la revolución y no –como plantean los liberales- la transformación social el resultado de las normas.

Fue necesario pasar a guillotina a los reyes y a la nobleza europea y derrotarlos militarmente, para que –consecuencia de ello- la sociedad pudiese crear el moderno estado burgués, nacional y constitucional. Los revolucionarios burgueses antes que la pluma, tomaron el fusil. Pero si la Comuna de Paris de 1871, entregó una trágica lección a los revolucionarios fue, particularmente, que la burguesía, a poco de acceder al poder había devenido en clase contrarrevolucionaria, comoquiera que se trataba de una clase explotadora cuyo ímpetu liberador del oscurantismo, cuyo liberalismo, se limitaba a la consolidación de sus intereses como clase explotadora, como defensora de la renta del capital, lo que hoy día llamamos “lucro”.

Lo que fue válido al momento de organizarse los trabajadores en torno a los principios del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, resulta hoy día doblemente válido. Desde la crisis de 2008 -con la caída de Lehman Brothers- el capitalismo monopólico financiero ha logrado sobrevivir a la crisis mediante el desarrollo de una poderosa red de apropiación suplementaria de plusvalía, de las que las AFP chilenas y su réplica global son una herramienta de primer orden. El capital financiero y las aseguradoras multinacionales Principal y Metlifey -presentes en Chile a través de Cuprum y Provida- están detrás de la segunda fase de privatizaciones, de la emisión irracional de dinero por los bancos centrales de las economías de EEUU y Reino Unido, y del refugio proteccionista que expresa los choques entre distintas facciones del imperialismo del tipo Brexit y Trump.

Lo que presenciamos hoy en día es la guerra abierta y declarada del gran capital en contra de los trabajadores de todo el orbe. A todo lo ancho de la tierra los pulpos imperialistas impulsan la idea de que la solución a los problemas sociales pasa por el esfuerzo individual, por la disciplina, al margen de cualquier perspectiva de solución política o colectiva. Para la burguesía todo se reduce a la lucha por la productividad y la liberación del capital de toda limitación al emprendimiento lo que supone –por cierto- barrer con la legislación laboral y la libertad sindical.

En este contexto, con un megalómano y narcisista como Trump a la cabeza de la mayor potencia imperialista de la historia. Con su campaña fascista contra los trabajadores y el chauvinismo antiinmigrante, la historia mundial y la lucha de clases está experimentando un pronunciado viraje hacia la polarización, que es consecuencia de la extrema agudización de los antagonismos de clase. En este escenario, como ya hemos señalado en otras oportunidades, la hora del reformismo liberal y socialdemócrata, la idea de que la conciliación de los intereses de clase puede sustentar la transformación democrática de nuestra sociedad, ha pasado por completo y ha devenido en obsoleta. La crisis capitalista y su lacra de miseria, desempleo estructural y represión fascista como salida a la misma, hace imposible –en Chile y en cualquier parte del mundo- un programa de reformas consensuadas como itinerario del ejercicio de un programa electoral.

Si en los 70 el programa reformista de la UP se estrelló con el fascismo y el Golpe pinochetista, hoy día, la propia experiencia de los trabajadores –reiteramos HOY- con la destrucción del sistema previsional a manos de las AFP, choca con todo programa reformista. Para acabar con la miseria es necesario acabar con el capitalismo y ello sólo será el resultado de la acción directa de las masas, de su propia capacidad movilizadora. Acabar con la miseria importa la expropiación de la burguesía, la destrucción de su Estado y la expulsión del imperialismo, no otra cosa es el socialismo que es la superación de la dictadura capitalista por la dictadura del proletariado, esto es, el poder radicado en los órganos asamblearios de los explotados.

El debate en el Frente Amplio y en la izquierda en general recién comienza, pero precisamente por ello resulta necesario abrir este debate desde una perspectiva de clase, de clase contra clase. La arena en la que ha de resolverse la crisis que atraviesa nuestra sociedad, que es la crisis del vetusto orden capitalista, nos obliga a poner la revolución socialista, la revolución proletaria, de los trabajadores, como salida superadora.

La convocatoria del 26 de marzo, que esperamos sea una gigantesca movilización contra las AFP y en recalmo de un nuevo sistema previsional solidario, pondrá en tensión a la izquierda y a los revolucionarios en su más amplio espectro. Es necesario que esta movilización sea un golpe mortal a los pulpos financieros que lucran con el hambre y la miseria de los trabajadores. Es necesario que esta movilización golpee el sistema nervioso del capital monopólico, al Gobierno de la Nueva Mayoría y al régimen en su conjunto. Es necesario que los trabajadores pasen a ocupar protagonismo frente al derrumbe de la institucionalidad del régimen, porque es el vacío de un Gobierno que pareciera no existir el que la burguesía se apresta a llenar con los Tribunales de Justicia y más adelante con el ruido de sables, éste último es el objeto de la campaña a favor de los genocidas de Punta Peuco.

La burguesía chilena, está demostrado históricamente, carece de capacidad para materializar los objetivos de toda revolución democrático burguesa. Mientras Chile se encuentre sumido en el capitalismo, el atraso, la miseria, la monoproducción de materias primas, la brutalidad represiva y el terrorismo de Estado, serán sus rasgos distintivos. Quienes agitan las banderas del liberalismo, bajo la divisa que pretendan alzar, de la humanización del capital, de una sociedad de derechos, etc. están –ellos sí-fumando opio y planteando un derrotero que la historia chilena y universal ha demostrado conduce a la barbarie.

Los trabajadores necesitamos un frente amplio y unitario, un verdadero Frente Amplio que cohesione a los explotados con una inequívoca voluntad de poder. De nada nos sirve un Frente Amplio que se proponga el itinerario liberal, aquél que necesitamos debe centrarse en la revolución socialista y en la capacidad para acometer el conjunto de las reivindicaciones democráticas y sociales de nuestra sociedad, en base a la capacidad transformadora de las movilizaciones. Eje de este proceso lo constituye la necesaria construcción de un partido revolucionario.

Desde hace un tiempo, la ultraderecha pinochetista anatemiza el retaceado programa de reformas de Bachelet, acusándolo de pretender pasar por sobre la “obra” pinochetista una retroexcavadora. La Nueva Mayoría, que esgrimió esa imagen con meras intenciones demagógicas, se replegó de esa alegoría. Es necesario que la izquierda revolucionaria afirme esa categoría. Debemos aprestarnos no sólo a pasar una retroexcavadora, se hace necesario destruir por completo el orden capitalista, democratizar el país y liberarnos de las cadenas de la explotación y opresión imperialista. La Nueva Mayoría, al igual que O`Higgins en 1823, ha abdicado de cualquier pretensión democrática y de transformación social. Este hecho se repite porque es la burguesía criolla la incapaz de dar respuesta a los profundos problemas que atraviesan nuestra sociedad. Si la burguesía no es capaz de gobernar, debe ser expulsada del poder a riesgo de que nuestra sociedad sea hundida en el fango de la miseria y la barbarie. Esto es lo que hace inviable la democracia burguesa en nuestro país.

Es el momento de tomar definiciones compañeros, o se es yunque o se es martillo.

Francia: ¿cómo vencer a la derecha y al Frente Nacional?

por Juan García Brun

Al igual que en Chile, quienes previeron primero el inevitable duelo entre Lagos-Piñera, luego Guillier-Piñera, los “expertos”, en Francia los medios de comunicación repitieron inoficiosamente el “inevitable” duelo entre Sarkozy y Hollande (o Valls y Juppé, etc.), y luego sobre la victoria “casi segura” de François Fillon.

Lo que todos estos “expertos” no pueden o no quieren ver es la lógica subyacente a la volatilidad extrema que caracteriza no sólo la campaña, sino la política francesa en general. Lenin dijo: “la política es economía concentrada.” Precisamente, la crisis política en la que el país se hunde es la consecuencia de la profunda crisis del capitalismo y del incalculable sufrimiento que inflige a la masa de la población. Los recortes presupuestarios, el aumento del desempleo, la pobreza generalizada y la explosión de la desigualdad están rompiendo el equilibrio político en el que descansaba el poder de la clase dominante en las últimas décadas.

Es un fenómeno internacional. Los ritmos y las formas difieren según el país, por supuesto, pero las mismas causas producen los mismos efectos.El equilibrio político se ha roto –en diversos grados– en los Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Grecia, Italia, Rumania y en otros lugares. Incluso Austria, ese parangón de la estabilidad política, evitó por poco la elección de un presidente de la extrema derecha en diciembre. Ningún país es inmune a este fenómeno. Ninguno se salvará.

Fillon y Macron

La clase dominante francesa necesita un gobierno capaz de infligir al país una austeridad sin precedentes. Pero eso es más fácil decirlo que hacerlo. Durante las primarias de la principal fuerza de la derecha, los Republicanos, el candidato vencedor Francois Fillon fanfarroneaba diciendo que había que cortar y barrer sin vacilar las movilizaciones sindicales. ¡Paradojas del destino! Unas semanas y varias revelaciones más tarde (como la de que contrató a su mujer con dinero público para hacer trabajos ficticios), lo redujeron a hacer una campaña semi-clandestina en medio de un concierto permanente de cacerolas y de burlas. Está ampliamente desacreditado incluso antes de ser elegido – lo que, por tanto, no es muy probable. En su desesperación, la cúpula de los Republicanos están maniobrando para forzar la salida de Fillon de la carrera presidencial, pese a haber ganado las primarias del partido, para sustituirlo por el candidato perdedor en las mismas, Alain Juppé.

En el orden de preferencia de la burguesía, el siguiente es Macron, un arribista procedente del ala más derechista del Partido Socialista (PS), que abandonó el partido hace algunos años y que ahora se postula para las elecciones presidenciales como independiente. Ofrece recortes un poco menos draconianos que los prometidos por Fillon, pero los que ha desvelado colman de satisfacción a los capitalistas. Éstos también saben que la dosis de políticas de austeridad puede ser modificada durante su mandato –y que Macron no pondría obstáculos para ello, ya que está dedicado en cuerpo y alma a los intereses del gran capital.

“La naturaleza no tolera el vacío”: el ascenso de Macron es una ilustración de esto. Se aprovecha de la grave crisis del Partido Socialista y de los Republicanos. Sin embargo, es difícil decir hasta dónde puede llegar. Él llena el vacío con su propio vacío. Numerosos medios de comunicación lo apoyan, pero la reputación de éstos es tan mala en la población, que es un arma de doble filo. Por si fuera poco, el hombre que pretende “renovar profundamente la política” recibe y acepta constantemente la adhesión de viejas glorias reaccionarias de los Republicanos, del PS, de los derechistas del Modem, y de otros.

La lucha contra el Frente Nacional

Todo esto no interfiere en absoluto en el mundo de Marine Le Pen, cuya demagogia “anti-sistema” resuena en millones de personas explotadas y oprimidas que quieren poner todo patas arriba. La mayoría de ellas no son racistas; están amargadas con los políticos de derecha y de “izquierda” que se sucedieron en el poder durante décadas sin cambiar nada, sino a peor.

La analogía entre Le Pen y Donald Trump es obvia. Las causas fundamentales de su ascenso son las mismas.Dicho esto, el éxito del FN no es inevitable. Este partido ultra-reaccionario puede ser combatido con eficacia. ¿Cómo?Defendiendo una alternativa de izquierda y radical al sistema. Un número significativo de votantes tentados por el voto al FN podría agruparse alrededor de un programa de izquierda, a condición de que proponga una ruptura clara con el orden establecido. De manera general, millones de votantes radicalizados –pero indecisos y confundidos– pueden ser ganados para un programa de este tipo.

Es poco probable que la campaña de Benoit Hamon –el candidato socialista– pueda jugar este papel. Además de que su programa es muy confuso y moderado, su partido sale destrozado de cinco años de gobierno de Hollande, de los que dos tuvo a Hamon como ministro. Por otra parte, su programa ya está obsoleto: una mayoría de diputados “socialistas” en el parlamento están en contra suya. Hamon finge no haberse dado cuenta.

El elemento clave de la ecuación es Jean-Luc Mélenchon. Su candidatura puede unir a millones de trabajadores y jóvenes indecisos, a condición de convencerles de que su movimiento político, “La Francia insumisa”, está decidido a terminar de una vez por todas con las políticas de austeridad. La lucha contra los recortes presupuestarios, el desempleo y la pobreza debe ser el eje central de las intervenciones públicas de Mélenchon y de los demás dirigentes de La Francia insumisa. Recordemos que en los Estados Unidos fue sobre estas líneas –y sobre el llamamiento a una “revolución política contra la clase multimillonaria”– que Bernie Sanders levantó el entusiasmo de decenas de millones de estadounidenses el año pasado. Todas las encuestas le daban ampliamente vencedor frente a Donald Trump. Hay aquí una lección importante para Mélenchon y La Francia insumisa.

Reforma y revolución

Révolution llama a sus lectores y seguidores a votar por Jean-Luc Mélenchon el 23 de abril, y a participar en la campaña de La Francia insumisa. Este movimiento constituye la única alternativa de izquierda de masas a un PS desacreditado. Cualquier éxito de La Francia insumisa será un paso en la dirección correcta.

Al mismo tiempo, hemos puesto de relieve periódicamente las limitaciones del programa de Mélenchon. Digámoslo en términos simples: las numerosas medidas progresistas de este programa no se pueden ejecutar en el marco del capitalismo en crisis. La clase dominante no lo permitiría.Se opondría con todas sus fuerzas, como ya en 2015 se opuso al programa progresista de Alexis Tsipras en Grecia. Y para privar a la burguesía de los medios para luchar contra un verdadero gobierno de izquierda hay que expropiarla, nacionalizar los grandes medios de producción y poner el socialismo a la orden del día.

A veces se nos dice: “¡Pero Francia no es Grecia!”. Por supuesto, Francia es más potente que Grecia y no está bajo la transfusión financiera de la troika.El chantaje y las presiones, por lo tanto, no tomarán exactamente las mismas formas. Pero de todos modos las habrá: no hay ninguna duda sobre esto. Esto es lo que demuestra toda la historia de la lucha de clases y de los diferentes gobiernos de izquierda, para empezar el de 1981 a 1983, en Francia.

Esto es aún más cierto cuando la crisis del capitalismo ha socavado la base material del reformismo. La clase dominante no está dispuesta a conceder más reformas; exige nuevas contrarreformas –y va a luchar con uñas y dientes para conseguirlas. La lucha por reformas progresistas serias no tendrá éxito más que a condición de transformarlas en una lucha revolucionaria contra el sistema capitalista mismo, en una lucha por la revolución proletaria.

¿Qué hay detrás de la “conferencia antifascista” de Podemos en España?

por Alejandro López

 
En medio de las protestas internacionales contra las políticas migratorias del “América primero” de la nueva administración de Trump, y las llamadas de defender Estados Unidos contra “los estragos de otros países”, el partido seudoizquierdista español Podemos está pidiendo una conferencia internacional antifascista .
Detrás de ésta apelación está el intento de bloquear la aparición de un movimiento independiente de la clase obrera y la juventud, y canalizar el sentimiento anti-Trump detrás de las facciones defensoras de la Unión Europea (UE) de la burguesía española.

Al igual que sus homólogos europeos, la burguesía española está dividida sobre cómo reaccionar ante el régimen de Trump. Su elección marca el final definitivo del papel que jugó Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial como ancla de la integración europea y garante, a través de la OTAN, de los intereses imperialistas de Europa. Trump ha declarado a la UE un rival económico liderado por Alemania ante Estados Unidos y ha predicho que otros países se marcharían y seguirían el liderazgo del Reino Unido.

Tales sentimientos ya son expresados por Marine Le Pen del Frente Nacional, pronosticada para ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas en abril. Por otra parte, en Holanda el Partido de la Libertad de Geert Wilders lidera las encuestas con un 31 por ciento para las próximas elecciones parlamentarias de marzo, con un discurso similar al del Frente Nacional.

Sin embargo, Podemos no ofrece ninguna alternativa al surgimiento de la derecha nacionalista. De hecho, Podemos lo facilita.

Las dos principales facciones que compiten por el poder en Podemos en el congreso del partido de este fin de semana -la facción mayoritaria encabezada por el secretario general Pablo Iglesias y el ala Errejonista dirigida por el portavoz de Podemos en el parlamento y secretario de Política y Área de Estrategia y Campaña de Podemos, Íñigo Errejón- apoyan la convocatoria de una “conferencia antifascista”. Además, se ha apuntado la facción Anticapitalistas de Podemos encabezada por Miguel Urbán y Teresa Rodríguez.

La convocatoria se hará “contra la austeridad, el auge de la extrema derecha y por una revolución democrática en Europa”. Su objetivo es contrarrestar “un auge del racismo y el autoritarismo”, la “islamofobia” y una gestión “racista e insolidaria” de las instituciones europeas ante la llegada de refugiados. Del mismo modo, Trump es criticado por “reforzar el racismo”. En respuesta, Podemos pide una solución doble: primero, evitar que las personas se sientan atraídas por el populismo derechista y, en segundo lugar, formar un “nuevo bloque histórico” que sirva de “parapeto” contra el surgimiento del nacionalismo de extrema derecha.

El postureo de Podemos como oponente al nacionalismo de extrema derecha es un fraude político. Si la extrema derecha ha podido crecer es precisamente porque las fuerzas seudoizquierdistas como Podemos han buscado alianzas con los partidos socialdemócratas, o como en el caso de Syriza en Grecia, han formado directamente gobiernos, todos comprometidos con la austeridad. Esto ha permitido a las fuerzas de extrema derecha explotar el descontento social y alzarse como una oposición al poder establecido.

Podemos mismo ha legitimado la integración de las fuerzas de extrema derecha en la política burguesa europea dominante al alabar el nacionalismo como progresista y buscar reclutar a grandes sectores del cuerpo de oficiales del ejército español en sus filas. Su “nuevo bloque histórico” es un término consignado a encubrir el desarrollo de vínculos más profundos con otros partidos burgueses con el pretexto de una lucha contra la extrema derecha.
Esto se puso de manifiesto recientemente en la edición de diciembre de la revista mensual La Marea dedicada a “Antídotos de izquierdas contra el neofascismo” y que contenía entrevistas con una docena de líderes de la seudoizquierda

Pablo Iglesias, al ser preguntado por defensa del patriotismo por parte de Podemos, respondió que lo defendía “absolutamente”. Explicó que “la desgracia de perder una Guerra civil” quería decir que “ciertos significantes”, una referencia a las palabras como “España o patria”, quedaron “en manos del adversario político”. Preguntado si ante el auge de la extrema derecha no sería necesario una estrategia internacional, Iglesias respondió negativamente, declarando que “choca con la desgracia de que los escenarios políticos son de tipo nacional-estatal” – la fundación de la política reaccionaria de Podemos.

A Alberto Garzón, líder de los estalinistas de Izquierda Unida que son aliados parlamentarios de Podemos, cuando se le preguntó sobre el proteccionismo de Trump declaró abiertamente que “las propuestas económicas de Trump u otros partidos de extrema derecha, a veces, no difieren tanto de la izquierda nuestra”.

Igual de rotundo se mostró Iñigo Errejón, un defensor del “populismo de izquierdas”. Preguntado acerca de la posibilidad de que Podemos podría asimilar partes del discurso antiestablishment de la extrema derecha, Errejón respondió que los neofascistas y Podemos ocupan el mismo “espacio”.

Dijo que “la diferencia entre un populismo abierto y democrático o un populismo reaccionario es quién es el enemigo. La cosa es quién dote de sentido o quién construya esa comunidad nacional. Es verdad que el PP ha tapado los huecos del franquismo sociológico, el de la posibilidad de un pueblo construido contra los débiles, el de un populismo fascista, creo que lo tapamos nosotros”.

Otra entrevistada no fue otra que Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona y líder de Barcelona en Comú, un aliado político de Podemos, famosa por ordenar a la policía de la ciudad condal a perseguir vendedores ambulantes y su oposición a una huelga de trabajadores del metro. Al imponer un “servicio mínimo”, aseguró la derrota de la huelga.
Podemos no tiene intención ninguna de montar una lucha seria contra la extrema derecha, en España o en otros lugares. Más bien, pretende bloquear la oposición social a través de la contención, desviación, y finalmente, la dispersión de cualquier movimiento de la clase trabajadora en favor de los interese de clase de su base social de apoyo: la clase media alta.

El valor de Podemos para la clase dominante se expresa en el apoyo mediático que ha recibido su campaña de “vuelta a las calles” coordinada con la burocracia sindical, que consiste en escenificar bajo el foco de los medios de comunicación su apoyo a las huelgas. Los medios de comunicación retratan estas acciones como de oposición con el fin de desviar la creciente ira social detrás de la perspectiva nacionalista y decadente de Podemos.

La conferencia “antifascista” es la última manifestación de estas políticas. Fue propuesto por primera vez por los pablistas de Anticapitalistas y su líder Miguel Urbán, según la página web favorable a Podemos, cuartopoder.es: “La intención de Urbán es poder contar en Madrid con políticos de relevancia como el británico Jeremy Corbyn o el estadounidense Bernie Sanders, además de representantes de la izquierda europea, que está haciendo frente al avance de la extrema derecha.”

Sin embargo, tan pronto como la tinta se secó sobre las propuestas para la conferencia de Urbán, los dos principales “políticos relevantes” mostraron su verdadero rostro.

Bernie Sanders declaró que “Si el Presidente Trump se toma en serio una nueva política para ayudar a los trabajadores estadounidenses, estaría encantado de trabajar con él”. Después aprobó la designación del General James “Perro Loco” Mattis como secretario de Defensa de Trump, el mismo hombre que lideró el sangriento asalto a Fallujah en 2004, reduciendo la ciudad a escombros y matando a miles de civiles.

En cuanto a Jeremy Corbyn, recientemente dejó de lado su oposición a los controles migratorios, declarando que “el trabajo no está ligado a la libertad de movimiento de los ciudadanos de la UE como punto de principio” en las conversaciones de Brexit. Esto no es sino el último paso en su capitulación ante el ala derecha del Partido Laborista, que incluye la colocación de los belicistas blairistas en su primer gabinete a la sombra, la libertad de voto a los diputados laboristas en apoyo a los bombardeos contra Siria, la renovación del programa de armas nucleares Trident y el abandono de su oposición de toda la vida -basada en un programa de nacionalismo económico- a la UE.

La idea pablista de una conferencia antifascista desapareció y sólo se resucitó casi un mes más tarde, justo cuando surgían divisiones en la clase dominante española sobre la mejor forma de preservar y promover sus intereses nacionales. El principal dilema de España es si sumarse a Alemania y Francia en defensa de la UE, o con Estados Unidos, con la esperanza de convertirse en el nuevo socio estratégico de Washington en Europa.

Podemos ha intervenido, al menos por ahora, para defender a la facción de la UE. En el parlamento, Iglesias y Errejón se unieron al coro de voces, encabezado por el diario El País, criticando al gobierno del Partido Popular de Mariano Rajoy por su intento de continuar las relaciones con Estados Unidos como antes. Ambos condenaron la posición de Rajoy como “vergonzante” por ser uno de los pocos líderes europeos en no haber criticado a Trump.

Iglesias dijo: “La palabra tibieza es moderada, creo que es vergonzoso que cuando el señor Donald Trump es a todas luces un representante de un retroceso democrático sin precedentes y de un ataque descarnado a los derechos humanos, creo que nuestro Gobierno al menos debería decirlo.” Errejón dijo que Rajoy debe unirse al “clamor “de la sociedad civil y muchos líderes internacionales en contra de las políticas de Trump, de las cuales “me siento orgulloso”.

Cualesquiera que sean las suaves críticas que susciten contra Trump, lo que menosprecian de Trump y de las secciones de la clase dirigente estadounidense que representa es el hecho de que Estados Unidos esté repudiando su papel previo como supervisor de la UE y la OTAN, ambas defendidas por Podemos. Al mismo tiempo, el nacionalismo y el proteccionismo económico de Trump están sacando a la luz las consecuencias de la defensa de estas concepciones por parte de Podemos.

La verdadera amenaza para la clase trabajadora es que Podemos está creando un terreno fértil para la creación de un partido de extrema derecha genuino, que pueda usar más directamente el lenguaje de “patria”, “España”, y el nacionalismo para defender los intereses de la clase dominante.

La diatriba fascista de Trump: en camino a la 3a Guerra Mundial

por Patrick Martin

El discurso pronunciado por Donald Trump el día de su inauguración presidencial no tiene parangón en la historia de los Estados Unidos. Fue una diatriba violenta y nacionalista, de matices inequívocamente fascistas. Trump proclamó que su programa es “América Primero,” amenazando con graves consecuencias a los que no se sometan a sus exigencias económicas y políticas.
El discurso fue todo menos “inaugural”, en el sentido de resumir las ideas generales en que se enfocará el nuevo gobierno y tratar de darles cierta importancia universal, sin importar cuán falso, torpe o hipócrita sea el intento.
En contados casos, el más famoso entre ellos el de Abraham Lincoln, el discurso inaugural ha perdurado y se ha transformado en un hito histórico. En la era moderna, Franklin Roosevelt declaró, en medio de la Gran Depresión, que el pueblo estadounidense “no tiene nada que temer, salvo el propio miedo.”
El mensaje de Trump fue justo lo contrario: “Tememos al mundo, pero todo el mundo deberá tenernos miedo.”
Las ilusiones de que Trump se volvería “presidencial” una vez que asumiera el cargo se desvanecieron ante el tono de sus declaraciones. Trump despotricó y lanzó miradas fulminantes. Usó un solo tono de voz: un grito furioso. El discurso fue una sacudida que alertó al mundo que el nuevo presidente de EE.UU. es un megalómano descontrolado.
A diferencia de los presidentes estadounidenses del siglo pasado que se posicionaron como los líderes del “mundo libre” o sugirieron que a los Estados Unidos le interesaba el desarrollo mundial, Trump trató a todos los países extranjeros de enemigos y los culpó por la crisis del capitalismo estadounidense. “Debemos proteger nuestras fronteras de la asolación de otros países que fabrican nuestros productos, se roban nuestras compañías y destruyen nuestros empleos,” afirmó.
Trump ganó las elecciones en los estados industriales económicamente devastados como Pennsylvania, Ohio, Michigan y Wisconsin aprovechándose cínicamente de los estragos sociales en pueblos industriales y zonas rurales, ofreciendo una solución reaccionaria y falsa a la crisis, basada en el nacionalismo económico.
Ésta era la temática principal de su discurso inaugural, en que afirmaba, “[Hemos] enriquecido la industria extranjera a expensas la de industria estadounidense… y gastado billones y billones de dólares en el extranjero mientras que la infraestructura de Estados Unidos se deteriora. Hemos enriquecido a otros países, mientras que los recursos, la fuerza y la confianza de nuestro país se ha dispersado más allá del horizonte.”
Trump resumió su perspectiva chovinista con la siguiente frase: “La riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de sus hogares y redistribuida por todo el mundo.” ¡No es verdad! La riqueza producida por la gente trabajadora en efecto ha sido robada y “redistribuida,” pero no por extranjeros. Se la han apoderado los capitalistas estadounidenses—la pequeña élite de aristócratas financieros como el mismo Trump y gran parte de su gabinete, los billonarios y multimillonarios.
La “gran mentira” de Hitler fue culpar a los judíos, no a los capitalistas, de las devastadoras consecuencias de la crisis del capitalismo que provocó la Gran Depresión de los 1930s. La “gran mentira” de Trump ofrece un chivo expiatorio distinto para desviar la indignación popular por la crisis económica que se desencadenó el 2008, pero es igual de falsa y reaccionaria.
Como en Alemania en los 1930s, la visión de restaurar la grandeza nacional por medio de la autarquía económica y la expansión militar lleva forzosamente a la guerra. El discurso de Trump es la comprobación directa de la perspectiva avanzada por el Partido Socialista por la Igualdad: el crecimiento del militarismo estadounidense durante el último cuarto de siglo se origina en los intentos de la élite económica de los EE.UU. por encontrar una solución violenta al prolongado declive económico de los Estados Unidos.
El discurso de Trump estaba impregnado de principio a fin con el lenguaje propio del fascismo, con la ayuda, sin duda, de su principal asesor político, Stephen K. Bannon, el ex jefe de Breitbart News, un refugio para los “nacionalistas blancos,” i.e., supremacistas blancos, antisemitas y neo nazis.
El nuevo presidente declaró, “Compartimos un corazón, un hogar, y un destino glorioso.” Exigió “una total lealtad a los Estados Unidos de América,” saludó a “los grandes hombres de nuestras fuerzas armadas y policiales,” llamó a “un nuevo orgullo nacional,” y concluyó que “todos sangramos la misma sangre roja de los patriotas.”
Su promesa espeluznante de destruir “el terrorismo islamista radical, el que erradicaremos de la faz de la Tierra” será interpretada como una amenaza, legítimamente, por las grandes mases del Medio Oriente y todo el mundo musulmán, unas 1.600 millones de personas. Trump ya declaró que se les prohibirá entrar a los Estados Unidos.
No hay duda de que el discurso de Trump será tomado como una declaración de guerra, no sólo en Beijing, Moscú y Teherán, sino que también en Berlín, París, Londres y Tokio. Cuando decía que “está en el derecho de todas las naciones el priorizar sus propios intereses,” estaba anunciando el comienzo de una lucha despiadada entre las principales potencias imperialistas por mercados, fuentes de materias primas y mano de obra barata, y posiciones estratégicas clave. La lógica inexorable de esta lucha lleva a la guerra mundial.
La política de expansión militar y nacionalismo extremo de Trump tendrá las consecuencias más funestas para los derechos democráticos del pueblo estadounidense. Habla en nombre de una oligarquía financiera despiadada que no tolerará ninguna oposición, externa o interna. Su propuesta de una Fortaleza América, movilizada en contra de cada país en el mundo, conlleva la represión de toda disensión doméstica.
Es notorio que el discurso de Trump desechó la retórica democrática típica de las inauguraciones. No se rindió tributo al proceso electoral, no se apeló a las decenas de millones que no votaron por él, no se calmó a los opositores asegurando que sus derechos serían respetados, no hubo una promesa de que sería el presidente de “toda la gente.” Ni siquiera se reconoció que recibió menos del 46 por ciento de los votos, casi tres millones de votos menos que su oponente Demócrata, Hillary Clinton.
Por el contrario, Trump denunció a “un pequeño grupo en la capital de nuestra nación,” nombrados a los “políticos” y “el establishment ,” en otras palabras, todos los que estaban sentados a su alrededor en la fachada oeste del Capitolio—diputados, senadores, ex presidentes. Afirmó que serían destituidos de todo poder porque “estamos transfiriendo el poder desde Washington, DC y dándoselo a ustedes, el pueblo” —con el mismo Trump, por supuesto, tomando el lugar del “pueblo.”
Sólo se puede sacar una conclusión política seria de esta inauguración: Trump busca desarrollar un movimiento fascista estadounidense, ofreciendo un falso enemigo a quien culpar por los crímenes y fracasos del capitalismo, tachando de cualquiera que se oponga a sus de desleal, y mostrándose como la personificación de la voluntad popular y el único que puede ofrecer una solución a la crisis.
Trump formó un gabinete de multimillonarios, ideólogos derechistas y ex generales. El gobierno de Trump irá mucho más lejos de lo que cualquiera imagina al implementar un programa de guerra, ataques a los derechos democráticos y la destrucción de los empleos y niveles de vida de los trabajadores.
El Partido Demócrata no hará nada en contra de Trump. Los líderes del Partido Demócrata, de Obama para abajo, escucharon la diatriba militarista y antidemocrática de Trump como si fuese un discurso político “normal.” Durante el período transitorio, Obama se ha ocupado de fomentar complacencia ante el nuevo gobierno, mientras que los demócratas del Congreso han prometido colaborar con Trump y adoptar su tóxico y reaccionario nacionalismo económico.
Le esperan grandes conmociones a la gente trabajadora. Cualquiera sea la confusión inicial, ya sea si votaron por Clinton, por Trump, o se rehusaron a elegir entre los dos, pronto aprenderán que este gobierno es su enemigo. El capitalismo estadounidense va encaminado al desastre y nada puede detenerlo más que el movimiento revolucionario de la clase trabajadora.

(tomado de World Socialista Web Stite)

La consulta ciudadana y la derrota del neoliberalismo en el Partido Socialista

por Ibán de Rementería

La resolución del Comité Central del Partido Socialista el pasado sábado 21, que resuelve convocar a una consulta ciudadana para que los militantes, simpatizantes, amigos y simples ciudadanos puedan escoger el próximo 23 de abril el precandidato presidencial del Partido Socialista a competir en las primarias presidencial de la Nueva Mayoría el 2 de junio próximo, ha recibido variadas interpretaciones. Esta resolución fue aprobada por una contundente mayoría de 59 votos a favor, 24 abstenciones y ninguno en contra –para esconder la mano. Si bien esta resolución se muestra como un intento de la Dirección encabezada por Isabel Allende de impedir el quiebre del Partido, también se interpreta como una derrota de los partidarios de Ricardo Lagos dentro de él, o como un triunfo de la legalidad partidaria ya que así se daba cumplimiento a los acuerdos del XXX Congreso del Partido mes de abril pasado, al dictamen en días recientes del Tribunal Supremo y a la recomendación de la Mesa en igual sentido. Pero en términos políticos este ha sido un triunfo de las bases del Partido, de la Izquierda Socialista dentro de él, también de la izquierda y el movimiento social del país, pero sobre todo es una derrota del neo liberalismo y de quienes lo representan dentro y fuera del Partido Socialista.

Esta es una manifestación más, pero para nosotros fundamental, de que la globalización cruje – el TPP fue borrado de un plumazo, perdón de una Orden Ejecutiva del Presidente Trump- y el neo liberalismo está en vía de derrota, ya que se ve afrontado a su propia incapacidad de seguir creciendo, pues cuando al capital ya no le queda actividad económica o social de la cual apropiarse o privatizar y donde reinvertir para hacer su reproducción ampliada entra en crisis. El neo liberalismo, que es la etapa superior del capitalismo, consiste en la privatización de los principales servicios públicos, cuando el capital ya no puede invertir nuevamente sus utilidades en las actividades tradicionales de la producción, el comercio y las finanzas. Como los narcotraficantes cuando no pueden reinvertir en la provisión de drogas porque es un mercado muy estable y sensible a los precios, entonces reinvierten en “negocios legales”. También el capital se apropia de los recursos naturales –renovables, no renovables, agua, tierra, localizaciones geoestratégicas, etc. – para así privatizar la renta que estos generan, el neo liberalismo es extractivista y rentista.

En las sociedades modernas y contemporáneas, sean estas democráticas o autoritarias, capitalistas privadas o de estado, los servicios públicos son los que garantizan la aplicación efectiva de los derechos sociales fundamentales de las y los ciudadanos, como son: la salud, la educación y la seguridad social. La aplicación del neoliberalismo aquí, que se inició con la Dictadura Militar y se perfeccionó con los gobiernos de la Concertación, privatizó todas las empresas públicas de la producción, el comercio y las finanzas, las obras públicas, la vivienda social; además, la salud, la educación y la seguridad social. También fueron privatizados los recursos naturales y sus rentas. Bien sabemos que los pobres no pueden pagar una salud, una educación y una seguridad social hecha para los ricos, pues no importa pues el estado subsidia a los pobres, eso es el AUGE en salud o los vauchers en educación y la pensión mínima garantizada. En el caso de la seguridad social, el asunto adquirió una peculiaridad chilena, los pobres, los trabajadores fueron obligados al ahorro forzoso en favor del capital financiero, conformando así un mercado de capitales barato para salir de la crisis económica de 1982-1983, lo claro era que la finalidad de las AFP no fue una seguridad social digna.

La proyección de esta derrota del neoliberalismo propinada por los militantes a sus representantes en el Partido Socialista, solo será consolidada asegurando en las elecciones internas del Partido el triunfo de la Izquierda Socialista encabezada por el compañero Gonzalo Duran, así como logrando el triunfo del compañero Fernando Atria en la consulta ciudadana para que sea nuestro representante en las primarias de la Nueva mayoría y el próximo Presidente de la República, que ponga fin a las instituciones neo liberales en el país desde la Constitución Pinochet-Guzmán hasta la ley de pesca de Longueira, pasado por las AFP, la ley de aguas, la privatización del cobre, el litio, etc., etc., etc.

 

(Fotogarfía: Pasaje Quillota, Valpraíso, 1972)

Inmigrantes, las otras víctimas del negocio de las ISAPRES y AFPs

Por Marco González Pizarro

Abogado

Magister Ciencias Sociales

DEA Unión Europea U Salamanca

En las últimas semanas se ha politizado el debate sobre la inmigración en Chile, y sus efectos en la “seguridad social” del país. Señalan las voces políticas ultramontanas de la derecha y la Nueva Mayoría, en línea con el muro de Trump y del apartheid en Palestina, que este fenómeno requiere “regulación”, desde que importa “abusos” de los trabajadores inmigrantes, especialmente de los beneficios de prestaciones de salud. Nada más alejado de la realidad, y propio de una demagogia huera, que busca el enemigo interno, para generar distinciones de clase en el país, atacando ahora a los trabajadores inmigrantes.

 

Primero que todo, debemos decir que el tema está regulado. Para que un inmigrante obtenga residencia en Chile, requiere Visa de Trabajo lo que significa que el trabajador inmigrante debe acreditar ante la autoridad de inmigración del Ministerio del Interior, que ha sido contratado para trabajar, acompañando al efecto un contrato de trabajo, con sus respectivas afiliaciones al sistema de ahorro forzoso de AFP y de cotizaciones de salud a Fonasa o Isapre.

De este modo, para que un trabajador inmigrante pueda obtener asistencia de salud en los consultorios y derivaciones a la red pública de salud, debe cotizar de su sueldo a Fonasa o Isapre. Vale decir, el trabajador extranjero tiene exactamente el mismo estatus que el nacional, y soporta el mismo gravamen para tener acceso a la salud. Misma cosa ocurre con la ley de protección por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, ley 16744, en que el empleador debe cotizar a las mutuales respectivas, por cierto administradas por los mismos empresarios, para que el trabajador pueda ser atendido en los hospitales del trabajo si tiene algún accidente o enfermedad de carácter laboral.

Sobre este aspecto, debemos decir que la responsabilidad de descontar del salario del trabajador el monto a enterar en las Isapres, Fonasa y Mutuales, es del empleador, cuestión de la que el visado de trabajo no da cuenta, sino las entidades fiscalizadoras de seguridad social, que analizaremos respecto al otro fenómeno de “seguridad social del país”, las cotizaciones de AFP, que se realizan en forma conjunta con las del sistema de salud.

Esto, porque es en las cotizaciones de ahorro forzoso de las AFP, donde se produce el efecto de mayor complejidad de la “seguridad social” chilena, donde la masa de trabajadores inmigrantes entra en la lógica de todo trabajador en el territorio nacional, y en que, como los trabajadores chilenos, está significando una masa importante de cotizaciones al sistema, de las que difícilmente vayan a disfrutar alguna vez, y que por ende, son contribuciones que van derechamente a incrementar el aparato financiero de ahorro forzoso, y sus inversiones, que aprovechan de este esfuerzo de los trabajadores. Así, debemos notar que esta masa laboral inmigrante se inscribe dentro del fenómeno general de fuerza de trabajo nacional, que según las estadísticas que revisamos a continuación, donde verificaremos que la masa del trabajador inmigrante no termina siendo significativa, sino precisamente parte del sistema general.

Tomaremos como punto de partida el año 2102, para verificar como se inscribe el dato inmigrante en la masa total cotizante de fuerza de trabajo del país, que se ha incrementado según se expresa en el siguiente cuadro:

 CUADRO N° 1: TOTAL COTIZANTES Y AFILIADOS SISTEMA AFP1

cotizantes (diferencia) Afiliados
oct-12 4.777.298 (4.461.628) 9.238.886
sep-16 5.161.074 (4.987.811) 10.148.885
Incremento 484.816 (415.185) 909.999

Podemos colegir del cuadro precedente, que la masa de trabajadores que efectivamente cotiza en el país, incluidos los extranjeros, se incrementa desde 2012 a 2016, en 484.816 trabajadores, mientras que la masa de afiliados, se incrementa en 909.999 trabajadores.

Donde verificamos que en los guarismos del sistema de AFP, la incidencia de la inmigración se disuelve en el contexto general del sistema. Por ende nos ocuparemos en forma general en adelante del artículo, sin distinción de nacionalidad, para explicar sus efectos sobre trabajadores chilenos y extranjeros sin distinción.

Tenemos pues que la diferencia entre los segmentos de afiliados versus cotizantes, sean chilenos o extranjeros, es de 415.185 trabajadores, que notamos entre paréntesis en el cuadro, que se sumaron a una AFP (afiliados). La pregunta obvia es ¿Qué pasa con estos trabajadores afiliados que figuran sin cotizar?

Desde luego se debe decir que este no es un fenómeno nuevo en el sistema privado de previsión. La sumatoria total de trabajadores que están afiliados y no cotizan se generó por la competencia desenfrenada por la captación de afiliados, que poco a poco generó este efecto perverso en el que la cifra de afiliados es del doble de cotizantes. Por cierto en Chile no existen diez millones de trabajadores, La cifra la que representa el mercado de trabajo se acerca a la de cotizantes efectivos2.

Por ende la existencia del doble de afiliados, se constituye de lo que especialistas muy comprometidos incluso con la previsión privada, como Carmelo Mesa Lago, han llamado el efecto estadístico imposible del sistema, del que sin embargo todos hacen vista gorda en la fiscalización general.3

Tras esta estructura perversa, se esconden los fenómenos de la Evasión de cotizaciones, es decir, lo que se descuenta de cotización al trabajador y no se entera en la AFP, y además, los llamados Rezagos, que consisten en los montos retenidos en una AFP, que no lo entera en otra a que el trabajador se cambie, generando así una doble afiliación, que lleva a que exista el doble de afiliados respecto de los cotizantes efectivos.

La Superintendencia de Pensiones frente a este fenómeno, sanciona con multas irrisorias de unos cuantos cientos de UF, casos de centenares de miles de trabajadores rezagados, que simplemente pierden sus fondos, debido a esta maraña de cambios irregulares de una AFP a otra. 4

De modo que en este contexto de doble afiliación y de estadísticas imposibles, la existencia de 415.185 trabajadores afiliados sin cotización en el país, es de lo más normal para el sistema privado.

Pero el problema recién empieza.

Si llevamos a cifras este “fenómeno” tan particular de la previsión privada, la cuestión toma tono escalofriante. En efecto, si tenemos que 415.185 trabajadores afiliados no cotizan, en primer lugar se trata del fenómeno de la Evasión, vale decir, que se le descuenta su cotización, pero no se le entera en su cuenta de capitalización.

Si consideramos cotizando a estos trabajadores con el ingreso mínimo actual, realidad de la gran mayoría de inmigrantes de este país, asumiendo una cotización del 10% de dicho salario a esta fecha, ascendente a $257.500 pesos, tenemos que cada trabajador contribuye mensualmente con $ 27.500 pesos mensuales a las AFP. Pues multiplicado este monto por 415.185 trabajadores, nos da la no despreciable suma de $ 10.644.544.500.-, poco más de 16 millones de dólares, que multiplicado por los doce meses del año, alcanza la no despreciable suma de US$ 196 millones de dólares americanos.

¿Dónde está esa plata? Pues en las cuentas de empresarios que descuentas esos fondos de trabajadores y no los enteran en sus cuentas de ahorro forzoso. Entonces ya tenemos un primer tema claro en esta maraña. Los empresarios dejan de cotizar los dineros de los trabajadores que ingresan al sistema, nacionales o extranjeros, asumiendo, por cierto, en el último tiempo que una parte muy importante de ellos son inmigrantes.

Luego, nos queda un universo de 4.987.811 trabajadores –la diferencia entre el total de cotizantes y afiliados al sistema, que están bajo doble afiliación y /o evasión. ¿Cuántos de ellos son inmigrantes que dejaron fondos cotizados en el país por volver a su país de origen? ¿Cuántos de ellos son flujos de afiliados inmigrantes de años anteriores a esta muestra, que no les cotizan por años y que aún trabajan en el país?

Ya podemos entender entonces mejor porqué existe un total acumulado, de más de 150 mil millones de dólares, en el sistema, y tan bajas pensiones. La verdad es que muchas cotizaciones de trabajadores son evadidas y rezagadas, sean nacionales o extranjeros, por el sistema. Entonces es falaz el pretendido abuso de trabajadores inmigrantes en Chile.

De modo tal, que lejos de lo planteado por la derecha y su coro de la NM, el sistema de “seguridad social” chileno, está lejos de ser dañado por los inmigrantes.

La verdad es que tanto estos trabajadores, como los chilenos, están siendo estafados sistemáticamente por el perverso modelo de previsión privada de salud y pensiones en Chile, del que se intenta torpemente tratar de seguir ocultando y evitar que se conozcan sus reales distorsiones y maniobras de daño a los trabajadores, desviando la atención a la afluencia de migrantes como fuerza de trabajo a este país, que está siendo, como nuestros propios trabajadores, golpeados con toda la fuerza por este oprobioso modelo de super explotación.

La burguesía chilena, obediente a la línea de Trump, así, busca someter con total impunidad a la fuerza de trabajo migrante, para mostrarla como delincuente y perversa, escondiendo con ello los abusos patronales más deleznables, como los descritos. Nosotros desde el Porteño, somos claros en denunciar esta maniobra de apartheid racial y político, que solo busca potenciar la explotación de la clase trabajadoras mundial, para seguir tratando de sostener el capitalismo neoliberal a ultranza, en decadencia total, siendo nuestra responsabilidad social y política, mantenernos firmes frente a este neo apartheid de la derecha racista y xenófoba.

________________________

1 http://www.safp.cl/portal/informes/581/articles-8669_recurso_1.pdf p. 1

2 Para ver Fuerza de Trabajo real en el país, vid:  http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/mercado_del_trabajo/nene/series_trimestrales_2011.php

3 MESA LAGO, Carmelo (2008) Protección social en Chile: Reformas para mejorar la equidad. Revista Internacional del Trabajo, vol. 127 (2008), núm. 4. EN  http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/proteccion_social_en_chile.pdf. P.19

4 La Superintendencia constata estos problemas bajo las siguientes modalidades. Las AFP retienen fondos de un afiliado traspasado, cambiando el número de RUT en un dígito, con lo que informáticamente se pierde su rastro, haciendo imposible su detección y quedando en consecuencia un afiliado NN, con un RUT falso, del cual se genera una afiliación doble. Así el sistema estadístico de las AFP soportan la existencia de afiliados sobre el doble de la auténtica cifra de trabajadores del país. VID: http://www.spensiones.cl/apps/sanciones/imag_2007/resolucion_09_2007.pdf LETRAS E ) Y G)

Parar a Trump luchando contra el imperialismo

por Gustavo Burgos

La prensa burguesa ha enmudecido frente al triunfo electoral de Trump. Desde Valparaíso, hay un cierto deja vú, al analizar un nuevo resultado electoral inesperado, de aquellos que revuelven el naipe.

No nos puede sorprende que un gorila como Donald Trump haya llegado a la Casa Blanca. En la historia reciente, Nixon, Reagan y Bush Jr., se han distinguido por su incultura, su torpeza y brutalidad, por referirnos a sus atributos personales. En lo que no se distinguen ninguno de los Presidentes de EE.UU. -de forma unánime- es en haber encabezado el ataque la clase obrera y a las naciones oprimidas y haber perpetrado masivos crímenes de guerra que sólo la revolución podrá castigar.

No haremos –de ningún modo- un análisis de la conducta electoral norteamericana. Los más variados analistas, incluyendo algunos criollos muy relevantes, se permiten hacer atrevidas e intrincadas hipótesis distinguiendo entre los votantes del sur de Virginia, los latinos de Orlando, los cubanos jóvenes de Miami, el early voting y muchas más categorías de fantasía política. Nos parece que esos ejercicios categoriales y estadísticos son meramente especulativos y pretenden reemplazar el análisis político, que parte de la comprensión del proceso de lucha de clases, por el uso del ábaco y la calculadora. En la antigua Roma en lugar de las encuestas, leían las vísceras de las aves.

Pero tampoco creemos que sea ocioso evaluar el éxito de Trump amparándose en que él y la Clinton son lo mismo. Es verdad, representan lo mismo, son ambos instrumentos del imperialismo y la burguesía norteamericanas, como en su momento –y guardando las debidas distancias- las candidaturas de Lagos/Lavín, Frei/Piñera, Bachelet/Matthei, fueron candidaturas burguesas, de lo que de forma espeluznante se llama hoy “el duopolio”. Sí, es verdad, Trump y Clinton son funcionales a los mismos intereses de clase imperialistas, pero no son lo mismo, no expresan de la misma forma dichos intereses.

Toda democracia burguesa –aún la escandinava- no es más que la mascarada, la puesta en escena, de la inclemente dictadura del gran capital tendiente a garantizar la explotación de los trabajadores y si hay resistencia, la más bárbara de las represiones. A ese orden capitalista de explotación, al monopolio de la fuerza armada a manos de la burguesía, los políticos patronales llaman “institucionalidad” y “orden público”. Engels, con una buena cuota de humor negro, decía que el Estado no era más que una banda de matones al servicio del gran capital. La democracia burguesa yankee, el epítome, el modelo de toda democracia burguesa no escapa a este concepto. Con un sistema electoral que viene del siglo XVIII, el llamado a elecciones y la verificación del mismo, no expresan más que de forma muy deformada la voluntad popular. Esta deformación es tan extrema, tan inocua a los intereses de los explotadores, que sólo permite por su intermedio inferir, de modo indirecto, poco más que el estado de ánimo de los norteamericanos.

Que en esta elección hayan sido convocados los norteamericanos a elegir entre dos variables de lo mismo (demócratas o republicanos), dos candidaturas con programas indiscernibles el uno del otro, no hace sino corroborar el carácter de clase del llamado orden democrático norteamericano, precisamente porque ese retaceado e inútil voto, esa episódica e impotente manifestación de voluntad política, se expresa condicionadamente en un marco institucional burocrático y dictatorial. El juego democrático en los EE.UU. y en Chile y en cualquier país capitalista, sólo opera en tanto legitime la gran propiedad privada de los medios de producción, el monopolio de la fuerza pública y consagre y fortalezca el fetiche electoral como si tal fuese la voluntad popular: es lo que llaman Constitución. Mediante el ejercicio electoral burgués, la patronal en el plano simbólico, expropia la voluntad de los explotados, como en el económico lo hace al apropiarse de la plusvalía.

¿Qué significa Trump, entonces? Todos lo sabemos: fascismo. El aspecto grotesco, el peinado su penosa torpeza comunicacional, expresa –con todas las limitaciones acotadas- que la miseria de grandes capas de la población norteamericana se ha agudizado a niveles superiores a lo habitual y que ella es la base material de un creciente descontento con el régimen. Sin embargo, este descontento, genuino, real, de la base social norteamericana de los obreros, campesinos y explotados en general, no encuentra expresión política propia, proletaria, revolucionaria, de izquierda. Ello precisamente porque la clase obrera norteamericana no tiene un partido o dirección política propia que exprese sus intereses históricos. Esta ausencia de dirección política revolucionaria ha terminado empujando el descontento político a los brazos del fascismo. Ocurre en el Reino Unido, en Austria, Francia, Alemania.

La candidatura de Donald Trump alberga en sus entrañas, más precisamente, los gérmenes del fascismo. De conjunto, el programa presentado se basa en la estrategia de nacional-imperialismo. Está ahí porque se fundamenta en algunas premisas de defensa de las fronteras nacionales de los Estados Unidos, de expansión económica por la fuerza de las armas, por la generalización de la xenofobia y el recrudecimiento del racismo. La confluencia de las tendencias fascistizantes de la mayor potencia con las de Europa Occidental, es un síntoma grave de la descomposición mundial del capitalismo que no encuentra salida progresiva para su crisis estructural. Todo indica que crecerán y fortalecerán las posiciones chauvinistas en el seno de las potencias.

La desintegración del orden capitalista, la transformación de las crisis políticas en conflictos armados en el Medio Oriente y la insaciable voracidad del capital financiero, son los motores de la lucha de clases en los EEUU y en el mundo entero. Abrigar esperanzas en que el capitalismo es reformable, que por intermedio de ajustes legales, institucionales o electorales, podremos parar esta ofensiva del gran capital, es abonar el camino hacia nuevas derrotas.

Parar a Trump y a todas las tendencias fascistas es una tarea para los trabajadores, para la izquierda y para los revolucionarios de todos los puntos del orbe. Parar a Trump significa redoblar nuestros esfuerzos por organizar a los trabajadores y fortalecer y ampliar las movilizaciones. Parar a Trump es acabar con las AFP, es imponer los reclamos de la ANEF, recuperar la educación gratuita y ponerla al servicio de la liberación social y nacional.

Parar a Trump es parar al imperialismo y al principal representante y protector de sus intereses en Chile: el régimen político del pinochetismo, sus partidos patronales y el Gobierno. No se trata de un ejercicio intelectual. Se trata contribuir a fortalecer la lucha de los trabajadores, instar por la construcción de  sus órganos de poder y verdadera democracia. Se trata de rescatar la tradición socialista, en este momento en que los trabajadores parecen en Chile y el mundo haber retrocedido a expresiones políticas primitivas de sumisión al orden democrático burgués. Se trata, en momentos en que el fantasma del fascismo parece enseñorearse en las metrópolis, de levantar las banderas de la liberación de los explotados: la revolución socialista.