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Mientras Occidente fabrique terroristas, habrá atentados

por Marc Cher-Laparrain//

Anteayer una bomba estallaba en Bagdad, ayer unos asesinos atacaban en Londres, hoy un coche ataca a la policía en París, ¿y mañana?

Quince años después del desencadenamiento de la guerra contra el terrorismo dirigida por Estados Unidos y apoyada por la mayor parte de los países occidentales, entre ellos Francia, cada vez se contabilizan más ataques calificados de terroristas. ¿No ha llegado el momento para Occidente de preguntarse sobre sus responsabilidades, sobre la manifiesta ineficacia de las soluciones policiales y militares contra el yihadismo y sobre su responsabilidad en la fabricación de terroristas?

Después de su aparición en 2014, tras el comienzo de la campaña aérea de la coalición dirigida por Estados Unidos contra la organización del Estado Islámico (EI), a día de hoy (21/06/2017), los atentados ligados al EI en Europa han provocado 331 víctimas, de ellas 239 en Francia, 37 en Reino Unido, 36 en Bélgica, 12 en Alemania, 5 en Suecia, 2 en Dinamarca.

En Irak, los atentados cometidos por esa organización yihadista provocan una media de 1 500 víctimas cada año entre la población civil, sin contar las producidas en los combates que le enfrentan al ejército iraquí y sus aliados. En los demás países arabo-musulmanes afectados por el EI y sus filiales locales, aunque el balance sea inferior, se trata sin embargo de varios centenares de muertos al año, desde Túnez a Afganistán, pasando por Yemen.

Desde su lanzamiento como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos (2 993 muertos), la guerra contra el terrorismo iniciada por Georges W. Bush ha provocado entre 500 000 y un millón de víctimas, incluso si sirvió también y sobre todo como pretexto para las ambiciones ideológicas y económicas de los neoconservadores americanos entonces en el poder. Igualmente, desde esa fecha se cuentan 544 muertes en Europa por atentados yihadistas y 11 en s Estados Unidos, es decir, un total de 655. Es decir que por cada 1 000 víctimas de esta guerra en Oriente, de las que solo algunas son de yihadistas, hay una víctima en Occidente. ¿ Es éste un discurso de propaganda del EI o de Al Qaeda? No, sencillamente es recordar los hechos.

El precio a pagar

El 11 de septiembre de 2001 no se trataba más que de un crescendo en la serie de atentados que Al Qaeda había perpetrado desde 1992 contra Estados Unidos en África, Arabia Saudita, Yemen, Filipinas y en Estados Unidos mismo. Cierto que fue mucho más importantes que los precedentes, pero se inscribía en su continuidad. No era un fenómeno nuevo en su principio. Todos estos atentados, 11 de septiembre incluido, eran una respuesta al masivo despliegue militar americano en Arabia Saudí tras la invasión de Kuwait por Irak en 1990, y más aún a las entre 500 000 y 700 000 víctimas civiles provocadas por el embargo de Irak que había seguido durante el decenio de 1990. Madeleine Allbright, entonces secretaria de Estado, comentando en 1996 una estimación de la FAO que evaluaba el número de víctimas en medio millón, como “el precio vale la pena”. Washington ya había reaccionado a algunos de esos atentados, en particular en 1998, mediante bombardeos en Afganistán y en Sudan contra bases de Al Qaeda.

Desde hace más de 15 años, el intervencionismo occidental en Próximo Oriente no está justificado o determinado más que por esto: luchar contra el terrorismo. Pero, hay que repetirlo una vez más, los medios empleados -intervención militar y apoyo a regímenes represivos aliados de Occidente- no hacen sino mantener y reforzar las raíces del yihadismo. Recordemos también que el terrorismo es un modo de acción, no una entidad en sí, ni una ideología, ni una religión. Tratándose de yihadismo, ya sea en Próximo Oriente o en África, sigue siendo un movimiento de reacción a lo que es sentido y vivido como una agresión. En toda su historia, no ha actuado ex nihilo, sino siempre como respuesta, empleando el terrorismo en sus ramas extremas. Y su esencia es de orden político y no religioso, ya sea en Irak, Yemen o en el Sahel. Lo religioso no es para él más que un vector identitario allí donde el islam es una referencia endógena de sociedad.

“Atacan nuestros valores”

En Occidente, a cada nuevo ataque yihadista, vuelve el mismo discurso, letanía asestada a la opinión pública, ya sea por la clase política o por los medios: “atacan nuestros valores, la democracia, la libertad”. La dimensión religiosa extremista del yihadismo es puesta en el primer plano de forma exclusiva: es el combate de una ideología islamista contra los valores occidentales. La radicalización de un individuo se juzga a través de su adhesión a esta ideología. Además, en Francia este planteamiento es defendido por especialistas en islamología tanto más mediatizados en la medida en que sus opiniones sintonizan tanto con los miedos y fantasmas de la población como con el discurso de una parte de la clase política francesa.

Cuando el EI comete atentados en Irak en mercados o en mezquitas de barrios chiítas, ¿a qué valores ataca? ¿la libertad? ¿la democracia? ¿Es solo porque son chiítas, o en primer lugar porque los sunitas han sido marginados, incluso reprimidos en Irak desde que los chiítas están en el poder en Bagdad? Los atentados del EI en Arabia Saudí, bien reales, pero de los que se habla poco, contra objetivos tanto sunitas como chiítas, ¿apuntan a la libertad y la democracia? ¿No buscan más bien, como Al Qaeda hizo con numerosos atentados en el reino a mediados de los años 2000, desestabilizar la monarquía saudí aliada de los Occidentales? ¿Quién está en el punto de mira de los atentados contra las iglesias coptas en Egipto? Los cristianos como tales o, como el conjunto de los atentados que se han multiplicado en Egipto desde el golpe de Estado de 2013 y que no solo han atacado a los coptos, el régimen del mariscal Sissi y su represión sin límites de los Hermanos Musulmanes y de toda fuerza de oposición incluso las laicas?

Igualmente, ¿a qué atacan los grupos yihadistas del Sahel? ¿A la libertad, la democracia o bien a regímenes que han abandonado a las minorías del desierto? En cuanto a los elementos argelinos del yihadismo en esta región, siguen siendo la herencia del golpe de Estado del ejército argelino de enero de 1992 contra el partido islamista democráticamente vencedor en las urnas. Argelia de 1992 y Egipto en 2013 tienen un punto común que podría resumirse así: vosotros, partidos del islam político que respetáis las reglas democráticas, podéis participar, pero en ningún caso ganar. ¿Cómo empujar mejor a una franja de ellos a irse, como reacción, al yihadismo?

Comprendemos que en Francia o en el Reino Unido, al EI le da igual la democracia, de las libertades, de las terrazas de los bares o de la celebración de conciertos de rock, en definitiva, de lo que son los Occidentales. Pero no lo que hacen en Próximo Oriente, de las miles de toneladas de bombas que tiran allí, de su apoyo a los regímenes que le combaten así como a toda forma de oposición, aunque sea pacífica.

La valentía de Jeremy Corbyn

Aquí no se trata, en absoluto, de justificar y aún menos de excusar estos atentados, sino de situarlos en los contextos que los provocan. A sus determinantes del otro lado del Mediterráneo se añaden los de la orilla Norte: el disfuncionamiento del vivir juntos, la desigualdad en la inserción en el mundo del trabajo según se llame uno Jean o Mohamed, la intolerancia ante las diferencias, particularmente exacerbada por los discursos de los partidos de extrema derecha con fuerte audiencia, y repetidos por otros partidos con fines electoralistas. La discriminación y la desigualdad en función del origen étnico siguen siendo una realidad.

En Francia, antes rampante y de perfil bajo pero bien real, la estigmatización de los musulmanes ha aumentado progresivamente en los años 2000, con la polémica sobre el velo islámico, luego con el asunto Mohammed Merah, para hacerse aún más violenta con los atentados de enero de 2015 contra el diario Charlie Hebdo y el Hyper Cacher. El mecanismo del proceso es, no obstante, sencillo: racismo y discriminación engendran en el seno de la minoría discriminada reacciones identitarias que aumentan su estigmatización por la mayoría dominante, provocando de rebote respuestas más violentas entre esta minoría. Y el puente se realiza con el llamamiento que organizaciones como el EI hacen a los musulmanes que viven en los países que participan en la coalición que le bombardean en Oriente, para que cometan ellos mismos atentados. La oferta de yihad hace así eco a una demanda de yihad.

Muy raros son desgraciadamente los políticos occidentales que se atreven a decir que Occidente debe interrogarse sobre su parte de responsabilidad en el desarrollo del yihadismo incluso en su propia casa. En el Reino Unido, el líder laborista Jeremy Corbyn, en plena campaña electoral en el mes de mayo pasado para la renovación de la cámara de los comunes, asumió el riesgo político de establecer públicamente la relación entre lo que hace su país en Oriente y el aumento de los atentados en su suelo:

“Numerosos expertos, incluso los profesionales de nuestros servicios de información y de seguridad, han subrayado las relaciones existentes entre las guerras que nuestro gobierno ha apoyado o hecho en otros países y el terrorismo aquí, en nuestra casa. Esta evaluación no reduce en nada la culpabilidad de quienes atacan a nuestros niños. […]. Pero una comprensión bien informada de las causas del terrorismo es una parte esencial de una respuesta eficaz que protegerá la seguridad de nuestra población combatiendo más que alimentando el terrorismo” 1/.

En Francia, el candidato a la elección presidencial Emmanuel Macron subrayaba por su parte en la página web de su campaña que “las redes terroristas de Al Qaeda y del EI constituyen un asunto estratégico para Francia (…). Dicho esto, hay que comprender en qué, en Francia, hay un caldo de cultivo, y en qué ese caldo de cultivo es nuestra responsabilidad”. Más precisamente, planteaba la cuestión de los disfuncionamientos de la sociedad francesa que alimentan ese caldo de cultivo:

“Hay que mirar de frente el hecho de que nuestra sociedad, nuestra economía ha producido también anomia, exclusión, destinos individuales que han podido conducir a algunos y a algunas a llegar a atrocidades. (…) Tomar conciencia de los orígenes interiores del terrorismo, es también tomar la medida de las responsabilidades y pensar más ampliamente la respuesta al terrorismo. La ideología islamista (…) no tendría una influencia tan grande sobre los jóvenes franceses si la República no hubiera abandonado a una parte de su juventud”.

La ausencia de reflexión política

Sobre las actuales intervenciones militares exteriores francesas, todas ligadas a la lucha contra el terrorismo, el candidato Emmanuel Macron decía también: “Si no se tiene a mano la solución diplomática y política sobre el terreno, proponer soluciones militares que no son siempre más que a corto plazo es equivocarse siempre”.

¿Existen soluciones políticas construidas y puestas en marcha sobre el terreno, paralelamente a las intervenciones militares contra el yihadismo, capaces de secar su caldo de cultivo político? ¿Paralelamente a los bombardeos en los que participa el ejército francés, el apoyo sin contrapartidas políticas -y no comerciales- concedido al mariscal Sissi en Egipto, a las monarquías del Golfo, al régimen iraquí; la flexibilización de la postura respecto a Bachar Al-Assad -que se ha servido del EI y de Al-Nusra favoreciendo su ascenso-; el apoyo al gobierno maliense sin exigir de él que respete finalmente las promesas, todas traicionadas desde hace decenios, hechas a las poblaciones tuaregs; la complacencia sistemática hacia Israel cuando viola permanentemente desde hace cincuenta años el derecho internacional en los territorios ocupados palestinos. .. Todo esto es susceptible de atenuar el caldo de cultivo del yihadismo que la política de esos regímenes no hace más que mantener, igual que las intervenciones militares occidentales actuales?

A la pregunta de si el yihadismo ataca en Occidente a valores la respuesta es: no a los que son proclamados, sino a la forma en que son aplicados. Tanto en Occidente como en Oriente, solo las soluciones policiales y militares contra el yihadismo conducirán siempre a un callejón sin salida y le alimentarán cada vez más. Mientras Occidente prosiga políticas que contribuyen a fabricar terroristas aquí y allí, habrá atentados en todos los países promotores de la guerra -sin fin- contra el terrorismo.

Sobre el terror

por  Eduardo Luque//

Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros”

Zbigniew Brzezinski asesor presidencial en EEUU.
(Discurso dirigido a los dirigentes de Al Qaida en Afganistan.)

Sólo era cuestión de tiempo. Todos barruntábamos que se produciría. El dónde y el cuándo, era solo cuestión de geografía y de momento. El terror se ha enseñoreado de una de las vías turísticas más conocidas del mundo. Barcelona y las Ramblas están de moda.

No será, desgraciadamente, ni el primer ni el último atentado. El ataque ha afectado a un gran número de nacionalidades diferentes, por eso ha tenido enorme repercusión internacional. Los medios deseosos de incrementar las audiencias, especialmente en época de estiaje veraniego, han cubierto profusamente los sucesos. El tratamiento informativo ha sido prácticamente unánime; la consigna, la descontextualización. El atentado no debe tener relación con nada de lo que pasa en Oriente Medio. Los cientos de españoles, especialmente de origen magrebí, que han marchado a combatir con los grupos terroristas en Siria, nada tienen que ver con el apoyo ofrecido por el gobierno español a la oposición armada en ese país. En 2013 y 2014, el ministerio de Asuntos Exteriores, dirigido por el señor Margallo, organizó sendas conferencias de los autodenominados “Amigos de Siria” en Madrid (mayo 2013) y Córdoba (enero 2014) respectivamente. En las dos reuniones estuvieron presentes la mayoría de los representantes políticos que daban cobertura a los grupos terroristas. Eran su cara amable. Entre esos personajes figuraba el “opositor sirio” Ussama Jandali, unos de los defensores desde las páginas de “Rebelión” de la “Revolución siria” asiduo, al parecer, al despacho del Ministro de Asuntos Exteriores. La financiación procedía en gran parte de la AECID (Agencia Española para la Cooperación Internacional), dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. El gobierno Rajoy creó específicamente el programa MASAR para apoyar a la oposición siria. En 2014, parecía que los grupos terroristas armados y entrenados directamente por EEUU harían caer al gobierno de Basar Al-Assar.

Los sucesos de Barcelona no son obra de unos locos. En principio, los medios intentaron en principio atribuirlos a unos “supuestos lobos solitarios”. El número de los autores abatidos por la policía y la reivindicación del “Daesh” como implicado obligó a las autoridades a cambiar el discurso. Se habló entonces de una “célula terrorista” intentando separar, eso sí, la explosión en Alcanar, producida horas antes del atentado en las Ramblas, de los sucesos posteriores. Hoy sabemos que en esa localidad se preparaba un camión bomba con centenares de quilos de explosivos. Reconocer explícitamente ese hecho, es reconocer que no es obra de unos pocos “iluminados” sin más. Es hacer claro lo evidente. Detrás había especialistas en la fabricación y manipulación de explosivos. ¿De dónde vienen? ¿Dónde han aprendido? Es un atentado que requiere preparación y tiempo (más de 9 meses). ¿Quién ha financiado todo esto? ¿Dónde han conseguido el dinero? Estas son algunas de las preguntas que los medios no querrán hacerse.

Hay, como todos sabemos, una enorme red de intereses políticos, económicos y geoestratégicos retroalimentándose. Fue Zbigniew Brzezinski, el que reconocía, en 1998, que la creación de Al Qaida era su obra. Este siniestro personaje fue asesor de múltiples presidentes desde la época de Jimmy Carter. Su impronta ha quedado marcada en la historia reciente: desde las matanzas en Afganistán, hasta el intento destrucción del estado sirio, pasando por el genocidio libio. Mas tarde, Hillary Clinton reiteraba, en 2012 y 2013, que el Daesh era obra suya. Nadie ha pedido cuentas a ese malvado personaje, que estuvo a punto de ser presidenta de los EEUU. Otros nombres, igualmente siniestros, próceres y adalides de la democracia occidental como Sarkozy, Hollande, Netanyahu, Cameron o Theresa May han sido interlocutores directos en algunos casos de los líderes de los grupos terroristas que asolaron Libia y Siria.

El terror, el terrorista, no nace: se hace. Se le prepara, se le financia, se le instruye. Se requiere tiempo, dinero y planificación. Los grandes medios nos inundarán con imágenes terribles, se repetirán hasta el hastío los mismos argumentos, se crearán héroes y villanos; ocultando como en un juego de trileros las respuestas y evitando las preguntas incómodas. ¿Por qué el gobierno español intervino en Libia? ¿Por qué apoyó a la oposición siria, responsable de tantos crímenes? La respuesta es terriblemente simple. Apunta, eso sí, al cinismo de la política occidental, en este caso la nuestra. El Daesh es obra de la CIA, el M16 y el Mossad; financiadores y reclutadores de parte de este ejército han sido Arabia Saudita y Qatar, reconocidos internacionalmente como las fuentes de financiación del terrorismo especialmente en Oriente Medio. Occidente (menos Italia) se ha negado a intercambiar información de inteligencia con el gobierno sirio durante años; España tampoco lo hizo, aunque consta el interés de los servicios de información, sobre todo los desplazados en el Líbano en desarrollar estos contactos. Parece ser que la oposición del anterior ministro del Interior fue clave para cortocircuitar esta línea de investigación. Para nuestros políticos era prioritario mantener las relaciones con Arabia Saudita, sobre todo porque nuestro gobierno y el monarca (el emérito y el actual) han hecho grandes negocios con sus socios árabes. Y, ¿qué decir de las relaciones económicas, estimuladas por la Casa Real y los sucesivos gobiernos (fueran del color que fueran) con el mayor financiador del terrorismo internacional, Arabia Saudita? Las jugosas comisiones recibidas por el rey emérito a cuenta del AVE a la Meca o la venta de 350 carros de combate a Arabia Saudita… Hasta el 14 de julio de este año, según informes de Greenpeace, la industria española había vendido 8656 toneladas de explosivos. En el 2016 se vendieron por valor de 4000 millones de euros a Riad, este año superaremos con creces esa cifra. Nadie va a morder la mano que te da de comer.

Pero no sólo ha sido Madrid quien ha coqueteado con estados patrocinadores del terrorismo internacional. El gobierno catalán ha sido durante décadas uno de los mejores aliados de Israel. Tel Aviv ha reconocido que, sólo en la actual guerra siria, se han lanzado más de 4000 terroristas contra Damasco, desde la zona controlada por Israel en los Altos del Golán. La aviación hebrea ha realizado más de 500 incursiones sobre Siria dando apoyo a estos grupos. Durante décadas, la relación entre el “Palau de la Generalitat” y Tel Aviv han sido intensas: desde la importación de los primeros sistemas informáticos para las escuelas catalanas (sistema TOAM) desarrollados por el ejército israelí para controlar a la población palestina y, posteriormente, adaptados al mundo educativo, hasta la dotación de sensores de movimiento en las escuelas catalanas, como resultante de los diseños realizados para controlar los “guetos palestinos” en Gaza y Cisjordania. En el extremo de este circo cínico, donde al final sólo pagan las gentes sencillas, el Barça (símbolo patriótico donde los haya) lucía la propaganda de unos de los países que financian la secta wahabita. La propaganda de Qatar ha estado incluida en las camisas de los astros del Futbol Club Barcelona hasta julio del 2017. Qatar necesitaba obtener una pátina de respetabilidad pública para ocultar su relación con los grupos extremistas y ¿qué mejor que las camisetas de uno de los clubs con mayor impacto mediático del mundo? Ahora se comienzan a destapar algunos escándalos en los organismos internacionales del fútbol para que ese país sea anfitrión del mundial en 2022 ¿Cuánto dinero se ha tenido que derramar en comisiones? Qatar es el segundo país, tras Arabia Saudita, en dinero invertido para apoyar los grupos terroristas en Siria y el Líbano, y el primer inversor en la financiación de la prédica de la “la guerra Santa“ a través de las redes. El papel y el valor ideológico de la emisora qatarí Al Jazeera es a estos efectos impagable.

Los atentados en Barcelona, generan y generarán más preguntas que respuestas.
¿Quién financia los videos, algunos de extraordinaria calidad, que circulan en la red? ¿Quién expande la ideología extremista en algunas mezquitas como en Francia donde el 70% de los imanes son argelinos financiados por Arabia Saudita? ¿Por qué no intervienen los gobiernos? Son preguntas a las que no se quiere responder. La islamofobia avanza y con ella el fascismo. Se pretende enfrentar a unos contra otros. Autóctonos contra extranjeros, pero ¿se puede llamar extranjero a jóvenes integrados, nacidos y educados en el país? El objetivo, lo adivinamos, es propagar el miedo al que es diferente, sobre todo si es pobre como nosotros. El jeque árabe no dejará de ser recibido en palacio por dignatarios que le brindarán pleitesía; en cambio veremos como competidor al extranjero que pide ayudas, mientras el gobierno recorta, una y otra vez, los presupuestos sociales. La expansión del miedo presupone aumentar los gastos en seguridad, sacar los ejércitos a la calle, aunque no eviten ningún atentado. Es, en definitiva, justificar las guerras de agresión para que unos pocos hagan pingües negocios, amparados en el terror de la mayoría.

España: El cinismo del gobierno derechista del PP ante el desarme de la ETA

por David Rey//

La entrega incondicional por ETA de su arsenal de armas a un grupo de verificadores internacionales, anunciada para el 8 de abril, es un paso consecuente con su decisión manifestada hace más de 5 años de abandonar definitivamente la lucha armada. Con este acto, ETA y el conjunto de la izquierda abertzale insisten en reafirmar su voluntad de luchar por sus objetivos a través de medios puramente políticos.

Lo que llama la atención es que el gobierno del PP de Mariano Rajoy haya despreciado absolutamente los pasos dados por ETA desde hace 5 años, incluido este último, y se haya negado hasta la fecha a entablar ningún tipo de negociación o conversaciones con ella, o con representantes suyos, para encauzar un hecho tan relevante como es el fin definitivo de su actividad armada.

Esta situación contrasta vivamente con lo ocurrido en procesos similares en los últimos años en otras partes del mundo, donde los Estados se involucraron en negociaciones directas con los grupos armados (el IRA en Irlanda del Norte, las FARC en Colombia), para abordar el abandono de la lucha armada, la eliminación de su arsenal de armas, la reinserción en la vida civil de los activistas de dichos grupos y la situación de los presos. Esto es más llamativo aún cuando anteriores gobiernos del PP y del PSOE sí aceptaron sentarse y negociar con ETA años atrás, aun cuando esta organización ni siquiera había manifestado entonces su voluntad de renunciar definitiva e incondicionalmente a la actividad armada.

El gobierno español no sólo se ha negado a negociar con ETA su entrega de las armas, sino que la ha obstaculizado deliberadamente, en colaboración con el Estado francés. Así ocurrió, por ejemplo, con la detención en diciembre de 5 personas cerca de Bayona que estaban actuando como mediadores civiles para la entrega de armas que ahora se va a ejecutar.

El gobierno ni siquiera cumple la propia legalidad en el tema de los presos, negándose a su reagrupamiento en sus zonas de origen para facilitar el contacto con sus familiares, como está obligado, manteniendo a la gran mayoría de los presos de ETA en cárceles fuera de Euskadi y Navarra, obligando a sus familiares a desplazarse cientos y miles de kilómetros para poder visitarles, negando permisos y suspendiendo visitas con pretextos espurios. A lo largo de los años, 16 personas han fallecido en accidentes de tráfico cuando viajaban para visitar a sus familiares presos en las cárceles, según la organización Etxerat.

Los ardientes defensores de la retransmisión de la misa católica dominical en la TV pública, adalides de los supuestos valores cristianos de humanidad, reconciliación y perdón, no son solamente insensibles y vengativos ante la separación dolorosa de las familias respecto a sus familiares presos, demostrando con ello ser unos completos hipócritas en sus creencias religiosas, sino que incumplen flagrantemente la legalidad vigente, amparados por los tribunales españoles.

De esto se deduce que la derecha española (PP, Ciudadanos) no tiene el más mínimo interés en la resolución del llamado “conflicto vasco” y que espera seguir sacando réditos políticos de la actividad etarra del pasado con dos fines. El primero, mantener en un primer plano el tema del “terrorismo” para desviar la atención de la población de los verdaderos problemas sociales provocados por la crisis del capitalismo y por la propia acción reaccionaria del gobierno del PP. Y el segundo, mantener su base electoral de apoyo entre las capas más atrasadas políticamente de la población, explotando y exacerbando demagógicamente el tema de las víctimas de ETA.

En esta estrategia de mantener “vivo” el tema de ETA también colaboran sectores importantes del aparato del Estado, fundamentalmente de los cuerpos policiales y de los servicios secretos, el actual CNI. La actividad etarra siempre fue utilizada, no sólo para incrementar la represión general y endurecer el código penal tan caro a la derecha española, sino para justificar la impunidad policial, los privilegios especiales para los altos mandos policiales, y la existencia de fondos reservados que escapan a todo control y con los que se han lucrado en oscuros negocios durante décadas numerosos mandos de la policía y la guardia civil (casos Perote, Roldán, Paesa, Villarejo, por nombrar algunos de los más conocidos).

El régimen del 78 no es sólo un régimen reaccionario y caduco al que es preciso superar, sino que es el régimen del doble rasero y de la hipocresía. Quienes, en la derecha, se muestran duros y vengativos en el tema de las víctimas de ETA, son los mismos que nunca condenaron el alzamiento fascista de Franco de 1936 ni el asesinato de las cientos de miles de personas causado por la represión posterior a lo largo de 40 años. No sólo no han sido juzgados ni han purgado sus crímenes los representantes políticos de la dictadura ni de su aparato de estado, sino que notorios ministros de Franco –como Fraga, Fernando Suárez, o Antonio Carro, entre otros– con las manos manchadas de sangre por firmar penas de muerte en los gobiernos del dictador, fueron diputados del PP en la “democracia”. No por casualidad, ETA nació en plena dictadura franquista y se nutrió en su primera década y media de existencia de los crímenes sangrientos del franquismo y de la represión practicada contra el pueblo vasco en los primeros años de la Transición. Todos los medios de comunicación destacan la cifra de las 800 víctimas causadas por ETA, pero ocultan que hubo 188 asesinados durante la Transición (obreros, estudiantes, nacionalistas vascos de izquierdas) en lo que fue una práctica de terrorismo de Estado a manos de la policía, la Guardia Civil y los pistoleros fascistas, entre 1976 y 1982. Muy pocos de sus asesinos fueron juzgados y condenados, y la mayoría de ellos a penas irrisorias. Otro tanto pasó con el terrorismo de Estado practicado por los GAL, bajo los gobiernos de Felipe González, que cometieron 24 asesinatos; por no hablar de los centenares casos de tortura a los detenidos (incluyendo violaciones y abusos sexuales) del entorno de la izquierda abertzale.

Esta política represiva continúa hasta el día de hoy, con torturas, ilegalización de organizaciones políticas y de solidaridad de la izquierda abertzale, cierre de medios de comunicación, etc. y que obliga a muchos jóvenes y activistas abertzales a vivir en condiciones de clandestinidad.

No solamente en Euskadi y Navarra. En los últimos años, los amantes de la democracia y la convivencia en paz en el gobierno del PP se han destacado por cercenar los derechos democráticos duramente conquistados con la criminalización generalizada en todo el Estado de todos aquellos que deciden luchar contra las lacras de este sistema o de quienes, desde posiciones de izquierdas, hacen canciones, chistes y comentarios en las redes sociales. Y se amparan para ello en la Ley Mordaza y las leyes antiterroristas aprobadas en años anteriores. Mientras, destacados dirigentes del PP, periodistas reaccionarios y fascistas pueden permitirse en los medios y en las mismas redes sociales proferir los insultos, amenazas y calumnias más depravados contra dirigentes de izquierdas y las víctimas de la represión franquista sin persecución alguna por la policía.

Lo más sangrante es que el viejo aparato de estado franquista se mantuvo intacto hasta nuestros días. Nunca fue purgado de fascistas y reaccionarios. Al frente del mismo siguieron los mismos jefes policiales y del ejército, los mismos torturadores y miembros de los servicios secretos, los mismos jueces y fiscales franquistas. Lo lamentable de todo esto es que los dirigentes del PSOE y del PCE tras la caída de la dictadura nunca levantaron la voz para exigir esa depuración, convirtiéndose en cómplices de este hecho, de la misma manera que fueron cómplices de la derecha postfranquista en la política de impunidad hacia los crímenes del franquismo y de la Transición.

La entrega incondicional por parte de ETA de todo su arsenal es también la constatación final del fracaso de los métodos de la llamada “lucha armada”, practicada durante 50 años por esta organización, sin haber conseguido –como en el caso del IRA en Irlanda del Norte– ni uno solo de sus objetivos. Es más, los métodos de ETA se han demostrado contraproducentes ya que han sido utilizados por los sucesivos gobiernos y el aparato del Estado para fortalecer ese mismo aparato del Estado, endurecer la represión y restringir los derechos democráticos contra todos (endurecimiento del código penal, restricciones al derecho a manifestación y a la libertad de expresión, ilegalización arbitraria de partidos políticos, cierre de medios de comunicación, etc.). La actividad armada de ETA jugó durante décadas un papel pernicioso en mellar las extraordinarias luchas del pueblo vasco por sus derechos democrático-nacionales, favoreciendo la estrategia de la reacción de introducir todo tipo de prejuicios nacionales y moralistas para aislar la lucha del pueblo vasco de sus hermanos de clase en el resto del estado. De hecho, la desaparición de la actividad armada de ETA y el avance de la lucha de masas –como se ha demostrado en Catalunya– era la precondición básica para que la defensa de los derechos democrático-nacionales de Euskadi, Catalunya y Galicia –como el derecho de autodeterminación– pudiera encontrar un eco favorable creciente entre la clase obrera y la juventud del resto del Estado español, como está sucediendo, tras ser demonizada durante décadas.

Celebramos que ETA y el conjunto de la izquierda abertzale apuesten por la vía política para luchar por sus objetivos, como muy claramente ha defendido el dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi. Desde nuestro punto de vista, esa vía política debe estar basada en los métodos de la lucha y la agitación política de masas, las manifestaciones, las huelgas y, en un punto más elevado, a través de un movimiento revolucionario de masas. Sería un error encauzar la acción política a través de los métodos reformistas clásicos del cretinismo parlamentario, enclaustrando el programa político dentro de los límites del capitalismo, o mendigando un frente común con la burguesía vasca, siempre dispuesta a traicionar el movimiento ante la burguesía española para defender sus negocios e intereses de clase, como estamos viendo en relación al gobierno del PP, y como ha probado recientemente el apoyo del PNV al infame decreto del PP contra los estibadores, que incluye a los estibadores vascos.

La clase obrera y la juventud vasca han estado siempre a la vanguardia de las luchas y de la conciencia política en el Estado español, en los últimos 40 años. En el País Vasco fue donde la lucha contra la dictadura y durante la Transición llegó más lejos. Fueron Euskadi y Navarra los territorios del Estado español donde el voto favorable a la Constitución de 1978 tuvo el menor apoyo popular, y donde se produjo el mayor rechazo popular al ingreso en la OTAN en el referéndum de marzo de 1986. No es casualidad tampoco que en las elecciones legislativas del 20D y del 26J, Podemos y Unidos Podemos obtuvieran aquí su mayor porcentaje de votos de todo el Estado y resultaran, en el caso de Euskadi, las fuerzas más votadas.

La lucha por los derechos democrático-nacionales es inseparable de la lucha por el socialismo. Sólo la clase obrera está en condiciones de llevar hasta el final la lucha contra todo tipo de explotación y opresión, y en asegurar la plena satisfacción de los derechos democráticos más avanzados, comenzando por el derecho del pueblo vasco a decidir por sí mismo qué relación quiere mantener con los demás pueblos del Estado español, incluido el derecho a formar un estado independiente.

Para conseguir esto, juntos en la lucha somos más fuertes. De lo que se trata es de afianzar la unidad en la lucha de la clase obrera y de la juventud vasca con sus hermanos de clase del resto del Estado para derrotar a nuestro enemigo común, el capitalismo y sus sostenedoras –las burguesías española y vasca– para avanzar hacia el socialismo y resolver definitivamente la cuestión nacional vasca.