Archivo de la etiqueta: Socialismo

Los prolegómenos del Mayo del 68 francés: El “Movimiento 22 de Marzo”

por Henry Weber y  Daniel Bensaid //

Hace cincuenta años, 150 estudiantes se encerraban en la Universidad parisina de Nanterre y constituían el “Movimiento 22 de Marzo”. La historia de como se llegó a este encierro y como se convertiría en la chispa que haría estallar el Mayo del 68 francés la recogieron poco después en un libro, “Mayo del 68: Un ensayo general”, dos de los protagonistas de aquellos acontecimientos: Daniel Bensaïd y Henri Weber. El paso del tiempo muestra inclemente todas las limitaciones de los análisis de la época, pero no obvia la importancia del testimonio “en caliente” de lo que pensaba un sector significativo de los jóvenes revolucionarios del Mayo del 68 francés. De ese libro hemos extraido una serie de capítulos sobre como nació el “Movimiento 22 de Marzo”. EP Seguir leyendo Los prolegómenos del Mayo del 68 francés: El “Movimiento 22 de Marzo”

Uruguay: el cerrojo progresista

por Ernesto Herrera //

Ocho de marzo de 2018. “Todas juntas”. Portadas de diarios y noticieros televisivos dan cuenta de la enorme demostración. Las redes sociales explotan de feminismo. Gobernantes y opositores se tiñen de morado. Más de 200 mil personas. Mujeres de todas las edades. La colorida multitud tapiza un largo tramo de la principal avenida de Montevideo. Cientos de videos difunden las imágenes del caleidoscopio. Impresionante Seguir leyendo Uruguay: el cerrojo progresista

¿Cómo combatir a Piñera?

por Gustavo Burgos //

Demás está decirlo, una luna de miel supone sino amor, al menos deseo de hacer una vida juntos. La expresión se utiliza corrientemente para definir ese tono de gracia u oportunidad de que gozan los gobiernos recién electos, para materializar sus programas en un concierto de armonía social. Si revisamos el caso chileno actual, podemos decir que no alcanza para luna de miel, sí para una comedia de desconciertos, porque la falta de contenidos –a la prensa burguesa le gusta hablar de “relato”- impide cualquier tragedia. No podría ser de otra forma, los novios se conocen y la última vez terminaron bastante mal. Seguir leyendo ¿Cómo combatir a Piñera?

Luis Emilio Recabarren: Proyecto de Constitución para la República Federal Socialista de Chile

Siempre falta algo que aclarar en la propaganda de nuestras ideas y a medida que aumenta el número de afiliados aumentan las preguntas y las discusiones sobre «el qué» y «el porqué» de nuestras aspiraciones y «modo» de realizarlas.

Por eso damos aquí una breve pero clara explicación:

¿Qué es lo que queremos? Seguir leyendo Luis Emilio Recabarren: Proyecto de Constitución para la República Federal Socialista de Chile

El Partido de la Revolución

por Leo Pantich //

Una nueva explicación fresca y cautivadora de la Revolución Rusa para recordar su centenario, concluye con un tributo a los bolcheviques por actuar como los guardagujas de la historia, un término derivado de las pequeñas casetas que salpicaban el trazado ferroviario del Imperio Ruso en las cuales, desde hacía ya tiempo, los revolucionarios se reunían clandestinamente. Contra los llamados “marxistas legales”, que en 1917 usaron el término como epíteto para menospreciar a aquellos que tratarían de desviar la locomotora de la historia en su ruta desde la estación política feudal a la estación capitalista –a la cual estaba programada su llegada antes de que pudiera partir a su estación socialista final–, China Miéville pregunta en Octubre: “¿Qué podría ser más perjudicial para cualquier vestigio de teleología que aquellos que tenían en cuenta las vías alternativas de la historia?” Lo que hace que octubre de 1917 no sea solo “en última instancia trágico” pero aun “en última instancia inspirador” es que mostró que era posible actuar de forma decisiva como para acoplar, dicho con Miéville, “los cambios de aguja hacia las vías ocultas, a través de la historia más salvaje”

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Modelos de propiedad pública para un futuro cercano

por Michaels Roberts //

Acabo de asistir a una conferencia especial convocada por el Partido Laborista británico para analizar modelos de propiedad pública. El objetivo de la conferencia era desarrollar ideas sobre cómo podría un gobierno laborista desarrollar el sector público si gana las próximas elecciones generales. Seguir leyendo Modelos de propiedad pública para un futuro cercano

Opresión y explotación sobre la mujer: ¿trabajo de cuidados o esclavitud doméstica?

por Susana López //

La mujer y el trabajo productivo

Marx y Engels señalaron, desde el primer momento, que una de las condiciones básicas para la emancipación de la mujer era su incorporación al trabajo productivo, lo que le aportaría su independencia económica y la liberaría de las “tareas del hogar”. Sin embargo, la consecución de ambos objetivos es imposible de alcanzar dentro del capitalismo. De ahí que la lucha por la completa emancipación de la mujer trabajadora forma parte de la lucha por la revolución socialista, y ambas deben ser resultado de la lucha unida y común de los trabajadores y las trabajadoras. Seguir leyendo Opresión y explotación sobre la mujer: ¿trabajo de cuidados o esclavitud doméstica?

La transición agotada y la alternativa del Frente Amplio

por Celso Calfullan //

El ambiente político previo a los cambios.

La lucha de los pingüinos (estudiantes secundarios) el año 2006, marco un cambio profundo en la situación política chilena, por primera vez desde la salida de la dictadura se ponía en tela de juicio a los gobiernos de la Concertación y la continuidad de las políticas neoliberales de la dictadura que estos mantuvieron plenamente vigentes a pesar de la promesas de cambio que habían hecho. Seguir leyendo La transición agotada y la alternativa del Frente Amplio

Theotonio dos Santos: El surgimiento de las teorías del desarrollo

 

Con el final de la II Guerra Mundial comienza la decadencia definitiva de las potencias imperialistas que habían dominado el mundo desde finales del siglo  XIX hasta la I Guerra Mundial. El dominio colonial, cuestionado a partir de los años 20 por el surgimiento de la hegemonía norteamericana continuó, sin embargo, siendo practicado e incluso se exacerbaron las tentativas de volver a dividir el mundo. Fueron estas luchas por el dominio económico y territorial del planeta las que llevaron finalmente a la II Guerra Mundial. Seguir leyendo Theotonio dos Santos: El surgimiento de las teorías del desarrollo

Cincuentenario de 1968: el romanticismo revolucionario de Mayo del 68

por  Michael Löwy //

El espíritu de la 68 es un brebaje potente, una mezcla picante y intoxicante, un cóctel explosivo de varios ingredientes. Uno de sus componentes – y no menos importante – es el romanticismo revolucionario, es decir, una protesta cultural contra los cimientos de la civilización industrial / productivismo capitalista moderna y su consumo, y una combinación singular, única en su género, subjetividad, deseo y utopía – el “triángulo conceptual” que define, de acuerdo con Luisa Passerini, 1968. 1/ Seguir leyendo Cincuentenario de 1968: el romanticismo revolucionario de Mayo del 68

Una semana negra para los mercados financieros en el mundo

por Patricio Guzmán //

Los mercados, a pesar de su experiencia colectiva, aparentemente están destinados a repetir la historia en la que la exuberancia irracional  es seguida por la desesperación igualmente irracional. Periodos de caos son el resultado inevitable.”  Spencer Anderson.

 

Los resultados de la bolsa arrojaron pérdidas generalizadas en el mundo la semana pasada. Empezando por Wall Street en los Estados Unidos, en solo cinco días grandes empresas perdieron el 20% de su valor en bolsa. El efecto contagio hacia las otras bolsas importantes en el mundo fue rápido. Entre las empresas más perjudicadas por la “semana negra” estuvieron las acciones de empresas tecnlogicas cuyo valor bursátil se mide con el índice S&P 500. Google perdió el 15%, facebook retrocedió 11%. Microsoft 10%, IBM cayó 9%. Los bancos de inversiones gigantes también fueron duramente afectados, Wells Fargo tuvo una caída del 15%, JP Morgan perdió 8% y Bank of America cayò 7%. Seguir leyendo Una semana negra para los mercados financieros en el mundo

Ernest Mandel: de la pequeña producción mercantil al modo de producción capitalista

1. Producción para la satisfacción de las necesidades y producción para el cambio

En la sociedad primitiva primero, y después en el seno de la comunidad aldeana nacida de la revolución neolítica, la producción estaba esencialmente basada en la satisfacción de las necesidades de las colectividades productivas. El cambio era algo accidental. No intervenía nada más que sobre una pequeña parte de los bienes de los que disponía la comunidad. Seguir leyendo Ernest Mandel: de la pequeña producción mercantil al modo de producción capitalista

La burbuja robótica: las nuevas tecnologías preparan una nueva crisis

por Sonja Grusch //

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Gramsci: Dante y Maquiavelo

Hay que limpiar la doctrina política de Dante de todas las construcciones posteriores, reduciéndola a su precisa significación histórica. Una cosa es el que, por la importancia de Dante como elemento de la cultura italiana, sus ideas y sus doctrinas hayan tenido una eficacia sugestiva para estimular y solicitar el pensamiento político nacional; pero hay que excluir que esas doctrinas hayan tenido un valor genético propio, en sentido orgánico. Las soluciones pasadas de determinados problemas ayudan a encontrar la solución de problemas actuales análogos, por la costumbre crítica cultural que se crea en la disciplina del estudio, pero no se puede nunca decir que la solución actual dependa genéticamente de las soluciones pasadas: la génesis de aquélla se encuentra en la situación actual y sólo en ella. Este criterio no es absoluto, o sea, no tiene que llevarse al absurdo: entonces se caería en el empirismo, porque máximo actualismo es empirismo máximo. Seguir leyendo Gramsci: Dante y Maquiavelo

Los problemas de la izquierda revolucionaria

por Gustavo Burgos //

El día de ayer los fiscales Gajardo y Norambuena renunciaron al Ministerio Público, en protesta por la política de impunidad que ha caracterizado a su institución respecto de los casos r de corrupción y financiamiento ilegal de la política. El Fiscal Nacional Abbott, en una pobre defensa de su proceder, indicó que su institución era “más que dos fiscales”. Seguir leyendo Los problemas de la izquierda revolucionaria

Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

El efecto de la televisión no puede enunciarse debidamente en términos de éxito o fracaso, gusto o rechazo, aprobación o desaprobación. Más bien se debería hacer una tentativa, con ayuda de categorías de la psicología profunda y de un conocimiento previo de los medios para las masas, por concretar cierto número de conceptos teóricos mediante los cuales podría estudiarse el efecto potencial de la televisión, su influencia en diversas capas de la personalidad del espectador. Parece oportuno indagar sistemáticamente los estímulos socio-psicológicos que son típicos del material televisado tanto en un nivel descriptivo como en un nivel psicodinámico, analizar sus supuestos previos así como su pauta total y evaluar el efecto que es posible que produzcan. Cabe esperar que, en última instancia, este procedimiento traiga a luz una serie de recomendaciones sobre el modo de tratar estos estímulos a fin de producir el efecto más conveniente de la televisión. Al revelar las implicaciones socio-psicológicas y los mecanismos de la televisión, que a menudo actúan con el disfraz de un falso realismo, no sólo podrán mejorarse los programas sino que también -y esto es tal vez más importante- podrá sensibilizarse al público en cuanto el efecto inicuo de algunos de estos mecanismos. Seguir leyendo Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

El silencio de una generación (tras las huellas de la corriente trotskista de Nahuel Moreno en Chile, 1979-1993)

por Mariano Vega Jara //

Tal como en  la novela de Laura Restrepo, Demasiados Héroes, la investigación-memoria sobre el pasado de una ex militante trotskista colombiana en la última dictadura militar de Argentina –su historia personal—, los orígenes de la tradición fundada por Nahuel Moreno (Hugo Bressano) en Chile han permanecidos velados por los años de la transición pactada con la dictadura militar de Pinochet, mas, fundamentalmente, por la crisis y posterior ruptura con el el trotskismo como una corriente marxista revolucionaria luego de la caída de los Estados obreros y la URSS. El silencio de una generación sobre su experiencia militante se disolvió hacia una fase de subsidencia en sus vidas personales, cotidianas. El pasado militante quedó en ello. Pasado. Seguir leyendo El silencio de una generación (tras las huellas de la corriente trotskista de Nahuel Moreno en Chile, 1979-1993)

Los triunfos y derrotas de las izquierdas chilenas

por Ibán de Rementería //

Las pasadas elecciones, con el triunfo parlamentario de las izquierdas en la primera vuelta y su derrota presidencial en la segunda vuelta han generado entre sus dirigentes,  militantes, intelectuales y opinólogos muchos desconciertos y críticas a terceros, así como pocas autocríticas. Seguir leyendo Los triunfos y derrotas de las izquierdas chilenas

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios. Seguir leyendo 2018: el mundo al revés

Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

¿Por qué Carlos Marx daba tanta importancia al papel de la clase trabajadora? No fue por la cantidad de personas que la componían. De hecho, cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista, los únicos dos países donde se había completado la Revolución Industrial eran Inglaterra y Bélgica. Seguir leyendo Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

Emma Goldmann recuerda Kropotkin

por Emma Goldman //

Entre los que yo deseaba ver cuando llegué a Rusia en enero de 1920, estaba Piotr Alekséyevich Kropotkin. Inmediatamente averigüé la manera de encontrarlo. Me informaron que el único medio sería cuando fuese a Moscú, debido al hecho de que Kropotkin vivía en Dmítrov, una pequeña aldea a unas 60 verstas de distancia de la ciudad. Debido al país estar tan devastado por la guerra, no me quedó otro recurso que esperar a una oportunidad de ir a Moscú, pero afortunadamente pronto se me presentó la oportunidad. Seguir leyendo Emma Goldmann recuerda Kropotkin

De las Jornadas de Julio al golpe de Estado de Kornílov: el Estado y la revolución de Lenin

por Barry Grey //

Estamos publicando aquí el texto de la conferencia pronunciada el 14 de octubre por Barry Grey, editor nacional de Estados Unidos del World Socialist Web Site. Esta es la primera conferencia en línea de la segunda parte de la serie presentada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional para marcar el centenario de la Revolución Rusa de 1917. Seguir leyendo De las Jornadas de Julio al golpe de Estado de Kornílov: el Estado y la revolución de Lenin

Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo

por François Chesnais //

En febrero publiqué en la web de A L’Encontre un artículo 1/en el que avanzaba la hipótesis de un modo de producción que se encuentra en una situación histórica en la que ya no consigue superar sus límites «inmanentes», tal como fueron explícitamente definidos por Marx 2/, ni los correspondientes a las relaciones del capitalismo con el entorno, de los que se ha tenido conciencia sólo mucho más tarde. En el artículo de febrero no se abordaban las dimensiones financieras del impasse del capitalismo. El objeto de este artículo es llenar esta laguna y continuar un trabajo que es también de clarificación personal. Sólo se abordan las dimensiones económicas de la financiarización y no las de carácter social que son al menos igual de importantes. Seguir leyendo Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo

Capital financiero, especulación e “inversión pasiva”

por Rolando Astarita //

Desde los años 1990 la tesis de la finaciarización ha gozado de una importante aceptación en los medios progresistas y de izquierda, incluido el marxismo. Entre los principales exponentes de la financiarización encontramos a Chesnais y sus colaboradores. Chesnais ha tenido una fuerte influencia en Argentina y en otros países de América Latina. Seguir leyendo Capital financiero, especulación e “inversión pasiva”

Argentina: se abre un debate en la izquierda revolucionaria.

TEXTO DE DISCUSION SOBRE SITUACION NACIONAL

  • Este texto trata de recoger una discusión con un amplio grupo de compañeros de nuestro grupo y no cuyo disparador del mismo fue el resultado electoral del pasado 22 de octubre (elecciones parlamentarias, de medio término, en la Argentina). El grupo SOCIALISMO REVOLUCIONARIO aportó al mismo su declaración política previa a dicho evento electoral (ver anexo). Lo que sigue son apuntes tomados con el objetivo de aportar a la continuidad del debate y de la acción política. Tienen la posibilidad del error o la omisión de quizás no poder recoger a fondo muchas intervenciones. Pero el valor creemos de sin intentar ser “un documento nacional” ni mucho menos, de un texto que permita desarrollar la discusión. Es en este sentido que nos proponemos (y proponemos) encarar en los próximos meses un estudio y debate sobre distintos temas como ser un análisis de la realidad económica de argentina ligada a la mundial y la no menos importante discusión sobre la organización de los revolucionarios, a la cal podríamos definir como la discusión del “partido”. Queremos hacerlo colectivamente y a esta discusión como las venideras te invitamos abiertamente

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Piñera, la bancarrota del reformismo burgués y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

El triunfo de Piñera en la pasada elección presidencial debe ser considerado una derrota transitoria para los trabajadores. La burguesía ha logrado pasar a la ofensiva, ha retomado la iniciativa política y movilizado a todas las fuerzas de la reacción en defensa de su posición dentro del régimen. Seguir leyendo Piñera, la bancarrota del reformismo burgués y las tareas de la izquierda

Los bolcheviques y las reivindicaciones feministas: una relación tumultuosa

Marijke Colle //

Fue una manifestación de mujeres la chispa que, en febrero de 1917, hizo estallar la revolución rusa. No obstante, las reivindicaciones feministas estaban lejos de ser una de las principales preocupaciones de los dirigentes revolucionarios de la época. El torbellino de la revolución trajo la emancipación de las mujeres rusas… antes de un rápido retorno al modelo tradicional de la familia Seguir leyendo Los bolcheviques y las reivindicaciones feministas: una relación tumultuosa

Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

por Santiago Mayor //

Aunque sus líderes más conocidos fueron Lenin, Trotsky y Stalin, hubo una mujer que sobresalió en un mundo hegemonizado por los hombres: Alexandra Kolontái, la primera mujer que formó parte de un Gobierno en la historia, al frente del Comisariado del Pueblo [Ministerio] para el Bienestar Social. Seguir leyendo Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

Ernest Mandel: por qué Keynes no es la respuesta y el ocaso del monetarismo (1992)*

Al volverse aparentes las desastrosas consecuencias de las políticas de libre mercado, se levantan voces en círculos capitalistas y socialdemócratas pidiendo la intervención del estado para revivir la economía. Pero, ¿es realmente una alternativa? ¿Tendría una nueva ronda de intervención estatal en la economía y crecimiento financiado por deuda efectos beneficiosos para los trabajadores? Aquí ERNEST MANDEL argumenta que las políticas reflacionarias del keynesianismo tradicional deben ser distinguidas de las políticas de déficit presupuestario de Thatcher y Reagan; y que la reflación capitalista trae solo ventajas a corto plazo para la clase trabajadora, e inevitablemente desemboca en una nueva recesión Seguir leyendo Ernest Mandel: por qué Keynes no es la respuesta y el ocaso del monetarismo (1992)*

Cómo la Revolución Bolchevique salvó el arte vanguardista

por Paul Mitchell // 

La exposición “Rusia Radical” en Norwich es un asunto pequeño en comparación con algunos shows exitosos que marcan el centenario de la Revolución de octubre de 1917 que se han organizado en Londres y mundialmente. Pero eso no debería desalentar a nadie que quiera ir. Seguir leyendo Cómo la Revolución Bolchevique salvó el arte vanguardista

Entrevista a Juan Dal Maso: “Gramsci es un autor que es de todo el mundo”

 

por Brais Fernández y Victor de la Fuente

Juan Dal Maso es autor de un libro titulado El marxismo de Gramsci, públicado originalmente en Argentina y recién publicado en España. Lo entrevistamos a raíz de la presentación de su libro en Madrid Seguir leyendo Entrevista a Juan Dal Maso: “Gramsci es un autor que es de todo el mundo”

La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

Raúl Zurita, uno de los más grandes poetas chilenos vivos e insigne figura de la izquierda criolla, ha difundido una carta en la que emplaza dramáticamente al Frente Amplio a votar por Guillier el próximo 17 de diciembre: “No son sólo cuatro años, son los próximos cien años, y la lucha de ahora es decisiva, si la partida la ganan ellos, los que no queremos, no serán cuatro años, no se equivoquen. No crean que pasado este “retroceso” serán ustedes los que estarán allí para remediarlo. No repitamos el error histórico de menospreciar al verdadero enemigo. No dejen que ellos les roben a ustedes el porvenir, no permitan que nosotros, sus padres, muramos en un país gobernado por los mismos que nos diezmaron, que nos exiliaron, que nos mataron”. Conmueve Zurita, se trata de los próximos cien años y de dejar morir a los padres. Seguir leyendo La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

Y ahora ¿por quién votar?

por Osvaldo Costa

Tenemos una contienda entre los dos perdedores de la primera vuelta. Mientras, el conglomerado perdedor de la primera vuelta, ha quedado como el gran triunfador y toma distancia señalando que no da lo mismo quien gane, que Piñera es un retroceso, pero que no apoya explícitamente a Guiller, dejando en libertad de acción a sus bases para votar en conciencia. Una propuesta que tras su aparente novedad, muestra la misma política que aplicó sistemáticamente el PC durante la mal llamada transición. Todo ha cambiado para que no cambie nada. Seguir leyendo Y ahora ¿por quién votar?

Fulgor y muerte de la revolución

por Manuel Gari //

Pocas veces un triunfo político tan deslumbrante y esperanzador como la toma del poder por los soviets en la Rusia zarista tuvo un desenlace tan dramático y devastador para la conciencia del movimiento popular en todo el mundo. Este es el meollo de la cuestión que intentan explicar buena parte de los artículos de Espacio Público del debate titulado “Hablemos de la Revolución de Octubre”. Pero es pertinente hacerse algunas preguntas. ¿Tiene algún interés reflexionar sobre acontecimientos ocurridos en Rusia hace un siglo? ¿Por qué se han publicado más de 11.000 artículos en el mundo durante los meses de setiembre y octubre de 2017 y se han realizado centenares de seminarios y conferencias sobre la “revolución bolchevique”? ¿Podemos rescatar algo de aquel legado? ¿Acaso cabe aprender algo de la experiencia Seguir leyendo Fulgor y muerte de la revolución

La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

por Pepe Gutiérrez-Álvarez //

1. Introducción

Estas notas se inscriben en el espacio de la “gran derrota” del “desafío soviético”, pero también en el inicio de una nueva coyuntura en la que el “pensamiento único” sobre Octubre del 17 está siendo contestado, de una réplica que se está manifestando en la propia amplitud que el centenario está logrando en muchas partes. De alguna manera, este combate por la historia está resultando como una reedición de otras “resurrecciones”, solamente que esta vez el pozo de la derrota ha sido infinitamente mayor. También sucede que después de todo lo que ha caído, la explicación del siglo ha perdido en homogeneidad y ha ganado, si acaso, en matiz, ahora ya no solamente hay debate entre las escuelas, es que cada escuela representa puntos de mira bastante diversificados Seguir leyendo La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

Concentración económica y apologética burguesa

por Rolando Astarita //

En una nota anterior (aquí) hemos presentado datos sobre la concentración del capital. Concentración que es la base de la creciente desigualdad de riquezas e ingresos. Así, según Oxfam, las ocho personas más ricas del mundo acumulan una riqueza neta que asciende a 426.000 millones de dólares; equivale a la riqueza que posee la mitad más pobre de la humanidad, 3600 millones de personas. De acuerdo al Credit Suisse, el 50% más pobre de la población mundial posee menos del 0,25% de la riqueza neta mundial Seguir leyendo Concentración económica y apologética burguesa

Dimitri Shostakóvich, polémico

por Andrés Navarro //

La figura del compositor ruso Dimitri Shostakóvich no deja de estar de actualidad y su “presencia”, por un motivo o por otro, ocupa un lugar destacado tanto en el ámbito musical como en el cultural, ya sea por la continua programación de sus obras por orquestas, grupos de cámara o solistas, como por la publicación de libros o ensayos donde se analiza su vida y su obra y donde su contradictoria relación con el régimen soviético a lo largo de muchos años, sirve para alimentar todo tipo de reflexiones y análisis sobre la naturaleza de la creación artística en cualquiera de sus manifestaciones; sobre los propios autores y sobre la relación de estos y su libertad creativa con los condicionamientos impuestos por el poder político. (“El ruido que no cesa” es uno de los últimos libros de reciente publicación sobre este compositor Seguir leyendo Dimitri Shostakóvich, polémico

El socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991

por Roger Keeran  y Thomas Kenny //

Este libro trata del colapso de la Unión Soviética y de su significado para el siglo XXI. La magnitud de la debacle dio lugar a declaraciones extravagantes por parte de los políticos de derechas. Para ellos, el colapso quería decir que la Guerra Fría había terminado y que el capitalismo había ganado. Significaba «el fin de la historia». De ahí en adelante, el capitalismo iba a representar la forma más elevada, la cumbre, de la evolución económica y política. La mayoría de los que simpatizaban con el proyecto soviético no compartían este triunfalismo de derechas. Para estas personas, el colapso soviético tuvo consecuencias decisivas, pero no alteró la utilidad del marxismo para comprender un mundo que se formaba, más que nunca, a través del conflicto de clases y las luchas de los colectivos oprimidos contra el poder corporativo, ni hizo tambalear los valores y el compromiso de los que estaban de parte de los trabajadores, los sindicatos, las minorías, la liberación nacional, la paz, las mujeres, el medio ambiente y los derechos humanos. A pesar de todo, lo que le había ocurrido al socialismo representaba tanto un desafío teórico al marxismo como un desafío práctico con respecto a las posibilidades futuras de las luchas anticapitalistas y del socialismo. Seguir leyendo El socialismo traicionado. Detrás del colapso de la Unión Soviética 1917-1991

Lo que va de la primera a la segunda vuelta

 por Ibán de Rementería//

Han pasado cinco días desde la primera vuelta presidencial  y lo único que tenemos para relanzar la campaña de Alejandro Guillier  desde su Comando  es  el “Instructivo General n° 1”, documento meramente burocrático y carente del cualquier contenido político programático. Una campaña política es esencialmente una campaña de propaganda, de difusión de las propuestas para mejor desarrollo de la sociedad. En rigor la propaganda política trata de anunciación y convocatoria. De anunciar la buena nueva, la noticia, de que se están proponiendo reformas políticas, sociales y económicas que beneficiaran a las grandes mayorías nacionales, asimismo se está convocando a esas mayorías para realizar tales reformas. Seguir leyendo Lo que va de la primera a la segunda vuelta

Segunda vuelta electoral: Chile en la hora de la Izquierda

por Gustavo Burgos //

Pocas veces -no ocurría desde el Plebiscito de 1988- un acto electoral acompaña con tanta claridad el desarrollo de la lucha de clases, actuando como un catalizador de las fuerzas en pugna. En efecto, el proceso electoral en el que nos encontramos inmersos da cuenta de este hecho: un simple cambio en el sistema electoral originó un cambio en la composición del Congreso el cual comienza a reflejar de forma menos distorsionada que antes, la fuerza electoral de los partidos políticos legales. Así, cualquiera sea el resultado de la segunda vuelta el próximo 17 de diciembre, la derecha –oficialmente- es minoría en el parlamento. Seguir leyendo Segunda vuelta electoral: Chile en la hora de la Izquierda

Lenin: cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial

Informe pronunciado ante el IV Congreso de la Internacional Comunista el 13 de noviembre de 1922

Camaradas: En la lista de oradores figuro como el informante principal, pero comprenderéis que, después de mi larga enfermedad, no estoy en condiciones de pronunciar un informe amplio. No podré hacer más que una introducción a los problemas de más importancia. Mi tema será muy limitado. El tema Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial es demasiado amplio y grandioso para que pueda agotarlo un solo orador y en un solo discurso. Por eso tomo únicamente una pequeña parte del problema: la “nueva política económica”. Tomo deliberadamente sólo esta pequeña parte a fin de familiarizaros con este problema, de suma importancia hoy, al menos para mí, ya que me ocupo de él en la actualidad.Así pues, hablaré de cómo hemos iniciado la nueva política económica y de los resultados que hemos logrado con ella. Si me limito a este problema, tal vez pueda hacer un balance en líneas generales y dar una idea general de él.

Si he de deciros, para empezar, cómo nos decidimos a adoptar la nueva política económica, tendré que recordar un artículo mío escrito en 19184. En una breve polémica de comienzos de 1918 me referí precisamente a la actitud que debíamos adoptar ante el capitalismo de Estado.

Entonces escribí:

“El capitalismo de Estado sería un paso adelante en comparación con la situación existente hoy en nuestra República Soviética. Si dentro de unos seis meses se estableciera en nuestro país el capitalismo de Estado, eso sería un inmenso éxito y la más firme garantía de que, al cabo de un año, el socialismo se afianzaría definitivamente y se haría invencible”.

Esto lo dije, naturalmente, en una época en que éramos más torpes que hoy, pero no tanto como para no saber analizar semejantes cuestiones.

Balance de Lenin sobre la revolución rusa

Así pues, en 1918 yo sostenía la opinión de que el capitalismo de Estado constituía un paso adelante en comparación con la situación económica existente entonces en la República Soviética. Eso parecerá muy raro, y puede que hasta absurdo, pues nuestra república era ya entonces una república socialista; entonces adoptábamos cada día con el mayor apresuramiento –quizá con un apresuramiento excesivo- diversas medidas económicas nuevas, que no podían calificarse más que de medidas socialistas. Y, sin embargo, pensaba que el capitalismo de Estado suponía un paso adelante comparado con aquella situación económica de la República Soviética y explicaba más adelante esta idea, enumerando simplemente los elementos del régimen económico de Rusia.

Estos elementos eran, a mi juicio, los siguientes: “1) economía campesina patriarcal, es decir, natural en grado considerable; 2) pequeña producción mercantil (en ella se incluye la mayoría de los campesinos que venden cereales); 3) capitalismo privado; 4) capitalismo de Estado, y 5) socialismo”. Todos estos elementos económicos existían a la sazón en Rusia. Entonces me planteé la tarea de explicar las relaciones que existían entre esos elementos y si no sería oportuno considerar alguno de los elementos no socialistas, a saber, el capitalismo de Estado, superior al socialismo.

Repito: a todos les parece muy raro que un elemento no socialista sea apreciado en más y considerado superior al socialismo en una república que se proclama socialista. Pero comprenderéis la cuestión si recordáis que nosotros no considerábamos, ni mucho menos, el régimen económico de Rusia como algo homogéneo y altamente desarrollado, sino que teníamos plena conciencia de que, al lado de la forma socialista, existía en Rusia la agricultura patriarcal, es decir, la forma más primitiva de agricultura. ¿Qué papel podía desempeñar el capitalismo de Estado en semejante situación?

Luego me preguntaba: ¿cuál de estos elementos es el predominante? Es claro que en un ambiente pequeñoburgués predomina el elemento pequeñoburgués. Comprendía que este elemento era el predominante; era imposible pensar de otro modo. La pregunta que me hice entonces (se trataba de una polémica especial, que no guarda relación con el problema presente) fue ésta: ¿qué actitud adoptamos ante el capitalismo de Estado? Y me respondía: el Capitalismo de Estado, aunque no es una forma socialista, sería para nosotros y para Rusia una forma más ventajosa que la actual. ¿Qué significa esto? Significa que nosotros no sobrestimábamos ni las formas embrionarias, ni los principios de la economía socialista, a pesar de que habíamos hecho ya la revolución social; por el contrario, entonces reconocíamos ya, en cierto modo: sí, habría sido mejor implantar antes el capital

Debo subrayar particularmente este aspecto de la cuestión porque considero que sólo partiendo de él es posible, primero, explicar qué representa la actual política económica y, segundo, sacar de ello deducciones prácticas muy importantes también para la Internacional Comunista. No quiero decir que tuviésemos preparado de antemano el plan de repliegue. No había tal cosa. Esas breves líneas de carácter polémico en modo alguno significaban entonces un plan de repliegue. Ni siquiera se mencionaba un punto tan importante como es, por ejemplo, la libertad de comercio, que tiene una significación fundamental para el capitalismo de Estado. Sin embargo, con ello se daba ya la idea general, imprecisa, del repliegue.

Estimo que debemos prestar atención a este problema no sólo desde el punto de vista de un país que ha sido y continúa siendo muy atrasado en cuanto a la estructura de su economía, sino también desde el punto de vista de la Internacional Comunista y de los países adelantados de Europa Occidental. Ahora, por ejemplo, estamos redactando el programa. Mi opinión personal es que procederíamos mejor si discutiéramos ahora todos los programas sólo de un modo general, tras la primera lectura, por decirlo así, y los imprimiéramos, sin adoptar ahora, este año, ninguna decisión definitiva. ¿Por qué? Ante todo, porque, naturalmente, no creo que los hayamos estudiado todos bien. Y, además, porque casi no hemos analizado el problema de un posible repliegue y la manera de asegurarlo. Y este problema requiere sin falta que le prestemos atención en un momento en que se producen cambios tan radicales en el mundo entero como son el derrocamiento del capitalismo y la edificación del socialismo, con todas sus enormes dificultades.

No debemos saber únicamente cómo actuar en el momento en que pasamos a la ofensiva directa y, además, salimos vencedores. A fin de cuentas, en un período revolucionario eso no es tan difícil ni tan importante; por lo menos, no es lo más decisivo. Durante la revolución hay siempre momentos en que el enemigo pierde la cabeza, y si lo atacamos en uno de esos momentos, podemos triunfar con facilidad. Pero esto aún no quiere decir nada, puesto que nuestro enemigo, si posee suficiente dominio de sí mismo, puede agrupar con antelación sus fuerzas, etc. Entonces puede provocarnos con facilidad para que lo ataquemos, y después hacernos retroceder por muchos años. Por eso opino que la idea de que debemos prepararnos para un posible repliegue tiene suma importancia, y no sólo desde el punto de vista teórico. También desde el punto de vista práctico todos los partidos que se preparan para emprender en un futuro próximo la ofensiva directa contra el capitalismo deben pensar ya ahora también en cómo asegurarse el repliegue.

Balance de Lenin sobre la revolución rusa

Yo creo que si tenemos en cuenta esta enseñanza, así como todas las demás que nos brinda la experiencia de nuestra revolución, lejos de causarnos daño alguno, nos será, probablemente, muy útil en muchos casos.

Después de haber subrayado que ya en 1918 considerábamos el capitalismo de Estado como una posible línea de repliegue, paso a analizar los resultados de nuestra nueva política económica. Repito: entonces era una idea muy vaga todavía; pero en 1921, después de haber superado la etapa más importante de la guerra civil, y de haberla superado victoriosamente, nos enfrentamos con una gran crisis política interna -yo supongo que la mayor- de la Rusia Soviética. Esta crisis interna puso al desnudo el descontento no sólo de una parte considerable de los campesinos, sino también de los obreros. Fue la primera vez, y confío en que será la última en la historia de la Rusia Soviética, que grandes masas de campesinos estaban contra nosotros, no de modo consciente, sino instintivo, por su estado de ánimo.

¿A qué se debía esta situación tan original y, claro es, tan desagradable para nosotros? La causa consistía en que habíamos avanzado demasiado en nuestra ofensiva económica, en que no nos habíamos asegurado una base suficiente, en que las masas sentían lo que nosotros aún no supimos entonces formular de manera consciente, pero que muy pronto, unas semanas después, reconocimos: que el paso directo a formas puramente socialistas, a la distribución puramente socialista, era superior a las fuerzas que teníamos y que si no estábamos en condiciones de replegarnos, para limitarnos a tareas más fáciles, nos amenazaría la bancarrota.

La crisis comenzó, a mi parecer, en febrero de 1921. Ya en la primavera del mismo año decidimos unánimemente – en esta cuestión no he observado grandes discrepancias entre nosotros- pasar a la nueva política económica. Hoy, después de año y medio, a finales de 1922, estamos ya en condiciones de hacer algunas comparaciones. Y bien, ¿qué ha sucedido? ¿Cómo hemos vivido este año y medio? ¿Qué resultados hemos obtenido? ¿Nos ha proporcionado alguna utilidad este repliegue, y nos ha salvado en realidad, o se trata de un resultado confuso todavía? Esta es la pregunta principal que me hago y supongo que tiene también importancia primordial para todos los partidos comunistas, pues si la respuesta fuera negativa, todos estaríamos condenados a la bancarrota. Considero que todos nosotros podemos dar, con la conciencia tranquila, una respuesta afirmativa a esta pregunta, y precisamente en el sentido de que el año y medio transcurrido demuestra de manera positiva y absoluta que hemos salido airosos de esta prueba.

Trataré de demostrarlo. Para ello debo enumerar brevemente todas las partes integrantes de nuestra economía.

Me detendré, ante todo, en nuestro sistema financiero y en el famoso rublo ruso. Creo que se le puede calificar de famoso aunque sólo sea porque la cantidad de estos rublos supera ahora a mil billones. (Risas.) Esto ya es algo. Es una cifra astronómica. Estoy seguro de que no todos los que se encuentran aquí saben siquiera lo que esta cifra representa. (Hilaridad general.) Pero nosotros -y, además, desde el punto de vista de la ciencia económica- no concedemos demasiada importancia a estas cifras, pues los ceros pueden ser tachados. (Risas.) Ya hemos aprendido algo en este arte, que desde el punto de vista económico tampoco tiene ninguna importancia, y estoy seguro de que en el curso ulterior de los acontecimientos alcanzaremos en él mucha mayor maestría. Lo que tiene verdadera importancia es la estabilización del rublo. Para resolver este problema trabajamos, trabajan nuestras mejores fuerzas, y concedemos a esta tarea una importancia decisiva. Si conseguimos estabilizar el rublo por un plazo largo, y luego para siempre, habremos triunfado. Entonces, todas esas cifras astronómicas -todos esos billones y millares de billones- no significarán nada. Entonces podremos asentar nuestra economía sobre terreno firme y seguir desarrollándola sobre ese terreno.

Creo que puedo citaros hechos bastante importantes y decisivos sobre esta cuestión. En 1921, el período de estabilización del rublo papel duró menos de tres meses. Y en el corriente año de 1922, aunque no ha terminado todavía, el período de estabilización dura ya más de cinco meses. Supongo que ya es suficiente.Claro que no lo será si esperáis de nosotros una prueba científica de que en el futuro resolveremos por completo este problema. Pero, a mi juicio, es imposible, en general, demostrarlo por completo. Los datos citados prueban que desde el año pasado, en que empezamos a aplicar nuestra nueva política económica, hasta hoy, hemos aprendido ya a avanzar, Si hemos aprendido eso, estoy seguro de que sabremos lograr nuevos éxitos en este camino, siempre que no cometamos alguna estupidez extraordinaria.

Lo más importante, sin embargo, es el comercio, la circulación de mercancías, imprescindible para nosotros. Y si hemos salido airosos de esta prueba durante dos años, a pesar de que nos encontrábamos en estado de guerra (pues, como sabéis, hace sólo algunas semanas que hemos tomado a Vladivostok) y de que sólo ahora podemos iniciar nuestra actividad económica de un modo regular; si, a despecho de todo eso, hemos logrado que el período de estabilización del rublo papel se eleve de tres meses a cinco, creo tener motivo para atreverme a decir que podemos considerarnos satisfechos de eso. Porque estamos completamente solos. No hemos recibido ni recibimos ningún empréstito. No nos ha ayudado ninguno de esos poderosos Estados capitalistas que organizan de manera tan “brillante” su economía capitalista y que hasta hoy no saben adónde van. Con la paz de Versalles han creado tal sistema financiero que ni ellos mismos se entienden. Si esos grandes países capitalistas dirigen su economía de ese modo, opino que nosotros, atrasados e incultos, podemos estar satisfechos de haber alcanzado lo principal: las condiciones para estabilizar el rublo.

Esto lo prueba la práctica, y no un análisis teórico cualquiera, y soy del parecer de que la práctica es más importante que todas las discusiones teóricas del mundo. La práctica demuestra que, en este terreno, hemos logrado resultados decisivos: hemos comenzado a hacer avanzar nuestra economía hacia la estabilización del rublo, lo que tiene extraordinaria importancia para el comercio, para la libre circulación de mercancías, para los campesinos y para la inmensa masa de pequeños productores.

Balance de Lenin sobre la revolución rusa

Paso ahora a examinan nuestros objetivos sociales. Lo principal, naturalmente, son los campesinos. En 1921, el descontento de una parte inmensa del campesinado era un hecho indudable. Además, se declaró el hambre. Y esto implicó para los campesinos la prueba más dura. Y es completamente natural que todo el extranjero empezara a chillar: “Ahí tenéis los resultados de la economía socialista”. Es completamente natural, desde luego, que silenciaran que el hambre era, en realidad, una consecuencia monstruosa de la guerra civil. Todos los terratenientes y capitalistas, que se lanzaron sobre nosotros en 1918, presentaron las cosas como si el hambre fuera una consecuencia de la economía socialista. El hambre ha sido, en efecto, una inmensa y grave calamidad, una calamidad que amenazaba con destruir toda nuestra labor organizadora y revolucionaria.

Y yo pregunto ahora: luego de esta inusitada e inesperada calamidad, ¿cómo están las cosas hoy, después de haber implantado la nueva política económica, después de haber concedido a los campesinos la libertad de comercio? La respuesta, clara y evidente para todos, es la siguiente: en un año, los campesinos han vencido el hambre y, además, han abonado el impuesto en especie en tal cantidad que hemos recibido ya centenares de millones de puds, y casi sin aplicar ninguna medida coactiva. Los levantamientos de campesinos, que antes de 1921 constituían, por decirlo así, un fenómeno general en Rusia, han desaparecido casi por completo. Los campesinos están satisfechos de su actual situación. Lo podemos afirmar con toda tranquilidad. Consideramos que estas pruebas tienen mayor importancia que cualquier prueba estadística. Nadie duda que los campesinos son en nuestro país el factor decisivo. Y hoy se encuentran en tal situación que no debemos temer ningún movimiento suyo contra nosotros. Lo decimos con pleno conocimiento de causa y sin exagerar. Eso ya está conseguido. Los campesinos pueden sentir descontento por uno u otro aspecto de la labor de nuestro poder, y pueden quejarse de ello. Esto, naturalmente, es posible e inevitable, ya que nuestra administración y nuestra economía estatal son aún demasiado malas para poderlo evitar; pero, en todo caso, está excluido por completo cualquier descontento serio del campesinado en su totalidad contra nosotros. Lo hemos logrado en un solo año. Y opino que ya es mucho.

Paso a hablar ahora de la industria ligera. Precisamente en la industria debemos hacer diferencias entre la industria pesada y la ligera, pues ambas se encuentran en distintas condiciones. Por lo que se refiere a la industria ligera, puedo decir con tranquilidad que se observa en ella un incremento general. No me dejaré llevar por los detalles, por cuanto en mi plan no entra citar datos estadísticos. Pero esta impresión general se basa en hechos y puedo garantizar que en ella no hay nada equivocado ni inexacto. Tenemos un auge general en la industria ligera y, en relación con ello, cierto mejoramiento de la situación de los obreros tanto en Petrogrado como en Moscú. En otras zonas se observa en menor grado, ya que allí predomina la industria pesada; por eso no se debe generalizar. De todos modos, repito, la industria ligera acusa un ascenso indudable, y la mejora de la situación de los obreros de Petrogrado y de Moscú es innegable. En la primavera de 1921, en ambas ciudades reinaba el descontento entre los obreros. Hoy esto no existe en absoluto. Nosotros, que observamos día a día la situación y el estado de ánimo de los obreros, no nos equivocamos en este sentido.

La tercera cuestión se refiere a la industria pesada. Debo aclarar, a este respecto, que la situación es todavía difícil. En 1921-1922 se ha iniciado cierto viraje en esta situación. Podemos confiar, por tanto, en que mejorará en un futuro próximo. Hemos reunido ya, en parte, los medios necesarios para ello. En un país capitalista, para mejorar el estado de la industria pesada haría falta un empréstito de centenares de millones, sin los cuales esa mejora sería imposible. La historia de la economía de los países capitalistas demuestra que, en los países atrasados, sólo los empréstitos de centenares de millones de dólares o de rublos oro a largo plazo podrían ser el medio para elevar la industria pesada. Nosotros no hemos tenido esos empréstitos ni hemos recibido nada hasta ahora. Cuanto se escribe sobre la entrega de empresas en régimen de concesión, etc., no significa casi nada, excepto papel. En los últimos tiempos hemos escrito mucho de eso, sobre todo de la concesión Urquhart. No obstante, nuestra política concesionaria me parece muy buena. Mas, a pesar de ello, no tenemos aún una concesión rentable. Os ruego que no olvidéis esto.

Así pues, la situación de la industria pesada es una cuestión verdaderamente gravísima para nuestro atrasado país, ya que no hemos podido contar con empréstitos de los países ricos. Sin embargo, observamos ya una notable mejoría y vemos, además, que nuestra actividad comercial nos ha proporcionado ya algún capital, por ahora, ciertamente, muy modesto, poco más de veinte millones de rublos oro. Pero, sea como fuere, tenemos ya el comienzo: nuestro comercio nos proporciona medios que podemos utilizar para elevar la industria pesada. Lo cierto es que nuestra industria pesada aún se encuentra actualmente en una situación muy difícil. Pero supongo que lo decisivo es la circunstancia de que estamos ya en condiciones de ahorrar algo. Así lo seguiremos haciendo. Aunque a menudo se hace esto a costa de la población, hoy debemos, a pesar de lodo, economizar. Ahora nos dedicamos a reducir el presupuesto del Estado, a reducir la administración pública. Más adelante diré unas cuantas palabras sobre nuestra administración pública. En todo caso, debemos reducirla, debemos economizar cuanto sea posible. Economizamos en todo, hasta en las escuelas. Y esto debe ser así, pues sabemos que sin salvar la industria pesada, sin restablecerla, no podremos construir ninguna clase de industria, y sin ésta pereceremos del todo como país independiente. Lo sabemos de sobra.

Balance de Lenin sobre la revolución rusa

La salvación de Rusia no está sólo en una buena cosecha en el campo -esto no basta-; tampoco está sólo en el buen estado de la industria ligera, que abastece a los campesinos de artículos de consumo -esto tampoco basta-; necesitamos, además, una industria pesada. Pero, para ponerla en buenas condiciones, se precisarán varios años de trabajo.

La industria pesada necesita subsidios del Estado. Si no los encontramos, pereceremos como Estado civilizado, sin decir ya que también como Estado socialista. Por tanto, en este sentido hemos dado un paso decisivo. Hemos empezado a acumular los recursos necesarios para poner en pie la industria pesada. Es verdad que la suma que hemos reunido hasta la fecha apenas si pasa de veinte millones de rublos oro; pero, de todos modos, esa suma existe y está destinada exclusivamente a levantar nuestra industria pesada.

Creo que, como había prometido, he expuesto brevemente, a grandes rasgos, los principales elementos de nuestra economía nacional. Considero que de todo ello puede deducirse que la nueva política económica nos ha reportado ya beneficios. Hoy tenemos ya pruebas de que, como Estado, estamos en condiciones de ejercer el comercio, de conservar nuestras firmes posiciones en la agricultura y en la industria y de avanzar. Lo ha demostrado la práctica. Y pienso que, por el momento, esto es bastante para nosotros. Tendremos que aprender muchas cosas todavía y comprendemos qué necesitamos aprender. Hace cinco años que estamos en el poder, con la particularidad de que durante estos cinco años hemos vivido en estado de guerra permanente. Por tanto, hemos tenido éxitos.

Es natural, ya que nos seguían los campesinos. Es difícil dar mayores pruebas de adhesión que las mostradas por los campesinos. Comprendían que tras los guardias blancos se encuentran los terratenientes, a quienes odian más que a nada en el mundo. Y por eso, los campesinos nos han apoyado con todo entusiasmo, con toda lealtad. No fue difícil conseguir que nos defendieran de los guardias blancos. Los campesinos, que antes odiaban la guerra, apoyaron por todos los medios la guerra contra los guardias blancos, la guerra civil contra los terratenientes. Sin embargo, esto no era todo, porque, en el fondo, se trataba únicamente de si el poder quedaría en manos de los terratenientes o de los campesinos. Para nosotros, esto no era bastante.

Los campesinos comprenden que hemos conquistado el poder para los obreros y que nos planteamos el objetivo de crear el régimen socialista con ayuda de ese poder. Por eso, lo más importante para nosotros era preparar en el aspecto económico la economía socialista. No pudimos prepararla directamente y nos vimos obligados a hacerlo de manera indirecta. El capitalismo de Estado, tal como lo hemos implantado en nuestro país, es un capitalismo de Estado peculiar. No corresponde al concepto habitual del capitalismo de Estado. Tenemos en nuestras manos todos los puestos de mando, tenemos en nuestras manos la tierra, que pertenece al Estado. Esto es muy importante, aunque nuestros enemigos presentan la cosa como si no significara nada. No es cierto. El hecho de que la tierra pertenezca al Estado tiene extraordinaria importancia y, además, gran sentido práctico en el aspecto económico. Esto lo hemos logrado, y debo manifestar que toda nuestra actividad ulterior debe desarrollarse sólo dentro de ese marco.

Hemos conseguido ya que nuestros campesinos estén satisfechos y que la industria y el comercio se reanimen. He dicho antes que nuestro capitalismo de Estado se diferencia del capitalismo de Estado, comprendido literalmente, en que el Estado proletario tiene en sus manos no sólo la tierra, sino también las ramas más importantes de la industria. Ante todo, hemos entregado en arriendo sólo cierta parte de la industria pequeña y media; todo lo demás queda en nuestras manos. Por lo que se refiere al comercio, quiero destacar aún que tratamos de crear, y estamos creando ya, sociedades mixtas, es decir, sociedades en las que una parte del capital pertenece a capitalistas privados -por cierto, extranjeros la otra parte nos pertenece a nosotros. Primero, de esa manera aprendemos a comerciar, cosa que necesitamos, y, segundo, tenemos siempre la posibilidad de cerrar esas sociedades, si así lo creemos necesario. De modo que, por decirlo así, no arriesgamos nada. En cambio, aprendemos del capitalista privado y observamos cómo podemos elevarnos y qué errores cometemos. Me parece que puedo limitarme a cuanto queda dicho.

Balance de Lenin sobre la revolución rusa

Quisiera referirme todavía a algunos puntos de poca monta. Es indudable que hemos hecho y haremos aún muchísimas tonterías. Nadie puede juzgarlas mejor ni verlas más claro que yo. (Risas.) ¿Por qué hacemos tonterías? La razón es sencilla: primero, porque somos un país atrasado; segundo, porque la instrucción en nuestro país es mínima; tercero, porque no recibimos ninguna ayuda de fuera. Ni uno solo de los países civilizados nos ayuda. Por el contrario, todos obran en contra nuestra. Y cuarto, por culpa de nuestra administración pública. Hemos heredado la vieja administración pública, y ésta ha sido nuestra desgracia. Es muy frecuente que esta administración trabaje contra nosotros.

Ocurrió que en 1917, después de que tomamos el poder, los funcionarios públicos comenzaron a sabotearnos. Entonces nos asustamos mucho y les rogamos: “Por favor, vuelvan a sus puestos”. Todos volvieron, y ésta ha sido nuestra desgracia. Hoy poseemos una inmensidad de funcionarios, pero no disponemos de elementos con suficiente instrucción para poder dirigirlos de verdad. En la práctica sucede con harta frecuencia que aquí, arriba, donde tenemos concentrado el poder estatal, la administración funciona más o menos; pero en los puestos inferiores disponen ellos como quieren, de manera que muy a menudo contrarrestan nuestras medidas.

Hombres adictos, en las altas esferas, tenemos no sé exactamente cuántos, pero creo que, en todo caso, sólo varios miles, a lo sumo unas decenas de miles. Pero en los puestos inferiores se cuentan por centenares de miles los antiguos funcionarios que hemos heredado del régimen zarista y de la sociedad burguesa y que trabajan contra nosotros, unas veces de manera consciente, y otras inconsciente. Es indudable que, en este terreno, no se conseguirá nada a corto plazo. Tendremos que trabajar muchos años para perfeccionar la administración, renovarla y atraer nuevas fuerzas. Lo estamos haciendo a ritmo bastante rápido, quizá demasiado rápido. Hemos fundado escuelas soviéticas y facultades obreras; estudian varios centenares de miles de jóvenes; acaso estudien demasiado de prisa; pero, de todas maneras, la labor en este terreno ha comenzado y creo que nos dará sus frutos. Si no nos precipitamos demasiado en esta labor, dentro de algunos años tendremos una masa de jóvenes capaces de cambiar radicalmente nuestra administración.

He dicho que hemos hecho innumerables tonterías, pero debo decir también algo en este aspecto de nuestros adversarios. Si éstos nos reprochan y dicen que el propio Lenin reconoce que los bolcheviques han hecho muchísimas tonterías, yo quiero responder: es cierto, pero, a pesar de todo, nuestras tonterías son de un género completamente distinto que el de las vuestras. Nosotros no hacemos más que empezar a estudiar, pero estudiamos con tanta regularidad que estamos seguros de obtener buenos resultados. Pero si nuestros enemigos, es decir, los capitalistas y los héroes de la II Internacional, recalcan las tonterías que hemos hecho, me permitiré citar aquí, a título comparativo, las palabras de un famoso escritor ruso, que, modificándolas un poco, resultarían así: cuando los bolcheviques hacen tonterías, dicen: “Dos por dos, cinco”; pero cuando las hacen sus adversarios, es decir, los capitalistas y los héroes de la II Internacional, el resultado es: “Dos por dos, una vela de estearina”.

Esto no es difícil demostrarlo. Tomad, por ejemplo, el pacto con Kolchak que concertaron Norteamérica, Inglaterra, Francia y el Japón. Yo os pregunto: ¿existen en el mundo potencias más cultas y fuertes? ¿Y qué resultó? Se comprometieron a ayudar a Kolchak sin calcular, sin reflexionar, sin observar. Ha sido un fracaso incluso difícil de comprender, a juicio mío, desde el punto de vista de la razón humana.

Otro ejemplo más reciente y de mayor importancia: la paz de Versalles. Yo os pregunto: ¿qué han hecho, en este caso, las “grandes” potencias “cubiertas de gloria”? ¿Cómo podrán encontrar ahora la salida de este caos y de este absurdo? Creo que no exageraré si repito que nuestras tonterías no son nada en compa-ración con las que hacen juntos los Estados capitalistas, el mundo capitalista y la II Internacional. Por eso supongo que las perspectivas de la revolución mundial -tema que habré de tratar brevemente- son favorables. Y pienso que, si se da determinada condición, se harán más favorables todavía. Desearía decir algunas palabras sobre estas condiciones.

En 1921 aprobamos en el III Congreso una resolución sobre la estructura orgánica de los partidos comunistas y los métodos y el contenido de su labor5. La resolución es magnífica, pero es rusa casi hasta la médula; es decir, se basa en las condiciones rusas. Este es su aspecto bueno, pero también su punto flaco. Flaco porque estoy convencido de que casi ningún extranjero podrá leerla; yo la he releído antes de hacer esta afirmación. Primero, es demasiado larga, consta de cincuenta o más puntos. Por regla general, los extranjeros no pueden leer cosas así. Segundo, incluso si la leen, no la comprenderán precisamente porque es demasiado rusa. No porque esté escrita en ruso (ha sido magníficamente traducida a todos los idiomas), sino porque está sobresaturada de espíritu ruso. Y tercero, si, en caso excepcional, algún extranjero la llega a entender, no la podrá cumplir. Este es su tercer defecto.

Balance de Lenin sobre la revolución rusa

He conversado con algunos delegados extranjeros y confío en que podré conversar detenidamente con gran número de delegados de distintos países en el curso del congreso, aunque no participe personalmente en él, ya que, por desgracia, no me es posible. Tengo la impresión de que hemos cometido un gran error con esta resolución, es decir, que nosotros mismos hemos levantado una barrera en el camino de nuestro éxito futuro. Como ya he dicho, la resolución está excelentemente redactada, y yo suscribo todos sus cincuenta o más puntos. Pero no hemos comprendido cómo se debe llevar nuestra experiencia rusa a los extranjeros. Cuanto expone la resolución, ha quedado en letra muerta. Y si no comprendemos esto, no podremos seguir nuestro avance.

Considero que lo más importante para todos nosotros, tanto para los rusos como para los camaradas extranjeros, es que, después de cinco años de revolución rusa, debemos estudiar. Sólo ahora hemos obtenido la posibilidad de estudiar. Ignoro cuánto durará esta posibilidad. No sé durante cuánto tiempo nos concederán las potencias capitalistas la posibilidad de estudiar tranquilamente. Pero debemos aprovechar cada minuto libre de las ocupaciones militares, de la guerra, para estudiar, comenzando, además, por el principio.

El partido en su totalidad y todos los sectores de la población de Rusia lo demuestran con su afán de saber. Esta afición al estudio prueba que nuestra tarea más importante ahora es estudiar y estudiar. Pero también los camaradas extranjeros deben estudiar, no en el mismo sentido en que lo hacemos nosotros: leer, escribir y comprender lo leído, que es lo que todavía precisamos. Se discute si esto corresponde a la cultura proletaria o a la cultura burguesa. Dejo pendiente la cuestión. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que nosotros necesitamos, ante todo, aprender a leer, a escribir y a comprender lo que leemos. Los extranjeros no lo necesitan. Les hace falta ya algo más elevado: esto implica, primero, que comprendan también lo que hemos escrito acerca de la estructura orgánica de los partidos comunistas y que los camaradas extranjeros firmaron sin leerlo y sin comprenderlo. Esta debe ser su primera tarea. Es preciso llevar a la práctica esta resolución. Pero no puede hacerse de la noche a la mañana, eso sería completamente imposible.

La resolución es demasiado rusa: refleja la experiencia rusa. Por eso, los extranjeros no la comprenden en absoluto y no pueden conformarse con colocarla en un rincón como un icono y rezar ante ella. Así no se conseguirá nada. Lo que necesitan es asimilar parte de la experiencia rusa. No sé cómo lo harán. Puede que los fascistas de Italia, por ejemplo, nos presten un buen servicio, explicando a los italianos que no son todavía bastante cultos y que su país no está garantizado aún contra las centurias negras. Quizá esto sea muy útil. Nosotros, los rusos, debemos buscar también la forma de explicar a los extranjeros las bases de esta resolución, pues, de otro modo, se verán imposibilitados por completo para cumplirla. Estoy convencido de que, en este sentido, debemos decir no sólo a los camaradas rusos, sino también a los extranjeros, que lo más importante del período en que estamos entrando es estudiar. Nosotros estudiamos en sentido general. En cambio, los estudios de ellos deben tener un carácter especial para que lleguen a comprender realmente la organización, la estructura, el método y el contenido de la labor revolucionaria. Si se logra esto, las perspectivas de la revolución mundial, estoy convencido de ello, serán no solamente buenas, sino incluso magníficas.

Fuente: V.I. Lenin. Obras Completas, texto digitalizado por Marxists.org 

Stalinismo y burocratización, la enfermedad de la Revolución de Octubre

por Francisco Louça //

 

En sus Notas de Prisión, Rosa Luxemburgo, que acompañaba en la distancia, pero con fervor, la revolución en Petrogrado y Moscú, consciente de los riesgos y de los peligros – tal vez con más clarividencia que cualquier dirigente revolucionario de esa segunda generación del marxismo-, apeló a la solidaridad sin abdicar de su espíritu crítico. Escribió que “Concretamente, lo que nos puede traer luz a los tesoros de la experiencia y las enseñanzas no es una apología ciega, sino una crítica penetrante y reflexiva. Porque una revolución proletaria modelo en un país aislado, agotado por la guerra mundial, estrangulado por el imperialismo, traicionado por el proletariado internacional, sería un milagro. Lo que importa es distinguir, en la política bolchevique, lo esencial de lo accesorio, lo sustancial de lo fortuito.”

Si distinguir lo esencial de lo accesorio y de lo fortuito es siempre difícil, lo es más cuando existe una distancia histórica que difumina las dificultades de las decisiones inmediatas y oculta las contradicciones y los dramas de una revolución en curso, rechazar la “apología ciega” y mantener una “crítica penetrante y reflexiva” es por lo menos indispensable.

En los siete puntos siguientes, sitúo y discuto brevemente algunos de los impactos y consecuencias de la revolución de Octubre de 1917, refiriéndome al recorrido de algunos de sus protagonistas, con la misma preocupación por evitar la apología y repensar críticamente, como se merece, el gran acontecimiento que alteró el curso del siglo XX.

Tariq Ali, en el New York Times de 3 de abril de 2017, escribió la cita de Winston Churchill sobre Lenin: “Su mente era un instrumento notable”, escribió el estadista británico, poco dado a alabanzas de los enemigos. Churchill agregó, en un tono aún más grandilocuente: “Cuando brillaba, su luz iluminaba el mundo entero, su historia, sus dificultades, sus farsas y, sobre todo, sus injusticias.”

¿Sería eso? ¿Una “luz que iluminaba las injusticias” del mundo? Lo era sin duda para Churchill, que por aquel entonces ya era un político con carrera en el Reino Unido (fue ministro de Marina durante la Guerra Mundial), uno de los líderes conservadores que después de la revolución se convertiría en el principal promotor de la invasión de Rusia por las tropas de su país. Sin embargo, lo que revela la frase es el impacto simbólico, político y social de la revolución rusa, así como la figura de Lenin.

Esa revolución fue consecuencia de la Primera Guerra Mundial, pero también por las circunstancias del imperio zarista, que desencadenó un movimiento de pánico entre las clases dominantes (que respondieron con grandes concesiones desde inicios de los años 20, pero también con la movilización de las primeras milicias fascistas). La revolución sorprendió y asustó, pues en Europa solo había pasado algo similar en las décadas anteriores y, en menor escala, con la Comuna de París.

Sin embargo, la revolución estaba anunciada. En 1905 se fundaron los soviets en las principales ciudades rusas, en 1910 comenzaba la revolución mexicana y, al año siguiente, la china. Durante los años de represión, y después durante la matanza que fue la Gran Guerra, el debate político y la recomposición del movimiento que entonces se llamaba socialdemocracia (y que hasta 1914 incluía todas las principales corrientes socialistas y revolucionarias) fue creciendo, demostrando que los pilares del viejo mundo se estaban destruyendo. De hecho, al contrario de los grandes procesos revolucionarios del pasado (Inglaterra en 1648, Estados Unidos en 1776 y después, Francia en 1789, incluso en el caso de la Comuna en 1871), la revolución rusa fue concebida estratégicamente, fue discutida y planeada, en el contexto de precipitación provocado por la caída del Zar y por los meses de transición desde la revolución de febrero de 1917. Fue la primera revolución subjetivamente preparada en la historia de la humanidad.

Cambiando los ejes de la política europea y mundial, la revolución de Octubre desencadenó o acentuó otras alteraciones sísmicas en los años 20 (Alemania, Hungría, Bulgaria, Italia) influyó después en la victoria electoral de la izquierda francesa y la revolución republicana en España, así como la transformación del mapa político de izquierdas en todo el mundo. La respuesta de las clases dominantes fue el fascismo y el nazismo, y, por tanto, la Segunda Guerra Mundial.

¿Es posible una revolución socialista en un país atrasado?

Una de las grandes discusiones entre la izquierda rusa era nada menos que la posibilidad de una revolución socialista en el país – y la mayoría de las opiniones favorecían una visión escéptica.

Los teóricos del populismo ruso (Danielson, Vorontsoy) adoptaban la postura aparentemente más a la izquierda: considerando los límites de la industria rusa y de su mercado interno, así como la debilidad de la burguesía moderna en el Estado zarista, los populistas defendían la posibilidad de una revolución que instaurase el socialismo, pero se referían a un socialismo basado en comunidades agrarias , asociaciones campesinas y pequeños propietarios, de ahí también su insistencia en las reivindicaciones de redistribución de la tierra

Los llamados “marxistas legales” (Tugan, Bulgakov) esperaban que las promesas de las reformas liberales de la monarquía hiciesen posible un crecimiento de la industria moderna y de la clase obrera, y que la lucha sindical y electoral consiguiese un nuevo espacio en el imperio zarista.

Las dos alas de la socialdemocracia rusa, tanto los mencheviques(Plekanov) como los bolcheviques (Lenin, Bukarin, Zinoviev) consideraban que habría necesariamente una fase de desarrollo capitalista después de la caída del Zar, y que la democratización permitiría una alianza con sectores de la burguesía para alcanzar una etapa de crecimiento de las fuerzas productivas. Sin embargo, Lenin concebía ese proceso como un movimiento de conflicto y de revolución agraria, con una expropiación de la aristocracia latifundista, y, por tanto, con la nacionalización de la tierra, abandonando después esta última idea, a consecuencia de su cambio de postura y de las exigencias tácticas de la revolución de 1917 y de las alianzas inmediatamente posteriores, cuando pasó a defender la redistribución de la tierra (“la tierra para quien la trabaja”).

Trotsky fue el único dirigente revolucionario que, quedándose aislado después de varias rupturas entre mencheviques y bolcheviques a lo largo de los años siguientes a la revolución de 1905, defendió el carácter socialista de la revolución que conduciría a la caída del Zar. Los acontecimientos de 1917 acabaron por dejar solo a Lenin con su punto de vista.

La Comuna como modelo de nuevo Estado

A lo largo de 1917, los revolucionarios rusos se enfrentaron a un contexto para el que estaban mal preparados desde un punto de vista técnico e incluso conceptual: la toma del poder del Estado por los soviets, contra un gobierno provisional que incluía a los partidos de la derecha, populistas y mencheviques. Entre otros aspectos, en los que no voy a entrar en estas breves notas, estaban mal preparados porque no tenían ni la experiencia, ni siquiera una idea de cómo debería ser el funcionamiento del Estado después de llegar al poder.

Lenin había dedicado su “Estado y Revolución” a criticar a Kautsky, el filósofo marxista más destacado tras la muerte de Engels, pero que había entrado en guerra, desde 1914, con los dirigentes bolcheviques (en 1917, Kautsky había roto con el partido social demócrata alemán y se había adherido al partido socialdemócrata independiente, que se oponía a la guerra). Kautsky difería de Lenin sobre el carácter de la revolución rusa y su programa, y en 1917 esta diferencia ya era muy acusada. La obra, sin embargo, al presentar la alternativa de Lenin, se limita a esbozar lo que sería un nuevo aparato de Estado y el funcionamiento político del nuevo poder, mostrando alguna simplificación sobre lo que serían las dificultades concretas de dirigir la máquina del Estado. Los bolcheviques, simplemente, nunca se plantearon cómo gestionar, transformar, adaptar y modernizar las funciones del Estado.

El punto de partida de Lenin, como repite en el libro, y después en varios artículos y más claramente en uno de sus últimos escritos: “Marzo de 1923” en el Pravda, era la referencia de la Comuna de París. La Comuna es “la forma política por fin encontrada, por la revolución proletaria, mediante la cual se puede conseguir la emancipación económica del trabajo”, y sería un modelo para la nueva administración, para la destrucción de la máquina burocrática tradicional y para construir las nuevas fuerzas militares a través de la movilización miliciana. Igualdad de salarios, revocabilidad de cargos electos, carácter democrático y asambleario de los procesos deliberativos, esa sería la “forma política al fin encontrada”.

Era mucho, pues se trataba de la evocación de una experiencia social de movilización heroica del pueblo de París contra los ejércitos francés y alemán, pero también era muy poco, porque se trataba de una derrota y no de una victoria, de una ciudad y no un país, de clases populares muy movilizadas y no de la diversidad social como la que definía a Rusia, del corto plazo y no del largo. A pesar de eso, Lenin no podía comparar la revolución rusa con el marco político de la Comuna. Por eso, la Comuna podría ser una inspiración, pero nunca un modelo.

En ese mismo artículo de 1923, Lenin entendía como normal la superposición entre la institución soviética y el partido bolchevique, aunque en eso no pudiese aludir al ejemplo de la Comuna. Esa confusión entre la soberanía popular y la institución partidaria era el anuncio de muchas de las dificultades posteriores y la demostración de que no había un concepto de Estado y de soberanía popular que definiese claramente la estrategia de los bolcheviques.

Incluso en la preparación de la revolución de octubre, al mismo tiempo que Trotsky insistía en la necesidad de respetar la legalidad soviética – era el presidente del Soviet de Petrogrado, en el que había sido creado un Comité Militar Revolucionario, al que obedecían los soviets de soldados- Lenin prefería una simple decisión partidaria. Acabo perdiendo en este tema, siendo el Comité Militar Revolucionario, y no el partido directamente, el encargado de organizar la insurrección en la noche del 25 al 26 de octubre (o del 6 al 7 de noviembre en el calendario occidental).

Poder soviético y voto universal

A pocas semanas de la victoria de la revolución y de la caída de Kerensky, el nuevo gobierno realizó elecciones para una Asamblea Constituyente, cumpliendo su promesa.

La composición de la Asamblea Constituyente revela la dislocación de la relación de fuerzas en comparación con las elecciones del mismo año, pero también el hecho de que los bolcheviques sean minoritarios en el conjunto de Rusia: los partidarios de Lenin obtuvieron cerca de un cuarto de los votos, una notable subida, los mencheviques cayeron al 3%, los cadetes (el principal partido de la derecha) solo el 10%, los diversos partidos nacionalistas y musulmanes sumarían el 22% de los votos y el partido populista, o socialista revolucionario, alcanzó el 41% y representaba a la mayoría de las masas campesinas. La Asamblea se reunió durante dos días, en enero de 1918, y fue disuelta por el congreso de los soviets, que reclamó la única soberanía nacional.

Rosa Luxemburgo, en sus “Notas sobre la Revolución Rusa” criticó esta decisión (ella fue asesinada en enero de 1919 por lo que no vivió la evolución posterior): “Si la Asamblea ya hubiese estado elegida antes de la revolución de Octubre, y en su composición reflejase la imagen de un pasado superado y no la de una nueva situación, la conclusión evidente sería eliminar esa Asamblea caduca y convocar sin demora nuevas elecciones para una Constituyente. Los bolcheviques no querían y no debían condicionar el futuro de la revolución en una Asamblea que reflejase la Rusia de ayer, el período de las debilidades y de la alianza con la burguesía; lo único que podrían entonces hacer era convocar otra Asamblea que representase a la Rusia más avanzada y renovada”.

Y continuaba: “En vez de llegar a esta conclusión, Trotsky se centra en las deficiencias específicas de la Asamblea Constituyente reunida en noviembre y llega a generalizar sobre la inutilidad de cualquier representación popular nacida del sufragio universal durante el período de la revolución. Pero ¿qué sobraría en realidad si todo esto desapareciese? Lenin y Trotsky sustituirían las instituciones representativas, surgidas del sufragio popular universal, por los soviets, como única representación auténtica de las masas trabajadoras. Pero, al impedir la vida política en todo el país, también la vida en los soviets quedará paralizada.”

Concluía; “Sin sufragio universal, libertad ilimitada de prensa y de reunión, y sin confrontación libre de opiniones, se extingue la vida en todas las instituciones públicas, se convierte en una vida aparente, en la que la burocracia pasa a ser el único elemento activo. Esta es una ley suprema y objetiva, que no puede hurtar ningún partido. La vida pública se apaga poco a poco. Un error básico de la teoría de Lenin y la de Trotsky es que, exactamente, como Kautsky, contraponen dictadura a la democracia. ’Dictadura o democracia’ es como colocan la cuestión tanto los bolcheviques como Kautsky; el último defiende lógicamente a la democracia, y concretamente a la democracia burguesa, que considera como una opción frente a la revolución socialista; Lenin y Trotsky, se pronuncian, en contraposición, por la dictadura en oposición a la democracia, es decir, por una dictadura de un puñado de personas, por la dictadura según un modelo burgués. Son dos polos opuestos, equidistantes de la verdadera política socialista.”

El tema de la soberanía y del voto popular y de la articulación entre diversas formas de democracia, de la “verdadera política socialista”, en términos de Rosa, sólo sería discutido en Rusia, a partir de finales de los años 20, y sobre todo en la década siguiente. El primer texto que trata profundamente el peligro de la burocratización solo aparece en 1928, cuando Rakovsky, que había dirigido un gobierno soviético en Ucrania, publica “Los peligros Profesionales del Poder”- ya era demasiado tarde.

El desastre de 1918

Los resultados de las elecciones para la Asamblea Constituyente prueban, entre otras cosas, que la decisión de constituir una coalición entre los bolcheviques y fracciones de los partidos mencheviques (los mencheviques internacionalistas) y socialistas- revolucionarios (los socialistas revolucionarios de izquierdas) era necesaria y adecuada. Así, ese gobierno representaba a la mayoría popular.

Los y las lectoras de “Diez días que sacudieron al Mundo”, el extraordinario reportaje de John Reed acerca de la revolución en Petrogrado, habrá notado que el libro no termina con la toma del Palacio de Invierno, por otra parte, un acontecimiento relativamente menor en el desarrollo de los acontecimientos, pero que concluye con la votación del congreso de los soviets campesinos, que aprueban la constitución del nuevo gobierno soviético. Reed nos explica cómo, después de que los dirigentes bolcheviques intentaron hacerse oír, inútilmente, por el congreso, María Spiridonova, la principal dirigente de los socialistas revolucionarios de izquierdas, sube a la tribuna para explicar la alianza que había establecido Lenin. La mayoría del congreso se reconoce en ella y apoya su decisión. La revolución había triunfado.

Esta coalición, después de formalizarse, fue aprobada por una mayoría en el Comité Central bolchevique, contra la voluntad de Lenin. Los comisarios del pueblo de los otros partidos dispusieron de margen de decisión (es famoso como Isaac Steinberg, un Comisario del Pueblo para la Justicia, socialista revolucionario, se opuso frontalmente al desahogo de Lenin cuando los bienes esenciales escaseaban en las ciudades: “Como no usemos el terror contra los especuladores, fusilándolos de inmediato, nada cambiará”. A lo que el comisario respondió que, si así fuese, su lugar no tendría sentido). Pero el acuerdo de coalición solo duró hasta Marzo de 1918.

En Marzo, el gobierno se vio obligado, a pesar de las grandes diferencias sobre ese escollo, a aceptar un acuerdo de paz con Alemania, cuyas tropas tenían invadida a Rusia y sin encontrar resistencia, dado que el ejército ruso estaba descompuesto y los soldados no querían más combates. Este acuerdo, firmado en Brest Litovsk, implicó la pérdida de un cuarto del territorio de Rusia, un tercio de la población, el 90% de las minas de carbón, la mitad de la industria, incluyendo a Ucrania que representaba el 90% de los cereales exportables y tres cuartas partes de la producción del carbón.

Esa concesión forzosa hizo reaparecer las diferencias dentro de la coalición de gobierno y provocó la salida de los mencheviques internacionalistas y socialistas revolucionarios de izquierdas ( y algunos de estos escogieron entonces volver a practicar actos terroristas como los que habían organizado contra el zarismo, pero esta vez contra los bolcheviques, como el asesinato de Volodarski, un dirigente bolchevique que también se había opuesto al tratado de Brest Litovsk, en junio de ese año en Petrogrado). Sedes abiertas y diferentes publicaciones mantuvieron la actividad de los partidos que se habían opuesto al campo de los blancos en la guerra civil, pero a partir del inicio de los años 20 esa vida pública democrática desapareció.

La guerra civil e la invasión franco-británica

En julio de 1918, el gobierno procede a la nacionalización de las industrias. Ya habían deliberado sobre el monopolio público del comercio exterior (para controlar las divisas) y el rechazo de la deuda externa contraída por los zares, pero ante la desorganización de la producción se decidió tomar el control de las fábricas.

La invasión franco-británica, a partir del otoño de 1918, alteró profundamente el marco de la guerra civil, que provocaría más muertes que la participación de Rusia en la Gran Guerra. Dos de las mayores potencias militares europeas juntaron sus ejércitos a los de las fuerzas zaristas y, como respuesta, el gobierno tomó medidas de excepción, incluyendo lo que se llamaría posteriormente “comunismo de guerra”, la movilización de todos los escasos recursos que fueran necesarios para ganar la guerra -en 1920 el ejército absorbía la mitad de la producción industrial, gran parte de los alimentos, todo el tabaco y el 60% del azúcar (y los efectos destructivos de la guerra fueron violentos: en 1920 la producción industrial era el 18% de la de 1913).

La guerra transformó igualmente la organización social. Si el proletariado industrial era de cerca de tres millones de personas en 1917 (para 25 millones de campesinos), en 1921-1922 se había reducido a la mitad, mientras el ejército movilizaba 5,5 millones de soldados. Al mismo tiempo, el aparato del Estado crecía exponencialmente: en 1920 los funcionarios públicos era casi 6 millones, cuatro veces el número de obreros.

Fue en este contexto en el que se desarrolló un intenso debate sobre el movimiento sindical en el 9º congreso del partido bolchevique (marzo-abril de 1920). Trotsky, entonces en una posición de poder, fue elegido, a propuesta de Lenin, para acumular la función del Comisario de Guerra junto con la de Comisario de los Transportes. Pero fue derrotado en su propuesta de militarización de los sindicatos de producción, que incluía la sustitución de las direcciones a favor de la sumisión de la estructura sindical al esfuerzo de guerra. Lenin criticó esta propuesta a partir de diciembre de 1920 y fue derrotada en el congreso, a pesar de ser apoyada por Bukarine, Preobajensky, Smirnov y Rakovsky. La propuesta derrotada, que representaba una solución represiva, demostraba una vez más la incomprensión de algunos dirigentes bolcheviques sobre la necesidad de un movimiento social autónomo y expresivo y también su desesperación.

A partir de 1921, llegando la guerra civil a su fin con la victoria de las fuerzas soviéticas, se decidió una nueva estrategia, la Nueva Política Económica, que procuraba crear una forma de “capitalismo de Estado” (fue el término ambiguo utilizado entonces) con apertura al mercado y a inversiones del capital, pero con control público, para reanimar la economía. La NEP fue formalmente abolida en 1928.

Democracia en el partido y en la sociedad

El debate sobre la militarización de los sindicatos no fue el primer momento de reflexión sobre la democracia social pues, como subrayé antes, no existía entonces, entre los gobernantes y dirigentes soviéticos, ni una teoría, ni una experiencia, ni una conciencia de la importancia de la autonomía de las organizaciones sociales en relación al partido y al gobierno.

Después de ser derrotada la propuesta sobre los sindicatos, las dificultades impuestas por la guerra civil serían el pretexto para otras decisiones que se demostrarían desastrosas a corto plazo. En el 10º congreso del partido bolchevique, en Marzo de 1921, fue aprobada, por iniciativa de Lenin y con el acuerdo del resto de miembros de la dirección del partido, la prohibición de tendencias y fracciones dentro del partido.

En ese congreso se expresaban dos tendencias minoritarias, la Oposición Obrera (de Kollontai, con 60 delegados de 690), y la Tendencia del Centralismo Democrático, menos representativa. La moción de Lenin prohibiendo las tendencias solo tuvo una oposición de 30 votos, a pesar de cerrar el terreno del debate interno, determinaba que los dirigentes de estas tendencias podían ser elegidos para el Comité Central (Kollontai continuaría teniendo un papel importante en el Estado Soviético, siendo después embajadora en México y Noruega). Un congreso que apoyó también la trágica represión de la revuelta de los marineros de Kronstadt.

Muchos años después, Trotsky cambió de postura y vio como estos momentos fueron giros peligrosos en la vida soviética. En su “Revolución Traicionada” de 1936, criticó las decisiones del congreso de 1921: “La prohibición de los partidos de oposición produjo la de las facciones; la prohibición de las facciones llevó a prohibir otra forma de pensar que no fuese la del jefe infalible. El monolitismo policial del partido tuvo por consecuencia la impunidad burocrática que a su vez se transformó en causa de todas las variantes de desmoralización y de corrupción”. En 1938, en su texto programático esencial al final de su vida, “Programa de Transición”, Trotsky concluía que era esencial el establecimiento de una soberanía popular y una democracia electoral que definiese el lugar de los partidos en los soviets: “Es imposible una democracia de los soviets sin la legalización de los partidos soviéticos. Los obreros y campesinos deben elegir con su voto que partidos reconocen como soviéticos”.

Pero, en los años 20, la guerra, la miseria, la represión, la burocratización, la omnipotencia del partido, el control de Stalin sobre el aparato y otros factores acabarán con las últimas y tardías tentativas de democratización. Al darse cuenta, en los últimos días de 1922 y los primeros de 1923, Lenin, ya encamado, dictó a sus secretarias lo que vino a ser conocido como su “Testamento”, recomendando alejar a Stalin de todo poder partidario y elogiando a Trotsky “el hombre más capaz del Comité Central” aunque tendría una inclinación hacia procedimientos “demasiado administrativos”. En Marzo de 1923, en su artículo en el Pravda, “Antes menos, pero mejor”, ya al borde la muerte, Lenin escribía angustiado: “Nuestro aparato del Estado es tan deplorable que lo más perjudicial será creer que sabemos algo (…) No, somos ridículamente deficientes”. El problema estaba, por lo tanto, en la cabeza del partido, pero también en la organización del poder del Estado, “ridículamente deficiente”.

Ese mismo año tuvo lugar un último debate que fue publicado en la prensa del partido. Un grupo de 46 dirigentes históricos del partido bolchevique publicó en el Pravda una carta con propuestas para la reforma del partido y del poder soviético. Pelearon por sus propuestas y formaron una oposición interna, que consiguió el apoyo de dos tercios de las células del ejército y, en Moscú, 67 de las 346 células, o del 36% de los votos, siendo representativa, de apoyos importantes en otras organizaciones del partido. Pero se quedó en minoría y fueron derrotados por la troika constituida por Stalin, Bukarin y Zinoviev. Stalin llegaría después para mandar asesinar a sus dos aliados en los procesos de Moscú, a partir de 1936, y cientos de miles de comunistas y de opositores fueron encarcelados en el Gulag. La revolución había sido traicionada.

(Imagen: Bolchevique, de Borís Kustódiev, ícoon del realismo socialista)

Rechazo a las elecciones presidenciales y parlamentarias

por Maximiliano Cortés//  

Las actuales elecciones presidenciales y parlamentarias se dan en un contexto donde el imperialismo norteamericano busca reajustar su política hacia Latinoamérica, la que considera como su “patio trasero”. Los alineamientos de distintas fracciones patronales en la región dan cuenta de una orientación marcada por políticas que tienden hacia un mayor ataque sobre las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo. Este alineamiento de los grupos empresariales es el que marca la pauta de todos los candidatos que postulan a ser los próximos verdugos del pueblo. Seguir leyendo Rechazo a las elecciones presidenciales y parlamentarias

EEUU: Un año desde la elección de Donald Trump

por Patrick Martin//

Hace un año, el 8 de noviembre del 2016, el candidato republicano Donald Trump ganó las elecciones presidenciales de EUA. A pesar de perder el balotaje popular a nivel nacional por casi tres millones de votos, Trump derrotó a la candidata demócrata, Hillary Clinton, en el colegio electoral gracias a victorias estrechas en los estados industriales de Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Seguir leyendo EEUU: Un año desde la elección de Donald Trump

España: la clase obrera catalana y española deben salir al combate

por Paul Mitchell y Chris Marsden//

Los partidos nacionalistas catalanes están trabajando abiertamente con el Gobierno del Partido Popular (PP) en Madrid a cambio de concesiones que anticipaban de la Unión Europea. El resultado de sus esfuerzos es permitir que el régimen español establezca un peligroso precedente de poder imponer su voluntad mediante órdenes policiales-militares, con el pleno respaldo de la oposición del Partido Socialista (PSOE). Seguir leyendo España: la clase obrera catalana y española deben salir al combate

Editorial: El siglo de la Revolución Rusa

Para quienes militamos bajo las banderas de la revolución socialista, la celebración de un aniversario tan significativo, el centenario de la Revolución Rusa, resulta de una enorme trascendencia.

Quienes integramos el equipo editorial de esta revista, provenimos de distintas corrientes de origen marxista y revolucionario, y para todos nosotros –desde diversas perspectivas- la Revolución Rusa ha significado y significa el basamento material y teórico de nuestro accionar militante.

Se puede afirmar que la burguesía no ha logrado silenciar la fecha y, en nuestro país, hasta el mismísimo Centro de Estudios Públicos –órgano capitular de la oligarquía chilena- organizó un ciclo de charlas que bajo el nombre de la Revolución Rusa en América Latina y Chile, con la finalidad de poner de relieve la derrota, la imposibilidad e inclusive los supuestos crímenes de tal Revolución.

A su turno, a lo largo de todo el país y con distintos énfasis y magnitudes, las actividades conmemorativas de la gesta del octubre soviético se han venido desarrollando, demostrando con ello que no se trata de un acto de nostalgia o de rescate arqueológico, sino que expresiones concretas y vigentes de lucha política. Resulta, en consecuencia, autoevidente que la Revolución Rusa sigue siendo un hito nodal, estructural, en el desarrollo del discurso político de nuestros días.

Frente a los que, basados en el hecho cierto de que la clase obrera ha sufrido importantes retrocesos políticos en los últimos años, sostienen que “se ha demostrado” su incapacidad revolucionaria, sostenemos que nunca una clase explotada ha logrado tanto en tan poco tiempo.

En poco más de ciento cincuenta años de existencia el movimiento obrero ha generado una teoría social superior a la de la clase dominante. Ha creado organizaciones propias, como sindicatos, cooperativas y asociaciones culturales y deportivas.

Organizó partidos propios, sustentados en la teoría crítica y científica, que han desarrollado estrategias y tácticas de acción política altamente elaboradas.

Obligó a la clase dominante a conceder mejoras como nunca una clase explotada logró arrancar a los explotadores (Estado de bienestar en la posguerra).

Generó organizaciones radicalmente democráticas, como los concejos de obreros y campesinos. Creó ejércitos, desarrollando una estrategia militar propia.

Tomó el poder e inició la construcción de sociedades que por primera vez fueron concebidas como proyectos conscientes de un reordenamiento social sin clases.

Es necesario no perder esta perspectiva histórica, y fomentar la educación a las nuevas generaciones en las tradiciones revolucionarias, porque en ellas se alimentará la futura recomposición política de las fuerzas del trabajo y del socialismo. La perspectiva de la revolución proletaria es, en este contexto, no sólo necesaria, sino que su viabilidad constituye hoy en día la única posibilidad de salvar a la humanidad de las garras de la barbarie.

Habitualmente dedicamos la Editorial de nuestra revista al análisis de la coyuntura, que hoy día con la contienda electoral, el movimiento No +AFP y la absolución de los 11 comuneros mapuche en el llamado “caso Luchsinger”, entrega múltiples facetas, pero hoy queremos –intencionadamente- detenernos a homenajear a la primera revolución obrera triunfante de la historia.

Desde las páginas de El Porteño, cuando también cumplimos un año de funcionamiento, acompañando la lucha de los trabajadores en Chile y el mundo entero, rendimos sentido homenaje –repetimos- a esta primera revolución obrera triunfante de la historia y a su vanguardia bolchevique. El programa proletario, de la revolución socialista, que es el gobierno de los órganos de poder de los explotados, resplandece en su vigencia frente a la colosal descomposición del orden burgués. Levantamos el puño izquierdo, orgullosos de engrosar las filas proletarias de esta gloriosa marcha llamada Revolución.

 

EP

 

URSS: ¿Fue un sistema socialista? ¡En absoluto!

por Denis Paillard//

Con el título Rusia/URSS/Rusia el libro de Éditions Page Deuxy Éditions Syllepse reúne ocho textos de Moshe Lewin* (en adelante M.L.). Seis de estos textos, redactados a comienzos de los años 90, fueron publicados en inglés en una recopilación con el mismo título Russia/USSR/Russia (The New Press, 1995)< 1/. En el anexo se puede encontrar un texto de síntesis sobre la represión y los campos de concentración. Como indica el título, no hemos querido centrar esta recopilación en el año 1917 y la Revolución de Octubre, sino tratar de la historia de los setenta años en que existió la URSS, desde el acontecimiento fundador de Octubre 1917 a la implosión del sistema al final de la Perestroika. Para M.L., historiador, el hecho de focalizar todo en Octubre 1917 y la revolución victoriosa dirigida por el partido bolchevique suele ser indicio de un desinterés por los acontecimientos que le siguieron, en beneficio de discusiones sin fin sobre la naturaleza del régimen surgido de Octubre −esta ignorancia o este desinterés por la historia de estos setenta años se suele traducir, tanto en la derecha como también en la izquierda, en el recurso generalizado al término “totalitarismo” para caracterizar al régimen.

¿Qué es la URSS?

Lo que está en juego en los debates sobre la naturaleza del régimen soviético es la cuestión del comunismo: ¿fué (o no) la URSS un país comunista?

Para la burguesía, sus ideólogos y sus historiadores, la respuesta no tiene ambigüedad: URSS = comunismo = estalinismo = Gulag. Esta ecuación pretende descalificar de una vez por todas la idea de una alternativa al capitalismo y, en esta perspectiva, la desaparición de la URSS significaría también de una vez para siempre el “final del comunismo” 2/. Se puede citar en Francia, entre otros muchos, a François Furet, André Glucksmann y a los autores del Libro negro del comunismo. El impacto del Libro negro del comunismo fue considerable. Jean Pierre Garnier, en un artículo de Le Monde Diplomatique(enero 2009), menciona incluso la organización de un debate con S. Courtois en la Federación anarquista (sic).

Esta ecuación URSS = comunismo se encuentra también, con una simple inversión de los signos, entre quienes consideran que el comunismo se realizó en la URSS, aunque por lo general con una reserva importante: sólo en los tiempos de Stalin. Esta tesis, muy defendida en el pasado en el movimiento comunista, sigue teniendo defensores hoy día: se puede citar a Domenico Losurdo y su libro Stalin. Historia y crítica de una leyenda negra (Éditions Aden, Bruselas, 2011); la obra de dos miembros del PC americano, Roger Keeran y Thomas Kenny El socialismo traicionado, Las causas de la caída de la Unión Soviética (publicado en francés por ediciones Delga); y Ludo Martens [dirigente del PTB belga], autor del libro Otro Stalin, uno de los pocos autores que reivindica y justifica totalmente el exterminio por Stalin de la vieja guardia bolchevique, lo que le lleva a citar como dirigentes bolchevique en 1917 (además de Lenin y, por supuesto, Stalin) a Molotov, Zhdanov y Malenkov (!).

La cuestión de la naturaleza de la URSS se vuelve más compleja cuando se cuestiona la relación entre la URSS y el comunismo, y más en general con el socialismo 3/. Se pueden distinguir tres grandes posiciones. Para los defensores de la teoría del capitalismo de Estado 4/, la opresión de los trabajadores bajo Stalin significa que el régimen no se podía asociar en ningún caso con el socialismo. La segunda posición, reflejada recientemente en el libro de Roger Martelli ¿Qué queda del Octubre ruso? (Éditions du Croquant, 2017) considera, con más o menos reservas, que la URSS tiene relación con el comunismo. Según Martelli, la URSS (incluido el período estalinista) simboliza la forma dominante del “comunismo en el siglo XX“. La tercera posición tiene su origen en la obra de Leon Trotsky La Revolución traicionada 5/. Al caracterizar a la URSS como un Estado obrero burocráticamente degenerado, Trotsky define a la sociedad soviética como una sociedad en transición entre el capitalismo y el socialismo, cuestión que deberá ser resuelta en un sentido (vuelta al capitalismo tras una contrarrevolución burguesa) o en el otro (construcción de una sociedad socialista con la eliminación de la burocracia). El estallido del sistema soviético ha zanjado la cuestión: Rusia es hoy día un país capitalista sin que por ello se pueda hablar de “contrarrevolución”6/.

Se suele recurrir a caracterizaciones en términos de “socialismo existente” o incluso de “socialismo real” [una fórmula aparecida inicialmente en la RDA: “real existierender Sozialismus”] para destacar lo que sería la ambivalencia del sistema (sin definir por ello en qué sentido hablar de socialismo en el caso de la URSS, a no ser como forma de señalar que no era capitalista). Como veremos más en detalle, M.L. tiene una posición muy categórica en esta cuestión de la relación de la URSS con el socialismo: “¿Era un sistema socialista? En absoluto. El socialismo consiste en que los medios de producción son propiedad de la sociedad y no de una burocracia. El socialismo siempre ha sido concebido como una profundización de la democracia política, y no como su rechazo. ¡Seguir hablando de “socialismo soviético” es un verdadero despropósito! Es sorprendente que el debate sobre el fenómeno soviético se haya hecho, y se siga haciendo, en estos términos. Si delante de un hipopótamo alguien insistiera en que se trata de una jirafa, ¿se le concedería una cátedra de zoología?” (El Siglo soviético)7/.

Estas distintas posiciones sobre la naturaleza de la URSS, por contradictorias que sean, tienen en común el hecho de considerar como un todo 8/ los setenta años en que ha existido la URSS, donde sólo opera la cuestión de la naturaleza del sistema político y económico establecido tras la revolución de Octubre, sin tener en cuenta a la sociedad, su evolución en el plano social, nacional y cultural, ni las complejas relaciones que se desarrollan entre esta sociedad y el poder. Esta cuestión conduce a un atolladero cuando se abordan las razones del estallido de la Unión Soviética en base a sus propias contradicciones: el sistema se hundió sin que hubiera ni oposición interna organizada ni agresión procedente del exterior. Para M.L., el hundimiento del Imperio soviético se explica en lo fundamental por el divorcio entre un poder burocrático totalmente esclerotizado y la emergencia desde los años 60 de una sociedad de dominante urbana y educada (sobre este punto, cf. más adelante). El otro factor que interviene de manera central en los debates sobre la naturaleza de la URSS es la gran interferencia entre la cuestión de la URSS como tal y la situación del movimiento obrero a escala internacional: a lo largo de todo el siglo XX, la existencia de la URSS y la referencia a Moscú fueron decisivas y sobredeterminaron los debates y las orientaciones del movimiento obrero en los diferentes países y continentes 9/.

El enfoque desarrollado por M.L. en esta recopilación y en otros textos (comenzando por El Siglo soviético), introduce una doble ruptura respecto a estos debates: por una parte, la historia de la URSS no es lineal, está hecha de continuidades y de discontinuidades, de fases dinámicas y de momentos de crisis, en los que se recrea la cuestión del régimen; por otra parte, para M.L., ya lo hemos dicho, la URSS no era un país socialista.

Continuidades y discontinuidades en la historia de la URSS

M.L. considera que es crucial distinguir diferentes períodos y su encadenamiento para comprender lo que fue ese “continente desaparecido”. Los recordamos brevemente, remitiéndonos para más precisiones a los textos de M.L.

─ La revolución de Octubre fue una auténtica revolución dirigida por un partido revolucionario, el partido bolchevique. A su vez, en cuanto a lo que está en juego en 1917, es importante considerar lo que escribió Trotsky al comienzo de la primera parte de la Historia de la Revolución rusa: “La ley del desarrollo desigual y combinado −en el sentido de una combinación singular de elementos de atraso y de factores totalmente nuevos− se presenta ante nosotros en su forma más acabada y por ello mismo nos da la clave del principal enigma de la revolución rusa. Si la cuestión agraria, heredera de la barbarie de la historia de la antigua Rusia, hubiese sido resuelta por la burguesía, si hubiese sido resuelta entonces, el proletariado ruso no habría llegado en ningún caso al poder en 1917. Para que se creara el Estado soviético, hizo falta la convergencia y la interpenetración de dos factores de naturaleza histórica totalmente diferente: por un lado, la guerra campesina, característica de los comienzos de la era burguesa, por otro un levantamiento proletario, un movimiento que marca el declive de la sociedad burguesa. En esto consiste el año 1917” 10/.

── La Guerra civil (1918-1922) consagró la victoria de los bolchevique, pero las enormes destrucciones ocasionadas por esta guerra y el aislamiento del nuevo Estado en ausencia de revoluciones en el Oeste significaron un cambio de perspectiva en la construcción del nuevo Estado, con el período de la Nueva Política Económica (NEP). Como escribe Pierre Rolle, “La realidad del comunismo de guerra es la guerra” 11/. Ver en esta recopilación el texto La Guerra civil. Dinámica y consecuencias.

── Para M.L., la NEP fue un período relativamente tranquilo de reconstrucción, señalado en diferentes textos de la recopilación; viene marcado por la toma de control del partido y del aparato de Estado por Stalin, con la derrota de las diferentes oposiciones, la Oposición de izquierda y la llamada Oposición de derecha de Bujarin.

── El período estalinista va de finales de los años 1920 a la muerte de Stalin en 1953. M.L. insiste en la necesidad de no convertir al término estalinismo en un término genérico para designar a la URSS, sino en reservar el término para designar el período en que Stalin está en el poder. Además, recalca que es necesario distinguir entre el estalinismo dinámico de los años 30 (colectivización, industrialización a marchas forzadas, terror y grandes procesos) y un estalinismo en crisis en los años de postguerra −sobre este segundo período, nos remitimos al capítulo 12 titulado Final de partida, en la segunda parte de El Siglo soviético. En cuanto al período de guerra, significó el ascenso potencial de la burocracia de Estado, muy vejada y reprimida por Stalin en los años 30: es la que aseguraba el funcionamiento del país. En cuanto a Stalin, aunque generalísimo, nunca corrió el riesgo de ir al frente 12/.

── Los años 1950-1960 hasta la eliminación de Jruschov en 1964 estuvieron marcados por el XX Congreso del PCUS, con la denuncia (parcial) del período estalinista, un período de reformas y de liberalización relativa del régimen. En su libro Political Undercurrents in Soviet Economic Debates (Pluto Press, 1974), M.L. se refiere a los debates sobre los problemas económicos (se reflejan en distintos textos de la recopilación), pero también al nuevo rostro de la sociedad soviética, de mayoría urbana y educada, y a su relación con un poder cada vez más desconectado de la realidad: “Para un observador atento, no es difícil distinguir toda una gama de opiniones diferentes, políticas, religiosas, nacionalistas, autoritarias, democráticas, liberales y fascistas, por no hablar de diferentes corrientes éticas y filosóficas. La ideología oficial es desde luego compartida por algunos, aunque en general sólo ofrece estereotipos utilizados de manera puramente formal en ocasiones solemnes, en su mayor parte sin relación alguna con la realidad. Se puede formular la hipótesis de que, bajo las apariencias de una proclamada homogeneidad política, existe en la sociedad rusa una realidad política subterránea, formando potencialmente e incluso desde ya mismo un amplio espectro de opiniones”. Y añade: “Es un hecho que el partido en sus tomas de posición oficiales ha manifestado sensibilidades políticas poco ortodoxas, y estas opiniones sólidamente instaladas se pueden ver en el creciente papel del nacionalismo [gran ruso], a veces bajo una forma virulenta”.

── El período de estancamiento (fin de los años 1960 – 1986) siguió a la depuración de Jruschov (1964) y vio la llegada al poder de Leonid Brezhnev. Este período estuvo marcado por la voluntad de acabar con los debates sobre la urgencia de reformas económicas y por mantener a cualquier precio un monolitismo de fachada 13/. Refiriéndose al Plenario del Comité Central de diciembre de 1969, M.L. escribe: “El plenario suprimió importantes aspectos de las reformas económicas, si no ya su propia alma, y las sustituyó por llamamientos a la disciplina. Había que reforzar los controles y la implicación del partido, y se presentaron las políticas de movilización a iniciativa del partido como la única respuesta a las dificultades y a los disfuncionamientos crecientes de la economía”. Y añade: “La obsesión del partido por querer conservar todas las cartas en sus manos dificultó el juego”. De hecho lo hizo imposible. El sistema quedó poco a poco bloqueado y acabó por estar totalmente paralizado. Estas cuestiones se abordan en el texto Informe de autopsia y en la parte III de El Siglo soviético, capítulos 6 y 7.

── La perestroika y el final de la URSS (1986-1991). Como ya hemos indicado antes, la URSS se hundió bajo el peso de sus propias contradicciones, a causa de un divorcio entre un poder burocrático, obstinado en no reformarse, y una sociedad que se había vuelto urbana y educada. En El Siglo soviético, M.L. escribe: “El poder ha perdido esta capacidad [para abordar reformas en todos los planos], lo que le ha llevado a una serie de paradojas: el partido estaba despolitizado, la economía burocratizada estaba gestionada y controlada por una burocracia más atenta a conservar su poder que a hacer avanzar la producción, más preocupada en preservar confortables rutinas que en desarrollar la creatividad y la innovación tecnológica (…). En resumen, una verdadera fórmula mágica para que el sistema deje de funcionar”. Y lo formula de manera lapidaria: “Un sistema económico sin economía, un sistema político sin política” 14/.

Esto es lo que escribe Galina Rakitskaja sobre el período 1989-1991: “En 1989-91, la movilización de fuerzas sociales en Rusia (y en general en la URSS) tomó la forma de una revolución antiburocrática y democrática (…). La derrota en agosto de 1991 de los miembros de la nomenklatura que habían intentado oponerse al más alto nivel a dichos cambios [se trata del intento de putsch de las fracciones duras de la burocracia en agosto de 1991. D.P.] debería haber abierto la vía de las transformaciones democráticas, respondiendo a los intereses de la mayoría de la población. En realidad, los políticos liberales radicales, tras haber consolidado su poder, emprendieron reformas dirigidas contra el pueblo, siguiendo el modelo de la terapia de choque15/. Refiriéndose a la privatización salvaje de la casi totalidad de la economía, M.L. habla del mayor “atraco del siglo”

── Otro punto en que M.L. insiste en muchas ocasiones, como lo subraya el título de esta recopilación, es que no se puede separar el período soviético de la Rusia anterior a 1917 y posterior a 1991. Aborda la cuestión en dos textos: Rusia / URSS en el movimiento de la historia. Un intento de interpretación y Rusia entre reformas y marginalización. Se refiere sobre todo a dos cuestiones. En primer lugar, la cuestión campesina: en 1917, los campesinos representaban casi el 90 % de la población. Para dar cuenta de este peso del campesinado, M.L. habla de la “conexión agraria” e insiste mucho, sobre todo en Rusia/URSS en el movimiento de la historia. Un intento de interpretación, en que esta “conexión agraria” ocupa un lugar central hasta final de los años 1930. Nos referirnos también a la cita de Trotsky antes señalada. La otra cuestión es la permanencia del nacionalismo gran-ruso, que atraviesa toda la historia de la URSS, ya se trate del debate que enfrentó a Lenin y a Stalin en el momento de la creación de la URSS, de la celebración por Stalin de la Santa Rusia y los zares autócratas (el propio Stalin se consideraba un autócrata), y también la existencia de corrientes nacionalistas rusas muy activas dentro del aparato del partido-Estado desde los años 1960. Esta cuestión es abordada en detalle en el texto Nacionalismo de nuestro tiempo. El caso de Rusia 16/.

La URSS y el socialismo

En el texto El Socialismo soviético. Un error de etiquetación, M.L. desarrolla con amplitud esta idea: a no ser que se confunda “socialización” con “nacionalización-estatización” de la economía, no se puede hablar de “socialismo” en la URSS; lo que le lleva a cuestionar la idea de que “no capitalista” signifique mecánicamente “socialista”.

Antes de 1917, teniendo en cuenta el peso del campesinado, Rusia era una sociedad precapitalista, con un sector capitalista en vía de desarrollo rápido, pero muy dominado por el capitalismo europeo. Al final del texto El Socialismo soviético, haciéndose eco de la cita de Trotsky sobre la revolución rusa, escribe:

“Si algún día emergiera una economía de mercado estable en la ex−URSS, podríamos concluir que el papel del período soviético ha consistido en realizar aquello en lo que el capitalismo ruso fracasó de partida: hacer nacer una sociedad industrial, urbana y educada, capaz de integrarse de verdad en el sistema económico actual. Esto marcaría el cierre de un ciclo y no la apertura de una nueva época en la historia de la humanidad”.

Y un poco antes de este pasaje, haciéndose eco de los debates sobre la naturaleza de la URSS, escribe:

“Aunque tenemos algunas dificultades en caracterizar el sistema soviético, no tenemos en cambio ninguna duda sobre lo que era y lo que no podía ser. Por eso los slogans que han proliferado (aunque hoy se vuelven más discretos) afirmando que el hundimiento de la Unión Soviética habría significado “la muerte del socialismo y del marxismo”, no son más que ideología “pura” y sólo pueden inducir a error. El socialismo, como ideal que pretende más democracia y una ética social exigente, nunca ha existido como sistema en ningún sitio. El sistema soviético, un sistema más bien atrasado, no presentaba ninguna de las características del socialismo. El régimen que se hacía llamar soviético, y hasta comunista, pertenece a la clase de formaciones sociales que combinan “subdesarrollo” y “estatismo”, es un caso particular de poder burocrático”.

En este texto (y también en el último capítulo de El Siglo soviético), M.L. no aborda sólo de un modo negativo la cuestión de la naturaleza del sistema soviético. En relación directa con la necesidad de distinguir diferentes períodos en la historia de la URSS, propone dos caracterizaciones distintas, una para el período estalinista, la segunda para el período post-estalinista, aunque insiste en que estas caracterizaciones no reflejan plenamente la singularidad del sistema. Sólo pretenden destacar una característica esencial. Para el período estalinista, propone hablar de “despotismo agrario”, dado el lugar que ocupa la conexión agraria. Para el período post-estalinista, defiende la idea de un “absolutismo burocrático”.

El chovinismo gran-ruso y la burocracia

En el debate sobre el lugar de las nacionalidades en la URSS en formación, el 6 de octubre de 1922, Lenin hizo pasar a Kamenev una nota donde escribió: “Yo declaro la guerra, no una pequeña guerra, sino una guerra a vida o muerte al chovinismo gran-ruso”. Y calificaba a Stalin (y a Ordzhonikidze) de “brutos gran-rusos”. El chovinismo gran-ruso denunciado de forma tan violenta por Lenin se convertirá, al cabo de los años, en una componente esencial de la ideología del poder bajo Stalin; sobre todo después de la Segunda Guerra mundial, y también durante el período post-estalinista.

El conflicto entre Lenin y Stalin sobre la cuestión de las nacionalidades es muy conocido tras el libro de M.L. El Último combate de Lenin, aparecido en 1967 [editado en castellano en 1970, Lumen]. En El Siglo soviético, en base a nuevos documentos aparecidos después de la perestroika, M.L. retoma la cuestión (1ª parte, cap. 2, Autonomías vs. Federación 1922-23). En fin, en el texto Nacionalismo de nuestro tiempo. El caso ruso, a la vez que vuelve a este período clave de la formación de la Unión Soviética, amplía la cuestión a toda la historia soviética. El término derzava, heredado del período zarista 17/ y que designaba a un estado fuerte y poderoso, se va imponiendo como una referencia positiva para designar al Estado soviético, aunque para Lenin, como lo recuerda M.L., derzavnik era una expresión absolutamente negativa, utilizada en su polémica con Stalin “para designar al partidario de un nacionalismo ruso opresor y brutal”. Esta conversión de derzava de término negativo en término positivo para designar al Estado, revela los cambios radicales que operan en la ideología de los dueños del Kremlin.

El texto Ego y política. La autocracia estaliniana analiza ampliamente dos componentes del estalinismo, la política de terror y la celebración de Rusia como derzava, esto es una Rusia que siempre ha sabido resistir y vencer a sus enemigos. Una componente central del terror estaliniano fue la fabricación sistemática y a gran escala de enemigos. A la pregunta “¿cuál era la lógica de esta fabricación sistemática de enemigos?”, M.L. responde: “Es la lógica de un hombre con inmensos poderes que inventaba [subrayado nuestro, D.P.] hordas de enemigos sin fin, tenía tanta necesidad de ellos que los fabricaba a voluntad para probar que estos enemigos existían y eran vencidos y castigados por una policía secreta”.

Esta fabricación de enemigos de todo género conocerá una nueva orientación después de la guerra con el resurgimiento del nacionalismo gran-ruso y su corolario, el antisemitismo. Este giro es indisociable de la manera como Stalin fue fabricando su propia leyenda, en tres etapas, en ruptura con la herencia bolchevique. La primera etapa corresponde a la toma de control por Stalin del partido y del aparato de Estado con la eliminación sucesiva de las diferentes oposiciones (años 20). La segunda corresponde al exterminio físico de toda la vieja guardia bolchevique (años 30). La tercera es la afirmación de un poder absoluto, en ruptura total con el período revolucionario y en continuidad con la autocracia zarista. «Para Stalin, el hecho de subrayar las afinidades de su régimen con el Imperio y de reivindicar raíces históricas comunes, sobre todo refiriéndose a la construcción del Estado por el más crueles de los zares, hizo posible una redefinición radical de su propio personaje, pero también de la identidad ideológica y política del sistema y de sus raíces” (…) “En adelante, la ideología, el sistema de poder, los escenarios, estaban tomados de un pasado mucho menos dinámico, con símbolos arcaicos y obsoletos”: adopción de un nuevo himno conmemorando la Santa Rusia, establecimiento de tribunales de honor en las esferas dirigentes del partido y del Estado; en los ministerios, los altos funcionarios debían llevar uniforme y sus títulos estaban directamente tomados del cuadro de rangos instituido en su corte por el zar Pedro el Grande. En los años 40, Andrei Zhdanov lanzó una virulenta campaña contra el cosmopolitismo y la fascinación de la intelligentsia por Occidente. Comentario de M.L.: “La ideología zhdanoviana es la de Stalin. Marca el punto culminante de sus derivas ideológicas. En adelante estará fascinado por el glorioso pasado zarista. (…) Pero lo más grave de este bricolaje ideológico es el nacionalismo ruso extremo, de rasgos protofascistas, del estalinismo en declive” 18/.

Después de la muerte de Stalin, la burocracia se preocupó en desembarazarse de la parte más negra de la herencia estaliniana: denuncia del culto a la personalidad, fin del terror, supresión de los tribunales de honor y del cuadro de rangos para altos funcionarios, paralización de las campañas oficiales contra el cosmopolitismo y del llamado proceso de las Batas blancas contra médicos judíos. Pero hizo plenamente suyo el culto al Estado fuerte. M.L. utiliza el término estatismo, aunque sería más justo, como veremos, hablar de nacional-estatismo.

“El estatismo se convirtió entonces en una ideología en toda regla, recurriendo a eslóganes pretendidamente socialistas (nacionalización) y a temas del autoritarismo tradicional ruso (aunque sin exhibir las imágenes de los autócratas del pasado zarista). Después de la muerte de Stalin aparecieron distintas corrientes ideológicas, de forma insidiosa y subterránea, hasta llegar a manifestarse abiertamente. Los cambios que conoció la sociedad soviética tras la muerte de Stalin acarrearon la reemergencia de corrientes subterráneas en la sociedad, lo que tuvo repercusiones incluso en el seno del propio partido, tanto en la base como a nivel del aparato, dando nacimiento a un conglomerado de ideologías, tendencias y corrientes que nada tenían que ver con el monolito marxista-leninista imperturbablemente proclamado tanto en el Este como en el Oeste” (Ego y política. La autocracia estaliniana).

La burocracia del Estado y del partido estaba fragmentada, llena de fracciones, cliques y redes dentro de las distintas instancias del poder, reagrupándose en juegos de alianzas más o menos duraderas en base a intereses comunes y posiciones ideológicas más o menos compartidas. Estas distintas componentes de la burocracia tenían en común la celebración de la URSS (en realidad, de Rusia) como derzava (“estado fuerte”). Se había eliminado toda referencia a la revolución de Octubre, en adelante la Segunda Guerra mundial (“la Gran Guerra patriótica”) simbolizará la grandeza de la URSS, proclamada como superpotencia. Hubo un reforzamiento de la política de asimilación de las otras nacionalidades, las instancias superiores del poder central están compuestas en un 86 % de rusos (y de hermanos eslavos, biolorrusos y ucranianos) y se desarrolló una forma de antisemitismo de Estado pretendiendo excluir a los ciudadanos judíos de toda una serie de instituciones: KGB, Estado Mayor del ejército, Ministerio del Interior y Ministerio de Asuntos Exteriores y muchas otras.

En su texto sobre el nacionalismo ruso, M.L. señala el desarrollo de corrientes nacionalistas rusas en el seno mismo del aparato del partido y del Estado. Durante sus estancias en Rusia en los años 1990, después de la desaparición de la URSS, le sorprendió la multiplicación de organizaciones nacionalistas rusas, incluso abiertamente fascistas 19/; una cosa le pareció evidente: los animadores de estos movimientos no venían de “ninguna parte”. Pero a comienzos de los años 1990 existían pocas fuentes fiables, más allá de los trabajos de algunos investigadores occidentales. Diez años más tarde, en la propia Rusia, existía ya una documentación abundante. En 2003 aparecía en Moscú el libro de Nikolai Mitrohin, “Russkaja Partija. Dvizenie russkih nacionalistov v SSSR 1953-1985” (“El partido ruso. El movimiento de los nacionalistas rusos en la URSS 1953-1985”), una obra de más de 600 páginas, basada en entrevistas y en la lectura de las memorias de muchos antiguos responsables del poder que no dudaban en hablar “a cara descubierta” de las ideas y las convicciones que tenían en realidad en el pasado 20/. El cuadro es impresionante y es difícil informar en detalle, visto el gran número de protagonistas, y también la extrema diversidad de organizaciones e instituciones a que se refiere. Nos limitaremos a algunos puntos.

─ El libro está lleno de anécdotas, extraídas de memorias y de entrevistas, muy reveladoras del doble lenguaje en marcha, donde los altos responsables se presentan como verdaderos Dr. Jekyll y Mr. Hyde ideológicos. Como ejemplo, citamos el relato que hace Ju. Tonkov, un alto responsable de propaganda del Komsomol en los años 60, de una velada en casa del pintor I. Glazunov, nacionalista y antisemita de primera hora 21/, cuyo taller era un lugar de encuentro de los nacionalistas: “Nos sentamos a la mesa, todos los presentes son miembros del partido, entre ellos Torsuev, secretario del Comité Central del Komsomol. Y Glazunov declara: “Sueño con el día en que colgaremos a todos los comunistas”. Y todos se echan a reir” (p. 348).

─ Hay nacionalistas en todas las instancias dirigentes del partido, Politburo, CC del PCUS, Komsomol. El caso más revelador es el del grupo formado por antiguos altos responsables del Komsmol de los años 1940-1950 en torno a A. Shelepin, sucesivamente primer secretario del Komsomol (1952-1958), presidente de la KGB ante el Consejo de Ministros de la URSS (1958-1967), secretario del CC del PCUS, miembro del Politburo (1964-1975) 22/. La mayor parte estuvieron directamente implicados en las campañas antisemitas de finales de los años 40 y comienzos de los años 50. En los años 50 y 60 desarrollaron campañas, junto a la KGB y prolongando las lanzadas por Zhdanov en los años 40, contra las ideas liberales (pro-occidentales) en el seno de la intelligentsia y contra el cosmopolitismo. Shelepin fue el principal artesano de la destitución de N. Jruschov.

─ Esta actividad del grupo de Shelepin se desarrolló en el Komsomol con el nombramiento de S. Pavlov en 1962 como primer secretario del Komsomol. Mitrohin caracteriza así la ideología del grupo de Pavlov: anti-occidentalismo virulento, admiración por Stalin presentado como el constructor de un Estado fuerte, celebración de la Gran Guerra patriótica como momento de movilización intensa del pueblo soviético en defensa de la patria, necesidad de reforzar la educación militar y la militarización de la juventud, antisemitismo y glorificación de la Gran Rusia. Además de los responsables del Komsomol, el grupo de Pavlov asocia a sus actividades a personalidades famosas, como el escritor Mijail Shólojov, el cosmonauta Yuri Gagarin e incluso al pintor Ilia Glazunov.

─ En esta época, el Komsomol creó toda una serie de asociaciones concebidas como espacios que podían servir de tapadera para desarrollar más libremente estas actividades: la Universidad del joven marxista (sic), el club Patria, el Club Búlgaro-Soviético de jóvenes creadores. El Komsomol controlaba toda una serie de publicaciones, del diario Komsomolskaja Pravda a la revista Molodaja Gvardija (“Joven Guardia”). La destitución de Pavlov en 1967 (tras la marginación de Shelepin por el clan Brezhnev) no puso fin a la actividad de los nacionalistas rusos. Su sucesor a la cabeza del Komsomol, E. Tiajelnikov, defendía las mismas orientaciones −acabará dirigiendo el Departamento de Propaganda del CC del PCUS (1978-1982). Los demás consiguieron encontrar otras administraciones e instituciones donde continuar sus actividades, ya fueran diferentes departamentos del CC del PCUS o redacciones de las numerosas revistas controladas por los nacionalistas.

Aunque hasta finales de los años 60 las diferentes corrientes nacionalistas estaban todavía muy marcadas por la herencia estaliniana y la referencia a Stalin simbolizando la construcción de Rusia como derzava, en los años 70 y hasta 1985 los nacionalistas se replegaron del nivel pansoviético a las instituciones de la REFSR (la república de Rusia) y, a diferencia del grupo de Shelepin y del grupo de Pavlov, renunciaron a una intervención directa en el plano político. La referencia a Stalin se fue haciendo cada vez más rara.

Se pueden distinguir dos espacios distintas, aunque articulados, donde los nacionalistas rusos concentraron sus actividades.

1º Las corrientes nacionalistas controlaban la redacción de gran número de publicaciones: diarios como Sovetskaja Rossija(“Rusia Soviética”), semanarios como Ogonek, revistas de gran tirada como Molodaja Gvardija (“Joven Guardia”), NasSovremennik (“Nuestro contemporáneo”), Oktjabr (“Octubre”) y también casas editoriales ligadas o no a estas revistas. Las revistas, en primer lugar Molodaja Gvardija, llevaron una ofensiva extremadamente violenta contra la revista “liberal” Novyj Mir y su redactor jefe A. Tvardovski, quien fue destituído en 1970. La importante sección de la Unión de Escritores de Moscú estaba completamente controlada por nacionalistas.

2º Otro momento importante fue el movimiento por la preservación de los monumentos históricos; ante todo edificios religiosos, iglesias y monasterios. Otro rodeo para celebrar la Rusia anterior a 1917. Durante el verano de 1965, con la garantía del Consejo de Ministros de la República de Rusia, se creó la Sociedad Panrusa de conservación de monumentos históricos y culturales (VOOPiIK). Tres de los miembros del Comité de organización fueron importantes nacionalistas, entre ellos el pintor I. Glazunov y el escritor Leonid Leonov. Miembros del grupo de Shelepin y del grupo de Pavlov fueron también muy activos. Aún controlado por los nacionalistas rusos, VOOPiIK se transformó rápidamente en una organización de masas: en 1972 contaba con 7 millones de miembros, en 1985 con 15 millones.

Durante los años de la perestroika y sobre todo tras el hundimiento de la URSS, esta temática se desarrolló abiertamente. Y el Partido Comunista de la Federación de Rusia fue un vector importante. Sobre este tema, nos remitimos a los artículos citados en la nota nº 19.

En cuanto al impacto de estas corrientes nacionalistas sobre la sociedad, se puede pensar que quedó muy limitado, con excepción de la asociación VOOPiIK. Como subraya Mitrohin, el terreno de acción privilegiada de los nacionalistas rusos era ante todo el espacio del poder (partido y Estado), espacio del que ellos mismos eran parte integrante.

Totalitarismo y URSS: la sociedad invisible

La utilización, generalizada en la derecha pero por desgracia también en la izquierda, de la noción de totalitarismo para hablar de la URSS es sobre todo el signo de un desinterés por la realidad del país, su historia, su sociedad; todo se reduce a una caracterización, a veces caricaturesca y simplista, del poder 23/; en la izquierda suele ser una manera de pasar página, o más bien de despedazarla, sobre una historia de revolución que ha ido mal.

En setiembre de 1991, Ian Kershaw, especialista en el tema del nazismo, y Moshe Lewin organizaron en la universidad de Filadelfia una conferencia internacional sobre el tema: “Estalinismo y Nazismo: Comparativa de Dictaduras”, cuyas actas fueron publicadas en 1997 con el título Nazismo y Estalinismo (Cambridge University Press). El objetivo de la conferencia pretendía ser precisamente una respuesta a los (numerosos) que ponen (con o sin reservas) un signo de igualdad entre nazismo y estalinismo, extendido por algunos a comunismo.

En la introducción al volumen y en el Postfacio, I. Kershaw y Moshe Lewin explican que la legitimación de la comparación se basa en la existencia de algunos rasgos comunes (en ambos casos se trata de “dictaduras”) que definen lo “comparable”, pero que el trabajo de comparación pretende identificar las características singulares de los dos sistemas en todos los terrenos, incluida la política de represión y los campos de concentración. Y cuestionan con toda pertinencia a la utilización de la noción de totalitarismo.

En Mi visión de la historia (En Los Senderos del pasado, Syllepse/Page Deux), M.L. escribe a propósito de la escuela totalitaria dominante entre los historiadores de la URSS en los Estados Unidos: “La escuela totalitaria no veía en todo este asunto más que una purga permanente, o dicho de otra forma, no veía ni pasado ni futuro. Sólo una especie de eterno presente (a menos que algo, con toda probabilidad llegado del exterior, lo hiciera cambiar), donde el Estado es fundamentalmente un mecanismo de control y de adoctrinamiento, y donde la sociedad sólo existe como prolongación del Estado. En esta concepción tan plana no hay ningún lugar para un mecanismo de cambio, y la figura de Jruschov y la desestalinización, por limitada que haya podido ser, le dieron un buen golpe. No es difícil ver que la visión totalitaria era en sí misma un instrumento de la batalla ideológica desencadenada por la Guerra Fría. Era absolutamente inadecuada, no porque el estalinismo no haya sido la máquina mortífera que efectivamente lo ha sido, sino porque el sistema entero se volvía de una complejidad siempre creciente, lo que no hacía sino reducir la pertinencia de estos conceptos” (p. 89).

En esta cita, M.L. destaca un punto importante, característico de la visión más extendida de la URSS, mucho más allá de la escuela histórica totalitaria: “la sociedad sólo existe como prolongación del Estado”. Esta invisibilidad de la sociedad es en su origen el producto de la capa de plomo que el poder ha hecho pesar sobre la sociedad, pretendiendo prohibir toda palabra o manifestación no conforme. Pero invisibilidad no significa que la sociedad fuera pasiva, muda y sin reacciones. Muy al contrario.

En los diferentes textos reunidos en Los Senderos del pasado, M.L. habla de su experiencia y de sus encuentros con los de abajo: los miembros de un koljós cerca de Tambov donde pasó algunos meses, los obreros de la fundición en los Urales donde estuvo destinado [cuando llegó, muy joven, a la URSS] o incluso el recuerdo de una velada en un aislado koljós (a 50 km de la estación más cercana): alrededor del fuego, los miembros del koljós pasaban la noche cantando canciones de los campos de concentración y canciones de amor, y recitando astuski, breves poemas satíricos que ridiculizaban los slogans oficiales.

Desde el comienzo, en todo su trabajo de historiador, M.L. ha pretendido estudiar la sociedad, hacer visible sus diferentes componentes. De partida, lo esencial de sus trabajo tuvo que ver con el campesinado (que, recordemos, en el momento de la Revolución representaba el 90 % de la población). Su tesis, defendida en los años 60, es el primer estudio en profundidad de la colectivización 24/. En muchos trabajos posteriores (sobre todo, los que figuran en La Formación del sistema soviético 25/, continúa su estudio del mundo campesino, insistiendo en que los campesinos (los campesinos rusos en este caso) no son simplemente “los que cultivan la tierra”: el mundo campesino constituye un mundo rico y complejo, no sólo en el plano social, sino también cultural y religioso. En un texto (no incluído en esta recopilación) que figura en Russia/USSR/Russia, “The Village ant the Community: ‘Molecular Energy’ in Rural Societies”, trata de la reactivación de la organización comunitaria del campesinado ruso durante la NEP. Sobre esta cuestión de la comuna rusa no es inútil recordar que Marx, al final de su vida, se había apasionado por la comuna campesina en Rusia y las nuevas perspectivas que abría 26/.

Paralelamente a sus trabajos sobre el campesinado y la colectivización, M.L. extendió sus trabajos al conjunto de la sociedad en los años 1930. En La Formación del sistema soviético, insiste en el hecho de que durante este período el poder fracasa precisamente en su voluntad demente de control absoluto de todos los ámbitos de la vida de la sociedad. La colectivización y la industrialización a marchas forzadas pusieron de hecho patas arriba a la sociedad, “una sociedad de arenas movedizas” 27/. Esta situación se trata también en la primera parte de El Siglo soviético así como en varios textos de esta recopilación.

Sobre la base de estos trabajos y de la inmensa documentación que reunió, M.L. estaba preparando un gran estudio (en tres volúmenes) sobre la sociedad soviética de los años 1930. Pero los acontecimientos ocurridos en la URSS, la destitución de Jruschov, los debates sobre la reforma económica y su brutal paralización, el frenazo a la liberalización del sistema, llevaron a M.L. a abandonar los años 1930 y a preguntarse por las transformaciones de la sociedad soviética después de la muerte de Stalin. Su trabajo en profundidad sobre los años 1960 se presentó en el libro ya citado Political Undercurrents in Soviet Economic Debates (1975). Tomando en serio la opinión del académico Nemchinov (“Un sistema político hasta tal punto paralizado de arriba abajo sólo puede frenar el desarrollo técnico y social, y se hundirá pronto o tarde bajo la presión de los verdaderos procesos de la vida económica”), se pregunta por la capacidad misma del régimen para sobrevivir.

La sociedad y el poder

Después del hundimiento del sistema, la voluntad del poder pretendiendo prohibir y reprimir toda protesta, toda palabra no conforme, se transformó en su contrario. Los archivos del NKVD y de la KGB (encargados de la represión), y también de otras administraciones e instituciones, han resultado ser verdaderas minas de información sobre la realidad de la sociedad, sobre el estado anímico de amplias capas de la población.

Un primer ejemplo lo proporciona el libro de Sarah Davies Popular opinion in Stalin’s Russia. Terror, Propaganda and Dissent(1997, Cambridge University Press). Este libro se basa en la explotación de los archivos del NKVD de la región de Leningrado en los años 1930, donde figuran los casos de represión de personas por delitos de opinión o protestas, y también numerosas peticiones y cartas dirigidas a dirigentes (estas cartas, muchas veces anónimas, fueron conservadas) 28/. En la medida en que se trata de casos que han sido objeto de medidas de represión, se puede pensar que sólo muy parcialmente refleja la situación real. Leyendo el libro, sorprende la cantidad y la extrema diversidad de las manifestaciones disidentes y las críticas del poder. El capítulo 8, titulado ‘Nosotros’ y ‘Ellos’. Identidad social y Terror (donde ‘ellos’ designa a los representantes del poder) es particularmente apasionante.

Un ejemplo entre otros lo aporta la deformación de un slogan oficial: “Quien no trabaja no come”, se convierte en “Quien no trabaja [los burócratas del partido, D.P.] no sólo come sino que también bebe vino, mientras que quien trabaja sólo puede zampar mierda”. Otro ejemplo de esta crítica social del poder lo ofrece la deformación de las siglas oficiales o de algunas palabras. M.L. da un ejemplo en el texto sobre los obreros: O.R.S.: Otdel Raboego Snabzenija (“Departamento de avituallamiento obrero”) se convierte en Obspei Ran’se Sebja (“Sírvete primero”), y también en Ostal’noe Raboim i Sluzasim(“El resto para los obreros y empleados”). Citemos otro caso de deformación, la palabra SPORT (‘deporte’) se convertirá en Sovetskoe Pravitel’stvo Organizovalo Raboij Terror (“el gobierno soviético ha organizado el terror contra los obreros”). Otra manifestación de la crítica del poder son también las anécdotas, muy numerosas. Citemos una, muy política, sacada del Boletín de la Oposición (nº 38-39, p. 21): “Lenin resucita y descubre que se encuentra en un sólido edificio vigilado por soldados. −Debo estar en prisión, la contrarrevolución ha triunfado. Encuentra un teléfono y llama a Trotsky. Le responden que no hay ningún Trotsky. Lo que le confirma la idea de que la contrarrevolución ha triunfado. Llama a Rykov al Comisariado del Pueblo, a Zinoviev en el Komintern, a Bujarin a la redacción de Pravda. Todo ello sin resultado. −Pero puede que el partido siga existiendo, se dice Lenin. Llama al Secretariado del Comité Central. −¿Camarada Stalin? ¿Qué pasa? Lenin le expone la situación. Mientra le escucha, Stalin coge otro teléfono y llama a la Gepeú: −El Viejo [Stalin se refería de esta manera despectiva a Lenin. D.P.] chochea, quiera saber demasiado, haced que se calme“.

Los obreros: resistencias individuales y colectivas

Un texto de la recopilación está dedicado a la situación de los obreros (Los obreros en busca de una clase. Entre ‘personalidad’ y ‘clase’), abordando desde distintos ángulos la situación de los obreros soviéticos, incluida la cuestión de saber si formaban o no una clase 29/. No vamos a abordar esta cuestión que, para M.L., expresa “un juego del escondite histórico”. Se puede recordar lo que Trotsky escribió en La Revolución traicionada, donde citando a Pravda opone la propaganda oficial a la situación real de los obreros: “[De creer a Pravda] el obrero no es, en nuestro país un esclavo asalariado, un vendedor de trabajo-mercancía. Es un trabajador libre (Pravda). En la actualidad esta fórmula elocuente no es más que inadmisible fanfarronada. El paso de las fábricas al poder del Estado no ha cambiado mas que la situación jurídica del obrero; de hecho, vive en la necesidad trabajando cierto número de horas por un salario dado”. Por su parte, en el postfacio a la obra ya mencionada, L.H. Siegelbaum y R. Suny escriben: “No hay ninguna duda de que una fuerza de trabajo industrial ha existido y crecido durante las dos primeras décadas y media del poder soviético. Sus miembros se consideraban ciertamente parte de una clase obrera, pero habían perdido el espacio político en el que podían desarrollar la forma como se representarían a sí mismos y definir sus propios programas”. Y M.L. cita en varias ocasiones esta frase con que se definen los obreros: “No se nos considera seres humanos”.

En la considerable masa de trabajos dedicados a la URSS, la parte dedicada a los obreros es ridículamente débil 30/ −lo que en cierta medida revela la fijación en la caracterización/denuncia del régimen, pero también una hipótesis, explícita en los trabajos soviéticos oficiales y más o menos repetida en el Oeste: en su inmensa mayoría, los obreros se adherían al poder soviético y apoyaban al régimen.

Esto es particularmente cierto en las publicaciones en francés. La única obra importante es la de Jean Paul Depretto, Los obreros en URSS 1928-1941 (Publications de la Sorbonne, 1997), un libro muy rico en informaciones históricas, sociológicas y que da una primera idea de las diferentes formas de resistencia obrera durante este período. En cambio, en los países anglosajones, en los años 1990 y sobre todo después, los trabajos sobre los obreros basados en el acceso ya posible a diferentes archivos, han comenzado a ofrecer un cuadro impresionante de la situación de los obreros y de las diferentes formas de resistencia, individuales y colectivas, desde finales de los años 1920 al período de la perestroika 31/: huelgas y manifestaciones de masas, motines de hambre, ralentización de la producción (conocido en Rusia con el nombre de huelga a la italiana), violencias contra las administraciones y también actos de resistencia individual.

Vamos a citar brevemente algunos aspectos de resistencias individuales, así como la huelga de primavera de 1932 en una fábrica textil de la región de Ivanovo y los acontecimientos de Novotcherkassk en 1962.

Las resistencias individuales

La importancia de las resistencias individuales es la consecuencia de la política del poder, transmitida por el aparato de los sindicatos, de prohibir cualquier forma de acción colectiva, de destruir, como subrayan L-H. Siegelbaum y R. Suny, toda conciencia de clase, por medio de una atomización en la que cada obrero se encuentra solo frente al arbitrio del poder y de la dirección de la empresa. De hecho, los obreros están profundamente despolitizados y alienados. Pero a pesar de esta situación, desde los años 30 a la perestroika, aún con todas las medidas represivas y también los incentivos materiales, el poder, en su obsesión por controlar todo desde arriba, se ha mostrado incapaz de forzar/persuadir a los obreros a trabajar eficazmente, esto es, como lo entendía el poder.

En un texto Labour discipline and the decline of the Soviet system 32/, D. Filtzer traza un cuadro preciso de este fracaso “en meter en vereda a la clase obrera”, un fracaso que no ha dejado de jugar un papel en el hundimiento del sistema. Como conclusión, Filtzer escribe: “La industrialización estaliniana dio lugar a relaciones laborales específicas en las cuales los obreros no estaban en posición de hacer frente a las élites del poder y ni siquiera a los directores de empresas, que constituían una entidad colectiva movilizada para defender sus objetivos económicos y objetivos políticos más amplios. Sin embargo, la naturaleza burocrática del sistema y la ausencia de planificación, bloqueando toda forma de regulación económica sistemática, hicieron que los obreros pudieran reaccionar negativamente en el mismo lugar de producción. No se puede hablar propiamente de una resistencia sino más bien de acciones defensivas e individualizadas por parte de una mano de obra atomizada y despolitizada. Los obreros se volvieron una de las fuentes del declive del sistema en el plano económico, lo que Jruschov y Gorbachov reconocieron cuando defendieron la necesidad de hacer reformas” 33/.

Filtzer destaca tres elementos principales: 1º, la considerable movilidad de los trabajadores; 2º, el control del tiempo de trabajo; 3º, una forma de connivencia/complicidad entre los obreros y la dirección de la empresa frente a las exigencias del Centro 34/. Retomemos brevemente algunos puntos del análisis más detallado de Filtzer sobre los puntos 1º y 2º, aunque precisando que los términos utilizados (movilidad de la mano de obra / control del tiempo de trabajo / connivencia con la dirección de la empresa frente a los dictados del Centro) son términos administrativos de connotación negativa, que designan no ya las resistencias, sino los principales espacios donde se desarrollan esas resistencias. Las sucesivas políticas puestas en marcha, utilizando alternativamente la zanahoria y el palo, fueron reacciones del poder frente a los problemas, más que políticas predefinidas por el Centro para formatear el comportamiento de los obreros.

1º Movilidad

Por movilidad (o rotación) hay que entender el hecho de que los obreros cambian frecuentemente de trabajo, un fenómeno posible por la penuria de mano de obra. En los años 1930, la rotación era extremadamente elevada. A comienzos de los años 1930, como media, un obrero cambiaba de trabajo cada seis meses, en 1936 cada catorce meses.

La principal causa era la caída brutal del nivel de vida así como las reducciones del salario, por ello la búsqueda permanente de un nuevo empleo mejor pagado. El absentismo y el retraso en el trabajo, debidos también a las enormes dificultades de la vida cotidiana y al estado calamitoso de los transportes, eran también un fenómeno masivo. En la prensa abundaban las denuncias de los elementos asociales de todo tipo (trotskystas 35/, miembros de las antiguas clases poseedoras, y otros saboteadores). El poder adoptó en distintos momentos una legislación represiva orientada a luchar contra el absentismo y la rotación. Para los años 1940, Filtzer da la cifra de un millón de trabajadores sancionados por absentismo y de 200 000 trabajadores reprimidos por haber cambiado de trabajo sin autorización −en sí mismas, estas cifras muestran la importancia del fenómeno.

A partir de los años 1950, el poder abandona la política puramente represiva e intenta tener en cuenta el hecho de que la movilidad de los trabajadores debe ser interpretada como una reacción frente a las condiciones de vida y al nivel muy bajo de los salarios. Además, y M.L. menciona este punto en varias ocasiones, los directores de empresas multiplican las medidas para retener a los trabajadores 36/, constituyen reservas de mano de obra, lo que, como contrapartida, contribuye a alimentar la penuria de mano de obra. En los años 1970, el déficit en mano de obra se estima en 700 000 trabajadores, un déficit reforzado además por la explosión de la “economía a la sombra” 37/ y por el elevado número de personas que trabajan “por su cuenta”.

2º Control del tiempo de trabajo

Un rasgo característico es la débil utilización del tiempo de trabajo, así como una productividad muy baja. En particular, la política oficial de control se traduce a nivel del proceso productivo en una parcialización máxima de las tareas (un puesto − una operación), lo que significa, de hecho, una desorganización por arriba del proceso de producción: los obreros no tienen ninguna responsabilidad sobre un trabajo puramente mecánico y repetitivo, ni una comprensión del proceso de producción en el que participan. Como escribe Filtzer: “Esta sobre-individualización del trabajo ofrece muchas posibilidades a los obreros para apropiarse de amplias porciones de su jornada de trabajo. Es imposible separar este no-respeto de la disciplina laboral de las pérdidas de tiempo debidas al disfuncionamiento del sistema”. En cierta medida, cada cual trabaja para sí, a su ritmo. Esta falta de coordinación tiene un gran coste económico, sobre todo por el hecho de la penuria de piezas que, en un momento u otro, bloquea el proceso. Se calcula en 15% el tiempo de trabajo perdido (o sea, 30/40 días al año).

Las resistencias colectivas

Como subrayan Filtzer y otros autores, en los años del primer plan quinquenal las resistencias colectivas fueron más numerosas 38/. Sobre el período post-estalinista, M.L. considera, apoyándose en un libro aparecido primero en Rusia y después en inglés (Mass Uprisings in the USSR. Protest and Rebellion in the Post-Stalin Years, Vladimir A. Koslov, 2002) 39/, que los levantamientos populares no fueron más de seis, siendo el de Novotcherkassk en 1962 el más conocido.

Las huelgas en las fábricas textiles en la región de Ivanovo en la primavera de 1932

El libro de J. Rossman, Worker Resistance under Stalin: Class and Revolution on the Shop Floor, describe una serie de huelgas que explotaron en 1932 en las fábricas textiles de la región de Ivanovo. En la web libcom.org se puede encontrar un capítulo de este libro dedicado a la huelga de la fábrica textil de Teikovo, en primavera. Esta largo texto describe las increíblemente duras condiciones de vida y de trabajo de los obreros (una mayoría eran mujeres) 40/ y el relato día a día de la huelga del 7 al 17 de abril de 1932. El autor concede un amplio espacio a los debates sobre las formas de organización, a la personalidad de los líderes del movimiento así como a las reacciones de las autoridades locales y de Moscú. Por último, cuenta la represión del movimiento y las concesiones hechas por el poder tras esta huelga y otras que tuvieron lugar en la misma época en la región de Ivanovo.

El levantamiento de Novotcherkassk en 1962

Este levantamiento se conoce mejor; un primer relato de los acontecimientos figura en el Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn. Otros relatos han aparecido después. El más interesante se encuentra en un folleto publicado en Moscú en 1992, con el título Novotcherkassk 1-3 de junio de 1962. La huelga y el tiroteo, resultado de una larga entrevista de David Mandel con Piotr Sjuda, uno de los participantes en el movimiento, que fue condenado a 12 años de campo de concentración. Esta entrevista habla también de la detención en el campo de concentración y la vida de Piotr Sjuda, obrero disidente, tras su liberación, su visión de la clase obrera soviética que no idealiza en absoluto, su crítica del régimen (Sjuda era el hijo de un bolchevique ejecutado por Stalin en los años 30). En 1990, Sjuda, que participaba activamente en los acontecimientos ligados a la perestroika, murió en un accidente de coche.

Las razones que estuvieron en el origen del movimiento fueron el descenso de los salarios y un aumento de los precios de los alimentos básicos; estas medidas suscitaron un profundo descontento entre los obreros. La huelga estalló el 1 de junio en la fábrica eléctrica tras un tormentoso encuentro con el director de la empresa que se burló abiertamente de los obreros y de sus problemas. Desde el primer día de la huelga, las autoridades hicieron intervenir sin éxito a soldados con vehículos blindados, pero los huelguistas obstaculizaron a los vehículos y los soldados se retiraron. Durante un mitin que tuvo lugar a las puertas de la fábrica, algunos oradores sugirieron enviar delegaciones a otras fábricas y a otras ciudades, pero al final del día la ciudad quedó aislada del resto del país. A la mañana del día siguiente, todo el barrio donde se encuentra la fábrica fue invadido por soldados y tanques, y comenzaron las detenciones masivas. Una imponente columna de varios miles de personas se dirigió al centro de la ciudad, a los gritos de “dejad pasar a la clase obrera”, y se reunió en la plaza principal donde se encuentra la sede regional del partido, que fue tomada al asalto.

En ese momento se dio orden de abrir fuego contra los manifestantes, provocando una matanza. Una delegación del Politburo, con Mikoyan a la cabeza, llegó a Novotcherskassk pero se contentó con sobrevolar a la muchedumbre en un helicóptero y con una intervención, amenazadora en la radio. El movimiento terminó el 3 de junio por la mañana. Fue el comienzo de una represión muy dura: más de un centenar de personas fueron condenadas a altas penas de campo de concentración, siete manifestantes fueron condenados a muerte por “bandidismo”.

A modo de conclusión: la historia como reto

En La Revolución traicionada, hablando de la URSS, Trotsky cita la frase de Spinoza “ni reir ni llorar sino comprender”. En el texto Para una historia de la clase obrera soviética, Pierre Rolle escribe: “La historia del mundo cuando admita la historia soviética como uno de sus desarrollos, será seguramente muy distinta de la que se ha construído excluyendo esta experiencia”41/.

Al final de El Siglo soviético, M.L. cita las muy extendidas opiniones que hay actualmente en Rusia, procedentes muchas veces de antiguos burócratas que pretenden rechazar en bloque el período soviético: “En paralelo a esta campaña mentirosa y nihilista se asistió a una forma de búsqueda frenética de otros pasados que puedan ser propuestos a la nación para que se identifique con ellos (…) Después, cuando el rechazo de todo lo que era soviético se volvió demasiado fuerte, volcándose en el odio a Lenin, el leninismo y el bolchevismo, presentados como emanaciones del infierno, se intentó rehabilitar a los Blancos de la Guerra Civil, el ala derecha más retrógrada del espectro político del zarismo, que perdió la batalla porque no tenía nada que ofrecer al país”.

Ante esta situación, M.L. insiste en que es necesario que los rusos se reapropien del pasado soviético: “La historia es un remedio que debe permitir recubrir una identidad y un futuro”. En cierta manera, esta invitación de M.L. se dirige también a quienes piensan que el combate por el socialismo tiene todavía sentido hoy.

* Moshe Lewin nació en 1921 en Vilnius, entonces Polonia. Murió el 14 de agosto de 2010 en París. Moshe Lewin es el historiador de referencia para lo que tiene que ver con la historia social de la URSS y, entre otros, de su período estaliniano. Es autor de numerosas obras y artículos, entre los cuales citaremos:

─La Paysannerie et le pouvoir soviétique : 1928-1930, Ed. Mouton, París-La Haya, 1966

─El último combate de Lenin. Edición en castellano Lumen 1970)

─The Political Undercurrents of Soviet Economic Debates : From Bukharin to the Modern Reformers, Princeton University Press 1974 ; se hizo una reedición en 1991 con el titulo: Stalinism and the Seeds of Soviet Reform : The Debates of the 1960’s

─The Making of the Soviet System. Essays in the Social History of Interwar Russia, Pantheon, Nueva York, 1985

──The Gorbatchev Phenomenon: A Historical Interpretation, University of California Press, Berkeley, 1988.

─Stalinism and Nazism : Dictatorships in Comparison, Cambridge University Press, 1997 (en colaboración con Ian Khershaw)

─El Siglo soviético. Edición en castellano Crítica, 2006. Reedición en 2017 con el título: El siglo soviético. ¿Qué sucedió realmente en la Unión Soviética?

Notas:


1/ La obra en inglés es más importante y presenta dieciséis textos, entre ellos uno sobre la situación del campesinado durante la NEP, tres textos sobre el fenómeno burocrático, uno sobre la industrialización y uno más sobre la planificación, titulado The disappearance of Planning in the Plan.2/ De forma un tanto sorprendente, Enzo Traverso en La Melancolía de izquierda (La Découverte, 2016) hace aparentemente suya la tesis de que el hundimiento de la URSS significaría el fin del comunismo.

3/ Sobre los debates relativos a la naturaleza de la URSS, se puede citar también a Marcel van der Linden, Western Marxism and the Soviet Union: A Survey of Critical Theories and Debates Since 1917, Haymarket books (2009); John Eric Marot, The October Revolution in Prospect and Retrospect. Interventions in Russian and Soviet History, Haymarket books (2013); y Thomas Twiss Trotsky ant the Problem of Soviet Bureaucracy, Political Science, University of Pittsburgh (2009).

4/ Se puede citar, entre otros, a Tony Cliff y el SWP inglés, así como a Raya Dunayevskaya, cf. su libro recientemente aparecido en Éditions Syllepse, Marxisme et liberté.

5/ La Revolución traicionada no era el título original del libro, que en ruso se llamaba ¿Qué es la Unión Soviética y a dónde va?, destacando la inestabilidad del régimen desde el punto de vista de su caracterización.

6/ La tesis de la contrarrevolución (versión ‘conspiratoria’) es defendida en cambio por los admiradores incondicionales de Stalin antes mencionados.

7/ Como veremos más adelante, para caracterizar el régimen soviético M.L. utiliza el concepto de estatismo, introducido por el sociólogo americano Eric Olin Wright en su texto: “En busca de una brújula de la emancipación. Hacia una alternativa socialista”, publicado en la web de la revista Contretemps (2011). Olin Wright propone distinguir tres modos alternativos de organización de las relaciones de poder a través de los cuales los recursos económicas son asignados, controlados y utilizados: el capitalismo, el socialismo y el estatismo.

8/ Aunque con una focalización en el período estalinista donde el régimen se presenta en estado puro. El período postestalinista, ya se trate de Jruschov o de Brehznev y el llamado período de ‘estancamiento’ (zastoj) han tenido la consecuencia de complicar la cuestión.

9/ A este nivel, los cuatro tomos del Boletín de la Oposición de izquierda (en ruso), publicados de 1929 a 1941 (87 números en total) resultan ejemplares: la denuncia del régimen establecido por Stalin y la construcción de un movimiento a escala internacional en el resto del mundo son las dos componentes de un solo y mismo planteamiento.

10/ Trotsky insiste sobre este punto al final del tomo 2.

11/ P. Rolle, Le travail dans les révolutions russes, Éditions Page Deux, 1998, p. 232.

12/ Un historiador soviético, Mijail Gefter, ha caracterizado el período de la guerra como “desestalinización fallida”.

13/ M.L. cita la valoración que hizo en 1973 el académico V. Nemchinov sobre los disfuncionamientos y atascos del sistema: «Un sistema político hasta tal punto paralizado de arriba abajo sólo puede frenar el desarrollo técnico y social, y se hundirá pronto o tarde bajo la presión de los verdaderos procesos de la vida económica»; esta cita figura también en El Siglo soviético.

14/ Sobre la burocracia, hay que remitirse también a El Siglo soviético, III, capítulo 6, titulado El Laberinto burocrático, y más en particular a la parte De un sistema de partido único a un sistema ‘sin partido’.

15/ Extraído de “El Estado y las perspectivas del movimiento obrero”, en: V. Garros (ed.), Russie postsoviétique: la fatigue de l’histoire, ediciones Complex, 1995. Galina Rakitskaja y Boris Rakitski han jugado un papel importante en la reconstrucción de un movimiento sindical de luchas en Rusia.

16/ Más adelante volveremos a tratar de la explosión del nacionalismo en la Rusia postestalinista.

17/ Así como sus dos derivados samoderzec, que designa al “maestro absoluto’ (el zar ‘autócrata’) y samoderzavie que significa ‘autocracia’.

18/ Cf. El Siglo soviético, III, cap. 6, Fin de partida.

19/ Sobre las corrientes nacionalistas en el período post-soviético, nos remitimos a tres de nuestros artículos: “Les nationalistes, les communistes et le phénomène patriotique”, en V. Garros (ed.) Russie post-soviétique: la fatigue de l’histoire (ediciones Complexe), p. 135-152; “Les héritiers du PCUS: entre stalinisme et national étatisme”, Cahiers Marxistes, 214, diciembre 1999; y “La Russie de Guennadi Ziuganov”, Critique Communiste, 146 (1996), p. 14-19.

20/ Las posiciones defendidas por G. Ziuganov, secretario del Partido Comunista de la Federación de Rusia en muchas publicaciones son particularmente expresivas. Citemos en particular el folleto Derzava y el titulado Yo soy ruso de corazón y de sangre.

21/ En tiempos de la URSS, I. Glazunov era un pintor muy oficial, decorado con el título de ‘artista del pueblo de la URSS’; en 1978, una exposición de sus obras tuvo lugar en Carrusel, la principal sala de exposiciones de Moscú.

22/ La lista de miembros del grupo y de sus funciones que aporta Mitrohin es impresionante: un miembro del Politburo (además de Shelepin), varios miembros del CC del PCUS, responsables de diferentes departamentos del CC del PCUS, altos responsables de diferentes ministerios, el redactor jefe de Izvestija, de Komsomolskaja Pravda y de Sovetskaja Rossija.

23/ Sobre el uso más que abusivo de la noción de “totalitarismo” aplicado a la URSS y en general a los países del Este, se puede leer el artículo, muy polémico, pero corrosivo, de Alain Brossat “Misère et grand-peur de l’idéologie du totalitarisme”, Critique communiste 55 (1986). En este artículo, Brossat hace una distinción esencial entre la teoría del totalitarismo de Hannah Arendt y la ideología del totalitarismo. Sobre la cuestión de la “exportación” de la noción de totalitarismo de Hannah Arendt para tratar a la URSS (Agnès Heller, Claude Lefort, Cornelius Castoriadis) se puede leer el capítulo 4 Totalitarianism del libro de Ph. Hansen Hannah Arendt. Politics, History and Citizenship, Polity Press (1993).

24/ La paysannerie et le pouvoir soviétique 1928-1930, París / La Haya, Mouton, 1966.

25/ Primera publicación en 1987 en Gallimard; republicado en 2013 en la colección Tel Gallimard.

26/ Sobre esta cuestión, cf. Pierre Dardot y Christian Laval, Marx, Prénom: Karl, Gallimard (2012); Kevin B. Anderson Marx aux antipodes (capítulo sobre los escritos tardíos), Syllepse & M editor (2015); y sobre todo el libro de Teodor Shanin Late Marx and the Russian Road, Marx ant the ‘Peripheries’ of Capitalism, Monthly Review Press, 1983.

27/ Este análisis de los años 30 ha sido desarrollado por otros historiadores, en particular R. Suny y Sh. Fitzpatrick.

28/ Ejemplo de carta (anónima) dirigida al Comité del partido de Leningrado: “Lo mejor sería borrar del mapa a todos los dirigentes del poder soviético para que dejen de insultar a la clase obrera… Ya es hora de dejar de burlarse de la clase obrera. También, eso es lo que os queda por hacer a vosotros los jefes: si no se bajan los precios de los alimentos, un 40% para el pan, os va a ir mal. Dejad de esclavizar y de burlaros de la clase obrera”.

29/ Esta cuestión es muy discutida en la Introducción a la obra de donde está sacado el texto de M.L. (Making Workers Soviet: Power, Class and Identity, 1994).

30/ El primer trabajo sistemático es el de S. Schwartz Los obreros en la URSS (1956).

31/ Citemos en primer lugar los distintos libros, apasionantes, de Donald Filtzer: Soviet Workers and Stalinist Industrialization: The Formation of Modern Soviet Production Relations, 1928-1941, Londres, Pluto Press, 1986, 338 p., Soviet Workers and De-Stalinization: The Consolidation of the Modern System of Soviet Production Relations, 1953-1964, Cambridge University Press, 1992, 340 p., reed. 2002, The Khrushchev Era: De-Stalinization and the Limits of Reform in the USSR, 1953-1964, Londres, Macmillan Press, 1993, 104 p., Soviet Workers and the Collapse of Perestroika: The Soviet Labour Process and Gorbachev’s Reforms, 1985-1991, Cambridge University Press, 1994, 316 p., Soviet Workers and Late Stalinism: Labour and the Restoration of the Stalinist System After World War II, Cambridge University Press, 2002, 294 p., reed.. 2007, The Hazards of Urban Life in Late Stalinist Russia: Health, Hygiene, and Living Standards, 1943-1953, Cambridge University Press, 2010, 379 p. La otra obra importante es la de Jeffrey J. Rossman Worker Resistance under Stalin: Class and Revolution on the Shop Floor, Cambridge, Mass., Harvard University Press. En el libro ya citado de S. Davies, Popular opinion in Stalin’s Russia, un capítulo está dedicado a las reacciones de los obreros, y el capítulo 8 sobre ‘nosotros’ y ‘ellos’ contiene también mucha información.

32/ Este texto está accesible en la página web libcom.org. En esta web se encuentra también el texto de J. Rossman sobre la huelga de una fábrica textil en Teikovo en 1932 (cf. más abajo).

33/ En Political Undercurrents in Soviet Economic Debates, M.L. traza un cuadro detallado de los disfuncionamientos de la economía y de las consecuencias para los obreros.

34/ El ejemplo más conocido es la resistencia multiforme de los obreros y de las administraciones de las empresas para neutralizar el movimiento ‘estajanovista’ en los años 30.

35/ En esta época, la etiqueta trotskysta se utiliza extensamente para denunciar a todos los enemigos del régimen.

36/ Recordemos que en la URSS toda una serie de servicios (en particular, la vivienda) eran por lo general un recurso de las empresas, que podían utilizarlos para hacer presión sobre los obreros.

37/ M.L. dedica a este fenómeno todo un capítulo de El Siglo soviético (“Distinguir la luz de la sombra”, IIIª parte, cap. 7).

38/ Cf. en particular Depretto (1984) Les ouvriers en URSS, p. 286-297 y Donald Filtzer (1986), Soviet Workers and Stalinist Industrialization: The Formation of Modern Soviet Production Relations, 1928-1941

39/ Por desgracia, el autor de este libro se contenta con recoger sin distancia crítica las informaciones dadas por los archivos oficiales. Libro publicado en ruso, traducido al inglés por Elaine McClarnand, Ed. Routledge.

40/ Ocasión para recordar que una manifestación de las obreras del textil de Petrogrado fue la que marcó el inicio de la revolución de febrero de 1917.

41/ P. Rolle, op. cit.

George Novack: La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad

EL CURSO DESIGUAL DE LA HISTORIA

Este ensayo pretende dar una explicación comprensible y coherente de una de las leyes fundamentales de la historia humana, la ley del desarrollo desigual y combinado. Es la primera vez, en mi opinión, que se intenta hacer esto. Tratare de demostrar que es esta ley, como ha operado en las principales etapas de la historia y también como puede clarificar algunos de los más importantes fenómenos sociales y problemas políticos de nuestra época.

 

LA DOBLE NATURALEZA DE LA LEY

La ley del desarrollo desigual y combinado es una ley científica de la más amplia aplicación en el proceso histórico. Tiene un carácter dual o, mejor dicho, es una fusión de dos leyes íntimamente relacionadas. Su primer aspecto se refiere a las distintas proporciones en el crecimiento de la vida social. El segundo, a la correlación concreta de estos factores desigualmente desarrollados en el proceso histórico.

Los aspectos fundamentales de la ley pueden ser brevemente ejemplificados de la siguiente manera:

El factor más importante del progreso humano es el dominio del hombre sobre las fuerzas de producción. Todo avance histórico se produce por un crecimiento más rápido o más lento de las fuerzas productivas en este o aquel segmento de la sociedad, debido a las diferencias en las condiciones naturales y en las conexiones históricas. Estas disparidades dan un carácter de expansión o compresión a toda una época histórica e imparte distintas proporciones de crecimiento a los diferentes pueblos, a las diferentes ramas de la economía, a las diferentes clases, instituciones sociales y campos de cultura. Esta es la esencia de la ley del desarrollo desigual. Estas variaciones entre los múltiples factores de la historia dan la base para el surgimiento de un fenómeno excepcional, en el cual las características de una etapa mas baja del desarrollo social se mezclan con las de otra superior.

Estas formaciones combinadas tienen un carácter altamente contradictorio y exhiben marcadas peculiaridades. Ellas pueden desviarse mucho de las reglas y efectuar tal oscilación como para producir un salto cualitativo en la evolución social y capacitar a pueblos antiguamente atrasados para superar por un cierto tiempo a los mas avanzados. Esta es la esencia de la ley del desarrollo combinado. Es obvio que estas dos leyes estos dos aspectos de una sola ley, no actúan al mismo nivel. La desigualdad del desarrollo precede cualquier combinación de factores desarrollados desproporcionalmente. La segunda ley crece sobre y depende de la primera. Y a su vez esta actúa sobre aquella y la afecta en su posterior funcionamiento.

 

EL TRASFONDO HISTORICO

El descubrimiento y formulación de esta ley es el resultado de mas de 2.500 años de investigaciones teóricas sobre las formas del desarrollo social. Las primeras observaciones sobre ella fueron hechas por los filósofos e historiadores griegos. Pero la ley misma fue llevada a un primer plano y efectivamente aplicada por primera vez, por los fundadores del materialismo histórico, Marx y Engels, aproximadamente un siglo atrás. Esta ley es una de las más grandes. contribuciones del marxismo para la comprensión científica de la historia y uno de los más poderosos instrumentos de análisis histórico.

Marx y Engels derivaron la esencia de esta ley, a su vez, de la filosofía dialéctica de Hegel. Hegel utilizó la ley en sus obras sobre la historia universal y la historia de la filosofía sin darle no obstante, un nombre especial o un reconocimiento explícito.

De la misma manera, muchos pensadores dialécticos, antes y después de Hegel, usaron esta ley en sus estudios y la aplicaron mas o menos concientemente para la solución de complejos problemas histórico-sociales y políticos. Los mas destacados teóricos del marxismo, desde Kautzky y Luxemburgo hasta Plejanov y Lenin, advirtieron su importancia, observaron su funcionamiento y consecuencias y la usaron para la solución de problemas que confundían a otras escuelas de pensamiento.

 

UN EJEMPLO DE LENIN

Déjenme citar un ejemplo de Lenin, quien basó su análisis de la primera etapa de la revolución rusa en 1917 en esta ley. En sus “Cartas desde Lejos” escribió a sus colaboradores bolcheviques desde Suiza: “El hecho de que la revolución (de febrero) haya ocurrido tan rápidamente… es debido a una coyuntura histórica inusual donde estaban combinados, de una manera “altamente favorable”, movimientos absolutamente distintos, intereses de clases absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente opuestas” (Collected Works, Book I, pag. 31).

¿Que había ocurrido? Una sección de la nobleza y terratenientes rusos, la oposición burguesa, los intelectuales radicales, los obreros y soldados insurgentes, junto con los aliados del imperialismo-fuerzas sociales absolutamente disimiles”- se habían unido momentáneamente contra la autocracia zarista. Cada una por sus propias razones. Todas juntas sitiaron, aislaron y voltearon al régimen de Romanov. Esta extraordinaria coyuntura de circunstancias y combinaciones de fuerza irrepetible surgió de la totalidad de desigualdades previas del desarrollo histórico ruso por sus largamente pospuestos y no resueltos problemas sociales y políticos exacerbados por la primera guerra imperialista mundial.

Las diferencias, que habían desaparecido superficialmente en la ofensiva contra el zarismo, se manifestaron inmediatamente y no pasó mucho tiempo antes de que esta alianza de facto, de fuerzas opuestas por naturaleza, se desintegrara y rompiera. Los aliados de la revoluci6n de febrero de 1917 se transformaron en los irreconciliables enemigos de octubre de 1917. ¿C6mo se llegó a esto? La caída del zarismo, en su momento, produjo una nueva y superior desigualdad en la situación, que puede ser sintetizada en la fórmula siguiente: Por un lado, las condiciones objetivas estaban maduras para la toma del poder por los obreros; por el otro, la clase obrera rusa -y sobre todo su dirección-no habían apreciado correctamente la situación real ni probado la nueva relación de fuerzas. O sea que, subjetivamente, no estaban maduros para realizar la tarea suprema. El desarrollo de la lucha de clases, desde febrero a octubre de 1917, se puede decir que consistió en el reconocimiento creciente, por parte de la clase obrera y sus líderes revolucionarios, de lo que debía hacerse y de las condiciones objetivas y la preparación subjetiva. La brecha abierta entre ellos fue cerrada en la acción por el triunfo de los bolcheviques en la revolución de Octubre, que combino la conquista obrera del poder con el más amplio levantamiento campesino.

 

EL FORMULADOR DE LA LEY

Este proceso esta totalmente explicado por Trotsky en su Historia de la Revolución Rusa. La revolución rusa misma fue el ejemplo mas claro del desarrollo desigual y combinado en la historia moderna. En su análisis clásico de este acontecimiento Trotsky dió al movimiento marxista la primera formulación explícita de la ley.

Trotsky, el teórico, es mas celebrado por la formulación de la teoría de la Revolución Permanente. Sin embargo, su exposición de la Ley del desarrollo desigual y combinado podría ser aparejada a aquella en cuanto a su valor. No solo puso nombre a esta ley sino que también fue el primero que la expuso en su pleno significado y le dió una expresión redondeada.

Estas dos contribuciones a la comprensión científica de los movimientos sociales están, de hecho, íntimamente ligadas. La concepción de Trotsky de la Revolución Permanente resultó de su estudio de las peculiaridades del desarrollo histórico ruso, a la luz de los nuevos problemas que se le presentaban al socialismo mundial en la época del imperialismo. Estos problemas eran particularmente agudos y complejos en piases atrasados donde la revolución democrático-burguesa no se había dado, y planteaban la solución de sus tareas más elementales en un momento en que estaba planteada la revolución proletaria. Los frutos de sus ideas sobre esta cuestión, confirmados por el desarrollo actual de la Revolución Rusa, prepararon y estimularon su subsecuente elaboración de la ley del desarrollo desigual y combinado.

Por cierto, la teoría de Trotsky de la Revolución Permanente es la aplicación más fructífera de esta verdadera ley a los problemas claves de la lucha de clases internacional de nuestro tiempo-época de transición de la dominación capitalista al mundo socialista-y ofrece el mas alto ejemplo de su penetrante poder. Sin embargo, la ley misma no sólo es aplicable a los acontecimientos revolucionarios de la época presente sino, como veremos, para toda la evolución social. Tiene también aplicaciones más amplias.

 

DESARROLLO DESIGUAL EN LA NATURALEZA

Dejando de lado el trasfondo histórico del cual ha surgido la ley del desarrollo desigual y combinado, vayamos ahora a la consideración del alcance de su aplicación.

Aunque directamente originada en el estudio de la historia moderna, la ley del desarrollo desigual y combinado tiene raíces en acontecimientos comunes a todos los procesos de crecimiento en la naturaleza como así también en la sociedad. Los investigadores científicos han puesto énfasis en la prevalencia de las desigualdades dominantes en muchos campos. Todos los elementos constituyentes de una cosa, todos los aspectos de un acontecimiento, todos los factores de un proceso en desarrollo no se realizan en la misma proporción o en igual grado. Mas aun, bajo diferentes condiciones materiales, las mismas cosas exhiben diferentes proporciones y grados de crecimiento. Cualquier campesino o jardinero urbano conoce esto.

En “Life of the Past”, G. G/ Simpson, una de las autoridades más notables en materia de evolución, desarrolla este mismo punto, diciendo:

“Lo más importante con respecto a las proporciones de evolución es que varían enormemente y que las mas rápidas de ellas parecen al mismo tiempo las más lentas para los seres humanos (incluyendo a los paleontólogos, podría decir). Si seguimos una línea de filogenia en su registro fósil, es casi seguro que encontraremos que distintos caracteres y partes evolucionan en proporciones bastante diferentes, y en general que ninguna parte evoluciona por un largo tiempo en la misma proporción. El cerebro del caballo evoluciona rápidamente mientras el resto del cuerpo cambia muy poco. La evolución del cerebro es mucho más rápida durante un espacio de tiempo relativamente corto, que en ningún otro momento. La evolución del pie queda prácticamente estacionada durante toda la evolución del caballo pero en tres oportunidades sufre relativamente rápidos cambios en su mecanismo.

“Las proporciones de evolución varían aun mucho de una familia a otra, e igualmente entre familias ligadas. Hay un numero de animales que viven actualmente, que han cambiado muy poco en largos periodos de tiempo: un pequeño branquiopodo llamado Lingula, en alrededor de 400 millones de años; el Limidus, el “cangrejo” herradura-mas bien un escorpión que un cangrejo-, en 175 millones de años o más; el Esphenodon-un reptil parecido a una lagartija-ahora confinado a Nueva Zelandia, en alrededor de 15 millones de años; el Didelphis -una zarigüeya americana en alrededor de 75 millones de años. Estos y otros animales, para los cuales la evolución se detuvo mucho tiempo atrás, han tenido que evolucionar todos a una proporción común relativamente rápida.

“Hay, por otra parte, diferencias características de proporciones en los distintos grupos. La mayor parte de los animales terrestres ha evolucionado más rápido que la mayor parte de los acuáticos -esta generalización no contradice el hecho de que algunos animales acuáticos hayan evolucionado más rápido que algunos terrestres” (p. p. 137-138). La evolución de un orden entero de organismos ha pasado, durante un ciclo marcado, por una fase inicial de crecimiento lento, restringido, seguido por un periodo mas corto pero intenso de “expansión explosiva”, la que vuelve a caer en una prolongada fase de cambios menores.

En “El significado de la Evolución” (p. p. 72-73), G. G. Simpson señala: “El tiempo de expansión rápida, alta variabilidad y comienzo de radiación adaptativa…… son periodos que alargan las oportunidades que se presentan a los grupos capaces de continuarla”. Tal oportunidad para una expansión explosiva se abrió a los reptiles cuando evolucionaron, al punto de independizarse del agua como medio de vida y entrar en la tierra, en la árida vida de los vertebrados. Cuando un “periodo más tranquilo siguiente a la radicación ha sido completado”, el grupo puede entrar indulgentemente en el “goce progresivo de la conquista lograda”.

La evolución de nuestra propia especie ha llegado, a través de la primera fase de tal ciclo, a entrar en la segunda. Los antecesores animales inmediatos del genero humano pasaron por un prolongado periodo de crecimiento restringido, como lo demuestra su pequeño cerebro comparado a otros. El género humano arribo a su fase de “expansión explosiva” solo en el último millón de años aproximadamente, después de que el primate de que descendemos adquirió los necesarios poderes sociales. Sin embargo, el posterior desarrollo del género humano no duplicó su ciclo de evolución animal, porque el crecimiento de la sociedad procede de una base cualitativamente diferente y es gobernado por sus leyes específicas.

La evolución de los distintos organismos humanos esta marcada por una considerable irregularidad. El cráneo desarrolló sus presentes características entre nuestros antecesores monos, mucho antes que nuestras manos flexibles con el pulgar opuesto. Solamente después que nuestros prototipos hubieran adquirido la postura erecta y las manos para trabajar, el cerebro dentro del cráneo desarrollo sus presentes proporciones y complejidades.

Lo que es válido para órdenes enteros, y especies de animales y plantas también lo es para especímenes individuales. Si la igualdad prevaleciera en el crecimiento biológico, cada órgano del cuerpo podría desarrollarse simultáneamente y en el mismo grado de proporciones, pero tan perfecta simetría no se encuentra en la vida real. En el crecimiento del feto humano, algunos órganos emergen y maduran antes que otros. La cabeza y el cuello se forman antes que los brazos y piernas, el corazón en la tercera semana y los pulmones después. La culminación de todas estas irregularidades se manifiesta en los recién nacidos, que salen de la matriz en diferentes condiciones, con deformaciones y en distintos intervalos entre la concepción y el nacimiento. El periodo de nueve meses de gestación no es mas que un promedio estadístico. La fecha de nacimiento puede divergir por días, semanas o meses de este promedio. El sinus frontal, un desarrollo tardío que solo poseen los primates y los hombres, no se da en los jóvenes humanos, sino después de la pubertad y, en mucho casos, nunca se produce este desarrollo.

 

LA EVOLUCION DESIGUAL DE LAS SOCIEDADES PRIMITIVAS

El desarrollo de la organización social y de las estructuras sociales particulares exhibe desigualdades no menos pronunciadas que la historia biológica de los antecesores de la raza humana. Los diversos elementos de la existencia social han aparecido en tiempos diferentes, evolucionado en proporciones enormemente distintas y desarrollado en grados diferentes bajo distintas condiciones. Los arqueólogos dividen la historia humana en edad de Piedra, de Bronce e Hierro, teniendo en cuenta los principales materiales usados en la fabricación de herramientas y armas. Estas tres etapas del desarrollo tecnológico han tenido inmensas diferencias temporales de vida. La edad de Piedra tuvo alrededor de 900 mil años; la edad de Bronce de 3.000 a 4.000 años a. C; la edad de Hierro tiene menos de 4.000 años. Sin embargo, los distintos grupos del género humano han atravesado estas etapas en diversas fechas, en distintas partes del mundo. La edad de Piedra finalizó 3.500 años a. C., en la Mesopotamia, alrededor de 1.600 años a. C., en Dinamarca, en 1942 en América y no había terminando todavía en 1.800 en Nueva Zelandia.

Una desigualdad parecida se puede señalar en la organización social. El salvajismo, basado en la recolección de alimentos; hierbas, caza y pesca, se extiende alrededor de muchos centenares de miles de años, mientras que el barbarismo, fundado en la crianza de animales y el cultivo y cosechas de cereales, data de 8.000 años a. C. La civilización tiene menos de 6.000 años de vida.

La producción regular, amplia y creciente de alimentos produjo un avance revolucionario en el desarrollo económico, y elevo la producción alimenticia de los pueblos muy por encima de la de las tribus atrasadas, que continuaban subsistiendo en base a la recolección de alimentos. Asia fue el lugar de nacimiento de la domesticación de animales y la horticultura. Es incierto cual de estas ramas de la producción se desarrollo antes, pero los arqueólogos han descubierto remanentes de comunidades campesinas mixtas, que llevaban ambos tipos de producción de alimentos, tan tempranamente como 8.000 años a. C.

Existen tribus puramente pastoras que dependen exclusivamente del stock de animales para su existencia, como también pueblos completamente agrícolas, cuya economía esta basada sobre el cultivo de cereales o tubérculos.

La cultura de estos grupos especializados tiene un desarrollo unilateral por virtud de su tipo particular de producción de los medios básicos de vida. El modo de subsistencia puramente pastoral no tiene, sin embargo, las potencialidades inherentes al desarrollo de la agricultura. Las tribus pastoras no pueden incorporar a su economía los tipos más altos de producción de alimentos en ninguna escala sin dejar de lado y cambiar enteramente sus modos de vida. Esto se cumple especialmente después de la introducción del arado, que supera las técnicas de quemar y cavar de la horticultura. No podían desarrollar una división extensa del trabajo ni avanzar desde la aldea a la vida de la ciudad en tanto continuaran como simples cuidadores de su stock de ganado

La superioridad inherente a la agricultura sobre la cría de ganado fue demostrada por el hecho de que las poblaciones densas y las más avanzadas civilizaciones, como la azteca, inca y maya lo han probado, se desarrollaron sobre la base de la agricultura.

Los agricultores han podido incorporar fácilmente animales domesticados a su modo de producción mezclando o combinando el cultivo del alimento con el pastoreo de animales como también transfiriendo animales de tiro a la tecnología de la agricultura, con la invención del arado.

Fue la combinación de la ganadería con el cultivo de cereales en chacras mixtas lo que ayudó, dentro de la sociedad bárbara, a pueblos agrícolas a superar a las tribus meramente pastoras, y a transformarse, en las condiciones favorables de los valles de los ríos de la Mesopotamia, Egipto, India y China, en las niñeras de la civilización.

Desde el advenimiento de los pueblos civilizados han existido tres diferentes niveles esenciales de progreso, que corresponden a sus modos de asegurarse las necesidades vitales: la recolección de alimentos, la producción elemental de alimentos y la producción mixta con un alto desarrollo de la división del trabajo y un creciente cambio de mercaderías.

Los griegos de la época clásica eran altamente conscientes de esta disparidad del desarrollo entre ellos mismos y los pueblos que aun se mantenían en una etapa mas atrasada del desarrollo social. Señalaron esta diferencia haciendo una distinción tajante entre griegos civilizados y bárbaros. La conexión y distancia histórica entre ellos fue explícitamente señalada por el historiador Tucídides cuando dijo: “Los griegos vivían anteriormente como los bárbaros viven ahora”.

 

EL NUEVO Y EL VIEJO MUNDO

La desigualdad del desarrollo histórico mundial raras veces ha sido más notable que cuando los habitantes aborígenes de América se enfrentaron por primera vez con los invasores blancos que venían de Europa. Se encontraron allí dos rutas de evolución social completamente separadas, productos de diez a veinte mil años de desarrollo independiente en dos Hemisferios. Ambas se vieron obligadas a comparar sus proporciones de crecimiento y medir sus respectivos logros totales. Esta fue una de las más tajantes confrontaciones de diferentes culturas en toda la Historia.

En este momento la Edad de Piedra choc6 con los finales de la Edad del Hierro y el comienzo del Maquinismo. En la caza y en la guerra, el arco y la flecha tuvieron que competir con el mosquete y el cañón; en la agricultura, la azada y el bastón, con el arado y los animales de tiro; en el transporte acuático, la canoa con el buque; en la locomoción terrestre, las piernas humanas con el caballo y el pie descalzo con la rueda. En la organización social, el colectivismo tribal contra las instituciones y costumbres feudal burguesas; la producción para la consumisión inmediata de la comunidad contra una economía monetaria y el comercio internacional.

Podrían multiplicarse estos contrastes entre los indios americanos y los europeos occidentales. Sin embargo, la desigualdad de los productos humanos de tan amplias etapas separadas de desarrollo económico fue, aparentemente, demasiado violenta. Surgieron grandes antagonismos; trataron de apartarse cada uno del otro, y así como al principio los jefes aztecas identificaron a los recién llegados blancos con dioses, los europeos, recíprocamente, miraron y trataron a los nativos como a animales.

La desigualdad en productividad y poder destructivo en Norteamérica no fue superada, como sabemos, por la adopción por los indios de los métodos de los blancos y su asimilación gradual y pacífica a la sociedad de clases. Por el contrario, en los cuatro siglos siguientes se llegó a la desposesión y aniquilación de las tribus indias.

 

EL RETRASO DE LA VIDA COLONIAL

Si los colonizadores blancos desarrollaron su superioridad material sobre los pueblos nativos ellos mismos estaban atrasados en relación a su madre patria.

El retraso general del continente norteamericano y sus colonias, comparado con el occidente europeos predetermino las principales líneas de su desarrollo desde el comienzo del siglo XV hasta mediados del siglo XIX. En este periodo, la tarea central de los americanos fue alcanzar a Europa y superar la disparidad en el desarrollo social de los dos continentes. Cómo y por quiénes fue hecho esto es el principal tema de la Historia Norteamericana a través de estos tres siglos y medio.

Ello requirió, entre otras cosas, dos revoluciones para completar la tarea. La revolución colonial, que corono la primera etapa de progreso que dió al pueblo americano instituciones políticas más avanzadas que las de cualquier otro lugar del viejo mundo y allano el camino para la rápida expansión económica. De todos modos, después de haber ganado la independencia nacional, los EE.UU., todavía tuvieron que conquistar la independencia económica dentro del mundo capitalista. La diferencia económica entre este país y las naciones del occidente de Europa fue limitada en la primera mitad del siglo XIX y virtualmente cerrada por el triunfo del capitalismo industrial del Norte sobre los poderes esclavistas en la guerra civil. No fue necesario mucho tiempo para que los Estados Unidos superaran a la Europa occidental.

 

LA DESIGUALDAD DE LOS CONTINENTES Y PAISES

Estos cambios en la posición de Estados Unidos ilustran la desigualdad del desarrollo entre los centros metropolitanos y las colonias, entre los diferentes continentes y entre los países de un mismo continente.

Una comparación entre los diversos modos de producción en los distintos países demostraría mas abruptamente sus desigualdades. La esclavitud había virtualmente terminado como modo de producción en los países de Europa antes que fuera introducida en América, en virtud de las necesidades de los mismos europeos. La servidumbre había desaparecido en Inglaterra antes que surgiera en Rusia y se hubieran hecho intentos de implantarla en las colonias norteamericanas después que había sido barrida en la madre patria. En Bolivia, el feudalismo floreció bajo los conquistadores españoles y languideció la esclavitud, mientras en Estados Unidos esta surgió cuando el feudalismo era frenado.

El capitalismo estaba altamente desarrollado en el occidente de Europa, en tanto que en el Este era implantado sólo superficialmente. Una disparidad similar en el desarrollo capitalista prevaleció entre los Estados Unidos y México.

La desigualdad es la “ley mas general del proceso histórico” (Historia de la Revolución Rusa p. 5). Estas desigualdades son la expresión especifica de la naturaleza contradictoria del progreso social y de la dialéctica del desarrollo humano.

 

DESIGUALDADES INTERNAS

La desigualdad del desarrollo entre los continentes y países es acompañada por un semejante crecimiento desigual de los distintos elementos dentro de cada grupo social u organismo nacional.

En una obra sobre la clase obrera norteamericana, escrita por Karl Kautzki a principios de siglo, el marxista alemán señalaba algunos de los contrastes marcados en el desarrollo social de Rusia y de los Estados Unidos en ese tiempo. “Dos estados existen”-escribió-“diametralmente opuesto el uno al otro. Cada uno de ellos contiene un elemento extraordinariamente desarrollado en comparación con su standard capitalista. En un estado-Norteamérica-es la clase capitalista. En Rusia es el proletariado. En ningún otro país como en Norteamérica se puede hablar con tanta propiedad de la dictadura del capital, mientras el proletariado en ninguno ha adquirido tanta importancia como en Rusia”. Esta diferencia en el desarrollo, que Kautzki describe en su comienzo, se acentuó enormemente en sus etapas ulteriores. Trotsky hizo un análisis extraordinario del significado de tales desigualdades para explicar el curso de una historia nacional, en el primer capítulo de su Historia de la Revolución Rusa, sobre “las peculiaridades del desarrollo ruso”. La Rusia zarista contenía fuerzas sociales que pertenecían a tres diferentes etapas del desarrollo histórico. En las alturas, estaban los elementos feudales: una monstruosa autocracia asiática, un clero estatal, una burocracia servil, una nobleza territorial favorecida. Mas abajo había una débil, impopular burguesía, y una intelectualidad cobarde. Estos fenómenos opuestos estaban orgánicamente interrelacionados. Constituían distintos aspectos de un proceso social unificado. Las condiciones históricas que fortificaron y preservaron el predominio de las fuerzas feudales -la lentitud del desarrollo ruso, su economía atrasada, el primitivismo de sus formas sociales y su bajo nivel de cultura-habían frenado el crecimiento de las fuerzas sociales y acentuado su debilidad social y política.

Este fue un aspecto de la situación. Por el otro lado, el extremo retraso de la historia rusa había dejado los problemas agrarios y nacionales sin resolver, provocando descontento, hambre de tierra en el campesinado y ansias de libertad en las nacionalidades oprimidas. Mientras tanto aparecía la industria capitalista, dando nacimiento a empresas altamente concentradas, bajo la dominación del capital financiero extranjero, y a un no menos concentrado proletariado, armado con las últimas ideas, organizaciones y métodos de lucha. Esta violenta desigualdad en la estructura social de la Rusia zarista proveyó la base para los acontecimientos revolucionarios que estallaron cuando la caída de la decadente estructura medieval en 1917, y concluyo en unos pocos meses poniendo al proletariado y al partido bolchevique en el poder. Solamente analizando y comprendiendo esto, es posible captar por que la revolución Rusa se dió de esta manera.

 

IRREGULARIDADES EN LA SOCIEDAD

Las pronunciadas irregularidades que se han producido en la historia han inducido a algunos pensadores a negar que haya o pueda haber alguna causalidad o ley en el desarrollo social. La escuela mas conocida de los antropólogos norteamericanos, encabezada por el desaparecido Franz Boas, explícitamente niega que pueda haber alguna secuencia determinada de etapas que puedan descubrirse en la evolución social, o que las expresiones culturales estén ligadas a la tecnología o economía. De acuerdo a R. H. Lowitt, el expositor mas conocido de este punto de vista, los fenómenos culturales presentan meramente el carácter de “un caos sin plan”, una “jungla caótica”. La “jungla caótica” esta en la cabeza de este anti-materialista y antievolucionista, no en la historia o en la constitución de la sociedad.

Es posible que los pueblos que viven bajo las condiciones de la edad de Piedra en el siglo XX posean una radio-resultado del desarrollo combinado-. Pero es categóricamente imposible encontrar tal producto de la electrónica contemporánea enterrado con los remanentes humanos de la edad de Piedra depositados muchísimos años atrás.

No se necesita mucha penetración para ver que un recolector de alimentos, de hierbas, cazador, pescador o cazador de pájaros existieron mucho antes que la producción de alimentos en forma de horticultura o ganadería. O que las herramientas de piedra precedieron a las de metal; que la palabra precedió a la escritura; que las cavernas existieron antes que las aldeas; que el trueque de bienes precedió a la moneda. A una escala histórica general estas secuencias, son absolutamente inviolables.

Las principales características de la estructura social simple de los salvajes están determinadas por sus primitivos métodos de producir los medios de vida, que dependen a su vez del bajo nivel de sus fuerzas productivas.

Se estima que los pueblos recolectores de alimentos requieren un promedio de 40 millas cuadradas per capita para mantenerse. No pueden ni producir, ni mantener grandes concentraciones de población sobre tales fundamentos económicos. Generalmente agrupan un numero de personas menor de 40 y raras veces exceden de 100. La ineludible pequeñez de su producción de alimentos y la dispersión de su fuerza limitan estrictamente su desarrollo.

 

DEL BARBARISMO A LA CIVILIZACION

¿Qué se puede decir con respecto a la próxima etapa del desarrollo social, el barbarismo? El notable arqueólogo V. Gordon Childe ha publicado recientemente, en un libro llamado Evolución Social, un informe de los “sucesivos pasos a través de los cuales las culturas barbaras entran en la vía de la civilización, en contraste con su ambiente natural”. Childe reconoce que el punto de partida en la esfera económica fue idéntico en todos los casos, “en la medida en que las primeras culturas barbaras examinadas estaban basadas en el cultivo de los mismos cereales, y el pastoreo de las mismas especies de animales” Es decir, el barbarismo esta separado de las formas salvajes de vida por la adquisición y aplicación de mas altas técnicas productivas para la agricultura y la ganadería.

La llegada al resultado final-la civilizaci6n -exhibe diferencias concretas en cada caso, “sin embrago, en todos lados, ello significa el agregado de grandes poblaciones en las ciudades, como la diferenciación entre la producción primaria (pescadores, cultivadores, etc.) de artesanos especializados full-time, mercaderes, burócratas, curas y gobernantes; una efectiva concentración del poder político y económico, el uso de símbolos convencionales para recordar y transmitir informaciones (escritura) e igualmente standards convencionales de pesos y medidas, y de medidas de tiempo y espacio que llevan a un tipo de ciencia matemática y calendario”.

Al mismo tiempo, Childe señala que “los pasos que integran este desarrollo no presentan igualmente, un paralelismo abstracto” La economía rural de Egipto, por ejemplo, tiene un desarrollo diferente del de Europa templada. En la agricultura del viejo mundo la azada fue reemplazada por el arado, herramienta que no fue conocida por los mayas.

La conclusión general que Childe saca de estos hechos es que “el desarrollo de la economía rural barbara de las regiones estudiadas no presenta paralelismos sino convergencias y divergencias” (p. 162). Pero esto no es suficiente. Considerados en su totalidad y en su interrelación histórica, la mayoría de los pueblos que entran en el barbarismo surgen de las mismas actividades económicas esenciales, el cultivo de cereales y la ganadería. Han logrado un desarrollo diversificado de acuerdo a los diferentes habitats naturales y circunstancias históricas y prueban, al atravesar el camino hacia la civilización, que no fueron detenidos en la ruta u obliterados, y arribaron por fin al mismo destino: la civilización.

 

LA MARCHA DE LA CIVILIZACION

¿Qué ocurrió con la evolución de la civilización? ¿Es un “caos sin plan”? Cuando analizamos la marcha del género humano a través de la civilización, vemos que sus segmentos avanzados pasaron sucesivamente a través de la esclavitud, feudalismo y capitalismo y ahora están en camino hacia el socialismo. Esto no significa que cada sector de la humanidad haya pasado por esta invariable secuencia de etapas históricas, de la manera que cada uno de los bárbaros pasó a través de la misma secuencia de etapas. Pero su verdadero logro capacita a quienes llegan mas tarde a combinar o comprimir etapas históricas enteras.

El real curso de la historia, el pasaje de un sistema social a otro, de un nivel de organización a otra, es mucho más complicado, heterogéneo y contradictorio que el que se puede dar en un esquema histórico general. El esquema histórico universal de las estructuras sociales -salvajismo, barbarismo, civilización-con sus respectivas etapas, es una abstracción. Es una abstracción indispensable y racional que corresponde a las realidades esenciales del desarrollo y sirve como guía para la investigación, pero no puede sustituir directamente el análisis de ningún segmento concreto de la sociedad.

Una línea recta puede ser la distancia mas corta entre dos puntos, pero la humanidad ha dejado de lado frecuentemente este adagio y ha seguido a menudo aquel que dice que “el camino más largo es el mas corto a casa”.

En la historia se mezclan ambas: regularidades e irregularidades. La regularidad es fundamentalmente determinada por el carácter y desarrollo de las fuerzas productivas y el modo de producir los medios de vida. Sin embargo, este determinismo básico no se manifiesta en el actual desarrollo de la sociedad de una manera simple, directa y uniforme, sino por medios extremadamente complejos, desviados y heterogéneos.

 

LA EVOLUCION DESIGUAL DEL CAPITALISMO

Esto esta ejemplificado con mayor énfasis en la evolución del capitalismo y sus partes componentes. El capitalismo es un sistema económico mundial. En los últimos cinco siglos se desarrollo de país a país, de continente a continente, y pasó a través de las sucesivas fases del capitalismo comercial, industrial, financiero y el capitalismo estatal monopolista. Cada país, aunque atrasado, ha sido llevado a la estructura de las relaciones capitalistas y se ha visto sujeto a sus leyes de funcionamiento.

Mientras cada nación ha entrado en la divisi6n internacional del trabajo sobre la base del mercado mundial capitalista, cada una ha participado en una forma peculiar y en un grado diferente en la expresión y expansión del capitalismo, y jugó diferente rol en las distintas etapas de su desarrollo.

El capitalismo surgió con mucha mayor fuerza en Europa y Norteamérica que en Asia y Africa. Estos fueron fenómenos interdependientes, lados opuestos de un solo proceso. El bajo desarrollo capitalista en las colonias fue un producto y una condición del super desarrollo de las áreas metropolitanas, que se realizó a expensas de las primeras.

La participación de varias naciones en el desarrollo del capitalismo ha sido no menos irregular. Holanda e Inglaterra tomaron la dirección en el establecimiento de las formas y fuerzas capitalistas en el siglo XVI y XVII, mientras Norteamérica estaba aun en gran medida en posesión de los indios. Sin embargo, en la fase final del capitalismo, en el siglo XX, los Estados Unidos superaron ampliamente a Inglaterra y Holanda. A medida que el capitalismo iba captando dentro de su órbita a un país tras otro, aumentaban las diferencias mutuas. Esta creciente interdependencia no significa que siguen idénticas pautas o poseen las mismas características. Cuando más se estrechan sus relaciones económicas surgen profundas diferencias que los separan. Su desarrollo nacional no se realiza, en muchos aspectos a través de líneas paralelas, sino a través de líneas de ángulos, algunas veces divergentes como ángulos rectos. Adquieren trazos no idénticos, sino complementarios.

 

A IGUALES CAUSAS DIFERENTES EFECTOS

La regla que dice que las mismas causas producen los mismos efectos no es incondicional y general. La ley es sólo valida cuando la historia produce las mismas condiciones, pero generalmente hay diferencias para cada país y constante cambio e intercambio entre ellos. Las mismas causas básicas pueden conducir a muy diferentes y aun opuestos resultados.

Por ejemplo, en la primera mitad del siglo XIX, Inglaterra y EE. UU. eran ambos gobernados por las mismas leyes del capitalismo industrial. Pero estas leyes operaban bajo diferentes condiciones en los dos países y produjeron muy diferentes resultados en el campo de la agricultura. Las enormes demandas de la industria británica de algodón y alimento barato estimularon poderosamente la agricultura norteamericana, al tiempo que los mismos factores económicos estrangularon a los campesinos de Inglaterra. La expansión de la agricultura en un país y su contracción en el otro fueron consecuencias opuestas pero interdependientes de las mismas causas económicas.

Pasando del proceso económico al intelectual, el marxista ruso Plejanov señalaba, en su notable trabajo “En defensa del materialismo” (p. 126), como el desarrollo desigual de los diversos elementos que componen una estructura nacional permite al mismo conjunto de ideas producir muy diferente impacto social sobre la vida filosófica. Hablando del desarrollo ideológico en el siglo XVIII, Plejanov señalaba: “El mismo conjunto de ideas llevo al ateísmo militante de los materialistas franceses, al indiferentismo religioso de Hume, y a la religión “práctica” de Kant. La razón fue que la cuestión religiosa en Inglaterra, en ese tiempo, no jugaba el mismo rol que en Francia, ni en Francia que en Alemania. Y esta diferencia en el significado de la cuestión religiosa tenia sus raíces en la distinta relación en que estaban las fuerzas sociales en cada uno de esos países. Similares en su naturaleza, pero disimiles en su grado de desarrollo, los elementos de la sociedad se combinaban de modo diferente en los distintos países europeos y conducían a hacer de cada uno de ellos un muy particular estado de conciencia que se expresaba en la literatura nacional, la filosofía, el arte, etc. Como consecuencia de esto, una misma cuestión puede excitar a los franceses a la pasión y dejar fríos a los británicos. Un mismo argumento puede ser considerado con respeto por un alemán progresivo, mientras un francés progresivo lo verá con un odio amargo”.

 

PECULIARIDADES NACIONALES

Desearía cerrar este examen del procese de desarrollo desigual con una discusión del problema de las peculiaridades nacionales. Los marxistas son a menudo acusados por sus enemigos de negar, ignorar o subestimar las peculiaridades nacionales en favor de las leyes históricas universales. No es verdad. No es correcta esta crítica. Aunque algunos marxistas individualmente puedan ser acusados de tales errores.

El marxismo no niega la existencia y la importancia de las peculiaridades nacionales. Sería teóricamente estúpido y prácticamente sin valor si lo hicieran, desde que las diferencias nacionales pueden ser decisivas para dar la política del movimiento obrero, de una lucha nacional o de un partido revolucionario, durante un cierto período en un país dado. Por ejemplo, la mayor parte de los activistas obreros en Gran Bretaña siguen al partido laborista. Este monopolio es una peculiaridad primaria de Gran Bretaña y del desarrollo político de sus trabajadores. Los marxistas que no tomen en cuenta este factor como la clave de su. orientación organizativa violarán el espíritu de su método. Hay otro remoto ejemplo: en la mayor parte de los países coloniales hoy día las razas de color están luchando contra el imperialismo por la independencia nacional de la opresión de las naciones blancas. En los Estados Unidos, por el contrario, la lucha de los negros contra su carácter de ciudadanos de segunda clase se caracteriza por no ser un movimiento hacia la separación sino por la demanda de la integración incondicional en la vida americana sobre bases iguales. Sin tener en cuenta este carácter especifico es imposible comprender las principales tendencias de la lucha de los negros americanos en la presente etapa. Lejos de desechar las diferencias nacionales el marxismo es el único método histórico, la única teoría sociológica que las explica adecuadamente, demostrando cuales son sus raíces en las condiciones materiales de vida y considerando sus orígenes históricos, desarrollo, desintegración y desaparición. Las escuelas burguesas de pensamiento miran las particularidades nacionales con un criterio distinto, como accidentes inexplicables, como producto de la voluntad divina o características fijas y finales de un pueblo particular. El marxismo las ve como un producto histórico que surge de combinaciones concretas de fuerzas y condiciones internacionales.

Este procedimiento de combinar lo general con lo particular, y lo abstracto con lo concreto concuerda no solamente con las exigencias de la ciencia sino con nuestros hábitos diarios de juicio. Cada individuo tiene una distinta expresión facial, lo que nos permite reconocerlo y separarlo de los otros. Al mismo tiempo, comprendemos que este individuo tiene el mismo género de ojos, oídos, boca, frente y otros órganos que el resto de la raza humana. De hecho, la fisonomía particular que produce su expresión distinta es solo la manifestación fundamental de un específico complejo de estas estructuras y características humanas comunes. Así ocurre con la vida y la fisonomía de una nación dada.

Cada nación tiene sus propios rasgos distintivos. Pero estas peculiaridades surgen como consecuencia de la modificación de leyes generales por el material específico y las condiciones históricas. Son, en ultima instancia, la cristalización individual de un proceso universal.

Trotski concluyó que las peculiaridades nacionales son el producto más general del desarrollo desigual histórico, su resultado final.

 

LOS LIMITES DE LAS PECULIARIDADES NACIONALES

Sin embargo, por profundamente asentadas que estén estas peculiaridades en la estructura social y por poderosa que sea su influencia sobre la vida nacional, ellas son limitadas. En primer lugar, son limitadas en la acción. No reemplazan el proceso superior de la economía y política mundial ni pueden abolir el funcionamiento de sus leyes.

Consideremos, por ejemplo, las diferentes consecuencias políticas de la crisis mundial de 1929, en EE.UU. y Alemania, debidas a su diferente trasfondo histórico, especifica estructura social y evolución política nacional. En un caso, el New Deal de Roosevelt llegó al poder, en el otro el fascismo de Hitler. El programa de reforma bajo los auspicios democrático-burgueses, y el programa de la contrarrevolución bajo la desnuda dictadura totalitaria, fueron métodos totalmente diferentes utilizados por las respectivas clases capitalistas para salvar su pellejo.

Este contraste entre las formas capitalistas americana y alemana de auto preservación fue explotada hasta la saturación por los apologistas del capitalismo norteamericano, quienes lo atribuyeron al espíritu democrático inherente a la nación americana y a sus gobernantes capitalistas. En realidad, la diferencia se debió a la mayor riqueza y fuentes del imperialismo de EE. UU., por un lado y a la inmadurez de las relaciones de clase y conflictos, por el otro. Sin embargo, en la etapa siguiente y antes de que sobreviniera la decadencia, el proceso del imperialismo llevó a ambos poderes a una Segunda Guerra Mundial, para determinar quién dominaría el mercado mundial. A pesar de significativas diferencias en sus regímenes políticos internos, ambos llegaron al mismo destino. Continuaron subordinados a las mismas leyes fundamentales del imperialismo capitalista y no pudieron impedir su funcionamiento, o evitar sus consecuencias.

En segundo lugar, las peculiaridades nacionales tienen límites históricamente definidos. No están fijados para siempre ni tienen un destino absolutamente determinado. Condiciones históricas las generan y las suplantan; nuevas condiciones históricas pueden alterarlas, eliminarlas e igualmente transformarlas en sus opuestos.

En el siglo XIX Rusia era el país mas reaccionario de Europa y de la política mundial; en el siglo XX se transforma en el más revolucionario. A mediados del siglo XIX los Estados Unidos eran la nación más revolucionaria y progresiva; a mediados del siglo XX, le tomó a Rusia su lugar como fortaleza de la contrarrevolución mundial. Pero este rol tampoco puede ser eterno, como lo señalaremos en el próximo capítulo, donde estudiaremos el carácter y consecuencias del desarrollo desigual y combinado.

 

EL DESARROLLO COMBINADO Y SUS CONSECUENCIAS.

Analizaremos ahora el segundo aspecto de la ley de desarrollo desigual, y combinado. Su nombre indica de qué ley general es ella una expresión particular -verbigracia, la ley de la lógica dialéctica llamada Ley de la interpenetración de los opuestos-. Los dos procesos- desigualdad y combinación–que están unidos en esta formulación representan dos diferentes y opuestos y, no obstante, íntegramente relacionados e interpenetrados aspectos o etapas de la realidad.

La ley del desarrollo combinado parte del reconocimiento de la desigualdad en las proporciones de desarrollo de varios fenómenos del cambio histórico. La disparidad en el desarrollo técnico y social y la combinación fortuita de elementos, tendencias y movimientos pertenecientes a diferentes etapas de la organización social, dan la base para el surgimiento de algo nuevo y de más alta cualidad.

Esta ley nos permite observar cómo surge la nueva cualidad. Si la sociedad no se desarrollara en un camino diferencial, es decir, a través del surgimiento de diferencias, por momentos tan agudas que se vuelven contradictorias , la posibilidad para la combinación e integración de fenómenos contradictorios no se daría. Sin embargo, la primera fase del proceso evolutivo -desigualdad- es la indispensable precondición para la segunda fase: la combinación de características que pertenecen a diferentes etapas de la vida social en las distintas formaciones sociales, desviándose de los standards deducidos abstractamente o tipos “normales”.

Esta combinación llega como la necesaria superación de la pre-existente desigualdad. Podemos ver como se dan juntas casi siempre y ligadas en la simple ley de la combinación y desigualdad del desarrollo. Partiendo del hecho de los niveles dispares del desarrollo que resultan de la progresión desigual de los distintos aspectos de la sociedad, podremos ahora analizar la próxima etapa y la necesaria consecuencia de esta situación: su combinación.

 

FUSION DE DIFERENTES FACTORES HISTORICOS

Ante todo debemos preguntarnos que significa Combinado. Hemos podido ver como características que pertenecen a un estado de la evolución se ligan a otras que son esencialmente propias de una etapa más alta. La Iglesia Católica, cuyo centro está en el Vaticano, es una característica institución feudal. En la actualidad, el Papa usa radio y televisión-invenciones del siglo XX-para diseminar la doctrina de la Iglesia. Esto conduce a una segunda cuestión: ¿Cómo se combinan las diferentes características? Aquí, las combinaciones de los metales nos proporcionan una analogía útil. El bronce, que juega un gran rol en el desarrollo de las más tempranas construcciones de herramientas, que ha dado su nombre a toda una etapa del desarrollo histórico, se ha compuesto de dos metales elementales, el cobre y el estaño, mezclados en proporciones especificas. Su fusión produce una aleación con propiedades importantes que difieren de ambos constituyentes.

Algo parecido ocurre en la historia cuando se unen elementos que pertenecen a diferentes etapas de la evolución social. Esta fusión da origen a un nuevo fenómeno con sus propias características especiales. El período colonial de la historia Norteamericana se une al salvajismo y barbarismo, cuando la civilización europea cambiaba del feudalismo al capitalismo. De este modo, proveyó un magnifico caldo de cultivo para las combinaciones y dio el más instructivo campo para su estudio. Casi todos los géneros de relaciones sociales conocidos, desde el salvajismo a las compañías por acciones, se pueden encontrar en el nuevo mundo durante el periodo colonial. Varias colonias, como Virginia y Carolina del Norte y del Sur, fueron originalmente colonizadas por empresas capitalistas de acciones, cuyas cartas habían sido garantizadas por la Corona. Las formas mas avanzadas de capitalismo regían la firma accionaria que tomó contacto con los indios que vivían aun bajo primitivas condiciones tribales.

Las formas precapitalistas de vida con las que se encontraron fueron combinadas en un grado u otro con las características fundamentales de las civilización burguesa. Tribus indias, por ejemplo, fueron anexadas al mercado mundial a través del comercio de pieles; y es verdad que los indios se volvieron, en cierta medida, civilizados. Por otro lado, los colonos blancos europeos, cazadores, leñadores y pioneros de la agricultura se barbarizaron parcialmente por haber sobrevivido en el desierto de las planicies y montañas de los campos “vírgenes”. Sin embargo, el leñador europeo que penetraba en los desiertos de América, con su rifle y su hacha de hierro, y también con su concepción y hábitos de civilización, fue muy diferente del indio tribal Piel Roja, aunque muchas de las actividades de la sociedad barbara del leñador también le correspondían.

En su obra sobre las fuerzas sociales en la historia Norteamericana, A. M. Simon, uno de los primeros historiadores socialistas, escribió: “El curso de la evolución siguió en cada colonia una línea de desarrollo muy parecida a la que la raza había seguido (p. 30-31). En el comienzo, -señalo-hubo un comunismo primitivo. Después, una pequeña producción individual, y así se siguió hasta llegar al capitalismo.

Sin embargo, la concepción según la cual la colonia americana, o algunas de ellas, sustancialmente repitieron las secuencias de las etapas que las sociedades avanzadas habían atravesado antes de ella, es excesivamente esquemática e ignora el principal punto respecto a su desarrollo y estructura. La peculiaridad más significativa de la evolución de las colonias británicas en América se deriva del hecho de que todas las formas de organización y las fuerzas impulsoras pertenecientes a las primeras etapas del desarrollo social, desde el salvajismo, igualmente en el caso de la esclavitud, fueron incorporadas en, y condicionadas por el sistema en expansión del capitalismo internacional. No hay, en el suelo americano, repetición mecánica de las etapas hist6ricamente superadas. Por el contrario, la vida colonial testimonia una dialéctica mezcla de todos estos variados elementos, de la que resultan deformaciones sociales combinadas de un tipo nuevo y especial. La esclavitud de las colonias americanas fue muy distinta de la esclavitud de la Grecia clásica y de Roma. La esclavitud norteamericana fue una esclavitud burguesificada; que no fue solamente un brazo subordinado del mercado capitalista mundial, sino que cada ramificación de esta fusión de esclavitud y capitalismo fue la aparición de traficantes de esclavos entre los indios Creek, en el Sur. ¿Podría encontrarse algo más contradictorio que indios comunistas, ahora propietarios de esclavos, vendiendo su producto en un mercado burgués?

 

LA DIALECTICA DE LA COMBINACION

El resultado de esta fusión de diferentes etapas o elementos del progreso histórico es, en consecuencia, una mezcla o aleación particular de cosas. En la unión de diferentes y opuestos elementos, la naturaleza dialéctica de la historia se manifiesta por sí misma más poderosa y prominente. Aquí la contradicción, simple, obvia, flagrante, predomina. La historia le hace todo tipo de travesura a todas las formas rígidas y las rutinas fijas. Surgen todos los géneros de desarrollos paradójicos que confunden y dejan perplejas las mentes limitadas y formalizadas.

Como un importante ejemplo de esto, permítasenos considerar la naturaleza del stalinismo. En la Rusia actual, la más avanzada forma de propiedad -la propiedad nacionalizada- y el más eficiente modo de organización industrial, la economía planificada, ambos logrados a través de la revolución proletaria de 1917, se han unido en una sola masa con el tipo más brutal de tiranía, creada por una contrarrevolución política de la burocracia soviética. Los fundamentos económicos del régimen stalinista históricamente pertenecen a la era socialista del futuro. Sin embargo. este fundamento económico esta unido a una superestructura política que muestra los aspectos mas malignos de las dictaduras de clase del pasado. No debemos maravillarnos de que este fenómeno extraordinariamente contradictorio haya confundido a mucha gente y los haya llevado por mal camino.

El desarrollo desigual y combinado se nos presenta como una mezcla particular de elementos atrasados con los factores más modernos. Muchos píos católicos llevan imágenes en sus coches, que se supone los protegerán contra los accidentes. Esta costumbre combina el fetichismo de los crédulos salvajes con el producto de la industria automovilística, una de las industrias automatizadas más avanzadas del mundo moderno.

Por otra parte, estas anomalías son especialmente pronunciadas en los países más atrasados. Existen curiosidades tales como harenes con aire acondicionado!

“El desarrollo de las naciones históricamente atrasadas lleva necesariamente a una combinación peculiar de diferentes etapas del desarrollo histórico”, escribió Trosky en la Historia de la Revolución Rusa (p. 5).

Carlton S. Coone escribe: “…… Hay todavía regiones marginales donde la difusión cultural es desigual, donde simples cazadores de la Edad de Piedra están enfrentados sorprendentemente con extraños cazadores con rifles, donde jardineros neolíticos están cambiando sus hachas de piedras por otras de acero y sus cacharras de agua por descartados de hojalata, donde orgullosos ciudadanos de los antiguos imperios acostumbraban recibir las novedades algunas semanas después de las caravanas de camellos, se encuentran oyendo la propaganda radial de radios públicas. Y en el paseo de baldosas azules y blancas de las ciudades el claro llamado de los muslim pidiendo la fe del creyente es reemplazada un día una caja metálica colgada del alminar. Afuera, en el aeropuerto, los peregrinos de los lugares santos, saltan directamente del lomo de sus camellos a los asientos del DC4. Estos cambios en la tecnología conducen al nacimiento de nuevas instituciones en estos lugares como en cualquier otro, pero el recién nacido es a menudo una criatura no familiar, que no recuerda ni los parientes cercanos ni los alejados, superando a ambos”. The History of man, (pp. 113-114).

En el Africa actual, entre los kikuyos de Kenya, como también entre los pueblos de la Costa de Oro, las antiguas ligazones y costumbres ayudan a fortalecer su solidaridad en la lucha por el avance social y la independencia nacional contra el imperialismo británico. En el Movimiento Nacionalista del Premier Nkrumah’s el partido parlamentario nacional esta ligado con los sindicatos y el tribalismo-los tres pertenecen a diferentes etapas de la historia social.

La mezcla de elementos atrasados con los más modernos factores puede verse cuando comparamos la China moderna con los Estados Unidos de América. Actualmente muchos campesinos chinos en pequeñas aldeas tienen retratos de Marx y Lenin en sus paredes y se inspiran en sus ideas. El obrero norteamericano medio vive en ciudades más modernas y tiene, por contraste, pinturas de Cristo o fotografías de Eisenhower o del Papa sobre sus paredes prefabricadas. Sin embargo los campesinos chinos no tienen el agua corriente, caminos pavimentados, automóviles, radios o televisión, que tienen los obreros norteamericanos.

De esta manera, aunque los Estados Unidos y su clase obrera han progresado mucho más que China en su desarrollo industrial y standard de vida y de cultura, en ciertos aspectos los campesinos chinos han superado al obrero norteamericano. “La dialéctica histórica no conoce nada semejante al atraso desnudo o al progreso químicamente puro” como señalara Trotsky.

 

LA ESTRUCTURA SOCIAL DE GRAN BRETAÑA

Si analizamos la estructura social de la Gran Bretaña contemporánea, podremos ver que conserva características de tres periodos histórico-sociales distintos, inextricablemente relacionados. En las alturas de su sistema político hay una monarquía y una Iglesia establecida, ambas heredadas del feudalismo. Estas están conectadas a una estructura de propiedad capitalista monopolista perteneciente a la etapa más alta del capitalismo. Junto a esta industria capitalista existen la industria socializada, sindicatos y un partido laborista, todos precursores del socialismo.

Es significativo que esta particular combinación contradictoria en Gran Bretaña, deje perplejos a los norteamericanos. Los norteamericanos liberales no pueden comprender por qué los ingleses tienen una monarquía y una Iglesia establecida. Los norteamericanos con mentalidad capitalista se sorprenden de que la clase dominante británica tolere al Partido Laborista.

Al mismo tiempo, Gran Bretaña está golpeada por el más formidable de todos los movimientos combinados de fuerzas sociales de nuestro tiempo a escala mundial, verbigracia, la combinación del movimiento anticapitalista de la clase obrera con la revolución anticolonial de los pueblos de color. Estos dos movimientos muy diferentes, opuestos ambos al dominio imperialista, se refuerzan mutuamente.

Sin embargo, estos dos movimientos no tienen el mismo efecto en todos los países imperialistas. Se sienten, por ejemplo, más fuerte y directamente en Francia y Gran Bretaña que en EE. UU. No obstante, en EE. UU. la lucha de los pueblos coloniales por la independencia y de la minoría negra por la igualdad se influencian mutuamente.

 

LOS SALTOS PROGRESIVOS EN LA HISTORIA

La manifestación más importante de la interacción del desarrollo desigual y combinado es el surgimiento de “saltos” en el flujo histórico. Los más grandes saltos se hacen posibles por la co-existencia de pueblos de diferente nivel de organización social. En el mundo actual, estas organizaciones sociales cubren toda la gama, desde el salvajismo hasta el verdadero umbral del socialismo. En Norteamérica, mientras los esquimales en el Artico y los indios Seri en la Baja California viven aun en el salvajismo, los banqueros de Nueva York y los obreros de Detroit operan en la más alta etapa del capitalismo monopolista. Los “saltos” históricos se tornan inevitables porque los sectores retrasados de la sociedad se ven enfrentados a tareas que solo pueden resolver utilizando los métodos más modernos. Bajo la presión de las condiciones externas, se ven obligados a saltar o precipitar etapas de evolución que originalmente requirieron un período histórico entero para desarrollar sus potencialidades.

Cuando más amplias son las diferencias del desarrollo y mayor el numero de etapas presentes en un periodo dado, mas dramáticas son las posibles combinaciones de condiciones y fuerzas, y más rápida la naturaleza de los saltos Algunas combinaciones producen extraordinarias erupciones y rápidos movimientos en la historia. El transporte ha evolucionado lentamente la locomoción humana y animal, a través de los vehículos a rodado hasta el tren, automóviles y aeroplanos. En época reciente, sin embargo, los pueblos de Sudamérica y Siberia han pasado directamente y de un solo salto desde el animal al uso de los aviones.

Tribu, nación y clase son capaces de comprimir etapas o de saltar sobre ellas, asimilando los logros de los pueblos mas avanzados. Usan esto como una picana para encaramarse sobre las etapas intermedias y sobrepasan obstáculos de un solo salto. Pero no pueden hacer nada hasta tanto los países pioneros a la vanguardia del genero humano, hayan previamente allanado el camino, prefabricando las condiciones materiales. Otros pueblos preparan los medios y modelos para, una vez maduros, adaptarlos a sus condiciones peculiares.

La industria soviética fue capaz de hacer tan rápido progreso porque, entre otras razones, pudo importar las técnicas y maquinarias del Oeste. Ahora también China puede marchar a un ritmo más acelerado en su industrialización porque no solamente se basa en los logros técnicos de los países capitalistas avanzados, sino también sobre los métodos de planificación de la economía soviética.

En sus esfuerzos para superar a la Europa Occidental, los colonizadores de la costa del Atlántico Norte, pasaron a través del “barbarismo salvaje”, virtualmente saltando por encima del feudalismo, implantando y extirpando la esclavitud, constituyendo grandes pueblos y ciudades sobre una base capitalista. Esto se hizo a un ritmo acelerado. A los pueblos europeos les llevo 3000 años saltar de la etapa superior del barbarismo de la Grecia homérica a la Inglaterra triunfante de la revolución burguesa de 1849. Norteamérica cubrió las mismas transformaciones en 300 años, o sea a un ritmo de desarrollo diez veces más rápido. Pero esto fue posible por el hecho de que Norteamérica pudo beneficiarse con los logros previos de Europa, combinados con la impetuosa expansión del mercado capitalista en todos los rincones del globo.

A lo largo de esta aceleración y compresión del desenvolvimiento social se fue acelerando también el tiempo de desarrollo de los acontecimientos revolucionarios. El pueblo británico tardó ocho siglos desde el comienzo del feudalismo en el siglo IX, hasta su revolución burguesa triunfante en el siglo XVII. Los colonos norteamericanos solamente en ciento setenta y cinco años pasaron de sus primeros asentamientos en el siglo XVII a su revolución victoriosa en el ultimo cuarto del siglo XVIII.

En estos saltos históricos las etapas del desarrollo son algunas veces comprimidas y otras omitidas, lo que depende de las condiciones particulares y las fuerzas. En las colonias norteamericanas, por ej. el feudalismo, -que floreció en Europa y Asia por muchos siglos- logro apenas asentarse Las instituciones características del feudalismo (feudo, siervos, la monarquía, la iglesia establecida y las corporaciones medievales) no tuvieron un ambiente favorable y fueron comprimidas entre la esclavitud comercial por un lado, y la sociedad burguesa injertada por el otro. Paradójicamente, al mismo tiempo que el feudalismo iba siendo atrofiado y estrangulado en las colonias norteamericanas, adquiría una vigorosa expansión en el otro lado del mundo, Rusia.

 

REVERSIONES HISTORICAS

La historia tiene sus reversiones, así como sus movimientos hacia adelante; sus periodos de reacción; formas infantiles y características caducas propias de etapas primitivas de desarrollo pueden unirse con estructuras avanzadas para generar formaciones extremadamente regresivas e impedir el avance social. Un ejemplo primario de tal combinación regresiva fue la esclavitud en Norteamérica, donde un modo de propiedad y una forma de producción anacrónica, perteneciente a la infancia de la civilización, se inserto en un ambiente burgués que pertenecía a una sociedad de clase madura.

La reciente historia política nos ha hecho familiarizar con los ejemplos del fascismo y el stalinismo, que son fenómenos históricos del siglo XX simétricos, aunque no idénticos. Ambos representan reversiones de formas de gobiernos democráticos preexistentes que tenían bases sociales completamente diferentes El fascismo fue el destructor y reemplazante de la democracia burguesa en el periodo final de la destrucción y decadencia del imperialismo. El stalinismo fue el destructor y reemplazante de la democracia obrera de la Rusia revolucionaria en el periodo inicial de la revolución socialista internacional.

De esta forma, nosotros vemos mezclados dos etapas en el movimiento dialéctico de la sociedad. Primero, algunas partes del genero humano y ciertos elementos de la sociedad, se mueven mas rápidamente y se desarrollan antes que otros. Mas tarde, bajo el choque de fuerzas externas se produce un retroceso, o una detención en relación al ritmo de progreso de sus precursores, por la combinación de las últimas innovaciones con viejos modos de existencia.

 

LA DESINTEGRACION DE LAS COMBINACIONES

Pero a la historia no se detiene en este punto. Cada síntesis única, que ha surgido del desarrollo desigual y combinado engendra en si misma posteriores crecimientos y cambios, los que a su vez pueden llevar a una eventual desintegración y destrucción de la síntesis. Una formación combinada amalgama elementos derivados de diferentes niveles del desarrollo social. Su estructura interna es, por lo tanto, altamente contradictoria. La oposición de sus polos constituyentes no solamente imparte inestabilidad a la formación, sino que lleva directamente a posteriores desarrollos. Mas claramente que a cualquier otra formación, la lucha de los opuestos caracteriza el curso de vida de una formación combinada.

Hay dos tipos principales de combinación. En un caso, el producto de una cultura avanzada es absorbido en la estructura de un organismo social arcaico. En otro, aspectos de un orden primitivo son incorporados a un organismo social mas altamente desarrollado.

El efecto que produce la asimilación de elementos más modernos en una estructura depende de muchas circunstancias. Por ejemplo, los indios pudieron reemplazar el hacha de piedra por el hacha de hierro sin dislocaciones fundamentales de su orden social, porque este cambio significó solamente una mínima dependencia de la civilización blanca de la cual el hacha de hierro fue tomada. La introducción del caballo cambio considerablemente la vida de los indios de las praderas, al extender el alcance de sus campos de caza y de sus habilidades guerreras Sin embargo, el caballo no transformo su relación tribal básica. Pero, en cambio, la participación en un naciente comercio y la penetración de la moneda tuvo consecuencias revolucionarias sobre los indios destruyendo su sistema tribal, oponiendo los intereses privados a las costumbres comunitarias, lanzando una tribu contra otra y subordinando los nuevos comerciantes y cazadores indios al mercado mundial.

Bajo ciertas condiciones históricas la introducción de nuevas cosas puede, también, prolongar por un tiempo la vida de las instituciones más arcaicas. La entrada de los grandes consorcios capitalistas de petróleo en el Medio Oriente ha fortalecido temporariamente a los sheiks, dándoles enormes cantidades de riquezas. Pero a largo plazo, la invasión de técnicas e ideas modernas no puede ayudar, sino minar los viejos regímenes tribales, porque rompen las condiciones sobre las cuales ellos se apoyan y crean nuevas fuerzas que se les oponen para reemplazarlos.

Un poder primitivo puede afirmarse rápidamente sobre uno más moderno, ganando renovada vitalidad, y puede también aparecer por un tiempo como superior al otro. Pero el poder menos desarrollado llevara una existencia esencialmente parásita y no podrá sostenerse indefinidamente a expensas del mas desarrollado. Carece de adecuado terreno y atmósfera para su crecimiento, mientras las instituciones mas desarrolladas no solo son superiores por naturaleza, sino que además, pueden contar con un favorable ambiente para su expansión.

 

ESCLAVITUD Y CAPITALISMO

El desarrollo de la esclavitud en Norteamérica da una excelente ilustración de esta dialéctica. Desde el punto de vista de la historia mundial, la esclavitud fue un anacronismo desde su nacimiento en este continente. Como modo de producción pertenecía a la infancia de la sociedad de clases; había desaparecido prácticamente de la Europa Occidental. Sin embargo, la importancia de las demandas por parte de Europa Occidental, de materias primas como el azúcar, índigo y tabaco, combinada con la carencia de trabajadores para llevar a cabo operaciones agrícolas en gran escala, obligaron a implantar la esclavitud en Norteamérica . La esclavitud colonial creci6 como un brazo del capitalismo comercial. De esta manera un modo de producción y una forma de propiedad superadas mucho tiempo atrás, surgió de nuevo como consecuencia de las exigencias de un sistema más moderno y formó parte de el.

Esta contradicción se agudizo cuando el surgimiento del capitalismo industrial en Inglaterra y los Estados Unidos incrementó la producción de algodón de los estados del Sur hasta un lugar de primer rango en la vida económica y política de Norteamérica. Durante décadas los dos sistemas opuestos funcionaron como equipo. Cuando estalló la guerra civil norteamericana, rompieron. El sistema capitalista-que en una etapa de su desarrollo alentó el crecimiento de la esclavitud-creó en otra una nueva combinación de fuerzas que la destruyó.

La formación combinada de lo viejo y de lo nuevo, de lo mas bajo y lo mas alto, de la esclavitud y el capitalismo, demostró no ser permanente ni indisoluble; fue condicional, temporaria, relativa. La asociación forzada de las dos tendía hacia la disociación y un conflicto creciente. Si una sociedad marcha hacia adelante, la ventaja preponderante corresponderá, a larga escala, a la estructura superior, la cual prosperará a expensas de características inferiores, superándolas y dislocándolas eventualmente.

 

LA SUSTITUCION DE LAS CLASES

Una de las consecuencias más importantes y paradójicas del desarrollo desigual y combinado es la solución de los problemas de una clase a través de otra. Cada etapa del desarrollo social genera, pone y resuelve sus propios complejos específicos de tareas históricas. El barbarismo, por ejemplo, desarrollo las técnicas productivas del cultivo de las plantas, del pastoreo de animales y la labranza, como ramas de su actividad económica. Estas actividades fueron también prerrequisitos para suplantar al barbarismo por la civilización.

En la época burguesa, la unificación de provincias separadas en estados centralizados nacionales y la industrialización de estos estados fueron tareas históricas planteadas por el surgimiento burgués. Pero, en cierto numero de países, el bajo desarrollo de la economía capitalista y la consiguiente debilidad de la burguesía hace insostenible el logro de estas tareas históricas de la burguesía. En el corazón de Europa, por ejemplo, la unidad del pueblo alemán fue lograda desde 1866 hasta 1869 no por la burguesía o la clase obrera, sino por una casta social ya superada, los terratenientes Junkers prusianos, encabezados por la monarquía Hohenzollern y dirigida por Bismark. En este caso la tarea histórica de la clase capitalista fue llevada a cabo por fuerzas precapitalistas.

En el presente siglo China representa otro ejemplo opuesto, en un nivel histórico mas alto. Bajo la doble explotación de sus viejas relaciones feudales y de la subordinación imperialista, China no podía ser unificada ni industrializada. Se necesito nada menos que una revolución proletaria (aunque deformada en sus comienzos) que, apoyándose en una insurrección campesina? allano el camino para la solución de estas tareas burguesas largamente postergadas. Hoy día China esta unificada por primera vez y se esta industrializando rápidamente. Sin embargo, estas tareas no han sido llevadas a cabo por fuerzas capitalistas o precapitalistas, sino por la clase obrera y bajo su propia dirección. En este caso, las tareas no completadas de la abortada era de desarrollo capitalista han sido realizadas por una clase postcapitalisla.

El desarrollo extremadamente desigual de la sociedad hizo necesario este cambio de roles históricos entre las clases: la grandiosidad de la etapa histórica hizo posible la substitución. Como Hegel señalo, la historia a menudo recurre a los mecanismos más indirectos y astutos para lograr sus fines.

Uno de los mayores problemas que dejo sin resolver la revolución democrático-burguesa de los Estados Unidos fue la abolición de los viejos estigmas de la esclavitud, con la integración sin restricciones de los negros en la vida norteamericana. Esta tarea fue parcialmente solucionada por la burguesía industrial del norte durante la guerra civil. Este fracaso de la burguesía industrial ha sido igualmente una gran fuente de problemas y dificultades para sus representantes. La cuestión que ahora esta planteada es si los actuales gobernantes capitalistas ultrarreaccionarios de USA podrán llevar a cabo una tarea nacional que fueron incapaces de completar en su época revolucionaria.

Los portavoces de los demócratas y republicanos consideran necesario decir que ellos podrán de hecho cumplir esta tarea; los reformistas de todo pelaje juran que el gobierno burgués podrá hacerlo. Es nuestra opinión, sin embargo, que solo la lucha conjunta del pueblo negro y las masas obreras contra los gobernantes capitalistas será capaz de batallar contra los restos de la esclavitud hasta su conclusión victoriosa. En ese sentido, la revolución socialista completara lo que resta realizar de la revolución democratico-burguesa.

 

LOS CASTIGOS DEL PROGRESO Y LOS PRIVILEGIOS DEL ATRASO

Aquellos que hacen un culto del progreso puro creen que altos logros en un número de campos presuponen equivalente perfección en otros. Muchos norteamericanos sacan la conclusión inmediata de que los Estados Unidos sobrepasan al resto del mundo en todas las esferas de la actividad humana, justamente porque así ocurre en tecnología, producci6n material y standard de vida. Sin embargo, en política y filosofía, para no mencionar otros campos, el desarrollo general de Estados Unidos no ha ido mas allá del siglo XIX, mientras que países de Europa y Asia, mucho menos favorecidos económicamente, están mucho mas allá que USA en estos campos.

En los últimos años de su gobierno, Stalin trató de imponer la noción de que solamente “cosmopolitas sin raíces” podían sostener que el oeste superaba a la URSS en alguna rama del esfuerzo humano desde las invenciones mecánicas hasta la ciencia de la genética. Esta expresión del nacionalismo “pan ruso” no fue menos estúpida que la concepción occidental de que nada superior puede provenir del barbarismo asiático de la Unión Soviética.

La verdad es que cada etapa del desarrollo social, cada tipo de organización social, cada nacionalidad, tiene sus virtudes y defectos esenciales, ventajas y desventajas. El progreso tiene sus castigos: hay que pagar por él. Avances en ciertos terrenos pueden significar retrocesos en otros. Por ejemplo, la civilización desarrolló el poder de producción y la riqueza del genero humano sacrificando la igualdad y la fraternidad de las sociedades primitivas que suplantó. Por otro lado, bajo ciertas condiciones el atraso tiene sus beneficios. Mas aun, lo que es progresivo en una etapa de desarrollo puede volverse una precondición para el establecimiento de un retraso en una etapa subsiguiente o en un terreno a el ligado. Y lo que es un atraso puede volverse la base para un salto hacia adelante.

Parece ridículo decir a pueblos que están oprimidos por el atraso y están deseando vivamente superarlo, que su arcaísmo tiene sus ventajas. Para ellos el atraso aparece como un mal evidente. Pero la conciencia de este “mal” aparece en primer lugar después que estos pueblos han tomado contacto con formas superiores del desarrollo social. Es el contacto de las dos formas, atrasada y adelantada, lo que demuestra las deficiencias de la cultura atrasada. En la medida en que la civilización es desconocida el salvaje primitivo se mantiene contento. Es solamente la yuxtaposición de los dos la que introduce la visión de algo mejor y alimenta las semillas del descontento. En ese sentido la presencia y conocimiento de la etapa superior se vuelve un motor del progreso.

La critica y condenación resultante de la vieja situación genera la urgencia de superar la disparidad en el desarrollo y lleva a los retrasados hacia adelante por el surgimiento en ellos del deseo de superar a los mas avanzados. Cada persona que conoce lo que es aprender ha sentido esto personalmente.

Cuando los pueblos atrasados hacen nuevas e imperativas demandas, la ausencia de instituciones acumuladas e intermediarias puede ser de un valor positivo, por los pocos obstáculos que se presentan para obstruir el avance y la asimilación de lo nuevo. Si las fuerzas sociales existen y actúan efectiva, inteligentemente y en el momento oportuno, lo que ha sido un castigo puede transformarse en una ventaja.

 

LOS DOS CURSOS DE LA REVOLUCION RUSA

La reciente historia de Rusia da el ejemplo más extraordinario de esta conversión de un castigo histórico en un privilegio. Al comienzo del siglo XX, Rusia era entre las grandes naciones de Europa la más atrasada. Este atraso abrazaba todos los estratos, desde el campesino abajo hasta la dinastía absolutista de los Romanov arriba. El pueblo ruso y sus nacionalidades oprimidas sufrían ambos las miserias del feudalismo decadente y del retraso del desarrollo burgués en Rusia.

Sin embargo, cuando llegó el momento de la solución revolucionaria de estos problemas acumulados, este retraso demostró sus ventajas en muchos terrenos. Primero, el zarismo estaba totalmente alienado de las masas. Segundo, la burguesía era muy débil para tomar el poder en su propio nombre y mantenerlo. Tercero, el campesinado, al no recibir satisfacción de la burguesía, fue obligado a replegarse sobre la clase obrera en busca de dirección. Cuarto, la clase obrera no tenía formas de actividad petrificadas o sindicatos frenadores y burocracias políticas que la hicieran retroceder. Fue más fácil para esta joven y enérgica clase que tenía muy poco que perder y mucho que ganar, adoptar rápidamente la más avanzada teoría, el más claro programa de acción y el mas alto tipo de organización partidaria. La revuelta campesina contra el feudalismo, un movimiento que en el occidente de Europa ha caracterizado el surgimiento de las revoluciones democrático-burguesas, se mezcló con la revolución proletaria contra el capitalismo, exclusiva del siglo XX. Como Trotsky señaló en la Historia de la Revolución Rusa, fue la conjunción de estas dos revoluciones diferentes lo que dio su poder expansivo al alzamiento del pueblo ruso y lo que explica la extraordinaria rapidez de su triunfo.

Pero los privilegios del atraso no son inagotables; están limitados por condiciones históricas y materiales. Efectivamente, el atraso heredado de la Rusia de los zares reaccionó, en la etapa siguiente de su desarrollo, bajo nuevas condiciones históricas y sobre una base social enteramente nueva. Los privilegios previos debieron ser pagados en las próximas décadas por los amargos sufrimientos, privaciones económicas y pérdida de las libertades que el pueblo ruso soportó bajo la dictadura stalinista. El gran atraso que había fortalecido la revolución y propulsado a las masas rusas a la cabeza del resto del mundo, se transformó entonces en el punto de arranque de la reacción política y de la contrarrevolución burocrática, a consecuencia de lo cual la revolución internacional fracasó en la conquista de los países industriales mas avanzados. El atraso económico y cultural de Rusia combinada con el retraso de la revolución mundial, fueron las condiciones básicas que permitieron a la camarilla stalinista romper al partido bolchevique y a la burocracia usurpar el poder político. Por estas razones, el régimen stalinista se convirtió en el más contradictorio de la historia moderna, una coagulación de las más avanzadas formas de propiedad y conquistas sociales surgidas de la revolución, con una resurrección de las más repulsivas características del dominio de clase. Fábricas gigantes, provistas con la maquinaria más moderna, eran atendidas por obreros a los que, al igual que a siervos, no se les permitía dejar sus lugares de empleo; aeroplanos que volaban por intransitables caminos llenos de barro; una economía planificada que funcionaba junto a campos “de trabajo esclavo”; colosales avances industriales paralelos a la regresión política; en fin, el prodigioso crecimiento de Rusia como poder mundial, acompañado por una igualmente prodigiosa decadencia interna del régimen.

Sin embargo, el desarrollo dialéctico de la revolución rusa no se detuvo en ese punto. La extensión de la revolución al oriente de Europa y Asia, después de la segunda guerra mundial, la expansión de la industria soviética y el ascenso en numero y nivel de cultura de los obreros soviéticos, prepararon condiciones para una transformación de las viejas tendencias, el renacimiento de la revolución sobre una etapa mas alta y la decadencia y parcial superación del azote del stalinismo. La primera manifestación de ese movimiento hacia adelante de las masas en Rusia y sus satélites, con la clase obrera en su dirección, ha sido ya anunciada al mundo.

Desde el discurso de Kruschev a la revolución húngara, se ha producido una serie continua de acontecimientos que demuestra la dialéctica del desarrollo revolucionario. A cada paso de la revolución rusa, podemos ver la interacción de su atraso y progreso con su conversión de uno en el otro, de acuerdo a las circunstancias concretas del desarrollo internacional y nacional. Solamente la comprensión de la dialéctica de esos cambios puede darnos una pintura exacta del desarrollo extremadamente complejo y contradictorio de la URSS, durante los 40 años de su existencia revolucionaria. Las docenas de ultrasimplificadas caracterizaciones de la naturaleza de la moderna sociedad rusa que sirven solo para confundir al movimiento revolucionario, derivan de una falta de comprensión de las leyes de la dialéctica, y del uso de métodos metafísicos en el análisis del proceso histórico.

La ley del desarrollo desigual y combinado es una herramienta indispensable para analizar la revolución rusa y para precisar su crecimiento y decadencia a través de sus complejas fases, sus triunfos, su degeneración y su próxima regeneración.

 

Escrito: Escrito en 1957 bajo el seudónimo “William F. Warde”.
Historial de publicación: “Uneven and Combined Development in History”, en la revista Labour Review.  En 1957 fue republicado como pamfleto con el titulo The irregular movement of history: the Marxist law of the combined and uneven development of society por New Park Publications en Nueva York y por la imprenta de A. Bandara para Spark Publishers en Colombo – Sri Lanka.  En 1965 el SWP de los EEUU, a través de su editorial, Pioneer Publishers, lo volvió a publicar con el título Uneven and Combined Development in History, y al año siguiente lo volvió a hacer a través de su Meritt Publishers.
Edición en castellano: George Novack, La ley del desarrollo desigual y combinado de la sociedad, Editorial Pluma, Bogotá, 1974.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2012.

200.000 protestan por el encarcelamiento de líderes nacionalistas catalanes en Barcelona

por Paul Mitchell //

El encarcelamiento esta semana de líderes de las principales organizaciones separatistas en Cataluña —Jordi Sànchez de la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y Jordi Cuixart de Òmnium Cultural— se encontró con manifestaciones en toda Cataluña que culminaron en una protesta de 200.000 personas en Barcelona la noche del martes.

El encarcelamiento de los dos marca los primeros encarcelamientos de presos políticos desde el final de la dictadura fascista del general Francisco Franco.

Se ha programado una movilización masiva para el sábado por la tarde pidiendo su liberación. Hay conversaciones sobre otra “huelga nacional” por parte de la “Junta para la Democracia”, que comprende a 60 organizaciones, entre ellas los sindicatos ANC, Òmnium Cultural, UGT y CCOO y las organizaciones paraguas de empleadores, CECOT y PIMEC.

Sánchez y Cuixart se encuentran en espera de investigación de cargos falsos de sedición, que tienen una sentencia máxima de 15 años de prisión. Están acusados de organizar manifestaciones el 20 y 21 de septiembre, que intentaron evitar las redadas policiales contra organizaciones que promovían el referéndum sobre la independencia catalana del primero de octubre.

Los arrestos se produjeron luego de semanas de represión sostenida por el gobierno del Partido Popular (PP) del presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Funcionarios del gobierno catalán han sido arrestados, decenas de sitios web cerrados, millones de carteles y folletos confiscados, impresos y periódicos buscados, reuniones prohibidas y cientos de alcaldes amenazados con enjuiciamiento por apoyar el referéndum.

El primero de octubre, el gobierno del PP envió decenas de miles de policías en un intento fallido por evitar el referéndum. Las redes sociales se vieron inundadas por imágenes de guardias civiles que se abrieron paso en los lugares de votación, agarraron urnas y golpearon a votantes pacíficos e indefensos, cientos de los cuales resultaron heridos. Se ha azuzado una histeria nacionalista, de orden público y se alientan las protestas de la extrema derecha.

Hoy, a las 10 de la mañana, el presidente regional catalán, Carles Puigdemont, debe “aclarar” si ha declarado o no la independencia, tras su declaración de la semana pasada en la que reafirmó el derecho de Cataluña a la independencia, pero que no se declararía durante varias semanas para permitir negociaciones con Madrid.

Si no niega la declaración de independencia, muchos informes sugieren que el Consejo de Ministros de Rajoy invocará medidas en virtud del artículo 155 de la Constitución española, rutinariamente descrita como la “opción nuclear”, que suspende la autonomía catalana. Tal paso sienta las bases para imponer el gobierno directo desde Madrid a través de la intervención militar.

Según los informes de los medios, el parlamento regional se disolverá y se creará una “autoridad gubernamental de transición”, integrada por tecnócratas nombrados que asumirán el funcionamiento de los diversos ministerios catalanes.

Puigdemont podría continuar como presidente del gobierno regional, pero se lo despojaría de sus poderes. El vicepresidente Oriol Junqueras, responsable de las finanzas de la Generalitat —y culpado por la pérdida de inversiones en Cataluña y de las empresas que reubicaban sus sedes— podría ser destituido. Es probable que Junqueras y otros funcionarios sean detenidos y encarcelados como lo han sido Jordi Sánchez y Jordi Cuixart.

El siguiente paso, según los informes, sería celebrar nuevas elecciones en Cataluña. Estas no serían convocadas por el gobierno regional como normalmente es el caso, sino bajo el control de Madrid. Que a los partidos que piden la independencia se les permita presentarse a las elecciones es cada vez más improbable, ya que aumentan las exigencias de que se los prohíba.

El gobierno no habla abiertamente actualmente de la intervención militar, pero se enviaron tropas logísticas para apoyar a las unidades de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en Cataluña y se publicaron detalles del plan de despliegue de tropas de “Cota de Malla” junto con los comentarios de figuras militares.

Rajoy viajará el jueves por la tarde a Bruselas para participar en la cumbre del Consejo Europeo de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea (UE). La UE ha declarado consistentemente que la sucesión catalana es una crisis “interna” que España debe resolver dentro de los límites establecidos por su Constitución, una visión tomada por la administración Trump en Estados Unidos. La represión del PP goza del apoyo de la UE y los Estados Unidos porque estos temen que la UE y la alianza de la OTAN se fragmenten en un mosaico de miniestados competidores.

Con ese fin, Cataluña ni siquiera aparece como un artículo oficial en la agenda de la cumbre. “No tenemos la intención de incluirlo en la agenda, pero, por supuesto, si el presidente Rajoy quiere hablar sobre eso, lo reflejaremos en la agenda”, dijo un alto funcionario europeo.

El Secretario General del Partido Socialista (PSOE), Pedro Sánchez, también está visitando Bruselas. Su papel principal es cubrir al PP e intentar contrarrestar las representaciones de las medidas represivas que promulga el Estado español. El miércoles se reunió con el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, la Alta Representante de Política Exterior, Federica Mogherini, y con el presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, Giani Pittella, antes de participar en una conferencia organizada por la facción Socialdemócrata Europea. Hoy se reunirá con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude-Juncker.

La implacable fuerza de las medidas estatales policiales impuestas en Cataluña por el gobierno del PP, que rige sobre el quinto país capitalista supuestamente democrático de Europa, es una advertencia para los trabajadores y jóvenes en todo el continente e internacionalmente. La luz verde dada a la represión del PP, apoyada por el partido derechista Ciudadanos y el PSOE por parte de la UE y los EUA es una confirmación adicional de que la élite gobernante global no tolerará ninguna oposición a sus políticas contrarrevolucionarias sociales.

Lo que está sucediendo en Cataluña se convertirá en el punto de referencia para la regla en toda Europa.

El rápido resurgimiento de tales medidas represivas en un país, que el PSOE y el Partido Comunista insistieron en haber resuelto su amarga historia del siglo XX de la lucha de clases, la revolución y la dictadura a través de la “transición a la democracia”, tras la muerte de Franco en 1975, es una expresión gráfica del colapso del orden capitalista global posterior a la Segunda Guerra Mundial.

El acuerdo político inventado durante la Transición se ha desintegrado. El PSOE, el principal partido de gobierno de la élite gobernante española en el período posterior a Franco, ha quedado desacreditado por décadas de políticas de austeridad y guerra.

La cuestión crítica es la movilización política de toda la clase obrera española y europea en la lucha contra el retorno al gobierno estatal policial y cualquier intento de movilizar al ejército.

Los trabajadores y los jóvenes en Cataluña, en toda España y en todo el continente deben exigir el fin de la brutal represión que se está llevando a cabo en Cataluña. Todas las tropas y las fuerzas gubernamentales deben ser retiradas de Cataluña y los que permanecen cautivos como prisioneros políticos liberados inmediatamente.

La oposición a la represión estatal no se puede montar bajo los auspicios de los partidos gobernantes en Madrid o los nacionalistas catalanes, que son incansablemente hostiles a la clase trabajadora.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional insiste en que la única política viable contra el peligro de la guerra y la dictadura es luchar por unificar a la clase obrera en España y Europa en una lucha contra el capitalismo y por la reorganización socialista de la sociedad. Esto solo puede llevarse a cabo en la lucha revolucionaria contra todas las facciones burguesas españolas, ya sea en Madrid o Barcelona.

Es imposible que gane Piñera

por Gustavo Burgos//

Aunque las encuestas lo estén dando como ganador desde hace más de un año, es imposible que Piñera gane las elecciones. Podrá imponerse en las urnas -que es algo que está por verse- pero lo que resulta ineludible es que el proyecto piñerista está derrotado y no hay forma que reflote las expectativas que generó su primer gobierno.  Seguir leyendo Es imposible que gane Piñera

EEUU: Washington bulle con rumores de un “golpe palaciego” contra Trump

por Joseph Kishore//

Washington se encuentra sumido en una crisis política sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos. En medio de conflictos faccionales cada vez más enconados fracturando la cúpula del Estado, aumenta la especulación de que podría haber discusiones tras bastidores entre miembros del gabinete y altos funcionarios para forzar la salida del presidente Donald Trump.

La guerra política dentro del Gobierno de Trump y el Partido Republicano se intensificó esta semana después de que el senador Bob Corker, presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, declarara que las amenazas de Trump contra Corea del Norte estaban conduciendo a EUA “por el camino de una Tercera Guerra Mundial”. Corker tuiteó que la Casa Blanca es “una guardería para adultos”, con el presidente siempre necesitando supervisión.

La cadena NBC reportó que el secretario de Estado, Rex Tillerson, llamó a Trump un “idiota” después de una reunión en junio entre el presidente y jerarcas militares, durante el cual el mandatario sugirió multiplicar por diez el arsenal nuclear de EUA. Trump respondió al reportaje amenazando a NBC con ser clausurada. “Es asquerosa la manera en que la prensa puede escribir lo que quiere”, manifestó.

Para la revista Vanity Fair, Gabriel Sherman escribió el miércoles que “una media docena de republicanos prominentes y asesores de Trump… todos describen a la Casa Blanca como en crisis, con los asesores batallando por contener a un presidente que pareciera estar cada vez más desenfocado y consumido por humores sombríos”. Presuntamente, Trump le señaló a su jefe de seguridad desde hace mucho tiempo, Keith Schiller, “¡Odio a todos en la Casa Blanca! Hay algunas excepciones, ¡pero los odio!”.

Sherman informa que el personal de alto rango de la Casa Blanca está preocupado de cómo responderá Trump ante dificultades internas, ejerciendo el control unilateral de enviar armas nucleares con Corea del Norte. “Un exoficial incluso especuló de que [el jefe de personal de la Casa Blanca, John] Kelly y el secretario de defensa, James Mattis, ya han discutido qué hacer en caso de que Trump ordene un primer ataque nuclear. ‘¿Lo confrontarían?’, dijo”.

Varios columnistas, probablemente reflejando discusiones que están tomando lugar dentro del Gobierno, han mencionado la posibilidad de destronar al mandatario utilizando la Vigesimoquinta Enmienda de la Constitución de EUA, la cual estipula que el presidente puede ser forzado a renunciar por medio de una mayoría de su gabinete si se llega a ser mental o físicamente “imposibilitado para ejercer los poderes y obligaciones de su cargo”.

Jennifer Rubin, que edita la sección conservadora “Giro a la derecha” del diario Washington Post, preguntó por medio de un titular en su última columna, “¿En qué momento entramos en territorio de la Enmienda XXV?”. Su conclusión: pronto. En otro artículo para el Post publicado el miércoles, declaró: “Una destitución probablemente no nos salvará de Trump. Pero, la Enmienda XXV podría hacerlo”. Ambas columnas siguieron un editorial del mismo Washington Post titulado “Qué hacer con un presidente no apto”, donde presentan la posibilidad de derrocarlo.

Detrás de estos conflictos hay divisiones profundas dentro de la burguesía por cuestiones críticas respecto a políticas tanto internacionales como nacionales. En particular, las imprudentes amenazas de Trump contra Corea del Norte han inquietado a secciones importantes del Departamento de Estado y el Pentágono. Una guerra con Corea resultaría en la destrucción de millones de vidas y conllevaría a una confrontación directa con China y Rusia, detonando así, como Corker lo puso, la Tercera Guerra Mundial. Pero incluso peor que la pérdida de vidas, desde el punto de vista de los oponentes de Trump, sería el daño irreparable que le ocasionaría una guerra a la reputación internacional del país.

Sean cuales fueren los motivos detrás de las discusiones secretas sobre la posibilidad de un golpe palaciego, tal conspiración —independientemente de su eventual éxito o fracaso— le martillaría el último clavo al ataúd de la democracia estadounidense.

Sin lugar a dudas, Trump se resistiría encarnizadamente a los pasos que se tomen para destituirlo. En el transcurso de un conflicto febril como este, tanto los simpatizantes como oponentes del mandatario apelarían a los militares y a las agencias de inteligencia por su apoyo.

Sin importar cuál facción prevalezca, el aparato militar y de inteligencia tomaría la última decisión en cuanto al destino político de EUA. Más allá, tras un derrocamiento, el archirreaccionario vicepresidente Mike Pence se convertiría en presidente.

Por su parte, los demócratas han respondido a la crisis profundizando su campaña neomccarthista sobre la presunta intervención rusa en la política estadounidense, la cual ha trasladado su enfoque de que Rusia impulsó a Trump en las elecciones a que está “sembrando discordia” en la sociedad estadounidense. De este modo, están desarrollando los argumentos para legitimar la censura y el control estatal del Internet y vilipendiar toda oposición social y política como un producto de la intervención nefaria de un “enemigo extranjero”.

Como lo advirtió el WSWS en junio, los métodos empleados por los oponentes de Trump dentro de la burguesía, “son fundamentalmente antidemocráticos, lo que implica una conspiración con grupos dentro de dicha facción de capitalistas y la élite militar y de inteligencia”.

Los críticos de Trump dentro de la élite corporativa y financiera están buscando desesperadamente alguna forma de responder a la amplia gama de crisis globales para las cuales no tienen una solución, sean geopolíticas, económicas, militares o sociales. Trump no es la causa, sino un síntoma extremo de la desorientación y desesperación de la clase gobernante.

Esta situación no puede extenderse por mucho tiempo más. La crisis de dominio burgués tiene como consecuencia la expansión de la lucha de clases. Como lo escribió el Partido Socialista por la Igualdad en su declaración de junio, “Un golpe palaciego o la lucha de clases: la crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera”:

Tanto en EE.UU. como internacionalmente, la interacción entre las condiciones objetivas de la crisis y la radicalización de la conciencia social de las masas está encontrando una expresión en la erupción de la lucha de clases. Las décadas en las que la lucha de clases ha sido reprimida por la burocracia sindical, el Partido Demócrata y los patrocinadores pudientes de diversas políticas de identidad están llegando a su fin. La contrarrevolución social de las élites gobernantes está a punto de tener que enfrentarse a un levantamiento de la clase obrera estadounidense. Las cuantiosas y distintas formas de protesta social —en los lugares de trabajo, las comunidades y de ciudades enteras— tomarán una identidad obrera, una orientación anticapitalista y un carácter socialista cada vez más distintos. Las luchas en fábricas, lugares de trabajo o comunidades individuales se podrán apoyar en luchas unificadas más amplias de la clase obrera.

La cuestión critica es impartirle a este movimiento de la clase obrera una consciencia acerca de sus objetivos, esto con el fin de construir una dirección política que pueda guiar estas luchas, en EUA e internacionalmente, hacia su conclusión lógica y necesaria: el derrocamiento del sistema imperialista y el establecimiento del socialismo.

 

Karl Kautsky: Cristianismo y Socialismo

La famosa introducción escrita por Engels en marzo de 1895, para la nueva edición de Las Luchas de Clase en Francia de 1848 a 1850 de Marx, termina con las siguientes palabras: ʺHace casi mil seiscientos años operaba en el Imperio Romano un peligroso ʺpartido revolucionario. Minaba la religión y todas las bases del Estado; negaba categóricamente que la voluntad del emperador fuese la suprema ley; carecía de patria, era in ternacional; se propagó por todo el reino, desde las Galias al Asia, y aun más allá de los límites del Imperio. Por mucho tiempo había trabajado bajo tierra y en secreto, pe ro de algún tiempo se sentía lo bastante fuerte para salir abiertamente a la luz del día. Este partido revolucionario, conocido con el nombre de Cristianos, tenía también una fuerte representación en el ejército; legiones enteras estaban integradas por cristianos. Cuando se les ordenaba asistir a las ceremonias de sacrificio de la iglesia pagana establecida, para servir como guardia de honor, los soldados revolucionarios llevaban su insolencia hasta el grado de fijar en sus yelmos símbolos especiales —ornees—. Las usuales medidas disciplinarias de cuartel, impuestas por los oficiales, demostraban ser inútiles. El emperador, Diocleciano, no podía ya contemplar tranquilamente aquello y ver cómo el orden, la obediencia y la disciplina estaban minados en el ejército. Promulgó una ley antisocialista; perdón, anticristiana. Las reuniones de los revolucionarios fueron prohibidas, sus lugares de reunión cerrados o demolidos, los símbolos cristianos, cruces, etc., fueron prohibidos, como en Sajonia se prohíben los pañue los rojos de bolsillo. Los cristianos fueron declarados incapaces de ocupar cargos en ol Estado; ni siquiera podían ser cabos. Puesto que en aquel tiempo no había jueces bien ʹentrenadosʹ en lo que respecta a la ʹreputación de una personaʹ, como presupone la ley antisocialista de Herr Koller, a los cristianos simplemente se les prohibía exigir sus derechos ante un tribunal de justicia. Pero esta ley excepcional también resultó inefectiva. En desafío, los cristianos la arrancaron de los muros, más aún, se dice que en Nicomedia incendiaron el palacio del emperador pasando por encima de él. Este se vengó entonces por medio de una gran persecución de su clase. Fue tan efectiva que, diecisiete años después, el ejército se hallaba compuesto en gran parte de cristianos, y el próximo gobernante autócrata de todo elʹ Imperio Romano, Constantino, llamado ʹel grandeʹ por los clericales, proclamó el cristianismo como la religión del Estado. Seguir leyendo Karl Kautsky: Cristianismo y Socialismo

Ricardo Napurí: “Allende tenía miedo a la revolución de las masas”

Entrevista con Ricardo Napurí, ex diputado constituyente y senador peruano de izquierda

Viernes, 27 de septiembre de 2013
El triunfo revolucionario en Cuba fue la mecha que encendió América Latina a finales de los sesenta. El peruano Ricardo Napurí fue uno de los tantos militantes del continente que decidió pasar de la observación a la acción para protagonizar un intento guerrillero en su país. Seguir leyendo Ricardo Napurí: “Allende tenía miedo a la revolución de las masas”

España: Sólo la clase obrera puede derrotar a Rajoy y la monarquía.

por Alejandro Valenzuela y Alex Lantier/

Hay numerosos informes no confirmados de tropas siendo enviadas a Cataluña y regiones cercanas ante una posible declaración unilateral de independencia esta semana.

Los grupos de poder españoles están discutiendo abiertamente invocar el Artículo 116 de la Constitución del país, preparando el marco para imponer ley marcial.

Según fuentes militares citadas por el periódico derechista OkDiario, se movilizaron fuerzas a Aragón y Valencia, regiones adyacentes a Cataluña. Explica que el Gobierno español estima necesarias alrededor de 30 000 fuerzas de seguridad para tomar control de la región y “establecer el orden constitucional ante los insurrectos”. El periódico indica que esta es, “una cifra que en este momento no podría alcanzarse con la actual dotación en Cataluña: algo más de 8000 agentes de Policía Nacional y Guardia Civil”.

Según el artículo, las divisiones siendo desplegadas incluyen la División Castillejos (antigua Fuerza de Acción Rápida), que consiste en tres brigadas (la aerotransportable, paracaidista y la Legión) con un total de tres mil tropas, junto con el Regimiento de Infantería Acorazada Alcázar de Toledo de 300 tropas y 44 tanques. Además, se reporta que Madrid está movilizando los grupos de Operaciones Especiales de la Armada, análogos a los Navy Seal estadounidenses.

El número de tropas que otras fuentes estiman se encuentra entre 12 000 y 16 000.

La Tribuna de Cartagena señaló que el buque Navarra, escoltado por dos buques antiminas estaba en marcha hacia Barcelona completamente equipado y con tropas y llegaría al puerto de Barcelona el 8 de octubre, un día antes de la previamente programada declaración de independencia por el Parlament de Cataluña. Según un comunicado del Ministerio de Defensa, los buques están participando en el Show Internacional de Botes de Barcelona.

Al mismo tiempo, la OTAN ha organizado un ensayo de entrenamiento denominado “Ángel Guardián” con seiscientos policías militares de España y otros nueve Estados miembros de la OTAN. Según el sitio web del ejército español, estos ejercicios buscan entrenar a policías militares en la gestión de los puestos de comando durante operaciones y allanamientos, escoltar y proteger a las autoridades, neutralizar personal armado hostil dentro de las instalaciones militares y control de masas.

El artículo 116 involucra el despliegue de militares y permite la suspensión de varios derechos democráticos, incluyendo los derechos a la libre expresión y a la huelga. Además, permite arrestos preventivos. La suspensión de estos derechos armaría al Estado con poderes policiales vastos que el ejército podría utilizar para aterrorizar a toda la clase obrera, como el régimen franquista lo hizo entre 1939 y 1977.

La Asociación de Militares Españoles (AME) publicó una declaración defendiendo el discurso del rey Felipe VI en la que el monarca denunció el referéndum independentista catalán y demandó que el Estado español tomara control de la región. Este documento describe el discurso como “impecable” porque Felipe VI pudo comunicar “de manera clara, concisa, rotunda cuál es la línea a seguir en estos momentos difíciles y complejos”.

La AME le exige al presidente español del Partido Popular (PP), Mariano Rajoy “la defensa sin fisuras de la unidad de España, su integridad territorial y su soberanía nacional”.

La Unión Europea ha declarado su apoyo a las severas medidas militares siendo preparadas. Durante el debate el miércoles pasado en el Parlamento Europeo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, declaró que es “un deber de todo Gobierno hacer valer el derecho y a veces esto requiere un uso de fuerza proporcional”.

Lo respaldaron dirigentes de tanto partidos conservadores, como socialdemócratas y liberales.

Las implicaciones de tales comentarios fueron destacadas por el comisionado de la Unión Europea de Alemania, Günter Oettinger, quien advirtió el viernes: “Hay una guerra civil imaginable ahora en el medio de Europa”. Sólo después pidió el siguiente deseo, “Uno sólo puede esperar que pronto se pueda ver una línea de conversación entre Madrid y Barcelona”.

La prensa española está desempeñando su parte en allanarle el camino a una intervención militar. Esto lo ha hecho mediante una campaña para deshumanizar a los nacionalistas catalanes y, en algunos casos, a toda la población catalana. No pasa ni un día en el que la prensa no describe los acontecimientos en Cataluña como una “insurrección”, un “golpe de Estado”, una “rebelión” o una “traición” que tiene que ser aplastada.

Los nacionalistas catalanes son acusados de indoctrinar a niños y enviarlos al frente de las protestas para ser atacados por las fuerzas policiales. La Policía Nacional y la Guardia Civil, quienes hirieron a ochocientos manifestantes pacíficos el domingo, están siendo retratados como oficiales indefensos y hostigados por protestantes frente a sus hoteles y residencias temporales. Al mismo tiempo, describen a la policía regional, los Mossos d’Esquadra, como traicioneros y desleales. El partido secesionista Esquerra Republicana de Cataluña y el secesionista pseudoizquierdista Candidatura d’Unitat Popular (CUP) están siendo atacados constantemente, con artículos describiéndolos como el “cáncer para la sociedad catalana” (ABC) y pidiendo su “decapitación… y su arrinconamiento en el basurero de la historia” (El Español).

Un lenguaje de tendencia fascista como tal fue empleado en vísperas de una manifestación instigadora el domingo llamada por el PP y la antisecesionista Sociedad Civil Catalana, una organización con vínculos con la extrema derecha. Respaldados tanto por Ciudadanos como por el Partido Socialista, y promovidos ampliamente por la prensa con sede en Madrid, fueron transportados nacionalistas anticatalanes y ultraderechistas de toda España a Barcelona.

El carácter ultraderechista de la demonstración fue reconocido por sus organizadores.

En una entrevista con El Confidencial, Javier Megino, vicepresidente del movimiento D’Espanya i Catalans, aceptó que iban a haber neofascistas y ultraderechistas presentes, como sucedió en una demonstración contra la independencia de Barcelona hace dos semanas. Cuando se le preguntó si generarían violencia, Megino respondió: “cuando juntas a tantas personas, es imposible controlarlos a todos”.

Esta protesta evidentemente no procura representar a la “mayoría silenciosa” de la población catalana que se opone al independentismo, como lo representa la prensa. En cambio, buscan provocar una confrontación entre fuerzas independentistas catalanas y fascistas que el Gobierno buscará explotar para justificar una represión.

El peligro político grave es que la clase trabajadora en España y alrededor del mundo no está siendo movilizada en contra de las medidas represivas siendo alistadas por Madrid.

En este punto de quiebre, los obreros catalanes y españoles tienen que evaluar las fuerzas políticas que dicen defenderlos.

El primer ministro regional, Carles Puigdemont, continúa llamando al diálogo, una opción rechazada por Rajoy, quien lo ha declarado un criminal. El viceprimer ministro, Oriol Junqueras, está preocupado primordialmente con los anuncios de varios bancos y compañías importantes, como el Banco Sabadell, CaixaBank, el gigante energético Gas Natural, Abertis, la firma de biotecnología Oryzom y la corporación de telecomunicaciones Eurona, de que se están yendo de Cataluña por temor ante lo que depare el impulso independentista en el futuro.

La legisladora de la CUP, Eulàlia Reguant, le comentó al diario catalán Nació Digital que su partido está trabajando en un plan para tomar control del territorio catalán, incluyendo puertos y aeropuertos, mediante la aprobación de un proyecto de ley que haga que los 17 000 Mossos “dejen de ser policía de la justicia española”.

El pseudoizquierdista Podemos insiste en sus llamados de diálogo, mientras crean ilusiones en un Gobierno conjunto con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como alternativa para el PP, incluso cuando el PSOE decidió participar en la protesta ultraderechista del domingo y está colaborando con Rajoy en la preparación de una intervención violenta.

Basándose en una denuncia del Partido Socialista de Cataluña, la sección regional del PSOE, el Tribunal Constitucional de España prohibió la sesión del lunes en el Parlament, en el que se esperaba que los partidos secesionistas declararan la independencia unilateralmente.

Después de un cuarto de siglo de guerra imperialista y austeridad de la UE desde que la burocracia estalinista disolviera la Unión Soviética, la democracia europea está en su punto de ruptura. Una década de profunda austeridad desde el crack de Wall Street de 2008, que llevó el desempleo español al 20 por ciento, ha destrozado la economía española y ha desprestigiado a su élite gobernante. En medio de una crisis profunda del régimen post-franquista en España, y mientras la clase gobernante ataca salvajemente los derechos democráticos en diferentes países de Europa, la burguesía española está usando la crisis catalana para volver a un régimen autoritario.

Hay que oponerse a los planes de Madrid para un derramamiento de sangre en Cataluña. La cuestión crítica es la movilización políticamente independiente, revolucionaria, de la clase trabajadora, no solo en Cataluña sino en toda España y en toda Europa, en una lucha contra la amenaza de guerra civil y de dictadura de Estado policial y por el socialismo.

Para ello es necesario romper conscientemente con Podemos y con los nacionalistas catalanes, que han trabajado durante el período precedente para confundir y desarmar a la oposición de la clase trabajadora, a pesar del descontento social explosivo. Mientras las masas de la juventud y de los trabajadores participaron en la huelga de protesta de un día del martes en Cataluña, CCOO y UGT, cercanas a Podemos y al PSOE respectivamente, tuvieron cuidado de no movilizar en absoluto a los trabajadores españoles de fuera de Cataluña.

La crisis catalana ha expuesto en particular la bancarrota de Podemos. Alentó sin parar ilusiones en el PSOE, que rápidamente está pasando a respaldar la represión en Cataluña desde el discurso del rey, exigiendo al PSOE que forme un gobierno conjunto para desbancar a Rajoy. Ante la capitulación del PSOE a Rajoy, Podemos está ahora estimulando ilusiones en el propio PP —aunque se avecine una sangrienta represión militar, y aunque Rajoy indique que no tiene intenciones de negociar con Barcelona.

En cuanto a los nacionalistas catalanes, que han dirigido una serie de gobiernos austeros en Cataluña que aplastó varias huelgas de trabajadores del transporte y del aeropuerto, sus planes reaccionarios de entablar vínculos con la UE y negociar con Madrid la formación de un Estado capitalista catalán están en ruinas.

Ante la posibilidad de represión militar, se informa que el pánico está cundiendo entre los simpatizantes de Puigdemont. Entre los nacionalistas catalanes de Barcelona, el diario de esa ciudad La Vanguardia escribía, “Una fuerte sensación de vértigo recorre toda la sociedad, perforando los entusiasmos militantes, las visiones revolucionarias, las indignaciones mayúsculas, los ardores patrióticos…”. Añadió que “la severidad y la contundencia” del discurso del Rey “han acentuado esa sensación de vértigo: el temor a que la escalada en curso acabe en catástrofe”.

Incapaces de movilizar una más amplia oposición a la represión de Madrid en la clase trabajadora española, y hostiles a ello, la política pro-capitalista de los nacionalistas catalanes solo sirve para dividir a los trabajadores mientras es inminente un ataque sangriento desde Madrid. Está en la hora del día, la clase obrera catalana, apoyándose en el conjunto de la clase obrera española debe desplegar las banderas de la república y el socialismo, únicas divisas bajo las cuales podrá ser derrotarse la conjura burguesa y fascista que encabezan hoy Rajoy y Felipe VI. Los reformistas proburgueses del PSOE y Podemos han dejado a las claras que su política de “diálogo” sólo persigue ganar tiempo para viabilidad la derrota de la causa independentista y salvar a la burguesía española y por su intermedio a la Unión Europea.

A defender la causa catalana, la república y el socialismo.

 

El socialismo en la obra y la vida del Che

por Juan Valdés Paz//

Las diversas biografías de que disponemos sobre Ernesto Che Guevara se han caracterizado por subestimar el estudio de su pensamiento1 a pesar de tratarse de una de las figuras históricas en quien la consecuencia entre sus ideas y su conducta se nos manifiesta con mayor fuerza. Se hace de notar la falta de una biografía intelectual que dé cuenta de la formación y evolución de sus ideas en los distintos contextos de su azarosa existencia y como parte inseparable de su extraordinaria personalidad.

Precisamente, un rasgo señalado por todos sus biógrafos ha sido su fuerte vocación intelectual, que finalmente se plasmaría en una brillante reflexión sobre la práctica y la teoría revolucionaria. Es importante señalar que en esa biografía intelectual será necesario distinguir periodos cuyos criterios de demarcación suelen coincidir aproximadamente con importantes hitos de su vida, a saber: periodo de formación, hasta su involucramiento en la expedición del Granma; marxista leninista, hasta 1961; de marxismo crítico, hasta 1964; y de un marxismo propositivo, entre 1964 y 1966. Por otra parte, esta biografía intelectual del Che podría ser reconstruida de manera genealógica o en una forma retrospectiva. Esta ultima ha sido la utilizada por Manuel Monereo en este muy valioso estudio, al encontrar en la descon truc ción de la ultima obra del revolucionario argentino, El hombre y el socialismo en Cuba, el punto de partida para una interpretación de su pensamiento. Si bien Monereo no ha pretendido realizar una biografía intelectual del Che, su incursión en algunos contextos, su lectura de los distintos, desiguales y dispersos escritos y discursos del Che —aportándoles una unidad de interpretación, situándolos en una perspectiva actual y a la vez en los escenarios y motivaciones de los que surgieron— ha resultado una inestimable contribución a élla.

Che Guevara Con su propia cabeza

Las tesis con que Monereo inicia su estudio a la vez que imponen el sesgo polémico de su trabajo, explicitan la conformación que dará al conjunto de los temas guevarianos, así como la convergencia que hallará en sus distintas líneas de pensamiento hacia sus textos de madurez. La lectura de Monereo contribuye, no obstante cierta sincronía y su evidente simpatía con los ideales del Che, a un cierto distanciamiento critico, tal como se expresa en sus conclusiones.

Algunas de las preguntas centrales a las que debiera responder la biografía intelectual que se demanda, se relacionan con el nivel de conocimiento acumulado por el Che como base de sus reflexiones, así como acerca de las influencias que podemos identificar a lo largo de su desarrollo. En el primer caso, se trata del conocimiento que sobre el mundo, la historia y las sociedades del so cialismo real había alcanzado en sus estudios y observaciones directas; en el segundo, de las corrientes de pensamiento que influyeron en los distintos periodos de su desarrollo.

En ese último caso, cabría identificar el carácter del leninismo incorporado por el Che —evidente en el papel que le asigna a la práctica revolucionaria en la creación de nuevas tendencias y realidades sociales— así como la influencia práctica e ideológica de Fidel Castro, su compañero y jefe en tantos años compartidos de enormes desafíos y continuadas luchas.

La interpretación del pensamiento del Che, su lectura, ha de partir de la dificultad de agotar, de una sola vez, sus sentidos; tam bién, de las tensiones que a sus concepciones impone el ámbito en que se apliquen, sea Cuba, América Latina, el orden internacional o las experiencias del socialismo real. Cada uno de estos espacios plantea realidades históricas específicas y admiten distintos niveles de generalización. Por otra parte, esa lectura del Che necesitaría del dominio de su biografía y de los referentes reales de su pensamiento como elementos indispensables a una hermenéutica de sus ideas.

Cabe observar que para algunos autores como Kiva Maidanik, en algunos temas guevarianos subyace la tesis leninista de una practica política orientada a acelerar el proceso histórico. Monereo encuentra en su lectura una dimensión mas precisa de la percepción del Che sobre la coyuntura histórica, sobre la correlación de fuerzas en el escenario mundial y regional de los sesenta. Se trataba de una situación transitoria que imponía al movimiento revolucionario “prisas” en su práctica y en su teoría. Con su lectura Monereo nos da una versión más rica de los condicionamientos de ese pensamiento cuyo desafío no era que pudiese empujar la historia, sino apenas aprovechar sus oportunidades.

1. EL CHE COMO PENSADOR

El Che ha sido identificado como un pensador de la praxis, es decir, como uno que piensa la revolución que hace y hace la revolución que piensa. Pero la sola intención de transformar al mundo nos interroga más concretamente sobre el mundo que que remos instaurar y sobre los medios o maneras de cambiar aquel realmente existente. Al respecto, el Che nos revela en su lectura el paulatino abandono de su “sueño dogmático” y la creciente necesidad de repensarlo todo. Esta dimensión dramática de su pensamiento, aunque solo apuntada, no escapa a la lectura de Monereo, quien logra persuadirnos de un despertar del Che aun más re volucionario, si cabe.

Ernesto Che GuevaraEl Che es un racionalista, es decir, su pensamiento se desenvuelve “acorde a principios”, pues aunque en sus ideas pesaron mu cho su experiencia inmediata y convicciones, siempre manifestó la necesidad de un marco general en el cual ubicar al conjunto de su experiencia revolucionaria. Sin embargo, sus reflexiones sobre distintos temas parecieron rebasar con mucho a esas experiencias, caso de sus escritos sobre Cuba, América Latina, los socialismos históricos, etc., Sus ideas mostraron un salto injustificado desde la experiencia que le servía de justificación: a) si eran generalizaciones, porque descansaban sobre experiencias o informaciones insuficientes; b) si parte de totalidades o de formulaciones teóricas generales en las que incluía las experiencias consideradas, porque estas totalidades son construcciones más ricas, connotan mucho mas, y en ellas se incluyen no solo conjuntos de relaciones sociales observadas sino sistemas históricos a los que corresponden ciertas estructuras, instituciones y grupos sociales. Este es el caso de sus ideas sobre la transición socialista. De todas maneras, la justificación de ese salto racionalista se ha llaba en la función de explicar las practicas políticas que eran po sibles y las realidades sociales que eran deseables.

El Che es un pensador marxista, de inclinación subjetivista, es decir integrante de las corrientes de pensadores que como Lukács, Bloch o la Escuela de Francfurt, han enfatizado la importancia de los factores subjetivos en la constitución de una práctica revolucionaria. Pero más importante es identificar al Che como un marxista tercermundista que asume como otros —Ma riátegui, Fa non, Fidel Castro— la insalvable dicotomía que la realidad mundial polarizada en un centro de países desarrollados y dominantes por un lado, y una mayoría de países subdesarrollados y dependientes por el otro, impone al pensamiento social en general y al marxismo en particular. De ella se deriva la necesidad de una vanguardia teórica con una voz y un pensamiento propios.

Ese marxismo de la subjetividad y esa posición tercermundista determinaron el énfasis antropológico de su pensamiento. Monereo ha descubierto en las proposiciones de El Socialismo y el Hombre en Cuba premisas teóricas implícitas en las ideas gue va rianas más tempranas.

Otro aspecto a tener en cuenta en el Che como pensador de la pra xis, es su visión estratégica, su creciente perspectiva mundial en los problemas que estudia. En esta visión se destaca su comprensión geopolítica de los procesos en curso, particularmente en los países centrales. Si bien visto desde los acontecimientos posteriores nos puede parecer que el Che subestimó en sus análisis las capacidades evolutivas del capitalismo y de Estados Unidos, así como sobreestimó las del llamado campo socialista, su percepción de las contradicciones entre el centro —capitalista o socialista— y la periferia del mundo, sobre el imperialismo y acer ca de un diseño internacional de la defensa de Cuba, conserva total validez.

Como a cualquier pensador también cabe interrogar al Che por las condiciones y restricciones bajo las que se desarrolló su pensamiento. En su caso se muestran claramente sus limitaciones personales como alto dirigente político en Cuba y por sus responsabilidades administrativas. También por las políticas puestas en curso por la Revolución Cubana, en cuyo diseño e implementación participó en mayor o menor medida. No menos restrictivo al desarrollo de sus ideas fueron las posiciones de Fidel Castro en los temas de su reflexión. En todo caso, muchas lagunas, omisiones o coincidencias de sus exposiciones públicas tendrían que ver con estas restricciones.

2. ACTUALIDAD DE SU PENSAMIENTO

Cualquier lectura del Che nos plantea la interrogante de la actualidad de su pensamiento. De hecho, se ha debatido mucho sobre la mayor o menor contextualidad de sus ideas; desde aquellos que las caracterizan como expresiones de las circunstancias y acontecimientos de los sesenta, hasta los que pretenden su total vigencia. Algunos autores como Massari (1993) han optado por un balance de las fallas y aciertos presentes en sus diagnósticos y propuestas sobre los escenarios y tendencias de los años sesenta y para los actuales.

Che Guevara

Otra perspectiva, en la que se ubicaría la lectura que nos propone Manuel Monereo, se refiere a la continuidad de los temas guevarianos en la medida en que los cambios mundiales no han suplantado sino profundizado los problemas a los que se enfrentó con su acción y con su pensamiento. Esta continuidad de sus temas, esta cierta universalidad, da cuenta de la creatividad del Che y de la visión estratégica a la que antes nos referimos. Si bien en sus pronunciamientos y escritos podemos encontrar tesis y formulaciones vinculadas a los contextos de su tiempo, éstas u otras aparecen siempre formando parte de un proyecto emancipatorio de largo plazo (AA. VV, 1997).

Es importante destacar en el pensamiento teórico del Che, la centralidad de la economía política, rasgo que lo sitúa en la más estricta tradición marxista. La lectural de Monereo mostraría este carácter. En este sentido, diversos temas tratados por el Che parecerían mantener plena vigencia, a saber:

—El capitalismo como un orden económico basado fundamentalmente en la ley del valor, el mercado y la explotación. Nuestros tiempos de mercado total y explotación global confirmarían esta interpretación.

—Una economía socialista alternativa basada en la regulación democrática de los procesos económicos, la socialización de la producción y las prioridades sociales del desarrollo. Las experiencias del socialismo real y las contradicciones del capitalismo actual sostendrían esta alternativa. Vale observar en este punto que las propuestas del Che tendrían que ser matizadas de cualquier pretensión de un plan total y de cualquier simplificación de la problemática del desarrollo.

—La dependencia económica como un rasgo inseparable de la mayor parte de las sociedades del planeta. Las tendencias contemporáneas no solo estarían reforzando esta condición sino agravándolas con tendencias a la marginalización.

—La centralidad del desarrollo científico técnico en cualquier estrategia de desarrollo capitalista o socialista, central o periférica. La revolución científico-técnica en curso haría mas patente esta condición del desarrollo

—La eficiencia económica, vista como un componente de la eficiencia del sistema social y por ende como un componente de otras resultantes políticas, sociales y culturales. Hoy habría que incluir la resultante ecológica, de manera que la economía deba garantizar no tan solo la subsistencia sino la vida plena.

Otro tema del Che que ya no pareciera tan actual, es el del socialismo, el que si bien puede no ser una alternativa táctica al capitalismo dominante en este comienzo de siglo, sigue siendo la alternativa ética y teórica al mismo. Esta alternativa se presenta inseparable de la superación de las experiencias de los socialismos históricos, así como de la creación de nuevas concepciones de transición socialista. En este tema, la lectura que nos presenta Monereo revela la trascendente aunque inacabada crítica del Che al socialismo real, así como sus concepciones sobre las exigencias de una transición orientada al comunismo. Quizás lo más relevante en esta concepción del socialismo del Che sea la recuperación de la centralidad del hombre en el proyecto socialista y el rescate de la tradición humanista del marxismo.

También resalta en el pensamiento guevariano la centralidad de la política en su concepción de la transición socialista. En ella se hizo patente la influencia leninista con sus nociones de vanguardia organizada, partido, dictadura del proletariado, etc. En este tema, si bien se reveló la sensibilidad democrática del Che en su reclamo de un orden social igualitario y un sistema político que incluyese la participación, el debate, la desburocratización, etc., le faltó, como bien apunta Monereo, un tratamiento del tema de la democracia con la centralidad que le correspondería a una alternativa al capitalismo, como era obligado en cualquier superación de las experiencias socialistas y como se imponía en la evolución de la conciencia universal contemporánea. Queda sin embargo en pie la actualidad de su crítica a una democracia burguesa basada en la explotación, la desigualdad y la enajenación.

La cuestión democrática aparece implícita en otro tema central en el pensamiento maduro del Che, particularmente desarrollado en su ultimo texto de reflexión, El Socialismo y el Hombre en Cuba, pero presente a lo largo de un gran número de sus es critos; nos referimos al tema de la creación de un “Hombre nue vo” como condición y garantía de una sociedad comunista, tema que en parte entronca a su pensamiento con toda la tradición utópica. Solo una sociedad revolucionada puede crear un hombre nuevo, pero ésta es una condición necesaria pero no suficiente. Ese hombre nuevo ha de ser el resultado de un proceso consciente, dirigido y siempre inacabado. La actualidad de este tema se hace patente frente a las tendencias de las sociedades actuales a reforzar el individualismo, la despolitización, la pasividad y el consumismo.

Un último tema a mencionar es el de la conciencia o de la subjetividad en el Che, emparentado con los actuales temas de la re levancia de los factores subjetivos en el proceso social, así como en el papel de los sujetos sociales en la conservación y el cambio del orden existente.

Es conocida la importancia que el Che concedía a la conciencia socializada en la creación de una nueva sociedad alternativa a la del capitalismo y al dominio de la ideología burguesa2. Se trataba de nuevos contenidos de conciencia —capital simbólico diría Bourdieu— integrada por valores y normas fundantes de una ética y una cultura de la igualdad y la solidaridad. Esta nueva conciencia, de los dirigentes y de las masas, debía ser el fundamento de hombres nuevos y de una nueva sociedad. En palabras del Che, el socialismo debe ser “!un hecho de conciencia” y es también “una moral revolucionaria”.

Esa conciencia debía ser un parte de aguas entre dos lógicas: la lógica asentada sobre intereses individuales y la lógica fundada en los intereses colectivos.

Para el Che los procesos de transición al socialismo debían ser conducidos y sustentados por una conciencia revolucionaria de los fines y los medios. El internacionalismo sería un componente inseparable de esta conciencia. La lectura de Monereo contribuye a esclarecer la unidad conceptual que alcanza en Che su concepción del hombre, del sujeto revolucionario y de la conciencia socialista.

3. LEER AL CHE EN ESTOS TIEMPOS

El texto precedente es a la vez una aguda lectura y una invitación a leer al Che. Monereo ha leído al Che desde estos años y para estos tiempos. Alguien ha levantado la incógnita de cual sería su pensamiento frente a los problemas actuales. Se trata de una pregunta superflua pero no sin sentido, si como creo, nos hallamos en un escenario peor que el de los años sesenta en la perspectiva del Che, a saber:

—Los procesos sociales se han “globalizado” y estos se hallan bajo el dominio de políticas neoliberales.

—El sistema internacional ha perdido su correlación de fuerzas y se encuentra hegemonizado por los Estados Unidos como única superpotencia económica y militar.

—La desigualdad entre el centro y la periferia del sistema mundial se ha agravado en todas sus consecuencias.

—Las experiencias anticapitalistas han quedado reducidas a unos pocos países atrasados.

—El movimiento popular y revolucionario se halla en pleno reflujo. El capital se halla en una nueva fase de dominación hegemónica.

—América Latina ha visto deteriorarse aun más su situación social y acrecentarse su dependencia en condiciones de alta desmovilización social y política y del dominio hegemónico de las fracciones transnacionalizadas.

—Se ha impuesto un pensamiento único basado en la uniformidad cultural, valores neoliberales y la falta de alternativas.

—La expansión del capitalismo y sus secuelas ha dado lugar a una crisis ecológica de magnitud planetaria.

Este escenario va dejando como única salida una alternativa revolucionaria cuya conciencia se impondría más temprano que tarde. A ello contribuirán las potencialidades de cambio presentes en las nuevas condiciones, tales como el surgimiento de un sujeto revolucionario complejo; la formación de una cultura emancipatoria en la que se unifiquen el conjunto de las reivindicaciones sociales; el impacto y la potencialidad del desarrollo científico-técnico; los procesos de interconexión e interdepen den cia que conlleva la globalización; el surgimiento de un nuevo internacionalismo, etc. En ese momento revolucionario y frente a los nue vos escenarios de transición la voz del Che alcanzará toda su re sonancia.

Mientras llegue la gran transformación, leer al Che será útil y necesario para las nuevas generaciones de esa “inmensa humanidad”, para los revolucionarios de todas las latitudes y para a los soñadores de un mundo mejor. Con él aprenderemos que donde aún no tiene lugar la utopía siempre es posible un quehacer utópico.

Pero desde ahora y hasta ese momento, hay algo mas que aprender en la lectura del Che y en el ejemplo de su vida, algo que encuentra en el cristianismo revolucionario mejor expresión que en el marxismo, y es la idea de compromiso. Como dice Löwy (1997) para el Che “la acción revolucionaria es inseparable de cier tos valores”, lo que sugiere que ciertos valores implican su rea lización, la necesidad de hacerlos reales. De cierta manera, el compromiso es tener que realizar los valores en los que creemos. Como él.

  • Notas:
  • 1. Quizás la excepción la tenemos en la obra de Roberto Massari: Che Guevara: Grandeza y Riesgo de la Utopía. 1993
  • 2. En la Cuarta Parte de su “Índice de un proyecto de Estudio…” la mayor parte de los problemas del socialismo se refieren a temas de la conciencia individual y colectiva. Cf. GUEVARA, 1998.

Epílogo al libro de M. Monereo. Con su propia cabeza. El socialismo en la obra y la vida del Che

Sobre la tradición revolucionaria popular

Un intercambio con Ramón Franquesa

Discutir sobre los rasgos esenciales del jacobinismo –entendido en su acepción original, no en la forma desnaturalizada en que suele ser aludido hoy– no es asunto baladí, aunque a primera vista pueda parecer algo remoto, de interés exclusivamente académico. Porque lo que se discute son las raíces y el futuro de la democracia. Nada menos. Seguir leyendo Sobre la tradición revolucionaria popular

La crisis de España como marco de acumulación del capital. El derecho de España contra los derechos de los pueblos

por Iñaki Gil de San Vicente//

 

  1. Introducción
  2. Nacimiento, esplendor y decadencia histórica
  3. Escuela de Salamanca y controversia de Valladolid
  4. Felipe II y el nacionalismo español «prudente»
  5. Los Austrias menores y la ruptura en la clase dominante
  6. La casa de Borbón y la guerra contra los pueblos
  7. La casa de Borbón y la represión de los pueblos
  8. La dinámica de las contradicciones y sus formas
  9. Bibliografía básica consultada

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La violencia revolucionaria

por Guillermo Lora//

raíz de la violencia

El marxismo excluye, por su propia esencia, la posibilidad de una pacífica y gradual transformación de la sociedad capitalista en socialista. La teoría del colapso revolucionario es parte fundamental del socialismo científico y los que han pretendido hacerla a un lado han sido catalogados como revisionistas. Con todo, nos parece que en la última época se ha tergiversado el sentido marxista de la revolución social, correspondiendo a la ultraizquierda esa tergiversación. No se trata de un aspecto secundario que puede pasarse por alto, sino de algo que tiene muchísima importancia en el problema de la fijación de la estrategia y táctica del movimiento proletario. Seguir leyendo La violencia revolucionaria

¿Brotes verdes en la economía?: algunas interrogantes

por Albert Recio//

I

Oficialmente, la crisis ha terminado. Al menos, es lo que argumenta la versión oficial sobre la base de considerar que el nivel alcanzado por el PIB del segundo semestre de 2017 supera al del segundo semestre de 2008, cuando se considera que empezó el desastre.

Pero ya se sabe que el PIB es una medida poco fiable de la realidad económica. Convertir toda la enorme variedad de actividades económicas en una sola cifra exige adoptar un número tan grande de convenciones técnicas (y decisiones políticas) que pueden hacer variar el volumen del PIB con relativa facilidad. Sin perder de vista las actividades sociales útiles que el PIB no contempla, así como su ignorancia de los efectos negativos de la actividad económica convencional sobre el fondo natural del planeta y sobre las condiciones de vida. Hay consciencia creciente de lo inadecuado de esta medida, pero el discurso oficial sigue aferrado a viejas ideas y por eso se sigue tomando está cifra mágica como eje de la evaluación económica. Y, como la cifra da ahora un nivel parecido al de hace nueve años, pues ya podemos decretar el final de la crisis.

Ante tamaño anuncio propongo un ejercicio simple, de corte convencional. Comparar una serie de estadísticas económicas del momento de inicio de la crisis (la culminación de un período de auge) con la situación actual. Y ver en qué medida podemos pensar que simplemente se ha salido de una crisis profunda, de la misma forma que una persona se considera restablecida de una enfermedad cuando una serie de análisis indican que ha recuperado los parámetros anteriores a la misma.

II

Podemos empezar por la crítica más conocida. La recuperación económica no ha recuperado los niveles de empleo y, además, el nuevo empleo creado es peor que el destruido en términos de condiciones laborales, salarios etc.

Basta tomar unas pocas variables para constatar que esta evaluación es cierta.

La Encuesta de Población Activa ofrece unos datos contundentes: entre el segundo semestre de 2008 y el segundo de 2017 la población activa (la que esta empleada o busca empleo) se ha reducido en 305 000 personas, se han destruido 1,83 millones de empleo y el número de personas desempleadas ha aumentado en más de un millón y medio. Es decir, más paro, menos empleo y más personas desanimadas que han dejado de buscar.

La destrucción de empleo se ha producido tanto en el empleo asalariado como en el no asalariado en proporciones parecidas. Al final del período, la tasa de asalarización ha crecido ligeramente, menos de un 1 por ciento (pasando de 82,5 a 83,4 %). O sea que en conjunto hay una ligera mayor proporción de asalariados que de no asalariados, algo que no se corresponde con la percepción extendida que estamos asistiendo a la explosión del empleo autónomo.

Si de la cantidad pasamos a la calidad, las dos medidas que podemos utilizar son el peso del empleo a tiempo parcial y el del empleo temporal. Aunque puede haber muchas razones por las que una persona decida trabajar pocas horas, en general el empleo a tiempo parcial va asociado a niveles de ingresos bajos y a empleos situados en la parte inferior de la pirámide ocupacional (en términos de salarios, reconocimiento, posibilidades de carrera etc.). El empleo a tiempo parcial ha crecido, pasando del 11,7 % de todos los empleos al 15,2 %. Pero aquí las diferencias se agudizan si se considera tanto el estatus profesional como el género. Mientras que, en conjunto, el empleo a tiempo parcial de los asalariados ha pasado del 12,1 % al 16,5 % del total, el de los no asalariados se ha reducido del 10% al 8,5 %. El empleo a tiempo parcial representa el 26 % del empleo asalariado femenino frente a solo el 7,8 % para los hombres, aunque en ambos casos se experimentan aumentos porcentuales parecidos.

Solo los datos del empleo temporal podrían indicar una mejoría en la calidad del empleo. El porcentaje de empleo temporal se ha reducido en 2,5 puntos entre los dos períodos estudiados (del 29,3 % al 26,8 %), pero hay que ser cautos con esta evaluación. Al principio de la crisis había mucho empleo en la construcción, el sector donde el empleo temporal es siempre más elevado. Más bien lo que muestran estos datos que el empleo temporal está enquistado en el mercado laboral español, y esto a pesar de las diversas reformas laborales que ha debilitado de forma sustancial la protección al empleo, que para los economistas y políticos neoliberales es la razón que explica el crecimiento del empleo temporal.

Analizar el impacto de estos cambios en los salarios es más complicado por las propias limitaciones de las estadísticas salariales. Ya me ocupé de ello en una nota anterior (“Empleo y condiciones de trabajo en la recuperación”, mientrastanto, febrero de 2017). Hay evidencias que indican no sólo que los salarios se han moderado sino que esta moderación se ha centrado fundamentalmente en los niveles salariales más bajos. Las huelgas de las subcontratas de los aeropuertos, el movimiento de las kellys o de los autónomos de Deliveroo es una respuesta combativa a esta degradación laboral que las estadísticas recogen sólo parcialmente.

Con todo, algunos datos son contundentes. El peso de las rentas salariales en el PIB ha decrecido en casi 3 puntos (pasando del 49,8 % al 46,9 % entre 2008 y 2017). Es notorio poner en relación este dato con la tasa de asalarización a la que me he referido anteriormente, y que indica un aumento del peso de los asalariados de 1 %. Es decir, que una proporción mayor de personas activas se reparten una proporción sustancialmente inferior de la renta total.

La Encuesta de Condiciones de Vida, por su parte, es un buen indicador de esta degradación de los ingresos y las condiciones de vida de una parte de la población, con el aumento a lo largo del período del porcentaje de población en riesgo de pobreza (del 19,8 % al 22,5 %) y del que está en riesgo de pobreza y exclusión (que pasa del 23,8 % al 27,9 %). Este último indicador suma a la pobreza monetaria la exclusión del mercado laboral. Quizás tan significativo como estos datos resulta el análisis de la distribución de la renta que incluye la encuesta. La población se clasifica por deciles, el primer decil lo forman el 10 % de personas con menores ingresos, mientras que el 10º decil lo forman el 10 % de los que ganan más. Una cuestión interesante es analizar en qué cantidad de ingresos se producen los cortes. Cuando se consulta este dato se observa que para los 8 primeros deciles (80 % de la población) el punto de corte se produce a un nivel de ingresos sustancialmente inferior al de hace 8 años. Por ejemplo en 2008 el 10 % más pobre eran personas cuyos ingresos no alcanzaban los 6255 € al año; en la última entrega (2016) el corte se sitúa en 5297 €, o sea casi mil euros menos que hace ocho años. El porcentaje de reducción es mayor en los deciles inferiores, pero sólo en el 9 y el 10 el punto de corte es superior. Más pobreza y más desigualdad. La recuperación sólo funciona para unos pocos.

III

El impacto social negativo de las políticas aplicadas en la crisis es evidente. Y justifica las críticas a las políticas de austeridad. Pero sus autores mantienen una posición que los hace inmunes a las mismas: gracias a estas políticas se ha producido la recuperación y se han sentado unas bases sólidas para seguir creciendo y recuperar también empleo de calidad. Por eso conviene ver si realmente esta recuperación es realmente tan sólida, si se han aplicado reformas que han reforzado las estructuras productivas del país. Cuando empezó la crisis, la economía española mostraba enormes problemas que en el plano macroeconómico se concretaban en un tremendo déficit exterior y en un consiguiente endeudamiento externo.

El déficit exterior es un reflejo en parte de la estructura productiva de un país y de su estructura de consumo. Un país autárquico equilibrado permitiría satisfacer todas sus necesidades sin intercambio con el exterior. No hay evidencias de que tales países existan, pues la mayoría de países tienen relaciones con el exterior y el equilibrio refleja que el país produce una serie de bienes y servicios que vende en parte fuera para comprar en cambio aquello que no produce. En la práctica, muchos países no logran este equilibrio, y aquí nacen problemas para ellos mismos y para el conjunto de la economía mundial. Cuando empezó la crisis, España tenía un enorme déficit exterior, del orden del 6 % del PIB (básicamente debido al enorme desequilibrio en la balanza de bienes). En cambio, en los últimos trimestres existe un superávit superior al 2 %. Esto parece justificar a los que han defendido que el ajuste salarial era imprescindible para ganar competitividad y que el sacrificio salarial es la base de la recuperación.

Analizadas al detalle, las cosas son bastante más complejas. De una parte, el superávit se ha producido fundamentalmente por dos cuestiones: la enorme caída del precio del petróleo —el elemento más importante en la creación del déficit comercial—, y el fuerte aumento de los ingresos por turismo. Es cierto que se han producido mejoras en todos los sectores de especialización, y que ha aumentado el volumen de exportaciones. Pero esto puede deberse a múltiples causas: desde una reducción de importaciones de productos extranjeros más caros por la crisis al simple relanzamiento del mercado automovilístico, que constituye el principal producto de exportación, y cuya dinámica depende de las lógicas productivas de las grandes multinacionales del sector (y donde los costes salariales españoles ya eran sustancialmente inferiores antes de la crisis). Cuando se analiza la evolución de la estructura del PIB y del empleo no se advierte que se haya producido un cambio estructural profundo en el área productiva. El sector manufacturero ha seguido perdiendo empleo y peso. El turismo se ha reforzado en cambio como la gran “industria” nacional que nos convierte en un exportador de “materias primas” particular. Que la situación no ha cambiado mucho lo expresan los datos de la estructura del PIB: en los últimos trimestres, a medida que la recuperación se acelera, se está debilitando el superávit exterior y crece el déficit comercial. Cualquier aumento serio de los precios de los combustibles puede volver a generar enormes dificultades.

El otro gran problema era el elevado grado de endeudamiento de la economía española. Al inicio de la crisis, éste era fundamentalmente privado, de las familias y sobre todo de las empresas. Parte del ajuste, especialmente el plan de salvamento del sector financiero, consistió en transformar deuda privada en pública. Las cifras de deuda exterior (pública y privada) y de deuda pública ofrecen un panorama peligroso. Las cifras del segundo semestre de 2017 indican que la deuda exterior de España ha alcanzado un record en términos absolutos (1,91 billones de euros) y se sitúa ligeramente por debajo de su máximo histórico en términos relativos (un 170 % del PIB frente a un 174,6 % de máximo en 2010). Aún en términos netos (descontando los activos financieros españoles en el exterior) se sitúa en el 86,5 %, lo que supone un nivel de endeudamiento elevado. Si esta situación no se traduce en una grave tensión es fundamentalmente por la política monetaria del Banco Central Europeo, que ha generado una enorme liquidez y ha comprado ingentes cantidades de deuda. Pero un cambio en las políticas del BCE por cualquier tipo de razón puede poner a España en una situación de alta presión y en nuevas exigencias de ajustes insoportables. Por su parte, la deuda pública, tras los generosos planes de ayuda al sector privado, se sitúa en el torno del 100 % del PIB, sólo soportable en el contexto de bajos tipos de interés. Las políticas de austeridad no se han traducido en una reducción sustancial de la deuda, como se ha propugnado, sino todo lo contrario. El endeudamiento es endémico en el capitalismo actual por los desajustes que genera el modelo y por la enorme proliferación de mecanismos financieros que promueven su expansión.

No hay por tanto ninguna evidencia sólida que indique que realmente se ha producido un cambio en profundidad en el modelo productivo que justifique la promesa de una recuperación sólida que acabe con la pobreza y la precariedad. Son sólo circunstancias favorables —como el bajo precio de los combustibles, la política monetaria expansiva o el hiperdesarrollo turístico— las que han permitido generar una sensación de mejoría que, cuando menos, se presenta potencialmente inestable.

IV

La crisis económica de 2007 ha tenido graves costes sociales en nuestro país. Toda crisis los tiene, y las políticas aplicadas (en parte impuestas por los organismos internacionales, en parte promovidas gustosamente por las clases dirigentes locales) no han hecho más que agravar sus costes. Y han provocado cambios estructurales (como la reforma laboral, la liquidación de un sistema financiero para-público, los ajustes en servicios públicos básicos, la reforma inconclusa del sistema de pensiones…) que conducen a un modelo social de elevadas desigualdades y problemas recurrentes para enormes masas de población. No sorprende que, para algunos, la crisis sea vista como una cortina de humo para justificar estas políticas. Aunque sea un razonamiento inadecuado: la crisis es un producto normal del funcionamiento de una economía capitalista con tendencias al caos. Lo que ocurre es que una vez planteado el problema y el desastre, ha sido fácil para las élites aplicar las políticas más adecuadas a sus intereses (y más próximas al “sentido común” de sus intelectuales orgánicos).

La crisis, en gran parte resultado por el modelo de globalización neoliberal, curiosamente ha provocado un reforzamiento (con variantes) de la misma. En parte porque las élites no se han tenido que confrontar con una oposición que tuviera tanto fuerza social como ideas y proyectos mínimamente sólidos y estructurados. Veníamos de un largo período de derrotas y debilitamiento de los movimientos sociales, de las clases subalternas, y hemos sido incapaces de reconstruir a corto plazo una alternativa.

Lo más dramático es que, además de imponer medidas de un coste social brutal, no parece que las mismas hayan permitido superar los problemas macro y microeconómicos que están en la base de los problemas económicos convencionales de la economía española (desempleo, precariedad, déficit exterior, etc.). Y, por eso, las demandas de ajuste volverán a reaparecer en cuanto cambien los factores coyunturales que ahora dan un cierto respiro.

Cambiar el modelo productivo es más fácil de decir que de hacer en economías capitalistas, donde existen poderes económicos muy consolidados, donde las grandes empresas tienen dificultades para transformarse, donde las instituciones y poderes internacionales ejercen una presión desmesurada sobre las políticas locales… Y también en sociedades que han tratado de salir de la lógica capitalista y que tienen enormes dificultades para salir de sus viejas líneas de especialización, no sólo por la presión de los bloqueos externos. Y esta dificultad de cambio choca con la persistencia de problemas económicos de todo tipo: desequilibrios macroeconómicos, endeudamiento insoportable, paro, pobreza, desigualdad, degradación ambiental… Problemas que exigen transformaciones radicales. Transformaciones que demandan políticas bien pensadas, ideas y fuerzas sociales capaces de salir del marasmo en el que, digan lo que digan los voceros del poder, seguimos atrapados.

 

 

Stalinismo: Herejes y renegados

por Pepe Gutiérrez-Álvarez//

Uno de los efectos más nocivos del estalinismo consistió en dar una coartada ideológica a la cooptación por parte del liberalismo de intelectuales y cuadros de la izquierda. Echando a la calle al niño con el agua sucia, algunos han acabado en la derecha más extrema.

En uno de sus trabajos más memorables, Herejes y renegados, Isaac Deutscher establecía una distinción, que no siempre estaba clara, entre los herejes que denunciaban el estalinismo sin renunciar a la negación radical del capitalismo, con los renegados, a los que la denuncia del estalinismo les llevaba a los brazos del sistema cual “hijos pródigos”. Esta es una página de la historia social muy viva y muy discutida aún, sobre la que se sigue hablando pródigamente en lugares como los foros de Kaosenlared, y en debates como el abierto desde El País (18-03-07) por Ignacio Sotelo y Paco Fernández Buey, y sobre el que inciden autores como Daniel Bensaïd en Trotskismos (El Viejo Topo), desde una perspectiva análoga a la de Deutscher.

A la militancia que (sobre)vivió la noche estaliniana, como un “trotskista” componente de la “quinta columna”, la experiencia no pudo por menos que dejarles un sentimiento en el que apenas quedaba margen para las distinciones dialécticas. No hace mucho, Pelai Pagés nos contaba en un acto sobre Víctor Alba un ejemplo de este sentimiento a través de una anécdota sucedida en unas jornadas en la que se encontraron con el historiador Amaro del Rosal (socialista convertido al estalinismo en los años treinta) y un airado Víctor. Cuando Rosal evocó la existencia de “algunas discrepancias” entre ellos, el antiguo poumista no se pudo callar, y desde la mesa, gritó: ¿Discrepancias, dices? ¡Pero si nos queríais matar a to dos!” Este sentimiento tiene un nombre en el argot clásico del trotskismo: estalinofobia. Esta se manifiesta por ejemplo en corrientes trotskistas como el lambertismo o el munismo, que tienden a considerar cualquier acción próxima con los partidos comunistas como claudicaciones frente al estalinismo. La estalinofobia y el anticomunismo se confunden cuando se pasa del estalinismo a la defensa del “mundo libre”, y del sistema. Un buen ejemplo de esta evolución (o involución) sería John Dos Passos.

A la caza del discrepante

A pesar de que no andaba muy desencaminado el presidente de la Generalitat catalana, el nacionalista de izquierda Lluis Companys, cuando decía que la izquierda únicamente se unía en la cárcel, lo cierto es que el estalinismo pervirtió el problema de las discrepancias hasta niveles irreconocibles. Sus métodos carecían de antecedentes en la historia social. El único equivalente posible sería la actuación del sector más patriotero de la socialdemocracia alemana contra los espartakistas. Y lo más monstruoso de esta reacción radica en el hecho de que eclipsó a varias generaciones de militantes comunistas ajenos al cinismo de buena parte de sus líderes, que tenían el suficiente conocimiento del papel que Trotsky había jugado con Lenin, o que conocían sobradamente a la gente del POUM por años de lucha en común. Pero la obnubilación llegó hasta el extremo de implicar a intelectuales como José Bergamín que pondría una mancha en su vida prolongando un infecto libelo, Espionaje en España (a punto de reedición en Renacimiento con prólogo de Pelai Pagès) para justificar la tentativa de “noche de San Bartolomé” contra el POUM. Sin embargo, a pesar del grado de embrutecimiento que llegó a alcanzar, la militancia comunista no siguió una única dirección, sobre todo cuando se trataba de gente obnubilada debajo de cuyo estalinismo, a veces feroz, subsistía un alma revolucionaria. No han sido pocas las ocasiones que desde el trotskismo se ha tenido que defender y reconocer las aportaciones de muchos estalinistas que permanecían convencidos de que servían a la revolución: la historia de Leopold Trepper y la “Orquesta Roja” durante la II Guerra Mundial resulta bastante significativa. Trepper sirvió a la “causa obrera” apoyando a la URSS a pesar y en contra de Stalin.

Otro buen ejemplo de esta ambivalencia lo tenemos en el caso de André Marty (1886-1956), un mítico comunista francés que en 1919 protagonizó la revuelta en la flota francesa del Mar Báltico en Odessa contra la intervención imperialista. En su furor estalinista, Marty fue llamado el “carnicero de Albacete” por sus delirios por encontrar “trotskistas” en las Brigadas Internacionales (Hemingway realizó un sórdido retrato suyo en la célebre ¿Por quién doblan las campanas?). Pero Marty fue también el único dirigente del Partido Comunista Frances (PCF) con un pasado revolucionario, y figuró entre los primeros en organizar la Resistencia a pesar de Stalin y del partido. Al final de su vida, a principios de los años cincuenta, comenzó a denunciar la corrupción de la cúpula del PCF, con Thorez a la cabeza, y fue denunciado como “agente de la policía”. Marty comenzó entonces una evolución que le llevó, a los 70 años, a reexaminar muy duramente sus errores y horrores, y llegar hasta las puertas del “trotskismo”. El discurso ante su tumba lo ofició Pierre Frank, y es un modelo de comprensión sobre como el estalinismo llegó a “tener” y corromper hasta a los mejores, o como los mejores tenían una “parte oscura” que fue alimentada por un aparato puesto al servicio de una mistificación, de un pequeño dios que acabaría por caer.

Un puente hacia el “mundo libre”

Está claro que el estalinismo también la tradición comunista, contribuyendo con sus métodos a que amplias franjas de gente revolucionaria y de intelectuales comunistas disidentes llegaran a considerar el “mundo libre” como un “mal menor”, y sirvió de base de justificación para el desplazamiento de la socialdemocracia hacia el anticomunismo, un camino en el que también se insertaron muchos anarquistas. Una idea de la amplitud del rechazo que llegó a provocar el estalinismo en su apogeo lo puede ofrecer el hecho de que alguien de la talla moral de Bertrand Russell no solamente se prestara a colaborar coyunturalmente con la CIA, sino que hasta llegó a justificar el empleo de las armas atómicas contra la URSS. En su etapa política ulterior, Russell se convirtió en el mayor adversario de la agresión al pueblo del Vietnam, en un crítico sin fisuras del secuestro de la democracia (por los poderosos) en los EEUU, y rompió su carné laborista. Un curso no muy diferente siguieron algunos intelectuales procedentes o relacionados con cierto trotskismo, como fueron los casos, con las matizaciones imprescindibles, entre otros, de figuras de la literatura mundial como Ignazio Silone (Fontamara), Dwight Macdonald, Mary McCarthy (Memorias de una joven católica), Edmund Wilson (Hacia la estación de Finlandia), John T. Farrell (Studs Ludigan)… En este tramo se podía colocar lejanamente el célebre caso del tortuoso Elia Kazan, cuya película ¡Viva Zapata¡ (1952), con guión escrito por John Steinbeck, puede interpretarse en clave dialéctica revolución permanenterevolución traicionada. Lo fundamental estribaría en que su antiestalinismo no les llevó (aunque con Kazan se da una actuación delatora inadmisible) a renunciar a sus ideales, y al margen de un tiempo de dudas, dieron la cara en los momentos claves, como el de la guerra del Vietnam. Todos ellos siguieron tomando posición contra MacCarthy, contra el apoyo norteamericano a las dictaduras anticomunistas, contra la guerra de Vietnam, y como es ostensible en Kazan, desarrollando su visión profundamente demoledora del “sueño americano”.

Otros, sin embargo, claudicaron en todos los órdenes, y algunos de ellos, como el citado Dos Pasos, John Dewey –que había presidido el Tribunal que juzgó a Trotsky y a su hijo por las imputaciones de los “procesos de Moscú”–, Max Eastman, Bertram D. Wolfe, André Malraux, etc., todos ellos vinculados en mayor o menor medida a tal o cual páginas de la historia del trotskismo, se mostraron como conservadores. En nuestros lares el sumamente peculiar Julián Gorkin, primero en una lista de poumistas extensible a Enric Adroher “Gironella”, y el inclasificable historiador y periodista Víctor Alba, personaje cuanto menos ambivalente, que antes de fallecer apostaba por la defensa de todas las libertades menos la del mercado, que es la negación de todas las demás… Todos ellos fueron sumariamente catalogados como “trotskistas al servicio de la CIA”.

En aquella “guerra cultural”, resulta además que mientras el estalinismo obligaba a sus “compañeros de ruta” a una obediencia sin fisuras, la CIA tuvo, además de los recursos, la inteligencia en involucrar a la “otra izquierda”, sin desdeñar a la más radicalizada; por ejemplo, se llegó a infiltrar entre los anarquistas cubanos. Sobre todo cuando, por su escasa realidad organizativa, estas izquierdas no representaban un peligro inmediato para el sistema, y como en el caso de los extrotskistas, estaban más preparados (y “concienciados”) que sus burócratas sin experiencia. Desde el movimiento comunista, esta etiqueta de “agente de la CIA” fue a veces abusivamente utilizada aquí en los debates clandestinos, de manera que cualquier crítico podía ser calificado de “agente”. En no pocos casos, la historia acababa en tragedia.

El lector podrá encontrar un reflejo todavía condicionado de la amalgama entre renegados y la CIA en el estalinismo más añejo, pero también en plumas como la de Eduardo Haro Teglen, antiguo “compañero de ruta” en la clandestinidad contra el franquismo del PCE sobre el que conviene añadir que contribuyó desde Triunfo y Tiempo de Historia, a desmantelar la “leyenda negra” del trotskismo, por ejemplo publicando en la primera la respuesta de Peter Weiss a sus censores en la URSS por haber escrito Trotsky en el exilio, que fue traducida por Alfonso Sastre como lo había sido Marat-Sade, cuyo paso por Madrid significó un acto de agitación contra el franquismo.

La CIA sale de pesca

En toda esta cuestión cabe diferenciar dos elementos primordiales, uno de orden teórico, ligado a los problemas de distinguir la frontera entre el antiestalinismo y el anticomunismo justificado desde las izquierdas; y otro se refiere a la involución de una franja de intelectuales izquierdistas que “escogieron” la libertad durante la “guerra fría” apara acabar bendiciendo el fascismo exterior norteamericano. Durante décadas, el trotskismo tuvo un papel central en esta discusión. Sin embargo, toda su razón de ser estriba en distinguir lo más netamente posible entre el antiestalinismo y el anticomunismo.

Célebre en este sentido fue la participación de Trotsky en la crisis que sacudió en otoño de 1939 al norteamericano Socialist Worker Party (SWP), y de la que saldrá su último libro En defensa del marxismo. El conflicto, que tenía como trasfondo la invasión soviética de Finlandia, tuvo un sector discrepante, minoritario en el partido, pero muy representativo de la élite intelectual ligada a la revista Partisan Review, que acabará convirtiéndose en un órgano reconocido al servicio de la CIA. Estaba animada por un antiguo comunista, Max Schachtman, que se mantendrá en sus convicciones hasta finales de los años cuarenta, iniciando una evolución que le llevará hasta la extrema derecha (al compás del “lobby” sionista).

Mucho más representativo sería el caso de James Burnham, adalid del fascismo exterior USA, apologista de Mac- Carthy, de la guerra del Vietnam, de Pinochet o de los “escuadrones de la muerte” en Centroamérica, que en 1983 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad de manos de Ronald Reagan. El texto de la concesión no tenía desperdicio: “Desde los años treinta, Mr. Burnham ha formado el pensamiento de los líderes mundiales. Sus observaciones han transformado la sociedad y sus escritos se han convertido en guía de la humanidad en su búsqueda de la verdad. La libertad, la razón y la decencia han tenido pocos paladines de la talla de James Burnham”. Es la misma medalla que Bush jr ha concedido al jefe de la CIA que le montó la trama de las “armas de destrucción masiva” en Iraq, una de las mayores mentiras de nuestra época.

Tras su fase revolucionaria, no hay en el resto de la biografía de Burnham otra “guía de la humanidad” que no sea la de los “amos” de su país, que también lo han querido ser de la tierra. Como escribía Chomsky, de haber conocido una derrota similar a la del nazismo, gente como Truman, Burnham, Reagan, Kissinger (o los mal llamados trotskistas de derecha, ahora al servicio de la conciencia de clase expresada en la agresividad de los neoconservadores), y compañía podrían haber tenido su Nuremberg con un alud de atrocidades que en nada envidiaron la del nazismo. La escuela de Burnham siguió siendo una tentación para muchos exrevolucionarios a los que el sistema les ofrecía una oportunidad de reciclaje aprovechando sus conocimientos adquiridos. Tanto ha sido así que existe todo un sector de “asesores” del partido republicano formado en esta escuela, cuyo secreto radica en un proceso de reinvención, poniendo su formación marxista al servicio de las clases dominantes en una estrategia que W. R. Polk, antiguo asesor de Kennedy, ha definido como una especie de “trotskismo al revés” que se expresa en una concepción de “contrarrevolución permanente” cuyo objetivo no es otro que someter el mundo al dominio de una especie de globalización norteamericana en la que puedan hacerse retroceder las conquistas sociales, no ya las del mayo del 68 (como dicen Polk o el ministro de Educación de Chirac, Louis Ferry), sino todas las conquistas sociales logradas desde 1945

Un debate inacabable

El debate sobre la URSS sería un tornillo suelto del trotskismo a lo largo de su historia que nunca más volvería a enroscarse, un tema sobre el que Bensaïd trata de ilustrarnos sobre su dificultad; dificultad obvia cuando tantas tentativas de “tercer campo” (el que Susan Sontang atribuía a Octavio Paz antes de la conversión de éste ante la Meca de Wall Street).

La pregunta a la que había que responder a la luz de acontecimientos terribles, mantendría una desconcertante vigencia en los años siguientes: ¿era legítima la idea de la defensa a ultranza de la URSS contra el imperialismo? Inmerso en este debate, el trotskista italiano Bruno Rizzi escribió un ensayo muy notable La burocratización del mundo, que obligó a Trotsky a detenerse respetuosamente y afilar la pluma en uno de sus vuelos más audaces. Imposible traer aquí toda la gran densidad del debate, pero hay en él el esbozo de una aventura dialéctica de Trotsky que, dicha precisamente por el hombre de Octubre, adquiere espectaculares resonancias. Isaac Deutscher telegrafía así esta predicción: la prueba final para la clase obrera y el marxismo es inminente: la guerra mundial: “Si ésta no conduce a una revolución socialista en Occidente nos veríamos forzados a reconocer que las esperanzas que el marxismo puso en el proletariado son infundadas (…) que el estalinismo está enraizado no en el atraso de un país sino en la capacidad congénita del proletariado para convertirse en clase dirigente, (…) que el programa socialista, fundado en las contradicciones internas del capitalismo, es utópico (…) y que si el programa marxista se revela impracticable será necesario crear un nuevo programa mínimo”, para la defensa de los oprimidos. El mismo debate volverá a reproducirse con otros cismas del trotskismo, en los que volvería a plantearse la misma cuestión que le planteaba Trotsky a Rizzi: si se está de acuerdo en la legitimidad de la revolución de Octubre, y en la necesidad de una revolución contra la casta dominante, no entendía por qué el debate no podía proseguir entre camaradas.

La revolución española

A esta historia se le puede añadir un capítulo cubano, concretamente cuando Castro arremetió contra el trotskismo y el POUM en reacción a las aventuradas declaraciones de Juan Posadas tras la muerte del Ché, insinuando una situación entre éste y Castro paralela a la de Trotsky con Stalin. La vieja guardia del partido comunista cubano retomó la artillería estaliniana contra el POUM y el trotskismo, y un joven escritor trotskista cubano se suicidó a consecuencia de las graves presiones recibidas. Un drama sobre el que la Cuarta Internacional pensó no dar más publicidad, y aunque, entre otras cosas, Cuba dio asilo a Ramón Mercader, la discusión no se volvió a reeditar en los mismos términos. Cierto es que desde los inicios de la Revolución, junto a un apoyo incondicional, el trotskismo no dejaría de realizar observaciones críticas, y mostraría sus discrepancias, sin por ello olvidar jamás que la cuestión primordial seguía siendo que los errores y los horrores facilitaban el camino restauracionista al servicio del imperialismo norteamericano, ahora más agresivo que nunca, y que nunca ha dejado de mantener planes para matar a Castro o invadir la isla. Se trataba de denunciar unas deformaciones burocráticas ya señaladas por el propio Ché, amén de la deriva caudillista, unas críticas sobre las que ofrecía una amplia argumentación Jeanette Habel en Ruptures en Cuba, que contaba con un luminoso prólogo del célebre editor francés François Masperó, el principal valedor de la Tricontinental y responsable de la revista del mismo nombre en Europa en los años sesenta.

De todo esto queda una poderosa huella, pero las perspectivas son las de otro tiempo. Actualmente, el descrédito del estalinismo es absoluto, y aparecen nuevas propuestas, como la del socialismo del siglo XXI, una de cuyas características básicas (por no decir la primera) es que el socialismo y la democracia plural y participativa son indisociables.

Texto publicado originalmente en el nº 232 de El Viejo Topo, mayo 2007

EEUU: La inundación de Houston, la anarquía del mercado capitalista y la lucha por la planificación socialista

por Niles Niemuth//

El desastre que vive la región del Golfo en Texas por el huracán Harvey se empeora cada vez más, y ahora la tormenta se traslada hacia Luisiana al este. La ciudad de Houston, la cuarta más grande del país, sigue bajo el agua por las inundaciones sin precedentes. La cifra de muertos es de 30 y sigue subiendo, mientras docenas más han desaparecido. Cinco días después de que Harvey tocara tierra, aun no se sabe cuántos necesitan ser rescatados.

Incluso mientras aumentan las víctimas mortales y la destrucción en el sureste tejano, se intenta negar que no se pudo hacer nada para minimizar el impacto de la tormenta.
El titular de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés), William “Brock” Long proclamó que era imposible prever el desastre. “No era posible ni soñar tales pronósticos”, dijo el lunes por la noche. El diario Washington Post lo citó acríticamente en la primera plana, bajo el titular “Oficiales de rescate indican que era imposible prepararse para la ferocidad del diluvio”.
El martes, el New York Times escribió que los esfuerzos de rescate iban “tan bien como se podía esperar”. Después, señaló que en vez de “lamentar no haber escuchado advertencias viejas”, el país debería “mirar hacia adelante”. Al igual que en Nueva Orleans después del huracán Katrina, sugirió ominosamente que puede que áreas enteras de Houston se dejen echar a perder, diciendo que los oficiales ahora tienen “que tomar decisiones difíciles en cuanto a qué reconstruir y cómo”.
Doce años después de Katrina, no se ha hecho nada para reforzar los controles contra inundaciones ni para mejorar la infraestructura social y limitar el impacto de tormentas grandes. Tampoco se ha hecho nada para planificar y preparar medidas de emergencia y seguridad pública para tratar con eventos climatológicos severos. Se hicieron advertencias repetidas y recomendaciones urgentes que fueron completamente ignoradas, como el reporte del 2014 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles titulado “Un llamado por una Estrategia Nacional de Gestión de Riesgos por Inundaciones”.
Robert Bea, un profesor emérito de ingeniería civil de la Universidad de California en Berkeley y experto en los riesgos por huracanes en la costa del Golfo de México, le indicó al Los Angeles Times que es “una mentira de 100 años” que el sistema de control de inundaciones de Houston podía proteger a la población para una tormenta que sólo pasa cada 100 años. Esta mentira, explicó, está basada en un máximo de 13 pulgadas de lluvia en 24 horas, algo que ha ocurrido más de ocho veces en los últimos 27 años.
No cuesta pensar en las razones detrás de tal grado de negligencia. Tanto la industria de bienes raíces, Wall Street y los monopolios petroleros se opusieron a acatar las advertencias. Su capacidad para bloquear la toma de medidas que pudieron haber protegido al pueblo estadounidense, mediante políticos pagados de ambos partidos, ejemplifica la subordinación completa de todas las necesidades sociales bajo el capitalismo al interés de acaparar una mayor riqueza e ingresos de la oligarquía corporativa y financiera.
El estado de Texas en general y Houston en particular han sido celebrados como modelos del “éxito” de la desregulación y del capitalismo del libre mercado. Siendo el hogar de la dinastía Bush y de las monstruosas compañías de petróleo y gas, Houston es la ciudad más grande del país sin legislación urbanística. No existen límites serios a lo que pueden hacer los especuladores de bienes raíces y desarrolladores, quienes han hecho caso omiso a las advertencias de ingenieros y científicos sobre las consecuencias de pavimentar por encima de humedales y pastizales, terrenos que absorben la lluvia, con concreto impermeable.
La extensión urbana de la ciudad ahora cubre 1500 kilómetros cuadrados. Desde el 2010, han sido construidos miles de hogares sobre planicies aluviales y los planificadores municipales han sabido que la ciudad está situada sobre una superficie muy propensa a inundaciones, pero no hicieron nada para detener la destrucción de las barreras naturales que alguna vez limitaban las inundaciones. Los miles de trabajadores que han perdido sus medios de vida son las víctimas de la negligencia criminal de los oficiales gubernamentales que representan los intereses de las inmobiliarias, magnates petroleros y banqueros.
Hubo una amplia gama de advertencias sobre una catástrofe por inundaciones. En el 2008, el huracán Ike pasó cerca, pero golpeó la ciudad de Galveston. Tres otras tormentas desde el 2015 han ocasionado inundaciones importantes en las áreas que FEMA había declarado en riesgo. Discusiones que se han estado llevando a cabo desde hace demasiado tiempo sobre ampliar y fortificar la infraestructura para proteger a Houston y otras ciudades costeras de mareas tormentosas nunca han pasado de sus etapas de planeamiento. Por mientras, los sistemas anticuados e inadecuados de control contra inundaciones que fueron construidos hace décadas ya están colapsados.
El presidente Donald Trump visitó Texas el martes, ejemplificando la descarada indiferencia de la élite gobernante estadounidense hacia la crítica situación que viven los trabajadores como resultado de su avaricia y negligencia. Al mismo tiempo, demostró un enorme grado de ignorancia hacia lo que están pensando las masas.
En un evento planificado en el centro de gestión de desastres en Corpus Christi, el mandatario, el gobernador de Texas, Greg Abbott y el jerarca de FEMA se dieron palmadas en la espalda por su supuestamente maravillosa respuesta a las desastrosas inundaciones. Presentaron el obsceno espectáculo de caos e incompetencia por parte de las autoridades, lo cual ha provocado gran impacto e ira alrededor del país y el mundo, como un modelo de compasión y eficiencia.
Abbott, un activo político de la industria petrolera, alabó servilmente a Trump, quien representa los intereses de las inmobiliarias que han saqueado y condenado a Houston a su estado actual.
Como sucedió en Nueva Orleans después de Katrina, ya se habla detrás de bastidores sobre cómo aprovechar la crisis para desmantelar aun más las regulaciones, privatizar bienes y recortar salarios.
Es crítico que la clase obrera y la juventud lleguen a las conclusiones políticas necesarias de este denominado “desastre natural”. La catástrofe en Texas no es, después de todo, la primera.
Los últimos doce años han visto una serie de eventos que han expuesto de forma más y más clara los niveles impresionantes de desigualdad y pobreza que caracterizan a la sociedad estadounidense, junto con la indiferencia y criminalidad de la oligarquía corporativa gobernante: Katrina en el 2005, el derrame de petróleo de BP en el 2010, la supertormenta Sandy en el 2012 y ahora Houston.
Todos estos desastres son de hecho crímenes sociales. Demuestran además la incompatibilidad de las sociedades complejas de la actualidad con un sistema económico obsoleto e irracional que está basado el afán de lucro personal de los oligarcas financiero. Miles de personas en Houston lo perdieron todo, muchos incluso sus vidas, y ¿para qué? Para que gánsteres multimillonarios como Trump puedan comprarse mansiones y yates más grandes y puedan mantener a políticos sobornados para que defiendan sus riquezas y poder.
Estos trágicos eventos demuestran de forma negativa la urgente necesidad de reorganizar toda la vida económica y social del país y el mundo con base en una planificación racional y científica, el control y manejo público de los recursos de la sociedad y la participación democrática de las masas.
Más allá, el despliegue de solidaridad y la organización de los esfuerzos de socorro por parte de gente ordinaria en Houston y alrededor del país ponen en evidencia el potencial para el desarrollo de tal sociedad. ¿Qué lo previene? Una oligarquía barbárica que se aferra a toda la riqueza y fuerzas productivas de la sociedad. La lección principal del huracán Harvey es que este obstáculo tiene que ser quitado del camino. La única fuerza social que lo puede lograr es la clase obrera.