Archivo de la etiqueta: Socialismo

Una semana negra para los mercados financieros en el mundo

por Patricio Guzmán //

Los mercados, a pesar de su experiencia colectiva, aparentemente están destinados a repetir la historia en la que la exuberancia irracional  es seguida por la desesperación igualmente irracional. Periodos de caos son el resultado inevitable.”  Spencer Anderson.

 

Los resultados de la bolsa arrojaron pérdidas generalizadas en el mundo la semana pasada. Empezando por Wall Street en los Estados Unidos, en solo cinco días grandes empresas perdieron el 20% de su valor en bolsa. El efecto contagio hacia las otras bolsas importantes en el mundo fue rápido. Entre las empresas más perjudicadas por la “semana negra” estuvieron las acciones de empresas tecnlogicas cuyo valor bursátil se mide con el índice S&P 500. Google perdió el 15%, facebook retrocedió 11%. Microsoft 10%, IBM cayó 9%. Los bancos de inversiones gigantes también fueron duramente afectados, Wells Fargo tuvo una caída del 15%, JP Morgan perdió 8% y Bank of America cayò 7%. Seguir leyendo Una semana negra para los mercados financieros en el mundo

Ernest Mandel: de la pequeña producción mercantil al modo de producción capitalista

1. Producción para la satisfacción de las necesidades y producción para el cambio

En la sociedad primitiva primero, y después en el seno de la comunidad aldeana nacida de la revolución neolítica, la producción estaba esencialmente basada en la satisfacción de las necesidades de las colectividades productivas. El cambio era algo accidental. No intervenía nada más que sobre una pequeña parte de los bienes de los que disponía la comunidad. Seguir leyendo Ernest Mandel: de la pequeña producción mercantil al modo de producción capitalista

La burbuja robótica: las nuevas tecnologías preparan una nueva crisis

por Sonja Grusch //

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A 50 años de mayo del 68: respuesta a Daniel Cohn-Bendit y Romain Goupil

por Alain Krivine, Alain Cyroulnik //

En unos meses se va a conmemorar el cincuentenario de Mayo 68. Ya se han publicado decenas de libros y otros están en vía de ser publicados. M Le magazine du Monde anunció (6/01/1018) que Daniel Cohn-Bendit y Romain Goupil 1/preparan una película para la TV…

Entre Sarkozy que se propuso “liquidar de una vez por todas la herencia de Mayo 68” y quienes quieren reducirlo a una revolución cultural y sexual que habría modernizado nuestras costumbres, lo que prevalece es, sobre todo, el deseo de borrar del imaginario colectivo lo que representa la dimensión subversiva de lo que fue la huelga general más grande de la historia social francesa (en línea con la Comuna de Paris o la huelga de 1936) tanto para las generaciones que lo vivieron como para las posteriores. Es un intento de escribir una novela histórica francesa sin mención a la lucha de clases y a las masacres coloniales, en el que no quedaría más que Carlomagno, San Luis, Juana de Arco bajo su verdugo, Luis XIV, Napoleón, De Gaulle y… “Júpiter Macron”.

Este último duda si festejar Mayo 68. Duda entre la manifestación obrera del 13 de mayo (día de la huelga general masiva. Ndt) o el desfile reaccionario del 30 (manifestación convocada por los gaullistas En defensa de la República). Aunque, ¿por qué no festejarlo si, al haber dejado de existir la izquierda y la derecha, él encarna ambas al mismo tiempo,? Además, tiene a su lado a Cohn-Bendit y a Goupil o, como señala Le Monde, “De Mayo 68 a Macron, el viaje de una generación”.

Una de las huelgas más grandes de nuestra historia

Pues… ¡no! Nosotros no estamos por festejar ese Mayo 68, porque no estamos por enterrar lo que fue una de las más grandes huelgas de nuestra historia. Sin irritar a Dani, que logra juntar a toda la derecha del parlamento europeo con sus bromas y un liberalismo que nada tiene que ver con Mayo 68, ni a Romain, que se vanagloria de haber disfrutado de lo lindo y haber abandonado todo: “No soporto ver un militante político. Soy como los ex-alcohólicos. Me he vuelto intransigente”.

Y una vez más, ¡no!. Mayo 68 no fue la euforia de un momento o una crisis de pubertad. Tampoco tiene nada que ver, ni es compatible, con los renegados y sus pequeños chanchullos. No fue consensual y sigue sin serlo. No fue patriotera ni liberal. Nuestra generación, nacida durante la Segunda Guerra Mundial se levantó contra la pesadilla de las guerras de Argelia y Vietnam. Nos siguen dando náuseas las guerras que actualmente impulsan los países occidentales, entre ellos Francia, en África o en Medio Oriente. Queríamos un mundo no sometido ni a Washington ni a Moscú y queríamos dar al socialismo una imagen humana. La horrible cara del capitalismo nos sigue repugnando tanto como ayer.

Las banderas rojas en cabeza

Para nosotros, el 68 no se reduce a una revolución cultural ni a la liberación sexual, incluso cuando, sin duda alguna, se dio todo eso; de la misma forma que se da en cualquier movilización social en la que la gente se vuelve irreconocible por lo feliz que se encuentra. En Francia, Mayo 68 fue, sobre todo, 10 millones de huelguistas ocupando fábricas con las banderas rojas en cabeza, estudiantes ocupando sus facultades e institutos durante semanas, y personas discutiendo juntas por todas partes.

Nuestros recuerdos no tienen nada que ver con una gran fiesta o una farsa, sino fundamentalmente con un momento intenso en el que millones de personas comenzaron a existir. Guy Hocquenghem, que fuer nuestro editorialista en 1968, se enfrentó a una parte de esa generación que se pasó al otro bando en un libro escrito dos años antes de morir: Lettre ouverte à ceux qui sont passés du col Mao au Rotary,(1986, reeditado por Agona 2003). Pues bien, nunca hemos sido de esos y tampoco lo seremos ahora.

Es verdad que la situación ha cambiado: hoy en día se construyen muros y verjas en todos los lugares, hay miles de muertos en las carreteras, en los mares del exilio y bajo las combas de las guerras que se dan en todos los continentes, y en Francia, donde existen casi 10 millones de personas en paro y en precariedad.

Renault Billancourt ha desaparecido

Cierto, ya no hay 500.000 estudiantes sino cerca de dos millones, y la mitad tiene que trabajar para pagarse los estudios o el alquiler. Las grandes fábricas como Renault Billancourt [emblemática] han desaparecido, pero jamás la población explotada y excluida ha sido tan numerosa. Una población que no se reconoce ni en la derecha ni en la izquierda; la derecha que impulsa la política de la extrema derecha y la izquierda la de la derecha.

No… No vamos a enterrar Mayo 68. Al contrario, ahora mismo tenemos tantas o más razones para rebelarnos que entonces. Tras treinta años de ofensiva liberal que han permitido a la extrema derecha llegar a la segunda vuelta en las elecciones presidenciales y contaminar todo el debate político, el espíritu de Mayo 68 tiene más actualidad que nunca.

Para nosotros Mayo 68 continúa siendo lo que falta por hacer, pero siendo capaces de coordinar las luchas, de suscitar en las empresas y los barrios, las ciudades y el campo, un verdadero poder de las y los trabajadores, juntando a todo el mundo, a la gente no organizada, a las asociaciones o sindicatos, a los partidos, a quienes tienen empleo y a quienes no, a franceses y extranjeros, a quienes crean que otro mundo es posible y que quieran construirlo, sin fronteras, sin muros y sin odio, como afirmaba esta consigna de Mayo 68: “¡A la fronteras, que les den!”

La solidaridad militante, la esperanza en la revolución para barrer el viejo mundo, en un nuevo Mayo 68 del siglo XXI que, esta vez sí, logre sus objetivos… Sí, nosotros seguimos estando por ello.

Alain Krivine, antiguo miembro del buró político de la LCR, miembro del NPA.

Alain Cyroulnik, antiguo miembro del buró político de la LCR, membro de Ensemble!

http://www.lemonde.fr/idees/article/2018/01/24/alain-krivine-et-alain-cyroulnik-eh-bien-non-nous-n-allons-pas-enterrer-mai-68_5246122_3232.htm

Notas:

1/ Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes del Mayo 68, popularmente conocido como Dani el rojo, pertenecía a la corriente anarquista en aquellas fechas. A partir de la década de los 70 se aproximó a los Verdes alemanes y desde entonces pertenece al ala reformista del ecologismo y desde 1994 ha sido diputado europeo por el Partido Verde.

Romain Goupil cineasta francés, líder estudiantil en 1968, militante trostkista a principios de los 79, a partir del año 2000 evolucionó hacia posiciones neo-conservadoras.

Ambos apoyaron a E. Macron en las presidenciales de 2017.

Imagen: Daniel Cohn-Bendit durante el desalojo de la Sorbona, Paris, 1968.

Entrevista a Miriam Lang y Edgardo Lander: ¿fin de una edad de oro en América Latina?

por  Franck Gaudichaud //

Después de su participación en el coloquio internacional que coordinamos en junio pasado sobre “Gobiernos progresistas y postneolibneralismo en América Latina: ¿el fin de una edad de oro?” en la Universidad de Grenoble (Francia) 1/, nos pareció interesante volver sobre la coyuntura latino-americana e internacional con los sociólogos Edgardo Lander (Venezuela) y Miriam Lang (Ecuador). Tanto ella como él tienen una aguda mirada crítica, y muy a menudo a contrapelo sobre el panorama actual, ambos han participado activamente en los últimos años de los debates sobre el primer balance de los gobiernos progresistas del periodo 1998-2015, en particular desde la Fundación Rosa Luxemburgo de Quito 2/ en el caso de Miriam y desde el Transnational Institute 3/ para Edgardo. Es así que se han adentrado y han escrito sobre temáticas como la problemática del desarrollo y del Estado, el neocolonialismo y el extractivismo, de las izquierdas y de los movimientos, e igualmente han abordado la dificultad de pensar los caminos de la emancipación en momentos en que la humanidad atraviesa una profunda crisis civilizatoria y ecosistémica, retos que significa –entre otros- volver a inventar la izquierda y el (eco)socialismo en el siglo XXI.

Franck Gaudichaud: En el último periodo, han habido muchos debates sobre el fin de ciclo de los gobiernos progresistas y nacional-populares en América Latina, o más bien su posible reflujo y perdida de hegemonía política. ¿Qué les parece este debate? A estas alturas, ¿podemos pensar que se está superando este debate sobre fin de ciclo? Y, ¿cómo llamar la coyuntura actual de cara a la experiencia progresista 1999-2015?

Edgardo Lander: Efectivamente, este es un debate muy intenso, sobretodo en América Latina, porque se habían producido muchas expectativas sobre las posibilidades de transformación profunda en estas sociedades a partir de la victoria de Hugo Chávez en Venezuela en el año 1998. Este el punto de partida de un proceso de cambio político que llevó a que la mayoría de los gobiernos de América del Sur fuesen identificados con algo llamado progresista, o de izquierda, en alguna de sus versiones. Estas expectativas de transformaciones que condujeran a sociedades post-capitalistas plantearon severos retos, tanto por la experiencia negativa de los socialismos del siglo pasado, como por nuevas realidades como el cambio climático y los límites del planeta Tierra que era necesario enfrentar. Pensar en la transformación hoy significa necesariamente algo muy diferente a lo que significaba en el siglo pasado. Cuando el discurso del socialismo había prácticamente desaparecido de la gramática política en buena parte del mundo, reaparece en este nuevo momento histórico en América del Sur. Especialmente a partir de las luchas de los pueblos indígenas, en algunos de estos procesos parece incorporarse de una forma muy central un profundo cuestionamiento de aspectos fundamentales de lo que había sido el socialismo del siglo XX. Se hacen presentes en forma medular, en parte de los imaginarios de la transformación, temas como la pluriculturalidad, otras formas de relación con el resto de la redes de la vida, nociones de derechos de la naturaleza y concepciones del buen vivir, que apuntaban a una posibilidad de transformación que fuese capaz de dar cuenta de las limitaciones de los procesos anteriores y abrir nuevos horizontes para abordar las nuevas condiciones de la humanidad y del planeta.

FG: Entonces, estás hablando del periodo inicial, de arranque, al inicio de los años 2000, cuando se combinaron resistencias desde abajo y la creación de dinámicas sociopolíticas más o menos rupturistas y postneoliberales según los casos, que incluso lograron emeger en el plano electoral nacional gubernamental.

EL: Sí, de un período en el cual se generaron extraordinarias esperanzas de que se iniciaban transformaciones radicales de la sociedad. En los casos de Ecuador y de Bolivia, los nuevos gobiernos fueron consecuencia de procesos de acumulación de fuerzas de movimientos y organizaciones sociales en lucha contra gobiernos neoliberales. La experiencia del Levantamiento Indígena en el caso ecuatoriano y de la Guerra del Agua en Bolivia, fueron expresiones de sociedades en movimiento en las cuales sectores sociales que no eran los más típicos de la acción política de la izquierda jugaron papeles protagónicos. Se trata de una emergencia plebeya, sectores sociales antes invisibilizados, indígenas, campesinos, populares urbanos, que pasan a ocupar un lugar central en la arena política. Esto generó extraordinarias expectativas.

Sin embargo, con el tiempo fueron apareciendo severos obstáculos. A pesar de los discursos altisonantes, sectores importantes de la izquierda que tuvieron papeles de dirigencia en estos procesos de lucha no habían sometido la experiencia del socialismo del siglo XX a una reflexión suficientemente crítica. Muchas de las viejas formas de entender el liderazgo, el partido, la vanguardia, las relaciones del Estado con la sociedad, el desarrollo económico, las relaciones con el resto de la naturaleza, además del peso de las cosmovisiones eurocéntricas monoculturales y del patriarcado, se hicieron presentes en estos proyectos de cambio. Se profundizaron las históricas formas coloniales de inserción en la división internacional del trabajo y de la naturaleza. Es evidente que todo proyecto que pretenda superar el capitalismo en el mundo actual tiene necesariamente que confrontarse a los severos retos que plantea la profunda crisis civilizatoria que hoy vive la humanidad, en particular la lógica hegemónica del crecimiento sin fin de la modernidad que ha llevado a sobrepasar la capacidad de carga del planeta y está socavando las condiciones que hacen posible la reproducción de la vida.

La experiencia de los denominados gobiernos progresistas se da en momentos en que se está acelerando la globalización neoliberal y China se está convirtiendo en la fábrica del mundo y principal economía planetaria. Esto produce un salto cualitativo en la demanda y precio de los commodities: bienes energéticos, minerales y productos de la agroindustria como la soja. En estas condiciones, cada uno de los gobiernos progresistas opta por financiar las transformaciones sociales planteadas por la vía de la profundización del extractivismo depredador. Esto tiene no solo las obvias implicaciones de que la estructura productiva de estos países no es cuestionada, sino que es profundizada en términos de las formas neocoloniales de inserción en la división internacional de trabajo y la naturaleza. Acentúa igualmente el papel del Estado como receptor principal del ingreso de las rentas que se producen a través de la exportación de commodities. Con ello, más allá de lo que digan los textos constitucionales sobre la plurinacionalidad y la interculturalidad, prevalece una concepción de la transformación centrada prioritariamente en el Estado y en la identificación del Estado con el bien común. Esto conduce inevitablemente a conflictos entorno a los territorios, los derechos indígenas y campesinos, a luchas por la defensa y el acceso al agua y resistencias a la megaminería. Estas luchas populares y territoriales han sido vistas por estos gobiernos como amenazas al proyecto nacional representado, diseñado y dirigido por el Estado como representante del interés nacional. Para llevar adelante sus proyectos neo-desarrollistas, a pesar de estas resistencias, los gobiernos han recurrido a la represión y van asumiendo tendencias crecientemente autoritarias. Al definir desde el centro cuáles son las prioridades y ver como amenaza todo aquello que enfrenta a esa prioridad, se va instalando una lógica de razón del Estado que requiere socavar las resistencias.

En el caso de Bolivia y Ecuador esto condujo a cierta desmovilización de las principales organizaciones sociales, así como a divisiones promovidas desde el gobierno de los movimientos que generaron fragmentaciones de su tejido social y que fueron debilitando la energía transformadora democrática que los caracterizaba.

FG: Frente a este análisis, y en particular en cuanto a la razón de Estado, las y los militantes e intelectuales que participan en estos procesos desde los gobiernos y las filas de los partidos oficialistas progresistas afirman que, finalmente, la única manera de construir un auténtico camino postneoliberal en América Latina era recuperar el Estado primero, gracias a las movilizaciones sociales-plebeyas que desplazaron a las viejas elites partidarias y, después de contundentes victorias electorales anti-oligárquicas, desde el Estado (pero con lazos hacia los de abajo), comenzar a distribuir y a reconstituir la posibilidad de una alternativa al neoliberalismo “real”.

Miriam Lang: Antes de comenzar a abordar esto, quisiera retomar un poco lo que dice Edgardo, porque el término fin de ciclosugiere un poco que se mira toda la región a partir de la experiencia argentina y brasileña donde efectivamente volvió la derecha. Sin embargo, la lectura más adecuada sería la de mirar cómo ha cambiado el proyecto de transformación durante los progresismos y por qué ahora de todas maneras estamos en otra coyuntura que hace 10 o 15 años, también en los países donde todavía hay progresismos en el gobierno, como Bolivia o Ecuador. Me refiero a lo que algunos llaman la transformación de los transformadores, y también a la diversidad de tendencias políticas que componen estos gobiernos, donde realmente las izquierdas transformadoras ya no son necesariamente hegemónicas. Sino que estos procesos se han convertido en proyectos de modernización exitosos de las relaciones capitalistas y de la inserción al mercado mundial.

FG: Al fin y al cabo, ustedes tienen una clara postura crítica sobre la división internacional del trabajo, los commodities, el uso del extractivismo, sobre el problema del Estado (a menudo autoritario y clientelar hasta hoy), fenómenos que, por cierto, no desaparecieron e incluso se consolidaron en varios planos con los progresismos. Pero no mencionaron aquí las bolsas familia, la importante reducción de la pobreza e incluso de la desigualdad, la incorporación de clases sociales subalternas a la política, la reconstrucción de los sistemas de servicios básicos, de salud pública, el espectacular crecimiento de las infraestructuras, etc., durante la década de la edad de oro de los progresismos. En resumen, si me hago portavoz de la lógica del vice-presidente boliviano García Linera, ustedes serian estos intelectuales críticos de cafetín 4/ que Linera denuncia por no tener una real empatía hacia los sectores populares y sus condiciones de vida cotidianas. Es por lo menos un clásico de la argumentación de los progresismos y del debate actual frente a la izquierda crítica.

ML: O sea, eso depende un poco del lente con el que cada uno mira la realidad. Hay que ver, por ejemplo, en la constitución bolivariana y en la constitución ecuatoriana el proyecto de transformación delineado ahí que iba mucho más allá de la reducción de la pobreza. Todo el acumulado de las luchas sociales anteriores iba mucho más allá de un poco de distribución de la renta, Con eso yo no quiero desconocer que pueda haberse hecho más fácil el día a día de muchas personas, al menos en los años de precios altos de los hidrocarburos. Pero también hay una mirada que va más allá de las estadísticas de pobreza. Podemos decir que según la línea de pobreza, tantas personas han salido de allí y eso está perfecto; pero también podemos mirar un poco más de cerca y decir: ¿de qué tipo de pobreza estamos hablando? En América Latina prima aún la medición de pobreza por ingresos y por consumo, eso es un dato que evalúa en qué medida un hogar participa del modo de vida capitalista y, posiblemente, dice poco sobre la calidad de vida que hay en este hogar. Invisibiliza las dimensiones de las economías de subsistencia, las dimensiones de la calidad de las relaciones humanas, etc. ¿En qué medida la gente pudo expresar realmente sus necesidades acorde a su contexto? ¿En qué medida esas políticas redistributivas han fortalecido o expandido territorialmente las lógicas del mercado capitalista en países donde buena parte de la población, por la enorme diversidad cultural que existe, aún no vivía completamente bajo preceptos capitalistas?

Podríamos decir que esta diversidad de modos de vida constituía un potencial transformador importante para los horizontes de superación del capitalismo. Incluso si miramos las condiciones ecológicas del planeta, en lugar de ser etiquetadas como pobres y subdesarrolladas, muchas comunidades campesinas, indígenas, negras o urbano-populares a lo mejor hubieran podido ser vistas como ejemplo de cómo se puede consumir menos y ser satisfecho mejor. En cambio, lo que pasó es justamente lo que yo llamo el “dispositivo del subdesarrollo” 5/; en el contexto de la “erradicación de la pobreza” se les dice: su modo de vida que requiere de tan poco dinero es indigno, ustedes tienen que asemejarse a la población urbana, capitalista, consumidora, tienen que manejar dinero, y la forma de intercambio es el mercado capitalista, no hay otras formas de intercambio válidas. La llamada alfabetización financiera, que formó parte de la política progresista contra la pobreza, ayudó al capital financiero a establecer nuevos mercados de crédito para los más pobres, a unas tasas de interés muchas veces altísimas. Y la famosa inclusión al consumo suele darse en condiciones de tercera. Entonces, al final, tenemos poblaciones endeudadas por consumo, a las que se les han generado necesidades que quizás antes no tenían. O sea, depende un poco de donde una mira estos temas. Es un problema de valores y de perspectiva, de cómo queremos que vivan las generaciones futuras. No se trata solamente de democratizar el consumo, sino que la apuesta era construir un mundo que sea sostenible para al menos 5, 6, 7 generaciones más adelante, y yo tengo serias dudas si esta forma de erradicación de la pobreza ha contribuido a estos fines.

EL: En el caso venezolano, la utilización de la renta petrolera en una forma diferente de como se había utilizado históricamente tuvo enormes consecuencias durante la primera década del gobierno de Chávez. El gasto social llegó a representar algo así como el 70 por ciento del presupuesto nacional. Este gasto público en salud, educación, alimentación, vivienda y seguridad social significó efectivamente una transformación profunda en las condiciones de vida de la mayoría de la población. Venezuela que, como el resto de América Latina, ha sido históricamente un país de profundas desigualdades, no sólo redujo muy significativamente los niveles de pobreza (medidos por ingreso monetario), igualmente logró reducir la desigualdad en forma notoria. La CEPAL señaló que Venezuela llegó a ser, junto con Uruguay, uno de los dos países menos desiguales del continente. Se trata de una transformación muy importante y que se expresa en asuntos tan vitales como la reducción de la mortalidad infantil y el aumento del peso y la talla de los niños. No son de modo algunas cuestiones secundarias.

Por otra parte, esto estuvo acompañado desde el punto de vista político con procesos de organización popular de base extraordinariamente amplios en los que participaron millones de personas. Algunas de las más importantes políticas sociales fueron diseñadas de tal manera que para funcionar requerían la organización de la gente. El mejor ejemplo de esto fue laMisión Barrio Adentro, servicio primario de salud de amplia cobertura en los sectores populares de todo el país, llevado a cabo con participación prioritaria de médicos cubanos. Un programa que representó la posibilidad de otras formas de entender las políticas públicas en una forma no clientelar que exigía la participación de la gente.

Se iniciaron, con la Misión Barrio Adentro, pasos importantes en la transformación del sistema de salud en el país. Se pasa de un sistema médico que era fundamentalmente hospitalario a un régimen descentralizado con servicios primarios ubicados en los propios sectores populares. De una situación en que, por ejemplo, un niño deshidratado en un barrio de Caracas en la mitad de la noche tenía que ser trasladado, fuera del horario del transporte público, al hospital más cercano, donde tenía la familia que confrontarse a las dramáticas escenas de las salas de emergencia, se pasa a una situación en la cual el módulo de atención primaria, donde vive el médico, está a poca distancia de su casa y a la hora que sea se puede tocar la puerta y ser atendido.

Barrio Adentro fue concebido como un proyecto que para funcionar requería la participación de la comunidad. El médico por sí mismo, especialmente si se trataba de un médico cubano que no conocía ni el barrio ni la ciudad, sólo podía trabajar con apoyo de la comunidad. Esto implicaba, entre otras cosas, un censo de la comunidad, la identificación de las mujeres embarazadas, de los niños con problemas de desnutrición, los ancianos, y en general la gente con requerimientos especiales. Esto constituye una concepción de política social completamente diferente a una dádiva que viene desde arriba porque hace a la comunidad coparticipe de su funcionamiento. Había en esta dinámica una potencialidad extraordinariamente rica.

FG: Entonces ¿esta potencialidad constituyente y disruptiva del proceso se fue agotando? ¿Es lo que estás diciendo?

EL: Durante los años del proceso bolivariano no sólo no se alteró la estructura productiva del país, sino que el país se hizo más altamente dependiente de las exportaciones petroleras. Las políticas públicas dirigidas hacia los sectores populares se han caracterizado en todo momento por su carácter distributivo, con un muy limitado impulso de procesos productivos alternativos al extractivismo petrolero. Esta dependencia de los altos ingresos petroleros le impuso severos límites al proceso bolivariano 6/.

El carácter dinámico, incentivador de procesos organizativos populares de las políticas públicas, se fue agotando por diferentes razones. En primer lugar, porque no en todas las Misiones (nombre genérico de las diferentes políticas sociales), se dio la riqueza que tuvieron en algunas áreas como en los programas de alfabetización y Barrio Adentro. Pero también por el hecho de que los procesos organizativos de mayor escala que se fueron organizando, hasta llegar a los Consejos Comunales y las Comunas, fueron procesos en los cuales se produjo siempre una fuerte tensión entre las tendencias de autogobierno, autonomía, de auto-organización etc., y el hecho de que casi todos los proyectos que se podían realizar desde estas organizaciones han dependido de transferencia de recursos que vienen desde arriba, desde alguna institución del Estado. Esto ha generado una recurrente tensión entre el control político-financiero desde arriba y las posibilidades de auto-organización más autónoma. Estas tensiones operaron de forma muy diversa, dependiendo de las condiciones existentes en el lugar: de la presencia o no de liderazgos locales previos; de la existencia o no de experiencias político organizativas de la comunidad antes del proceso bolivariano; así como de las concepciones políticas de los funcionarios y militantes del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) responsables de las relaciones entre las instituciones del Estado y estas organizaciones. El hecho es que ha habido una extraordinaria dependencia de la transferencia de recursos desde el Estado. No hubo posibilidad de autonomía de la mayoría de las organizaciones populares de base porque éstas no tenían capacidad productiva propia. Cuando, con la actual crisis económica que se inicia en el año 2014, se reducen las trasferencias de recursos a estas organizaciones populares, éstas tienden a debilitarse y muchas de ellas entran en crisis. Otro factor de este debilitamiento ha sido la creación de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) como mecanismo para la distribución de alimentos básicos altamente subsidiados a los sectores populares de la población. En la práctica, estos se han convertido en modalidades organizativas clientelares dedicadas exclusivamente a la distribución de alimentos y carentes de autonomía que tienden a reemplazar a los Consejos Comunales.

Las políticas de solidaridad y cooperación latinoamericanas han sido igualmente altamente dependientes de los ingresos petroleros. Para llevar a cabo políticas internacionales como los programas de entrega subsidiada de petróleo a países centroamericanos y del Caribe, apoyo financiero a Bolivia y Nicaragua, y otras diversas iniciativas que tomó el gobierno venezolano en el terreno latinoamericano, era necesario garantizar a corto y mediano plazo un incremento de los ingresos petroleros. Cuando Chávez fallece en el año 2013, el petróleo representa un 96 por ciento del valor total de las exportaciones, haciendo que la dependencia del país en el petróleo fuese más elevada que nunca antes.

En la historia petrolera venezolana, la primera década del siglo fue el momento en el que se dieron las mejores condiciones posibles para debatir, reflexionar y comenzar a experimentar en otras prácticas y otros futuros posibles para la sociedad venezolana más allá del petróleo. Un momento privilegiado para abordar los retos de la transición hacia una sociedad post-petrolera. Fue una coyuntura en la que Chávez contaba con un extraordinario liderazgo y legitimidad. Tenía capacidad para darle un sentido de rumbo a la sociedad venezolana y, con precios del petróleo que llegaron hasta 140 dólares por barril, existían recursos para responder a las necesidades de la población y dar, aunque fuesen iniciales, los pasos de una transición más allá del petróleo. Ocurrió todo lo contrario. Se repite en esos años la intoxicación en la abundancia, el imaginario de la Venezuela saudita que se había dado en la época del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en la década de los setenta del siglo pasado. Nadie en Venezuela pensó que era posible que por decreto se cerrasen todos los pozos de petróleo de un día para otro. Pero las políticas gubernamentales lejos de tomar pasos, aunque fuesen tímidos e iniciales, para superar la dependencia del petróleo, lo que hicieron fue profundizar esa dependencia. En condiciones de sobreabundancia de divisas y con el fin de intentar frenar la fuga de capitales, se estableció una paridad cambiaria controlada absolutamente insostenible. De esta manera, se acentuó la llamada enfermedad holandesa que contribuyó al desmantelamiento de la capacidad productiva del país.

Las políticas distribucionistas y las iniciativas políticas del Estado lograron mejorar las condiciones de vida de la población y fomentaron el fortalecimiento de los tejidos sociales, con amplias experiencias de participación popular. Sin embargo, esto no estuvo acompañado de un proyecto de transformación de la estructura productiva del país. Esto marcó los límites del proceso bolivariano como proyecto de transformación de la sociedad venezolana. Esto quiere decir que los procesos organizativos de base amplios que han involucrado a millones de personas, estuvieron basados en la redistribución y no en la creación de nuevos procesos productivos.

FG: Ahora, siguiendo de nuevo a García Linera (pues resume a veces más inteligentemente lo que otros opinólogos, seguidores y lo que llamo yo intelectuales de palacio intentan decir y escribir en esta línea de argumentación): según el sociólogo y estatista boliviano, esta tensión entre Estado y autoorganización, entre gobierno y movimientos, entre reivindicación del buen vivir y extractivismo a corto plazo son tensiones normales y creativas de un proceso largo de transformación revolucionaria en América Latina. Para él, los críticos de la izquierda radical hacia los procesos progresistas no entienden que son tensiones necesarias y, supuestamente, quieren proclamar el socialismo por decreto.

ML: Un problema es que los gobiernos progresistas, en la medida en que sus integrantes venían de procesos de movimientos sociales y de protesta con una identidad política de izquierda, han asumido una suerte de identidad de vanguardia. Como si ellos ya supieran qué necesita la gente. De esta manera, se han perdido los espacios de interlocución real, donde la gente diversa puede proponer efectivamente. Y la participación política se ha vuelto una especie de aclamación al proyecto del ejecutivo. Ahí es donde se empobrece precisamente. Hay muchos ejemplos en la historia europea que me hacen pensar en que se trata de una dinámica inevitable, que solemos subestimar mucho. Las izquierdas que llegan a manejar los aparatos del estado finalmente están inmersas en poderosas dinámicas propias de estos aparatos y se transforman como personas, a través de los espacios nuevos en los que se mueven, porque las lógicas del cargo les brindan otras experiencias y comienzan a moldear sus horizontes políticos y su cultura también. Se transforma su subjetividad, incorporan el ejercicio del poder. Y entonces, si no hay un correctivo por parte de una sociedad organizada fuerte, que puede reclamarles, que puede corregir, protestar, y también criticar, esto tiene que desviar obligatoriamente el proyecto.

Por otro lado, no se trata tanto de criticar los tiempos en los que se cambian las cosas –porque en eso estoy de acuerdo, en que las transformaciones profundas necesitan mucho tiempo, necesitan de un cambio cultural e incluso pueden ser generaciones. Se trata de mirar la direccionalidad que toma un proyecto político de transformación– o sea, si va en la buena dirección o no, al ritmo que sea. Y allí creo que la cuestión de profundizar el extractivismo y de rematar la naturaleza de un país simplemente anula otras posibilidades de transformación a futuro. Si estamos cerrando ciertas opciones de futuro que nos importaban por cálculos más cortoplacistas, o también por dificultades que se presentan en el momento, pues no podemos decir que es una cuestión de temporalidad; es una cuestión de direccionalidad. Tú puedes mercantilizar o desmercantilizar, pero si dices primero voy a mercantilizar todo para después desmercantilizar, no me parece que hay mucha lógica; si dices: estoy desmercantilizando pero me va a tomar más tiempo, sin embargo ahí pueden ver que estoy dando pasos en la dirección indicada, estaría bien. Entonces, por ahí creo que hay una diferencia fundamental en la lectura de los procesos.

EL: En los debates críticos sobre el extractivismo uno de los asuntos que yo creo medular es ¿qué entendemos por extractivismo? Si concebimos al extractivismo solo como un modelo económico, o como dice Alvaro García Linera como “una relación técnica con la naturaleza” compatible con cualquier modelo de sociedad, se podría concluir que es necesario profundizar el extractivismo no solo para responder a las demandas sociales, sino igualmente con el fin de acumular los recursos necesarios para invertir en actividades productivas alternativas que permitan superar el extractivismo. Pero si uno entiende el extractivismo en unos términos más amplios, si entiende que el extractivismo es una forma de relación de los seres humanos con la naturaleza; que forma parte de un patrón de acumulación del capital global; que es una forma específica de inserción en el sistema capitalista mundial y en la división internacional del trabajo y de la naturaleza; si se entiende que el extractivismo genera y reproduce unas determinadas institucionalidades, unos modelos de Estado, unos patrones de comportamiento de su burocracia; si se entiende que el extractivismo genera sujetos sociales y subjetividades; que construye cultura, necesariamente se llega a otras conclusiones.

Basta con ver los cien años de extractivismo en Venezuela. Tenemos profundamente instalada una cultura de país rico, país de abundancia. Como tenemos las reservas petroleras más grandes del planeta nos merecemos que el Estado satisfaga no sólo todas nuestras necesidades, sino igualmente, nuestras aspiraciones de consumo. Nos imaginamos que es posible una sociedad con derechos, pero sin responsabilidades. Nos merecemos que la gasolina sea gratis. Estos patrones culturales, una vez firmemente arraigados en el imaginario colectivo constituyen un severo obstáculo para la posibilidad de una transformación no sólo para superar el capitalismo sino para afrontar la crisis civilizatoria que hoy vive la humanidad. Sirven estos imaginarios de abundancia material siempre creciente de sustento a concepciones economicistas/consumistas de la vida que dejan afuera una amplia gama de los asuntos fundamentales que tendríamos que confrontar hoy. Ello bloquea la posibilidad del reconocimiento de que las decisiones que se están tomando hoy tienen consecuencias a largo plazo en un sentido absolutamente divergente de lo que proclama el discurso oficial como horizonte de futuro para la sociedad venezolana.

Desde este imaginario del Dorado, de tierra de abundancia infinita, se asume como necesario, por ejemplo, la explotación minera en gran escala en el denominado Arco Minero del Orinoco. Mediante un decreto presidencial, Nicolás Maduro a comienzos del año 2016, decidió abrir 112 mil kilómetros cuadrados, un territorio del tamaño de Cuba, el 12 por ciento del territorio nacional, a las grandes empresas mineras transnacionales. Se trata de una zona que forma parte de la selva amazónica (con la importancia que ésta tiene en la regulación de los sistemas climáticos globales); una zona donde habitan diversos pueblos indígenas diferentes cuyo territorios debían haber sido demarcados de acuerdo a la Constitución del año 1999 y cuya cultura, incluso su vida, está hoy severamente amenazadas; un territorio donde están buena parte de las cuencas de los principales ríos del país; las principales fuentes de agua; un territorio de una extraordinaria diversidad biológica; un territorio donde están las represas hidroeléctricas que producen el 70 por ciento de la electricidad que se consume en el país. Todo esto está amenazado en una apertura que se ha iniciado con la convocatoria a 150 empresas transnacionales. Está concebido como una zona económica especial donde aspectos fundamentales de la Constitución y las leyes de la República, como los derechos de los pueblos indígenas y las legislaciones ambientales y laborales no tienen que cumplirse. Esto con el fin de crear las condiciones más favorables posibles para atraer la inversión extranjera. Se están así tomando decisiones que están diseñando un proyecto de país que posiblemente tenga consecuencias durante los próximos 100 años.

FG: Otro tema esencial, según mi entender, para la discusión es la problemática geopolítica, y en este caso los avances en el plano de la integración regional conectado a la evaluación de las nuevas estrategias del imperialismo y su injerencia en el continente. Muy a menudo se critica a los críticos de izquierda (sean marxistas, eco-sociales, feministas, etc.) diciendo ustedes menosprecian y no miden correctamente el impacto de la injerencia o desestabilización de los Estados Unidos, centrándose esencialmente en una crítica interna de los procesos y de los gobiernos. Es lo que afirma el sociólogo argentino Atilio Borón entre otros: varios de sus textos insisten en el hecho que hay que entender que por moderados que sean los gobiernos progresistas, abrieron una nueva ola de integración sin los EE UU y que eso representaría un paso gigantesco en la historia regional en perspectiva bolivariana. Entonces, ¿qué pensar del estado de la integración latinoamericana, cuál son los avances y limites hoy en día en este plano?

M.L: Hace diez años, realmente hubo impulsos y propuestas interesantes y esperanzadoras a nivel mundial desde América Latina, en el sentido de que se planteó la integración regional en otra dirección que la de la Unión Europea con su constitución neoliberal, sobre todo en términos de lo que fue el Banco del Sur que iba a impulsar proyectos de soberanía y sustentabilidad y no de desarrollo en términos clásicos, o con el proyecto del SUCRE. Lamentablemente no han prosperado estas iniciativas a lo largo de los 10 años, sobre todo por la resistencia de Brasil, que obviamente tiene un rol importante en la región y que se orientó más hacia sus copaíses BRICS y priorizó sus intereses de potencia mundial.

E.L: Al final, Brasil estaba de acuerdo con el Banco del Sur con tal de que fuese un banco de desarrollo más…

FG: Si vemos ahora el caso de la honda crisis venezolana, tema y drama que ha polarizado mucho los intelectuales (como también la sociedad venezolana obviamente), hemos presenciado la traducción de esta polarización en torno a dos llamados internacionales. Primero el llamado que se realizó (con participación activa de Edgardo) desde Venezuela, “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela. Mirar a Venezuela, más allá de la polarización” 7/ que ustedes firmaron y, segundo, la respuesta titulada ¿Quién acusará a los acusadores?”, que dan los miembros dela “Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad” REDH 8/, que es una respuesta bastante hostil. Uno de los argumentos centrales de los miembros de la REDH es afirmar que la crisis de Venezuela es, según ellos, ante todo producto de una agresión imperialista y de una insurrección de la derecha neoliberal así como también de una “guerra económica”. Insisten que estamos en un contexto regional de retorno de las derechas, después del golpe en Brasil, y que eso obliga la izquierda a cerrar filas detrás de los gobiernos que enfrentan esta agresión, dejando de lado “contradicciones secundarias”. Al contrario, el llamado que firmaron ustedes dos dice: “no creemos, como afirman ciertos sectores de la izquierda latinoamericana, que hoy se trate de salir a defender a un gobierno popular anti-imperialista. Este apoyo incondicional de ciertos activistas e intelectuales no sólo revela una ceguera ideológica sino que es perjudicial, pues contribuye lamentablemente a la consolidación de un régimen autoritario”. A esta altura, como leen ese debate que significó varios otros textos e intercambios a veces claramente ofensivo de ambas partes.

ML: Hace poco una colega me decía que las miradas geopolíticas invisibilizan a los intereses y las voces de los pueblos. Y yo no sé si eso es una contradicción secundaria. A mí me parece muy deplorable la forma en la que se ha dado esta confrontación, porque más bien cerró espacios de reflexión en lugar de abrirlos. Creo que lo que necesitamos en este momento es justamente una reflexión más profunda, son espacios de debate y no de cerrazón, para poder encontrar alguna solución a la crisis venezolana. Y tengo la sensación de que mientras más lejos la gente está del proceso venezolano, más necesidad tiene de afirmar una suerte de identidad solidaria, que es más bien una suerte de reflejo anti imperialista bastante abstracto, desvinculado de lo que sucede en el día a día en Venezuela. Yo creo que las solidaridades que necesitamos construir son diferentes. No deberían girar alrededor de nosotros mismos, de nuestras necesidades de afirmar una identidad política tal como una profesión de fe, sino ser más un buscar caminos conjuntamente, entre pueblos concretos. La solidaridad debería ser con la gente realmente existente, que muchas veces no tiene los mismos intereses que un gobierno.

Y esto me lleva a una autocrítica: Recientemente regresé a Venezuela y tuve la oportunidad de conversar con algunos sectores del chavismo crítico, y sólo en este momento fue que entendí como este campo se ha transformado en los últimos años. Y lo complicado que es solidarizarse, incluso de manera crítica y diferenciada, en el escenario hiperpolarizado que existe hoy. La carta que yo firmé a lo mejor debió pensarse más, discutirse más antes de circularla, y yo misma debí tomarme más tiempo para interlocutar con los diferentes sectores del chavismo crítico antes de firmar; justamente para ser coherente con mi propio planteamiento. Aunque sigo pensando que es necesario defender la institucionalidad democrática y ciertos valores liberales, como lo hace la carta, o sea, que hay que ampliarlos y profundizarlos pero al mismo tiempo defenderlos, como resultados de luchas pasadas. Y sobre todo, pienso que una agresión exterior no puede justificar nunca los errores que se hacen al interior.

Esta polarización que se ha producido en Venezuela y en otros países también, que no permite tonos grises más allá del blanco y negro, es muy negativa y muy nociva a la transformación. Hace muy difícil solidarizarse sin causar daño por un lado o por el otro. Como feminista, también siento que la forma en la que se da todo este debate es extremadamente patriarcal, plagada de binarismos simplificadores, de lógicas bélicas y de egos que se autoalimentan, mientras lo que deberíamos hacer es construir lazos y otras formas de hacer política, es decir acompañarnos en caminos de búsqueda de alternativas.

FG: Efectivamente parece que se ha perdido cierta dialéctica del pensamiento crítico en ese debate 9/. En cuanto a la polarización en Venezuela, los defensores incondicionales de Maduro subrayan que la polarización es sobre todo entre la derecha aliada del imperialismo versus el “pueblo” y el gobierno bolivariano. Tal análisis se basa, obviamente, en elementos concretos de las coordenadas del conflicto actual, pero no deja espacio para entender las tensiones, diferenciaciones y contradicciones internas al chavismo y también dentro del campo popular.

ML: Hay una especie de construcción artificial de una unidad entre gobierno y pueblo, como también sucedió mucho en relación a Cuba, por ejemplo. O sea el pueblo cubano es uno solo y el que habla por el pueblo cubano es necesariamente su gobierno. Como si no hubiese relaciones de dominación y conflictos de intereses en la sociedad cubana. Entre hombres y mujeres, pero también entre Estado y sociedad, o entre negros, mestizos y blancos, o entre campo y ciudad. Desde esta perspectiva que unifica gobierno y pueblo en un solo bloque simbólico no puede nacer nada emancipatorio, realmente. Finalmente, a lo que apostamos es reducir o superar esas relaciones de dominación, si entiendo bien la tarea. En esta construcción dicotómica, de polarización, se reactualizan lógicas de guerra, que son un legado cultural que las izquierdas acarrean desde la guerra fría, y que ya en aquel momento histórico nos permitieron evitar muchos aprendizajes necesarios. Legado que tal vez fue superado parcialmente por la revuelta del ’68 con sus impactos culturales sobre las sociedades, pero está sufriendo una reactualización ahora que yo siento bastante dolorosa.

FG: Edgardo sobre las lógicas bélicas y la situación en Venezuela. ¿Cómo intentar enfrentar abajo y a la izquierda la crisis venezolana? Personalmente, no firmé ninguno de los dos llamados internacionales, porque realmente sentí que ninguno respondía a la vez a la urgencia de la situación, a la necesaria denuncia de la agresión imperialista, de la derecha y sus sectores abiertamente golpistas, y, al mismo tiempo, en la otra mano, que fuera capaz de emitir un análisis crítico abierto y claro sobre las derivas autoritarias del madurismo; pero no sólo desde la defensa formal de la Constitución de 1999, pero también desde el necesario rescate de las formas de poder popular, de las experiencias de auto-organización, del proyecto comunal que sobreviven, a pesar de todo, en los intersticios del proceso…

EL: Obviamente, ha habido una ofensiva sostenida por parte del Imperio, por parte de Estados Unidos. Desde el inicio del gobierno de Chávez existieron tentativas por parte del gobierno de Estados Unidos para socavar este proceso, tanto por razones geopolíticas como económicas. Sabemos que tanto las reservas petroleras de Venezuela, como el oro, el coltán, el uranio y demás abundantes reservas de minerales existentes en el sur del país son esenciales para Estados Unidos, ya sea para sí mismo o para limitar el acceso a éstas por parte de sus rivales globales. Desde 1999, Venezuela representó un punto de entrada para los cambios en el continente, y por eso también EE UU apoyó el golpe militar de 2002 y el paro petrolero lock-out empresarial de 2002-2003 que paralizó el país durante dos meses, con la intención expresa de derrocar al gobierno del presidente Chávez. Sabemos que grupos y partidos de la extrema derecha venezolana han contado con el asesoramiento y financiamiento permanente por parte del Departamento de Estado. El bloqueo financiero y las explícitas amenazas de intervención armada formuladas por Trump no pueden de modo alguno ser tomadas a la ligera. Ha habido igualmente injerencias importantes del uribismo y el paramilitarismo colombiano. Este tipo de agresiones hacen parte del panorama de la crisis actual en Venezuela, y nadie desde la izquierda puede eludirlo o ponerlo en un segundo plano.

Ahora el problema del proceso bolivariano es: ¿Qué es lo que queremos defender? y ¿Cómo hay que defenderlo? ¿Tenemos que defender cualquier gobierno por tener un discurso enfrentado con EE UU? O ¿tenemos que defender un proceso colectivo de carácter democrático, anticapitalista y antiimperialista, que apunte a un horizonte que responda a la profunda crisis civilizatoria que atravesamos? ¿Tenemos que defender al gobierno cada vez más autoritario de Maduro, o tenemos que defender el potencial transformador que surgió en el año 1999? Hoy para la preservación del poder para el gobierno de Maduro juegan un papel mucho más importante el clientelismo y las amenazas de cortar el acceso a los bienes básicos subsidiados (en condiciones en que para una elevada proporción de la población esta es la única forma de tener acceso a la comida), que la apelación a la participación popular. Y ahí, en el fondo, un tema del debate es ¿qué entendemos hoy por izquierda? ¿Podemos pensar la izquierda sin el cuestionamiento de lo que ha sido el socialismo del siglo pasado? Cuando fuerzas que pretendieron superar la democracia burguesa terminaron siendo regímenes autoritarios, verticales, de carácter totalitario… Hoy, en Venezuela, tenemos que preguntarnos si estamos caminando en la dirección de la profundización de la democracia o si se están cerrando las puertas a la participación directa de la gente en la orientación del destino del país.

En Venezuela, en el año 1999 se realizó una Asamblea Constituyente (AC) con altísimos grados de participación, se organizó un referéndum para decidir si se iba a realizar una AC, se eligieron los constituyentes con elevada participación, se aprobaron los resultados con una mayoría del 62% de los votos, se gastaron enormes recursos para modernizar el régimen electoral, estableciendo un sistema totalmente digitalizado, transparente y con múltiples mecanismos de control, y auditoría. Un sistema electoral confiable, prácticamente a prueba de fraude como ha sido reconocido por numerosos organismos internacionales y expertos electorales en todo el mundo. Pero, en diciembre del 2015, la oposición gana las elecciones parlamentarias con una amplia mayoría, y el gobierno se encuentra ante la disyuntiva de respetar dichos resultados electorales y permanecer fiel a la constitución del año 1999, o por el contario, hacer todo lo posible por permanecer en el poder, aunque ello implicase desconocer la voluntad de la mayoría de la población o sacrificar el sistema electoral que había conquistado tan altos niveles de legitimidad. Opta claramente por permanecer en el poder a como dé lugar.

Paso a paso se van tomando decisiones que van definiendo una deriva autoritaria. Se impide la realización del referéndum presidencial revocatorio en el año 2016, se postergan inconstitucionalmente las elecciones de gobernadores de diciembre del mismo año, se desconocen las atribuciones de la Asamblea Nacional y éstas son usurpadas entre el Tribunal Supremo de Justicia y el Poder Ejecutivo. A partir de febrero 2016 el Presidente comienza a gobernar por la vía de un estado de excepción (“emergencia económica”), violando expresamente las condiciones y límites temporales establecidos en la Constitución del año 1999. Asumiendo atribuciones que de acuerdo a la Constitución corresponden al pueblo soberano, Maduro convoca a una Asamblea Nacional Constituyente y se definen mecanismos electorales destinados a garantizar el control total de esa asamblea. Se elige una Asamblea Nacional Constituyente monocolor, sus 545 integrantes están identificados con el gobierno. Esta asamblea, una vez instalada, se autoproclama como supraconstitucional y plenipotenciaria. La mayoría de sus decisiones son adoptadas por aclamación o por unanimidad sin debate alguno. En lugar de abordar la tarea para la cual supuestamente fue elegida, la redacción de un nuevo proyecto de Constitución, comienza a tomar decisiones referidas a todos los ámbitos de los poderes públicos, destituye funcionarios, convoca elecciones en condiciones destinadas a impedir o hacer muy difícil la participación de quienes no apoyan al gobierno, aprueban lo que denomina leyes constitucionales con lo cual de hecho se produce la abolición de la Constitución del año 1999. Aprueban leyes de carácter retroactivo, como la decisión de ilegalizar a los partidos que no participaron en las elecciones de alcaldes de diciembre del 2017. Se impide la participación de candidatos de izquierda diferentes a los decididos por la cúpula del PSUV. Mientras tanto, el Consejo Nacional Electoral realiza un fraude para bloquear la elección de Andrés Velázquez como gobernador del Estado Bolívar…

Lo que está en juego aquí no es la defensa formal de la Constitución del año 1999, sino de la defensa de la democracia, no una democracia formal burguesa, sino la apertura hacia la profundización de la democracia que representó la Constitución del año 1999. Sin que se haya producido un hito único que defina una ruptura del orden constitucional democrático creado en el año 1999, como un salami, ese orden democrático constitucional viene siendo rebanado paso a paso, sucesivamente, hasta encontrarnos en la situación actual en que ya éste no es reconocible.

FG: Entonces, después de este panorama muy complejo donde los progresismos conocen reveses bruscos o graduales, donde las izquierdas críticas o radicales no logran surgir como fuerza popular masiva, donde las fuerzas electorales de recambio realmente existentes son, de momento, derechas neoliberales agresivas, hasta insurreccionales en algunos casos como Venezuela, ¿cómo pensar alternativas concretas en este fin de hegemonía de los progresismos y repunte de una neoliberalismo tardío? Desde la perspectiva del buen vivir y del ecosocialismo, desde la crítica a los límites y contradicciones de los gobiernos progresistas, desde el feminismo popular o decolonial, ¿cómo pensar utopías con perspectivas concretas para Nuestramérica?

EL: En Venezuela, la única fuente de optimismo para mí en este momento es el hecho de que ha sido tan profunda la crisis y ha golpeado de tal manera la conciencia colectiva que es posible que el encanto del petróleo, del rentismo y del Estado Mágico benefactor proveedor comience, lentamente, a disiparse. Todo el debate político izquierda-derecha en las últimas décadas ha operado al interior de los parámetros del imaginario petrolero, al interior de esta noción de Venezuela país rico, dueño de las mayores reservas petroleras del planeta. La política ha girado en torno a las demandas que diferentes sectores de la sociedad le hacen al Estado para acceder a estos recursos. Yo empiezo a ver señales, todavía lamentablemente débiles, de un reconocimiento de que no es posible seguir en ese rumbo. Comienza a asumirse que un ciclo histórico llega a su fin. La gente empieza a rascarse la cabeza, ¿y ahora qué? Yo tengo relaciones desde hace años con lo que es el proceso de organización popular más continuo y más vigoroso en Venezuela, CECOSESOLA 10/. Es esta una red de cooperativas que operan en varios estados del centro y occidente del país que relaciona una amplia red de productores agrícolas y artesanales con consumidores urbanos, además de un estupendo centro de salud cooperativo y una cooperativa funeraria. Me ha impactado la presencia de temas como el rescate y el intercambio de semillas en las conversaciones cotidianas. El reconocimiento de un antes y un después del inicio de la actual crisis. Hace poco, cuando en alguna comunidad agrícola alguien bajaba de una población cercana se le decía acuérdate de traerme una lata de semilla de tomate. Eso era lo cotidiano. Esas eran semillas de tomates importadas, seleccionadas e hibridas que no se reproducían, no necesariamente transgénicas, pero si estériles después de la primera siembra. Con la crisis económica, ese acceso a las semillas se corta abruptamente. Se retoman prácticas campesinas ancestrales. Comienzan reuniones entre campesinos en las que se plantea ¿quién tiene semillas de qué? Semillas autóctonas que estaban solo preservadas en pequeña escala empiezan a intercambiarse, semillas de papas, semillas de tomates, etc. Se abren así nuevas posibilidades. Vamos a despertarnos de este sueño (que resultó ser una pesadilla) y pensar en la posibilidad de que estamos en otra parte, en otro país, en otras condiciones y la vida sigue pero ahora va por nuevo camino.

FG: Miriam, lo que dice Edgardo es interesante pero describe, por el momento, embriones muy pequeños de poder popular, que pueden parecer poco operativos frente a los inmensos desafíos regionales, la mundialización financiera, el caos mundial….

ML: Claro, o sea, depende un poco desde donde ves la cosa, yo creo que aquí por ejemplo en Europa, lo que toca hacer es empezar a tomar conciencia de los efectos que causa en otras partes del mundo el modo de vida de consumo intensivo que todos asumen con una naturalidad casi absoluta. Me parece que las dimensiones de la destrucción que esto ocasiona, no solamente en términos ambientales sino también de tejido social, de subjetividades, son mucho más importantes de lo que se presume en Europa, donde todo esto permanece prácticamente invisible, camuflado por entornos de consumo agradables y anestesiantes.

EL: O la creencia de que el nivel de vida del Norte no depende del extractivismo en el Sur.

ML: Algunos denominamos esto el modo de vida imperial, que asume automáticamente que los recursos naturales y el trabajo barato o esclavizado de todo el mundo son para el 20 por ciento más acomodado de la población mundial que vive en los centros capitalistas o las clases medias y altas de las sociedades periféricas. Y si es barato, qué bueno. Da la sensación de que el planeta va a colapsar ecológica y socialmente por la enorme cantidad de gadgets que se producen, que nadie necesita realmente excepto “los mercados”, por todo lo que el capitalismo sugiere como necesidades artificialmente construidas. Entonces, aquí en los centros capitalistas hay una tarea muy importante de reducir la cantidad de materia y de energía que se gasta. Por ejemplo, los movimientos alrededor del decrecimiento tienen una buena perspectiva en términos de transformación cultural, donde por los malestares con el neoliberalismo que tú mismo mencionaste antes, la gente redescubre otras dimensiones no materiales de la calidad de vida, y también la riqueza de autoproducir ropa, o miel, u otras cosas.

FG: Sí, aquí también en Francia, hay actualmente un montón de redes alternativas campesinas, experiencias colectivas autogestionadas, zonas que defender (ZAD), monedas alternativas, etc. pero son todavía muy pequeñas.

ML: Claro, son redes pequeñas por ahora, sin embargo lo importante es contagiar a más gente con estos imaginarios de bienestar diferentes, para que el cambio se haga no por la fuerza, o no por la crisis, sino por el propio deseo. Que la gente pueda sentir, experimentar en carne propia que hay otras dimensiones de buena vida que fácilmente pueden compensar el tener menos materialmente, y que un decrecimiento no tiene por qué vivirse como pérdida.

EL: No como un sacrificio de dejar de tener cosas…

FG: De hecho, aquí, se habla cada vez más de la necesaria conquista de una sobriedad feliz y austeridad voluntariafrente al despilfarro consumista, es un concepto interesante, potente, que se puede conectar al buen vivir y al ecosocialismo.

ML: Yo siento cada vez que voy a Europa que hay muchísimo malestar con este modo de vida superacelerado que prima aquí, tengo muchos amigos que se enferman, si no físicamente se enferman psicológicamente, el stress, la depresión, los burnouts, los ataques de pánico. Las dimensiones que esto adquiere se ocultan bastante sistemáticamente en los discursos dominantes que siguen asociando bienestar a crecimiento económico, y mucho más aún en lo que se percibe desde el Sur global. Visto desde América Latina, aquí en los países centrales, todo es necesariamente una maravilla. Entonces, visibilizar estos malestares y visibilizar las otras formas de vida que ya resultan de ellos, sería un paso importante. Porque en el Sur, curiosamente todo el mundo cree que es mejor vivir en la ciudad, mientras que en Alemania o en España al contrario se multiplican las comunidades ecológicas que van al campo. O sea, sería un paso para contribuir a quebrar esa hegemonía del desarrollo imitativo, que obliga al Sur a repetir todos los errores que ya se han hecho en las sociedades del Norte, como el atascar las ciudades con autos, por ejemplo. Pero algunas de ellas aquí en el Norte se están superando también desde las nuevas generaciones, como en la división del trabajo entre hombres y mujeres. Ahora, en las generaciones de la mía para abajo, el compartir las tareas del cuidado no solamente en la pareja sino más allá de la pareja, tal vez en el edificio, en la comunidad que se pueda generar en un espacio reducido de convivencia, ya se ha vuelto más normal.

Eso también es otro elemento importante, el construir comunidad contra la individualización forzada, tanto en el campo como en la ciudad. No me refiero a la comunidad entendida como el pequeño pueblo campesino, ancestral, fijado en el tiempo, sino a comunidades políticas en movimiento, que incorporan sus tareas de cuidado como unas tareas colectivas y entonces reorganizan la vida alrededor de lo que reproduce la vida, y no alrededor de lo que demandan el mercado o el capital. Y creo que habría que visibilizar todos los esfuerzos que ya se están haciendo en este sentido, donde la gente vive relativamente bien, tanto en el Norte como en el Sur. En el Sur en parte serán comunidades ancestrales, pero también hay otras de nueva creación, mientras en el Norte suelen ser recientemente constituidas. Se trata de cambiar un pensamiento único y mirar las cosas que existen, no hay que inventar todo de cero.

Por ejemplo, existe una visión de que los barrios periféricos urbanos son un infierno, en el Sur global sobre todo. Pero si vas a mirar desde más cerca, hay muchas lógicas ahí que son absolutamente anticapitalistas, la de no trabajar, la de dar prioridad a la fiesta, la de intercambios no mediados por la lógica del dinero… Tal vez no es el modelo, de todas maneras no hay ningún modelo y no debería haber, eso es muy importante recalcar. No vamos a tener, después del socialismo del siglo XX, una nueva receta única en la que vamos a inscribirnos todos y seguirla, sino más bien se trata de permitir esa diversidad de las alternativas, para que desde cada cultura y contexto puedan construirse, desde la gente que está involucrada en ellas. Los buenos vivires en plural.

También tenemos que generar una cultura de alternativas que nos permite errar, equivocarnos, aprender de los errores. Estos espacios de experimentación social donde decimos bueno vamos a intentar eso, no funciona, vamos a intentar otra cosa, pero en cohesión y sin competir, según el principio de cooperación y no de competencia. Un libro que se llama “The future of development” 11/ afirma que el porcentaje de la población mundial realmente inserta en los circuitos del mercado globalizado neoliberal es apenas la mitad, y que el resto todavía está en lo que llamaríamos los márgenes. Eso da esperanzas, también quiere decir que la mitad de la población mundial está en otra cosa, más allá del modelo dominante, entonces deberíamos empezar a mirar por ahí.

FG: Muy bien, muchas gracias.

Transcripción de la entrevista realizada por Alejandra Guacarán (Master LLCER – Universidad Grenoble-Alpes), revisión, corrección y actualización por FG, EL y ML.

1/ Se puede consultar parte de las comunicaciones y ver los videos de las conferencias magistrales de Pierre Salama, Miriam Lang y Edgardo Lander aquí: https://progresismos.sciencesconf.org.

2/ www.rosalux.org.ec.

3/ https://www.tni.org.

4/ Ver: Álvaro García Linera, “Conferencia Magistral en el Teatro Nacional de la Casa de la Cultura Ecuatoriana” Quito, Ecuador, 2015: https://www.youtube.com/watch?v=DeZ7xtBJT8U.

5/ Ver: Miriam Lang y Dunia Mokrani (comp.), Más allá del desarrollo, Fundación Rosa Luxemburg/Abya Yala, Quito, 2012, www.rosalux.org.mx/docs/Mas_alla_del_desarrollo.pdf.

6/ Edgardo Lander, La implosión de la Venezuela rentista, TNI, 2016, https://www.tni.org/es/publicacion/la-implosion-de-la-venezuela-rentista.

7/ http://llamadointernacionalvenezuela.blogspot.fr/2017/05/llamado-internacional-urgente-detener_30.html.

8/ www.resumenlatinoamericano.org/2017/06/01/la-red-de-intelectuales-redh-responde-a-una-declaracion-en-la-que-se-ataca-al-proceso-bolivariano-de-venezuela/.

9/ Para un primer balance sobre la crisis Venezolana, desde opiniones plurales, ver: Daniel Chávez, Hernán Ouviña y Mabel Thwaites Rey (comp.), Venezuela: Lecturas urgentes desde el Sur, CLACSO, 2017, www.biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/…/Venezuela_Lecturas_Sur.pdf.

10/ http://cecosesola.net.

11/ Gustavo Esteva, Salvatore Babones, and Philipp Babcicky, The Future of Development: A Radical Manifesto, Policy Press, Bristol, 2013.

Gramsci: Dante y Maquiavelo

Hay que limpiar la doctrina política de Dante de todas las construcciones posteriores, reduciéndola a su precisa significación histórica. Una cosa es el que, por la importancia de Dante como elemento de la cultura italiana, sus ideas y sus doctrinas hayan tenido una eficacia sugestiva para estimular y solicitar el pensamiento político nacional; pero hay que excluir que esas doctrinas hayan tenido un valor genético propio, en sentido orgánico. Las soluciones pasadas de determinados problemas ayudan a encontrar la solución de problemas actuales análogos, por la costumbre crítica cultural que se crea en la disciplina del estudio, pero no se puede nunca decir que la solución actual dependa genéticamente de las soluciones pasadas: la génesis de aquélla se encuentra en la situación actual y sólo en ella. Este criterio no es absoluto, o sea, no tiene que llevarse al absurdo: entonces se caería en el empirismo, porque máximo actualismo es empirismo máximo. Seguir leyendo Gramsci: Dante y Maquiavelo

Los problemas de la izquierda revolucionaria

por Gustavo Burgos //

El día de ayer los fiscales Gajardo y Norambuena renunciaron al Ministerio Público, en protesta por la política de impunidad que ha caracterizado a su institución respecto de los casos r de corrupción y financiamiento ilegal de la política. El Fiscal Nacional Abbott, en una pobre defensa de su proceder, indicó que su institución era “más que dos fiscales”. Seguir leyendo Los problemas de la izquierda revolucionaria

Los 10 mejores libros de economía marxista de 2017

El año pasado se publicaron algunos libros fundamentales e importantes de economía marxista, incluyendo: la obra maestra de Anwar Shaikh, Capitalismo: competencia, conflictos y crisis (que voy leyendo poco a poco de forma regular); Fred Moseley, Dinero y Totalidad, una imponente defensa de la teoría del valor de Marx; Francois Chesnais, El Capital Financiero en la actualidad, que describe las tendencias  de las finanzas modernas; así como las importantes contribuciones de Tony Norfield y John Smith (El Imperialismo en el siglo XXI).

Es difícil competir con ellos en 2017. Sin embargo, este año se conmemoró el 150 aniversario de la publicación del Volumen I de El Capital de Karl Marx, por lo que se publicaron algunos libros importantes sobre él que todo el mundo debería leer.

En mi opinión, Guía de lectura de El Capital de Joseph Choonara es la más clara y concisa de todas las “guias” y conferencias en vídeo disponibles o que fueron publicadas este año. Choonara lleva de la mano al lector a través de cada capítulo del Volumen I con análisis explicativos y comentarios relevantes. Choonara afirma que “está diseñada para ser leída en paralelo con El Capital, pudiéndose consultar cada capítulo del libro antes o después de digerir las secciones pertinentes de la obra de Marx”. El objetivo, a diferencia del enfoque más amplio de Harvey en sus conferencias en vídeo, es  “detenerse en aquellas áreas que son las más importantes para la comprensión general de la obra de Marx y las que más a menudo confunden, a partir de mi propia experiencia en la enseñanza de El Capital a estudiantes y trabajadores de izquierdas en la última década”. Porque, en opinión de Choonara, Marx intentó en El Capital analizar el capitalismo desde el punto de vista de los trabajadores y está dirigido a un público de clase trabajadora. El Capital hace evidentemente lo primero, pero es más dudoso que lograse su objetivo de llegar a los lectores de clase obrera. La Guía de Choonara puede ayudar a ello.

Desde luego, saqué más partido a la Guía de Choonara que al libro de William Clare Roberts, el Infierno de Marx, ganador del premio Memorial Isaac Deutscher de este año. Partiendo del tema del infierno de Dante de Marx para describir las iniquidades del capitalismo, Roberts nos presenta una ‘teoría política del capital’. No estoy seguro de la utilidad de este enfoque. Como dice David Harvey en su reseña del libro, “Mi objeción más grave es que Roberts trata el Volumen 1 de El Capital como un texto independiente y trata de interpretarlo ignorando su relación con otras obras de Marx”.  Y el tema del infierno tiene poco que decir acerca de la teoría económica de Marx, excepto para aceptar la interpretación de la teoría del valor de Marx de Michael Heinrich (incorrecta desde mi punto de vista).

Libros economía marxistaSi lo que quiere leer es teoría económica marxista, tengo que recomendar la edición de Rick Kuhn de los ensayos de Henryk Grossman sobre la dinámica económica, la teoría de las crisis de Sismondi y sobre las diversas tendencias de la teoría económica burguesa. Nos ayuda a comprender el alcance del penetrante análisis del capitalismo de Marx en comparación con las principales corrientes burguesas y los socialistas utópicos. El análisis de Marx destruye la idea de que todo puede ser explicado por el intercambio y los mercados. Hay que ahondar debajo de la superficie para llegar al proceso de producción, en particular a la producción de valor (valor de uso y valor de cambio). Como Grossman dice: “Marx hace hincapié en la importancia decisiva del proceso de producción, considerado no sólo como un proceso de valorización, sino al mismo tiempo como un proceso de trabajo … cuando el proceso de producción es considerado como un mero proceso de valorización -como en la teoría clásica- tiene todas las características del acaparamiento, se pierde en la abstracción y ya no es capaz de captar el proceso económico real” (pág. 156).

A pesar del poder del análisis de Marx, son todavía las ideas de Keynes las que dominan el pensamiento de los economistas heterodoxos en su oposición a la corriente ortodoxa. Y esto no es casual. En un excelente libro, Geoff Mann, de la Universidad Simon Fraser, presenta una explicación sofisticada del predominio de Keynes en el movimiento obrero y la izquierda. En su A largo plazo todos muertos, Geoff Keynes sostiene que la hegemonía de Keynes se debe porque ofrece una tercera vía entre la revolución socialista y la barbarie, es decir, el fin de la civilización como ‘nosotros (en realidad la burguesía como Keynes) la conocemos’. Ello ha atraído (y todavía atrae) a los líderes del movimiento obrero y a los “pregresistas” que desean un cambio. La revolución es arriesgado y podemos acabar hundiéndonos con ella. Mann afirma: “La izquierda quiere democracia sin populismo, quiere política de cambio sin los riesgos de cambiar; quiere revolución sin revolucionarios”. (pág. 21).

Mann sostiene que la teoría economica keynesiana es predominante en la izquierda a pesar de sus falacias y fracasos porque expresa el temor de muchos dirigentes del movimiento obrero a las masas y a la revolución. A modo de ejemplo, basta leer el último libro del economista keynesiano James Kwak. Kwak cita a Keynes: “En general, creo que el capitalismo, gestionado con prudencia, probablemente puede ser más eficiente para la consecución de los fines económicos que cualquier sistema alternativo conocido, pero eso mismo es en muchos aspectos muy objetable. Nuestra tarea es diseñar una organización social que sea lo más eficiente posible sin ofender nuestras nociones de una vida satisfactoria”.  Y comenta Kwak:  ‘Ese sigue siendo nuestro desafío hoy’.

Para ser justos, no es fácil optar por una política económica que amenaza al orden establecido. los medios de comunicación y las instituciones burguesas lo convierten en un infierno. En el libro autobiográfico del año, del economista Yanis Varoufakis, ex-ministro de Finanzas griego durante la crisis del euro de 2015, describe los tortuosos y laberínticos debates y reuniones que tuvo en el Eurogrupo en su intento de luchar contra el infierno que la troika del FMI, el BCE y la UE querían imponer a Grecia. Comportarse como adultos: mi batalla contra el establishment europeo, es un relato personalizado, por decirlo suavemente. El análisis de la crisis de Varoufakis y su justificación de lo sucedido (la capitulación del gobierno de Syriza y su dimisión del gobierno griego) tienen todas las características de su ‘marxismo errático’ (como se describe). Perdió su batalla, pero la guerra continúa.

2017 fue también el primer año del reinado de Donald Trump sobre el capital estadounidense. Uno de sus objetivos principales era desregular el sector de las finanzas y de las empresas de las limitaciones impuestas por el Congreso (hasta cierto punto) después de la crisis financiera global. Desregulación en casa, pero proteccionismo cara al extranjero. El libro de Brett Christophers, El Gran Nivelador, analiza esta tensión dinámica entre la liberación del capital de la regulación y, sin embargo asegurar que no hunde la casa. Christopher argumenta que en esta dinámica, se menosprecia el papel del derecho y las normativas legales en el intento de preservar un  “delicado equilibrio entre la competencia y el monopolio”,  que es necesario para  “regular los ritmos de acumulación capitalista”. El tema que subraya Christophers es el papel de la ley a la hora de limitar las anárquicas oscilaciones entre el monopolio y una competencia mortífera en diferentes períodos del capitalismo. Se trata de una nueva visión.

Libros economía marxistaPero el 150° aniversario de El Capital no podía pasar sin un nuevo libro de David Harvey, el marxista más influyente en la actualidad. En su La locura de la razón económica, Harvey expone su última interpretación del esquema de Marx en El Capital. Es un libro bien escrito y fácil de leer y no demasiado largo. Y hay muchas clases en video de Harvey sobre los principales argumentos del libro. Harvey presentó su última tesis en el seminario Capital.150 que ayudé a organizar junto al Kings College en noviembre (y del que SP publico mi reseña).

Harvey argumenta que el Volumen I de El Capital sólo se ocupa de la parte de la producción del circuito (la producción de valor y plusvalía). El Volumen II aborda la realización y la circulación de capitales entre los sectores en su reproducción, mientras que el Volumen III se refiere a la distribución de ese valor. Y mientras que Marx hace un gran análisis de la parte de la producción, sus volúmenes posteriores no están completos y fueron editados en su conjunto por Engels. Y por lo tanto, de acuerdo con Harvey, el análisis de Marx no llega a explicar la evolución del capitalismo moderno. En el siglo XXI, las crisis en el capitalismo son probablemente causadas también, si no más, por un colapso en la circulación o la realización de la plusvalía que por problemas en su producción. Y así, las crisis son más propensas ahora en las finanzas y por la deuda, debido a la ‘financiarización’.

Quienes siguen mis artículos, incluyendo la nota que redacté sobre dicho seminario y debates anteriores con Harvey sobre estos temas, saben que no estoy de acuerdo con su visión de El Capital. Defiendo que la producción de plusvalía y la acumulación de capital sigue siendo fundamentales en la explicación de Marx del capitalismo y sus contradicciones, que conducen a crisis recurrentes. Como escribió Marx: “El beneficio de la clase capitalista tiene que existir antes de poder ser distribuído”.  La producción de valor no es, como sostiene Harvey, “una pequeña parte del valor en movimiento”, sino la principal, tanto conceptual como cuantitativamente, en Marx, ya que en cualquier economía capitalista, el 80% de la producción bruta se compone de medios de producción y productos intermedios en comparación con el consumo. En mi opinión, la lucha de clases en el lugar de trabajo sigue siendo el centro del capitalismo porque se trata de la lucha por la división del valor entre la plusvalía y la parte del trabajo, tal como Marx demostró en el Volumen I.

Theodor Adorno: televisión y cultura de masas

El efecto de la televisión no puede enunciarse debidamente en términos de éxito o fracaso, gusto o rechazo, aprobación o desaprobación. Más bien se debería hacer una tentativa, con ayuda de categorías de la psicología profunda y de un conocimiento previo de los medios para las masas, por concretar cierto número de conceptos teóricos mediante los cuales podría estudiarse el efecto potencial de la televisión, su influencia en diversas capas de la personalidad del espectador. Parece oportuno indagar sistemáticamente los estímulos socio-psicológicos que son típicos del material televisado tanto en un nivel descriptivo como en un nivel psicodinámico, analizar sus supuestos previos así como su pauta total y evaluar el efecto que es posible que produzcan. Cabe esperar que, en última instancia, este procedimiento traiga a luz una serie de recomendaciones sobre el modo de tratar estos estímulos a fin de producir el efecto más conveniente de la televisión. Al revelar las implicaciones socio-psicológicas y los mecanismos de la televisión, que a menudo actúan con el disfraz de un falso realismo, no sólo podrán mejorarse los programas sino que también -y esto es tal vez más importante- podrá sensibilizarse al público en cuanto el efecto inicuo de algunos de estos mecanismos.

La cultura popular más antigua y la reciente

A fin de hacer justicia a todas las complejidades de esta índole es necesario un examen mucho más atento de los antecedentes y el desarrollo de los modernos medios para las masas que el que conoce la investigación sobre comunicaciones, la cual por lo general se limita a las condiciones actuales. Sería necesario establecer qué tiene en común la producción de la industria cultural contemporánea con las formas de arte popular o “inferior” de otros tiempos, así como lo que tiene en común con el arte autónomo y en qué consisten las diferencias. Baste señalar aquí que los arquetipos de la actual cultura popular quedaron establecidos relativamente temprano en el desarrollo de la sociedad de clase media: hacia fines del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII en Inglaterra. Conforme a los estudios del sociólogo inglés Ian Watt [Adorno se refiere a las investigaciones del profesor Watt que éste reúne en su obra The Rice of the Novel (Studies in Defoe, Richardson and Fielding), Chatts & Windus, Londres, 1957 (N. de E.)], las novelas inglesas de ese período, en especial, las obras de Defoe y Richardson, señalaron el comienzo de una actitud ante la producción literaria que conscientemente creó, sirvió y por último controló un “mercado”.

Hoy, la producción comercial de artículos de consumo culturales se ha vuelto aerodinámica y coincidentemente ha aumentado la influencia de la cultura popular sobre el individuo. Este proceso no ha quedado limitado a la cantidad sino que ha dado lugar a nuevas cualidades. En tanto que la cultura popular reciente ha absorbido todos los elementos y en particular todas las “prohibiciones” de su predecesora, difiere de ésta decisivamente en la medida en que se ha desarrollado en un sistema. Así, la cultura popular ya no está limitada a ciertas formas como la novela o la música bailable, puesto que se ha apoderado de todos los medios de expresión artística. La estructura y el significado de estas formas presenta un asombroso paralelismo, incluso cuando parecen tener poco en común en la superficie (por ejemplo, en el caso del “jazz” y las novelas policiales). Su producción ha aumentado de modo tal que se ha hecho casi imposible eludirlas; e incluso aquellos que antes se mantenían ajenos a la cultura popular -la pobla-ción rural, por una parte, y los sectores muy cultivados, por la otra- ya están de algún modo afectados.

Cuanto más se expande el sistema de “comercialización” de la cultura, más se tiende asimismo a asimilar el arte “serio” del pasado mediante la adaptación de este arte a los propios requisitos del sistema. El control es tan amplio que cualquier violación de sus reglas es estigmatizada a priori como “pedantería” y tiene pocas posibilidades de llegar al grueso de la población. El esfuerzo concertado del sistema tiene como consecuencia lo que se podría denominar la ideología predominante de nuestra época.

Hay, por cierto, muchos cambios típicos dentro de la pauta de hoy; por ejemplo, antes se presentaba a los hombres como eróticamente agresivos y a las mujeres, ala defensiva, en tanto que esta imagen ha sido en buena medida invertida en la actual cultura de masas, según lo han destacado en especial Wolfenstein y Leites.[ En su obra Movies: A Psy[c]hological Study, The Free Press, Glencoe 1950 (N. del E.)] Sin embargo, más importancia tiene el hecho de que la pauta misma, vagamente perceptible en las antiguas novelas y fundamentalmente conservada hoy, se encuentra, a esta altura, congelada y uniformada. Por sobre todo, esta rígida institucionalización transforma la moderna cultura de masas en un medio formidable de control psicológico. El carácter reiterativo, de ser siempre lo mismo, y la ubicuidad de la moderna cultura de masas tiende a favorecer las reacciones automatizadas y a debilitar las fuerzas de resistencia individual.

Cuando el periodista Defoe y el impresor Richardson calculaban el efecto de sus mercancías sobre el público, tenían que conjeturar, que atenerse a sus “pálpitos” y en razón de esto subsistía cierta latitud para desarrollar desviaciones. En la actualidad, estas desviaciones han quedado reducidas a una suerte de elección múltiple entre muy pocas alternativas. Lo siguiente puede servir de ejemplo. Se suponía que las novelas populares o semipopulares de la primera mitad del siglo XIX, publicadas en grandes tirajes y para satisfacer el consumo de masas, provocaban tensión en el lector. Si bien en general se adoptaban las providencias necesarias para que el bien triunfara sobre el mal, las tramas laberínticas e interminables casi no les permitían a los lectores de Sue y Dumas tener conciencia constantemente de la moraleja. Los lectores podían esperar que ocurriera cualquier cosa. Esto ya no es válido. Todo espectador de una historia de detectives televisada sabe con absoluta certeza cómo va a terminar. La tensión sólo se mantiene superficialmente y es poco probable que tenga todavía un efecto importante. Este anhelo de “sentirse sobre terreno seguro” -que refleja una necesidad infantil de protección más que el deseo de estremecerse- es satisfecho comercialmente. El elemento excitante sólo es conservado de los dientes para afuera. Estos cambios coinciden con el cambio potencial de una sociedad libremente competitiva a una sociedad virtualmente “cerrada” en la que uno quiere ser admitido o de la que uno teme ser rechazado. De algún modo, todo se presenta “predestinado”.

La fuerza creciente de la moderna cultura de masas es realzada más aun por las modificaciones de la estructura sociológica del auditorio.. La antigua elite culta ya no existe; sólo en parte la “intelligentzia” contemporánea corresponde a ella. Al mismo tiempo, enormes estratos de la población que antes no tenían contacto con el arte se han convertido en “consumidores” culturales. Los públicos actuales, si bien probablemente son menos capaces de la sublimación artística generada por la tradición, se han vuelto más listos en cuanto a sus exigencias de perfección técnica y de exactitud en la información, así como en su deseo de “servicios”; y han adquirido una mayor convicción en cuanto al poder potencial de los consumidores sobre los productores, sin que importe que este poder sea esgrimido realmente.

También puede ejemplificarse cómo los cambios experimentados en el seno del público han influido sobre el significado de la cultura popular. El elemento de la internalización desempeñaba un papel decisivo en las primitivas novelas populares puritanas del tipa de las ele Richardson. Este elemento ya no predomina, pues se basaba en el papel fundamental dela “interioridad” tanto en el protestatismo inicial como en la más primitiva sociedad de clase media. A medida que la profunda influencia de los postulados básicos del puritanismo ha disminuido paulatinamente, la pauta se ha vuelto cada vez más opuesta al “introvertido”. Tal como lo dice Riesman: “… La conformidad de anteriores generaciones de norteamericanos del tipo que denomino “intra-dirigidos” estaba asegurada principalmente por su internalización de la autoridad adulta. El actual norteamericano urbano de clase media, el “alter-dirigido”, es, a diferencia del anterior, más el producto de sus pares en un sentido caracterológico; esto es, en términos sociológicos, de sus “grupos pares”, los otros chicos en la escuela o en la manzana.[David Riesman, The Lonely Crowd, New Haven, 1950, p. 5 (Hay traducción castellana: Edit. Paidós, Bs.As. 1964).]

Esto se refleja en la cultura popular. El acento en la interioridad, en los conflictos interiores y la ambivalencia psicológica (que desempeña un papel tan importante en las primeras novelas populares y de las que depende su originalidad) ha cedido su puesto a una caracterización no problemática, estereotipada. Pero el código de decoro que rige los conflictos interiores de las Pamelas, Clarisas y Lovelaces perdura casi literalmente intacto.[ La evolución de la ideología del extrovertido también tiene, probablemente, su larga historia, en especial en los tipos más bajos de literatura popular durante el siglo XIX, cuando el código de decoro quedó divorciado de sus raíces religiosas y adquirió por consiguiente, cada vez más, el carácter de un opaco tabú. Parece probable, empero, que a este respecto el triunfo del cine señalará el paso decisivo. La lectura como acto de percepción y apercepción posiblemente lleva aparejada una determinada clase de internalización; el acto de leer una novela resulta bastante próximo a un monólogo interior. La visualización, en los actuales medios de masas, favorece la externalización. La idea de interioridad, que se conserva aún en la anterior pintura de retratos a través de la expresividad del rostro, cede su puesto a señales ópticas inconfundibles que pueden ser captadas de un vistazo. Incluso si un personaje en una película o un programa de televisión no es lo que parece ser, su apariencia es tratada en forma tal que no quede duda en cuanto a su verdadera naturaleza. Así, un villano que no es presentado como una bestia debe por lo menos ser “suave”, y su melosidad repulsiva y sus pulcros modales indican en forma nada ambigua qué debemos pensar de él.] La “ontología” de la clase media se conserva en una forma casi fosilizada, pero está cercenada de la mentalidad de las clases medias. Al ser superpuesta a seres con cuyas condiciones de vida y con cuya estructura mental ya no está en armonía, esta ontolo-gía de la clase media asume un carácter cada vez más autoritario y al mismo tiempo vacuo.

Se evita la explícita “ingenuidad” de la cultura popular más antigua. La cultura de masas, aunque no sea refinada, debe por lo menos estar al día -es decir, ser “realista” o darse humos de serloa fin de satisfacer las previsiones de un público que se supone desilusionado, astuto y curtido. Las exigencias de la clase media ligadas con la internalización -como ser la concentración, el esfuerzo intelectual y la erudición- tienen que ser aliviadas constantemente. Esto no sólo es válido en el caso de Estados Unidos, donde los recuerdos históricos son más escasos que en Europa; se trata de un fenómeno universal, también válido para Inglaterra y la parte continental de Europa.[ Cabe observar que la tendencia contra la “erudición” ya estaba presente en el comienzo mismo de la cultura popular, particularmente en Defoe, quien se oponía conscientemente a la literatura erudita de su tiempo y que se ha hecho famoso por haber desdeñado todos les refinamientos de estilo y de construcción artística en favor de una aparente fidelidad a la “vida”.]

Sin embargo, este aparente progreso de la ilustración tiene un contrapeso excesivo en ciertos rasgos retrógrados. La anterior cultura popular mantenía cierto equilibrio entre su ideología social y las condiciones sociales concretas en que vivían sus consumidores. Probablemente, esto contribuyó a mantener más impreciso que hoy el límite entre el arte popular y el arte serio en el siglo XVIII. El abate Prévost fue uno de los padres fundadores de la literatura popular francesa; pero su Manon Lescaut está absolutamente exenta de clisés, vulgaridades artísticas y efectos deliberados. Del mismo modo, años después y siempre dentro del siglo XVIII, la Zauberfloete de Mozart estableció un equilibrio entre el estilo “elevado” y el popular que es casi inconcebible hoy.

La maldición de la actual cultura de masas parece ser su adhesión a la ideología casi intacta de la primitiva sociedad de clase media, en tanto que las vidas de sus consumidores están completamente fuera de tono con esa ideología. He aquí tal vez lo que explica el vacío entre el “mensaje” explícito y el culto en el arte popular contemporáneo. Aunque en el nivel explícito se promulgan los valores tradicionales de la sociedad puritana inglesa de clase media, el mensaje oculto se dirige a un ánimo que ya no está obligado por estos valores. Más bien, el ánimo de hoy transforma los valores tradicionales en las normas de una estructura social cada vez más jerárquica y autoritaria. Incluso aquí hay que admitir que también en la ideología anterior estaban presentes elementos autoritarios que, por supuesto, nunca expresaban del todo la verdad. Pero el “mensaje” de adaptación y de obediencia irreflexiva parece dominar hoy e invadirlo todo. Debe examinarse cuidadosamente si los valores mantenidos y que proceden de ideas religiosas adquieren un significado diferente cuando se los separa de su raíz. Por ejemplo, el concepto de la “pureza” (le las mujeres es uno de los elementos invariables de la cultura popular. En la fase primitiva, este concepto es tratado en términos de un conflicto interior entre la concupiscencia y el ideal cristiano internalizado (le castidad, en tanto que en la actual cultura popular se lo postula dogmáticamente como un valor per se.

Por otra parte, incluso los rudimentos de esta pauta son visibles en producciones como Pamela. Sin embargo, en tal nivel aparece un subproducto; en tanto que en la actual cultura popular la idea de que sólo la “buena chica” se casa y que debe casarse a cualquier precio ha llegado a ser aceptada ya antes (le que los conflictos de Richardson empiecen.[ Una de las diferencias significativas parece ser que en el siglo XVIII el propio concepto de cultura popular -que en sí mismo avanzaba hacia una emancipación de la tradición absolutista y semifeudal- tenía un significado progresivo, haciendo hincapié en la autonomía del individuo como ser capaz de adoptar sus propias decisiones. Esto significa, entre otras cosas, que la primitiva literatura popular dejaba espacio para autores que se oponían violentamente a la pauta establecida por Richardson y que, no obstante, obtuvieron su propia popularidad. El caso más destacado de esta índole es el de Fielding, cuya primera novela se inició como una parodia de Richardson. Resultaría interesante comparar la popularidad de Richardson y Fielding en su época. Difícilmente obtuvo Fielding el mismo éxito que Richardson. Pero también resultaría absurdo suponer que la cultura popular de hoy permitiera un equivalente de Tom Jones. Esto puede ejemplificar el enunciado sobre la “rigidez” de la actual cultura popular. Un experimento decisivo sería hacer una tentativa por basar una película en una novela como The Loved One (El amado) de Evelyn Waugh. Es casi seguro que el guión sería corregido y reformado a tal punto que nada remotamente semejante a la idea del original quedaría en él.]

Cuanto más inarticulado y difuso parece ser el público de los actuales medios para las masas, más tienden a lograr su “integración” los medios para las masas. Los ideales de conformidad y concensionalismo eran inherentes alas novelas populares desde el comienzo mismo. Ahora, empero, estos ideales han sido traducidos en prescripciones bastante claras sobre lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer. El desenlace de los conflictos está preestablecido y todos los conflictos son puro simulacro. La sociedad es siempre la que sale ganando y el individuo es tan sólo un títere manipulado a través de normas sociales. A la verdad, los conflictos ole tipo decimonónico -como ser las mujeres que se escapaban de sus maridos, la mediocridad de la vida provinciana y la rutina- se encuentran a menudo en los cuentos que actualmente publican las revistas. Sin embargo, con una regularidad que desafía las posibilidades de un tratamiento cuantitativo, se deciden estos conflictos en favor de las mismísimas condiciones de las que querían liberarse esas mujeres. Los cuentos enseñan a sus lectoras que hay que ser “realistas”, que hay que desecharlas nociones románticas, que hay que adaptarse a cualquier precio y que no puede esperarse nada más de individuo alguno. El perenne conflicto de clase media entre la individualidad y la sociedad ha quedado reducido a un recuerdo indistinto y el mensaje es invariablemente el de identificación con el status quo. Tampoco este tema es nuevo, pero su indefectible universalidad le confiere un significado absolutamente diferente. La reiteración constante de valores convencionales parece significar que estos valores han perdido su sustancia y que se teme que la gente siga realmente sus impulsos instintivos y sus comprobaciones conscientes a menos que se les asegure constantemente desde afuera, que no deben preceder así.

Cuanto menos es creído realmente el mensaje y cuanto menos está en armonía con la existencia concreta de los espectadores, tanto más se lo mantiene en la cultura moderna. Cabe reflexionar sobre si una inevitable hipocresía es concomitante con el afán punitivo y con la dureza sádica.

La estructura de múltiples estratos

Un enfoque psicológico-profundo de la televisión tiene que concentrarse en su estructura de múltiples estratos. Los medios para las masas no son tan sólo la suma total de las acciones que representan o de los mensajes que se irradian desde esas acciones. Los medios para las masas constan asimismo de diversos estratos de significados, superpuestos los unos a los otros y todos los cuales contribuyen al efecto. Cierto es que debido a su naturaleza calculadora estos productos racionalizados parecen ser más nítidos en sus mensajes que las auténticas obras de arte, las cuales no pueden ser reducidas a uno u otro “mensaje” inconfundible. Pero el legado del significado polimorfo ha sido usurpado por la industria cultural en la medida en que lo que trasmite se organiza por su parte con el objeto de dominar el ánimo delos espectadores en diversos niveles psicológicos a la vez. A decir verdad, el mensaje oculto pueda ser más importante que el mensaje explícito, ya que el primero eludirá los controles de la conciencia, no se lo “verá al través”, no será esquivado por la resistencia a las ventas y, en cambio, es posible que se hunda en la mente del espectador.

Posiblemente, los diversos niveles que hay en los medios para las masas implican todos los mecanismos de conciencia e inconsciente en que insiste el psicoanálisis. La diferencia entre el contenido superficial, el mensaje explícito del material televisado y su significado oculto es en general marcado y más bien nítido. La rígida superposición de diversos estratos es probablemente uno de los rasgos en virtud de los cuales los medios para las masas son diferenciables de los productos integrados del arte autónomo, en el que los diversos estratos están fusionados de un modo mucho más cabal. El efecto pleno del material sobre el espectador no puede ser estudiado sin prestar atención al significado oculto conjuntamente con el significado explícito y es precisamente la interacción de diversos estratos lo que hasta ahora se ha descuidado y lo que constituirá el centro de nuestra atención. Esto está en armonía con el supuesto, compartido por gran número de especialistas en las ciencias sociales, según el cual ciertas tendencias políticas y sociales de nuestra época, en particular aquellas de naturaleza totalitaria, se nutren en buena medida de motivaciones irracionales y a menudo inconscientes. Resulta difícil predecir si el mensaje consciente o el mensaje inconsciente de nuestro material es el más importante y esto sólo puede evaluarse después de un cuidadoso análisis. Reconocemos, empero, que el mensaje explícito puede ser interpretado con más eficacia a la luz de la psicodinámica -es decir, en su relación con impulsos instintivos así como con el control- que si se considera este mensaje explícito en forma ingenua y se hace caso omiso de sus implicaciones y supuestos previos.

En la práctica se verá que la relación entre el mensaje explícito y el mensaje oculto es sumamente compleja. Así, el mensaje oculto tiende a menudo a reforzar actitudes convencionalmente rígidas y “pseudo- realistas”, análogas a las ideas aceptadas que propaga en forma más racionalista el mensaje superficial. Y a la inversa, se permite que cierto número de gratificaciones reprimidas que desempeñan un papel importante en el nivel oculto se manifiesten en la superficie en forma de chistes, observaciones de subido tono, situaciones sugestivas y otros artificios semejantes. Sin embargo, toda esta interacción de diversos niveles apunta en una dirección definida: la tendencia a canalizar la reacción del público. Esto concuerda con la sospecha tan difundida, si bien difícil de corroborar mediante datos precisos, de que en la actualidad la mayoría de los programas de televisión se propone producir, o por lo menos reproducir, las mismas notas de presunción, pasividad intelectual y credulidad que parecen ajustarse a los credos totalitarios, por más que el mensaje superficial explícito de los programas televisados sea antitotalitario.

Con los medios de la psicología moderna trataremos de determinar los requisitos previos y primordiales para programas que susciten reacciones maduras y responsables; de programas que impliquen no sólo por su contenido sino por el modo mismo en que las cosas son consideradas la idea de individuos autónomos en una sociedad democrática libre. Nos olamos cuenta con toda claridad de que cualquier definición de un individuo de esta naturaleza será peligrosa; pero sabemos muy bien cómo no debe ser un ser humano que merezca la designación de “individuo autónomo”. Y este “no” constituye el punto central de nuestra consideración. Cuando hablemos de la estructura de múltiples estratos de los programas de televisión, pensamos en diversos estratos superpuestos de grados diferentes de explicitud u ocultamiento que son utilizados por la cultura de masas como un medio tecnológico para “manipular” el auditorio. Esto fue expresado muy acertadamente por Leo Lowenthal cuando acuñó la expresión “psicoanálisis al revés”. Con lo cual se está diciendo que de algún modo el concepto psicoanalítico de una personalidad de múltiples estratos ha sido tomado en préstamo por la industria cultural y que el concepto es utilizado a fin de atrapar al consumidor tan cabalmente cuanto sea posible y a fin de ponerlo psicodinámicamente al servicio de efectos premeditados. Se lleva a cabo una nítida división en gratificaciones permitidas, gratificaciones prohibidas y repetición de las gratificaciones prohibidas, en una forma algo modificada y desviada.

Para aclarar el concepto de la estructura de múltiples estratos consideremos el siguiente ejemplo: la heroína de una comedia sumamente ligera y traviesa es una joven maestra que no sólo recibe muy poco sueldo sino que también es incesantemente multada por su directora de escuela, personaje caricaturescamente pomposo y autoritario. Debido a esto, la muchacha no tiene el dinero necesario para pagarse sus comidas y de hecho pasa hambre. Las situaciones que se suponen graciosas consisten principalmente en sus tentativas por conseguir dile la inviten a comer diversos conocidos suyos, pero regularmente sin éxito. La mención de alimentos y del acto de comer parece producir risa; observación que puede hacerse a menudo y que incita a un estudio por separado.[ Cuanto más se lleva al extremo la racionalidad (el principio de realidad), más tiende, paradojalmente, a aparecer su fin último (la gratificación efectiva) como algo “inmaduro” y ridículo. No sólo el acto de comer sino también las manifestaciones no controladas de los impulsos sexuales tienden a provocar la risa en los auditorios: en las películas, por lo general ocurre que hay que llegar gradualmente a los besos, preparar el escenario para ellos, a fin de evitar las risas. Pero la cultura de masas no consigue nunca del todo eliminar la risa potencial. Provocada, desde luego, por el supuesto infantilismo del placer sensual, la risa puede ser explicada en gran parte por el mecanismo de represión. La risa es una defensa contra el fruto prohibido.]

Explícitamente, la pieza sólo constituye una diversión ligera que es proporcionada ante todo por las penosas situaciones en que caen constante la heroína y su archienemiga. E1 libreto no trata de “vender” ninguna idea. El “significado oculto” surge, simplemente, por la forma en que el argumento considera los seres humanos; así, se incita al público a considerar los personajes de la misma manera, sin dejarles darse cuenta de que está presente un adoctrinamiento. E1 personaje de la maestrita mal pagada y maltratada s una tentativa por llegar a una transacción entre: el desdén predominante hacia los intelectuales y el respeto igualmente convencionalizado por la “cultura”. La heroína muestra tal superioridad intelectual y un ánimo tan elevado que se incita al público a identificarse con ella y se brinda una compensación por la inferioridad de su posición y la de sus pares en la estructura social. No sólo se supone que el personaje centrales una muchacha muy encantadora sino que también esta muchacha hace chistes constantemente. En términos de una pauta establecida de identificación, el guión implica lo siguiente: “Si eres tan divertido, bondadoso, listo y encantador como esta chica, no te importe que te paguen un sueldo de hambre. Puedes hacer frente a tus frustraciones en forma humorística; y la superioridad que te confieren tu ingenio y tu agudeza no sólo te ponen por encuna de las privaciones materiales sino que también te ponen por encima del resto de la humanidad”. En otras palabras, el guión constituye un procedimiento astuto para fomentar la adaptación a condiciones humillantes, a tal fin presentándolas como objetivamente cómicas y presentando la imagen de una persona que experimenta incluso su propia posición desmedrada como algo cómico, libre de todo resentimiento.

Por supuesto, este mensaje latente no puede ser considerado inconsciente en un sentido psicológico estricto sino, más bien, “callado”; este mensaje sólo está oculto por un estilo que no pretende rozar nada serio y que aspira a ser considerado tan leve como una pluma. No obstante, hasta un entretenimiento de esta naturaleza tiende a establecer pautas para los integrantes del público sin que éstos lo adviertan.

Otra comedia con la misma tesis traca la memoria las tiras cómicas. Una vieja chiflada redacta el testamento de su gato (Mr. Casey) y declara herederas a algunas de las maestras de escuela que figuran en el reparto permanente. Luego se descubre que en realidad la herencia consiste en los mezquinos juguetes del gato. La trama está elaborada de modo tal que cada una de las herederas, al leerse el testamento, se siente tentada a actuar como si hubiera conocido a esa persona (Mr. Casey). El punto culminante es que la propietaria del gato había puesta un billete de cien dólares adentro de cada uno de los juguetes; y las herederas corren hacia el horno incinerador a fin de recuperar su herencia. Al auditorio se le da a entender lo siguiente: “No esperes lo imposible, no sueñes despierto, hay que ser realistas”. La denuncia de ese ensueño arquetípico es acentuada por la asociación del deseo de dones inesperados e irracionales con la deshonestidad, la hipocresía y, en general, una actitud exenta de dignidad. Al espectador se le da a entender esto: “Los que se atreven a soñar despiertos, los que esperan que les caiga dinero del cielo y olvidan toda cautela para aceptar un testamento absurdo son al mismo tiempo aquellos de quienes uno podría esperar que fueran capaces de trampear”.

A esta altura, tal vez se formulará una objeción: tan siniestro efecto del mensaje oculto de la televisión ¿es conocido por aquellos que controlan, organizan, escriben y dirigen los programas? O bien puede incluso preguntarse el lector si son esos rasgos posibles proyecciones del inconsciente de las propias mentes de los que toman las decisiones, conforme a la muy difundida hipótesis de que las obras de arte pueden ser interpretadas debidamente en términos de proyecciones psicológicas de sus autores. A decir verdad, este tipo de razonamiento es lo que ha dado lugar a que se propusiera la realización de un estudio socio-psicológico especial sobre las personas que deciden las cosas en el campo de la televisión. No creemos que con tal estudio se pueda ir muy lejos. Al concepto de proyección se le ha atribuido excesiva importancia, incluso en el dominio del arte autónomo. Pues si bien las motivaciones de los autores -no cabe duda de ello- entran en sus obras, de ningún modo son tan omnideterminantes como se supone a menudo. No bien un artista se ha planteado su problema, éste adquiere cierta clase de influencia que le es propia; en la mayoría de los casos, tiene que adecuarse a las exigencias objetivas de su producto mucho más que a sus propios impulsos de expresión, cuando traduce su concepción primordial en una realidad artística. Por cierto, estas exigencias objetivas no desempeñan un papel de importancia decisiva c n los medios para las masas, en los que se acentúa el efecto sobre el espectador en una forma que excede de lejos todo problema artístico. Sin embargo, aquí el mecanismo total tiende a limitar drásticamente las oportunidades de las proyecciones del artista.

Quienes producen el material siguen, a menudo a regañadientes, innumerables exigencias normas empíricas pautas establecidas y mecanismos de controles que necesariamente reducen a un mínimo el margen de cualquier clase de auto-expresión artística. El hecho de que la mayor parte de los productos de los medios para las masas no son producidos por un individuo sino mediante una colaboración colectiva -corno es el caso de la mayoría de los ejemplos que se ha examinado hasta ahora- es sólo un factor contribuyente a esta condición reinante en general. Estudiar programas de televisión en términos de la psicología de los autores sería casi equivalente a estudiar los autos Ford en términos del psicoanálisis del difunto Mr. Ford. Presuntuosidad

Los mecanismos psicológicos típicos utilizados por los programas de televisión y los procedimientos por los que son automatizados, funcionan solamente dentro de un pequeño número de puntos de refere ncia determinados que son válidos en la comunicación por televisión, y el efecto socio-psicológico depende, en gran parte, de ellos. Todos estamos familiarizados con la división del contenido de los programas de televisión en diversas clases, como ser comedias livianas, historias de vaqueros, historias de detectives, piezas a las que se las llama “sofisticadas” y otras más. Estos tipos se han consolidado en fórmulas que, hasta cierto punto, preestablecen la pauta actitudinal del espectador ya antes de que éste se vea confrontado con uno u otro contenido específico y que en gran parte determina el modo de que un contenido específico es percibido.

No basta, por lo tanto, para comprender la televisión con destacar las implicaciones de diversos programas y tipos de programas. Es necesario llevar a cabo un examen de los supuestos previos conforme a los cuales funcionan las implicaciones ya antes de que se haya dicho una sola palabra. De suma importancia es el hecho de que la tipificación de los programas ha ido tan lejos que el espectador se acerca a uno u otro con una pauta establecida de previsiones antes de hallarse frente al programa mismo; exactamente en la misma forma en que el radioescucha al que le llega el comienzo del concierto para piano de Tchaikowsky se dice “¡Hola, he aquí música seria!”, o cuando escucha música de órgano reacciona en forma igualmente automática con un “¡Hola, he aquí algo religioso!”. Estos efectos de halo de experiencias previas pueden ser psicológicamente tan importantes como las implicaciones de los propios fenómenos para los que han preparado el escenario; y, por lo tanto, estos supuestos previos deben ser considerados con igual atención.

Cuando un programa de televisión lleva como título “El infierno de Dante”, cuando la primera toma es la de un club nocturno de este nombre y cuando encontramos acodado contra la barra a un hombre con el sombrero puesto y a cierta distancia de él a una mujer de mirada triste y muy pintarrajeada que pide otra copa, tenemos casi la certeza de que pronto va a cometerse un crimen. La situación aparentemente individualizada sólo actúa en realidad como una señal que orienta nuestras previsiones en una dirección precisa. Si nunca hubiéramos visto otro programa que “El infierno de Dante”, probablemente no estaríamos seguros de lo que va a ocurrir; pero, en los hechos, concretamente se nos da a entender mediante recursos sutiles (y otros no son tan sutiles) que se trata de una historia de crímenes, que tenemos derecho a esperar algunos actos de violencia siniestros y probablemente horrendos y sádicos, que el héroe se salvará de una situación de la que apenas cabe esperar que se salve, que la mujer que. está sentada en el taburete junto a la barra no es, probablemente, el delincuente principal pero que es posible que pierda su vida como hembra de un pistolero, etc., etc. Sin embargo, este condicionamiento a estas pautas universales, apenas si se detiene en el estudio de televisión.

La manera en que se hace que el espectador considere cosas aparentemente corrientes, como ser un club nocturno, y en que se hace que interprete escenarios de su vida diaria como lugares sospechosos donde pueden cometerse crímenes, induce al espectador a contemplar la vida misma como si ella y sus conflictos pudieran en general ser interpretadas en tales términos.[ Tampoco esta relación debe ser simplificada en exceso. Por mucho que los actuales medios para las masas tiendan a volver borrosa la diferencia entre la realidad y lo estético, nuestros espectadores realistas tienen con todo conciencia de que las cosas “van en broma”. No es posible suponer que la percepción primaria directa de la realidad tenga lugar dentro del marco de referencias de la televisión, por más que muchos espectadores de cine recuerdan la alienación de espectáculos familiares cuando salen de la sala: todo tiene todavía la apariencia de formar parte de la trama de la película. Lo que es más importante es la interpretación de la realidad en términos de “traslados” psicológicos, la preparación para ver los objetos corrientes como si algún misterio amenazador se ocultara tras ellos. Semejante actitud parece ser sintónica con espejismos de las masas como la sospecha de peculados, corrupción y conspiraciones omnipresentes.] Parece bastante convincente la preposición según la cual esto puede set el núcleo de verdad en los anticuados argumentos contra todo tipo de medios para las masas porque incitan al auditorio a la criminalidad. El hecho decisivo es que esta atmósfera de normalidad del crimen, su presentación en términos de una previsión promedio basada en situaciones de la vida, no se expresa nunca con toda claridad pero está establecida por la apabullante riqueza de material. Puede afectar a determinados grupos de espectadores más profundamente que la moraleja explícita del crimen y el castigo que por lo regular se saca de esos programas. Lo que cuenta no es la importancia del crimen como expresión simbólica de impulsos sexuales o agresivos que de otro modo están controlados, sino la confusión de este simbolismo con un realismo mantenido pedantescamente en todos los casos de percepción sensorial directa. Así, la vida empírica queda embebida de una suerte de significado que excluye la experiencia adecuada, por más que obstinadamente se trate de reforzar la apariencia de tal “realismo”. Esto influye sobre la función social y psicológica del teatro.

Resulta difícil establecer si los espectadores de la tragedia griega experimentaban realmente La catarsis que describió Aristóteles; en realidad, esta teoría, desarrollada cuando ya había pasado la época de la tragedia, parece haber sido una racionalización en sí misma, un intento por exponer el propósito de la tragedia en términos pragmáticos, cuasi científicos. Sea como sea, parece bastante seguro que quienes asistían a la representación de la Orestíada de Esquilo o del Edipo de Sófocles no tendían a traducir estas tragedias (cuyo tema era conocido de todos y el interés en las cuales se centraba en el tratamiento artístico) directamente en términos de vida cotidiana. Ese auditorio no esperaba que a la vuelta de la esquina, en Atenas, ocurrieran cosas análogas. A decir verdad, el pseudo-realismo permite la identificación directa y sumamente primitiva alcanzada por la cultura popular; y presenta una fachada de edificios, habitaciones, vestidos y caras triviales corno si constituyeran la promesa de que algo emocionante y estremecedor puede tener lugar en cualquier momento.

Con el objeto de establecer este marco de referencias socio- psicológico sería necesarios seguir sistemáticamente categorías -como serla normalidad del delito os el pseudo-realismo y muchas otras- a fin de determinar su unidad estructural y de interpretar artificios, símbolos y clisés específicos en relación con este contexto. En esta etapa, es nuestra hipótesis que los contextos y los artificios particulares tenderán en la misma dirección.

Sólo contra telones psicológicos como el del pseudo-realismo y contra supuestos implícitos como el de la normalidad del delito pueden interpretarse los clisés específicos de las piezas de televisión. La misma uniformación que indican los contextos estables produce automáticamente una serie de clisés. Asimismo, la tecnología de la producción para la televisión hace casi inevitable el clisé. El poco tiempo con que se cuenta para la preparación de los guiones y el enorme material que hay que producir continuamente exige el establecimiento de ciertas fórmulas. Por otra parte, en piezas que sólo duran entre un cuarto de hora y media hora parece inevitable que crudamente se indique mediante luces rojas y verdes cuál es la clase de persona que se le presenta al auditorio. No nos interesa aquí el problema de la existencia del clisé en sí mismo. Como los clisés constituyen un elemento indispensable de la organización y previsión de la experiencia, que nos impide caer en la desorganización mental y el caos, no hay arte alguno que pueda pasarse absolutamente sin ellos.

También aquí lo que nos interesa es el cambio funcional. Cuanto más se cosifican y endurecen los clisés en la actual organización de la industria cultural, tanto menos es probable que las personas cambien sus ideas preconcebidas con el progreso de su experiencia. Más opaca y compleja se vuelve la vida moderna y más se siente tentada la gente a aferrarse desesperadamente a clisés que parecen poner algún orden en lo que de otro modo resulta incomprensible. De este modo los seres humanos no sólo pierden su auténtica capacidad de comprensión de la realidad sino que también, en última instancia, su misma capacidad para experimentar la vida puede embotarse mediante el uso constante de anteojos azules y rosados.

La conversión en clisé

Al ocuparnos de este peligro es posible que no hagamos justicia plenamente al significado de algunos de los clisés sobre los que hay que tratar. No debemos olvidar en ningún momento que todo fenómeno psicodinámico tiene dos caras, a saber, el elemento inconsciente o del Ello y la racionalización. Si bien a este último se lo define psicológicamente como un mecanismo de defensa, es muy posible que encierre una verdad objetiva, no psicológica, que no se puede dejar de lado sencillamente fundándose en la función psicológica de la racionalización. Así, algunos de los mensajes clisés, dirigidos a puntos particularmente débiles en la mentalidad de grandes sectores de la población, pueden resultar perfectamente legítimos. Sin embargo, cabe decir con ecuanimidad que los discutibles beneficios de las moralejas, como la de que “no se debe ir en pos de un arco iris”, quedan ampliamente tapados por la amenaza de inducir a la gente a adoptar simplificaciones mecánicas mediante modos de deformación del mundo que dejan la impresión de que éste puede distribuirse en casilleros preestablecidos.

El ejemplo aquí elegido ha cíe indicar, no obstante, en forma bastante drástica, el peligro de los clisés. Una pieza de televisión relativa a un dictador fascista, una especie de híbrido entre Mussolini y Perón, muestra al dictador en un momento de crisis; y el contenido de la pieza consiste en su colapso interior y exterior. En ningún momento se deja en claro si la causa de su colapso es un levantamiento popular o una rebelión militar. Pero ni esta cuestión ni otra alguna de naturaleza social o política entra en el argumento. El curso de los acontecimientos tiene lugar exclusivamente en un nivel privado. El dictador es simplemente un villano que trata con sadismo a su secretaria y a su “bondadosa y adorable esposa”. Su antagonista, que es un general, estuvo antes enamorado de la esposa; y general y esposa se siguen amando, por más que la esposa se mantiene fielmente el lado de su marido. Forzada por la brutalidad del marido, la esposa huye, y es interceptada por el general, quien quiere salvarla. El punto culminante se alcanza cuando los guardias rodean el palacio para proteger a la popular esposa del dictador. No bien se enteran de que ella ha partido, los guardias se marchan; y el dictador, cuyo “yo inflado” explota al mismo tiempo, se rinde. El dictador no es nada más que un mal hombre, pomposo y cobarde. Parece proceder con suma estupidez; no sale a flote nada relativo a la dinámica objetiva de la dictadura.

Se crea la impresión de que el totalitarismo surge de desórdenes caracterológicos en políticos ambiciosos y de que es derrocado por la honradez, el coraje y la calidez humana de aquellas figuras con que se supone que se identificará el auditorio. El recurso estándar que se utiliza es el de la personalización espuria de cuestiones objetivas. Los representantes de las ideas atacadas, como sucede aquí en el caso de los fascistas, son presentados como villanos en un ridículo estilo “de capa y espada”, en tanto que aquellos que combaten por la “buena causa” son idealizados personalmente. Esto no sólo aleja de toda cuestión social concreta sino que afianza la división del mundo, psicológicamente tan peligrosa, en negro (el grupo de afuera) y blanco (el grupo de adentro). Por cierto, ninguna producción artística puede ocuparse de ideas o credos políticos in abstracto, pues tiene que presentarlos en términos de su impacto concreto sobre seres humanos, pese a lo cual sería fútil presentar individuos como meros especimenes de una abstracción, como títeres representativos de una idea. A fin de ocuparse del impacto concreto de los sistemas totalitarios resultaría más recomendable mostrar cómo la vida de gente común es afectada por el terror y la impotencia, en vez de encarar la psicología falseada de los figurones, cuyo rol heroico es calladamente reconocido en semejante tratamiento por más que se los represente como villanos. Al parecer no hay casi otro problema de tanta importancia como un análisis de la pseudo-personalización y sus efectos, el cual no se limita en modo alguno a la televisión.

Si bien la pseudo-personalización denota el modo estereotipado de “considerar las cosas” en la televisión, también debemos destacar determinados clisés en el sentido más estricto. A muchas piezas de televisión se las podría caracterizar mediante este lema: “una chica linda no puede hacer nada malo”. La heroína de una comedia liviana es, para emplear la expresión de George Legman, una “heroína puta” (a bitch heroine) [Véase el estudio Love and Death. A Study in Censorship, por G. Legman, Nueva York, 1949 (N. del D.)]. Se comporta hacia su padre en una forma increíblemente inhumana y cruel, que sólo levemente se racionaliza como “alegres jugarretas”. Pero se la castiga muy ligeramente, en el caso de que se la castigue. A decir verdad, en la vida real las malas acciones son rara vez castigadas, pero esto no puede aplicarse a la televisión. En este caso, quienes desarrollaron el código de producción para el cine parecen estar en lo cierto: lo que cuenta en los medios para las masas no es lo que sucede en la vida real sino, en cambio, los “mensajes” positivos y negativos, las prescripciones y los tabúes que el espectador absorbe por medio de la identificación con el material que está contemplando. El castigo infligido a la bonita heroína sólo satisface nominalmente las exigencias convencionales de la conciencia moral durante un segundo. Pero se le da a entender al espectador que a la bonita heroína en realidad se le perdona cualquier cosa por el solo hecho de que es bonita.

La actitud en cuestión parece indicar una proclividad universal. En otro sketcht que corresponde a una serie relativa a los cuenteros del tío, la chica atrayente que es activa participante en la pandilla de estafadores no sólo obtiene su libertad provisional tras haber sido condenada a prisión por un largo período sino que también parece tener bastante posibilidades de contraer enlace con su víctima. Por supuesto, su moral sexual es impecable. Se espera que el espectador guste de ella a primera vista, considerándola un personaje pulcro y modesto, y al espectador no hay que desilusionarlo. Si bien queda al descubierto que se trata de una tramposa, hay que restablecer o, mejor dicho, mantener la identificación inicial. El clisé de la buena chica es tan resistente que ni siquiera la prueba de su delincuencia puede destruirlo; y, con mafia o con fuerza, debe ser lo que parece ser. De más está decir que tales modelos psicológicos tienden a confirmar las actitudes de explotación, imposición y agresión en las jovencitas, o sea, esa estructura de carácter que en psicoanálisis se conoce hoy con el nombre de agresividad oral.

A veces se disfrazan estos clisés como rasgos nacionales norteamericanos, como parte del escenario norteamericano en el que la imagen de la chica altanera y egoísta pero irresistible que le saca canas verdes a su pobre papá ha llegado a constituir una institución pública. Este modo de razonar es un insulto al espíritu norteamericano. La publicidad con alta presión y la constante tentativa por popularizar e institucionalizar determinado tipo odioso no hace del tipo un símbolo sagrado del folklore. Muchas consideraciones de naturaleza aparentemente antropológica sólo tienden en la actualidad a velar tendencias objetables, como si fueran de un carácter etnológico, cuasi natural. De paso, es asombroso hasta qué punto el material de la televisión, incluso en un examen superficial, trae a la mente conceptos psicoanalíticos, pero con la particularidad de que se trata de un psicoanálisis al revés. El psicoanálisis ha descrito el síndrome oral que reúne las tendencias antagónicas de rasgos de agresión y dependencia. Este síndrome del carácter está indicado de cerca por la chica bonita que no puede hacer cosas malas y que, si bien es agresiva frente a su padre, lo explota al mismo tiempo, dependiendo tanto de éste cuanto, en el nivel superficial, adopta una actitud de oposición a él. La diferencia entre el sketch y el psicoanálisis consiste sencillamente en que el sketch exalta el mismísimo síndrome que es considerado por el psicoanálisis como un retorno a fases infantiles de desarrollo que el psicoanalista trata de disolver. Queda por verse si algo análogo se aplica igualmente a ciertos tipos de héroes masculinos, en particular al supermacho. Bien podría suceder, asimismo, que el supermacho no pueda hacer daño.

Por último, debemos referirnos a un clisé bastante difundido que, en tanto que se da por sentado en la televisión, resulta más acentuado. Al mismo tiempo, el ejemplo puede servir para mostrar que ciertas interpretaciones psicoanalíticas de clisés culturales no son en realidad demasiado descabelladas; las ideas latentes que el psicoanálisis atribuye a determinados clisés salen a la superficie. Existe una idea muy popular de que el artista no sólo es inadaptado, introvertido y a priori un poco ridículo sino que también es en realidad un “esteta”, raquítico y “afeminado”. En otras palabras, el folklore sintético contemporáneo tiende a identificar al artista con el homosexual y a respetar solamente al “hombre de acción” como hombre real, como hombre fuerte. Esta idea se expresa en forma asombrosamente directa en uno de los guiones de comedia que tenemos a nuestra disposición. Retrata a un jovencito que no sólo es el “opio” que aparece tan a menudo en la televisión sino que también es un poeta tímido, retraído y debidamente exento de talento cuyos poemas idiotas son ridiculizados.[ Podría argumentarse que esta misma ridiculización expresa que este muchacho no está destinado a representar al artista sino simplemente al “opio”. Pero posiblemente esta respuesta es demasiado racionalista. También en este caso, como en el de la maestra de escuela, el respeto oficial por la cultura impide caricaturizar al artista en cuanto tal. Sin embargo, al caracterizar al muchacho como autor de poemas, entre otras cosas, se llega indirectamente a que las actividades artísticas y la tontería están asociadas entre sí. En muchos aspectos la cultura de masas está organizada mucho más mediante estas asociaciones que en términos estrictamente lógicos. Cabe añadir que muy a menudo los ataques contra cualquier tipo social tratan de protegerse presentando aparentemente al objeto del ataque como una excepción, si bien por las indirectas debe entenderse que se lo considera un ejemplar del concepto en su totalidad.] Está enamorado de una chica pero es demasiado débil e inseguro para entregarse a los “toqueteos” que ella le sugiere con bastante crudeza; a la chica, por su parte, se la caricaturiza como una cazadora de pantalones. Como ocurre con frecuencia en la cultura de masas, los roles de los sexos están invertidos: la chica es abiertamente agresiva y el muchacho, absolutamente temeroso de ella, se describe a sí mismo como un ser “manejado por las mujeres” cuando la chica consigue besarlo. Aparecen insinuaciones groseras de homosexualidad, una de las cuales corresponde mencionar: la heroína le dice a su amiguito que otro muchacho esta enamorado de alguien y el amiguito le pregunta: “¿De qué está enamorado?”. Ella le contesta: “De una chica, por supuesto”, y el amiguito le responde: “¿Por qué por supuesto? En otra ocasión fue la tortuga de un vecino y, más todavía, se llamaba Samuelito”. Esta interpretación del artista como un ser de innata incompetencia y como descastado social (a través de la insinuación de inversión sexual) es digna de ser examinada.

No pretendemos que los casos y ejemplos particulares ni las teorías según las cuales se los interpreta sean básicamente nuevos. Pero, en vista del problema cultural y pedagógico que presenta la televisión, no pensamos que la novedad de las conclusiones específicas deba constituir tina consideración primordial. A través del psicoanálisis sabemos que el razonamiento que termina con un “¡Pero a todo eso ya lo sabemos!”, es a menuda una defensa. Se lleva a cabo esta defensa a fin de hacer caso omiso de nociones que en realidad incomodan y que nos hacen la vida más difícil de lo que ya es porque agitan nuestra conciencia moral en momentos en que se supone que gocemos de los “sencillos placeres de la vida”. La indagación sobre los problemas de la televisión que aquí hemos señalado y ejemplificado con unos cuantos casos elegidos al azar exige, más que nada, tomar en serio nociones que para la mayor parte de nosotros nos resultan vagamente familiares; y esto se consigue poniendo esas nociones en el contexto y la perspectiva adecuados, y verificándolas con un material apropiado. Proponemos que se concentre la atención en cuestiones de las que tenemos conciencia vagamente, pero también con cierto fastidio, incluso a expensas de que nuestro fastidio aumente mientras avancen más y más sistemáticamente nuestros estudios. El esfuerzo que al respecto se requiere es en sí mismo de naturaleza moral, pues consiste en encarar a sabiendas mecanismos psicológicos que actúan en diversos niveles a fin de no convertirnos en víctimas ciegas y pasivas. Podemos cambiar este medio de vastísimas posibilidades con tal que lo consideremos con el mismo espíritu que, según esperamos, se expresará algún día a través de sus imágenes.

 

(Escrito: En 1953 ó 1954. Según tenemos conocimiento, se publicó por vez primera en el Quarterly of Film, Radio, and Television, v. 8 (1954).  Fuente digital de la version al español: Archivo Omegalfa.esHTML: Rodrigo Cisterna, 2014// Foto: Theodor Adorno joven)

Rosa de Luxemburgo: en defensa de la nacionalidad

1.

¿Cómo se lleva a cabo el proceso de desnacionalización?

El Gobierno prusiano ha cometido un nuevo atentado contra el pueblo polaco. El ministro de cultura, Conrad von Studt, implantó un decreto que pedía que se eliminase de las escuelas de la ciudad de Poznan lo poco que quedaba del idioma polaco. Solo quedaba ya una clase de religión que se impartía en polaco, ¡que de ahora en adelante se impartirá en alemán! Nuestros hijos, que pasan la mitad del día en el colegio, deberían poder escuchar durante más tiempo el idioma de sus padres, de sus madres, de su pueblo. ¡La formación y el enriquecimiento mental que deberían adquirir en el colegio y que les sirve de por vida se les transmite en un idioma totalmente ajeno a ellos y que no entienden del todo! ¿No es increíble? Los colegios están para que los niños puedan aprender de los avances de la Ciencia y puedan crecer como individuos instruidos y con capacidad de razonar. Aquí es donde van convirtiéndose en ciudadanos de provecho para sí mismos y en un orgullo para su país. Sin embargo, en Poznan, el colegio no ayuda a la educación de los niños, sino que más bien pretende crear seres sin capacidad intelectual, hacerlos unos reales desconocedores de su propia nacionalidad y de su propia lengua, alejarlos de las raíces del conocimiento y de la civilización, y además, inculcarles de forma violenta la manera en la que los alemanes difunden su nacionalidad.

muerte Rosa Luxemburg

Rosa Luxemburg

Este no es el primer ataque que cometen las autoridades prusianas contra nuestro idioma y nuestra nacionalidad. Desde hace más de veinte años, el Gobierno ha ido exterminando poco a poco la lengua polaca de los colegios de Poznan, ha ido eliminando el componente polaco de los cargos políticos y de la vida pública, ha ido utilizando a miles de millones de personas para la “colonización”, es decir, para la “germanización” de nuestra región. Para ello, se dedicaron a traer aquí a Polonia ciudadanos alemanes – tanto campesinos como artesanos – con una obstinación y empeño que ya podrían haber utilizado para otra cosa mejor.

¿Qué pretenden con eso? ¡Claramente, buscan eliminar el idioma y la nacionalidad de los polacos en Prusia, que ellos mismos se olviden de sus orígenes, de la nacionalidad que los vio nacer, y ahora pretenden convertirlos en alemanes! Los niños olvidarán el idioma de sus padres y los nietos olvidarán que, antes, sus abuelos vivían en suelo polaco.

A una se le pone los pelos de punta cuando piensa en esto y se desespera terriblemente cuando ve que estas cosas tienen lugar todos los días desde hace décadas ante la mirada de toda Europa y de todo el mundo civilizado y que todos hacen caso omiso, nadie hace retroceder al poder germanizante; los hakatistas se ríen de nuestra debilidad y llevan a cabo con una mayor tranquilidad su labor de desarraigo de la identidad polaca ya que piensan que hacen la tarea más honorable y legítima del mundo. Es un crimen hablar en el idioma que se ha mamado en el seno materno y un delito pertenecer a la nación que te vio nacer.

Ya es hora de que el pueblo polaco se deshaga de su situación de tristeza y abandono, que se subleve, que se imponga y luche contra este proceso de germanización. ¿De qué manera hay que llevar a cabo la lucha? ¿Cuál es el camino para lograr la defensa de la nacionalidad polaca de manera efectiva? Todas estas son cuestiones sobre las que merece la pena reflexionar seriamente.

2.

¿Quién fue el responsable?

Ante todo tendríamos que preguntarnos: ¿quiénes son los verdaderos culpables de esta represión que están sufriendo los polacos en Prusia? ¿A quién tenemos que responsabilizar de este proceso violento de germanización? Normalmente decimos que la culpa es de los alemanes, que nos están reprimiendo. Eso es lo que al menos escriben siempre nuestros periódicos polacos de la provincia de Poznan. Sin embargo, ¿podríamos también culpar a todo el pueblo alemán, a esos cincuenta millones de personas? Eso sería una verdadera injusticia y, sobre todo, sería un gran error que sobre todo nosotros sufriríamos. Es absolutamente necesario que nos hagamos una idea de cuál es el motivo de nuestra represión si queremos ponernos realmente a defender con éxito nuestra nacionalidad que se ve amenazada.

Es evidente que el principal promotor de esta germanización es el Gobierno prusiano, que desde hace décadas está llevando a cabo una política basada en la represión contra el pueblo polaco. Los ministros de Cultura de Prusia han seguido aprobando decretos con los que se elimina de las escuelas el idioma polaco. Por otro lado, los ministros del Interior ordenan a la policía que se encargue de disolver las asambleas populares en la Alta Silesia y otras provincias. En Prusia, los presidentes y los jefes administrativos de la circunscripción deciden hacerles la vida imposible y agredir al pueblo polaco mediante múltiples métodos. Pero el Gobierno del Imperio alemán respalda al Gobierno prusiano. Su canciller es a la vez presidente del Gobierno de Prusia. Por tanto, siempre reina la más exquisita armonía entre el Gobierno prusiano y el alemán, especialmente cuando se trata de perseguir a los polacos.

Aunque dispongan de numerosos medios de control, las autoridades gubernamentales no tendrían ningún poder si el sector influyente de la sociedad alemana les opusiera resistencia. Ni el Gobierno alemán ni todavía menos los prusianos se atreverían a perseguir a los polacos con tanta tenacidad si este grupo de la sociedad se les enfrentara. Ningún Gobierno se prolonga mucho en el tiempo si toda la sociedad está rotundamente en contra de la política que está ejerciendo. Por lo tanto, la política de germanización de las autoridades gubernamentales debe buscar el respaldo de cierta parte del pueblo alemán, que de hecho ya lo tienen. Conocemos bien a los señores hakatistas, que ponen a la opinión pública en contra de los polacos, como si de un perro que persigue a una liebre se tratara. Por iniciativa propia, como tienen maldad en su interior, fundan asociaciones cuyo objetivo es el exterminio de la identidad polaca. Estos señores, que son los agitadores más enérgicos del proceso de germanización, pertenecen, la mayor parte de ellos, a la clase de los terratenientes y dueños de fábrica alemanes. También es cierto que solo una pequeña parte de los terratenientes y empresarios industriales colaboraba con la vergonzosa institución del hakatismo. Sin embargo, habría que preguntarse: ¿cómo actúa el sector más amplio ante el asalto del hakatismo y los decretos de la germanización impuestos por el Gobierno? ¿Se manifiestan? ¿Se sienten ofendidos? ¿Buscan impedir esta política? La mejor respuesta se da en la prensa alemana y en el comportamiento de los diferentes partidos del Reichstag alemán y del Landtag prusiano.

Rosa Luxemburg defiende la nacionalidad polacaEn la prensa y en ambos Parlamentos, casi todos los partidos alemanes o son francamente benévolos con el hakatismo o reaccionan con indiferencia ante la persecución que sufre el pueblo polaco. En el mejor de los casos, se molestan en refunfuñar entre dientes sobre estos hechos que crisparían a cualquier persona decente. Tanto el Partido Conservador como el Nacional Liberal, partidos de los latifundistas y potentados de la industria, están que rechinan con los polacos y celebran cualquier intento de germanización que lleve a cabo el Gobierno. La llamada Unión librepensadora, representante de las finanzas y los negocios, presentan una doble cara: por una parte, apoya en cierta medida el exterminio de la identidad polaca y por otro lado, para preservar su honor, ¡ya que se llaman a sí mismos librepensadores!, protesta contra el hakatismo de vez en cuando en cualquier periodicucho. El Gobierno, naturalmente, hace caso omiso de estas protestas, como si escuchara llover. Finalmente, el partido católico, el llamado Partido de Centro, al que se aferran los polacos de Prusia desde hace décadas como un borracho a una farola, tampoco hace mucho a favor de la defensa del pueblo polaco, solo escribe de vez en cuando en sus periódicos, algunos comentarios aparentemente malvados sobre este intento de germanización por parte del Gobierno y de los hakatistas. Si lo miramos bien, estos normalmente no son más que cobardes y el Gobierno se ríe de ellos a sus espaldas. ¡Si el Partido de Centro realmente defendiera de manera sincera a los polacos, encontrarían una manera de ayudarlos! Es el partido con más poder en el Parlamento. Cuenta con 107 diputados entre sus filas. No se puede aprobar ninguna ley importante en el Parlamento si este partido se opone. Eso ocurrió, por ejemplo, con el último Proyecto sobre el Refuerzo de la Flota, del que tanto dependía el Gobierno. Mientras que el Partido de Centro parecía oponerse y fingía que no estaba de acuerdo con este nuevo ataque contra el pobre pueblo polaco, les bastó que el proyecto gubernamental pendiera de un hilo y que los ministros se rindieran ante el Partido de Centro, para hacer todo lo posible para llegar a un acuerdo y calmar los ánimos de todos. Si el Partido de Centro hubiese afirmado que no iban a dar su aprobación al Proyecto de Refuerzo de la Flota hasta que el Gobierno prometiese formalmente dejar de perseguir a los polacos, el Gobierno habría tenido que darse por vencido y el partido católico habría demostrado que se preocupa realmente por la cuestión polaca.

Pero no solo ignoró de nuevo al pueblo polaco, sino que impuso otra condición más. Daría su consentimiento para la duplicación de la flota con la condición de que el Gobierno garantizase un aumento de los impuestos de aduana para el cereal y otros productos alimenticios. Por tanto, el Partido de Centro demostró también que a este partido “católico” no le preocupaba ni la libertad de conciencia ni la nacionalidad de tres millones de católicos polacos, sino que lo que le importaba era los intereses económicos de algunos latifundistas alemanes, a los que el encarecimiento de los productos agrícolas por el aumento de los precios aduaneros les traía grandes beneficios económicos. Sin embargo, el partido no tiene en cuenta que la inflación supone una gran desgracia para los miles de padres y madres pobres.

De hecho, ¿cómo se puede esperar que exista una posible amistad entre este partido y el pueblo polaco? ¿Cómo se puede esperar que defiendan sinceramente la identidad polaca oprimida si este partido, especialmente en Prusia, se compone en su mayor medida de latifundistas y de los llamados “barones del carbón”, que provienen de la nobleza y potentados industriales, de partidos como el Conservador y el Nacional Liberal? Sería absurdo esperar que la nobleza alemana y los potentados industriales defendieran al pueblo polaco oprimido. Como ya se sabe, la mayoría de los diputados del Partido de Centro se eligen en la Alta Silesia, Renania y en Westfalia, es decir, en todas aquellas regiones donde se encuentran las grandes minas de carbón y plantas siderúrgicas. Estos aristócratas “católicos” ganan millones gracias a las minas pero, ¿quiénes son los que trabajan día y noche, en condiciones precarias sin luz ni ventilación, para multiplicar el oro que luego los aristócratas de los partidos de centro reciben? ¡Pues el pobre pueblo polaco! En la Alta Silesia trabajan como mulas cientos de miles de obreros metalúrgicos y mineros polacos para darles los beneficios a los señores de las familias Ballestrem o Donnersmarck entre muchas otras. En Westfalia y en Renania, miles de ciudadanos polacos viven en condiciones de miseria, soportando el yugo del trabajo en minas y en fábricas metalúrgicas.

Los aristócratas católicos acumulan millones gracias al trabajo, a la miseria y a la discriminación del pueblo polaco y al pobre minero solo le dan un mísero sueldo con el que alimentarse, teniendo este que soportar una pobreza y suciedad horribles, peor que las vacas y los cerdos en establos. ¿Cómo podemos esperar que estos católicos miren por el bien del pueblo polaco oprimido cuando ellos mismos viven de la injusticia que cometen contra este pueblo? ¿Cómo van a asegurarse estos aristócratas de que los niños polacos puedan rezar en su propia lengua si incluso mantienen a los polacos en tal miseria que estos no tienen ni un trozo de pan que darles a sus hijos ni un pedazo de tela con la que vestirlos?

La esperanza que tienen los polacos en la ayuda por parte del Partido de Centro proviene de tiempo atrás cuando Bismarck perseguía al catolicismo desesperadamente en el Imperio alemán, y por tanto, los católicos se veían obligados a agruparse para defender sus ideas. Durante la llamada Kulturkampf hace unos 10 o 15 años, el Partido de Centro no era tan popular como lo es hoy y no ejercía tanta influencia en el Parlamento como los nacional liberales, es decir, los capitalistas protestantes. La persecución de Bismarck unió en el seno del Partido de Centro a católicos de varias clases sociales: tanto magnates de Silesia y de la alta Silesia, artesanos de la zona del Rin, agricultores de Baviera, y también una parte de la clase trabajadora. Por tanto, el partido católico se convirtió, en cierto modo, en representante de la clase trabajadora y, bajo la presión de esta, se constituyó como una institución progresista y democrática.

En aquel entonces, el partido católico también se oponía al Gobierno, a la opresión del pueblo mediante el establecimiento de altos impuestos, aduanas y el reclutamiento para el servicio militar, y también contra todo tipo de ataque a la libertad de conciencia, lengua, y nacionalidad. En aquel entonces, el Partido de Centro también defendió con más ahínco la cuestión polaca pues, como solemos decir, la mejor manera de entender la situación del prójimo es cuando uno se pone en la piel del otro. Cuando los alemanes católicos experimentaron en su propia piel lo que suponía la persecución, la represión y la injusticia por parte del Gobierno, se compadecieron también con la opresión que sufrían los polacos.

Sin embargo, los tiempos han cambiado y ahora a la Kulturkampf, junto a Bismarck, su iniciador, se los ha llevado el diablo. El Gobierno comprendió que mediante la persecución a los católicos solo conseguía unirlos más, hacerlos más fuertes y conseguir su enemistad. Hoy día, el partido católico, como dijimos anteriormente, es el más fuerte dentro del Parlamento, y por lo tanto el Gobierno tiene que bailarle el agua. Ya se ha acabado la persecución contra el catolicismo y los periódicos incluso rumorean que pronto se va a autorizar la vuelta de los jesuitas a Alemania. Pero, ¡cómo ha cambiado el partido católico ante estas circunstancias! Cuando terminó la opresión contra el catolicismo y por tanto ya no dolía la piel de uno, terminaron también de interesarles al partido las injusticias que sufrían los demás. En ese desorden de clases y niveles sociales que el partido católico representa, los magnates y potentados industriales, que en resumidas cuentas son parásitos y reaccionarios, están asumiendo el poder. También toda la política de centro toma otra forma. Han desaparecido la compasión y la preocupación por el pobre pueblo trabajador, ya nadie se preocupa por los polacos. Hoy día el partido católico defiende en el Parlamento la subida de los precios de aduana, que se traduce en un encarecimiento de los productos alimenticios. Establece también nuevos impuestos para el pueblo, vota a favor del aumento del ejército y de la flota en la “madre patria alemana”. A los polacos casi los han olvidado y les ponen de vez en cuando buena cara para poder llevarlos atados corto y que los diputados polacos del Parlamento hagan caso a las órdenes del Partido de Centro, como sucedía antes. Ahora el Partido de Centro ya no defiende tanto al catolicismo, ya es como un cartel despintado, una frase vacía. Finalmente ha salido a la luz que un partido que se compone de magnates, aristócratas y potentados industriales no puede ser el defensor de los oprimidos y de los pobres. Antes, el Partido de Centro era enemigo del Gobierno alemán y amigo del pueblo. Hoy, es el enemigo del pueblo y amigo del Gobierno. Nuestros ciudadanos polacos deberían entender esto de una vez y, dejando atrás el pasado, deberían dejar de aferrarse al partido católico.

No vamos a encontrar protección en ninguno de estos partidos alemanes. Todas las clases sociales del pueblo alemán son responsables de la persecución. Si el Gobierno alemán o los ministros prusianos deciden directamente perseguir al pueblo polaco y la gentuza de los hakatistas se atreve a atacarnos, la responsabilidad recae en todo el pueblo alemán que apoya directa o indirectamente la opresión de la germanización pues o bien dieron su aprobación, no se manifestaron al respecto o bien defendieron la identidad polaca de manera poco sincera.

Son culpables, por tanto, de que el Gobierno se atreva a tratar a tres millones de personas como ciudadanos de segunda clase, a los que se les prohíbe hasta hablar en su propio idioma o rezarle a su Dios a su propia manera. Se unieron contra el pueblo polaco tanto el Gobierno alemán como la nobleza, los magnates, los dueños de fábricas, los banqueros y los propietarios de las minas de carbón, en definitiva, toda esta clase de ricos y acomodados, que viven a costa de la mano de obra externa y la explotación del pueblo pobre. Tanto los protestantes como los católicos o los judíos son todos iguales con nosotros, al igual que el Gobierno prusiano que nos desnacionaliza.

Esto tampoco nos asombra. Algunos como los nobles, empresarios industriales y capitalistas solo ven un objetivo en la política que es el beneficio económico. Su ídolo es el becerro de oro y su religión se basa en la explotación. Todos los lemas y frases hechas que proclaman los diferentes partidos, como “patriotismo”, “religión católica”, “liberalismo”, “antisemitismo”, “progreso”, son tapaderas de diferentes colores y formas que esconden detrás de sí un único objetivo: codicia y ansias de enriquecimiento. Si en Prusia los conservadores y los librepensadores son tan patriotas con Alemania y quieren transformar a los polacos en alemanes de forma violenta, esto solo es porque el negocio de la germanización tiene un claro beneficio. ¿No es beneficioso para la burguesía alemana que miles de sus hijitos se coloquen en puestos de trabajo en la provincia de Poznan como funcionarios del estado, profesores, escritorzuelos de periódicos, comerciantes y artesanos y que por fin puedan alimentar a una parte de sus campesinos con suelo polaco? Todo esto se perdería, y se tendría que quedar en manos polacas si no se hubieran inventado la necesidad de germanizar a los polacos. Así que ¡que viva la madre patria alemana!, que de nuevo ha servido de vaca lechera de la que sacar provecho. ¡A por los polacos!

Cuando el patriotismo alemán no les compensa, los prusianos conservadores giran como veletas. Por ejemplo, se sabe que los peones alemanes están huyendo en tropel de Prusia hacia el oeste, a las ciudades industriales, porque no quieren soportar más el hambre y el maltrato de los prusianos. Pero los pobres agricultores polacos, del otro lado de la frontera, del Reino de Polonia, están de acuerdo con todo, son ignorantes y por tanto mansos como corderos.

Y estos mismos magnates alemanes, que en Prusia quieren eliminar todo rastro de la identidad polaca y que tienen el patriotismo en la boca a cada instante dejan venir a miles de peones polacos del Reino de Polonia porque son mano de obra más barata y más fáciles de manejar: son más fáciles de engañar y no se enfadan si se les da con el látigo. Cuando les conviene el exterminio de la población polaca, entonces proclaman ¡que viva el hakatismo! Pero cuando la difusión de la identidad polaca es imprescindible para mantener la finca l economía, ¡que sean bienvenidos todos los peones polacos fáciles de manejar! Siempre y cuando fluya el dinero…

Ya mencionamos anteriormente que el Partido de Centro, los católicos alemanes que proclaman a boca llena la defensa de la religión y de la amistad con el pueblo polaco, se ha enriquecido al mismo tiempo a costa del trabajo de los mineros y obreros metalúrgicos polacos católicos en la Alta Silesia. El beneficio es su único credo, mientras que la justicia, la defensa de los oprimidos, la libertad de expresión y de conciencia son solo lemas que dar a conocer o pisotear, según lo que el negocio requiera.

Así es la alta clase dirigente de la sociedad alemana. No es mejor o peor que en otros países solo que hoy día no existe en ningún otro país gente tan ingenua como aquí en Poznan, que esperan de esta clase social protección para los oprimidos y los débiles, que esperan que los lobos protejan a los corderos (como si el lobo le fuera a prestar ayuda al cordero.)

3.

Nuestros aliados

En el pueblo alemán, solo hay un partido que se nos ha unido y que no solo alzan la voz sino que también levantan el puño tanto contra la germanización como contra cualquier tipo de injusticia. Este partido es la Socialdemocracia, el partido de los obreros alemanes.

Este partido no saca ningún beneficio para sí mismo de la persecución de los polacos, como sí ocurría con las clases más altas de la sociedad alemana, que nos perseguían porque esto les daba poder y buenos puestos. El obrero alemán, al igual como nuestros obreros o artesanos polacos, nunca vive de la injusticia que les causa a otros, sino que viven de su propio trabajo duro y sincero. No es el opresor de nadie, sino que – ciertamente – es él el oprimido y, por lo tanto, siente y entiende también nuestra opresión porque él mismo ha sido el dominado. Nosotros los polacos hemos sido torturados por el Gobierno alemán y por los partidos de los que hemos previamente hablado.

Por lo tanto, así como en los últimos veinte años se ha decretado una ley tras otra contra los polacos, el Gobierno alemán ha llevado a cabo desde hace décadas una cacería contra los obreros alemanes. Desde el momento en el que estos empezaron a levantar la cabeza, a construirse a sí mismos y a perseguir la injusticia y la explotación. Sí, contra nosotros también luchan, sobre todo por la vía administrativa, sin embargo al pueblo obrero alemán se lo declaró fuera de la ley hace 22 años, cuando en el 1878 entró en vigor la llamada Ley de Excepción contra los Socialistas.

Aunque supuestamente la Constitución alemana garantice a toda la ciudadanía alemana igualdad ante la ley, libertad de prensa, de expresión, de conciencia y asociación, los obreros socialistas no tenían permiso para publicar periódicos que tuvieran como fin su propia educación, ni podían constituir asambleas o instituciones para hablar de sus asuntos pues todo esto podía suponer una pena de cárcel. Esta privación de derechos duró once años. En este tiempo miles de ellos se consumían entre los muros de la cárcel y cientos tenían que dejar su país, su patria, para protegerse de las persecuciones. Tenían que abandonar a sus mujeres y a sus hijos al hambre y a la miseria. Mientras tanto, se dedicaban a buscar en otros países un techo acogedor, libertad civil e igualdad ante la ley.

¿Quién fue el mayor culpable de las persecuciones? El propio Bismarck, que comenzó el exterminio del pueblo polaco a través de la creación de un fondo para la colonización alemana , y a través de un proceso de germanización en las escuelas de Poznan. También eran culpables los propios nobles y propietarios de fábrica alemanes que apoyaban de manera directa o indirecta al hakatismo. ¿Y quién ha traicionado finalmente al pueblo obrero alemán? El Partido de Centro católico que dejó caer en el olvido la cuestión polaca, que se ha convertido en un luchador de la igualdad burguesa y que apoya al Gobierno en su represión.

El pueblo obrero alemán tiene también muchos enemigos en su propio territorio, sufre de su propia represión, por lo que es nuestro aliado natural, nuestro amigo. El Partido Socialdemócrata no hace ninguna distinción entre lengua y creencias. Todos los oprimidos y desafortunados son sus hermanos. Persigue cada una de las injusticias e intenta erradicarlas. Es el único partido que protege al pueblo de la nobleza y de los capitalistas. Además, es el protector de las naciones oprimidas ante sus perseguidores.

En los periódicos polacos se escriben cada cierto tiempo cosas absurdas sobre la socialdemocracia. La critican porque supone un gran peligro –todavía más terrible que los hakatistas– ya que supuestamente imponen la anarquía, pretenden poner el mundo entero patas arriba, quieren suprimir la religión, introducir la inmoralidad general entre las mujeres, dividir el patrimonio del estado entre todos ellos, etc. Todo es una palabrería ridícula. Aquellos que difunden esto, son necios o infames mentirosos que intentan confundir al pueblo con falsas apariencias.

Los socialistas no piensan que haya que poner el mundo patas arriba, simplemente porque ya está patas arriba. Millones de ciudadanos del pueblo llano trabajan de noche y de día con el sudor de su frente – tanto en el campo como en talleres, fábricas o minas de carbón – y encima no tienen casi ni un trozo de pan que llevarse a la boca ni un mísero rincón donde vivir, ¿no se está haciendo entonces todo lo contrario a lo que se debería hacer? Los nobles y dueños de fábricas, por el contrario, que no han sabido lo que es el trabajo en toda su vida, se meten el beneficio en sus bolsillos, se pasean en coches de caballo, beben champán y viven en palacios.

Ahora los socialistas quieren reestablecer de nuevo la igualdad e introducir un nuevo reglamento para que todos los que trabajen honestamente reciban para ellos y para sus familias un ingreso suficiente. Los holgazanes en cambio, que se benefician del trabajo de los otros, no recibirán nada.

Del mismo modo, son muy graciosos los que dicen que los socialistas quieren acabar con la vida familiar y que quieren introducir una inmoralidad general. ¿No está ya destrozada la vida familiar de millones de familias trabajadoras, de manera que la mujer y madre tiene que ganar dinero y, por tanto, no tiene tiempo para cuidar de los niños y a veces no sabe de dónde va a sacar el dinero para alimentarlos y vestirlos? ¿No está pasando ya que cientos de pobres costureras de Poznan están viéndose forzadas a dedicarse a la prostitución por falta de recursos? ¿Y de quién es la culpa de esto? No de los socialistas, desde luego. Es de los dueños de las fábricas y los confeccionistas que no les pagan a las pobres chicas lo suficiente –que de hecho ni siquiera les alcanza para vivir– por estar todo el día delante de una aguja. Ciertamente los socialistas quieren acabar con esta explotación de inmediato y pretenden asegurarle a cada mujer un salario digno para que no tengan que llegar a la prostitución.

Finalmente, dicen que otro objetivo de los socialistas es la supresión de la religión. Quien se crea ese cuento, debe ser bastante necio, pues nadie elimina la religión como Bismarck o este tipo de gente que declararon junto con él, la guerra a los católicos. Los socialistas, en cambio, eran, por esta y por otras injusticias, los enemigos a muerte de Bismarck y de sus compinches y siempre y en todas las partes proclamaban: Cada uno se aferra a las creencias y a las convicciones que considera correctas y nadie tiene la razón absoluta, ni tiene el derecho de violar la concienciade los otros. La mejor prueba de como los socialistas defienden la libertad de religión y las creencias de cada uno sea cual sea, es que la Socialdemocracia en el Parlamento vota siempre a favor de la vuelta de los jesuitas a Alemania.

Del mismo modo, la Socialdemocracia aboga como primero y hasta ahora único partido por nuestra nacionalidad, que se ha visto perseguida, como nunca antes había sucedido. Inmediatamente después del último ataque del ministro [de Cultura] Studt, los socialdemócratas fueron los primeros que convocaron una gran asamblea popular en la sala Lambertsaal (Poznan) el 15 de agosto de 1900 para protestar contra este nuevo proceso de germanización. La burguesía polaca, avergonzada por esa energía de los socialistas, convocó a duras penas una asamblea propia para el 8 de septiembre.

La Socialdemocracia alemana también se preocupó por el asunto de la cuestión polaca en el seno del congreso del partido que tuvo lugar en Mainz en septiembre de 1900. Mostró su indignación sobre la manera de actuar del Gobierno y aprobó por unanimidad la siguiente propuesta que los delegados desde Polonia habían pedido:

La convención del partido encarga al grupo parlamentario sacar a colación la nueva medida que ha llevado el Gobierno prusiano al Parlamento sobre el uso del idioma polaco en las escuelas de la provincia de Poznan y sobre todo, luchar con todas las fuerzas contra el trato que reciben los polacos como ciudadanos de segunda clase.

De todos los partidos políticos, la Socialdemocracia es el primero y hasta ahora el único que ha decidido criticar duramente en el Parlamento al sistema de Gobierno del hakatismo y exigir un ajuste de cuenta a sus dirigentes.

Este partido es el único de la sociedad alemana que nos apoya y con el podemos contar con su ayuda y su amistad. Y no es precisamente una ayuda pequeña, pues los socialdemócratas cuentan con 56 en el Parlamento y son el partido más fuerte del estado. La última vez obtuvieron 2 ¼ millones de los votos. Este partido ha crecido como la espuma en el último año. Todos los explotados, oprimidos y desfavorecidos se arremolinaron en torno a él mientras que el Gobierno, la nobleza y los capitalistas miraban horrorizados el poder creciente del pueblo trabajador. El pueblo trabajador polaco también debe recurrir a este partido. Solo de él se puede esperar ayuda fraternal y protección contra la violencia que está ejerciendo el Gobierno alemán.

4.

La nobleza, la burguesía y el pueblo llano en Poznan

Los socialdemócratas fueron los primeros en defender en Poznan la enseñanza de la religión impartida en polaco, que el señor Studt había eliminado, y los primeros en llamar al pueblo a una gran asamblea e incitarlos a una lucha defensiva. ¿Qué hicieron al respecto los otros partidos de nuestra sociedad? La élite nacional, es decir la nobleza y los terratenientes, ni siquiera se pronunciaron. Ellos, que son considerados siempre y en todo lugar los líderes y la cabeza de la nación, los supuestos defensores de los intereses nacionales que anuncian por todos lados su patriotismo, ¿dónde estaban ellos antes y dónde están ahora cuando hay que defender al pueblo y su lengua materna? Simplemente, no están. Cuando se trata de conseguir escaños en el Parlamento estatal o en el Parlamento regional, a todas familias de la nobleza como los Kwilecki, Chlapowski, Czartoryski, Radziwill y Koscielski les viene de perlas estar allí, pronunciando discursos “patrióticos” y “burgueses”. ¡Cuando se trata de las labores de representación en la capital berlinesa, eso sí que pueden soportarlo! Pero, ¿dónde dejan estos señores sus valores de “conciencia cívica” y “patriotismo” cuando, elegidos por el pueblo, se sientan en sus butacas de diputados en el Parlamento? ¿Qué beneficio han aportado ellos hasta ahora al pueblo polaco con sus actividades parlamentarias? Nada de nada. Los diputados polacos se sientan tanto en el Parlamento alemán como en el regional como si fueran momias egipcias. No han sido capaces ni de conseguir poder ni de ejercer influencia ni de ganarse una reputación. Mientras los diputados de varios partidos luchan encarnizadamente durante todo el año en el Parlamento por las cuestiones vitales del pueblo, por las leyes de protección de los peones y por los derechos de aduana de la carne y el cereal, los diputados polacos no hacen ni dicen absolutamente nada. Cuando se trata de defender al pueblo de los impuestos, de la inflación y de la opresión del Gobierno, entonces a nuestras queridas familias Czarlinski, Radziwill y Kwilecki se les come la lengua el gato. Una vez al año, dicen alguna que otra cosa contra el proceso de germanización, pero lo hacen sin fuerza y sin ganas, así que los ministros ni siquiera dirijen la atención hacia ellos. Sin embargo, los diputados socialdemócratas adoptan una actitud totalmente diferente en lo que respecta a la defensa del pueblo polaco, aunque hasta ahora no haya ningún polaco entre ellos. Gracias a su influencia, consiguieron, en aquel entonces, que todo aquel que declare en juicio y que no sepa hablar suficiente alemán, tenga que ser asistido por un intérprete del estado. Una vez al año, además, le reprochan al Gobierno que los niños de la Alta Silesia no tienen escuelas.

Sin embargo, eso no es todo. El gran patriotismo hipócrita de estos ilustres diputados parlamentarios se manifiesta, en primer lugar, cuando votan a favor del aumento del ejército y la marina. Nuestros diputados polacos votaron en 1893 a favor del fortalecimiento del ejército alemán, de las fuerzas armadas del mismo Gobierno, con las que torturaban al pueblo polaco, y a favor también del endurecimiento del lazo que estrangulaba al pueblo polaco. Teniendo esto en cuenta, ¿no debe burlase el Gobierno del grito patriótico de los diputados polacos? ¿No es evidente que, hasta el día de hoy, el pueblo polaco siga enviando a sus enemigos al Parlamento como representantes y no a sus protectores? Incluso en el último aumento de la flota alemana este año, que no tenía otro objetivo que someter y presionar a los chinos, como hacen con nosotros. Incluso aquí, apenas la mitad de nuestros diputados se animaron a votar contra la ley del Gobierno. ¡La otra mitad de estos “polacos” desaparecieron del Parlamento, como suele sucederles a los hombres valientes, y se escondieron en ratoneras, pues así no tendrían que votar en contra del Gobierno, [Dios no lo quiera]!

¿Quién podría haber esperado otra cosa viniendo de ellos? Los diputados polacos son altos magnates, nobles, sobre los que el pueblo ya ha cantado una canción hace cientos de años: “Gloria a vosotros, príncipes, prelados, por nuestra esclavitud y nuestras cadenas. Gloria a vosotros, condes, príncipes y canallas, por manchar a nuestro país con sangre de hermanos” Al igual que la patria para ellos solo era un beneficio personal y el pueblo solo era un banquillo en el que poner los pies para escalar a posiciones más altas, así mismo se comporta hoy día. Casi todos son propietarios de grandes haciendas y viven del esfuerzo de los peones polacos como hacen los terratenientes alemanes. Casi todos alimentan a sus “hermanos, los pobres campesinos” peor que a los cerdos, como es el caso de los magnates alemanes. Su objetivo principal es vender a buen precio el cereal, el ganado y el aguardiente que ellos destilan. Por tanto, reclaman altos impuestos aduaneros incluso si esto hace que la población sufra por la inflación y el alcoholismo. En el fondo, ellos pertenecen exactamente a la misma clase de gente que la nobleza y los capitalistas alemanes. Se sirven los unos otros. Aunque los alemanes favorezcan a los hakatistas y los polacos supuestamente defiendan su identidad, el vínculo de la avaricia común es más fuerte que el de la unión por el odio nacional.

Al igual que los alemanes, el principal interés de los terratenientes y fabricantes polacos en la “patria alemana” es explotar al pueblo trabajador. Dios los cría y ellos solos se juntan. Eso es lo que ocurre con nuestros diputados, que están en el Parlamento para supuestamente defender al pueblo polaco de nuestros peores enemigos, el Gobierno y los señores de la clase alemana pudiente. Por tanto, ¿es una sorpresa que el hakatismo se haga cada vez más fuerte y que el pueblo polaco sufra derrota tras derrota?

El llamado Partido Popular Alemán, es decir, el de nuestra burguesía, tampoco ha hecho mucho para proteger al pueblo polaco. Este partido está activo en la provincia de Poznan desde hace ya bastantes años. Controla varios periódicos, puede convocar asambleas públicas porque los propietarios del lugar no lo rechazan como hacen con los socialistas. ¿Y cuáles son los resultados? Pues que estos aristócratas se sientan en el Parlamento e ignoran las protestas sociales del pueblo. Mientras que el hakatismo avanza a pasos agigantados, el pueblo polaco se sume en su propia pobreza e ignorancia, como pasaba antes.

El Partido Popular podría tener buena voluntad pero ¡qué incompetentes son! Son un verdadero caos. Tienen una mentalidad política realmente atrasada. La mejor imagen que este partido dio fue gracias a su comportamiento después del último ataque del ministro Studt. En su torpeza, aplazaron cualquier movimiento de protesta hasta que los socialdemócratas se les adelantaron y convocaron por primera vezasamblea popular en Poznan. Avergonzados por este ejemplo, se animaron finalmente a convocar una asamblea pero ¿qué a punto común llegaron en esta? En lugar de criticar el torpe comportamiento de los diputados polacos en el Parlamento, en vez de denunciar al partido de los católicos por su hipocresía en lo que respecta a la defensa de la identidad polaca, en vez de desenmascarar la verdadera naturaleza del Gobierno y de sus aliados y llamar al pueblo a una lucha encarnizada contra ellos, la asamblea envió una petición llorándole al arzobispo para que protegiera a nuestros hijos y defendiera las clases de religión en las escuelas. La verdadera sabiduría de este “Partido Popular” es aferrarse con ambas manos a la sotana sacerdotal. Todo se hace con el sacerdote y a través de él: esa es la antigua política que la aristocracia implantó en la antigua República polaca hasta que la misma los llevó a la ruina.

Lo que mejor demuestra la torpeza y la mentalidad atrasada del Partido Popular es que fingen luchar contra la aristocracia y fingen animar al pueblo para que desarrollen su propia vida política mientras que siguen llevando a cabo, punto por punto, políticas clericales, al igual que hace la nobleza.

Y con razón este partido se llama a sí mismo Partido Popular, aunque en realidad no le importa mucho el bienestar del pueblo, de la gente trabajadora, los artesanos, obreros y peones polacos. Este partido no quiere abrirle los ojos a la gente y enseñarles a sus verdaderos enemigos: la explotación capitalista, el poder de la aristocracia y la parcialidad del Gobierno. Cuando hace ya varios años, los trabajadores y artesanos de Poznan comenzaron a organizarse en agrupaciones profesionales para luchar contra el Capital, por un salario mejor y una vida mejor para sus mujeres e hijos, entonces el “Partido Popular” puso mala cara y buscó la manera, a través de sus periódicos propios, de disuadirlos de estos planes. Los miembros de este partido inventan todo lo que pueden sobre los opresores alemanes, sin embargo no les gusta escuchar verdades amargas sobre los opresores y explotadores polacos. Tienen miedo de que el pueblo pueda ser más inteligente y quieren, por tanto, tenerlos atados con la ayuda de los curas. Pero de esta manera toda la defensa de la identidad polaca se torna totalmente ineficaz porque, si se tiene que poner fin a la lucha contra el hakatismo mediante la distribución de pequeños calendarios y mediante delegados del arzobispado, a nuestra nación le aguarda un futuro muy negro. Al fin y al cabo, ni el clero ni nuestra burguesía están interesados en la defensa del pueblo polaco ante la germanización, sino más bien en la defensa de los dueños de fábrica polacos, los maestros de los gremios artesanos y los terratenientes ante las justas demandas de los trabajadores desheredados. No están por la labor de frenar la ignorancia de los hakatistas, sino que más bien pretenden hacer retroceder las luces del Socialismo. Es interesante y significativo que el arzobispo, en su larga respuesta a los delegados y a la “humilde petición” de la asamblea burguesa del 8 de septiembre, hablara tanto sobre la defensa de la religión pero no dijera ni una palabra sobre la defensa de la lengua polaca que, como si no tuviera nada que ver una cosa con la otra. Advirtió a los delegados que hay que “resistir a la tentación”: “Con las palabras del redentor, me dirijo a vosotros, despertad y orad para que no caigáis en la tentación pues el enemigo de nuestras almas quiere servirse del arrebato y del dolor. El enemigo trata de seduciros y engañaros para revolucionar el orden social y divino” (revista Goniec Wielkopolski, Nº. 207)

Rosa Luxemburg caía asesinada en Berlín

Este es su primer lema ante la inminente avalancha del hakatismo – estar en alerta y tener miedo a la Socialdemocracia, que es el único partido que defiende sinceramente al pueblo polaco y es un irreconciliable enemigo del Gobierno y del hakatismo. Esto muestra lo que vale el patriotismo de este “Partido Popular”. Vemos ahora claramente que no podemos esperar apoyo eficaz contra la germanización ni de la nobleza polaca ni de sus diputados parlamentarios, ni del partido burgués, el Partido Popular, ni de los curas. Nuestra burguesía se esfuerza, tanto como la nobleza, en tratar de convencer al pueblo trabajador de que la opresión contra el pueblo polaco es nuestra desgracia particular, que los germanizadores son nuestros únicos enemigos y que la batalla contra el hakatismo es nuestra única tarea política. Entretanto, los artesanos, trabajadores y peones polacos sufren otras miles de discriminaciones y les atormentan otras miles de preocupaciones.

El Capital explota a los artesanos y agricultores. El obrero está explotado por la nobleza y los terratenientes. Toda la población trabajadora está arruinada por las altas tasas aduaneras de alimentos impuestas por el Gobierno y por la inflación que se deriva de estos aranceles. Este Gobierno nos empobrece a través de los impuestos, nos oprime a través del reclutamiento para el servicio militar obligatorio y comete injusticias contra nosotros como cuando por ejemplo se niega a dar dinero público para los colegios o para el bienestar del pueblo y se lo gasta, sin embargo, en cañones y barcos de guerra. Este es nuestro mayor sufrimiento, estos son nuestros mayores enemigos: la explotación por parte de los capitalistas, de los aristócratas y de un Gobierno que está totalmente al servicio de estos y que le ordena al pueblo de solo “pagar impuestos, prestar servicio militar y, encima, cerrar el pico.”

Como hemos dicho, en esta explotación y esta política participa nuestra burguesía y terratenientes polacos, que tienen tanta culpa como los alemanes. Entonces, ¿el fabricante o el terrateniente polaco le paga mejor y trata mejor al trabajador polaco que un fabricante alemán? ¿El confeccionista polaco explota a los artesanos polacos o las costureras polacas menos que un confeccionista alemán? Son tan idénticos como dos gotas de agua. Da igual que su apellido termine con berg o ski. No existe entre ellos la más mínima diferencia con respecto a la relación que mantienen con los trabajadores polacos.

Por tanto, la burguesía compite con la nobleza para tratar de convencernos de que nada nos oprime excepto la germanización, que no tenemos otros enemigos que los hakatistas. Esto no es otra cosa que una maniobra, una política para cegar al pueblo trabajador con falsas apariencias, desviar su atención sobre el enemigo alemán y apartarlos del enemigo que tiene en su propia casa. Estos líderes quieren que la gente solo se preocupe por su idioma y por la fe católica, pero no porque su estómago esté vacío. Quieren que piensen que solo luchan contra los hakatistas y no contra la explotación de sus propios parásitos, contra la opresión en el marco político, y contra opresión aduanera y militar del Gobierno.

Por eso tenemos que considerar el patriotismo de las capas más altas de la sociedad polaca como un infame engaño al pueblo. No tenemos que ir tras los latifundistas y burgueses sino contra ellos. No tenemos que proteger nuestra nacionalidad en comunidad con ellos, sino luchar para defender nuestro bienestar y nuestra lengua materna contra ellos. El pueblo polaco solo cuenta con él mismo y con los únicos cuya desgracia se le parece: el pueblo obrero alemán. Que el artesano, el obrero, el minero polaco se lancen a la lucha, que unan sus esfuerzos con los esfuerzos de sus compañeros de desgracias, y de esta manera, el Gobierno alemán y los hakatistas tendrán que reconocer su fuerza. El pueblo obrero polaco debe situarse bajo el lema de la Socialdemocracia, que es el único refugio de la justicia y de la libertad. Aquí encuentra la protección de su bienestar, de la vida familiar, de los derechos civiles y de su lengua materna.

El terrateniente, el fabricante, el capitalista, tanto si es alemán como polaco, es nuestro enemigo. Sin embargo, el obrero alemán es nuestro aliado, que bajo la explotación capitalista y la opresión de la clase dominante, sufre como nosotros. Tomando como ejemplo al pueblo obrero alemán, ahora nuestro pueblo polaco debe también retomar la lucha por su vida física y mental. A este efecto, deben organizarse, afiliarse a los sindicatos, para así juntos hacer frente a los capitalistas. Deben leer periódicos y folletos del movimiento obrero para formarse y comprender sus necesidades y deberes.

Pero sobre todo, el pueblo trabajador solo debería votar en las elecciones al Parlamento a sus propios candidatos trabajadores del Partido Socialdemócrata para que así no se siente en el Parlamento ningún enemigo más del pueblo que venga de Poznan, de Prusia Occidental, Masuria o Alta Silesia, ningún parásito aristócrata o inútiles burgueses. ¡Por la unión con el pueblo trabajador alemán contra la explotación por las clases dirigentes de Alemania y Polonia y contra la opresión por el Gobierno! Ese es nuestro lema.

José Carlos Mariategui: el problema de la tierra (III Ensayo)

EL PROBLEMA AGRARIO Y EL PROBLEMA DEL INDIO

 

Quienes desde puntos de vista socialistas estudiamos y definimos el problema del indio, empezamos por declarar absolutamente superados los puntos de vista humanitarios o filantrópicos, en que, como una prolongación de la apostólica batalla del padre de Las Casas, se apoyaba la antigua campaña pro-indígena. Nuestro primer esfuerzo tiende a establecer su carácter de problema fundamentalmente económico. Insurgimos primeramente, contra la tendencia instintiva –y defensiva– del criollo o “misti”, a reducirlo a un problema exclusivamente administrativo, pedagógico, étnico o moral, para escapar a toda costa del plano de la economía. Por esto, el más absurdo de los reproches que se nos pueden dirigir es el de lirismo o literaturismo. Colocando en primer plano el problema económico-social, asumimos la actitud menos lírica y menos literaria posible. No nos contentamos con reivindicar el derecho del indio a la educación, a la cultura, al progreso, al amor y al cielo. Comenzamos por reivindicar, categóricamente, su derecho a la tierra. Esta reivindicación perfectamente materialista, debería bastar para que no se nos confundiese con los herederos o repetidores del verbo evangélico del gran fraile español, a quien, de otra parte, tanto materialismo no nos impide admirar y estimar fervorosamente.

Y este problema de la tierra -cuya solidaridad con el problema del indio es demasiado evidente-, tampoco nos avenimos a atenuarlo o adelgazarlo oportunistamente. Todo lo contrario. Por mi parte, yo trato de plantearlo en términos absolutamente inequívocos y netos.

El problema agrario se presenta, ante todo, como el problema de la liquidación de la feudalidad en el Perú. Esta liquidación debía haber sido realizada ya por el régimen demo-burgués formalmente establecido por la revolución de la independencia. Pero en el Perú no hemos tenido en cien años de república, una verdadera clase burguesa, una verdadera clase capitalista. La antigua clase feudal –camuflada o disfrazada de burguesía republicana– ha conservado sus posiciones. La política de desamortización de la propiedad agraria iniciada por la revolución de la Independencia –como una consecuencia lógica de su ideología–, no condujo al desenvolvimiento de la pequeña propiedad. La vieja clase terrateniente no había perdido su predominio. La supervivencia de un régimen de latifundistas produjo, en la práctica, el mantenimiento del latifundio. Sabido es que la desamortización atacó más bien a la comunidad. Y el hecho es que durante un siglo de república, la gran propiedad agraria se ha reforzado y engrandecido a despecho del liberalismo teórico de nuestra Constitución y de las necesidades prácticas del desarrollo de nuestra economía capitalista.

Las expresiones de la feudalidad sobreviviente son dos: latifundio y servidumbre. Expresiones solidarias y consustanciales, cuyo análisis nos conduce a la conclusión de que no se puede liquidar la servidumbre, que pesa sobre la raza indígena, sin liquidar el latifundio.

Planteado así el problema agrario del Perú, no se presta a deformaciones equívocas. Aparece en toda su magnitud de problema económico-social –y por tanto político– del dominio de los hombres que actúan en este plano de hechos e ideas. Y resulta vano todo empeño de convertirlo, por ejemplo, en un problema técnico-agrícola del dominio de los agrónomos.

Nadie ignora que la solución liberal de este problema sería, conforme a la ideología individualista, el fraccionamiento de los latifundios para crear la pequeña propiedad. Es tan desmesurado el desconocimiento, que se constata a cada paso, entre nosotros, de los principios elementales del socialismo, que no será nunca obvio ni ocioso insistir en que esta fórmula –fraccionamiento de los latifundios en favor de la pequeña propiedad– no es utopista, ni herética, ni revolucionaria, ni bolchevique, ni vanguardista, sino ortodoxa, constitucional, democrática, capitalista y burguesa. Y que tiene su origen en el ideario liberal en que se inspiran los Estatutos constitucionales de todos los Estados demo-burgueses. Y que en los países de la Europa Central y Oriental –donde la crisis bélica trajo por tierra las últimas murallas de la feudalidad, con el consenso del capitalismo de Occidente que desde entonces opone precisamente a Rusia este bloque de países anti-bolcheviques–, en Checoslovaquia, Rumania, Polonia, Bulgaria, etc., se ha sancionado leyes agrarias que limitan, en principio, la propiedad de la tierra, al máximum de 500 hectáreas.

Congruentemente con mi posición ideológica, yo pienso que la hora de ensayar en el Perú el método liberal, la fórmula individualista, ha pasado ya. Dejando aparte las razones doctrinales, considero fundamentalmente este factor incontestable y concreto que da un carácter peculiar a nuestro problema agrario: la supervivencia de la comunidad y de elementos de socialismo práctico en la agricultura y la vida indígenas.

Pero quienes se mantienen dentro de la doctrina demo-liberal –si buscan de veras una solución al problema del indio, que redima a éste, ante todo, de su servidumbre–, pueden dirigir la mirada a la experiencia checa o rumana, dado que la mexicana, por su inspiración y su proceso, les parece un ejemplo peligroso. Para ellos es aún tiempo de propugnar la fórmula liberal. Si lo hicieran, lograrían, al menos, que en el debate del problema agrario provocado por la nueva generación, no estuviese del todo ausente el pensamiento liberal, que, según la historia escrita, rige la vida del Perú desde la fundación de la República.

COLONIALISMO = FEUDALISMO

El problema de la tierra esclarece la actitud vanguardista o socialista, ante las supervivencias del Virreinato. El “perricholismo” literario no nos interesa sino como signo o reflejo del colonialismo económico. La herencia colonial que queremos liquidar no es, fundamentalmente, la de “tapadas” y celosías, sino la del régimen económico feudal, cuyas expresiones son el gamonalismo, el latifundio y la servidumbre. La literatura colonialista –evocación nostálgica del Virreinato y de sus fastos –, no es para mí sino el mediocre producto de un espíritu engendrado y alimentado por ese régimen. El Virreinato no sobrevive en el “perricholismo” de algunos trovadores y algunos cronistas. Sobrevive en el feudalismo, en el cual se asienta, sin imponerle todavía su ley, un capitalismo larvado e incipiente. No renegamos, propiamente, la herencia española; renegamos la herencia feudal.

España nos trajo el Medioevo: inquisición, feudalidad, etc. Nos trajo luego, la Contrarreforma: espíritu reaccionario, método jesuítico, casuismo escolástico. De la mayor parte de estas cosas, nos hemos ido liberando, penosamente, mediante la asimilación de la cultura occidental, obtenida a veces a través de la propia España. Pero de su cimiento económico, arraigado en los intereses de una clase cuya hegemonía no canceló la revolución de la independencia, no nos hemos liberado todavía. Los raigones de la feudalidad están intactos. Su subsistencia es responsable, por ejemplo, del retardamiento de nuestro desarrollo capitalista.

El régimen de propiedad de la tierra determina el régimen político y administrativo de toda nación. El problema agrario –que la República no ha podido hasta ahora resolver– domina todos los problemas de la nuestra. Sobre una economía semifeudal no pueden prosperar ni funcionar instituciones democráticas y liberales.

En lo que concierne al problema indígena, la subordinación al problema de la tierra resulta más absoluta aún, por razones especiales. La raza indígena es una raza de agricultores. El pueblo inkaico era un pueblo de campesinos, dedicados ordinariamente a la agricultura y el pastoreo. Las industrias, las artes, tenían un carácter doméstico y rural. En el Perú de los Inkas era más cierto que en pueblo alguno el principio de que “la vida viene de la tierra”. Los trabajos públicos, las obras colectivas más admirables del Tawantinsuyo, tuvieron un objeto militar, religioso o agrícola. Los canales de irrigación de la sierra y de la costa, los andenes y terrazas de cultivo de los Andes, quedan como los mejores testimonios del grado de organización económica alcanzado por el Perú inkaico. Su civilización se caracterizaba, en todos sus rasgos dominantes, como una civilización agraria. “La tierra –escribe Valcárcel estudiando la vida económica del Tawantinsuyo– en la tradición regnícola, es la madre común: de sus entrañas no sólo salen los frutos alimenticios, sino el hombre mismo. La tierra depara todos los bienes. El culto de la Mama Pacha es par de la heliolatría, y como el sol no es de nadie en particular, tampoco el planeta lo es. Hermanados los dos conceptos en la ideología aborigen, nació el agrarismo, que es propiedad comunitaria de los campos y religión universal del astro del día” (l).

Al comunismo inkaico –que no puede ser negado ni disminuido por haberse desenvuelto bajo el régimen autocrático de los Inkas–, se le designa por esto como comunismo agrario. Los caracteres fundamentales de la economía inkaica –según César Ugarte, que define en general los rasgos de nuestro proceso con suma ponderación–, eran los siguientes: “Propiedad colectiva de la tierra cultivable por el ‘ayllu’ o conjunto de familias emparentadas, aunque dividida en lotes individuales intransferibles; propiedad colectiva de las aguas, tierras de pasto y bosques por la marca o tribu, o sea la federación de ayllus establecidos alrededor de una misma aldea; cooperación común en el trabajo; apropiación individual de las cosechas y frutos” (2).

La destrucción de esta economía -y por ende de la cultura que se nutría de su savia- es una de las responsabilidades menos discutibles del coloniaje, no por haber constituido la destrucción de las formas autóctonas, sino por no haber traído consigo su sustitución por formas superiores. El régimen colonial desorganizó y aniquiló la economía agraria inkaica, sin reemplazarla por una economía de mayores rendimientos. Bajo una aristocracia indígena, los nativos componían una nación de diez millones de hombres, con un Estado eficiente y orgánico cuya acción arribaba a todos los ámbitos de su soberanía; bajo una aristocracia extranjera, los nativos se redujeron a una dispersa y anárquica masa de un millón de hombres, caídos en la servidumbre y el “felahísmo”.

El dato demográfico es, a este respecto, el más fehaciente y decisivo. Contra todos los reproches que –en el nombre de conceptos liberales, esto es modernos, de libertad y justicia– se puedan hacer al régimen inkaico, está el hecho histórico –positivo, material– de que aseguraba la subsistencia y el crecimiento de una población que, cuando arribaron al Perú los conquistadores, ascendía a diez millones y que, en tres siglos de dominio español, descendió a un millón. Este hecho condena al coloniaje y no desde los puntos de vista abstractos o teóricos o morales –o como quiera calificárseles– de la justicia, sino desde los puntos de vista prácticos, concretos y materiales de la utilidad.

El coloniaje, impotente para organizar en el Perú al menos una economía feudal, injertó en ésta elementos de economía esclavista.

LA POLÍTICA DEL COLONIAJE: DESPOBLACIÓN
Y ESCLAVITUD

Que el régimen colonial español resultara incapaz de organizar en el Perú una economía de puro tipo feudal se explica claramente. No es posible organizar una economía sin claro entendimiento y segura estimación, si no de sus principios, al menos de sus necesidades. Una economía indígena, orgánica, nativa, se forma sola. Ella misma determina espontáneamente sus instituciones. Pero una economía colonial se establece sobre bases en parte artificiales y extranjeras, subordinada al interés del colonizador. Su desarrollo regular depende de la aptitud de éste para adaptarse a las condiciones ambientales o para transformarlas.

El colonizador español carecía radicalmente de esta aptitud. Tenía una idea, un poco fantástica, del valor económico de los tesoros de la naturaleza, pero no tenía casi idea alguna del valor económico del hombre.

La práctica de exterminio de la población indígena y de destrucción de sus instituciones -en contraste muchas veces con las leyes y providencias de la metrópoli- empobrecía y desangraba al fabuloso país ganado por los conquistadores para el Rey de España, en una medida que éstos no eran capaces de percibir y apreciar. Formulando un principio de la economía de su época, un estadista sudamericano del siglo XIX debía decir más tarde, impresionado por el espectáculo de un continente semidesierto: “Gobernar es poblar”. El colonizador español, infinitamente lejano de este criterio, implantó en el Perú un régimen de despoblación.

La persecución y esclavizamiento de los indios deshacía velozmente un capital subestimado en grado inverosímil por los colonizadores: el capital humano. Los españoles se encontraron cada día más necesitados de brazos para la explotación y aprovechamiento de las riquezas conquistadas. Recurrieron entonces al sistema más antisocial y primitivo de colonización: el de la importación de esclavos. El colonizador renunciaba así, de otro lado, a la empresa para la cual antes se sintió apto el conquistador: la de asimilar al indio. La raza negra traída por él le tenía que servir, entre otras cosas, para reducir el desequilibrio demográfico entre el blanco y el indio.

La codicia de los metales preciosos -absolutamente lógica en un siglo en que tierras tan distantes casi no podían mandar a Europa otros productos-, empujó a los españoles a ocuparse preferentemente en la minería. Su interés pugnaba por convertir en un pueblo minero al que, bajo sus inkas y desde sus más remotos orígenes, había sido un pueblo fundamentalmente agrario. De este hecho nació la necesidad de imponer al indio la dura ley de la esclavitud. El trabajo del agro, dentro de un régimen naturalmente feudal, hubiera hecho del indio un siervo vinculándolo a la tierra. El trabajo de las minas y las ciudades, debía hacer de él un esclavo. Los españoles establecieron, con el sistema de las mitas, el trabajo forzado, arrancando al indio de su suelo y de sus costumbres.

La importación de esclavos negros que abasteció de braceros y domésticos a la población española de la costa, donde se encontraba la sede y corte del Virreinato, contribuyó a que España no advirtiera su error económico y político. El esclavismo se arraigó en el régimen, viciándolo y enfermándolo.

El profesor Javier Prado, desde puntos de vista que no son naturalmente los míos, arribó en su estudio sobre el estado social del Perú del coloniaje a conclusiones que contemplan precisamente un aspecto de este fracaso de la empresa colonizadora: “Los negros -dice- considerados como mercancía comercial, e importados a la América, como máquinas humanas de trabajo, debían regar la tierra con el sudor de su frente; pero sin fecundarla, sin dejar frutos provechosos. Es la liquidación constante siempre igual que hace la civilización en la historia de los pueblos: el esclavo es improductivo en el trabajo como lo fue en el Imperio Romano y como lo ha sido en el Perú; y es en el organismo social un cáncer que va corrompiendo los sentimientos y los ideales nacionales. De esta suerte ha desaparecido el esclavo en el Perú, sin dejar los campos cultivados; y después de haberse vengado de la raza blanca, mezclando su sangre con la de ésta, y rebajando en ese contubernio el criterio moral e intelectual, de los que fueron al principio sus crueles amos, y más tarde sus padrinos, sus compañeros y sus hermanos” (3).

La responsabilidad de que se puede acusar hoy al coloniaje, no es la de haber traído una raza inferior -éste era el reproche esencial de los sociólogos de hace medio siglo-, sino la de haber traído con los esclavos, la esclavitud, destinada a fracasar como medio de explotación y organización económicas de la colonia, a la vez que a reforzar un régimen fundado sólo en la conquista y en la fuerza.

El carácter colonial de la agricultura de la costa, que no consigue aún librarse de esta tara, proviene en gran parte del sistema esclavista. El latifundista costeño no ha reclamado nunca, para fecundar sus tierras, hombres sino brazos. Por esto, cuando le faltaron los esclavos negros, les buscó un sucedáneo en los culis chinos. Esta otra importación típica de un régimen de “encomenderos” contrariaba y entrababa como la de los negros la formación regular de una economía liberal congruente con el orden político establecido por la revolución de la independencia. César Ugarte lo reconoce en su estudio ya citado sobre la economía peruana, afirmando resueltamente que lo que el Perú necesitaba no era “brazos” sino “hombres”(4).

EL COLONIZADOR ESPAÑOL

La incapacidad del coloniaje para organizar la economía peruana sobre sus naturales bases agrícolas, se explica por el tipo de colonizador que nos tocó. Mientras en Norteamérica la colonización depositó los gérmenes de un espíritu y una economía que se plasmaban entonces en Europa y a los cuales pertenecía el porvenir, a la América española trajo los efectos y los métodos de un espíritu y una economía que declinaban ya y a los cuales no pertenecía sino el pasado. Esta tesis puede parecer demasiado simplista a quienes consideran sólo su aspecto de tesis económica y, supérstites, aunque lo ignoren, del viejo escolasticismo retórico, muestran esa falta de aptitud para entender el hecho económico que constituye el defecto capital de nuestros aficionados a la historia. Me complace por esto encontrar en el reciente libro de José Vasconcelos Indología, un juicio que tiene el valor de venir de un pensador a quien no se puede atribuir ni mucho marxismo ni poco hispanismo. “Si no hubiese tantas otras causas de orden moral y de orden físico -escribe Vasconcelos- que explican perfectamente el espectáculo aparentemente desesperado del enorme progreso de los sajones en el Norte y el lento paso desorientado de los latinos del Sur, sólo la comparación de los dos sistemas, de los dos regímenes de propiedad, bastaría para explicar las razones del contraste. En el Norte no hubo reyes que estuviesen disponiendo de la tierra ajena como de cosa propia. Sin mayor gracia de parte de sus monarcas y más bien en cierto estado de rebelión moral contra el monarca inglés, los colonizadores del norte fueron desarrollando un sistema de propiedad privada en el cual cada quien pagaba el precio de su tierra y no ocupaba sino la extensión que podía cultivar. Así fue que en lugar de enco-miendas hubo cultivos. Y en vez de una aristocracia guerrera y agrícola, con timbres de turbio abolengo real, abolengo cortesano de abyección y homicidio, se desarrolló una aristocracia de la aptitud que es lo que se llama democracia, una democracia que en sus comienzos no reconoció más preceptos que los del lema francés: libertad, igualdad, fraternidad. Los hombres del norte fueron conquistando la selva virgen, pero no permitían que el general victorioso en la lucha contra los indios se apoderase, a la manera antigua nuestra, ‘hasta donde alcanza la vista’. Las tierras recién conquistadas no quedaban tampoco a merced del soberano para que las repartiese a su arbitrio y crease nobleza de doble condición moral: lacayuna ante el soberano e insolente y opresora del más débil. En el Norte, la República coincidió con el gran movimiento de expansión y la República apartó una buena cantidad de las tierras buenas, creó grandes reservas sustraídas al comercio privado, pero no las empleó en crear ducados, ni en premiar servicios patrióticos, sino que las destinó al fomento de la instrucción popular. Y así, a medida que una población crecía, el aumento del valor de las tierras bastaba para asegurar el servicio de la enseñanza. Y cada vez que se levantaba una nueva ciudad en medio del desierto no era el régimen de concesión, el régimen de favor el que privaba, sino el remate público de los lotes en que previamente se subdividía el plano de la futura urbe. Y con la limitación de que una sola persona no pudiera adquirir muchos lotes a la vez. De este sabio, de este justiciero régimen social procede el gran poderío norte-americano. Por no haber procedido en forma semejante, nosotros hemos ido caminando tantas veces para atrás”(5).

La feudalidad es, como resulta del juicio de Vasconcelos, la tara que nos dejó el coloniaje. Los países que, después de la Independencia, han conseguido curarse de esa tara son los que han progresado; los que no lo han logrado todavía, son los retardados. Ya hemos visto cómo a la tara de la feudalidad, se juntó la tara del esclavismo.

El español no tenía las condiciones de colonización del anglosajón. La creación de los EE. UU. se presenta como la obra del pioneer. España después de la epopeya de la conquista no nos mandó casi sino nobles, clérigos y villanos. Los conquistadores eran de una estirpe heroica; los colonizadores, no. Se sentían señores, no se sentían pioneers. Los que pensaron que la riqueza del Perú eran sus metales preciosos, convirtieron a la minería, con la práctica de las mitas, en un factor de aniquilamiento del capital humano y de decadencia de la agricultura. En el propio repertorio civilista encontramos testimonios de acusación. Javier Prado escribe que “el estado que presenta la agricultura en el virreinato del Perú es del todo lamentable debido al absurdo sistema económico mantenido por los españoles”, y que de la despoblación del país era culpable su régimen de explotación (6).

El colonizador, que en vez de establecerse en los campos se estableció en las minas, tenía la psicología del buscador de oro. No era, por consiguiente, un creador de riqueza. Una economía, una sociedad, son la obra de los que colonizan y vivifican la tierra; no de los que precariamente extraen los tesoros de su subsuelo. La historia del florecimiento y decadencia de no pocas poblaciones coloniales de la sierra, determinados por el descubrimiento y el abandono de minas prontamente agotadas o relegadas, demuestra ampliamente entre nosotros esta ley histórica.

Tal vez las únicas falanges de verdaderos colonizadores que nos envió España fueron las misiones de jesuitas y dominicos. Ambas congregaciones, especialmente la de jesuitas, crearon en el Perú varios interesantes núcleos de producción. Los jesuitas asociaron en su empresa los factores religioso, político y económico, no en la misma medida que en el Paraguay, donde realizaron su más famoso y extenso experimento, pero sí de acuerdo con los mismos principios.

Esta función de las congregaciones no sólo se conforma con toda la política de los jesuitas en la América española, sino con la tradición misma de los monasterios en el Medioevo. Los monasterios tuvieron en la sociedad medioeval, entre otros, un rol económico. En una época guerrera y mística, se encargaron de salvar la técnica de los oficios y las artes, disciplinando y cultivando elementos sobre los cuales debía constituirse más tarde la industria burguesa. Jorge Sorel es uno de los economistas modernos que mejor remarca y define el papel de los monasterios en la economía europea, estudiando a la orden benedictina como el prototipo del monasterio-empresa industrial. “Hallar capitales -apunta Sorel-era en ese tiempo un problema muy difícil de resolver; para los monjes era asaz simple. Muy rápidamente las donaciones de ricas familias les prodigaron grandes cantidades de metales preciosos; la acumulación primitiva resultaba muy facilitada. Por otra parte los conventos gastaban poco y la estricta economía que imponían las reglas recuerda los hábitos parsimoniosos de los primeros capitalistas. Durante largo tiempo los monjes estuvieron en grado de hacer operaciones excelentes para aumentar su fortuna”. Sorel nos expone, cómo “después de haber prestado a Europa servicios eminentes que todo el mundo reconoce, estas instituciones declinaron rápidamente” y cómo los benedictinos “cesaron de ser obreros agrupados en un taller casi capitalista y se convirtieron en burgueses retirados de los negocios, que no pensaban sino en vivir en una dulce ociosidad en la campiña” (7).

Este aspecto de la colonización, como otros muchos de nuestra economía, no ha sido aún estudiado. Me ha correspondido a mí, marxista convicto y con-feso, su constatación. Juzgo este estudio, fundamental para la justificación económica de las medidas que, en la futura política agraria, concernirán a los fun-dos de los conventos y congregaciones, porque establecerá concluyentemente la caducidad práctica de su dominio y de los títulos reales en que reposaba.

LA “COMUNIDAD” BAJO EL COLONIAJE

Las Leyes de Indias amparaban la propiedad indígena y reconocían su organización comunista. La legislación relativa a las “comunidades” indígenas, se adaptó a la necesidad de no atacar las instituciones ni las costumbres indiferentes al espíritu religioso y al carácter político del Coloniaje. El comunismo agrario del “ayllu”, una vez destruido el Estado Inkaico, no era incompatible con el uno ni con el otro. Todo lo contrario. Los jesuitas aprovecharon precisamente el comunismo indígena en el Perú, en México y en mayor escala aún en el Paraguay, para sus fines de catequización. El régimen medioeval, teórica y prácticamente, conciliaba la propiedad feudal con la propiedad comunitaria.

El reconocimiento de las comunidades y de sus costumbres económicas por las Leyes de Indias, no acusa simplemente sagacidad realista de la política colonial sino se ajusta absolutamente a la teoría y la práctica feudales. Las disposiciones de las leyes coloniales sobre la comunidad, que mantenían sin inconveniente el mecanismo económico de ésta, reformaban, en cambio, lógicamente, las costumbres contrarias a la doctrina católica (la prueba matrimonial, etc.) y tendían a convertir la comunidad en una rueda de su maquinaria administrativa y fiscal. La comunidad podía y debía subsistir, para la mayor gloria y provecho del Rey y de la Iglesia.

Sabemos bien que esta legislación en gran parte quedó únicamente escrita. La propiedad indígena no pudo ser suficientemente amparada, por razones dependientes de la práctica colonial. Sobre este hecho están de acuerdo todos los testimonios. Ugarte hace las siguientes constataciones: “Ni las medidas previsoras de Toledo, ni las que en diferentes oportunidades trataron de ponerse en práctica, impidieron que una gran parte de la propiedad indígena pasara legal o ilegalmente a manos de los españoles o criollos. Una de las instituciones que facilitó este despojo disimulado fue la de las ‘Encomiendas’. Conforme al concepto legal de la institución, el encomendero era un encargado del cobro de los tributos y de la educación y cristianización de sus tributarios. Pero en la realidad de las cosas, era un señor feudal, dueño de vidas y haciendas, pues dis-ponía de los indios como si fueran árboles del bosque y muertos ellos o ausentes, se apoderaba por uno u otro medio de sus tierras. En resumen, el régimen agrario colonial determinó la sustitución de una gran parte de las comunidades agrarias indígenas por latifundios de propiedad individual, cultivados por los indios bajo una organización feudal. Estos grandes feudos, lejos de dividirse con el transcurso del tiempo, se concentraron y consolidaron en pocas manos a causa de que la propiedad inmueble estaba sujeta a innumerables trabas y gravámenes perpetuos que la inmovilizaron, tales como los mayorazgos, las capellanías, las fundaciones, los patronatos y demás vinculaciones de la propiedad” (8).

La feudalidad dejó análogamente subsistentes las comunas rurales en Rusia, país con el cual es siempre interesante el paralelo porque a su proceso histórico se aproxima el de estos países agrícolas y semifeudales mucho más que al de los países capitalistas de Occidente. Eugéne Schkaff, estudiando la evolución del mir en Rusia, escribe: “Como los señores respondían por los impuestos, quisieron que cada campesino tuviera más o menos la misma superficie de tierra para que cada uno contribuyera con su trabajo a pagar los impuestos; y para que la efectividad de éstos estuviera asegurada, establecieron la responsabilidad solidaria. El gobierno la extendió a los demás campesinos. Los repartos tenían lugar cuando el número de siervos había variado. El feudalismo y el absolutismo transformaron poco a poco la organización comunal de los campesinos en instrumento de explotación. La emancipación de los siervos no aportó, bajo este aspecto, ningún cambio”(9). Bajo el régimen de propiedad señorial, el mir ruso, como la comunidad peruana, experimentó una completa desnaturalización. La superficie de tierras disponibles para los comuneros resultaba cada vez más insuficiente y su repartición cada vez más defectuosa. El mir no garantizaba a los campesinos la tierra necesaria para su sustento; en cambio garantizaba a los propietarios la provisión de brazos indispensables para el trabajo de sus latifundios. Cuando en 1861 se abolió la servidumbre, los propietarios encontraron el modo de subrogarla reduciendo los lotes concedidos a sus campesinos a una extensión que no les consintiese subsistir de sus propios productos. La agricultura rusa conservó, de este modo, su carácter feudal. El latifundista empleó en su provecho la reforma. Se había dado cuenta ya de que estaba en su interés otorgar a los campesinos una parcela, siempre que no bastara para la subsistencia de él y de su familia. No había medio más seguro para vincular el campesino a la tierra, limitando al mismo tiempo, al mínimo, su emigración. El campesino se veía forzado a prestar sus servicios al propietario, quien contaba para obligarlo al trabajo en su latifundio -si no hubiese bastado la miseria a que lo condenaba la ínfima parcela- con el dominio de prados, bosques, molinos, aguas, etc.

La convivencia de comunidad y latifundio en el Perú, está, pues, perfectamente explicada, no sólo por las características del régimen del Coloniaje sino también por la experiencia de la Europa feudal. Pero la comunidad, bajo este régimen, no podía ser verdaderamente amparada sino apenas tolerada. El latifundista le imponía la ley de su fuerza despótica sin control posible del Estado. La comunidad sobrevivía, pero dentro de un régimen de servidumbre. Antes había sido la célula misma del Estado que le aseguraba el dinamismo necesario para el bienestar de sus miembros. El coloniaje la petrificaba dentro de la gran propiedad, base de un Estado nuevo, extraño a su destino.

El liberalismo de las leyes de la República, impotente para destruir la feudalidad y para crear el capitalismo, debía, más tarde, negarle el amparo formal que le había concedido el absolutismo de las leyes de la Colonia.

LA REVOLUCIÓN DE LA INDEPENDENCIA Y LA PROPIEDAD AGRARIA

Entremos a examinar ahora cómo se presenta el problema de la tierra bajo la República. Para precisar mis puntos de vista sobre este período, en lo que concierne a la cuestión agraria, debo insistir en un concepto que ya he expresado respecto al carácter de la revolución de la independencia en el Perú. La revolución encontró al Perú retrasado en la formación de su burguesía. Los elementos de una economía capitalista eran en nuestro país más embrionarios que en otros países de América donde la revolución contó con una burguesía menos larvada, menos incipiente.

Si la revolución hubiese sido un movimiento de las masas indígenas o hubiese representado sus reivindicaciones, habría tenido necesariamente una fisonomía agrarista. Está ya bien estudiado cómo la revolución francesa benefició particularmente a la clase rural, en la cual tuvo que apoyarse para evitar el retorno del antiguo régimen. Este fenómeno, además, parece peculiar en general así a la revolución burguesa como a la revolución socialista, a juzgar por las consecuencias mejor definidas y más estables del abatimiento de la feudalidad en la Europa central y del zarismo en Rusia. Dirigidas y actuadas principalmente por la burguesía urbana y el proletariado urbano, una y otra revolución han tenido como inmediatos usufructuarios a los campesinos. Particularmente en Rusia, ha sido ésta la clase que ha cosechado los primeros frutos de la revolución bolchevique, debido a que en ese país no se había operado aún una revolución burguesa que a su tiempo hubiera liquidado la feudalidad y el absolutismo e instaurado en su lugar un régimen demo-liberal.

Pero, para que la revolución demo-liberal haya tenido estos efectos, dos premisas han sido necesarias: la existencia de una burguesía consciente de los fines y los intereses de su acción y la existencia de un estado de ánimo revolucionario en la clase campesina y, sobre todo, su reivindicación del derecho a la tierra en términos incompatibles con el poder de la aristocracia terrateniente. En el Perú, menos todavía que en otros países de América, la revolución de la independencia no respondía a estas premisas. La revolución había triunfado por la obligada solidaridad continental de los pueblos que se rebelaban contra el dominio de España y porque las circunstancias políticas y económicas del mundo trabajaban a su favor. El nacionalismo continental de los revolucionarios hispanoamericanos se juntaba a esa mancomunidad forzosa de sus destinos, para nivelar a los pueblos más avanzados en su marcha al capitalismo con los más retrasados en la misma vía.

Estudiando la revolución argentina y por ende, la americana, Echeverría clasifica las clases en la siguiente forma: “La sociedad americana -dice- estaba dividida en tres clases opuestas en intereses, sin vínculo alguno de sociabilidad moral y política. Componían la primera los togados, el clero y los mandones; la segunda los enriquecidos por el monopolio y el capricho de la fortuna; la tercera los villanos, llamados ‘gauchos’ y ‘compadritos’ en el Río de la Plata, ‘cholos’ en el Perú, ‘rotos’ en Chile, ‘leperos’ en México. Las castas indígenas y africanas eran esclavas y tenían una existencia extrasocial. La primera gozaba sin producir y tenía el poder y fuero del hidalgo. Era la aristocracia compuesta en su mayor parte de españoles y de muy pocos americanos. La segunda gozaba, ejerciendo tranquilamente su industria o comercio, era la clase media que se sentaba en los cabildos; la tercera, única productora por el trabajo manual, componíase de artesanos y proletarios de todo género. Los descendientes americanos de las dos primeras clases que recibían alguna educación en América o en la Península, fueron los que levantaron el estandarte de la revolución” (10).

La revolución americana, en vez del conflicto entre la nobleza terrateniente y la burguesía comerciante, produjo en muchos casos su colaboración, ya por la impregnación de ideas liberales que acusaba la aristocracia, ya porque ésta en muchos casos no veía en esa revolución sino un movimiento de emancipación de la corona de España. La población campesina, que en el Perú era indígena, no tenía en la revolución una presencia directa, activa. El programa revolucionario no representaba sus reivindicaciones.

Mas este programa se inspiraba en el ideario liberal. La revolución no podía prescindir de principios que consideraban existentes reivindicaciones agrarias, fundadas en la necesidad práctica y en la justicia teórica de liberar el dominio de la tierra de las trabas feudales. La República insertó en su estatuto estos principios. El Perú no tenía una clase burguesa que los aplicase en armonía con sus intereses económicos y su doctrina política y jurídica. Pero la República -porque este era el curso y el mandato de la historia- debía constituirse sobre principios liberales y burgueses. Sólo que las consecuencias prácticas de la revolución en lo que se relacionaba con la propiedad agraria, no podían dejar de detenerse en el límite que les fijaban los intereses de los grandes propietarios.

Por esto, la política de desvinculación de la propiedad agraria, impuesta por los fundamentos políticos de la República, no atacó al latifundio. Y -aunque en compensación las nuevas leyes ordenaban el reparto de tierras a los indígenas- atacó, en cambio, en el nombre de los postulados liberales, a la “comunidad”.

Se inauguró así un régimen que, cualesquiera que fuesen sus principios, empeoraba en cierto grado la condición de los indígenas en vez de mejorarla. Y esto no era culpa del ideario que inspiraba la nueva política y que, rectamente aplicado, debía haber dado fin al dominio feudal de la tierra convirtiendo a los indígenas en pequeños propietarios.

La nueva política abolía formalmente las “mitas”, encomiendas, etc. Comprendía un conjunto de medidas que significaban la emancipación del indígena como siervo. Pero como, de otro lado, dejaba intactos el poder y la fuerza de la propiedad feudal, invalidaba sus propias medidas de protección de la pequeña propiedad y del trabajador de la tierra.

La aristocracia terrateniente, si no sus privilegios de principio, conservaba sus posiciones de hecho. Seguía siendo en el Perú la clase dominante. La revolución no había realmente elevado al poder a una nueva clase. La burguesía profesional y comerciante era muy débil para gobernar. La abolición de la servidumbre no pasaba, por esto, de ser una declaración teórica. Porque la revolución no había tocado el latifundio. Y la servidumbre no es sino una de las caras de la feudalidad, pero no la feudalidad misma.

POLÍTICA AGRARIA DE LA REPÚBLICA

Durante el período de caudillaje militar que siguió a la revolución de la independencia, no pudo lógicamente desarrollarse, ni esbozarse siquiera, una política liberal sobre la propiedad agraria. El caudillaje militar era el producto natural de un período revolucionario que no había podido crear una nueva clase dirigente. El poder, dentro de esta situación, tenía que ser ejercido por los militares de la revolución que, de un lado, gozaban del prestigio marcial de sus laureles de guerra y, de otro lado, estaban en grado de mantenerse en el gobierno por la fuerza de las armas. Por supuesto, el caudillo no podía sustraerse al influjo de los intereses de clase o de las fuerzas históricas en contraste. Se apoyaba en el liberalismo inconsistente y retórico del demos urbano o el conservantismo colonialista de la casta terrateniente. Se inspiraba en la clientela de tribunos y abogados de la democracia citadina o de literatos y rétores de la aristocracia latifundista. Porque, en el conflicto de intereses entre liberales y conservadores, faltaba una directa y activa reivindicación campesina que obligase a los primeros a incluir en su programa la redistribución de la propiedad agraria.

Este problema básico habría sido advertido y apreciado de todos modos por un estadista superior. Pero ninguno de nuestros caciques militares de este período lo era.

El caudillaje militar, por otra parte, parece orgánicamente incapaz de una reforma de esta envergadura que requiere ante todo un avisado criterio jurídico y económico. Sus violencias producen una atmósfera adversa a la experimentación de los principios de un derecho y de una economía nuevos. Vasconcelos observa a este respecto lo siguiente: “En el orden económico es constantemente el caudillo el principal sostén del latifundio. Aunque a vcces se proclamen enemigos de la propiedad, casi no hay caudillo que no remate en hacendado. Lo cierto es que el poder militar trae fatalmente consigo el delito de apropiación exclusiva de la tierra; llámese el soldado, caudillo, Rey o Emperador: despotismo y latifundio son términos correlativos. Y es natural, los derechos económicos, lo mismo que los políticos, sólo se pueden conservar y defender dentro de un régimen de libertad. El absolutismo conduce fatalmente a la miseria de los muchos y al boato y al abuso de los pocos. Sólo la democracia a pesar de todos sus defectos ha podido acercarnos a las mejores realizaciones de la justicia social, por lo menos la democracia antes de que degenere en los imperialismos de las repúblicas demasiado prósperas que se ven rodeadas de pueblos en decadencia. De todas maneras, entre nosotros el caudillo y el gobierno de los militares han cooperado al desarrollo del latifundio. Un examen siquiera superficial de los títulos de propiedad de nuestros grandes terratenientes, bastaría para demostrar que casi todos deben su haber, en un principio, a la merced de la Corona española, después a concesiones y favores ilegítimos acordados a los generales influyentes de nuestras falsas repúblicas. Las mercedes y las concesiones se han acordado, a cada paso, sin tener en cuenta los derechos de poblaciones enteras de indígenas o de mestizos que carecieron de fuerza para hacer valer su dominio” (11).

Un nuevo orden jurídico y económico no puede ser, en todo caso, la obra de un caudillo sino de una clase. Cuando la clase existe, el caudillo funciona como su intérprete y su fiduciario. No es ya su arbitrio personal, sino un conjunto de intereses y necesidades colectivas lo que decide su política. El Perú carecía de una clase burguesa capaz de organizar un Estado fuerte y apto. El militarismo representaba un orden elemental y provisorio, que apenas dejase de ser indispensable, tenía que ser sustituido por un orden más avanzado y orgánico. No era posible que comprendiese ni considerase siquiera el problema agrario. Problemas rudimentarios y momentáneos acaparaban su limitada acción. Con Castilla rindió su máximo fruto el caudillaje militar. Su oportunismo sagaz, su malicia aguda, su espíritu mal cultivado, su empirismo absoluto, no le consintieron practicar hasta el fin una política liberal. Castilla se dio cuenta de que los liberales de su tiempo constituían un cenáculo, una agrupación, mas no una clase. Esto le indujo a evitar con cautela todo acto seriamente opuesto a los intereses y principios de la clase conservadora. Pero los méritos de su política residen en lo que tuvo de reformadora y progresista. Sus actos de mayor significación histórica, la abolición de la esclavitud de los negros y de la contribución de indígenas, representan su actitud liberal.

Desde la promulgación del Código Civil se entró en el Perú en un período de organización gradual. Casi no hace falta remarcar que esto acusaba entre otras cosas la decadencia del militarismo. El Código, inspirado en los mismos principios que los primeros decretos de la República sobre la tierra, reforzaba y continuaba la política de desvinculación y movilización de la propiedad agraria. Ugarte, registrando las consecuencias de este progreso de la legislación nacional en lo que concierne a la tierra, anota que el Código “confirmó la abolición legal de las comunidades indígenas y de las vinculaciones de dominio; innovando la legislación precedente, estableció la ocupación como uno de los modos de adquirir los inmuebles sin dueño; en las reglas sobre sucesiones, trató de favo-recer la pequeña propiedad” (12).

Francisco García Calderón atribuye al Código Civil efectos que en verdad no tuvo o que, por lo menos, no revistieron el alcance radical y absoluto que su optimismo les asigna: “La constitución -escribe- había destruido los privilegios y la ley civil dividía las propiedades y arruinaba la igualdad de derecho en las familias. Las consecuencias de esta disposición eran, en el orden político, la condenación de toda oligarquía, de toda aristocracia de los latifundios; en el orden social, la ascensión de la burguesía y del mestizaje”. “Bajo el aspecto económico, la partición igualitaria de las sucesiones favoreció la formación de la pequeña propiedad antes entrabada por los grandes dominios señoriales” (13).

Esto estaba sin duda en la intención de los codificadores del derecho en el Perú. Pero el Código Civil no es sino uno de los instrumentos de la política liberal y de la práctica capitalista. Como lo reconoce Ugarte, en la legislación peruana “se ve el propósito de favorecer la democratización de la propiedad rural, pero por medios puramente negativos aboliendo las trabas más bien que prestando a los agricultores una protección positiva”(14). En ninguna parte la división de la propiedad agraria, o mejor, su redistribución, ha sido posible sin leyes especiales de expropiación que han transferido el dominio del suelo a la clase que lo trabaja.

No obstante el Código, la pequeña propiedad no ha prosperado en el Perú. Por el contrario, el latifundio se ha consolidado y extendido. Y la propiedad de la comunidad indígena ha sido la única que ha sufrido las consecuencias de este liberalismo deformado.

LA GRAN PROPIEDAD Y EL PODER POLÍTICO

Los dos factores que se opusieron a que la revolución de la independencia planteara y abordara en el Perú el problema agrario -extrema incipiencia de la burguesía urbana y situación extrasocial, como la define Echeverría, de los indígenas-, impidieron más tarde que los gobiernos de la República desarrollasen una política dirigida en alguna forma a una distribución menos desigual e injusta de la tierra.

Durante el período del caudillaje militar, en vez de fortalecerse el demos urbano, se robusteció la aristocracia latifundista. En poder de extranjeros el comercio y la finanza, no era posible económicamente el surgimiento de una vigorosa burguesía urbana. La educación española, extraña radicalmente a los fines y necesidades del industrialismo y del capitalismo, no preparaba comerciantes ni técnicos sino abogados, literatos, teólogos, etc. Estos, a menos de sentir una especial vocación por el jacobinismo o la demagogia, tenían que constituir la clientela de la casta propietaria. El capital comercial, casi exclusivamente extranjero, no podía a su vez hacer otra cosa que entenderse y asociarse con esta aristocracia que, por otra parte, tácita o explícitamente, conservaba su predominio político. Fue así como la aristocracia terrateniente y sus ralliés resultaron usufructuarios de la política fiscal y de la explotación del guano y del salitre. Fue así también como esta casta, forzada por su rol económico, asumió en el Perú la función de clase burguesa, aunque sin perder sus resabios y prejuicios coloniales y aristocráticos. Fue así, en fin, como las categorías burguesas urbanas -profesionales, comerciantes- concluyeron por ser absorbidas por el civilismo.

El poder de esta clase -civilistas o “neogodos”- procedía en buena cuenta de la propiedad de la tierra. En los primeros años de la Independencia, no era precisamente una clase de capitalistas sino una clase de propietarios. Su condición de clase propietaria -y no de clase ilustrada- le había consentido solidarizar sus intereses con los de los comerciantes y prestamistas extranjeros y traficar a este título con el Estado y la riqueza pública. La propiedad de la tierra, debida al Virreinato, le había dado bajo la República la posesión del capital comercial. Los privilegios de la Colonia habían engendrado los privilegios de la República.

Era, por consiguiente, natural e instintivo en esta clase el criterio más conservador respecto al dominio de la tierra. La subsistencia de la condición extrasocial de los indígenas, de otro lado, no oponía a los intereses feudales del latifundismo las reivindicaciones de masas campesinas conscientes.

Estos han sido los factores principales del mantenimiento y desarrollo de la gran propiedad. El liberalismo de la legislación republicana, inerte ante la propiedad feudal, se sentía activo sólo ante la propiedad comunitaria. Si no podía nada contra el latifundio, podía mucho contra la “comunidad”. En un pueblo de tradición comunista, disolver la “comunidad” no servía a crear la pequeña propiedad. No se transforma artificialmente a una sociedad. Menos aún a una sociedad campesina, profundamente adherida a su tradición y a sus instituciones jurídicas. El individualismo no ha tenido su origen en ningún país ni en la Constitución del Estado ni en el Código Civil. Su formación ha tenido siempre un proceso a la vez más complicado y más espontáneo. Destruir las comunida-des no significaba convertir a los indígenas en pequeños propietarios y ni siquiera en asalariados libres, sino entregar sus tierras a los gamonales y a su clientela. El latifundista encontraba así, más fácilmente, el modo de vincular el indígena al latifundio.

Se pretende que el resorte de la concentración de la propiedad agraria en la costa ha sido la necesidad de los propietarios de disponer pacíficamente de suficiente cantidad de agua. La agricultura de riego, en valles formados por ríos de escaso caudal, ha determinado, según esta tesis, el florecimiento de la gran propiedad y el sofocamiento de la media y la pequeña. Pero esta es una tesis especiosa y sólo en mínima parte exacta. Porque la razón técnica o material que superestima, únicamente influye en la concentración de la propiedad desde que se han establecido y desarrollado en la costa vastos cultivos industriales. Antes de que estos prosperaran, antes de que la agricultura de la costa adquiriera una organización capitalista, el móvil de los riegos era demasiado débil para decidir la concentración de la propiedad. Es cierto que la escasez de las aguas de regadío, por las dificultades de su distribución entre múltiples regantes, favorece a la gran propiedad. Mas no es cierto que ésta sea el origen de que la propiedad no se haya subdividido. Los orígenes del latifundio costeño se remontan al régimen colonial. La despoblación de la costa, a consecuencia de la práctica colonial, he ahí, a la vez que una de las consecuencias, una de las razones del régimen de gran propiedad. El problema de los brazos, el único que ha sentido el terrateniente costeño, tiene todas sus raíces en el latifundio. Los terratenientes quisieron resolverlo con el esclavo negro en los tiempos de la colonia, con el culi chino en los de la república. Vano empeño. No se puebla ya la tierra con esclavos. Y sobre todo no se la fecunda. Debido a su política, los grandes propietarios tienen en la costa toda la tierra que se puede poseer; pero en cambio no tienen hombres bastantes para vivificarla y explotarla. Esta es la defensa de la gran propiedad. Mas es también su miseria y su tara.

La situación agraria de la sierra demuestra, por otra parte, lo artificioso de la tesis antecitada. En la sierra no existe el problema del agua. Las lluvias abundantes permiten, al latifundista como al comunero, los mismos cultivos. Sin embargo, también en la sierra se constata el fenómeno de concentración de la propiedad agraria. Este hecho prueba el carácter esencialmente político-social de la cuestión.

El desarrollo de cultivos industriales, de una agricultura de exportación, en las haciendas de la costa, aparece íntegramente subordinado a la colonización económica de los países de América Latina por el capitalismo occidental. Los comerciantes y prestamistas británicos se interesaron por la explotación de estas tierras cuando comprobaron la posibilidad de dedicarlas con ventaja a la producción de azúcar primero y de algodón después. Las hipotecas de la propiedad agraria las colocaban, en buena parte, desde época muy lejana, bajo el control de las firmas extranjeras. Los hacendados, deudores a los comerciantes, prestamistas extranjeros, servían de intermediarios, casi de yanacones, al capitalismo anglosajón para asegurarle la explotación de campos cultivados a un costo mínimo por braceros esclavizados y miserables, curvados sobre la tierra bajo el látigo de los “negreros” coloniales.

Pero en la costa el latifundio ha alcanzado un grado más o menos avanzado de técnica capitalista, aunque su explotación repose aún sobre prácticas y principios feudales. Los coeficientes de producción de algodón y caña corresponden al sistema capitalista. Las empresas cuentan con capitales poderosos y las tierras son trabajadas con máquinas y procedimientos modernos. Para el beneficio de los productos funcionan poderosas plantas industriales. Mientras tanto, en la sierra las cifras de producción de las tierras de latifundio no son generalmente mayores a las de tierras de la comunidad. Y, si la justificación de un sistema de producción está en sus resultados, como lo quiere un criterio económico objetivo, este solo dato condena en la sierra de manera irremediable el régimen de propiedad agraria.

LA “COMUNIDAD” BAJO LA REPÚBLICA

Hemos visto ya cómo el liberalismo formal de la legislación republicana no se ha mostrado activo sino frente a la “comunidad” indígena. Puede decirse que el concepto de propiedad individual casi ha tenido una función antisocial en la República a causa de su conflicto con la subsistencia de la “comunidad”. En efecto, si la disolución y expropiación de ésta hubiese sido decretada y realizada por un capitalismo en vigoroso y autónomo crecimiento, habría aparecido como una imposición del progreso económico. El indio entonces habría pasado de un régimen mixto de comunismo y servidumbre a un régimen de salario libre. Este cambio lo habría desnaturalizado un poco; pero lo habría puesto en grado de organizarse y emanciparse como clase, por la vía de los demás proletariados del mundo. En tanto, la expropiación y absorción graduales de la “comunidad” por el latifundismo, de un lado lo hundía más en la servidumbre y de otro destruía la institución económica y jurídica que salvaguardaba en parte el espíritu y la materia de su antigua civilización (15).

Durante el período republicano, los escritores y legisladores nacionales han mostrado una tendencia más o menos uniforme a condenar la “comunidad” como un rezago de una sociedad primitiva o como una supervivencia de la organización colonial. Esta actitud ha respondido en unos casos al interés del gamonalismo terrateniente y en otros al pensamiento individualista y liberal que dominaba automáticamente una cultura demasiado verbalista y estática.

Un estudio del doctor M. V. Villarán, uno de los intelectuales que con más aptitud crítica y mayor coherencia doctrinal representa este pensamiento en nuestra primera centuria, señaló el principio de una revisión prudente de sus conclusiones respecto a la “comunidad” indígena. El doctor Villarán mantenía teóricamente su posición liberal, propugnando en principio la individualización de la propiedad, pero prácticamente aceptaba la protección de las comunidades contra el latifundismo, reconociéndoles una función a la que el Estado debía su tutela.

Mas la primera defensa orgánica y documentada de la comunidad indígena tenía que inspirarse en el pensamiento socialista y reposar en un estudio concreto de su naturaleza, efectuado conforme a los métodos de investigación de la sociología y la economía modernas. El libro de Hildebrando Castro Pozo, Nuestra Comunidad Indígena, así lo comprueba. Castro Pozo, en este interesante estudio, se presenta exento de preconceptos liberales. Esto le permite abordar el problema de la “comunidad” con una mente apta para valorarla y entenderla. Castro Pozo, no sólo nos descubre que la “comunidad” indígena, malgrado los ataques del formalismo liberal puesto al servicio de un régimen de feudalidad, es todavía un organismo viviente, sino que, a pesar del medio hostil dentro del cual vegeta sofocada y deformada, manifiesta espontáneamente evidentes posibilidades de evolución y desarrollo.

Sostiene Castro Pozo, que “el ayllu o comunidad, ha conservado su natural idiosincrasia, su carácter de institución casi familiar en cuyo seno continuaron subsistentes, después de la conquista, sus principales factores constitutivos”(16).

En esto se presenta, pues, de acuerdo con Valcárcel, cuyas proposiciones respecto del ayllu, parecen a algunos excesivamente dominadas por su ideal de resurgimiento indígena.

¿Qué son y cómo funcionan las “comunidades” actualmente? Castro Pozo cree que se les puede distinguir conforme a la siguiente clasificación: “Primero.­p;Comunidades agrícolas; Segundo.­p; Comunidades agrícolas ganaderas; Tercero.­p; Comunidades de pastos y aguas; y Cuarto.­p; Comunidades de usufructuación. Debiendo tenerse en cuenta que en un país como el nuestro, donde una misma institución adquiere diversos caracteres, según el medio en que se ha desarrollado, ningún tipo de los que en esta clasificación se presume se encuentra en la realidad, tan preciso y distinto de los otros que, por sí solo, pudiera objetivarse en un modelo. Todo lo contrario, en el primer tipo de las comunidades agrícolas se encuentran caracteres correspondientes a los otros y en éstos, algunos concernientes a aquél; pero como el conjunto de factores externos ha impuesto a cada uno de estos grupos un determinado género de vida en sus costumbres, usos y sistemas de trabajo, en sus propiedades e industrias, priman los caracteres agrícolas, ganaderos, ganaderos en pastos y aguas comunales o sólo los dos últimos y los de falta absoluta o relativa de propiedad de las tierras y la usufructuación de éstas por el “ayllu” que, indudablemente, fue su único propietario”(17).

Estas diferencias se han venido elaborando no por evolución o degeneración natural de la antigua “comunidad”, sino al influjo de una legislación dirigida a la individualización de la propiedad y, sobre todo, por efecto de la expropiación de las tierras comunales en favor del latifundismo. Demuestran, por ende, la vitalidad del comunismo indígena que impulsa invariablemente a los aborígenes a variadas formas de cooperación y asociación. El indio, a pesar de las leyes de cien años de régimen republicano, no se ha hecho individualista. Y esto no proviene de que sea refractario al progreso como pretende el simplismo de sus interesados detractores. Depende, más bien, de que el individualismo, bajo un régimen feudal, no encuentra las condiciones necesarias para afirmarse y desarrollarse. El comunismo, en cambio, ha seguido siendo para el indio su única defensa. El individualismo no puede prosperar, y ni siquiera existe efectivamente, sino dentro de un régimen de libre concurrencia. Y el indio no se ha sentido nunca menos libre que cuando se ha sentido solo.

Por esto, en las aldeas indígenas donde se agrupan familias entre las cuales se han extinguido los vínculos del patrimonio y del trabajo comunitarios, subsisten aún, robustos y tenaces, hábitos de cooperación y solidaridad que son la expresión empírica de un espíritu comunista. La comunidad corresponde a este espíritu. Es su órgano. Cuando la expropiación y el reparto parecen liquidar la comunidad, el socialismo indígena encuentra siempre el medio de rehacerla, mantenerla o subrogarla. El trabajo y la propiedad en común son reemplazados por la cooperación en el trabajo individual. Como escribe Castro Pozo: “la costumbre ha quedado reducida a las “mingas” o reuniones de todo el ayllu para hacer gratuitamente un trabajo en el cerco, acequia o casa de algún comunero, el cual quehacer efectúan al son de arpas y violines, consumiendo algunas arrobas de aguardientes de caña, cajetillas de cigarros y mascadas de coca”. Estas costumbres han llevado a los indígenas a la práctica -incipiente y rudimentaria por supuesto- del contrato colectivo de trabajo, más bien que del contrato individual. No son los individuos aislados los que alquilan su trabajo a un propietario o contratista; son mancomunadamente todos los hombres útiles de la “parcialidad”.

LA “COMUNIDAD” Y EL LATIFUNDIO

La defensa de la “comunidad” indígena no reposa en principios abstractos de justicia ni en sentimentales consideraciones tradicionalistas, sino en razones concretas y prácticas de orden económico y social. La propiedad comunal no representa en el Perú una economía primitiva a la que haya reemplazado gradualmente una economía progresiva fundada de la propiedad individual. No; las comunidades han sido despojadas de sus tierras en provecho del latifundio feudal o semifeudal, constitucionalmente incapaz de progreso técnico (18).

En la costa, el latifundio ha evolucionado -desde el punto de vista de los cultivos-, de la rutina feudal a la técnica capitalista, mientras la comunidad indígena ha desaparecido como explotación comunista de la tierra. Pero en la sierra, el latifundio ha conservado íntegramente su carácter feudal, oponiendo una resistencia mucho mayor que la “comunidad” al desenvolvimiento de la economía capitalista. La “comunidad”, en efecto, cuando se ha articulado, por el paso de un ferrocarril, con el sistema comercial y las vías de transporte centrales, ha llegado a transformarse espontáneamente, en una cooperativa. Castro Pozo, que como jefe de la sección de asuntos indígenas del Ministerio de Fomento acopió abundantes datos sobre la vida de las comunidades, señala y destaca el sugestivo caso de la parcialidad de Muquiyauyo, de la cual dice que presenta los caracteres de las cooperativas de producción, consumo y crédito. “Dueña de una magnífica instalación o planta eléctrica en las orillas del Mantaro, por medio de la cual proporciona luz y fuerza motriz, para pequeñas industrias a los distritos de Jauja, Concepción, Mito, Muqui, Sincos, Huaripampa y Muquiyauyo, se ha transformado en la institución comunal por excelencia; en la que no se han relajado sus costumbres indígenas, y antes bien han aprove-chado de ellas para llevar a cabo la obra de la empresa; han sabido disponer del dinero que poseían empleándolo en la adquisición de las grandes maquinarias y ahorrado el valor de la mano de obra que la parcialidad ha ejecutado, lo mismo que si se tratara de la construcción de un edificio comunal: por mingas en las que hasta las mujeres y niños han sido elementos útiles en el acarreo de los materiales de construcción” (19).

La comparación de la “comunidad” y el latifundio como empresa de producción agrícola, es desfavorable para el latifundio. Dentro del régimen capitalista, la gran propiedad sustituye y desaloja a la pequeña propiedad agrícola por su aptitud para intensificar la producción mediante el empleo de una técnica avanzada de cultivo. La industrialización de la agricultura, trae aparejada la concentración de la propiedad agraria. La gran propiedad aparece entonces justificada por el interés de la producción, identificado, teóricamente por lo menos, con el interés de la sociedad. Pero el latifundio no tiene el mismo efecto, ni responde, por consiguiente, a una necesidad económica. Salvo los casos de las haciendas de caña -que se dedican a la producción de aguardiente con destino a la intoxicación y embrutecimiento del campesino indígena-, los cultivos de los latifundios serranos son generalmente los mismos de las comunidades. Y las cifras de la producción no difieren. La falta de estadística agrícola no permite establecer con exactitud las diferencias parciales; pero todos los datos disponibles autorizan a sostener que los rendimientos de los cultivos de las comunidades, no son, en su promedio, inferiores a los cultivos de los latifundios. La única estadística de producción de la sierra, la del trigo, sufraga esta conclusión. Castro Pozo, resumiendo los datos de esta estadística en 1917­p;18, escribe lo siguiente: “La cosecha resultó, término medio, en 450 y 580 kilos por cada hectárea para la propiedad comunal e individual, respectivamente. Si se tiene en cuenta que las mejores tierras de producción han pasado a poder de los terratenientes, pues la lucha por aquéllas en los departamentos del Sur ha llegado hasta el extremo de eliminar al poseedor indígena por la violencia o masacrándolo, y que la ignorancia del comunero lo lleva de preferencia a ocultar los datos exactos relativos al monto de la cosecha, disminuyéndola por temor de nuevos impuestos o exacciones de parte de las autoridades políticas subalternas o recaudadores de éstos; se colegirá fácilmente que la diferencia en la producción por hectárea a favor del bien de la propiedad individual no es exacta y que razonablemente, se la debe dar por no existente, por cuanto los medios de producción y de cultivo, en una y otras propiedades, son idénticos”(20).

En la Rusia feudal del siglo pasado, el latifundio tenía rendimientos mayores que los de la pequeña propiedad. Las cifras en hectolitros y por hectárea eran las siguientes: para el centeno: 11.5 contra 9.4; para el trigo: 11 contra 9.1; para la avena: 15.4 contra 12.7; para la cebada: 11.5 contra 10.5; para las patatas: 92.3 contra 72 (2l).

El latifundio de la sierra peruana resulta, pues, por debajo del execrado latifundio de la Rusia zarista como factor de producción.

La “comunidad”, en cambio, de una parte acusa capacidad efectiva de desarrollo y transformación y de otra parte se presenta como un sistema de producción que mantiene vivos en el indio los estímulos morales necesarios para su máximo rendimiento como trabajador. Castro Pozo hace una observación muy justa cuando escribe que “la comunidad indígena conserva dos grandes principios económico sociales que hasta el presente ni la ciencia sociológica ni el empirismo de los grandes industrialistas han podido resolver satisfactoriamente: el contrato múltiple del trabajo y la realización de éste con menor desgaste fisiológico y en un ambiente de agradabilidad, emulación y compañerismo” (22).

Disolviendo o relajando la “comunidad”, el régimen del latifundio feudal, no sólo ha atacado una institución económica sino también, y sobre todo, una institución social que defiende la tradición indígena, que conserva la función de la familia campesina y que traduce ese sentimiento jurídico popular al que tan alto valor asignan Proudhon y Sorel (23).

EL RÉGIMEN DE TRABAJO.

-SERVIDUMBRE Y SALARIADO

El régimen de trabajo está determinado principalmente, en la agricultura, por el régimen de propiedad. No es posible, por tanto, sorprenderse de que en la misma medida en que sobrevive en el Perú el latifundio feudal, sobreviva también, bajo diversas formas y con distintos nombres, la servidumbre. La diferencia entre la agricultura de la costa y la agricultura de la sierra, aparece menor en lo que concierne al trabajo que en lo que respecta a la técnica. La agricultura de la costa ha evolucionado con más o menos prontitud hacia una técnica capitalista en el cultivo del suelo y la transformación y comercio de los productos. Pero, en cambio, se ha mantenido demasiado estacionaria en su criterio y conducta respecto al trabajo. Acerca del trabajador, el latifundio colonial no ha renunciado a sus hábitos feudales sino cuando las circunstancias se lo han exigido de modo perentorio.

Este fenómeno se explica, no sólo por el hecho de haber conservado la propiedad de la tierra los antiguos señores feudales, que han adoptado, como intermediarios del capital extranjero, la práctica, mas no el espíritu del capitalismo moderno. Se explica además por la mentalidad colonial de esta casta de propietarios, acostumbrados a considerar el trabajo con el criterio de esclavistas y “negreros”. En Europa, el señor feudal encarnaba, hasta cierto punto, la primitiva tradición patriarcal, de suerte que respecto de sus siervos se sentía naturalmente superior, pero no étnica ni nacionalmente diverso. Al propio terrateniente aristócrata de Europa le ha sido dable aceptar un nuevo concepto y una nueva práctica en sus relaciones con el trabajador de la tierra. En la América colonial, mientras tanto, se ha opuesto a esta evolución, la orgullosa y arraigada convicción del blanco, de la inferioridad de los hombres de color.

En la costa peruana el trabajador de la tierra, cuando no ha sido el indio, ha sido el negro esclavo, el culi chino, mirados, si cabe, con mayor desprecio. En el latifundista costeño, han actuado a la vez los sentimientos del aristócrata medioeval y del colonizador blanco, saturados de prejuicios de raza.

El yanaconazgo y el “enganche” no son la única expresión de la subsistencia de métodos más o menos feudales en la agricultura costeña. El ambiente de la hacienda se mantiene íntegramente señorial. Las leyes del Estado no son válidas en el latifundio, mientras no obtienen el consenso tácito o formal de los grandes propietarios. La autoridad de los funcionarios políticos o administrativos, se encuentra de hecho sometida a la autoridad del terrateniente en el territorio de su dominio. Este considera prácticamente a su latifundio fuera de la potestad del Estado, sin preocuparse mínimamente de los derechos civiles de la población que vive dentro de los confines de su propiedad. Cobra arbitrios, otorga monopolios, establece sanciones contrarias siempre a la libertad de los braceros y de sus familias. Los transportes, los negocios y hasta las costumbres están sujetos al control del propietario dentro de la hacienda. Y con frecuencia las rancherías que alojan a la población obrera, no difieren grandemente de los galpones que albergaban a la población esclava.

Los grandes propietarios costeños no tienen legalmente este orden de derechos feudales o semifeudales; pero su condición de clase dominante y el acaparamiento ilimitado de la propiedad de la tierra en un territorio sin industrias y sin transportes les permite prácticamente un poder casi incontrolable. Mediante el “enganche” y el yanaconazgo, los grandes propietarios resisten al establecimiento del régimen del salario libre, funcionalmente necesario en una economía liberal y capitalista. El “enganche”, que priva al bracero del derecho de disponer de su persona y su trabajo, mientras no satisfaga las obligaciones contraídas con el propietario, desciende inequívocamente del tráfico semiesclavista de culis; el “yanaconazgo” es una variedad del sistema de servi-dumbre a través del cual se ha prolongado la feudalidad hasta nuestra edad capitalista en los pueblos política y económicamente retardados. El sistema peruano del yanaconazgo se identifica, por ejemplo, con el sistema ruso del polovnischestvo dentro del cual los frutos de la tierra, en unos casos, se dividían en partes iguales entre el propietario y el campesino y en otros casos este último no recibía sino una tercera parte (24).

La escasa población de la costa representa para las empresas agrícolas una constante amenaza de carencia o insuficiencia de brazos. El yanaconazgo vincula a la tierra a la poca población regnícola, que sin esta mínima garantía de usufructo de tierra, tendería a disminuir y emigrar. El “enganche” asegura a la agricultura de la costa el concurso de los braceros de la sierra que, si bien encuentran en las haciendas costeñas un suelo y un medio extraños, obtienen al menos un trabajo mejor remunerado.

Esto indica que, a pesar de todo y aunque no sea sino aparente o parcialmente (25), la situación del bracero en los fundos de la costa es mejor que en los feudos de la sierra, donde el feudalismo mantiene intacta su omnipotencia. Los terratenientes costeños se ven obligados a admitir, aunque sea restringido y atenuado, el régimen del salario y del trabajo libres. El carácter capitalista de sus empresas los constriñe a la concurrencia. El bracero conserva, aunque sólo sea relativamente, su libertad de emigrar así como de rehusar su fuerza de trabajo al patrón que lo oprime demasiado. La vecindad de puertos y ciudades; la conexión con las vías modernas de tráfico y comercio, ofrecen, de otro lado, al bracero, la posibilidad de escapar a su destino rural y de ensayar otro medio de ganar su subsistencia.

Si la agricultura de la costa hubiera tenido otro carácter, más progresista, más capitalista, habría tendido a resolver de manera lógica, el problema de los brazos sobre el cual tanto se ha declamado. Propietarios más avisados, se habrían dado cuenta de que, tal como funciona hasta ahora, el latifundio es un agente de despoblación y de que, por consiguiente, el problema de los brazos constituye una de sus más claras y lógicas consecuencias (26).

En la misma medida en que progresa en la agricultura de la costa la técnica capitalista, el salariado reemplaza al yanaconazgo. El cultivo científico -empleo de máquinas, abonos, etc.- no se aviene con un régimen de trabajo peculiar de una agricultura rutinaria y primitiva. Pero el factor demográfico -el “problema de los brazos”-, opone una resistencia seria a este proceso de desarrollo capitalista. El yanaconazgo y sus variedades sirven para mantener en los valles una base demográfica que garantice a las negociaciones el mínimo de brazos necesarios para las labores permanentes. El jornalero inmigrante no ofrece las mismas seguridades de continuidad en el trabajo que el colono nativo o el yanacón regnícola. Este último representa, además, el arraigo de una familia campesina, cuyos hijos mayores se encontrarán más o menos forzados a alquilar sus brazos al hacendado.

La constatación de este hecho, conduce ahora a los propios grandes propietarios a considerar la conveniencia de establecer muy gradual y prudentemente, sin sombra de ataque a sus intereses, colonias o núcleos de pequeños propietarios. Una parte de las tierras irrigadas en el Imperial han sido reservadas así a la pequeña propiedad. Hay el propósito de aplicar el mismo principio en las otras zonas donde se realizan trabajos de irrigación. Un rico propietario inteligente y experimentado que conversaba conmigo últimamente, me decía que la existencia de la pequeña propiedad, al lado de la gran propiedad, era indispensable a la formación de una población rural, sin la cual la explotación de la tierra, estaría siempre a merced de las posibilidades de la inmigración o del “enganche”. El programa de la Compañía de Subdivisión Agraria, es otra de las expresiones de una política agraria tendiente al establecimiento paulatino de la pequeña propiedad (27).

Pero, como esta política evita sistemáticamente la expropiación, o, más precisamente, la expropiación en vasta escala por el Estado, por razón de utilidad pública o justicia distributiva, y sus restringidas posibilidades de desenvolvimiento, están por el momento circunscritas a pocos valles, no resulta probable que la pequeña propiedad reemplace oportuna y ampliamente al yanaconazgo en su función demográfica. En los valles a los cuales el “enganche” de braceros de la sierra no sea capaz de abastecer de brazos, en condiciones ventajosas para los hacendados, el yanaconazgo subsistirá, pues, por algún tiempo, en sus diversas variedades, junto con el salariado.

Las formas de yanaconazgo, aparcería o arrendamiento, varían en la costa y en la sierra según las regiones, los usos o los cultivos. Tienen también diversos nombres. Pero en su misma variedad se identifican en general con los métodos precapitalistas de explotación de la tierra observados en otros países de agricultura semifeudal. Verbigracia, en la Rusia zarista. El sistema del otrabotkiruso presentaba todas las variedades del arrendamiento por trabajo, dinero o frutos existentes en el Perú. Para comprobarlo no hay sino que leer lo que acerca de ese sistema escribe Schkaff en su documentado libro sobre la cuestión agraria en Rusia: “Entre el antiguo trabajo servil en que la violencia o la coacción juegan un rol tan grande y el trabajo libre en que la única coacción que subsiste es una coacción puramente económica, aparece todo un sistema transitorio de formas extremadamente variadas que unen los rasgos de la barchtchina y del salariado. Es el otrabototschnaia sistema. El salario es pagado sea en dinero en caso de locación de servicios, sea en productos, sea en tierra; en este último caso (otrabotki en el sentido estricto de la palabra) el propietario presta su tierra al campesino a guisa de salario por el trabajo efectuado por éste en los campos señoriales”. “El pago del trabajo, en el sistema de otrabotki, es siempre inferior al salario de libre alquiler capitalista. La retribución en productos hace a los propietarios más independientes de las variaciones de precios observadas en los mercados del trigo y del trabajo. Encuentran en los campesinos de su vecindad una mano de obra más barata y gozan así de un verdadero monopolio local”. “El arrendamiento pagado por el campesino reviste formas diversas: a veces, además de su trabajo, el campesino debe dar dinero y productos. Por una deciatina que recibirá, se comprometerá a trabajar una y media deciatina de tierra señorial, a dar diez huevos y una gallina. Entregará también el estiércol de su ganado, pues todo, hasta el estiércol, se vuelve objeto de pago. Frecuentemente aún el campesino se obliga ‘a hacer todo lo que exigirá el propietario’, a transportar las cosechas, a cortar la leña, a cargar los fardos” (28).

En la agricultura de la sierra se encuentran particular y exactamente estos rasgos de propiedad y trabajo feudales. El régimen del salario libre no se ha desarrollado ahí. El hacendado no se preocupa de la productividad de las tierras. Sólo se preocupa de su rentabilidad. Los factores de la producción se reducen para él casi únicamente a dos: la tierra y el indio. La propiedad de la tierra le permite explotar ilimitadamente la fuerza de trabajo del indio. La usura practicada sobre esta fuerza de trabajo -que se traduce en la miseria del indio-, se suma a la renta de la tierra, calculada al tipo usual de arrendamiento. El hacendado se reserva las mejores tierras y reparte las menos productivas entre sus braceros indios, quienes se obligan a trabajar de preferencia y gratuitamente las primeras y a contentarse para su sustento con los frutos de las segundas. El arrendamiento del suelo es pagado por el indio en trabajo o frutos, muy rara vez en dinero (por ser la fuerza del indio lo que mayor valor tiene para el propietario), más comúnmente en formas combinadas o mixtas. Un estudio del doctor Ponce de León, de la Universidad del Cuzco, que entre otros informes tengo a la vista, y que revista con documentación de primera mano todas las variedades de arrendamiento y yanaconazgo en ese vasto departamento, presenta un cuadro bastante objetivo -a pesar de las conclusiones del autor, respetuosas a los privilegios de los propietarios- de la explotación feudal. He aquí algunas de sus constataciones: “En la provincia de Paucartambo el propietario concede el uso de sus terrenos a un grupo de indígenas con la condición de que hagan todo el trabajo que requiere el cultivo de los terrenos de la hacienda, que se ha reservado el dueño o patrón. Generalmente trabajan tres días alternativos por semana durante todo el año. Tienen además los arrendatarios o ‘yanaconas’ como se les llama en esta provincia, la obligación de acarrear en sus propias bestias la cosecha del hacendado a esta ciudad sin remuneración; y la de servir de pongos en la misma hacienda o más comúnmente en el Cuzco, donde preferentemente residen los propietarios”. “Cosa igual ocurre en Chumbivilcas. Los arrendatarios cultivan la extensión que pueden, debiendo en cambio trabajar para el patrón cuantas veces lo exija. Esta forma de arrendamiento puede simplificarse así: el propietario propone al arrendatario: utiliza la extensión de terreno que ‘puedas’, con la condición de trabajar en mi provecho siempre que yo lo necesite”. “En la provincia de Anta el propietario cede el uso de sus terrenos en las siguientes condiciones: el arrendatario pone de su parte el capital (semilla, abonos) y el trabajo necesario para que el cultivo se realice hasta sus últimos momentos (cosecha). Una vez concluido, el arrendatario y el propietario se dividen por partes iguales todos los productos. Es decir que cada uno de ellos recoge el 50 por ciento de la producción sin que el propietario haya hecho otra cosa que ceder el uso de sus terrenos sin abonarlos siquiera. Pero no es esto todo. El aparcero está obligado a concurrir personalmente a los trabajos del propietario si bien con la remuneración acostumbrada de 25 centavos diarios”(29).

La confrontación entre estos datos y los de Schkaff, basta para persuadir de que ninguna de las sombrías faces de la propiedad y el trabajo precapitalistas falta en la sierra feudal.

“COLONIALISMO” DE NUESTRA AGRICULTURA COSTEÑA

El grado de desarrollo alcanzado por la industrialización de la agricultura, bajo un régimen y una técnica capitalistas, en los valles de la costa, tiene su principal factor en el interesamiento del capital británico y norteamericano en la producción peruana de azúcar y algodón. De la extensión de estos cultivos no es un agente primario la aptitud industrial ni la capacidad capitalista de los terratenientes. Estos dedican sus tierras a la producción de algodón y caña financiados o habilitados por fuertes firmas exportadoras.

Las mejores tierras de los valles de la costa están sembradas de algodón y caña, no precisamente porque sean apropiadas sólo a estos cultivos, sino porque únicamente ellos importan, en la actualidad, a los comerciantes ingleses y yanquis. El crédito agrícola -subordinado absolutamente a los intereses de estas firmas, mientras no se establezca el Banco Agrícola Nacional-, no impulsa ningún otro cultivo. Los de frutos alimenticios, destinados al mercado interno, están generalmente en manos de pequeños propietarios y arrendatarios. Sólo en los valles de Lima, por la vecindad de mercados urbanos de importancia, existen fundos extensos dedicados por sus propietarios a la producción de frutos alimenticios. En las haciendas algodoneras o azucareras, no se cultiva estos frutos, en muchos casos, ni en la medida necesaria para el abastecimiento de la propia población rural.

El mismo pequeño propietario, o pequeño arrendatario, se encuentra empujado al cultivo del algodón por esta corriente que tan poco tiene en cuenta las necesidades particulares de la economía nacional. El desplazamiento de los tradicionales cultivos alimenticios por el del algodón en las campiñas de la costa donde subsiste la pequeña propiedad, ha constituido una de las causas más visibles del encarecimiento de las subsistencias en las poblaciones de la costa.

Casi únicamente para el cultivo del algodón, el agricultor encuentra facilidades comerciales. Las habilitaciones están reservadas, de arriba a abajo, casi exclusivamente al algodonero. La producción de algodón no está regida por ningún criterio de economía nacional. Se produce para el mercado mundial, sin un control que prevea en el interés de esta economía, las posibles bajas de los precios derivados de períodos de crisis industrial o de superproducción algodonera.

Un ganadero me observaba últimamente que, mientras sobre una cosecha de algodón el crédito que se puede conseguir no está limitado sino por las fluctuaciones de los precios, sobre un rebaño o un criadero, el crédito es completamente convencional o inseguro. Los ganaderos de la costa no pueden contar con préstamos bancarios considerables para el desarrollo de sus negocios. En la misma condición, están todos los agricultores que no pueden ofrecer como garantía de sus empréstitos, cosechas de algodón o caña de azúcar.

Si las necesidades del consumo nacional estuviesen satisfechas por la producción agrícola del país, este fenómeno no tendría ciertamente tanto de artificial. Pero no es así. El suelo del país no produce aún todo lo que la población necesita para su subsistencia. El capítulo más alto de nuestras importaciones es el de “víveres y especias”: Lp. 3’620,235, en el año 1924. Esta cifra, dentro de una importación total de dieciocho millones de libras, denuncia uno de los problemas de nuestra economía. No es posible la supresión de todas nuestras importaciones de víveres y especias, pero sí de sus más fuertes renglones. El más grueso de todos es la importación de trigo y harina, que en 1924 ascendió a más de doce millones de soles.

Un interés urgente y claro de la economía peruana exige, desde hace mucho tiempo, que el país produzca el trigo necesario para el pan de su población. Si este objetivo hubiese sido alcanzado, el Perú no tendría ya que seguir pagando al extranjero doce o más millones de soles al año por el trigo que consumen las ciudades de la costa.

¿Por qué no se ha resuelto este problema de nuestra economía? No es sólo porque el Estado no se ha preocupado aún de hacer una política de subsistencias. Tampoco es, repito, porque el cultivo de la caña y el de algodón son los más adecuados al suelo y al clima de la costa. Uno solo de los valles, uno solo de los llanos interandinos -que algunos kilómetros de ferrocarriles y caminos abrirían al tráfico- puede abastecer superabundantemente de trigo, cebada, etc., a toda la población del Perú. En la misma costa, los españoles cultivaron trigo en los primeros tiempos de la colonia, hasta el cataclismo que mudó las condiciones climáticas del litoral. No se estudió posteriormente, en forma científica y orgánica, la posibilidad de establecer ese cultivo. Y el experimento practicado en el Norte, en tierras del “Salamanca”, demuestra que existen variedades de trigo resistentes a las plagas que atacan en la costa este cereal y que la pereza criolla, hasta este experimento, parecía haber renunciado a vencer (30).

El obstáculo, la resistencia a una solución, se encuentra en la estructura misma de la economía peruana. La economía del Perú es una economía colonial. Su movimiento, su desarrollo, están subordinados a los intereses y a las necesidades de los mercados de Londres y de Nueva York. Estos mercados miran en el Perú un depósito de materias primas y una plaza para sus manufacturas. La agricultura peruana obtiene, por eso, créditos y transportes sólo para los productos que puede ofrecer con ventaja en los grandes mercados. La finanza extranjera se interesa un día por el caucho, otro día por el algodón, otro día por el azúcar. El día en que Londres puede recibir un producto a mejor precio y en cantidad suficiente de la India o del Egipto, abandona instantáneamente a su propia suerte a sus proveedores del Perú. Nuestros latifundistas, nuestros terratenientes, cualesquiera que sean las ilusiones que se hagan de su independencia, no actúan en realidad sino como intermediarios o agentes del capitalismo extranjero.

PROPOSICIONES FINALES

A las proposiciones fundamentales, expuestas ya en este estudio, sobre los aspectos presentes de la cuestión agraria en el Perú, debo agregar las siguientes:

1º- El carácter de la propiedad agraria en el Perú se presenta como una de las mayores trabas del propio desarrollo del capitalismo nacional. Es muy elevado el porcentaje de las tierras, explotadas por arrendatarios grandes o medios, que pertenecen a terratenientes que jamás han manejado sus fundos. Estos terratenientes, por completo extraños y ausentes de la agricultura y de sus problemas, viven de su renta territorial sin dar ningún aporte de trabajo ni de inteligencia a la actividad económica del país. Corresponden a la categoría del aristócrata o del rentista, consumidor improductivo. Por sus hereditarios derechos de propiedad perciben un arrendamiento que se puede considerar como un canon feudal. El agricultor arrendatario corresponde, en cambio, con más o menos propiedad, al tipo de jefe de empresa capitalista. Dentro de un verdadero sistema capitalista, la plusvalía obtenida por su empresa, debería beneficiar a este industrial y al capital que financiase sus trabajos. El dominio de la tierra por una clase de rentistas, impone a la producción la pesada carga de sostener una renta que no está sujeta a los eventuales descensos de los productos agrícolas. El arrendamiento no encuentra, generalmente, en este sistema, todos los estímulos indispensables para efectuar los trabajos de perfecta valorización de las tierras y de sus cultivos e instalaciones. El temor a un aumento de la locación, al vencimiento de su escritura, lo induce a una gran parsimonia en las inversiones. La ambición del agricultor arrendatario es, por supuesto, convertirse en propietario; pero su propio empeño contribuye al encarecimiento de la propiedad agraria en provecho de los latifundistas. Las condiciones incipientes del crédito agrícola en el Perú impiden una más intensa expropiación capitalista de la tierra para esta clase de industriales. La explotación capitalista e industrialista de la tierra, que requiere para su libre y pleno desenvolvimiento la eliminación de todo canon feudal, avanza por esto en nuestro país con suma lentitud. Hay aquí un problema, evidente no sólo para un criterio socialista sino, también, para un criterio capitalista. Formulando un principio que integra el programa agrario de la burguesía liberal francesa, Edouard Herriot afirma que “la tierra exige la presencia real(31). No está demás remarcar que a este respecto el Occidente no aventaja por cierto al Oriente, puesto que la ley mahometana establece, como lo observa Charles Gide, que “la tierra pertenece al que la fecunda y vivifica”.

2º- El latifundismo subsistente en el Perú se acusa, de otro lado, como la más grave barrera para la inmigración blanca. La inmigración que podemos esperar es, por obvias razones, de campesinos provenientes de Italia, de Europa Central y de los Balcanes. La población urbana occidental emigra en mucha menor escala y los obreros industriales saben, además, que tienen muy poco que hacer en la América Latina. Y bien. El campesino europeo no viene a América para trabajar como bracero, sino en los casos en que el alto salario le consiente ahorrar largamente. Y éste no es el caso del Perú. Ni el más miserable labrador de Polonia o de Rumania aceptaría el tenor de vida de nuestros jornaleros de las haciendas de caña o algodón. Su aspiración es devenir pequeño propietario. Para que nuestros campos estén en grado de atraer esta inmigración es indis-pensable que puedan brindarle tierras dotadas de viviendas, animales y herramientas y comunicadas con ferrocarriles y mercados. Un funcionario o pro-pagandista del fascismo, que visitó el Perú hace aproximadamente tres años, declaró en los diarios locales que nuestro régimen de gran propiedad era incompatible con un programa de colonización e inmigración capaz de atraer al campesino italiano.

3º- El enfeudamiento de la agricultura de la costa a los intereses de los capitales y los mercados británicos y americanos, se opone no sólo a que se organice y desarrolle de acuerdo con las necesidades específicas de la economía nacional -esto es asegurando primeramente el abastecimiento de la población- sino también a que ensaye y adopte nuevos cultivos. La mayor empresa acometida en este orden en los últimos años -la de las plantaciones de tabaco de Tumbes- ha sido posible sólo por la intervención del Estado. Este hecho abona mejor que ningún otro la tesis de que la política liberal del laisser faire, que tan pobres frutos ha dado en el Perú, debe ser definitivamente reemplazada por una política social de nacionalización de las grandes fuentes de riqueza.

4º- La propiedad agraria de la costa, no obstante los tiempos prósperos de que ha gozado, se muestra hasta ahora incapaz de atender los problemas de la salubridad rural, en la medida que el Estado exige y que es, desde luego, asaz modesta. Los requerimientos de la Dirección de Salubridad Pública a los hacendados no consiguen aún el cumplimiento de las disposiciones vigentes contra el paludismo. No se ha obtenido siquiera un mejoramiento general de las rancherías. Está probado que la población rural de la costa arroja los más altos índices de mortalidad y morbilidad del país. (Exceptúase naturalmente los de las regiones excesivamente mórbidas de la selva). La estadística demográfica del distrito rural de Pativilca acusaba hace tres años una mortalidad superior a la natalidad. Las obras de irrigación, como lo observa el ingeniero Sutton a propósito de la de Olmos, comportan posiblemente la más radical solución del problema de las paludes o pantanos. Pero, sin las obras de aprovechamiento de las aguas sobrantes del río Chancay realizadas en Huacho por el señor Antonio Graña, a quien se debe también un interesante plan de colonización, y sin las obras de aprovechamiento de las aguas del subsuelo practicadas en Chiclín y alguna otra negociación del Norte, la acción del capital privado en la irrigación de la costa peruana resultaría verdaderamente insignificante en los últimos años.

5º- En la sierra, el feudalismo agrario sobreviviente se muestra del todo inepto como creador de riqueza y de progreso. Excepción hecha de las negociaciones ganaderas que exportan lana y alguna otra, en los valles y planicies serranos el latifundio tiene una producción miserable. Los rendimientos del suelo son ínfimos; los métodos de trabajo, primitivos. Un órgano de la prensa local decía una vez que en la sierra peruana el gamonal aparece relativamente tan pobre como el indio. Este argumento -que resulta completamente nulo dentro de un criterio de relatividad- lejos de justificar al gamonal, lo condena inapelablemente. Porque para la economía moderna -entendida como ciencia objetiva y concreta- la única justificación del capitalismo y de sus capitanes de industria y de finanza está en su función de creadores de riqueza. En el plano económico, el señor feudal o gamonal es el primer responsable del poco valor de sus dominios. Ya hemos visto cómo este latifundista no se preocupa de la productividad sino de la rentabilidad de la tierra. Ya hemos visto también cómo, a pesar de ser sus tierras las mejores, sus cifras de producción no son mayores que las obtenidas por el indio, con su primitivo equipo de labranza, en sus magras tierras comunales. El gamonal, como factor económico, está, pues, completamente descalificado.

6º- Como explicación de este fenómeno se dice que la situación económica de la agricultura de la sierra depende absolutamente de las vías de comunicación y transporte. Quienes así razonan no entienden sin duda la diferencia orgánica, fundamental, que existe entre una economía feudal o semifeudal y una economía capitalista. No comprenden que el tipo patriarcal primitivo de terrateniente feudal es sustancialmente distinto del tipo del moderno jefe de empresa. De otro lado el gamonalismo y el latifundismo aparecen también como un obstáculo hasta para la ejecución del propio programa vial que el Estado sigue actualmente. Los abusos e intereses de los gamonales se oponen totalmente a una recta aplicación de la ley de conscripción vial. El indio la mira instintivamente como una arma del gamonalismo. Dentro del régimen inkaico, el servicio vial debidamente establecido sería un servicio público obligatorio, del todo compatible con los principios del socialismo moderno; dentro del régimen colonial de latifundio y servidumbre, el mismo servicio adquiere el carácter odioso de una “mita”.

 

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1. Luis E. Valcárcel, Del Ayllu al Imperio, p. 166.

2. César Antonio Ugarte, Bosquejo de la Historia Económica del Perú, p. 9.

3. Javier Prado, “Estado Social del Perú durante la dominación española”, en Anales Universitarios del Perú, tomo XXII, pp. 125 y 126.

4. Ugarte, ob. citada, p. 64.

5. José Vasconcelos, Indología.

6. Javier Prado, ob. citada, p. 37.

7. Georges Sorel, Introduction à l’economie moderne, pp. 120 y 130.

8. Ugarte, ob. citada, p. 24.

9. Eugéne Schkaff, La Question Agraire en Russie, p. 118.

10. Esteban Echeverría, Antecedentes y primeros pasos de la revolución de Mayo.

11. Vasconcelos, conferencia sobre “El Nacionalismo en la América Latina”, en Amauta Nº 4, p. 15. Este juicio, exacto en lo que respecta a las relaciones entre caudillaje militar y propiedad agraria en América, no es igualmente válido para todas las épocas y situaciones históricas. No es posible suscribirlo sin esta precisa reserva.

12. Ugarte, ob. citada, p. 57.

13. Le Pérou Contemporain, pp. 98 y 99.

14. Ugarte, ob. citada, p. 58

15. Si la evidencia histórica del comunismo inkaico no apareciese incontestable, la comunidad, órgano específico de comunismo, bastaría para despejar cualquier duda. El “despotismo” de los inkas ha herido sin embargo, los escrúpulos liberales de algunos espíritus de nuestro tiempo. Quiero reafirmar aquí la defensa que hice del comunismo inkaico objetando la tesis de su más reciente impugnador, Augusto Aguirre Morales, autor de la novela El Pueblo del Sol.
El comunismo moderno es una cosa distinta del comunismo inkaico. Esto es lo primero que necesita aprender y entender, el hombre de estudio que explora el Tawantinsuyo. Uno y otro comunismo son un producto de diferentes experiencias humanas. Pertenecen a distintas épocas históricas. Constituyen la elaboración de disímiles civilizaciones. La de los inkas fue una civilización agraria. La de Marx y Sorel es una civilización industrial. En aquélla el hombre se sometía a la naturaleza. En ésta la naturaleza se somete a veces al hombre. Es absurdo, por ende, confrontar las formas y las instituciones de uno y otro comunismo. Lo único que puede confrontarse es su incorpórea semejanza esencial, dentro de la diferencia esencial y material de tiempo y de espacio. Y para esta confrontación hace falta un poco de relativismo histórico. De otra suerte se corre el riesgo cierto de caer en los clamorosos errores en que ha caído Víctor Andrés Belaunde en una tentativa de este género.
Los cronistas de la conquista y de la colonia miraron el panorama indígena con ojos medioevales. Su testimonio indudablemente no puede ser aceptado, sin beneficio de inventario.
Sus juicios corresponden inflexiblemente a sus puntos de vista españoles y católicos. Pero Aguirre Morales es, a su turno, víctima del falaz punto de vista. Su posición en el estudio del Imperio Inkaico no es una posición relativista. Aguirre considera y examina el Imperio con apriorismos liberales e individualistas. Y piensa que el pueblo inkaico fue un pueblo esclavo e infeliz porque careció de libertad.
La libertad individual es un aspecto del complejo fenómeno liberal. Una crítica realista puede definirla como la base jurídica de la civilización capitalista, (Sin el libre arbitrio no habría libre tráfico, ni libre concurrencia, ni libre industria). Una crítica idealista puede definirla como una adquisición del espíritu humano en la edad moderna. En ningún caso, esta libertad cabía en la vida inkaica. El hombre del Tawantinsuyo no sentía absolutamente ninguna necesidad de libertad individual. Así como no sentía absolutamente, por ejemplo, ninguna necesidad de libertad de imprenta. La libertad de imprenta puede servirnos para algo a Aguirre Morales y a mí; pero los indios podían ser felices sin conocerla y aun sin concebirla. La vida y el espíritu del indio no estaban atormentados por el afán de especulación y de creación intelectuales. No estaban tampoco subordinados a la necesidad de comerciar, de contratar, de traficar. ¿Para qué podría servirle, por consiguiente, al indio esta libertad inventada por nuestra civilización? Si el espíritu de la libertad se reveló al quechua, fue sin duda en una fórmula o, más bien, en una emoción diferente de la fórmula liberal, jacobina e individualista de la libertad. La revelación de la libertad, como la revelación de Dios, varía con las edades, los pueblos y los climas. Consustanciar la idea abstracta de la libertad con las imágenes concretas de una libertad con gorro frigio -hija del protestantismo y del renacimiento y de la revolución francesa- es dejarse coger por una ilusión que depende tal vez de un mero, aunque no desinteresado, astigmatismo filosófico de la burguesía y de su democracia.
La tesis de Aguirre, negando el carácter comunista de la sociedad inkaica, descansa íntegramente en un concepto erróneo. Aguirre parte de la idea de que autocracia y comunismo son dos términos inconciliables. El régimen inkaico -constata- fue despótico y teocrático; luego -afirma- no fue comunista. Mas el comunismo no supone, históricamente, libertad individual ni sufragio popular. La autocracia y el comunismo son incompatibles en nuestra época; pero no lo fueron en sociedades primitivas. Hoy un orden nuevo no puede renunciar a ninguno de los progresos morales de la sociedad moderna. El socialismo contemporáneo -otras épocas han tenido otros tipos de socialismo que la historia designa con diversos nombres- es la antítesis del liberalismo; pero nace de su entraña y se nutre de su experiencia. No desdeña ninguna de sus conquistas intelectuales. No escarnece y vilipendia sino sus limitaciones. Aprecia y comprende todo lo que en la idea liberal hay de positivo: condena y ataca sólo lo que en esta idea hay de negativo y temporal.
Teocrático y despótico fue, ciertamente, el régimen inkaico. Pero este es un rasgo común de todos los regímenes de la antigüedad. Todas las monarquías de la historia se han apoyado en el sentimiento religioso de sus pueblos. El divorcio del poder temporal y del poder espiritual es un hecho nuevo. Y más que un divorcio es una separación de cuerpos. Hasta Guillermo de Hohenzollern los monarcas han invocado su derecho divino.
No es posible hablar de tiranía abstractamente. Una tiranía es un hecho concreto. Y es real sólo en la medida en que oprime la voluntad de un pueblo o en que contraría y sofoca su impulso vital. Muchas veces, en la antigüedad, un régimen absolutista y teocrático ha encarnado y representado, por el contrario, esa voluntad y ese impulso. Este parece haber sido el caso del imperio inkaico. No creo en la obra taumatúrgica de los Inkas. Juzgo evidente su capacidad política, pero juzgo no menos evidente que su obra consistió en construir el Imperio con los materiales humanos y los elementos morales allegados por los siglos. El ayllu -la comunidad-, fue la célula del Imperio. Los Inkas hicieron la unidad, inventaron el Imperio; pero no crearon la célula. El Estado jurídico organizado por los Inkas reprodujo, sin duda, el Estado natural pre-existente. Los Inkas no violentaron nada. Está bien que se exalte su obra; no que se desprecie y disminuya la gesta milenaria y multitudinaria de la cual esa obra no es sino una expresión y una consecuencia.
No se debe empequeñecer, ni mucho menos negar, lo que en esa obra pertenece a la masa. Aguirre, literato individualista, se complace en ignorar en la historia a la muchedumbre. Su mirada de romántico busca exclusivamente al héroe.
Los vestigios de la civilización inkaica declaran unánimemente, contra la requisitoria de Aguirre Morales. El autor de El Pueblo del Sol invoca el testimonio de los millares de huacos que han desfilado ante sus ojos. Y bien. Esos huacos dicen que el arte inkaico fue un arte popular. Y el mejor documento de la civilización inkaica es, acaso, su arte. La cerámica estilizada sintetista de los indios no puede haber sido producida por un pueblo grosero y bárbaro.
James George Frazer -muy distante espiritual y físicamente de los cronistas de la colonia-, escribe: “Remontando el curso de la historia, se encontrará que no es por un puro accidente que los primeros grandes pasos hacia la civilización han sido hechos bajo gobiernos despóticos y teocráticos como los de la China, del Egipto, de Babilonia, de México, del Perú, países en todos los cuales el jefe supremo exigía y obtenía la obediencia servil de sus súbditos por su doble carácter de rey y de dios. Sería apenas una exageración decir que en esa época lejana el despotismo es el más grande amigo de la humanidad y por paradojal que esto parezca, de la libertad. Pues después de todo, hay más libertad, en el mejor sentido de la palabra -libertad de pensar nuestros pensamientos y de modelar nuestros destinos-, bajo el despotismo más absoluto y la tiranía más opresora que bajo la aparente libertad de la vida salvaje, en la cual la suerte del individuo, de la cuna a la tumba, es vaciada en el molde rígido de las costumbres hereditarias” (The Golden Bough, Part. I ).
Aguirre Morales dice que en la sociedad inkaica se desconocía el robo por una simple falta de imaginación para el mal. Pero no se destruye con una frase de ingenioso humorismo literario un hecho social que prueba, precisamente, lo que Aguirre se obstina en negar: el comunismo inkaico. El economista francés Charles Gide piensa que más exacta que la célebre fórmula de Proudhon, es la siguiente fórmula: “El robo es la propiedad”. En la sociedad inkaica no existía el robo porque no existía la propiedad. O, si se quiere, porque existía una organización socialista de la propiedad.
Invalidemos y anulemos, si hace falta, el testimonio de los cronistas de la colonia. Pero es el caso que la teoría de Aguirre busca amparo, justamente, en la interpretación, medioeval en su espíritu, de esos cronistas de la forma de distribución de las tierras y de los productos.
Los frutos del suelo no son atesorables. No es verosímil, por consiguiente, que las dos terceras partes fuesen acaparadas para el consumo de los funcionarios y sacerdotes del Imperio. Mucho más verosímil es que los frutos que se supone reservados para los nobles y el Inka, estuviesen destinados a constituir los depósitos del Estado.
Y que representasen, en suma, un acto de providencia social, peculiar y característico en un orden socialista.

16. Castro Pozo, Nuestra Comunidad Indígena.

17. Ibíd., pp. 16 y 17.

18. Escrito este trabajo, encuentro en el libro de Haya de la Torre Por la emancipación de la América Latina, conceptos que coinciden absolutamente con los míos sobre la cuestión agraria en general y sobre la comunidad indígena en particular. Parti-mos de los mismos puntos de vista, de manera que es forzoso que nuestras conclusiones sean también las mismas.

19. Castro Pozo, ob. citada, pp. 66 y 67.

20. Ibíd., p. 434.

21. Schkaff, ob. citada, p. 188.

22. Castro Pozo, ob. citada, p. 47. El autor tiene observaciones muy interesantes sobre los elementos espirituales de la economía comunitaria. “La energía, perseverancia e interés -apunta- con que un comunero siega, gavilla el trigo o la cebada, quipicha(Quipichar: cargar a la espalda. Costumbre indígena extendida en toda la sierra. Los cargadores, fleteros y estibadores de la costa, cargan sobre el hombro) y desfila, a paso ligero, hacia la era alegre, corriéndole una broma al compañero o sufriendo la del que va detrás halándole el extremo de la manta, constituyen una tan honda y decisiva diferencia, comparados con la desidia, frialdad, laxitud del ánimo y, al parecer, cansancio, con que prestan sus servicios los yanaconas, en idénticos trabajos u otros de la misma naturaleza; que a primera vista salta el abismo que diversifica el valor de ambos estados psico-físicos, y la primera interrogación que se insinúa al espíritu, es la de ¿qué influencia ejerce en el proceso del trabajo su objetivación y finalidad concreta e inmediata?”

23. Sorel, que tanta atención ha dedicado a los conceptos de Proudhon y Le Play sobre el rol de la familia en la estructura y el espíritu de la sociedad, ha considerado con buida y sagaz penetración “la parte espiritual del medio económico”. Si algo ha echado de menos en Marx, ha sido un insuficiente espíritu jurídico, aunque haya convenido en que este aspecto de la producción no escapaba al dialéctico de Tréveris. “Se sabe -escribe en su Introduction a l’economie moderne– que la observación de las costumbres de las familias de la plana sajona impresionó mucho a Le Play en el comienzo de sus viajes y ejerció una influencia decisiva sobre su pensamiento. Me he preguntado si Marx no había pensado en estas antiguas costumbres cuando ha acusado al capitalismo de hacer del proletario un hombre sin familia”. Con relación a las observaciones de Castro Pozo, quiero recordar otro concepto de Sorel: “El trabajo depende, en muy vasta medida, de los sentimientos que experimentan los obreros ante su tarea”.

24. Schkaff, ob. citada, p. 135.

25. No hay que olvidar, por lo que toca a los braceros serranos, el efecto extenuan-te de la costa cálida e insalubre en el organismo del indio de la sierra, presa segura del paludismo, que lo amenaza y predispone a la tuberculosis. Tampoco hay que olvidar el profundo apego del indio a sus lares y a su naturaleza. En la costa se siente un exiliado, un mitimae.

26. Una de las constataciones más importantes a que este tópico conduce es la de la íntima solidaridad de nuestro problema agrario con nuestro problema demográfico. La concentración de las tierras en manos de los gamonales constituye un freno, un cáncer de la demografía nacional. Sólo cuando se haya roto esa traba del progreso peruano, se habrá adoptado realmente el principio sudamericano: “Gobernar es poblar”.

27. El proyecto concebido por el Gobierno con el objeto de crear la pequeña propiedad agraria se inspira en el criterio económico liberal y capitalista. En la costa su aplicación, subordinada a la expropiación de fundos y a la irrigación de tierras eriazas, puede corresponder aún a posibilidades más o menos amplias de colonización. En la sierra sus efectos serían mucho más restringidos y dudosos. Como todas las tentativas de dotación de tierras que registra nuestra historia republicana, se caracteriza por su prescindencia del valor social de la “comunidad” y por su timidez ante el latifundista cuyos intereses salvaguarda con expresivo celo. Estableciendo el pago de la parcela al contado o en 20 anualidades, resulta inaplicable en las regiones de sierra donde no existe todavía una economía comercial monetaria. El pago, en estos casos, debería ser estipulado no en dinero sino en productos. El sistema del Estado de adquirir fundos para repartirlos entre los indios manifiesta un extremado miramiento por los latifundistas, a los cuales ofrece la ocasión de vender fundos poco productivos o mal explotados, en condiciones ventajosas.

28. Schkaff, ob. citada, pp. 133, 134 y 135.

29. Francisco Ponce de León, Sistemas de arrendamiento de terrenos de cultivo en el departamento del Cuzco y el problema de la tierra.

30. Los experimentos recientemente practicados, en distintos puntos de la costa por la Comisión Impulsora del Cultivo del Trigo, han tenido, según se anuncia, éxito satisfactorio. Se ha obtenido apreciables rendimientos de la variedad “Kappli Emmer” -inmune a la “roya”-, aun en las “lomas”.

31. Herriot, Créer.

 

 

 

El silencio de una generación (tras las huellas de la corriente trotskista de Nahuel Moreno en Chile, 1979-1993)

por Mariano Vega Jara //

Tal como en  la novela de Laura Restrepo, Demasiados Héroes, la investigación-memoria sobre el pasado de una ex militante trotskista colombiana en la última dictadura militar de Argentina –su historia personal—, los orígenes de la tradición fundada por Nahuel Moreno (Hugo Bressano) en Chile han permanecidos velados por los años de la transición pactada con la dictadura militar de Pinochet, mas, fundamentalmente, por la crisis y posterior ruptura con el el trotskismo como una corriente marxista revolucionaria luego de la caída de los Estados obreros y la URSS. El silencio de una generación sobre su experiencia militante se disolvió hacia una fase de subsidencia en sus vidas personales, cotidianas. El pasado militante quedó en ello. Pasado.

Sin embargo, aquel “episodio oscuro” pugnaría, tal vez, en las nuevas generaciones por saber cómo fue dicho pasado, su historia, su procedencia, su experiencia militante en y contra la dictadura de Pinochet. No encontrar puentes, referencias o nudos trans-generacionales sobre una experiencia vivida lleva a seguir validando el silencio y la desmemoria, no reconocerse ni hacerse partícipes de una historia y tradición militante. Luego de más de veinte años del cierre formal de la experiencia morenista (sus continuidades son residuales a aquel proyecto), el silencio se rompe para abrir paso a nuevas investigaciones que ahonden mayormente y en profundidad el morenismo en Chile. Lo aquí presentado es una primaria visión general de una experiencia militante en particular.

La travesía internacional

 La tragedia de la Unidad Popular y la instauración de la dictadura militar generarían un proceso de reflexión sobre la experiencia militante en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), específicamente su regional Valparaíso. Divergencias arrastradas entre el regional y la dirección nacional de Miguel Enríquez se ahondaron con la línea adoptada post-golpe por la dirigencia mirista: “la hora de los revolucionarios”, el “fracaso de los reformistas”, la “dictadura gorilista” serían criticados por los miristas de Valparaíso. Para éstos, se proyectaba un repliegue para salvaguardar la militancia, la unidad de la izquierda contra la dictadura, la caracterización del gobierno de Allende como “Frente Popular” y la convocatoria al IV Congreso.

Sin embargo, la represión militar trastocó las orgánicas regionales, ya que los militantes debieron moverse dentro del territorio de Chile para salvar sus vidas. Es así como en Santiago hacia mediados de 1974 se establecieron varias “colonias” de militantes de regiones, quienes esperaban instrucciones de la dirigencia nacional para enfrentar la represión. La Colonia de Valparaíso (CV) sería crítica a M. Enríquez y compañía, esto les valió ser considerados como “Fracción Disidente” (FD) del MIR porque buscaron poder llevar a cabo la discusión democrática sobre las diferencias en la línea política. Para el MIR, un partido auto-referido como político-militar, su cultura política práctica derivaba en verticalismo, jerárquico y de deliberación excluyente, reservado sólo para la dirección política. Sumado a ello, una dictadura militar en proceso de aniquilación de la orgánica mirista y el carácter clandestino de la militancia, para la dirigencia mirista abrir el debate significaba romper la tradición de su cultura, lo cual atentaría contra ellos mismos por los mecanismos de ascenso y legitimidad interna, ya que liberaría debates considerados del pasado. El rechazo de M. Enríquez y la dirigencia del MIR sería hipotéticamente a cuestionar su calidad de dirigentes revolucionarios y su línea política contra la dictadura militar. El debate no fructificaría y la FD emigraría al exilio para salvar su propia vida.

El exilio en Europa de aquellos miembros de la FD llevaría a sistematizar su experiencia mirista. Los primeros indicios pretenderían disputar la dirección del MIR y reagrupar a los exiliados, pero poco a poco se dejaría de lado aquella tarea por el balance, con las críticas ya reseñadas a la dirigencia mirista, pero sobre todo por el método democrático de deliberación política cercenada en Chile. Embrionariamente era un cuestionamiento a la cultura política del MIR en cuanto a su ser político-militar. Cerrado el camino, la experiencia derivaría en refundar una nueva orgánica, así hacia 1978 aquella FD crearía la Izquierda Socialista (IS), un partido de izquierda chilena en el exilio con intenciones de implantarse y luchar contra la dictadura militar.

En la solidaridad contra la represión política en Chile, aquellos exiliados de la IS se encontrarían con el trotskismo europeo, encaminándose hacia conversaciones sobre un pasado en común. Según un ex militante, el SU (Secretariado Unificado) apoyó activamente al MIR, de ahí que en el regional de Valparaíso las obras de Trotsky circularan entre sus militantes, tomando posturas más críticas hacia su dirección política. Con el bagaje de la experiencia con el mandelismo, la IS coincidió con la “corriente morenista”, concretamente, la Fracción Bolchevique (FB) del SU, que desempeñaba una ácida pugna contra dichos primeros: la concepción vanguardista y pro-guerillera como política de los partidos trotskistas. Las coincidencias de experiencia y política derivarían que hacia mediados de 1979 la IS formalizara su entrada a la FB y al trotskismo, teniendo como eje el “Proyecto Chile”. A esta unidad se agregaría en el transcurso de 1980 un pequeño núcleo de militantes chilenos lambertistas igualmente exiliados en Europa, gracias al trabajo conjunto del Comité Paritario entre la FB y la CORCI, que dio vida a la CI-CI, no sin su cuota de pequeños conflictos ácidos. El viejo continente se enmarcaba en el punto de partida de un nuevo proyecto político para la izquierda chilena.

En el “desierto” nacional

Hacia 1979, la llamada “Liga Comunista de Chile” (LCCh) se solidariza con la FB ante la expulsión de la Brigada Simón Bolívar de Nicaragua por parte de los sandinistas y la entrega de militantes revolucionarios a la policía de Panamá. Este pequeño grupo chileno, originario del MIR poco antes del golpe de Estado, derivó hacia posiciones trotskistas y simpatizó con el SU, mas aquella acción le valió su distanciamiento con la dirección del SU, sobre todo con la prohibición de construir partidos trotskistas en Nicaragua. De esta solidaridad, la FB envía un emisario argentino para entablar relaciones políticas, sin embargo, entre dudas, críticas y desconfianzas de la dirección externa (en el exilio) de la LCCh hacia la FB, el proceso de acercamiento se viciaría con acusaciones de “fraccionalismo” por parte de la FB en la LCCh. Lo concreto es que a principios de 1980, en una reunión de la FB en Bogotá, Colombia, se daría a conocer que la “Fracción Mayoritaria de la LCCh” adhería a la FB como su sección nacional. El 6 de abril de 1980 se establece la fundación de la Izquierda Socialista en Chile, sobre la base de aquellos ex militantes originarios del MIR y la LCCh.

Similar a Europa, la unidad trotskista internacional reflejada en el Comité Paritario y luego la CI-CI, de corta vida, en Chile visibilizó a un pequeño grupo trotskista llamado “Liga Obrera Bolchevique” (LOB) que tenía nexos con su militantes “lambertistas” chilenos en el exilio. Sin embargo, la LOB desacreditaba toda relación con el morenismo y el lambertismo, no se consideraban parte de éste, por lo cual negaban una unidad en Chile con la IS, una concepción nacional-trotskista similar a la dirección externa de la LCCh. A pesar de ello, la LOB entraría a ser parte de la IS al poco tiempo, tal vez, por su extrema debilidad interna y el miedo al aislacionismo, así la unidad trotskista nacional dio pasos a estructurar un heterogéneo equipo de militantes para luchar contra la dictadura de Pinochet.

Cultura política trotskista

 Mas, ¿Quiénes fueron los trotskistas-morenistas? ¿De dónde provienen social y familiarmente? ¿Cómo y por qué ingresar al trotskismo?, ¿Qué prácticas o particularidades los constituyen como un grupo de izquierda? entre otras preguntas. La investigación (aún parcial) nos entrega detalles de quién fue este grupo militante y su acción bajo la dictadura militar de Pinochet y los primeros años del retorno democrático.

En cuanto a edades generacionales, la primera generación fundadora proveniente del MIR-LCCh no pudo ser pesquisada, sin embargo, las referencias de la segunda generación hace énfasis en sujetos ya maduros, de más de 30 años o cercanos a ello, con prácticas propias de su pasado mirista, es decir, clandestinos en un contexto de represión militar pre-1983. La segunda generación la constituirían jóvenes plebeyos y proletarios, una media de 23 años, la cual fue captada gracias a la apertura política con las jornadas nacionales de protesta contra la dictadura, la cual visibilizó al grupo político con sus propuestas. Mayormente estudiantes universitarios, provenientes de familias con pasado militante de izquierda (PC, PS, MIR), levemente predominante la raíz socialista; en menor medida, jóvenes proletarios, igualmente con pasado-tradición familiar de izquierda.

Los motivos para ingresar a la militancia trotskista denotarían el contexto político internacional y nacional según la generación correspondiente. La primera generación fundadora venía de una experiencia-fracaso con la Unidad Popular, sumado a lo heterogéneo de su composición, el aspecto nacional con una discusión y proyecto internacional de militancia los derivaría al trotskismo-morenista. La segunda generación, en torno a experiencias previas, criticaría las prácticas de la izquierda del “socialismo real”, la falta de democracia, libertad sindical y política y derecho a huelga, en la Polonia de Jaruzelsky. Para su representación de militancia de izquierda, estos jóvenes hallaban inconcebible que la representación y práctica del ser de izquierda atentara contra los trabajadores y el pueblo. Palestina y la OLP, la guerra de Afganistán e invasión de la URSS, la guerra de Las Malvinas, igualmente fueron motivos de un eje central en la captación: la discusión política en charlas, de voz e voz o el periódico. La situación internacional constituyó un fuerte atractivo contra una izquierda chilena nacionalista y complaciente con el “socialismo real”.

Derivado de la discusión política, las características propias como cultura política trotskista pasarían por el “fetichismo teórico”, la exaltación de la teoría marxista-militante como compresión de la realidad, previo paso para la práctica cotidiana. La teoría de la revolución permanente y el programa de Transición serían las bases graníticas del trotskismo, pero cómo llevarlo a la práctica en el Chile de Pinochet. En cuanto a la primera, la propuesta morenista fue la “revolución democrática”, una revolución contra y en el régimen que abriría pasos a la movilización social y popular, cuyas consignas centrales eran: ¡Fuera Pinochet! ¡Asamblea Constituyente! ¡Por un gobierno del MDP-CNT!, siendo característica de la identidad política morenista. Y sobre el programa de Transición, la unidad entre reivindicaciones de los frentes sociales donde estaban insertos los militantes y la realidad nacional del país. Ejemplos; en la construcción, elegir un comité de obras por beneficios laborales y, a la vez, transformarse en una conquista democrática ante la ausencia de organización; en la industria, elegir un sindicato en condiciones de clandestinidad y legitimidad hacia los trabajadores para negociar con la empresa. En la Universidad, desde lo gremial-democrático (becas, centros de alumnos a federaciones) para estrecharlo a la oposición y derrocamiento de la dictadura. La teoría política descendía como una “pedagogía de la reinvindicación” en los militantes trotskistas, adaptándolas al nivel de consciencia política de los frentes sociales y uniéndola con la realidad nacional para elevar los grados de maduración y compromiso político para botar la dictadura militar.

Teoría y programa entrelazados como tejido social, expresarían condiciones mínimas y/o objetivas para la lucha y práctica cotidiana. Aquello que los trotskistas consideraron como principios básicos en el ser de izquierda: internacionalismo proletario, democracia obrera e independencia de clase. Esta “tríada principista” ejercería influencia notable en la acción concreta y la relación con la izquierda chilena. En cuanto al internacionalismo proletario, dos fueron sus variantes en un contexto pro-“socialismo real” y su nacionalismo u latinoamericanismo militante-orgánico: para el sector plebeyo, los foros, charlas y discusiones políticos semi-abiertas a jóvenes estudiantes (secundarios y universitarios) sobre las luchas sociales y políticas en el mundo, derivando en campañas políticas de propaganda. Para el sector proletario, aprovechar los espacios y discutir, en la medida de lo posible, las condiciones laborales de los trabajadores de América Latina y el mundo, la imposición de las fronteras o campañas de recolección de firmas por apoyo a luchadores y/o sindicalistas perseguidos en el mundo.

La democracia obrera (o directa) se vería reflejada en los métodos de discusión política y las estructuras sindicales y estudiantiles: la participación desde abajo hacia arriba, las asambleas de base como máximo órgano resolutivo y la revocación de cargos, de esta forma, para enfrentar las tentativas de torcer las resoluciones de base a los beneplácitos de los dirigentes sociales controlados por la izquierda. Por último, la independencia de clase, concretamente,  la inviabilidad a apoyar y votar por candidatos y programas de o con la Democracia Cristiana, como hipotético aliado “antifascista”, por ser un partido golpista, reaccionario, clerical y pro-capitalista que transmitía su influencia por una corriente de trabajadores con el apoyo acrítico de la izquierda. Ni en la obra, la industria y universidad se formaban alianzas, pactos o se llamaba a votar por la DC.

Faltante al tejido de la cultura trotskista, los imaginarios estructurarían una militancia ácida, crítica y polémica, generando anticuerpos. “Stalinismo, burocracia y aparato”, la forma analítica que en la práctica demostraba la izquierda chilena en sus métodos de militancia política. Un stalinismo caracterizado por la obediencia acrítica hacia la dirección del partido, la veneración e infalibilidad de los viejos jerarcas, la concepción etapista de la revolución, el autoritarismo, verticalismo y la democracia mutilada e incapacidad militante de proponer respuestas, sino esperar la orientación desde arriba. Un ejemplo: la política guerillerista con el FPMR[2] y la política pro-transición luego del Plebiscito. Conectado, la burocracia como sector militante obediente de las orientaciones de la dirección, sin capacidad crítica y que sólo reproduce y vive del modelo y las relaciones inter-militantes dada por la estructura jerárquica. Un símil, la creación de aparatos colaterales al partido con la misma estructura jerárquica que él y dependiente de las políticas de la dirección partidaria. Organismos artificiales sin democracia interna.

Dicha tríada imaginaria generaría el rechazo de la izquierda chilena y las acusaciones (heteromiradas) de “agentes del imperialismo”, “agentes de la CNI”, “sectarios”, “ultraizquiedistas”, por parte del eje PC-PS. El encuentro entre militantes sería de dulce y agraz, para los trotskistas el enemigo en la izquierda eran sus direcciones políticas, los militantes medios y de base, compañeros, equivocados, tal vez, pero honestos y potencialmente revolucionarios. En la práctica, la forma de impulsar la lucha consistía en una táctica de emplazamiento/denuncia a que dichas direcciones de la izquierda actuaran en conformidad con su ser y la política mínima que se esperaba de ellas: derribar la dictadura de Pinochet y dar el poder a la clase trabajadora. Por el contrario, si no actuaban conforme a ello, la crítica trotskista se permeaba de su acidez crítica y disruptiva, ya que el trotskismo esperaba construirse cuantitativamente por medio de rupturas de la izquierda histórica.

Asociado a lo anterior, la realización del ser revolucionario en el trotskismo estaría mediado por estos sectores en dicho partido, plebeyos y proletarios, y su capacidad auto-formativa y experiencia con el marxismo y la lucha social. Así, para la gran mayoría, el ser revolucionario era ser trotskista y no comunista como el sector proletario. Antinomias aparentes entre ambos sectores, la tendencia general del período, unido al recuerdo mayoritario y el tratamiento de la izquierda clásica, el ser trotskista era la conceptualización revolucionaria. A esas alturas, según el recuerdo, el trotskismo ya era algo escindido del comunismo internacional, había adquirido identidad propia, ya que el comunismo estaba asociado al stalinismo.

Mas la realización del ser revolucionario fue puesto en práctica, el teoricismo no era garante de crecimiento orgánico, ni tampoco el exceso de juventud universitaria, por lo cual se debatió y ejecutó la necesidad de cambiar la orientación estructural del partido para darle una identidad obrera-proletaria. Así, hacia 1985 se toma la resolución de proletarizar al partido y sus militantes, lo que la memoria reseña como “vuelco a la clase obrera”, cambiando el nombre del partido a “Partido Socialista de los Trabajadores” (PST). Tal vuelco sería para superar ciertas desviaciones vistas en la práctica estudiantil, un “movimientismo” caracterizado como negativo por no crear una estructura ideal al modelo bolchevique, igualmente reseñado en las memorias como “trotskización”. Ambas prácticas debían modificar la dinámica asociativa entre militantes y sus frentes sociales, pero resultó en el gatillante de fuertes debates y pugnas internas.

1986 marcaría una crisis en el trotskismo-morenista, la vieja guardia fundadora impulsada por las grandes protestas nacionales proyectaría la caída de Pinochet como una “salida nicaragüense”, una revolución popular por una derrota militar que necesitaba del FPMR para hacerla efectiva. Por el contrario, una mínima parte de la vieja guardia y el sector proletario, caracterizaban una salida pactada y negociada a la dictadura, donde la clase trabajadora era minoría en las protestas (mayoritariamente de pobladores y estudiantes). Situación revolucionaria (vieja guardia) y situación pre-revolucionaria (vieja guardia minoritaria y proletarios) derivaron en caracterizaciones personales sobre el tipo de salida política, lo que se expresó de hecho en la formación de dos fracciones enemigas entre sí. La discusión se expresó en una ontología del ser proletario y pequeño-burgués, cada quien era juzgado en su condición de clase, mas no por la política, llevando a discordias personales a tres miembros fundadores del morenismo. Dos de ellos e impulsores de la salida nicaragüense fueron juzgados por “pequeño-burgueses” al carecer de estructura orgánica laboral y promotores de la expulsión de la dirección de su contrapartida proletaria.

El sínodo del trotskismo, ya ni siquiera como comedia sino como paroxismo, dos fracciones, plebeyos contra proletarios, ante una distante LIT[3]. (Recordar que el trotskismo en su práctica es parte de un “partido mundial”). Las memorias referencian la poca importancia que tenía Chile para la organización internacional, solo intervino cuando los hechos y el fraccionamiento ya estaba consumado, hacia finales de 1986 para llegar a un equilibrio armónico en un “protocolo de acuerdo”. Un delegado internacional vino, examinó y leyó la situación y respaldó al sector oficial del PST, la Fracción Proletaria, como se denominó, quedó en estatus simpatizante. A pesar de ello, la vieja guardia del PST abandonó el partido o quedó muy menoscabado, subiendo una segunda generación de militantes a la dirección, mientras que la Fracción Proletaria se dio la tarea de hacer su experiencia creando el “Partido de los Trabajadores Socialistas” (PTS). Alrededor de un año duraría la división PST-PTS para luego volver a reunirse en torno al PST, gracias al trabajo de la segunda generación y la salida de los viejos fundadores.

Identidad política morenista

 De la memoria fueron apareciendo algunos conceptos o lógicas de pensamiento que estructuraban su recuerdo en base a ello, denotando un tipo de acción política como corpus morenista. “Aprovechar las oportunidades” y “ocupar los espacios” se constituyeron en una lógica prismática del morenismo, recíprocas entre sí, configurando su identidad política como diferenciación hacia otros trotskismos.

El ejemplo más concreto en esta lógica morenista sería la forma en que el trotskismo chileno en los años ’80 se tuvo que visibilizar. La primera generación, previo a las protestas de 1983, vivía en clandestinidad, en un trabajo gris y cotidiano, no siendo un referente en la izquierda. Una vez abierto el período de las protestas y el cambio de situación política, la entonces IS se criticaba no ser un referente vivo en la izquierda, a pesar del trabajo propagandístico y dinámica de lucha social, seguían en una minoría, peor aún, viendo posibilidades de cristalizar en una secta.

A través de escasos documentos más la memoria, dicha lógica morenista tuvo un cambio drástico para sacar o visibilizar al trotskismo como referente válido. Aun no siendo claro del todo, se atribuye mayoritariamente a Nahuel Moreno como el ejecutor de la nueva política hacia Chile. El partido debía cambiar su inserción según la dinámica social, pasar abiertamente a salir a la calle, siendo el cambio de nombre un preámbulo. De la IS se pasaba a JS, Juventud Socialista, teniendo en cuenta tres referencias –según Moreno—, la clase trabajadora chilena iba a retornar a sus referentes históricos (PC-PS), por lo cual no iba a considerar otro partido que buscara diferenciarse desde el principio. A ello se sumó la intervención hacia la juventud, en primer lugar por la composición etaria del propio partido y, en segundo lugar, por mostrar a dicho sector como el más dinámico y referencia de vanguardia en la lucha anti-dictadura. Y socialista por la referencia histórica y a la táctica entrista hacia el propio Partido Socialista de Chile, ya que estaba dividido en varias fracciones desde socialdemócratas, moscovitas hasta guevaristas, y ello daba el espacio para usufructuar ganancias al trotskismo.

No está ciento por ciento claro aún la correspondencia del entrismo, ya que no todas las memorias lo recuerdan y más bien se caracteriza como “sui generis”, ya que no se entró al PS ni se disciplinó a algún organismo de él o su dirección, sino más bien que se ocupó dicho espacio, ya que la oportunidad lo daba para empalmar la memoria histórica –socialista- con el partido trotskista que se quería construir. Además, la historia del morenismo no había reivindicado en sus proyectos políticos el “comunismo” como referencia partidaria.

Bajo esta lógica prismática, el morenismo se fue haciendo de una identidad política en la praxis cotidiana. La idea central era superar aquella acusación de “teóricos”, la visibilización en la acción vino de la mano de la JS, las protestas nacionales y la influencia de Nahuel Moreno y el trotskismo argentino. Otros componentes de la identidad morenista se pueden encontrar en una colateral de estudiantes (secundarios y universitarios) llamada “Solidaridad Estudiantil”, previo período a la JS, siendo una agrupación de estudiantes de izquierda para acción de propaganda y debate político (charlas) como forma de captación militante. Igualmente, la identidad “socialista” se recalcaba en los periódicos editados (La Verdad Socialista, IS; El Socialista, PST; Lucha Socialista, PTS; Al Socialismo, MAS),  lo mismo que el nombre partidario: Izquierda Socialista, Juventud Socialista, Partido Socialista de los Trabajadores, Movimiento al Socialismo, lo que hablaba de una microidentidad partidaria.

En ese sentido, el ser socialista se definió en base a su contrapartida “stalinista”, el PC, por lo que sus militantes son más críticos, abiertos, dinámicos y receptivos a las transformaciones sociales y de la “estética” de la izquierda clásica: un militante disciplinado, hermético, desconfiado y ortodoxo. Por otro lado, la misma iconografía morenista visibilizaba otra estética alternativa, el puño izquierdo y la hoz, el martillo invertidos y el número cuatro en referencia a la IV Internacional. Las consignas, marcarían una diferenciación con la izquierda: ¡Fuera Pinochet! ¡Asamblea Constituyente! ¡Por un gobierno del MDP[4]-CNT[5]! ¡Juicio y Castigo a los culpables! ¡Por un Chile socialista!

No serían los únicos componentes de la identidad morenista, el periódico como captación política, debatido con los “contactos”, los posibles militantes, por lo cual cada militante trotskista debía tener un padrón o listado de contactos para tratar de captarlos, ya sea debatiendo artículos o invitando a marchas o foros. Por último, la tenencia de un “local”, un lugar físico donde la militancia partidaria se pudiera reunir con su contactos, el centro de operaciones para salir a militar. Denotar la capacidad, según, la memoria de tener locales semi-públicos en plena dictadura, siendo parte de la lógica morenista, se reconoce en Concepción por lo menos 2 aperturas de locales (no coetáneos) y 1 en Santiago hacia 1988.

Moreno
Moreno

Todos los elementos anteriores configuraron la identidad política morenista, una identidad en base al ser socialista y la acción política, a tal punto que costó la vida de dos jóvenes, un militante y una simpatizante: Jorge Fernández y Marisol Vera[6]. Sin embargo, reconociendo su propia marginalidad, el trotskismo-morenista esperaba incrementar sus fuerzas en base a unidades o fusiones con otras organizaciones de izquierda, respondiendo a los análisis y propuestas de Nahuel Moreno. Para éste, la década de los ’80 vislumbraba una ruptura de franjas o corrientes de masas con el “stalinismo”, el cual se encontraba en crisis desde la movilización polaca. El descontento social en Europa del Este y la URSS por crisis económica y social incrementaba tal fuerza de posibles rupturas hacia la izquierda entre la clase trabajadora. El deber de los trotskistas era empalmar con aquel “movimiento de masas” para ofrecer una alternativa de izquierda y recuperar los “Estados obreros degenerados o burocrático” y devolverlo a la senda del socialismo internacional.

En concreto, Moreno propuso el Programa Mínimo Revolucionario (PMR) y el Frente de Unificación Revolucionaria (FUR) como métodos de trabajo y captación militante, constituyéndose igualmente como parte de la identidad morenista. Para Chile, las memorias reconocen poco valor de ello, ya que no había tendencia hacia una ruptura de izquierda. El eje PC- PS Almeyda (pro-Moscú) estaba sólidos, por el contrario, las rupturas de izquierda se habían dado hacia el ámbito “militar”, con el FPMR, el Mapu-Lautaro y el MIR. Rupturas políticas por la izquierda no se veían, siendo un caso aislado que el PST chileno pudo concretar con un grupo de miristas de Valparaíso que venían en discusiones y rechazos a la supremacía militar que daba su dirección a la salida de la dictadura. La memoria no referenció hacia el PMR, sino al FUR, pues el PST se jugó por llevar a cabo la orientación política de Moreno e incentivo el debate y acción para buscar una unidad hacia el trotskismo. En este ámbito, la LIT jugó un papel importante, ya que envío a Ricardo Napurí para ganar a estos disidentes miristas, pues a ambos los unía la experiencia guevarista. Napurí contaría sus historias cuando se negó a bombardear a los apristas peruanos y su camino con el “Che” Guevara. La experiencia se tornó favorable y dichos miristas ingresaron al trotskismo.

Uno de los últimos componentes de la identidad morenista, la mayor propuesta de Moreno, sería la “revolución democrática”, una revolución en el régimen a partir de tomar las reivindicaciones de libertades democráticas, unirles las demandas sociales y proponer una salida revolucionaria de corte socialista. Las memorias tienen diferentes percepciones y apropiaciones de tal propuesta, ya que para el sector plebeyo, esta correspondía a una “categoría de análisis” ex post, no previa, mientras que el sector proletario vagamente o no recuerda tal fórmula como modelo de revolución para Chile. La revolución en Chile pasaba por botar a la dictadura por movilización social y que los trabajadores tomaran el poder por medio de sus organismos de clase, el CNT y el MDP.

El MAS y el cierre de una experiencia

Siguiendo la lógica morenista, hacia 1988 la dictadura llama a Plebiscito para seguir validándose en el poder, siguiendo la hoja de ruta predispuesta en el Plebiscito de 1980 que aprobó su Constitución Política, proyectando ocho años más el régimen si obtenía la victoria. En medio de esta vorágine pro-democrática, el movimiento político-social fue llevado a participar a las elecciones, unido a un agotamiento de la lucha de resistencia, la coyuntura condicionó el reagrupamiento de los partidos políticos y concesiones democráticas mínimas al régimen como el derecho a voto individual. El resultado es sabido, la victoria fue para el NO, bajo la dirección de la Concertación de Partidos por la Democracia que unió desde la Democracia Cristiana hasta socialistas pro-Moscú, dejando por fuera al PC.

El torbellino del Plebiscito no podría no ser considerado por una organización que, más allá de reivindicarse revolucionaria, rechazara cualquier participación en él. Como en el conjunto de la izquierda, los debates enfrascaban dudas y posicionamientos divergentes: participación para no quedar aislados y ser un proceso que va más allá de cualquier crítica o control del trotskismo; rechazo a participar por posibilidad –real- de fraude y ser una afrenta a la lucha de resistencia. El partido se enconaba en estas dos opciones y se veían posibilidades de ruptura, por lo cual desde la LIT enviaría a una delegada para ayudar a caracterizar la situación y cómo enfrentarse en el Plebiscito. La ayuda del MAS argentino fue vital para posicionar una política entre la dirección del partido y convencer a las bases partidarias para participar en dicho Plebiscito. Concretamente, según la memoria, la delegada de la LIT transmitió los análisis hechos por su dirección, señalando las probabilidades: va a ganar el NO;  Pinochet reconocerá la derrota; la inviabilidad de una revolución democrática; la negociación hacia la impunidad de Pinochet y su juicio y castigo, salvo algunas militares menores. Gracias a ese análisis, el trotskismo-morenista, ya encima del Plebiscito, puesto que estuvieron hasta casi último minuto haciendo propaganda por el rechazo y fraude, giraron su política y llamaron a votar que NO, dando libertad a sus militantes más intransigentes para anular su voto o no ir a votar (pocos estaban inscritos en los registros electorales).

Consumada la victoria del NO se abría una nueva dinámica electoral, el llamado a elecciones generales para Presidente, senadores y diputados. En un contexto de masiva participación democrática y reorganizaciones políticas y sindicales, sólo la izquierda armada quedó aislada siguiendo la lógica político-militar para derribar la dictadura. Nuevamente se debatía participar o no en dicho proceso eleccionario, a lo cual, el trotskismo-morenista se presentó como Movimiento Al Socialismo (MAS) para poder participar en las elecciones. En febrero de 1989 realizan una pre-legalización del partido con énfasis en cuatro ejes: Asamblea Constituyente para una nueva Constitución Política; Juicio y Castigo a los violadores de Derechos Humanos; reestatización de las empresas del Estado; no pago a la deuda externa.

La idea original era lograr inscribir al partido y presentarse a las elecciones con una “candidatura de izquierda” en base a unidad con otros grupos políticos, de manera de enfrentarse a las salidas inter-régimen. Sin embargo, el llamado del MAS no fue atendido y la izquierda política giraba su apoyo hacia la candidatura del Patricio Aylwin (DC). El partido no pudo lograr su inscripción y para las elecciones presidenciales llamarían a votar nulo, mientras que para las parlamentarias se apoyaría críticamente a los socialistas de izquierda.

El proceso político chileno decantaría en la asunción de un gobierno democrático-civil, base de una transición pactada y el ocaso de proyectar una revolución en Chile. Mas, la coyuntura internacional sería el ancla para provocar el fin de la experiencia militante. La caída del Muro de Berlín, en un primer momento, mostraría la alegría del partido, se confirmaba la posibilidad de la “revolución política” contra el régimen stalinista del “socialismo real” y la URSS. Una euforia recorrió al trotskismo, llegaba su hora, el movimiento de masas giraría a la izquierda y reencaminaría los Estados Obreros degenerados o burocrático por la senda del socialismo revolucionario, lo que la LIT llamaba “los nuevos octubres” resumidos en las “Tesis del 90”.

Sin embargo, los hechos precipitarían mayores dudas sobre la viabilidad de tal política, hacia octubre-noviembre de 1991 el partido chileno criticaba que no se estaban dando las pautas de la LIT, por el contrario, se iba hacia una restauración capitalista. Las memorias no recordaron este punto, sino que se centraron en los ejes de la crisis y posterior ruptura del (y con) trotskismo. Efectuada la caída de la URSS, tres núcleos serían detonantes de los cuestionamientos hacia el marxismo, el trotskismo y el morenismo en particular: la revolución política; concepción del partido y su rol en la conciencia de clase; desarrollo o no de las fuerzas productivas.

Entre diciembre de 1991 y enero de 1993 el sentido del ser militantes entraría poco o poco en crisis. La caída de la URSS mostraba, según un sector mayoritario de la dirección del partido, la inviabilidad de la cultura política trotskista y su fracaso como alternativa revolucionaria, uniéndose además la pérdida de la identidad morenista al no ser reales las tesis del ’90. La revolución política no iba hacia la izquierda, sino a restaurar el capitalismo; el partido y su modelo bolchevique no era viable por su orgánica y carencia desde el exterior para insertarse en los movimientos políticos y apoyar el desarrollo de la conciencia de clase; el continuum de las fuerzas productivas por la restauración capitalista. Así, la segunda generación que tomó al partido en la crisis de 1987 fue decretando su ruptura y quiebre con el sentido del ser militante: el análisis teórico, propio de la cultura política trotskista, se mostró incorrecto para el grueso del sector plebeyo. No había posibilidad de seguir, era el fin de una experiencia con alrededor de 30 años como promedio de edad.

A enero de 1993 se presentó el Congreso del MAS con posiciones polarizadas y enemigas entre sí, la dirección en pleno del MAS lee una carta y renuncia al partido y abandona a sus ya ex compañeros/as. El partido quedaría en manos de un miembro de la dirección –resistente- al proceso de liquidación con una pequeña base militante, constituida previamente como “Fracción Trotskista Ortodoxa” (FTO), pero al pasar de los años poco a poco se desgranaría. Fiel a la debacle internacional de la LIT, el MAS chileno fue solo un reflejo de un proceso mayor, para 1993 existían cuatro organizaciones trotskistas-morenistas: MAS, PST, JOR, POR.

La crisis internacional en torno al marxismo y la revolución cerraba la época de una “generación dorada” del trotskismo-morenista. El campo de la experiencia condicionó el horizonte de expectativas y el trotskismo quedaría subterfugiamente resguardado en las memorias individuales de quienes algunas vez abrazaron la idea de la revolución socialista mundial. Un partido sin memoria es un barco a la deriva y esa misma memoria la que reconstruirá o no el presente y futuro del trotskismo-morenista en Chile.

Notas:

* Mariano Alejandro Vega Jara es autor de una tesis de doctorado sobre el tema , que puede ser accesada aquí: https://goo.gl/OFaIDj

[1] Laura Restrepo. Demasiados Héroes. Alfaguara, Buenos Aires, 2009, p. 11.

[2] Frente Patriótico Manuel Rodríguez, órgano militar del Partido Comunista creado en 1983 para derrocar a la dictadura, base de su política de “rebelión popular de masas”.

[3] Liga Internacional de los Trabajadores. Órgano mundial  de partidos trotskistas fundado por Nahuel Moreno en 1982 luego de la experiencia con el lambertismo en la CI-CI.

[4] Movimiento Democrático Popular. Frente único de los partidos de izquierda, el PC, el PS Almeyda y el MIR.

[5] Comando Nacional de Trabajadores. Organización sindical que agrupaba a los diversos sindicatos anti-dictadura, liderados por la DC y el PC.

[6] Ver artículo en: <http://blogconvergencia.org/?p=5419>. Consulta Mai./2016.

 

(Tomado de la revista electrónica brasileña Esquerda On Line// Fotografía, lanzamiento campaña de legalización del MAS, 1989)

Los triunfos y derrotas de las izquierdas chilenas

por Ibán de Rementería //

Las pasadas elecciones, con el triunfo parlamentario de las izquierdas en la primera vuelta y su derrota presidencial en la segunda vuelta han generado entre sus dirigentes,  militantes, intelectuales y opinólogos muchos desconciertos y críticas a terceros, así como pocas autocríticas.

Para enfrentar esta adversa situación electoral y la crisis política que causa hay que tener  una impronta de poeta y algo de político, dicho sea de paso un poeta que no sea político es un irresponsable, asimismo un político que no sea poeta carece de capacidad de anunciación y habilidad de convocatoria en el tema de la gestión de la distribución del poder. El asunto electoral no es de mercadeo político –marketing electoral- es el asunto de la anunciación y convocatoria, solo tendrá convocatoria quien haga anunciación. La anunciación es la buena nueva – en nuestra tradición cristiana Jesucristo viene al mundo a redimir a los pobres o a los hombres, según la versión radical o la versión de compromiso. Ahora, la buena nueva es la disposición y el compromiso a luchar por una nueva gestión en la redistribución del poder  para así lograr una mejor redistribución de la riqueza nacional.

El mayor triunfo ideológico de las izquierdas es haberle impuesto los temas programáticos a la derecha antes y después de la primera vuelta, la pauta establecida fue el acceso universal, gratuito y de calidad a la satisfacción de los tres derechos sociales fundamentales: educación, salud y seguridad social, que había impuesto el movimiento social liderado por los estudiantes, las víctimas y los usuarios engañados  de tales servicios – hay un triunfo avant la lettre, piadosamente tapado, al decir la candidata Bachelet de que su hija si podía pagar la matrícula de la universidad y luego desentenderse de aquello.

Guste o no la calle definió los temas programáticos de la política nacional, ese es el fracaso de los partidos políticos tradicionales, tanto de la derecha como de la centro izquierda, les faltó intuición poética , ese fue el primer síntoma de la derrota presidencial en la segunda vuelta. Fue patética la impotencia del Frente Amplio, que al menos había leído a Gramsci, el cual insistía que el mensaje de Guillier debería dirigirse a sus votantes y no a sus dirigentes y cuadros ya que no eran un partido clientelista que podía mandar a votar por tal o cual.

Más allá de las confusiones del rector Peña del ex ministro Marshall sobre cómo se implementan los derechos sociales,  la derecha reclamó el derecho a interpretar la realización de esos temas programáticos ligados a los derechos sociales, y  a rectificarlos de acuerdo a la racionalidad del gran capital financiero que está elevada a la categoría racionalidad universal por el neo liberalismo, por su parte la centro izquierda se comprometió a mantener la satisfacción de esos derechos sociales y perfeccionarlos, mientras que la nueva izquierda se ha propuesto profundizarlos en sus prestaciones y mejorarlos en su gestión.

La diferencia entre las derechas y las izquierdas en cuanto a las políticas públicas de gran impacto económicos y sociales, de la gestión de la distribución del poder que rige la distribución de la riqueza nacional,  está en que para las izquierdas la redistribución del ingreso se logra, en primer lugar, mejorando la capacidad negociadora de los salarios y otros derechos asociados entre trabajadores y empleadores sean estos privados y públicos, la reforma laboral principalmente la titularidad sindical, el derecho de huelga garantizado y la negociación colectiva por rama; en segundo lugar proveyendo mediante servicios públicos que aseguran el acceso a los derechos sociales fundamentales a la educación, salud y seguridad social; en cambio la derecha lo que quiere hacer es que el presupuesto público pague por la atención en educación, salud y seguridad social a los pobres a los “costos reales” del sector privado que incluye los costos operativo, los costos financieros, los costos tecnológicos, los costos de riesgos y los costos de negociación- de eso mucho tiene que contar Odebrecht-  y, claro está, las utilidades. En salud esta relación entre los costos públicos y privados es de cuatro a uno, seguramente algo similar se “cocina” en la educación superior.

El segundo triunfo de las izquierdas, fue su triunfo en las elecciones parlamentarias, en conjunto  la Nueva Mayoría, el Partido Progresista, el Frente Amplio y otros partidos de izquierda obtienen 2.723.159 votos, el 44, 6%,  con  64 diputados; entretanto, las derechas representadas por Chile Vamos y Sumemos  y sus aliados obtiene 2.528.512, votos el 40,2%, con 72 diputados, y; la Democracia Cristiana (DC) y sus aliados 640.612 votos, el 10,6%, con 14 diputados; además,  la Coalición Regionalista Verde con 115.323, el 1,9%, tiene cuatro diputados electos. Todo lo cual vuelve muy instable generar una mayoría en favor de la oposición o el Gobierno, si aquí no hay claras definiciones políticas la “cocina” decidirá.  Sobre todo la mayoría parlamentaria  entre el eventual pacto de los dos tercios menores de la izquierda, el FA, la centro izquierda, PS,PPD y PR, frente al tercio mayoritario de la derecha  la decidirá el cuarto tercio conformado por la DC y la Coalición Regionalista Verde, amanecerá y veremos.

Luego vino la contundente derrota en la segunda vuelta presidencial donde Guillier elevó su votación hasta llegar 3.160.225 votos, el 44,5%, pero Piñera lo hizo hasta llegar a 3.795 896 votos, el 55,6%. Entre los análisis explicativos realizados desde las izquierdas hay dos comentarios en El Mostrador que me llaman la atención, la de Ruiz Moscatelli titulada: “Las Izquierdas al borde del Síndrome Español”, quien afirma que “Parte de las causas del triunfo electoral de Sebastián Piñera y la derecha en Chile se debe  a la confusión de la centroizquierda y la izquierda”, la otra parte del triunfo se debería al uso estratégico del miedo.

Pero el síndrome español lo explica Ruiz así: “Las polémicas de las izquierdas españolas contemporáneas son inteligibles  como podrían llegar a ser las de las izquierdas chilenas. La tragedia de la guerra civil española desangró a las izquierdas en el mundo y todavía marca el desarrollo social y político de España”. Aquí hay un error de atribución, no se debe entender que la derrota en la Guerra Civil sea el origen de las diferencias entre el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Podemos,  fue la transición del régimen franquista a la democracia, los Pactos de la Moncloa, con toda su impunidad ante los horrores y los latrocinios de aquel régimen,   lo que fue generando una nueva izquierda que se va diferenciando del  PSOE y el PC lo cual culmina en Podemos, de igual manera que no es la Unidad Popular , el Golpe y la Dictadura Militar, lo que diferencia en Chile a la NM y al FA, a la vieja y la nueva izquierda, sino que la larga transición de inclumplimientos políticos y corrupciones que van desde 1990 al Gobierno de la Bachelet . Lo que se debe destacar aquí es que ambos fenómenos fueron guiados por la política de los acuerdos. 

La otra crítica es de Rementería Venegas  (es mi sobrino) titulada: “La Izquierda sin el pueblo: las razones de una derrota”, donde afirma que la campaña de Guillier estuvo conducida por una “nomenklatura”, que privilegió un discurso o relato dirigido a un “Chile (que) se había convertido en un país hecho a la imagen y semejanza de un estudiante de posgrado de clase media alta” con propuestas “como la Ley de Identidad de Género, la legalización del cannabis y la ayuda a los start-ups” (emprendimientos tecnológicos promisorios donde se presta plata con participación en las utilidades), en fin “había que conquistar a este supuesto votante de Beatriz Sánchez”, en cambio “Los obreros, campesinos, mineros, vendedores ambulantes, entre otros; que habían sido la base sustentadora del progresismo nacional durante más de 100 años debían ser convenientemente escondidos para buscar el voto de estos nuevos chilenos”. Aquí se plantea un problema de marketing político, de la adecuación del mensaje a los intereses de los destinatarios, a mi entender el asunto es bastante más complejo.

Lo que pasó a la centroizquierda entre la primera y segunda vuelta es que la anunciación de una nueva redistribución del poder tuvo un mayor poder de convocatoria negativa, mal llamada “campaña del terror”, entre los sectores de derecha que normalmente son abstencionistas, sea porque son muy conservadores y anti neoliberales –“derecha social”, “cristianos viejos”-, sea porque son ultra reaccionarios y pinochetistas o neoliberales acérrimos.

En cambio, esa anunciación tuvo poca credibilidad y por tanto limitada convocatoria entre los sectores populares incluidas allí las “clases medias ascendentes”, pero en lo concreto poca también fue la convocatoria entre los viejos izquierdistas desilusionados y los nuevos izquierdistas incrédulos.

Lo cierto es que durante 28 años de la Concertación y la Nueva Mayoría, de ellos 24 en el Gobierno, se ha venido haciendo una convocatoria electoral con una pseudo de convocatoria política, “en la medida de lo posible”, que termina siendo un engaño, tal vez con excepción de los últimos cuatro años del  segundo Gobierno de Bachelet, donde sí se ha intentado instalar y cumplir con algunos compromisos  humanitarios como el aborto por tres causales, o democratizadores  como el fin del sistema electoral binominal, también, con la satisfacción de los derechos sociales a la educación, salud y seguridad social, no obstante en los tres temas tanto en el Gobierno y en el Parlamento como en el debate público se entraron en contradicciones y confusiones que generaron desconfianza y rechazos en la mayoría de la población, lo cual no es de analizar aquí ahora.

El “legado de la Presidenta” es más un gesto de buena voluntad de su entorno que una real voluntad política de los partidos de la Nueva Mayoría. En todo caso esto puede ser  muy importante para defender lo conquistado social y políticamente durante el saliente gobierno ante el nuevo gobierno de las derechas.

Los debates de evaluación y crítica de las izquierdas se mueven entre: si la campaña de Guillier se puso más a la izquierda  de lo necesario, esto parece opinar el entorno personal del candidato, y asustó a las clases medias ascendentes – las clases altas toman té, las clases medias toman “onces” y los sectores populares tomaban “choca”, pues esta última expresión ya no se usa- o, por el contrario, la campaña se puso muy al centro y no convocó ni a la vieja izquierda desengañada ni a la nueva izquierda desconfiada.

El triunfo de la primera vuelta explica la derrota de segunda vuelta, la promesa de la Nueva Mayoría no fue creíble ni para la vieja  ni la nueva izquierda  pero fue una gran amenaza para todas las derechas. ¿Cuantos de quienes votaron por  MEO, Navarro y Artes no fueron a votar en la segunda vuelta por Guillier? Tenemos variadas hipótesis de cómo se repartieron los votos  de Goic y la DC, que no es lo mismo, pero eso no es de aclarar ahora.

Una derrota puede ser una oportunidad, la derrota de las izquierdas es una oportunidad para estas de asumir la necesidad de una construcción programática que no tan solo se proponga asegurar  el pleno acceso a los derechos sociales de las y los chilenos, que además, para tener credibilidad se proponga la recuperación de las rentas y utilidades que producen los recursos naturales de la nación, así como las generadas por las obras públicas y los servicios públicos, para financiar a aquellas, sin subir los impuestos, endeudarse o desfinanciarse, solo así la anunciación de la buena nueva tendrá convocatoria entre la vieja y nueva izquierda y entre el pueblo chileno en general.

2018: el mundo al revés

por Alan Woods //

Donald Trump dio la bienvenida al Año Nuevo a su manera inimitable: rodeado por su clan social y político en los alrededores opulentos de su exclusivo club Mar-a-Lago en Florida, acompañado por un grupo representativo de todos los segmentos de la sociedad estadounidense, desde estrellas de cine a multimillonarios.

“Será un 2018 fantástico”, aseguró Trump a sus invitados, cuando ingresó en el salón de baile dorado de Mar-a-Lago, escoltado por la sonrisa permanente de la primera dama, Melania Trump, y el muñeco de sastre que es su hijo Barron, y predijo que el mercado de acciones continuaría creciendo y los negocios llegarían a Estados Unidos en “un abrir y cerrar de ojos”.

Todo esto fue música para los oídos de sus adinerados invitados que están babeando ante la perspectiva de las jugosas ganancias y los recortes de impuestos que generosamente su héroe se comprometió a ofrecer. Fue una escena verdaderamente inolvidable digna de una secuencia de El Padrino.

El año 2017

Sin embargo, antes de dar la bienvenida al nacimiento del Año Nuevo, examinemos primero el anterior con rigurosa atención. “Creo que este año es probablemente el año con mayor riesgo político desde el final de la Segunda Guerra Mundial”, declaró Brian Klaas, experto en Política Comparada de la Escuela de Economía de Londres, en una entrevista en la CNBC en enero del año pasado.

No estuvo muy desacertado. Pensemos por un momento en los acontecimientos ocurridos en los últimos 12 meses. El año que acaba de pasar a la historia fue testigo de otro cúmulo de terremotos políticos. Y, a pesar de los alardes del último ocupante de la Casa Blanca, es poco probable que el año 2018 sea mejor para el capitalismo mundial.

Trotsky describió la teoría como la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. Pero el año 2017 sembró gran cantidad de sorpresas, y no menos entre los llamados expertos de la burguesía. Hace 12 meses, ¿quién hubiera pensado que los conservadores británicos quedarían tan mal en unas elecciones generales, partiendo de una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas; y que el “inelegible” Jeremy Corbyn terminaría el año como el político más popular de Gran Bretaña?

¿Quién hubiera pensado que, para finales de año, los líderes proindependentistas catalanes estarían disputando unas elecciones desde una cárcel española, y que el presidente del gobierno catalán sería un exiliado político en Bruselas.

¿Quién hubiera pensado que los dos principales partidos en Francia ni siquiera estarían presentes en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales? ¿Y quién hubiera pensado que los Republicanos de Estados Unidos perderían una elección en Alabama: un bastión seguro de la derecha religiosa conservadora?

¿Quién hubiera pensado que Mugabe sería arrojado al basurero después de décadas de gobierno dictatorial, y que Jacob Zuma perdería el control del Congreso Nacional Africano?

Estos son sólo algunos de los terremotos políticos que han sacudido al mundo en solo 12 meses. Son sucesos altamente significativos en sí mismos. Pero desde una perspectiva marxista son síntomas de la crisis general del capitalismo mundial, que encuentra su expresión en la inestabilidad política en todas partes, incluida la nación capitalista más poderosa: los Estados Unidos.

Pesimismo de la burguesía

Los estrategas serios del capital a menudo llegan a las mismas conclusiones que los marxistas, aunque naturalmente desde su punto de vista de clase. La imagen de color de rosa pintada por el señor Trump no es compartida por ningún analista burgués serio sino, de hecho, todo lo contrario.

Según el Grupo Eurasia, una respetada consultora que asesora a los capitalistas sobre posibles riesgos a escala mundial, en su evaluación anual recientemente publicada sobre los principales riesgos geopolíticos, advierte de que el mundo se está moviendo hacia una crisis y un estado de “depresión geopolítica” y que la presidencia de Donald Trump está contribuyendo a la inestabilidad: acelerando las divisiones a nivel nacional e internacional, y desentrañando el orden global que se ha construido dolorosamente durante décadas.

El Grupo Eurasia expresa el temor de que las democracias liberales (es decir, burguesas) sufren un “déficit de legitimidad no visto desde la Segunda Guerra Mundial”, que los líderes están fuera de contacto con la realidad y que este colapso político crea condiciones en que cualquier acontecimiento importante podría tener un efecto devastador en la economía y el mercado global.

El informe comienza con una frase que podría verse como una respuesta a la evaluación entusiasta del señor Trump sobre la economía (excepto que debió de haberse escrito antes de su fiesta de Año Nuevo): “Sí, los mercados están subiendo y la economía no está mal, pero los ciudadanos están divididos. Los gobiernos no están gobernando mucho. Y el orden global se está deshaciendo.”

Y su conclusión no podría ser más diferente de la del Hombre de la Casa Blanca: “En los 20 años desde que comenzamos el Grupo Eurasia, el entorno global ha tenido sus altibajos. Pero si tuviéramos que elegir un año para una gran crisis inesperada, el equivalente geopolítico de la crisis financiera de 2008, sería 2018”.

El factor Trump

El año 2017 comenzó con la asunción del cargo como presidente de Donald Trump, el 20 de enero. Eso en sí mismo fue un choque político de enormes dimensiones. Es, por supuesto, incorrecto atribuir todos los males del mundo a un hombre. Si eso fuera cierto, entonces la solución a la crisis actual sería sencilla: deshacerse de Trump y reemplazarlo por un presidente más “responsable” (es decir, Demócrata). Pero no hay ninguna razón para creer que la situación sería mucho mejor bajo Hillary Clinton o cualquiera de los otros héroes del “centro”.

El intento de explicar los grandes procesos históricos en términos individualistas es una trivialización de la historia que no resiste siquiera el escrutinio más superficial. El marxismo busca los fundamentos de la historia humana en los procesos más profundos que se desarrollan muy por debajo de la superficie y constituyen el marco fundamental sobre el cual los actores humanos desempeñan sus roles. Pero este análisis básico, aunque finalmente decisivo, de ninguna manera agota la cuestión.

Si el intento de explicar la historia en términos de protagonistas individuales es demasiado simple para ser tomado en serio, el intento de negar el papel de los individuos en la historia es igualmente simplista y falso. Si seguimos la teoría de Marx, los hombres y las mujeres hacen su propia historia, aunque no actúan con total libertad y están limitados por factores objetivos que están más allá de su control e, incluso, son invisibles para ellos. Con sus acciones, los actores individuales pueden tener un efecto serio sobre las circunstancias, influyendo en el resultado de los acontecimientos de una forma u otra.

Donald Trump es un ejemplo interesante de este fenómeno. La clase dominante estadounidense no estaba satisfecha con Trump. Sigue descontenta e intenta deshacerse de él. Hay un número de razones para esto. Durante más de 100 años, la vida política de EE. UU. se basó en dos pilares fundamentales: los Republicanos y los Demócratas. La estabilidad del sistema dependía de este equilibrio.

Trump es multimillonario, pero también es un ególatra y un hábil demagogo. Paradójicamente, Trump se dirigió específicamente a los sectores más pobres de la sociedad. Habló mucho sobre la clase trabajadora, algo prácticamente inaudito en las campañas electorales de EE. UU. Todo era mentira, por supuesto, pero cuando habló de las fábricas y minas cerradas, despertó la esperanza en las mentes de las personas desesperadas. Esto tocó la fibra sensible de millones de estadounidenses hartos del sistema que los condena a la pobreza y el desempleo.

En realidad, Trump es sólo otro representante de las grandes empresas. De hecho, él es el rostro crudo y feo del capitalismo, mientras que el llamado centro es el capitalismo que intenta disfrazar su esencia detrás de una máscara sonriente. Trump se ha deshecho de la máscara, y es por eso por lo que la clase dirigente lo detesta.

El establishment se preguntó si podrían controlar a este inconformista multimillonario cuya victoria no desearon pero que no pudieron evitar. No tuvieron que preguntarse por mucho tiempo. El 45º presidente de Estados Unidos tenía prisa por dejar su huella. Hizo campaña con la promesa de “hacer las cosas de manera diferente”. Y así ha sido.

Ha logrado exacerbar todas las contradicciones a escala mundial: entre los Estados Unidos y China, entre los Estados Unidos y Europa y entre los Estados Unidos, Canadá y México. Ha intensificado el conflicto entre Israel y los palestinos y ha creado una atmósfera bélica frenética con Corea del Norte, que ha convertido a Corea del Sur y Japón en objetivos para el arsenal nuclear del “Hombre Cohete” de Pyongyang.

Las aventuras de Trump en el campo de los asuntos exteriores, ciertamente, no tienen precedentes en la historia de la diplomacia mundial. Se lo podría comparar a un elefante en una tienda de porcelana. Su continua emisión de escandalosos tweets proporciona una ruidosa música de fondo a la cacofonía de extravagantes, contradictorios y frecuentemente incomprensibles errores en materia de política exterior, que han conmocionado y consternado a grandes sectores de la clase dirigente del país y en el extranjero.

La doctrina de “América primero” es sólo una nueva versión del antiguo aislacionismo, que siempre fue parte de la tradición política estadounidense. Pero los aliados más cercanos de Estados Unidos están preocupados de que la promesa de “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, se haga a su costa. Y no están equivocados. Si, previamente, había pequeñas grietas en la llamada alianza occidental, ahora se han ensanchado en un abismo enorme.

Ian Bremmer, presidente del Grupo Eurasia, y su presidente, Cliff Kupchan, advierten de que el poder global de Estados Unidos está “llegando a un punto muerto” y de que la filosofía de Trump de atrincheramiento y vía unilateral siembran confusión tanto entre sus aliados como en sus rivales. “‘América Primero’ y las políticas que se derivan de ello – dice el Grupo Eurasia- han erosionado el orden liderado por Estados Unidos y sus protecciones, mientras que ningún otro país o grupo de países está listo o interesado en reconstruirlo… aumentando significativamente el riesgo global”. Éste es un buen resumen de la situación.

Radicalización en los Estados Unidos

Éstos son logros realmente notables en tan sólo 12 meses en la Casa Blanca. La erupción de Trump en el escenario mundial sería suficiente para causar serias preocupaciones en la clase dirigente de los Estados Unidos e internacional. Pero hay otra razón por la cual la clase dominante no se muestra entusiasta con respecto a Donald Trump. La mecánica elemental nos informa de que cada acción tiene una reacción igual y opuesta. Las líneas de falla en la sociedad y la política estadounidenses ya estaban ahí. No fueron inventadas por Trump. Pero con sus discursos y acciones ha intensificado las divisiones agudas en la sociedad estadounidense y ha provocado un aumento notable de la radicalización.

La llegada de Trump a la Casa Blanca fue la señal de una oleada sin precedentes de manifestaciones masivas en todo el país. Las marchas de las mujeres probablemente representaron la mayor protesta en la historia de los Estados Unidos. Entre 3,3 millones y 4,6 millones de personas se manifestaron en Los Ángeles, Washington D.C., Nueva York, Chicago, Seattle y otras ciudades y pueblos de EE. UU. Ésta fue la primera de muchas más.

El año terminó con una asombrosa derrota Republicana en Alabama: un escaño conservador y fuertemente republicano que Trump había ganado con un margen del 30 por ciento en las elecciones presidenciales. Ése fue otro terremoto político, el cual no fue previsto por los “expertos” o las encuestas de opinión.

Es demasiado pronto para decir cuánto tiempo puede sobrevivir Trump. Su apoyo más importante se encuentra en la bancarrota de los Demócratas y la demora en un movimiento significativo de la clase trabajadora. La actual Administración puede prolongarse, a pesar del espectáculo sin precedentes de una división abierta en la clase dominante. ¿Cuándo en el pasado vimos un conflicto abierto entre un presidente estadounidense y los medios, el FBI, la CIA y todo el cuerpo de los Servicios de Inteligencia de los EE. UU.?

A pesar de las predicciones confiadas del Sr. Trump, el año 2018 verá muchos más trastornos de este tipo, que en el fondo son un reflejo de la inestabilidad que es una característica fundamental del presente período de la crisis capitalista mundial.

Francia y Gran Bretaña

Para los marxistas, el significado de estos trastornos políticos no es difícil de entender. La crisis del capitalismo se manifiesta en una inestabilidad general: económica, social y política. Han transcurrido diez años desde el colapso financiero de 2008 y la burguesía está lejos de resolver la crisis económica. Todos los intentos de los gobiernos para restablecer el equilibrio económico sólo han servido para destruir el equilibrio social y político.

Vemos esto en un país tras otro. Donald Trump y Bernie Sanders, aunque son muy diferentes, son manifestaciones del mismo fenómeno. También lo son Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Jean-Luc Mélenchon en Francia, Syriza en Grecia y Podemos en España. Todas estas cosas son reflejos del descontento general, la ira y la frustración que se agitan debajo de la superficie de la sociedad. Esto está causando alarma en las filas de la burguesía y sus estrategas.

El surgimiento de un “sentimiento antisistema cada vez más tóxico” está erosionando la confianza en las instituciones políticas de los países democráticos, así como en los medios de comunicación y el sistema electoral en los Estados Unidos. La debilidad en estas instituciones puede conducir a la inestabilidad, el autoritarismo, las políticas impredecibles y el conflicto.

Lo que estamos viendo en los Estados Unidos y en todos lados es el colapso del llamado centro. El pequeño grupo de élites no representativas que detentan el poder no está, naturalmente, satisfecho con esto. Ven correctamente la creciente polarización hacia la izquierda y la derecha como una amenaza a sus intereses.

Quedaron, comprensiblemente, encantados el pasado mayo, cuando un candidato poco conocido del ‘centro’, Emmanuel Macron, derrotó a Marine Le Pen para convertirse en el presidente más joven de Francia. Ninguno de los partidos tradicionales llegó a la segunda votación. Los medios hicieron mucho ruido al respecto. Afirmaron que Macron había conseguido una mayoría absoluta. Eso no es verdad. La mayoría absoluta fue, de hecho, el 70 por ciento de las personas que no votaron por él. Tampoco mencionaron los medios el hecho de que el político más popular en Francia era el izquierdista Jean-Luc Mélenchon.

En realidad, el centro político es una ficción. La sociedad se divide cada vez más entre un pequeño grupo de personas que controlan el sistema y una abrumadora mayoría que se está empobreciendo y se encuentra en abierta rebelión contra el sistema. “Conquistar el centro” fue una idea de Tony Blair (fundador del ‘Nuevo Laborismo’ y primer ministro británico de 1997 a 2007).

La idea es puerilmente simple: tratar de encontrar un acuerdo entre los partidos de las diferentes clases. Pero hay un pequeño problema. Tal acuerdo es imposible, porque los intereses de estas clases son completamente antagónicos, de hecho, incompatibles. Este antagonismo se puede disfrazar temporalmente en períodos de auge económico, pero se vuelve notoriamente obvio en situaciones como la actual, cuando el capitalismo se encuentra en una profunda crisis.

El voto a favor del Brexit de junio de 2016 fue el salto de Gran Bretaña a la oscuridad. Ése fue otro terremoto político, cuyos resultados apenas comienzan a sentirse ahora. En un intento desesperado por apuntalar la débil posición de negociación de Gran Bretaña la primavera pasada, Theresa May convocó elecciones anticipadas. Esta decisión fue tomada bajo el supuesto (compartido por todos) de que los conservadores no podrían perder.

Las encuestas de opinión daban a los conservadores una ventaja de 20 puntos sobre los laboristas. La prensa entera fue unánime en que, bajo el liderazgo del izquierdista Jeremy Corbyn, los laboristas nunca podrían ganar unas elecciones. Recordemos que el ala de derecha laborista, que tiene una aplastante mayoría en el grupo parlamentario del Partido Laborista, ha estado tratando de deshacerse de Corbyn de todas las formas posibles en los últimos dos años con el respaldo de los medios, que organizaron una campaña de vilipendio sin precedentes contra este líder laborista.

Sus esfuerzos fracasaron. Pero una vez más se preparaban para expulsarlo tan pronto como se anunciara la derrota del laborismo, que tanto deseaban fervientemente y confiadamente esperaban. Pero para asombro de todos, los laboristas lucharon en las elecciones con un programa de izquierda y avanzaron. El Partido Conservador perdió su mayoría parlamentaria y el presuntamente inelegible Jeremy Corbyn se convirtió en el político más popular de Gran Bretaña.

No hace mucho, Gran Bretaña era uno de los países más estables de Europa. Ahora es uno de los más inestables. El resultado del Brexit y el fermento en Escocia eran síntomas de profundo descontento, que existían pero no encontraban ningún medio para expresarse. En la persona de Jeremy Corbyn, este descontento masivo ha encontrado una expresión política que representa un gran giro hacia la izquierda y presenta grandes oportunidades para organizaciones como la que aquí representamos, la Corriente Marxista británica, que entendió este fenómeno que todos los grupos pseudo-trotskistas se negaron a ver durante décadas.

Cataluña

La crisis en Cataluña es un reflejo del callejón sin salida del capitalismo español y la consecuencia de las traiciones del estalinismo y del reformismo que llevaron al aborto de la Constitución de 1978. Esa traición permitió a la putrefacta clase gobernante española preservar partes importantes del antiguo régimen franquista detrás de una fachada “democrática”.

Ahora, 40 años después, las gallinas vuelven al gallinero. El pueblo de Cataluña experimentó la realidad de la democracia española cuando los golpes de porras policiales cayeron sobre las cabezas de ciudadanos desarmados e indefensos, hombres y mujeres, jóvenes y personas mayores, cuyo único “crimen” fue el deseo de votar sobre el futuro de su país.

Los líderes de este movimiento hicieron todo lo posible por persuadir al gobierno de derecha de Rajoy en Madrid de que, por supuesto, no se tomaban en serio la independencia. “Proclamaron” una Cataluña independiente, pero también declararon que “no se haría efectiva”. Se comportaron como generales que movilizan al ejército, lo colocan en pie de guerra y provocan al enemigo para que pase a la acción, para luego ondear la bandera blanca. No se puede imaginar una manera más segura de desmoralizar a las tropas.

Pero si los líderes catalanes imaginaban que esta maniobra los salvaría de la ira de sus enemigos, estaban tristemente equivocados. La debilidad invita a la agresión. Las fuerzas de Madrid detuvieron a los principales líderes del movimiento independentista, que fueron encarcelados acusados ​​de planear una insurrección, abolieron los poderes del gobierno autónomo catalán e impusieron el gobierno directo para aplastar el movimiento independentista. El presidente catalán, Carles Puigdemont, huyó al exilio en Bélgica.

Los nacionalistas burgueses catalanes imaginaban con seguridad que obtendrían el respaldo de la Unión Europea, pero pronto se curaron de esta ilusión. Bruselas y Berlín les dieron a entender en los términos más inequívocos que un Estado catalán independiente no sería reconocido por Europa. ¡Hasta aquí las credenciales democráticas de los líderes de la UE!

Si el partido gobernante del PP pensó que podría resolver el problema mediante el uso de la fuerza bruta, también se equivocó. Marx explicó que la revolución necesita el látigo de la contrarrevolución. El sábado, 21 de octubre, 450.000 personas se concentraron en Barcelona ​​y decenas de miles se manifestaron en otras ciudades de toda Cataluña para exigir la libertad de los líderes encarcelados.

Las elecciones catalanas del 21 de diciembre representaron una bofetada para el gobierno español. Estas elecciones tuvieron lugar en condiciones excepcionales, comenzando por el hecho de que fueron convocadas por el gobierno español después de inhabilitar al gobierno catalán y disolver su parlamento. Ocho candidatos prominentes de los partidos independentistas están en la cárcel o en el exilio y, por lo tanto, se les impidió participar en la campaña. Incluso fueron castigados por las autoridades de la prisión por enviar mensajes, que se leyeron durante los mítines electorales. Todo esto se hizo utilizando los poderes que se derivan del artículo 155 de la Constitución de 1978.

A pesar de todo, la participación del 81,94 por ciento fue la más alta, no sólo de las elecciones al Parlamento de Cataluña, sino también de las elecciones parlamentarias españolas en Cataluña y en toda España. El partido gobernante español (el PP) quedó reducido a tres escaños en Cataluña y el bloque independentista volvió a conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Por lo tanto, estamos exactamente en la misma situación que antes.

Pase lo que pase en los próximos meses, nada volverá a ser lo mismo en Cataluña ni en España. Se han desatado fuerzas que desgarrarán el falso e hipócrita “consenso” que engañó al pueblo acerca de una alternativa genuinamente democrática a la odiada dictadura de Franco. Rajoy y el PP son los verdaderos herederos de ese régimen, que pisoteó brutalmente a la gente en el pasado y continúa pisoteándola hoy.

Los movimientos de masas en Cataluña son sólo el primer síntoma de una revuelta contra esa dictadura. El mismo espíritu de rebelión se manifestará tarde o temprano en todo el país.

Riqueza y pobreza

El descontento que crece en todas partes es una expresión de la extrema polarización: la concentración de capital, que Marx predijo hace mucho tiempo y la cual se han empeñado en negar economistas y sociólogos desde entonces.

¿Quién puede hoy negar la verdad de la predicción de Marx? La concentración de capital ha tenido lugar en condiciones de laboratorio. En la actualidad, menos de 200 grandes corporaciones controlan el comercio mundial. La inmensa riqueza se concentra en manos de unos pocos. Sólo en 2017, los multimillonarios del mundo aumentaron su riqueza global combinada en un quinto.

Según Josef Stadler, director global de la división Ultra High Net Worth en UBS, hoy “la desigualdad de la riqueza está en su punto más alto desde 1905”. El 1% más rico del mundo posee la mitad de la riqueza del mundo, según un nuevo informe que destaca la creciente brecha entre los súper ricos y todos los demás.

Un informe del Crédit Suisse mostró que las personas más ricas del mundo vieron aumentar su riqueza del 42 %, en el punto álgido de la crisis financiera de 2008, al 50.1 % en 2017, es decir, 140 billones de dólares. El informe dice:

“La parte del 1% más rico ha seguido una senda ascendente desde [la crisis], pasando el nivel 2000 en 2013 y alcanzando nuevos máximos cada año a partir de entonces”. El banco también dice que “la desigualdad de la riqueza global ha sido ciertamente alta y ha aumentado en el período posterior a la crisis.”

El aumento de la riqueza entre los ya muy ricos llevó a la creación de 2,3 millones de nuevos millonarios durante el año pasado, alcanzando un total de 36 millones. “El número de millonarios, que cayó en 2008, se recuperó rápidamente después de la crisis financiera, y ahora es casi tres veces la cifra de 2000”.

Estos millonarios, que representan el 0,7 por ciento de la población adulta del mundo, controlan el 46 por ciento de la riqueza global total que ahora se ubica en la asombrosa cifra de 280 billones de dólares.

Ése es un lado de la balanza. En el otro extremo del espectro, los 3.500 millones de adultos más pobres del mundo tienen activos de menos de 10.000 dólares. En conjunto, estas personas, que representan el 70 por ciento de la población mundial en edad de trabajar, representan solo el 2,7 por ciento de la riqueza mundial. Para millones de personas, es una cuestión de vida o muerte.

En 2017, en 45 países, se calcula que 83 millones de personas necesitaron asistencia alimenticia de emergencia, más del 70 por ciento más que en 2015. Y en 2018, la cifra podría alcanzar los 76 millones.

Yemen es un caso particularmente escandaloso. Como resultado de la bárbara guerra de agresión librada por Arabia Saudita y sus aliados, 17 millones de yemeníes no tienen lo básico para comer, y más de 3 millones de niños y mujeres embarazadas y lactantes sufren de desnutrición aguda. La hipocresía de los medios occidentales ha hecho que se ignoren en gran medida estas atrocidades perpetradas por los mafiosos sauditas, que deliberadamente usan el hambre como arma de guerra.

Importancia del factor subjetivo

En los últimos años, Oriente Medio ha presentado una imagen de reacción atroz: guerra, guerra civil, derramamiento de sangre, fanatismo religioso, masacres y caos. La clave de esta situación se encuentra en tres países: Egipto, Turquía e Irán. Estos son los países donde el proletariado es más fuerte y tiene tradiciones revolucionarias. Si se hace un análisis superficial, en los tres países existe una reacción férrea. Pero tal evaluación es fundamentalmente defectuosa.

Las masas egipcias hicieron todo lo que estaba en su poder para cambiar la sociedad. Fue la ausencia de dirección, y sólo eso, lo que llevó al magnífico movimiento de 2011 a un callejón sin salida. Y como la naturaleza aborrece el vacío, Sisi y los demás generales del ejército reaccionario ocuparon el espacio vacío. Como resultado, los trabajadores y campesinos egipcios se han visto obligados a pasar una vez más a través de la dura escuela de la reacción. Pero, tarde o temprano, resucitarán. La dictadura de Sisi es una choza desvencijada construida sobre cimientos de barro. Su debilidad fatal es la economía. El pueblo de Egipto necesita pan, trabajo y vivienda, que los generales son incapaces de proporcionar. Las futuras explosiones son inevitables.

En Turquía también, el potencial revolucionario de las masas se demostró con el levantamiento de 2013. Fue finalmente aplastado, y Erdogan logró desviar la atención de las masas al jugar la carta del nacionalismo turco y desencadenar una guerra brutal contra los kurdos. Pero el nacionalismo no puede poner el pan en la mesa de los millones de turcos desfavorecidos. Tarde o temprano comenzará una reacción contra el régimen. Y hay señales de que ya ha comenzado. Debemos observar a Turquía de cerca en el próximo período como una de las claves de Oriente Medio.

La mayoría de la población mundial es joven. Y al menos el 60 por ciento de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad están desempleados en todo el mundo. El descontento latente de estos jóvenes fue lo que provocó la revolución árabe hace unos años.

Ahora vemos el mismo fenómeno repetido en las calles de pueblos y ciudades de todo Irán. Como de costumbre, este movimiento surgió de repente, sin previo aviso, como una piedra pesada arrojada a las aguas de un estanque en calma. Sorprendió y asombró a todos los autodenominados expertos, especialmente, a los viejos, cínicos y cansados ​​analistas de la llamada izquierda, cuya principal marca es el escepticismo y una creencia muy arraigada de que nunca pasará nada y de que las masas nunca se moverán. Todas estas personas “inteligentes” se quedaron con la boca abierta ante este movimiento que, según ellos, nunca iba a suceder.

“Pero estas manifestaciones son más pequeñas que las de 2009”, los escépticos se apresuran a tranquilizarnos. Sí, más pequeñas pero mucho más radicales, más impetuosas, más audaces y menos cautelosas. Con la velocidad de la luz, las demandas de los manifestantes pasaron de demandas económicas a políticas, desde el desempleo y el alto costo de la vida hasta exigir el derrocamiento de todo el régimen. Los manifestantes derribaron carteles del Líder Supremo Ayatolá Jamenei, algo extremadamente peligroso y prácticamente inaudito en Irán. Incluso hubo algunos informes de ataques a retratos del difunto ayatolá Jomeini.

¿Quiénes eran estos manifestantes? Eran principalmente jóvenes, pobres, desempleados, no los estudiantes universitarios que predominaron en todas las protestas anteriores. No estaban organizados, no pertenecían a ningún grupo político y no tenían una idea guía, salvo el deseo ardiente de cambio. Ése es el punto de partida de cada revolución.

El régimen fue sacudido hasta sus cimientos. Este movimiento, precisamente por su contenido de clase, representa una amenaza potencialmente mucho más peligrosa que los millones de personas que salieron a las calles de Teherán en 2009. Sus vacilaciones parecen a primera vista incomprensibles. Dado el tamaño relativamente pequeño de las manifestaciones, el poderoso aparato represivo en manos de los mulás seguramente sería más que suficiente para haber sofocado esta protesta, como un hombre apaga una vela con dos dedos.

Y sin embargo, mientras escribo estas líneas, el régimen aún no ha lanzado una campaña seria de represión. El perro ladra pero no muerde. ¿Por qué? Hay dos razones principales. En primer lugar, el régimen está dividido y es mucho más débil de lo que era en el pasado. En segundo lugar, entiende que detrás de los jóvenes que se están manifestando hay millones de iraníes que están cansados ​​de años de pobreza extrema, desempleo y aumento de los precios de los alimentos.

Hace tiempo que perdieron la fe en los mulás que simulaban moralidad y honestidad, pero que son tan corruptos como lo fueron en el pasado los funcionarios del Sha. Cualquier movimiento en contra de los manifestantes provocaría una reacción violenta que volvería a ver a millones en las calles, sólo que esta vez serían trabajadores, no sólo estudiantes y gente de clase media.

En este momento, es difícil predecir exactamente cuál será el futuro de esta rebelión. Su principal debilidad es la falta de organización. Sin un plan de acción claro y una firme comprensión de las tácticas y la estrategia, el movimiento puede disipar sus energías en una serie de acciones descoordinadas que fácilmente pueden degenerar en simples disturbios. Eso es lo que el régimen espera ansiosamente. Una vez más volvemos a la pregunta central: la de la dirección revolucionaria.

En 1938, León Trotsky escribió que se podía reducir la crisis de la humanidad a la crisis de la dirección del proletariado. Ha habido muchos movimientos revolucionarios en el pasado reciente: en Egipto, en Turquía, en Irán, en Grecia. Pero en todos los casos, las masas se vieron frustradas por la falta del factor subjetivo: un partido y una dirección revolucionarios. Si en Egipto, en el momento del derrocamiento de Mubarak, hubiera existido incluso un pequeño partido revolucionario, la situación hubiera sido diferente.

Recordemos que en febrero de 1917 los bolcheviques contaban con tan sólo 8.000 miembros en un país enorme, principalmente campesino, de 150 millones. Sin embargo, en tan sólo nueve meses se transformaron en un poderoso partido capaz de conducir a los obreros y campesinos a la toma del poder.

Al ingresar en el Año Nuevo, podemos estar seguros de que nuevas posibilidades revolucionarias se presentarán en un país tras otro. Irán muestra que los cambios bruscos y repentinos están implícitos en toda la situación. Debemos estar preparados para aprovechar cada oportunidad para difundir las ideas del marxismo, construir nuestras fuerzas, conectarnos con las masas, comenzando por las capas más avanzadas, y construir las fuerzas del marxismo en todas partes.

En cuanto a los cobardes, los apóstatas y los escépticos que niegan la perspectiva de la revolución, sólo podemos encogernos de hombros y repetir las desafiantes palabras pronunciadas por Galileo Galilei: Eppur si muove [“Y sin embargo se mueve”].

Tony Cliff: la clase trabajadora y los oprimidos

¿Por qué Carlos Marx daba tanta importancia al papel de la clase trabajadora? No fue por la cantidad de personas que la componían. De hecho, cuando Marx escribió el Manifiesto Comunista, los únicos dos países donde se había completado la Revolución Industrial eran Inglaterra y Bélgica.

A nivel internacional, la clase trabajadora era pequeña. Sin embargo, hoy en día sólo en Corea del Sur hay más trabajadores de los que había en el mundo entero en los tiempos de Marx. Incluso ahora, a finales del siglo veinte, la clase trabajadora no ha llegado a constituir la mayoría de la humanidad. Esa mayoría la componen los campesinos.

Marx eligió a la clase trabajadora porque decía que es el sujeto de la historia, a consecuencia de encontrarse en una situación colectiva. Según él, la clase trabajadora no es una colección de personas, sino un colectivo. Hay una diferencia enorme entre estas dos condiciones.

En Rusia, por ejemplo, quienes más sufrían antes de 1917 no eran los trabajadores. Los 40.000 trabajadores de la fábrica de Putilov, en Petrogrado, tenían los salarios más altos. Sin embargo, fueron ellos los que constituyeron la base del partido bolchevique. Además, los trabajadores poseían mayor nivel cultural que los campesinos ‹cerca del 80% de trabajadores sabían leer y escribir‹.

De ahí que podamos concluir que el aspecto más importante en cuanto al protagonismo de la clase trabajadora no tiene que ver con las privaciones ni con el sufrimiento, sino con el hecho de que la clase trabajadora constituye un colectivo.

Por este motivo, Marx describió a la clase trabajadora como una clase unificada y universal. De tal forma que será la clase trabajadora la que, a la hora de su autoemancipación, liberará a la vez a toda la humanidad a la vez, porque hay que romper las cadenas del capitalismo allí donde se forgen.

En cambio, si se considera que los liberadores pueden ser el conjunto de los oprimidos, esto nos presenta un problema difícil de resolver. Es verdad que hay muchos más oprimidos en el mundo que trabajadores. Hay miles de millones de mujeres oprimidas, de negros oprimidos, de asiáticos, de gays y de judíos. La cantidad casi no tiene límite.

¿Se les puede considerar un colectivo? De ninguna manera. Los oprimidos no se juntan de forma automática para luchar contra la opresión. Una alianza amplia entre los oprimidos no podría resistir ni cinco minutos la prueba de la lucha.

No es verdad que porque uno sea gay, automáticamente vaya a apoyar la lucha de los negros, o porque uno sea negro vaya a apoyar la lucha de los gays, o porque uno sea gay vaya a apoyar la lucha de los judíos.

Y si alguien tiene alguna duda, sólo hay que ver la realidad cotidiana. Por ejemplo, no es verdad que los que atacaron a los judíos en la Alemania de Hitler fueran exclusivamente heterosexuales. Entre los antisemitas más feroces se contaban los gays alemanes. ¿Por qué? Porque en la mente de los nazis el ser gay equivalía a ser inferior a los demás. Pero si uno llevaba chaqueta y botas de cuero y una esvástica en la solapa, uno se sentía un ser superior en comparación con un judío o con una mujer.

De la misma manera, si se tienen dudas sobre las relaciones entre las mujeres y los negros basta con hacer cola en la parada del autobús. Si el autobús llega con cuarenta minutos de retraso y el conductor es negro, se escucharán comentarios desagradables y sobre todo racistas por parte de las mujeres.

Esto se debe a que, como individuos, esas mujeres sufren terriblemente. Viven en bloques, probablemente no tienen dinero suficiente, o el bebé les ha mantenido despiertas toda la noche. Quizá, ni después de tomar un Valium consiguieron dormir y por eso se descargan con el conductor negro.

Divisiones entre los oprimidos

Mucha gente no parece creer que esto pueda pasar. Dicen, “una mujer está oprimida, un negro está oprimido, así que los dos harán causa común.” Pero la verdad es que no es así. El unirse de esta forma no es en absoluto automático.

No es ni tan siquiera verdad que los que sufren de la misma opresión se unan. Si fuera verdad, Marx no habría escrito, “Proletarios de todos los países, uníos!” Habría escrito, “Oprimidos de todos los países, uníos!”

Al referirse a la clase trabajadora, Marx nunca usó la palabra “oprimidos”, porque en primer lugar sabía que distintos grupos de personas oprimidas no se unen, ni tan siquiera ante la opresión que sufren en común.

Hace miles de años que las mujeres están oprimidas. Pero es ilusorio pensar que exista un nexo entre todas las mujeres. La historia de la esclavitud demuestra que las mujeres han sido tanto dueñas como torturadoras de las mujeres esclavas.

Repetidas veces la historia demuestra que ha habido divisiones entre las mujeres porque pertenecían a distintas clases sociales. La Comuna de París es un buen ejemplo. Las Comuneras eran unas luchadoras excelentes. Según el corresponsal del Times en París, en un artículo sobre la Comuna: “si París hubiera estado lleno de mujeres la revolución habría triunfado”. Aunque sea una exageración, la verdad es que sí que fueron valientes. Sin embargo las mujeres ricas celebraron la llegada de las tropas victoriosas de Versailles pinchándoles los ojos con la punta del paraguas a las mujeres de la Comuna.

Los oprimidos no se unen por la sencilla razón de que ellos mismos están divididos en clases. Las mujeres capitalistas no tienen igualdad de derechos en comparación con los hombres capitalistas. En Gran Bretaña sólo el 40% de las acciones de las compañías británicas pertenecen a mujeres, a pesar de que más del 40% de la población son mujeres. Pero la distancia entre el hombre que es accionista y la mujer que también lo es, es mucho más pequeña que la distancia entre las accionistas y las mujeres que no son dueñas de nada.

El elemento clave en la lucha es la cuestión del poder. La concienciación no surge porque la gente se ponga a pensar: ¿Cómo vamos a concienciarnos? La concienciación surge de que la gente sienta seguridad en sí misma y se encuentre en forma para pelear. Así es como cambia.

La revolución de la conciencia

En Rusia, antes de 1917, los judíos sufrían una fuerte opresión. En 1881 hubo pogromos (matanzas y robos) contra los judíos en cientos de pueblos y aldeas. A los judíos no se les permitía vivir ni en Moscú ni en Petrogrado.

En 1917 todo cambió. El presidente del Soviet de Petrogrado, Trotsky, era judío. El presidente del Soviet de Moscú, Kamenev, también era judío. El presidente de la República Soviética, Sverdlov, también lo era. Y cuando Trotsky se colocó al frente del Ejército Rojo, lo reemplazó como presidente en Petrogrado, otro judío, Zinoviev.

Los millones de personas que los eligieron eran hijos de personas que habían tomado parte en los pogromos. No cambiaron de parecer por haber leído el Manifiesto Comunista, sino porque en el curso de la lucha se enorgullecieron de sí mismos hasta tal punto que no tuvieron necesidad de buscar chivos expiatorios en los demás. En esas circunstancias era absolutamente lógico que eligieran a Trotsky.

La cuestión del poder es la clave. Esa sensación de seguridad es fundamental. Lord Acton dijo que “el poder corrompe y que el poder absoluto corrompe absolutamente”. El refrán debió de decir: “El poder corrompe, y la falta de poder corrompe absolutamente”.

No hay nada peor que la sumisión. No hay nada mejor que la lucha, que la pelea. La lucha genera confianza. El hecho más terrible es que los oprimidos, en tanto que son una colección de individuos, no experimentan la sensación del poder. Por eso no crecen ni emocional, ni intelectualmente.

La mayor hazaña de la Revolución Rusa no fue el realizar huelgas de masas, ni tan siquiera la creación de los Soviets. Lo más grande y maravilloso fue el crecimiento espiritual de los trabajadores rusos. La falta de poder no da lugar a ese crecimiento.

Hay dos ejemplos que lo demuestran.

Sergei Zubatov era jefe de la Okrana (la policía secreta del Zar) en Moscú y decidió organizar a los sindicatos para apoyar al Zar. Zubatov era un hombre muy inteligente y escogió a los trabajadores judíos para organizar estos sindicatos. Según él, los trabajadores judíos eran diferentes de los rusos. Los trabajadores rusos eran antisemitas, lo cual implicaba que los trabajadores judíos tendrían que organizarse por separado.

Los trabajadores judíos hicieron lo que se les pedía porque no se fiaban de los rusos. Pero no eran lo suficientemente fuertes como para sobrevivir por su cuenta. Puesto que no pudieron luchar solos contra el régimen zarista y contra los trabajadores rusos a la vez, terminaron por colaborar con el régimen. El jefe de los colaboracionistas, del lado ruso, fue un hombre llamado Plehve que era ministro del interior en aquel tiempo. Tenía ese mismo puesto cuando en 1881 organizó los pogromos contra los judíos.

El hecho de que los judíos sufrieran terriblemente en el pogromo no los convirtió en antizaristas. Por el contrario, debido a su carencia de poder, muchos colaboraron con el Zar.

El otro ejemplo es el de los Panteras Negras en EEUU, en la década de los ’60.

Los Panteras fueron luchadores tremendamente valientes, pero tenían un problema. Los negros constituyen aproximadamente un 10% de la población de EEUU y no se puede vencer al capitalismo norteamericano con sólo el 10% de la población. Los Panteras Negras lucharon. Muchos murieron asesinados por el Estado. Los que quedaron fueron incorporados al sistema a causa de su falta de poder.

Las consecuencias están a la vista. Hay alcaldes negros en 200 ciudades aproximadamente. Hasta en programas televisivos como Starsky y Hutch el jefe de la policía es interpretado por un negro. Los blancos otorgaron ciertas concesiones a un sector de los negros. Pero para la inmensa mayoría de los negros esto no significaba nada.

Uno de los ejemplos más patéticos hoy día es Eldridge Cleaver, que fue el teórico de los Panteras y que solía definirse como marxista. Cuando apareció en la televisión de Londres, al responder a una pregunta dijo que había dejado de ser marxista porque cuando su mujer le dio un hijo, supo que Dios existía. Como respuesta a la pregunta: “¿Cuándo dejó Vd. de ser leninista?” dijo: “Un día miré hacia las nubes y vi la imagen de Lenin; luego las nubes se dispersaron y comprendí que el leninismo es efímero.” La explicación real era, por supuesto, la carencia de poder. La adaptación al status quo. Esto es lo que pasa con todos los movimientos que no tienen poder.

De modo que para los socialistas el problema clave es muy sencillo. Los oprimidos solamente tendrán poder cuando se unan con el poder decisivo de la clase obrera. Cuando Marx dijo que la historia de la sociedad es la historia de la lucha de clases, quiso decir que hay una postura estratégica y que todo está determinado en relación a esa postura.

Las luchas de las trabajadoras

Las mujeres de Gran Bretaña mostraron mayor confianza en sí mismas en la época de auge de la lucha. El período comprendido entre 1968 y 1974 fue maravilloso. En el ’68 las trabajadoras de la Ford fueron a la huelga y pararon toda la fábrica de Ford en Dagenham, Inglaterra. En 1969 tuvo lugar la primera huelga de profesores, la mayoría de los cuales eran mujeres. Vimos la primera huelga de enfermeras, una gran huelga nacional.

Las mujeres hicieron avances extraordinarios en aquellos momentos. Al mismo tiempo, avanzaban los hombres. Fue el período de la huelga portuaria del ’72 y de las huelgas mineras del ’72 y el ’74.

Mujeres y hombres marchaban juntos como un gran ejército. Cuando ese ejército comenzó a retroceder, todos retrocedieron. Es más, las mujeres retrocedieron más que los hombres. Tenían menos poder y en consecuencia, no podían mantenerse solas.

La batalla no la puede librar un sector sólo. Tenemos que comprender que dependemos los unos de los otros. Los socialistas tenemos que rechazar la idea de que porque la gente sea diferente tiene que estar separada.

El ser marxista implica reconocer que no es lo mismo ser un hambriento en Etiopía que ser un jubilado en Europa. Y que ser un jubilado en Europa es diferente de ser un parado en Europa. Si eres reformista crees que hay una solución para el pueblo de Etiopía, otra solución para los jubilados, y otra para los parados en Gran Bretaña.

Sin embargo, el capitalismo es la causa del desempleo, de la hipotermia * y del hambre en Etiopía. Como todos estamos en el mismo barco (aunque en diferentes lugares y condiciones) no existen soluciones separadas.

Hay cientos de caminos que llevan a Roma, pero hay una sola Roma. Hay cientos de razones para ser socialista, pero sólo hay un socialismo. Por eso, la idea del separatismo es catastrófica.

El separatismo tiene una base muy sencilla. Se basa en un supuesto conflicto de intereses entre todos nosotros. A primera vista parece absolutamente cierto. Mi padre me decía en los años treinta: “Los alemanes y los judíos tienen un conflicto de intereses. Por eso soy sionista.” En cierto modo tenía razón. Los alemanes mataron a los judíos. Los judíos no mataron a los alemanes. Allí sí que hubo un conflicto de intereses.

La mayoría de los alemanes creía que había un conflicto de intereses, porque las ideas dominantes en la sociedad son las ideas de la clase dominante.

La mayoría de los judíos creía sinceramente que había un conflicto de intereses porque si los alemanes te están matando, esto quiere decir que ellos son el verdadero enemigo. Parece completamente lógico. Por eso el sionismo surge como un fenómeno natural.

La organización socialista separatista judía en Rusia, el Bund, solía decir: “nosotros no odiamos a los rusos, pero los rusos no nos entienden.” La respuesta de Lenin fue que si los trabajadores rusos no podían unirse a ellos, no había esperanza para el socialismo.

En 1903, cuando el Bund reivindicaba la idea de la autonomía de los trabajadores judíos, Lenin ‹consciente del riesgo de que le llamaran antisemita‹ hizo que diez de los más prominentes revolucionarios judíos redactasen una declaración contra la autonomía de los judíos. En realidad, los del Bund eran sionistas metidos en un barco pero sin tierra adonde llegar. Aceptaban los principios de los sionistas en los que los judíos y los gentiles tenían un conflicto de intereses, lo cual parece cierto a simple vista.

Cuando una mujer se levanta a las dos de la mañana para alimentar al bebé está claro que el hombre se beneficia de ello, ¿verdad? Parece todo tan obvio. Igual que los judíos y los alemanes. Pero cuando uno examina más detenidamente las suposiciones, se ven claramente los fallos que tienen.

Los trabajadores protestantes de Irlanda del Norte piensan que pegarles a los católicos les beneficia a ellos. De otro modo no lo harían. Es probable que el protestante consiga trabajo antes que el católico, y que tenga más dinero. Pero ese mismo trabajador gana menos que uno de Birmingham o de Glasgow.

Un trabajador blanco que da patadas a uno negro en el Sur de Estados Unidos, piensa que tiene ventaja porque gana más que los negros. Pero los trabajadores blancos ganan mucho más en el Norte (de hecho, los negros del Norte cobran más que los blancos del Sur). Cuanto más bajos sean los sueldos de los trabajadores negros, más bajos serán los de los trabajadores blancos. Los trabajadores negros y blancos se benefician, tanto en términos proporcionales como en términos absolutos, si el otro mejora su situación. Esto es igual de válido si se compara a los hombres y a las mujeres de la clase trabajadora.

El problema es que, a primera vista, las cosas no parecen ser así. Parece que haya un conflicto de intereses entre distintos grupos de trabajadores.

Con razón, Marx siempre odió la idea del llamado ‘sentido común’, porque en la realidad, el sentido común no es ni más ni menos que la materialización de las ideas dominantes en nuestra sociedad. Algunos trabajadores dicen: “El capitalista está obteniendo muchas ganancias, y eso es mucho mejor que si tuviera escasas ganancias”. Se supone que todo el mundo sabe que de ese modo el puesto de trabajo está más seguro. Es de sentido común. Siendo así, el trabajador debería unirse al capitalista para crear más ganancias. Eso es lo lógico.

En la obra de Bernard Shaw, Santa Juana, uno de los protagonistas dice que es obvio que el sol se mueve alrededor de la tierra. Basta con mirar. ¿Quién ha visto alguna vez a la Tierra moverse alrededor del Sol? Es de sentido común que el Sol se mueva alrededor de la Tierra. Lo cual es una perfecta demostración de la estupidez del ‘sentido común’. De la misma manera, parece obvio que los hombres se benefician de la opresión de la mujer.

Si sólo vemos las interrelaciones entre los individuos, nada tiene sentido. Ese es un concepto liberal de la sociedad; puesto que los liberales aceptan las ideas capitalistas, ven a la sociedad solamente como una colección de individuos.

Los marxistas dicen exactamente lo contrario: un individuo nace dentro de una clase, dentro de una sociedad. El análisis liberal es nefasto, porque las envidias surgen entre los individuos cuando están en contacto unos con otros.

¿Cómo crees que la clase dominante vende la política del control salarial? Ellos dicen que mientras tú ganas £120 a la semana, otro trabajador gana £500. ¿No sería más justo que le quitáramos dinero a él para aumentarte el salario a ti? Los revolucionarios dicen, el capitalista se lleva el 60% del pastel, luego reparte las sobras y nos incita a enfrentarnos los unos contra los otros.

Por lo tanto, la relación entre los hombres y las mujeres en el movimiento obrero es la siguiente: ambos sufren a manos del capitalismo, ambos viven en condiciones terribles. Las mujeres tienen peores condiciones que los hombres. El capitalismo agobia aún más a la mujer que al hombre. No es un proceso natural que la mujer sea la que atienda a los niños. Se ve obligada a hacerlo bajo el capitalismo. Los niños pueden ser criados de forma diferente, si hay guarderías, comedores, un sistema de lavanderías provisto por la comunidad, etc.

Hoy todo eso no existe. No porque vaya en contra de la naturaleza humana, sino por el gasto que supone al capitalista. Éste quiere sacar los mayores beneficios de la forma más barata posible. ¿Qué mejor modo que diciendo que el lugar de la mujer es la cocina y el del hombre la fábrica?

Esto hace que el hombre individual parezca el carcelero de la mujer. Pero el carcelero no es el hombre, sino el capitalismo.

Es como si por ejemplo yo viajara en un tren sucio, pero como soy una persona blanca, bajo el capitalismo, tendría un asiento al lado de la ventanilla. Una mujer o una persona negra tendría un asiento lejos de la ventanilla y en peores condiciones que las mías. Pero el problema más importante sería el tren. Todos tendríamos que aguantar el mismo tren y no tendríamos ningún control sobre el conductor que nos lleva al abismo.

¿Por qué la clase capitalista nos muestra constantemente estas diferencias? Porque quiere desviar nuestra atención del problema central: las relaciones de clase. Constantemente se nos dice que nos fijemos en las relaciones personales, las disputas entre un sector y otro. Por eso los socialistas deben rechazar conceptos tales como que el enemigo del trabajador no cualificado, es el trabajador cualificado; el del hombre, la mujer y viceversa.

No es sorprendente que el movimiento de los oprimidos esté en claro declive. El movimiento de las mujeres y el de los negros en EEUU, en los años 60, subió como un cohete pero cayó en picado. Sólo podremos explicar este hecho si comprendemos la conexión entre estos movimientos y el nivel de la lucha de clases.

En Gran Bretaña, a finales de los 60 y a principios de los 70, los trabajadores industriales ganaron importantes victorias. También se promulgó la ley del aborto en 1967, los anticonceptivos gratuitos en 1973 y los anticonceptivos para menores de 16 años en 1974.

Luego vino el comienzo de la reacción: en 1975 James White; en 1977 William Benyon; en 1979 John Corrie, todos procurando atacar el derecho al aborto.

La comisión que vigilaba el salario mínimo fue abolida, lo cual supuso principalmente un ataque a la mujer, ya que las mujeres componen la amplia mayoría de trabajadores con los salarios más bajos. También hubo fuertes recortes en sanidad y seguridad social, lo cual, una vez más, afectó sobre todo a la mujer.

Además, hubo intentos de mermar el suministro de anticonceptivos por parte de Gillick y Powell. En 1975 hubo una manifestación de grupos pro -aborto con 40.000 hombres y mujeres. En 1979 se movilizaron 80.000 personas. Pero en 1985 en una manifestación en contra de nuevas propuestas impulsadas por la señora Gillick para recortar el derecho al aborto, participaron sólo 3.000.

En el primer período, la lucha se desarrolló alrededor de reivindicaciones generales tales como el aborto y la igualdad de salario. En los últimos nueve años las luchas no se han dado alrededor de demandas colectivas, sino de reivindicaciones diferenciadas. Se ha prestado mucha mayor atención a las relaciones individuales, personales y a la concienciación de la persona como individuo. Se preguntan, ¿la gente es mala, sexistaŠ?, como si ese fuera el problema.

Los movimientos que se han volcado en posturas individuales han terminado desintegrándose.

La enemistad entre distintos grupos de mujeres alcanzó niveles terroríficos; lesbianas politizadas contra heterosexuales etc. Una feminista norteamericana resumió la situación así: “La hermandad de la mujer es poderosa. Mata a las hermanas.”

La crítica que hizo Marx, de la competitividad y del individualismo de los capitalistas, se puede aplicar también a lo que queda del movimiento feminista. Él describió a los capitalistas como “una banda de hermanos hostiles”. Están unidos contra los demás pero se odian entre si. El feminismo hoy es una banda de hermanas hostiles.

Cuando hablamos de la acción colectiva, lo importante es resaltar la idea de clase. Por eso, la clase trabajadora no puede permitirse el lujo de decir que el enemigo está dentro de sus propias filas.

La gente a menudo se pregunta por qué en la corriente Socialismo Internacional somos tan obsesivos con la siguiente pregunta: “¿Se benefician los trabajadores de la opresión de la mujer?” Yo creo que si el hombre se beneficia de la opresión de la mujer, jamás podrá haber unidad entre los hombres y las mujeres. Si los blancos se benefician de la explotación de los negros, jamás podrá haber unidad entre blancos y negros, a menos que se crea en la idea social demócrata, de que lo que necesitamos es la caridad. Los que tienen deben de cuidar de los desposeídos, por razones emocionales y morales.

Cuando Marx dijo: “Trabajadores de todos los países, uníos!” quería decir que es en el interés de los trabajadores ingleses, que triunfen los trabajadores indios. Y que es en el interés de los trabajadores indios, que los trabajadores ingleses venzan.

Si aceptamos el argumento de que “el hombre se beneficia” o de que “el blanco se beneficia” quebramos completamente la unidad de clase. La clase capitalista a la vez une y divide a los trabajadores. En realidad es así como sobrevive. Cualquier concesión al divisionismo o agnosticismo sobre esta cuestión, resulta catastrófica.

La persona a la que más detesto es la persona agnóstica. Yo entiendo al ateo ‹yo soy ateo‹ y también al religioso. Quien se reivindica agnóstico es un verdadero hipócrita. En cuanto a la cuestión de quién se beneficia de la opresión, tampoco debe haber ninguna indecisión. Prefiero a la gente que se equivoca que a la gente que dice que tal vez sí, tal vez no.

Es muy importante que los revolucionarios se identifiquen con los oprimidos. Pero ¿cómo hacerlo? Lenin lo expresó de una manera brillante en un pequeño panfleto llamado, “A los pobres del campo”.

Comienza diciendo, “Quizá hayas estado en una ciudad, o si no has estado tú, ha estado tu padre, o tu tío, o tu hermano ‹Lenin era muy paciente, y así llegó a toda la población‹ o un amigo tuyo ha estado en una ciudad. Y allí ¿qué encontró? Que los trabajadores estaban en huelga.”

En resumen, Lenin pone énfasis en la actividad colectiva. Cuando había pogromos en Rusia, ¿dónde concentraban sus esfuerzos los bolcheviques? Se dirigían a las grandes fábricas para usar el poder colectivo de los trabajadores y así aplastar a los pogromos.

Necesitamos el poder colectivo. Las conclusiones surgen de ahí. El partido revolucionario es como la síntesis de la clase trabajadora, porque creemos en la unidad de clase, y porque reconocemos que la clase trabajadora es desigual y está dividida.

En consecuencia, en el partido revolucionario si uno es gay, por supuesto defiende a los gays, y si no lo es, también defiende a los gays.

Cuando en 1977 el grupo fascista británico National Front redactó un folleto diciendo que el líder del SWP, Tony Cliff, era judío, no redactamos un contrafolleto diciendo que sí, pero que la mayoría del Comité Central no lo era. Dijimos: “Todos somos judíos.” Así mismo, si los negros son atacados, todos somos negros. Si lo son las mujeres, todos somos mujeres, si los gays, todos somos gays. Por nuestra forma de organización, nunca haremos concesiones al separatismo. Explicaré lo que quiere decir.

El partido bolchevique tenía un diario para las mujeres. Espero que algún día tengamos uno también nosotros. El consejo editorial del periódico de las mujeres estaba integrado por: Armand (una mujer), Krupskaya (una mujer) y Bujarin (un hombre). En la conferencia de mujeres de Berna, en 1916, Lenin fue el principal líder bolchevique.

Trotsky era el dirigente de los bolcheviques en el soviet de los trabajadores. El soviet estaba integrado por delegados de fábricas. Trotsky jamás había sido mecánico en su vida, sin embargo fue delegado. ¿Por qué? Porque representaba a una misma clase.

Comparemos esto con el horrible soviet de Berlín de 1918. Rosa Luxemburgo no fue admitida en el Soviet porque no era obrera. Karl Liebknecht tampoco fue admitido. Eran personas que habían sacrificado años de su vida en la cárcel. Habían luchado durante muchos años, y luego la gente se volvió y les dijo: “No sois obreros, no podéis entrar”.

Creemos en la unidad de clase, y no importa de qué persona se trate.

Sin lugar a dudas, un día tendremos en Gran Bretaña un periódico en punjabí, uno en urdu, otro en bengalí y otro de la mujer. Una vez que se desarrolla un movimiento de masas, es absolutamente necesario tener periódicos en diferentes idiomas para adaptarse a situaciones concretas. Eso no quiere decir que haya separación, eso viene a través de la división del trabajo. Hay una política, una dirección, una organización. La suma de todo esto es el centralismo democrático.

La idea principal del centralismo democrático es sobreponerse al separatismo, vencer la tendencia hacia la ruptura de la unidad. Y esa tendencia a desmembrarse es un fenómeno constante.

La única forma de liberar a los oprimidos es bajo la dirección de la clase trabajadora. Ni Marx, ni Lenin hablaron de la unidad de los oprimidos. Dijeron, “trabajadores de todos los países, uníos, sois la dirección de todos los oprimidos”.

 

Redactado: En 1994, el texto es una charla realizada por Tony Cliff en las jornadas “Marxismo”, organizadas en Londres por el Socialist Workers Party de Gran Bretaña.
Primera publicación: Socialismo Internacional Nº 1, primavera de 1994.
Edición digital: Izquierda Revolucionaria – En Lucha.
Esta edición: Marxists Internet Archive, 2001.

Emma Goldmann recuerda Kropotkin

por Emma Goldman //

Entre los que yo deseaba ver cuando llegué a Rusia en enero de 1920, estaba Piotr Alekséyevich Kropotkin. Inmediatamente averigüé la manera de encontrarlo. Me informaron que el único medio sería cuando fuese a Moscú, debido al hecho de que Kropotkin vivía en Dmítrov, una pequeña aldea a unas 60 verstas de distancia de la ciudad. Debido al país estar tan devastado por la guerra, no me quedó otro recurso que esperar a una oportunidad de ir a Moscú, pero afortunadamente pronto se me presentó la oportunidad.

A principios de marzo varios comunistas prominentes fueron a Moscú, entre ellos Radek y Gorki, y me permitieron ir en su mismo coche. Cuando llegué a Moscú, procuré buscar medios de llegar a Dmítrov pero volví a encontrar obstáculos. Me enteré de que era casi imposible viajar. El tifus estaba en su apogeo y las estaciones de ferrocarril estaban abarrotadas de gente que esperaban semanas enteras por trenes. Cuando aparecía un tren se trababa una lucha fiera por la posesión de una pulgada de espacio en los vagones. Quinientas personas se aglomeraban en un vagón que tenía capacidad tan solo para cincuenta. Hambrientos y cansados se subían hasta el techo de los vagones sin preocuparse del frío intenso, y del peligro de caerse, no había un viaje que no contase con varías víctimas que perecían heladas. Yo estaba desalentada pues había oído de que Kropotkin se encontraba enfermo y temía que no viviese hasta la primavera; no me atrevía a pedir un coche especial ni podía reunir la suficiente energía para ir en la forma ordinaria. Una circunstancia inesperada me vino a sacar del dilema. El editor del Daily Herald de Londres, acompañado de uno de sus corresponsales, me había precedido a Moscú. También los que querían visitar a Kropotkin, y se les había otorgado un coche especial. Junto con Alexander Berkman y Alexander Shapiro pude reunirme con el Sr. Lansbury y hacer el viaje a salvo.

emma

La casa de campo de Kropotkin estaba situada detrás de un jardín a poca distancia de la calle; en la oscuridad de la noche se notaba tan sólo la opaca luz de una lámpara de petróleo que alumbraba el camino hacia la casa. Luego me enteré de que el petróleo estaba escaso en casa de Kropotkin y que era necesario economizarlo. Después de que Piotr hacía su trabajo diario, la misma lámpara tenía que ser usada en la sala donde se reunía la familia en la noche. Fuimos muy bien recibidos por Sofía Kropotkin y su hija, quienes nos condujeron a la habitación donde estaba el gran hombre.
La última vez que le había visto fue en 1907 en París, después del Congreso Anarquista de Ámsterdam. Kropotkin, a quien durante muchos años se le había prohibido la entrada en Francia, acababa de recibir permiso para volver. En aquel tiempo tenía ya sesenta y cinco años, pero aparentaba tan lleno de vida y estaba aún tan alerta, que parecía mucho más joven. Fue de gran inspiración para todos los que tuvimos la fortuna de tener algún contacto con él. Nadie podía creer que Piotr Alekséyevich fuese viejo, pero no sucedió así en marzo de 1920. Me sorprendí de su transformación, estaba enflaquecido, extenuado. Nos recibió con su característica gracia. Desde un principio comprendimos que nuestra visita no podría ser satisfactoria; Piotr no podría hablar con franqueza en presencia de dos desconocidos y más siendo corresponsales. Después de una hora de conversación general, rogamos a la Sra. de Kropotkin y a Sasha que entretuvieran a los visitantes ingleses mientras nosotros hablábamos en idioma ruso con Kropotkin. Además de mi interés en su salud, estaba también muy deseosa de recibir de él alguna luz sobre asuntos de importancia que ya comenzaban a perturbar mi mente, la relación de los bolcheviques con la revolución; los métodos despóticos que, según me aseguraban habían sido impuestos a los gobernantes por la intervención y el bloqueo. ¿Qué pensaba Kropotkin de esto y cómo explicaría su largo silencio?

No he hecho nota alguna de nuestra conversación y daré tan solo la esencia de ella. Esta fue al efecto de que la Revolución rusa llevó al pueblo a una gran altura y había empavonado el camino hacia grandes cambios sociales. Si entonces se le permitiera utilizar al pueblo sus energías, Rusia no estaría ahora en situación tan arruinada.

Los bolcheviques que fueron empujados al frente por la ola revolucionaria, pusieron atención en un principio a los cantos revolucionarios del pueblo, y en esta forma ganaron la confianza de las masas y la ayuda de los militares revolucionarios.

A principios de octubre los bolcheviques empezaron a subordinar el interés de la revolución a la edificación de la dictadura, y esto paralizó toda actividad social. Kropotkin se refería a la cooperativa como el medio principal que, en su opinión, podría unir los intereses del campesino con los de los trabajadores. Pero estas cooperativas fueron las primeras que se destruyeron. Habló acaloradamente de la depresión, persecución y cruel acecho de cualquier sombra política u opinión, y citó numerosos ejemplos de la miseria y sufrimientos del pueblo. Sobre todo estaba más firme contra el Gobierno bolchevique por haber desacreditado así el socialismo y el comunismo ante el pueblo ruso.

Las razones de su silencio

¿Por qué entonces no había él levantado su voz contra estos males, contra la máquina que estaba absorbiendo la sangre y la vida de la revolución? Dos razones presentó Kropotkin. La primera por estar prohibido en Rusia la expresión de opiniones, la segunda por no obstaculizar la marcha del Gobierno bolchevique en momentos en que éste era atacado por las fuerzas combinadas imperialistas de Europa, y las mujeres y niños se estaban muriendo de hambre debido al criminal bloqueo, por lo tanto, él no podía tomar parte en los gritos de los ex-revolucionarios de “crucificad”. Él prefería guardar silencio al menos por el presente.

Y además, protestar en contra del Gobierno era completamente inútil. El Gobierno tenía que sostener su poder por encima de todo y, por lo tanto, no podía detenerse en consideraciones. Y luego añadió:

“Creo que siempre hemos tratado de hacer comprender a las masas lo que el marxismo es. ¿Por qué sorprendernos ahora?”

Piotr Kropotkin

Le pregunté si tomaba nota de sus impresiones y observaciones. Seguramente él debía de ver la importancia de tales informes a sus camaradas, a los trabajadores, en fin, a todo el mundo. Kropotkin me miró un momento y luego dijo:

“No, yo no escribo, es imposible escribir cuando uno se encuentra entre tanto sufrimiento, cuando cada hora que transcurre trae nuevas noticias de miseria que uno no puede aliviar. Además, todo secreto personal y seguridad ha desaparecido. A cada momento puede haber un asalto, la Checa viene durante la noche, registra todos los rincones de la casa, revuelve todo y se llevan consigo hasta el último pedazo de papel. En una tensión tan constante es imposible guardar informe alguno. Pero más aún que todas estas consideraciones, es mi libro de Ética, trabajo tan sólo algunas horas diarias, y aún me queda mucho que hacer”.

Habíamos ya monopolizado a nuestro camarada por mucho tiempo y a pesar de que aún había mucho de qué hablar tuvimos que conformarnos por aquella noche. La conversación volvió a hacerse general, pero ya era demasiado tarde y nuestro amigo estaba ya cansado, por lo que nos despedimos enseguida. Quedamos en volver en la primavera cuando tuviéramos más tiempo para conversar.

Después de un cariñoso abrazo, costumbre de Kropotkin a todos los que amaba, nos dirigimos a nuestro coche. Mi corazón se sentía pesado al pensar en la gran Rusia, mi espíritu estaba confuso por lo que había oído. También me alarmó la condición física en que encontré al camarada. Temí que no llegaría a la primavera. El invierno de 1920 había sido de lo más terrible, la gente se moría de hambre, de tifus y del frío, y el pensar que Kropotkin podría irse a la tumba, sin que el mundo supiera lo que él creía de la Revolución rusa sería aterrador. Me sentía impaciente. Kropotkin se había atrevido con todo el despotismo de los zares. ¿Por qué no podía escribir ahora? Pero más tarde vine a comprender el por qué Kropotkin no podía escribir sobre los hechos presentes de Rusia. En julio de 1920, volví a Moscú, estaba con la expedición del Museo de la Revolución de camino a Ucrania. Un día Sasha Kropotkin vino a verme. Había obtenido un automóvil de un oficial del Gobierno, y deseaba que Alexander Berkman y yo fuésemos a Dmítrov. Salimos al día siguiente y llegamos a Dmítrov en pocas horas. El jardín que rodeaba la casa de Kropotkin estaba florecido y el follaje cubría la casa. Kropotkin estaba durmiendo la siesta, pero se levantó tan pronto nos oyó y se juntó a nosotros. Había mejorado mucho, se encontraba lleno de energía y de vida.

Inmediatamente nos llevó al huerto de hortalizas, el que había sido trabajado casi exclusivamente por Sofía Kropotkin, orgullo de Piotr Kropotkin, y principal proveedora de la familia. Él se enorgullecía enseñándonos una nueva especie de lechuga desarrollada por Sofía. Kropotkin nos invitó jovialmente a comer. La primavera había hecho milagros en él. Era ya otro hombre.
Los primeros siete meses de mi estancia en Rusia me habían casi consumido. Había llegado con tanto entusiasmo, con tal deseo de dedicarme por completo al trabajo, a la santa defensa de la revolución, que lo que encontré me descorazonaba por completo. No podía hacer nada. La rueda del Estado socialista me había arrollado paralizando mis energías. Los sufrimientos y desgracias del pueblo, el olvido de sus necesidades, la persecución y represión desconcertó mi mente y la vida se me hizo insoportable.

¿Había sido la revolución la que transformó a los idealistas en puras bestias? Si fue así, entonces los bolcheviques no eran más que peones de ajedrez en manos de lo inevitable. ¿O sería el carácter frío del Estado que con malas mañas habían aparejado la revolución a su carro y ahora la azotaba para encaminarla al estrecho necesario al Estado? No podía yo contestar a estas preguntas, al menos en 1920. Quién sabe si Kropotkin hubiera podido.

Reconstrucción de un estandarte majnovista
(Muerte a todos los que obstaculizan la libertad del pueblo trabajador)

Último encuentro

Mi segunda visita a Kropotkin duró una hora. Durante ese tiempo Piotr habló en detalle acerca de la Revolución rusa, la parte llevada a cabo por los bolcheviques, la lección dada a los anarquistas en particular y al mundo en general. Él consideraba que la Revolución rusa era más grande en principios y finalidades que la Revolución francesa, pues a pesar de que el pueblo no estaba tan desarrollado, se adaptaba más a las concepciones de la nueva vida. El espíritu de las masas durante las revoluciones de febrero y octubre demostró que el pueblo entendía los grandes cambios que le esperaban y estaba dispuesto a poner todo de su parte.

El pueblo sabía que tenía ante sí algo tremendo que tenía que afrontar, organizar y dirigir. Aquel espíritu, enfrentado hoy por el hambre y la persecución, aún es evidente. La mejor prueba de ello es la resistencia que el pueblo ruso presenta ante el yugo bolchevique. Los bolcheviques en su marcha hacia el poder estaban muy lejos de ser la vanguardia de la revolución, como ellos alegan. Al contrario; fue la compuerta que detuvo la creciente marea de las energías del pueblo.

En su fija idea de que tan solo una dictadura puede dirigir y proteger la revolución, fue fortaleciendo su formidable Estado, el cual está destruyendo la revolución. Como marxistas, nunca se dieron ni se darán cuenta de que la única protección de la revolución depende de la habilidad del pueblo para organizar su vida económica. Por lo demás, Kropotkin añadió que él había presentado su punto de vista sobre la revolución rusa que creo ha sido publicado extensamente.

Kropotkin habló también de la parte que los anarquistas tomaron en la revolución; habló de la muerte de unos, del heroísmo de otros, de la lucha de muchos y de la irresponsabilidad de algunos. Sobre todo afirmó la necesidad de que todos los anarquistas estuviesen mejor equipados para la reconstrucción del trabajo durante la revolución.

Recuerdo claramente sus propias palabras:
“Nosotros, los anarquistas, hemos hablado mucho sobre la revolución social. Pero, ¿cuántos han sido los que se han molestado en prepararse para el trabajo durante y después de la revolución? La Revolución rusa ha demostrado la imperativa necesidad de dicha preparación para un trabajo práctico y constructivo”.

En una carta dirigida a uno de sus más íntimos amigos, Kropotkin dijo que había llegado a ver en el sindicalismo la base económica del anarquismo, o sea, el medio para la organización económica y expresión de las energías del pueblo durante el periodo revolucionario.

Fue un día memorable, el último que pasaría junto al gran hombre. Cuando fui llamada para cuidarle durante su última enfermedad, llegué a Dmítrov una hora después de su muerte. La acostumbrada confusión, ineficiencia y demora burocrática me ha robado la oportunidad de ofrecer a Kropotkin algún servicio como pago al mucho bien que me hizo. Dos cosas llamaron mi atención en Kropotkin durante ambas visitas: La falta de rencor hacia el bolchevique y el hecho de no haber mencionado sus propios sufrimientos y privaciones. Fue después de su muerte cuando me enteré de algunos detalles de su vida bajo el régimen bolchevique. A principios del año 1918 Kropotkin había agrupado junto a él algunos de los más hábiles especialistas en varios ramos de la economía política. Su propósito era hacer un estudio minucioso de los recursos económicos de Rusia, recopilar estos recursos en monografías, para que pudieran servir de auxilio práctico a la reconstrucción rusa.
Kropotkin era el director editorial de esta iniciativa. Se preparó un volumen, pero no fue publicado. Este grupo científico, que era conocido por el nombre de la Liga Federalista, fue destruido por el gobierno y todo el material confiscado. Las habitaciones de Kropotkin fueron requisadas por dos veces y su familia fue obligada a buscar otro albergue. Después de estos trastornos fue cuando Kropotkin se mudó a Dmítrov, donde permaneció en involuntario destierro. Aun en el verano se hacía muy difícil visitarle, puesto que se necesitaba un permiso especial para viajar y el obtenerlo requería mucho tiempo y esfuerzo, y en el invierno se hacía casi imposible. Así sucedió que aquél que había reunido en su casa a los mejores pensadores e ideas de todo el mundo, estaba ahora obligado a una vida de reclusión.

Sus únicos visitantes eran pobres campesinos, trabajadores de su aldea no muy inteligentes que llegaban a él con sus cotidianos infortunios. Recuerdo que en la noche de nuestra visita, Kropotkin había recibido una carta de un amigo en Moscú, un científico que vivía con su esposa y dos hijos en una habitación. Una lámpara solamente alumbraba la mesa sobre la que los niños estudiaban las lecciones: la esposa copiaba algunos manuscritos, mientras que él hacía uso de un rincón para llevar a cabo sus trabajos químicos. Estaba empleado en un lugar a doce verstas de su casa y tenía que caminar dicha distancia diariamente. Kropotkin, que por medio de numerosas publicaciones en todos los idiomas estaba en comunicación constante con el mundo entero, se encontraba ahora aislado por completo de aquel recurso de vida. Ni aun podía enterarse de lo que ocurría en Moscú y Petrogrado. Sus únicas fuentes de noticias eran los dos periódicos del gobierno: Pravda e Izvestia. Mientras vivió en Dmítrov su trabajo en la Ética se obstaculizaba. No podía conseguir los necesarios libros científicos. En fin, que Kropotkin sufría un hambre mental que le torturaba, sin duda, mucho más que la malnutrición física. Recibía mejor peyok o ración que la mayoría, pero ni siquiera esto era suficiente para mantener su vitalidad.

Afortunadamente, Kropotkin recibía auxilios, de vez en cuando, de sus camaradas del extranjero, así como también de los de Ucrania, que le enviaban con frecuencia comestibles. También recibía regalos similares de Majnó, entonces aclamando por los bolcheviques como el terror de las fuerzas contrarrevolucionarias en el sur de Rusia. Pero la falta más notable era la de combustibles y luz. Cuando visité a la familia Kropotkin en el año 1920, se consideraban muy afortunados con tener luz en más de una habitación. Durante una parte del 1918 y todo el año 1919, Kropotkin escribió su Ética a los mortecinos rayos de una lámpara de aceite, lo que estuvo a punto de dejarlo ciego permanente. Durante las cortas horas del día, transcribía sus signos a máquina, despacio y con doloroso golpe en cada letra. Sin embargo, no eran sus propios sufrimientos lo que aminoraba sus fuerzas. Era Rusia, los sufrimientos de los que le rodeaban, la supresión de todo pensamiento, la persecución y encarcelación de los que tenían una opinión, el sinfín de iniquidades cometidas con el pueblo, que hicieron de sus últimos años la más profunda tragedia.

Si hubiese podido hacer algo para aliviar los sufrimientos, para traer a los dictadores de Rusia hacia sus propios sentidos… pero no, él no podía. No podía de ningún modo igualarse a aquellos de la Guardia Revolucionaria que hicieron causa común con los enemigos de la revolución. Y aunque encontrase un medio de publicar su protesta en la prensa europea, los reaccionarios harían uso de ella contra Rusia. No; él no podía hacer eso, y sabía muy bien que era inútil protestar ante el Gobierno bolchevique.

Sin embargo, era tan grande su angustia, que en dos ocasiones Piotr Kropotkin se dirigió a oídos sordos. Una vez en protesta contra la terrible costumbre de represalias, la otra contra la completa supresión de publicaciones que no fueran del Estado.

Desde que la Checa comenzó su siniestra existencia, el gobierno bolchevique ha sancionado el sistema del terror. Madres, ancianas y jóvenes, padres, hermanas y hermanos, y hasta niños han sido víctima de represalias, muchas veces por causas u ofensas de uno de los suyos de las que ellos ni siquiera estaban enterados.

En el otoño de 1920 los mencheviques que emigraron a Europa amenazaron con la represalia si la represión contra sus camaradas continuaba. El Gobierno bolchevique anunció en la prensa oficial que por cada comunista que pereciese, perecerían diez mencheviques. Fue entonces cuando los famosos revolucionarios Vera N. Figner y Piotr Kropotkin enviaron su protesta a los poderes, diciendo que la costumbre de tomar represalias era un borrón sobre la Revolución rusa, un dragón que dejaba resultados terribles a su paso, que el futuro nunca perdonaría métodos tan bárbaros. La segunda protesta se hizo en contestación a la intención del Gobierno de “liquidar” todas las empresas editoras ya fueran políticas, cooperativas o particulares. Esta protesta fue dirigida al Congreso Panruso de todos los Soviets. Es interesante notar que el mismo Gorki, un oficial del Comisariado de Educación, había enviado casi al mismo tiempo desde Petrogrado una protesta similar.

Kropotkin, en sus manifestaciones, hizo mención del peligro de tal ataque hacia el progreso y más aún, a todo pensamiento. Tal monopolio del Estado sobre el pensamiento haría imposible todo trabajo creativo. La situación de Rusia durante los últimos cuatro meses deja prueba convincente de ello.

Una de las características sobresalientes de Kropotkin era su resistencia en lo que concernía a sí mismo. Durante mi estancia de treinta y seis horas en Dmítrov, ante el cadáver supe más de su vida personal que durante tantos años que le conocí. Incluso entre los amigos de su propio círculo, había muy pocos que supieran que Kropotkin además de ser un artista, era un músico de considerable talento. Entre sus efectos encontré una colección completa de sus dibujos de gran mérito. Amaba la música apasionadamente y era un músico de gran habilidad, en sus momentos de ocio se pasaba el tiempo sentado al piano, donde encontraba sin duda alguna sosiego y paz interpretando a los maestros con hondo sentimiento. Su cadáver colocado en el escritorio parecía estar durmiendo el sueño de la paz, y su semblante se conservaba tan afable como en vida. Allí descansaba el gran hijo de Rusia. El que durante luchas y privaciones permaneció siempre leal a la revolución y no quiso abandonarla. No llegó a ver erigido el monumento capitalista sobre la tumba de la revolución. Pero eso no le alejaría nunca de su ferviente fe en la resurrección del pueblo, en el triunfo final de una revolución libertaria.

Fuente: Tierra y Libertad

De las Jornadas de Julio al golpe de Estado de Kornílov: el Estado y la revolución de Lenin

por Barry Grey //

Estamos publicando aquí el texto de la conferencia pronunciada el 14 de octubre por Barry Grey, editor nacional de Estados Unidos del World Socialist Web Site. Esta es la primera conferencia en línea de la segunda parte de la serie presentada por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional para marcar el centenario de la Revolución Rusa de 1917.

Esta conferencia se centrará en la obra El Estado y la revolución, escrita por Lenin en el verano de 1917 mientras permanecía escondido, primero en las afueras de Petrogrado y después en Finlandia. Lenin entró en la clandestinidad para huir de la represión del Gobierno provisional contra el Partido Bolchevique a consecuencia de las manifestaciones de las masas obreras y de soldados a principios de julio.

A fines de agosto, con Lenin aun en la clandestinidad y Trotsky, Kámenev y otros líderes bolcheviques encarcelados, el general Lavr Kornílov intento un golpe militar, al principio conspirando con el jefe del Gobierno provisional, Aleksandr Kérenski. La movilización en contra del golpe por parte de la clase obrera armada y encabezada por los bolcheviques aceleró una oleada de apoyo para los bolcheviques y socavó por completo a Kٞérenski y sus colaboradores mencheviques y socialrevolucionarios.

La cuestión fue planteada directamente: una revolución proletaria socialista, o una matanza contrarrevolucionaria que haga palidecer la masacre que siguió la derrota de la Comuna de Paris de 1871.

Trotsky relata lo siguiente acerca de El Estado y la revolución en su Historia de la Revolución Rusa:

En los primeros meses de su vida subterránea, Lenin escribe su libro El Estado y la revolución, cuya documentación había recopilado ya en su emigración durante la guerra. Con la misma atención que dedicaba a reflexionar sobre las tareas prácticas diarias, ahora elabora los problemas teóricos del Estado. No podía ser de otro modo: para él la teoría es efectivamente una guía para la acción. … Su tarea es la reconstitución de la verdadera “doctrina del marxismo sobre el Estado”.

Por el simple hecho de reconstruir la teoría de clase del Estado sobre una base nueva y superior históricamente, Lenin da a las ideas de Marx un nuevo carácter concreto y, por lo tanto, una nueva significación. Pero la importancia mayor de esta obra sobre el Estado consiste en que es una introducción científica a la insurrección más grande que haya conocido la historia. El “comentarista” de Marx preparaba a su partido para la conquista revolucionaria de la sexta parte del mundo.[1]

Trotsky enfatiza lo crítico que Lenin consideraba su “excavación histórica”, como lo dijo Lenin, de los escritos de Marx y Engels sobre la revolución proletaria y el Estado, notando que, “En julio [le] escribe a Kámenev: ‘si acaban conmigo, le ruego que publique mi cuaderno El marxismo y el Estado[i.e., las notas preparatorias para El Estado y la revolución]”.[2]

Lenin estuvo determinado a esclarecer para el partido y la vanguardia de la clase obrera los temas fundamentales de la revolución socialista. Esto requeriría de una exposición de las doctrinas de Marx y Engels acerca del Estado y un rebatimiento de las falsificaciones de la teoría marxista a manos de los oportunistas y centristas, ante todo su teórico principal Karl Kautsky, quien glorificaba la democracia burguesa y pretendía convertir el marxismo en una doctrina reformista. Lo que es más, Lenin bien sabía que estas tendencias pequeñoburguesas se encontraban manifiestas dentro de la dirigencia bolchevique. Las posiciones defensistas y centristas, las cuales prevalecieron bajo la dirección de Iósif Stalin y Lev Kámenev previo a la lucha emprendida por Lenin en defensa de sus “tesis de abril” al regresar a Rusia, aún no habían sido abatidas.

El Estado y la revolución armó teóricamente al partido y a la clase trabajadora en su conjunto con el objeto de derrocar al Gobierno provisional y pasarles el poder a los sóviets, lo cual fue subrayado en el subtítulo escogido por Lenin para la obra: “La teoría marxista del Estado y las tareas del proletariado en la revolución”.

Por más que urgieran los problemas tácticos y organizativos enfrentando al partido, para Lenin, no era una cuestión rusa, sino mundial. El Estado y la revolución solo puede ser evaluado junto a su otra grande obra teórica compuesta en el calor de la guerra y la revolución: El imperialismo.

Lenin percibió dos eventos interrelacionados –la erupción de la guerra mundial y el colapso de la Segunda Internacional– como constitutivos del inicio de una nueva etapa en la historia mundial: la época del imperialismo, la fase superior del capitalismo, la época de las guerras y revoluciones. Desde un principio, su perspectiva fundamental en torno a la guerra era que señalaba una crisis del sistema capitalista que encendería una lucha revolucionaria internacional de parte de la clase trabajadora. La traición de la Segunda Internacional, cuyos líderes apoyaron la guerra, significó que la lucha contra el imperialismo solo se podía librar junto con una lucha implacable contra la Segunda Internacional, y la fundación de una nueva Internacional Comunista.

En Rusia, la relación entre la lucha contra la democracia pequeñoburguesa dirigida por los mencheviques, y la lucha contra la guerra imperialista adquirió una forma muy concreta. Basándose en una glorificación de la democracia burguesa y el parlamentarismo, los mencheviques exigieron que los sóviets y la clase trabajadora apoyaran la guerra como una “guerra revolucionaria por la democracia” y contra el militarismo alemán y la autocracia prusiana. Fue también sobre esta base que les cedieron el poder otorgado a los sóviets por la revolución obrera que había derrocado al zar en febrero a la burguesía contrarrevolucionaria bajo la dirección de los kadetes y sus aliados en la burocracia estatal monárquica y el ejército.

Ahora, enfrentándose a una contrarrevolución abierta, los mencheviques no concentraron su fuego contra la burguesía ni las Centurias Negras, sino contra los bolcheviques –es decir, contra la clase trabajadora—.

En el sentido más fundamental, la lucha encarnada en El Estado y la revolución fue animada por la necesidad de formular el programa básico de la revolución socialista mundial, de la cual la revolución rusa era un componente fundamental, y de la nueva Internacional que se tendría que construir para dirigir dicha revolución.

En el prefacio a la primera edición de El Estado y la revolución, Lenin empieza haciendo hincapié en la urgencia y relevancia práctica de los temas que examinaría a lo largo de la obra. Sigue por ubicar la revolución rusa dentro de su contexto histórico, trazando la conexión entre el imperialismo y del Estado. Enfatiza que, con la aparición del imperialismo el aparato represivo del Estado capitalista –el ejército permanente, la policía, la burocracia estatal– cobra proporciones cada vez más monstruosas. La democracia burguesa se convierte en simplemente una hoja de parra para el militarismo y la violencia estatal. Por ende, cualquier noción de una transición pacífica del capitalismo al socialismo proveniente de la época anterior de libre competencia capitalista se ha vuelto irremediablemente obsoleta.

Estas tendencias son magnificadas por la guerra imperialista, que integra todavía más estrechamente las grandes asociaciones industriales y financieras con la maquinaria estatal, transformando el capitalismo monopolista en el capitalismo monopolista de Estado.

En su polémica El imperialismo y la escisión del socialismo, publicada en octubre de 1916, Lenin describe la putrefacción de la democracia burguesa imperialista del siguiente modo:

La diferencia entre la burguesía imperialista democrático-republicana y la monárquico-reaccionaria se borra, precisamente, porque una como la otra se pudren en vida. … La reacción política en toda la línea es un rasgo característico del imperialismo.[3]

En el inicio al prefacio a El Estado y la revolución Lenin escribe:

La cuestión del Estado adquiere actualmente una importancia singular, tanto en el aspecto teórico como en el aspecto político práctico. La guerra imperialista ha acelerado y agudizado extraordinariamente el proceso de transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado. La opresión monstruosa de las masas trabajadoras por el Estado, que se va fundiendo cada vez más estrechamente con las asociaciones omnipotentes de los capitalistas, cobra proporciones cada vez más monstruosas. Los países más adelantados se convierten –y al decir esto nos referimos a su “retaguardia”— en presidios militares para los obreros. …

La lucha por arrancar a las masas trabajadoras de la influencia de la burguesía en general y de la burguesía imperialista en particular, es imposible sin una lucha contra los prejuicios oportunistas relativos al “Estado”.

… Esta última cierra, evidentemente, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917), la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, sólo puede comprenderse como uno de los eslabones de la cadena de las revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista. La cuestión de la actitud de la revolución socialista del proletariado ante el Estado adquiere, así, no solo una importancia política práctica, sino la importancia más candente como cuestión de explicar a las masas qué deberán hacer para liberarse, en un porvenir inmediato, del yugo del capital.[4]

De la crisis de abril al golpe de Estado de Kornílov

Pasemos ahora a la examinación del contexto político ruso de El Estado y la revolución.

El Gobierno provisional burgués, dependiente del apoyo de los líderes mencheviques y socialrevolucionarios en los sóviets, enfrentó su primera crisis política importante en abril con la publicación de la carta del líder de los kadetes y canciller, Pavél Miliukov, comprometiendo al Gobierno a los objetivos de la guerra imperialista del zar ya depuesto y de proseguir esa guerra hasta la victoria. La publicación de la carta estimuló una demonstración armada de las masas de soldados y trabajadores en Petrogrado exigiendo la renuncia de Miliukov. En esto consiste la “crisis de abril.”

Con la salida de Miliukov y con el Gobierno pendiendo de un hilo, los mencheviques y socialrevolucionarios acordaron a participar en el Gobierno y formar un régimen de coalición, lo cual sirvió en desmerecerlos ante los ojos de obreros y soldados cada vez más militantes. A fines de abril, los bolcheviques adoptan la línea revolucionaria de Lenin en oposición contra la guerra y el Gobierno provisional y en pro de la lucha por el poder obrero, centrada en la consigna “¡Todo el poder a los sóviets!”. El apoyo para los bolcheviques entre la clase trabajadora y los soldados empieza a aumentar rápidamente.

Trotsky escribe en su Historia que a fines de abril la organización bolchevique de Petrogrado contaba con 15 000 integrantes. Para fines de junio tenía más de 82 000. Alexander Rabinowitch en su Prelude to Revolution (Preludio a la revolución) ofrece cifras menores, pero aun así impresionantes. Escribe que en Petrogrado la membresía del partido subió de 2000 en febrero a 32 000 para inicios de julio.

Cualquier recuento objetivo de la Revolución Rusa, desde el derrocamiento del zar en febrero a la insurrección de octubre, desmiente los argumentos actuales en los medios y la academia que la Revolución de Octubre no fue nada más que un golpe realizado por conspiradores que actuaron por encima y a espaldas de los trabajadores. Una de las cualidades de la Historia de Trotsky se encuentra en la riqueza y el detalle de la descripción de los cambios inmensos en la consciencia de las masas y su iniciativa revolucionaria independiente a lo largo del curso complejo y contradictorio de la revolución, y la relación entre este movimiento de masas y la crítica intervención política del Partido Bolchevique y su dirigencia, sobre todo la de Lenin.

En su capítulo intitulado “Evolucionan las masas”, Trotsky escribe:

El incremento que tomaban las huelgas y la lucha de clases en general robustecía casi automáticamente la autoridad de los bolcheviques. … Así se explica que los Comités de fábrica que batallaban contra el sabotaje ejercido por la administración y por los patronos, se pusieran al lado de los bolcheviques mucho antes que el Sóviet. En la reunión celebrada a principios de junio por los Comités de fábrica de Petrogrado y sus alrededores, la proposición bolchevique obtuvo 335 votos por 421 votantes…

En todas las elecciones parciales a los sóviets triunfaban los bolcheviques. El primero de junio había ya en el Sóviet de Moscú 206 bolcheviques por 172 mencheviques y 110 socialrevolucionarios. Idénticos cambios se producían en provincias, aunque con mayor lentitud…[5]

Para junio, la dirección de los mencheviques y socialrevolucionarios del Sóviet de Petrogrado e había visto apoderada por el temor de un alzamiento de los trabajadores liderado por los bolcheviques. El Primer Congreso Panruso de los Sóviets de Diputados de los Obreros y Soldados se reunió en Petrogrado del 3 al 24 de junio. [A lo largo de esta conferencia se utilizará el calendario juliano, esto es el calendario viejo usado en Rusia durante la revolución, 13 días atrasado al calendario moderno.] Los directivos socialchauvinistas del sóviet tenían la intención que el Congreso autorizara el apoyo a la guerra y al Gobierno de coalición burgués, actualmente dirigido a todo efecto práctico por Kérenski.

Irakli Tsereteli, el líder de los mencheviques, y Víctor Chernov, líder del Partido Social Revolucionario, esperaban que la declaración de una nueva ofensiva militar, que de hecho iba a ser proclamada por Kérenski durante el congreso del 18 de junio, ocasionaría una nueva ola de patriotismo que, a su vez, descarrilaría el crecimiento del malestar social y el apoyo político de los bolcheviques.

El congreso votó por apoyar al Gobierno de coalición y ofreció su respaldo tácito a la ofensiva militar. Pero cuando los dirigentes se dieron cuenta de las intenciones de los bolcheviques de montar una demostración de las masas obreras y de soldados para el 10 de junio – sin armas– en oposición a la guerra y bajo la consigna “¡Todo el poder a los sóviets!”, consiguieron pasar un voto a favor de condenar la acción bolchevique y prohibir todas las consignas no aprobadas por los líderes del sóviet. Los bolcheviques fueron obligados a efectuar una retirada táctica y cancelar la demostración.

Tsereteli, un miembro líder del Comité Ejecutivo del Sóviet y también un ministro en el Gobierno de coalición, dio un discurso el 11 de junio al congreso de los sóviets exigiendo la criminalización efectiva de los bolcheviques, declarando:

Nada menos que una conspiración, una conspiración teniendo como objetivos el derrocamiento del Gobierno y la toma del poder por los bolcheviques, quienes saben que nunca llegarán al poder de cualquier otro modo. …Qué los bolcheviques nos acusen –cambiamos nuestros métodos de guerra. Hay que quitarles las armas a los que no saben manejarlas con dignidad. Hay que desarmar a los bolcheviques.[6]

El Congreso de los Sóviets no apoyó la propuesta de Tsereteli, pero si aprobó una demostración oficial planeada para el 18 de junio. Los bolcheviques participaron en esa demostración y, provocando pavor a los mencheviques y socialrevolucionarios, las consignas y banderas bolcheviques predominaron en la acción de masas.

El escenario estaba listo para “las jornadas de julio”. Lenin y Trotsky eran plenamente conscientes del peligro que presentaba un alzamiento aislado en la capital bajo condiciones donde aún no existía el apoyo de las masas en las provincias y entre el campesinado para una nueva revolución. Tenían en mente el destino trágico de la Comuna de Paris, cuando Adolphe Thiers y la burguesía francesa contaron con el apoyo del campesinado y el aislamiento de los trabajadores parisienses para aplastarlos en un baño de sangre, un patrón en cierta medida repetido tras la derrota de la Revolución de 1906 en Rusia.

El apoyo para los bolcheviques creció a consecuencia de la escasez de comida, los costos altos de vida, la masacre continua en el frente y la incapacidad del Gobierno para realizar cualquier reforma significativa. La tarde del 3 julio, el día antes de la cuasi insurrección del 4 de julio, los bolcheviques por primera vez ganaron una mayoría en la sección obrera del Sóviet de Petrogrado.

Lenin advirtió repetidamente acerca del peligro de las provocaciones organizadas por la derecha contrarrevolucionaria con el fin de instigar una respuesta armada que serviría como pretexto para una represión masiva. Pero la ira de secciones militantes de los soldados y marineros, incluso de aquellos influidos por los bolcheviques, no podían ser refrenados. Los bolcheviques advirtieron públicamente contra la acción armada del 4 de julio de los soldados y trabajadores en Petrogrado, pero no lo pudieron prevenir. Hasta la propia Organización Militar del partido desempeñó un papel mayor en organizar la acción.

Bajo estas condiciones, el partido decidió apoyar la acción y tratar de restringirla a una manifestación pacífica para limitar los daños políticos que seguramente resultarían.

El Gobierno, con el apoyo de los líderes del sóviet, pudo reunir y ordenar suficientes tropas leales para que entraran a Petrogrado y reprimieran la revuelta. Tomando ventaja de la derrota de la acción, procedieron a montar un ataque contra los bolcheviques con objeto de eliminarlos como una amenaza seria. Dentro de unas horas, los periódicos inundaron al pueblo con la calumnia del oro alemán –la mentira de que Lenin y los bolcheviques eran agentes en la nómina del Estado Mayor alemán—.

Las oficinas de Pravda fueron saqueadas y sus prensas de impresión destrozadas. Otras publicaciones bolcheviques fueron clausuradas y cientos de marineros de Kronstadt y tropas de la guarnición de Petrogrado tanto como trabajadores fueron arrestados y encarcelados. Se emitieron órdenes de detención para Lenin, Trotsky, Kámenev, Zinóviev y otros líderes bolcheviques. El apoyo para los bolcheviques se puso en declive en el ejército y entre ciertos sectores de clase obrera.

Las represalias tras las jornadas de julio fueron el inicio de una ofensiva contrarrevolucionaria organizada por el Gobierno de coalición. Inmediatamente, decretó una reanudación de la pena capital en el frente. Los comandantes militares fueron autorizados a abrir fuego contra unidas rusas huyendo del campo de batalla. Los periódicos bolcheviques fueron prohibidos en todos los escenarios de operaciones militares y las reuniones políticas entre las tropas también fueron prohibidas.

El 18 de julio, Kérenski nombró a Kornílov como comandante en jefe del ejército. Era conocido que Kornílov tenía vínculos con las Centurias Negras y había resignado previamente de su mando de la guarnición de Petrogrado, protestando ante la “interferencia” del Sóviet en los asuntos militares.

Rabinowitch escribe en The Bolsheviks Come to Power (Los bolcheviques llegan al poder) que para principios de agosto el gabinete del Gobierno de coalición estaba considerando varias propuestas para militarizar los ferrocarriles, las minas de carbón y todas las fábricas dedicadas al sector de defensa. En estas empresas, se prohibió cualquier tipo de huelgas, cierres, reuniones políticas y asambleas. Los obreros fueron asignados cuotas obligatorias mínimas de trabajo y todos los que no fueran capaces de realizarlas eran despedidos sumariamente y enviados al frente.

El 11 de agosto, conversando con el general Lukomski, su jefe de personal, Kornílov dijo que “ya era hora de colgar a los agentes y espías alemanes dirigidos por Lenin” y “dispersar el Sóviet de Trabajadores y Soldados de tal modo que no le sea posible reunirse en ningún otro lugar”. Le comentó a Lukomski acerca del general Krímov, el comandante recién nombrado de las tropas concentradas alrededor de Petrogado, diciendo con deleite que Krímov no vacilaría en “colgar a todos la membresía entera del Sóviet”.[7]

El Gobierno de coalición llevó a cabo la Conferencia de Estado de Moscú a mediados de agosto en un esfuerzo para intimidar el creciente sentimiento antiguerra y movilizar a la derecha contrarrevolucionaria como un contrapeso ante la oposición dirigida por los bolcheviques. Para ese momento, Kérenski tramaba con Kornílov realizar una represión militar e imponer un Gobierno dictatorial. La conferencia alabó a Kornílov como un héroe conquistador mientas que los delegados kadetes y monarquistas denunciaron a los sóviets.

Los bolcheviques no solo boicotearon la conferencia, sino que llamaron a una huelga general de trabajadores de Moscú puso en paro la ciudad durante todo el tiempo que la conferencia estaba en sesión.

El impacto de la represión durante las “jornadas de julio” y la calumnia del oro alemán se disipó en pocas semanas. El control del poder del Gobierno de coalición se debilitaba. A la vez que destrozaba las oficinas de Pravda y perseguía a los bolcheviques, sostuvo un fuerte golpe por el colapso de la ofensiva militar de Kérenski. El 6 de julio los alemanes lanzaron un contrataque que resultó en la rápida reconquista de Tarnopol en el frente suroeste.

Rabinowitch caracteriza la situación en la segunda mitad de julio y las primeras semanas de agosto del siguiente modo:

Cada día produjo nuevos reportes de la anarquía y violencia en expansión entre los campesinos necesitados de tierra en el campo; los desórdenes en las ciudades; el aumento en la militancia de los trabajadores de las fábricas; la incapacidad del Gobierno para resistir los movimientos hacia la autonomía completa de parte de los finlandeses y ucranianos; la continua radicalización de los soldados en el frente y la retaguardia; la avería catastrófica en la producción y distribución de bienes esenciales; las alzas de los costos; el resurgimiento y la creciente influencia de los bolcheviques, la única agrupación importante política, a diferencia de todas las demás, que pareció beneficiarse de estas dificultades y que, después del Sexto Congreso, parecía esperar impacientemente una oportunidad temprana para organizar una insurrección armada.[8]

Para principios de agosto, los bolcheviques habían iniciado una nueva etapa de crecimiento. El último día de agosto, siguiendo la derrota del golpe de Kornílov, por primera vez los bolcheviques ganaron una mayoría en el Sóviet de Petrogrado.

Inmediatamente después de las “jornadas de julio”, Lenin emprendió una lucha en la dirección del Partido Bolchevique para un viraje súbito. Hay una conexión explícita entre este punto decisivo en preparación para la revolución de octubre y las cuestiones planteadas por Lenin en El Estado y la revolución.

En una reunión del 6 de julio con los integrantes principales del Comité Central, Lenin enfatizó que las jornadas de julio significaron el fin de la fase relativamente pacifica de la revolución. El poder había sido consolidado en las manos de burguesía contrarrevolucionaria y el ejército y los mencheviques y socialrevolucionarios se habían comprometido irreversiblemente a una alianza con estas fuerzas. Cualquier noción de una transferencia del poder a la clase obrera tendría que ser abandonada. Lenin insistió que la consigna “¡todo poder a los sóviets” tendría que ser reemplazado con “¡todo el poder a la clase obrera dirigida por el partido revolucionario, los bolcheviques-comunistas!” Subrayó que el partido tenía que enfocarse en preparaciones para una insurrección armada que se llevaría a cabo en cuanto las condiciones políticas fueran propicias.

El 10 de julio, Lenin escribió un artículo intitulado “La situación política” que se publica el 2 de agosto en el cual elabora esta nueva línea. Afirma en parte que:

La consigna “¡Todo el poder a los sóviets!” era una consigna para el desarrollo pacífico de la revolución… Esta consigna ya no es correcta porque no toma en cuenta que el poder ha cambiado de manos y la revolución de hecho ha sido traicionada por completo por los socialrevolucionarios y mencheviques. Lo que ayudará es un entendimiento claro de la situación, la persistencia y determinación de la vanguardia obrera, la preparación de las fuerzas para el levantamiento armado… No tengamos ilusiones constitucionales ni republicanas de cualquier tipo, no más ilusiones acerca de la vía pacífica… Reunamos nuestras fuerzas, reorganicémoslas y preparémonos resueltamente para el levantamiento armado si la crisis en su curso no los permite, en una escala verdaderamente nacional y de masas… El objetivo de la insurrección solo puede ser la transferencia del poder al proletariado, apoyado por el campesinado pobre a fin de poner en práctica el programa de nuestro partido.[9]

Rabinowitch reportó que en ese momento Lenin hablaba de concentrar las preparaciones para la insurrección con base en los comités de fábrica en vez de los sóviets.

En la reunión del Comité Central celebrada el 13 y 14 de julio mientras Lenin permanecía escondido, las tesis de Lenin exigiendo quitar la consigna de “¡todo poder a los sóviets!” e iniciar las preparaciones para una insurrección fueron votadas en contra. Fue con cierta dificultad que Lenin logró persuadir al Sexto Congreso Panruso del partido, el cual se llevó a cabo del 26 de julio al 3 de agosto, que aceptó cambiar la consigna “¡Todo el poder a los sóviets!” por “¡Liquidación completa de la dictadura de la burguesía contrarrevolucionaria!”.

Siguiendo la derrota de Kornílov a fines de agosto y la conquista de una mayoría en el Sóviet de Petrogrado poco después, los bolcheviques retomaron la consigna “¡Todo el poder a los Sóviets”. Sin embargo, Lenin libró una campaña resuelta dentro de la dirigencia del partido para que concentrara todos sus esfuerzos en la preparación de una pronta insurrección armada.

Este episodio destaca la lección más decisiva de la Revolución de Octubre: el papel colosal e indispensable del partido revolucionario de la clase obrera en la revolución socialista. Lenin entendió plenamente la significancia de los sóviets no solo para la revolución socialista en Rusia, sino mundialmente. Estos eran los órganos revolucionarios a través de los cuales las masas serían capaces de derrocar a la burguesía, destrozar el Estado capitalista y reemplazarlo con un Estado obrero verdaderamente democrático.

Pero tampoco idealizó a los sóviets. Estaba dispuesto, si la revolución lo requería, a romper con los sóviets dominados por los conciliacionistas , y formar nuevos órganos de lucha como los comités de fábricas para que fueran los órganos principales de la revolución. Resultó que los sóviets fueron capaces de realizar las tareas revolucionarias debido al liderazgo de los bolcheviques y sus incesantes denuncias y exposiciones de los mencheviques y socialrevolucionarios como agentes de la burguesía, algo decisivo en el esclarecimiento político y la preparación de la vanguardia obrera para la toma y retención del poder.

Sin la lucha ejecutada por el Partido Bolchevique —y por Lenin con el apoyo de Trotsky contra el ala derecha del partido— los sóviets no habrían sido capaces de superar las presiones políticas de la burguesía trasmitidas por medio de los mencheviques y socialrevolucionarios, lo cual hubiera significado su eventual aplastamiento.

Kérenski, quien había conspirado con Kornílov para una represión militar contra los sóviets, se separó del general solo después de haber sido informado en vísperas del tentativo golpe del 27 de agosto que Kornílov también pretendía deshacerse de Kérenski. Por su parte, los líderes del Sóviet de Petrogado, temiendo que sus cabezas terminaran en el degolladero si Kornílov salía victorioso, impulsaron una campaña para armar a los trabajadores y movilizarlos con fin de derrotar al golpe . En esto, los bolcheviques desempeñaron el papel principal.

Pero los trabajadores y soldados, educados por la lucha política de los bolcheviques contra el Gobierno provisional y contra la conciliadora dirigencia del Sóviet, tomaron la iniciativa de organizar las Guardias Rojas y persuadir a destacamentos claves de tropas movilizadas por Kornílov a abandonarlo. El golpe colapsó antes de la llegada de las tropas del frente a la capital.

Al completar El Estado y la revolución en la estela del golpe fallido de Kornílov, Lenin escribió un artículo, “Una de las cuestiones fundamentales de la revolución” (escrito el 7 u 8 de septiembre y publicado el 14 de septiembre) donde expresó la conexión directa entre su trabajo teórico y las tareas prácticas a futuro. Escribió lo siguiente:

La cuestión del poder estatal no se puede evadir o dejar a un lado porque es la cuestión decisiva que determina todo aspecto del desarrollo de una revolución. …

Sin embargo, la consigna “El poder a los sóviets” muy frecuentemente, si no en la mayoría de casos, se interpreta erróneamente como “Un gabinete de los partidos de la mayoría del Sóviet…” [No es así.] “El poder a los sóviets” significa la reconfiguración radical del viejo aparato estatal, ese aparato burocrático que obstruye todo lo democrático. Significa sustraer este aparato y sustituirlo con uno nuevo y popular, esto es, un aparato verdaderamente democrático de los sóviets, en otras palabras, la mayoría del pueblo organizado y armado –los obreros, los soldados y los campesinos—. Significa otorgarle a la mayoría del pueblo la iniciativa e independencia no solo en la elección de diputados sino en la administración estatal, en la realización de reformas y varios otros cambios.[10]

La clase trabajadora, la revolución socialista y el Estado

Dirijamos ahora nuestra atención a la sustancia de El Estado y la revoluciónde Lenin.

Las enseñanzas fundamentales de Marx y Engels acerca del Estado y de las tareas de la revolución proletaria en relación al Estado se pueden resumir de la manera siguiente:

*El papel de todos los Estados como instrumentos de alguna clase dominante para reprimir a las clases explotadas;

*La necesidad de derrocar y destrozar la maquinaria del Estado capitalista y establecer en lugar de la dictadura de la burguesía la dictadura del proletariado, es decir, una democracia obrera;

*El requisito que la clase trabajadora utilice la fuerza en realizar esta tarea;

*El papel de la dictadura proletaria en aplastar la resistencia de la clase dominante depuesta y establecer las bases para la transición de la construcción del socialismo hacia el comunismo, en el cual las distinciones entre clases desaparecerán y el principio “de cada uno, según su trabajo” será reemplazado por el principio “de cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”;

*La extinción del Estado bajo el comunismo.

Estas concepciones aún eran muy controversiales dentro del movimiento socialista cuando Lenin escribió El Estado y la revolución.

Por décadas habían estado bajo un ataque sistemático por los elementos oportunistas y centristas, empezando de manera abierta con la publicación en 1899 del manifiesto revisionista de Eduard Bernstein, Las premisas del socialismo. Bernstein explícitamente rechazó el concepto marxista de la revolución y sostuvo que la clase obrera solo podía lograr el socialismo a través de reformas sociales graduales alcanzadas con medidas parlamentarias. Atacó la fórmula de Marx de la dictadura del proletariado como el acogimiento de los métodos conspirativos y golpistas promovidos por Louis Blanqui.

Pero incluso la misma fundación del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD, Sozialdemokratische Partei Deutschlands ) en 1875 estuvo marcada por confusión acerca de la cuestión del Estado. En su famosa Crítica del Programa de Gotha, Marx vituperó el llamado de dicho programa fundacional del SPD por un “Estado libre del pueblo”. Dicha consigna no solo dejaba indefinida la naturaleza de clase del Estado establecido por la revolución, sino que, detrás del vago término de “el pueblo”, implica que el nuevo Estado sería “libre” de cualquier influencia de clase alguna: una imposibilidad para cualquier Estado.

Como Lenin indica en El Estado y la revolución, a pesar el reconocimiento formal de la dirección del SPD alemán de la exactitud de las críticas de Marx, en 1886 el jefe del partido August Bebel republicó sin cualquier cambio su folleto de 1872 intitulado Nuestros objetivos, donde incluye lo siguiente: “Y de esta manera el Estado ha de ser transformado de una basado en la dominación de clase a un Estado del pueblo.”

Como he mencionado anteriormente, las distorsiones del concepto marxista del Estado fueron utilizadas por los mencheviques para justificar tanto su apoyo a la guerra y al Gobierno provisional burgués como su oposición a la utilización de los sóviets para derrocar al Estado capitalista y establecer un Estado obrero.

Basándose en citas extensas de Engels, Lenin dedica el primer capítulo de El Estado y la revolución a una exposición positiva de la concepción del Estado derivada del empleo del materialismo histórico de Marx y Engels en la examinación de la evolución de la civilización humana.

Lenin toma citas de dos obras de Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884) y el prefacio a la edición tercera de Anti-D ü hring(1894). En el presente contexto solo se nos permitirá presentar de manera resumida las concepciones contenidas en este capítulo.

Primero: el estado no ha existido eternamente. Han existido sociedades primitivas que no conocían ningún poder estatal que estuviese por encima del pueblo. El Estado emerge de la sociedad a consecuencia de su escisión en clases sociales irreconciliablemente antagónicas. Un poder público especial se volvió necesario, en palabras de Engels, “porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población”. Para prevenir que la sociedad fuese devorada por la lucha entre clases, “se hizo necesario tener un poder situado aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’”.

Lenin luego argumenta contra dos tipos de distorsión y falsificación de esta concepción del Estado. Existe el tipo más crudo, avanzado por los ideólogos burgueses y pequeño-burgueses, que sostiene que el Estado es un órgano para la reconciliación de las clases. Lenin cita a Engels, quien afirma que, al contrario, “Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del ‘orden’ que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases”.

También existe la distorsión más sutil e insidiosa kautskista de Marx y Engels. Reconoce que el Estado es un órgano de dominación de clase, pero “se olvida” o “trata por encima” la conclusión que emerge de este hecho explícitamente extraída por Marx y Engels en su análisis de las revoluciones de 1848 y la Comuna de Paris de 1871, y establece, en palabras de Lenin, que “la liberación de la clase oprimida es imposible, no solo sin una revolución violenta , sino también sin la destrucción del aparato del poder estatal que ha sido creado por la clase dominante…”.[11]

Segundo: siendo un aparato para la represión de la clase explotada por la clase gobernante, cada Estado establece lo que Engels llama el “poder público” que, en su esencia “no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, cárceles e instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía”. Un ejército permanente y fuerza policial son los instrumentos principales del poder estatal.

Esto no es menos cierto bajo el capitalismo, incluso en una república democrática burguesa con un Parlamento, “libertad de prensa”, etc. que en cualquier etapa anterior de la sociedad de clases. Lenin explica: “No fueron solo el Estado antiguo y el Estado feudal los órganos de explotación de los esclavos y de los campesinos siervos: también [citando a Engels] ‘el Estado moderno representativo es instrumento de explotación del trabajo asalariado por el capital’”.

De hecho, Lenin nota: “La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo… Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice Engels, … es ‘un índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca más, en el Estado actual’”.[12]

Tercero: Para acabar con el capitalismo e iniciar la construcción del socialismo y la abolición de toda explotación de clases, la clase obrera derroca y destroza el Estado capitalista y establece un Estado obrero. Este será el primer Estado en la historia que servirá como el instrumento de la mayoría contra una minoría. Será de la clase obrera armada y basada en órganos de poder democráticos e independientes como los sóviets en Rusia. Establece la democracia genuina para las masas, a diferencia de la farsa cruel que es la democracia bajo el capitalismo: la democracia para los ricos y para la represión de los pobres.

A diferencia de sus previas formas a lo largo de la historia, este Estado inaugura la transición a una sociedad sin clases, y consecuentemente al fin del Estado en sí, ya que no existe una necesidad social para él. Lenin cita del prefacio de Engels a la tercera edición de Anti-Dühring:

El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad, la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención estatal en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí sola. El Gobierno de las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será ‘abolido’; se extinguirá.[13]

Lenin ataca la distorsión que prevalecía en los que denominó los “partidos socialistas actuales” que citan este pasaje y otros similares de Marx y Engels para atacar a los anarquistas no desde el punto de vista de la clase obrera, es decir, desde la izquierda, sino desde el punto de vista de la burguesía y su Estado, lo que significa que de la derecha. Se oponen a la reivindicación anarquista de la abolición inmediata del Estado y anteponen –citando a Marx y Engels como su autoridad– que el Estado no se puede abolir: simplemente se extingue.

“En realidad,” escribe Lenin, “Engels habla aquí de la destrucción del Estado burgués por parte de la revolución proletaria, mientras que las palabras relativas a la extinción del Estado se refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución socialista. El Estado burgués no se ‘extingue’, según Engels, sino que ‘es destruido’ por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario”.[14]

Lenin le dedica una porción sustancial de El Estado y la revolución a una examinación minuciosa de los escritos de Marx y Engels sobre el Estado del punto de vista de la evolución y concretización de sus concepciones entre el Manifiesto comunista de 1847 a sus escritos sobre las luchas revolucionarias en Francia entre 1848 y 1851 (Las luchas de clases en Francia y El 18 Brumario de Luis Napoleón) y sus escritos acerca de la Comuna de París (La guerra civil en Francia) y los comentarios subsiguientes.

Enfatiza que Marx extrajo las lecciones políticas del análisis de estas experiencias estratégicas revolucionarias de la clase trabajadora, a su vez profundizando su entendimiento de la lucha de la clase trabajadora para la toma del poder estatal y de la naturaleza del Estado que se establecería. Lenin plantea explícitamente la cuestión del abordaje científico, materialista, histórico y metodológico empleado por Marx y Engels del tema del Estado. Elaborando sobre el desarrollo de los escritos de Marx sobre el Estado siguiendo la revolución francesa de 1848, observa lo siguiente:

Fiel a su filosofía del materialismo dialéctico, Marx toma como base la experiencia histórica de los grandes años de la revolución, de los años 1848-1851. Aquí, como siempre, la doctrina de Marx es un sumario de la experiencia, iluminado por una profunda concepción filosófica del mundo y por un rico conocimiento de la historia.[15]

En su repaso de los escritos de Marx sobre la Comuna de Paris en La guerra civil en Francia Lenin comenta:

Sin perderse en utopías, Marx esperaba de la experiencia del movimiento de masas mismo la respuesta a las cuestiones de cuáles formas concretas tomará esta organización del proletariado como clase dominante y de qué modo se concertará esta organización con la “conquista de la democracia” más completa y más consecuente.[16]

Este método riguroso y científico que trata la revolución socialista como un proceso histórico objetivo cuyas leyes podrían ser descubiertas y aplicadas a la estrategia y tácticas revolucionarias de la clase trabajadoras se ejemplifica en El Estado y la revolución. Fue de este modo que Lenin, en clandestinidad y enfrentado con las alternativas de revolución o contrarrevolución, trató la cuestión de la lucha por el poder soviético.

Cabe recordar ante esto la “Séptima razón” elaborada en la primera conferencia de esta serie presentada por David North, intitulada “¿Por qué estudiar la Revolución Rusa?:

La Revolución Rusa exige ser estudiada de forma seria al ser un episodio crítico en el desarrollo del pensamiento social científico. El logro histórico de los bolcheviques en 1917 demostró y actualizó la relación esencial que existe entre la filosofía del materialismo científico y la práctica revolucionaria.[17]

Lenin empieza su resumen de los escritos de Marx y Engels con respecto a las revoluciones de 1848 y 1871, citando al Manifiesto comunista escrito en la víspera de las revoluciones europeas de 1848. Habla del “violento derrocamiento de la burguesía” sentando “las bases para el poder del proletariado” y caracteriza el Estado que resultaría como “el proletariado organizado como la clase dominante”.

Desde el alzamiento de 1848 de la clase trabajadora de Paris y su represión sanguinaria por la burguesía republicana, seguido por el golpe de Estado de diciembre de 1851 de Luis Napoleón, Marx llego a conclusiones de gran alcance. En el 18 Brumario escribió: “Todas las revoluciones perfeccionaban esta máquina [estatal], en vez de destrozarla”, con la implicación de que la clase trabajadora tendría que “destrozar” el Estado burgués.

Refiriéndose a esta oración, Marx escribió una carta a Louis Kugelmann en abril de 1871 durante la vida de la Comuna en la cual dijo:

“Si te fijas en el último capítulo de mi 18 Brumario, verás que declaro que la próxima tentativa de la Revolución Francesa: no puede pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como se venía haciendo hasta ahora, sino tiene que romperla, y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto, precisamente, consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de Paris”.[18]

La Comuna de Paris y su represión sangrienta fortaleció la convicción de Marx de que la revolución proletaria tendrá que desbaratar el viejo Estado burgués, incluso sus estructuras corruptas del parlamentarismo burgués, poniendo en su lugar una democracia revolucionaria proletaria de un carácter totalmente distinto, tanto para suprimir la contrarrevolución burguesa como para crear las condiciones de la transición al pleno socialismo y el comunismo.

Marx primero uso el término “la dictadura del proletariado” en una carta a Joseph Weydemeyer fechada 5 de marzo de 1852, en la cual escribió:

Mi aporte nuevo fue demostrar: 1) que la existencia de las clases sólo va unida a determinadas fases históricas de desarrollo de la producción; 2) que la lucha de clases conduce, necesariamente, a la dictadura del proletariado; 3) que esta misma dictadura no es en sí más que el tránsito hacia la abolición de todas las clases y hacia una sociedad sin clases”.[19]

En cuanto al término “la dictadura del proletariado,” Lenin cita al prefacio de Engels a la tercera edición de La guerra civil en Francia, fechado 1891:

Pero, en realidad, el Estado no es nada más que una maquina cuyo propósito es la opresión de una clase por otra, en la monarquía y en la república democrática, por igual…

Últimamente, las palabras “dictadura del proletariado” han vuelto a sumir en santo terror al filisteo alemán. Pues bien, caballeros, ¿quieren saber qué faz presenta esta dictadura? Solo contemplen a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado![20]

Como Lenin señala, en La guerra civil en Francia, Marx enfatiza las diferencias y oposiciones esenciales entre la democracia y el parlamentarismo burgueses, y el Estado que los comuneros comenzaron a construir. “El primer decreto de la Comuna … fue la supresión del ejército permanente para sustituirlo por el pueblo armado”, dijo Marx. La policía fue convertida en una agencia de la Comuna “responsable y revocable en todo momento”.

Los otros elementos subrayados por Marx incluyen el sufragio universal, el hecho de que todos los representantes electos estuviesen sujetos a una revocación de su mandato en cualquier momento, todos los funcionarios del Gobierno recibiesen un salario no mayor al nivel medio de un obrero, y que los jueces y magistrados fuesen elegibles, responsables y revocables . Lo que es más, la Comuna había de tratarse como un órgano de trabajo no parlamentario sino simultáneamente ejecutivo y legislativo.

Lenin comenta:

Aquí es precisamente donde se expresa de un modo más evidente el rompimient o entre la democracia burguesa y la democracia proletaria, de la democracia de la clase opresora a la democracia de las clases oprimidas, del Estado como “fuerza especial” para la represión de una determinada clase a la represión de los opresores por la fuerza conjunta de la mayoría del pueblo, de los obreros y los campesinos. ¡Y es precisamente en este punto tan evidente –tal vez el más importante, en lo que se refiere a la cuestión del Estado—en el que las enseñanzas de Marx han sido más relegadas al olvido![21]

El capítulo final de El Estado y la revolución desarrolla la polémica contra la degollación oportunista del marxismo en relación al Estado y su glorificación de la democracia burguesa y el parlamentarismo, enfocando su ataque contra Kautsky.

Empieza con la respuesta de Kautsky al manifiesto revisionista de Bernstein Las premisas del socialismo, notando que Kautsky evade el hecho de que Marx había insistido desde 1852 que la tarea de la revolución proletaria no consistía en la simple toma de la maquinaria estatal actual, sino también su destrucción. Citando a Kautsky, Lenin escribe:

“La solución de la cuestión acerca del problema de la dictadura proletaria —escribía Kautsky “contra” Bernstein— es cosa que podemos dejar con completa tranquilidad al porvenir”. Esta no es una polémica contra Bernstein, sino que es, en el fondo, una concesión hecha a éste, una entrega de posiciones al oportunismo…[22]

Con respecto a la obra de 1902 de Kautsky, La revolución social, Lenin se enfoca en ofuscaciones de las diferencias fundamentales entre las formas de gobernar de algún futuro Estado obrero y las de democracia burguesa parlamentaria.

Lenin concluye con una crítica de la respuesta de Kautsky a una crítica de sus posiciones por el socialista holandés Anton Pannekoek. Este último publicó un artículo en Neue Zeit en 1912 intitulado “La acción de masas y la revolución” en el cual criticó a Kautsky por su “radicalismo pasivo”. En ese entonces Pannekoek era un socialdemócrata que se identificaba con los críticos de izquierda del oportunismo, incluyendo a Rosa Luxemburgo. En los años veinte, adoptaría posiciones ultraizquierdistas y más tarde acogería opiniones antisoviéticas del capitalismo de Estado.

En su polémica de 1912, Pannekoek, según Lenin, escribió que la tarea de la revolución proletaria era destruir “los instrumentos del poder estatal” y “la organización de la minoría dirigente.”

En respuesta Kautsky acusó a Pannekoek de haber pasado al lado del anarquismo, escribiendo: “Hasta ahora la distinción entre los socialdemócratas y los anarquistas ha consistido en esto: los anteriores desean conquistar al poder estatal mientras los últimos lo desean destruir. Pannekoek quiere hacer ambos.”

Lenin escribe: “[La definición de Kautsky] de la distinción entre socialdemócratas y anarquistas es completamente errónea, dejando el marxismo plenamente vulgarizado y distorsionado”.

La insinuación que el marxismo se opone al desmantelamiento del Estado actual es completamente falsa, como lo demuestra de manera exhaustiva la examinación de Lenin de los escritos de Marx y Engels. La diferencia consiste en que los anarquistas se oponen al establecimiento de un nuevo Estado proletario por la clase trabajadora, sin el cual se encontraría incapaz de defenderse ante la represión asesina de la burguesía.

Engels provee una devastadora respuesta a la rechaza toda forma de autoridad de parte de los anarquistas en un pasaje de su ensayo de 1873 intitulado “De la autoridad” citado por Lenin en El estado y la revolución:

Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?

Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción”.[23]

En su El estado y la revolución, Lenin resume las diferencias entre el marxismo y el anarquismo de la siguiente manera:

La diferencia entre los marxistas y los anarquistas consiste en lo siguiente: 1) En que los primeros, proponiéndose como fin la destrucción completa del Estado, reconocen que este fin sólo puede alcanzarse después de que la revolución socialista haya destruido las clases, como resultado de la instauración del socialismo, que conduce a la extinción del Estado; mientras que los segundos quieren destruir completamente el Estado de la noche a la mañana, sin comprender las condiciones bajo las que puede lograrse esta destrucción. 2) En que los primeros reconocen la necesidad de que el proletariado, después de conquistar el poder político, destruya completamente la vieja máquina del Estado, sustituyéndola por otra nueva, formada por la organización de los obreros armados, como la Comuna; mientras que los segundos, abogando por la destrucción de la máquina del Estado, tienen una idea absolutamente confusa respecto al punto de con qué ha de sustituir esa máquina el proletariado y cómo éste ha de emplear el poder revolucionario; los anarquistas niegan incluso el empleo del poder estatal por el proletariado revolucionario, su dictadura revolucionaria. 3) En que los primeros exigen que el proletariado se prepare para la revolución utilizando el Estado moderno, mientras que los anarquistas niegan esto.[24]

La vulgarizada falsificación del marxismo y la creación de ilusiones en la democracia burguesa promovidas en su nombre son resumidas en un pasaje de la respuesta de Kautsky a Pannekoek, citada por Lenin:

La tarea de la huelga general no puede ser nunca la de destruir el Estado, sino simplemente la de obligar a un Gobierno a ceder en un determinado punto o la de sustituir un Gobierno hostil a uno que esté dispuesto a llegar a un compromiso con el proletariado… Pero jamás, ni en modo alguno, puede esto [la victoria del proletariado sobre un Gobierno hostil] conducir a la destrucción del poder estatal, sino pura y simplemente a un cierto desplazamiento de la relación de fuerzas dentro del poder estatal. Y la meta de nuestra lucha política sigue siendo, con esto, la que ha sido hasta ahora: conquistar el poder estatal ganando una mayoría en el Parlamento y hacer del Parlamento el dueño del Gobierno.[25]

* * *

En su resumen de La guerra civil en Francia, Lenin escribe sobre la reacción de Marx a la Comuna de Paris:

Marx, por el contrario, no se contentó con solo entusiasmarse ante el heroísmo de los comuneros, que, según sus palabras, “tomaban el cielo por asalto”. Marx veía en aquel movimiento revolucionario de masas, aunque éste no llegó a alcanzar sus objetivos, una experiencia histórica de grandiosa importancia, un cierto paso hacia adelante de la revolución proletaria mundial, un paso práctico más importante que cientos de programas y de raciocinios. Analizar esta experiencia, sacar de ella las enseñanzas tácticas, revisar a la luz de ella su teoría: he aquí cómo concebía su misión Marx.[26]

Tal era el abordaje de Marx a la Comuna de París, el abordaje de Lenin al legado teórico del marxismo y nuestro abordaje hoy día a la Revolución Rusa. Y tanto para Marx como para Lenin, el análisis y la asimilación de las lecciones de estas grandes luchas y sonsacar los temas históricos y teóricos que entrañaban se realizó en la práctica política en la conexión más íntima con los acontecimientos políticos contemporáneos, de la misma manera procedemos en la actualidad al conmemorar la Revolución Rusa.

Las organizaciones pequeñoburguesas que se enmascaran como “izquierdistas” o hasta “socialistas” a la vez que se alinean por sus hechos con el imperialismo y el Estado capitalista o son indiferentes o abiertamente hostiles a la Revolución de Octubre porque son hostiles a la clase trabajadora y se oponen al derrocamiento del capitalismo hoy día.

Al contrario, “Las lecciones del octubre” tienen una inmensa relevancia para las tareas planteadas a la clase trabajadora por la crisis de magnitud inaudita del capitalismo mundial y la emergencia de una nueva etapa de luchas revolucionarias. La Revolución de Octubre aún sigue siendo intensamente relevante a los acontecimientos políticos de nuestros días.

Las tendencias identificadas por Lenin en El imperialismo y El Estado y la revolución –la integración cada vez más estrecha del Estado imperialista y los grandes monopolios financieros y corporativos (por ejemplo Google, Amazon, Apple, la CIA y el Pentágono) en forma del capitalismo monopolista de Estado; el monstruoso crecimiento del aparato represivo estatal y la putrefacción de las formas democráticas de gobierno (la represión en Cataluña aplaudida por todo los Gobiernos imperialistas y los imperialistas de “derechos humanos” como el New York Times, el gobierno por decreto impuesto por el estado de emergencia en Francia, la entrada de los neofascistas en el Parlamento alemán, la formación de un Gobierno de generales y millonarios de Wall Street en EUA)— se encuentran actualmente en un estado mucho más avanzado que en la época de Lenin. El imperialismo avanza de nuevo hacia una guerra mundial que pregona, nuevamente, nada menos que un holocausto nuclear y la aniquilación de la civilización.

Con la conmemoración del centenario de la Revolución Rusa, incluyendo estas conferencias, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional sigue los pasos de Lenin y Trotsky en esclarecer, educar y armar políticamente a la clase trabajadora para la emergente revolución socialista mundial.

Notas:

[1] Trotsky History of the Russian Revolution (Chicago: 2008), pp. 709.

[2] Ibid., pp. 710.

[3] Lenin Collected Works Volume 23 (Moscú: 1977), pp. 106.

[4] Lenin State and Revolution (International Publishers, Nueva York: 1988), pp. 5-6.

[5] Trotsky History of the Russian Revolution (Chicago: 2008), pp. 304-305.

[6] Alexander Rabinowitch Prelude to Revolution, (Indiana University Press: 1991), pp. 82-83.

[7] Rabinowitch The Bolsheviks Come to Power (Chicago and Ann Arbor: 2004), pp. 109.

[8] Ibid., pp. 94.

[9] Lenin Collected Works Volume 25 (Moscú: 1964), pp. 177-78.

[10] Ibid., pp. 366, 368.

[11] Lenin State and Revolution (International Publishers, Nueva York: 1988), p. 9.

[12] Ibid., p. 14.

[13] Ibid., p. 16.

[14] Ibid., p. 17.

[15] Ibid., p. 26.

[16] Ibid., p. 36.

[17] North, et al. Why Study the Russian Revolution? Volume 1 (Oak Park, Michigan: 2017) p. 19.

[18] Lenin State and Revolution (International Publishers, Nueva York: 1988), p. 33.

[19] Ibid., p. 29.

[20] Lenin Marxism on the State (Moscú: 1972), pp. 56-57.

[21] Lenin State and Revolution (International Publishers, Nueva York: 1988), p. 38.

[22] Ibid., p. 89.

[23] Ibid., p. 53.

[24] Ibid., pp. 94-95.

[25] Ibid., p. 99.

[26] Ibid., p. 32.

(Fotografía:General contrarrevolucionario Lavr Kornílov, en abril de 1917)

Las dimensiones financieras del impasse del capitalismo

por François Chesnais //

En febrero publiqué en la web de A L’Encontre un artículo 1/en el que avanzaba la hipótesis de un modo de producción que se encuentra en una situación histórica en la que ya no consigue superar sus límites «inmanentes», tal como fueron explícitamente definidos por Marx 2/, ni los correspondientes a las relaciones del capitalismo con el entorno, de los que se ha tenido conciencia sólo mucho más tarde. En el artículo de febrero no se abordaban las dimensiones financieras del impasse del capitalismo. El objeto de este artículo es llenar esta laguna y continuar un trabajo que es también de clarificación personal. Sólo se abordan las dimensiones económicas de la financiarización y no las de carácter social que son al menos igual de importantes.

Los economistas marxistas y heterodoxos coinciden hoy en decir que el lugar central de las finanzas es un rasgo fundamental del capitalismo contemporáneo. Pero no hay acuerdo en la definición de lo que se suele denominar la «financiarización». Los enfoques difieren de un autor a otro, a veces de forma sensible, más al tratarse de un fenómeno con muchas facetas en la producción y la gestión industriales y que ha invadido toda la vida social. Mi enfoque se apoya en la sección Quinta del libro III de El Capital y se centra en el dominio económico y político del capital en préstamo o capital a interés 3/. Éste se valoriza sin abandonar la esfera de los mercados financieros, por medio de títulos que representan derechos de cobro sobre la plusvalía actual y venidera. Los grandes bancos, las grandes compañías de seguros, los fondos de inversión y las tesorerías de los grandes grupos industriales, son sus formas organizativas. Utilizando la importante distinción hecha por Marx, en el actual grado de concentración de los poseedores de acciones y de obligaciones, el «capital como propiedad» llena los poros del «capital como función».

El artículo de febrero comenzaba con un gráfico, que ha sido prolongado en dos años.

Gráfico 1: Tasa de crecimiento anual del PIB mundial 2010-2016 por grupos de países

Se puede añadir un segundo gráfico que muestra el movimiento del comercio mundial desde 2012, esto es después del final oficial de la recesión estadounidense.

Gráfico 2: Comercio mundial mediados 2007 – mediados 2016, media semestral de intercambio respecto al año anterior

Fuente: The Economist, diciembre 2016

Los dos gráficos dan testimonio de una situación que, bajo el nombre de «estancamiento secular», suscita los interrogantes de las diferentes corrientes de la teoría económica burguesa, tanto neoclásica como keynesiana, esto es, un gran fallo de la economía capitalista. Confirman la idea de un sistema que no consigue recuperarse de la crisis porque sus mecanismos están desgastados. El artículo de febrero proponía una explicación. Aquí, los dos gráficos fijan el marco de análisis, uno de cuyos hilos conductores es que la financiarización es la consecuencia y no la causa de la situación de bloqueo de la acumulación.

El artículo comienza con una presentación de las nociones de capital a interés y de capital ficticio, así como la de fetichismo del dinero en un grado de acumulación y de concentración financieras cualitativamente diferentes a las que Marx tenía delante de sus ojos. Seguirá un rápido examen de los principales procesos alimentados por la «acumulación financiera», desde final de los años 1960, esto es la acumulación de capital compuesto por derechos de cobro virtuales sobre la plusvalía actual y futura, que representan un capital para quienes los poseen y esperan de ellos un rendimiento, pero que son capital ficticio desde el punto de vista del movimiento del capital como un todo. Estos procesos incluyen el mecanismo de reproducción continua de las deudas públicas una vez contratadas, la centralización del ahorro aportado por los sistemas de jubilaciones por capitalización (los fondos de pensiones) y la inversión por las clases superiores de rentas de la propiedad y del capital no consumidas. La acumulación financiera se ha dado de forma simultánea a los cambios en las relaciones de fuerzas entre capital y trabajo, nacidos de las derrotas de la clase obrera a manos de Thatcher y de Reagan, así como las de la burocracia soviética en declive. El resultado ha sido la liberalización y la mundialización del capital. En la última fase de los años 2000, condujeron a la mundialización del ejército industrial de reserva y abrieron el camino para la organización de nuevas configuraciones industriales transnacionales conocidas con el nombre de cadenas de valor o cadenas de aprovisionamiento globales. Denominadas global value chains (GVC), combinan producción propia y subcontratación y están en el origen de las elevadas ganancias de los grandísimos grupos industriales.

El capital a interés alimenta una ilusión de autonomía respecto a lo que, por comodidad, puede denominarse la «economía real». Pero de hecho sigue dependiendo de ella. La materialización de los derechos de cobro depende de la producción y de la realización de plusvalía por un importe suficiente para satisfacer a la masa de capital ficticio que la pretende. Ello empuja a los accionistas a exigir un control cada vez más estrecho sobre el nivel de las ganancias y el desembolso de los dividendos. Cuando la inversión y el crecimiento debilitan a los gestores de fondos recurren a la especulación y se lanzan a la «innovación financiera». A medida que el ritmo de la acumulación real se ha ralentizado mientras la masa de capital ficticio continuaba aumentando, la escala de las operaciones especulativas y la diversidad de títulos de capital ficticio emitidos en los mercados se han acrecentado. En los años 1990, la especulación afectó a mercados específicos, los de inversiones extranjeras en México y en Asia; o a los títulos de industrias de crecimiento superior a la media, sobre todo las acciones de las empresas de alta tecnología (el Nasdaq) que se hundieron en 2001. En los años 1990 se inició un crecimiento del endeudamiento de las economías domésticas, en particular de su deuda hipotecaria. Ésta dio un salto cualitativo en los años 2000 con ayuda de sofisticados montajes financieros que permitían la ocultación de los riesgos, con la emergencia del shadow banking, sistema de crédito no reglamentado, en el que participaron las filiales de los grandes bancos.

A diferencia de 1929, la crisis financiera de setiembre de 2008 ha supuesto la destrucción de sólo una pequeña parte del capital ficticio. Gracias al salvamento de los bancos, con la excepción de Lehmann, así como de las grandes sociedades de seguros, la masa de capital ficticio ha seguido aumentando, dando lugar a dos fenómenos que muestran el impasse del capitalismo en el ámbito financiero. El primero es el nivel de transacciones en los mercados de productos derivados (derivatives, en inglés), transacciones perfectamente estériles desde el punto de vista económico y potenciales contenedoras de crisis. El segundo es el movimiento de baja hasta cero de los tipos de interés, no sólo el de los bancos centrales, sino sobre todo de los mercados de títulos de préstamo (los mercados obligacionistas).

Dos indicadores generales del nivel de financiarización

La base de la financiarización es una acumulación muy elevada de capital con la forma de capital a interés. Para dar una idea del grado que ha alcanzado hoy día esta acumulación se puede recurrir al indicador propuesto por el McKinsey Global Institute. Las curvas del gráfico 3 muestran el crecimiento desde comienzos de los años 1990, en billones de dólares y porcentaje del PIB mundial de las cuatro principales categorías de activos financieros, las acciones, las obligaciones privadas, los efectos de deuda pública y los depósitos bancarios, que constituyen en lo esencial líneas de crédito a interés. No incluye la categoría de activos considerados como productos derivados, para los cuales hay indicadores específicos que se mostrarán más adelante. Se trata de un indicador con el carácter de «proxy» siendo su base de cálculo el valor de mercado (en el caso de las acciones, la capitalización bursátil) en las principales plazas financieras. Señala el movimiento de crecimiento de la masa de capital que emprende la vía de la valorización en mercados financieros y muestra el tamaño del importe de los potenciales derechos de cobro sobre la plusvalía.

Gráfico 3: Crecimiento de los activos financieros mundiales en billones de dólares al tipo de cambio de 2011 (eje de la derecha y curva azul) y en porcentaje del PIB mundial (eje de la izquierda y curva roja)

Fuente; McKinsey Global Institute, Financial Globalization, Retreat or Reset?{}, 2013

Como se puede constatar, el ritmo de crecimiento es impresionante: un tipo medio compuesto del 9% entre 1990 y 2007, con una gran aceleración en 2006 y 2007 (+18%). En 2007, la proporción entre activos financieros y el PIB mundial alcanzó el 376%4/. Los veinte años de crecimiento exponencial se paralizaron por la crisis financiera de setiembre de 2008. Pero después, mientras la curva azul del PIB mundial desciende y se mantiene estancada, la curva roja recupera su curso hacia arriba, aunque a un ritmo menor, lo que McKensey llama «un tipo anémico del 1,9%» 5/. La caída de la capitalización bursátil en las principales bolsas y el retroceso de las transacciones en los mercados obligacionistas privados fueron compensados, al menos parcialmente, con su elevación en las economías «emergentes» y un crecimiento estimado de los efectos de deuda pública en 2011 y 2012 del orden de 4,4 billones de dólares. La proporción entre activos financieros y PIB mundial se mantiene en el 356%.

Recientemente el Banco de Pagos Internacionales (BIS en sus siglas inglesas) ha proporcionado un segundo indicador, en su último informe anual que dedica un capítulo al estado de la mundialización 6/. Se trata de la evolución durante un muy largo período de los intercambios comerciales y de los flujos financieros, medidos por la suma de activos y pasivos financieros en las cuentas de capital del balance de pagos de los países, esto es principalmente los flujos de intereses y de dividendos (también están las royalties sobre las patentes). En lo que respecta a los intercambios de mercancías, la «segunda mundialización» supera definitivamente a la «primera» con la puesta en marcha del tratado de Marrakech y la entrada en función de la OMC. En cambio, los flujos financieros conocen un ascenso exponencial hasta el punto de que la Banca de Pagos Internacionales de Basilea (BIS) habla de «tercera mundialización».

Gráfico 4: Comercio mundial y flujos financieros internacionales en porcentaje del PIB mundial, 1825-2015

Fuente: http://www.bis.org/publ/arpdf/ar2017e.pdf%20page%20100

Es interesante constatar que los flujos financieros han alcanzado también una meseta, cuya explicación se dará más adelante.

Los activos financieros son «capital ficticio»

Antes de tratar de los factores que han sustentado la acumulación de los activos financieros representada en el gráfico 3, hay que definir su naturaleza. Para los poseedores de títulos y para los gestores financieros, los activos financieros son un «capital». Generan flujos de dividendos y de intereses y pueden ser vendidos dentro del mercado financiero propio para cada tipo de activo. Los beneficios financieros, denominados plusvalías financieras ganadas por especulaciones exitosas, se han vuelto en algunos casos más importantes que los flujos de plusvalía. Este «capital» es ficticio. El término suele ser cuestionado y acaba de serlo una vez más por el economista marxista griego Costas Lapavistsas en una importante revista en lengua inglesa 7/. Por tanto, es útil comprender de qué se trata. Hablando ante todo de las acciones, Marx escribe que éstas «representan un capital real: aquel (de las sociedades por acciones) que ha sido invertido y que funciona en esas empresas». Pero añade a continuación que este capital «no puede existir dos veces, una vez como valor-capital de los títulos de propiedad, de las acciones, y la segunda como capital invertido realmente. Sólo existe bajo esta segunda forma, y la acción no es más que un título de propiedad que da derecho, en prorrata de la partición, a la plusvalía o “sobre trabajo” que este capital va a engendrar» 8/. En el caso de los títulos de deuda pública, «el capital que, a los ojos de la gente, produce un rédito (interés), en este caso el desembolso por el Estado sigue siendo un capital ficticio, ilusorio. (…) la parte de los impuestos anuales que recae (al poseedor de títulos) representa el interés de su capital, de igual manera que el usurero recibe una parte de los bienes de su pródigo cliente, y, sin embargo, ni en un caso ni en otro la suma de dinero prestada ha sido gastada como capital» 9/. El tipo de figura al que estamos habituados a pensar dado el papel asumido por el Estado tras la Segunda Guerra mundial, esto es los empréstitos con fines de inversión productiva y de apoyo al capital industrial, no fue contemplada por Marx. Pero desde que se establecieron procesos en que las deudas públicas no tienen vocación de extinguirse, sino que se reproducen de período en período, el carácter usurero del endeudamiento de los Estado se ha ido reafirmado, duplicado con la capacidad de los acreedores para dictar la política de los gobiernos de los países deudores.

También está el crédito bancario (en la terminología de Marx, «el crédito del banquero» en oposición al crédito a corto plazo ligado al descuento de los efectos comerciales). Se trata del préstamo de sumas en bloque o de apertura de líneas de crédito concedidas a un industrial con vistas a una inversión en capital constante o en capital variable (talleres, oficinas, equipos, insumos de la producción, salarios). El crédito se concede por una duración determinada y está llamado a extinguirse a medida que la inversión aporte valor y plusvalía. En el caso del «crédito del banquero», las cuestiones por las que se interesa Marx son la euforia financiera al final de la expansión cíclica y el exceso de crédito, lo que se han llamado después las burbujas financieras. Las crisis económicas que analiza son siempre también crisis bancarias, teniendo que ver la vulnerabilidad de los bancos con el hecho de que la creación de crédito se basa en «fondos propios» en gran medida ficticios al estar compuestos en buena parte de acciones y de títulos de deuda. Se trataba ya de ingeniería financiera y de circulación interbancaria de títulos: «los banqueros acuerdan entre sí las asignaciones recíprocas sobre depósitos que no existen, haciendo surgir estos créditos por deducción de unas con otras» 10/.

Fetichismo y «magia del dinero» en el siglo XXI

El nivel de acumulación del capital ficticio, así como el grado alcanzado en el proceso de centralización-concentración de las organizaciones capitalistas que la poseen, exigen prestar la mayor atención a lo que Marx denominaba el fetichismo del dinero. El capítulo 24 de la sección quinta del libro III del Capital comienza con una frase que dice que con «el capital a interés, la relación capitalista alcanza su forma más exterior, más fetichizada. Tenemos aquí D-D’, dinero que produce dinero, un valor que se valoriza a sí mismo, sin ningún proceso que sirva de mediación a los dos extremos, (ni siquiera) como en el caso del capital mercantil, la forma general del movimiento del capital D-M-D’» 11/. Y continúa Marx una página más adelante: «El capital parece ser la fuente misteriosa y por la que se crea en sí misma el interés, su propio crecimiento. (…) Este fetiche autómata se alcanza claramente en el capital a interés: valor que se da valor a sí mismo, dinero que engendra dinero; bajo esta forma, ya no lleva las marcas de su origen. (…) El dinero adquiere así la propiedad de crear valor, de dar interés, de forma tan natural da peras como el peral». Las nociones de fetichismo de la mercancía y de fetichismo del dinero han interesado a los filósofos marxistas 12/, aunque prácticamente apenas a los economistas 13/, y cuando lo han hecho lo ha sido para concentrarse (como en mi caso) sobre todo en los rasgos rentistas del capital a interés, subrayados en la última fase. Es insuficiente.

Para sacar pleno partido al concepto de fetichismo del dinero hay que retroceder a su elaboración y su formulación, y examinar lo que Marx denomina la «magia del dinero» 14/, y más en particular las últimas páginas del capítulo 4 del libro I del Capital en la sección que trata de la «transformación del dinero en capital». Se puede leer que «como el valor, convertido en capital, sufre continuos cambios de aspecto y de tamaño, le hace falta una forma propia por medio de la cual se constate su identidad consigo misma. Y esta forma propia sólo la posee en el dinero. Bajo la forma dinero, comienza, termina y recomienza su proceso de generación espontánea». Y un poco más adelante:

«El valor se vuelve por tanto valor progresivo, dinero siempre floreciente, pujante y, como tal, capital. Sale de la circulación, vuelve a ella, se mantiene y se multiplica, sale de nuevo acrecentado y recomienza sin cesar la misma rotación, D-D’, dinero que hace dinero, moneda que hace crías ─money which begets money─, ésta es la definición del capital en boca de sus primeros intérpretes, los mercantilistas» 15/.

Estas frases deben ser ahora leídas a la luz del lugar ocupado por Goldman Sachs, UBS, BNP-Paribas y otros en el capitalismo de hoy día. En 1867 el «representante», el «soporte consciente» del movimiento en cuyo curso el capital pasa de D a D’ es el capitalista industrial. De él dice Marx que el «contenido objetivo de la circulación D-M-D’, es decir la plusvalía que engendra el valor, es su fin subjetivo, íntimo. En la medida en que la apropiación siempre creciente de la riqueza abstracta es el único motivo determinante de sus operaciones, funciona como capitalista, o, si se quiere, como capital personificado, dotado de conciencia y de voluntad. El valor de uso no debe ser considerado como el objetivo inmediato del capitalista, no más que la ganancia aislada; sino el movimiento incesante de ganancia siempre renovada” 16/.

En 1867, lo que importaba era el «ciclo completo» del capital, aquél en cuyo curso D engorda, crece y llega a ser D’, pasando por el movimiento D-M-P-M’-D’ 17/. Hoy día, no sólo el “ciclo corto D-D’ ” ocupa el centro de atención, sino que el éxito de los gestores financiero depende de exitosas operaciones de especulación para poder pasar su cartera de D a D’ en tanto que flujo de dividendos y de intereses. El “fetiche autómata”, el movimiento del “dinero engendrando dinero”, parecen ser el producto de los mercados financieros como tales, de ahí la “exhuberancia excesiva” (Allan Greenspan) o el «hybris» de los traders. En algunos mercados como el de productos derivados, que se examinará al final del artículo, la distancia respecto a la economía real es tan grande que las noticias sobre ésta no tienen efectos. Los intervinientes viven en pura levitación.

Para valorar el poder político y social de las finanzas había que hacer este rápido desvío por la teoría. Ahora volvemos al Gráfico 3para hablar de los factores que han llevado a lo largo de más de cincuenta años al crecimiento de la masa de capital que pretende valorizarse en mercados financieros y que ayudan a explicar su consolidación.

Las etapas de la acumulación del capital a interés

En tres capítulos que llevan el título «capital-dinero y capital real» de la sección Quinta del libro III, Marx nos invita a estudiar el movimiento específico de la acumulación del capital-dinero/capital en préstamo, por oposición a lo que denomina la “verdadera acumulación de capital” 18/. En el momento en que lo estudia, el movimiento está ligado al ciclo económico: una parte del capital acumulado por los capitalistas industriales en la fase de expansión, durante el período de crisis y de recesión quiere valorizarse como capital e préstamo. Añade con cierto laconismo que la acumulación de capital dinero puede ser “el resultado de fenómenos que acompañan a la acumulación real pero que difieren totalmente de ella” 19/. Lo que en el siglo XIX era un hecho coyuntural se ha convertido en el caso del capitalismo actual en un rasgo estructural, nacido ante todo de las relaciones imperialistas “Norte-Sur” y de los nuevos mecanismos institucionales de transformación de salario en capital por medio de los sistemas de pensiones por capitalización.

Tras la larga interrupción por la gran depresión de los años 1930 y la Segunda Guerra mundial, la acumulación de capital e préstamo recomenzó en Londres entre 1965 y 1973 en el llamado mercado de los eurodólares, cuando las empresas multinacionales americanas invirtieron sus beneficios industriales no reinvertidos, en bancos americanos y europeos, además de británicos, que tenían la condición de «off-shore».

En la siguiente fase tuvo lugar la afluencia a Londres de la renta petrolera, primer caso contemporáneo, reanudando con el siglo XIX, de ingresos rentistas basados en la propiedad de recursos naturales 20/ que iban a reforzar las posiciones de las finanzas. Desde 1976, estos petrodólares, invertidos en la City por las monarquías del Golfo, fueron reciclados por esos bancos reunidos en consorcio en forma de préstamos a países subordinados económica y políticamente al imperialismo en América Latina y en Africa. Los gobiernos fueron incitados a pedir préstamos a un tipo de interés variable, en un momento en que estaba muy bajo y aparentemente era muy favorable a los deudores, que algunos años más tarde se encontraron pillados en una trampa. El alza simultánea en 1981 de los tipos de interés americanos y del tipo de cambio del dólar, exigido por el cambio del modo de financiación del déficit del presupuesto federal con la emisión de bonos del Tesoro (los T-bonds) en el mercado obligacionista, precipitó la «crisis de la deuda del Tercer Mundo» cuyo primer acto fue la crisis mexicana de 1982.

El cambio en el modo de financiación presupuestaria americana tuvo importantes consecuencias para los países avanzados imperialistas. Para los países neocoloniales y coloniales sus efectos fueron devastadores. Las deudas, comenzando por la de Mexico, nunca han podido ser reembolsadas por completo, sino reproducidas de año en año a través del servicio de la deuda21/. Se han convertido también en la gran palanca para imponer a los países del Tercer Mundo las políticas de desmantelamiento del sector público (el ajuste estructural) así como la liberalización de los movimientos de capitales.

En el informe anual 2017 del BIS se encuentra un gráfico interesante que presenta un indicador del grado de apertura financiera y la composición del pasivo de la cuenta financiera del balance de pagos por grandes grupos de países. Se puede ver cómo en los llamados países «emergentes» que, con excepción de China, han tenido durante mucho tiempo una situación claramente semicolonial, por efecto del servicio de la deuda la apertura financiera se ha hecho antes y de forma más importante que en los países avanzados. Más adelante volveremos a tratar de este gráfico para explicar la evolución de los pagos ligados a las inversiones directas en el extranjero (la masa en amarillo).

Gráfico 5: Nivel y composición del pasivo de la cuenta financiera exterior (liabilities) por tres grupos de países 1972-2015

Fuente: BIS Annual Report 2017, capítulo 7 sobre la globalización

La fase paroxística de la crisis de la deuda mexicana fue también el inicio del apogeo de la deuda federal americana. Se la achaca con toda razón a los programas militares de Reagan (el keynesianismo militar), pero corresponde también al momento en que los servicios estadounidenses de jubilación por capitalización, los fondos de pensiones y mutual funds, necesitaban de forma imperiosa que se abrieran posibilidades de inversión a gran escala. Entraban en su fase de madurez y tenían que hacer frente al comienzo de la jubilación de los beneficiarios de los planes. Hacía falta que la capitalización necesaria al servicio de las jubilaciones se materializase a gran escala. El Gráfico 6 muestra el crecimiento de la masa de activos detentados por los inversores financieros institucionales justo después de las reformas Volcker.

Gráfico 6: Activos financieros poseídos por diferentes tipos de inversores financieros en Estados Unidos en 1980, 1990 y 1994

Fuente: A. Mérieux et C. Marchand, Revue d’économie financière, 1996

Hay que explicar bien lo que significa la centralización del ahorro de las y los asalariados en manos de los bancos, sociedades de seguros y fondos. Nadie lo ha hecho con más claridad que Marx. Más vale citarlo que parafrasearlo. Es lo que hacemos aquí, subrayando simplemente las relaciones que se auwlwn ignorar o incluso ocultar cuidadosamente en la mayor parte de los debates.

“La caja de ahorros es la cadena de oro con la que el gobierno sujeta a una gran parte de los obreros. Éstos no sólo están así interesados en el mantenimiento de las condiciones existentes. No sólo se produce una escisión entre la parte de la clase obrera que participa en las cajas de ahorro y la parte que no participa. Los obreros ponen así en manos de sus propios enemigos armas para conservar la organización existente de la sociedad que los oprime. El dinero vuelve a fluir al Banco nacional, que lo presta de nuevo a los capitalistas y ambos se reparten la ganancia y de esta manera, con la ayuda del dinero que el pueblo les presta a un interés de risa ─y que sólo se convierte en una poderosa palanca industrial gracias a esta misma centralización─, aumentan su capital, su dominación directa sobre el pueblo” 22/.

La titulización de los bonos del Tesoro, y el levantamiento de los controles sobre los movimientos de entrada y salida de capitales, provocó que afluyeran hacia Nueva York en busca de inversiones capitales procedentes del Japón y de América Latina. El mercado secundario de la deuda federal se volvió tan importante como el de los títulos y dio un nuevo impulso a la plaza de Nueva York, acentuado aún más por la derogación de reglas sobre la repatriación de los beneficios de las multinacionales estadounidenses.

La liberalización de los movimientos de capitales y de los mercados financieros no se iba a limitar a Estados Unidos y a los países del Tercer Mundo obligados a plegarse a causa de su endeudamiento. La titulización de los bonos del Tesoro pronto ganó adeptos. En vez de gravar al capital y a las rentas elevadas, se les pide prestado, creando un proceso de transferencia en beneficio de los bancos y de los fondos de inversión por medio del servicio de los intereses de la deuda pública. El proceso se llevó a cabo en Francia por Laurent Fabius y Pierre Bérégovoy. La sustitución de los impuestos por el préstamo para las rentas elevadas tenía también por objeto reforzar la plaza financiera de París, dotándola de mercados primarios y secundarios de deuda pública muy activos que atrajesen a los fondos de inversión anglosajones. El servicio de los intereses de la deuda se convirtió a finales de los años 1990 en el segundo concepto presupuestario del Estado. Entre 1991 y 1996, bajo el efecto de un tipo de crecimiento débil, inferior al de los tipos de interés, se disparó el mecanismo de crecimiento acumulativo, la denominada bola de nieve de la deuda 23/.

Gráfico 7: Evolución de la deuda pública francesa (1978-2009)

Fuente: https://fr.wikipedia.org/wiki/Dette_publique_de_la_France

Se puede ver, en el caso de Francia, las consecuencias sobre el importe de la deuda de las medidas de rescate de los bancos y grupos automovilísticos durante la crisis económica y financiera de 2008. El crecimiento de la deuda se relanza a partir de 2009 de manera que entre 2012 y 2015, antes de que los tipos de interés comiencen a bajar, el servicio de la deuda se convirtió en el primer concepto presupuestario de Francia 24/.

Satisfacer a los poseedores de derechos de cobro mientras se debilita el crecimiento

Repitamos una vez más que las acciones y los bonos del tesoro son títulos que dan derecho a percibir dividendos e intereses. Se trata de derechos potenciales, virtuales, cuyo carácter efectivo depende de la realización a una escala suficientemente elevada ─escala que corresponde a la de los derechos acumulados─ del ciclo completo (D-M-P-M’-D’) de valorización de los capitales comprometidos en la producción. Hace falta que una cantidad suficiente de sobretrabajo haya sido primero producida y después realizada por medio de la venta de las mercancías producidas, para que las pretensiones de los poseedores de títulos sean satisfechas. Esto depende, en cada etapa del funcionamiento sistémico del capitalismo, de su movimiento como un todo. Hice un intento inicial para definir el momento actual en el artículo de febrero: culminación del mercado mundial, dominación de tecnologías que eliminan trabajo y aumentan la composición orgánica del capital, coste de la energía y de las materias primas al que ha respondido el extractivismo, bien estudiado para América Latina, por medio de una explotación cada vez más descarada, y por último el impacto del cambio climático.

Antes incluso de llegar a ello, se aceleró la acumulación de derechos de cobro (ver Gráfico 3) mientras la economía capitalista perdía ya su dinamismo en los países industrializados. Un indicador es el descenso de la tasa de crecimiento de la inversión ─en el Gráfico 8, para los Estados Unidos.

Gráfico 8: Estados Unidos: inversión privada no inmobiliaria en porcentaje del PIB (media móvil de 5 años)

John Bellamy Foster and Fred Magdoff, The Great Financial Crisis: Causes and Consequences, Monthly Review Press, New York, 2009

Otro indicador es el crecimiento del PIB de los países industrializados (Gráfico 9) 25/. El interés de este gráfico es que hace un desglose en sub-períodos de 10 años, que muestra la ralentización en cada subperíodo de lo que ha sido la más larga fase interrumpida de expansión de la historia del capitalismo 26/. Se pueden ver dos momentos de fuerte descenso en 1974-1975 y en 1982-1982, en dos tiempos de la recesión que puso fin al régimen de acumulación fordista, así como un debilitamiento menos importante a comienzos de los años 1990 (doble crisis bursátil e inmobiliaria en Japón, descenso del sector inmobiliario con repercusiones sobre los bancos en Estados Unidos) y después en 2000-2001 cuando la crisis bursátil del Nasdaq, pero hay que esperar a 2008-2009 para que caiga por debajo de cero. En su artículo del mes de agosto, Michel Husson ha detallado estos indicadores para el caso de Francia 27/.

Gráfico 9: Crecimiento del PIB en las economías avanzadas, tasa anual y media en diez años

Cédric Durand et Philippe Léger, Review of Radical Political Economy, 2014

Un volumen de plusvalía en alza, pero insuficiente ante las pretensiones de las finanzas

En su reseña de Finance Capital Today Husson cuestiona la idea que avancé, en el sentido de que “la plusvalía global baja y que es contestable que haya una situación de penuria creciente de plusvalía o sobre-valor” 28/. Ofrece, aunque sin explicar su modo de cálculo, “una estimación estadística, aunque poco ‘sofisticada’, del volumen de plusvalía (que) muestra que no se puede hablar de baja tendencial. El impacto de la crisis se ha borrado ya en Estados Unidos donde el volumen de plusvalía así medido vuelve a subir, mientras que alcanza techo en Europa”.

Gráfico 10: Estimación del crecimiento del volumen de plusvalía hecho por Michel Husson

Fuente : Michel Husson http://alencontre.org/economie/le-capital-financier-et-ses-limites-autour-du-livre-de-francois-chesnais.html

¿Se ha borrado de verdad el impacto de la crisis en Estados Unidos? Se puede dudar de ello. Aunque dos páginas más adelante escribe de forma algo diferente que “la tesis central de Finance Capital Today permite comprender por qué dura la crisis. La financiarización de la economía equivale a una inflación de derechos de cobro potenciales sobre la plusvalía actual y venidera, pero que exceden de la capacidad del sistema para producir tanta plusvalía. La crisis podría interpretarse como una llamada al orden de la ley del valor: no pudiendo el capitalismo distribuir más plusvalía de la que produce, una parte de este capital ficticio debía ser desvalorizada. Pero, tomando la formulación de Chesnais, no se ha dejado que la crisis ‘siga su curso’ (run its course)”.

Las notas de Michel Husson me permiten explicar mejor mi posición. Aunque ha habido un alza del volumen de la plusvalía, lo que no quiere decir un alza de su tasa respecto al capital invertido, el rasgo sobresaliente del actual momento del capitalismo es la insuficiencia crónica de este volumen con respecto a la masa de derechos de cobro 29/. El auge de la financiarización ha tenido lugar en el contexto del movimiento de debilitamiento del flujo de plusvalía, algunos de cuyos indicadores aparecen en los gráficos 7 y 8.

La concentración bancaria mundial y sus bases específicas

Para los grupos industriales y los grandes bancos, una de las reacciones, podríamos decir espontánea, a la ralentización del ritmo de producción de plusvalía ha sido proceder a fusiones-adquisiciones (M&A, mergers and acquisitions), esto es la adquisición de empresas o de bancos más pequeños o más débiles y la fusión con rivales de un nivel similar. Marx denomina a este proceso centralización del capital, por oposición a la concentración que se confunde con la acumulación, cuando la empresa crece como consecuencia de la reinversión de las ganancias 30/.

La “concentración de capitales ya formados, la fusión de un número superior de capitales en un número menor” se realiza tanto por el “violento procedimiento de la anexión, cuando algunos capitales se han vuelto tan poderosos centros de gravitación respecto a otros capitales que destruyen la cohesión individual y se enriquecen con sus elementos desagregados”, como por el medio “más almibarado” de fusiones negociadas entre accionistas 31/. Los planes de reestructuración con despidos y descualificación de los trabajadores son su principal componente. Bajo los efectos de la liberalización de flujos financieros, intercambios e inversiones directas, la centralización/concentración del capital ha procedido simultáneamente en el plano nacional y a nivel internacional. Y ha llevado a la formación de oligopolios mundiales en la industria y los servicios, así como en las actividades bancarias.

Lo que caracteriza al sector bancario es el grado de concentración no sólo de los bancos sino de los mercados más importantes en que operan. Mientras otros oligopolios mundiales, por ejemplo el del automóvil, se despliegan en los mercados de todos los países, el oligopolio bancario opera en un puñado de plazas financieras, incluso en una sola. Hay que empezar por entenderse sobre la palabra banca. Se trata de grupos financieros de actividades múltiples, más exactamente conglomerados financieros de dominante bancaria, definiendo el BIS a los conglomerados financieros como “conjuntos de sociedades bajo un control común cuyas actividades consisten en la prestación de servicios significativos en al menos dos sectores financieros distintos (la banca, la gestión de activos y los seguros)” 32/. Los gobiernos han ayudado al movimiento de concentración, con políticas deliberadas como en Francia 33/, o por comodidad otorgando el acceso al mercado primario de bonos del Tesoro a un puñado de bancos solamente. Desde 2012 se reconoce la existencia de 28 bancos llamados sistémicos, cuya dimensión y densidad de relaciones con otros bancos son tales que su quiebra podría desencadenar, como en el caso de Lehmann, una crisis financiera mundial. Su número ha sido después elevado a 30.

Esta cifra no refleja por completo la situación. A causa de la enorme concentración de mercados claves, existe algo así como un «oligopolio dentro del oligopolio» formado por una quincena o incluso una docena de bancos que operan en él. El caso más extremo de concentración es el Libor de Londres, donde se fija el nivel del tipo de interés interbancario que después se calca en las otras plazas financieras del mundo. Desde 2012, las autoridades judiciales americanas y británicas así como la Comisión Europea vienen investigando la manipulación del mercado e impuesto multas a once bancos: Bank of America, BNP-Paribas, Barclays, Citigroup, Crédit Suisse, Deutsche Bank, Goldman Sachs, HSBC, JP Morgan Chase, Royal Bank of Scotland y UBS 34/. En el caso de los mercados de cambios, BIS informa que en 2016 el 77% de las operaciones de cambio estaban concentradas en cinco plazas financieras: Londres, New York, Tokio, Hong Kong y Singapur 35/. En Londres, Deutsche Bank, Barclays y UBS aseguran la mayor parte de las transacciones. Y por último las posiciones dominantes ocupadas en los mercados de productos derivados por el mismo grupo de bancos, a las que más adelante nos referiremos.

Hecha esta constatación y la explicación de esta enorme concentración, quedan por sacar las conclusiones. François Morin sobre todo atribuye al oligopolio bancario un poder extremadamente grande. En una conferencia dada con motivo de la aparición de La Hidra mundial [L’Hydre mondiale: l’oligopole bancaire, François Morin, 2015], sostuvo que “la posición dominante de los bancos les confiere la capacidad de fijar el precio del dinero” 36/. Esto queda desmentido por la baja continua de los tipos de interés, que trataremos más adelante. Además están las relaciones finanzas-industria. Ensu libro más reciente, escribe que «en un mundo donde las finanzas han globalizado sus actividades, la empresa industrial aparece como dominada, mientras los actores financieros están en la posición de dominantes» 37/, aportando como único argumento la transformación de los productos derivados de instrumentos de cobertura de riesgo necesarias para las operaciones de las empresas en instrumentos especulativos que conllevan grandes riesgos financieros sistémicos. Eso es simplificar mucho los mecanismos de financiarización de los grupos y minorizar singularmente el poder de las sociedades transnacionales (STN).

La financiarización de los grupos industriales

En la industria manufacturera, la energía, las minas y el sector de los servicios, la liberalización y la desreglamentación han permitido la formación de oligopolios mundiales, algunos de ellos con un grado de concentración aún más elevado que el del sector bancario. Es desde luego el caso de los gigantes de Internet. De igual modo, otros oligopolios distintos de los bancos merecen ser considerados como hidras, sobre todo los de agroquímica y agrobusiness 38/. La financiarización de los grupos industriales largo sensu es simple y llanamente su identidad de actores financieros, la importancia de sus carteras de activos y la amplitud de sus operaciones en los mercados financieros. La obra francesa de referencia es el antiguo trabajo de Claude Serfati 39/, un tipo de objeto de investigación que ha sido eliminado de las universidades francesas. En un estudio más reciente, una investigadora ha calculado para las empresas americanas el ratio entre ingresos financieros ─intereses, dividendos y beneficios especulativos (capital-market-investment gains)─ y sus flujos de tesorería (cash flows) 40/ y ha constatado la subida del 20% en 1980 al 60% en 2001 41/.

La dimensión de la financiarización de los grupos industriales que ha recibido más atención académica ha sido la introducción hace veinte años el llamado paradigma gerencial del “corporate governance” (gobierno de empresa), orientado a la maximización del valor accionarial (shareholder value). Consagra la preminencia de los accionista y hace del nivel de los dividendos y de la cotización de las acciones en bolsa el principal objetivo de las empresas. A este fin se han adaptado los criterios de evaluación de resultados, acompañados de instrumentos de fidelización de los dirigentes, sobre todo su remuneración en stock-options. Se trata de una «dominación» no de los bancos sino de todos los inversores; siendo los hedge funds los más activos en la vigilancia de las evaluaciones.

Unas pocas palabras sobre las recompras de títulos en bolsa. Los dividendos dependen de las ganancias, y por tanto de la eficacia de la explotación y del marketing. Pero la cotización de los títulos depende en parte de técnicas estrictamente financieras. Cuando un inversor compra acciones de una empresa lo hace para embolsarse dividendos, pero también para retirar una ganancia en el momento de la reventa. Tanto la subida del importe del dividendo por acción como del nivel de su cotización pueden ser obtenidos por medio de la recompra por parte de una sociedad cotizada de sus propias acciones, seguida de su anulación. A esta técnica de reducción del número de las acciones para aumentar la ganancia potencial de quienes las poseen se le llama recompra 42/. El descenso de los tipos de interés ha permitido a los grupos cotizados pedir prestado a muy bajo precio y por tanto acentuar su recurso a este práctica.

Las cadenas de valor globales

Sin embargo, el nivel de los dividendos no puede basarse simplemente en artificios. Exige la producción y la apropiación de plusvalía. Favorecidos por la liberalización y la desreglamentación, los grupos surgidos de la centralización/concentración del capital se han servido de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) para crear formas organizativas sólo a su alcance. Son las cadenas de valor mundiales (CVM). Construidas por grandísimos grupos oligopolistas, les permiten apropiarse y centralizar cantidades de plusvalía creadas en empresas más pequeñas en situación de subcontratación en diferentes puntos del globo 43/. El término designa, por parte de grupos transnacionales (las sociedades transnacionales o STN), la organización de una división internacional del trabajo entre filiales y subcontratistas en las etapas P-M’ del circuito del capital, que va de la creación de un modelo (design) a su producción y su distribución. La concepción se realiza en los países centrales; la producción, por medio de su subcontratación, se sitúa en los países donde el ejército industrial de reserva es a la vez abundante e indefensa; y la comercialización se hace en aquellos países donde hay una demanda final. Programas de gestión de la información y ordenadores cada vez más potentes han reducido el coste y acelerado la velocidad de coordinación de actividades entre lugares de producción. La contenedorización, la standardización y la automatización del transporte de mercancías han hecho otro tanto para la circulación de las mercancías. Samir Amin habla de manera imaginada de una situación en que los monopolios-oligopolios “ya no son islas, por importantes que fuesen, en un océano de empresas que no lo son, sino un sistema integrado (en el que) las pequeñas y medianas empresas e incluso grandes empresas (…) están encerradas en redes de medios de control establecidos, de principio a fin, por centros oligopolísticos” 44/.

La CNUCED estimaba en 2013 que alrededor del 80% del comercio mundial se realiza en el marco de intercambios desarrollados en CVM organizadas por las sociedades transnacionales 45/. En su comentario de la casilla economías emergentes del Gráfico 5 mostrado más arriba, el BIS ve en el desarrollo de las CVM una de las principales explicaciones de la importancia de las IDE en el pasivo de la cuenta capital de las economías emergentes 46/. Después su volumen ha retrocedido un poco 47/, ofreciendo un elemento de explicación de la evolución al final del período de las curvas del Gráfico 2.

El grado de asimetría de las relaciones entre los oligopolios y los subcontratistas, y la importancia de la apropiación de plusvalía producida por estos últimos, permiten hablar de las CVM como una forma de gestión propia de la financiarización. Las cadenas de valor más masivas son las contruídas para una amplia gama de productos de consumo por los grandísimos grupos de distribución en posición de control al acceso al mercado final (lo que se denomina monopsonio). Pueden ser mundiales, como Wal-Mart, o continentales, como Carrefour. En un sector industrial como la confección, las grandes marcas (Zara, Mango, HM) funcionan típicamente en modo CVM. Los jefes de fila se concentran exclusivamente en el diseño, el marketing y la red de distribución. Al final de las cadenas se encuentran capitalistas locales adeptos a la explotación forzosa. Bangladesh, donde ha habido gravísimos accidentes laborales (catástrofe de Rana Plaza en 2013) es el ejemplo por excelencia. Los trabajadores, en el caso de los países asiáticos, son mayoritariamente mujeres. En todas partes, sus salarios son muy inferiores al nivel medio nacional.

Gráfico 11: Distribución del valor de un iPad Apple en 2010

En la electrónica, la empresa faro y a la vez la mejor estudiada es Apple, hasta el punto de permitir a los investigadores trazar el Gráfico 11. No es sorprendente que el nivel de cotizaciones de la acción de Apple esté siempre en el grupo de cabeza del Dow Jones. En la electrónica, los subcontratistas a su vez pueden ser empresas muy grandes. Es el caso del grupo taiwanés Foxconn, que es la mayor empresa de ensamblaje electrónico del mundo y suministrador de las principales marcas del sector (Apple y también Sony, HP, Dell, Nintendo, Nokia, Motorola, Microsoft). En su fábrica de Longhua en Shenzhen hay entre 250 000 y 300 000 trabajadores y trabajadoras en condiciones de trabajo y de vida militarizadas 48/.

Si el desarrollo de las cadenas de valor globales no continúa más allá del nivel actual, tal como sugieren las últimas cifras, la satisfacción de las exigencias de los accionistas requerirá encontrar los medios de aumentar la tasa de explotación doméstica mucho más de lo que ya se ha hecho.

Hay que volverse ahora de nuevo a los títulos de crédito cuyo rendimiento tiene la forma de intereses, para examinar la primera etapa de un proceso en que los resultados de los gestores de fondos han dependido cada vez más del éxito de sus operaciones especulativas. En estos 25 años, nuevos títulos de crédito se han añadido a los activos clásicosy “las formas más degeneradas de activos parecen ser la fuente de su propio aumento” 49/.

El contenido económico de la especulación fue definido perfectamente por Helferding: “mientras la clase capitalista como tal se apropia de una parte del trabajo del proletariado sin equivalente y obtiene de esta manera su ganancia, los especuladores sólo ganan los unos sobre los otros. Los negocios son el dinero de los otros 50/. La naturaleza económica de las operaciones especulativas es un juego de suma cero. La pérdida de uno es el beneficio del otro. De ahí que la amplitud de sus operaciones aparezca como marcador de la salud del capitalismo.

El crecimiento de las deudas domésticas y su titulización

Volvamos al Gráfico 3 (primera parte del artículo). Detrás del crecimiento de la curva roja, sobre todo en los Estados Unidos, a partir de los años 1990 y aún más en los años 2000, está el crecimiento de los préstamos a las economías domésticas, sobre todo los hipotecarios. Hay un contexto financiero de búsqueda de nuevas oportunidades de inversión, exigida por el reflujo a Wall Street de capitales escaldados por las crisis asiática y rusa.

En el plano económico, es el comienzo del descenso de la parte de los salarios en el PIB de los países industriales bajo los efectos de la liberalización de los intercambios y de las inversiones y de la competencia instaurada entre trabajadores de país a país, lo que en Estados Unidos se denominó la instauración del “China wage” [salario chino] como estándar de los salarios. Había que sostener la demanda y permitir a los asalariados, designados en adelante con el nombre de clase media, que continuasen conociendo gracias al crédito el nivel de vida al que estaban habituados. Los mercados financieros estadounidenses cumplieron con esta tarea y el crédito a los hogares hizo durante un tiempo los días de gloria del capital a interés. Mientras el consumo se mantenía estancado en Europa, conocía un crecimiento espectacular en los Estados Unidos.

Gráfico 12: Parte de los salarios y del consumo en el PIB de los Estados Unidos

Fuente: Michel Husson Le capitalisme toxique, Inprecor n° 541-542, septembre-octobre 2008 http://hussonet.free.fr

El enorme desarrollo del sector inmobiliario no habría podido tener lugar sin la creación de nuevos tipos de títulos para hacer los préstamos hipotecarios fácilmente negociables. Desde 1990, y aún más en los años 2000, los títulos de deuda negociable (credit market debt) conocieron un gran crecimiento, como lo muestra el Gráfico 14 expuesto más adelante. Incluye también otros títulos distintos que los referidos a hipotecas, pero son éstos los que dominan la curva. En Walll Street se desplazó el epicentro de crisis financiera. El crack del mercado de títulos de empresas de alta tecnología (el Nasdaq), que se produjo en 2000-2001 con el estallido de la burbuja especulativa en torno a los valores dot.com, fue una crisis bursátil clásica, bastante circunscrita. Desplazándose a partir de 2003 masivamente hacia el mercado de préstamos hipotecarios, extendiendo en el mismo la titulización por medio de una ingeniería financiera cada vez más compleja, los inversores crearon las condiciones de un tipo muy diferente de crisis. La mundialización financiera y la opacidad de los títulos y de quienes intervenían dieron al término sistémico un nuevo contenido.

A diferencia de los títulos de la deuda emitidos por una sola institución (el Tesoro), la emisión de los títulos hipotecarios fue extremadamente descentralizada. La hacían bancos locales y sociedades inmobiliarias. Éstos se deshacían de sus títulos ante bancos más grandes, entre ellos los cinco bancos de inversión neoyorkinos, aunque también dos sociedades hipotecarias gubernamentales, Fannie Mae y Freddie Mac 51/. Éstos a su vez los vendían a fondos de inversión de riesgo (los hedge funds) y a partir de 2005-2006 a las filiales de riesgo de otros grandes bancos (caso de BNP-Paribas) 52/ o incluso a bancos de toda confianza de los Länder alemanes. A diferencia de los títulos públicos, se hizo negocio con títulos que tenían la naturaleza de productos derivados de lo que se denomina un [activo] subyacente (mercancía, divisa, préstamo), como se explicará más adelante. En este caso, los activos subyacentes de los nuevos productos eran los préstamos hipotecarios, de ahí su nombre mortgage-backed securities (MBS) [valor respaldado por hipoteca]. Incluso como productos derivados, se trataba de títulos compuestos particularmente opacos. Los MBS eran además productos llamados estructurados, mezclando activos clasificados con distintos niveles de riesgo.

Las filiales especializadas creadas por los grandes bancos hicieron ensamblajes de préstamos con diferentes niveles de riesgo. Los tramos super senior o senior eran los más seguros, los junior eran más expuestos y por tanto mejor remunerados, y los efectos subprime resultantes de préstamos a los llamados prestatarios NINJA 53/ lo eran aún más pero con mayores riesgos. Propusieron estos títulos completamente opacos a los inversores y ahorradores, incluso a aquellos de sus propias agencias de títulos compuestos. El conjunto de transacciones fueron hechas (como continúan haciéndose en los mercados de productos derivados) de común acuerdo entre traders [operadores] (denominado OTC, abreviación del término inglés «over the counter», extrabursátil) 54/.

A pasar de las notaciones que les otorgaron las agencias (Moody’s, Standard & Poor’s, Fitch Ratings), los inversores intentaron protegerse. Compraron a grandes sociedades de seguros otra categoría de producto derivado, llamado de incumplimiento de crédito, más conocido por su nombre en inglés credit default swaps (CDS). El comprador de protección paga ex ante una prima anual al vendedor de protección que promete compensar ex post las pérdidas del activo de referencia en caso de incumplimiento precisado en el contrato. El vendedor de esta protección sobre un incumplimiento que por definición le parece poco probable no está obligado a reservar fondos para garantizarlo. Recibe primas periódicas y, si el «incumplimiento de crédito» no tiene lugar, logra beneficios hasta el final del contrato. En el caso contrario está obligado a hacer lo que se llama un «pago contingente». Si se ha vendido protección a muchos compradores, puede ser una cantidad muy elevada.

Así, la venta de CDS sobre títulos hipotecarios llevó en 2008 al borde de la quiebra a la mayor sociedad americana de seguros, American Insurance Group (AIG), y obligó al gobierno federal a financiar un salvamento que costó 85 billones de dólares 55/. Warren Buffet había denominado en 2002 a las CDS armas de destrucción masiva, y Georges Soros dijo en 2006 que “los riesgos presentadas por los derivados transferidos de común acuerdo no son comprendidos plenamente ni siquiera por inversores sofisticados como yo mismo”.

Estos son los activos a los que las agencias de calificación atribuyen notaciones positivas. Un estudio del Banco de Francia explica de forma muy clara por qué son intervenidas. Se puede leer que «por construcción, el funcionamiento y el valor de los productos estructurados son difíciles de comprender para un inversor» 56/. Para ayudarles a vender los MBS, los bancos comprometidos en su producción pidieron a las agencias que les atribuyesen una notación al igual que para los títulos emitidos por los Estados. Se suponía que las agencias habían reunido y controlado la información sobre el nivel de riesgo de los préstamos empaquetados en cada tipo de activos. El proceso implicaba lo que el estudio llama amablemente “dos importantes debilidades”. En primer lugar, el modelo utilizado para calificar los productos estructurados era idéntico al utilizado para los productos obligacionistas tradicionales, mientras que los riesgos eran de un orden totalmente distinto. Además las agencias son consideradas como responsables únicamente de la evaluación del riesgo del crédito y no del riesgo de liquidez de los vendedores de activos (ejemplo Lehmann), cuando los inversores solían estar persuadidos de lo contrario.

La participación en estas emisiones, ventas y compras de títulos realizadas de común acuerdo, de un conjunto complejo de inversores y de intermediarios ─los fondos especulativos (hedge funds) entre ellos filiales de grandes bancos, los bancos de inversión y otras sociedades financieras todavía no reglamentadas─ ha llevado a la formación de lo que se ha denominado shadow banking, o finanzas en la sombra 57/. Este nombre le ha llevado a ser considerado responsable de la crisis financiera y a enfrentarse a una especie de venganza popular muy publicitada. Un organismo intergubernamental, el Consejo de Estabilidad Financiera (en inglés Dinancial Stability Board, o FSB) fue creado por el G-20 en 2009 con la misión de seguir su evolución (aunque sin la menor veleidad de control). A él se le debe una definición oficial: “sistema de intermediación del crédito que implica a entidades y actividades que se encuentran potencialmente en el exterior del sistema bancario”.

La importancia de las operaciones de las filiales de los grupos bancarios especializadas en inversiones de riesgo exige eliminar toda ambigüedad. No existe una frontera clara entre el shadow banking system y el sistema bancario «tradicional» con sus filiales. En su informe más reciente, el FSB indica que en 2015 las finanzas a la sombra alcanzaros los 92 billones de dólares, esto es el 150% del PIB mundial, superando así el nivel alcanzado en el momento de la crisis financiera de 2008, antes de deshincharse un poco en 2010 hasta algo más del 120% del PIB mundial. La influyente agencia financiera neoyorkina Bloomberg ha dado cuenta de un estudio universitario sobre el sistema de la sombra, con el siguiente título: “No deja de crecer pero no se mejora” 58/.

Productos bancarios, efecto de apalancamiento y liquidez

A medida que se extiende el endeudamiento y toma un carácter estructural, los intereses sobre los préstamos a las empresas, a las economías domésticas y a los gobiernos (con configuraciones específicas para cada país y cada coyuntura), las comisiones por la organización de los préstamos y las ganancias en las transacciones de mutuo acuerdo sobre instrumentos de crédito se han convertido en las principales fuentes de los beneficios bancarios. El importe de éstos depende de dos factores: 1º, el diferencial entre el nivel de los tipos a los que los bancos se endeudan (en los mercados o con los bancos centrales) y aquellos a los que prestan; y 2º el volumen de operaciones como tal. Éste depende de la amplitud del recurso a concertar préstamos de capitales más allá de los fondos propios, lo que se denomina el efecto de apalancamiento.

Se dispone de cifran que muestran su amplitud en 2007 en el caso de los cinco bancos de inversión neoyorkinos. Tal como muestra el Gráfico 13, tres de ellos tenían un recurso al efecto de apalancamiento superior al de Lehmann.

Gráfico 13: ratios de endeudamiento de los bancos de inversión neoyorkinos en 2007

El volumen de la oferta de capitales a prestar o incluso el recurso al efecto de apalancamiento es sistémico. Se basa en gran parte en el endeudamiento recíproco de los bancos y por tanto en la confianza que ellos tienen en las posibilidades de recuperar su préstamo en todo momento. Así Lehmann quebró por los préstamos concedidos a hedge funds que no pudieron reembolsar a causa del hundimiento del mercado de títulos hipotecarios, y por la exigencia del banco JP Morgan Chase de que le reembolsase un préstamo en plena tormenta. En 2016 éste aceptó pagar 1,32 miles de millones de dólares de compensación a acreedores que habían perdido todo en 2008 59/. La importancia del endeudamiento mutuo entre bancos y fondos de inversión se puede ver en el Cuadro 1, en la línea de sociedades financieras, que muestra la tasa de endeudamiento más elevada con diferencia.

Cuadro 1: Endeudamiento por sector institucional en los Estados Unidos 1980-2008 (en % del PIB)

Secteur 1980 1990 2000 2008
Ménages 49 65 72 100
Sociétés non-fin. 53 58 63 75
Sociétés financières 18 44 87 119
État 35 54 47 55
Total 155 221 269 349

Nunca se han entendido los motivos de la negativa del Secretario del Tesoro, Henry Paulson, ex de Goldman Sachs, a salvar a Lehmann de la quiebra, y desde luego no se previó la amplitud de las consecuencias sobre el sistema financiero. El recuerdo de los encadenamientos sistémicos de setiembre de 2008 permitió a los bancos franceses y alemanes beneficiarse de un trato muy diferente durante la crisis de la deuda pública griega 60/.

En 2012, en el peor momento de suspensión de préstamos que hundió a la economía europea en una segunda recesión, los tres bancos franceses que poseían títulos públicos griegos tenían un ratio de endeudamiento respecto a sus fondos propios que iban del 24% para la Societé Générale al 32% para BNP Paribas. El del Deutsche Bank, también muy comprometido, era del mismo nivel. Se beneficiaron de una ayuda elevada e incondicional. Para salvarlos, el BCE empezó a adoptar lo que púdicamente denominó «medidas no convencionales de política monetaria», es decir la inyección prácticamente ilimitada de liquidez. Las primeras formas fueron ante todo la compra a los bancos de sus títulos griegos, pronto extendida a los emitidos por otros países (España en particular) en que los bancos franceses y alemanes estaban muy comprometidos. Un banquero británico comentó entoces: «es más fácil vender semejante plan diciendo que es para salvar a Grecia, España y Portugal, que confesar que es para salvar y ayudar a los bancos» 61/.

El desarrollo de los mercados de productos derivados, summum de unas finanzas sin base

No hay sitio para rehacer aquí el relato del rescate en 2008 de los bancos de ambos lados del Atlántico así como de AIG [American International Group, primera empresa mundial de seguros y servicios financieros]. Para la burguesía mundial dirigida por los Estados Unidos, el profundo arraigo económico y social del capital ficticio impedía cualquier duda. La recesión económica ha arrojado al paro a centenares de miles de trabajadores y trabajadoras, pero el importe de los derechos de cobro en manos de los bancos y de los fondos apenas ha bajado. Los beneficiarios de los sistemas de pensiones por capitalización han sido el único grupo social poseedor de capital en sufrir la crisis financiera a causa de la caída de las acciones. En los países de la OCDE han sufrido en 2008-2009 pérdidas agregadas de 23% 62/, e incluso cuando las bolsas se han recuperado, los efectos de la crisis financiera sobre las pensiones se han hecho sentir 63/.

Los mercados de obligaciones han retrocedido por el hecho del elevado nivel de dependencia respecto del crédito de determinadas industrias, en particular en los Estados Unidos el automóvil y en otros países la construcción. Las medidas de ayuda directa de los gobiernos a los grupos o de transferencia al Estado de las deudas, con transformación de las deudas privadas en deudas públicas, limitaron su amplitud. Asociada después a la política monetaria «no convencional» de inyección monetaria (quantitative easing) de la Fed [Reserva Federal de los Estados Unidos], la máquina de creación de instrumentos de crédito se volvió a poner en marcha.

Gráfico 14: Crecimiento en los Estados Unidos de los títulos de deuda negociables

FUENTE: Federal Reserve Economic Data, Federal Reserve Bank of Saint-Louis

En ausencia de casi cualquier efecto duradero sobre el crecimiento, es importante comprender a dónde se ha dirigido ese crédito, en qué mercados se ha desplegado. Se trata de los mercados financieros situados y los mercados de productos derivados. Aunque bajo la forma de los MBS y de los CDS habían sido centrales en el desencadenamiento de la crisis financiera, su dimensión no ha hecho más que crecer, como se puede ver en el Cuadro 15. El descenso al final del período se debe a un cambio de método contable y a la subida del tipo de cambio del dólar 64/.

Gráfico 15: Valor nocional y descomposición de los subyacentes del saldo mundial de productos derivados, en billones de dólares, 2006-2016

Fuente: http://libertystreeteconomics.newyorkfed.org/2017/05/at-the-ny-fed-the-evolution-of-otc-derivatives-markets.html65/

Hay que dedicarles un análisis específico. La literatura sobre los productos derivados (derivatives, en inglés) ─informes oficiales, trabajos universitarios, artículos de periódicos─ insiste exclusivamente en dos puntos, la desviación de un instrumento financiero importante respecto de su objetivo y los enormes riesgos sistémicos que ocultan los mercados de productos derivados. En valor nocional 66/, las transacciones de productos derivados representan 8 veces el PIB mundial. Los autores suelen señalan la dimensión demasiado elevada, pero no se preguntan por su significado.

A excepción de François Morin, que sin embargo insiste sobre todo en la concentración de los mercados, no se encuentra la menor sugerencia de que el hecho de que una masa particularmente elevada de capital ficticio, concentrada en manos de los mayores bancos mundiales, no tenga nada mejor que hacer que dedicarse a la más alta forma de especulación, podría traducir en el ámbito de las finanzas el impasse del capitalismo.

Los primeros productos derivados fueron creados como instrumentos que permitían a empresas asegurarse contra distintos tipos de riesgos financieros, por medio de la fijación por adelantado del precio de compra o de venta de un activo ─mercancía o título─ llamado subyacente 67/. Inicialmente los riesgos cubiertos se referían al precio de materias primas ─los cereales, más tarde el petróleo─; después, con el fin del patrón dólar/oro en 1971 y el comienzo de los tipos de cambio flexibles, se extendieron a los riesgos del cambio, muy importantes para las empresas impor-export y las sociedades transnacionales; después a los tipos de interés. Hoy día se estima que sólo el 5% de las transacciones que tienen un objetivo de protección son instrumentos de seguro contra el riesgo que afecta a mercancías.

El resto de las transacciones se refieren a instrumentos de crédito (en sí mismos ya capital ficticio) y son especulativas de parte a parte, dependiendo las ganancias tanto del volumen de transacciones hechas como intermediario, como de los nuevos seguros sobre el capital creados y vendidos a compradores 68/. Cualquier forma de incertidumbre puede dar lugar a la creación de un derivado. El ejemplo notorio más reciente es el de Deutsche Bank, que habría perdido 60 millones de dólares por un tipo de derivado relativo a la evolución de la tasa de inflación 69/. Hoy día los productos derivados representan lo que he denominado en Finance Capital Today “capital ficticio al enésimo grado”. Los intervinientes en los mercados de estos activos son principalmente bancos y fondos de inversión con apalancamientos extremadamente elevados (que pueden alcanzar el 90% respecto de los fondos propios). François Morin da la lista de catorce grupos bancarios que organizan el mercado a nivel mundial 70/. Para estos grupos se trata de una importante fuente de ganancia.

Un estudio recientemente puesto en la red por la Brookings Institution estimaba que a final de los años 1990 el 30% de las ganancias de los grupos bancarios americanos provenía de esta actividad 71/. No he podido encontrar estimaciones más recientes, pero la importancia de los volúmenes sugiere que cuanto mayor es el importe de las transacciones de un grupo bancario en los mercados de productos derivados, más elevada debe ser la parte de sus ganancias provenientes de esta fuente. Ganancias perfectamente ficticias desde el punto de vista del movimiento de conjunto de la acumulación y cogidas a otros intervinientes (ver más arriba la cita de Hilferding), pero que influyen en la cotización en bolsa del grupo.

El gráfico muestra que los productos derivados relacionados con el tipo de interés en distintos tipos de préstamos representan desde 2008 la aplastante mayor parte de las operaciones. Puesto que los intereses son la fuente principal de las ganancias bancarias y los títulos de deuda negociables han adquirido la importancia que ya se ha visto (cuadro 14), eso no resulta sorprendente. Los mercados de productos derivados son extremadamente concentrados. En 2016, en los Estados Unidos, el 90% de la emisión de su importe nocional total estaba en manos de cuatro bancos americanos (JP Morgan Chase, Bank of America, Citybank y Goldman Sachs) 72/. Los activos se intercambian de común acuerdo entre traders [operadores pegados a sus pantallas y colgados a sus teléfonos, y recurriendo en gran medida hoy a los algoritmos.

El instrumento de medida de los intercambios en los mercados de productos derivados es su valor nocional (se habla de nocional a secas), o sea el valor facial utilizado para calcular los flujos de pagos efectuados entre traders. El valor del subyacente no se tiene en cuenta. Como su pago se efectúa en la fecha del desenlace, el contrato requiere sólo un avance inicial de tesorería muy pequeño o incluso nulo. Sólo si se pierde la apuesta, como en el caso de los CDS sobre los activos hipotecarios en 2008, se produce un desembolso. La especulación contra Grecia y España suscitó la indignación fingida contra los CDS al desnudo. Pero está en su naturaleza el serlo, de modo que la legislación aprobada en su contra por la Comisión Europea, además de contener sólo medias medidas 73/, sólo ha provocado la burla de las finanzas.

Acumulación de dinero, viaje hacia tipos cero, bancos centrales cogidos en la trampa

Durante dos años después de 2008, el nivel de endeudamiento mundial bajó un poco, aunque de forma muy débil, y el balance hecho por el McKinsey Global Institute en 2015 decía “mucha deuda y poco desendeudamiento” (not much deleveraging) 74/. Después el endeudamiento volvió a retomar un curso ascendente. La relación de la deuda con respecto al PIB a nivel mundial pasó del 200% al 220% en dos años. En el tercer trimestre de 2016, ha alcanzado casi el 325% bajo el efecto de emisiones de títulos de deuda pública en las «economías maduras» y de obligaciones de bancos y empresas en las economías emergentes75/.

Cuadro 16: Evolución de la deuda agregada mundial

Fuente: Institute of International Finance Annual Report 2017

Durante ese mismo período se ha acelerado un movimiento iniciado hace veinte años de caída de los tipos de interés a largo plazo en los mercados obligacionistas. Se ha formado una configuración de efecto de «tijeras» sin precedentes en la historia del capitalismo, ni siquiera en la gran crisis de los años 1930. “Los tipos de interés se hunden mientras el endeudamiento se echa a volar”, escribe el BIS en su último informe anual 76/. En palabras del discurso de un dirigente del BIS, “ni siquiera Keynes, al que se debe la terrorífica (sic) metáfora de la eutanasia de los rentistas, había contemplado tipos de interés nominales negativos” 77/.

Cuadro 17: Las «tijeras» entre el alza de la deuda privada y la baja de los tipos de interés

Fuente: Bank for International Settlements, Annual Report 2017, page 19

Las políticas no ortodoxas, seguidas por el FED y los otros bancos centrales, de creación monetaria masiva y de sostén permanente de los bancos, justificadas con el argumento de que ellos prestarían a las PYMEs y a las economías domésticas, han contribuido al movimiento de baja a partir de 2009. El departamento de estudios del grupo Natixis estima que eso explicaría dos tercios del descenso de los tipos 78/. Pero los expertos del BIS insisten categóricamente en el hecho de que eso no basta para explicar la baja puesto que ya había comenzado mucho antes. En este descenso es imposible “separar lo que es secular y lo que es cíclico, y dentro de lo que es cíclico la importancia respectiva de los factores monetarios y no monetarios”79/.

En el marco de análisis que comencé a exponer en el artículo de febrero, las causas de la larga caída de los tipos de interés del mercado se encuentran en las relaciones sociales de producción, los usos del cambio tecnológico y el bloqueo de los mecanismos de la acumulación así creada. La insuficiencia de oportunidades de inversión rentables hace que la demanda de capital sea inferior a la oferta 80/, estando ésta alimentada de forma permanente por la apropiación de la plusvalía, y ello aún cuando la explotación no produce lo suficiente para satisfacer a los accionistas y los acreedores.

Aunque el «quantitative easing» y las políticas no ortodoxas de los bancos centrales no son las causas fundamentales de la baja, evidentemente la han acentuado. Los efectos «indeseables» prevalecen sobre los anunciados objetivos de relanzamiento de las economías. Enumeremos los principales. 1º Los rentistas pertenecientes a la oligarquía están protegidos de los efectos de la baja de los tipos de interés por el volumen de sus haberes. Su eutanasia no será para mañana. En cambio, el socavamiento de los sistemas de pensiones por capitalización, y en general el laminado del pequeño ahorro en los países de la OCDE está efectivamente funcionando, con todas sus consecuencias sociales y políticas potenciales. El laminado del pequeño ahorro, al reforzar el “motivo de precaución” (Keynes), y relacionado con la inseguridad en el empleo, tiene como consecuencia la necesidad resentida por los asalariados de alimentar su libreta A [libreta de ahorro sin obligaciones fiscales ni retenciones, que es la forma de imposición más utilizada en Francia], a pesar de que su rendimiento es muy bajo. 2º La posibilidad de los inversores financieros de pedir prestado a voluntad y a tipo casi cero alimenta la especulación y crea las condiciones de desarrollo de nuevas burbujas financieras, cuya evolución escrutan el FMI, el BIS y los bancos centrales. En un artículo muy detallado, The Economist constata que “los mercados son alcistas en todos los activos” (bull markets en el gráfico lenguaje de las finanzas, forjado en la City) 81/. Hay numerosas burbujas. En los mercados bursátiles (la bolsa de Tokyo ha alcanzado su nivel más alto en 21 años 82/), pero también, una vez más, en el sector inmobiliario. 3º Pronto o tarde una o varias de estas burbujas van a estallar, tal vez simultáneamente. Ese día, confrontados a una nueva recesión, los bancos centrales habrán quemado sus cartuchos. Al mismo tiempo les resulta difícil, incluso con una ligera mejoría de la coyuntura, volver a elevar los tipos sin correr el riesgo, considerado muy elevado, de desencadenar una crisis en los mercados obligacionistas (situación en que la remontada de los tipos supone una desvalorización de los títulos no compensada por el alza de tipos). Están cogidos en la trampa. En su informe sobre la situación de la economía mundial de octubre de 2016, el FMI dice temer que se desarrolle “un ciclo deflacionista en el que demanda débil y deflación se refuercen mutuamente (…) pudiendo acabar la economía por encontrarse en una trampa deflacionista (deflation trap)” 83/. En esa situación se encuentran los responsables de las finanzas mundiales.

Para terminar

Las causas fundamentales del impasse del capitalismo no están en las finanzas, sino al nivel de la producción, de los caracteres y efectos particulares de la tecnología, y de la relación del capitalismo con los recursos no renovables y con el entorno físico que es también el de la sociedad humana. Ya hablé de esto en febrero e intentaré volver de nuevo.

La fuerza de las «leyes corcitivas» que mueven al capitalismo ha crecido cualitativamente con la desreglamentación y mundialización del capital. Bajo la forma de leyes «externas» engendradas por la concurrencia84, son coercitivas para cada foco de acumulación capitalista tomado por separado, con el enfrentamiento entre capitales altamente concentrados. Pero lo son también para el capital como un todo. Se debate con oportunidades de inversión declinantes, flujos de plusvalía insuficientes, mientras que la forma principal de propiedad del capital es la posesión de activos financieros. Los impasses propios de la acumulación de capital ficticio han invadido la cotidianidad capitalista. La visión del mundo de la burguesía moldeada por el fetichismo del dinero condiciona la vida política, la selección de los gobernantes, las políticas que llevan y las posiciones que tienen frente al cambio climático, que van de la negación al fatalismo. Aunque trabajando en un marco diferente del suyo, comparto la valoración de Bruno Latour: “las clases dirigentes no pretenden dirigir sino ponerse al abrigo del mundo” 85/.

28/10/2017

Glosario

Financiarización. Se refiere al peso adquirido en las últimas décadas por las finanzas dentro de la economía, y específicamente al proceso de conversión de todo valor, actual o futuro, real o hipotético, en un instrumento financiero (primario o derivado) que puede ser comercializado. En la crisis de 2007-2008 se puso en evidencia el poder que desde la sombra ejercen los ámbitos, empresas y dirigentes financieros sin que medie control democrático desde las instituciones políticas que de forma creciente se pliegan al objetivo de la desregulación funcional para expandir la financiarización.

Titulización. Proceso de monetarización de derechos futuros e inciertos, convirtiéndolos en títulos negociables

Derivatives o productos derivados. Instrumentos financieros cuyo valor se deriva de otros activos, como opciones sobre compras, precios futuros de mercancías, operaciones sobre tipos de cambio o tipos de interés, etc. Por lo general se liquidan en una fecha futura, por lo que requieren un desembolso inicial pequeño. Los principales derivados son los swaps, opciones, warrants, futuros, etc.

(Activos) subyacentes. Activo financiero que es el valor de referencia del derivado financiero.

(Valor) nocional. Es la cantidad estipulada por contrato que sirve de base de cálculo de los pagos a realizar con un producto financiero derivado.

MBS. Siglas de “valor respaldado por hipoteca” (mortgage-backed securities). Productos derivados basado en préstamos hipotecarios, “estructurando” activos con distintos tipos de riesgo.

Swaps. Derivados financieros negociados bilateralmente para cubrirse de la exposición a un riesgo (precios, tipos de interés o de cambio, etc.).

CDS (credit default swaps). Swap para protegerse del riesgo de incumplimiento de crédito.

Burbujas económicas. Situación de la economía en que se produce un aumento desmedido e incontrolado del precio de un bien, alejándose de su valor. Por lo general tiene su origen en la especulación, dando lugar a momentos de euforia seguidos del desplome posterior. Ejemplos recientes: burbuja inmobiliaria, burbuja de los valores tecnológicos, etc.

Nasdaq. Mercado secundario de valores especializado en pequeñas y medianas empresas norteamericanas, pero donde se cotizan empresas de todo el mundo. En particular las llamadas empresas tecnológicas (telecomunicaciones, informática, biotecnología, internet, etc.). No incluye valores financieros. Se trata de un mercado completamente informatizado. Su índice bursátil (Nasdaq 100 Index) recoge los cien valores de las compañías más importantes del mercado. En el año 2001 pinchó la llamada “burbuja puntocom”, asociada al Nasdaq, provocando la quiebra de gran número de estas empresas.

Shadow banking o “finanzas en la sombra”. Conjunto de entidades y prácticas que sustentan operaciones financieras no reguladas y fuera del alcance de las instituciones financieras, nacionales o internacionales.

Off-shore. Metafóricamente alude a lo que se realiza en el mar fuera y alejado de la costa. Refiere a operaciones que se realizan al margen de un marco normativo, que pueden ser o no ilegales, pues pueden contravenir legislación existente o realizarse mediante actividades, procedimientos y formas no reguladas normativamente. Están asociadas a paraísos fiscales.

Cadenas de valor globales (CVM). Un conjunto de actividades necesarias (eslabones) para la producción de bienes o servicios, que se llevan a cabo en distintos marcos geográficos (países, regiones, etc.): la programación, el diseño, la producción o la comercialización se hacen en sitios diferentes, para conseguir más rentabilidad.

Servicio de la deuda. Pago de los intereses de una deuda más la amortización, a la fecha de su vencimiento

Sistemas de pensiones por capitalización. Se basa en fondos, creados por lo general por las empresas o sindicatos, para pagar prestaciones de pensiones a los empleados después de que se jubilen. Son intermediarios financieros no bancarios que reciben cuotas de pequeños ahorradores, que para lograr una rentabilidad con la que pagar las prestaciones comprometidas invierten en títulos fijos o variables.

Apalancamiento financiero. Se refiere a la proporción de los activos de una empresa que están financiados con préstamos. El apalancamiento financiero consiste en utilizar el endeudamiento para aumentar la rentabilidad esperada de los recursos propios.

Algoritmo. Cualquier conjunto de operaciones que permiten hacer un cálculo y hallar una solución a un determinado problema, siempre que esté bien planteado. Se utilizan para ello modelos matemáticos.

Notas

1/ http://alencontre.org/laune/le-capitalisme-a-t-il-rencontre-des-limites-infranchissables.html, 4/02/2017. -versión traducida en http://www.vientosur.info/spip.php?article12231-

2/ Marx, Le Capital, Editions Sociales, libro III, tomo 6, pg. 263.

3/ Marx utiliza tanto un término como otro. Utilizaré en lo posible el término capital a interés, término que incluye la percepción de dividendos.

4/ McKinsey Global Institute, Global Financial Markets, Entering a New Era, 2009.

5/ McKinsey Global Institute, Global Financial Markets, Retreat or Reset?, 2013.

6/ Bank of International Settlements, Annual Report 2017. http://www.bis.org/ publ/arpdf/ar2017e. pdf.

7/ Costas Lapavistsas e Ivan Mendieta Muñoz, “The Profits of Finanzialisation”, The Monthly Review, 2016. http://www.monthlyreview.org/2016/07/01/the-profits-of-financialization/. Se trata de la revista fundada por Paul Sweezy y Paul Baran, cuyo redactor más conocido hoy es John Bellamy Foster.

8/ Marx, Le Capital, libro III, tomo 7, pg. 129 (subrayado en el texto).

9/ Ibid. pg. 127

10/ Ibid. pg. 132-133

11/ Ibid. pg. 56

12/ Ver en Francia, Antoine Artous, Le fétichisme chez Marx, le marxisme comme théorie critique. Syllepse, París, 2006, y Alain Bihr, http://www.ekouter.net/le-fetichisme-dans-le-capital-par-alain-bihr-au-seminaire-marx-au-xxieme-siecle-524 y la reedición anunciada por las Editions Page 2 y Syllepse de La novlangue néolibérale: La rhetorique du fétichisme capitaliste.

13/ Una excepción es el libro de Louis Gill, Fondements et limites du capitalisme, Boréal, Canadá, 1996.

14/ Marx, Le Capital, libro I, tomo 1, pg. 103

16/ Ibid. pg. 158-159

17/ Ibid. pg. 156

17/ D = Dinero utilizado en la compra de formas determinadas de mercancía; M = mercancía en sus formas de fuerza de trabajo comprada, máquinas y materias primas; P = Producción de mercancías que contienen plusvalía; M’ = Comercialización de estas mercancías; D’ si ésta ha tenido lugar.

18/ Ibid, pg. 139

19/ Ibid, pg. 168

20/ Marx, Le Capital, libro III. T. 8, pg. 156 y siguientes (Renta de las minas y los terrenos a construir)

21/ CADTM, http://cadtm.org/Les-chiffres-de-la-dette-2015.

22/ Marx, Trabajo asalariado y capital. En línea en: www.marxists.org/francais/marx/works /1847/12/km18471230-8.htm

23/ Ver François Chesnais, Les dettes illégitimes. Quand les banques font main basse sur les politiques publiques. Editions Raisons d’agir, París, 2011. La imagen de la bola de nieve procede de un informe del Senado de 1998.

24/ http://www.lepoint.fr/economie/budget-2015-la-charge-de-la-dette-n-est-plus-le -premier-poste-de-depenses-01-10-2014-1868315_28.php

25/ Recientemente el FMI y el Banco Mundial han publicado gráficos sobre un período que llega hasta 2015.

http://www.imf.org/external/datamapper/NGDP_RPCH@WEO/OEMDC/ADVEC/WEOWORLD y https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD.ZG

26/ En su reseña de Finance Capital Today, Michel Husson defiende una periodización diferente. http://alencontre.org/economie/le-capital-financier-et-ses-limites-autour-du-livre-de-francois-chesnais.html

27/ http://alencontre.org/europe/france/dix-ans-de-crise-et-puis-macron.html

28/ http://alencontre.org/economie/le-capital-financier-et-ses-limites-autour-du-livre-de-francois-chesnais.html

29/ Esto resulta más preciso de lo que escribí en Finance Capital Today apoyando las posiciones de Shanon Williams y Andrew Kliman. El importe de plusvalía decrece relativamente a las pretensiones de los portadores de derechos de cobro, a pesar del aumento de la tasa de explotación.

30/ Esta distinción se perdió después, incluso por Lenin en El Imperialismo, estadio supremo. Trato el tema en el artículo de 2015. http://alencontre.org/economie/economie-mondiale-une-situation-systemique-qui-est-specifiaque-a-la-financiarisation-comme-phase-historique-html

31/ Marx, Le Capital, libro I. T. 3, pg. 68.

32/ Joint Forum on Financial Conglomerates, Bank for International Settlements, Basilea, 2001 pg. 5. La Directiva sobre los conglomerados financieros de la Unión Europea define por su parte a los conglomerados financieros como «grandes grupos financieros activos en diferentes sectores financieros, a menudo de manera transfronteriza».

33/ François Chesnais, Les dettes illégitimes, pg. 57-59

34/ François Morin, L’Hydre mondiale: l’oligopole bancaire, Lux/Humanitées, Quebec, 2015.

35/ http://www.bis.org/publ/rpfx16fx.pdf

36/ http://www.universitepopulairetoulouse.fr/spip.php?article493

37/ François Morin, L’économie politique du XXIº siècle, Lux/Humanitées, Quebec, 2017, pg. 117.

38/ Ver los artículos sobre Monsanto en la web de A L’Encontre

39/ Claude Serfati, ‘Le rôle actif des groups à dominantes industriels dans la financiarisation de l’économie, en François Chesnais (coord.) La Mondialisation financière: Genêse, coût et enjeux, Editions Syros, 1996.

40/ Para la denominación francesa y el modo de cálculo, ver: https://lesechos.fr/finance-marches/vernimmen/definition_cash-flow.html

41/ Grete Krippner, ‘The Financialization of the American Economy’, Socio-Economic Review, 3, nº 2: 173-208. 2005

42/ Ver François Morin, Ibid, pg. 107

43/ Están estudiadas, con todas las referencias necesarias, en un artículo de 2015 publicado en A L’Encontre. http://alencontre.org/economie/economie-mondiale-une-situation-systemique-qui-est-specifique-a-la-financiarisation-comme-phase-historique.html, 1/03/2015.

44/ Samin Amin, L’Implosion du capitalisme contemporain. Automne du capitalisme, printemps des peuples?, Editions Delga, Paris, 2015. Pg. 12

45/ http://unctad.org/fr/PublicationsLibrary/wir2013_en.pdf

46/ BIS, Annual Report 2017, pg. 103

47/ Raphael Auer, Claudio Borio, Andrew Filardo, ‘The Globalisation of Inflation: the Growing importance of Global Value Chains’, CESIFO Working Paper, nº 6387, marzo 2017.

48/ Ver los artículos en: http://www.monde-diplomatique.fr/2012/06/POUILLE/47866 y en //www.peuples-solidaires.org/foxconn-des-conditions-de-travail-inhumaines-poussent-au-suicide/

49/ Leda Paulani, presentación del Sexto Congreso Marx Internacional, Nanterre 2010.

50/ Rudolf Hilferding, Le Capital financier, Editions de Minuit, 1970, pg. 200.

51/ La Federal National Mortgage Association (FNMA), conocida con el nombre de Fannie Mae, es una sociedad por acciones (government sponsored enterprise) creada por el gobierno federal americano en 1938 con el objetivo de aumentar la liquidez del mercado de préstamos hipotecarios. La Federal Home Loan Mortgage Corporation (FHLMC), conocida como Freddie Mac, fue creada en 1975 para reforzar la capacidad de apoyo gubernamental al acceso a la vivienda de obreros y empleados.

52/ Recordemos que fue la suspensión por BNP Paribas de las retiradas de sus clientes en tres fondos monetarios, el 7 de agosto de 2007, lo que dio inicio a la crisis financiera.

53/ NINJA = No income, no job, no assets [sin ingresos, sin trabajo, sin bienes].

54/ Wikipedia da la definición correcta. Un mercado de común acuerdo o extrabursátil ─over-the-counter (OTC) en inglés─ es un mercado en el cual la transacción es concluída directamente entre el vendedor y el comprador. Se opone a un mercado organizado, en el cual hay que pagar una comisión a la Bolsa correspondiente. Este tipo de transacciones ha aumentado de manera importante desde los años 2000, incluso para las acciones: en los Estados Unidos, el 40% de las acciones eran adquiridas de común acuerdo en 2014, frente al 16% en 2008.

55/ https://insight.lellogg.northwestern.edu/article/what-went-wrong-at-aig

56/ www.banquefrance.fr/fileadmin/user_upload/banque_de_france/publications/Documents_Economiques/documents-et-debats-numero-3-chapitre-1.pdf

57/ Esther Jeffers y Dominique Pilhon, Le Shadow banking system et la crise financière, La Documentation française, Cahiers français, nº 375.

www.ladocumentationfrancaise.fr/var/storage/libris/3303330403754/3303330403754_EX.pdf

58/ www.bloomberg.com/view/articles/2017-03-28/shadow-banking-is-getting-bigger-wirhout-getting-better

59/ http://fr.reuters.com/article/businessNews/idFRKCN0V40DY

60/ Hablé de ello en un artículo para Contretemps, nº 7, en 2011: https://npa2009.org/content/repudiation-des-dettes-publiques-europeennes-par-francois-chesnais-contretemps-nºB07

61/ Citado por Charles-André Udry en su artículo: “Une guerre sociale nouvelle s’ouvre en Europe”, www.alencontre.org, 27 de mayo

62/ OCDE, Pension Markets in Focus, Octubre 2009, cuestión 6, www.oecd.org/finance/private-pensions/43943964.pdf y OCDE, Private Pensions Outlook, 2009,

www.oecd.org/finance/private-pensions/42153142.pdf

63/ Ver Daily Telegraph, 7/10/2011:

www.telegraph.co.uk/finance/personalfinance/pensions/8814750/Value-of-private-pensions-falls-by-nearly-a-third-in-three-years.html

64/ Jean-Michel Naulot, Eviter l’effondrement, Seuil, París, 2017, pg. 107-108.

65/ Se puede encontrar un gráfico que remonta a 1998 en: https://www.les-crises.fr/produits-derives

66/ Lo nocional es el capital teórico sobre el que recae el compromiso adoptado por dos partes en un contrato derivado. El conjunto de cálculos de ganancias o de pérdidas realizadas por el interviniente en función de su toma de posición se calcula sobre esta base.

67/ La entrada en Wikipedia de “producto derivado financiero” es particularmente completa y clara.

68/ http://capitalinstitute.org/blog/hoy-banks-make-money-derivatives/

69/ Su nombre es “zero-coupon inflation swaps”.Ver www.bloomberg.com/news/articles/2017-06-27/deutsche-bank-said-to-face-possible-60-million-derivative-loss-j4f1yar. Deutsche Bank es además sospechoso de tener en sus cuentas un elevado importe de créditos irrecuperables. También ha sido condenado a una multa de 14 millones de dólares (rebajada después a 8 millones) por haber vendido en plena crisis financiera títulos sintéticos que contenían efectos subprime.

70/ Morin, L’économie politique du XXIº siècle, op.cit., pg. 136.

71/ www.brookings.edu/opinions/the-dangers-of-derivatives/

72/ https://www.occ.gov/topics/capital-markets/financial-markets/derivatives/dq416.pdf. La Office of the Comproller of the Currency (OCC) es un organismo estatal, bajo la tutela del departamento del Tesoro.

73/ Ver el artículo de Anne-Laure Delatte: www.ofce.sciences-po.fr/blog/entree-en-vigueur-de-linterdition-des-cds-a-nu

74/ www/MGI%20Debt%20and%20not%20much%20deleveragingFullreportFebruary2015%20(3).pdf

75/ https://www.iif.com/press?page=1

76/ http://www.bis.org/publ/arpdf/ar2017e.pdf, pg.19

77/ www.bis.org/speeches/sp150424.pdf

78/ http://www.capital.fr/economie-politique/taux-d-interet-les-dessous-d-une-baisse-a-haut-risque-1142877

79/ Peter Hördahl, Jhuvesh Sobrun y Philip Turner, Low long-term interest rates as a global phenomenon, BIS Working paper, nº 574, agosto 2016.

80/ Este uso de la oferta y de la demanda es legítimo en el plano teórico. En el capítulo XXII del libro III que trata de la determinación del nivel del tipo de interés, Marx escribe que «el capital productivo de interés, aunque sea una categoría económica absolutamente diferente de la mercancía, se convierte, como lo hemos visto, en una mercancía sui generis: por consiguiente el interés se vuelve el precio que está fijado, en cada caso, por la oferta y la demanda, como el precio de mercado de una mercancía ordinaria (…) El tipo general de interés viene determinado por causas muy diferentes y mucho más complejas que las que fijan el tipo de mercado del interés que, por su parte, está directa e inmediatamente establecido por la relación entre la oferta y la demanda». Le Capital, libro III, tomo 7, pg. 33

81/ The Economist, 7/10/2017

82/ www.theguardian.com/business/live/2017/oct/11/japanese-stock-market-hits-21-year-high

83/ International Monetary Fund, World Economic Outlook, Octubre 2016, cap. 3, pg.121.

84/ Marx, Le Capital, libro I, tomo 3, pg. 33

85/ Bruno Latour, Où aterrir? Comment s’orienter en politique, París, La Découverte, octubre 2017, pg. 10. Bruno Latour busca comprender el movimiento que a partir de los años 1990 ve desarrollarse al lado de la «desreglamentación» del que nace la globalización tal como la conocemos y que «inicia la explosión cada vez más vertiginosa de las desigualdades y la empresa sistemática para negar la mutación climática». En su opinión, las clases dirigentes han llegado a la conclusión de que ya no hay suficiente lugar sobre la tierra para ellas y para el resto de sus habitantes. Paa ellas «ya no hay mundo común que compartir». Han conseguido que la lucha social y la lucha ecológica, siempre separadas, deben hacerse simultáneamente.

 

(Imagen: Agnus Dei, Francisco de Zurbarán)

Capital financiero, especulación e “inversión pasiva”

por Rolando Astarita //

Desde los años 1990 la tesis de la finaciarización ha gozado de una importante aceptación en los medios progresistas y de izquierda, incluido el marxismo. Entre los principales exponentes de la financiarización encontramos a Chesnais y sus colaboradores. Chesnais ha tenido una fuerte influencia en Argentina y en otros países de América Latina.

Según Chesnais, en las últimas décadas se ha establecido un régimen de acumulación mundial financiarizado (en lo que sigue me baso en Chesnais 1996). El mismo se basa en bajos salarios, y su funcionamiento está ordenado por las operaciones de un capital financiero que está más concentrado y centralizado que en ningún período anterior. En este régimen juegan un rol clave las instituciones financieras no bancarias, que buscan valorizar los fondos su cargo. Estas instituciones privilegian las colocaciones de corto plazo en acciones y otros títulos, en procura de una valorización puramente especulativas (ibid., p. 264). Precisemos que, siempre según la tesis de la financiarización, se trata de inversiones especulativas en el sentido establecido por Kaldor. Kaldor definía la especulación como una transacción de la mercancía motivada por la anticipación de un cambio de los precios existentes, y no por una ventaja asociada a su uso, a alguna transformación de la misma, o a una transferencia de un mercado a otro (ibid. p. 261). Guttmann, en la misma línea que Chesnais, explica:

“La especulación financiera, que representa el tipo de inversión que está en la base del crecimiento explosivo del capital ficticios, implica la compra y la venta de títulos a fin de obtener plusvalías, como resultado de la diferencia entre el precio de venta y el precio de compra…” (p. 82, en Chesnais, 1996). Por eso se habría impuesto una lógica “cortoplacista”, propia del “modelo americano” (en oposición al “modelo renano”, con predominancia de las inversiones de largo plazo). El cortoplacismo regiría entonces las inversiones productivas.

Especulación y teoría del valor trabajo

La idea de que el capital financiero obtiene jugosos beneficios por medio de la especulación está fuertemente arraigada en los ambientes progresistas. Por ejemplo, es una de las respuestas típicas que dan mis alumnos de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), cuando les pregunto acerca de qué piensan sobre el capital financiero y su mecánica de valorización. La explicación es intuitivamente atractiva, ya que se acerca a la imagen de los “expertos en finanzas”, hábiles operadores que compran apalancados, o venden “corto”, haciendo de la nada jugosas diferencias. Incluso en el cine hemos visto estos personajes. Todo parece encajar: el capital financiero se valoriza con la especulación, y esta explica por qué crece el capital ficticio, y se estanca la producción. Chesnais llegó a sostener que, a resultas de estos mecanismos, “por primera vez en la historia del capitalismo, en el centro del sistema [se refiere a los países desarrollados], la acumulación del capital industrial no está más orientada a la reproducción ampliada” (ibid. 264). La volatilidad de los precios sería entonces funcional a esta valorización puramente especulativa de los capitales dinerarios.

Se trata, en última instancia, de la repetición de la vieja idea mercantilista, que explicaba la ganancia por comprar barato y vender caro. Es lo que también subyace en la explicación de la ganancia por “recargo” (o mark-up). La particularidad de Chesnais, Guttmann y otros teóricos de la financiarización es que aplican el enfoque a las ganancias financieras.

Sin embargo, la tesis no tiene coherencia lógica. Como decía Marx en El Capital (véase capítulo 4), es imposible explicar la plusvalía por esta vía. Por eso también es imposible que, de conjunto, el sector financiero se enriquezca comprando barato activos financieros, y revendiéndolos más caros. En Valor, mercado mundial y globalización, y en crítica a la idea de que la ganancia financiera surgía de la especulación, escribíamos:

“Si se habla de volatilidad… se admite que puede haber ganancias, pero también pérdidas. Más aún, la especulación en principio consiste en aprovechar estas diferencias, es decir, vender cuando el papel está alto en precio, y recomprar cuando toca un piso en la caída; diríamos que acertar en estos movimientos es el sueño de todo trader. Pero si algunos aciertan en el timing de compras y ventas, y ganan, significa que otros están haciendo exactamente lo contrario, y pierden. De manera que el resultado es un juego de suma cero. Dicho de otro modo, la volatilidad solo permite un cambio de manos de fortuna, pero no explica un aumento del valor del capital financiero en su totalidad. De la misma manera, no se pueden explicar las ganancias financieras por las meras colocaciones a corto plazo, como muchas veces se sostiene. ‘Corto plazo’ significa que hay que comprar y vender repetidas veces, realizando ganancias en cada ‘vuelta’; pero de nuevo tenemos que en este tipo de circuitos lo que uno gana lo pierde otro. Jamás la valorización de conjunto puede crecer por este cambio de manos de ‘papeluchos” a corto plazo” (p. 131).

El problema de fondo: la valorización financiera solo puede ocurrir si el capital, sea productivo o comercial, tiene éxito en la generación y realización de la plusvalía. O sea, si es exitoso en la explotación del trabajo. No hay forma de que el valor crezca por simples cambios de mano.

El crecimiento de la “inversión pasiva”

El argumento que presenté en Valor… era teórico, y aunque no encuentro que fuera respondido, la tesis “la ganancia financiera se explica por la especulación” sigue dominando hasta el día de hoy en la izquierda progresista.

Sin embargo, el desarrollo del capitalismo financiero en los últimos años proporciona un renovado argumento a mi crítica. Se trata de la importancia que está adquiriendo la llamada inversión “pasiva”, en oposición a la inversión “activa”. Esta última es la que habitualmente desarrollan los fondos comunes de inversión, o los fondos especulativos, que buscan ganarle al promedio del mercado, seleccionando los papeles en los que ven mayor potencialidad de variación, y haciendo operaciones de corto plazo. El problema con esto es que cada vez más se puso en evidencia lo que dice la teoría, a saber, que los inversores, como grupo, no pueden superar al mercado, ya que ellos mismos conforman “el mercado”. Lo cual explica por qué, de conjunto, los inversores activos consiguen los mismos rendimientos que el promedio del mercado. A lo que hay que restar las comisiones (por cada compra o venta se pagan comisiones), y las elevadas remuneraciones que se pagan a los expertos y asesores.

Por esta razón, desde hace años ha venido creciendo la inversión pasiva, que se basa en índices. Existen dos instrumentos principales. Uno son los index funds (fondos que invierten en índices). Un index fund es un fondo común de inversión que arma una cartera de forma que replique los componentes de un índice del mercado. Por ejemplo, que replique el Standard & Poor 500 Index; o el Dow; o el índice de acciones de los mercados emergentes; o de una canasta de commodities, etcétera. Por ejemplo, si la acción de una empresa A participa con el 1,5% en un índice X, y si el index fund sigue el índice X, procurará tener el 1,5% de esa cartera en acciones de A. Las cuotas en los fondos comunes se pueden comprar y vender, y representan la participación de los inversores en la cartera subyacente. La cuota (o participación) en un fondo común invertido en índices solo puede ser comprada o vendida al valor neto del fondo del final del día.

El segundo instrumento son los Exchange Trade Funds (ETF), que son muy parecidos a los index funds, ya que también se basan en una cartera de activos subyacentes (de nuevo, pueden ser acciones, bonos, futuros de commodities, barras de oro, divisas, entre otros) que buscan replicar algún índice. La principal diferencia con el index fund es que un ETF puede ser comercializado a lo largo del día, de la misma manera que se comercializa una acción.

Lo importante es que cada vez más inversores abandonan los fondos mutuos de inversión activos y los hedge funds, para canalizar los flujos monetarios hacia las administradoras  que privilegian las inversiones pasivas, esto es, inversiones que siguen índices y se deciden según modelos de computadora. Los índices se multiplican: actualmente su número supera el de acciones que cotizan en Wall Street. De acuerdo a Bloomberg, en 2017 aproximadamente un tercio de todos los activos de EEUU están colocados en fondos pasivos; hace 10 años la proporción era un quinto. El 37% de los fondos en acciones con domicilio en EEUU son administrados pasivamente (19% en 2009). En Japón casi el 70% de los fondos de acciones se administran pasivamente. También en el mercado de bonos ha crecido la participación de ETFs basadas en bonos. A nivel global el progreso de la administración pasiva es más lento, pero va en la misma dirección. Según la consultora Willis Towers Watson, la proporción de activos administrados pasivamente aumentó en los últimos cinco años, a nivel global, desde el 16,5% al 21,6%.

Consideraciones sobre la inversión pasiva

Una primera cuestión es que la inversión siguiendo índices pone en evidencia, por una vía práctica, que las ganancias del capital dinerario no pueden surgir de las simples operaciones de compra-venta. No hay manera de explicar cómo es posible que los rendimientos de los fondos que siguen índices en muchas ocasiones superen a los rendimientos de los fondos que son administrados de forma activa, si se sostiene, como hace la financiarización, que las ganancias de esos fondos surgen de la compra y venta de los activos en el corto plazo.

En segundo término, y vinculado a lo anterior, es claro que la inversión pasiva tiene un plazo más largo que la inversión que busca hacer diferencias con el trading, aprovechando la volatilidad. Lo cual pone un signo de interrogación sobre la validez de la tesis de la financiarización, que dice que las inversiones financieras de corto plazo determinarían el cortoplacismo de la inversión productiva. No hay elementos para sostener que ahora, con el alargamiento de las inversiones de carteras, se modifica, en algún sentido sustancial, el horizonte temporal de las inversiones en capital fijo (otro argumento en el mismo sentido surge de la operatoria de las compañías private equity; lo trataremos en otra nota).

En tercer lugar, la reducción de las inversiones cortoplacistas en acciones y otros activos tampoco debería afectar, en algún sentido sustancial, el crecimiento de capital ficticio (sobre capital ficticio, ver aquí). Recordemos que, según la tesis de la financiarización, el capital ficticio se alimentaba, esencialmente, de las ganancias generadas por las operaciones de corto plazo. La realidad es que cuando grandes administradoras de dinero compran acciones siguiendo índices, los valores bursátiles pueden aumentar por encima de lo que estaría determinado por los “fundamentos” (básicamente, las ganancias de las empresas y el capital real existente), incrementando el capital ficticio (y viceversa en caso de retirada de los capitales). Por lo tanto, las variaciones de capital ficticio no tienen que ver con que las inversiones financieras sean de corto o largo plazo.

Por último, la inversión pasiva pone en evidencia la verdadera naturaleza de la ganancia financiera. Esta no proviene de “hábiles operaciones realizadas por expertos financistas”, sino de las elementales leyes de la valorización del capital.

Texto citado:
Chesnais, F. (coord.), 1976, La mondialisation financière. Genèse, coût et enjeux, Paris, Syros.

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Capital financiero, especulación e “inversión pasiva”

Argentina: se abre un debate en la izquierda revolucionaria.

TEXTO DE DISCUSION SOBRE SITUACION NACIONAL

  • Este texto trata de recoger una discusión con un amplio grupo de compañeros de nuestro grupo y no cuyo disparador del mismo fue el resultado electoral del pasado 22 de octubre (elecciones parlamentarias, de medio término, en la Argentina). El grupo SOCIALISMO REVOLUCIONARIO aportó al mismo su declaración política previa a dicho evento electoral (ver anexo). Lo que sigue son apuntes tomados con el objetivo de aportar a la continuidad del debate y de la acción política. Tienen la posibilidad del error o la omisión de quizás no poder recoger a fondo muchas intervenciones. Pero el valor creemos de sin intentar ser “un documento nacional” ni mucho menos, de un texto que permita desarrollar la discusión. Es en este sentido que nos proponemos (y proponemos) encarar en los próximos meses un estudio y debate sobre distintos temas como ser un análisis de la realidad económica de argentina ligada a la mundial y la no menos importante discusión sobre la organización de los revolucionarios, a la cal podríamos definir como la discusión del “partido”. Queremos hacerlo colectivamente y a esta discusión como las venideras te invitamos abiertamente
  • Es imposible abordar la realidad argentina sin comprender el contexto internacional. Aclaramos que lejos estamos de eso, pero señalar nomás algunos hechos de la realidad. La crisis del capitalismo lejos de llevar a sectores de masas a salida anticapitalista, producto de la debilidad y confusión política ha llevado incluso a procesos de derechización electorales en los países centrales del capitalismo (EEUU con Trump, exclusión de la socialdemocracia en el ballotage de Francia, ascenso electoral de movimientos neo-nazis en Alemania, Austria, Holanda, Dinamarca, etc.). Evidencian que la crisis capitalista del 2008 no sólo no se resolvió a favor de los trabajadores, sino que éstos ven como viable una salida más reaccionaria que el equilibrio político que precedió a la crisis. Desde luego, esa salida tomó las necesidades autóctonas de sus propios trabajadores, y en algunos casos con alto contenido de xenofobia.
  • Este cuadro mundial adverso (no sólo para una perspectiva socialista revolucionaria, sino también para el desarrollo de luchas anticapitalistas defensivas) es el resultado de un proceso de derrotas previas del movimiento obrero mundial. La restauración capitalista en la ex URSS, Europa del Este, China, etc., no sólo que se dio en forma incruenta (sin represión contra los trabajadores), sino con el apoyo de los mismos. Esto marca que la derrota sufrida no es sólo política, sino ideológica. El estalinismo como programa, pero también como metodología, después de décadas de traiciones pavimentó el terreno de dicha restauración. En realidad, cuando hablamos de derrotas de la clase obrera, el estalinismo fue el victimario predecesor de lo que luego consumó la burguesía restauracionista en los 80/90.Pero este fenómeno ha desnudado en relación a las masas lo que podríamos definir como “falta de alternativas”, es decir una visión catastrofista que nada se puede hacer para liquidar el sistema de opresión que es el capitalismo.
  • Esto explica que, para las grandes masas explotadas, asistimos a una NATURALIZACIÓN DEL CAPITALISMO como estación terminal de la evolución humana. Esto opera como un factor de enorme presión sobre los luchadores, sobre el activismo, sobre aquellos que al menos cuestionan la explotación del hombre por el hombre. A pesar que se han profundizado los factores objetivos que hacen necesaria una revolución socialista internacional, una organización de la economía en base a un plan basado en la colectivización de los medios de producción (la riqueza hiperconcentrada en menos manos, la profundización de la brecha social, los desastres ecológicos, el narcotráfico, el terrorismo islámico como forma de “resistencia” al Imperialismo, el crecimiento de enfermedades de la civilización, etc.), la posible realización de tal revolución aparece como imposible, en tanto el sujeto social destinado a ejecutarla está preñado de CONCIENCIA BURGUESA. Como lo expresamos en nuestra ponencia en el reciente Congreso Internacional “A CIEN AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA”: “Quizás, subjetivamente, los trabajadores no sientan hoy que tienen sólo sus cadenas para perder, como claramente lo sufrían (1ª Guerra mundial mediante), hace 100 años. El hiperconsumismo es expresión de una de las formasbajo la cual el capitalismo ha logrado diversificar su extracción de plusvalía y su acumulación de capital. El sistema sobrevive creando nuevas cadenas, formadoras de conciencia burguesa en una abrumadora mayoría de obrerosy sectores populares en todo el planeta. El problema pareciera ser que dichas cadenas no son sentidas como tales por los explotados, sino por el contrario, operan como estímulo permanente en un circuito adictivo cuyo derrotero es consumir más y más mercancías y con una visión acrítica sobre la barbarie en curso. Se nos plantean, pues, nuevos desafíos programáticos, en tanto para sobrevivirse, el capitalismo viene exprimiendo el planeta hasta plantear la posibilidad de agotarlo. Los tiempos del capitalismo (extraer las mayores ganancias en el menor lapso posible) entran en contradicción con cualquier posibilidad de planificación de la producción en beneficio de la humanidad.”En conclusión: somos un puñado de militantes que luchamos por una causa (el socialismo revolucionario) cuya viabilidad práctica no coincide con nuestro ciclo biológico vital. Esta dura realidad no puede ser negada inventando ilusiones, sino estudiando como relacionar las luchas defensivas inevitables que se van a seguir produciendo con la perspectiva ideológica que seguimos defendiendo. Es interesante y útil reflexionar sobre lo siguiente: el desarrollo de las fuerzas productivas(que en muchos e innumerables casos actúan como fuerzas destructivas) que se ha producido en el planeta en las últimas décadas se ha hecho mediante el crecimiento numérico de la clase trabajadora, así como de la diversidad de formas de extracción de plusvalía a la misma. Se ha potenciado y universalizado la relación de producción fundamental de nuestro tiempo: capital/trabajo asalariado. Pero sin embargo, se ha debilitado la presencia independiente de la clase obrera, su centralidad, su rol de caudillo nacional, en lo diferentes escenarios de conflicto a lo largo y ancho del planeta. Argentina no es una excepción. Y junto a este fenómeno cada vez se expresa claramente
  • Relacionando este contexto mundial con la realidad argentina, cabe destacar que el proceso electoral de agosto/octubre de 2017 fue precedido por derrotas de luchas defensivasobreras importantes (Lear, AGR Clarín, PepsiCo, etc.) O bien por resistencias que tan sólo obligaron al Gobierno a un gradualismo en la aplicación de sus planes de ajuste (Conicet, docentes, estatales en general). Las reservas de la lucha democrática, esenciales en el pueblo argentino, se manifestaron masivamente (Ni una Menos, aparición con vida de Santiago Maldonado), pero no se vincularon con las luchas económicas y contra los despidos. Sigue ausente el escenario básico de la ASAMBLEA como método organizador de la lucha. Cuesta la participación de las bases, y los sindicatos en general mantienen su carácter burocrático y en muchos casos, empresarial. La campaña anti obrera del Gobierno nacional pudo ganar consenso de masas a caballo del odio popular a la corrupción de las mafias sindicales, piqueteras y estatales.
  • Este contexto general hacía previsible la victoria de CAMBIEMOS el 22 de octubre. (ver anexo). Esta victoria de la derecha empresarial y oligárquica es el componente esencial que hay que enfrentar, en la medida que el Gobierno se fortalece para aplicar el ajuste previsto y necesario desde el punto de vista del capitalismo como sistema. Desde este punto de vista, los trabajadores hemos sufrido una nueva DERROTAsuperestructural,que no puede ni debe ser minimizada (como lo hizo Cristina en la noche del propio domingo 22, o la izquierda en general, jerarquizando algún buen resultado propio).
  • Si bien el fenómeno CAMBIEMOS ratifica la crisis de representatividad de los partidos tradicionales, es falso afirmar que esto supone su acta de defunción. En el caso del radicalismo, configura la estructura nacional del frente CAMBIEMOS, y de hecho su peso en la alianza ha crecido a caballo del crecimiento de dicha alianza. En el caso del peronismo, no olvidemos que en algunas provincias importantes (Santa Fe, Buenos Aires, y la propia CABA) hay una importante afluencia de cuadros peronistas en la estructura del PRO. También es incorrecto festejar la derrota del kirchnerismo, de su hipocresía y su cinismo (rasgos indudablemente ciertos de un gobierno que defendió a capa y espada la explotación capitalista). No sólo porque tal derrota fue a manos de una fracción victoriosa PEOR, A SU DERECHA, sino que es utilizada para justificar una descalificación de toda lucha de resistencia.

En tanto en las peleas que se generaron en el curso de los dos primeros años del macrismo como gobierno, las distintas variantes del kirchnerismo tuvieron una participación importante (contra los tarifazos, contra los despidos en el Estado, ante la emergencia alimentaria, Ni una Menos, movilizaciones por Santiago Maldonado, etc.). Esto nos obliga a distinguir, a la hora de la construcción de la UNIDAD DE ACCIÓN, entre la militancia que resiste y las conducciones, cuya lógica es sobrevivirse como aparato, o como burócratas, conciliando con el propio Gobierno que dicen combatir en defensa del sistema y el régimen político. Esto vale tanto para dirigentes políticos de la oposición burguesa como para la burocracia sindical y piquetera. Señalamos que, si bien hoy es necesario la mas amplia unidad de acción para enfrentar la ofensiva del gobierno en todos los terrenos (reforma laboral, previsional, acuerdo de gobernadores, ofensiva contra las libertades democráticas), dicha unidad no puede ser un obstáculo para plantear el reagrupamiento de sectores de activistas sobre bases claramente anticapitalistas y antiburocráticas. Será unabúsqueda de como coordinar y articular ambas tareas.

  • Es verdad también que muchos trabajadores votaron a CAMBIEMOS como recurso anti K, anticorrupción, anti burocracia, anti políticos mentirosos. Pero nadie puede decir que lo hicieron engañados por el discurso del Gobierno. Más allá del gradualismo de los dos primeros años, los principales referentes (Macri, Vidal, los ministros) anticiparon la profundización del ajuste. Pareciera ser que una importante franja de trabajadores, especialmente los del sector privado, consideran el ajuste como inevitable, han comprado la idea de que el déficit fiscal es el resultado de mantener empleados públicos vagos, o bien planes sociales que fomentan la vagancia. Es posible que muchos de estos trabajadores, a la hora de sufrir en carne propia las consecuencias del ajuste, estén dispuestos a resistir. Pero por ahora forman parte de la base social del régimen, y de la propagación de toda una cultura derechista, reaccionaria, cuasi fascista en algunos casos, como quedó demostrado en posteos en las redes sociales ante la desaparición de Santiago Maldonado.
  • Después de varios trimestres recesivos o de estancamiento de la economía (último período de Cristina, primeros meses de Macri), pareciera producirse una reversión de la situación económica a caballo de la producción agropecuaria y de la construcción, especialmente, en este último rubro, por la obra pública. También ha habido una mejora en la industria automotriz, ligada a la relación (limitada) de exportaciones a Brasil, y en mucha menor medida, a las ventas en el mercado interno. Está claro que el gobierno está sosteniendo esta recuperación muy tibia con un fenomenal endeudamiento externo, sin tampoco lograr hacer retroceder la inflación de acuerdo a los objetivos previstos. La balanza comercial sigue siendo deficitaria, y no aparece en el corto plazo un escenario mundial favorable que permita revertirla. Más bien al revés, ya que, para los objetivos exportadores, el dólar sigue estando por debajo de esa necesidad. La devaluación del peso aparece en el horizonte nuevamente, lo que entra en contradicción con los objetivos antinflacionarios. Si bien la caída del salario real fue menor a la lógica de los sectores de la derecha económica (que acusan justamente al Gobierno de excesivamente gradualista), es cierto también que no aparece en el horizonte una reactivación del mercado interno, más allá de ciertos estímulos vía el endeudamiento privado (compra en múltiples cuotas de bienes durables). Es muy importante subrayar (especialmente en nuestros debates con el kirchnerismo) que Macri está instrumentando planes que dan CONTINUIDAD a los planes de ajuste que ya comenzaron con Cristina (recordemos las últimas paritarias bajo el anterior Gobierno). Que los mismos no son el resultado de tal o cual gobierno, sino del capitalismo como sistema.
  • La victoria electoral del Gobierno y la naturalización del ajuste presenta como lógica la iniciativa de “GRAN ACUERDO NACIONAL BURGUES” colocando las disputas, la puja distributiva, en el terreno de la institucionalidad burguesa, mucho más que en el terreno de la calle, de la lucha de clases, de las huelgas y de las movilizaciones. La acción directa aparece desacreditada para las grandes masas, incluso ineficaz, especialmente por las experiencias burocráticas y sustitucionistas que hemos sufrido en el último período. La falta de la práctica de las ASAMBLEAS y de democracia obrera como herramienta irremplazable para decidir qué hacer ante un conflicto dado nos plantea la mayor dificultad para encarar la resistencia al ajuste.A esto se suma la acción de las burocracias sindicales, desde el más pro gobierno hasta las que tibia y aunque convocando a acciones son enemigos acérrimos de las prácticas democráticas. Esta iniciativa de la que goza el Gobierno no sólo que no es eterna, sino que también padece de las dificultades de aplicar recetas de conciliación de clases (o de fracciones de clase, en el caso de las pujas Inter burguesas), en el contexto mundial y nacional de débiles posibilidades de recuperación económica en el corto plazo. Es decir, vale aplicar la metáfora de la “frazada corta” que deje satisfechas a todas las partes.

10 bis) En este momento se evidencia la fuerte ofensiva del gobierno alrededor de las reformas. Si bien hemos apoyado y participado activamente en los procesos de movilización y resistencia que se vienen desarrollando, debemos señalar que los mismos si bien importantes (convocatoria del moyanismo y ctas, movilización de estatales en nuestra ciudad y el paro de las CTAs del día 14 de diciembre, y la amenaza de la CGT de un paro nacional para el viernes 15 si aprueba la reforma previsional), no alcanzan ni en la masividad ni en el peso suficiente para frenar el ajuste. Más aun, en muchos casos son más producto (hasta el momento) del reacomodamiento de sectores burocráticos y políticos que a una verdadera expresión del empuje y bronca de la base. Es indudable que debemos (sin perder este análisis), ver como se desarrolla el movimiento, impulsando las medidas que nos parecen correctas, pero intentando permanentemente la participación en la discusión y las votaciones de las bases a través de mecanismos de democracia obrera.

Dentro de los procesos en curso debemos prestar atención a dos a nuestro entender. En primer lugar, uno potencial: ¿el brutal ataque a los jubilados y la reforma previsional provocara algún movimiento de peso tipo los 90? Es una duda y obviamente que a eso apostamos impulsando y tratando de desarrollar cualquier iniciativa en este sentido.

La otra y de suma importancia es la lucha ligada a la defensa de las libertades democráticas y contra la represión. Con el macrismo es indudable que estos procesos han pegado un salto en relación al kirchnerismo. Si bien este no sólo mantuvo intacto el aparato represivo, rearmó los servicios de inteligencia alrededor de Milani, votó la ley antiterrorista y entre tantas otras cosas sostuvo a gobernadores claramente represivos hacia sus pueblos (¡Insfran en Formosa!), y a  Berni como comandante en jefe de gendarmería, es indudable que el macrismo ha dado importantes pasos adelante en la política represiva defensora del orden burgués.

El intento de modificación de la corte, la resolución del 2 x 1. La muerte de Maldonado, el terrible asesinato de Rafita son algunos de los hechos más destacables de esta ofensiva represiva. Junto a esto se intenta establecer tomando en cuenta el punto de apoyo de un sector de derecha de la población la intervención represiva con terrible fuerza. Los procesos represivos en el sur en defensa de terratenientes contra los pueblos originarios es solo la punta del iceberg de esta situación. Hace pocos días pudimos ver la terrible movilización de fuerzas represivas armadas hasta los dientes frente a las débiles movilizaciones contra la cumbre de la OMC. Podríamos en si seguir abundando en acciones al respecto.

Este proceso en curso ha despertado y ha demostrado que también existe un importante “núcleo” construido a través de años, de una férrea posición anti represiva y de defensa a las libertades democráticas. Muy amplio y multiforme. Pero a la vez muy importante.

Cruzado por confusiones políticas, idas y vueltas, las movilizaciones contra el 2×1 y por Santiago han sido los puntos más salientes. En estas marchas de manera desigual en al país ha planteado discusiones con el kirchnerismo y partidos de izquierda, sobre todo. Creemos que es muy importante defender y participar en cada una de las acciones en defensa de las libertades democráticas. Y si bien nuestra caracterización no es que el macrismo sea al fascismo, debemos reconocer esta ofensiva represiva y actuar al respecto llamando a la más AMPLIA UNIDAD DE ACCION PARA ENFRENTARLA.  Y, por otro lado, sin perder la identidad política y las críticas hacia distintos sectores políticos que tratan de capitalizarlas, llevar estas discusiones hacia sectores de trabajadores y populares. Es decir, romper el cerco de los DDHH, buscando que sean los propios trabajadores los que reconozcan la necesidad de sumarse a la lucha por sus propios intereses inmediatos y futuros.

  • El resultado electoral de la izquierda (que nosotros votamos y llamamos a votar) es aceptable en las condiciones adversas planteadas. Sería una buena base (en tanto las organizaciones que han intervenido en la puja electoral se lo plantearan)para construir una política de independencia de clase a largo plazo, construcción en la que se privilegie el debate, la democracia interna, la fraternidad y la paciencia para la maduración de las discusiones y de las luchas. Pero muy débil para sostener la política luchista, exitista y en algunos casos ultraizquierdista de los partidos principales de esa izquierda. Además, ha quedado demostrada la gran volatilidad del voto (no sólo de la izquierda). En lugares donde supuestamente había bastiones (Salta, Mendoza, Córdoba), se retrocedió. Y vuelven a surgir sorpresas no previstas por los propios dirigentes (como Jujuy). Pero por otra parte, las distintas variantes de la izquierda fueron adaptando su propuesta electoral a la propia derechización del electorado. Es notable el caso de Ciudad Futura en Santa Fe y en Rosario, pero también, aún sin llegar a ese extremo, los candidatos del FIT se presentaron como luchadores, como no corruptos, estando ausente toda propaganda anticapitalista, y ni hablemos, socialista revolucionaria. Si a esto le sumamos el divisionismo sectario y autoproclamatorio de cada uno de los partidos principales, estamos ante un pantano a la hora de poder avanzar en el debate y en la acción política común. En cualquier caso, es importante explorar si la propia realidad ha conmovido la “FE” en las caracterizaciones y pronósticos errados, abriendo un proceso al menos de reflexión en las filas de estos compañeros. Reflexión que de darse nos debe ubicar desde la perspectiva diametralmente opuesta a las acciones fraccionales y carroñeras que cruza en mayor o menor medida todas las organizaciones de izquierda. En este sentido será un desafío en tanto y cuanto se abran estos espacios intervenir fraternalmente y no en la búsqueda de ganar nuevos militantes.
  • La apertura de la “UNIDAD DE ACCIÓN” debe partir de la necesidad de la lucha, de la resistencia, y no desde los prejuicios. Es totalmente lógico y posible que la conformación de los espacios de unidad para defender un reclamo o impedir un avasallamiento contengan en su seno activistas de los más diversos palos ideológico-políticos, como producto de la necesidad, pero también como producto de un tiempo histórico de gran confusión. El sectarismo de cualquier índole u origen es un obstáculo para esa unidad, pero también el urgentismo y la incapacidad para medir los tiempos de un movimiento dado. Debemos ser los principales constructores de las herramientas democráticas de decisión de las ASAMBLEAS, no sólo como evento en sí, sino como concepción y método de trabajo. Lo mismo en relación a medidas impulsadas por sectores burocráticos, eso sin perder nunca la independencia política o la repetición absurda de políticas de exigencia (como muchos de las orgas hacia la cgt, por ejemplo).
  • Quienes conformamos SOCIALISMO REVOLUCIONARIO nos agrupamos por NECESIDAD. Abrimos nuestro espacio por NECESIDAD. Crear un ámbito de debate para la acción política y sindical, para mejor intervenir en los frentes de masas donde actuamos es una NECESIDAD. Ligar la lucha por la reivindicaciones mínimas, a una perspectiva comunista de la humanidad es una tarea que no la podemos encarar como individuos aislados, sino como intento colectivo. Al mismo tiempo, tampoco creemos posible la conformación de un “PARTIDO AL ESTILO BOLCHEVIQUE”, al menos en el actual tiempo histórico, y bajo la forma que habitualmente se presenta desde la izquierda. Del mismo modo que nos agrupamos individuos con distinto recorrido y experiencia política, creemos que como grupo tenemos el deber de conocer y profundizar el vínculo con todos aquellos grupos o individuos que atraviesen una problemática similar, y que se planteen un camino parecido al que intentamos emprender. Obviamente, no concebimos esta iniciativa desde nuestro limitado provincialismo regional, ni tampoco sólo nacional. Seguimos pensando que la reconstrucción de la centralidad de la clase obrera como sujeto histórico de transformación sólo puede ser internacional, como marcan los principios básicos, fundacionales, del marxismo.

SOCIALISMO REVOLUCIONARIO

NOVIEMBRE – DICIEMBRE 2017

(Fotografía: Obreros del acero, Sebastián Salgado, 1993)

Piñera, la bancarrota del reformismo burgués y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

El triunfo de Piñera en la pasada elección presidencial debe ser considerado una derrota transitoria para los trabajadores. La burguesía ha logrado pasar a la ofensiva, ha retomado la iniciativa política y movilizado a todas las fuerzas de la reacción en defensa de su posición dentro del régimen.

Las aritméticas electorales son sencillas. El triunfo electoral de la derecha se debe a su capacidad de movilizarse y de señalar un objetivo político simple: la defensa del régimen, la estabilidad, la protección del gran capital para superar los problemas sociales. Una respuesta de derecha para congelar el proceso de reformas y restaurar el modelo herido de la interminable transición.

No muy distinto era el programa político de Guillier y la alicaída Nueva Mayoría, Fuerza de la Mayoría, Concertación o como quiera que hoy se denomine. El candidato del oficialismo, no obstante conocer de que su única oportunidad de avanzar electoralmente era asumiendo un programa reformista –como lo hizo Bachelet el 2013- se mantuvo firme en su postura de “defender lo avanzado”. Si bien es cierto que en la forma se expresó como continuidad respecto del Gobierno de Bachelet, en su contenido se alejó de él.

En efecto, Guillier centró su discurso –más allá de los ripios de un mal candidato- en una política reaccionaria que ponía el énfasis en la defensa del régimen y no en su transformación. Una idea clara de este aserto lo encontramos en su tozuda resistencia a hacer propio el reclamo de NO+AFP, limitándose a plantear “mejoras” al sistema previsional, creando una AFP estatal sin diferencias sustanciales de lo que planteaba Piñera. A días de la segunda vuelta la declaración de uno de sus jefes programáticos en defensa de las AFP, resulta expresiva de esta idea.

Finalmente el electorado, colocado frente a dos candidatos conservadores, más bien de derecha (o “derechas” como dicen en España) simplemente prefirió aquella fórmula que resultaba más coherente y se inclinó por aquella que genuinamente se presentaba como reaccionaria, aquella que de verdad parecía conjurar los miedos que se habían incubado en largos años del moribundo Gobierno de Bachelet. Son los 600.000 votos del miedo, salidos de las catacumbas del pinochetismo.

Si Guillier realmente hubiese puesto al centro el ganar las elecciones, sobre todo después de la alarmante baja electoral de la primera vuelta que le obligaba girar hacia la izquierda, se habría apropiado del discurso de la izquierda frenteamplista que era el espacio donde naturalmente podía crecer en votos. Sin embargo, con estoica disciplina de clase, prefirió apostar por el gradualismo que caracterizó a la Concertación, aquél con el cual se han hundido con la bandera la tope.

Pero el triunfo de la reacción piñerista no puede leerse como algo puramente electoral, no se trata simplemente de “nueve puntos”. Quienes razonan en esta línea capitulan a la democracia burguesa y le atribuyen la capacidad de dar expresión política a las mayorías, cuando en realidad la democracia burguesa en tanto tal, es una forma de garantizar que la minoría explotadora domine a la mayoría explotada. Si esta regla se rompe, invariablemente, la propia burguesía rompe la institucionalidad.

El triunfo de Piñera –no podría ser de otra forma- es el resultado radical del hundimiento del reformismo burgués y socialdemócrata. Aunque los medios de comunicación patronales expliquen la pérdida de legitimidad de Bachelet en el escándalo de corrupción que acarreó el llamado caso CAVAL, la verdad es que la bandera levantada por Bachelet -la de la Educación Gratuita- le resultó muy pesada e imposible de materializar.

Si bien es cierto evaluado como gobierno burgués –lo dicen los organismos internacionales- el Gobierno de Bachelet fue un éxito que inclusive logró apuntar diversos aspectos de su programa de gratuidad educacional, en su conjunto y en relación con el movimiento que pretendió encabezar, fue un completo fracaso como movimiento reformista.

Los movimientos deben observarse desde su materialidad, no desde el discurso, y la materialidad de Bachelet tuvo como resultado desmontar el poderoso movimiento que le sirvió de base a la montonera de votos con la que llegó a La Moneda.

Las pruebas de esto resultan indesmentibles: el movimiento estudiantil de 2011 fue reducido a la irrelevancia y el CONFECH terminó siendo el vagón de cola del Gobierno y sus cuadros cooptados ya al Congreso, cuando no directamente al Ministerio de Educación (Boric, Jackson, Vallejo, etc.); la CUT y la ANEF, como principales organizaciones de trabajadores terminaron desfondadas, quebradas, sin capacidad de movilización, pagando el costo de haber respaldado una Reforma Laboral que más allá de las declaraciones, en los hechos, constituye un retroceso y debilitamiento de los sindicatos, de su capacidad negociadora y de huelga.

Pero el punto principal allí donde la quiebra del itinerario reformista de Bachelet se hizo patente, fue en su relación con el Movimiento NO+AFP. En efecto, la mayor movilización obrera desde el retorno a la democracia, aquella que convocó a millones en diversas jornadas desde el 2015 hasta el Plebiscito octubre de este año, que convocó a más de un millón de trabajadores, fue enfrentada por Bachelet. El oficialismo, terca y penosamente, salió a desvirtuar el movimiento en una vergonzosa defensa de los intereses de banca que parasita de los trescientos mil millones de dólares que administran las AFP. Bachelet hizo propio el discurso de la quiebra del modelo de reparto solidario y las reformas que impulsó en esta materia buscaron acentuar y mejorar el negocio para los especuladores financieros, a costa del hambre de nuestros jubilados y del futuro del conjunto de los trabajadores.

Compañeros, no compremos el vergonzante discurso de que a Piñera lo eligieron los “fachos pobres”. No, esto categóricamente no es así, el triunfo de Piñera es el resultado prioritariamente de la incapacidad del reformismo burgués de dar respuesta a las reivindicaciones de los trabajadores y de los explotados en general. Esta falta de respuesta determinó su quiebra política. La mala campaña de Guillier, la llamada división de la centroizquierda en varias candidaturas son la consecuencia y en ningún caso la razón de que Piñera vuelva a La Moneda.

Hay un tercer aspecto de la coyuntura que quizá resulta el de mayor importancia: la izquierda, los trabajadores, no han logrado una expresión política autónoma.

Miremos a Chile desde el exterior. Desde el año 2005 y hasta el 2022, nuestro país ha sido y será gobernado por dos personas: Bachelet y Piñera. Dieciséis años de un periplo en que el régimen pinochetista –sin Pinochet- se modula, entra en crisis, se transforma, pero subsiste en su esencia. Uno poco de ficción para ilustrar esta idea: si Bachelet se presentara nuevamente a elecciones para el 2022, prefiguraría quizá un tercer gobierno de Piñera hasta el 2030.

Algo pasa en nuestro país y nada tiene que ver ni con la Cordillera ni con la corriente de Humboldt ni con el Cabo de Hornos. Nuestro país ya ha vivido períodos semejantes, precisamente después de la Guerra Civil de 1891, inaugurando el olvidado e intrascendente período de la República Parlamentaria, una época en que un par de familias -la fronda aristocrática de Alberto Edwards- se reparte el poder al placer sin mayor intervención de las masas. Este régimen patronal, rentista, latifundiario y pro imperialista que nos legara como mayor emblema de su banalidad el sándwich Barros Luco.

La ruptura de este régimen fue el resultado de la irrupción del movimiento obrero que en un largo proceso desde las Mancomunales, culminó con la construcción de la FOCH y los grandes partidos obreros el PC de Recabarren y el PS de Grove. Que tal irrupción haya devenido en el reformismo obrero de los Frentes Populares y aquella tradición proletaria que se estrellara en el allendismo de la Vía Chilena al Socialismo, en modo alguno puede despreciarse. Se trata de generaciones de trabajadores que construyeron una tradición y una épica que hasta el día de hoy sigue alimentando la identidad de la izquierda chilena.

Esta tradición no entronca ni puede verse expresada en el Frente Amplio, por más que este último se encuentre a la izquierda de las fuerzas dominantes del régimen. Por encima de su éxito electoral, que ya hemos revisado en oportunidades anteriores, el Frente Amplio –por una cuestión de clase– es una respuesta burguesa a la crisis crónica del régimen y lo es porque pretende dar respuesta a los problemas de las masas en el plano institucional, preservando la gran propiedad privada de los medios de producción.

En una segunda línea de análisis, el Frente Amplio ya demostró en extremo sus posibilidades. Colocado en la disyuntiva de levantar una política radical de ruptura con el régimen, el Frente Amplio se inclinó por una de sus variantes. De forma oblicua, sin un llamado central, como se quiera, pero en último término el Frente Amplio llamó a votar por Guillier y convocó a su sector a participar de esta derrota, propiciando la derrota de su propio itinerario reformista. No desaparecerán, es más, lo más probable es que montados en su importante representación parlamentaria crezcan y se sigan desarrollando, pero ese crecimiento y desarrollo será de espalda a los trabajadores y lo será como corriente burguesa, como un nuevo PPD.

La izquierda, aquella que se reivindica de los trabajadores y la revolución socialista, tiene un enorme desafío. La izquierda enfrenta hoy día en concreto, la necesidad de interpretar correctamente este momento de derrota transitoria y aprovechar la confusión para construirse como dirección del movimiento.

Los trabajadores vienen luchando de forma independiente y lo expresan como movimiento NO+AFP y en el sinnúmero de conflictos que diariamente se desarrollan a lo largo del país. La ofensiva piñerista activará nuevos procesos de resistencia y a ellos la salida institucional y electoral no representará nada en lo absoluto. Es necesario unificar estos conflictos y darles un carácter de clase proyectándolos contra el régimen.

Cada lucha –por mínima que parezca- hoy día es fundamental porque resulta imprescindible retomar la iniciativa, conjurar la amenaza piñerista y desplegar una política que se plantee abiertamente el poder. Esto en modo alguno significa que aquello se encuentre a la vuelta de la esquina –nada más lejos de la realidad- será un proceso arduo, extenso, con avances y retrocesos, pero se trata de un proceso de reconstrucción política que es imprescindible realizar si queremos construirnos como vía disruptiva al régimen, como la alternativa de la revolución social.

En esta lucha debemos priorizar por las instancias de unidad de los trabajadores, de independencia de clase y a la movilización permanente. Es necesario demostrar –en la práctica- que son los trabajadores, quienes día a día construyen y hacen funcionar a este país, quienes deben gobernar, que sólo así se garantizará la democracia, aquella que se asienta en los órganos de poder de la mayoría trabajadora.

En torno a esta perspectiva, que abiertamente ha de plantearse como revolucionaria socialista, es que podrá reconstruirse la izquierda, como partido de la revolución socialista, como fracción de los explotados en la lucha en contra de los patrones y el imperialismo.

Esta derrota, que es el simple triunfo electoral de Piñera y la debacle del reformismo burgués, abre paso a otra cuestión: es imposible que Piñera se imponga y desarrolle su política de reacción democrática, porque la perspectiva es efectivamente la inversa. A Piñera lo espera lo que a PPK en Perú que mañana espera su destitución por el Congreso; lo espera lo de Macri en Argentina, acorralado por un alzamiento popular en respuesta a su ofensiva antiobrera. Es imposible, porque es la hora en que la izquierda se pone de pie.

 (Fotografía: Cine Rex, Centro De Santiago, 1957)

Los bolcheviques y las reivindicaciones feministas: una relación tumultuosa

Marijke Colle //

Fue una manifestación de mujeres la chispa que, en febrero de 1917, hizo estallar la revolución rusa. No obstante, las reivindicaciones feministas estaban lejos de ser una de las principales preocupaciones de los dirigentes revolucionarios de la época. El torbellino de la revolución trajo la emancipación de las mujeres rusas… antes de un rápido retorno al modelo tradicional de la familia.

El 13 de marzo de 1881, después de diez intentos, el zar Alejandro II cayó asesinado. Sofía Lvovna Peróvskaya ayudó a organizar el atentado. La condenaron a muerte junto con otros y otras conjuradas y murió en la horca el 15 de abril en San Petersburgo. Militaba en la organización terrorista revolucionaria Naródnaya Volia (voluntad popular), cuyos miembros eran conocidos por el apelativo de narodniki. Querían servir al pueblo, sobre todo a los campesinos pobres. El movimiento esperaba hallar una vía específicamente rusa hacia la revolución y aspiraba a crear una sociedad en la que la soberanía residiera en pequeñas unidades económicas autónomas que abarcaran diversas aldeas y se unieran en una confederación que sustituyera al Estado.

Vera Sasúlich (1849-1919) se unió a los narodniki siendo estudiante, en 1880 emigró y fue a colaborar con Gueorgui Plejánov (1856-1918), con quien fundó el primer grupo marxista del movimiento obrero ruso. Ambos preconizaban la creación de un partido proletario revolucionario y por tanto se oponían desde entonces a la estrategia de los narodniki.

La Rusia de esa época, bajo el régimen zarista, era un país atrasado y en gran medida todavía feudal. En 1861, el zar Alejandro II había decretado la emancipación de los siervos. Cada campesino recibió un lote de 3,5 deciatinas (unas cuatro hectáreas),

Pero esta concesión no fue gratuita: había que comprar la tierra, pagándola en 49 anualidades al Estado, que, a su vez, adelantaba la suma a los propietarios.

La revolución de 1905

Esta comenzó el 22 de enero durante el domingo rojo y condujo diez meses después a la promesa de una constitución. Durante la revolución, toda la sociedad está en movimiento y en ebullición. Las mujeres también participan. Se constituye un feminismo burgués que plantea reivindicaciones relacionadas con la emancipación de las mujeres: derecho de voto, salario igual, educación… Los partidos socialdemócratas [los revolucionarios de la época] apoyan estas reivindicaciones, pero rechazan toda colaboración o alianza con las feministas burguesas. No hay ningún intento de analizar en profundidad la concepción feminista burguesa de la opresión de las mujeres. La menor manifestación de interés por los problemas de las mujeres o la menor intervención en dirección a las mujeres se asimilan al feminismo burgués.

En el primer Congreso panruso de mujeres, celebrado en 1908, Alexandra Kollontai forma un grupo de trabajadoras que participan en él. Kollontai cuenta en sus esfuerzos con el respaldo de Lenin. El comité central del partido vota una resolución a favor de organizaciones políticas y sindicales separadas para las mujeres, pero esta resolución no concreta nada sobre la naturaleza de estas organizaciones y se convierte en papel mojado. La revolución de Octubre llega sin que el partido socialdemócrata haya formulado una teoría sobre la organización de mujeres.

La condición de las mujeres antes de la revolución de 1917

La gran industria moderna en Rusia está muy concentrada: empresas gigantescas de más de un millar de obreros representan el 41 % del conjunto de la clase trabajadora (17 % en EE UU). Los capitalistas occidentales controlan en promedio el 50 % de las inversiones. La burguesía rusa es débil y depende de las clases dominantes de Inglaterra y Francia. La condición obrera es terrible. La patronal importa familias obreras enteras y las aloja en humildes barracas o en dormitorios improvisados cerca de las máquinas. La gran mayoría de los trabajadores son no cualificados y en muchos casos analfabetos.

Si la condición de los obreros es miserable, la de las obreras es todavía peor. Las mujeres trabajadoras ganan en promedio el 50 % del salario de los hombres. En 1913, las mujeres trabajan de 12 a 13 horas al día. En el sector de la confección, trabajan de 13 a 14 horas y las vendedoras y encargadas de almacén tienen jornadas de 16 a 18 horas. Las trabajadoras que se quedan embarazadas arriesgan la vida, no existe la baja de maternidad y todos los años mueren 30 000 mujeres durante el parto.

En Rusia, una mujer que no recibe golpes de su marido es una excepción. La ley lo autoriza expresamente. Las mujeres no tienen derecho a heredar, son legalmente inferiores a todos los hombres adultos de la familia. En el mundo rural, la mujer campesina no se diferencia mucho de una bestia de carga. En 1914, un tercio de las mujeres saben leer, y este porcentaje es superior entre las asalariadas. El acoso sexual en el trabajo es moneda corriente. Muchas mujeres tienen que prostituirse para conseguir un empleo.

Participación en la revolución

Las mujeres obreras ya habían participado activamente en el movimiento revolucionario en 1905. Como escribió Alexandra Kollontai (1872-1952): “El movimiento de las trabajadoras, por su propia naturaleza, forma parte del movimiento obrero en general. […] La participación en el movimiento obrero acerca a la obrera a su liberación, no solo como vendedora de su fuerza de trabajo, sino también como mujer, esposa, madre y ama de casa”. Sin embargo, también constató: “Tan pronto cesó la oleada de huelgas y los obreros volvieron al trabajo, tanto en caso de victoria como de derrota, las mujeres fueron de nuevo dispersadas y aisladas”.

El 23 de febrero de 1917, con motivo del Día Internacional de la Mujer, varias columnas de mujeres (estudiantes, empleadas, obreras del textil de los arrabales de Vyborg) se manifiestan en el centro de Petrogrado para reclamar pan. Su acción recibe el apoyo de los obreros, que abandonan el trabajo para unirse a las manifestantes. Ante este movimiento popular y espontáneo, los raros dirigentes revolucionarios presentes en Petrogrado se mantienen prudentes, considerando, como el bolchevique Alejandro Shliápnikov (miembro del comité central del partido), que se trata más de una revuelta de hambre que de una revolución en marcha.

En 1917, el 43 % de la clase trabajadora eran mujeres. Desde el comienzo mismo de la revolución, las mujeres se organizan y publican sus reivindicaciones. Mujeres de soldados forman comités y a comienzos de febrero miles de lavanderas de Petrogrado se declaran en huelga y rompen de este modo el consenso entre el gobierno provisional de Kerensky, los mencheviques y los socialistas revolucionarios.

En marzo de 1917, en el partido bolchevique resulta rechazada la propuesta de constituir una secretaría de mujeres (¡únicamente con tareas técnicas y de propaganda!) a fin de contrarrestar la propaganda de las feministas burguesas. Toda forma de organización autónoma de las mujeres sigue considerándose un apoyo al feminismo burgués.

Genotdel y organización no mixta

La Conferencia de mujeres celebrada en Petrogrado en otoño de 1917 rechaza una vez más una resolución a favor de una secretaría de mujeres y hasta el Congreso de obreras y campesinas reunido en Moscú en 1918 no se decide crear una red nacional de organización de mujeres. Son las condiciones de la guerra civil las que favorecen una intervención específica hacia las mujeres. Konkordiya Samoilova (1876-1921) defiende en 1918 la convocatoria de conferencias separadas de mujeres porque en las habituales reuniones mixtas no se podía hablar de los problemas de las mujeres… debido a la escasa presencia de mujeres. De todos modos, esta organización separada se considera una solución temporal.

Tras el Congreso de obreras y campesinas de Moscú (1918) comienza la construcción de una red de mujeres en todas las instancias del partido. Estos grupos de mujeres pasan a denominarse departamentos (Genotdel) en 1919 y se les faculta para tomar iniciativas organizativas con la apertura de locales en los pueblos y los barrios, así como la edición de publicaciones específicas. Organizan reuniones, defienden los intereses de la mujeres en el partido, los sindicatos y los soviets.

Las bolcheviques van más lejos en la práctica que en la teoría. Durante la guerra civil se organizan conferencias de mujeres no afiliadas al partido y se celebran reuniones no mixtas de delegadas para intervenir directamente en cuestiones que interesan a las mujeres. Las delegadas obreras, campesinas y amas de casa son elegidas por tres meses y reciben formación política para poder asumir responsabilidades en el soviet local. El sistema de delegadas abarcaba al final a más de tres millones de mujeres, pero nunca llegará a ser un movimiento social coherente e independiente. El miedo a otorgar a los Genotdel demasiada libertad de acción estará siempre muy presente.

La discusión se ceñirá a la organización en el interior del partido bolchevique. No se planteaba la posibilidad de un movimiento de mujeres fuera del partido, pues lo consideraban burgués. Los bolcheviques no se liberarán jamás de la atadura del pensamiento socialdemócrata alemán en este terreno: “No existe un movimiento específico de las mujeres”.

Reivindicaciones de las mujeres y labor legislativa radical

La nueva constitución del joven Estado soviético instaura el matrimonio civil; se proclama de igualdad entre hombres y mujeres; la ley deja de establecer diferencias entre hijas ilegítimas y legítimas; se oficializa el divorcio de mutuo consentimiento o a instancias de una de las partes sin necesidad de aportar pruebas o testigos. El adulterio y la homosexualidad se eliminan del código penal y la autoridad del cabeza de familia desaparece del código civil. Se reconoce el derecho de voto de las mujeres. El nuevo código de trabajo incluye las bajas de maternidad, la igualdad salarial, medidas de protección específicas de las mujeres; la jornada queda limitada a 8 horas y la semana a 48 horas y se crean los seguros sociales.

La socialización del trabajo doméstico

Para Kollontai, para las dirigentes del trabajo destinado a las mujeres y determinados dirigentes bolcheviques, como Trotsky y Lenin, el cambio de naturaleza del trabajo doméstico se producirá con la industrialización, el acceso de las mujeres al mundo del trabajo y la socialización del trabajo doméstico. Esto se consideraba una cuestión de importancia inmediata en la transición. La socialización del trabajo doméstico mediante la creación de equipamientos comunitarios se considera la medida principal para liberar a las mujeres. El partido se pronuncia por la creación de comedores públicos, guarderías y parvularios.

En 1920 se promulga una ley del aborto, pero este no se asocia a la cuestión de la contracepción como mejor manera de evitar un aborto. La mayoría de médicos son favorables a la ley del aborto, pero a menudo este derecho se concede a regañadientes. Las mujeres que solicitaban un aborto por razones que no fueran la penuria material, eran objeto de ataques. No había suficientes camas en los hospitales para los abortos y a mediados de la década de 1920 se suspendió la investigación en materia de contracepción por falta de créditos. El aborto se considera ante todo un problema de salud pública, se señalan los riesgos de un descenso de la natalidad y la peligrosidad de la operación. Después de 1921 no hubo nunca más un debate en las organizaciones de mujeres sobre el aborto y el control de la fecundidad por las propias mujeres.

La instauración de la NEP

Después del periodo de comunismo de guerra, el país resulta vencedor, pero exangüe tras tres años de guerra impuesta por el imperialismo. La Nueva Política Económica (NEP) impone una drástica reducción del gasto público y la suspensión de los créditos para equipamientos colectivos. Incluso se pretende suprimir los Genotdel, pero ante las quejas masivas y tras un debate enconado en el Pravda, se decide mantenerlos. Aparecen los mismos argumentos que se retomarán a finales de la década de 1920 para cerrar los locales de los Genotdel.

Los Genotdel se debilitan a partir de 1922. Inesa Armand y Konkordiya Samoilova están muertas. Krúpskaya se dedica a otros problemas y Kollontai se va a Noruega. Las nuevas mujeres dirigentes no tienen peso suficiente en un partido que no se interesa por los debates teóricos en el terreno del feminismo. Se debilita la democracia interna: seguir las órdenes de arriba y el deseo de hacer carrera conducen a la pasividad política.

Algunas militantes, al comienzo de la NEP, temen que el retorno de las mujeres al hogar y el abandono de los equipamientos colectivos reinstauren los esquemas tradicionales de la familia. Proponen crear un movimiento que agrupe a asociaciones que luchen localmente por la instauración de un nuevo modo de vida. Sin embargo, la mayoría de miembros de los Genotdel criticaron estas ideas como desviaciones feministas.

Hacia finales de la década de 1920, los Genotdel cambian de opinión sobre la cuestión de las formas de organización independientes del partido. Critican el fracaso del partido a la hora de hacer progresar la liberación de las mujeres. No obstante, sus críticas no dejan de ser parciales. No proponen ningún programa económico y social alternativo que permita al partido integrar realmente la liberación de las mujeres en su programa, su teoría y su práctica. En 1930, Stalin suprime los Genotdel y su publicación, Kommunitska.

A modo de conclusión

El estudio de la revolución rusa nos permite captar mejor el vínculo que existe entre la lucha por el socialismo y la lucha por la liberación de las mujeres. Así se puede ver hasta qué punto la lucha por un movimiento autónomo de las mujeres se enfrentó a la capacidad de resistencia de la ideología y de las estructuras familiares. A menudo se ha dado la impresión de que, mientras el país era un Estado obrero relativamente sano y democrático, cumplió sus compromisos hacia las mujeres y de que solo con la degeneración de la revolución se deterioró la situación también para las mujeres.

Sin embargo, el ascenso y el declive de la democracia proletaria y del control obrero no coinciden con el ascenso y el declive del movimiento de las mujeres. Habría sido posible una aplicación diferente de la política de la NEP, pero ni dirigentes ni militantes de base comunistas otorgaban suficiente importancia a las “cuestiones relacionadas con la mujer” en los debates. Esta debilidad no está asociada directamente a la contrarrevolución burocrática capitaneada por Stalin

(Imagen: Nadezhda Krúpskaya en 1927)

Alexandra Kolontái: la feminista bolchevique que se convirtió en la primera mujer en un Gobierno

por Santiago Mayor //

Aunque sus líderes más conocidos fueron Lenin, Trotsky y Stalin, hubo una mujer que sobresalió en un mundo hegemonizado por los hombres: Alexandra Kolontái, la primera mujer que formó parte de un Gobierno en la historia, al frente del Comisariado del Pueblo [Ministerio] para el Bienestar Social.

Que el feminismo hable

Para recuperar la historia de su vida y las claves de su pensamiento, Ediciones Mala Junta y la Editorial Cienflores han publicado en Argentina ‘El amor y la mujer nueva‘, una compilación de textos de Kolontái, que incluye, además, su autobiografía y un prólogo de la socióloga e historiadora Dora Barrancos. “Antes de la edición de este libro estaba el viejo sueño de comenzar a editar publicaciones propias con el sello Mala Junta, la colectiva feminista a la que pertenezco”, explica a RT María Paula García, que ha editado la obra junto con Diana Broggi.

“El sueño se fue transformando en una combinación de necesidad y urgencia: la cuarta ola feminista que atravesamos y de la que nuestro país es vanguardia reconocida requiere de reflexión, debate y conocimiento histórico”, añade. García sostiene que, en este contexto, el objetivo pasa por que “los diversos feminismos” comiencen a “hablar en primera persona, a través de la voz, la vida y los debates planteados por sus protagonistas”.

Cubierta del libro ‘El amor y la mujer nueva’ sobre Alexandra Kolontái. / Cortesía de Ediciones Mala Junta

La idea de comenzar con una publicación sobre Kolontái surgió del encuentro con Maximiliano Thibaut, de la Editorial Cienflores, teniendo en cuenta que se trata de una dirigente política “conocida entre la militancia de izquierda y popular”, pero “no tanto entre el público en general”. No obstante, incluso entre quienes más la conocen “se ha indagado poco en lo que nosotras consideramos su aporte fundamental: la temática del amor y de la mujer nueva, que es, finalmente, el título que elegimos”, explica la editora.

El camino a la revolución

Alexandra Kolontái nació en San Petersburgo en 1872 en el marco de una familia aristocrática. Como era costumbre en aquella época, no fue enviada a la escuela, sino que recibió educación particular en su hogar. Paradójicamente, la instrucción de la joven quedó en manos de Marie Strajova, “una educadora ligada a los círculos revolucionarios rusos“, recuerda García.

A partir de entonces comenzó un camino de rebeldía que la llevó a casarse con su primo —del que adoptó su apellido—, tener un hijo y separarse poco después porque su marido se oponía a que estudiara y viajara. Sin embargo, “como ella misma relata, el hecho que cambió su vida fue la visita a la enorme y famosa fábrica textil Krengolm“, remarca la editora. La propia Kolontái escribió: “Yo no podía llevar una vida feliz y pacífica mientras la población obrera se hallaba tan terriblemente esclavizada. Simplemente, debía unirme a este movimiento”.

Tras estudiar economía política en Zúrich, Suiza, regresó a Rusia, donde se unió al recientemente fundado Partido Obrero Socialdemócrata. En ese momento comenzó su actividad como escritora y propagandista, participando en la revolución fallida de 1905. Cuando el partido se dividió, ella se puso del lado de los mencheviques.

Kolontái vivió exiliada en distintos países, entre ellos Alemania, donde se sumó al Partido Socialdemócrata local y militó junto a dirigentes como Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Karl Kautsky y Clara Zetkin. “Esta última fue una gran influencia respecto de la lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras”, subraya García.

Finalmente, cuando estalló la Primera Guerra Mundial —que abrió un cisma en el campo socialista entre quienes apoyaban el conflicto bélico y quienes lo rechazaban— Kolontái se ubicó del lado de la oposición, “al igual que Lenin“. A partir de aquel momento, “comienza un gran intercambio epistolar“, regresando a Rusia tras la caída del zar Nicolás II, en febrero de 1917, ya militando en el partido bolchevique.

Primera mujer de gobierno

Tras la toma del poder por los bolcheviques, Alexandra Kolontái fue nombrada al frente del Comisariado del Pueblo para el Bienestar Social. “Era la única mujer del gabinete y la primera mujer en la historia reconocida como miembro de un Gobierno”, constata en su autobiografía.

“El pensamiento y acción de Alexandra Kollontay se enmarca en una amplia historia de pensadoras socialistas que, desde finales del siglo XIX debatieron el papel de la mujer y la familia, tratando de vertebrar marxismo y feminismo” María Paula García, editora de ‘El amor y la mujer nueva’

“Mi primer acto como Comisaria del Pueblo consistió en compensar a un campesino al que le habían requisado el caballo. El hombre había oído decir que los bolcheviques estaban a favor de los obreros y los campesinos”, escribió Kolontái. Ese campesino “fue al Instituto Smolni a ver a Lenin para que le asignara la compensación. Lenin lo atendió y lo envió a verme a mí con la orden anotada en una hoja de cuaderno mal arrancada”, añadió. Para María Paula García, esa anécdota “ilustra lo maravilloso de una revolución desde las cosas aparentemente más pequeñas”.

Como comisaria del pueblo, Kolontái llevó adelante “un ambicioso plan de trabajo”, que incluía un importante programa de asistencia “para mutilados de guerra —en consecuencia, para cientos de miles de soldados y funcionarios lisiados—, el sistema de pensiones en general, las casas cuna, los asilos para ancianos, los orfanatos, los hospitales para necesitados, los talleres que fabricaban aparatos ortopédicos”, entre otras cuestiones acuciantes.

Marxismo y feminismo

Más allá de las políticas públicas concretas, Kolontái jugó un papel fundamental en la lucha por el reconocimiento de las mujeres en la política, la economía y la vida social en su conjunto. La editora de ‘El amor y la mujer nueva’ asegura que, “si bien ninguna medida puede entenderse sin su peso político e institucional, tampoco puede explicarse tomando a Alexandra Kolontái como figura aislada”. En ese sentido, “su pensamiento y acción se enmarcan en una amplia historia de pensadoras socialistas que desde finales del siglo XIX debatieron el papel de la mujer y de la familia, tratando de vertebrar marxismo y feminismo”.

Si bien el voto femenino fue instaurado durante el Gobierno Provisional entre febrero y octubre de 1917 —un año antes que Gran Bretaña y dos antes que EE.UU.—, la dirigente revolucionaria impulsó políticas que fueron mucho más allá.

No en vano, pocos meses después “presentó un modelo de divorcio basado en el mutuo acuerdo de las partes, simplemente yendo a registrarlo oficialmente”. También eliminó el matrimonio religioso, simplificó los trámites para casarse y “ya en 1918 se suprimió la patria potestad del esposo sobre la mujer, no pudiendo ya imponerle su apellido, su nacionalidad, ni el domicilio”.

García destaca que “otra medida revolucionaria fue el decreto de patria potestad compartida (que en Argentina se obtuvo en la década de 1980] y, sin duda, la más avanzada fue el derecho al aborto en 1920″.

Sin mujeres no hay revolución

María Paula García sostiene que la dirigente bolchevique “no solo innovó al interior del marxismo”, sino que también “se adelantó a los debates del feminismo radical de los años 60″. Como marxista “estaba convencida de que ningún cambio profundo sería posible sin transformaciones materiales estructurales”. Sin embargo, consideraba el desafío “mucho más complejo y rico”, incorporando “elementos y problemáticas nuevas que, tanto el marxismo tradicional como los bolcheviques, no tuvieron en cuenta o, como mínimo, subestimaron”.

“Kollontay planteó la necesidad de una mujer nueva que, además de ser independiente económicamente, debía serlo también psicológica y sentimentalmente”María Paula García, editora de ‘El amor y la mujer nueva’

Desde su perspectiva, “la abolición de la propiedad privada, la socialización de los cuidados y de las tareas domésticas, y la incorporación al mercado laboral eran condiciones necesarias, pero no suficientes”. Para liberar realmente a las mujeres, la revolución también debía ser “psicológica” y afectar a “las relaciones entre los sexos“, “las costumbres” y “la vida cotidiana“. Ante la resistencia que provocaban sus planteamientos “entre sus propios compañeros”, advirtió que “prorrogar estas cuestiones en nombre de lo urgente no haría más que, en definitiva, prorrogar la revolución”.

En ese aspecto, García recuerda que las ideas de Kolontái se apoyan en dos puntos fundamentales. En primer lugar, que “para construir un mundo mejor” desde el marxismo, además de cambiar la economía, “tenía que surgir el hombre nuevo”. Ahí se inscribe “la necesidad de una mujer nueva que, además de ser independiente económicamente, también lo sea psicológica y sentimentalmente”.

En segundo lugar, replanteó la idea del amor, estableciendo que es “un factor psicológico y social“, contrariamente a la burguesía, que siempre lo consideró “un asunto privado y permeado por la idea de la propiedad” y, por lo tanto, “al servicio de sus intereses de clase”.

Kolontái desde América Latina

¿Por qué es importante recuperar la figura de la revolucionaria rusa en el centenario del proceso político que la dio a conocer? En primer lugar, García apunta que “conocer, debatir y profundizar sobre la Revolución rusa y sus protagonistas debería ser tarea ineludible para todas y todos los que pretendemos cambiar el mundo”.

Ese “atrasado” país de Europa fue el “primer ensayo de cambio social y de construcción de una nueva sociedad sobre bases comunistas por parte de las clases oprimidas y explotadas”, subraya. En ese marco cobra importancia “el rescate de la figura de Alexandra Kolontái”, porque —recalca— “fue una pionera en la acción concreta y el pensamiento de cómo se transforma una sociedad integralmente”. Su postura incide en subrayar que “con las cuestiones materiales no alcanza”, por lo que es necesario “transformar profundamente la psicología de un pueblo“, para lo que “el amor y las relaciones entre los géneros es fundante”.

“En un continente atravesado históricamente por revueltas, rebeliones y revoluciones contra la dominación colonial e imperialista, rico en organizaciones y movimientos sociales, los aportes de Kolontái son muy valiosos“, estima García.

“¿Cómo se construye una nueva sociedad?, ¿de qué manera puede terminarse con las pesadas cadenas de la opresión?, ¿basta con decretar el fin de la opresión?, ¿basta con dictar nuevas leyes, códigos y políticas públicas para terminar con el patriarcado?, ¿cómo se cambian las relaciones amorosas?, ¿cómo se transforma la psicología de un pueblo?, ¿puede decretarse el final de la familia monogámica e impulsar el amor libre?”, se pregunta. Y responde: “Kolontái esbozó muchas puntas para retomar y profundizar. Y en eso estamos”.

 

Ernest Mandel: por qué Keynes no es la respuesta y el ocaso del monetarismo (1992)*

Al volverse aparentes las desastrosas consecuencias de las políticas de libre mercado, se levantan voces en círculos capitalistas y socialdemócratas pidiendo la intervención del estado para revivir la economía. Pero, ¿es realmente una alternativa? ¿Tendría una nueva ronda de intervención estatal en la economía y crecimiento financiado por deuda efectos beneficiosos para los trabajadores? Aquí ERNEST MANDEL argumenta que las políticas reflacionarias del keynesianismo tradicional deben ser distinguidas de las políticas de déficit presupuestario de Thatcher y Reagan; y que la reflación capitalista trae solo ventajas a corto plazo para la clase trabajadora, e inevitablemente desemboca en una nueva recesión.

La idea fundamental del keynesianismo es que el gasto estatal, un déficit al presupuesto nacional, puede ser utilizado para combatir las crisis económicas y recesiones.

Desde un punto de vista teórico, incrementar la demanda general en un país facilitará la recuperación en tanto haya capacidad productiva disponible (trabajadores desempleados, materia prima en stock, máquinas trabajando por debajo de su capacidad). Estos recursos no utilizados son movilizados por el poder de compra adicional creado por el déficit presupuestario. Solo cuando estas reservas se agotan se da el fatal comienzo de la inflación.

Sin embargo, existe un problema. Para que el déficit presupuestario no impulse la inflación antes de alcanzar el pleno empleo, los impuestos directos deben incrementarse en misma proporción que los ingresos.

Dado que la burguesía prefiere comprar bonos al estado antes que pagar impuestos, y que la evasión impositiva es endémica de su clase, la mayor carga impositiva implicada por las políticas keynesianas cae sobre los trabajadores.

A medida que crece la deuda pública, hacer frente a la misma consume cada vez más del gasto público, por lo que el déficit presupuestario muestra una tendencia creciente sin que el empleo reciba efectos beneficiosos de forma correspondiente.

En definitiva, entonces, la expansión keynesiana tiende a socavarse a través de la inflación creciente y disminución de los retornos de ese “empujón” inicial que había brindado el déficit presupuestario; el resultado es una nueva recesión, y la creciente carga impositiva tiende a redistribuir los ingresos hacia la burguesía.

El balance histórico de las políticas keynesianas es claro. Su más acabado experimento, el New Deal de Roosevelt en los Estados Unidos de la década del 30, terminó fracasando.

A pesar del incremento del gasto público, culminó en la crisis de 1938, cuando el desempleo alcanzó los 10 millones1. Fue solo gracias al enorme armamento que demandó la guerra que se redujo el desempleo masivo.

Hay algo bizarro en el modo en que los dogmáticos neoliberales contrastan sus políticas basadas en la “teoría de la oferta” con aquellas basadas en crear demanda valiéndose del presupuesto estatal. Nunca, de hecho, han sido más altos los déficits presupuestarios estatales como durante la presidencia del baluarte de los neoliberales, Ronald Reagan.

Lo mismo aplica en gran medida al “reinado” de Margaret Thatcher. Implementaron programas neokeynesianos de cifras récord al tiempo que profesaban una fe completamente opuesta. El debate real no era sobre el tamaño del déficit sino para qué se usaba.

Los hechos hablan por sí solos. El neokeynesianismo de Reagan y Thatcher reforzó brutalmente la ofensiva de la austeridad en todas partes. Los gastos sociales y de infraestructura fueron recortados; el gasto en armas se expandió masivamente en los Estados Unidos y Gran Bretaña y en menor medida en Japón y Alemania.

Los subsidios a las empresas privadas han crecido. El desempleo y la desigualdad social se extendieron. En los últimos 20 años el número de desempleados en países de la OCDE (“el club de los países ricos”), se ha cuadruplicado.

El efecto social ha sido desastroso de manera generalizada. Se puede aprender en cualquier curso universitario sobre desarrollo económico que las inversiones más productivas a largo plazo son aquellas realizadas en educación, salud pública e infraestructura.

Sin embargo, los dogmatistas neoliberales omiten esta verdad elemental cuando se aproximan a los problemas desde la perspectiva de un “equilibrio” que debe restablecerse a cualquier costo. Sus objetivos favoritos para recortar son precisamente la educación, salud, seguridad social e infraestructura, con los inevitables efectos dañinos que esto causa, incluso a la productividad.

¿Significa esto que los socialistas preferimos el keynesianismo tradicional y el estado de bienestar al cocktail venenoso de monetarismo y neokeinesianismo actualmente en boga? Si nuestra respuesta es positiva, debe ser de una manera muy condicionada.

El keynesianismo tradicional implica varias formas del ejercicio y división de poder dentro del marco de la sociedad burguesa. Esto lleva a varias formas de contrato social y consenso con aquellos que actualmente detentan el poder económico, en sus términos.

Este consenso es puramente unilateral y va contra los intereses de la clase trabajadora. El keynesianismo tradicional solo puede considerarse un mal menor en caso de ser

1 Business Cycles, James Arthur Estey, Purdue Univ., Prentice-Hall, 1950, pages 22-23 chart.
Este estudio señala cómo el desempleo, si bien no volvió el 25% de 1933, pasó del 14,7% en 1937 al 19% en 1938.

comparado con una política deflacionaria en tanto que promueve una inmediata y rápida caída en el desempleo.

Sin embargo, en las condiciones presentes el neokeynesianismo lleva a un crecimiento en el desempleo y marginalización de sectores crecientes de la población, con toda clase de consecuencias reaccionarias.

Además, quienes abogan por el keynesianismo tradicional tienen que lidiar con un incómodo hecho fundamental; la efectividad de sus prácticas está siendo grandemente reducida por el crecimiento del poder de las corporaciones multinacionales. Aun siendo ridículo decir que la intervención estatal hoy no tiene poder, es por supuesto mucho menos poderosa que durante los ‘30 y ‘50.

Enfrentado al crecimiento de las empresas transnacionales, el estado nacional deja de ser un instrumento adecuado para las facciones dominantes de la burguesía. Por ello, se están realizando esfuerzos consistentes por sustituirlo por instituciones supranacionales, siendo el caso clásico las varias instituciones de la Comunidad Europea.

Pero muchos otros obstáculos deberán ser vencidos para que las instituciones supranacionales tomen las características de un verdadero estado supranacional, por ejemplo en Europa.

La unificación de Europa permanece suspendida entre una vaga confederación de estados soberanos y una federación europea con características de un estado: moneda común, banco central, políticas industriales y agrícolas comunes, fuerzas militares y policiales articuladas y, finalmente, una autoridad gubernamental central.

Hay una bomba en el proceso de unificación capitalista de Europa, que está comenzando a detonar en las huelgas de Italia y Grecia. Es el simple hecho de que la “estabilización presupuestaria” requerida para la unión monetaria tendrá un efecto enorme. Esto en sí mismo debiese ser causa suficiente para que el movimiento trabajador rechace el tratado de Maastricht2.

Maastricht no ofrece más que una excusa para la continuidad y reforzamiento de las políticas de austeridad. Es más preciso que nunca el continuar la lucha contra él.

*Extraído de Socialist Outlook, No.29, 10 de octubre de 1992, p.7. Cortesía de Joseph Auciello. Traducción al español: Federico Silvero.

2 El tratado de Maastricht, firmado en 1992 y puesto en efecto al año siguiente, llevó a la creación de la Unión Europea y el Euro como moneda central.

Cómo la Revolución Bolchevique salvó el arte vanguardista

por Paul Mitchell // 

La exposición “Rusia Radical” en Norwich es un asunto pequeño en comparación con algunos shows exitosos que marcan el centenario de la Revolución de octubre de 1917 que se han organizado en Londres y mundialmente. Pero eso no debería desalentar a nadie que quiera ir.

Los curadores, el profesor de historia rusa Peter Waldron, asistido por Jamie Freeman y Ryan Hale, seleccionaron objetos cuidadosamente para reflejar los diferentes campos del arte de vanguardia—proporcionando una narrativa histórica seria y bienvenida sobre su desarrollo antes y después de la Revolución Bolchevique.

Un valor añadido es la exposición paralela en el Centro Sainsbury, “Royal Fabergé”, que contrasta la opulencia y exclusividad de la Rusia zarista con las aspiraciones más amplias y democráticas alimentadas por la revolución.

A diferencia de otras exhibiciones de este año, “Rusia Radical” no trata la Revolución de Octubre como algún tipo de error histórico o un desvío del desarrollo natural de Rusia, ni retrata a los artistas como ilusos engañados por la máquina de propaganda bolchevique.

Natalia Gonchorova (1881-1960), Los evangelistas, 1911, Museo Rusa del Estado, San Petersburgo

Documenta metódicamente la desintegración del régimen de 300 años de la dinastía Romanov confrontado por la rápida desindustrialización, la urbanización, la sociedad “en todos los niveles… en un estado inestable” y el impacto inmenso de la Primera Guerra Mundial.

San Petersburgo, la capital imperial que se convertiría en el centro de influencia y apoyo bolchevique, “encapsuló las tensiones que atravesaron al imperio”.

El catalogo de la exposición explica cómo los Romanov intentaron hacer cumplir una política de ortodoxia religiosa, autocracia y nacionalidad de “Rusia sagrada”, “rechazando la participación popular en el gobierno nacional hasta que la amenaza de colapso económico y político obligó al gobierno a hacer concesiones” luego de la Revolución de 1905. Señala cómo “Nicolás II y sus consejeros trataron al nuevo parlamento con desdén y trataron de cubrir su poder con tantas restricciones como fueran posibles”.

Natalia Gonchorova (1881-1960), Retrato de Diaghilev, 1919, UEA, Centro de Artes Visuales Sainsbury

“Cuando estalló la guerra en 1914 casi cada sección de la sociedad rusa se sintió traicionada por la autocracia, en particular los campesinos y el creciente número de trabajadores urbanos. Los campesinos se ofendieron cada vez más al ser explotados por la nobleza y la élite gobernante, las reformas tuvieron poco o ningún efecto en la vida cotidiana del campesinado. Aunque la guerra exacerbó estos problemas sociales, incluso antes de 1914 una revolución era inevitable”, concluye el catalogo.

En la esfera artística, el catalogo explica cómo “el opresivo estado zarista, con su feroz sistema de censura, dificultó la participación de los rusos en una discusión abierta sobre cuestiones sociales y políticas, y entonces los pintores usaron el arte para formular argumentos profundos sobre las condiciones del día”.

La mayoría de los pintores, aunque se consideraban a sí mismos como parte de un movimiento artístico internacional, expresaron su “rebelión” dentro de los confines de las imágenes religiosas y nacionalistas rusas, incluyendo muchos artistas de vanguardia que más tarde apoyarían la revolución. Uno tiene la impresión de que el arte y los artistas de vanguardia habían llegado a un punto muerto y solo la revolución podía salvarlos.

Malévich, Cuadrado Negro (1915)—y otras obras de la “Última Exposición Futurista de Pintura 0,10 [Cero-diez]”

Por ejemplo, el contenido religioso de Los evangelistas de Natalia Goncharova, de 1911, es evidente. Sin embargo, fue considerado blasfemo por el Santo Sínodo junto con 22 pinturas que la iglesia intentó prohibir en su exposición de San Petersburgo en 1914. Después de la revolución, Gonchorova se convirtió en una pionera del nuevo arte, que está representado por el retrato simple y vibrante del empresario de ballet Sergei Diaghilev(1919), en exhibición.

Al mismo tiempo que Kazimir Malévich pintaba su famoso y suprematista Cuadrado Negro (1915)—una fotografía muestra cómo se exhibió en la esquina superior de la “Última Exposición Futurista de Pintura 0.10 [Cero-diez]”, donde tradicionalmente se colgaría un ícono religioso—también producía postales patrióticas a favor de la guerra como “El austríaco iba a dárselas de Radziwill y la campesina lo ensartó con su horca”.

La exposición explica cómo los artistas antes de la revolución estaban a disposición del capricho de los patrones ricos. Savva Mamontov, magnate del ferrocarril, cultivó el trabajo de Mijaíl Vrubel, un artista recordado por sus pinturas de demonios torturados y “que rechazó explícitamente el concepto de que el arte debería tener un propósito social”.

Kazimir Malevich (1878-1935), El austríaco iba a dárselas de Radziwill y la campesina lo ensartó con su horca, 1914, Biblioteca Nacional de Rusia, San Petersburgo

Nikolai Riabushinky, comerciante próspero de Moscú, apoyó al grupo de arte simbolista La Rosa Azul, “muchos de los cuales querían utilizar el arte como un escape de la realidad y representar, en cambio, un mundo ideal y a veces fantástico”.

“La Revolución de Octubre cambió radicalmente la cultura rusa”, insiste el catalogo. “Después de más de tres años de guerra, la Revolución de Octubre desató una ola de entusiasmo por un nuevo orden y muchos artistas acudieron a la causa bolchevique, incluso teniendo una experiencia limitada de compromiso político”.

“De forma completamente inesperada, los hombres y mujeres subversivos y, en ocasiones, escandalosos, que desarrollaron un enfoque modernista excepcionalmente ruso respecto al arte se encontraron en la posición de promover sus ideas radicales en todo el nuevo estado bolchevique”.

El Lissitzky (1890-1941), Cuatro Formas Fundamentales de Aritmética, 1928, Colección Van Abbemuseum, Eindhoven

“Los artistas radicales de Rusia experimentaron una década de creatividad y energía extraordinaria después de la revolución. Fueron capaces de aprovechar el entusiasmo de los bolcheviques para extender la revolución a todos los aspectos de la vida rusa, y la nueva libertad social y cultural de los años 1920 en el estado soviético implicó que la vanguardia podía experimentar y conseguir audiencias masivas para su trabajo”.

Este análisis es una refutación a aquellos que afirman que los bolcheviques tenían poco apoyo de los artistas y que intentaron aplastar el movimiento de vanguardia.

En 1918 el constructivista Vladímir Tatlin, famoso por proponer el “Monumento a la Tercera Internacional”, del cual se exhibe un modelo afuera del Centro Sainsbury, fue nombrado jefe del departamento de arte del Comisariado de la Ilustración (Narkomprós). Malevich se le unió. Marc Chagall creó una Escuela de Arte Popular en Vítebsk en la actual Bielorrusia, atrayendo a El Lisitski, cuya asombrosa herramienta educativa “Cuatro Formas Fundamentales de Aritmética” forma parte de la exposición.

Natalia Danko (1898-1942), Rojos y Blancos, 1922-1925, El Museo de arte de Letonia, Riga

Entre 1918 y 1921, mientras la guerra civil causaba estragos, Narkomprós instaló 36 museos nuevos, que eran empresas educativas integradas por artistas involucrados en discusiones intensas sobre la dirección que deberían tomar y cómo desarrollar nuevas imágenes. Muchos se involucraron en diseños para el programa de construcción rápida de viviendas y la producción de objetos cotidianos.

Serge Chekhonin, por ejemplo, quien estuvo involucrado en la creación del símbolo del martillo y la hoz, se convirtió en el director artístico de la Fábrica Imperial de Porcelana, y contrató a diseñadores de gran talento, incluyendo a Natalia Danko, de quien se exhibe su juego de ajedrez “Rojos y Blancos”. Está compuesto por peones rojos de mujeres campesinas respaldadas por trabajadores industriales y piezas de soldados que se oponen a peones blancos ligados por cadenas negras supervisados por un rey blanco esquelético.

La hermana de Danko comentó, “Cualquiera que recuerde el Petrogrado de esos años—el desierto escarpado de sus avenidas y sus casas desiertas sumergidas en la oscuridad y el frío, sus ventanas marcadas por las huellas de balas recientes—recordará la ventana de exhibición de porcelana china… Los transeúntes se detenían en la ventana y se quedaban mirando la porcelana. Esta porcelana era el mensaje de un futuro hermoso”.

Cortejo fúnebre de Kazimir Malevich, Leningrad, 1935, Colección de Vladmir Tsarenkov

En su haber, la exposición de Rusia Radical se aleja de la falsificación “el leninismo condujo inevitablemente al estalinismo”, predominante en otros lugares. Señala los motivos materiales de la degeneración de la revolución y las amargas disputas sobre “el socialismo en un país”, la colectivización forzada y la industrialización a medida que Stalin ascendió al poder. A diferencia de otras exposiciones, se menciona a Trotsky y la Oposición de Izquierda respecto a la lucha contra el estalinismo.

Con el surgimiento del estalinismo, se cerraron las escuelas de arte, se cancelaron las exhibiciones, y las celebraciones escenificadas “perdieron la novedad y espontaneidad de los primeros años del poder bolchevique”.

En su lugar se hizo cumplir el realismo socialista. Como resultado, los artistas emigraron, cometieron suicidio, fueron ejecutados o forzados a la oscuridad. El catalogo termina con una fotografía conmovedora de la escasamente concurrida procesión fúnebre de Malévich en 1935, su ataúd en diseño suprematista en la parte trasera de un camión con una réplica de su Cuadrado Negro fijada al capó.

Entrevista a Juan Dal Maso: “Gramsci es un autor que es de todo el mundo”

 

por Brais Fernández y Victor de la Fuente

Juan Dal Maso es autor de un libro titulado El marxismo de Gramsci, públicado originalmente en Argentina y recién publicado en España. Lo entrevistamos a raíz de la presentación de su libro en Madrid.

Este 2017, se han cumplido 80 años de la muerte de Gramsci. Tras un año de efemérides, recuerdos, homenajes, seminarios.. ¿Cual es el lugar de Gramsci en la teoría marxista y en el movimiento comunista?

En la teoría se lo podría considerar uno de los principales marxistas del siglo XX, más allá de su lugar en el movimiento comunista. El desarrollo de la obra teórica de los Cuadernos de la cárcel ha generado muchas herramientas, aportes teóricos que van más allá de la ubicación política que Gramsci tenía sobre todo en los años 20, de la cual los trotskistas somos críticos. Entonces el lugar que tiene en la teoría marxista sin dejar nunca de estar relacionado con su rol como militante y dirigente comunista es mucho más amplio. Por eso ha impactado también en otros terrenos fuera del ámbito del marxismo, cosa que también podría ocurrir con Trotsky si no hubiera una cultura tan permeada en muchos ámbitos y en muchos aspectos por el estalinismo, que siempre lo deja relegado un poco. Daniel Bensaid hablaba de que en Francia hay una especie de Trotsky cultural y eso también muestra que un teórico como Trotsky puede transcender el ámbito de la gente que es estrictamente trotskista. En el caso de Gramsci esto ha tenido un desarrollo mayor por buenas y malas razones. Los Cuadernos abarcan muchos problemas teóricos que tienen actualidad, como la cuestión del Estado en las formaciones que él llama de Occidente pero que en cierto modo se han extendido a muchos otros países fuera de Europa Occidental, los debates sobre la guerra de posiciones, hegemonía, los procesos de revoluciones pasivas que se han discutido sobre todo en los últimos tiempos en América Latina. Todas esas herramientas, todos esos desarrollos implican un crecimiento de muchos conceptos de la teoría marxista clásica sin salirse de ella.

Así como ha habido muchas interpretaciones de sus posiciones teóricas, su ubicación en el movimiento comunista también es un tema muy discutido. El hecho de que él en la cárcel tuviera también debates con sus compañeros de militancia en los que rechazaba la línea delirante del tercer período y también el hecho de que el tipo de reflexión que se hace en los Cuadernos sea bastante distinta de esa orientación hace que algunos vean a Gramsci directamente como un militante anti estalinista, pero también hay gente que dice que era estalinista, algunos positivamente, pues aunque parezca mentira sigue habiendo gente que revindica eso. A mí me parece que si uno se atiene a las posiciones concretas, de Gramsci, en particular los debates del III Congreso del PCI que se hacen en Lyon en 1926, o la posterior carta que él dirige con los miembros del comité ejecutivo que están en Italia al comité ejecutivo del PCUS o los análisis que se hacen sobre la Unión Soviética en los propios Cuadernos, se podría decir que él tiene posiciones críticas pero sin salirse del movimiento comunista oficial. Nunca planteó públicamente una crítica al estalinismo, como la que hizo Trotsky, en parte también porque que no conocía el fenómeno en toda su magnitud. En el congreso del PCI de 1926, Gramsci y Togliatti derrotan a la fracción de Bordiga, que era una fracción ultra izquierdista y que tenía posiciones erróneas, estableciendo unas tesis para la revolución italiana, que son muy revindicadas como ejemplo concreto de tratar de pensar una forma de establecer una política justa para intervenir frente al fascismo. Dicho esto, revindican el socialismo en un solo país, aceptando el marco de lo que era en ese momento la Internacional Comunista. Cuando Gramsci escribe la carta al comité ejecutivo del PCUS mantiene esas posiciones, él no dice “yo estoy de acuerdo con las posiciones de Trotsky y Zinoniev, con la oposición”, sino que plantea que son posiciones erróneas que representan un renacimiento del sindicalismo, de la socialdemocracia, pero aclarando que comparte no los métodos con los que se está llevando a cabo la lucha contra ellos. Para Togliatti, que se guardó la carta en el bolsillo, era casi como una declaración de trotskismo. Como dice en el intercambio de cartas posterior: “¿Como vas a poner en pie de igualdad a los dirigentes de la mayoría con la oposición, llamando a ambos al orden?” Me parece que Gramsci tenía una posición utópica ante el problema de la lucha fraccional en el interior del PCUS. Él quería que se mantuviera una unidad del grupo dirigente, pero la mayoría ya había decidido romper hace tiempo. Incluso Trotsky en 1933 planteó la necesidad de un acuerdo intrapartidario honesto para restablecer la democracia partidaria y la respuesta que recibió fue la persecución hasta su asesinato. Así pues, la postura de Gramsci es una postura intermedia entre una oposición abierta al estalinismo y una defensa de él. Me parece que sería un error asimilarlo con la posición del comunismo oficial estalinista porque él no pensaba de esa manera, aunque lo que es cierto es que tampoco desarrolló una postura abiertamente critica del proceso de burocratización, el cual no lo conoció en toda su magnitud. En unas notas en los Cuadernos dice que la Unión Soviética está en una etapa de desarrollo económico corporativo, transformando la estructura económica, pero todavía no avanzando más allá de eso. Por eso tenía una visión positiva de los efectos del plan quinquenal pero veía que ese proceso no tenía el alcance de lo que él pretende en su reflexión de los Cuadernos, que es hacer una revolución que recoja no solo el cambio económico sino también el desarrollo cultural. Él habla de Reforma y Renacimiento, la idea de un cambio en la mentalidad popular de las masas y también la construcción de una alta cultura pero siendo consciente de que no es algo inmediato. Él es crítico con cómo está la Unión Soviética: está el debate sobre si sus notas acerca del parlamentarismo negro son una crítica acerca de la URRS o no.

Profundicemos un poco en la cuestión del “Gramsci dirigente comunista”. Ha salido el nombre de Amadeo Bordiga. En el interior del PCI, Gramsci se oponía tanto a derecha comunista como a la fracción ultraizquierdista, la cual dirige el partido durante la primera etapa de los años 20. Gramsci tenía una relación muy ambivalente con Bordiga: era su principal crítico en los debates sobre los consejos obreros y el rol del partido comunista, pero a la vez apreciaba mucho sus capacidades organizativas, llegando a decir que un tipo como el valía por veinte. También se niega a dar un golpe contra el en la dirección del PCI, a pesar de que la III Internacional lo animo a ello, porque era consciente de que la mayoría de los cuadros del partido eran bordiguistas. ¿Como ves esa relación que es uno de los momentos fundacionales de la tradición del PCI?

Desde el comienzo, la corriente de Il soviet de Bordiga y L’Ordine Nuovo son muy distintas. Bordiga tenía la postura de que como el instrumento de emancipación histórica del proletariado era el partido no se podía plantear los consejos de fábrica en la forma que lo hacía L’Ordine Nuovo, que los veía como embriones del nuevo estado obrero. Incluso llega a decir en un artículo que se llama, si no me equivoco, “Hacia el establecimiento de consejos obreros en Italia” que el control obrero es algo que viene después de tomar el poder. Evidentemente, esta afirmación no resiste un análisis de experiencias de control obrero que existieron y que van a existir después en otros lugares, en las que los obreros van a tomar el control de la producción porque hay una crisis y el empresario se va. Son medidas incluso de autodefensa elemental, como han hecho los obreros en Argentina o se ha hecho también a escala de Europa, incluso aquí en el Estado Español. Entre Gramsci y Bordiga, ya hay de entrada una forma muy distinta de abordar la relación entre la organización de base y el partido.

Desde el punto de vista político, más de intervención concreta, en los primeros años ’20 Gramsci no se diferencia especialmente de Bordiga. Esto se puede ver en todos los debates que había en la IC sobre lo que llamaban la cuestión italiana, en la que los dirigentes rusos les decían a los italianos, “ustedes se separaron de los reformistas del Partido Socialista, pero están los de Serrati, estos están en el medio. ¿Qué vamos a hacer con ellos?”. Llevó un tiempo largo hasta que la dirección del partido comunista Italiano empezó a tener una política hacia este sector. También sobre el Frente Único, el PC de Italia tenía una posición resistente. Por ejemplo, Las tesis de Roma de enero 1922 establecían una política de Frente Único pero limitada al plano sindical, sin elevarla al plano político. Durante todo un tiempo si Gramsci tenía muchos desacuerdos con Bordiga no se notaban mucho, lo cual me parece que tiene que ver con que el PCI era un partido joven y la socialdemocracia italiana era también muy de derechas, incluso dentro de la izquierda reformista. Para ellos era muy difícil aplicar toda esta línea política que de hecho en toda la IC costó mucho, tanto la de Frente Único como la cuestión de lograr fusionar a los núcleos comunistas con sectores que venían del Partido Socialista y habían roto. Entonces me parece un mito la idea de que Gramsci siempre estuvo en contra de Bordiga, como si fuera una lucha eterna entre ambos. Eso no fue así, Gramsci se convence más a partir de su experiencia en la Unión Soviética y a partir de ver también como se consolida el régimen fascista. Un error imperdonable de Bordiga era que él tenía una idea de que no iba a haber dictadura fascista en Italia. Creía que a la burguesía le interesaba sostener la democracia burguesa, y así lo escribió en las Tesis de Roma que mencioné antes. Por tanto, es una relación compleja, con muchos desacuerdos al principio desde el punto de vista ideológico, sobre todo por la cuestión de los consejos, después una especie de acuerdo tácito en los primeros años del partido y ya cuando Gramsci se decide a dar una lucha política contra él ya sus propios compañeros le dicen “esto lo tendrías que haber dicho antes”, un reproche que le hace Togliatti en un intercambio de cartas. Yo creo que en líneas generales las posiciones que va a sostener Gramsci en 1925 y 1926 discutiendo contra Bordiga son adecuadas, sobre todo la discusión del partido. El partido no es un órgano separado de la clase obrera sino que es parte de ella, son cosas que compartimos los marxistas que hacemos trabajo de base y no tratamos de desarrollarnos a través de integrarnos en burocracias.

Una de las partes más interesantes del libro es el diálogo que estableces entre Trotsky y Gramsci. Nos parece un intento interesante precisamente porque son dos marxistas que coinciden en el mismo espacio histórico, pero que hablan desde dos temporalidades muy diferentes. Si bien Trotsky es el pensador de la guerra de posiciones, que después de la revolución rusa va saltando de país en país buscando el eslabón más débil para reiniciar la revolución internacional, Gramsci piensa desde la derrota del movimiento de los consejos y se sumerge en la historia de Italia para recomponer un movimiento obrero italiano aplastado por el fascismo.

La relación es compleja, pero en la práctica no existió salvo una carta de Gramsci sobre el futurismo italiano que Trotsky publica en Literatura y Revolución. Después Trotsky en uno de sus trabajos sobre la lucha contra el fascismo en Alemania cuenta que sus amigos italianos (en referencia a la Nueva Oposición Italiana) le han dicho que el único que se daba cuenta de que se iba a implantar una dictadura fascista en Italia era Gramsci. En ese momento, Trotsky discutía contra posiciones que también subestimaban la posibilidad de que pudiera haber una dictadura fascista en Alemania. También hay unos intercambios entre Trotsky y la Nueva Oposición Italiana alrededor de la consigna de la “asamblea republicana basada en comités obreros y campesinos”, que era la consigna del PCI en 1925, y las tesis de Lyon en donde Trotsky hace una serie de críticas a esa consigna y dice que en realidad tendría que ser o bien comités obreros y campesinos, o bien asamblea constituyente.

Es un tema muy largo para desarrollarlo aquí, pero lo que sí me parece es que se pueden mencionar algunas cuestiones. La primera es que en los primeros cuatro congresos de la IC establecen toda una serie de problemas tácticos y estratégicos del movimiento obrero mundial y en particular europeo. Se discute mucho en torno a ellos, no solo en los documentos centrales, sino en muchas de las sesiones de estos congresos, sobre todo tercero y cuarto. Existen muchas cartas, artículos, cartas del comité ejecutivo de la IC a los partidos comunistas, artículos de Trotsky, artículos de Lenin, quizás de Lenin menos en el último tiempo porque estaba muy enfermo. Se discutía mucho sobre el problema de la revolución en la Europa occidental, el desarrollo de los partidos comunistas, como ganar peso en la clase obrera y Trotsky siempre se me mantuvo en ese marco, aunque lo supera cuando sistematiza su teoría de la revolución permanente, yendo más allá de muchas cosas que en esos congresos no estaban claras. Por ejemplo, la relación entre clase obrera y movimientos anti imperialistas en Oriente, sobre lo que la teoría de la revolución permanente es muy distinta de las tesis de oriente del IV Congreso. Pero digamos que él siempre va a mantener la idea de que esos cuatro congresos propusieron una serie de cuestiones fundamentales, de las cuales su propia pelea estratégica, teórica, programática supone un desarrollo consecuente hasta el final; en todo caso sería una superación que contiene la herencia de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista.

En su reflexión carcelaria, Gramsci también vuelve a estos congresos, específicamente cuando plantea que la idea del frente único implicaba la hegemonía y la guerra de posición, pero que Lenin no tuvo tiempo de desarrollarlo, o cuando dice Trotsky en el IV Congreso propuso una revisión de los métodos tácticos pero sin suficientes indicaciones concretas. Esto es llamativo porque ese discurso de Trotsky sobre la NEP y las perspectivas de la revolución mundial termina discutiendo el problema del frente único, de cómo se iba llevando adelante esa política, es decir, que tenía indicaciones. Al margen de esa cuestión puntual, Gramsci también vuelve a esa reflexión de los primeros cuatro congresos para pensar el problema de la hegemonía, la guerra de posición y las cuestiones teóricas y políticas que desarrolla en los Cuadernos. Así pues, yo veo los trabajos de Trotsky y Gramsci como desarrollos paralelos. Su principal diferencia es alrededor de la evaluación de la Unión Soviética, en la que Trotsky tiene una postura muy clara sobre el problema de la burocratización. Gramsci no conoce a fondo lo que está ocurriendo y a su vez, desde el punto de vista teórico, sostiene una cierta primacía del plano nacional de la política revolucionaria, por lo cual considera que las críticas de Trotsky al socialismo en un solo país no están fundadas. Esa es la diferencia principal. Por más que él no considere que se pueda prescindir del internacionalismo, intenta conciliar de alguna manera una perspectiva internacionalista con la defensa del socialismo en un sólo país. Hay ahí una diferencia muy grande, en las otras cuestiones es más discutible.

Se pueden abrir muchas más cuestiones para establecer nexos. Nosotros veníamos trabajando en el PTS, desde el año 2003, con unos artículos que escribió Emilio Albamonte con Manolo Romano, que partían del concepto de revolución pasiva para analizar los procesos que ocurrieron en la segunda postguerra. Esto permite comprender como el capitalismo se puede recomponer, y a la vez esa recomposición no es un progreso desde el punto de vista histórico. También hemos planteado que el Programa de Transición es un puente entre guerra de posición y guerra de maniobras, es decir, entre la lucha acumulativa y la lucha más directa por el poder.

En este libro he tratado de investigar cómo está presente la teoría de la revolución permanente en los Cuadernos de la cárcel. Mi conclusión es que existe un permanentismo rústico en el pensamiento de Gramsci. Él revindica la idea de revolución permanente criticando la teoría de Trostky por considerarla abstracta, pero él no conoce la reformulación de 1927-1930, sino que en todo caso conoce Resultados y perspectivas, que son debates de 1905. A la vez, le da una centralidad al problema de la revolución permanente en el desarrollo de la historia europea y consolidación de los estados europeos. Es muy llamativo si uno lo compara con otros críticos de la teoría de Trotsky como Bujarin o Stalin, que aunque sea ilegible escribió muchísimo. Ellos desconocían el problema de la revolución permanente como tal; cuando tenían que atacar a Trotsky decían que no estaban en contra, porque ya lo había planteado Marx, pero sin ninguna reflexión seria. Así pues, me parece que esta problemática existe en los Cuadernos de la cárcel, lo cual no quiere decir que esté abordada de la misma manera que la aborda Trotsky, pero Pienso que se pueden incorporar las elaboraciones gramscianas sin necesidad de transformar a Gramsci en un trotskista o cosas así ridículas.

Otra cuestión importante es que papel ocupa Gramsci en la teoría crítica actual. En tu libro recoges las tres grandes lecturas actuales: los estudios filológicos, el pensamiento estratégico y los estudios culturales.

Gramsci es un autor que es de todo el mundo. Cada uno sostiene determinada lectura y la sostiene porque considera que puede ser más adecuada que otras. Nadie puede decir Gramsci es mío. Eso sí, yo considero que muchas interpretaciones pueden ser cuestionables pero el hecho de que influyan en muchos ámbitos dice mucho de la riqueza de los Cuadernos. Un ejemplo de ello son de los estudios culturales. A medida que avanzaba la oleada neoliberal de Reagan y Thatcher se convirtieron en una teoría muy desligada del movimiento social, en un populismo teórico sin una práctica concreta, aunque hay autores importantes como Stuart Hall que vio muchos problemas que otros marxistas no veían en los inicio del thatcherismo.

A mí lo que más me interesa es utilizar, incorporar y comprender los estudios filológicos para que la discusión que se plantea en términos estratégicos sea sostenible. Podemos sostener algo que desde mi punto de vista sea correcto, pero si le atribuyo a Gramsci cosas que no dijo, o si compro el Gramsci de Togliatti después de cuarenta años de existencia de la edición crítica, sería un error. La idea sería, por lo menos desde mi óptica, desarrollar una reflexión sobre las divergencias y confluencias de Trotsky y Gramsci a partir de una lectura lo más afinada posible de los contenidos de los Cuadernos. Para ello, son útiles muchos estudios gramscianos, más allá de que sus autores sostengan posiciones políticas que uno no comparte, pues implican aportes científicos de interés.

Hay Gramsci para todos y está bien que así sea. Sería bueno que hubiera Trotsky para todos, si hubiera menos prejuicio en los académicos.

Hablemos de algunas lecturas de Gramsci. Primero, de la lectura de Perry Anderson en “Las Antinomias de Antonio Gramsci” y la de Peter Thomas en “The Gramscian moment”.

El texto de Anderson es un texto pionero en cuanto a la crítica desde la izquierda de la interpretación togliattiana o eurocomunista de Gramsci. A la luz de la edición crítica y estudios posteriores, algunas de las críticas muy importantes de Anderson no se sostienen, en particular las que hace sobre el Estado. Anderson sostiene que en Gramsci hay tres modelos sobre el Estado y su relación con la sociedad civil: en uno hay una primacía de la sociedad civil sobre el Estado, otro donde hay una relación equilibrada y otro en que se identifican. En este último estaría incluida la definición que hace Gramsci sobre el Estado Integral, la famosa formula de dictadura más hegemonía. El problema es que si uno hace un análisis filológico de estos fragmentos, el orden en el que los establece Anderson no se corresponde con el orden de escritura con el que Gramsci los redactó. Por ejemplo, en el tercer modelo hay fragmentos que corresponderían al momento del segundo modelo y cosas así, es decir, los tiempos están superpuestos. Esto no quiere decir que no se pueda realizar esta operación teórica, pero Anderson lo plantea como que Gramsci, tratando de ir estableciendo una solución al problema, va cambiando de modelos en un orden que no es en el real.

Por otro lado, está el problema del Estado integral. Anderson la plantea en unos términos en los que parece que no hay represión en la sociedad civil. Construye un modelo clásico en el que hay un Estado que es el que tiene el monopolio de la fuerza y la sociedad civil sería la parte del consenso de los partidos, los sindicatos, etc. A su vez critica a Gramsci por no haber analizado la democracia parlamentaria, cuando precisamente el tipo de fenómenos que Gramsci analiza son en los que el Estado no tiene esa forma perfecta, sino que piensa en un Estado que estatiza a la sociedad civil y hace que la sociedad civil juegue un rol policial, que es el rol que atribuye a sindicatos y partidos. Por supuesto, sin transformarlo en algo absoluto, sino no tendría sentido en luchar por recuperar sindicatos. Gramsci piensa que el Estado ha incorporado una serie de organizaciones que antes estaban fuera, lo cual hace mucho más difícil la lucha política. Es un fenómeno que Trotsky también examinó a su manera, con otras categorías, cuando discute la estatización de los sindicatos a escala mundial. Desde el punto de vista práctico, ¿cuál sería el problema? Yo creo que como marxista si uno piensa el Estado como lo plantea Anderson en Las Antinomias es muy difícil entender los fenómenos de violencia paraestatal que son sostenidos por el Estado, como ha sucedido en los ‘70 en Argentina con las bandas fascistas de la Alianza Anticomunista Argentina, que la integraban fuerzas de seguridad y burocracia sindical. No solo fueron importantes en ese momento que había regímenes fascistas o bonapartistas o democracias parlamentarias en crisis, sino que son fenómenos que se tienden a reproducir sobre la base de que el Estado no es solamente un aparato que garantiza el orden, sino que está metido en un montón de esferas que, abstractamente, no son parte del Estado. Habría una serie de ideas que son válidas pero que siempre están mediatizadas por la idea de que Gramsci anticipaba a Togliatti y me parece que una lectura atenta de los Cuadernos hace cuestionable esa lectura, lo cual no quiere decir que no haya en los Cuadernos temas sobre los que Togliatti pudiera apoyarse para lo que planteó después en la segunda postguerra. Pero me parece que es una lectura que ha quedado envejecida y sería importante no seguir tomándola como un texto canónico. Yo he leído a investigadores muy serios de otros temas que dicen “la mejor interpretación de Gramsci es la de Anderson”. Bueno, están equivocados, pero sobre todo están mal informados.

Peter Thomas ha jugado un rol muy importante en introducir muchos de estos debates en el marxismo anglosajón, que es un marxismo muy andersoniano y muy althusseriano. Lo que me parece más discutible es que Peter es un crítico del eurocomunismo, pero a su vez cuando va llegando a los debates políticos más concretos, a su reivindicación de experiencias, de una experimentación comunista, apoya a la Syriza del comienzo, porque a la Syriza actual no lo reivindican ni ellos mismos o Podemos. Él trata de hacer un correlato entre su lectura teórica y una posición política, pero se termina deslizándose hacia el posibilismo.

Hay otra lectura importante de Gramsci: la lectura posmarxista de Laclau y Mouffe. La operación teórica básica de esta lectura consiste en extirpar de Gramsci lo que llaman “reduccionismo economicista” y plantear una lectura discursivista de la hegemonía.

Yo no soy especialista en Laclau, pero me parece que el libro Hegemonía y estrategia socialista plantea una cosa que es interesante. En el marxismo ruso hay una lógica hegemónica porque hay una idea de que la clase obrera encabeza una revolución que no es la propia, sino que es una revolución democrático-burguesa. La problemática de la hegemonía surge de ese hecho histórico y de esa reflexión estrategia concreta y sigue teniendo vigencia a partir de que hay una serie de conflictos que no se pueden reducir directamente a la cuestión de clase en el capitalismo, porque el capitalismo recrea conflictos viejos anteriores a su propia constitución como por ejemplo la lucha de las mujeres, que es anterior al capitalismo y a su vez genera nuevos problemas como el problema medioambiental que si bien existía en la época del capitalismo manchesteriano no tenía el nivel de magnitud que tiene ahora. Entonces la cuestión de la hegemonía está relacionada con que además de clases hay pueblos, o hay otros sectores sociales que no se identifican directamente con la cuestión de clase y entonces busca establecer un nexo entre esas dos formas de lucha. Ahora lo que discuten Laclau y Mouffe no es eso. Laclau y Mouffe hacen una crítica del esencialismo pero ellos a su vez tienen una posición objetivista. Dicen el carácter de la revolución es democrático y por tanto el sujeto tiene que ser un sujeto democrático y le sacan todo el componente de clase. Dicen que a una revolución democrática le corresponde a un sujeto democrático, pero en última instancia están determinando como tiene que ser un movimiento político en base a una consideración abstracta del carácter y de las tareas del proceso revolucionario. Con la posición de Laclau y Chantal Mouffe no hubiera habido revolución Rusa, sino que había que haber luchado por una democracia parlamentaria donde los socialistas hubieran estado en la oposición en una coalición gobernante. Posteriormente, en La Razón populista, Laclau acaba derivando el sujeto revolucionario hacia el Estado. No son las clases, no son los movimientos sociales, es un discurso político que articula distintas posiciones de sujeto para ir radicalizando la democracia. Esa posición no es contradictoria con poner en el eje al Estado como sujeto de cambio, que finalmente es lo que terminó haciendo.

Hay dos conceptos gramscianos interesantes que retomas en tu libro: traducibilidad e inmanencia.

Si, esos son dos conceptos que en el libro propongo tomar como criterios metodológicos para leer los Cuadernos, lo cual no es una idea estrictamente novedosa, porque hay gente que lo ha planteado desde otro punto de vista.

Gramsci tuvo una formación lingüística que influye bastante en su forma de escribir y en el modo de pensar cómo la política se estructura como un lenguaje. A partir de esa importancia que tiene el lenguaje también piensa relaciones entre teoría, política, movimientos históricos concretos. La idea de traducibilidad se puede rastrear en Marx en los términos en que la piensa Gramsci, cuando Marx dice en la Miseria de la Filosofía que “el inglés transforma los hombres en sombreros y el alemán a los sombreros en ideas”. Es la idea de que hay una serie de desarrollos de la cultura de Occidente, básicamente la política francesa, la economía política británica y la filosofía alemana que de alguna manera son equivalentes más allá de que hablan de cosas diferentes o mejor dicho, los lenguajes son distintos pero intentan analizar circunstancias históricas análogas o contemporáneas. Hay una relación entre filosofía, economía, política e historia en los Cuadernos que no se puede desmembrar. Si Gramsci en sus críticas a Croce dice que el pensamiento de Croce es la lógica característica del reformismo moderno después no se puede agarrar un párrafo de la guerra de posiciones y decir que esto es buenísimo para la transición a la democracia. Es decir, se puede hacer, pero no atribuir a Gramsci. La idea de traducibilidad de los lenguajes apunta a que hay una integralidad del pensamiento de Gramsci que hay que considerar, que no hay que desmembrar.

El concepto de “nueva inmanencia” tiene el mismo sentido. Es una idea de que hay una correlación y una síntesis entre los planos económicos, filosóficos, teóricos y políticos del marxismo que no se puede romper. Gramsci, en algún párrafo del Cuaderno Cuatro, dice que esa correlación se da entre la teoría del valor, la praxis y la teoría del Estado en el marxismo. Entonces él piensa esas tres partes integrantes del marxismo, que no son una suma que da como resultado el marxismo, sino que crea un pensamiento nuevo a partir de la crítica de esas fuentes que a su vez en el análisis de la política, de la economía y de la filosofía opera como síntesis. Entonces, Marx no hace una crítica de la filosofía desde un punto de vista estrictamente filosófico, sino que lo hace desde un pensamiento que integra la crítica a la filosofía, a la economía y a la política.

La idea que planteaba Paolo Spriano, un viejo historiador del PCI, de que “la hegemonía es un concepto estrictamente político y nunca económico”, es para mí es insostenible desde este punto de vista.

En el Estado español hemos identificado tres interpretaciones de Gramsci, una que viene una tradición eurocomunista, otras populista y otras de un carácter mas revolucionaria. La tuya me parece que se situaría claramente dentro de esta ultima intentando hacer tomar a un Gramsci estrategia revolucionario entorno a cuestiones del estado, hegemonía, guerra de posiciones y guerra de movimiento. ¿por qué crees que es más operativa la lectura revolucionaria que la lectura eurocomunista o la lectura populista?

Para una práctica reformista, la lectura reformista de Gramsci quizás sea buena, pero a mí me parece que una lectura en términos revolucionarios se parece más al horizonte de ideas que tenía Gramsci. Desde el punto de vista de la práctica política, las formaciones de tipo reformista o neoreformista o como se le quieran llamar, no podrían desarrollar lo que se llama una política hegemónica y mucho menos cambios revolucionarios. Es más, a una experiencia como la de Syriza yo en particular no la critico por no sostener la insurrección armada o la toma del poder. Básicamente diría que nunca cumplieron con su programa de reformas, ni si quiera con el apoyo popular que tenía Tsipras con el referéndum. Lo más negativo en los grupos que asumen estas posiciones o el caso de Podemos es que se va generando una idea de que la movilización es imposible, no ya para romper con la UE, sino para generar algún cambio progresista en base a la movilización sistemática de los trabajadores, del pueblo, de los movimientos de estudiantes, de mujeres. Todo tiene que pasar por dentro de combinaciones parlamentarias o incluso dentro de la constitución del 78, en el caso español. No creo que Gramsci estuviera muy conforme con ese tipo de interpretaciones, ni mucho menos con la práctica política que se propone.

Otro tema que aborda Gramsci es el tema del partido, que es uno de los grandes debates al menos de los últimos tiempos, entendidos como el príncipe moderno, su relación con el bloque histórico, la alianza de clases…, ¿en tu opinión el partido sigue siendo ese príncipe moderno, partido educador o el partido del combate?

Un partido que se precie como tal cumple todas esas funciones, porque educar educa, no en el sentido libresco, sino que promueve una serie de experiencias a partir de las cuales la clase obrera y sectores populares sacan determinadas conclusiones y se preparan para determinadas luchas. Si yo educo en la idea de que hay que respetar la Constitución y las leyes, vamos a tener manifestaciones donde la gente no pise el césped, que era un chiste que se hacía sobre la vieja socialdemocracia alemana.

Un partido tiene que ser de combate porque se enfrenta al Estado, que como se ve muy bien en el caso de la represión que está llevando ahora el gobierno de Rajoy, no es condescendiente con los movimientos populares cuando no están bien preparados para ese tipo de ataques. Entonces la idea de un partido de combate tiene que ver con esto, no se trata de solo de ganar influencia o de ganar escaños parlamentarios o de tener ciertas posiciones en los sindicatos, sino de como con todo eso se consigue constituir una fuerza social y política que realmente pueda sostener las nuevas posiciones conquistadas y luchar abiertamente contra el Estado. No es la tarea inmediata, pero hay que tenerlo siempre en mente.

En Argentina como aquí hay una tradición gramsciana, que en España ejemplifica Manuel Sacristán, Fernandez Buey y la revista materiales que después es mientras tanto y allí tenéis el equivalente en José Aricó que además es un personaje un poco parecido en algunos sentidos aunque Manuel Sacristán acaba yéndose a la extrema izquierda y este un poco al revés. Me gustaría que nos hablaras un poco de la tradición gramsciana en Argentina de lo que es pasado y presente, como te relaciones tú con esa tradición viniendo desde otra diferente.

Tengo una relación de amor-odio con esa tradición. En Argentina fue el primer lugar en donde se tradujeron por primera vez los Cuadernos de la Cárcel en edición temática, las que hizo Togliati con Felicce Platone entre el 48 y el 51. Lo hicieron militantes del Partido Comunista. José Aricó tradujo las notas sobre Maquiavelo, lo hizo cuando estaba en el servicio militar obligatorio y como estaba fichado porque era comunista lo llevaron a escribir a máquina a un lugar que estaba perdido en la montaña y él traducía. Siempre hacía el chiste de que gracias al ejército argentino se tradujeron las notas de Maquiavelo al castellano. Pero digamos que en el PC Argentino, Gramsci era visto como un mártir antifascista, no tenía una importancia teórica porque era además uno de los partidos más estalinistas que había, consideraban que los manuales de filosofía que había en la URSS eran mejores que la Divina Comedia.

Héctor Agosti es el que anima a estos jóvenes a profundizar en Gramsci, que luego van a ser los que se agrupen en Pasado y presente . Rompen con el PCA, porque ellos publican la revista por primera vez y son expulsados en el año ‘63. Ellos criticaban al PC porque no apoyaba la revolución cubana, no permitía debates, y tenía una posición gorila respecto al Peronismo. Esta tradición fue muy importante y generó las revistas de Pasado y Presente, una saga de libros impresionante y fue muy influyente en toda América Latina. La critica que yo le haría es que siempre mantuvo una matriz frentepopulista. Aricó en La Cola del Diablo, el libro en el cual recapitula la experiencia de Pasado y Presente, dice que eran guevaristas-togliattianos. Es decir, la idea de retomar a Gramsci para ser crítico con el comunismo estalinizado pero mantener la estrategia de frentes populares establecida por el VII Congreso de la IC de 1935. Al haber mantenido esta postura a mí no me parece tan raro que después de la derrota de los ‘70, ellos hayan tenido expectativas con la experiencia el alfonsinismo. Quizás este sea el aspecto sociopolítico menos interesante de la experiencia Pasado y Presente: creo que es mucho más interesante la labor de tipo cultural. Libros como Los usos de Gramsci de Portantiero, La cola del Diablo o Marx y América Latina de Aricó son libros muy buenos que contienen aportaciones muy interesantes para pensar algunos de los problemas sobre los que estábamos charlando.

John Reed: la Rusia Soviética actual

La Rusia Soviética vive, en la actualidad, un mo mento hermoso. Se suceden, uno tras otros, claros días de sol. Los campos lucen magníficos con centenares de variedades de flores silvestres.

Por cualquier lugar que se pasa en tren, parece que cada pulgada del rico país estuviese cultivada. Desde la arruinada Estonia, dirigida por especuladores, donde los campos permanecen sin cultivo y las chimeneas de las fábricas se mantie nen sin humo, donde la gente harapienta corre junto al tren pidiendo limosnas. Cruzar la frontera hacia la Rusia Soviética es como entrar en una tierra fértil y bien administrada. Por todas partes crecen las verdes siembras, en ocasiones asciende el humo de la leña con que trabajan algunas fábricas, pero lo más significativo es el aspecto de la gente: nadie bien vestido, pero tampoco en harapos; nadie sobrealimentado, pero tampoco con la apariencia del que sufre. ¡Y los niños! Este es un país pa ra niños, fundamentalmente. En cada ciudad, en cada aldea, los niños tienen sus propios comedores públicos en los que la comida es mejor, y más abundante, que para los adultos. Sólo el Ejército Rojo recibe una alimentación tan buena. Los niños no pagan su comida; las ciudades los visten en forma gratuita; para ellos son las escuelas, las colonias infantiles, las mansiones de los terrate nientes dispersas sobre toda Rusia; para ellos son los teatros y conciertos: los in mensos y suntuosos teatros estatales, atestados de niños desde la platea hasta el paraíso.

La Rusia soviética por John Reed

En honor a ellos, Tsarkoye Selo —la aldea del Zar, la Aldea de los Palacios— ha sido rebautizada Dietskoye Selo, la Aldea de los Niños; cien mil pasan el verano allí. Las calles están llenas de niños felices.

Ahora los obreros de las fábricas reciben sus dos semanas de vacaciones con salario completo. Se realizan excursiones de trabajadores de una ciudad a otra para ver el país y confraternizar con sus camaradas. En la oficina de Melnichansky, se cretario de los sindicatos moscovitas, vi una delegación de obreros de Petrogrado que se hallaba de vacaciones y que venía a hacer los arreglos para visitar el Kremlin. En las islas situadas en la desembocadura del Neva, donde los millonarios y nobles poseían sus villas de veraneo —una especie de Newport petrogradense—, dieciséis casas palaciegas llenas de cuadros, tapices y esculturas, un casino-club, un teatro, y un embarcadero han pasado a ser un centro vacacional para los trabajadores de la ciudad. Estos cenan sobre manteles de damasco blanco y con servicio de plata. Los jardines están repletos de flores.

Esto no quiere decir que en la Rusia Soviética todo esté bien, que la gente no padezca hambre, que no haya miseria y enfermedades y una lucha de sesperada e interminable.

El invierno fue más terrible de lo que nadie pue da imaginarse. Nadie sabrá jamás lo que tuvo que pasar Rusia. En ocasiones el transporte quedó casi interrumpido, y la cantidad de locomotoras inutilizadas era cada vez mayor que las reparadas. De nuevo había, y hay, suficientes víveres en los almacenes provinciales para alimentar bien a todo el país por dos años, pero no podían transportarse. Petrogrado estuvo sin pan durante semanas y semanas. Lo mismo sucedió con el combustible, con las materias primas. El ejército de Denikin ocupaba las minas de carbón del Don y los pozos petroleros de Grosny y Bakú. El Volga, por supuesto, estaba congelado, y nevadas inusitadamente fuertes —siete pies de nieve en una tormenta— bloqueaban la vía férrea. El suministro de madera —único combustible de que se disponía— falló a principios del invierno: las razones que produjeron esta dificultad fueron varias: entre ellas, el hecho de que, bien por desorganización o por sabotaje, los troncos derribados no fue ron desplazados por los ríos en la primavera, sino que se mantuvieron amontonados en las orillas hasta que el agua tuvo muy poca profundidad.

La Rusia soviética por John ReedEn las grandes ciudades como Moscú y Petrogrado el resultado fue espantoso. Las casas carecieron de calefacción todo el invierno. Las personas se helaban en sus habitaciones. La luz eléctrica era intermitente —durante varias semanas en Moscú no hubo luces en las calles— y los tranvías se arrastraban con dificultad —en Moscú todos dejaron de funcionar al mismo tiempo. A Tchicherine se le congelaban las manos, ateridas, mien tras trabajaba en el Comisariado de Asuntos Exteriores, y Krassin laboraba en un cuarto con una ventana rota, enfundado en un abrigo de piel y con sombrero y guantes.

En enero fui a Serpukov, centro de una gran industria textil de la que hablaré en otra oportunidad. Serpukov es un esforzado pueblo rural, en el que existen enormes fábricas textiles y que se proyecta hacia el campo a través de una sucesión de aldeas en forma de cerco a cuyo alrededor hay otras textileras, a una distancia de treinta verstas.

La situación de los veinticinco o treinta mil obre ros textiles en Serpukov y sus alrededores resultaba increíble. El tifus azotaba la región; en la fábrica de Kontchin moría diariamente un trabajador. A fin de impedir la especulación por parte de los campesinos y centralizar e igualar la distribución de alimentos, en el verano se había promulgado un decreto en el que se le prohibía a la población de la ciudad que realizaran viajes particulares al campo en busca de comida; el gobierno se responsabilizaba de suministrar una ración de terminada para los trabajadores. Pero, con excepción de los niños, inválidos y empleados del Soviet, el gobierno había sido incapaz de facilitar pan al resto de la población de esta región por un período de seis meses. En el otoño, el Soviet local autorizó a cada una de las fábricas a que enviase una delegación, de noche, a las aldeas, y corrieran los riesgos de pasar provisiones a escondidas de los soldados de guardia.

Los obreros se desmayaban de debilidad junto a las máquinas.

Como yo era el primer comunista extranjero que visitaba Serpukov, el comité local del Partido convocó una reunión de los delegados de los comités de fábrica de toda la región, y me invitaron a hablar.

La Rusia soviética por John ReedLa reunión tuvo lugar en una gran sala pintada de blanco, que había sido el “Club de Nobles” y don de, en la actualidad, radicaban las oficinas centrales del Soviet. Una vieja lámpara de keroseno humeaba en la mesa del orador y arrojaba una luz tenue sobre los rostros y las ropas raídas de los asistentes. Algunos de ellos habían venido cami nando por la profunda nieve, con un panecillo en el bolsillo, desde fábricas situadas en el campo a veinte verstas de distancia. Sus pies se hallaban en vueltos en trapos. Una vez que la reunión hubie se concluido, retornarían a sus hogares igual que habían venido: andando en medio del cruento frío. Muy pocos eran miembros del Partido Comunista. Me dieron la bienvenida levantándose y cantando “La Internacional”; esta canción, en Rusia, no ha lle gado a convertirse en una ceremonia vacía; para ellos cada una de sus palabras tiene un significado verdadero, y cuando los saludaba en nombre de los revolucionarios norteamericanos, un joven delgado se puso de pie de un salto y gritó en forma apa sio nada:

—De los trabajadores de Serpukov llévele este mensaje a nuestros hermanos en América. Durante tres años los obreros rusos han es tado derramando su sangre por la Revolución; no por nuestra propia Revolución, sino por la Revolución Mundial. Dígales a nuestros camaradas norteamericanos que, día y noche, esperamos escuchar el sonido de sus pasos viniendo en nuestra ayuda. Pero dígales también que no importa lo mucho que tarden, nosotros nos mantendremos firmes. Los trabajadores rusos nunca desistirían de su Revolución. Morimos por el socialismo, al que tal vez jamás habremos de ver.

El tifus, la fiebre intermitente y la influenza pululaban entre los obreros y, entre los campesinos que no podían conseguir sal, la pelagra azotaba aldeas enteras. La constitución física de las personas, socavada por la semiinanición durante más de dos años, no podía resistir más. La política de bloqueo llevada a cabo de modo consciente por los Aliados contra Rusia en lo tocante a medicinas, causó la muerte de millares de personas. No obstante, el Comisariado del Pueblo encargado de la salud organizó un grandioso servicio de atención sanitaria, una red de departamentos de asistencia médica bajo el control de los soviets locales en toda Rusia, en lugares donde nunca había habido médicos —incluso médicos del Zemstvo. Cada municipio se enorgullece de contar, por lo menos, con un hospital nuevo; y por lo general con dos o tres. Los médicos eran y son movilizados para prestar este servicio que es, por supuesto, gratuito. Aparecen, por doquier, cientos de miles de carteles de brillantes colores que, por me dio de cuadros, le enseñan al pueblo cómo evitar las enfermedades, además de instarlo a mantener limpias sus casas, aldeas y sus propios cuerpos. En Moscú se inauguró una gran Exposición de Maternidad de todas la Rusias, dirigida a mostrarle a las mujeres cómo cuidar de su bebé durante el embarazo y después de su nacimiento. Posteriormente, esta exposición viajó por toda Rusia, hasta las aldeas más remotas. En cada pueblo y ciudad hay hospitales gratuitos de maternidad para las mujeres trabajadoras, en los que pasan las ocho semanas antes y después del parto, recibiendo el sueldo completo, y se les instruye acerca del cuidado de los niños. También en cada pueblo, además de los dispensarios gratuitos —cuyo número es alrededor del décuplo de los que existían bajo el zar—, hay consultas especiales para las mujeres lactantes. Allí se hace todo en favor de la infancia. En la se mi hambrienta Alemania los niños nacen raquíticos y crecen deformados; en la semihambrien ta Rusia, los niños son reyes.

La Rusia soviética por John ReedLa tarea más gigantesca de todas, mayor aún que la labor de construir, organizar, adiestrar, apertrechar, alimentar y transportar el Ejército Rojo, es la de educarlo, como jamás ha sido educado ejército alguno.

Existen escuelas para oficiales rojos, centenares de escuelas, en las que mediante un curso urgente de seis meses, en el caso de los soldados, y de un año, en el de los civiles, se preparan varios millares de “comandantes” jóvenes e inteligentes; en el Ejército Rojo existe un solo grado de oficial, el de Comandante, ya sea de una compañía o de un cuerpo de ejército. El grueso de estos oficiales cadetes está compuesto por obreros elegidos por sus organizaciones, o por campesinos jóvenes que son escogidos por sus aldeas.

Como es lógico, muchos de los instructores técnicos de estas escuelas son antiguos oficiales del zar, militares profesionales. En los ejercicios de graduación en la Academia del Estado Mayor General —todos los graduados de las escuelas para oficiales son miembros del Estado Mayor General— su cedió un incidente que no puede ocurrir en ninguna otra es cuela militar de la tierra. Uno de esos viejos profesores, mientras daba una charla acerca del “Arte de la Guerra”, alabó el militarismo al estilo de Treitschke.

Podvoisky, representante del Partido Comunista y del Comisariado de Guerra, se puso de pie inmediatamente.

—¡Camaradas estudiantes! —gritó—, me opongo al espíritu de la última frase. Es cierto, es necesario aprender el arte de la guerra, pero sólo para que ésta pueda desaparecer para siempre. El Ejército Rojo es un ejército de paz. Nuestra insignia, nuestra estrella roja con la hoz y el martillo, muestra cuál es nuestro propósito: la construcción, no la destrucción. Nosotros no hacemos soldados profesionales, no los que re mos en nuestro Ejército Rojo. Tan pronto hayamos aplastado la contrarrevolución, tan pronto la revolución internacional haya puesto un fin definitivo al imperialismo, entonces arrojaremos nuestras armas y espadas, se abolirán las fronteras y olvidaremos el arte de la guerra.

La parte más importante del Ejército Rojo es el departamento político cultural. Éste está integrado por comunistas, y se halla bajo la dirección del Partido Comunista. Todos los comisarios políticos pertenecen al Polit-Otdiel, como suele llamársele. Cada unidad cuenta con su comisario comunista, quien debe reportarle diariamente al comisario de la unidad superior un informe acerca de la moral de los soldados, las relaciones entre el ejército y la población civil, el trabajo de propaganda comunista en las filas, cualquier descontento entre los soldados, añadir las causas que lo motivan, etcétera. En cada unidad, los comunistas forman un grupo separado dentro de la compañía, regimiento o brigada; encabezan el combate, for talecen la moral de los soldados por medio de la propaganda y el ejemplo y educan a los soldados desde el punto de vista político. Además de toda esta labor, el Polit-Otdiel imparte clases de lectura y escritura y de educación técnica elemental, así como entrenamiento vocacional; es to se lle va a cabo hasta en las trincheras en las líneas del frente. Los actores y actrices del Gran Teatro, el Teatro de Arte, se trasladan al frente para que representen, ante los soldados, las obras maestras del drama ruso. También se llevan al frente los cuadros de las grandes galerías, y se efectúan exposiciones y conferencias en los círculos para soldados. A estos últimos se les proporcionan grandes cantidades de literatura. Se les enseñan juegos como el rugby. Los soldados, a su vez, están creando su propio movimiento teatral: escriben y representan obras realizadas por ellos mismos, principalmente acerca de la Revolución, que está llamada a convertirse en una epopeya nacional, en una especie de espectáculo vasto y eterno que se extiende por todas las aldeas de Rusia.

La Rusia soviética por John ReedLos resultados son notables. La mayor parte del ejército, como es natural, la integran campesinos más o menos ignorantes. El campesino, por lo general, entra en el ejército a regañadientes, a menos que viva en un lugar en el campo que hubiese estado ocupado por los guardias blancos, o lo bastante cerca del frente como para saber lo que están haciendo, en cuyo caso se presenta voluntariamente. Y en esas con diciones, como un rústico maldispuesto e ignorante, incapaz de leer y escribir, desconocedor de los motivos de la guerra pasa a formar parte de las filas. Seis meses después, por regla general, ya puede leer y escribir, sabe algo de teatro, literatura y arte rusos, comprende las razones por las que se lucha, combate con furia por la defensa de la “patria socialista” y entra cantando en las ciudades capturadas bajo las banderas rojas. En resumen, se ha desarrollado un revolucionario con conciencia de clase. Más del cuarenta por ciento del Ejército Rojo sabe leer y escribir, y toda la Marina Roja.

La derrota de Denikin, la determinación de la paz con Estonia, parecieron señalar el término de la Guerra Civil. Parecía que había llegado el momento de respiro tan ardientemente esperado, la oportunidad para la Rusia Soviética de lanzar todas sus fuerzas a la tarea de la reconstrucción económica.

En lugar de desmovilizar los ejércitos, los transformaron —y mantuvieron su organización intacta— en Ejércitos del Trabajo, y los pusieron a realizar diversas labores. Uno de ellos fue dedicado a la reparación de los puentes destruidos por Kolchak y a reconstruir las vías férreas que corrían rumbo al este; otro se ocupó de las líneas de transporte arruinadas por Yudenitch; un tercero asumió la responsabilidad de cortar y transportar madera en los bosques del norte; otro dirigió su atención al distrito industrial de los Urales, e incluso, otro más fue enviado a ayudar a los campesinos que habitan las márgenes del Volga en la preparación de las tierras para la siembra de primavera.

La Rusia soviética por John ReedEsta política no fue adoptada sin que mediara alguna oposición. Se discutió durante semanas en los soviets locales de todos los lugares, en las delegaciones sindicales y comités del Partido y en la prensa. Al principio hubo bastante resistencia al plan. Los soldados se hallaban agotados por dos años de continuo combate: querían regresar a sus hogares; los sindicatos tenían ciertos resabios de sentimientos contrarios al trabajo obligatorio militarizado. Fue necesaria la clara explicación del propio Lenin: que ésta no era una cuestión de la probable explotación de los trabajadores por parte de los intereses privados, sino simplemente un plan mediante el cual po dría concentrarse la fuerza de trabajo máxima para salvar la vida del pueblo ruso, para salvar los soviets, la Revolución. Y, al mismo tiempo, mantener intacta la organización del Ejército Rojo, a fin de estar prevenidos contra un posible ataque a traición; ataque que, de hecho, los polacos lanzaron poco después. De ahí que, a la postre, el plan fuese respaldado en todas partes, incluso en el ejército mismo. El Tercer Ejército, en los Urales, publicó una proclama dirigida a los obreros y campesinos en la que declaraba que su tarea militar había concluido y que se dirigía al “frente laboral”, y reclamaba el honor de ser llamado Primer Ejército Rojo del Tra bajo, con Trotsky como su presidente. Otros le siguieron. A la cabeza de esos ejércitos se situa ban los hombres más populares de Rusia. En cada reunión, en cada periódico, se hablaba de los hechos de los Ejércitos del Trabajo. La prensa publicaba a diario “comunicados del frente in cruento”, que daban a conocer la labor realizada. En una con versación que sostuve con Lenin, éste admitió que los Ejércitos del Trabajo eran un experimento y que si resultaban impopulares se desistiría de los mismos, ya que era imposible lograr que los hom bres hicieran un trabajo eficiente si no querían.

Pero donde le llevamos ventaja al resto del mundo —expresó— es en que podemos ex perimentar, podemos probar cual quier pro yecto que deseemos y, si no sirve, podemos cambiar de idea y probar cualquier otro. Los trabajadores saben que, al menos el Partido Comunista, que controla los soviets, es un partido revolucionario de la clase obrera, que lu cha contra la explotación capitalista en beneficio de ellos. Los trabajadores confían en nosotros.

Los Ejércitos del Trabajo realizaron una cantidad extraordinaria de tareas. En seis semanas reconstruyeron el gran puen te de acero sobre el río Kam, destruido por Kolchak, y con ello restablecieron la ruta directa hacia Siberia —se calcula que esa obra le habría llevado por lo menos tres o cuatro meses a un contratista burgués—. Trabajaban cantando, con un entusiasmo indescriptible, mientras una gran banda militar tocaba a la orilla del río. Repararon la vía férrea hasta Yamburg. Cortaron millones de pies de madera para las ciudades. Acometieron con tanta energía el restablecimiento del transporte que el número de locomotoras re paradas, que durante más de un año había estado descendiendo cada vez más en comparación con las defectuosas, pasó el punto “muerto” y comenzó a subir.

Las ciudades se habrían aprovisionado de víveres y madera para el invierno, la situación del transporte habría sido me jor que nunca antes, la cose cha habría llenado los graneros de Rusia hasta hacerlos reventar, si los polacos y Wrangel —respaldados por los Aliados— no hubiesen arrojado súbitamente sus ejércitos de nuevo contra Rusia, para exigirle el cese de toda reconstrucción de la vida económica, la dejación del trabajo de transporte, el abandono de ciudades a medio abastecer de alimentos y madera, la concentración en el frente —una vez más— de todas las fuerzas del exhausto país. Nadie puede concebir los horrores que tendrán lugar en Rusia este invierno, porque las naciones de la Entente lanzaron sus mercenarios sobre ese suelo este verano. Pero será el último invierno difícil: los polacos están aplastados, los checoslovacos mantienen una actitud neutral, casi ofensiva, los rumanos asumen una posición muy conciliatoria y los Aliados se encuentran en bancarrota. Y, a pesar de todo lo que ha sucedido, la Revolución vive, arde con llama inextinguible que lame la armazón seca, inflamable, de la sociedad capitalista europea.

Texto incluido en el libro Rojos y rojas

La identidad de clase del Frente Amplio y las tareas de la izquierda

por Gustavo Burgos //

Raúl Zurita, uno de los más grandes poetas chilenos vivos e insigne figura de la izquierda criolla, ha difundido una carta en la que emplaza dramáticamente al Frente Amplio a votar por Guillier el próximo 17 de diciembre: “No son sólo cuatro años, son los próximos cien años, y la lucha de ahora es decisiva, si la partida la ganan ellos, los que no queremos, no serán cuatro años, no se equivoquen. No crean que pasado este “retroceso” serán ustedes los que estarán allí para remediarlo. No repitamos el error histórico de menospreciar al verdadero enemigo. No dejen que ellos les roben a ustedes el porvenir, no permitan que nosotros, sus padres, muramos en un país gobernado por los mismos que nos diezmaron, que nos exiliaron, que nos mataron”. Conmueve Zurita, se trata de los próximos cien años y de dejar morir a los padres.

Sin embargo, al pie de la letra lo que ha declarado el Frente Amplio, respecto de su posición en la segunda vuelta es muy distinto: “confiamos en el voto de la gente, y por eso esperamos que quienes nos apoyaron concurran a las urnas este 17 de Diciembre. El poder está en ustedes y así́ debe expresarse (…) Porque nuestra preocupación es Chile, no nos da lo mismo quien gobierne. Sabemos que Sebastián Piñera representa un retroceso, más desigualdad y exclusión, menos derechos, menos libertades, en sentido completamente contrario a las demandas que día a día escuchamos en la calle y en todos los espacios (…) Porque Chile necesita un futuro distinto, en el Frente Amplio confiamos en el voto de la gente”.

Es verdad, no es un explícito llamado a votar por Guillier, pero –sobre todo en política- los textos han de ser leídos en el movimiento que los contextualiza y en el caso de la declaración del pasado jueves 30, resulta nítido que el Frente Amplio ha adoptado una política clara de apoyo a Guillier. Primero, porque así lo han dicho importantes figuras del sector como Sharp, Crispi o Mirosevic; en segundo lugar, porque la propia declaración del conglomerado indica que Piñera representa un retroceso, que es importante ir a votar y que confían en el voto de la gente. Orejas, bigotes y patas de gato: es un gato.

Que el Frente Amplio no haga un llamado explícito y no se integre al comando de campaña del abanderado de la recompuesta Nueva Mayoría, obedece más bien a una determinación táctica orientada a conservar su propia identidad política a la cual repugnaría una “orden de partido” dirigida a su electorado. Una convocatoria explícita debilitaría el sentido “antipiñerista” bajo el cual puede ser reconducido el voto frenteamplista que en importante medida es crítico de lo que representa Guillier. No puede ser apreciado de otra forma, el Frente Amplio ha desplegado naturalmente su condición de reformistas del régimen, operando dentro de sus límites. En la misma línea, el baile de Sharp y Bachelet es un acto político de primera magnitud, de solidaridad y compromiso. Pero además es constructor de una ética común, prefigurativo de la conducta del sector en su conjunto. No se baila ni con el enemigo ni con el extraño.

¿Se equivoca Zurita?, ¿Cree que el Frente Amplio abandona en la estacada a sus padres?. No, no se equivoca el poeta, ni se equivocan aquellos que pretenden transformar esta elección en un hecho político de primera magnitud. Tampoco lo hace el Frente Amplio al decir que no da lo mismo quien gobierne. Guillier y el Frente Amplio están conscientes de que la posibilidad de preservar al régimen reformándolo depende exclusivamente de sus fuerzas descompuestas en un caso, emergentes en otro.

La trascendencia de estas elecciones, como la de cualquier proceso electoral burgués, está determinado por la dinámica que a ella le impone la lucha de clases. No se trata de sumar los porcentajes electorales de cada sector y moderar su ponderación de conformidad al volumen de la abstención. Estos ejercicios aritméticos, que ha provocado toda una línea de debate sobre la credibilidad de las empresas encuestadoras, permiten una observación superficial de los problemas que –en general- persiguen apuntalar la democracia burguesa representativa, legitimándola como expresión de la voluntad popular.

En nuestro país, hoy en concreto, la segunda vuelta electoral expresará las expectativas, las probabilidades del régimen de sobrevivir y la extensión de sus transformaciones. No hay otra cosa en juego. Para la gran burguesía, en lo inmediato, que hayan llegado Piñera y Guillier son una garantía que el panorama para los inversionistas, el gran capital monopólico financiero y las transnacionales, no se verá modificado, por ahora. Sin embargo, esto no es suficiente para sustentar al régimen y a la dominación que por su intermedio ejerce la burguesía sobre la mayoría explotada.  No basta con ganar elecciones, es necesario gobernar, dominar y neutralizar a las masas y eso no se logra con una montonera de votos.

Es un hecho de la realidad que las grandes organizaciones obreras construidas durante el siglo XX han colapsado políticamente. El Partido Socialista, devenido en organización patronal, acosado por los escándalos de corrupción y las subsecuentes rupturas, subsiste de forma exclusiva por la administración de su patrimonio y su apoyo en el aparato estatal. El Partido Comunista, organización emblema del bacheletismo, ha visto durante estos cuatros años desintegrar su presencia en las principales organizaciones de trabajadores, perdiendo la otrora indiscutida preeminencia en la CUT, el Cobre, ANEF, Colegio de Profesores, algo parecido ha ocurrido en las organizaciones estudiantiles, donde subsiste en su mínima expresión como abanderados del oficialismo.

Ante este hecho, el emerger del Frente Amplio no resulta suficiente. Armado como un aparato electoral salido de las federaciones estudiantiles, su presencia en la clase obrera, entre los trabajadores se encuentra aún en ciernes. Si bien es cierto socialmente son una manifestación explosiva del big bang del 2011, no es menos cierto que son una expresión acotada de la clase media profesional, urbana y estudiantil. Esto en nada desmerece que han logrado –como ocurre acá en Valparaíso- alguna influencia en otros sectores sociales, como los pequeños propietarios de esta zona agrupados en torno a la defensa patrimonial del puerto, pero su influencia en la clase trabajadora y su política –por sobre todo- en nada avanza en orden a transformarse en una referencia para los explotados. Cuando despliegan el discurso aristocrático y ciudadanista, están manifestando a voz en cuello que no pretenden expresar a los explotados ni desean ningún tipo de revolución social.

Dicho en palabras del diputado electo RD, Renato Garín, laureado hoy en La Tercera por Jocelyn-Holt como uno de los más brillantes de su generación: “estamos en la tesis intermedia de abogar para que el régimen cambie y apostar a ser la fuerza hegemónica del cambio”. No están –en sus palabras- por “quebrar el sistema” sino que por mejorarlo. Pasar de un neoliberalismo salvaje –la Corea del Norte del neoliberalismo- a una sociedad de derechos, a un Estado de Bienestar de signo keynesiano. De Corea del Norte a los escandinavos de Latinoamérica. No se trata de un simple anatema, el Frente Amplio –como política- expresa a la burguesía chilena, no a los explotados.

En este escenario, la izquierda que se reclama del socialismo, de la revolución, de la causa antiimperialista, la basureada “ultraizquierda”, parece haber desaparecido. En general, han optado por adaptarse al fenómeno frenteamplista, han cerrado los ojos y se han limitado a plegar como vagón de cola del proceso, sin mayores reparos. Todos ellos, satélites de la SurDa y en otro sentido pero también de los stalinistas del PC-AP, han quedado aplastados por el huracán de Beatriz Sánchez. Las fuerzas post elecciones quedaron claramente marcadas hacia el polo RD, digamos de derecha del frenteamplismo. Quienes apostaron a un crecimiento por derrame terminaron borrados del mapa, más allá de los balanaces exitistas que pudiesen mostrar.

Fuera del Frente Amplio, muy pocos sectores apostaron por un crecimiento autónomo. Es el caso del PTR (Partido de Trabajadores Revolucionarios) cuya presencia en la FECH y en el Colegio de Profesores de Antofagasta, los impulsó a apostar por candidaturas a diputados en sus sectores, precisamente para construirse como partido. El resultado electoral de ellos fue mínimo y el balance desmedido y autoproclamatorio que hacen de su experiencia, parece más hecho para entusiasmar a la militancia que para señalar un camino a los trabajadores. En su discurso se centraron en el anticapitalismo y en articular –correctamente- sus candidaturas con las luchas obreras en curso.

No hay más. La izquierda chilena no logró intervenir de mayor manera en el proceso y eso la tiene hoy sujeta a la intrascendencia. Es una gran contradicción que siendo los trabajadores mayoría objetiva, cuya ubicación en el proceso productivo le permite arrastrar a la mayoría nacional, estos no tengan mayor expresión en la política de nuestro país.

Hay dos aspectos sobre los que urge abrir debate. Primero, que el debate de la izquierda debe hacerse político, en los términos que lo planteara Lenin, un debate sobre los problemas inmediatos y consistentes de los trabajadores, aquellos que enfrentan día a día. Porque una cosa es que históricamente el capitalismo esté quebrado y en descomposición, y otra muy distinta es que esta quiebra se exprese políticamente. La lucha contra las AFP, en este sentido, debe transformarse en el eje programático de la izquierda si ésta quiere jugar algún papel, precisamente porque esta lucha obrera por definición apunta al corazón financiero del régimen y su consecución plantea –objetivamente- el problema del poder. Esta lucha será el vehículo de las transformaciones sociales que urgentemente reclaman las masas.

En otro sentido, es necesario igualmente, plantear la cuestión del partido. La caída del Muro de Berlín de un lado y el pinochetismo del otro lograron borrar de la vanguardia la importancia de la construcción de un partido revolucionario, concebido como Estado Mayor de los explotados en lucha. La construcción de este partido supone un programa, una organización centralizada democráticamente y accionar en el seno de las masas, en sus conflictos diarios, en sus movilizaciones. Esta construcción supone la estrategia del socialismo, no el estatismo pequeñoburgués de la CEPAL,  sí la expropiación de los grandes medios de producción, la destrucción del Estado burgués y la instauración de un gobierno obrero, de los trabajadores, asentado en los órganos asamblearios de poder desde las bases.

Esta identidad de clase, proletaria, de trabajadores, obrera, como quiera llamarse, no puede quedar en los anaqueles de las sectas. Es necesario llevarlas a la vida política diaria. Es necesario reivindicar abiertamente no las reformas al orden burgués, sino que el socialismo como la necesaria identidad de clase de la izquierda. Que la izquierda no puede estar condenada por una eternidad a votar por la Concertación bajo la admonición de que si no lo hace, colabora con la derecha. Que la izquierda debe anular su voto si las candidaturas que se le presentan representan los intereses patronales.

No sólo Zurita se equivoca hoy día. Grandes poetas también se han equivocado y de qué manera, pensemos en Neruda o en Borges. Pero en algo no se equivoca el poeta, vivimos momentos trascendentales y efectivamente no repetiremos  el error histórico de menospreciar al verdadero enemigo, los explotadores. No dejaremos que ellos nos roben el porvenir, no permitiremos que nuestros padres, mueran en un país gobernado por los mismos que los diezmaron, exiliaron, y mataron. No dejaremos de luchar hasta la victoria.

 

 

(Imagen: Pie Fight Study 2, Adrian Ghenie)

Y ahora ¿por quién votar?

por Osvaldo Costa

Tenemos una contienda entre los dos perdedores de la primera vuelta. Mientras, el conglomerado perdedor de la primera vuelta, ha quedado como el gran triunfador y toma distancia señalando que no da lo mismo quien gane, que Piñera es un retroceso, pero que no apoya explícitamente a Guiller, dejando en libertad de acción a sus bases para votar en conciencia. Una propuesta que tras su aparente novedad, muestra la misma política que aplicó sistemáticamente el PC durante la mal llamada transición. Todo ha cambiado para que no cambie nada.

Luego de la primera vuelta de las elecciones, se constata una serie de paradojas. Para empezar, el Frente Amplio resulta el gran triunfador, luego de perder en las urnas, mostrando la emergencia de una tercera fuerza en la arena política, y quedando de hecho en sus manos la llave del triunfo en la segunda vuelta. Mientras, Piñera primera minoría con un 36% de los votos emitidos, ve como se disipan sus posibilidades de alcanzar el sillón presidencial, dado que la votación combinada de la derecha –que aparentemente ya alcanzó su techo- no supera la votación combinada de la Nueva mayoría y el FA, enfrentándose así a su más que probable derrota. El otro triunfador –Guiller- contempla como las organizaciones que lo apoyan se van cayendo a pedazos, y tiene como única alternativa de alcanzar el poder, tener que adoptar el programa del frente amplio, programa completamente opuesto al defendido por la NM durante 30 años.

Pero aquí no terminan las paradojas. Luego de las modificaciones a la ley electoral, y el fin del sistema binominal, termina la primera vuelta de la contienda presidencial, una vez más con los representantes del duopolio enfrentados, como en los viejos tiempos. Y una vez más como en los viejos tiempos de la Concertación, la lucha por el voto se remite casi exclusivamente a tratar de impedir que la derecha alcance el poder. Para esto el FA practica el apoyo por omisión, deja a sus militantes libres para “votar en conciencia”, la misma política que el PC practico durante todo el periodo de la mal llamada transición.

 ¿Qué hacer?

Esta situación pone a los trabajadores ante un problema, votar alguno de los dos candidatos que defienden el sistema y el modelo neoliberal o abstenerse y dejar que otros decidan por ellos.

El problema es que la gran mayoría de los trabajadores tienen claras sus necesidades, pero no ven por parte alguna, una organización que las levante sistemáticamente.

La cuestión de fondo es entonces cual es el proyecto político que se debe apoyar, aquí se debe precisar, no se trata de votar por el menos malo, sino por el que levante el programa que representa las necesidades de los trabajadores.

El programa se puede esquematizar en una serie de puntos, Asamblea constituyente soberana, realizada en base a las organizaciones sindicales y sociales. No más AFP, por un sistema de reparto solidario y estatal independiente del gobierno de turno. Educación Pública gratuita en todos los niveles, eliminación y condonación del CAE. No más ISAPRES, Salud Pública gratuita. Derogación de la legislación laboral, por una nueva legislación laboral elaborada por los propios trabajadores, negociación por rama. Recuperación de los recursos naturales incluido el agua y el litio. Derogación de la ley de pesca. Derogación de la legislación antiterrorista. Territorio y autonomía para los pueblos originarios. Todo esto financiado con un Impuesto a los súper ricos y un Royalty minero.

Resulta claro que si alguno de los candidatos levanta este programa la mayoría de los trabajadores lo no solo lo apoyaríamos, sino que haríamos campaña por él.

Sin embargo no vivimos en un mundo de fantasía. Sino en una sociedad dividida en clases, y sabemos perfectamente que los dos candidatos son representantes del empresariado, y tomar estas medidas, especialmente terminar con las AFP y realizar una asamblea constituyente soberana, se traducen en el fin del modelo neoliberal y en una crisis del sistema capitalista chileno. Por eso ninguno de los candidatos tomara estas tareas que son las necesidades urgentes de la sociedad chilena.

Así las cosas, la única alternativas que se presenta en el contexto electoral a los trabajadores y a los socialistas revolucionarios en Chile, se reducen a  votar nulo.

Pero las tareas de los socialistas revolucionarios no se reducen de modo alguno a los eventos electorales, la tarea actual es organizarse para avanzar en estas tareas. Nunca la consecusión de los reclamos democráticos y sociales ha sido el fruto del pacífico funcionamiento de las instituciones del régimen burgués. La historia nos demuestra que es en el terreno de las movilizaciones y la acción directa en donde hemos obtenido nuestras conquistas. Ni la jornada laboral, ni el sufragio universal, ni en su momento el sistema previsional o el acceso a la educación y la salud han sido graciosas prebendas otorgadas por los patrones. Los derechos democráticos, en su conjunto, son el resultado de décadas de lucha y organización de los trabajadores.

Votar nulo, porque ni Piñera ni Guillier resuelven en ninguna medida las tareas democráticas del período y porque al hacerlo se afirma la independencia de clase, bajo cuyas banderas hemos de vencer: No aceptamos el chantaje y la cantinela de que si no se vota por Guillier se apoya a la derecha pinochetista, al piñerismo y su ralea de piratas. Y es precisamente porque no lo aceptamos, ni aceptamos las medias tintas frente a cualquier alternativa patronal.

Se trata de luchar y de luchar para vencer, se trata de agrupar a la izquierda en torno a la perspectiva del socialismo y del gobierno de la clase trabajadora.

Fulgor y muerte de la revolución

por Manuel Gari //

Pocas veces un triunfo político tan deslumbrante y esperanzador como la toma del poder por los soviets en la Rusia zarista tuvo un desenlace tan dramático y devastador para la conciencia del movimiento popular en todo el mundo. Este es el meollo de la cuestión que intentan explicar buena parte de los artículos de Espacio Público del debate titulado “Hablemos de la Revolución de Octubre”. Pero es pertinente hacerse algunas preguntas. ¿Tiene algún interés reflexionar sobre acontecimientos ocurridos en Rusia hace un siglo? ¿Por qué se han publicado más de 11.000 artículos en el mundo durante los meses de setiembre y octubre de 2017 y se han realizado centenares de seminarios y conferencias sobre la “revolución bolchevique”? ¿Podemos rescatar algo de aquel legado? ¿Acaso cabe aprender algo de la experiencia?

Miradas concurrentes en disputa

Para los autores conservadores, fieles a su “no hay alternativa”, el centenario ha servido para intentar remachar los clavos del ataúd de la idea misma de revolución social. Sólo quienes defienden la globalización capitalista en curso pueden demonizar 1917 como si de una trama conspirativa y golpista se tratara. Para muchos de los ex estalinistas -tanto en su variante “pro-soviética” como en la “pro-china”- la conmemoración es una gran ocasión para dejar claro su alejamiento del comunismo y su nueva fe liberal.

Sólo desde posiciones ahistóricas y ajenas al deseo de un cambio hoy, se puede concluir que nada hay que rescatar. Sólo espíritus creyentes, ajenos al marxismo, pueden tomar la evolución institucional rusa posterior a 1917 como un dogma incuestionable de forma acrítica y reverencial como si de un suceso sagrado y mágico se tratara. Las anteriores posiciones presentan un abanico importante de diferencias, pero al menos comparten una característica: se niegan a extraer las lecciones pertinentes para los proyectos emancipatorios.

Para los historiadores y politólogos honestos el centenario es un reto por intentar comprender mejor un momento y un acontecimiento sin precedente y únicos. Para quienes se sitúan en el espacio político del cambio, y particularmente quienes lo hacen desde la impugnación anticapitalista del sistema, es una excelente oportunidad para aprender de las dificultades, riesgos y problemas que comporta todo proyecto emancipador, todo proceso de transformación, toda lucha a favor de la mayoría social. Sacar lecciones significa aprender de los triunfos y los fracaso y hacerlo en positivo para explorar o en negativo para descartar.

Tan legítimo (y necesario) es mirar hacia atrás para entender el pasado como analizarlo para construir el futuro. El mundo globalizado actual es bien distinto al que intentaron “cambiar de base” las masas revolucionarias de Petrogrado. Pero las contradicciones por la disputa del ingreso, los conflictos políticos y la defensa bárbara de sus intereses por parte de la oligarquía sigue reglas muy similares en el marco del sistema capitalista. Aún más si se abandona la alicorta mirada eurocéntrica y se mira el mundo desde el conjunto. No se pueden hacer trasposiciones de 1917 a 2017, pero sí intentar tirar de algunos hilos rojos.

Cuestión de método: periodificar la historia, no despolitizar el relato

Lo que se gestó en 1905 y desembocó en febrero, julio y particularmente octubre de 1917, fue gravemente herido en 1921 y asesinado en los años siguientes. Por ello no se puede tratar la Revolución Rusa como un continuo que evoluciona linealmente en el periodo que va desde la toma del Palacio de invierno a la desaparición de la URSS en 1989, pasando por el terror contra revolucionario del estalinismo y los fallidos intentos posteriores de salvar los muebles (y quedarse con ellos) por parte de la burocracia estatal del “socialismo real”. Esta es la premisa para poder analizar un acontecimiento que cien años después sigue siendo objeto de deliberación y disputa ideológica entre defensores y cuestionadores del orden establecido.

Asimilar la revolución protagonizada por los soviets de trabajadores, campesinos y soldados con lo que luego se llamó “sistema soviético” es una contradicción insalvable. Hablar de sistema soviético refiriéndose al periodo estalinista que precisamente se construyó sobre la base de la eliminación del poder de los soviets, la total eliminación de la oposición, la represión sobre los bolcheviques y su sustitución por un nuevo personal de oportunistas y antiguos servidores del zar que entraron en el partido masivamente a partir de la “promoción Lenin” es calificar de soviético (consejista) a su contrario.

Lo que se produjo tras la muerte de Lenin, la marginación de Trotsky y el poder de Stalin es una derrota del proyecto socialista. El estalinismo supuso la estatización de la sociedad y no la socialización del estado. Estado, por otra parte, provisional y transitoriamente necesario para cambiar el modelo social y económico siempre y cuando vaya acompañado de su anti virus de libertad: la combinación de la democracia directa y participativa con la representativa, el pluralismo político, la libertad y autonomía sindical, la autorganización de las masas, la limitación de los mandatos de los electos… o sea las formas directas de participación popular en las decisiones que dificulten la aparición de una “casta” burocrática en el gobierno de los asuntos comunes. ¿No es esta una lección a sacar para evitar la derrota en cualquier proceso de cambio?
Tal como plantean varios artículos publicados en este debate, los bolcheviques confundieron el camino al socialismo con el comunismo de guerra, la hiper centralización de la economía y de la sociedad, asuntos que intentaron corregir al acabar la guerra con la NEP económica, pero, ese giro, no fue acompañado ni del giro político ni de una revitalización del poder de los soviets.

La guerra civil y la agresión imperialista, los años de penuria y hambre, acabaron debilitando el entusiasmo popular y, por tanto, la revolución misma. Pero no pudieron con la revolución. No fueron su sepulturero.

Pero hay que diferenciar entre medidas impelidas por el momento y la construcción de un estado basado en la negación de la libertad, del poder de los consejos, etc. Medidas que allanaron el camino de la contrarrevolución burocrática, pero que distaban un abismo del régimen del gulag. Hay un salto cuantitativo y cualitativo con Stalin.
Hoy con la perspectiva histórica podemos establecer que estalinismo y comunismo fueron (son) proyectos distintos y antagónicos. El estalinismo no fue una variante del comunismo, una posible evolución del leninismo, sino el triunfo de la contrarrevolución llevada a cabo por una casta burocrática que se construyó en antagonismo con el proyecto de emancipatorio comunista. El estalinismo fue el enterrador de la Revolución.
Por eso es un error hablar del sistema soviético en abstracto como si de un mismo proceso se tratara, nacido el 17 muerto el 89, sin tener en cuenta los hechos, los debates, las alternativas y las opciones que se confrontaron. Es un error de método garrafal no periodificar la historia, despolitizarla al defender la existencia de un continuo ajeno a los conflictos reales que se dieron, no situar los acontecimientos en el tiempo y en el espacio. Y sobre todo es necesario huir de una visión determinista de los sucesos y acontecimientos que se analizan. Frente a la concepción unilineal de la historia conviene apropiarnos de una visión plurilineal en la que individuos, clases y humanidad toman decisiones que implican desarrollos futuros diferentes.

Lenin y Stalin son dos universos ideológicos, políticos y morales contrapuestos. Revolución en Lenin, contra revolución en Stalin. Los bolcheviques tuvieron que optar, tomar caminos en las bifurcaciones, y ello supuso la existencia de respuestas diferentes y opuestas: en 1923, ante el octubre alemán, sobre la NEP y la política económica, sobre la colectivización forzada, sobre la industrialización acelerada y las formas de planificación, sobre la democracia en el país y en el partido, sobre el ascenso del fascismo, sobre la guerra de España, sobre el pacto germano-soviético.
Sobre cada una de estas pruebas, propuestas, programas, se enfrentaron diferentes orientaciones, mostrando otras opciones y otros posibles desarrollos. Hoy se abre paso la idea de que estalinismo no fue / no es el comunismo, sino su impedimenta. Un movimiento contra revolucionario no significa la vuelta a la situación anterior a la revolución en forma de restauración, sino simplemente la negación de esta, su aborto, en espera y en construcción de un poder cuya legitimidad solo se basa en el terror, el nacionalismo pan ruso y los éxitos económicos que si bien fueron reales tuvieron un coste en vidas y sufrimientos altísimos y se mostraron efímeros con el tiempo.

Un acontecimiento disruptor… persistente

Centro la atención en intentar comprender algunos rasgos de la naturaleza del proceso político que va de febrero a octubre del 17 que, muy posiblemente, junto a sus especificidades, comparta características “universales” con los procesos emancipatorios que puedan darse. Es necesario diferenciar los momentos de impulso del movimiento de masas que basados en una legitimidad antagónica con el poder político y económico de los momentos en que intentan construir una nueva arquitectura económica, social y jurídica, una nueva legalidad.

Tanto en la Rusia revolucionaria de 1917 como años antes en la Comuna de Paris, la primera cuestión a poner en valor es, lo que hoy resumiríamos en el “Sí, se puede”. Son dos hitos históricos plebeyos. Llegado a la conclusión que la institucionalidad del sistema está al servicio del mantenimiento del estatus quo a favor de las clases dominantes, las dominadas buscan salidas off shore y exploran marcos más favorables para sus aspiraciones.

La revolución, por tanto, es la irrupción abrupta, inesperada y colectiva en política de las clases subalternas. “El rasgo más característico más indiscutible de las revoluciones -en expresión de Trotsky en su Historia de la Revolución rusa- es la intervención directa de las masas en los acontecimientos históricos (…) la historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en le gobierno de sus propios destinos.”

En su Tesis sobre la historia y otros fragmentos Walter Benjamin en 1940 reflexiona sobre el acontecimiento revolución como “salto del tigre” ante la amenaza: “La moda es un salto de tigre al pasado. Sólo que tiene lugar en una arena en donde manda la clase dominante. El mismo salto, bajo el cielo libre de la historia, es ese salto dialéctico que es la revolución, como la comprendía Marx”. Ello implica que las masas plebeyas, como el tigre, desarrollan la percepción ante el peligro y son capaces de tensar toda su energía coordinada en un momento preciso.

Por primera vez, en ambos casos de la Comuna y Octubre, la parte más decidida y combativa de quienes no tenían previamente poder económico y social logró representar los intereses de la mayoría social, desarrollar formas muy avanzadas de autorganización políticamente independiente, crear una nueva legitimidad en disputa abierta con la existente e iniciar la construcción de una nueva legalidad. Las diferencias entre ambas experiencias fueron la prolongación temporal, la magnitud geográfica y la radicalidad programática.

Si la Comuna avanzó los rudimentos de la distribución del poder -incluido el militar- en la sociedad, la Revolución rusa se planteó organizar un poder basado en la democracia directa emanada de los consejos, acabar con la guerra imperialista, nacionalizar bajo control obrero el grueso de la producción industrial, las finanzas y el comercio internacional, expropiar a la Iglesia ortodoxa, repartir las tierras y reconocer el derecho a la autodeterminación de los pueblos. En ambos casos se dio también un intenso empoderamiento emancipador de las mujeres.

Como todo acontecimiento impactante en la vida social, la Revolución de Octubre, conmocionó al conjunto de la sociedad rusa, pero también hizo temblar el orden imperialista mundial. Su irrupción hizo posicionarse a las élites del poder, a las clases sociales y a todos sus voceros, gestores y representantes políticos. Generó reflexiones de pensadores, escritores, artistas y en general de todos los creadores. Ese acontecimiento tuvo carácter distorsionador en la situación política y, por tanto, supuso un cambio brusco que marcó un antes y un después en la percepción que tenía de sí misma la sociedad, el posicionamiento se convirtió en pronunciamiento y la reflexión conllevó la auto ubicación en un campo en disputa. El suceso sobrevenido alteró el estatus quo y marcó el devenir de la sociedad. Todos los intereses, emociones y opiniones se ponen en juego. Las gentes pudieron acariciar el sueño de cambiar el mundo, cambiar la vida. La disrupción revolucionaria adquirió un sentido prometeico porque el acontecimiento impactante era la revolución social y provocó una reacción masiva y creativa en el conjunto social, particularmente entre las clases plebeyas. Aspectos todos ellos que debemos -tras verificar que sucedieron- conjugar en presente y futuro cuando de proyectos transformadores se trate.

Y lo esencial de los “10 días que conmocionaron el mundo” ha resistido el paso del tiempo en el sentido que planteó en 1798 Kant en el Conflicto de las facultades:
“fenómeno [que] en la historia humana no se olvida jamás (…) aun cuando tampoco ahora se alcanzase con este acontecimiento la meta proyectada, aunque la revolución o la reforma de la constitución de un pueblo acabara fracasando (…) pues no perdería nada de su fuerza. Pues ese acontecimiento se halla tan estrechamente implicado con el interés de la humanidad y su influencia se ha diseminado tanto por todas partes, como para no ser rememorado por los pueblos.”

En Historia de la Revolución rusa Trotsky subraya ese aspecto kantiano de “fenómeno que no se olvida” al afirmar sobre Octubre de 1917 que “La historia no registra otro cambio de frente tan radical. Es evidente que los acontecimientos de 1917, sea cual fuere el juicio que merezcan, son dignos de ser investigados”.

Seis cuestiones constantes

En los procesos de empoderamiento plebeyo, podemos observar que con formas diferentes hay constantes en la ecuación a resolver, tal y como se planteó en el caso ruso. En primer lugar, la aparición inmediata de resistencias descomunales de las élites económicas y sus gestores políticos; el conflicto antagónico es consustancial al cambio social en clave emancipadora.

En segundo lugar, la aparición de la dualidad de poder entre los bloques sociopolíticos que pugnan por la hegemonía. Doble poder -temporalmente también expresión de la doble impotencia en espera de quien toma la iniciativa adecuada- que es social, político y material y, con el tiempo, militar. Para Lenin y Gramsci ese doble poder expresa la iniciativa directa popular en un movimiento desde abajo. Gramsci desde sólidas posiciones programáticas entendía que la lucha por la hegemonía tenía como objetivo e instrumento a la vez, la construcción de una institucionalidad popular alternativa, la construcción pues de un nuevo marco.

En tercer lugar, como plantea en su libro Octubre China Miéville nada “estaba escrito en las estrellas”, todo dependió de la capacidad de un partido, el bolchevique, que en medio de encendidos debates, desbordado por la izquierda en los soviets por las masas en diversos momentos, supo leer la situación y se atrevió a dar expresión política y militar al movimiento de obreros, mujeres y campesinos soldados. No existía un partido “sabelotodo” como tantas veces la mitología estalinista ha presentado al partido de Lenin, bien al contrario, la dirección se basó en un continuo análisis del estado de ánimo popular y de las cambiantes correlaciones de fuerza. Pero, y hay que destacarlo frente al populismo de izquierdas presente en nuestro país, era un partido que intentó tener un plan estratégico central frente a la táctica proceso de otras formaciones y tenía una propuesta programática sólida.

En cuarto lugar, hay que huir de las fórmulas rituales y la cosificación de las propuestas estratégicas como los papistas del diablo. Cuando la revolución no se extiende al resto de Europa, cuando la vía insurreccional exprés que culmina en pocos meses como colofón de un proceso de radicalización de las masas en un contexto de máxima tensión social, política y militar se muestra imposible de “exportar”, los revolucionarios del momento europeos piensan con su propia cabeza y dejan de repetir mantras. De ahí que Gramsci abandone la idea de la “guerra de movimientos” y se prepara para una larga y compleja “guerra de posiciones”.

En quinto lugar, hay que poner en valor la capacidad bolchevique de comunicar a unas masas semi analfabetas de forma sintética y pedagógica los aspectos esenciales del programa de la revolución en el momento preciso de octubre de 1917. La simplicidad y profundidad del “Paz, pan y tierra” proclamado desde el balcón del palacio Kschessinska es un ejemplo a tener muy en cuenta.

En sexto lugar, acabar con la propiedad privada de los principales resortes económicos, no asegura la construcción de una sociedad justa e igualitaria, si no está acompañada de la democracia socialista. Y, en esto hay que tomar, sin peros las palabras de Rosa Luxemburgo en su Revolución rusa en 1919 poco antes de ser asesinada: “La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente.”

Algo, mucho que aprender y bastante que rescatar. Para lograr asumir las tareas de hoy y ser capaces de hacer realidad la propuesta de Daniel Bensaïd entendiendo que “La política no es la gestión de lo posible sino el arte de crear una posibilidad antes inadvertida”.

La Revolución de Octubre y la guerra de las interpretaciones

por Pepe Gutiérrez-Álvarez //

1. Introducción

Estas notas se inscriben en el espacio de la “gran derrota” del “desafío soviético”, pero también en el inicio de una nueva coyuntura en la que el “pensamiento único” sobre Octubre del 17 está siendo contestado, de una réplica que se está manifestando en la propia amplitud que el centenario está logrando en muchas partes. De alguna manera, este combate por la historia está resultando como una reedición de otras “resurrecciones”, solamente que esta vez el pozo de la derrota ha sido infinitamente mayor. También sucede que después de todo lo que ha caído, la explicación del siglo ha perdido en homogeneidad y ha ganado, si acaso, en matiz, ahora ya no solamente hay debate entre las escuelas, es que cada escuela representa puntos de mira bastante diversificados.

Tanto fue así que en 1989 pareció que el mundo había cambiado de base aunque en el sentido inverso al expresado por la letra de La Internacional. Esta “derrota final” requiere una explicación aunque sea telegráfica. La URSS nació con la primera guerra mundial y pareció consolidada definitivamente después de la segunda, o sea tres décadas después. Todavía en 1967, con ocasión del 50 aniversario de Octubre, era contemplada con buenos ojos por la opinión mayoritaria. Aunque ya “no es nuestra vanguardia, sí seguía siendo nuestra retaguardia” (Sacristán). 1/

Por entonces ya se había abierto una crisis de largo alcance perfilada desde datos como la muerte de Josef Stalin, llamado con propiedad el “Zar rojo”; huelga general en Alemania del Este (1953); Informe Kruschev sobre los crímenes de Stalin y caída de Beria y otros; revolución de los consejos obreros en Hungría (1956); cisma chinosoviético y emergencia del “policentrismo” en Italia; revolución cubana ajena a la tradición comunista oficial; inhibición soviética en la defensa del pueblo del Vietnam; mayos del 68 que cuestionan el papel de los partidos comunistas; “primavera de Praga” que expresa la última tentativa “reformista” del llamado “socialismo real”.

Pero por ese mismo tiempo, el “comunismo” ya había padecido una derrota en la “guerra fría cultural” en la que el “Imperio” supo tomar la iniciativa oponiendo democracia a dictadura. 2/ Esta decadencia culminaría con la simbólica “caída del Muro de Berlín” y todo lo demás. A pesar de sus logros económicos y sociales la “nomenclatura” (extraña ósmosis entre la vieja y la nueva burocracia) había ahuyentado cualquier soporte de las masas trabajadoras hasta el punto que, en el momento de la descomposición, lejos de encontrar el apoyo de los trabajadores, los tuvo más bien a la contra. Resultó que, mientras que eventos históricos como la guerra española demostraron la existencia de una resistencia popular, capaz de enfrentarse a un golpe de Estado despiadado, en este caso los movimientos más importantes fueron de rechazo, baste mencionar los ejemplos de Solidarność o de la Plaza de Tiananmen. Otro detalle determinante fue que el modelo de seducción fue el del “Estado del Bienestar” de los sesenta, un espejismo no muy diferente al que sufrieron los trabajadores que creyeron en el “socialismo” de la URSS.
Una consecuencia de esta “desastre geoestratégico”, fue que el capitalismo democrático-liberal vendió la idea del final de la vieja historia de la lucha de clases por el simple hecho de que…la habían ganado. Fuera de él no había otra puerta que la propia del infierno del Dante de “Lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”. Una premisa que llegó a imponerse en la izquierda tradicional incluyendo la de filiación comunista como ilustra perfectamente el suicidio del PCI, y que por supuesto acondicionó radicalmente cualquier debate histórico.

2. Después del 68

Esta nueva situación se impuso –paradójicamente- a continuación de un ciclo “radical” expresado en los diversos “mayos” (Francia, Italia, México…), así como en el movimiento contra la guerra del Vietnam, en una oleada radical internacional que demostró a las élites lo falso que era eso de que “la revolución había muerto” como se había vaticinado como consecuencia de los logros del “Estado del Bienestar”. En su mayor parte este movimiento comprendió un fuerte rechazo a los regímenes del “socialismo real” así como a los partidos comunistas burocratizados. Significó una recomposición desde lo que se llamó genéricamente la “nueva izquierda”, la misma que desarrolló grandes aportaciones culturales y teóricas en todos los terrenos sin excepción, incluyendo la recuperación de los herejes “congelados” por el estalinismo (Rosa Luxemburgo, Gramsci, Trotsky, Victor Serge, Arthur Rosenberg, etcétera), la recuperación de obras como la de John Reed que había sido prohibida o manipulada, así como la emergencia de una nueva hornada de historiadores críticos con el historial soviético. Autores tan diversos como rigurosos que, entre otras cosas, conquistaron “el mercado” y a las “nuevas izquierdas” como Edward H. Carr, Eric J. Hobsbawn, Moshe Lewin, Marcel Liebman, Christopher Hill, Stephen F. Cohen, Ernest Mandel, Paul Avrich, Pierre Broué, con nombres como los de Manuel Sacristán y Francisco Fernández Buey entre nosotros, partes de un largo etcétera que reflejaban una revitalización singular que llegó hasta el seno de los partidos comunistas hasta entonces encerrados en su oficialismo, 5/ sobre todo en los casos del británico y el italiano. Esto significó la dinamitazación de los patrones oficialistas que comenzaron a ser, dando lugar a una variante historiográfica que se ha querido enterrar, pero que resulta de un valor incuestionable.

Con sus numerosos matices, abrieron una vía de conocimiento y debate en oposición radical de las historias establecidas. Se oponía tanto al canon oficialista producido por la “escuela de falsificación” estalinista o la “revisionista ulterior” (y no digamos en su versión maoísta ya archivada) como al de los cold warrior a la manera de Robert Conquest reafirmada por François Furet, dos arrepentidos cuya metodología radicaba en obviar todo lo referente a la historia del capitalismo amén de establecer las características de la URSS a través de los desmanes del estalinismo unilateralmente. Estableciendo una comparación con la privilegiada “democracia americana”, apoyados desde universidades y fundaciones destinadas a justificar el derecho del “Imperio” a defenderse frente a la “amenaza soviética” aunque fuese en Chile o España. Estaban sostenidos por un entramado propagandístico que abarcaba desde la más modesta hoja parroquial hasta las grandes producciones de Hollywood. Fueron los antecesores de los “especialistas” que actualmente trabajan en el “frente cultural” desde la prepotencia como la mostrada con los gritos de desprecio del “comunismo” que habían sido característicos del franquismo.
En El siglo soviético (Crítica, Barcelona, 2005), Moshe Lewin detalla en su introducción los desenfoques sobre la realidad soviética producidos por las universidades norteamericanas para la CIA. El método denigratorio se basaba primordialmente en la comparación de “modelos” cuando en 1922, el ingreso de un ciudadano soviético era 33 veces inferior al de un estadounidense. A pesar del abismo suscitado por las guerras y su espantosa devastación, del cero y los 27 millones de muertos de una II Segunda Guerra Mundial que enriqueció a Estados Unidos y reafirmó su dominación planetaria, de la carrera armamentística imperial, de los enormes gastos derivados de la gestión burocrática, en 1990 la diferencia ya sólo era de uno a cuatro o cinco. Lo que nos viene a decir Lewin con su obra es que la gran paradoja del “siglo americano” es que este fuese replicado por el “siglo soviético”. Un “siglo” sostenido por la potencia que humilló Japón en la guerra de 1904-1905, y que actuó al servicio de los intereses británicos en la del 14. De una revolución que sufrió guerras devastadoras y un cerco internacional cuya mayor, pero no única expresión, fue la ocupación nazi. Cierto: semejante contraste jamás habría existido sin el apoyo del movimiento obrero que mantuvo una “ilusión” que, entre otras cosas, advertía a los poderosos que la revolución era posible, al tiempo que señalaba a los países coloniales o semicoloniales las posibles vías de un desarrollo industrial acelerado.

3. ¿No hay alternativa?

El establecimiento de un “pensamiento único” en relación al legado de Octubre encaja como un guante en la premisa según la cual el “There Is No Alternative” al decir célebre de Margaret Thatcher, en una dogmática liberal omnipresente en toda clase de medios: diarios, revistas, libros, películas o documentales “colgados” en el youtube después de ser emitido por los más diversos canales de TV. Una verdadera avalancha denigratoria que los peatones de la historia han recibido por tierra, mar y aire.

Estamos hablando obviamente del mayor y más persistente ataque que haya sufrido el
legado obrerista-socialista obviamente englobado bajo la maldición del Octubre ruso. Un ataque que implicaba la condena al ostracismo de la disidencia desarrollada mediante una adaptación “blanda” de los métodos estalinistas. Una metodología que queda perfectamente representada por la reacción vociferante de los maruendas, que tratan de liquidar a gritos cualquier interpelación sobre el “socialismo” (¡o sobre la defensa de la República española condenada como mera cómplice del “comunismo”¡).

Los ejemplos de la imposición del canon resultan ciertamente abrumadores. Se pueden encontrar simplemente abriendo cualquier diario, cualquier manual escolar. Entre la legión de historiadores que no han dudado en enterrar la revolución rusa bajo una montaña de perros muertos me permito el detalle (nada inocente) de citar al un autor de aquí. A Eduard Puigventós Lopez, responsable de un retrato exhaustivo de Ramón Mercader, sin duda uno de los personajes más emblemáticos de la parte oscura del ideal de muchas novelas y películas. 6/

Como cualquier tribunalista que se precie, Puigventós asume sin discusión la sentencia de Dmitri Volkogonov: “Stalin sencillamente aprovechó el momento y recogió el testigo de un bolchevismo autoritario desde la raíz, habituado a la violencia y a la imposición de unas ideas que les parecían justas, pero que aplicaban sin arrepentimiento”. El autor no puede por menos que reconocer el caudal de idealismo militante, sí bien este ideal “quedó sepultado bajo un estatismo autoritario que dio resultados tan aterradores como las purgas soviéticas de los años treinta y el totalitarismo y terrorismo de Estado de Stalin”.

No estará de más anotar que el tal Dmitri Volkogónov (1926-1995) se convirtió en el historiador comodín del régimen soviético en sus diversas fases, hasta acabar al servicio de Yeltsin y elevado a los altares por el neoliberalismo. Como militar llegó a general, historiador y político ruso a pesar de que su padre fue fusilado en 1937 como “enemigo del pueblo”, y su madre murió en 1949 en Siberia, en el destierro. Esto no le impidió ser un leal servidor del régimen, logrando ser jefe del departamento de guerra psicológica de la Dirección General Política del Ejército. Siguió el compás de los cambios de manera que, en su libro Guerra psicológica (1983), llamó “renegado” y “emigrante interior” al premio Nobel y defensor de los derechos humanos Andréi Sájarov, y “traidores a la patria”, “desecho moral y basura social” a disidentes como el escritor Alexandr Solzhenitsin, lo que le impidió más tarde “arrepentirse” para caer de pie nuevamente:. Sus cambios le llevaron a ser una de las voces de la perestroika, y cuando esta fue desechada, empezó a encontrar problemas con el régimen soviético que no había tenido antes.

Al parecer en 1987 propuso reformar los órganos políticos del ejército y de inmediato fue destituido y enviado al Instituto de Historia Militar. Allí quiso incluir una serie de verdades amargas en la historia de la Segunda Guerra Mundial que estaban preparando, por lo que en 1990 perdió su puesto de director del instituto. En 1991 Volkogónov entro en el equipo del presidente Borís Yeltsin como asesor militar y al año siguiente fue nombrado jefe de la comisión parlamentaria que recibió los archivos del PCUS y del KGB. Como historiador se hizo famoso en 1988, cuando publicó la biografía del dictador lósif Stalin en la que “descubría” una realidad que ya habían descrito décadas antes autores como Borís souvarine, Victor Serge, León Trotsky o Isaac Deutscher.

Dado su éxito, Dmitri proyectó una trilogía Líderes, completada con León Trotski y, finalmente, de Vladímir Lenin siguiendo las tendencias dominantes: “El comunismo era culpable”. Así confesaba: “yo era leninista, pero después de descubrir 3 724 documentos antes guardados en secreto sufrí la más grande conmoción de toda mi vida”. Entonces Lenin se convirtió en la encarnación del demonio. Con esta capacidadde estar al lado del poder, Volkogónov fue diputado en las últimas tres legislaturas rusas. Antes de morir dejó concluida Siete jefes, sobre los dirigentes soviéticos desde Lenin a Mijaíl Gorbachov y ha quedado como un portavoz del negacionismo oficialista, como un reconocido “desenmascarador” de los crímenes cometidos por los dirigentes bolcheviques en un una Rusia que abandona a Dios (el Zar)

Ya está dicho todo. No existe necesidad de nada más como es ya tradición. Sin embargo, quizás no esté de más anotar que el tal Dimitri fue un longevo oficial del ejército ruso que en su faceta de historiador fue ajustando sus enfoques históricos desde los tiempos de Breznev hasta los de Putin sin dejar de figurar nunca entre los consagrados. Con Putin, Stalin es un personaje de la “historia patria”, en tanto que en las escuelas del país, el dilema Stalin/Trotsky resulta explicado por la teoría de los “dos osos”. Por supuesto, cualquier labor investigadora queda fuera de los ámbitos oficiales y se enfrenta toda clase de dificultades. La historia ha podido avanzar y desde luego retroceder, lo que no ha hecho nunca es detenerse.

4. Entre dos tiempos

Se pretende echar siete llaves sobre la tumba de una revolución cuya trascendencia no fue inferior al de la francesa de 1789. La escuela neoliberal triunfante ha demostrado su “pasión objetiva” al enfocar esta como un precedente del Gulag, criterio amplificado por cierto a cualquier tentativa revolucionaria contraria a sus intereses globales. Con semejante regla de tres, por supuesto daría para condenar a la revolución americana de 1776 (o a cualquier otra que no cotice en Bolsa) a los infiernos. 7/

Octubre conmovió a un país que era casi un continente, acabó con la dinastía más longeva de Europa. Sobrepasó la agenda de la Comuna de París y dio un paso definitivo que ahora no se puede extraer como sí fuese una muela. Entre muchas otras cosas, resultó el acontecimiento más importante de la “Gran Guerra”, una batalla ganada por los internacionalistas, ganada ante todo por los soldados que se negaban a seguir la guerra, que no quisieron disparar contra las mujeres que salieron a la calle el 8 de marzo (febrero en Rusia) y provocaron la crisis que condujo a la abdicación del Zar. Era pues la victoria de los que habían abogado por hacer la guerra a la guerra. Algo “que salía de cuentas”, que obligaba a los poderes establecidos a recomponer sus alianzas y sus prioridades en un momento en el que ya no cabía el factor “sorpresa”, desde entonces las clases dominantes no subestimaron a sus bolcheviques, más bien lo contrario. La experiencia de Octubre tal cual se hizo entonces irreproducible…

Pero sí ya en 1848 “el fantasma del comunismo” recorrió Europa, ¿que no sería después de Octubre? Para el orden establecido todo estaba justificado. Se trató inequívocamente de acabar con la amenaza de la manera que fuese. Lo empezaron demostrando en el curso de las crisis revolucionarias de Hungría (1918) y Alemania, Austria (1918-1919), Italia (1920-1922) o España (1917-1923), países en los que el impasse hizo que antes o después acabaran adoptando la vía de la “contrarrevolución preventiva” o sea del nazi-fascismo.

En Alemania en concreto, el aparato socialdemócrata fue utilizado como una suerte de colchón. La socialdemocracia de Ebert y Noske no dudó en utilizar la soldadesca para reprimir la revolución espartakista y asesinar a Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches (las tres L del primer comunismo germano), todo ello en nombre de una “república social”, la de Weimar, ahogada por las potencias vencedoras. La consecuencia para la naciente republica rusa fue otra grave dificultad añadida: el aislamiento de una revolución que fue justificada como “prólogo” de la europea. La otra fue la puesta en escena de una “guerra civil” que se inició de hecho en 1919 para finalizar en 1922 con los últimos movimientos armados contra una revolución que tuvo que crear su propio ejército con los ladrillos viejos del régimen zarista. 8/

La guerra desgastó de manera irreversible la élite revolucionaria, y facilitó el regreso de la cultura burocrática zarista que tan magistralmente habían descrito los grandes novelistas rusos desde Nikolai Gogol.

5. Desarrollo a pesar de todo

Octubre ponía al día una “utopía” cuyos orígenes se perdían en la noche de los tiempos, en la historia de las agitaciones agrarias en Rusia. 9/

En su empeño de hacer la historia a su imagen y semejanza, el tribunal de la historia neoliberal estructurado trata de borrar esta fase bien escamoteando su existencia bien atribuyéndolo a los “nacionalismos”. Con ello, el canon neoliberal pretende asimilar sus complejidades en lo que a las confrontaciones de clases y de fracciones de clases trasladando el punto central al dilema democracia y totalitarismo, a una mera construcción de parti pris ideológico. Ha pretendido desfigurar a conciencia las razones de la revolución, negar todas las cuestiones de estrategia política (y de poder), con todas sus inacabable bifurcaciones para aquellos que creen que otro mundo es posible y necesario. Reduce las crisis institucionales abiertas que. a pesar de su corta duración, nos dice que Octubre había roto “el eslabón más débil del imperialismo”. Esto explica otro aspecto de la URSS que fue apreciada como un modelo de desarrollo industrial en países atrasados. Tanto fue así que las diferencias sociales que existían entre USA y la URSS se aproximaron ostensiblemente entre 1917 y 1989.

Octubre también produjo un trauma sin precedentes en las sociedades capitalistas incluyendo los EE UU. Un efecto que golpeó de lleno a las clases trabajadoras, a las capas medias, al arte, y por lo contrario, a los militares y a la soldadesca que, en no poca medida, fueron la carne de cañón de los incipientes fascismos. La “Gran Guerra” contrariamente a lo previsto por el alto mando del ejército alemán, se prolongó en el tiempo causando un malestar tremendo entre las tropas y la mayoría de la gente que antes salía con sus banderas. Los componentes de una crisis general se fueron acumulando. A finales de 1915, las grietas en el movimiento obrero resultan plenamente detectables. Entran en abierta crisis los diversos “modelos gradualistas” establecidos desde las secciones de la socialdemocracia clásica que habían vertebrado los grandes partidos y sindicatos. Los puntos de mira del nacionalismo estrecha resultan cuestionados por la irrupción de una corriente internacionalista, muy crítica con los desastres de la guerra. Muchos se verán obligados a cambiar de expectativas, al menos durante una primera fase. En los años siguientes la II Internacional reconstruida evoluciona hacia la derecha, rechaza la revolución de Octubre al igual que se desentiende de la República española.

La revolución sigue viva, se manifiesta en lugares tan diversos como Gran Bretaña (1926-1927), China (1937), Francia (jornadas de julio del 36), España (1934-1937), pero el significado de Octubre se ha invertido: la camarilla burocrática –como la socialdemocracia alemana- tema más a la revolución que al pecado. Convertido en un partido-Estado liderado por una élite que reproduce bajo el lenguaje revolucionario las pautas de la “gran Rusia”, hacen que la Internacional Comunista invierta sus propósitos. Estos ya no son la revolución sino los intereses de la política exterior rusa, el socialismo en un solo país pasa a ser el socialismo en ningún otro país. Los desastres se suceden: en Alemania el partido comunista estalinizado asegura que la mejor manera de luchar contra los nazis era ajustar las cuentas contra la socialdemocracia, en Francia y en España, Stalin antepone sus acuerdos con los vencedores de la “Gran Guerra”, y combate cualquier tentativa revolucionaria.

La consecuencia de tales desastres acabaría siendo la II Guerra Mundial. El socialismo queda para una etapa lejana. Los partidos comunistas ocupan, en buena medida, el lugar de la socialdemocracia con un matiz, como esta se atiene a las reivindicaciones parciales al tiempo que consagra 1917 como el nacimiento de la URSS “la patria del proletariado”. La iniciativa recae en los Estados Unidos como guardianes del orden internacional.

6. La principal batalla

Aquella “maldita guerra”, la que había causado la mayor crisis humanitaria jamás conocida, fue ante todo una “guerra interimperialista” (Lenin), una crisis de civilización que ve crecer las riquezas al tiempo que las guerras y las miserias extremas en el planeta. Una colisión que situó la humanidad ante el dilema del socialismo o la barbarie.
Una nueva realidad que se traduce por la emergencia de desafíos totales. De crisis sociales que situaron al movimiento obrero internacional ante la necesidad de una revisión drástica de los criterios emancipadores tales como:
a) el esquema del fatalismo determinista –con sus presuntas leyes naturales- alrededor de una creciente “maduración socialista” a la manera de Bernstein o los fabianos británicos que aseguraban que el socialismo llegaría gradualmente en los países que expoliaban a sus colonias, tema sobre el que apenas sí se hablaba más allá de algunas declaraciones;
b) el modelo de la socialdemocracia clásica en su esplendor teorizada por el “centro ortodoxo” representado por el longevo Karl Kautsky, el sueño de un “Partido“ que guía al pueblo atrasado con su labor educativa y orgánica, construido con todas sus redes sociales (cooperativas, sindicatos, prensa, etc.) que se convierten en una finalidad en sí misma;
c) la ruina de la concepción abstracta del internacionalismo, olvidando la existencia del colonialismo y de los conflictos interimperialistas. También se el pretexto del “realismo”, que llevó a muchos “padres” de la internacional a un realineamiento chauvinista nacional en agosto de 1914 (votando los créditos de guerra): esta conversión chauvinista entra en contradicción con las resistencias de una amplia franja del movimiento obrero y popular…

Es el momento de los soviets o consejos obreros como instrumentos de una democracia directa: sufragio universal, debate público, pluralismo político y toma de decisiones contrastadas entre mayorías y minorías. Los soviets actúan como vínculo de aprendizaje y ejercicio de una democracia desde abajo jamás antes conocida. Instrumentos de un doble poder instituido, donde obreros, campesinos, soldados insurrectos, veían -antes que en los programas de los partidos que daban apoyo al gobierno provisional o en la Asamblea Constituyente– “la solución a sus problemas”. A pesar de las deficiencias organizativas o en materia de representación, las masas consideraron a los soviets como “sus órganos” naturales de asamblea y resolución.

El nuevo “poder soviético” tiene la virtud de “plantear” que la revolución es posib