Archivo de la etiqueta: Simone de Beauvoir

El café de los existencialistas

por Cristopher Domínguez

Aunque nunca han faltando las buenas historias de las ideas y de los filósofos que las encarnaron, de un tiempo para acá a los editores les ha dado por venderlas bajo la impropia etiqueta de “multibiografías”, pese a que no otra cosa fueron los ya remotos libros de Gaston Boissier, Paul Hazard o Edmund Wilson, sobre Cicerón y sus amigos, la crisis de la conciencia europea previa a la Ilustración o los senderos intelectuales que llevaron a la Revolución rusa. Actualmente circulan dos crónicas de esa naturaleza, más académica la de Stuart Jeffries (Gran Hotel Abismo: biografía coral de la Escuela de Frankfurt) y más periodística sin ser por ello banal, la de Sarah Bakewell (En el café de los existencialistas: Sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocar, Ariel, 2017).

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Un siglo con Simone

por Higinio Polo //
La derecha nos arrebató primero las palabras (un ejemplo: ahora se llama modernizar a regresar a las condiciones laborales del siglo XIX) imponiendo un nuevo lenguaje. Después, está tratando de destruir nuestras referencias de siempre. Como a Simone de Beauvoir, una mujer cuya obra ha sido una contribución fundamental, entre otras cosas, en la lucha para la liberación de la mujer.

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Simone de Beauvoir: la mujer y el materialismo histórico

La teoría del materialismo histórico ha sacado a la luz verdades importantísimas. La humanidad no es una especie animal: es una realidad histórica. La sociedad humana es una anti-physis: no sufre pasivamente la presencia de la naturaleza, la toma por su cuenta. Esta recuperación no es una operación interior y subjetiva, sino que se efectúa objetivamente en la praxis. De este modo, no podría ser considerada la mujer, simplemente, como un organismo sexuado; entre los datos biológicos, tienen importancia sólo los que adquieren en la acción un valor concreto; la conciencia que la mujer adquiere de sí misma no está definida por su sola sexualidad: refleja una situación dependiente de la estructura económica de la sociedad, estructura que traduce el grado de evolución técnica alcanzado por la humanidad. Hemos visto que, biológicamente, los dos rasgos esenciales que caracterizan a la mujer son los siguientes: su aprehensión del mundo es menos amplia que la del hombre; está más estrechamente esclavizada a la especie. Pero estos hechos adquieren un valor del todo distinto según el contexto económico y social. En la historia humana, la aprehensión del mundo no se define jamás por el cuerpo desnudo: la mano, con su pulgar aprehensor, ya se supera hacia el instrumento que multiplica su poder; desde los más antiguos documentos de la historia, el hombre siempre se nos presenta armado. En los tiempos en que se trataba de blandir pesadas clavas, la debilidad física de la mujer constituía una flagrante inferioridad: basta que el instrumento exija una fuerza ligeramente superior a la de la que ella dispone para que aparezca radicalmente impotente. Mas puede suceder, por el contrario, que la técnica anule la diferencia muscular que separa al hombre de la mujer: la abundancia no crea superioridad más que ante la perspectiva de una necesidad; no es preferible tener demasiado a tener suficiente.  Así, el manejo de un gran número de máquinas modernas no exige más que una parte de los recursos viriles: si el mínimo necesario no es superior a la capacidad de la mujer, ésta se iguala en el trabajo con el hombre. En realidad, hoy pueden desencadenarse inmensos despliegues de energía simplemente oprimiendo un botón. En cuanto a las servidumbres de la maternidad, según las costumbres, adquieren una importancia sumamente variable: son abrumadoras si se imponen a la mujer numerosos partos y si tiene que alimentar sin ayuda a los hijos; si procrea libremente, si la sociedad acude en su ayuda durante el embarazo y se ocupa del niño, las cargas maternales son ligeras y pueden compensarse con facilidad en el dominio del trabajo. Seguir leyendo Simone de Beauvoir: la mujer y el materialismo histórico