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La farsa de las reformas educativas y el movimiento estudiantil

por Maxiimiliano Cortés//

El sistema de educación vigente, implementado en los 80 ́s por la dictadura se ha visto cues onado duramente tanto por estudiantes, que se han movilizado ac vamente, como por gran parte de la comunidad educa va, incluyendo profesores y funcionarios. Las masivas movilizaciones estudian les iniciadas el 2011 han instaurado un debate necesario sobre ejes puntuales que caracterizan la miseria que envuelve la educación hoy en Chile; la gratuidad o la desmunicipalización, han sido foco tanto de crí cas por parte de estudiantes y trabajadores de la educación, como también blanco de las reformas ar ciales del gobierno, que buscando bajar la agitación iniciada por las movilizaciones y conciliando los intereses capitalistas han cocinado bias reformas que no ofrecen ninguna respuesta ni a las demandas del movimiento ni a las necesidades de acceso a la educación.

La tan manoseada “gratuidad universal” se sorteó con un pobre sistema de becas con cupos limitados que man ene el sistema empresarial a nivel educa vo, el alto nivel de endeudamiento de los estudiantes y les cierra las puertas a gran parte de hijos de obreros que no cumplen los requisitos; y la “desmunicipalización” por otro lado que, según dicen, busca mejorar la lamentable ges ón económica y pedagógica de los colegios públicos se traduce en la creación de una Agencia Pública que, además de crear nuevos cargos burocrá cos estatales, no propone soluciones para los estudiantes ni para los trabajadores de la educación. Fueron los propios docentes quienes plantearon su rechazo frente a esta nueva ley en una consulta nacional que resultó con un 80% de rechazo hacia el proyecto que fue aprobado recientemente por el Senado, sin una clara oposición ni movilización por parte del Colegio de Profesores, que también sigue profundizando su crisis interna.

Se ha echado a andar el aparato legisla vo para aplacar demandas estructurales que enen su base en las relaciones capitalistas que se dan en el mercado de la educación. El gobierno bonapar sta de Bachelet, en su intento por conciliar los intereses

de los empresarios de universidades y colegios con las demandas de estudiantes y trabajadores de la educación, se ha visto en la necesidad de maquillar ciertas normas con pincelazos sociales para lograr mantener rme el negocio en la educación y la estructura capitalista.

LEY DE FORTALECIMIENTO DE UNIVERSIDADES ESTATALES DEBILITANDO EL MOVIMIENTO

Otra de las reformas del gobierno en materia de educación es la Ley de reforma a las universidades estatales que viene a regular dis ntos aspectos de estas en dades públicas en cuanto a nanciamiento, gobernabilidad y precarización laboral de los funcionarios.

Si bien, sus creadores dicen que fortalece la Educación Superior Estatal, ésta man ene las mismas lógicas de nanciamiento que hasta hoy opera en las universidades generando un ejército de endeudados tanto de estatales como privadas; por otro lado recon gura precarizando las relaciones laborales de los funcionarios tanto de planta como a contrata y honorarios; y por úl mo, crea un Consejo Superior compuesto en parte por integrantes designados por el gobierno que tendrá injerencia en las decisiones de la Universidad aplicando los criterios de la coalición burguesa de turno.

Hubo desde un comienzo una permanente oposición a la reforma por parte de estudiantes y trabajadores de las universidades, quienes se movilizaron en una marcha de miles de estudiantes este 5 de sep embre pasado, cuando la comisión de educación de la cámara de diputados aprobó la idea de legislar la reforma con los votos de la nueva mayoría (incluida Camila Vallejo como embajadora de un PC rme con los intereses burgueses del gobierno). El rector de la U. de Chile Ennio Vivaldi, que en un comienzo se opuso al proyecto junto a los estudiantes, que hicieron la con él, fácilmente hizo un paso al costado cuando el Ministerio de Educación le ro como

migajas las indicaciones respecto a los integrantes de la universidad en el Consejo Superior y mantener a los funcionarios bajo el Estatuto Administra vo, dando la impresión de haber respondido a las demandas de las movilizaciones, sin embargo, los problemas de nanciamiento, calidad, accesibilidad y precarización laboral siguen en pie y los estudiantes y trabajadores sin poder dar una lucha efec va contra los ataques del gobierno.

TAREAS DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL

El movimiento estudian l hoy se encuentra estancado en las tác cas del gobierno por mantener las estructuras capitalistas dentro de la educación, se enfrasca en infructuosos diálogos que terminan desviando la atención con reformas que no son más que maquillaje de un sistema que ya no se sos ene. Por esto es necesario no transar sino profundizar y generalizar la lucha de los estudiantes contra los empresarios de la educación y el carácter burgués del sistema educa vo, sin dejar por eso de luchar por demandas necesarias como la gratuidad efec vamente universal que abra las puertas de las escuelas y las universidades para el libre acceso de los trabajadores y sus hijos.

El movimiento estudian l debe sacar lecciones de sus luchas, y la reforma a las universidades estatales es un ataque que debería rea rmar la necesidad de luchar junto a los trabajadores. Los estudiantes al ser un movimiento heterogéneo y transitorio no ene intereses propios de clase, ya que tampoco se con guran como una clase social por la relación indirecta que enen con la producción, esto es importante tenerlo en cuenta para entender las tendencias pequeñoburguesas que se desarrollan dentro del movimiento y también para comprender la necesaria relación que debe exis r entre estudiantes y trabajadores en una lucha uni cada por imponer un Sistema Único de Educación que sepulte la educación burguesa.

(tomado de Nuevo Curso, Octubre 2017, COR)

El proyecto de reforma previsional de Bachelet busca proteger los intereses del sistema bancario

por Gustavo Burgos y Manuel Briones//

La reforma de pensiones del actual gobierno, propone un Consejo de Ahorro Colectivo, como órgano encargado de administrar los fondos provenientes del 5% de cotizaciones[i] destinadas al aporte intergeneracional[ii], bono compensatorio mujeres[iii], y al aporte intra generacional[iv].

El proyecto considera una Transitoriedad para la entrada en vigor en régimen del sistema solidario descrito, señala a su respecto el Mensaje “La obligación de cotizar para el Sistema de Ahorro Previsional Colectivo se implementará gradualmente, de manera tal que, a partir del primer día del duodécimo mes siguiente a la publicación de la ley y durante un periodo de doce meses, la cotización para el Sistema de Ahorro Previsional Colectivo será de un 1% de la remuneración o renta imponible de la o el afiliado. En adelante, la tasa de cotización se incrementará en 0,8% cada doce meses hasta completar un 5%. Durante este periodo de transición y habiéndose dispuesto los recursos necesarios para el financiamiento del aporte solidario intergeneracional y el bono compensatorio para las mujeres, la diferencia entre la cotización equivalente al 2% y los recursos antes señalados se destinará, en igual proporción, al aporte solidario intrageneracional y a las cuentas de ahorro personal de las y los afiliados al Sistema de Ahorro Previsional Colectivo.”

Este esquema de trato del monto complementario de cinco por ciento destinado a refinanciar las pensiones pobres en el país, ampliamente destacada en el Mensaje igualmente, desde todos los ángulos de comportamiento del actual sistema, se organiza entonces bajo la estructura del Consejo de Ahorro Previsional, como órgano encargado de su administración, que pasamos a revisar.

Análisis del funcionamiento del Consejo, en relación al ahorro previsional

Destaca en el Proyecto, el que se organiza todo el esquema de trato de la reforma, en este órgano colegiado compuesto de siete miembros, bajo el cual se estructura la recepción e inversión de la cotización del 5% complementaria a la actual contribución deficitaria de los trabajadores.

Gran parte del articulado se encarga de verificar los requisitos de ingreso y remoción, inhabilidades, reemplazo e incompatibilidades de estos siete miembros, la verdad exagerando en esta norma de fondo, asuntos propios de un reglamento.

Ello opaca la conclusión fundamental del Proyecto en cuanto a el trasfondo de la materia, referido al soporte de inversión y administración de fondos, que es lo determinante, y que se trata de manera sucinta, relegando en este casi si, las normas de trato de regímenes reglamentarios, según pasamos a ver.

Como primer elemento de fondo, debemos decir que en cuanto al régimen de inversiones, el proyecto prioriza la mantención de las llamadas comisiones fantasma, del artículo 45 bis, vale decir, las comisiones por intermediación que se pagan a los brokers internacionales, que tanto daño han hecho al sistema, y que han sido parte central del rechazo que el Movimiento No+AFP ha expresado respecto al funcionamiento del sistema privado.

Estas comisiones están expresamente tratadas en el artículo 34 del proyecto, que establece a propósito del deber de información del Consejo que “Artículo 34.- Información a las y los afiliados. El Consejo deberá proporcionar a las o los afiliados información sobre el saldo de sus cuentas de ahorro personal cada vez que éstos lo soliciten.

Sin perjuicio de lo establecido en el inciso anterior, el Consejo deberá mantener, en su sitio electrónico, a disposición de la o el afiliado, información actualizada de, al menos, los movimientos registrados en su cuenta de ahorro personal, con indicación de su valor en pesos; el monto de los descuentos efectuados de conformidad a lo establecido en el artículo 5 y de las comisiones a que se refieren los incisos sexto y séptimo del artículo 45 bis del decreto ley Nº 3.500, de 1980, pagados con cargo a los Fondos de Ahorro Personal en que se encuentren invertidas sus cotizaciones; y la rentabilidad real de las cuotas que tenga en dichos Fondos, así como también los montos transferidos a la entidad pagadora de su pensión en virtud de los beneficios establecidos en los Párrafos 4º y 5º del Título XVIII del citado decreto ley, según corresponda”.

Vale decir, el proyecto destaca desde luego, que las comisiones pagadas a administradores de fondos se mantienen intactas, lo cual es refrendado por el artículo 45 nº 6 del Proyecto.

Desde luego estas normas anticipan que el modelo en definitiva no cambia un ápice, en contra absolutamente de lo destacado en el mensaje, en cuanto a que se envía esta reforma por especial consideración a el clamor de la gente.

En efecto, en el artículo 51, se establece el corazón de la reforma, que determina una total similitud del sistema, con el actual DL 3500.

En primer lugar, debemos decir, que esta norma inicia el Párrafo 1°, del Régimen de Inversiones, señalando “Artículo 51.- Instrumentos, operaciones y contratos autorizados. Los Fondos del Sistema, sin perjuicio de los depósitos que se mantengan en cuentas corrientes, deberán ser invertidos en los mismos instrumentos, operaciones y contratos autorizados como inversión para los Fondos de Pensiones, en virtud de lo establecido en el decreto ley N° 3.500, de 1980”.

Vale decir, lejos de proponer al país un enlace con sistema de reparto, intergeneracional o intrageneracional, el sistema insiste en buscar un rendimiento basado en la inversión de fondos en función del sistema de inversiones de las actuales AFP.

Tan es así, que el Consejo pasa a formar parte, junto a la Comisión para el Mercado Financiero y la Superintendencia de Pensiones, una estructura de coordinación trimestral del régimen de inversiones del artículo 51.

Así las cosas, el sistema administrará las cuentas en forma siempre individual, nunca de reparto, tal como lo establece el artículo 54 inciso segundo “Cuando se depositen valores de los Fondos del Sistema, se entenderá que quien deposita son los Fondos, quedando obligada la empresa de depósito a llevar cuentas individuales separadas por cada Fondo”.

Vale decir, el tratamiento del fondo se hará en base a cuentas individuales.

Además establece prohibición de inversión en determinados tipos de instrumentos del Fondo A, sin embargo, deja completamente vigente la inversión en acciones de sociedades anónimas abiertas y en acciones de sociedades anónimas inmobiliarias abiertas. Así se establece en el artículo 56 inciso final.

Conclusión

El Proyecto, lejos de las ampulosas palabras del Mensaje y del articulado en general para el Ahorro Colectivo, reduce las decisiones de este a profesionales ya comprometidos con el sistema, siete personeros, en definitiva, un Directorio encubierto de S.A., que en dos normas establece la total continuidad del régimen de inversiones de AFP, sin especificar cómo se hará la repartición intergeneracional a intrageneracional que pretende, que relega a un reglamento. Lejos de ello, de lo que se preocupa en lo esencial al proyecto, es de proteger las odiosas y onerosas comisiones de los administradores de fondos privados de valores en mercados financieros, que pareciera ser en definitiva el gran propósito de la Reforma, muy lejos de beneficiar a los trabajadores a través de un auténtico sistema de reparto, lo cual se refrenda en que se mantendrá por todo concepto de fondo, la administración de cuentas individuales.

Un proyecto en definitiva hecho a la medida del mercado financiero, que en nada contribuirá a mejorar las pensiones de las decenas de miles de trabajadores que mes a mes se están jubilando con un montos en el límite de la línea de pobreza, donde la mirada optimista, y por lo demás ajena a la realidad del Mensaje, seguirá condenando a la miseria a nuestros trabajadores después de su vida activa, mientras las AFP, que expropian día a día nuestro dinero, se ufanan en alcanzar la cifra de US$ 200 mil millones de dólares en el fondo.

En este sentido, el plebiscito recientemente realizado por la Coordinadora No+AFP, que logró convocar a casi un millón de participantes (en modalidad presencial o en línea), constituye una movilización articuladora de los trabajadores. El plebiscito, en más de un 90%, confirmó la opción contra las AFP y a favor de un sistema de reparto. Esta opción es una respuesta pertinente e inmediata para los millones de trabajadores que hoy están siendo sometidos a pensiones de miseria o que lo serán en el futuro próximo.

El régimen previsional chileno, como se ha demostrado en la práctica, no persigue la protección de los trabajadores sino que la protección de la salud del aparato financiero y la banca, proveyéndole a éste una fuente inagotable y a costo mínimo, de recursos financieros.

Las AFP nacen para salvar a la banca chilena a comienzos de los 80 y la mal llamada “capitalización individual”, sobre la que se sustenta, materializa en la práctica una monstruosa superexplotación, una gigantesca expropiación del salario, que explica la esencia del llamado “milagro” chileno. Sobre esta acumulación originaria y suplementaria de capital, se ha estructurado la pervivencia del régimen pinochetista, sin Pinochet, de la forma como lo ha venido la Concertación y la Derecha desde 1990.

El sistema previsional chileno es la base financiera del modelo de privatizaciones, concesión de servicios públicos y destrucción de la educación y salud públicas, de la forma como hoy lo conocemos. Esta reforma previsional, lejos de avanzar en el sentido de expandir los derechos de los trabajadores, como se ha demostrado, lo que persigue es construir una trinchera en defensa del modelo de capitalización individual. Lo que busca esta reforma, más allá de su fraseología, es la pervivencia de la fiesta interminable y obscena, que en base a la miseria de los trabajadores, hacen la banca, los grupos económicos y las transnacionales.

 

[i] Especifica igualmente el Mensaje “Dicha cotización corresponderá a un 5% de la remuneración o renta imponible del trabajador o trabajadora, correspondiendo 3/5 de esa cotización a uno o más Fondos de Ahorro Personal, compuesto por las cuentas de ahorro personal de propiedad de cada afiliada o afiliado, y los 2/5 restantes a un Fondo de Ahorro Colectivo”. Mensaje, pág. 6.
[ii] También especifica el Mensaje “Aporte solidario intergeneracional. Éste es un mecanismo de transferencias mensuales destinado a aumentar en alrededor de un 20% la mayoría de las pensiones de vejez, vejez anticipada e invalidez definitiva no cubierta por el seguro de invalidez y sobrevivencia del decreto ley Nº 3.500, de 1980, a partir de los 65 años de edad. El monto de este beneficio corresponderá al 20% del menor valor entre la pensión autofinanciada de referencia del artículo 2º, letra g), de la ley Nº 20.255 y seiscientos mil pesos. El aporte de este mecanismo irá decreciendo en la medida que aumente el ahorro en las cuentas de ahorro personal del Sistema de Ahorro Previsional Colectivo, cesando cuando las y los afiliados puedan autofinanciar un incremento mayor a un 20% de su pensión a través de ese ahorro adicional”.
[iii] El Mensaje igualmente define este Bono: “Bono compensatorio para las mujeres. Corresponde a transferencias mensuales a la pensión de vejez o invalidez definitiva no cubierta por el seguro de invalidez y sobrevivencia del decreto ley Nº 3.500, de 1980, de las mujeres, a partir de los 65 años, para que, a la misma edad y teniendo el mismo saldo en su cuenta de capitalización individual, hombres y mujeres reciban una pensión equivalente, de manera de eliminar la diferencia en el monto de las pensiones que produce la mayor expectativa de vida de las mujeres.
Este beneficio se determinará en base a una proporción de la pensión autofinanciada de referencia de la mujer, calculada según lo establecido en el artículo 2º, letra g), de la ley Nº 20.255, con un tope de trescientos mil pesos. La citada proporción se calculará como la diferencia porcentual entre el capital necesario para financiar todas las pensiones de referencia que genera la afiliada para ella y sus beneficiarios, y el capital necesario que se calcule utilizando la tabla de mortalidad que corresponde a un hombre en las mismas condiciones. En el caso que la mujer se pensione antes de los 65 años, el monto del bono compensatorio decrecerá, a fin de premiar la postergación voluntaria de la jubilación, y no tendrán derecho al bono las mujeres que se pensionen antes de la edad legal.
Accederán al bono compensatorio para las mujeres, todas aquellas mujeres que se pensionen a contar del primer día del décimo quinto mes siguiente a la publicación de la ley”.
[iv] Especifica el Mensaje: “Aporte solidario intrageneracional. Éste es un mecanismo de redistribución, calculado sobre el saldo remanente en el Fondo de Ahorro Colectivo, descontados el aporte solidario intergeneracional y el bono compensatorio para las mujeres, entre todos los afiliados que registren cotizaciones en el Sistema de Ahorro Previsional Colectivo en el año calendario anterior y se transferirá anualmente a las cuentas de ahorro personal del antedicho Sistema, aumentando el ahorro de quienes tienen menores ingresos relativos. Para efectos de su cálculo, cada año se dividirá el total del saldo a solidarizar por la suma de meses cotizados o declarados en el año calendario anterior, correspondiente a todos los afiliados con derecho al beneficio. Cada beneficiario recibirá en su cuenta de ahorro personal, una vez al año, el resultado de dicha división multiplicado por el número de meses en que registre cotizaciones pagadas o declaradas en el año calendario anterior al cálculo. 
El Consejo de Ahorro Colectivo calculará el monto de los beneficios que corresponde a cada afiliada o afiliado y transferirá los recursos respectivos a la entidad pagadora de pensión, mensualmente, o a la cuenta de ahorro personal, anualmente, según corresponda”.

 

(Fotografía, Paseo Ahumada 1986, Luis Weinstein)

 

A Marchar Este Domingo

Por Equipo el Porteño

 

En medio de la crisis palaciega producida por la defenestración (según la Real Academia: Arrojar a alguien por una ventana) del ministro Rodrigo Valdés, hay un llamado de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No + AFP a marchar este domingo 3. Desde el porteño llamamos a participar de esta movilización. Reproducimos el llamado oficial.

 

Este domingo 3 de septiembre a las 11 hrs. en las principales plazas del país,  la Coordinadora Nacional No+AFP  convoca a todos los trabajadores/as y sus familias,  a una gran marcha nacional en demanda de un Nuevo Sistema Previsional para Chile y en repudio al proyecto de ley presentado por el gobierno que no toca a las AFP. Pese a que las administradoras  han sido un fracaso como sistema de pensiones y que  se ha  demostrado que no son capaces de entregar pensiones dignas a la gente  aunque hayan cotizado toda una vida, además es sabido  que de cada cuatro pesos recaudados en cotizaciones obligatorias el sistema de AFP se apropia poco menos de tres, para no devolverlos jamás, que millones de trabajadores/as  y sus familias  salieron a las calles de manera indignada a causa de las  pensiones miserables que entrega el sistema, a demandar el fin de las AFP y que a partir de estas movilizaciones  el gobierno se comprometió a llevar a cabo una Reforma al Sistema de Pensiones en Chile y que   sin embargo, este compromiso  resultó ser  en una burla para todo el país, puesto que   la presidenta Michelle Bachelet,  presentó un  proyecto de Reforma que deja intacta intactas a las AFP, es decir, ellas seguirán administrando el 10% de las cotizaciones que los trabajadores/as, lo cual significa  que nuestros ahorros continuarán expuestos a las ruletas rusas de los mercados financieros, a las crisis financieras  y riesgos tales como a que nuestros fondos sean  invertidos en empresas de dudosa reputación que le han traído grandes pérdidas a los fondos de los trabajadores/as, como la polar, cascadas y un sin número de empresas dirigidas por ejecutivos corruptos.  Las AFP, que el presente están  conformadas por 6 empresas con fines de lucro que administran más de US$180.000 mil millones de dólares representando   el 70% del PIB de Chile, se han constituido en un negocio redondo, que les ha traído ganancias multimillonarias a las AFP y a unas pocas grandes empresas nacionales y trasnacionales, los Solari y Heller (Falabella), Luksic (Banco Chile y muchas otras),  Delano (Penta), Poulman(Cencosud), Poce Leoru (Soquimich)  Metlife, Principal, entre otras. Casi todas empresas que financian las campañas políticas de Chile Vamos y la Nueva Mayoría.  Cuando en plenas crisis financieras internacionales todos los chilenos/as perdíamos millones de pesos de nuestros fondos de pensiones, las administradoras seguían obteniendo utilidades dado que cobran las comisiones por conceptos de administración de los fondos, además de las comisiones fantasmas, lo hagan bien o mal.

En suma, marchamos porque demandamos del Estado que se haga una verdadera Reforma Previsional que apunte a la instauración de un Sistema de Reparto Solidario que entregue pensiones dignas y para toda la vida y en repudio por el proyecto de ley que presentó el gobierno que deja intacta a las AFP, permitiéndoles seguir lucrando con nuestros fondos previsionales.  Todos y todas machamos juntos el domingo 3 de septiembre a las 11 horas en todo Chile!!

Por qué la izquierda reformista es keynesiana

La teoría económica keynesiana es dominante en la izquierda reformista en el mundo entero. Su pertinencia al llamado Estado de Bienestar e incluso al llamado socialismo escandinavo, seduce al reformismo izquierdista de la misma forma como el PS y el PC han ido mutando su antigua condición de organizaciones obreras a patronales. Se adopta a Keynes porque se abandona la concepción marxista, porque el reformismo -al renunciar a luchar por la expropiación de la burguesía- ha terminado afirmando la propiedad privada de los medios de producción. Keynes les resulta el héroe económico para cambiar el mundo; para poner fin a la pobreza, la desigualdad y las continuas pérdidas de ingresos y puestos de trabajo en las crisis recurrentes. Y sin embargo, el método keynesiano es empíricamente dudoso y sus prescripciones políticas para corregir los errores del capitalismo han demostrado ser un fracaso (EP).

 

por Michael Roberts//

En los EEUU, los grandes gurús de la oposición a las teorías neoliberales de la escuela de economía de Chicago y a las políticas de los republicanos son keynesianos Paul Krugman, Larry Summers y Joseph Stiglitz  o, ligeramente más radicales, Dean Baker o James Galbraith. En el Reino Unido, los líderes de la izquierda del Partido Laborista en torno a Jeremy Corbyn y John McDonnell, socialistas confesos, se inspiran en economistas keynesianos como Martin Wolf, Ann Pettifor o Simon Wren Lewis para sus propuestas políticas y análisis. Los invitan a sus consejos de asesores y seminarios. En Europa, los Thomas Piketty  mandan.

Los estudiantes graduados y profesores que participan en Rethinking Economics  , un movimiento internacional para cambiar la enseñanza y las ideas económicas en ruptura con la teoría neoclásica  son dirigidas por autores keynesianos como James Kwak o post-keynesianos como Steve Keen, o Victoria Chick o Frances Coppola. Kwak, por ejemplo, ha publicado un nuevo libro titulado Economism, que sostiene que la línea de falla económica en el capitalismo es el aumento de la desigualdad y que el fracaso de la economía convencional consiste en no reconocerlo. Una vez más la idea de que la desigualdad es el enemigo, no el capitalismo como tal, exuda de los keynesianos y post-keynesianos como Stiglitz, Kwak, Piketty o Stockhammer  , y es dominante en los medios de comunicación y el movimiento obrero. Con ello no pretendo negar la horrible importancia del aumento de la desigualdad, sino demostrar que no se tiene en cuenta una visión marxista sobre este tema.

De hecho, cuando los medios de comunicación quieren ser audaces y radicales, se llenan de publicidad sobre los nuevos libros de autores keynesianos o post-keynesianas, pero no de los marxistas. Por ejemplo, Ann Pettifor, de Prime Economics, ha escrito un nuevo libro, The Production of Money,  en el que nos dice que “el dinero no es más que una promesa de pago” y que “creamos dinero todo el tiempo haciendo esas promesas” , el dinero es infinito y no limitado en su producción, por lo que la sociedad puede imprimir tanto como quiera para invertir en sus opciones sociales sin ningún tipo de consecuencias económicas perjudiciales. Y a través del efecto multiplicador keynesiano, los ingresos y los puestos de trabajo pueden crecer. Y “no importa donde el gobierno invierta su dinero, si al hacerlo se crea empleo” . El único problema es mantener el coste del dinero, las tasas de interés, tan bajas como sea posible, para asegurar la expansión del dinero (¿o se trata de crédito?) para impulsar la economía capitalista. Por lo tanto, no hay necesidad de ningún cambio en el modo de producción con fines de lucro, simplemente basta con controlar la máquina de dinero para asegurar un flujo infinito de dinero y todo funcionará bien.

Irónicamente, al mismo tiempo, el destacado poskeynesiano Steve Keen se prepara para ofrecer un nuevo libro  abogando por el control de la deuda o del crédito como forma de evitar la crisis. Haga su elección: ¿más dinero-crédito o menos? De cualquier manera, los keynesianos difunden una narrativa económica con un análisis que considera que sólo el sector de las finanzas es la fuerza causal de los problemas del capitalismo.

Entonces, ¿por qué siguen siendo dominantes las ideas keynesianas? Geoff Mann nos proporciona una explicación atractiva. Mann es el director del Centro de Economía Política Global en la Universidad Simon Fraser, de Canadá. En un nuevo libro, titulado In the Long Run we are all Dead, Mann reconoce que no es que la economía keynesiana se considere correcta. Ha habido “poderosas críticas desde la izquierda de la economía keynesiana de la que extraer conclusiones; los ejemplos incluyen las obras de Paul Mattick, Geoff Pilling y Michael Roberts ( ¡gracias! – MR )”(p218), pero las ideas keynesianas son dominantes en el movimiento obrero y entre los que se oponen a lo que Mann llama el ‘capitalismo liberal’ (lo que yo llamaría el capitalismo) por razones políticas.

Keynes reina porque ofrece una tercera vía entre la revolución socialista y la barbarie, es decir, el fin de la civilización tal y como (en realidad la burguesía como a la pertenecía Keynes) la conocemos. En los años 1920 y 1930, Keynes temió que el ‘mundo civilizado’ se enfrentase a la revolución marxista o la dictadura fascista. Pero el socialismo como una alternativa al capitalismo de la Gran Depresión, podría acabar con la ‘civilización’, abriendo la puerta a la ‘barbarie’ – el final de un mundo mejor, el colapso de la tecnología y el estado de derecho, más guerras, etc. Así que intentó ofrecer la esperanza de que, a través de alguna modesta reforma del ‘capitalismo liberal’, sería posible hacer que volviese a funcionar el capitalismo sin la necesidad de una revolución socialista. No habría ninguna necesidad de ir a donde los ángeles de la ‘civilización’ se negaban a ir. Esa fue la narrativa keynesiana.

Este llamamiento atrajo (y todavía atrae) a los líderes del movimiento sindical y a los ‘liberales’ que desean cambios. La revolución es algo arriesgado y puede arrastrarnos a todos al abismo. Mann: “La izquierda quiere democracia sin populismo, quiere políticas de cambio sin los riesgos del cambio; quiere revolución sin revolucionarios” . (p21).

Este miedo a la revolución, Mann reconoce, apareció por primera vez después de la Revolución francesa. Ese gran experimento de democracia burguesa desembocó en Robespierre y el terror; la democracia se convirtió en dictadura y barbarie – ese es más o menos el mito burgués. La economía keynesiana ofrecía una manera de salir de la depresión de 1930 o de la actual Larga Depresión sin socialismo. Es la tercera vía entre el statu quo de los mercados rapaces, la austeridad, la desigualdad, la pobreza y las crisis y la alternativa de una revolución social que conlleve a Stalin, Mao, Castro, Pol Pot y Kim Jong-un. Es una ‘tercera vía’ tan atractiva que Mann confiesa que incluso le seduce como una alternativa al riesgo de que la revolución se tuerza (ver el último capítulo, donde Marx es presentado como el Dr. Jekyll de la Esperanza y Keynes como el Mr. Hyde del miedo).

Como Mann escribe, Keynes creía que, si expertos civilizados (como él mismo) abordaban los problemas a corto plazo de la crisis económica y las recesiones, se podría evitar el desastre a largo plazo del colapso de la civilización. La famosa cita que recoge el título del libro de Mann, ‘a largo plazo todos estaremos muertos’, se refiere a la necesidad de actuar frente a la Gran Depresión mediante la intervención del gobierno y no esperar a que el mercado se auto-corrija con el tiempo, como pensaban los economistas y políticos neoclásicos ( ‘clásicos’ según Keynes). Porque “ese largo plazo es una mala guía para los temas de actualidad. A largo plazo todos estaremos muertos. Los economistas se fijaron una tarea demasiado fácil, demasiado inútil, si en épocas turbulentas sólo nos puede decir que cuando la tormenta haya pasado, el océano volverá a estar como un plato”(Keynes). Es necesario actuar sobre los problemas a corto plazo o se convertirán en un desastre a largo plazo. Este es el significado adicional de la larga cita anterior: hay que lidiar con la depresión y las crisis económicas ahora o la misma civilización se verá amenazada por la revolución a largo plazo.

A Keynes le gustaba considerar que el papel de los economistas era similar al de los dentistas a la hora de resolver un problema técnico  de la economía como si se tratase de un dolor de muelas ( “Si los economistas pudieran llegar a pensar que son personas humildes y competentes como los dentistas, sería espléndido” ). Y los keynesianos modernos han comparado su tarea a la de fontaneros: reparar las fugas en la tubería de la acumulación y el crecimiento. Pero el método real de la economía política no es el de un fontanero o un dentista cuando soluciona problemas a corto plazo. Es el de un científico social revolucionario (Marx), transformándo a largo plazo. Lo que el análisis marxista del modo de producción capitalista revela es que no hay una ‘tercera vía’ como Keynes y sus seguidores proponen. El capitalismo no puede ofrecer el fin de la desigualdad, la pobreza, la guerra a cambio de un mundo de abundancia y bien común a nivel mundial, y evitar así la catástrofe medio ambiental, a largo plazo.

Al igual que todos los intelectuales burgueses, Keynes era un idealista. Sabía que las ideas sólo se llevan a cabo si se ajustan a los deseos de la élite gobernante. Como él mismo dijo, “El individualismo y el laissez-faire no podían, a pesar de sus profundas raíces en las filosofías políticas y morales de finales del siglo XVIII y principios del XIX, garantizar su influjo duradero en la dirección de los asuntos públicos, si no hubiera sido porque encajaban con las necesidades y deseos del mundo de los negocios de entonces … Todos esos elementos han contribuido al actual ambiente intelectual dominante, a la estructura mental, a la ortodoxia de la época”.  Sin embargo, seguía creyendo que un hombre inteligente como él, con ideas contundentes, podría cambiar la sociedad aun en contra de los intereses de aquellos que la controlan.

Lo equivocado de esa idea fue evidente incluso para él cuando intentó conseguir que la administración Roosevelt adoptase sus ideas sobre como terminar con la Gran Depresión y que la clase política aplicase sus ideas para un nuevo orden mundial después de la guerra mundial. Keynes quería crear instituciones ‘civilizadas’ para garantizar la paz y la prosperidad a nivel mundial a través de la gestión internacional de las economías, las monedas y el dinero. Pero estas ideas de un orden mundial para controlar los excesos de un capitalismo desenfrenado se convirtieron en instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que acabaron promoviendo las políticas de un imperialismo encabezado por los Estados Unidos. En lugar de un mundo de líderes ‘civilizados’ que resolvían los problemas del mundo, lo que tenemos es una terrible águila que clava sus garras en el mundo, imponiendo su voluntad. Son los intereses materiales los que deciden las políticas, no los economistas inteligentes.

De hecho, Keynes, el gran idealista de la civilización se convirtió en un pragmático en las reuniones de Bretton Woods de la posguerra, en representación no de las masas del mundo, o incluso de un orden mundial democrático, sino de los estrechos intereses nacionales del imperialismo británico frente al dominio estadounidense. Keynes informó al parlamento británico que el acuerdo de Bretton Woods no era  “una afirmación de poder estadounidense, sino un compromiso razonable entre dos grandes naciones con los mismos objetivos: restaurar una economía mundial liberal”. Otras naciones fueron ignoradas, por supuesto.

Para evitar la situación en la que a largo plazo todos estemos muertos, Keynes creía que había que resolver los problemas a corto plazo. Pero resolverlos a corto plazo no puede evitar el largo plazo. Si se logra el pleno empleo, todo irá bien, pensó. Sin embargo, en 2017, tenemos casi ‘pleno empleo’ en EEUU, el Reino Unido, Alemania y Japón, y no todo está bien. Los salarios reales se han estancado, la productividad no está aumentando y las desigualdades se agravan. Hay una Larga Depresión y no parece que vayamos a salir de un ‘estancamiento secular’. Por supuesto, los keynesianos dice que la causa es que no se han aplicado las políticas keynesianas. Pero no se han aplicado (al menos no el aumento del gasto fiscal) porque las ideas no se imponen a los intereses materiales dominantes, al contrario de lo que creía Keynes. Keynes lo veía boca abajo; de la misma manera que Hegel. Hegel defendía que era el conflicto de ideas el que determinaba el conflicto histórico, cuando es lo contrario. La historia es la historia de la lucha de clases.

Y de todos modos, las recetas económicas de Keynes se basan en una falacia. La larga depresión continua no porque haya demasiado capital que deprime los beneficios (‘eficiencia marginal’) del capital en relación con la tasa de interés sobre el dinero. No hay demasiada inversión (las tasas de inversión de las empresas son bajas) y las tasas de interés están cerca de cero o incluso son negativas. La larga depresión es el resultado de una muy baja rentabilidad y por lo tanto de insuficiente inversión, lo que ralentiza el crecimiento de la productividad. Los salarios reales bajos y la baja productividad son el coste del ‘pleno empleo’, en contra de todas las ideas de la teoría económica keynesiana. No ha sido el exceso de inversión lo que ha causado la baja rentabilidad, sino la baja rentabilidad la que ha causado la escasa inversión.

Lo que Mann sostiene es que la teoría económica keynesiana es dominante en la izquierda a pesar de sus falacias y fracasos porque expresa el temor de muchos de los líderes del movimiento obrero a las masas y la revolución. En su nuevo libro, James Kwak cita a Keynes: “En su mayor parte, creo que el capitalismo, gestionado con prudencia, puede probablemente ser más eficiente para alcanzar fines económicos que cualquier sistema alternativo conocido, pero que en sí mismo es en muchos maneras muy objetable. Nuestro problema es desarrollar una organización social que fuera lo más eficiente posible sin ofender nuestras nociones de una vida satisfactoria“.  Comentarios de Kwak : “Ese sigue siendo nuestro reto hoy. Si no podemos resolverlo, las elecciones presidenciales de 2016 (Trump) puede pueden convertirse en un presagio de cosas peores por venir”.  En otras palabras, si no podemos controlar el capitalismo, las cosas pueden ir a peor.

Detrás del miedo a la revolución está el prejuicio burgués de que dar poder a las “masas” implica el fin de la cultura, el progreso científico y el comportamiento civilizado. Sin embargo, fue la lucha de los trabajadores en los últimos 200 años (y antes) la que consiguió todos estos logros de la civilización de los que la burguesía está tan orgullosa. A pesar de Robespierre y de la revolución que ‘devora a sus propios hijos’ (un término introducido por el pro-aristócrata Mallet du Pan y adoptado por el burgués conservador británico, Edmund Burke), la revolución francesa permitió la expansión de la ciencia y la tecnología en Europa. Acabó con el feudalismo, la superstición religiosa y la inquisición e introdujo el código napoleónico. Si no hubiera tenido lugar, Francia habría sufrido más generaciones de despilfarro feudal y declive.

Como celebramos el centenario de la Revolución rusa, podemos considerar la situación hipotética contraria. Si la Revolución rusa no hubiera tenido lugar, el capitalismo ruso se hubiera industrializado quizás un poco, pero se habría convertido en un estado cliente de los capitales británicos, franceses y alemanes y muchos millones más habrían muerto en una guerra mundial inútil y desastrosa en la que Rusia hubiera seguido envuelta. La educación de las masas y el desarrollo de la ciencia y la tecnología se habrían frenado; como ocurrió en China, que se mantuvo en las garras del imperialismo durante otra generación más. Si la revolución china no hubiera tenido lugar en 1949, China hubiera seguido siendo un ‘estado fallido’ comprador, controlada por Japón y las potencias imperialistas y devastada por los señores de la guerra chinos, con una extrema pobreza y atraso.

 

(Texto editado por El Porteño, tomado de El Viejo Topo)

Keynes era el burgués intelectual por excelencia. Su defensa de la ‘civilización’ significaba para él la defensa de la sociedad burguesa. Como él mismo dijo: “la guerra de clases me encontrará en el lado de la burguesía educada.”  No había manera de que apoyase el socialismo, para no hablar de un cambio revolucionario porque prefiriendo el barro a los peces, exalta al proletariado grosero por encima de burgués y los intelectuales que, cualesquiera que sean sus defectos, son la sal de vida y llevan en si las semillas de todo progreso humano”

De hecho, en sus últimos años, alabó desde el punto de vista económico ese capitalismo ‘liberal’ laissez faire que sus seguidores condenan ahora. En 1944, escribió a Friedrich Hayek, el principal ‘neoliberal’ de su tiempo y mentor ideológico del thatcherismo, alabando su libro, El Camino de servidumbre, que sostiene que la planificación económica conduce inevitablemente al totalitarismo: “moral y filosóficamente me encuentro de acuerdo con prácticamente la totalidad de él; y no sólo de acuerdo con él, sino en un acuerdo profundamente conmovido“.

Y Keynes escribió en su último artículo publicado , “me encuentro obligado, y no por primera vez, a recordar a los economistas contemporáneos que la enseñanza clásica encarna algunas verdades permanentes de gran importancia. . . . Hay en estos asuntos profundas influencias actuantes,  fuerzas naturales si se quiere, o incluso la mano invisible, que operan hacia el equilibrio. Si no fuera así, no hubiéramos podido conseguir tantas cosas buenas como hemos hecho durante muchas décadas pasadas”. 

Por lo tanto, vuelven la economía clásica y un mar como un plato. Una vez que la tormenta (o la recesión y la depresión) ha pasado y en el océano reina la calma, la sociedad burguesa puede respirar un suspiro de alivio. Keynes el radical se convirtió en Keynes el conservador después del fin de la Gran Depresión. ¿Los radicales keynesianas se convertirán en economistas ‘ortodoxos’ conservadores cuando termine la Larga Depresión?

Todos estaremos muertos si no acabamos con el modo de producción capitalista. Y ello requerirá una transformación revolucionaria. Las chapuzas reformistas de los supuestos fallos del capitalismo ‘liberal’ no ‘salvarán’ a la civilización, a menos a largo plazo.

 

Sobre el Frente Amplio, ¿Ni de Izquierda, ni de Derecha?

 

por Pepe Burgos//

No es la primera vez que emerge ese discurso en nuestro país, lo hizo la concertación en 1989 en su campaña presidencial de Patricio Aylwin, abandonó su discurso de izquierda, se llenó de nuevos bríos europeos cuando instalan la teoría de la “Renovación Socialista” de los años 80 de Tony Blair y Anthony Guidden. Años más tarde lo hizo La Surda cuando se estaba descomponiendo como propuesta política entre los años 2000 y 2005 y luego terminaron trabajando la campaña de Michelle Bachelet y entraron en masa a su primer gobierno del 2006 al 2010. Si vamos más atrás en la línea del tiempo fue el discurso que levantó Carlos Ibáñez del Campo en 1952 en la campaña presidencial de su segundo gobierno, su estrategia se basaba en no hacerse apoyar ni por la izquierda, ni la derecha clásica…

Levantó una campaña populista que tuviera la demanda de la izquierda del período y la inyección económica que precisaba el empresariado respaldado por la CORFO. De esa manera tenía comiendo de su mano al gallo rojo y al gallo negro. La idea de Carlos Ibáñez del campo era ubicarse en el centro. A los dos años de gobierno ya estaba gobernando para los grandes monopolios, pero por otra parte dejó contento al Partido Comunista al derogar la ley de defensa de la democracia también conocida como la “Ley maldita” que creara Gabriel Gonzales Videla para dejar fuera del parlamento a los Comunistas en 1947 (en plena guerra fría y por mandato del presidente de EE.UU. Harry Truman).

Volviendo al gobierno de Ibáñez del Campo se situó en una posición tercerista (al medio o al centro de las dos grandes posturas: Izquierda Vs Derecha) su objetivo fué ganarse las grandes masas electorales, sobre todo a los sectores más despolitizados, cosa que consiguió sacando un aplastante votación cercana a los 500 mil electores. Superó lejos a la derecha que sacó cerca de 350.mil votos. Allende sacó solo 50 mil votos. Quienes mantenemos viva la memoria histórica de las luchas de nuestro pueblo recordamos la masacre del 2 y 3 Abril de 1957. Ibáñez cerco en el centro de Santiago haciendo una encerrona a los estudiantes que protestaban, instalando nidos de ametralladoras punto 30 en plena Alameda y Mapocho, desato una de las grandes masacres “en período democrático”.

EL FRENTE AMPLIO Y LA ESTATEGIA TERCERISTA

Creo que el Frente Amplio en el actual contexto histórico quiere rescatar la estrategia que utilizó entre 1988 y el 2000 La Concertación que es la postura tercerista, ubicarse al centro del Vs Izquierda-derecha. El objetivo es llegar a los sectores despolitizados que en el actual período que es bastante más de lo que imaginamos, Con una derecha desprestigiada por sus relación con la dictadura y los millonarios negocios de Sebastián Piñera en su gobiernos de 2010 al 2014 y una Nueva Mayoría (ex Concertación democrática) agotada con 5 gobiernos a cuesta que ya no tiene nada que ofrecer. La descomposición de una izquierda institucionalizada como el Partido Socialista y el Partido Comunista coludidos con la corrupción institucional y desprestigiada por sus instrumentos que controlan la CUT para frenar las demandas de los trabajadores. El control que hacen de los instrumentos del Estado para frenan las demandas de las masas.

El Frente amplio no se posiciona, ni se identifican dentro de la izquierda clasista y revolucionaria (que sigue existiendo), sino que se posiciona bajo un contexto reformista (en el buen sentido, sin ser peyorativo) creen, piensan que la institucionalidad chilena permite las reformas. Que basta con las buenas intenciones y los deseos, pero abandonan un análisis de la realidad concreta, histórica. Su apuesta es copar el espacio que abandonó la Concertación o la Nueva Mayoría, la apuesta Tercerista, ubicarse al centro de la lucha de clases, ni a favor de los trabajadores ni a favor de los empresarios. Es resucitar el modelo agotado de los años 80 y 90 de la Renovación Socialista en Europa e importada a Chile y latino América.

Dentro de los grupos que participan de la construcción del Frente Amplio están los teóricos de la Surda, también están los liberales (ojo son de derecha). De ahí nace la idea que el F.A no debe teñirse de rojo, hay que dar cobertura a la derecha democrática. La derecha liberal que históricamente se ha confrontado con la derecha Conservadora. No olvidemos que durante el período del gobierno de Salvador Allende la derecha Liberal hizo una tregua con la derecha conservadora y, en alianza, impulsaron el Partido nacional que fue el opositor más férreo contra el gobierno de Salvador Allende. La derecha liberal estuvo en contra de Allende y durante la dictadura no sacaron la voz, muchos de ellos participaron del gobierno de Pinochet. Hoy una expresión de esta derecha liberal quiere ocupar un lugar en el Tercerismo que impulsa el Frente Amplio, pero con una exigencia que el F.A no esté controlado por la izquierda….

¿Uno se pregunta a qué obedece esas concesiones a la derecha liberal dentro del Frente Amplio?, si los liberales tienen una insignificante votación. La pregunta queda abierta

2016: La Muerte del Centro Político y el Colapso del Reformismo

 

por Alan Woods

El año 2016 terminó con dos nuevos sucesos dramáticos y sangrientos: el asesinato del embajador ruso en Estambul y el brutal asesinato de personas en Berlín que estaban disfrutando tranquilamente de los preparativos para la Navidad. Estos acontecimientos estaban vinculados a la ciénaga sangrienta de Oriente Medio y más específicamente a Siria.

La caída de Alepo representó un giro decisivo en la situación. Rusia, que se supone había quedado aislada y humillada por la “comunidad internacional” (léase Washington) ahora controla Siria y decide lo que sucede allí. Se convocó una conferencia de paz en Kazajistán a la que no fueron invitados ni los estadounidenses ni los europeos, seguida de un acuerdo de alto el fuego dictado según los términos de Rusia.

De diferentes maneras estos desarrollos expresaban el mismo fenómeno: el viejo orden mundial está muerto y en su lugar nos encontramos ante un futuro de inestabilidad y conflicto, cuyo resultado nadie puede predecir. El año 2016 representó, por tanto, un punto de inflexión en la historia. Ha sido un año marcado por la crisis y la turbulencia a una escala global.

Hace veinticinco años, después de la caída de la Unión Soviética, los defensores del capitalismo estaban eufóricos. Hablaban de la muerte del socialismo y del comunismo, y hasta del final de la historia. Nos prometieron un futuro de paz y prosperidad gracias al triunfo de la economía de libre mercado y de la democracia.

El Liberalismo había triunfado y por lo tanto la historia había llegado a su expresión final en el capitalismo. Ese era el significado esencial de la frase, ahora notoria, de Francis Fukuyama. Pero ahora la rueda de la historia ha dado una vuelta completa. Hoy en día, no queda piedra sobre piedra de aquéllas confiadas predicciones de los estrategas del capital. La historia ha regresado con venganza.

De repente, el mundo parece estar afectado por fenómenos extraños y sin precedentes que desafían todos los intentos de los expertos políticos para explicarlos. El 23 de junio el pueblo de Gran Bretaña votó en un referéndum salir de la Unión Europea –un resultado que nadie esperaba, lo que provocó una conmoción a escala internacional. Pero esto no fue nada en comparación con el tsunami provocado por el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses –un resultado que nadie esperaba, incluyendo el hombre que ganó.

A las pocas horas de la elección de Donald Trump, las calles de las ciudades en todos los Estados Unidos se llenaron de manifestantes. Estos acontecimientos son la confirmación dramática de la inestabilidad que ha afectado al mundo entero. De la noche a la mañana han desaparecido las viejas certezas. Hay un fermento general en la sociedad y una sensación extendida de incertidumbre, que llena a la clase dominante y a sus ideólogos de una profunda aprensión.

Los defensores del liberalismo capitalista se quejan amargamente del auge de políticos como Donald Trump, que representan la antítesis de lo que se conoce como “valores liberales”. Para estas personas el año 2016 parece una pesadilla. Tienen la esperanza de que van a despertar y descubrir que todo fue un sueño, que el ayer retornará y que mañana verán un día mejor. Sin embargo, no habrá un redespertar para el liberalismo burgués ni ningún mañana.

Los comentaristas políticos hablan con pavor del auge de algo que llaman “populismo”, una palabra que es tan elástica que carece de cualquier significado. El uso de una terminología tan amorfa significa simplemente que los que la usan no tienen ni idea de lo que están hablando. En términos etimológicos estrictos, “populismo” no es más que una traducción latina de la palabra griega “demagogia”. El término se aplica con el mismo gusto con que un mal pintor revoca una pared con una gruesa capa de pintura para cubrir sus errores. Se lo utiliza para describir tal amplia variedad de fenómenos políticos que está completamente desprovisto de cualquier contenido real.

Los dirigentes de Podemos y Geert Wilders, Jaroslaw Kaczynski y Evo Morales, Rodrigo Duterte y Hugo Chávez, Jeremy Corbyn y Marine Le Pen –todos son barnizados con la misma brocha populista. Es suficiente comparar el contenido real de estos movimientos, que no son sólo diferentes sino radicalmente antagónicos, para darse cuenta de la futilidad de tal lenguaje. No está calculado para aclarar, sino para confundir, o más correctamente para encubrir la confusión de los estúpidos comentaristas políticos burgueses.

La muerte del liberalismo

En su editorial del 24 de diciembre de 2016 The Economist cantaba un himno de alabanza a su amado liberalismo. Los liberales, nos dice, “creen en las economías y sociedades abiertas, donde se fomenta el libre intercambio de bienes, capitales, personas e ideas y donde las libertades universales están protegidas contra el abuso del Estado por el imperio de la ley”. A tal bella imagen realmente se le debería poner música.

Pero a continuación, el artículo concluye con tristeza que 2016 “ha sido un año de reveses. No sólo por el Brexit y la elección de Donald Trump, sino también por la tragedia de Siria, abandonada a su sufrimiento, y el apoyo generalizado –en Hungría, Polonia y más allá– a la “democracia intolerante”. A medida que la globalización se ha convertido en un agravio, el nacionalismo, e incluso el autoritarismo, han florecido. En Turquía el alivio ante el fracaso de un golpe de estado fue superado por represalias salvajes (y populares). En Filipinas, los votantes eligieron a un presidente que no sólo desplegó escuadrones de la muerte, sino que se jactaba de apretar el gatillo. A la vez que Rusia, que dio de hachazos a la democracia occidental, y China, que justo la semana pasada se burló de EEUU al apoderarse de uno de sus drones marítimos, insisten en que el liberalismo no es más que una tapadera para la expansión occidental”.

El hermoso canto de alabanza a los valores occidentales y al liberalismo ha terminado con una nota agria. The Economist concluye con amargura: “Frente a esta letanía, muchos liberales (del tipo de libre mercado) han perdido los nervios. Algunos han escrito epitafios para el orden liberal y emitido advertencias sobre la amenaza a la democracia. Otros sostienen que, con un pellizco tímido a la ley de inmigración o con un arancel adicional, la vida simplemente volverá a la normalidad”.

Pero la vida no “retornará a la normalidad” simplemente –sino que, más correctamente, entraremos en una nueva etapa de lo que The Economist se refiere como una “nueva normalidad”: Un período sinfín de recortes, austeridad y caída de los niveles de vida. En realidad, hemos estado viviendo en esta nueva normalidad desde hace bastante tiempo. Y de esto se derivan consecuencias muy serias.

La crisis mundial del capitalismo ha creado condiciones que son completamente diferentes a las condiciones que existían (al menos para un puñado de países privilegiados) cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Ese período fue testigo de la mayor fase de expansión de las fuerzas productivas del capitalismo desde la Revolución Industrial. Este fue el suelo sobre el que pudieron florecer los tan cacareados “valores liberales”. El auge económico proporcionó a los capitalistas ganancias suficientes para otorgar concesiones a la clase obrera.

Esa fue la época dorada del reformismo. Pero el actual período es la época, no de las reformas, sino de las contra-reformas. Esto no es el resultado de prejuicios ideológicos, como imaginan algunos tontos reformistas. Es la consecuencia necesaria de la crisis del sistema capitalista que ha alcanzado sus límites. Todo el proceso que se desarrolló durante un período de seis décadas está ahora desenrollándose.

En lugar de las reformas y del aumento de los niveles de vida, la clase obrera de todo el mundo se enfrenta a los recortes, a la austeridad, al desempleo y al empobrecimiento. La degradación de las condiciones de trabajo, de los salarios, de los derechos laborales y de las pensiones recae sobre todo en los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. La idea de la igualdad de la mujer está siendo erosionada por la búsqueda implacable de una mayor rentabilidad. A toda una generación de jóvenes se la está privando de un futuro. Esa es la esencia del presente periodo.

El momento María Antonieta de la élite

A la clase dominante y a sus estrategas les resulta difícil aceptar la realidad de la situación actual y son completamente ciegos a las consecuencias políticas que se derivan de ella. La misma ceguera se puede observar en cada clase dirigente que se enfrenta a la extinción y que se niega a aceptarlo. Como observó correctamente Lenin, un hombre que permanece al borde de un precipicio no razona.

El Financial Times publicó un interesante artículo de Wolfgang Münchau titulado “El momento María Antonieta de la élite”. Comienza como sigue:

“Algunas revoluciones podrían haberse evitado si la vieja guardia sólo se hubiera abstenido de la provocación. No hay ninguna prueba de un incidente del tipo “que coman tarta”.  Parece que esto lo dijo María Antonieta [La leyenda dice que ese fue el comentario de Maria Antonieta cuando le informaron que el pueblo salió a la calle exigiendo pan, NdT]. Suena real. Los Borbones eran difíciles de superar como la quintaesencia del establishment fuera de contacto con la realidad.

“Ellos tienen competencia ahora”.

“Nuestro Establishment democrático liberal mundial se comporta de la misma manera. En un momento en que Gran Bretaña ha votado salir de la UE, en que Donald Trump ha sido elegido presidente de Estados Unidos, y Marine Le Pen está marchando hacia el Palacio del Elíseo, nosotros –los guardianes del orden liberal mundial– seguimos poniendo todo en riesgo”.

La comparación con la Revolución Francesa es muy instructiva. En todas partes la clase dominante y sus “expertos” han demostrado estar completamente fuera de contacto con la situación real de la sociedad. Ellos asumían que el orden de las cosas que surgió del auge económico posterior a la guerra continuaría para siempre. La economía de mercado y la “democracia” burguesa eran los paradigmas incuestionables de la época.

Su complacencia petulante recordaba precisamente a la desafortunada María Antonieta, la reina de Francia. No es en absoluto cierto que su famosa frase fuera pronunciada alguna vez, pero refleja con precisión la mentalidad de una clase dirigente degenerada que no tiene interés en los sufrimientos de la gente común ni en las inevitables consecuencias que se derivan de ellos.

Al final María Antonieta perdió la cabeza y ahora la clase dominante y sus representantes políticos están perdiendo la suya. El artículo del Financial Times sigue:

“¿Por qué está pasando esto? Los macroeconomistas creen que nadie se atrevería a desafiar su autoridad. Los políticos italianos han estado desplegando juegos de poder desde siempre. Y el trabajo de los funcionarios de la UE es encontrar maneras ingeniosas de animar legislaciones y tratados políticamente complicados en las legislaturas nacionales pasadas. A pesar de la apetencia por el poder de la señora Le Pen, del Sr. Grillo y de Geert Wilders del partido de extrema derecha holandés Libertad, el establishment sigue actuando de esta manera. Un regente Borbón, en un momento inusitado de reflexión, se habría echado atrás. Nuestro orden capitalista liberal, con sus instituciones competentes, es constitucionalmente incapaz de hacer eso. Está programado para arriesgarlo todo.

“El curso de acción correcto sería dejar de insultar a los votantes y, más importante, resolver los problemas de un sector financiero fuera de control, de los flujos incontrolados de personas y capitales, y de la distribución desigual de los ingresos. En la zona euro, los líderes políticos encontraron apropiado improvisar con la crisis bancaria y luego con una crisis de la deuda soberana –sólo para encontrarse con que la deuda griega es insostenible y que el sistema bancario italiano está en serios problemas. Ocho años después, todavía hay por ahí inversores que apuestan a un colapso de la zona euro como la conocemos”.

En 1938, Trotsky escribió que la clase dominante se deslizaba por un tobogán hacia el desastre con los ojos cerrados. Las líneas anteriores son una ilustración gráfica de este hecho. Y el Sr. Münchau saca la siguiente conclusión:

“Pero si esto está sucediendo es por la misma razón por la que sucedió en la Francia revolucionaria. Los guardianes del capitalismo occidental, como los Borbones antes que ellos, no han aprendido nada, ni han olvidado nada”.

El colapso del centro

Contrariamente al antiguo prejuicio de los liberales, la conciencia humana no es progresista, sino profundamente conservadora. A la mayoría de las personas no les gusta el cambio. Se aferran obstinadamente a las viejas ideas, prejuicios, religión y moralidad con las que están familiarizadas, y lo que es familiar siempre es más reconfortante que lo que no lo es. La idea del cambio es alarmante, ya que es desconocido. Estos temores están profundamente arraigados en la psique humana y han existido desde tiempo inmemorial.

Sin embargo, el cambio es tan necesario para la supervivencia de la raza humana como lo es para la supervivencia del individuo. La ausencia de cambio es la muerte. El cuerpo humano cambia constantemente desde el momento del nacimiento; todas las células se descomponen, mueren y son reemplazadas por células nuevas. El niño debe desaparecer para que el adulto pueda nacer.

Sin embargo, no es difícil entender la aversión de la gente a cambiar. El hábito, la rutina, la tradición –todas estas cosas son necesarias para el mantenimiento de las normas sociales que sustentan el funcionamiento de la sociedad. Durante un largo período arraigan, condicionando las actividades diarias de millones de hombres y mujeres. Son universalmente aceptadas, al igual que el respeto de las leyes y costumbres, las reglas de la vida política y las instituciones existentes: en una palabra, el status quo.

Existe algo similar en la ciencia. En su profundo y penetrante estudio de La estructura de las revoluciones científicas, Thomas S. Kuhn explica cómo cada periodo en el desarrollo de la ciencia se basa en un modelo existente que es generalmente aceptado y que proporciona un marco necesario para el trabajo científico. Durante mucho tiempo este paradigma responde a un propósito útil. Pero finalmente las pequeñas contradicciones, aparentemente insignificantes, que aparecen conducen eventualmente a la caída del viejo paradigma y a su sustitución por otro nuevo. Esto, según Kuhn, constituye la esencia de una revolución científica.

Exactamente, el mismo proceso dialéctico se produce en la sociedad. Las ideas que han existido durante tanto tiempo y se han endurecido en prejuicios, entran finalmente en conflicto con la realidad existente. En ese momento, una revolución en la conciencia comienza a tener lugar. La gente comienza a cuestionar lo que parecía ser incuestionable. Ideas que eran cómodas porque proporcionaban certezas se hacen añicos sobre la roca de la dura realidad. Por primera vez, la gente comienza a sacudirse las viejas y cómodas ilusiones y a mirar la realidad de frente.

La verdadera causa de los temores de la clase dominante es el colapso del centro político. Lo que estamos viendo en Gran Bretaña, Estados Unidos, España y muchos otros países es una aguda y creciente polarización entre la izquierda y la derecha en la política, que a su vez es simplemente un reflejo de una creciente polarización entre las clases. Esto a su vez es un reflejo de la crisis más profunda que ha habido en la historia del capitalismo.

Durante los últimos cien años, el sistema político de los EE.UU. se basó en dos partidos –los Demócratas y los Republicanos– en el que ambos defendían el mantenimiento del capitalismo y representaban los intereses de los bancos y de las grandes empresas. Esto fue muy bien expresado por Gore Vidal quien escribió que “nuestra República tiene un partido, el partido de la propiedad, con dos alas de derechas”.

Esta fue la sólida base para la estabilidad y la longevidad de lo que los estadounidenses consideraban como “democracia”. En realidad, esta democracia burguesa no era más que una hoja de parra para ocultar la realidad de la dictadura de los banqueros y capitalistas. Ahora bien, este práctico dispositivo está siendo cuestionado y sacudido hasta la médula. Millones de personas están despertando a la realidad de la podredumbre del establishment político y al hecho de que están siendo engañados por aquellos que dicen representarlos. Esta es la condición previa para una revolución social.

Crisis del reformismo

Vemos una situación similar en Gran Bretaña, donde desde hace 100 años los Laboristas y Conservadores se alternaban en el poder, proporcionando el mismo tipo de estabilidad para la clase dominante. El Partido Laborista y el partido Conservador eran dirigidos por sólidos hombres y mujeres respetables en los que se podía confiar para manejar la sociedad en interés de los banqueros y capitalistas de la city de Londres. Pero la elección de Jeremy Corbyn lo ha puesto todo patas arriba.

La clase dominante teme que la llegada masiva de nuevos miembros al Partido Laborista pueda romper el dominio del ala derecha sobre el Laborismo. Eso explica el pánico de la clase dominante y el carácter virulento de la campaña contra Corbyn.

La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Los estrategas del capital se asemejan a los Borbones, pero los líderes reformistas son sólo una pobre imitación de los primeros. Ellos son los más ciegos de entre los ciegos. Los reformistas, tanto de las variedades de derechas como de izquierdas, no comprenden nada de la situación real. A pesar de que se enorgullecen de ser grandes realistas, son el peor tipo de utópicos.

Al igual que los liberales de los cuales no son más que un pálido reflejo, están suspirando por el pasado que ha desaparecido más allá de cualquier regreso. Se quejan amargamente de la injusticia del capitalismo, sin darse cuenta de que las políticas de la burguesía son dictadas por la necesidad económica del capitalismo mismo.

Es una ironía suprema de la historia que los reformistas hayan adoptado totalmente la economía de mercado, precisamente en un momento en el que se está desmoronando ante nuestros propios ojos. Habían aceptado el capitalismo como algo que está dado de una vez para siempre, que no puede ser cuestionado ni, ciertamente, derrocado. El presunto realismo de los reformistas es el realismo de un hombre que trata de persuadir a un tigre de que coma ensaladas en lugar de carne humana. Naturalmente, el realista que ha intentado realizar esta hazaña loable no tuvo éxito en convencer al tigre y terminó el interior de su estómago.

Lo que los reformistas no entienden es que si se acepta el capitalismo también deben aceptarse las leyes del capitalismo. Y en las condiciones modernas eso significa aceptar los recortes y la austeridad. En ninguna parte está la bancarrota del reformismo más claramente expresada que en el hecho de que ya no hablan de socialismo. Ni tampoco hablan de capitalismo. En su lugar, se quejan de los males del “neoliberalismo”, es decir, que no se oponen al capitalismo en sí, sino solamente a un modelo particular de capitalismo. Pero el llamado neoliberalismo no es más que un eufemismo para el capitalismo en el período de crisis.

Los reformistas que imaginan ser grandes realistas están soñando con un retorno a las condiciones del pasado, cuando ese pasado ya ha retrocedido en la historia. El período que ahora se abre será completamente diferente. En las décadas que siguieron a 1945, la lucha de clases en los países capitalistas avanzados se atenuó en cierta medida como consecuencia de las reformas logradas por la clase trabajadora a través de la lucha.

Trotsky explicó hace tiempo que la traición está implícita en el reformismo en todas sus variedades. Con esto no quería decir que los reformistas traicionaran conscientemente a la clase obrera. Hay muchos reformistas honestos, así como un buen número de arribistas corruptos. Pero el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Si acepta el sistema capitalista –como lo hacen todos los reformistas, ya sean de derechas o de izquierdas– seguidamente deben obedecerse las leyes del sistema capitalista. En un período de crisis capitalista, esto significa la inevitabilidad de los recortes y ataques a los niveles de vida.

Esta lección tuvo que ser aprendida por Tsipras y Varoufakis en Grecia. Ellos llegaron al poder con un enorme apoyo popular con un programa anti-austeridad, pero muy rápidamente se les hizo comprender por Merkel y Schäuble que esto no estaba en la agenda. Al final capitularon y dócilmente llevaron a cabo el programa de austeridad dictado por Berlín y Bruselas. Vimos una situación similar en Francia, donde Hollande consiguió una masiva victoria prometiendo un programa anti-austeridad, y a continuación dio un giro de 180º y llevó a cabo recortes aún más profundos que el anterior gobierno de la derecha. El resultado inevitable ha sido el auge de Marine Le Pen y del Frente Nacional.

El capitalismo en un callejón sin salida

En países como los Estados Unidos cada generación desde la Segunda Guerra Mundial podía esperar una mejor calidad de vida que la que tenían sus padres. En las décadas de boom económico los trabajadores se acostumbraron a victorias relativamente fáciles. Los líderes sindicales no tenían que luchar mucho para obtener mejoras económicas. Las reformas fueron consideradas la norma. Hoy fue mejor que ayer y mañana sería mejor que hoy.

En el largo período de auge capitalista, la conciencia de clase de los trabajadores estuvo un tanto mitigada. En lugar de políticas socialistas de clase bien definidas, el movimiento obrero ha sido infectado con ideas extrañas a través de la correa de transmisión de la pequeña burguesía que ha apartado a un lado a los trabajadores y ahogado su voz con las declamaciones estridentes del radicalismo de la clase media.

La llamada corrección política con su mezcolanza de ideas a medio cocinar sacadas de la basura del liberalismo burgués, poco a poco ha sido aceptada incluso en los sindicatos, donde los dirigentes reformistas de derechas se aferran ansiosamente a ella como un sustituto de las políticas de clase y de las ideas socialistas. Los reformistas de izquierdas en particular, han jugado un papel nefasto en este sentido. Se necesitarán los golpes de martillo de los acontecimientos para demoler estos prejuicios que tienen un efecto corrosivo sobre la conciencia.

Pero la crisis del capitalismo no permite tales lujos. La generación actual de jóvenes se enfrentará por primera vez a peores condiciones de vida que las que disfrutaron sus padres. Gradualmente, esta nueva realidad está abriéndose paso en la conciencia de las masas. Esa es la razón del actual fermento de descontento que existe en todos los países y que está adquiriendo un carácter explosivo. Esta es la explicación de los terremotos políticos que han tenido lugar en Gran Bretaña, España, Grecia, Italia, Estados Unidos y muchos otros países. Es un aviso de que se están preparando acontecimientos revolucionarios.

Es cierto que en esta etapa el movimiento se caracteriza por una tremenda confusión ¿Cómo podía ser de otra manera, cuando esas organizaciones y partidos que deberían colocarse a la cabeza de un movimiento para transformar la sociedad, se han transformado en cambio en monstruosos obstáculos en el camino de la clase obrera? Las masas están buscando una manera de salir de la crisis, poniendo a prueba los partidos políticos, los líderes y los programas. Los que no pasan la prueba son arrojados a un lado sin piedad. Hay giros violentos en el frente electoral, tanto a la izquierda como a la derecha. Todo esto es el presagio de un cambio revolucionario.

En retrospectiva, el período de medio siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial será visto como una excepción histórica. Con toda probabilidad, nunca volverá a repetirse la concatenación de circunstancias peculiares que produjeron esa situación. Lo que nos enfrentamos ahora es precisamente a una vuelta al capitalismo normal. La cara sonriente del liberalismo, del reformismo y de la democracia va a ser echada a un lado para revelar la única fisonomía que tiene el capitalismo realmente.

¡Hacia un nuevo Octubre!

Un nuevo período se abre ante nosotros –un periodo de tormenta y tensión que será mucho más similar a la década de 1930 que al período posterior a 1945. Todas las ilusiones del pasado quedarán consumidas en la conciencia de las masas como en una plancha caliente. En un período como éste, la clase obrera tendrá que luchar duro para defender las conquistas del pasado, y en el curso de esta amarga lucha llegará a entender la necesidad de un programa revolucionario cabal. O el capitalismo es derrocado, o un terrible destino le espera a la humanidad. Esa es la única alternativa. Cualquier otro curso de acción es una mentira y un engaño. Es hora de mirar la verdad cara a cara.

Sobre la base del capitalismo enfermo no puede haber salida para la clase obrera y la juventud. Los liberales y reformistas están tratando con todas sus fuerzas de apuntalarlo. Ellos lloriquean sobre la amenaza a la democracia, ocultando el hecho de que la llamada democracia burguesa no es más que una hoja de parra tras la que se esconde la cruda realidad de la dictadura de los bancos y de las grandes empresas. Van a tratar de atraer a la clase obrera a alianzas para “defender la democracia”, pero esto es una farsa hipócrita.

La única fuerza que tiene un interés real en la democracia es la clase obrera misma. La llamada burguesía liberal es incapaz de reacción de combate, lo que se deriva directamente del sistema capitalista en el que basan sus riquezas y privilegios. Fue Obama quien pavimentó el camino para la victoria de Trump, tal como fue Hollande quien ha allanado el camino para el ascenso de Le Pen.

En realidad, el viejo sistema ya está descomponiéndose ante nuestros propios ojos. Los síntomas de su decadencia son evidentes para todos. En todas partes vemos las crisis económicas, la descomposición social, transtornos, guerras, destrucción y caos. Es una imagen terrible, pero se deriva del hecho de que el capitalismo ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida.

No es la primera vez que hemos visto este tipo de cosas. Los mismos síntomas se pueden ver en el período de la decadencia y caída del Imperio Romano y en el período de decadencia de la sociedad feudal. No es casualidad que los hombres y las mujeres en esos días se imaginaran que el fin del mundo se acercaba. Pero lo que se acercaba no era el fin del mundo, sino sólo al final de un sistema económico social particular que había agotado su potencial y se había convertido en un monstruoso obstáculo en el camino del progreso humano.

Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin. Ahora vemos la verdad literal de esta afirmación. Pero junto a los horrores producidos por un sistema decadente y reaccionario hay otra cara de la moneda. Nuestra época es un tiempo de nacimiento, y un período de transición de un período histórico a otro. Dichos períodos se caracterizan siempre por los dolores, que son los dolores de una nueva sociedad que está luchando por nacer, mientras que la vieja sociedad se esfuerza por preservarse estrangulando al niño en el vientre materno.

El viejo mundo se está desplomando. Que está tambaleándose para caer lo indican síntomas inequívocos. La podredumbre se está extendiendo en el orden establecido de las cosas, sus instituciones están colapsando. Los defensores del viejo orden están atrapados por un presentimiento indefinido de algo desconocido. Todas estas cosas presagian que hay algo más que se aproxima.

Este desmoronamiento gradual a pedazos se acelerará por la erupción de la clase obrera en la escena de la historia. Aquellos escépticos que descartaron a la clase trabajadora se verán obligados a comerse sus palabras. Están acumulándose fuerzas volcánicas debajo de la superficie de la sociedad. Las contradicciones se están acumulando hasta el punto que no pueden aguantarse mucho más.

Nuestra tarea es acortar este proceso doloroso y asegurar que el nacimiento se lleve a cabo con el menor sufrimiento posible. Con el fin de hacer esto, es necesario lograr el derrocamiento del actual sistema que se ha convertido en una terrible barrera para el desarrollo de la raza humana y una amenaza para su futuro.

Todos aquellos que están tratando de preservar el viejo orden, de ponerle parches, de reformarlo, para dotarlo de muletas que le permitan renquear durante unos años o décadas más, juegan el papel más reaccionario. Están impidiendo el nacimiento de una nueva sociedad, la única que puede ofrecer un futuro a la humanidad y poner fin a la pesadilla del capitalismo existente.

El Nuevo Mundo que está luchando por nacer se llama socialismo. Es nuestro trabajo asegurar que este nacimiento se lleve a cabo tan pronto como sea posible y con el mínimo posible de dolor y sufrimiento. La manera de lograr este objetivo es construir una fuerte corriente marxista en todo el mundo con cuadros formados y con fuertes vínculos con la clase obrera.

Hace cien años tuvo lugar un acontecimiento que cambió el curso de la historia mundial. En un país semifeudal atrasado en los confines de Europa, la clase obrera se movió para cambiar la sociedad. Nadie esperaba esto, sin embargo. Las condiciones objetivas para una revolución socialista en Rusia parecían ser inexistentes.

Europa estaba en las garras de una terrible guerra. Los trabajadores de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia estaban matándose entre sí en nombre del imperialismo. En tal contexto la consigna: “¡Proletarios de todos los países, uníos!” debía parecer una expresión de amargo sarcasmo. La propia Rusia estaba gobernada por un poderoso régimen autocrático con un gran ejército, una fuerza policial y una policía secreta cuyos tentáculos se extendían a todos los partidos políticos –incluyendo los bolcheviques.

Y, sin embargo, en esta situación aparentemente imposible los obreros de Rusia se movieron para tomar el poder en sus propias manos. Ellos derrocaron al zar y establecieron organismos de poder democráticos, los soviets. Sólo nueve meses después el Partido Bolchevique, que al comienzo de la revolución era una pequeña fuerza de no más de 8.000 miembros, llegó al poder.

Cien años más tarde, los marxistas se enfrentan a la misma tarea que Lenin y Trotsky se enfrentaron en 1917. Nuestras fuerzas son pequeñas y nuestros recursos son escasos, pero estamos armados con el arma más poderosa: el arma de las ideas. Marx decía que las ideas se convierten en una fuerza material cuando se apoderan de la mente de las masas. Durante mucho tiempo, estuvimos luchando contra una poderosa corriente. Pero la marea de la historia fluye ahora firmemente en nuestra dirección.

Ideas que son escuchadas por unos pocos hoy serán recibidas con entusiasmo por millones en el período que ahora se abre. Grandes acontecimientos pueden tener lugar con extrema rapidez, transformando toda la situación. La conciencia de la clase obrera puede cambiar en cuestión de días u horas. Nuestra tarea es preparar a los cuadros para los grandes acontecimientos que se ciernen. Nuestra bandera es la bandera de Octubre. Nuestras ideas son las ideas de Lenin y Trotsky. Esa es la máxima garantía de nuestro éxito.

Londres 5 de enero de 2017/tomado de Lucha de Clases.org, título original “La muerte del liberalismo”

(Fotografía: Juegos Mundiales del Nomad, Kirguistán)