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La diatriba racista de Trump contra los “países agujeros de mierda” expone la conspiración bipartidista contra los inmigrantes

por Barry Grey //

El presidente Donald Trump pronunció el jueves un discurso racista y fascista contra los inmigrantes de los “shithole countries” (países agujeros de mierda), como Haití y los estados de África, durante una reunión bipartidista de la Casa Blanca sobre la “reforma” de la inmigración. Seguir leyendo La diatriba racista de Trump contra los “países agujeros de mierda” expone la conspiración bipartidista contra los inmigrantes

Palestina, la dualidad del proyecto sionista: huir de la opresión racista y reproducirla en un contexto colonial

 

por Gilbert Achcar //

La dualidad entre la posición del oprimido y la del opresor no es rara en la historia. Se observa en particular en el caso de los movimientos nacionales que encarnan la lucha de una nación oprimida por liberarse del colonialismo al tiempo que esa misma nación oprime en su propio país a una minoría –sea esta nacional o racial o religiosa o perteneciente a cualquier otra identidad– y que el movimiento nacional no reconoce esta última opresión o, peor aún, la justifica con algún pretexto, como la acusación a la minoría de constituir una “quinta columna” del colonialismo 1/ Seguir leyendo Palestina, la dualidad del proyecto sionista: huir de la opresión racista y reproducirla en un contexto colonial

Gandhi: misógino, imperialista y antiobrero

por Ravi Mistry//

Mahatma Gandhi, la figura destacada de la campaña nacionalista india contra el dominio colonial británico en la India, es conocida por la mayoría como un antiimperialista, cuyos métodos pacíficos, no violentos, ayudaron a derrocar el dominio británico. Este mito ha sido perpetuado por muchos. La verdad, sin embargo, es que traicionó a aquellos a los que inspiró en la campaña de independencia, defendió abiertamente los intereses imperialistas británicos, consolidó las desigualdades existentes, incluyendo la discriminación de castas, raciales y de género y, en última instancia, su papel ayudó a la desastrosa separación de la India con Pakistán.

Muchas de las controvertidas aseveraciones de Gandhi, como sus comentarios abiertamente racistas sobre el estatus de los africanos, o el apoyo que le brindó a los británicos en la guerra de los Boers, a menudo se asocian a errores de juventud, que con el tiempo llegaría a rectificar. Esto se ha exagerado enormemente, pues Gandhi mantuvo muchos de estos prejuicios a lo largo de toda su vida, así como sus sistemáticos puntos de vista y acciones que siempre estuvieron alejados del proletariado, ya fueran obreros contratados, obreros industriales, “intocables” [la casta en la India que agrupa a los más pobres y marginados, NdT], campesinos o africanos. Sería necesario analizar su desarrollo político dentro de esta perspectiva.

Mohandas Karmadas Gandhi nació el 2 de octubre de 1869 en Porbandar, una ciudad del entonces estado principesco de Kathiawar, en el actual estado de Gujarat (India). Nació en el seno de una familia rica, perteneciente a la casta Bania (comerciante). Se casó con Kastur Kapadia a la edad de 13 años y se fue a estudiar a Rajkot. Su padre era el diwan (primer ministro) de un rajá local (rey), así que la familia disponía de una situación adinerada para enviar al joven Gandhi a Gran Bretaña, donde estudió Derecho en el University College de Londres.

Gandhi pertenecía a la clase profesional educada británica, que iba a dirigir la campaña india de la independencia en nombre de la burguesía nativa. Los otros líderes famosos del movimiento de la independencia tomaron una trayectoria similar, tal como Mohammed Ali Jinnah, Jawaharlal Nehru, R. Ambedkar y Vallabhbhai Patel, por citar solamente algunos nombres.

Gandhi en Sudáfrica

Tratando de establecerse sin éxito como abogado en Bombay, aceptó un trabajo en Natal, Sudáfrica, en la compañía india de un amigo empresario de Porbandar, Dada Abdulla. Llegó a la edad de 24 años, en mayo de 1893, con un contrato de trabajo de un año y un generoso salario de 105 libras, gastos de manutención y pasaje de primera clase. Es aquí donde Gandhi se enfrentó al racismo del Imperio de manera más palpable y donde primero desarrolló sus ideas de protesta no violenta. Sin embargo, también fue aquí donde afloraron sus prejuicios de clase y raciales contra sus compañeros indios y africanos, apoyando lealmente los intereses imperialistas británicos.

La población de Natal en 1893 era de 584.326 personas, compuesta por un 8% de blancos, 6% de indios y un 85% de zulúes. Gandhi experimentó  inmediatamente esta inestabilidad racial. Se le pidió que se quitara el turbante cuando fue a la corte, a lo que se negó abandonando el edificio. Dos semanas más tarde, protagonizó el famoso incidente en el que fue expulsado forzosamente de un tren en Pietermartizburg por negarse a desalojar un vagón de primera clase, porque un pasajero blanco desaprobaba compartir el compartimento con un coolie indio (emigrante). Poco después, viajando en una diligencia, fue golpeado por el conductor porque se negó a ceder su asiento a un pasajero de piel blanca.

A Gandhi también se le negó la estancia en varios hoteles, tomando conciencia rápidamente del estatus de segunda clase de sus compañeros indios en la colonia. A los indios se les impedía caminar en las aceras y se los obligaba a usar entradas en los establecimientos diferentes a las de los blancos. Estas restricciones iban aumentando, especialmente porque la población blanca temía que los inmigrantes indios compitieran con los negocios de los blancos y menoscabaran a los trabajadores blancos. Desde el principio fue muy consciente de las numerosas desigualdades que sufrían, no sólo los indios, sino también la población indígena zulú.

En ese contexto, optó por posicionarse del lado de sus opresores, mostrándoles lealtad y servilismo, y entrando en el juego paternalista blanco, en lugar de atacar estas injusticias directamente con el fin de lograr la igualdad con la población blanca del imperio. Intentó separar a los siervos indios de los indios pequeñoburgueses y burgueses como él, a través de la lógica del Imperio.

En uno de sus escritos de 1895 prometía lealtad a la Corona británica en nombre de los indios y citaba las ideas de los archi-imperialistas Cecil Rhodes y Lord Milner de “igualdad de derechos para los hombres civilizados” para los propietarios indios. Los «hombres civilizados» no incluían a los trabajadores migrantes que llegaron a Natal con contratos de cinco años, sufriendo condiciones de vida y trabajo horribles, a quienes Gandhi describió como “mis compatriotas mudos e indefensos”. En diciembre de 1895, declaró que los indios propietarios de bienes “no tienen ningún deseo de ver puestos a los indios ignorantes, de quienes no se puede esperar que entiendan el valor de la votación, en el “censo electoral”.

Este modo de separarse de otros grupos oprimidos es aún más claro cuando se trata de la condición de los africanos. Gandhi promovió activamente la segregación racial, ya que utilizó las ideas del siglo XIX sobre la raza para afirmar que los indios descendían de los arios, lo que los separaba y situaba por encima de los africanos. Gandhi creía que a los indios se los maltrataba porque los blancos los veían de la misma forma que a los africanos, por lo que hizo todo lo posible para separar a los indios de los africanos, y así lo afirmó claramente:

“Los europeos desearían degradarnos al nivel del simple Kaffir, cuya ocupación es la caza y cuya única ambición es acumular un cierto número de ganado para comprar una esposa y, luego, pasar su vida en la indolencia y la desnudez”. (Obras Completas de Mahatma Gandhi, Vol. 1)

Gandhi ayudó a fundar el Partido Indio del Congreso de Natal en 1894, promoviendo dicha separación con la petición –que consiguió– de que hubiera entradas diferentes para los indios en la oficina de correos de Durban. Si antes había dos: una para los blancos y otra para los “hombres de color”, ahora había tres: una para los blancos, una para los asiáticos y otra para los nativos. De manera similar, en mayo de 1895, en una petición de los indios de Transvaal al secretario colonial británico, Lord Ripon, sobre la cuestión de los pasajes de primera y segunda clase para los indios en los ferrocarriles, se lamentaba de que “los indios se agrupen en el mismo compartimiento con los nativos”.

Gandhi mantuvo estas observaciones y acciones durante su tiempo en Sudáfrica. En respuesta a las apelaciones de la Liga Blanca contra la inmigración india y la propuesta sobre inmigración china en 1903, declaró: “Creemos también que la raza blanca de Sudáfrica debería ser la raza predominante”. Aunque algunos tienen en cuenta estas afirmaciones, a menudo se dice que Gandhi cambió sus puntos de vista más adelante cuando inició su lucha contra el Imperio, pero esto no es necesariamente cierto. Si bien defendió más tarde el nacionalismo cultural africano, como vestirse con trajes africanos nativos, también criticó a los socialistas indios por llevar a cabo una lucha común con la causa africana, queriendo mantener separados los intereses de la India.

Durante su época en Sudáfrica, Gandhi desarrolló y practicó el método de “resistencia pasiva”, con motivo de la promulgación de una serie de leyes restrictivas que atacaban directamente los derechos de los indios. Una de las más polémicas fue la llamada “Ley Negra” en Transvaal: con ella se pretendía poner fin a la inmigración india y se obligaba a todos los hombres indios mayores de 8 años a registrarse.

Cerca de tres mil indios se comprometieron a desafiar la ley promulgada, sufriendo castigos de prisión repetidos durante el tiempo que Gandhi trató sin éxito de negociar con el gobierno la retirada de la ley. Es aquí donde Gandhi comenzó su campaña de resistencia pasiva. Miles de indios fueron encarcelados. Sin embargo, iba a traicionar a aquellos que habían sacrificado su poca libertad al aceptar un acuerdo mediocre con el general Jan Smuts, líder de Transvaal, en las primeras muestras de llegar a una concesión. Los indios ricos y educados quedaban exentos, el resto se registraría voluntariamente en vez de ser obligados a hacerlo. Gandhi vio en esto una victoria al no haber coacción y al considerar legítima la barrera de clases, ya que no estaba basada en la raza. Provocó fuerte indignación entre las miles de personas que se habían sacrificado sufriendo encarcelamiento.

Dichas leyes restrictivas continuaron existiendo, incluyendo un impuesto anual de 3 libras y el no reconocimiento de los matrimonios no cristianos. No estaba claro si los siervos indios [peones y trabajadores no remunerados, NdE] y sus familias, los que vinieron después de 1895, tenían plenos derechos de residencia; a los indios se les negaba el acceso al Estado Libre de Orange (la actual provincia de Free State Province), y siguieron imponiéndose estrictas restricciones al comercio, a las licencias y a la inmigración. Gandhi, a pesar de haber estado al servicio de los británicos y haber tratado de efectuar cambios, tanto constitucionalmente como a través de actos de desobediencia civil moderados, no logró encontrarle una solución concreta a ninguno de estos agravios y ataques a la comunidad india en Sudáfrica.

En 1913, se aprobó otra ley de inmigración que restringía la libre circulación de los indios, y a pesar del fracaso de las sucesivas campañas de resistencia pasiva, la de 1913 resultó ser decisiva. Los partidarios de la resistencia pasiva que sufrirían penas de cárcel incluían ahora a mujeres y a más participantes en general; sin embargo, los mineros indios y los trabajadores contratados libraron una lucha contundente para sorpresa de Gandhi. A pesar de calificarlos de “ignorantes” y desconfiar de su poder político, utilizó su apoyo junto al de los siervos, a medida que se extendía una campaña de masas a través de todo el país contra los numerosos agravios.

Los disturbios, las huelgas de los mineros y de los siervos, la resistencia pasiva, y la presión extranjera ejercida por blancos que les daban su apoyo, obligaron finalmente al gobierno a otorgar concesiones. Finalmente, se aprobó un proyecto de ley que derogaba el impuesto de 3 libras, legitimaba los matrimonios no cristianos y el derecho de residencia durante tres años, pero también dejaba a la policía libre de cargos por cualquier acto ilícito que hubiera podido cometer durante la lucha. Otras muchas restricciones permanecieron, entre ellas la de la entrada al Estado Libre de Orange, la inmigración a Sudáfrica o las restricciones comerciales.

Hay que señalar que en esta lucha, Gandhi denunció la idea de que los mineros indios se vincularan con los africanos. Al mismo tiempo, los mineros indios dijeron no estar luchando con Gandhi, afirmando que él no era su líder y, de hecho, actuaron al margen de su dirección, como la mayoría de los trabajadores siervos. La resistencia pasiva sin el respaldo de la clase obrera india no había conseguido nada previamente; Gandhi aceptó rápidamente las mínimas concesiones para conseguir un acuerdo lo antes posible. Regresaría a la India como un héroe, pero la gran ironía es que su mayor éxito fue debido a la fuerza y ​​ solidaridad de la clase obrera india, no a la de los satyagrahi (partidarios del “apego o devoción a la verdad”), aquellos que siguieron su ideología puritana y dirección.

Hind Swaraj, Gandhismo y la resistencia pasiva

En 1909, en el viaje en barco de regreso a Sudáfrica desde Londres, Gandhi escribe un texto con el título de Hind Swaraj, en el que describe de manera concisa y clara sus puntos de vista filosóficos. Su contenido es esencialmente utópico y reaccionario. Se posiciona contra la civilización moderna, que representan los británicos, médicos, ferrocarriles y abogados, y que describe como “el reino de Satanás”, en contraste con la “civilización antigua, reino de Dios”.

Sostiene que para obtener el verdadero “Swaraj” (autogobierno), el Estado no sólo debe ser reemplazado por los indios a todos los niveles, sino que debe ser completamente transformado. Argumenta contra el aprendizaje de la mayoría de las ciencias a favor de la educación religiosa, que debe ocupar la mayor prioridad. A su vez, establece el camino de la resistencia pasiva (‘satyagraha’) como medio para lograrlo, en contraposición con el armamento de las masas, que es visto como una concepción extranjera europea. Afirma que la resistencia pasiva requiere pobreza y castidad, para crear un cuerpo sin miedo dispuesto a sacrificarse.

Casi todo lo que escribe en este libro está repleto de una gran incoherencia, ya que Gandhi se benefició de una educación británica, viajó ampliamente en ferrocarriles y barcos de vapor británicos y llegó él mismo a ser abogado. Gandhi también frecuentaba los clubes coloniales donde buscaba el apoyo para sus campañas y experimentos entre la clase industrial capitalista nativa y simpatizantes europeos. La búsqueda de tal apoyo fue la razón por la que él mismo se estableció en Ahmedabad, la capital industrial de Gujarat. Entre sus compañeros nacionalistas, los puntos de vista de Gandhi expuestos en Hind Swaraj resultaban extraños, reaccionarios y confusos.

Gandhi intentó poner en práctica su utopía filosófica creando comunidades cooperativas (ashram), pero incluso a una escala tan pequeña fue difícil su funcionamiento. Gandhi utilizó un control autoritario para tratar de aplicar una utopía comunal, con una estricta dieta vegetariana sin sal, ghee, ni leche; celibato para todos; viviendas separadas para hombres y mujeres, cocina y vida comunal entre las castas y las religiones. Pero a pesar de estos ideales comunales, en la práctica los hindúes seguían esterilizando los cubiertos usados ​​por los musulmanes; la esposa de Gandhi, Kasturba, se oponía a limpiar los orinales, y perceptiblemente, no se admitió a ningún africano. Millie Polak, quien residió en “La granja de Tolstói” (la primera comunidad cooperativa que fue creada), escribió:

“El señor Gandhi nunca supo que el té y el café, el azúcar y la sal, y una docena de otras cosas deliciosas, pero prohibidas, fueron introducidas clandestinamente en la Granja y consumidas allí”. (Millie Polak: El Sr. Gandhi: El hombre. 1931)

También es irónico que los ashram de Gandhi, desde “La granja de Tolstói” al ashram de Sabarmati, en Ahmedabad, dependieran de las donaciones de los ricos capitalistas europeos e indios, para crear un espacio de austeridad y armonía comunal autosuficiente.

Gandhi y Ahmisa (no violencia)

Uno de los mitos que imperan sobre Ganghi es su visión pacifista y no violenta. Esta creencia ha sido perpetuada por los académicos, el Estado indio y la cultura popular en general. Se contradice, sin embargo, con sus acciones y declaraciones, que apoyaron sin tapujos la violencia colonial, el asesinato y la guerra.

Mientras Gandhi estuvo en Sudáfrica, se libraron dos brutales conflictos imperiales a favor del imperialismo británico. Ambos conflictos no sólo fueron apoyados por Gandhi abiertamente, sino que los vio como oportunidades para probar el valor de los indios en Sudáfrica.

Sudáfrica se dividió entre los británicos y los holandeses Afrikaners, conocidos como Boers, que literalmente significa agricultor. La segunda de las guerras tuvo lugar en el área Boer de Transvaal, que contaba con una de las mayores reservas de oro. Además, con el nuevo ferrocarril de Delagoa Bay, los Boers podían prescindir de los puertos británicos; las importaciones alemanas y las finanzas europeas, a su vez, aumentaban significativamente hacia finales del siglo XIX. Los capitalistas británicos y los terratenientes sudafricanos, que veían en esto un motivo de mayor preocupación, acabaron desatando una guerra, el 11 de octubre de 1899, con el único objetivo de proteger y expandir los intereses imperiales británicos.

En este contexto, Gandhi trató por todos los medios de ayudar a la causa imperial británica, declarando al Secretario colonial que los indios mostraban “un afán extremo por servir a nuestro Soberano”, y pidiendo ser ubicados en los hospitales del frente. Debido a las primeras victorias de los Boer, los británicos aceptaron la oferta de Gandhi. También estuvo a cargo de la creación de un fondo patriótico de guerra y mantuvo su lealtad a pesar de la brutalidad de la guerra. Más tarde, se crearon campamentos de concentración cuando los Boers procedieron a la guerra de guerrillas. 28.000 Boers(incluyendo 22.000 niños) y 20.000 africanos murieron. Esto no pareció preocupar a Gandhi, en su lugar, felicitó a los británicos por su victoria, pidió el chocolate de Queens (que se les daba a los soldados blancos), y repartió certificados para dejar constancia de la participación de los indios en la guerra. No recibiría a cambio ninguna concesión política para los indios.

A pesar de no recibir nada, Gandhi continuó demostrando sin piedad su lealtad incondicional al Imperio, durante el brutal aplastamiento de la rebelión de Bhambatha de 1906 (la segunda guerra zulú). Tanto los Boers como los británicos habían desposeído violentamente a los zulúes de sus tierras. Con el fin de forzarlos a convertirse en obreros, se impuso un impuesto de 1 libra a todos los hombres zulúes que no hubieran pagado todavía el impuesto de cabaña. Bhambatha ka Mancinza, jefe del clan Zondi, lideró una lucha que comenzó atacando a una patrulla de la policía, matando a tres. En represalia, los británicos comenzaron una campaña brutal para acabar con la rebelión, en la que murieron casi cuatro mil zulúes, siete mil fueron encarcelados y decenas de miles quedaron sin hogar o fueron obligados, como querían los británicos, a convertirse en trabajadores de las minas del Imperio, de los agricultores blancos y otras industrias. (Shula Marks: La Historia de Cambridge de Sudáfrica, 2011)

Gandhi apoyó abiertamente a los británicos en aplastar el levantamiento y menospreciar a los zulúes por rebelarse. Pretendía demostrar que los indios eran tan “civilizados” e iguales como los blancos, así como súbditos leales del Imperio. La rebelión de los zulúes contra el imperialismo británico era una oportunidad para demostrarlo. Un editorial de 1905 publicado en el periódico fundado por Gandhi, Indian Opinion, afirmaba de manera llamativa que la sociedad zulú era “tratada excesivamente bien” por los británicos y que un “pequeño impuesto razonable extra no haría daño … en la mayoría de los casos, obligaría al nativo a trabajar unos días más al año”. (Desai y Vahed: El Gandhi sudafricano, 2015)

Refiriéndose al ofrecimiento del apoyo de los indios a los británicos, Gandhi escribió que “más de cien mil indios en Natal demostraron que pueden hacer un trabajo muy eficiente en tiempo de guerra…”. Los indios “no aspiran a ningún poder político en la colonia” y el gobierno debe aprovechar la oportunidad para “convertir una comunidad hasta ahora descuidada en un activo permanente y más valioso del Estado”. (Obras Completas de Mahatma Gandhi, Vol. 5, )

Ni siquiera podría decirse que Gandhi fue un hombre de su tiempo. El imperialista, Winston Churchill, se pronunció incluso contra la guerra. A Gandhi no pareció importarle la barbarie de la guerra e, incluso, tuvo el valor de escribir al gobernador colonial un año después de salir en defensa de los indios, para que pudieran servir en el ejército. Gandhi continuó ofreciendo su apoyo incondicional al imperialismo británico, dando no sólo un apoyo continuado durante la Primera Guerra Mundial, sino también reclutando activamente a soldados indios para la causa.

La hipocresía llega a ser mayor al comprobar que, a medida que progresaba la guerra, Gandhi comenzó a dirigir los levantamientos campesinos entre los trabajadores de índigo en Champaran, en 1916, y entre los campesinos del distrito de Jeda (1917-18) en su Gujarat natal. Gandhi y muchos de sus seguidores alentaron a estos campesinos para que desafiaran al gobierno británico, boicoteando el pago de las rentas, y fomentaron activamente el fermento contra el gobierno colonial británico.

Dirigiéndose a los campesinos en el distrito de Jeda, en 1918, dijo:

“Nuestra lucha no es sólo para asegurar la suspensión de los impuestos de la tierra … En verdad, estamos luchando por el bien de la importante cuestión que está involucrada en ella. Es la cuestión del gobierno democrático. La gente ha despertado y ha empezado a entender sus derechos. Una plena comprensión de estos derechos es lo que se entiende por Swaraj. “(Obras Completas de Mahatma Gandhi, Vol. 14)

La protesta campesina en Jeda fue resuelta discretamente a mediados de 1918 y fue considerada como una victoria. Sin embargo, durante el tiempo de la revuelta, Gandhi fue convocado en Delhi para reunirse con el virrey, con el fin de restablecer su apoyo al esfuerzo de guerra. Incluso en esta etapa, siendo muy consciente de la guerra sangrienta y violenta que se libraba, Gandhi, de nuevo, respaldó pública y abiertamente a los británicos. A pesar de luchar por los campesinos, de escribir Hind Swaraj, y hacer su voto de celibato y no violencia, Gandhi no sólo reiteró su apoyo a la Primera Guerra Mundial, sino que tuvo el valor de regresar al distrito de Jeda, donde los campesinos habían estado luchando contra los colonos británicos, para reclutar a soldados indios para luchar del lado de los imperialistas británicos en la guerra. ¡Incluso llegó a decir que los acompañaría  al frente en Europa!

Los mismos campesinos que unas semanas antes se sentían fascinados, se mostraban ahora confundidos e indignados. Cuando se le preguntó acerca de su postura sobre la no violencia, dijo que no llevaría armas. Él y otros de sus seguidores se dispusieron a reclutar soldados, aunque ninguno tuvo que luchar en la guerra, pues esta terminó cuando se disponían a empezar el adiestramiento.

El uso de la protesta no violenta por Gandhi, no sólo era una forma de mostrar quién era el oprimido, sino también un medio para controlar la combatividad tanto de la clase obrera como del campesinado. Tal combatividad se hizo más visible con los disturbios de Chauri-Chaura, donde un grupo de manifestantes del movimiento de no cooperación de 1920-22 (iniciado y dirigido por Gandhi), incendió una comisaría de policía matando a 22 gendarmes. Gandhi usó esto como una excusa para poner fin al movimiento, obstaculizar la causa de la independencia y frenar el empuje que ésta había iniciado.

A pesar de su prédica constante de la no violencia durante las protestas contra el colonialismo británico en la India, Gandhi la instigó activamente en el movimiento “Quit India” de 1942, cuando el Partido del Congreso fue expulsado del poder en el gobierno provincial, y sus principales miembros, incluido Gandhi, encarcelados. En medio de la Segunda Guerra Mundial, Gandhi pronunció su famosa frase, “hacer o morir”, y su fiel aliado, Vallabhbhai Patel, declaró en más de una ocasión a los congresistas que:

“Si ocurrieran casos como el de Viramgam o se suprimiera la línea de ferrocarril o asesinara a un inglés, la lucha no se detendría …. Atacad con valentía, incluso a costa de la violencia… Deberíais dejar de lado el programa constructivo y estar listo para llevar a cabo las órdenes de Gandhi. Los actos de violencia incluso del tipo de Chauri Chaura no detendrán el movimiento”. (David Hardiman: Historias de los Subordinados, 2006)

La idea de que Gandhi era un hombre de paz es claramente risible. Reclamó activamente el apoyo a tres violentos conflictos imperiales en nombre del Imperio, aplastó las rebeliones y la militancia de las masas indias bajo el disfraz de la no violencia, para al final instar a dicha violencia en 1942. En sus propias palabras , declaró en 1920:

“En mi humilde opinión, ningún indio ha cooperado más que yo con el gobierno británico, durante veintinueve años ininterrumpidos de vida pública, en circunstancias que bien podrían haber convertido a cualquier otro hombre en un rebelde”. (Obras Completas de Mahatma Gandhi, Vol. 14)

Gandhi y el movimiento nacionalista indio

Cuando Gandhi regresó a la India en enero de 1915, su liderazgo entre la comunidad india y las luchas que había dirigido en Sudáfrica lo habían convertido en un dirigente del país, condición que pocos líderes indios tenían en aquel momento. Esto, junto con el creciente radicalismo por las condiciones de la Primera Guerra Mundial, que esencialmente expoliaban los recursos de la India; con un Estado cada vez más intrusivo y la creciente represión del gobierno a cualquier disensión, hizo emerger la figura del Mahatma y expresar esta ira a través de la demanda del Swaraj (autogobierno). Durante esta fase, los líderes nativos de la burguesía esperaban obtener el poder dentro del imperio, concediendo a la India el mismo estatus del que se beneficiaban las colonias blancas de Australia y Canadá.

Gandhi atrajo un seguimiento masivo debido a estas condiciones, su forma de desobediencia civil le permitió expresar a una capa cada vez más radical de campesinos y capas pequeño-burguesas su resentimiento. Su humilde apariencia convenció a muchos de que era un “hombre del pueblo” y conectó con una multitud a la que alentó a forjar una lucha contra leyes y decretos específicos. Millones de personas que buscaban una expresión contra su opresión fueron atraídas por el movimiento nacionalista, conectando su lucha con el objetivo específico del Swaraj.

La primera tentativa nacional surgió en 1919 con el Rowlatt Satyagraha: una campaña de resistencia pasiva contra la llamada ley de Rowlatt. Dicha ley suprimía derechos civiles, como el juicio sin detención de hasta dos años, ya que los británicos temían un movimiento revolucionario como el de la Revolución Rusa. La campaña hizo un llamamiento a la huelga de negocios, no de trabajadores (!) el 6 de abril. Gandhi declaró específicamente que, “los empleados que deban trabajar incluso el domingo, sólo pueden suspender el trabajo después de obtener una licencia previa de sus patrones”.

A pesar de las restricciones de Gandhi, muchos no las respetaron y terminaron tomando iniciativas por su propia cuenta, en algunas ocasiones provocando disturbios, especialmente después de que se propagaran rumores sobre la detención de Gandhi. Los disturbios se fueron extendiendo entre un campesinado y una clase obrera radicalmente politizados, que atacaban símbolos del dominio colonial (por ejemplo, las líneas de ferrocarril y postes de telégrafos); Gandhi se puso inmediatamente del lado de los británicos e hizo todo lo que pudo para calmar la situación. Los que protestaron fueron arrestados o multados, sin que Gandhi opusiera resistencia alguna a tales castigos.

El movimiento nacionalista se consolidó más tarde bajo el gobierno de Gandhi a través del Congreso Nacional de la India, el principal partido nacionalista burgués nativo en el sur de Asia. En septiembre de 1920, Gandhi hizo un llamamiento para crear un movimiento nacional de no-cooperación con los británicos, hasta que se concediera la soberanía. Para entonces, Gandhi se había consolidado como el principal líder nacionalista de la India, convirtiéndose en el presidente del Congreso. Había unido a la gran mayoría de los líderes burgueses musulmanes, conectando el movimiento de no cooperación con el movimiento Jalifat contra las acciones británicas en el Imperio Otomano. Se podría decir que Gandhi promovió la causa nacionalista, al menos políticamente, entre los burgueses nativos de toda la India. Sin embargo, al final acabaría traicionando la campaña para ponerse del lado de los británicos, como lo siguió haciendo durante su carrera política.

Las demandas propuestas por Gandhi durante el movimiento de no cooperación no estuvieron respaldadas por acciones radicales, como requería dicha tarea. Gandhi hizo un llamamiento para boicotear los tejidos extranjeros, las posiciones gubernamentales, escuelas y otras instituciones similares dirigidas directamente por los británicos; pero también exigió sus propias medidas puritanas tales como organizar piquetes en las licorerías. Estas acciones no fueron aceptadas por todos. Pero comenzaron a aglutinar a una militancia de obreros y campesinos, muchos de los cuales fueron arrestados.

Los taimados llamamientos de Gandhi obligaron a los trabajadores y campesinos a tomar la iniciativa por su cuenta, luchando contra sus propias condiciones de opresión, lo que inevitablemente acabó en disturbios. El 4 de febrero de 1922, en Uttar Pradesh, 22 policías fueron asesinados durante unos disturbios en Chauri Chaura, el movimiento de la no-cooperación había aglutinado a una gran militancia. Gandhi volvió a usar la excusa de la violencia para posicionarse del lado del gobierno colonial, y detuvo el movimiento que había iniciado. Esto al final retrasó la causa de la independencia durante décadas.

Gandhi fue arrestado durante dos años y no se involucró en el movimiento nacionalista hasta finales de los años veinte. Cuando volvió a entrar en la política nacional, se opuso a la declaración de Purna Swaraj (independencia total de la India) en 1927 y la detuvo, a iniciativa de Subash Chandra Bose y de Jawaharlal Nehru, ambos bajo la influencia del comunista indio, Bhaghat Singh, que reclamaba la independencia total. La Purna Swaraj se retrasó hasta enero de 1929 con la petición de que para entonces el gobierno británico habría otorgado el estatuto de autonomía a la India, algo que Gandhi sabía que no concedería; de nuevo se volvería a lanzar una campaña de desobediencia civil.

Durante este período, ante la ausencia de una campaña de independencia secular radical, el movimiento se fragmentó en facciones religiosas cada vez mayores, impulsadas por grupos reaccionarios reformistas y nacionalistas religiosos. Éstos sembraron las semillas para la posterior partición de la India. Gandhi tuvo mucho que ver en esto en gran medida, liderando una campaña religiosa puritana con sus llamamientos al “trabajo constructivo” y la autosuficiencia; invocando a dioses hindúes de la casta alta como Ram, el Bhagvad Gita, y tratando a los grupos religiosos como comunidades separadas. Esto contribuyó a dibujar una imagen del partido del Congreso como un partido dominado por las castas superiores hindúes –y en verdad lo era. Esta división, especialmente con respecto a los musulmanes, se ilustró vívidamente en la famosa marcha de la sal en Gujarat, en 1930, donde apenas se hicieron visibles o participaron.

El gobierno provincial había sido concedido en 1935, después de muchas décadas de lucha de las masas indias, no por el liderazgo de Gandhi. Sin embargo, los británicos todavía mantuvieron el pleno derecho de control, que se ejerció debidamente con el inicio de la Segunda Guerra Mundial. La última gran contribución de Gandhi al movimiento nacionalista fue su llamamiento al pueblo indio a “hacer o morir” bajo el movimiento “Salid de India”. Irónicamente, hizo un llamamiento a un levantamiento violento, que fue brutalmente aplastado por los británicos, especialmente en el Uttar Pradesh y Bihar, a medida que los británicos perdían el control en ciertas áreas. Gandhi, sin embargo, no tenía ninguna intención de liderar ninguna lucha armada, y su llamamiento fue en gran medida una misión suicida para los millones de personas a las que estaba pidiendo sacrificar sus vidas. Así quedó patente en el caso de Subash Chandra Bose, que se vio obligado a abandonar el Congreso a causa de Gandhi, y dirigió una fuerza de liberación armada a favor de la independencia, algo que Gandhi no apoyó.

La intención de Gandhi fue siempre la de asegurar una transferencia de poder pacífica a la burguesía india. Sin embargo, su temor a la clase obrera y a los campesinos lo llevó a unirse al gobierno colonial y retrasar la victoria de la independencia durante décadas. Esta contradicción de proteger la propiedad privada de la burguesía nativa, al mismo tiempo que también movilizaba a trabajadores y campesinos por la causa nacionalista, caracterizó la naturaleza del movimiento nacionalista indio bajo la dirección de Gandhi. Así se expresaba Trotsky a los trabajadores indios en 1939:

“La burguesía india es incapaz de dirigir una lucha revolucionaria. Están íntimamente ligados y dependientes del capitalismo británico. Tiemblan por su propia propiedad. Tienen miedo de las masas. Buscan compromisos con el imperialismo británico sin importar el precio y acallan a las masas indias con esperanzas de reformas desde arriba. El líder y profeta de esta burguesía es Gandhi. ¡Un falso líder y un falso profeta! “(León Trotsky: Carta abierta a los trabajadores de la India, New International, 1939)

Gandhi y la clase obrera

Mahatma Gandhi se abstuvo continuamente de comprometerse con la clase obrera en las ciudades industriales de la India. A pesar de ser una minoría de la población, fueron los trabajadores los que constituyeron la fuerza social y política más progresista de la India colonial. Esto se demostró a través de su solidaridad de clase y comunal, como en las huelgas y negociación colectiva para mejorar sus condiciones de trabajo, sus derechos y sus salarios; o sus acciones nacionalistas combativas como el motín de la Marina Real India de 1946.

La actitud de Gandhi hacia los trabajadores industriales era paternalista y condescendiente en el mejor de los casos. En 1923, tras la derrota de la huelga general de 65 días, en Ahmedabad, por el recorte salarial del veinte por ciento a los trabajadores de la fábrica de algodón, Gandhi les aconsejó que:

“Los propietarios y los trabajadores deben establecer una relación de padre a hijo.” (Howard Spodeck, Ahmedabad, 2011)

El propio Gandhi era un representante de la burguesía india. En la rara ocasión en que dirigió una huelga de los trabajadores de la fábrica de Ahmedabad, en 1918, lo hizo sólo porque un funcionario colonial le había pedido que interviniera. Los trabajadores protagonizaron una huelga salvaje, forzando un impasse. Cuando se estableció un comité de arbitraje, ninguno de los obreros de la fábrica estaba representado. Además, el presidente de la Asociación de propietarios de molinos, Ambalal Sarabhai, acababa de salvar el ashram Sabarmati de Gandhi con sus generosas donaciones, lo que ponía a Gandhi en una ambigua situación a la hora de representar a la clase trabajadora en una huelga.

Los trabajadores exigieron un aumento del 50% de los salarios, debido a los beneficios sin precedentes de la compañía y a la rápida inflación. Gandhi rebajó la petición al 35% y se limitó a apaciguar a los trabajadores, haciéndoles comprometerse a no “entregarse a travesuras, pelear, robar, saquear o hacer uso de un lenguaje impertinente, o causar daño a la propiedad de los dueños de los molinos”. Durante la lucha, Gandhi incluso tuvo la audacia de conducir en el coche de Ambalal Sarabhai, y también aceptó un almuerzo en su ashram. El creciente descontento y distanciamiento con las tácticas de Gandhi lo obligaron a ayunar por la causa, con el fin de manejar a la militancia obrera. La disputa se resolvió finalmente con la obtención del aumento salarial propuesto por Gandhi.

Allí donde la clase trabajadora demostró su fuerza, unidad comunal y potencial revolucionario, Gandhi trabajó para destruirla activamente. Esto se vio reflejado con mayor claridad durante el motín de la Marina Real India, en febrero de 1946, donde unos 20.000 marineros de las bases navales en todo el país se declararon en huelga, muchos de los cuales izando la bandera roja. El Partido Comunista (PCI), respaldado por los dirigentes socialistas del Congreso, convocó una huelga nacional, en la que unos 300.000 trabajadores paralizaron las fábricas en solidaridad con la ciudad de Bombay. Tal unidad de clase y potencial revolucionario despertaron el temor en la burguesía nativa. El partido del Congreso, mayoritariamente de base hindú, y la Liga musulmana trabajaron mano a mano para aplastar esta unidad comunal y de clase, apenas un año antes de la partición sangrienta. Gandhi condenó la huelga declarando de forma increíble que:

“Una alianza entre hindúes, musulmanes y otros [partidos] con el propósito de realizar una acción violenta, es impía” (Sumit Sarkar: Modern India, 1989)

Gandhi y el campesinado

La mayoría de los indios en la India colonial (alrededor del 90%) provenían de la zona rural, la mayoría de los cuales eran campesinos. El poder británico se mantuvo principalmente gracias a los ingresos de las rentas de las tierras, haciendo del campesinado indio una fuerza potencialmente poderosa. Los principales líderes nacionalistas de la burguesía preferían hacer su labor de agitación entre los campesinos en lugar de la clase obrera, porque muchos se encontraban más aislados y poseían su propia tierra y, por lo tanto, no perjudicarían directamente a las empresas indias.

Los movimientos campesinos, desde los impuestos tributarios hasta los derechos de tierra, tenían una larga historia en la India, muy anterior al movimiento nacionalista. Esto, sin embargo, siempre creó un conflicto de intereses en Gandhi, ya que golpeaba a las relaciones de clase. Por ejemplo, durante el movimiento de no-cooperación en Oudh (ahora Awadh) en Uttar Pradesh, donde una campaña patrocinada por el Congreso alentaba a los inquilinos y zamindaris (propietarios) a no pagar impuestos al gobierno británico, los trabajadores exigieron que los inquilinos se negaran a pagar rentas a los zamindaris –una  provocación directa a la directiva de la dirección del Congreso que buscaba proteger las relaciones de clase existentes. En 1921, el propio Gandhi se vio obligado a intervenir, insistiendo a los campesinos de Faizabad a no ejercer la violencia, ni utilizar un lenguaje insultante o boicotear a los terratenientes.

Incluso durante la exitosa campaña de Bardoli Satyagraha, de 1928, Gandhi trató de amortiguar el espíritu combativo del campesinado. Decididos a luchar, los campesinos buscaron en Gandhi una dirección. Sin embargo, después de meses de lucha, Gandhi y los dirigentes que habían sido elegidos, buscaron un acuerdo privado con el gobierno sobre la cuestión de la tributación de la tierra, en virtud del cual un empresario privado en Bombay pagaría el total del impuesto restante que el distrito le debiera al gobierno. Los campesinos quedaron decepcionados y desilusionados, ya que muchos perdieron sus tierras como resultado de las concesiones hechas por Gandhi. Por otra parte, cuando uno de los aliados más cercanos de Gandhi, Vallabhbhai Patel, pidió a Gandhi que lanzara una campaña radical más amplia de no tributación en toda la India para aplastar al Estado, Gandhi se opuso, afirmando que Satyagraha sólo debería luchar contra agravios específicos. Así, las posturas de Gandhi a menudo fueron las más conservadoras de entre el resto de destacados nacionalistas.

Muchos de los campesinos más combativos sacrificaron sus tierras durante estas revueltas dirigidas por Gandhi, cuando el gobierno confiscó sus parcelas. Esto provocó el distanciamiento con los líderes del Congreso. Así quedó reflejado al no realizarse más convocatorias de desobediencia civil entre el campesinado. También quedó de manifiesto con la formación de Kisan Sabha de India en 1936, la agrupación campesina del Partido Comunista Indio. Muchos campesinos se orientaron hacia este partido al ver que Gandhi y el Congreso no luchaban en interés de los campesinos, sino que representaban al partido de los terratenientes.

Claramente había un potencial revolucionario para una lucha de clases unificada de obreros y campesinos indios; pero sin una dirección revolucionaria que apoyara, coordinara y dirigiera tal lucha a escala nacional, no podría tener lugar una revolución contra el dominio colonial británico. El conservadurismo de Gandhi mientras trataba de comprometerse con el campesinado es un reflejo de las contradicciones de clase que trató de conciliar. Ya sea en Bardoli u Oudh, surgieron contradicciones de clase en las luchas campesinas, en las que Gandhi siempre tomó partido por los intereses de los grandes terratenientes en detrimento de los pequeños y medianos campesinos, y sin tierra. Por eso Gandhi se negó a cualquier intento de forjar una lucha campesina nacional, porque entendía las contradicciones de clase y las implicaciones revolucionarias que habría desatado.

Gandhi y el comunismo

Gandhi se autodenominó socialista, pero sus acciones y creencias fueron contrarias a todo lo que el socialismo moderno representa. Su filosofía, tal como se establece en Hind Swaraj, defiende un retorno a una especie de comunismo primitivo, pero en la práctica estaba ligado completamente a los intereses de la burguesía india. Además, Gandhi temía a la clase obrera y a los comunistas, y usó el disfraz de su filosofía pacífica para desacreditarlos y denunciarlos.

Gandhi percibió la revolución rusa de 1917 y el bolchevismo como un asunto europeo, ajeno y demasiado ateo para liberar el sur de Asia:

“En cuanto que se basa en la violencia y la negación de Dios, me repele…  Soy un oponente intransigente de los métodos violentos, incluso si sirven a la más noble de las causas.” (Anthony Parel: Gandhi, la libertad y el yo).

Esto es sumamente hipócrita, ya que apoyó sin reservas e, incluso, reclutó soldados para la guerra más sangrienta y más violenta de la historia de la humanidad desde el principio hasta el final. Además, cuando se le preguntó acerca de la propiedad privada y los  zamindaris (terratenientes), dejó meridianamente claro su interés de clase:

“Puede estar seguro de que pondré todo el peso de mi influencia en la prevención de la guerra de clases. Suponiendo que hubiera un intento injusto de privarle de su propiedad, me encontraría luchando a su lado”. (Nirmal Bose: Selections From Gandhi)

La aversión de Gandhi a los comunistas fue más allá de las palabras, como se vio en el pacto de Gandhi-Irwin en marzo de 1931, firmado para detener la campaña de desobediencia civil a cambio de negociaciones sobre el estatuto de autonomía. En estas conversaciones, decenas de miles de presos políticos fueron puestos en libertad. Sin embargo, los revolucionarios indios de Punjab: Bhaghat Singh, Sujdev, Udham Singh y Shivaram Rajguru, que habían sido encarcelados como prisioneros políticos, fueron ejecutados. Gandhi ni siquiera condenó estos asesinatos políticos por parte del gobierno colonial, ni se preocupó por su liberación.

Cuando Gandhi llegó al Punjab se encontró con banderas negras y una enorme indignación por su fracaso en asegurar su liberación. Aunque la complicidad de Gandhi nunca ha sido probada de manera concreta, el hecho de haber sido capaz de lograr la liberación de decenas de miles de presos políticos y de estar dispuesto a tomar medidas extremas para alcanzar sus objetivos políticos, como ayunar hasta causarse su propia muerte, ilustra claramente que fue cómplice.

Gandhi, las mujeres y la sexualidad

Las posiciones y el trato hacia las mujeres del joven Gandhi eran muy atrasadas, ya que consideraba a la mujer como el sujeto fiel de su marido. Se puede ver en la relación con su esposa Kasturba, ambos tenían trece años cuando se casaron, cuando da a entender que la violó, al decir: “No tardé en asumir la autoridad de un marido”.

Sus visiones profundamente puritanas y patriarcales quedaron patentes en “La Granja de Tolstói”, en Sudáfrica. Gandhi se sintió molesto al ver a algunos chicos cortejando a dos chicas. Perturbado por esto, les cortó el pelo a las niñas como un castigo para proteger su pureza. Gandhi también estaba en contra de los matrimonios intercomunales, por ejemplo, se opuso al deseo de su propio hijo, Manilal, de casarse con una chica musulmana, Fátima Gul, casándolo en su lugar con una hindú.

Cambiaría algunas de sus opiniones a lo largo del tiempo, lamentando las acciones emprendidas contra su esposa y denunciando las prácticas más perniciosas del patriarcado indio, como el matrimonio de niños, así como apoyaría la educación de las mujeres. Alentó la participación de las mujeres en el movimiento nacionalista al creer que las mujeres hacían buenos satyagrahis, debido a su mejor capacidad para sufrir. Sin embargo, siguió manteniendo una perspectiva patriarcal y considerando que los dos sexos no eran iguales. En un artículo publicado en Harijan, en febrero de 1940, sobre el papel de la mujer, Gandhi se expresa así:

“El deber de la maternidad, al que la gran mayoría de las mujeres se someterá, requiere cualidades que el hombre no necesita poseer. Ella es pasiva, él es activo. Ella es esencialmente dueña de la casa. Él es el que se gana el pan, es el guardián y distribuidor del pan … El arte de criar a los bebés de la raza es su única y exclusiva prerrogativa. Sin su cuidado, la raza se extingue. “(Obras Completas de Mahatma Gandhi Vol. 77)

Atraer a las mujeres al movimiento nacionalista tenía muchas semejanzas con las organizaciones derechistas hindúes-reformistas, que compartían muchas de las creencias de Gandhi. Como declara al final del pasaje anterior, sus creencias en la pureza racial, con la mujer india como símbolo de la nación, en última instancia se traducía en control masculino sobre las mujeres bajo el disfraz de su deber a la nación; un legado que sigue persistiendo hasta el día de hoy. La participación de las mujeres en el movimiento nacionalista iba a ser en gran medida un papel simbólico y visible.

Los puntos de vista de Gandhi sobre la sexualidad también eran increíblemente extraños, pues creía que el sexo debe servir puramente a la procreación, incluso en las parejas casadas. El propio Gandhi tomó un voto de celibato en 1906, a los 38 años, sin consultar a su esposa. También puso en práctica experimentos extremadamente extraños, el más famoso de los cuales fue dormir junto a jóvenes mujeres desnudas, incluida su sobrina Manu, para poner a prueba su voto de celibato.

Gandhi siempre se mostró interesado en fotografiarse con sus más cercanas seguidoras femeninas, generalmente, las que vivían en su ashram, que vestían con jadi saris blancos. Sin embargo, no fueron tratadas como iguales sino como objetos. Las opiniones patriarcales de Gandhi y sus prácticas extrañas no contribuyeron en nada a la liberación de las mujeres en la India, en todo caso, han ayudado a consagrar las atrasadas visiones patriarcales.

Gandhi y el sistema de castas

El sistema de castas -basado en el estatus jerárquico en el que alguien nace- fue apoyado sin tapujos por Gandhi. Declaraba lo siguiente en Young India, en diciembre de 1920:

“El hombre siendo un ser social tiene que idear algún método de organización social. Nosotros en la India hemos creado la casta: en Europa han organizado el sistema de clase. “(Obras Completas de Mahatma Gandhi, Vol. 19)

Gandhi apoyaba las distinciones jerárquicas de casta, propuso una reforma dentro de dicho sistema para que todas las castas fueran “respetadas”. En la práctica, sin embargo, Gandhi se mostró despectivo y condescendiente hacia los intocables y grupos de castas inferiores, y luchó activamente para negarles la representación política, a pesar de que Gandhi era consciente de la tremenda discriminación que sufrían estos grupos. En 1927, realizó un informe sobre la difícil situación de los intocables y tribus en el distrito de Surat. Las mujeres eran violadas por la casta de los ricos terratenientes hindúes, dejaban niños ilegítimos y propagaban enfermedades venéreas. La práctica de la servidumbre también era común bajo el “sistema hali“, pero para Gandhi la responsabilidad del cambio dependía de las castas superiores, que debían tratar a las tribus e intocables de una manera más respetuosa.

Gandhi ilustró sus puntos de vista hacia estos grupos en una confrontación con Bhimrao Ambedkar, el líder dalit (“intocable”) más prominente. El liberal Ambedkar pedía representación comunal de los “intocables” y tribus en las negociaciones de Londres. Ambedkar había reclamado un colegio electoral separado para su representación, ya que se había establecido un precedente con los musulmanes. Gandhi no quería que los dalits se convirtieran en un electorado separado, ya que socavaría la posición de la burguesía hindú, perteneciente a las castas superiores, que dominaba el Partido del Congreso Indio. Se declaró en huelga de hambre hasta que Ambedkar diera marcha atrás en sus peticiones. Ambedkar se retiró, firmando el Pacto de Puna, en 1932. Gandhi ganó la disputa declarando que los intocables, tribus y grupos de castas inferiores formaban parte de la familia hindú. El acuerdo incluía reservar unos escaños para los intocables en las legislaturas provisionales, aunque dentro de la representación electoral general.

Las posiciones y métodos de “rehabilitación” de Gandhi eran compartidos en gran medida con los de Hindu Sabha y  Arya Samaj, dos organizaciones reformistas del hinduismo de derechas, que se oponían  a la separación de la comunidad hindú, y tenían similares “proyectos de protesta” a los de Gandhi, con la intención de cooptar a estos grupos para apoyar la campaña burguesa por la independencia. Gandhi promovió dicha “rehabilitación” a través de métodos paternalistas, tales como renombrar a los intocables como Harijans (‘hijos de dios’) y a las tribus como Raniparaj (‘gente del bosque’). Fomentó métodos de autosuficiencia a través del hilado de telas y sustituyó a sus dioses por Ram. Sin embargo, cuando se trató de sus derechos económicos y sociales o de su representación, Gandhi rechazó apoyarlos de forma cómplice y despectiva.

Gandhi, el Islam y la Partición

Sería erróneo responsabilizar a Gandhi de la partición, pero él representó y ayudó a impulsar las contradicciones que llevaron a la división de la India a través de su política de tintes comunales.

La orientación religiosa de su política nacionalista se ve en el movimiento de no-cooperación (1920-22), donde encabezó el movimiento Jilafat.

Los musulmanes indios se aliaron con el nacionalismo indio después de la Primera Guerra Mundial, para presionar al gobierno británico para preservar la autoridad del sultán otomano como califa del Islam, después de la desintegración del Imperio otomano. Si bien se intentaba limitar la invasión del imperialismo británico en el Oriente Medio, los musulmanes y los hindúes fueron tratados como comunidades separadas. Al infundir sentimientos religiosos en la política nacionalista y tratar a las comunidades religiosas como entidades separadas, Gandhi apartó a un miembro clave del Congreso, Muhammed Ali Jinnah, más tarde fundador de Pakistán. Jinnah dejó el Congreso en 1920 debido a la política de Gandhi, pero irónicamente, acabó reproduciendo sus tácticas religiosas para sembrar sentimientos nacionalistas hacia Pakistán.

Con el fracaso del movimiento de no-cooperación, Gandhi siguió promoviendo una forma de política religiosa a lo largo de los años veinte. Por ejemplo, invocó a los dioses hindúes de Ram, y recitó pasajes del Bhagavad Gita en sus discursos políticos para ganar gente a la causa de la independencia. En un discurso político de 1925 se dirigió a los grupos tribales de esta forma:

“Madruga por la mañana, enjuágate la boca, lávate la cara … luego toma el nombre de Rama. Rama significa Dios. Repetir Ramnama es un remedio soberano. Debemos orarle, “Oh Rama!” (Obras Completas de Mahatma Gandhi, Vol. 26)

Fue en gran medida esta retórica religiosa y simbolismo hindúes lo que llevó a musulmanes y a otras minorías a tomar cada vez más distancias, que con el tiempo comenzaron a sentir que el nacionalismo promovido por el Congreso era un movimiento hindú de las castas superiores. Además, muchos líderes del Congreso también tenían vínculos con los grupos nacionalistas hindúes de derecha, que eran hostiles a las demandas comunales musulmanas.

A una capa de las antiguas élites y de la clase capitalista musulmana -la más prominente de las cuales estaba en Uttar Predesh- no le pasó desapercibido este distanciamiento de las masas musulmanas hacia el Partido del Congreso, cada vez más visto como un partido al servicio de los intereses y privilegios hindúes. El fomento de dicha campaña de agitación nacionalista con tintes religiosos por parte de Gandhi, cuyo núcleo de apoyo era fundamentalmente burgués y pequeño-burgués, terminó exacerbando estas divisiones.

En 1944, las conversaciones que tuvieron lugar entre Gandhi y Jinnah, líder de la Liga Musulmana (burguesa), no tuvieron éxito. Esta fue la última contribución de Gandhi a la búsqueda de un acuerdo comunal entre los partidos burgueses nativos antes de la independencia, ya que la propia influencia de Gandhi en la política y en el partido del Congreso se debilitó.

Bajo una solución capitalista, las dos burguesías religiosamente divididas se dirigían inevitablemente hacia alguna forma de división comunal en el reparto de la soberanía. La Liga Musulmana se vio obligada a azotar el nacionalismo religioso para aumentar su apoyo, lo que inevitablemente creó una reacción negativa.

Además de esto, la situación revolucionaria en India después de la Segunda Guerra Mundial, con los motines en las fuerzas armadas y el descontento hirviente entre los obreros y los campesinos, hizo que el poder británico de la India fuera cada vez más insostenible. Con el imperialismo británico debilitado a escala mundial después de la guerra, los estrategas de la clase dominante buscaron una solución que les permitiera abandonar la India, manteniendo sus inversiones e influencia.

De ahí que los imperialistas británicos –que también habían promovido divisiones religiosas a lo largo de su gobierno para conquistar y aferrarse al poder- enviaron a Lord Mountbatten para llevar a cabo la partición, en un intento cínico de mantener una India independiente, débil y dividida. Aproximadamente, entre medio millón y un millón de personas fueron asesinadas, cientos de miles de mujeres fueron violadas y doce millones de personas pasaron a ser refugiados en la mayor migración de personas de la historia de la humanidad.

En el momento en que se decidió la partición, Gandhi no participó directamente en las discusiones, y fue incapaz de contener la ola de odio y división que había ayudado a crear. No celebró la independencia,  e intentó tratar de calmar la matanza masiva por la partición en Bengala. En última instancia, fue una pequeña victoria dentro de lo que fue un baño de sangre.

Gandhi fue asesinado el 30 de enero de 1948 a manos de Nathuram Godse; un extremista derechista hindú que creía que Gandhi estaba siendo demasiado conciliador con Pakistán y detestó su postura de no-violencia. Cínicamente, iba a ser inmortalizado por la burguesía como el padre de la nación; para legitimar el Estado, y para tratar de calmar las tensiones comunales desatadas tras la partición. Gandhi fue presentado como un icono pacifista de la India para oscurecer la verdadera historia de la independencia india, que dejó a millones de desplazados, desarraigados, violados y asesinados.

Gandhi y su legado

No es casualidad que Gandhi sea idolatrado y retratado como un santo por los portavoces oficiales de la clase dominante. Sus sermones a los obreros y campesinos sobre la “no violencia” y la “resistencia pasiva” son música para oídos de los explotadores que, armados hasta los dientes, no tienen nada que temer de tales métodos. En lugar de luchar por el derrocamiento de esta clase parásita de terratenientes y capitalistas, Gandhi predicó la colaboración de clase y las concesiones. De ahí que sea celebrado en películas, libros de historia y escuelas, mientras líderes genuinamente revolucionarios como Lenin y Trotsky son denigrados.

En realidad, Mahatma Gandhi fue un líder burgués utópico y reaccionario, que luchó por la independencia de la India en nombre de la burguesía india, no de la clase obrera o el campesinado indios. Una y otra vez, acabó traicionando a los obreros y campesinos indios, ignorando y reprimiendo sus demandas, al tiempo que aplacaba su activismo. Lejos de hacer avanzar el movimiento nacionalista, participó activamente en la dilución y limitación de su combatividad. Su justa lucha contra la injusticia de las castas, la opresión racial y patriarcal es un mito de cabo a rabo, ya que de hecho perpetuó y consolidó esas divisiones.

Las afirmaciones positivas sobre la figura de Gandhi como pionero en la protesta de la desobediencia civil a escala nacional son ciertas. Sin embargo, el contenido de su política traicionó los intereses de aquellos que lucharon contra la opresión del dominio colonial en la India. La forma de protesta de Gandhi pasó a inspirar a gente como Martin Luther King en el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, quien mostró los éxitos, pero también las limitaciones de la protesta no violenta. Pero a diferencia de King, Gandhi se basó en un programa reaccionario.

En Sudáfrica, algunos han afirmado que Gandhi estableció el camino o guía para que los africanos se liberaran. Sin embargo, esto desacredita un movimiento contra el gobierno colonial y el imperialismo que precedía a la llegada de Gandhi al continente africano. Gandhi perpetuó estereotipos blancos sobre los africanos y desacreditó la lucha común entre indios y africanos contra el imperialismo y el racismo del Imperio.

Mohandas Karmadas Gandhi fue un utópico reaccionario que ni siquiera siguió su propia filosofía y enseñanzas. Sus defensa de la no violencia y protesta pacífica fueron hipócritas. Siguió teniendo visiones misóginas patriarcales sobre las mujeres a lo largo de su vida, despreciando a la clase obrera india, a los campesinos, a los trabajadores sin tierra y, especialmente, a las tribus y a los intocables. Sus tácticas diluyeron y rompieron el movimiento de independencia, y su versión religiosa de la casta superior del hinduismo contribuyó a la desastrosa calamidad de la partición del país.

Racismo en la cultura mainstream

por Valentin Kahl//

El racismo es un hecho cultural y que se evidencia en grados diferentes en el cine o en las series que se emiten en diferentes plataformas de Internet. El cine y la televisión está dominada por hombres blancos, es el canon de lo correcto, de lo que se tiene que ser. Todo lo que salga de ahí, es una deformidad, una rareza. Así, la cultura mainstream1 ha reforzado un esquema de valores que se perpetúan en la sociedad, manteniendo, a través de su programación, prejuicios y privilegios que alimentan el racismo. La invisibilización de las personas no blancas y de las mujeres ha sido una constante en las series televisivas de mayor audiencia; en otras ocasiones, las personas no blancas han servido de aliciente para la broma fácil a través de estereotipos que se escudan en el humor. Seguir leyendo Racismo en la cultura mainstream

De una situación política líquida a una realidad política fluida

por Ibán de Rementería

La situación política actual se ha mostrado notablemente líquida, inasible, al decir del científico político polaco británico Z. Bauman, en el sentido de un mundo de identidades ideológico políticas perdidas en la indiferenciación, pero aquí como en otras partes comienza a aflorar una realidad política fluida donde claramente se van constituyendo los tres tercios en el campo de la política. Una derecha que quiere para los empresarios la conservación todos los privilegios obtenidos en la Dictadura Militar pero en democracia, aún a cambio de denunciar a “cómplices pasivos” de los atentados  a los derechos humanos, un “neo liberalismo democrático”; un centro que vive en la añoranza de la Concertación que perfeccionó la democracias a cambio de privatizar más empresas o funciones públicas y sobre todo los recursos naturales, que se la juega por un “neo liberalismo compasivo”; una izquierda en construcción por el Frente Amplio que hace de su diferenciación con la Nueva Mayoría el punto de partida para la elaboración de su propuesta política; además, hay otra izquierda que se localiza en el Partido Socialista, para su recuperación ideológica y política: la Izquierda Socialista, por lo cual se puede hablar de cuatro tercios.

En otras partes la fluidez política también comienza a manifestarse, por ejemplo, en Holanda la extrema derecha no logró el triunfo anunciado, la derecha democrática apenas logro una primera mayoría, la social democracia se derrumbó estrepitosamente, mientras que la izquierda, representada por los Verdes de Izquierda cuadruplicaron su votación, pasando de 4 a 16 parlamentarios,  además hubo una masiva participación del 80% motivada por voluntad popular de impedir el triunfo de la xenofobia y el racismo. Esto ha sido antecedido por la aparición de Podemos en España o Siryza en Grecia, estos son casos del paso de la política líquida a la política fluida….”por la voluntad popular”.

Bien ha definido Fernando Atria el carácter diferenciador y fluido de la próxima elección presidencial y parlamentaria así: “La elección responderá una pregunta sobre el gobierno de la Nueva Mayoría: si debe ser entendido como el inicio imperfecto y corregible de una transformación que sigue siendo importante y que debe mantenerse y continuarse, o como un paréntesis que debe cerrarse lo antes posible para volver a lo que la clase política y los empresarios, pero no la ciudadanía, recuerdan como la paz y la concordia de los 20 años de la Concertación” (La Tercera,3 noviembre 2016, p.11).

En breve, la disyuntiva política nacional está entre perfeccionar el proyecto anti neoliberal que intentó el Gobierno de la Presidenta Bachelet o en intentar y profundizar el proyecto neoliberal de la Concertación, esto último lo puede hacer tanto la Alianza por Chile, como lo hizo durante el Gobierno de Piñera o la Nueva Mayoría “Renovada” (NMR) que bien pueden conducir Lagos, Goic o Guillier.

La actual liquidez política nacional es el resultado de la subordinación de la política al dinero, al capital, la cual ha quedado escandalosamente, delictiva y judicialmente comprobada en los últimos dos años, lo que es coherente y complementario con la privatización de las empresas, los recursos  y las funciones públicas – prestación de derechos sociales, etc.- iniciado durante la Dictadura Militar y perfeccionada por los gobiernos de la Concertación: en suma, la política ha estado a punto de desaparecer porque fue comprada y sus funcionarios parlamentarios o de la administración convertidos en unos paniaguados. Obviamente una política que se discierne por el mejor postor es algo que no interesa a las y los ciudadanos, que carecen de recursos para hacer sus “posturas”, y que comprende muy bien porque todos los candidatos se “suben por la izquierda –se vuelven populistas- y ya en el poder se bajan por la derecha”. Es decir, el dinero licua la política. Como se recuerda la corrupción política era principalmente un patrimonio de la derecha política, pero ahora como los demuestran los gobiernos de izquierda de América Latina, acusados de populistas, también han terminado siendo paniaguados del capital.

La liquidez política nacional se expresa como la cierta imposibilidad, en este momento, para el 87% de los parlamentarios en ejercicio de ser candidatos en las próximas elecciones generales, debido a la incapacidad de sus partidos de asegurar la inscripción de un mínimo de 18.500 partidarios y los mínimos necesarios en sus respectivas circunscripciones locales. Además, el mínimo de un 40% de mujeres candidatas a los cargos parlamentarios acorta aún más las posibilidades de reelección de los parlamentarios incumbentes varones.

El paso de la liquidez a la fluidez política, tanto a nivel internacional como aquí en Chile,  tiene como criterio diferenciador a las posiciones ideológicas, económicas y políticas que los competidores políticos asuman frente al neo liberalismo.  Para lo cual es prudente establecer los rasgos distintivos de este modelo de producción y acumulación capitalista, así como modo de dominación política sobre la sociedad, de subordinación de los sujetos sociales, los usuarios, los consumidores, los clientes, etc. y de sometimiento a los sujetos políticos, las y los ciudadanos.

Como lo había previsto Marx en el desarrollo del capitalismo este llega a un punto en el cual el capital ya no puede hacer su reproducción ampliada en las actividades comerciales, productivas y financieras tradicionales, y debe hacerse cargo de otras actividades económicas y sociales; en lo económico concreto, en los negocios mismos,  el neoliberalismo consiste en entregar a la iniciativa privada la producción y distribución, la provisión, de diversos bienes públicos que históricamente han sido provistos por el Estado, tales como la provisión de salud, educación y seguridad social –antes de la Revolución Francesa estos eran (mal) provistos por la Iglesia-, eso que hoy llamamos los derechos sociales; también las obras públicas, la seguridad ciudadana, incluso la defensa nacional, la investigación científica, la cultura y las artes, etc. Todas estas prestaciones públicas que son parte de la legitimidad del Estado, del pacto entre este y la ciudadanía, son transferidos al sector privado, para asegurar la reproducción ampliada del capital. Además, el estado cede al sector privado la renta que percibe en representación de toda la nación por la explotación y uso de los recursos naturales, ya que esas concesiones “pagarán impuestos y generarán empleo”, aquellos con muchas  elusiones y evasiones, estos precarios.

En lo social el neoliberalismo construye un modelo populista individual, el capitalismo popular, icónicamente expresado en “todos seremos emprendedores”, ligado a la sobrevivencia de cada cual por su cuenta en un mundo donde las relaciones y los derechos laborales son reducidos al mínimo, toda relación laboral debe ser reducida a un contrato entre partes individuales: el contrato de trabajo es sustituido por el subcontrato y el contrato entre empresas. Los derechos colectivos son sustituidos por los derechos y los contratos individuales. Los bienes y servicios que tu produzcas debes de realizarlos en el mercado, tu fuerza de trabajo como mercancía ya no vale nada, hay mucha. El Estado y la alianza pública privada promueve y provee la capacitación y el financiamiento necesario al emprendimiento individual. La doctrina aquí es que el mercado provee, siempre y cuando sepas como y tengas la voluntad de hacerlo.

Para el neoliberalismo lo político no existe o no debe existir, en lo político el neoliberalismo no recurre a la monarquía por razones históricas, pero siempre ha recurrido al autoritarismo, el totalitarismo y a la tiranía o dictadura, pero por las inestabilidades de “gobernanza” que generan esos regímenes políticos, prefiere las democracias de los acuerdos, bipartidistas, binominales, con agentes altamente profesionalizados hasta llegar a constituir tecnocracias muy eficientes que transitan entre el sector público y privado de manera recurrente, ya que como dijo alguna vez Dean Rusk el Secretario de Estado de los EEUU: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno para USA”. Además, los modelos económicos aplicables políticamente son diseñados,  aprobados y supervisados a nivel multilateral en el BM, FMI, BID, etc. En los últimos estertores del socialismo realmente (in)existente en la URSS la política fue considerada como un asunto técnico de administración del estado, el cual se derrumbó sin muchos estropicios de gobernanza, gracias a lo cual un ex agente de la KGB (Seguridad del Estado) reina hoy allí.

La monarquía es la máxima expresión de la concentración del poder político –El Príncipe de Maquiavelo- de allí en adelante el desarrollo político de occidente, luego devenido universal gracias al imperialismo, ha sido el proceso de redistribución del poder entre los diversos sujetos políticos: entre los nobles –la Carta Magna en la Inglaterra del siglo XIII-, entre los nacidos en el territorio –los Comunes de la Revolución Inglesa del siglo XVII-, entre los ciudadanos varones propietarios o contribuyentes –la Revolución Francesa del siglo XVIII-, entre los jóvenes, entre las mujeres, entre los extranjeros residentes, etc., gracias a las luchas del presente.

Pero los procesos de distribución del poder, de igualdad, reposan en última instancia y, por eso, tienen por propósito la equidad en la redistribución de la riqueza: sin equidad no hay igualdad; la reciprocidad entre lo entregado en la producción social es esperado como retribución por las y los ciudadanos. Como es sabido los procesos redistributivos son posibles por dos vías, ambas complementarias, la vía impositiva,  “los que tienen más paguen más y los que tienen menos paguen menos”, y mediante el mejoramiento del poder negociador de los trabajadores frente a los empleadores, el capital, para mejor redistribuir la riqueza en el proceso mismo de la producción, la negociación colectiva por ramas y el derecho de huelga –que es el derecho a suspender las actividades si no hay acuerdo en el reparto de la riqueza producida- son los instrumentos estratégicos para acordar una real redistribución del ingreso entre los trabajadores y los tenedores del capital.

El neoliberalismo amenazado señalará a cualquier propuesta anti neoliberal, a cualquier propuesta  redistributiva del ingreso, a cualquier propuesta  igualitaria en la satisfacción de los derechos sociales, como populista, ya que el único mundo posible es el neoliberal, esa es la post modernidad, la política de los acuerdos, el apoyo a los emprendedores, el papel subsidiario del estados en las prestaciones para dar cumplimiento a los derechos sociales, las AFPs en la seguridad social, las ISAPREs en la salud, etc., etc., etc. Si no se cumple con esas condiciones como castigo sobrevendrá la crisis, la caída en el ahorro y la inversión, el desempleo y la pobreza.

En general, el capitalismo ha sufrido muchas y variadas crisis de crecimiento, de reproducción ampliada de capital, que ha resuelto mediante la conquista imperial o grandes guerras mundiales para definir la hegemonía  -ver Piketty-, pero en la actualidad la crisis del capitalismo además de sus crisis de reproducción ampliada, de su crisis de inversión, tiene un conjunto de crisis globales, a decir verdad “la globalización” se expresa como un conjunto de crisis, al menos: 1)  una crisis medio ambiental o ecológica debido a que se toma de la naturaleza recursos a una velocidad mayor de la que esta tiene para reproducirse, la depredación, y se arroja a ella un conjunto de desechos mayores a los que ella puede procesar, la contaminación; 2) una crisis de inequidad donde el 1% de la población se queda con el 50% de la riqueza mundial, lo que restringe la amplitud y profundidad de los mercados, lo que no asegura la realización de los bienes y servicios que se producen: la crisis de los mercados; 3) todo  lo cual termina por crear una crisis política global, de gran inestabilidad y bajos niveles de representación para negociar, que se expresa como “populismo global”, “crisis global de migraciones”, “crimen organizado global” y “terrorismo global”.

El proceso de desmonte del neoliberalismo es ante todo un proceso político de redistribución igualitaria del poder, de la constitución de una democracia donde ninguna minoría tenga derecho a veto, donde el estado asuma plenamente sus funciones públicas de defensa de los interese de las grandes mayorías nacionales. El proceso de desmonte del neoliberalismo es en lo fiscal  recuperación de todos los recursos naturales nacionales para hacer de sus rentas un recurso público en beneficio de toda la nación; también, la imposición de las obligaciones tributarias en proporción a los ingresos percibidos, tanto por las personas naturales como por las jurídicas.  El proceso de desmonte del neoliberalismo en lo económico es la promoción y financiamiento de un modelo de desarrollo nacional que deje de ser extractivista y rentista, para desarrollar una industria nacional que agregue valor local a nuestros recursos naturales con el trabajo de las y los chilenos, así entonces participar de manera igualitaria en el mercado internacional. Estos deben ser los contenidos programáticos de un debate nacional que le devuelva a la política la fluidez que requiere y que las y los ciudadanos están demandando.

 

(Imagen: Retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud, para su nieto, el rey Felipe V de España, aunque finalmente el lienzo se quedó en Francia).

Inmigrantes, las otras víctimas del negocio de las ISAPRES y AFPs

Por Marco González Pizarro

Abogado

Magister Ciencias Sociales

DEA Unión Europea U Salamanca

En las últimas semanas se ha politizado el debate sobre la inmigración en Chile, y sus efectos en la “seguridad social” del país. Señalan las voces políticas ultramontanas de la derecha y la Nueva Mayoría, en línea con el muro de Trump y del apartheid en Palestina, que este fenómeno requiere “regulación”, desde que importa “abusos” de los trabajadores inmigrantes, especialmente de los beneficios de prestaciones de salud. Nada más alejado de la realidad, y propio de una demagogia huera, que busca el enemigo interno, para generar distinciones de clase en el país, atacando ahora a los trabajadores inmigrantes.

 

Primero que todo, debemos decir que el tema está regulado. Para que un inmigrante obtenga residencia en Chile, requiere Visa de Trabajo lo que significa que el trabajador inmigrante debe acreditar ante la autoridad de inmigración del Ministerio del Interior, que ha sido contratado para trabajar, acompañando al efecto un contrato de trabajo, con sus respectivas afiliaciones al sistema de ahorro forzoso de AFP y de cotizaciones de salud a Fonasa o Isapre.

De este modo, para que un trabajador inmigrante pueda obtener asistencia de salud en los consultorios y derivaciones a la red pública de salud, debe cotizar de su sueldo a Fonasa o Isapre. Vale decir, el trabajador extranjero tiene exactamente el mismo estatus que el nacional, y soporta el mismo gravamen para tener acceso a la salud. Misma cosa ocurre con la ley de protección por accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, ley 16744, en que el empleador debe cotizar a las mutuales respectivas, por cierto administradas por los mismos empresarios, para que el trabajador pueda ser atendido en los hospitales del trabajo si tiene algún accidente o enfermedad de carácter laboral.

Sobre este aspecto, debemos decir que la responsabilidad de descontar del salario del trabajador el monto a enterar en las Isapres, Fonasa y Mutuales, es del empleador, cuestión de la que el visado de trabajo no da cuenta, sino las entidades fiscalizadoras de seguridad social, que analizaremos respecto al otro fenómeno de “seguridad social del país”, las cotizaciones de AFP, que se realizan en forma conjunta con las del sistema de salud.

Esto, porque es en las cotizaciones de ahorro forzoso de las AFP, donde se produce el efecto de mayor complejidad de la “seguridad social” chilena, donde la masa de trabajadores inmigrantes entra en la lógica de todo trabajador en el territorio nacional, y en que, como los trabajadores chilenos, está significando una masa importante de cotizaciones al sistema, de las que difícilmente vayan a disfrutar alguna vez, y que por ende, son contribuciones que van derechamente a incrementar el aparato financiero de ahorro forzoso, y sus inversiones, que aprovechan de este esfuerzo de los trabajadores. Así, debemos notar que esta masa laboral inmigrante se inscribe dentro del fenómeno general de fuerza de trabajo nacional, que según las estadísticas que revisamos a continuación, donde verificaremos que la masa del trabajador inmigrante no termina siendo significativa, sino precisamente parte del sistema general.

Tomaremos como punto de partida el año 2102, para verificar como se inscribe el dato inmigrante en la masa total cotizante de fuerza de trabajo del país, que se ha incrementado según se expresa en el siguiente cuadro:

 CUADRO N° 1: TOTAL COTIZANTES Y AFILIADOS SISTEMA AFP1

cotizantes (diferencia) Afiliados
oct-12 4.777.298 (4.461.628) 9.238.886
sep-16 5.161.074 (4.987.811) 10.148.885
Incremento 484.816 (415.185) 909.999

Podemos colegir del cuadro precedente, que la masa de trabajadores que efectivamente cotiza en el país, incluidos los extranjeros, se incrementa desde 2012 a 2016, en 484.816 trabajadores, mientras que la masa de afiliados, se incrementa en 909.999 trabajadores.

Donde verificamos que en los guarismos del sistema de AFP, la incidencia de la inmigración se disuelve en el contexto general del sistema. Por ende nos ocuparemos en forma general en adelante del artículo, sin distinción de nacionalidad, para explicar sus efectos sobre trabajadores chilenos y extranjeros sin distinción.

Tenemos pues que la diferencia entre los segmentos de afiliados versus cotizantes, sean chilenos o extranjeros, es de 415.185 trabajadores, que notamos entre paréntesis en el cuadro, que se sumaron a una AFP (afiliados). La pregunta obvia es ¿Qué pasa con estos trabajadores afiliados que figuran sin cotizar?

Desde luego se debe decir que este no es un fenómeno nuevo en el sistema privado de previsión. La sumatoria total de trabajadores que están afiliados y no cotizan se generó por la competencia desenfrenada por la captación de afiliados, que poco a poco generó este efecto perverso en el que la cifra de afiliados es del doble de cotizantes. Por cierto en Chile no existen diez millones de trabajadores, La cifra la que representa el mercado de trabajo se acerca a la de cotizantes efectivos2.

Por ende la existencia del doble de afiliados, se constituye de lo que especialistas muy comprometidos incluso con la previsión privada, como Carmelo Mesa Lago, han llamado el efecto estadístico imposible del sistema, del que sin embargo todos hacen vista gorda en la fiscalización general.3

Tras esta estructura perversa, se esconden los fenómenos de la Evasión de cotizaciones, es decir, lo que se descuenta de cotización al trabajador y no se entera en la AFP, y además, los llamados Rezagos, que consisten en los montos retenidos en una AFP, que no lo entera en otra a que el trabajador se cambie, generando así una doble afiliación, que lleva a que exista el doble de afiliados respecto de los cotizantes efectivos.

La Superintendencia de Pensiones frente a este fenómeno, sanciona con multas irrisorias de unos cuantos cientos de UF, casos de centenares de miles de trabajadores rezagados, que simplemente pierden sus fondos, debido a esta maraña de cambios irregulares de una AFP a otra. 4

De modo que en este contexto de doble afiliación y de estadísticas imposibles, la existencia de 415.185 trabajadores afiliados sin cotización en el país, es de lo más normal para el sistema privado.

Pero el problema recién empieza.

Si llevamos a cifras este “fenómeno” tan particular de la previsión privada, la cuestión toma tono escalofriante. En efecto, si tenemos que 415.185 trabajadores afiliados no cotizan, en primer lugar se trata del fenómeno de la Evasión, vale decir, que se le descuenta su cotización, pero no se le entera en su cuenta de capitalización.

Si consideramos cotizando a estos trabajadores con el ingreso mínimo actual, realidad de la gran mayoría de inmigrantes de este país, asumiendo una cotización del 10% de dicho salario a esta fecha, ascendente a $257.500 pesos, tenemos que cada trabajador contribuye mensualmente con $ 27.500 pesos mensuales a las AFP. Pues multiplicado este monto por 415.185 trabajadores, nos da la no despreciable suma de $ 10.644.544.500.-, poco más de 16 millones de dólares, que multiplicado por los doce meses del año, alcanza la no despreciable suma de US$ 196 millones de dólares americanos.

¿Dónde está esa plata? Pues en las cuentas de empresarios que descuentas esos fondos de trabajadores y no los enteran en sus cuentas de ahorro forzoso. Entonces ya tenemos un primer tema claro en esta maraña. Los empresarios dejan de cotizar los dineros de los trabajadores que ingresan al sistema, nacionales o extranjeros, asumiendo, por cierto, en el último tiempo que una parte muy importante de ellos son inmigrantes.

Luego, nos queda un universo de 4.987.811 trabajadores –la diferencia entre el total de cotizantes y afiliados al sistema, que están bajo doble afiliación y /o evasión. ¿Cuántos de ellos son inmigrantes que dejaron fondos cotizados en el país por volver a su país de origen? ¿Cuántos de ellos son flujos de afiliados inmigrantes de años anteriores a esta muestra, que no les cotizan por años y que aún trabajan en el país?

Ya podemos entender entonces mejor porqué existe un total acumulado, de más de 150 mil millones de dólares, en el sistema, y tan bajas pensiones. La verdad es que muchas cotizaciones de trabajadores son evadidas y rezagadas, sean nacionales o extranjeros, por el sistema. Entonces es falaz el pretendido abuso de trabajadores inmigrantes en Chile.

De modo tal, que lejos de lo planteado por la derecha y su coro de la NM, el sistema de “seguridad social” chileno, está lejos de ser dañado por los inmigrantes.

La verdad es que tanto estos trabajadores, como los chilenos, están siendo estafados sistemáticamente por el perverso modelo de previsión privada de salud y pensiones en Chile, del que se intenta torpemente tratar de seguir ocultando y evitar que se conozcan sus reales distorsiones y maniobras de daño a los trabajadores, desviando la atención a la afluencia de migrantes como fuerza de trabajo a este país, que está siendo, como nuestros propios trabajadores, golpeados con toda la fuerza por este oprobioso modelo de super explotación.

La burguesía chilena, obediente a la línea de Trump, así, busca someter con total impunidad a la fuerza de trabajo migrante, para mostrarla como delincuente y perversa, escondiendo con ello los abusos patronales más deleznables, como los descritos. Nosotros desde el Porteño, somos claros en denunciar esta maniobra de apartheid racial y político, que solo busca potenciar la explotación de la clase trabajadoras mundial, para seguir tratando de sostener el capitalismo neoliberal a ultranza, en decadencia total, siendo nuestra responsabilidad social y política, mantenernos firmes frente a este neo apartheid de la derecha racista y xenófoba.

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1 http://www.safp.cl/portal/informes/581/articles-8669_recurso_1.pdf p. 1

2 Para ver Fuerza de Trabajo real en el país, vid:  http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/mercado_del_trabajo/nene/series_trimestrales_2011.php

3 MESA LAGO, Carmelo (2008) Protección social en Chile: Reformas para mejorar la equidad. Revista Internacional del Trabajo, vol. 127 (2008), núm. 4. EN  http://www.mesa-lago.com/uploads/2/7/3/1/27312653/proteccion_social_en_chile.pdf. P.19

4 La Superintendencia constata estos problemas bajo las siguientes modalidades. Las AFP retienen fondos de un afiliado traspasado, cambiando el número de RUT en un dígito, con lo que informáticamente se pierde su rastro, haciendo imposible su detección y quedando en consecuencia un afiliado NN, con un RUT falso, del cual se genera una afiliación doble. Así el sistema estadístico de las AFP soportan la existencia de afiliados sobre el doble de la auténtica cifra de trabajadores del país. VID: http://www.spensiones.cl/apps/sanciones/imag_2007/resolucion_09_2007.pdf LETRAS E ) Y G)