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Documental: los montajes de la Dictadura (la propaganda nazi de Pinochet)

Los siguientes principios se le atribuyen al propagandista de Hitler, Joseph Goebbels, el documental que ofrecemos resume estos principios en el Chile de Pinochet.

1 – Principio de simplificación y del enemigo único.

Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo. Seguir leyendo Documental: los montajes de la Dictadura (la propaganda nazi de Pinochet)

Chile a sangre y fuego: el día que comenzó la Dictadura

por Jorge Escalante //

A las 07.45 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, el subdirector de la Escuela de Carabineros, coronel Onésimo Muñoz Conejeros, dio una orden al capitán Manuel Mardones Rodríguez.

–Junte a su gente y salga en un bus a reforzar la Guardia de Palacio de La Moneda. Pasa algo raro ahí.

Mardones cumplió la orden y a las 08.20 salió de esa Escuela en un bus con 30 a 40 efectivos del Escuadrón de Ametralladoras. Lo acompañó el teniente Hernán Arangua Valdivia. Seguir leyendo Chile a sangre y fuego: el día que comenzó la Dictadura

El encapuchado del Estadio Nacional

por Leonardo Sciascia //

El hombre del pasamontañas.

En junio de 1977 se presentó en la Vicaría de la Solidaridad de Santiago de Chile un joven que quería, dijo, hacer una confesión: y quería que fuese grabada, como testimonio para el futuro. La Vicaría de la Solidaridad fue creada por el arzobispo para socorrer a las víctimas del golpe de Estado y a sus familias: mal tolerada, pues, por la Junta de Gobierno. Seguir leyendo El encapuchado del Estadio Nacional

Tribunal popular internacional para castigar a Pinochet (1998)

por Gustavo Burgos//

            Las últimas dos semanas han constituido una verdadera prueba para todos los sectores, tendencias y corrientes políticas. Efectivamente, el país se ha polarizado, han emergido las verdaderas posturas de algunos, otros han guardado un hermetismo “bastante parecido a la estupidez”, y en el centro de todo una vez más Pinochet. Su imprevista y sorpresiva detención en Londres ha puesto de manifiesto la verdadera cara del régimen.

            Un hecho como la detención del Dictador, de profundas raíces en la política chilena, y mundial, nos entrega en una primera lectura algunas cuestiones fundamentales: Seguir leyendo Tribunal popular internacional para castigar a Pinochet (1998)

Editorial: 11 de septiembre, día de reivindicación de la lucha por la Revolución Socialista.

Una de las principales tareas políticas del régimen, en lo que concierne a su lucha por erradicar la identidad política socialista de los trabajadores en Chile, es la de trivializar el Golpe del 73 y transformarlo en una fecha de reconciliación ecuménica, en torno a la idea del “Nunca Más” y del respeto a los DDHH.

Como todos los años, el Gobierno realizará un rito religioso y abrirá La Moneda para las ofrendas en la puerta de Morandé 80, que usó Salvador Allende en su corto y convulsionado período presidencial.

La Derecha y la DC simplemente omitirán cualquier referencia a la fecha, conocedores como son, de su responsabilidad genocida y proimperialista en la conspiración y sedición de la CODE. Guardarán silencio porque, por una cuestión de clase, simplemente tienen las manos manchadas con sangre obrera. Sobre esto no hay dos lecturas.

Es la izquierda la que ha abandonado todo papel en torno a esta fecha y no se trata de un accidente. El PC y PS -aún las principales organizaciones de la izquierda chilena- no pueden abrir la boca para reivindicar a los miles de caídos, a los desaparecidos, torturados y exiliados, tras el golpe pinochetista, porque son los intereses de la clase social burguesa que dio este Golpe, los que de forma rastrera, hoy defienden desde el Gobierno de Bachelet.

Se nos presentan hoy día, una vez más después de casi treinta años, con la cantinela de que “hay que unirse en contra de la derecha”. Esto no sólo es una impostura, es una canallada, porque han sido los gobiernos de la Concertación y el último de la Nueva Mayoría (que suma al PC), precisamente quienes han gobernado desde 1990 –con el paréntesis piñerista- sirviendo vergonzosa y obsecuentemente los intereses de las transnacionales, los grupos económicos, de la banca y las AFP, de las concesionarias y de la gran minería privada.

Son estos grandes grupos a quienes sirven, los que -aún vulnerando la propia legislación patronal- los han financiado y corrompido metódicamente, ordenándoles qué es lo que deben hacer en el Congreso. Esta es la razón, la verdadera razón por lo que desde 1990 subsiste la Constitución y el Modelo Económico que dan cuerpo al Régimen pinochetista, sin Pinochet. Subsiste por los grandes acuerdos de “gobernabilidad” y por los pagos irregulares de PENTA, SQM y tantas otras empresas más que arriendan los servicios de parlamentarios y administran los intereses económicos del propio Partido Socialista, porque es en la bolsa donde se transan no sólo las acciones bursátiles de propiedad del PS, sino que su conducta desde el Gobierno.

Hoy día se nos plantea que si apoyamos a Guillier se continuará el camino de reformas impulsado por el Gobierno. No nos cabe duda.

Lo que omiten señalar es que durante el último Gobierno se pulverizaron las organizaciones de trabajadores, se destruyó la CUT y se aprobaron reformas legales que dificultan aún más la organización de sindicatos y se debilita –aún más- la fuerza de las huelgas; durante este Gobierno el movimiento estudiantil se empequeñeció hasta la irrelevancia y se le fracturó con una reforma educativa que -a pesar de una mínima cobertura de gratuidad- fortaleció la subvención a los grandes operadores privados de la educación consolidando –en los hechos- la educación como una mercancía. Durante este Gobierno, como corolario, se impulsó una reforma previsional que tiene como único objetivo preservar el fraude piramidal de las AFP que persigue únicamente proveer de dinero barato para los bancos y los grandes grupos económicos, a costo de la miseria de los trabajadores.

Durante este Gobierno, además, se reprimió y profundizó la militarización de la Araucanía, se invirtieron millones de dólares en equipamiento represivo, persecuciones judiciales y criminalización de la lucha emancipadora del pueblo Mapuche. El montaje del caso Luchsinger se destaca por ser un nuevo “Caso Bombas”, porque con él presenciamos un inequívoco acto de represión política y vulneración de derechos nacionales. La represión bacheletista es responsable de la muerte del obrero forestal Rodrigo Cisterna en mayo del 2007, también lo es de la muerte del subcontratado del cobre, Nelson Quichillao en julio de 2015. Ambos crímenes permanecen en la más absoluta impunidad.

¿A esto se refiere la izquierda guillierista con la promesa de continuar con la obra de Bachelet? Exactamente, a eso se refieren y es a esa impostura y a esa capitulación a la burguesía a la que la izquierda que se reclama revolucionaria y socialista, debe oponerse terminantemente.

Cuando hablamos de esto no estamos haciendo referencia a alguna campaña electoral, si alguna hay que ayude en este sentido, en buena hora. Pero en este momento resulta totalmente irrelevante. Con sus encuestas, el régimen ha creado la idea de que Piñera es invencible, reproduciéndose el paradigma “antipinochet” y “antipiñera”, que tantos dividendos han dado a la burguesía, porque le permite someter a los trabajadores y disciplinarlos a un horizonte político que se reduce al espacio electoral, institucional y legal que la propia burguesía ha impuesto.

El 11 de septiembre de 1973, un martes helado y nublado como este día que nos ha dejado el crudo invierno de 44 años después, Allende se inmola en La Moneda testimoniando trágicamente la absoluta inviabilidad del reformismo, esto es, la idea de que existe un tránsito pacífico y gradual –“la Vía Chilena”- al socialismo. Una generación completa y la de recambio fueron aplastadas durante los 17 años que duró la Dictadura pinochetista. Miles y miles cayeron bajo la represión patronal e imperialista, bajo la dictadura precisamente porque la Unidad Popular no fue capaz de señalar otro camino que el institucional.

Como socialistas, como revolucionarios, pero también como chilenos, hemos pagado con la sangre de nuestros mártires proletarios la inviabilidad de la vía chilena. Al socialismo sólo hemos de llegar por la vía revolucionaria, la de la acción directa de las masas, el auténtico camino proletario e insurreccional que expulse a la burguesía del poder, destruya su estado y socialice los medios de producción. Al socialismo sólo hemos de avanzar por este camino, el de un gobierno obrero asentado en los órganos de poder de las masas explotadas, como se expresó embrionariamente con los Cordones Industriales.

¿Cómo aplicamos estos principios y esta estrategia el día de hoy, en que la izquierda aparece domesticada y el movimiento obrero es un fantasma de lo que fue?

La respuesta nos la dan los trabajadores una y otra vez. Tercamente, a pesar de las traiciones de las direcciones sindicales y de los aparatos burocráticos de la izquierda, los trabajadores siguen luchando, se siguen organizando protagonizando movilizaciones de enconada fuerza. La mayor parte son sectoriales como las ramas del sector público, Falabella; otras tienen mayor amplitud y alcanzan la esfera política como la lucha contra la Ley de Pesca y el amplio Movimiento No + AFP.

Esto nos demuestra que el movimiento obrero no ha sido aplastado, está vivo y sigue en la lucha. La izquierda no puede o derechamente no quiere interpretar la actividad de los trabajadores y de proyectarla programáticamente por el poder. Es así como el nuevo fenómeno del Frente Amplio, emergido hace un año, en las Municipales del 2016 producto de la combinación de las movilizaciones del 2011 y del desprendimiento por la izquierda de la propia Concertación (Revolución Democrática), al presentarse como una alternativa puramente electoral e institucional, resulta impotente para servir de intérprete de los trabajadores, precisamente porque no cuestiona el capitalismo ni la propiedad privada de los medios de producción. La reorganización obrera no pasará por el Frente Amplio.

En la actual situación de crisis generalizada de los aparatos políticos, y de confusión de las masas, resulta casi imposible predecir si habrá segunda vuelta ni el desenlace de las presidenciales de noviembre. Lo que sí es seguro, es que el próximo Presidente, con todas las diferencias que ostentan los actuales candidatos, actuará para preservar el régimen burgués, contener o aplastar las movilizaciones y seguir alimentando las ilusiones de que bajo este régimen –trabajando duro y sin mirar para el lado- se puede prosperar.

Es cierto, este 11 de septiembre de 2017, 44 años después en apariencia está muy lejos de lo que fue Chile en aquella época. Ni la izquierda, ni el movimiento obrero, son una sombra de lo que fueran en aquella época. Un par de vanguardias bajo tierra testimonian esta tragedia. Pero en lo esencial, las bases que permiten y hacen necesaria y obligatoria la lucha por la revolución socialista permanecen intactas y -hasta cierto punto- se hacen más urgente hoy que ayer.

El orden capitalista cruje por los cuatro costados. El imperialismo norteamericano amenaza con una guerra nuclear para afirmar su posición de preeminencia sobre las otras facciones imperialistas; la crisis económica del 2008 y sus parches financieros, no hace sino profundizarse amenazando a millones de trabajadores, campesinos y naciones oprimidas con la miseria y el fascismo; las direcciones emergentes del siglo XXI en América Latina, los Chávez, Lula, Evo, Cristina y hasta Bachelet, se derrumban incapaces de sortear los desafíos políticos de mediar entre la nación oprimida y el imperio. No hay salida burguesa a la crisis.

Compañeros: es el momento de redoblar nuestras fuerzas de lucha y de alzar las banderas de la clase obrera y la Revolución Socialista. Nuestro homenaje, un sentido homenaje de clase anticapitalista, será la victoria, la construcción del partido revolucionario, la liberación de los explotados. Viva la clase obrera y su revolución.

 

 

La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

por Aquiles Izaguirre//

El 11 de septiembre se cumple un aniversario más del funesto golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende e instauró la dictadura de Augusto Pinochet. Muchas historias se cuentan sobre este acontecimiento, en la memoria de una generación quedó impregnado el destierro, las torturas y el asesinato de miles de chilenos que pagaron las consecuencias de la derrota de la Unidad Popular asestada por el golpe fascista. Pero la experiencia que nos legó la trágica historia de estos camaradas, es infinitamente valiosa para las futuras generaciones de revolucionarios, más aún, cuando en nuestro istmo se pregonan las virtudes de los Frentes Populares policlasistas confiando en sectores de la burguesía y las instituciones que defienden los intereses de las clases dominantes. Seguir leyendo La Derrota de la Unidad Popular y Golpe de Estado en Chile

Augusto Carmona A., justicia 40 años después

por Lucía Sepúlveda// 

Por el asesinato del periodista y dirigente del MIR, Augusto Carmona Acevedo, cometido por la CNI el 7 de diciembre de 1977 cuando él tenía 38 años, fueron condenados, 40 años después, algunos de los responsables. Augusto, “el Pelao Carmona”, padre de mi hija Eva María, fue mi compañero en los inolvidables años de la Unidad Popular y luego en la lucha antidictatorial. Eva María y Alejandra, su otra hija, crecieron sin él. Sus seis nietos irán conociendo la verdad histórica, aun cuando ello no borrará el dolor de la ausencia.  Seguir leyendo Augusto Carmona A., justicia 40 años después

Ni perdón ni olvido: los 307 niños y jóvenes asesinados en la dictadura de Pinochet

por Felipe Henríquez Órdenes //

Son 307 los jóvenes y niños registrados (Comisión de la Verdad y Reconciliación, 1991), de 20 años y menos, que murieron o desaparecieron por acciones ejercidas por agentes del Estado durante la dictadura de la junta militar dirigida por Augusto Pinochet, entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990. Seguir leyendo Ni perdón ni olvido: los 307 niños y jóvenes asesinados en la dictadura de Pinochet

Colombia, la paz herida. El triunfo “democrático” del autoritarismo.

Los resultados registrados en el plebiscito colombiano para ratificar los acuerdos de la Paz establecidos entre la guerrilla de la FARC-EP y el gobierno del presidente Santos, generaron sorpresa e incredulidad, pero, por, sobre todo, incertidumbre. Un 50.22% de las y los ciudadanos colombianos rechazaron los acuerdos, y votaron, por la opción NO.

Qué razones y motivaciones tuvieron para hacerlo, fundamentalmente, el rechazo a la incorporación de la FARC-EP, la guerrilla política, como un actor político, también los acuerdos referidos a la justicia transaccional, entre otras. La oposición al proceso de Paz y de los acuerdos, ha sido un movimiento social y político muy bien organizado y articulado por el expresidente Álvaro Uribe y su partido Centro Democrático, con una gran capacidad comunicacional y con un discurso radical y extremo en la defensa de las víctimas del conflicto, especialmente, de aquellas que sufrieron la violencia política guerrilla, del narcotráfico, etcétera. Logro movilizar a vastos sectores de la sociedad colombiana en contra del proceso de Paz. Y, triunfo en ese objetivo: provocarle una derrota política. Y, lo hizo con las armas de la democracia electoral: a través de un lápiz y papel. De esa forma una vez más en la historia, el autoritarismo triunfa electoralmente.

Lo ocurrido en Colombia, tal vez, no constituya una sorpresa para quienes conocemos las tendencias profundas que transitan por la historia de las sociedades latinoamericanas. En muchas ocasiones los autoritarios y antidemocráticos han logrado triunfos electorales que han frenado los procesos de democratización en las sociedades latinoamericanas. Por ejemplo, el 44% de votos que obtuvo el dictador Pinochet, en el plebiscito de 1988, porcentaje electoral que limitó hasta el día de hoy la efectiva democratización chilena. Los autoritarios latinoamericanos se organizan para ganar elecciones y, por lo general, las ganan, o las pierden ganando. La lista es larga.
Tengo la impresión que lo ocurrido el domingo 2 de octubre 2016 en Colombia, es un nuevo episodio del viejo y largo conflicto político latinoamericano entre las tendencias autoritarias y las tendencias democráticas. En efecto, bajo el contexto de un acto plebiscitario electoral ciudadano y democrático, dicho conflicto histórico-estructural latinoamericano se expresó ampliamente. Como he expuesto en otros lugares, este conflicto domina la política latinoamericana desde el siglo XIX hasta el día de hoy. En la larga duración el conflicto siempre ha favorecido a las tendencias autoritarias, que expresa en dictaduras militares y civiles, regímenes autoritarios, movimientos antidemocráticos, y otras expresiones políticas, sociales y culturales de larga data. Las tendencias autoritarias son heterogéneas y socialmente diversas. Sin embargo, ha sido una tendencia predominante en las elites de poder latinoamericanas. Las elites de poder colombianas han sido tradicionalmente autoritarias y, por ende, antidemocráticas. Una de esas expresiones es la que representa la doctrina de la Seguridad Democrática elaborada e implementada en Colombia por el presidente Álvaro Uribe